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11 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Siete.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

En 1932, nos dice Alicia Civera, siendo Narciso Bassols secretario de Educación Pública en la administración de Abelardo L. Rodríguez, las escuelas normales rurales pasaron a depender del entonces recién creado Departamento de Enseñanza Agrícola y Normal Rural, cuyo encargado fue el ingeniero Manuel Mesa Andraca. Ambos, Bassols y Mesa, decidieron crear las escuelas regionales campesinas, uniendo las normales rurales con las escuelas centrales agrícolas fundadas durante el callismo, las cuales al depender de la Secretaría de Agricultura y Fomento tenían como objetivo principal la formación de técnicos agrícolas. La fusión, apunta Civera, no fue inmediata y algunas normales permanecieron como tales hasta ya entrada la administración cardenista. Era evidente que a la administración rodriguista le interesaba que el papel de las escuelas regionales campesinas se decantara más por la producción y la dotación de medios de sobrevivencia a la misma clase trabajadora del campo, que al proceso civilizatorio vasconcelista; en virtud de ello, afirma Civera, las normales rurales no fueron prioritarias frente a las innovaciones planteadas para las escuelas regionales campesinas.

Este es justo el momento en el que la Normal Rural “Conrado Abúndez”, con sede en Tixtla, Guerrero, se mudaría a la ex hacienda de Ayotzinapa; cuyo director, el maestro Raúl Isidro Burgos, había solicitado un préstamo personal a la Dirección de Pensiones Civiles de Retiro para iniciar la construcción de la misma en las siete hectáreas que su antecesor, el maestro Rodolfo A. Bonilla, había conseguido de la Junta de Beneficencia de Tixtla. Además de la pensión del maestro Burgos, maestros y alumnos aportaron parte de sus sueldos y becas y el 14 de marzo de 1932, campesinos, estudiantes y profesores colocaron las primeras piedras de la escuela normal rural que más tarde (y hasta la fecha) llevaría su nombre.

Unos meses más tarde, el 28 de septiembre, nacería en Barcelona la hija de Maria Soteras i Maurí y Antoni Vilalta i Vidal, juristas integrantes de la Junta del Colegio de Abogados de Barcelona y, para esas fechas, militantes de la izquierda catalana. El mismo Vilalta había participado el año anterior en la Conferencia de Izquierdas Catalanas que dio paso a la fundación, en marzo de 1931, del partido Izquierda Republicana de Cataluña, y había sido elegido concejal del ayuntamiento de Barcelona. Así que mientras en México el gobierno rodriguista intentaba marcar una nueva hoja de ruta para el normalismo rural un poco más independiente de la trazada por la que el vasconcelismo había heredado al callismo; en la Cataluña de la Segunda República Española, proclamada el 14 de abril de ese 1931, el padre de Maria Vilalta Soteras, mejor conocida como Maruxa, presidía las comisiones de Fomento, de Cultura y de Hacienda como concejal. No sería extraño que durante la Segunda República fuera quien elaborara el primer presupuesto del Ayuntamiento de Barcelona.

Resultaría un dato curioso, acaso forzado, imaginar que las vidas de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa y de la dramaturga Maruxa Vilalta Soteras tuvieran un lazo que las uniera; y, con todo ello, este ejercicio dramaturgista no tendría sentido si así no fuera. Ese hilo, ese espacio-tiempo, se está dando en la puesta en escena que la maestra y actriz Jessica Cortés está llevando a cabo con sus compañeras y compañeros estudiantes del Colegio de Bachilleres Plantel 17 Huayamilpas-Pedregal, de la obra Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta; misma que se presentará en el Teatro José Vasconcelos de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM, el próximo 24 de octubre, en punto de las 17 horas.

En su puesta en escena, como hemos apuntado en entregas anteriores, la maestra Cortés ha decidido sustituir las proyecciones de personajes como Hitler, Franco o Mussolini (entre otros fascistas de igual o menor monta) que propone Vilalta, por vídeos que pongan la mirada de las y los espectadores en tres temas sustanciales para Cortés: la desaparición forzada, en septiembre de 2014, de 43 estudiantes de Ayotzinapa; el asesinato, en febrero de 2019, de Samir Flores Soberanes (cuyo ejemplo de lucha da nombre a la Jornada Global de Defensa por Nuestra y Nuestros Territorios, convocada por el Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, este 12 de octubre) y los casos en aumento de feminicidios en todo el país.

La función está programada en el marco de la edición más reciente del Festival Internacional de Teatro Universitario de la UNAM, y el lugar será idóneo; no solo porque se trate de un espacio teatral con el nombre de quien se considera creador del normalismo en México, sino porque las y los estudiantes de la FES Aragón serán un público sensible a la propuesta escénica de Jessica Cortes: es la sede de la Colectiva Violetas, que en octubre del año pasado denunciaron fuertemente el acoso, hostigamiento sexual y violencia de género que sufren las mujeres de su escuela; su comunidad estudiantil, a principios del mismo año, ya había puesto el nombre de su institución en alto al exigir castigo a los responsables de la muerte de su compañera Maurithania Samantha Pérez Ahumada a causa de un accidente que terminó convirtiéndose en homicidio doloso, y son de esas y esos jóvenes solidarios sin cortapisas que han ido a paro para exigir justicia ante el homicidio de estudiantes de otras escuelas, como lo hicieron cuando fueron asesinadas María del Rosario Pérez García, de la FES Cuatitlán, o Aideé Mendoza Jerónimo, del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente.

Pero, regresemos a los otros hilos de nuestra investigación. Estábamos en 1933... 1934... Antoni Vilalta ha abandonado Izquierda Republicana de Cataluña (ERC, por sus siglas en catalán) para formar el Partido Nacionalista Republicano de Izquierda. Ése año: 1934, Antoni fue nombrado presidente del Consejo Directivo de la Unión de Municipios Españoles; sin embargo, ante el asalto al poder de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) tras los llamados fets del sis d’Octubre, la familia Vilalta Soteras se autoexilia en Paris, Francia, para volver a Cataluña un año más tarde. Maruxa, nuestra autora, vivía sus primeros dos... tres años de edad.

