Publicado en Milenio-Novedades, Yucatán, el 3 de julio de 2012.
Salieron a las calles y fueron mucho más de 132. Su aparición fue un punto de inflexión indiscutible. De campañas grises, con promesas idénticas e hiperbólicas, fue separándose uno de los candidatos (Andrés Manuel López Obrador), se tuvo que enconchar Enrique Peña Nieto en la disciplina de su marca, se desinfló sin remedio Josefina Vázquez Mota y a lo ganado por Gabriel Quadri se le vio el andamiaje del corporativismo más corrupto. Pero, sobre todo, la concurrencia a las urnas de esta oleada juvenil y refrescante se sintió claramente el 1 de julio.
Aun para quienes, desde su paso por el gobierno del DF, consideramos que el obradorismo es un oportunismo resultó estimulante la movilización que, nuevamente, lograra a partir de los jóvenes. Una generación a la cual se veía apática e hipnotizada por los juegos de las computadoras, se levantó, primero, para exigir que se le tomara en cuenta y, luego, se lanzó no sólo a la calle sino a las redes sociales para gritar el nombre de aquel en quien vieron encarnadas sus demandas.
Llegaron a las urnas por cientos de miles y depositaron un indudable voto para la izquierda.
El problema es que el programa de López Obrador no es de izquierda. Conserva, en el mejor de los casos, lo mejor del nacionalismo de ese algo tan cambiante a lo largo de décadas que ha sido llamado "la Revolución mexicana".
Inteligentemente, en las páginas de este periódico, Joel Ortega Juárez mostraba las semejanzas de AMLO con EPN, aunque marcaba algunas diferencias importantes. Sin embargo "en casi todo lo demás coinciden: no a la despenalización de las drogas; ambos privilegian lo punitivo en este tema nodal. Evaden defender los derechos al aborto, las parejas homosexuales y otros semejantes, por su pragmatismo ante la Iglesia, por parte del priista, y por sus convicciones conservadoras el Peje..."
Recuerdo ahora ese título de José Revueltas que significó su ruptura con el partido comunista: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza.
Hoy creo que este movimiento necesita partido que lo encabece. No creo que sea el PRD de estos años, sin debate ni propuesta, pero quizás pueda ser el que se forme alrededor del primer Jefe de Gobierno electo del Distrito Federal que no viene del PRI.
Un partido también para Yucatán.
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