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11 de septiembre de 2020

UN CHILE IGUALITARIO... LIBRE. Entrevista con Marco Sánchez Maturana, del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

a Valentina Palma, Marco Aguirre y su hija Esperanza... a Santiago Maldonado... al pueblo mapuche.

Por: Sebastián Liera.
Cabello largo y afectado por unas cuantas rastas, Marco llega puntual a nuestra cita en una de las esquinas de la plaza en el centro de Coyoacán. Nadie podría imaginar con sólo verlo, que sobre este joven de entonces apenas unos 29 años de edad pesaran cargos que de estar detenido lo tendrían toda su vida tras las rejas en el penal de alta seguridad de Santiago de Chile acusado de lesiones graves contra civiles y carabineros.
1999, el año en que me concediera esta entrevista, contaba entonces algunas historias de dignidad que corrían paralelas de la mano de los pobladores de Amador Hernández, Chiapas, resistiendo el acoso militar, y del movimiento estudiantil universitario en la máxima casa de estudios del país que, amén de sus contradicciones, resistía a la intentona de privatizar la educación superior.
Han transcurrido 21 años desde aquella charla bajo el sol de la capital mexicana; sin embargo, las palabras de Marco todavía resuenan vigentes trazando frente a la grabadorcita la claridad de su posición política. Sirva, pues, este revisitar de aquellas palabras hoy, 11 de septiembre de 2020, a 47 años del golpe militar que derrocara por la fuerza al gobierno socialista del compañero Salvador Allende y del inicio de una larga noche que no solo aplazara el sueño de un mundo nuevo y mejor para nuestrxs hermanxs chilenxs, sino para toda Latinoamérica.
Hace casi 15 años, el 10 de diciembre de 2006, publicamos aquí mismo esta entrevista; entonces, la naturaleza había tenido un curioso acuerdo con la celebración del día internacional de los derechos humanos llevándose al dictador Augusto Pinochet, orquestador del golpe militar que intentara acallar, sin conseguirlo, “el pensamiento y la acción de un estadista con visión de mundo y de futuro, de un hombre que vivió, amó y vio la vida en forma intensa y profunda y que por eso pudo dar forma a un proyecto para hacerla mejor, más digna, más justa para el ser humano, que fue el centro de su preocupación”(1): el compañero Salvador Allende.
La muerte de Pinochet nos daba alegría y tristeza al mismo tiempo. Alegría, porque al fin el cómplice de encarcelar a la dignidad y perseguir a la esperanza chilenas dejaría de contaminar con su sola presencia las grandes alamedas; pero, tristeza, más aún, vergüenza, porque la democracia (ése sistema que tanto alaban quienes llenan su boca de palabras como orden y legalidad) no fue capaz de enjuiciar y condenar al tirano. Me gustaría pensar que no sucederá igual con Echeverría, pero éste régimen no me da muchos motivos para abrigar la esperanzas de ver al genocida tras las rejas antes que muerto; muchos menos ahora que el actual residente en Palacio Nacional para rendirle homenajes (¿involuntarios?) con su modus operandi de gobernar.