Mientras tanto, en México, Manuel Mesa Andraca había firmado (en abril de 1934) un nuevo reglamento para las escuelas normales rurales; en éste, nos dice Alicia Civera, se estipulaba que el gobierno y la dirección de las escuelas estarían a cargo del director, quien tendría como inmediato superior al director federal de Educación. Con ello, la vida democrática que se vivía en las normales rurales se trastocaba fuertemente, al menos en términos legales, pues, rompía con el autogobierno de las y los estudiantes y el estilo de “vida familiar” que les distinguía. No obstante, muchas de sus bases permanecieron presentes.

A principios de los años treinta los estudiantes, según la investigación de Civera, debían presentar una prueba práctica, un informe de las actividades que habían realizado ya como maestros en una escuela rural y una prueba escrita (que solía ser de tres a diez cuartillas) para poder obtener su título. Cito, amén de todo lo que ya le he tomado prestado, lo que Civera apunta sobre los egresados de Ayotzinapa:
En los exámenes de los egresados de Ayotzinapa, Guerrero, los alumnos daban una gran importancia a la observación de la comunidad y de los niños para enfocar sus trabajos a los intereses de la gente. Declaraban que acudían a las autoridades morales de las comunidades para convencerlos, sin enfrentamientos, de las virtudes del programa de la escuela rural y visitaban los hogares para levantar el censo escolar, pues la escuela debía ser para todos y no para unos cuantos. Ganándose la confianza de la gente, pedían apoyo para la escuela, misma que debía ser, decían, un espacio alegre, en donde los niños aprenderían por medio del juego, del método de proyectos, obras de teatro y excursiones. Más que conocimientos, los egresados querían formar un nuevo tipo de hombres y mujeres que tuviesen carácter y fueran trabajadores, ahorradores, patrióticos, capaces de seguir preparándose al salir de la escuela, de bastarse por sí mismos y de enfrentarse con optimismo a cualquier situación que les planteara la vida. Por ello, decían, los conocimientos en la escuela debían ser prácticos, y en vez de la memorización, los premios y castigos, proponían una participación activa y colectiva de los estudiantes, en la cual el maestro no fuera sino un estudiante más aventajado, que con su comportamiento intachable pondría el ejemplo y se ganaría el respeto de los niños, quienes aprenderían a disciplinarse por sí mismos. Incluso, varios estudiantes hablaban del gobierno de los niños.

10 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Seis.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Así como para mirar la guerra civil que llamamos “Revolución Mexicana” podemos hacerlo a través de dos lupas: la una, la de las pugnas entre las fuerzas de la burguesía, que fueron quienes convocaron de la mano de Francisco I. Madero a la insurrección contra Porfirio Díaz (que es la generalmente nos cuenta la historia oficial para que veamos como héroes a Madero, Carranza, Obregón y Calles; en la misma estatura moral que colocamos a Flores Magón, Zapata y Villa); la otra, la de la lucha de clases, para observar cómo la conflagración iniciada por la burguesía se vio trastocada, al punto de casi lograr ser una verdadera revolución, con la participación de las trabajadoras y los trabajadores del campo y la ciudad, representadxs casi siempre por el magonismo, el zapatismo y el villismo (aunque los trabajadores de la ciudad se aliaron, más bien, al obregonismo… lo que nos llevaría a pensar el papel que la clase que bajo supuestos marxistas sería la “vanguardia de la revolución” jugó en detrimento de sus propios intereses, en una clara muestra de lo que conocemos como falsa conciencia de clase… algo muy parecido a lo que pasa ahora con el conservadurismo y las posturas cuasi fascistoides de no pocos obreros del mundo… pero, ésa es otra historia); así como podemos mirar la “Revolución Mexicana” con dos lupas, decíamos; así, la genealogía del normalismo rural en México la podemos observar con dos lentes: la que mira a los personajes históricos que desde el poder de arriba le dieron su propio significado (que es un poco lo que hemos estado haciendo al hablar de Vasconcelos, primero, y de Cárdenas, después) o la de los pueblos y colectividades del poder de abajo que le dotaron de un significado y una experiencia de lucha propias a cada proceso histórico, en cada escuela normal rural del país.

Sí, como dice Ricardo Pérez Montfort, la relación entre Cárdenas y Zapata es una dada a destiempo; la relación entre Vasconcelos y Cárdenas es otra muy a tiempo y tienen un punto de confluencia fundamental: mientras el jefe de la campaña como candidato presidencial de Vasconcelos fue un joven Adolfo López Mateos al que los esbirros de Gonzalo N. Santos casi matan a golpes; el jefe de campaña de su oponente, el mediocre Pascual Ortiz Rubio, fue un Lázaro Cárdenas que tuvo que pedir licencia como gobernador de Michoacán para dirigir el Partido Nacional Revolucionario fundado por su maestro en política: Plutarco Elías Calles, y así dirigir el fraude electoral que le arrebatara el triunfo al “Apóstol de la Educación”.

Las lecciones de Calles a Cárdenas le sirvieron al de Jiquilpan para conocer de cerca y muy a fondo dos realidades: la explotación y el despojo de las empresas petroleras extranjeras asentadas en México y el modus operandi del sistema de partido de Estado. Además, si bien en su caminar por los distintos episodios de la “Revolución” Cárdenas se fue aliando con las fuerzas de la burguesía, pasando del zapatismo al carrancismo, de éste al obregonismo y de éste al callismo, en su historia personal Lázaro provenía, a diferencia de su padrino político, de las clases trabajadoras. Por ello, no sería extraño que aun no dejando de ser un hombre del sistema, mientras gobernaba su estado natal y pidiera permiso a su Congreso para ir a reprimir a sangre y fuego la rebelión escobarista o dirigir el fraude electoral que puso a Ortiz Rubio (quien lo nombró secretario de Gobernación) en la Silla del Águila; supiera cómo debilitar la rebelión cristera, fundar una confederación regional de trabajadores que agrupó a obreros y campesinos, fortalecer legalmente a las comunidades para encarar a los terratenientes que seguían despojándoles de sus tierras, cancelar contratos a empresas forestales extranjeras que despojaban de los bosques a las comunidades y pueblos originarios, dotar de tierras y créditos agrarios a los campesino y apoyar la educación rural de una manera tan destacada que más del 50% de su presupuesto lo destinó a dicho rubro.

