300.
Segunda parte:
UN CONTINENTE COMO PATIO TRASERO,
UN PAÍS COMO CEMENTERIO, UN PENSAMIENTO ÚNICO COMO PROGRAMA DE
GOBIERNO, Y UNA PEQUEÑA, MUY PEQUEÑA, PEQUEÑÍSIMA REBELDÍA.
Del mundo bajamos al continente.
Si miramos hacia arriba…
Vemos los ejemplos de Ecuador, Brasil y Argentina, donde no sólo
desplazan a los gobiernos supuestamente progresistas, sino que también
los persiguen jurídicamente y, en su lugar, ascienden gobiernos
entrenados como buenos capataces, o capataces obedientes al capital
(aunque, seamos justos, son bastante torpes aún en su cinismo) para el
nuevo reacomodo de la finca mundial, que son como Temer en Brasil, Macri
en Argentina y en Ecuador, el que era bueno porque lo puso el ahora
perseguido Correa (el de la “revolución ciudadana” –“de izquierda”, así
lo vendió la intelectualidad progresista-) y ahora resulta que es de
derecha, que es Lenin Moreno -paradójicamente se llama Lenin-.
Bajo la vigilancia del Estado que se ha convertido en el policía de
la región -Colombia-, y desde el cual se amenaza, se desestabiliza y se
planean provocaciones que justifiquen invasiones de “fuerzas de paz”,
en toda Sudamérica se vuelve a los brutales tiempos de la Colonia, ahora
con el “nuevo”
extractivismo, que no es sino el ancestral
saqueo de recursos naturales, tipificados como “materias primas”, y que,
en los gobiernos progresistas de la región, se avala y promueve como un
“
extractivismo de izquierda” -que viene siendo algo así como
un capitalismo de izquierda o una izquierda capitalista o a saber qué
quiere decir eso-, pero igual destruyen y despojan, sólo que es por una
“buena causa” (¿?). Cualquier crítica o movimiento opositor a la
destrucción de los territorios de los originarios es catalogada como
“promovida por el Imperio”, “de aliento derechista”, y demás
equivalentes a “es un complot de la mafia del Poder”.
En suma, en el continente, el “patio trasero” del Capital se extiende hasta el Cabo de Hornos.
Pero si miramos hacia abajo…
Vemos rebeldías y resistencias, en primer término, de los pueblos
originarios. Sería injusto nombrarlos a todos, pues siempre se correría
el riesgo de omitir algunos. Pero su identidad resalta en su lucha.
Ahí donde la máquina encuentra resistencia a su avance depredador, la
rebeldía se viste de colores nuevos de tan antiguos y habla lenguas
“extrañas”. El despojo, también disfrazado de renta de la tierra, trata
de imponer su lógica mercantil a quienes se refieren a la tierra como
la madre.
Estas resistencias son acompañadas por grupos, colectivos y
organizaciones que, sin ser propiamente de los originarios, comparten
con ellos empeño y destino, es decir, corazón. Por ello sufren
calumnias, persecuciones, encarcelamientos y, no pocas veces, la muerte.
Para la máquina, los originarios son cosas, incapaces de pensar,
sentir y decidir; así que no es ajena a su lógica automatizada el pensar
que estos grupos en realidad “dirigen”, “usan” y “mal orientan” a esas
“cosas” (los originarios) que se niegan a abrazar la idea de que todo es
una mercancía. Todo, incluyendo su historia, lengua, cultura.
Para el sistema, el destino de los originarios está en los museos,
las especialidades de antropología, los mercados de artesanías, y la
imagen de la mano tendida esperando limosna. Debe ser desesperante,
para los teóricos y abogados de la máquina, ese analfabetismo que no
entiende las palabras: “consumo”, “ganancia”, “progreso”, “orden”,
“modernidad”, “conformismo”, “compra-venta”, “rendición”,
“claudicación”. Para alfabetizar a esos remisos de la civilización, son
buenos los programas asistenciales que dividen y confrontan, los
barrotes de la cárcel, el plomo y la desaparición. Y sí, hay quien se
vende y entrega a los suyos al verdugo, pero hay comunidades que se
mantienen rebeldes porque saben que nacieron para la vida, y que las
promesas de “progreso” esconden la muerte peor: la del olvido.
