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23 de octubre de 2019

Éste es el reportaje que Ricardo Salinas Pliego no quiere que leas.


A raíz del reportaje “Salinas Pliego, el magnate que movió los hilos de la estafa Pemex-Fertinal” publicado por la revista Proceso en julio de este año (edición 2229), el multimillonario Ricardo Salinas Pliego y su empresa Banco Azteca demandaron al semanario acusando que su divulgación es parte de una campaña de desprestigio que atenta contra el honor y buena reputación.

Lo anterior se puede constatar en el  Boletín Judicial del pasado viernes 11 de octubre, instrumento de acceso público a través del cuál se advierten como demandantes o actores de la demanda de daño moral  a  –Ricardo Salinas Pliego y Banco Azteca– así como de los demandados –Comunicación e Información, S.A. de C.V., Rafael Rodríguez Castañeda, Homero Campa Butrón y Mathieu Pierre Olivier Tourliere–.

De acuerdo con lo narrado por la propia revista, hoy víctima de persecución judicial,  el juez Rodrigo Cortés Domínguez Toledano, del Juzgado 62º de lo Civil de la Ciudad de México, emitió una orden para que Proceso no publicara información relacionada con el juicio, una acción que se califica de censura previa, y que atenta contra el derecho a la información de la sociedad.

LA CENSURA NO ES UNA OPCIÓN, por ello diversos medios mexicanos, como Pie de Página, se ha sumado a difundirlo de nueva cuenta, pues, la integralidad de la información publicada por Proceso, es de interés público para la sociedad, y necesaria para el avance de un verdadero estado democrático dónde la prensa observa y escrutina al poder. En Gener@cción Z nos solidarizamos con la revista que hoy enfrenta un juicio y con los medios que la apoyan, y nos declaramos en contra de quienes pretenden se oculte información que le pertenece a la sociedad. Estos actos no sólo representan una intimidación para el libre ejercicio periodístico, atentan contra el derecho a la información, tienen la intención clara de limitar el debate público y la participación cívica.

4 de octubre de 2019

Los cuatro proyectos ganadores del Premio Gabo 2019.

Este resumen no está disponible. Haz clic aquí para ver la publicación.

11 de septiembre de 2019

El Proyecto Miroslava le sube el costo al asesinato de periodistas en México.

Por: María Teresa Ronderos / The New York Times.

Foto: Hérika Martínez/Agence France-Presse - Getty Images.
BOGOTÁ — ¿Cuánto cuesta matar a un periodista? En México, casi nada para el pistolero, quizás unos pesos para que las autoridades miren a otro lado, y listo: silenciado el incómodo reportero. Según las cuentas de Artículo 19, en ese país han asesinado a 131 periodistas desde 2000 hasta el 24 de agosto de 2019. Otros veinticuatro fueron desaparecidos forzadamente. La impunidad en todos estos casos es casi absoluta. Según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), de las 790 investigaciones abiertas desde 2010, apenas 118 han llegado a una corte y solo ha habido una decena de sentencias condenatorias exclusivamente contra autores materiales. Ningún castigo para los autores intelectuales.

Hartos de la impunidad, un grupo de periodistas dijeron “¡Basta!”, y hace un año crearon el Colectivo 23 de Marzo para investigar la muerte de una de sus colegas más respetadas, Miroslava Breach. Corresponsal del diario La Jornada y columnista de El Norte de Juárez, Breach contaba de frente lo que realmente pasaba en Chihuahua, su estado. En marzo de 2016 denunció que en municipios en Chihuahua precandidatos a presidentes municipales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y una precandidata del Partido Acción Nacional (PAN) tendrían vínculos con narcotraficantes. El PRI reemplazó a dos aspirantes denunciados y la aspirante del PAN, que resultó elegida, negó vigorosamente tener relación alguna con los carteles. La denuncia le costó a Miroslava nuevas amenazas.