Maider Elortegui Uriarte nos cuenta que el mismo día que Lázaro Cárdenas asumió el cargo de presidente de la República: el 1 de diciembre de 1934, fue aprobado el cambio al artículo 3º Constitucional que postulaba que la educación en México debía ser una «educación socialista sostenida por la Revolución Mexicana». Así, la escuela y la formación del maestro rural se centraron en el compromiso por la justicia social de las y los oprimidos, la laicidad frente al fanatismo religioso y un pensamiento científico basado en el materialismo histórico; sus formas organizacionales serían la cooperativa y el gobierno escolar en el internado y la educación, como en los años anteriores, tendría un sentido vital y práctico vinculado al trabajo productivo de la tierra.

Pero demos unos pasos atrás, porque a estas alturas de nuestro ejercicio dramaturgista en torno de la puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta, bajo la dirección escénica de la maestra Jessica Cortés, uno de los personajes centrales de la misma: la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, ya ha hecho su entrada en escena. (Recuerden que en la dramaturgia escénica de Cortés, la escena se habitará con vídeos que asomen la mirada a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el asesinato de Samir Flores Soberanes, cuyo ejemplo de lucha estará poniéndose en alto en una Jornada Global de Lucha en Defensa de Nuestra Vida y Nuestros Territorios ¡SAMIR FLORES VIVE!, convocada por el EZLN y el CNI para el próximo 12 de octubre). Hagamos una visita, pues, al ensayo El internado como familia: las escuelas normales rurales en la década de 1920, de Alicia Civera, para recordar que hasta inicios del Maximato las primeras escuelas trabajaron con un plan de estudios de dos años en el que combinaban materias académicas con el aprendizaje de labores agrícolas y oficios rurales, permitiendo la SEP a los directores que trabajaran con diferentes planes y programas de estudio, actividades y formas de organizar las escuelas. No fue sino hasta finales de 1926, año en el que se fundaron las escuelas normales rurales de Tixtla (más tarde, Ayotzinapa), en Guerrero; Xocuyucan, en Tlaxcala, y San Juan del Río, en Querétaro, que los programas comenzaron a ser coordinados por el Departamento de Misiones Culturales y, recogiendo la experiencia de los primeros años, la SEP marcaría un plan de estudios, también de dos años, que seguiría vigente hasta 1931.

Para ese momento existían diez escuelas normales rurales: la de Tacámbaro, Michoacán, que se había trasladado a Erongarícuaro y era la primera de todas en haberse fundado (1922); la de Molango, Hidalgo, segunda en ser fundada (1923) y que para entonces ya había sido trasladada a Actopan (más tarde tendría su sede en la ex hacienda de San Antonio, en El Mexe); la de Acámbaro, Guanajuato (que muchos autores confunden con la de Tacámbaro y la señalan como la primera fundada, pero que sería fundada hasta 1924); la de Izúcar de Matamoros, Puebla (1925); la de San Antonio de la Cal, Oaxaca (1925), y trasladada más tarde a Cuilápam de Guerrero; la de Tixtla, Guerrero, que pronto se trasladaría a la ex hacienda de Ayotzinapa (1926); la de Xocoyucan, Tlaxcala (1926); la de San Juan del Río, Querétaro (1926), trasladada en 1930 a Río Grande, Zacatecas, y en 1933 a San Marcos, Aguascalientes; la de Río Verde, San Luis Potosí (1927); la de Cuernavaca, Morelos (1928), y la de Todos Santos, Baja California Sur, que fue inicialmente una escuela normal regional con sede en La Paz y ése año: 1931, se trasladó a Todos Santos.

Todas ellas lo hacían a contracorriente de una Secretaría de Educación Pública que prácticamente había dejado de darles financiamiento. Esto, que sin duda era un escollo, significó la puesta en práctica de una amplia autonomía por parte de las escuelas normales rurales, pues, así como Obregón permitía a sus secretarios hacer de sus ministerios lo que cada uno quisiera, dándole a José Vasconcelos el espacio que necesitó para fundar una SEP a su medida y no a la del general sonorense; de la misma manera, los directores y maestros de cada escuela normal rural adquirieron un papel protagónico que, por un lado, los llevó a buscar el apoyo tanto de las autoridades locales y estatales, como de sus vecinos, propiciando que las escuelas tuvieran mayor vinculación con su propias comunidades, y, por otro lado, dio paso a una vida-estructura escolar que, a decir de Civera, mucho tenía de familiar: el director era el padre; su esposa, la madre; los maestros, los hermanos mayores, y todos ellos cuidaban de los estudiantes, los hermanos menores.

En 1927, durante una junta de directores de las escuelas normales rurales con el entonces secretario de Educación Pública de Calles, José Manuel Puig Casauranc, casi todos los directores, nos dice Civera, declararon que los internados estaban organizados “a base de hogar”:
«Desde luego, se dirigían a sus autoridades y debían demostrar que realizaban sus trabajos con base en las reglamentaciones vigentes, pero éstas dejaban cancha libre para que la organización del hogar se diera de diferentes formas. Así como hubo algunos padres más liberales que otros, hubo hijos cooperadores y rebeldes. En todas las escuelas se acordaban horarios (en muchas se anunciaban por toque de campana) y los alumnos se distribuían en comisiones para atender el aseo, la comida, los jardines, el cuidado de animales y la vigilancia del orden. Pero la forma de designar y distribuir los trabajos, de marcar reglamentaciones y vigilar la disciplina era distinta.»