Seguimos a Centroamérica (donde en Nicaragua se reedita Shakespeare, y la pareja Macbeth, Daniel y Rosario, se preguntan “
¿Quién se iba a imaginar que el viejo (Sandino)
tuviera tanta sangre en el cuerpo?” mientras
intentan, en vano, limpiarse las manos en una bandera rojinegra), que
se empieza a transformar, de un territorio olvidado (después de un
saqueo despiadado), en un problema para el gran capital porque es un
gran proveedor, y trampolín, de migrantes; y eso le va a asignar a
México, y en concreto al sureste mexicano, el papel de muro.
Y decidimos incluir a México en Centroamérica porque su historia lo
llama a la América Latina y, aún en los mapamundis, Centroamérica es el
brazo que se extienden quienes son hermanados por el dolor y la rabia.
Pero a los gobiernos distintos que ha padecido y padecerá este
país, y a su clase política, la vocación extranjera les lleva a admirar,
imitar, servir y procurar “
la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia” (José Martí, “Carta a Manuel Mercado”, 18 de mayo de 1895).
Cuando Donald Trump dice que quiere construir el muro, todos están
pensando en el Río Bravo, pero el capital está pensando en el Suchiate,
el Usumancita y el Hondo. En realidad el muro estará en México para
detener a los que vienen de Centroamérica y esto tal vez pueda ayudar a
entender por qué Donald Trump, el 1 de julio, saludó al
Juanito Trump, que había ganado las elecciones en México.
El sentido de un muro lo da su contraposición a “algo”. Todos los
muros se erigen contra ese “algo”; llámense zombis, extraterrestres,
delincuentes, indocumentados, migrantes, “
sans papiers”,
ilegales, clandestinos, ajenos. Los muros no son sino el símil de la
puerta y las ventanas cerradas de una casa, que así se protege del
extranjero, del extraño, del
Alien que, en su diferencia lleva
la promesa del apocalipsis final. Una de las raíces de la palabra
“etnia” la remite a “la gente extranjera”.
En los planes del capital, el muro contra América Latina tendrá la
forma del imposible cuerno de la abundancia y se llamará “México”.
En la región sureste, como ya dijimos, se construye la primera
etapa del muro de Trump. La oficina “nacional” de Migración se seguirá
comportando como subordinada de la
Border Patrol; y Guatemala y
Belice son la última estación antes de ingresar a la aduana de
Norteamérica. Esto convierte al sureste mexicano en una de las
prioridades de conquista y administración.
Por eso, en los nuevos planes “geopolíticos”, se ofrece crear un
“colchón”, un “amortiguador”, un filtro que reduzca drásticamente la
migración. Se ofrece, así, un placebo para aliviar la pesadilla del
capital: una horda de zombis (es decir, de migrantes) al pie de sus
muros, amenazando sus formas de vida y “rayando”, en la indiferente
superficie de hierro y concreto, el grafiti que señala:
“Tu bienestar está construido sobre mi desgracia”.
-*-
En este país, llamado también “República Mexicana”, las pasadas
elecciones federales consiguieron ocultar la realidad… por un instante:
la crisis económica, la descomposición social (con su larga cauda de
feminicidios),
y la consolidación (a pesar de los supuestos “golpes mortales” al
narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional) del
llamado “crimen organizado”. Aunque por poco tiempo, los asesinatos,
secuestros y desapariciones de mujeres de todas las edades, pasaron a
segundo plano. Lo mismo con la carestía y el desempleo. Pero,
apagándose ya el entusiasmo por el resultado electoral, la realidad
vuelve a decir “
aquí estoy, falta mi voto… y mi guadaña”.
Sobre el horror que ha convertido a México en un cementerio y en el
limbo, el no-lugar, de las desapariciones, no diremos mucho. Bastaría
atender a los medios para darse una vaga idea. Pero una descripción,
análisis y valoración más profunda, se puede encontrar en las
participaciones de Jacobo Dayán, Mónica Meltis, Irene Tello Arista,
Daniela Rea, Marcela Turati, Ximena Antillón, Mariana Mora, Edith
Escareño, Mauricio González González y John Gibler, en el semillero de
abril de este año, “Miradas, Escuchas, Palabras; ¿Prohibido Pensar?”, en
el CIDECI de San Cristóbal de las Casas, Chiapas; y en sus escritos,
crónicas, reportajes y columnas. Y aun así, leer o escuchar sobre el
horror cotidiano, es muy lejano a vivirlo como cotidianeidad.