Chileno de nacimiento, Marco Sánchez Maturana tenía escasos tres años cuando por Radio Magallanes Allende se despedía del pueblo que lo había llevado a la presidencia a través de las urnas en 1970: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Ahora (1999), Marco vive en la Ciudad de México donde estudia Antropología Social en espera de que se regularice su estancia legal, ya que desde 1997, debido a una orden de detención girada en Chile y al posterior trámite de su extradición, Naciones Unidas, a través del ACNUR, le otorgó la condición de refugiado político.
Las circunstancias que me motivaron a dejar mi país son diversas —dice mientras sostiene entre las manos un libro blanco cuyo forro delata que ha sido varias veces leído y vuelto leer—. Una de estas circunstancias es que la universidad pública en Chile es una de las más caras del mundo: la carrera más barata cuesta unos 200 dólares mensuales. Por una segunda parte, la militancia que yo había tenido dentro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez me lleva a condescender en una problemática con la justicia civil y militar, y una de las alternativas que tenía era abandonar el país.
Esto se agrava una vez que aquí, a México, llega Patricio Ortiz, uno de los fugados de la cárcel de alta seguridad. Con Patricio Ortiz hay una relación muy vasta, muy amena, muy de cerca. Yo conocí a su hermano, Pedro Ortiz, asesinado en el año 92 en una fuga también. Una vez de que ocurre esto de que los cuatro compañeros fugados se encuentran acá y que son delatados por gente de la misma organización, ellos, en un acto de buena fe y más que nada de obtener un resguardo, recurren a mí como militante que, bueno, hasta ese momento estaba descolgado yo aquí, y ellos asumen una instancia de cuidado, de protección, para que los haga salir del país.
Todas estas situaciones son conocidas por el gobierno chileno así que se me acusa de ocultamiento y formación de grupos de combate y, México, la Secretaría de Gobernación a través del Instituto Nacional de Migración, llega a plantearse mi deportación porque Chile pide mi extradición. Gobernación me tiene recluido durante seis meses en la cárcel migratoria de Iztapalapa, donde la ONU, a través de ACNUR [el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados], le manifiesta al gobierno mexicano que mi vida peligra ya que pesaría sobre mí una condena de presidio perpetuo a cumplirse en la cárcel de alta seguridad de Santiago.
Marco hace una pequeña pausa como buscando las palabras. Mira el libro que trae entre las manos y del que guiado por mi propia curiosidad alcanzo a leer el título: Salvador Allende en el umbral del Siglo XXI. Voltea y me descubre mirando en la portada la fotografía de un mural donde al rostro de Allende lo limita la silueta de la geografía de Chile; alarga entonces una ligera sonrisa que yo aprovecho para preguntar acerca de la vida política de su país actualmente y si cree que la democracia ha llegado por fin a Chile o habita nada más en los discursos de la clase política.
En Chile se vive una seudo-democracia donde la mayoría de los presos son jóvenes. Hombres y mujeres que lucharon y siguen luchando, ahora desde la prisión, para reivindicar la democracia chilena golpeada en el año 73. Desde el punto de vista social se vive un fraude, conocido por lo que es la Constitución de 1980. Augusto Pinochet Ugarte y su asesor, su mentor político, Jaime Guzmán idean esta constitución para guiar al país dentro de lo que se llamaría la “doctrina de seguridad nacional”, a través del sometimiento por conducto del ejército y de los militares como gobernantes y como integrantes del área judicial.
Chile no puede tener una democracia, porque se rige por una constitución que fue hecha y aprobada a molde de lo que es el neoliberalismo chileno, de lo que es el militarismo. Esto no da paso a que una sociedad se pueda desenvolver democráticamente.
Digo esto porque, por ejemplo, uno de los artículos, el cual no me permite volver a mi tierra, el artículo 8º, que trata sobre el control de ley de armas y explosivos, y su ley reglamentaria, la Ley 17.798, la ley antiterrorista y contra grupos de combate en su modalidad de grupos subversivos con armamento de uso exclusivo del ejército, es un artículo muy fuerte dentro de la Constitución y esto tiene a gran parte de la juventud chilena en el exilio; digo gran parte porque somos varios, alrededor de cien los jóvenes que no podemos volver a nuestro territorio.
Este artículo y esta ley son legalmente aprobados en un plebiscito fraudulento que se hizo en el año 80 y son los que no permiten a la sociedad civil actuar en democracia plena, porque pasan a ser las limitantes producto de una forma agresiva aprobada de manera unánime por el régimen de Pinochet.
Esta constitución sigue vigente en Chile y es la misma que en uno de sus artículos hace a Pinochet senador vitalicio, concediéndole tener senadores designados, lo que lo convierte en senador vitalicio postmortem y, por si fuera poco, él va a ser el único senador vitalicio ya que para ello se requiere de haber gobernado más de seis años y en Chile los plazos de gobierno son de cuatro años.
No —remarca—, la transición democrática ha sido muy falsa, de una manera muy oscura, donde el factor económico ha incrementado la crisis de una forma terrible provocando más de 5 millones de pobres en donde un millón son niños y niñas; estamos hablando de que si Chile tiene alrededor de 15 millones de habitantes, un tercio de su población vive en la máxima pobreza. Una sociedad que se dice democrática no puede tener, ni debe tener, ni se le debiera permitir un tipo de aberración en su Constitución, menos ser esta la Carta Magna que rige al país.
El tráfico sobre la calle Felipe Carrillo Puerto aumenta haciendo que los claxonazos de los autos nos alcancen hasta la jardinera donde estamos sentados, llamando la atención de Marco y dándome con ello la oportunidad de hacerle una nueva pregunta acerca de la respuesta que la sociedad civil chilena o las organizaciones y partidos de izquierda tiene frente al panorama que me describe.
Una de las formas de organización que se ha mantenido fuerte en sus bases es la sociedad civil, complementada con el fenómeno de lo que es el problema étnico, el problema de los mapuches en Chile. Esta organización se ha mantenido en sus cimientos de lucha intransigente e inclaudicable de lo que es el problema étnico, provocando la confrontación entre lo que es la sociedad civil y el gobierno, reconociendo con esto el avasallamiento histórico de más de 500 años, mismo que sostienen los gobiernos neoliberales al acriminar, callar y exterminar las luchas étnicas en lo que es el genocidio que se ha dado en gran parte de América Latina.
Por su parte, la sociedad civil política ha sido muy camaleón, ha cambiado de colores muchas ocasiones. Hay una canción de Víctor Jara que dice “si usted es chicha o es limonada”, o sea, si usted es amarillo o es rojo, haciendo alusión a lo folclórico chileno; la alianza en Chile ha servido un poco para que otros países en América Latina vean en las alianzas políticas entre diferentes partidos, sean de izquierda o sean de derecha, una manera de llegar al poder sin importarles nada más, sin asumir las problemáticas de los pobres, las de la sociedad civil, la crisis económica, social y cultural.
En Chile, donde la dictadura ha sido una de las más feroces de América Latina; donde la situación se ha vuelto muy caótica porque la cultura fue avasallada, exterminada; donde tampoco se ha tratado de reinstalar esta cultura por medio del arte, la pintura, el cine, el teatro, ya que en veinte o diecisiete años no hubo nada de esto sino al contrario: represión contra todo tipo de movimiento clandestino; donde los partidos políticos entran al juego dictado por la Constitución del 80, la cual no deja el que un partido menor pueda gobernar aunque haya ganado las elecciones, por su estructura bicameral en el Poder Legislativo, los jóvenes se han vuelto escépticos y, aún así, han tenido una repercusión con respecto a lo que han sido los conflictos estudiantiles, la problemática étnica y en sí lo que es el fenómeno de ser joven y no poder divertirte en tu país, en tu territorio. Esos, creo, han sido factores muy fuertes para que la juventud chilena vaya tomando posición y no se vuelva tan escéptica con el proceso histórico y social que tiene el país...
Pero —lo interrumpo— ¿qué tanto participan las y los jóvenes y qué tanto podemos esperar que de ellas y ellos pueda surgir un nuevo movimiento que cambie al Chile heredado por Pinochet?
La juventud —explica— se compromete en la medida de su forma de vida, de su ideología, según opte por la parte social, la parte política o bien la parte militar. En Chile es muy perseguido, es uno de los castigos más severos que tiene la Constitución, el manifestarse en la forma armada. De hecho Chile es uno de los pocos países de América Latina, más bien diría el único en el mundo, donde por un mismo delito político se te juzga dos veces: te juzga la justicia civil en una instancia y después la justicia militar, por tratarse de un fenómeno del orden militar. Estas acciones armadas contraen generalmente sentencias que van de los 20 a los 35 años de prisión, así que como verás no cualquier persona lo toma a juego, sino que más bien asume jugársela en un compromiso real, histórico-social de hacer valer su instancia.
Por la parte cultural, la parte histórica. Lo que es el teatro, la gente haciendo fotografía, cine, denunciado de la manera artística y cultural lo que es la represión militar, lo que se vive cuando se tiene una cultura propia de una sociedad de la militarización, el compromiso se asume a título personal y es viable en el sentido de que cada vez más las y los jóvenes se van poco a poco inmiscuyendo dentro de sus trincheras en el desarrollo de grupos digamos marginales, grupos alternativos que han crecido mucho. Lamentablemente yo salí hace tres años de mi país y tengo un contacto leve en el sentido de que muchas cosas no se oyen, ni se pueden ver ni escuchar, por el hecho de que hay una vasta distancia; pero por lo que me he enterado de personas que han pasado por México y que han relatado lo que pasa en Chile, sí hay un movimiento social de jóvenes creciente y muy fuerte.
Viene a colación entonces la pregunta obligada: la detención de Pinochet en Londres hacia octubre de 1998.
Cuando Pinochet es apresado en Londres —me dice—, cuando se le gira la orden de aprensión, en Chile hay tal consternación que se crea tal grado de euforia por sacar esa mierda que trae la juventud chilena, ese odio, esa rebeldía intrínseca; como dijo Salvador Allende: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Hay una gran euforia, repito, y la gente sale a las calles, se va al centro y jóvenes, niños y niñas, adultos, todo mundo, sale en una forma de alegría porque por fin se está haciendo justicia; por fin el mundo reconoce una de las tragedias más horribles, uno de los holocaustos más terribles que ha tenido Latinoamérica y el mundo en sí de lo que ha sido el exterminio de gente de izquierda.
Así que hay una explosión de la gente y, nuevamente el gobierno chileno, en su complicidad con Pinochet, saca a los carabineros, que es la policía armada militar chilena, a las calles, quedando un saldo de alrededor de 200 personas heridas ese día. Esto da a entender que sí hay una gran conmoción en Chile y en todas partes, que la gente sí está de acuerdo con que a Pinochet se le juzgue y sea dictada una sentencia, por lo menos que sea histórica, a nivel internacional, para que no se vuelvan a cometer estas mismas atrocidades.
En el plano de los partidos políticos y de lo que son las organizaciones políticas y el gobierno en sí, los partidos de la democracia cristiana, el partido socialista, es gente que está en el poder pero lo que a ellos les interesa es mantener su alianza. No olvidemos que la democracia cristiana fue uno de los gestores del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973; no olvidemos que la democracia cristiana fue cómplice de Pinochet guiando el derrocamiento de Allende y la intromisión militar para luego ellos retomar la democracia, lo que al final no resultó así. Por eso ahora el gobierno dice que Pinochet debe ser juzgado en Chile.
Vuelvo a recalcar: en Chile no puede haber justicia, no puede haber democracia, no puede haber una igualdad mientras exista una Constitución que protege a los asesinos con cláusulas que extienden la impunidad sobre lo que ocurrió desde 1973 hasta 1978, tiempo en el que se cometen los asesinatos más atroces y las operaciones más sanguinarias con un saldo de alrededor de 15 mil muertos, entre mujeres y hombres, militantes de izquierda. Mientras siga vigente en mi país la Constitución de 1980 no podrá haber ni habrá justicia para la gente que fue opositora al régimen militar, ni será posible el juzgamiento de Pinochet.
Pinochet de hecho viajó a Inglaterra como diplomático, como senador vitalicio en misión especial, con un pasaporte expedido por el Ministerio del Interior donde se decía que iba en misión diplomática. Él estaba en Inglaterra por una situación netamente militar haciendo un tratado, un contrato de armamento bélico entre Inglaterra y Chile.
No puedo evitar sentir cierta admiración, más bien, extrañeza ante esto que me está diciendo: ¡¿Pinochet en misión especial para la firma de un contrato militar entre Inglaterra y Chile?!. Entonces, como si mi sensación se hubiese reflejado en mi rostro, Marco retoma el asunto con algunos argumentos históricos.
No olvidemos que Pinochet fue un aliado con Inglaterra durante la Guerra de las Malvinas. Chile en ese momento era presidido por Pinochet y él prestó todos los servicios que le fueron necesarios a la ex mano dura de Inglaterra, Margaret Thatcher. Al seguir gobernando bajo la Constitución del 80 y no juzgar a la dictadura militar, Aylwin y Frei, los dos sucesores de Pinochet, han sido cómplices de los asesinatos de la gente, de militantes de izquierda, de grupos sociales, de grupos armados, después del golpe de Estado. ¡Ahora se quieren hacer responsables de juzgar a un individuo al que le permitieron ser senador vitalicio! Eso es lo que yo me pregunto y quisiera dejar como pregunta abierta a toda la gente: ¿creen que se pueda juzgar a una persona con las leyes que ha hecho él mismo?
Los ojos de Marco se fijan en los míos como esperando de mí una posible respuesta a su pregunta, yo prefiero dejársela a los chilenos que probablemente leyeran estas notas y conduzco la conversación a otro par de temas igualmente trenzados entre sí, productos de exportación chilenos a toda Latinoamérica con patrocinio estadounidense: la tristemente célebre Operación Cóndor y el neoliberalismo.
Bueno, la Operación Cóndor, que tuvo una trascendencia en Argentina, Uruguay y Paraguay, es planeada desde Chile y su gestor es Manuel Contreras, a cargo de lo que fue la DINAla Dirección Nacional de Inteligencia Chilena (sic); amparada por las Fuerzas Armadas en sus modalidades de Fuerza Aérea, Marina y Carabineros de Chile. Esta operación militar se idea, planifica y ejecuta dando exterminio a militantes de izquierda, tanto chilenos en el exilio como extranjeros, sean del MIR, del Partido Socialista, del Partido Comunista o de los aparatos militares que tenían estas respectivas organizaciones. En Argentina se hace todo lo que es la persecución de esta gente que vivía allá, que de alguna u otra forma estaba refugiada, encontrándola y asesinándola a sangre fría.
Recordemos que el gobierno de Pinochet asesinó a Carlos Prats, el último de los comandantes en jefe democráticos que tuvo el glorioso Ejército chileno; intentó matar a Eduardo Leighton en Italia; asesinó al canciller en Alemania, y también se hace cómplice de la matanza de Orlando Letelier, ex asesor de Allende, quien muere en un atentado con explosivo de un autobomba en la capital de Washington.
Probablemente no se conozca nunca la cantidad de personas que murieron en América Latina a causa de la Operación Cóndor, misma que dio cabida a que muchos gobiernos se elitizaran en la parte táctica militar, respecto a la guerra de guerrillas, la contrainsurgencia y los levantamientos armados. Gran parte de los individuos que participan en estas operaciones al interior de las Fuerzas Armadas fueron educados, sembrados, en la Escuela de las Américas, el brazo rector y militar del neoliberalismo.
Al respecto, creo que nosotros, hombres y mujeres, niños y niñas a quienes nos toca enfrentar este nuevo milenio, nos toca también enfrentar el reto del holocausto que es el neoliberalismo, este avasallamiento social, económico y político, esta degradación de lo que es el modelo capitalista que se está viendo consumado más que nada en los sectores proletarios donde hoy en día el alimento básico ni siquiera es, por ejemplo en México, de tortillas y frijol.
Creo que debemos de tomar en cuenta el ejemplo de las luchas de los sindicatos como el Mexicano de Electricistas, las luchas de los estudiantes como los de la UNAM; gente que es sociedad civil pero que pertenecen al plano de lo estatal porque se desarrollan al interior de instituciones del Estado que deberían prestar servicio a la sociedad, como corresponde a una democracia.
Creo que Chile fue el “paladín del neoliberalismo” en el sentido de que desde Chile se proyectó, a través del sometimiento, de la invasión, de la situación impuesta, de la forma obligada con fusil en mano, el que se aceptara el modelo económico neoliberal. Las Afores, graficando un poco la situación, llevan en México alrededor de cuatro veintidós años y en Chile llevan ya 25 43 años, lo que ha sido un robo hacia la sociedad trabajadora, hacia la sociedad que se esmera trabajando. Y este dinero generalmente no se queda en Chile, ni se queda en ningún país de América Latina, pues los consorcios internacionales son empresas que se llevan el dinero a invertir en otros lugares tercermundistas, por darle una clasificación concreta.
Frente a esta situación, Chile vivió un proceso de privatización en el tiempo que Pinochet es presidente interino. Se privatizan todas las empresas, lo que es agua potable, electricidad, la compañía de teléfonos; se vende el cobre como materia prima nacional y producto interno con mayor fuerza de exportación, como el petróleo para México, y se privatiza la educación con todas sus secuelas, como lo que decíamos al principio sobre los costos de las carreras en la universidad pública.
El modelo que se impone a fuerza de fusil y a costa de la sangre del pueblo chileno, se va expandiendo en América Latina y va dando resultados que a niveles macros tienen sólo buenos resultados para los consorcios internacionales que crecen y se enriquecen. Vamos pasando a sociedades con grandes estructuras de edificios, grandes centros comerciales que son las nuevas catedrales del neoliberalismo, donde la pobreza pasa a ser un submundo, una pobreza cubierta, una pobreza disfrazada.
Este modelo, en otros países también se impone, como Argentina y Uruguay, donde se introducen dictaduras militares tan fuertes y tan feroces como en Chile. En otros casos, algunos gobiernos democráticos o dizque democráticos de la parte Central y Norte de América lo fueron adoptando y ya vemos lo que pasó: las economías nacionales tienen mucho que desear y cada vez que hay cualquier problema en las bolsas éste repercute negativamente.
El sonido de un huehuetl se escucha a lo lejos como secundando lo dicho por Marco en esta plaza donde lo mismo se encuentran músicos callejeros de jazz, mimos, hiphoperos o mexikatiauis. Marco hace una breve pausa esperando la siguiente pregunta mientras a mi memoria viene aquello del artículo 33 constitucional (2) y la reciente detención de Marco Ugarte, reportero gráfico de la Afp y chileno también, en Chiapas. Lo pienso una, dos veces. Finalmente, intentando no caer en una imprudencia comienzo a articular la posible pregunta y hablo otra vez de neoliberalismo, pero también de luchas que le resisten con la esperanza y la dignidad como banderas, hasta que me animo a preguntarle, consciente del riesgo en el que lo coloco, si cree que el zapatismo pueda ser una vertiente de esperanza para América Latina o incluso internacionalmente. Marco no puede entonces evitar que a los labios le brote una ligera sonrisa y, tras mirarme por un corto momento como queriendo descubrir en mis ojos alguna intención perversa, se anima a responder.
Una pregunta bastante interesante —dice sin dejar de sonreír— y comprometedora también... Pero, valga el compromiso... Creo que la lucha zapatista está siendo viable desde el momento en que se alza como fuerza político-militar dándole un sueño a todo lo que es la lucha étnica, indígena de este país. Este sueño que representa el Ejército Zapatista para los pueblos de Chiapas en específico, viene a ser el amanecer, el sol, el reaparecer la vida y los colores después de 500 años en que se ha venido avasallando a un continente.
Creo que ha sido viable porque se ha mantenido y se ha reconocido como sociedad distinta a la mexicana a los pueblos étnicos, a las culturas, a la diversidad cultural étnico-lingüística, a través de las armas, ¿irónico, no? Pero el EZLN ha logrado imponer un reconocimiento histórico, social, no sólo a través de sus incursiones armadas, sino también a través de sus redes sociales de trabajo, de las redes sociales civiles y de organismos de derechos humanos y de las comunidades zapatistas.
El hecho de identificarse y asumir el compromiso de rebeldía, de desatar esas amarras y esa sujeción al Estado político, creo que ha hecho que el Ejército Zapatista sea fuente de inspiración de muchas guerrillas latinoamericanas, de muchos grupos armados en América Latina donde el “mandar obedeciendo” ha pasado de ser un acto de simbolismo a ser lo que realmente se puede tomar como una nueva forma de hacer política.
Claro que por otro lado está(ba) el caso de las FARC, en Colombia, donde la guerra civil está(ba) declarándose, donde países fronterizos están actuando en contra de lo que es la insurgencia, en contra del grupo armado de las FARC; donde Estados Unidos está haciendo un bloqueo y está(ba) enviando marines a detener este alzamiento armado.
Creo que un poco en América Latina se está dando lo que fue el llamado Ejército de Liberación Nacional, en el cual pensaba Bolívar y después muchas personas más como el Che, Miguel Enríquez, Lucio Cabañas, por nombrar algunos que han seguido en esta lucha inclaudicable. Uno de estos personajes dice que “en esta lucha se nos puede ir la vida, pero la continuaremos hasta la victoria”. Creo que estas palabras son muy ciertas y hay que tomarlas en cuenta.
El zapatismo ha sido y seguirá siendo un ejemplo, no nada más en América sino también en Europa. Tuve la suerte de recorrer varios países en Europa y nos encontramos con gente que se empapó de misticismo, de idiosincrasia, de energía cuando visitó zonas chiapanecas, y ha concretado redes sociales de todo el mundo en pro de una lucha tan noble, tan justa y tan obvia como es la lucha étnica.
Marco regresa la mirada al libro que trae. Pareciera que busca con una suerte de mirada de rayos x las palabras aquellas de Allende cuando pedía a los jóvenes universitarios que fueran con premura, con cariño, con ternura humana, a trabajar durante uno o dos meses a las comunidades mapuches (3). Aprovecho, pensando, como decimos por acá, que “ya encarrerado el burro” puedo preguntarle ahora al hombre de armas si cree que la lucha armada haya cumplido su función y no tenga ya razón de ser o, si por el contrario, la lucha noviolenta representa una esperanza real para terminar con la explotación del neoliberalismo que hemos identificado con la miseria mundial que vivimos.
Retomando un poco lo que es el zapatismo y uno de sus personajes ya míticos, como es el Subcomandante Marcos, bonito nombre por cierto -jejeje-, él hace mucha referencia a lo que es “mandar obedeciendo” pero también a lo que es luchar desde las trincheras donde uno está. Creo que en este sentido todos tenemos que cumplir nuestros objetivos, nuestras luchas, desde el lugar donde nos encontremos. Si en algunas partes las armas han sido viables, en otros lugares han sido decadentes. Las armas siempre están cargadas de muerte. Tal vez sea una de las formas que se ha representado como forma de lucha, pero creo en las manifestaciones pacíficas, la sociedad civil, el tomar conciencia de que tenemos que vivir en una sociedad más justa, más igualitaria, donde todos y todas quepamos, el respetar todos los mundos.
Pero lo que sí es que las distintas formas de lucha que se han dado tienen que tomar cada vez más fuerza y seguir como una manera viable de complementación, orientándose siempre en el compromiso para con la reivindicación social. Junto con esto creo que el dogmatismo no conduce a nada, que siempre tenemos que estar autocuestionándonos, tanto a nosotros mismos como a la gente con la que estamos, es una forma más coherente y más transparente de ser conscientes.
Tenemos que seguir esta lucha, ya sea desde la clandestinidad o desde el lugar donde nos encontremos, desde nuestro trabajo, desde nuestro lugar de estudios, etcétera, y asumir un compromiso histórico-político referente a lo que han sido nuestras raíces. Recordemos que un pueblo que no tiene pasado no puede proyectarse a un futuro con esperanza. El problema étnico, tanto en Chiapas como en América Latina, se ha dado muy fuerte, se ha representado de tal forma que hoy vemos a mucha sociedad civil movilizada. Ojalá fueran más y más las personas que se sumaran a esta lucha por una sociedad distinta, igualitaria. Una sociedad nueva en un mundo nuevo.
Todas las formas de lucha son válidas, lo digo porque en mi país se dio una forma de lucha democrática, se llegó al socialismo a través de las urnas. Es el único país del mundo que ha conseguido el socialismo a través de las urnas, del voto popular. Y ¿cómo terminó esto? Con el avasallamiento por medio de las armas, de los militares. Donde todo ese sueño, esa dulzura se aniquiló. No hay que subestimar al enemigo, es fuerte y sabe golpear de las formas más terribles, más trágicas, con matanzas, expulsiones, deportaciones.
Creo que tenemos que ser inteligentes y unirnos en esta lucha social, política y militar. Hay que solidarizarse con el Ejército Zapatista, con la huelga en la UNAM, con los grupos que apoyan la no-privatización de las empresas. Esa es una de las luchas y ha sido pacífica, y creo además que la sociedad civil responde a eso. Pero no olvidar. Descartar las distintas formas de lucha es negarse a sí mismo.
Claro que sería mejor una salida pacífica, pero no olvidemos las matanzas de México en el 68, el 71. Todas esas irrupciones con armas debemos tenerlas muy presentes, no olvidar. El gran remedio que tenemos para la memoria es no olvidar. No olvidar nunca y hacer conciencia crítica y constante de que todas las formas de lucha son válidas y viables, desde nuestras trincheras.
Hemos llegado al final de la entrevista. Para este momento, los ojos de Marco brillan con más fuerza que al principio de nuestra conversación. Es evidente que hablar de Chile y de la posibilidad de una América y un mundo mejores y nuevos le reanima muy especialmente. A esta altura de la charla he llegado a la conclusión de que Marco no es, como pudiéramos creer a simple vista, sólo un hombre más de los muchos que apostaron por el camino de las armas para ver libre a su país, su continente, su planeta; sino que, valga la redundancia, es un soñador. Cuando en septiembre de 1970 el pueblo chileno, su pueblo, acudió a las urnas para hacer del compañero Salvador el presidente Allende, Marco no hacía mucho que había llegado al mundo. Tres años después, los militares y carabineros de su patria pasarían a la historia como los grandes traidores de la voluntad de democracia verdadera en Chile, tendiendo el manto que significó la larga noche de la dictadura militar chilena. Bajo ese manto creció Marco. Pero ¿cómo sería de grande el sueño soñado por Chile de la mano de Allende que, todavía, a pesar de los años y de la pólvora y de la sangre, a Marco le siguen brillando los ojos? Quizás por eso mismo, le pregunté ¿cómo soñaba este planeta, cómo soñaba este continente, cómo soñaba a Chile?
Sueño —contesta tomando su libro, pero sin dejar de mirarme— un Chile en el que, como dijo Salvador Allende, podamos caminar libres por las alamedas. Donde pase el hombre libre y la mujer soberana.
Marco deja el libro entre él y yo mientras las imágenes pueblan su memoria: Me gustaría ver a mi país sin presos políticos, sin esos cinco millones de pobres, sin una miseria cultural... No más muertos, que no existan las castas militares como existen hoy.
De pronto, la voz abandona ese tono discursivo en el que más de una vez ha sonado a lo largo de la entrevista y, conforme va hablando, se va oyendo cada vez más personal, más íntima. Lo mismo sucede con su mirada, y pareciera que ya no mira hacia fuera sino que, como los topos de los que habla(ba) el Sup, hacia adentro se mira: Me sueño caminando en Chile sintiéndome libre, distinto, nuevo... En un Chile lleno de esperanza, con una juventud concreta, una juventud idónea, transparente, amplia y coherente... Sueño en un país creciendo en colores, en olores, en una diversidad social, cultural, lingüística. Veo un Chile caminando junto a los mapuches, esa raza indómita, ese pueblo que en (más de) 500 años no ha sido sometido... Veo un Chile igualitario... Veo un Chile libre...