Entre los “padres” menos liberales de la junta de 1927 estaba el profesor Rodolfo A. Bonilla, director fundador de la escuela de Tixtla, Guerrero, apenas un año atrás. Bonilla (padre del actor Héctor Bonilla) adoptó el discurso gubernamental diciendo en la junta que los estudiantes se gobernaban solos y vivían en un ambiente de libertad, pero agregaría una amplia explicación de su fuerte campaña moralizadora para corregir la impuntualidad, el desorden, el desaseo, la pereza, la perversión y el uso del alcohol. Para Civera, el director Bonilla, profesor con una gran iniciativa, innovador en el papel que debían tener los estudiantes dentro del salón de clases y entusiasta del trabajo social, esperaba de sus alumnos “obediencia” más que responsabilidad:
«No he menguado esfuerzo para oponerme con todas mis fuerzas en contra de la perversión y a fuerza de constancia he logrado arrancar a los jóvenes de los centros de vicio… como en toda agrupación no escasean los elementos rebeldes, he tenido que auxiliarme hasta de los policías…»

Ello no impedía, desde luego, que los alentara a debatir en clase y permitiera sus iniciativas, pues, la escuela de Tixtla, como las demás, contaba con muy pocos recursos y sobrevivía por el empeño de maestros y alumnos, quienes, como cuenta Civera, no solo participaban en construir y reparar lo que fuera necesario, sino que aportaban recursos para las cooperativas o participaban en obras de teatro y fiestas para recaudar fondos. Y, aun así, el modelo de “la escuela como familia” propio del normalismo rural, significó un planteamiento muy distinto del de los internados y escuelas normales urbanas fundadas durante el Porfiriato; en éstas, marcadas por dictados abiertamente capitalistas, el énfasis se ponía en el orden y la disciplina; en las normales rurales, más que en la obediencia y el orden, se ponía en la responsabilidad, en el interés y el trabajo colectivo, y en la democracia, y la escuela que en 1933 se mudaría a la ex hacienda de Ayotzinapa no sería la excepción.

9 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cinco.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Teniendo siempre como contexto y telón de fondo la lucha de clases, cuyo episodio conocido como “Revolución Mexicana” fue ganado por algunas de las fuerzas de la burguesía, clase que inició la guerra civil (lo que de suyo significa que no hubo una revolución en sentido estricto, pues, las estructuras de poder quedaron prácticamente intocadas), el llamado grupo sonorense, en particular Obregón y Calles, primero, y después solo éste último (ya vimos lo que pasó con De la Huerta y luego a Obregón), fue consolidando poco a poco el papel de las escuelas normales rurales en tanto espacios de transformación social en el campo mexicano.

Tras el anuncio de su “derrota” ante Pascual Ortiz Rubio a manos de la maquinaría de fraude que el PNR fue afinando con el paso de los años en su conversión, primero, al PRM y después al PRI, Vasconcelos proclamó su Plan de Guaymas llamando sin éxito a un levantamiento armado. Con fecha del 1 de diciembre de 1929, el Plan de Guaymas afirmaba que Vasconcelos era el presidente electo y, por lo mismo, desconocía a los poderes federales, estatales y municipales (¿se acuerdan de aquella frase: “Al diablo con sus instituciones”?) que “burlan el voto público desde hace treinta años”; para concluir que dejaba el país, pero que regresaría a tomar las riendas del poder tan pronto como hubiera un grupo de hombres armados en condiciones de tomar a la fuerza lo que a la fuerza le habían arrebatado. Sin embargo, los vasconcelistas, miembros de la clase media urbana, muy en la sintonía de su líder, nunca organizaron rebelión alguna y aceptaron silenciosamente la imposición callista iniciándose así la consolidación del Partido Nacional Revolucionario como partido único. Vasconcelos, mientras tanto, se había autoexiliado en París y fue acentuando su vertiente protofascista que ya había asomado la nariz en su libro La raza cósmica, donde expone sus ideas sobre la superioridad racial del mestizo mexicano.

A lo largo de todo el Maximato, comprendido en el marco de las títeres administraciones de Portes Gil, Ortiz Rubio y (un poco menos) Abelardo L. Rodríguez, las llamadas “Misiones Culturales”, como señala Maider Elortegui Uriarte en su ensayo Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa, fueron ampliamente reconocidas por la Secretaría de Educación Pública a cargo de Rafael Ramírez, cuyo aporte estuvo centrado en la actividad agrícola con producción técnica, pues, consideraba una tarea primordial la recuperación de tierras y la apropiación productiva a partir de una escuela socializante forjada desde la comunidad. En este período, abunda Elortegui, la escuela debía construir un puente de reconocimiento y descubrimiento, así como concientizar, desde una visión proletaria, sobre los abusos cometidos por una estructura de poder regida por la Iglesia y los terratenientes.

No obstante, la escasez de recursos, si bien estimulaba la creatividad de maestros, estudiantes y campesinos, como lo señala Elortegui, significó una enseñanza centrada en cuestiones vitales, prácticas y experimentales que, citando a Alicia Civera, dio paso al rechazo de un conocimiento teórico que se contraponía a una enseñanza donde eran más importantes la observación y la experimentación, la cooperación y el compromiso con los demás. Así, sigue Elortegui, la formación de los futuros maestros rurales, vinculada al trabajo de la tierra, fomentaba conductas de responsabilidad, cooperación, solidaridad, compromiso, esfuerzo y trabajo colectivo en el que el internado y el cooperativismo tuvieron una gran influencia para organizar las funciones educativas, generando un sentido de pertenencia palpable entre estudiantes, maestros y campesinos.