Al gran capital no le importan las desapariciones, los secuestros y los
feminicidios. Lo que le preocupa es
SU seguridad y la de
SUS programas. La corrupción que le incomoda es la que recorta su ganancia. Por esto es que se le propone “
Yo
voy a hacer un buen capataz, voy a tener a la peonada tranquila y
contenta, vas a volver a tener la seguridad que los gobiernos pasados te
escatimaron, vas a poder sacar lo que quieres sacar, y no te voy a
robar nada”.
Al sistema le sigue estorbando una cosa que es el Estado Nacional y
le va a asignar cada vez más la única función para la que nace
cualquier Estado, es decir, asegurar por medio de la fuerza, la relación
entre dominadores y dominados.
Los planes de desarrollo de los nuevos gobiernos en cualquier parte
del mundo no son sino declaraciones de guerra particulares en los
territorios donde esos planes de desarrollo se van a operar.
Si se hablara sin palabrería hueca, se diría que se propone
construir páramos y desiertos, y, al mismo tiempo, se construye ya la
coartada para eludir la responsabilidad de esa destrucción: “te
aniquilamos, pero fue por el bien de todos”.
-*-
Me equivoqué. Nosotros habíamos previsto que iba a haber un fraude
electoral (y lo hubo, pero en otro sentido). Habíamos previsto que
López Obrador iba a ganar, pero que el sistema le iba a escatimar el
triunfo con trampas. Y estábamos pensando en cuáles eran las opciones
del sistema después de ese fraude. Según nuestro análisis, no les
preocupaba un escándalo porque ya habían soportado el de la Casa Blanca,
Ayotzinapa, la Estafa Maestra, las corrupciones en los gobiernos de los
estados, y entonces en caso de que se hiciera un escándalo por un
fraude, a Peña Nieto ni le iba ni le venía. Pensamos que el dilema del
sistema era elegir entre Meade y Anaya, elegir cuál era más de derecha,
más eficaz para sus planes, quién de ellos sería un mejor capataz.
Las posibilidades de una resistencia sostenida y radical del
entonces candidato que iba a ser defraudado eran mínimas, entonces no
iba a pasar nada de peligro para el sistema, pero sí iba a haber
protestas. Es la disculpa que les presento, porque pensando en eso es
que retrasamos la convocatoria a las redes, porque creímos que iba a
haber protestas, bloqueos y todo eso, y si los invitábamos a lo mejor se
quedaban atorados en cualquier parte; por eso les llegó tarde la
convocatoria, disculpen.
Nosotras, nosotros,
nosotroas,
zapatistas, siempre nos preparamos para lo peor. Si ocurre, estábamos
preparados. Si no ocurre, pues igual estábamos preparados.
Entonces nosotros pensamos ahora, por lo que estamos viendo, que no
nos equivocamos, que en efecto el sistema escogió, de entre los cuatro
candidatos al que se propone como más eficiente, el señor López
Obrador. Y las pruebas de amor que dio el señor López Obrador, o que
está dando este señor, para el gran capital, o sea para el finquero,
son, entre otros, la entrega de los territorios de los pueblos
originarios. Sus proyectos para el sureste, por mencionar algunos, para
el Istmo, para Chiapas, Tabasco, Yucatán y Campeche, son, en realidad,
proyectos de despojo.
Y lo principal que le preocupa a un gobierno que sale es la
impunidad, no sus índices de popularidad. Entonces el “voto”
gubernamental debía orientarse a quien le garantizara el no ser
perseguido. Que el exilio o la cárcel no fueran el siempre necesario
recurso de la legitimidad para el nuevo. El nuevo capataz debía
prometer (y probar) que no criminalizaría al capataz pasado.
Pero no crean que el nuevo gobierno va a ser como cualquier otro capataz, con él viene el “nuevo” pensamiento único.
Hay una especie de nueva religión que se está gestando. Como que
ya no basta la religión del mercado, que aparece en todos los lugares
donde los gobiernos de derecha empiezan a hacerse del poder, sino que es
como una especie de nueva moral que se impone con el argumento
cuantitativo y que ataca el quehacer científico, el arte y la lucha
social.