“Cuando la tristeza nos inunda —dice Rodrigo Solís— nos gotea por los ojos. Escurre por el cauce seco de la nariz hasta la boca. Cae en cascadas por labios afilados y sin que nos demos cuenta nos tiñe de un color invisible que de algún modo brilla y atrae a los otros tristes”. Quizás eso fue lo que pasó con Marco, porque al terminar la entrevista sus ojos goteaban discretamente mientras de la librería frente a la que estábamos sentados la voz de Pablo Milanés salía flotando con aquello de “hoy pisaré las calles nuevamente...”. Luego, una mujer ahogada de borracha o de orfandad o de ambas, se acercó para hacernos plática e invitarnos unas cervezas.
Han pasado casi 20 años. Desde entonces no he vuelto a toparme con Marco, y también desde entonces aquél libro blanco con el rostro de Allende pintado en la geografía de Chile me acompaña cual si fuese una especie de biblia laica, en espera de que la profecía de Solís se vuelva realidad: “Tarde o temprano los tristes se encuentran, se toman de las manos y bailan un ritmo que al mismo tiempo es feroz, y es lento. Una danza de ahogados en el fondo del mar más muerto. Los tristes danzan tomados de las manos y a través de sus ojos trastocados la libertad lleva una máscara macabra, el amor es el abismo que se abraza a los pies del equilibrista que tropieza y la muerte es un gran alivio”.