Con el arribo a la Silla del Águila por Lázaro Cárdenas, el mismo que se subió al tren de la “Revolución Mexicana” bajo las órdenes del general zapatista Guillermo García Aragón y, más tarde, ya carrancista, se sumaría a las fuerzas del general Lucio Blanco (uno de los primeros generales en firmar el Plan de Guadalupe a favor de Carranza, pero que, a diferencia de Obregón, en la Convención de Aguascalientes se opondría al “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista” en obediencia al mandato convencionista), desde cuyas filas combatiría al zapatismo; con el arribo de Cárdenas a la presidencia de la República, decíamos, las escuelas normales rurales vivirían una de sus etapas más históricas y determinantes.

Si en entregas anteriores trazamos una línea que siguiera los pasos a José Vasconcelos, en tanto fundador del normalismo rural como una de las titánicas tareas educativas que emprendió desde el gobierno de Álvaro de Obregón; bien vale la pena detenernos un poco en este personaje también harto interesante que es Cárdenas, porque será durante su gobierno que los postulados socialistas adquirirán carta de naturalización en el normalismo rural.

Seguirle los pasos a Lázaro Cárdenas en su periplo, digamos, “revolucionario”, es acompañar a un joven tipógrafo que a los 16 años trabaja en la imprenta “La Económica” de un tal Graciano Carreón, cuyas ideas liberales influyen en la formación política del joven Cárdenas. Al estallar la revolución, don Graciano vendió la imprenta a sus trabajadores y se unió a los rebeldes; más tarde, el joven Cárdenas iría tras su estela luego de ser denunciado por haber impreso un manifiesto insurgente, lo que lo obliga a sumarse a las fuerzas de Guillermo García Aragón apostadas en Michoacán.

En su ensayo Zapata y Cárdenas: notas sobre una relación a destiempo, Ricardo Pérez Montfort dice que García Aragón contaba con cerca de 700 hombres que puso al servicio de Venustiano Carranza en diversas regiones de Guerrero y Michoacán, al poco tiempo que el de Cuatro Ciénegas promulgara su Plan de Guadalupe. Como es de suponerse, Zapata se distanció de García Aragón e, inclusive, lo mandaría fusilar el 7 de diciembre de 1914: «Es inútil. Ya se lo echaron –le dijo Villa al general Vito Alessio Robles cuando éste se comunicó con él para expresarle la urgencia de liberar a García Aragón, capturado por zapatistas que lo llevaron al cuartel de San Lázaro– Era de las fuerzas del General Zapata y con todos sus soldados se pasó a servir a Victoriano Huerta. Cuando la revolución estaba por triunfar, se pasó de nuevo a las fuerzas revolucionarias (quizás Villa se refiere a cuando se pasó al bando de Carranza). Es la muerte que merecen todos los traidores» –sentenció “El Centauro del Norte”.

Se sabe que Cárdenas no se pasó al bando huertista con García Aragón, sino que formó filas en la columna de Martín Castrejón cuando Joaquín Amaro atacó Tacámbaro y Pátzcuaro, y avanzó sobre Uruapan; que después, estuvo bajo las órdenes de Lucio Blanco, siendo testigo de los Tratados de Teoloyucan que signarían la derrota de Victoriano Huerta; que luego se incorporaría a las fuerzas de José María Maytorena en Sonora, pero que al darse cuenta de que éste se había unido a Villa, se marchó a Agua Prieta a integrarse a las tropas de Plutarco Elías Calles, con quien entabló una amistad que duraría hasta su ascenso como presidente de México.

Zapatista, primero, pero carrancista y en particular callista, después, Cárdenas combatió contra las fuerzas de Zapata y de Villa en nombre del Ejército Constitucionalista, y, bajo el mando de Calles, quien le dio el mote de «Chamaco», actuó también contra los yaquis sublevados contra Carranza. El “Primer Jefe” le encargó pacificar la huasteca veracruzana en la que “guardias blancas” al servicio de compañías petroleras asolaban la región, ello le ganó en 1918 el grado de coronel. Un año más tarde, a decir de Pérez Montfort, escribiría en su diario: «Hoy fue muerto a traición el general Emiliano Zapata en Chinameca, Morelos, por el coronel Jesús Guajardo, de la división del general Pablo González.»

En 1920, a diferencia de su otrora jefe militar Martín Castrejón, quien se enfrentara al Plan de Agua Prieta y terminara siendo capturado y fusilado en Pátzcuaro, Michoacán, por órdenes de Obregón, el coronel Lázaro Cárdenas se adhirió al grupo sonorense para combatir a Carranza; fue quien, tras el asesinato del “Primer Jefe” a manos de Rodolfo Herrero, se encargó de detenerlo y llevarlo preso a la Ciudad de México (dato curioso: existe una orden escrita firmada por el mismo Cárdenas dirigida a Herrero, de atacar la comitiva de Carranza y asesinarlo). Al asumir la presidencia, Adolfo De la Huerta lo ascendería a general brigadier y recibiría, más tarde, el gobierno interino de Michoacán por mandato del para entonces ya presidente Pascual Ortiz Rubio; gobierno que dejaría en manos del general Francisco J. Múgica.

Durante le rebelión delahuertista, Cárdenas sería herido y hecho prisionero por los generales Rafael Buelna y Enrique Estrada, quienes al ver la gravedad de su heridas lo enviaron a Guadalajara para ser atendido y después liberado; él haría lo mismo después, al dejar escapar al general Francisco J. Múgica, cuyo fusilamiento le había ordenado Obregón. De ese calibre estaban las pugnas entre las fuerzas de la burguesía.

En 1924, año en que asumiría la presidencia de la República su maestro y padrino Plutarco Elías Calles, Cárdenas obtendría el grado de general de brigada. Cuatro años más tarde, alcanzaría el grado de general de división y sería postulado como aspirante único a la gubernatura de Michoacán para ejercer el gobierno, con algunos períodos de licencias para desempeñar temporalmente otros cargos, de 1928 a 1932. Ése año: 1932, a varios kilómetros de allí: en Barcelona, nacería Maruxa, la única hija que tuvieron Maria Soteras i Maurí y Antoni Vilalta i Vidal.