La periodista chihuahuense siguió adelante con sus investigaciones. Documentó los despojos de la expansión del grupo criminal que montó la familia Salazar, al servicio del Cártel de Sinaloa, en su natal municipio de Chínipas en la Sierra Tarahumara. Escarbó los vínculos entre este y otros grupos con la política de Chihuahua y de Sonora. Armó un expediente del gobernador de su estado, César Duarte, quien hoy está prófugo de la justicia y con veintiuna órdenes de captura por peculado y enriquecimiento ilícito.

En febrero de 2017, Breach sacó a la luz, con nombre y apellido, cómo directores de varias policías municipales de esos estados eran fichas del narco. Esa fue la última gota. El 23 de marzo de 2017 fue asesinada por un pistolero cuando se disponía a llevar a su hijo Carlos, de 14 años, al colegio. El gobernador Javier Corral, de quien Miroslava había sido cercana, anunció que este crimen no quedaría impune y se mostró enérgico y decidido a develar el complot criminal que acabó con una persona tan valiosa —y valerosa— para su comunidad. Pronto las autoridades anunciaron capturas y dieron conferencias de prensa en las que se daba por esclarecido el caso.

Sin embargo, había demasiados elementos forzados en ese relato perfecto. Fue entonces cuando varios colegas de diferentes medios y estados decidieron aliarse para investigar por ellos mismos. Se unieron al esfuerzo, al que bautizaron Proyecto Miroslava, Forbidden Stories, un equipo periodístico colaborativo francés cuya razón de ser es terminar las historias de los periodistas silenciados; el portal británico Bellingcat, especializado en investigación de fuentes abiertas; y la red de periodismo investigativo trasnacional Centro Latinoamericano de Periodismo Investigativo (CLIP).

Lo que el Proyecto Miroslava encontró, según la publicación de esta semana, es una sábana llena de agujeros. Asesinatos alrededor del caso que no fueron investigados; autoridades que no indagaron en el municipio de Chínipas, de donde probablemente salieron las órdenes de matar a la periodista y donde se refugiaron los asesinos; comunicaciones entre los sospechosos a las que no se les siguió la pista, y una pistola plantada en un asesinato posiblemente para desviar la investigación.

La serie periodística que Proyecto Miroslava publica esta semana cuestiona a fondo la independencia de las autoridades mexicanas a la hora de hacer justicia, aún en un asesinato que, como este, ocupó por días las primeras planas de los principales medios mexicanos. Si no, cómo se entiende que declararan como testigos bajo identidad reservada a los políticos que habían presionado a Miroslava a revelar sus fuentes, cuando ella denunció la infiltración de los narcotraficantes en la política de Chihuahua. Ni la investigación estatal ni, según avanza, la causa federal, establecen vínculo alguno entre la muerte de la periodista y el crimen organizado o la política, a pesar de que esto era precisamente lo que ella estaba investigando.

Develar este matrimonio perverso entre narcos y políticos, tan frecuente en nuestro continente, requiere de alianzas periodísticas fuertes, incluso internacionales, como lo ha hecho este proyecto. Es una manera efectiva de subirle la presión ciudadana a los gobernantes para que hagan justicia. Es la salida poderosa que tiene el oficio para conseguir que ese contubernio no doblegue a las sociedades bajo el miedo.

“El silencio es complicidad”, repetía con frecuencia Miroslava. Sus colegas le hacen hoy honor rompiendo el silencio para empezar a derrotar la impunidad. Un camino similar se ha recorrido ya en otros países. En los años setenta, el Proyecto Arizona juntó a 38 reporteros y editores de diferentes medios para investigar el asesinato del periodista Don Bolles en Estados Unidos. No consiguió poner tras las rejas a quien le puso la bomba a este reportero, pero sí hizo que Arizona destinara nuevos recursos para la lucha contra las mafias y los legisladores del estado sacaron leyes más duras contra el robo de tierras. Después, en Colombia, el Proyecto Manizales, liderado por la revista Semana, llevó a varios medios a investigar el asesinato de Orlando Sierra, subdirector del diario regional La Patria. La publicación simultánea del reportaje, la persistencia del diario de Sierra y el interés solidario de los colegas para que el caso no se olvidara puso finalmente al autor intelectual, un político local, tras las rejas.
 