(1) Modak, Frida. Salvador Allende en el umbral del Siglo XXI. Plaza & Janés Editores, 1998.
(2) El Artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el único relativo al Capitulo III, De los Extranjeros, establece que “el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente”; para luego determinar que “los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”.
(3) Modak, Frida. Opus cit. p. 256.

17 de mayo de 2020

1M+2H/1B (I): Un seminario de puesta en escena.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Desempolvo la bitácora electrónica... o lo intento. Tengo trabajo administrativo que espera (y urge) que le hinque el diente, pero me detengo a escribir algunas notas (espero que no demasiadas) sobre uno de los proyectos escénicos en los que estoy participando: la puesta en escena de Una mujer, dos hombres y un balazo, de Maruxa Vilalta, con la (acaso incipiente) compañía de MOVArtes.

Estamos en la sesión (... la 1 fue cuando leíamos con el reparto original, entonces estaban todavía Issaí y Castolo en el proyecto... la 2 fue después de que se hiciera pública la denuncia de Andrea hacia Issaí por abuso sexual y que habláramos con él sobre ya no poder seguir trabajando juntos... la 3 fue cuando, ya sin Issaí y sin Castolo --quien, según la versión oficial, se alejó del proyecto para dedicarse en forma a sus estudios--, comenzamos la lectura de la obra con el nuevo reparto: Andrés y Juan José como actores invitados, y cada quien en su casa por la contingencia frente al SARS_Cov_2 y la COVID-19 que se deriva de éste... y, de allí, vendrían las sesiones 4, 5, 6 y 7...), creo, 8; recién terminamos la primera lectura de la obra completa con el nuevo reparto y estoy trazando el que sería el trabajo de mesa.

Me gustaría hablar en estas notas de dos cosas: los antecedentes del proyecto y que no puedo dejar de pensarlo, al proyecto mismo, como una suerte de seminario de puesta en escena.

~ Cómo empezó todo ~

Los antecedentes están en lo que poco a poco ha ido tomando nombre como MOVArtes. MOVArtes es, para decirlo rápido, el proyecto de empresa productora en artes escénicas y audiovisuales de Mónica. Mónica, además de tener un segundo nombre por el que me ahorcaría si lo hago público, se apellida Vázquez Marín, pero casi siempre usa como nombre artístico solo Mónica Vázquez: MoV; y su color favorito es, casualmente, el mismo que el mío: el Morado Pantone 2597 XGC, mejor conocido como morado obispo. Morado, en griego, se escribe: μοβ, y se lee: "mov". De allí viene el nombre de: MOVArtes.

Mónica me ha invitado a ser parte de MOVArtes y he aceptado no sin resistencia. La invitación ha tenido una larga historia con distintos capítulos donde su empresa productora ha aparecido oculta tras los nombres de otros proyectos productores. Así, me invitó primero a ser parte del reparto actoral del filme local Miedos, ahora en fase de post producción, de la casa productora Imalogic; proyecto del que me salí por razones que no viene a cuento compartir ahora. Después, me invitó al remontaje de Un juguete para Margarita, que ya con la dirección escénica de Mónica retomaba la producción en México del montaje madrileño homónimo que Roberto Catalina bajo la firma de Nicol Producciones puso en manos de Pablo Herrero, primero, y de la misma Mónica, más tarde. Y, más o menos por esas fechas, mi hijo Adis la invitó a ser parte del reparto de El cruce, de Alejandro Román; puesta en escena dirigida por el mismo Adis Eduardo y producida por Teatro Hacia el Margen.

~ Microteatro ~

El antecedente más inmediato de mi relación con MOVArtes fue que Mónica me invitara a Microteatro Mérida (MTM), filial de la firma homónima que naciera en 2009 por instancias del director Miguel Alcantud y que a más de una década se ha convertido en una red internacional de proyectos empresariales escénicos con el mismo nombre y distinto apellido que cambia según el lugar que les acoge, que llegó a tierras del Mayab de la mano de Alicia Cupul y Miguel Camargo. Inicialmente, Mónica me había invitado a acercarme para conocer a Alicia... con Miguel nunca pude tener un encuentro físico... y animarme a dirigir algo. Esa primera ocasión pensé en dirigir Cosas de adultos, de Felipe Curiel, con Miriam Siled Rodríguez y Eduardo Navarrete; pero, mi idea era apoyar a Miriam y a Lalo con su ser madre y padre al participar en MTM, y todo apuntaba que lo que sucedería es que les arruinaría económicamente, así que no seguimos con el proyecto. La segunda invitación vino de la misma Mónica para dirigirlas a Diana López y a ella en Tiempo de perdonar, de Vicente Ferrer Andrade: acepté, pero terminé no hayándome a gusto con la política de MTM (que, al parecer, es la de todo Microteatro) y acordamos que mejor ella dirigiera y yo hiciera una especie de acompañamiento escénico desde el trabajo de mesa, abocetar una propuesta de trazo escénico y un mapa de acciones que luego Mónica corregiría y, con la generosa autorización del mismo Ferrer Andrade, hacer una pequeña adaptación al texto que nos permitiera presentarla en un calendario que no fuera el de las fiestas decembrinas que propone la obra inicialmente.

El concepto de Microteatro, quizás sobre decirlo, me parece muy atractivo: obras de 15 minutos para 15 espectadorxs en 15 metros cuadrados. Me recuerda muchas experiencias en las que he coincidido con iniciativas y poéticas similares. Las funciones que dábamos de Decreto imperial que manda publicar La Muerte en todos sus estados y señoríos, de Emilio Carballido a partir de textos de Fray Joaquín de Bolaños, en la Torreón de 1992 o 93: en un solo día dimos siete o nueve funciones, una tras otra, del mismo monólogo para no más de 20 espectadorxs por tanda. Las representaciones de teatro de guerrilla que dábamos en los centros comerciales de la Cuernavaca de 1997 cuando apoyábamos la lucha con el club de golf en Tepoztlán: en menos de 10 minutos llegábamos a un mall, arrancábamos la función, volanteábamos propaganda y salíamos huyendo de los guardias privados. La única función de Blasted de Sarah Kane que dimos en un saloncito de no más de 10 metros cuadrados para un puñado de espectadores que de tan próximos terminaron salpicados por los orines de Carlos Cruz en el papel del soldado, en el CUT de 2002. La puesta en escena de La razón blindada de Arístides Vargas que bajo la dirección de Nelson Cepeda Borba nos tenía a actores y espectadorxs lxs unxs al alcance de lxs otrxs (y de nuestros sudores) en las Mérida y La Habana de 2011. Las funciones de Punto Muerto de Blanca Doménech dentro de la jornada internacional Theatre Uncut en 2012, en un ejercicio de red que mucho tenía de la experiencia Microteatro Por Dinero del Madrid de 2009 y que en Mérida nos sirvió para intervenir el pasillo, el lobby y el baño de la planta baja de las oficinas de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento en 2013. El juguete escénico que hice junto a Malky Castro a partir del Macario de Juan Rulfo, mezclando teatro y psicoterapia corporal en la Mérida de 2017. El working in process permanente de algo que temporalmente estoy intitulando El mentidero y que quizás termine por bautizar como Cardenche, donde lxs espectadorxs son la pieza que completa el rompecabezas de la puesta en escena como ya lo fue la compañera Marichuy Patricio Martínez en la Blanca Flor del Quintana Roo de 2018.

Lo que no terminó por gustarme fueron ciertas reglas y dinámicas que ignoro si son rémoras de los inicios en la casa de Ballesta 4, en Madrid: un antiguo prostíbulo que alojó la primera temporada: Microteatro Por Dinero; principalmente, una noción de que por tratarse de obras cortas su factura debe ser express y, por ende, descuidada en cuanto a su proceso de montaje, o esa línea de textos dramáticos que por querer ser atractivos económicamente están plagados de chistes baratos aderezados de homofobia y racismo, o el muy machista (y supongo que para algunos muy gracioso) nombre del horario nocturno de las presentaciones: "golfa", o el que en sus contratos se confundan intencionalmente las figuras del director escénico y del productor ejecutivo. Cuando me salí del proyecto (sin siquiera haber terminado de entrar), no sin expresar mi desacuerdo, uno de los directores de las micropuestas en escena en temporada dijo: "ése güey es un pedero" intentando descalificarme; ignoro si lo consiguió, lo dijo con la misma calidad moral con la cual le solicitaron su renuncia en la ESAY Teatro por haber hostigado sexualmente a una de las alumnas.

~ Un seminario de puesta en escena ~

No obstante, gracias a la experiencia en MTM, además de la fortuna de conocer a la incansable y ubicua Alicia Cupul, conocí a lxs cómplices de Mónica que después de MTM la han seguido a diversos proyectos hasta llegar a este de ahora: Una mujer, dos hombres y un balazo, original de Maruxa Vilalta (como escribí líneas muy arriba), donde jugaremos a reproducir la experiencia de brevedad y proximidad del hecho escénico que sin ser original de Microteatro lxs colegas de Madrid ya registraron como propia, y que por lo mismo no será la misma. Para empezar, porque no le caracterizará la inmediatez de la exitosa fórmula comercial capitaneada por Alcantud: este será un proceso más largo de montaje que ahora en tiempos de COVID-19 está resultando en lo que cada vez me pienso más como un seminario (por ahora a distancia) de puesta en escena. Y, para terminar, porque lo que estoy haciendo no es compartir una serie de procesos que ya son, insisto, marca registrada exportándose allende las fronteras españolas por Microteatro, dado que yo mismo los desconozco; sino, una suma de experiencias tanto escénicas como áulicas (entendiendo lo áulico como aquello que sucede en el aula y no como sinónimo de palaciego o cortesano), fruto de un andar dionisíaco personal entre el teatro popular y el teatro institucional (ambos profesionales) que este terrible 2020 cumple 30 años.

Lo que quiero ir tejiendo, pues, para MOVArtes es un proceso doble: creativo y formativo. De alguna manera, todos los procesos escénicos tienen este doble carácter; pero, no siempre se asumen como tales. Quiero, además, rescatar la noción de seminario como espacio académico y técnico de compartición (sic) de saberes entre, como dijera el artículo correspondiente en Wikipedia, especialistas y participantes; pero, con (según yo) un plus: en este seminario lxs especialistas y lxs participantes somos lxs mismxs en igualdad y horizontalidad de roles... más o menos.