5 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cuatro.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Llegamos a la cuarta entrega de nuestra investigación sobre normalismo rural, como marco histórico para mirar dos de los acontecimientos que la actriz y maestra de teatro Jessica Cortés bordea en su puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el 26 y 27 de septiembre de 2014, y el asesinato de Samir Flores Soberanes el 20 de febrero de 2019. Toca hablar, justamente, de la génesis del normalismo rural en México.

Luego de que las fuerzas de la burguesía se aliaran contra el villismo y el zapatismo, traicionando el espíritu y el mandato de la Convención de Aguascalientes y haciéndola abortar, retomaron las pugnas por el poder que les había llevado a iniciar la guerra civil que algunas y algunos llaman “Revolución Mexicana”. Abajo, el primer obstáculo para ello: Zapata, lo resolverían asesinándolo en Chinameca el 10 de abril de 1919; el segundo: Villa, sería arrinconado tras la derrota de las fuerzas de la Convención. Arriba, Obregón, Calles y De la Huerta, otrora aliados de Carranza, orquestaron el asesinato del autonombrado “Primer Jefe, Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación” amparándose en el llamado Plan de Agua Prieta.

Tras cercar política y militarmente a Carranza y asesinarlo, los sonorenses impusieron a Adolfo De la Huerta como presidente interino y éste nombró a Vasconcelos (quien llevaba cinco años en el exilio después de huir de las fuerzas convencionistas) encargado del Departamento Universitario y de Bellas Artes; ello incluía ser rector de la Universidad Nacional. De esta época proviene la frase vasconcelista aquella de: «Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo»; ése mismo pueblo que ensayó ser gobierno vía la Convención de Aguascalientes y que lo hubiera sido de no ser por la traición de personajes como Vasconcelos.

Al término del interinato de De la Huerta, el nuevo presidente: Álvaro Obregón, invitó a Vasconcelos para ocupar el Ministerio de Instrucción Pública bajo otro nombre: Secretaría de Educación Pública. Fue desde esa posición que el llamado “Apóstol de la Educación” emprendió la puesta en marcha de las Misiones Culturales concebidas por Roberto Medellín, la edición de clásicos de la literatura universal y su divulgación, la creación de escuelas de artes y oficios, la promoción de los artistas plásticos que protagonizarían el muralismo mexicano bajo el abrigo oficial, la instalación de «embajadas culturales» en otros países de América Latina, como Argentina y Brasil, y, propio del contradictorio y controvertido Vasconcelos, la alianza con sectores de la derecha que desde el periódico Excélsior promovieron la creación del Día de las Madres para contrarrestar las ideas progresistas en materia de derechos políticos y sociales de las mujeres en Yucatán, apoyadas en parte por el gobierno estatal de Felipe Carrillo Puerto, pues, su hermana: Elvia Carrillo Puerto, era de sus principales promotoras.

La obregonista Secretaría de Educación Pública vasconcelista había comenzado a trazar la creación de escuela normales regionales, convirtiéndose las primeras de éstas también en las primeras escuelas normales rurales, algunas de ellas fundadas o, después de mucho mudarse (como las de Ayotzinapa y El Mexe), asentadas en antiguas haciendas, lo que para no pocos historiadores llegó a ser un acto de justicia poética. La primera normal rural fundada por Vasconcelos, apenas un año después de creada la Secretaría de Educación Pública, fue la Escuela Normal Mixta Regional para Maestros Rurales de Tacámbaro, Michoacán, el 22 de mayo de 1922. Le seguirían la de Molango, Hidalgo; la de Acámbaro, Guanajuato, y la de Izúcar de Matamoros, en Puebla.

En 1923, año en que es asesinado Villa, el gobierno de Obregón firma con Estados Unidos el Tratado de Bucareli que De la Huerta, entonces secretario de Hacienda obregonista, consideró lesivo para la soberanía nacional. El desencuentro entre Obregón y De la Huerta llevó a éste último a renunciar a su cargo y, más tarde, a contender por la presidencia de la República como candidato del Partido Nacional Cooperativista contra el candidato de Obregón: el general y otrora maestro Plutarco Elías Calles. Así se iniciaría la rebelión delahuertista que en enero de 1924 costaría la vida a Felipe Carrillo Puerto y a sus hermanos Wilfrido, Edesio y Benjamín, del bando obregonista, y al senador Francisco Field Jurado, del bando delahuertista; entre muchos otros. Un par de meses después, el 11 de marzo, De la Huerta abandonaría el país debilitando la rebelión que había encabezado para terminar de darle la puntilla de muerte. Sin embargo, De la Huerta no sería el único en irse al exilio: después de renunciar a su puesto al frente de la Secretaría de Educación Pública debido al asesinato de Field Jurado (nótese que el asesinato de Villa o de Carrillo Puerto no le significó la misma indignación), Vasconcelos se postuló como candidato a la gubernatura de su natal Oaxaca y, al no ganar la elección, se mudaría al extranjero para radicar en Europa y Estados Unidos, desde donde publicará diversos artículos en oposición a Calles.

Cuando Calles llevaba dos años como presidente, se enfrascó en la llamada Guerra Cristera tras haber impulsado la modificación al Código Penal en 1926 para dotar de instrumentos legales al artículo 130º de la Constitución, que consignaba la sujeción de la Iglesia al Estado y regulaba la limitación o supresión de la participación de ésta en la vida pública. Durante el gobierno de Calles, mientras las iglesias eran clausuradas, los practicantes de los cultos eran arrestados y la rebelión cristera iba en aumento, se crearon escuelas centrales agrícolas que serían también escuelas normales rurales, recogiendo la estafeta de Vasconcelos Moisés Sáenz, subsecretario y, más tarde, secretario de Educación Pública callista, y el maestro normalista Rafael Ramírez, encargado de las Misiones Culturales.