El Proyecto Miroslava vuelve a plantear las preguntas que la justicia dejó sin responder. Así, los reporteros mexicanos —arriesgándose, pues se trata de la temible narcopolítica—, han salido solidarios a subirle el costo a asesinar a un periodista. Les toca ahora a las autoridades ponerse a la altura.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que tanto quiere romper con el pasado de corrupción y que, ante la crítica, insiste en que respeta la libertad de prensa, podría demostrar que habla en serio si desentraña los complots que silenciaron a Miroslava, a Javier Valdez y a Regina Martínez entre muchos otros reporteros caídos mientras intentaban hacer de México un país más transparente y democrático.

4 de septiembre de 2015

Comunicado colectivo ante agresiones recientes (SubVersiones)






Comunicado colectivo ante agresiones recientes (SubVersiones)


A las organizaciones sociales de abajo y a la izquierda,
A los medios libres mexicanos y transterritoriales,
A lxs adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona,
Al Congreso Nacional Indígena,
A defensores de derechos humanos y libertad de expresión en México y el mundo,
A las personas que nos han brindado su confianza y apoyo.
El lunes 31 de agosto en la Ciudad de México, a plena luz del día y en la vía pública, uno de los integrantes de este colectivo, Heriberto Paredes Coronel, fue amenazado de muerte, hecho documentado por la organización Artículo 19.
Además de Heriberto, dos compañeros más que han decidido mantener su identidad fuera de la vista pública, también fueron amenazados, por lo que nos mantenemos en alerta. Esto no es un hecho aislado, desde mayo del año en curso, participantes de este medio independiente han sido amenazados por motivos relacionados con las labores de comunicación que realizamos.
Como SubVersiones, participamos en el movimiento de medios libres, nos concebimos como colectivo y nos regimos de manera asamblearia. No respondemos a intereses económicos ni a la política hegemónica, en tanto que no somos una empresa de información ni pretendemos lucrar con los contenidos generados. Somos un espacio para investigar, difundir, amplificar voces de lucha y un pequeño espacio de lucha en sí.
Nuestro quehacer se ha convertido en una de las actividades más riesgosas en México, con los fatídicos resultados que conocemos. Durante la administración de Felipe Calderón se registraba un ataque sobre periodistas cada 48.1 horas. Con Peña Nieto, el promedio es de 26.7 horas. Dicho de otro modo, la violencia contra periodistas ha aumentado, y en lo que va de la actual administración priista, se habían documentado hasta marzo de 2015, nueve casos de asesinato a periodistas. De igual manera, resulta indignante el brutal ataque hacia todxs aquellxs que hacen uso de su libertad de expresión y manifestación, como el reciente homicidio de Rubén Espinosa y feminicidios de Nadia Vera, Alejandra Negrete, Mile Martín y Yesenia Quiroz. La situación de violencia extrema y descomposición política y social por la que atraviesa el país –en la que la violencia de Estado se ejerce impune y descaradamente– ha generado que el acto de comunicar, informar o denunciar la crudeza de la realidad y las injusticias a las que nos encontramos sometidos como pueblos implique, desgraciadamente, asumir estas actividades como de alto riesgo.
El que nos estén amenazando nos hace pensar que hemos afectado, aunque sea mínimamente, algunos intereses, ya que muchas de nuestras coberturas son sobre denuncias sociales contra agentes del Estado, injusticias, corrupción, ineptitud o violencia por acción, omisión o aquiescencia. Además, los casos que documentamos no son cubiertos por medios comerciales o, cuando sí, son narrados desde la perspectiva oficialista que tergiversa los hechos a conveniencia y anula las voces de las personas agraviadas. Como medio libre buscamos mostrar las luchas y resistencias de manera honesta y solidaria, siempre desde las perspectivas del abajo que somos.