La idea, desde luego, no es nueva; experiencias como ésta han sucedido lo mismo al abrigo de instituciones de educación superior o por el empuje de agrupaciones teatrales que han hecho del trabajo de creación colectiva una poética propia. Nombres de maestras y maestros como Meyerhold, Brecht, Grotowski, Adler, Beck-Malina, Hagen, Artaud, Weiss, Spolin, Brook, Crawford, Kantor, Sano, Boal, Mnouchkine, Del Cioppo, Marichal o Barba, entre muchxs otrxs, vienen a la mente cuando se habla de procesos así. Yo, además, pienso por ejemplos en el laboratorio de puesta en escena que llevara a cabo el maestro José Luis Ibáñez en torno a La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, en los también laboratorios que hiciera el Taller del Sótano con obras como Jardín de pulpos de Arístides Vargas o en los largos procesos de puesta en escena que caracterizaron a los montajes de las compañías del teatro latinoamericano entre los sesenta y los noventa del siglo pasado, de las cuales por la vía del Grupo Cultural Zero me siento uno de sus herederos.

~ 1M+2H/1B ~

Para el caso de Una mujer, dos hombres y un balazo (de aquí en adelante: 1M+2H/1B), partiremos de un trabajo de mesa en el que identificaremos los géneros dramáticos, digamos, interiores de la obra: la obra de Vilalta consta de cuatro cuadros dramáticos que tienen como puente una sucesión de cuadros intermedios que intitula "Ellos", donde muestra a una compañía de actrices y actores haciendo la primera lectura de esos mismos cuadros, y, por decirlo de algún modo, el género dramático general. Para esto me basaré en la teoría de géneros de la maestra Luisa Josefina Hernández, aprendida en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM con su discípulo, el maestro Fernando Martínez Monroy; teoría a la que me asomé por primera vez gracias a las clases de mi maestro y amigo Alfonso López Vargas en el ya extinto Centro de Formación Teatral Mayrán.

Sin embargo, por donde estamos empezando es por bordear el estudio de los personajes: me interesa mucho que la comprensión del texto como una totalidad se refuerce de una comprensión más particularizada de los personajes. De esta suerte, después de la lectura inicial estamos continuando el trabajo de mesa con las preguntas llave de lo que la maestra Consuelo González Garza, del mismo Centro de Formación Teatral Mayrán, nos enseñó como "Los 14 sistemas del personaje". Se trata de una especie de experimentación teorética (valga la contradicción): quiero entrar a la teoría de géneros de LJH con un poco más de luz sobre qué personajes estamos encarando, pues, el personaje principal es el que marca la pauta del género dramático que estamos abordando.

Así las cosas, me pienso la mesa no como una investigación lineal; sino, más rizomática y, digamos, por capas. Lo rizomático está, justo, en la ruta a seguir para el encuentro con el personaje: influenciado por el maestro José Ramón Enríquez, creo que el personaje no se construye (o no solo), sino que nos construye; pero, dicha construcción (a veces posesión, a veces encarnación) no sucede si no pasamos por entenderlo a cabalidad, de allí que el estudio de "Los 14 sistemas..." nos servirá como disección a priori de lo que el maestro Humberto Proaño (asistente de Seki Sano y posteriormente maestro del Grupo de Teatro y Poesía Coral  Mascarones, primero, y del Grupo Cultural Zero, después) llamaba "La Tridimensionalidad del Personaje" por la vía de un Sano investigador in situ de Stanislavski.

A la par, el trabajo por capas estará signado por el análisis del texto dramático y a la teoría de géneros sumaremos tres metodologías: un análisis comparado, cuyas pautas han sido trazadas por el maestro Eduardo Contreras Soto; un análisis por evidencia textual, delineado por el maestro Antonio Castro, y el análisis tonal que propone el maestro Luis de Tavira. Mi plan, en términos del seminario de puesta en escena, es ir "acuerpando" el trabajo de mesa de distintas herramientas analíticas para que las actrices y los actores, en tanto operantes de la escena, cuenten con un abanico de posibilidades de las cuales echen mano. No será extraño, entonces, que la capirotada teorética se complemente, en cuanto a lo rizomático, con el estudio de los personajes mediante el método de la división por unidades de acción de Stanislavki (del que deriva, inclusive, el estudio tridimensional de los mismos), y el análisis actancial que propone Fernando de Toro para entender al teatro épico que hereda Brecht a Latinoamérica, dado que Vilalta, más que una estructura aristotélica, nos está ofreciendo una estructura didáctica.

Simultáneamente al trabajo de mesa, tendremos que ir trazando la ruta crítica del entrenamiento actoral; éste, por ahora (cada 24 horas cambio de idea), tiene como punto nodal la hipótesis de que Maruxa Vilalta nos ofrece, en conjunto, una farsa melodramática que exigirá del reparto un trabajo corporal de gran gesto expresivo. Vilalta ha jugado a explorar dramatúrgicamente con un género: el melodrama, y tres estilos dramáticos: el absurdo, el surrealismo y el musical; todo en tono de parodia. Para ello, ha dispuesto de una compañía de actores y actrices que representarán o, mejor dicho, jugarán el juego escénico que nos propone. Yo, por mi parte, les estoy proponiendo a Mónica Vázquez, Minddy Reyes, Eduardo Hernández, Andrés Várguez y Juan José Chacón: el reparto de esta aventura producida por MOVArtes acompañado por Antonieta Hidalgo en lo que sería la dirección de arte, que le demos una vuelta de tuerca más al texto de Vilalta. Este rizar el rizo nos ha llevado ya a definir las poéticas actorales de las cuales nos iremos tomando de la mano: la biomecánica, de Meyerhold; el teatro del movimiento y el gesto: el cuerpo poético, de Lecoq; el teatro ritual (más que de "la crueldad"), de Artaud, y el teatro didáctico del gestus y el distanciamiento, de Brecht; en una especie de urdimbre de poiesis para la dramaturgia de la actuación (Sanchis Sinisterra dixit) y la operación de la escena (para decirlo con el Chevallier que cita a Deleuze)... ya veremos si lo conseguimos o no.

Por lo pronto, bienvenidxs a bordo; iniciamos el viaje.

14 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Ocho.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Llegamos a nuestra octava entrega, la cual debimos haber publicado el pasado 12 de octubre; sin embargo, ése día nos tuvimos que organizar desde temprano para ir a la Ciudad México y marchar en el contexto de la Jornada Global de Lucha en Defensa de Nuestra y Nuestros Territorios ¡Samir Vive!, y, bueno, después seguirle la pista a la invasión fascista que la Turquía de Erdogan está llevando a cabo contra el norte de Siria para someter al movimiento de liberación kurdo y servírselo en bandeja de plata al ISIS y, un poco más cerca geográficamente, pero igual de próximo en el corazón, observar la lucha de los pueblos y nacionalidades indígenas de Ecuador que ha logrado la cancelación del decreto 833 firmado por Lenín Moreno para aplicar el Paquetazo que pretende imponer el FMI que, a decir del presidente de México, “ya cambió”... y que en Haití, donde hoy su pueblo ha salido a las calles convocado por sus artistas exigiendo la dimisión del presidente Jovenel Möise y el final de las medidas del FMI, no piensan como él (el presidente de México); veremos qué sucede, cómo dice la CONAIE: esto no termina hasta que el acuerdo se concrete a cabalidad.

Regresamos, pues, a nuestro ejercicio dramaturgista en torno de la obra Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta, que la actriz y maestra de teatro Jessica Cortés está por estrenar en el marco de la actual edición del Festival Internacional de Teatro Universitario de la UNAM. Esta vez, por habernos retrasado dos días, la entrega será, si no doble, sí un poco más extensa que las anteriores, pues, hemos querido abordar el momento histórico que Vilalta ha querido abrazar y mostrar al público con Esta noche...: la escalada del fascismo, mismo que en la propuesta de Cortés será soslayado para ponernos la mirada ante la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y el asesinato de Samir Flores. Se trata de la génesis de ése capítulo de la historia mundial en el que Vilalta y su familia son obligados a dejar su tierra natal: Cataluña, por el ascenso de la expresión española del fascismo: el franquismo. ¿Listas, listos, listes? Aquí vamos.

Para Maider Elortegui Uriarte (Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa), bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas la escuela rural, con dinámicas improvisadas desde cada institución, comenzó a significarse por medidas unificadoras con planes, programas y métodos diseñado por autoridades de la SEP y no, como se había hecho hasta entonces, por los directores de cada plantel. Las vertientes teóricas de este período que, a pesar de las contradicciones propias de un discurso y un actuar que pudieran considerarse socialistas al interior de un sistema de partido de Estado atado a un modelo económico de explotación capitalista, ha sido por muchas y muchos historiadores como la etapa de madurez de la inconclusa, raptada e inacabada “Revolución Mexicana”, seguían influenciadas por la Escuela Racionalista, la Escuela Nueva y algunas experiencias pedagógicas que llegaban de la Unión Soviética, como la de Antón Makarenko, quien organizara la Colonia Gorki para brindar educación a niñas y niños huérfanos (muchos de ellos vagabundos y delincuentes) que, sin duda, provocó una fuerte reacción por parte de distintas fuerzas de la burguesía, la aristocracia y el clero.

En este sentido, el cooperativismo, nos dice Elortegui, fue la forma de organización para transformar estructuralmente el territorio de la mano de la reforma agraria cardenista, contra los sistemas de explotación caciquiles impulsores de miseria, ignorancia y rezagos educativos y sociales, y las y los maestros rurales jugarían un papel destacado en todo ello, haciendo de la comunidad una familia; formando comisiones de alumnos que fomentaran el ánimo y el orgullo por su identidad; realizando talleres para desarrollar cooperativas de producción agrícola y ganadera; impulsando campañas de higiene, deporte y salud; realizando eventos teatrales y musicales; promoviendo pensamientos ideológicos con conciencia de clase hacia una estrecha relación con las organizaciones campesinas (pronto corporatizadas en el partido de Estado), y erradicando el analfabetismo como punto de partida para la concientización del pueblo.

