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14 de agosto de 2013

El basurero del capitalismo.

Publicado en Milenio-Novedades, de Yucatán, el 13 de agosto de 2013.

Por: José Ramón Enríquez.

Uno de los más serios problemas que enfrenta la Unión Europea es la fractura en su estado de bienestar. El problema reside en la supuesta “necesidad” de abatir los costos que el estado de bienestar les genera. En México estamos muy lejos de entenderlos porque ni siquiera hemos logrado salir de un estado de malestar en el cual sobrevivimos como podemos, entre inviables y surrealistas.

Las cifras sobre pobreza en nuestro país son vergonzosas y aterradoras porque indican nuestro futuro. Y su contraparte, la desigualdad en la acumulación de la riqueza, es igualmente bochornosa.

Pero hay quienes se alegran de que, mientras Europa hace agua, nosotros vayamos bien e inclusive comencemos a invertir en Europa. La realidad es que, mientras nuestro país se hunde en la miseria, el señor Slim, uno de los hombres más ricos del mundo (nos enorgullece llamarlo el más rico) ha lanzado sus redes al otro lado del mar.

Imposible hablar en nuestro país de un estado de bienestar que suponga libre acceso al trabajo para los jóvenes y no sólo el derecho al descanso para los viejos sino formas para que la cultura se enriquezca con su experiencia.

Vivimos ya la globalización de un mundo que cierra el camino a jóvenes y desperdicia ancianos. El mundo del capitalismo salvaje que ve la producción desde las cifras de la especulación financiera y muestra su total miopía a la hora de diseñar futuros.

Jóvenes y viejos, en estas contabilidades, estamos destinados al basurero del capitalismo. Los jóvenes, a regalar su mano de obra o a volverse sicarios (el prohibicionismo apoya las narcoeconomías), y los viejos a los asilos o a la mendicidad callejera, según el buen humor o las posibilidades monetarias de familias que los consideran en cualquier caso un estorbo.

Desde este panorama mi columna debía llamarse “Inhumanidades” porque de eso estamos hablando.

Pero también estamos hablando de estupidez: el capitalismo salvaje es un sistema suicida y profundamente estúpido. La fuerza espiritual de la juventud y la riqueza vital de la vejez se escapan de sus descerebradas maneras de mantener contento al Becerro de Oro.

Es verdad que hablo como viejo, pero también lo hago como maestro.

13 de julio de 2012

Movilización vuelta esperanza


Publicado en Milenio-Novedades, Yucatán, el 10 de julio de 2012.

"El Nuevo PRI", cartón de Hernández.
En su Informe de 1969, Díaz Ordaz elevó la voz para referirse a la sangrienta represión de Tlatelolco: "Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad: personal, ética, social, jurídica, política e histórica, por las decisiones del Gobierno en relación con los sucesos del año pasado". Enrique Peña Nieto tenía entonces tres años de edad. Parecería injusto pedirle que recordara aquella presidencia.

Sin embargo (por mis genes hablará el priismo) no sólo la recordó sino que se declaró su heredero legítimo cuando, con similar retórica, se refirió, en la Ibero, a la represión de Atenco durante su gobierno: "Reitero, reitero, fue una acción determinada personalmente, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz."

¿Por qué dijo lo que dijo con tal enjundia? A los sociólogos o a los psiquiatras corresponderá definirlo con exactitud. Tal vez fue sólo por una tendencia suya, irrefrenable, a meter la pata que muy probablemente se repetirá durante su sexenio.

El hecho es que provocó una tonificante ola de movilización juvenil que este sábado pasado marchó, otra vez, por todos los rincones del país para manifestarle su repudio.

Si Alemán fue el "cachorro de la Revolución", Peña se asumió como el "nuevo cachorro de Atlacomulco" para desmentir a AMLO, quien insistió en ver el salinato como origen del mal (¡y muchos salinistas hoy son sus camaradas!).

El origen está en el mismo partido fundado por Calles, sin importar ideologías, sobre el corporativismo y el reparto del botín entre caciques. Contra eso debe organizarse la ola juvenil nacida como "Yo Soy 132" y no a favor de candidato alguno.

Claro que la elección debería anularse (lo gritó en las urnas el millón 200 mil que anuló su voto y superó los votos de Quadri), claro que las televisoras son aparatos ideológicos (no habrá nunca objetividad: es preciso ganar la hegemonía de la clase trabajadora) y claro que es inmoral la compra de votos.

Pero la partidocracia hizo las leyes y cuidó sus privilegios. Todos los partidos con la anuencia de todos sus candidatos. Se multarán los unos a los otros, pero cuidarán sus chanchullos.

Contra eso debe luchar la movilización que se ha vuelto esperanza.

7 de julio de 2012

Un partido para el voto de izquierda


Publicado en Milenio-Novedades, Yucatán, el 3 de julio de 2012.
Salieron a las calles y fueron mucho más de 132. Su aparición fue un punto de inflexión indiscutible. De campañas grises, con promesas idénticas e hiperbólicas, fue separándose uno de los candidatos (Andrés Manuel López Obrador), se tuvo que enconchar Enrique Peña Nieto en la disciplina de su marca, se desinfló sin remedio Josefina Vázquez Mota y a lo ganado por Gabriel Quadri se le vio el andamiaje del corporativismo más corrupto. Pero, sobre todo, la concurrencia a las urnas de esta oleada juvenil y refrescante se sintió claramente el 1 de julio.
Aun para quienes, desde su paso por el gobierno del DF, consideramos que el obradorismo es un oportunismo resultó estimulante la movilización que, nuevamente, lograra a partir de los jóvenes. Una generación a la cual se veía apática e hipnotizada por los juegos de las computadoras, se levantó, primero, para exigir que se le tomara en cuenta y, luego, se lanzó no sólo a la calle sino a las redes sociales para gritar el nombre de aquel en quien vieron encarnadas sus demandas.
Llegaron a las urnas por cientos de miles y depositaron un indudable voto para la izquierda.
El problema es que el programa de López Obrador no es de izquierda. Conserva, en el mejor de los casos, lo mejor del nacionalismo de ese algo tan cambiante a lo largo de décadas que ha sido llamado "la Revolución mexicana".
Inteligentemente, en las páginas de este periódico, Joel Ortega Juárez mostraba las semejanzas de AMLO con EPN, aunque marcaba algunas diferencias importantes. Sin embargo "en casi todo lo demás coinciden: no a la despenalización de las drogas; ambos privilegian lo punitivo en este tema nodal. Evaden defender los derechos al aborto, las parejas homosexuales y otros semejantes, por su pragmatismo ante la Iglesia, por parte del priista, y por sus convicciones conservadoras el Peje..."
Recuerdo ahora ese título de José Revueltas que significó su ruptura con el partido comunista: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza.
Hoy creo que este movimiento necesita partido que lo encabece. No creo que sea el PRD de estos años, sin debate ni propuesta, pero quizás pueda ser el que se forme alrededor del primer Jefe de Gobierno electo del Distrito Federal que no viene del PRI.
Un partido también para Yucatán.
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