Los compañeros amenazados han realizado coberturas en diversos estados del país, documentando, por ejemplo, el surgimiento de autodefensas en Michoacán y Guerrero; las problemáticas que consumaron la división de las policías comunitarias en ambos estados; las disputas entre distintos grupos del crimen organizado; al igual que el despojo de tierras y recursos naturales a comunidades campesinas y urbanas. Han documentado la desaparición forzada de muchas personas; las amenazas a otros periodistas y luchadores sociales; han levantado la voz y puesto los reflectores para visibilizar la persecusión y la prisión política; han mostrado la violencia de la represión frente a manifestaciones pacíficas y han denunciado la cara criminal del Estado y sus múltiples facetas. Todo su trabajo se encuentra plasmado en nuestra web —subversiones.org— que es un esfuerzo de muchas y muchos más por construir una alternativa de comunicación.
De ahí que intenten doblegarnos, amedrentarnos y querer callarnos a través de amenazas en llamadas telefónicas y encuentros desafortunados; sólo así se puede explicar que sucedan situaciones que generan miedo, incertidumbre, desazón, inseguridad.
Como colectivo continuaremos realizando las labores de comunicación y difusión como hasta ahora lo venimos haciendo. No vamos a permitir que nos callen con amenazas. Como parte de nuestros principios éticos, comunicamos honestamente desde nuestras subjetividades, con ideales de autonomía, libertad y justicia, para romper el cerco mediático generado por la manipulación masiva de los medios de paga que invisibiliza las luchas sociales y los procesos emancipatorios y de autogestión que suceden en un país donde no someterse es el peor de los delitos. Así que les decimos que ante las amenazas, nuestra respuesta será comunicar más, mejor organizados y más unidos.
Condenamos los ataques, la criminalización, los encarcelamientos, desapariciones, asesinatos y otras formas de represión. Sabemos que el Estado se manifiesta de muchas formas, a veces como grupos del crimen organizado, a veces como grupos paramilitares, a veces como agentes negociadores. Desconfiamos del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas así como de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión porque algunos de nostrxs ya hemos pasado por estas instancias y nada se ha resuelto, sólo ineptitud y burocracia hemos encontrado. Sabemos quiénes son los enemigos y ante ello decimos que ni la verdad ni la justicia vendrán de los agresores. Así, hacemos nuestro lo expresado en el más reciente comunicado del EZLN: «de arriba sólo hay que esperar simulación, engaño, impunidad, cinismo».
Por esto es urgente y necesario construir una protección que no venga de las instituciones sino de la gente, de las organizaciones sociales, de las personas que nos han mostrado en estos cinco años de trabajo lo que significa la lucha y el apoyo mutuo para no dar más víctimas y mártires al país. Consideramos que todas y todos debemos organizarnos para resistir la violencia que nos golpea por decir y expresar lo que comunicamos; buscaremos seguir ejerciendo nuestras labores crítica y libremente, a partir del cuidado mutuo, de la preparación, de la construcción de mecanismos que sí respondan a las necesidades que tenemos.
Seguiremos luchando para cooperar en la generación de una comunicación que no esté al servicio del Estado ni de las grandes corporaciones, seguiremos construyendo comunicación desde abajo.
De ellos es la noche, el amanecer es nuestro.