Ya las luchas no son por una demanda, sino que hay luchas buenas y
hay luchas malas. Para ponerlo en un lenguaje que entiendan: están las
luchas buenas y están las luchas que sirven a la mafia del poder, el
arte “bueno” y el que sirva a la mafia del poder, el quehacer científico
“correcto” y el que sirva a la mafia del poder. Todo lo que no se guíe
por el nuevo pensamiento único que se está normando, es parte del
enemigo. Y la fe, o la nueva fe que se está gestando ahora, necesitan
de un individuo excepcional, por un lado, y una masa que lo siga.
Esto ha pasado en otras partes de la historia mundial, y ahora va a
empezar a pasar acá. Por eso, a las críticas y señalamientos que hagan
ustedes, o que hagamos nosotros, no se responde con argumentos sino se
dice, por ejemplo, que somos groseros o que es que tenemos envidia.
No dudamos de que haya gente que, honestamente, haya pensado que el
cambio prometido, además de barato (sólo había que cruzar una boleta),
apuntaría a un cambio real o “verdadero”. Debe dar bronca que, en el
panorama de allá arriba, se repitan los nombres de los criminales de
antes, aunque hayan cambiado a guinda su color.
Pero la vocación de derechas del nuevo equipo de gobierno es
innegable. Y su entorno “intelectual” y social reivindica sin rubor su
tendencia autoritaria. El guión que señalamos hace 13 años, en 2005, se
está siguiendo al pie de la letra. Quien fue ruin en la derrota, es
ruin en la victoria. Decir que el próximo gobierno es de izquierda o
progresista, no es sino una calumnia. Usamos entonces el símil del
huevo de la serpiente. Hay una película que se llama así, de Ingmar
Bergman, y hay una parte donde un doctor (que, por cierto, lo
interpretaba el actor de Kung Fu, David Carradine) explica que lo que
está pasando en Alemania en ese entonces -que luego va a hacerse
fascista- se puede ver como el huevo de una serpiente, que si lo ves a
contraluz, se ve adentro lo que trae, y en ese entonces se estaba viendo
adentro lo que ahora está pasando.
Ustedes saben que todo el esfuerzo del Partido Movimiento de
Regeneración Nacional, y de López Obrador y su equipo, desde el 1º de
julio, es por congraciarse con la clase dominante y con el gran capital.
No hay ningún indicio (nadie se puede llamar a engaño), ningún
indicio que diga que es un gobierno progresista, ninguno. Sus
principales proyectos van a destruir los territorios de los pueblos
originarios: el millón de hectáreas en la Lacandona, el Tren Maya, o el
corredor del Istmo que quieren hacer, entre otros. Su franca empatía
con el gobierno de Donald Trump es ya una confesión pública. Su “luna
de miel” con los empresarios y los grandes capitales está representada
en los principales puestos de su gabinete y en sus planes para la “IV
transformación”.
Creemos que es claro que el beneplácito del Poder, del Dinero al
“triunfo” de López Obrador, fue más allá del reconocimiento. En el gran
capital hay un verdadero entusiasmo por las oportunidades de conquista
que se presentan con el programa de gobierno
lopezobradorista.
Tenemos algunos datos duros y muchos chismes (no se pueden
comprobar) sobre lo sucedido en el pasado proceso electoral. No los
damos a conocer porque de ellos se podría deducir que hubo un fraude, y
nada más alejado de nuestras intenciones que el intentar agriar la
euforia que invade a los “30 millones”.
Pero lo que nadie quiere señalar es que hubo una especie de
“madruguete mediático”, tal y como sucedió en las anteriores elecciones:
la de Calderón y la de Peña Nieto. Es decir, no fueron “las
instituciones” quienes dijeron quién ganó, sino los medios. Cuando el
Programa de Resultados Preliminares Electorales (PREP) apenas iniciaba,
Televisa y TvAzteca ya decían quién era el ganador; unos minutos
después, con menos del 1% de los votos contabilizados, el aval de Meade,
de Anaya y de la Calderona. Pasadas unas horas, el “camarada” Trump se
congratula, y en la madrugada del día 2, el ya
nombrable,
Carlos Salinas de Gortari, se suma a las felicitaciones. Sin conocerse
los resultados oficiales, inicia el besamanos que el PRI convirtió en
patrimonio nacional. ¿Y el INE? Pues cumpliendo la función para la que
fue creado: ser el Patiño de la “democracia electoral”. Las
“instituciones” responsables del proceso se limitaron a seguir el alud
mediático.