Con todo, y a pesar del aumento del gasto público destinado a la educación durante la administración cardenista, la escasez de recursos continuaba siendo un problema y fue uno de los detonantes, apunta Elortegui, para que surgieran rupturas políticas y organizativas, magisteriales y estudiantiles, dentro del normalismo rural, y no solo; aunque la mayoría, enfatiza, sostuviera la postura del cardenismo. De ésa radicalización surgieron el Sindicato Único de Trabajadores de la Enseñanza Superior Campesina (SUTESC) y la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), “con una fuerte influencia –cita Elortegui a Civera– de los misioneros culturales y del Partido Comunista.” Fundada el 18 de marzo de 1935 en la Normal Rural de Roque, Guanajuato, la FECSM representaba, en tanto organización nacional, a todas las normales regionales del país; a saber (gracias a la relación que hace José Socorro Martínez Aguilar en su reseña histórica La FECSM y las escuelas normales rurales):

ESCUELAS NORMALES RURALES PARA MUJERES:
  • "Carmen Serdán", de Teteles, Puebla; que antes había funcionado en Hueyapan.
  • "Gral. Lázaro Cárdenas del Río", de Palmira, Morelos; que antes funcionaba en Oaxtepec.
  • "Gral. Mariano Escobedo", de Galena, Nuevo León.
  • "Hipólito Reyes M.", de Panotla, Tlaxcala; que había funcionado en Huamantla.
  • "Justo Sierra Méndez", de Cañada Honda, Aguascalientes.
  • "Miguel Hidalgo", de Atequiza, Jalisco; que antes estaba en Tuxcueca.
  • "Ricardo Flores Magón", de Saucillo, Chihuahua; antes, en Flores Magón.
  • "Vanguardia", de Tamazulapan, Oaxaca; antes, en San Antonio de la Cal, primero, y en Cuilapan, después.
  • "Vasco de Quiroga", de Tiripetío, Michoacán; antes, en Tacámbaro.

ESCUELAS NORMALES RURALES PARA HOMBRES:
  • "Abraham González", de Salaices, Chihuahua.
  • "Basilio Badillo", de Zagaroza, Puebla; antes ubicada en Xochiapulco.
  • "Enrique Rodríguez Cano", de Perote, Veracruz; antes en Mizantla.
  • "Felipe Carrillo Puerto", de San Diego Tekax, Yucatán.
  • "Gral. Emiliano Zapata", de Champusco, Puebla.
  • "Gral. Emiliano Zapata", de Jalisco, Nayarit.
  • "Gral. Lázaro Cárdenas", de Tenería, Esatdo de México.
  • "Gral. Lázaro Cárdenas", de Xocoyucan, Tlaxcala.
  • "Gral. Matías Ramos Santos", de San Marcos, Zacatecas.
  • "Gral. Plutarco Elías Calles", de El Quinto, Sonora.
  • "Gral. Guadalupe Aguilera", de Santa Lucía, Durango.
  • "Justo Sierra Méndez", de Hecelchakán, Campeche.
  • "Lauro Aguirre", de Tamatán, Tamaulipas.
  • "Lic. Gabriel Ramos Millán", de Roque, Guanajuato; donde se fundó la FECSM.
  • "Luis Villarreal", de El Mexe, Hidalgo.
  • "Miguel Ángel de Quevedo", de La Huerta, Michoacán.
  • "Moisés Sáenz", de Reyes Mantecón, Oaxaca; antes en Comitancillo.
  • "Pantaleón Domínguez", de Mactumatzá, Chiapas.
  • "Profr. Rafael Ramírez", de Sta. Teresa, Coahuila.

En Europa, mientras tanto, Hitler, quien desde 1933 ocupaba la cancillería del gobierno alemán, afianzaba el poderío del Tercer Reich tras el incendio del Parlamento; la represión a los sindicatos obreros de izquierda; la cancelación de las libertades de opinión, de asociación y de prensa, entre otras; la persecución a comunistas, anarquistas y socialdemócratas; el boicot a comercios, fábricas, bancos y editoriales judías, junto con la posterior prohibición de que judíos ejercieran como funcionarios, abogados, notarios, periodistas y médicos, o la quema frente a todas las universidades alemanas de aquellos libros considerados revolucionarios u opositores al régimen nazi. Y, nuestra autora (con escasos tres años de vida) y su familia regresaban a Barcelona de su autoexilio en París; al año siguiente: 1936, Antoni Vilalta, padre de Maruxa, se reintegraría nuevamente a Izquierda Republicana de Cataluña (ERC, por su siglas en catalán). Durante los primeros meses de 1936, la polarización entre la izquierda revolucionaria y la derecha fascista españolas, pasando por una izquierda moderada, una derecha republicana con un centro anticlerical y una derecha de fuerte componente católico y pro monárquico, fue in crescendo. Tan solo entre febrero y julio, antes de iniciarse el relativamente fallido golpe de Estado, entre el 17 y el 20 de julio, se llegaron a contabilizar un total de 189 incidentes, con un coste de 262 muertos; de las 262 víctimas, 148 eran militantes de la izquierda, 50 de la derecha, 19 de las fuerzas del orden público y una suma de 45 personas sin identificar, en un patrón de muertes que, a diferencia de lo que esgrimió el bando que protagonizaría el golpe, iba en descenso. No obstante, dicha violencia fue utilizada por el fascismo español como justificación para sublevarse a la República y al gobierno del Frente Popular, recién vencedor en las urnas.

Julio Aróstegui, en su libro La Guerra Civil. La ruptura democrática, narra que una vez sofocada la rebelión del bando sublevado en Barcelona, en virtud de la práctica desaparición de cualquier sector del ejército que fuera fiel al gobierno de la República, salieron varias columnas formadas rápidamente por las organizaciones obreras y los partidos de izquierda, para dirigirse a Aragón. Junto con las columnas del recién fundado Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de tendencia comunista contraria al estalinismo y en ruptura con el trostkismo, y el aún más reciente Partido Socialista Unificado de Cataluña, de inclinación marxista-leninista (y una columna de ERC, el partido de Vilalta, que salió de Tarragona); junto a estas columnas, decíamos, los contingentes más importantes los aportaron las milicias populares llamadas confederales de las organizaciones anarquistas: la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la Federación Ibérica de Juventudes Revolucionarias (FIJL). La más numerosa sería la Columna Durruti, encabezada por el líder de la FAI Buenaventura Durruti, que salió de Cataluña el 24 de julio en dirección a Zaragoza. Sin embargo, ninguna consiguió su objetivo de liberar del todo las capitales aragonesas de Zaragoza, Huesca y Teruel, en manos del bando sublevado. Ése es el contexto en el que la familia Vilalta Soteras saldrá al exilio con rumbo a Bruselas, Bélica, donde vivirán aproximadamente tres años: hasta 1939.

De vuelta en México, la naciente FECSM se había creado en el contexto del plan sexenal cardenista que, en materia de educación, promovió la combinación de las misiones culturales vasconcelistas, las normales rurales herederas de éstas y las escuelas centrales agrícolas callistas en escuelas regionales campesinas; lo que exigió de los maestros, a decir de Luz Elena Galván Lafarga, no ya el rol misionero con que soñó Vasconcelos o el papel revolucionario que supuestamente empujó Calles; sino el lugar del articulador de procesos organizativos cooperativistas que además de comprometerse con sus respectivas comunidades lo hiciera con la reforma agraria cardenista: el agitador político. Espejo de ello, la FECSM tendió hacia la organización de campesinos, obreros y estudiantes. Los estudiantes, nos dice de nuevo Elortegui, se proponían participar en la defensa de la educación pública y promover el derecho a que las hijas y los hijos de los más pobres tuvieran acceso a una educación que dignificara y transformara su realidad social. Según documentos internos de la FESCM consultados por Elortegui, el resto de organizaciones estudiantiles de corte citadino los excluían por ser “hijos de campesinos que no tienen derecho a exigir nada, puesto que en sus casas no duermen en cama y algunos no comen ni siquiera tres veces al día”:
La Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (F.E.C.S.M.) nació bajo el calor de la lucha, como organización revolucionaria en defensa de los intereses comunes de la juventud campesina (…) Donde nace y se cultiva la auténtica aspiración de los campesinos. De ahí nació el grito de alerta para defender la educación popular, de ahí nace una organización estudiantil, cuya esencia de educar al pueblo y liberarlo de los opresores, se vuelve la tarea fundamental de los maestros rurales.

No obstante, nos dice Alicia Civera, sabemos que las escuelas regionales campesinas no obtuvieron un respaldo homogéneo y constante por parte de la SEP, y ello se agudizaría ante la heroica hazaña de privatizar la industria petrolera, que significó casi toda la atención del gobierno. Así, las dinámicas internas del normalismo rural y sus vínculos con las comunidades dependieron en buena medida de las relaciones del gobierno federal con las autoridades estatales y locales, y, sobre todo, de las diferencias internas entre las instancias federales (fundamentalmente: SEP, Secretaría de Agricultura y Banco de Crédito Ejidal) y al interior de la misma Secretaría de Educación; tanto en relación con los espacios de atención de cada dependencia, como en torno al proceso de organización gremial de un magisterio que debido a una situación económica cada vez más crítica, recurrió, como apunta Galván Lafarga, a huelgas para lograr aumentos de salarios y a la federalización de la educación que pusiera fin a los pagos irregulares. De esta suerte, el descontento hizo crisis en 1937 y estallaron huelgas de maestros en Querétaro, Coahuila, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Tamaulipas, como apunta David Raby en Educación y revolución social en México. Y, por si fuera poco, ése mismo año el gobierno cardenista desapareció las Misiones Culturales.

Por otra parte, el sexenio de Cárdenas, siendo uno de los períodos más luminosos del normalismo rural, también fue uno de los más críticos en cuanto a los ataques de distintas fuerzas de la burguesía que buscaron a toda costa dinamitar el proyecto cardenista. Tatiana Coll en su ensayo Las Normales Rurales: noventa años de lucha y resistencia, cuando habla de Ayotzinapa confirma que al ser una de las primeras normales rurales del país (recordemos que se fundó en 1926), su historia corre paralela a la narrativa que hemos trazado líneas arriba; pero, como elemento característico, la distingue su constante resistencia a un sistema económico y unos sus sectores más conservadores, que siempre han visto en la existencia de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” una piedra en el zapato de sus intereses. Desde los grupos cristeros, que constantemente la amenazaban en su génesis, hasta la presencia de caciques y terratenientes locales que han ejercido impunemente una violencia cotidiana aún en nuestros días, pasando por el llamado del clero a desorejar y colgar a los “maestros comunistas”, las fuerzas reaccionarias gobernantes, terratenientes y los fanáticos religiosos, se lanzaron decididamente a acabar con las que consideraron “escuelas del diablo”, y maestros y maestras, mártires de la misión, fueron perseguidos, hostigados y torturados por las llamadas “guardias blancas” de los finqueros.