Por esas fechas, 1926, Maria Soteras i Maurí, después de abandonar la carrera de Filosofía y Letras, se graduaba de la carrera de Derecho, en la Universidad de Barcelona, siendo la primera mujer en lograrlo, y, un año después, se convertiría también en la primera mujer en ingresar al Colegio de Abogados de Barcelona; más tarde, sería la primera mujer doctorada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1927 Maria montaría su propio despacho junto con el también abogado Antoni Vilalta i Vidal, egresado igual en 1926 de la Universidad de Barcelona. Unos años más tarde, en 1931, Vilalta participaría en la Conferencia de Izquierdas Catalanas y formaría parte del núcleo fundador de Izquierda Republicana de Cataluña, partido en el que también militará Soteras.

Mientras tanto, en México, al arrancar el año de 1928, la Constitución federal ha sido modificada para permitir la reelección presidencial, lo que permitió a Calles impulsar una segunda administración de Obregón desde la Silla del Águila. Sobra decir que esto devino en la siguiente crisis electoral de los gobiernos “posrevolucionarios”, y si De la Huerta pudo retirarse a la vida privada en Estados Unidos después de oponerse a los planes políticos de sus coterráneos, los generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano, amigo el uno y compadre el otro de Obregón, no tuvieron la misma suerte y terminaron asesinados. Sin embargo, a Obregón no le duraría demasiado el gusto del triunfo electoral allanado a sangre y fuego: el 17 de julio de ése mismo año, sería asesinado por José de León Toral, un fanático religioso miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa.

Tras el asesinato de Obregón, Calles promovió a Emilio Portes Gil para ocupar el sitial que el magnicidio contra “El Manco de Celaya” dejó vacante, inaugurando así el período conocido como Maximato; pero, Portes Gil estaría en la presidencia poco más de un año solamente, para dar la alternativa a un mediocre Pascual Ortiz Rubio. Sí, acertaron: ésa fue la siguiente crisis electoral que protagonizó “El Jefe Máximo”. Esta vez, muerto Obregón, el contrincante a vencer fue nada más y nada menos que un retornado José Vasconcelos, cuya campaña como candidato del Partido Nacional Antirreeleccionista fue ferozmente reprimida. La maquinaría del recién creado Partido Nacional Revolucionario, además de la abierta persecución y asesinato de los opositores vasconcelistas, selló el modus operandi que lo distinguiría a lo largo de toda su historia en cada una de sus mudanzas nominales: del PNR al PRM, y del PRM al PRI, con un escandaloso fraude electoral el día de las votaciones en favor de Ortiz Rubio. Y, como la historia de México suele lindar entre el déjà vu y el cinismo, la frase que escogería el nuevo régimen como rúbrica de su descaro sería la misma que Vasconcelos usara contra el viejo Díaz; aquella que el joven Díaz usó contra el viejo Juárez: «Sufragio efectivo, No reelección».

4 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Tres.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

José Vasconcelos, el llamado “Apóstol de la Educación”, es un personaje bastante interesante que en la doble trama que estamos desmadejando para contar qué fue la “Revolución Mexicana” como introducción a la historia del normalismo rural que nos convoca, perteneció, por un lado, a la clase media aliada de la burguesía que se opuso a Zapata, el magonismo y Villa (como quedó claro en el papel que jugó durante el gobierno de la Convención de Aguascalientes), y, por otro lado, en el seno de la burguesía, estuvo con los bandos socialdemócratas de la “Revolución” que se opusieron, primero, a Díaz, después a Huerta y luego a Carranza. Finalmente, más adelante, se opondrá al Maximato de Calles, pero no adelantemos vísperas: estamos apenas en el arranque de los años 20’s.

Vasconcelos viene de una historia personal en la que se había aliado a la campaña presidencial de Madero, época en la que usó como ariete contra el viejo Díaz una frase esgrimida por el joven Díaz contra el viejo Juárez: «Sufragio efectivo, No reelección». Más tarde, a raíz del golpe de Estado contra Madero, Vasconcelos se exilió en Estados Unidos sin que sus encargos políticos por órdenes de Carranza le significaran ningún arresto bajo la acusación de infringir la leyes estadounidenses de neutralidad, pretexto legaloide que mantuvo preso hasta la muerte a otro intelectual: Ricardo Flores Magón. Por el contrario, luego de la derrota de Huerta y bajo la presidencia de facto de Carranza, el viejo hacendado coahuilense lo nombró director de la Escuela Nacional Preparatoria; aventura que terminó cuando sus discrepancias con el autonombrado “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista” lo enviaron de nuevo al autoexilio.

Vasconcelos regresaría a México durante la breve gestión convencionista de Eulalio Gutiérrez Ortiz, siendo nombrado responsable de Instrucción Pública y Bellas Artes por la misma Convención de Aguascalientes que designó a Gutiérrez Ortiz presidente de la República en sustitución de Carranza. Por ahí, en algún lugar, quizás Wikipedia, se lee que Vasconcelos no pudo desarrollar sus ideas en materia de educación pública durante los gobiernos convencionistas debido a pugnas al interior de la Convención misma. Ello, sin duda, es verdad; sin embargo, dicho así, sin explicación del contexto, caracterizado por un constante boicot de las fuerzas de la burguesía a la Convención, las verdades a medias terminan siendo mentiras.