La intelectualidad progresista que, en caso de que no fuera su
líder, hubiera denunciado lo ocurrido como un “golpe de Estado
mediático”, ahora suscribe, sin rubor alguno, el “haiga sido como haiga
sido”: “ganamos, ya no importa cómo”. El asunto es que todo parece
indicar que el resultado fue negociado y acordado fuera de las urnas y
del calendario electoral. Pero ya nada de eso importa, el gran elector
decretó: “
Habemus Capataz, a seguir con los negocios”.
Este nuevo pensamiento único va a suplir el argumento de la razón,
por el argumento cuantitativo: “30 millones no pueden equivocarse”, que
fue el que usó el padre no me acuerdo cómo se llama, ¿Solalinde?, ése
(perdón, es que nunca lo pronuncio bien y el SubMoy siempre me está
corrigiendo), y que se está usando a cada rato: “
¿por qué se oponen a 30 millones? Ustedes son apenas 300 personas y además son sucias, feas, malas y groseras”. Bueno, hablan de ustedes (las redes), yo sólo soy grosero.
Con esta nueva forma de fe (frente a ella, nosotros estamos
insistiendo que falta el voto que vale, que es el voto de la realidad),
es como se empieza a imponer en el imaginario colectivo la razón de la
cantidad sobre el análisis y la razón argumentada.
Y la historia se empieza a reescribir para convertirse en la nueva
Historia oficial. En ella, todos los movimientos sociales y políticos
del pasado en realidad apuntaban a llevar a la presidencia a López
Obrador. Ya leímos que el movimiento del 68 no fue sino el antecedente
del “fin de los tiempos”, 50 años después. Ya leímos que se purifica a
Manuel Bartlett y a criminales semejantes porque están del lado del
ganador. Ya leímos que Alfonso Romo es un empresario “honesto” que sólo
tiene interés en mejorar a su prójimo.
Ya leímos que, quienes ayer eran del PRI, del PAN, del PRD, del
Verde Ecologista, o que se foguearon como militantes en la farándula,
ahora son preclaros líderes de la IV transformación. Y ya leímos
también que ¡el alzamiento zapatista de 1994 fue el preludio del
alzamiento “ciudadano” de 2018! Y el líder ya indicó que se hagan
elaboraciones teóricas sobre su ascenso al Poder. No falta mucho para
que los historiadores afines, modifiquen los libros de texto de
historia.
Advertimos que viene un alud, un tsunami, de análisis frívolos y
chabacanos, de nuevas religiones laicas, de profetas menores -muy
menores-, porque tienen la plataforma para hacer eso. Habrá muchos
sapos para quien quiera tragarlos. Y. puesto que hablamos de neo
religión, las ruedas de molino se democratizarán para que todos puedan
comulgar.
Aparecerán los nuevos “
boy scouts”, los niños exploradores dispuestos a hacer el bien, aunque mirando bien a quién.
Los “representantes de los ciudadanos” promoviendo la
ciudadanización: lo que quieren los “autóctonos” (me cae que así nos
dicen) es ser como quien los despoja. Ser “iguales”, así sea en la
fugaz temporalidad de la urna, y “libres” a la hora de firmar la
concesión para la mina-hotel-vía férrea, el contrato de “empleo”, los
pagos a plazos, el “apoyo firme a nuestro presidente”, la solicitud de
“apoyo gubernamental”.
Habrá un auge previsible de la gestoría pero, en lugar de recursos,
tendrán interlocución. Y eso vale, aunque no haya paga. Porque el
modelo de “ventanillas” se descentralizará. Ya no se tendrá que ir a un
edificio, formarse y darse cuenta, después de una larga fila, de que
faltó la copia rosa. Ahora la ventanilla irá a su lugar: “pida,
nosotros vamos; como comprobante recibirá usted una promesa”.
Si hay quien nada tiene, es probable que tenga la esperanza. Los
nuevos timadores se encargarán de administrar esa esperanza, de
dosificar su aliento y de convertirla en la quimera que consuela pero no
resuelve.
Se reciclará el argumento que se usa en cierto sector de la lucha
social, que dice que no es posible cambiar el sistema, que lo que hay
que hacer es administrar o limar sus filos para que no lastimen mucho, o
sea, que podemos convertirlos en buenos capataces, incluso llegar a
crear un buen capitalismo, y que es posible cambiar al sistema desde
dentro.