Aunado a lo anterior, las fuerzas más reaccionarias y derechistas del país rebasaron a la burguesía y se aliaron con grupos filofascistas en sus esfuerzos por acabar con el cardenismo; mientras el sabotaje internacional que promovieron los gobiernos imperialistas de Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos que vieron minadas sus ganancias tras la expropiación petrolera (sabotaje que, por cierto, no secundaron ni la Alemania de Hitler, ni la Italia de Mussolini), ocasionaba la caída de las exportaciones (a pesar de que la Alemania nazi compraba el 70% de las exportaciones de un crudo mexicano que más tarde le permitiría volar y bombardear Europa; como pasaría con Guernica, destruida en apoyo a Franco) y propiciaba la devaluación de la moneda. La alianza de las fuerzas fascistas en México auspició la organización de grupos de choque, como la Unión Nacionalista Mexicana, el Partido Nacionalista de México, la Vanguardia Nacionalista Mexicana, la Juventud Nacionalista de México, la Confederación de la Clase Media o la Unión Nacional Sinarquista, fundada por Hellmuth Oskar Schreiter, miembro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (el Partido Nazi), que llegó a agrupar a más de medio millón de hombres y mujeres provenientes de las capas rurales más abandonadas del país. Y, en el campo de la propaganda, por ejemplo, el gobierno cardenista tuvo que contrarrestar publicaciones derechistas como la revista Timón, dirigida por Vasconcelos, “El Apóstol de la Educación”, con financiamiento de la embajada alemana en México.

Cárdenas vio necesario, entonces, fortalecerse atrayendo para sí a las fuerzas de la clase trabajadora sin que ello significara dejar de negociar con las fuerzas de la burguesía que, a pesar de la nacionalización de los trenes, el reparto agrario de 18 millones de hectáreas a la clase campesina (que, por razones productivas, reconstituyó al ejido), la misma expropiación petrolera y la llamada educación socialista, estuvieran dispuestas a caminar junto a su gobierno. Eso lo llevó a desbaratar la estructura callista del PNR, afianzada en partidos locales que daban fuerza a cacicazgos políticos en distintas regiones del país, y lo sectorizó corporativizando (valga la expresión) a las fuerzas organizadas obreras, campesinas, populares (incluyendo a las mujeres) y militares. La sectorización cardenistas del rebautizado Partido de la Revolución Mexicana (PRM), si bien parecía arrinconar a la “burguesía revolucionaria” al interior del partido de Estado, la potenció, justamente, en los cacicazgos regionales que esperarían a que la historia nacional le diera vuelta a la página del cardenismo. Entre tanto, Cárdenas se dio a la tarea de integrar a su administración a las fuerzas de la burguesía menos reaccionaras (o que se guardaron de mostrarse como tales) reestructurando, para decirlo con Doralicia Carmona Dávila, los intereses del sector privado mediante su agrupación en cámaras de comercio e industria: la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco) y la Confederación Nacional de Cámaras de Industria (Concamin), con afiliación obligatoria. Así demostraba que no era su enemigo, amén de que no se negaran a participar en la construcción del México moderno. De esta suerte, empresarios no nada más nacionales, sino también extranjeros, como el empresario azucarero y todopoderoso de la industria cinematográfica en México, William O. Jenkins; el empresario de la industria manufacturera, fundador de la México Golf Association (hoy, Federación Mexicana de Golf) y dueño del exclusivo Country Club, Harry Wright, y el banquero Carlos Trouyet, principal promotor de la mexicanización de Teléfonos de México (no por nada lo llaman el Slim de los 60); siempre pudieron disfrutar de la buena disposición del gobierno cardenista.

Paralelamente, vendrían las creaciones de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que aglutinó múltiples sindicatos nacionales de industria y gremiales, así como federaciones municipales de trabajadores; de la Confederación Nacional Campesina (CNC), que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas; de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), que junto con el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, que reunía a 800 organizaciones de mujeres de todo el país con cerca de 50 mil integrantes de diversas posturas ideológicas con un objetivo común: conquistar el derecho a votar y ser votadas, dio paso al sector popular, y la mejora en la paga, las condiciones de trabajo y el armamento del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina, y, a todas las integró al PRM. Fue así como, siguiendo a Carmona Dávila, el cardenismo vinculó a las masas de trabajadores del campo y la ciudad con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a las fuerzas de la burguesía nacionales y extranjeras contrarias a su proyecto de nación: en un país casi analfabeto y sujeto fuertemente a la influencia de poderes fácticos conservadores intocados por la “Revolución”, para el cardenismo fue inconcebible abrir los cauces de la democracia electoral, pues, desde su interpretación eso hubiera significado (como ocurrió en la España del 33, donde el voto femenino se inclinó por la derecha) el derrocamiento por la vía del voto libre de las fuerzas de la burguesía que, como Cárdenas mismo, habían ganado la “Revolución Mexicana” y detentaban el poder.

Para 1939, sofocada la rebelión de Saturnino Cedillo apoyada por Hellmuth Schreiter, Heinrich Northe (primer secretario de la delegación alemana en México) y el espía alemán Ernst von Merck, la actividad de las escuelas regionales campesinas parecía, para decirlo con Susana Quintanilla, minúscula al haberse convertido en centros de acopio para pagar la deuda externa por la expropiación de la industria petrolera y, a esas alturas del período cardenista, más de 200 maestras y maestros rurales ya habían sido asesinadas y asesinados por gavillas armadas, poblaciones enardecidas, “guardias blancas” solapadas por caciques y hacendados o autoridades de gobiernos locales opuestas a los dictados de la federación. La mutilación de los cuerpos, reafirma Quintanilla, en particular el corte de orejas, y la saña con la que se actuó sobre las mujeres, dan cuenta del horror vivido en Guanajuato, Puebla, Jalisco, Colima o Veracruz, y de los altos costos en términos humanos que representó la cruzada de la educación socialista en el campo mexicano.
La ejecución de maestros fue la más repulsiva de las muchas expresiones de rechazo e inconformidad hacia la reforma de 1934. La quema de aulas, la inasistencia a clases, el hostigamiento cotidiano a los maestros, la indiferencia o el abandono fueron prácticas comunes en algunas zonas como la de Los Altos de Jalisco, el sur del Estado de México y el de Sinaloa, las regiones serranas de Puebla y algunos municipios de Aguascalientes, Querétaro y Durango. Redes civiles y paramilitares, algunas de ellas fuera del control de los poderes institucionalizados, se enfrentaron al proyecto educativo y agrario del gobierno. Durante los albores del cardenismo la lucha cobró cauces violentos y llegó a paralizar casi por completo la actividad escolar. El Estado respondió a los ataques mediante el cierre de escuelas y de iglesias, la “purga” de maestros considerados “reaccionarios”, la expulsión de sacerdotes y de monjas, las campañas militares y la entrega de armas a los campesinos leales al gobierno.

Sería deshonesto, acepta Quintanilla, mostrar solo la faz violenta, y por tanto de mayor dramatismo, de lo acontecido en aquella época. Habitantes de no pocas poblaciones del país compartieron los principios de la educación socialista y actuaron como sus defensores más acérrimos. Ejemplos como el norte de Sinaloa, algunas localidades de Sonora, el corredor industrial de Tlaxcala y la Comarca Lagunera, son indicativos de la existencia de consensos activos hacia el proyecto educativo cardenista. Por otra parte, desde 1937 Cárdenas había dado instrucciones a su secretario de Educación Pública, Gonzalo Vázquez Vela, de impulsar un programa educativo acorde a los pueblos originarios que puso en marcha las llamadas Escuelas de Trabajo y el fomento y modificación de los Internados Indígenas. Muchas de estas escuelas se toparon con la renuencia no solo de hacendados y curas, sino también de los caciques indígenas cuyas comunidades practicaban economías de subsistencia y habían estado al margen de la “Revolución”. Su rechazo, apunta Quintanilla, no puede atribuirse nada más a la defensa de sus formas de vida frente a las amenazas del exterior; la oposición más radical provino de los grandes terratenientes “ladinos”, que no veían con buenos ojos tener que sostener los costos de escuelas en las que se les enseñara a “sus” peones la importancia de «acabar con la tiranía de los patrones», y de los caciques indígenas que no estaban dispuestos a compartir con el gobierno cuotas de poder y espacios de control.

Del otro lado del charco, particularmente en España, tras la caída de Cataluña en manos del bando sublevado y gracias a la complicidad de Gran Bretaña y Francia para con el franquismo y al apoyo de Alemania e Italia a “los nacionales”, la República Española llegó a su fin y el ascenso de Francisco Franco como “Generalísimo” y “Jefe del Estado Español”, títulos en los que se había autoproclamado desde 1936, se consolidó. Como respuesta, el gobierno de Cárdenas abrió sus puertas para recibir a miles de refugiados republicanos españoles. Fue así como Antoni Vilalta y Maria Soteras, a quien el franquista Tribunal de Responsabilidades Políticas inició el juicio en su contra acusándola de «conducta detestable respecto al GMN (Glorioso Movimiento Nacional) siendo de ideas izquierdistas y militando en el partido Esquerra Catalana»; de, en lugar de ejercer su profesión, dedicarse «exclusivamente y con gran anhelo a la propaganda rojo-marxista», y, junto con su marido, de haber regalado una casa y 173 mil pesetas a «los rojos de Cataluña»; fue así, decíamos como Antoni y Maria, con la pequeña Maruxa de siete años, se trasladaron al puerto de Amberes, Bélgica, para partir a Nueva York, Estados Unidos, y de allí viajar a México: el 21 de noviembre de 1939 lograron atravesar la frontera por Nuevo Laredo; un año más tarde, los tres obtendrían la nacionalidad mexicana. Treinta años después, Maruxa escribirá una obra de teatro para hablar de dos personajes que pasan una “agradable velada” destruyéndose, y viven lapidados en un mundo de pesadilla, protegidos de todo contacto con la gente por una “ventana aislante” y una “puerta aislante”; mientras se dedican a leer periódicos, tanto actuales como de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial. Una proyección de fotografías de hechos históricos hace desfilar ante sus ojos escenas de crímenes cometidos por dictadores como Hitler, Mussolini, Franco y otros fascistas “salvadores de la patria”, desde aquellas épocas hasta los años en que la obra se represente, y aplauden el horror: es quizás en lo único que están de acuerdo, en celebrar ese horror, y en atormentarse, en herirse mutuamente e impedir cada uno que el otro escape de sí mismo.