Uno de los episodios más importantes en la historia de eso que llamamos “Revolución Mexicana” es, sin duda, el de la Convención de Aguascalientes, y, sin embargo, en los libros de texto gratuitos para educación básica y media de esa Secretaría de Educación Pública que “fundara” Vasconcelos se habla muy poco o nada de ella. La razón de que sea así está en la lucha de clases al interior de la “Revolución”. ¿Cómo se les va a hablar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de este país del capítulo de la “Revolución” en el que la burguesía se muestra con toda su podredumbre y ambición, dando al traste con eso que les han enseñado son los valores de la misma “Revolución”? Si cuando se piensa en la “Revolución Mexicana” se piensa en los ideales de libertad, democracia y justicia, la Convención de Aguascalientes significa el más bello capítulo de ésta, pues se trata del momento más determinante en el que las clases trabajadoras habrían podido darle un giro de 180 grados a su favor a la guerra civil iniciada por la burguesía en 1910; guerra civil que, “se olvida”, inició la burguesía en nombre de esos mismos ideales para terminar traicionándola. La guerra civil que llamamos “Revolución Mexicana” lo hubiera sido en verdad si la Convención de Aguascalientes no hubiera sido dinamitada por la burguesía.

Así, pues, a quienes nos han contado la historia oficial de nuestra “Revolución” se les “olvida”, por ejemplo, que la llamada Convención de Aguascalientes, cuyo objetivo era sentar a las fuerzas revolucionarias tras la huida de Huerta para ponerse de acuerdo en la reorganización del país, fue convocada inicialmente por Carranza para reafirmarse como “Jefe Supremo de la Revolución” en un contexto caracterizado por su desprecio hacia la figura de una de sus principales jefes militares: Francisco Villa, y que cuando las cosas no salieron como supuso (léase: cuando la Convención no se plegó a sus ambiciones), Carranza terminó por enfrentarse a la Convención. El desprecio de Carranza para con Villa, coinciden diversos historiadores, también responde a una cuestión de clase: Villa, a diferencia de los demás generales divisionarios bajo las órdenes de Carranza, no provenía de las clases medias o medias altas aliadas a la burguesía, sino de las clases trabajadoras, particularmente las del campo, desposeídas por ésas mismas clases medias. Así, la animadversión de Carranza para con Villa pronto encontró igual correspondencia por parte del jefe de la División del Norte y, para cuando la Convención, inicialmente convocada por Carranza en la Ciudad de México como una Junta de jefes militares y gobernadores a su mando estaba por celebrarse, Villa lo había desconocido ya como “Primer Jefe, Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación”.

De esta suerte, cuando la Convención se trasladó a Aguascalientes en busca de un territorio neutral, llevaba de suyo la pugna entre villistas y carrancistas en su seno; pero, hablar solo de “pugnas internas” hace olvidar que mientras las fuerzas villistas se plegaron a los mandatos de la Convención, las carrancistas la confrontaron hasta hacerla naufragar. Así, la verdadera razón por la cual a Vasconcelos le fue imposible siquiera echar a andar el proyecto de federalización de educación básica que planteó en su toma de protesta como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes de la Convención, radicó en que al tener que tomar partido entre las fuerzas de la burguesía y las de las clases desposeídas lo hizo por las de la burguesía, mostrando su desprecio para con los villistas y los zapatistas; su odio, su despecho, su vanidad herida, registradas en diversos documentos de la época, así lo dejaron de manifiesto.

La Convención tuvo el enorme reto de hacerse valer ante Carranza, quién convocándola, la desconoció casi inmediatamente; ante Villa, quién casi desde un inicio se puso a sus órdenes significando con ello el mayor apoyo militar que tuvieron los presidentes convencionistas frente aquellos jefes militares que, como Obregón, regresaron a la égida carrancista después de traicionar su juramento de servir a la Convención misma; ante Obregón, quién luego del giro que diera la Convención contra su entonces jefe: Carranza, se dedicó a minarla y finalmente la abandonó para enfrentarla militarmente, y ante Zapata, quien al no ser invitado inicialmente a la misma terminó enviando una delegación harto desconfiada, conocedora del desprecio de clase que el ala carrancista le profesaba. En ese escenario, Vasconcelos no fue un elemento que ayudara a fortalecer a la Convención, todo lo contrario: fue uno de sus boicoteadores.

Si las pugnas en la Convención no le permitieron desarrollar sus ideas en materia de educación pública, fue porque él mismo, desde su posición de clase, desconoció los mandatos de la Convención; se alió con los jefes carrancistas que veían a Villa y a Zapata como bandidos, sucios e ignorantes, y, en lugar de llevar a cabo las tareas de su ministerio, se dedicó a sembrar la animadversión de Eulalio Gutiérrez contra los jefes de la División del Norte y del Ejército Libertador del Sur. Lo hizo de tal suerte que en el momento en que la Convención por fin parecía asentarse y avanzar con buen paso hacia la reconstrucción del país, de la mano de reformas políticas que apuntaban hacia un régimen parlamentario que terminaría por acotar el protagonismo individualista de quien quisiera encabezar la Convención para ponerla a sus pies (léase, Carranza), Vasconcelos terminó abandonándola en franca huida junto con el mismo Eulalio Gutiérrez y el general José Isabel Robles, quienes a espaldas de la Convención habían estado haciendo tratos con Obregón, el jefe militar más fuerte contra la Convención, para llevarla al naufragio... y lo consiguieron.

En nuestra siguiente entrega continuaremos jalando el hilo de la madeja en torno a Vasconcelos que nos llevará a nuestro tema de investigación para la puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta, bajo la dirección de Jessica Cortés. Hablaremos de Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional durante el interinato de Adolfo De la Huerta y, posteriormente, secretario de Educación Pública de Obregón; etapa en la que se gana el mote de “Apóstol de la Educación”. Pero, era importante hablar de sus antecedentes contrarrevolucionarios antes de bordear su enorme y valiosa labor como educador, más que para pintarlo de cuerpo completo, para entender que la historia del normalismo rural en México, atada a la historia de quien se considera su fundador, es, sobre todo, una historia de lucha de clases que recoge los postulados más caros de nuestra raptada (Muñoz Cota), interrumpida (Gilly), siempre inconclusa “Revolución Mexicana”. La lucha de nuestro compañero Samir Flores, asesinado el 20 de febrero de 2019, y la de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos el 26 y 27 de septiembre de 2014, recogidas en el montaje de Cortés, merecen mirarse así.
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