Ya se adivina la figura a través del cascarón: se demanda la
claudicación de la razón y el pensamiento crítico; el enaltecimiento del
nacionalismo con base al autoritarismo “bueno”; la persecución de lo
diferente; la legitimidad ganada por griterío; la neo religión laica; la
unanimidad impuesta; la claudicación de la crítica; y el nuevo lema
nacional: “Prohibido Pensar”. En suma: la hegemonía y la homogeneidad
que sustentan los fascismos que se niegan a reconocerse como tales.
-*-
¿Son conceptos que permiten entender (y actuar) los que se
presentan a la mano? ¿Términos como “ciudadanía”, “juventud”,
“mujeres”, “progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “democracia
electoral” como sinónimo de democracia?
El término “ciudadano” no sirve como concepto para entender lo que
sucede: “Ciudadano” es Carlos Slim, como lo es el campesino despojado
por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Lo es Ricardo Salinas
Pliego, y quien vive en la calle después del terremoto de septiembre del
2017. Lo es Alfonso Romo, y los miembros de la comunidad tzeltal que
serán despojados de sus tierras para que pase un tren en el que los
turistas se tomen “
selfies”.
Otro: “juventud”. “Jóvenes” son las hijas de Peña Nieto, y las trabajadoras y estudiantes asesinadas.
Otro: “mujeres”. “Mujeres” son la Aramburuzavala, la Gonda, la
Sánchez Cordero, la González Blanco Ortiz Mena, la Merkel y la May, y lo
son las asesinadas de Ciudad Juárez, las violadas en cualquier rincón
del mundo, las golpeadas, las explotadas, las perseguidas, las
encarceladas, las desaparecidas.
Todos los conceptos que eliminen la división o que no ayuden a
entender una división de clase entre dominadores y dominados, son un
engaño y permiten que convivan, en uno, unos y otros. Esta
transversalidad
-que le dicen- entre el capital y el trabajo, no sirve para nada, no
explica nada y lleva a una convivencia perversa entre explotador y
explotado y, por un momento, parece que son lo mismo aunque no sea así.
Viene también ese intento de volver al sistema de antes, ese salto
imposible hacia atrás al “Estado de Bienestar”, al “Estado Benefactor”
de
Keynes, al viejo PRI (por eso alguien bromeaba que la
primera transformación fue PNR; luego la segunda fue PRM; la tercera fue
PRI, y ahora la cuarta transformación es PRIMOR).
Y con eso viene la añeja discusión entre reforma y revolución. Los
“debates” entre los “radicales” que pugnaban por la revolución, y los
“fresas” que estaban por un cambio gradual, por las reformas paulatinas
hasta llegar al reino de la felicidad. Esas discusiones se daban antes
en los cafés. Las ágoras de ahora son las redes sociales y se puede
seguir ese ejercicio de autoerotismo en los “
influencers” (o como se diga).
Nosotros pensamos que ni siquiera es necesario discutir eso, porque
la reforma no es posible ya; lo que destruyó el capitalismo ya no es
salvable, ya no puede haber un capitalismo bueno (pensamos que nunca ha
existido esa posibilidad), tenemos que destruirlo totalmente.
Y parafraseando lo dicho por las zapatistas en el Encuentro de
Mujeres que Luchan: no basta con prenderle fuego al sistema: hay que
estar pendientes de que se consuma totalmente y sólo queden cenizas.
De esto ya hablaremos en otra ocasión. Por ahora sólo queremos
señalar que la contrarrevolución social sí es posible No sólo es
posible, sino que va a acechar continuamente, porque van a tratar de
aniquilar toda lucha externa a este proceso de domesticación que va a
seguir Va a tratar de ser arrasada, sobre todo con violencia.
No sólo en marginación, no sólo en calumnias, sino que va a incluir los ataques paramilitares, militares, policiacos.
Para todo aquel que desafíe estas reglas nuevas -que en realidad
son las viejas- no va a haber amnistía, ni perdón, ni absolución, ni
abrazos, ni fotos; va a haber la muerte y la destrucción.
La lucha contra la corrupción (que no es otra cosa que la lucha por
una buena administración del dominio) no sólo no incluye la lucha por
la libertad y la justicia, sino que se le contrapone, porque con la
coartada de la lucha contra la corrupción se pugna por un aparato de
Estado más eficiente en la casi única función que detenta el Estado
Nacional: la represión. Pronto, ni ésa.