10 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Seis.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Así como para mirar la guerra civil que llamamos “Revolución Mexicana” podemos hacerlo a través de dos lupas: la una, la de las pugnas entre las fuerzas de la burguesía, que fueron quienes convocaron de la mano de Francisco I. Madero a la insurrección contra Porfirio Díaz (que es la generalmente nos cuenta la historia oficial para que veamos como héroes a Madero, Carranza, Obregón y Calles; en la misma estatura moral que colocamos a Flores Magón, Zapata y Villa); la otra, la de la lucha de clases, para observar cómo la conflagración iniciada por la burguesía se vio trastocada, al punto de casi lograr ser una verdadera revolución, con la participación de las trabajadoras y los trabajadores del campo y la ciudad, representadxs casi siempre por el magonismo, el zapatismo y el villismo (aunque los trabajadores de la ciudad se aliaron, más bien, al obregonismo… lo que nos llevaría a pensar el papel que la clase que bajo supuestos marxistas sería la “vanguardia de la revolución” jugó en detrimento de sus propios intereses, en una clara muestra de lo que conocemos como falsa conciencia de clase… algo muy parecido a lo que pasa ahora con el conservadurismo y las posturas cuasi fascistoides de no pocos obreros del mundo… pero, ésa es otra historia); así como podemos mirar la “Revolución Mexicana” con dos lupas, decíamos; así, la genealogía del normalismo rural en México la podemos observar con dos lentes: la que mira a los personajes históricos que desde el poder de arriba le dieron su propio significado (que es un poco lo que hemos estado haciendo al hablar de Vasconcelos, primero, y de Cárdenas, después) o la de los pueblos y colectividades del poder de abajo que le dotaron de un significado y una experiencia de lucha propias a cada proceso histórico, en cada escuela normal rural del país.

Sí, como dice Ricardo Pérez Montfort, la relación entre Cárdenas y Zapata es una dada a destiempo; la relación entre Vasconcelos y Cárdenas es otra muy a tiempo y tienen un punto de confluencia fundamental: mientras el jefe de la campaña como candidato presidencial de Vasconcelos fue un joven Adolfo López Mateos al que los esbirros de Gonzalo N. Santos casi matan a golpes; el jefe de campaña de su oponente, el mediocre Pascual Ortiz Rubio, fue un Lázaro Cárdenas que tuvo que pedir licencia como gobernador de Michoacán para dirigir el Partido Nacional Revolucionario fundado por su maestro en política: Plutarco Elías Calles, y así dirigir el fraude electoral que le arrebatara el triunfo al “Apóstol de la Educación”.

Las lecciones de Calles a Cárdenas le sirvieron al de Jiquilpan para conocer de cerca y muy a fondo dos realidades: la explotación y el despojo de las empresas petroleras extranjeras asentadas en México y el modus operandi del sistema de partido de Estado. Además, si bien en su caminar por los distintos episodios de la “Revolución” Cárdenas se fue aliando con las fuerzas de la burguesía, pasando del zapatismo al carrancismo, de éste al obregonismo y de éste al callismo, en su historia personal Lázaro provenía, a diferencia de su padrino político, de las clases trabajadoras. Por ello, no sería extraño que aun no dejando de ser un hombre del sistema, mientras gobernaba su estado natal y pidiera permiso a su Congreso para ir a reprimir a sangre y fuego la rebelión escobarista o dirigir el fraude electoral que puso a Ortiz Rubio (quien lo nombró secretario de Gobernación) en la Silla del Águila; supiera cómo debilitar la rebelión cristera, fundar una confederación regional de trabajadores que agrupó a obreros y campesinos, fortalecer legalmente a las comunidades para encarar a los terratenientes que seguían despojándoles de sus tierras, cancelar contratos a empresas forestales extranjeras que despojaban de los bosques a las comunidades y pueblos originarios, dotar de tierras y créditos agrarios a los campesino y apoyar la educación rural de una manera tan destacada que más del 50% de su presupuesto lo destinó a dicho rubro.

Maider Elortegui Uriarte nos cuenta que el mismo día que Lázaro Cárdenas asumió el cargo de presidente de la República: el 1 de diciembre de 1934, fue aprobado el cambio al artículo 3º Constitucional que postulaba que la educación en México debía ser una «educación socialista sostenida por la Revolución Mexicana». Así, la escuela y la formación del maestro rural se centraron en el compromiso por la justicia social de las y los oprimidos, la laicidad frente al fanatismo religioso y un pensamiento científico basado en el materialismo histórico; sus formas organizacionales serían la cooperativa y el gobierno escolar en el internado y la educación, como en los años anteriores, tendría un sentido vital y práctico vinculado al trabajo productivo de la tierra.

Pero demos unos pasos atrás, porque a estas alturas de nuestro ejercicio dramaturgista en torno de la puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta, bajo la dirección escénica de la maestra Jessica Cortés, uno de los personajes centrales de la misma: la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, ya ha hecho su entrada en escena. (Recuerden que en la dramaturgia escénica de Cortés, la escena se habitará con vídeos que asomen la mirada a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el asesinato de Samir Flores Soberanes, cuyo ejemplo de lucha estará poniéndose en alto en una Jornada Global de Lucha en Defensa de Nuestra Vida y Nuestros Territorios ¡SAMIR FLORES VIVE!, convocada por el EZLN y el CNI para el próximo 12 de octubre). Hagamos una visita, pues, al ensayo El internado como familia: las escuelas normales rurales en la década de 1920, de Alicia Civera, para recordar que hasta inicios del Maximato las primeras escuelas trabajaron con un plan de estudios de dos años en el que combinaban materias académicas con el aprendizaje de labores agrícolas y oficios rurales, permitiendo la SEP a los directores que trabajaran con diferentes planes y programas de estudio, actividades y formas de organizar las escuelas. No fue sino hasta finales de 1926, año en el que se fundaron las escuelas normales rurales de Tixtla (más tarde, Ayotzinapa), en Guerrero; Xocuyucan, en Tlaxcala, y San Juan del Río, en Querétaro, que los programas comenzaron a ser coordinados por el Departamento de Misiones Culturales y, recogiendo la experiencia de los primeros años, la SEP marcaría un plan de estudios, también de dos años, que seguiría vigente hasta 1931.

Para ese momento existían diez escuelas normales rurales: la de Tacámbaro, Michoacán, que se había trasladado a Erongarícuaro y era la primera de todas en haberse fundado (1922); la de Molango, Hidalgo, segunda en ser fundada (1923) y que para entonces ya había sido trasladada a Actopan (más tarde tendría su sede en la ex hacienda de San Antonio, en El Mexe); la de Acámbaro, Guanajuato (que muchos autores confunden con la de Tacámbaro y la señalan como la primera fundada, pero que sería fundada hasta 1924); la de Izúcar de Matamoros, Puebla (1925); la de San Antonio de la Cal, Oaxaca (1925), y trasladada más tarde a Cuilápam de Guerrero; la de Tixtla, Guerrero, que pronto se trasladaría a la ex hacienda de Ayotzinapa (1926); la de Xocoyucan, Tlaxcala (1926); la de San Juan del Río, Querétaro (1926), trasladada en 1930 a Río Grande, Zacatecas, y en 1933 a San Marcos, Aguascalientes; la de Río Verde, San Luis Potosí (1927); la de Cuernavaca, Morelos (1928), y la de Todos Santos, Baja California Sur, que fue inicialmente una escuela normal regional con sede en La Paz y ése año: 1931, se trasladó a Todos Santos.

Todas ellas lo hacían a contracorriente de una Secretaría de Educación Pública que prácticamente había dejado de darles financiamiento. Esto, que sin duda era un escollo, significó la puesta en práctica de una amplia autonomía por parte de las escuelas normales rurales, pues, así como Obregón permitía a sus secretarios hacer de sus ministerios lo que cada uno quisiera, dándole a José Vasconcelos el espacio que necesitó para fundar una SEP a su medida y no a la del general sonorense; de la misma manera, los directores y maestros de cada escuela normal rural adquirieron un papel protagónico que, por un lado, los llevó a buscar el apoyo tanto de las autoridades locales y estatales, como de sus vecinos, propiciando que las escuelas tuvieran mayor vinculación con su propias comunidades, y, por otro lado, dio paso a una vida-estructura escolar que, a decir de Civera, mucho tenía de familiar: el director era el padre; su esposa, la madre; los maestros, los hermanos mayores, y todos ellos cuidaban de los estudiantes, los hermanos menores.

En 1927, durante una junta de directores de las escuelas normales rurales con el entonces secretario de Educación Pública de Calles, José Manuel Puig Casauranc, casi todos los directores, nos dice Civera, declararon que los internados estaban organizados “a base de hogar”:
«Desde luego, se dirigían a sus autoridades y debían demostrar que realizaban sus trabajos con base en las reglamentaciones vigentes, pero éstas dejaban cancha libre para que la organización del hogar se diera de diferentes formas. Así como hubo algunos padres más liberales que otros, hubo hijos cooperadores y rebeldes. En todas las escuelas se acordaban horarios (en muchas se anunciaban por toque de campana) y los alumnos se distribuían en comisiones para atender el aseo, la comida, los jardines, el cuidado de animales y la vigilancia del orden. Pero la forma de designar y distribuir los trabajos, de marcar reglamentaciones y vigilar la disciplina era distinta.»

Entre los “padres” menos liberales de la junta de 1927 estaba el profesor Rodolfo A. Bonilla, director fundador de la escuela de Tixtla, Guerrero, apenas un año atrás. Bonilla (padre del actor Héctor Bonilla) adoptó el discurso gubernamental diciendo en la junta que los estudiantes se gobernaban solos y vivían en un ambiente de libertad, pero agregaría una amplia explicación de su fuerte campaña moralizadora para corregir la impuntualidad, el desorden, el desaseo, la pereza, la perversión y el uso del alcohol. Para Civera, el director Bonilla, profesor con una gran iniciativa, innovador en el papel que debían tener los estudiantes dentro del salón de clases y entusiasta del trabajo social, esperaba de sus alumnos “obediencia” más que responsabilidad:
«No he menguado esfuerzo para oponerme con todas mis fuerzas en contra de la perversión y a fuerza de constancia he logrado arrancar a los jóvenes de los centros de vicio… como en toda agrupación no escasean los elementos rebeldes, he tenido que auxiliarme hasta de los policías…»

Ello no impedía, desde luego, que los alentara a debatir en clase y permitiera sus iniciativas, pues, la escuela de Tixtla, como las demás, contaba con muy pocos recursos y sobrevivía por el empeño de maestros y alumnos, quienes, como cuenta Civera, no solo participaban en construir y reparar lo que fuera necesario, sino que aportaban recursos para las cooperativas o participaban en obras de teatro y fiestas para recaudar fondos. Y, aun así, el modelo de “la escuela como familia” propio del normalismo rural, significó un planteamiento muy distinto del de los internados y escuelas normales urbanas fundadas durante el Porfiriato; en éstas, marcadas por dictados abiertamente capitalistas, el énfasis se ponía en el orden y la disciplina; en las normales rurales, más que en la obediencia y el orden, se ponía en la responsabilidad, en el interés y el trabajo colectivo, y en la democracia, y la escuela que en 1933 se mudaría a la ex hacienda de Ayotzinapa no sería la excepción.
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