El gobierno dejará de ser el capataz ladrón que se queda con varias
vaquillas y toretes que no reporta al finquero. El nuevo capataz no
robará, le entregará al patrón la ganancia íntegra.
Quieren devolverle al Estado Nacional, en este caso México, sus
funciones reales. Es decir, cuando se habla de que se necesita la
seguridad, es la seguridad del capital; es la implantación y el
perfeccionamiento de un nuevo estado policial: “
voy a hacer bien las cosas porque voy a vigilar todo”.
La seguridad reclamada por la “ciudadanización” es, en los hechos, la
reimplantación de un sistema policíaco, un muro modernizado y
profesionalizado que sepa distinguir entre “los buenos” y “los malos”.
Se profesionalizará la policía de la ciudad del Capital. Ahí se
reducirá el índice criminal y habrá policías “bell@s” que ayudarán a l@s
ancian@s a cruzar la calle, buscarán a las mascotas extraviadas y verán
que el tráfico sea amable para quien importa: los automóviles.
Afuera, en la periferia, seguirá adelante el contubernio entre
quien debe prevenir y perseguir el delito, y quien lo comete. Pero, en
compensación, se fomentará el turismo extremo: en la ciudad del Capital
se organizarán “tours” y “safaris” para conocer esas raras creaturas que
habitan las sombras; los turistas podrán tomarse una “
selfie” con el joven detenido-golpeado-asesinado, con su sangre confundiendo los colores de los tatuajes, matando el brillo de los
piercings y estoperoles, manchando el verde-morado-azul-rojo-naranja del cabello. ¿Quién era? ¿A quién le importa? En una “
selfie” todo lo que no sea el “yo” es pura escenografía, una anécdota, una emoción “fuerte” para lucir en el
feis, en
instagram,
los chats, las autobiografías. Y, en el altavoz del vehículo blindado,
la guía de turistas, amable, advierte: “les recordamos que el consumo
de tacos, tortas y demás garnachas son por su cuenta y riesgo; la
empresa no se hace responsable de indigestiones, gastritis e infecciones
estomacales. Para quienes bajaron, aquí tenemos
gel antibacterial”.
El nuevo gobierno promete recuperar el monopolio del uso de la
fuerza (que le fue arrebatada por el llamado “crimen organizado”). Pero
ya no sólo con las policías y ejércitos tradicionales. También con los
“nuevos” vigilantes: las nuevas camisas “pardas” o guindas, en las que
se van a convertir los feligreses de la nueva religión laica; la masa
que va a estar atacando a los movimientos sociales que no se
domestiquen. Los reciclados “batallones rojos” (ahora “guindas”, por la
IV transformación) que habrán de completar la “limpieza” de suci@s,
fe@s, mal@s y groser@s, y todo aquel que se resista al orden, el
progreso y el desarrollo.
-*-
Entonces seguimos bajando, pues, a ver cómo están resistiendo
(junto a otras organizaciones, grupos y colectivos), nuestras
comunidades, -ahorita aquí con nosotros está parte de la dirección
colectiva del EZLN, 90 comandantas y comandantes, son más pero son los
que nos están acompañando esta vez para honrar la visita de ustedes (las
redes)-.
Nosotros seguimos caminando con dos pies: la rebeldía y la
resistencia, el no y el sí; el no al sistema y el sí a nuestra
autonomía, que quiere decir que tenemos que construir nuestro propio
camino hacia la vida. El nuestro está basado en algunas de las raíces
de las comunidades originarias (o indígenas): el colectivo, el apoyo
mutuo y solidario, el apego a la tierra, el cultivo de las artes y las
ciencias, y la vigilancia constante contra la acumulación de riqueza.
Eso, y las ciencias y las artes, son nuestra guía. Es nuestro “modo”,
pero pensamos que en otras historias e identidades, es diferente. Por
eso nosotros decimos el zapatismo no se puede exportar, ni siquiera en
el territorio de Chiapas, sino que cada calendario y geografía tiene que
seguir con su propia lógica.
Los resultados de nuestro caminar están a la vista de quien quiera
mirar, analizar y criticar. Aunque, claro, nuestra rebeldía es tan,
pero tan pequeña, que se necesitaría un microscopio o, mejor aún, un
periscopio invertido para detectarla.
Y tampoco es un ejercicio muy alentador: nuestras posibilidades son mínimas.
No llegamos, ni de lejos, a los 30 millones.
Tal vez sólo seamos 300.
-*-
(Continuará…)