8 de mayo de 2015

LOS PUENTES MENTALES Y UN DILEMA (PONENCIA PARA EL SEMINARIO “EL PENSAMIENTO CRÍTICO FRENTE A LA HIDRA CAPITALISTA”).

Por: Malú Huacuja del Toro / Zapateando.
AGRADECIMIENTO A COMPA ENCARGADA DE LA LECTURA
Estoy profundamente conmovida de que me hayan invitado a mí a participar en este seminario. No es la primera vez que compruebo que los espíritus más grandes como los de los rebeldes zapatistas resultan ser los únicos que posan su mirada sobre los seres más marginales como yo, pero siempre es una sorpresa deslumbrante observarlo. En esta ocasión se me ha invitado, incluso, a presentar una ponencia en el Seminario “El Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista”, como si tuviera yo algo que decirles a los zapatistas, cuando una de las más aleccionadoras experiencias de mi vida ha sido poder asistir a mis 51 años a la Escuela de la Libertad Zapatista, aunque fuera en línea, de larga distancia, como ahora, porque los escritores que no estamos becados por el gobierno —básicamente becados para ignorar y/o atacar a los zapatistas o a burlarse de ellos y de sus voceros— nunca vivimos en una situación financiera muy holgada, y cuando contamos con dinero adicional, nos lo gastamos de inmediato en proyectos que nos resultan vitales, como el de la Caravana 43 de Ayotzinapa en Estados Unidos o en el apoyo a los medios libres, autónomos, independientes, alternativos, chingovariados, multirraciales, megajodidos, extrasexuales o como se llamen, para que sigan haciendo volar la palabra perseguida, reprimida y calumniada como la de los zapatistas. Su labor nos parece fundamental porque en la prensa, en los medios de incomunicación y en las redes de concursos ciberespaciales de popularidad, no cesa de presentarse una imagen de los zapatistas como verdugos del gobierno y sus partidos, como si su vida en resistencia toda se hubiera organizado sólo para “hacerle el juego al PRI”, como dicen, no para construir un mundo donde quepan muchos mundos y donde los gobernantes manden obedeciendo. Grandes villanos nos dicen que son los zapatistas. Todavía recuerdo a una periodista española, Mayte Rico, que, allá en los años noventa, acusaba a los zapatistas de “usar internet”. Y publicó un libro diciendo eso. Y la gente lo compró. Tal vez ahora los acusen de “ser jaqueados en internet”, que es justamente lo que le ocurrió a la página de enlace zapatista hace poco. Como sea, larga vida a los medios alternativos o como se llamen es lo que deseamos para nuestro país.
MOVIMIENTO POR JUSTICIA EN LA MARCHA A LA ONU
Pero volviendo a mi exposición, además de reiterarles mi asombrado y enorme agradecimiento, a todos los demás, o sea, a los que no me conocen, les debo una presentación: no soy el diablo que más sabe por viejo, sino una enviada de él. Desde hace muchos años el demonio me extrajo de la urbe monstruo Tenochtitlán y me mandó a la ciudad de los rascacielos, Nueva York, que es la capital del imperio financiero, para que aprendiera a ver cómo se teje desde sus entrañas la deshumanización del individuo y cómo es realmente la vida aquí. Porque Nueva York no es solamente la ciudad de los edificios altos sino también la de los puentes. Sobre la magnificencia de la arquitectura fluvial de Nueva York se construye también la de los puentes idiomáticos. Sirven para resistir y obstaculizar el despojo a los pueblos del mundo que en esta ciudad se sella con acuerdos entre mandatarios —unos mandatarios no elegidos más que entre ellos— para invadir militarmente otros países, o para firmar pactos comerciales como el TLC —que entró en vigor precisamente el día que los zapatistas le declararon la guerra al malgobierno de México—, y ahora el TPP, que está por aprobarse en estos días.
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Los lazos idiomáticos son los que colocaron una bandera blanca sobre el puente más emblemático de Nueva York, substituyendo la de Estados Unidos, en la semana en que el gobierno de Israel inició una de sus jornadas más sangrientas de bombardeos a Gaza. Sobre ese mismo puente de Brooklyn, desde finales del año pasado, se extendió la protesta del movimiento del pueblo negro contra el racismo de la policía blanca. Y ahí mismo, en este mes de abril, se creó otro vínculo cultural y racial: la protesta negra se desplegó en solidaridad con la de Ayotzinapa. Precisamente hoy que les escribo estas líneas culmina frente al edificio de las Naciones Unidas la Caravana de los tres contingentes de padres y familiares de los normalistas masacrados y desaparecidos en Iguala, Guerrero, hace siete meses, y ahí estará el pueblo negro con nosotros…
Ayotzinapa March to the UN April 26 15
Esa caravana se trató de un esfuerzo apartidista, financiado mayoritariamente por mano de obra mexicana migrante, para hacer resonar las demandas de los familiares de las víctimas, quienes exigen la cancelación de las elecciones en Guerrero, las cuales sólo sirven para designar al nuevo criminal a cargo. Ésos son los puentes que nos corresponde construir aquí, en la mal llamada Unión Americana.
Empero, hay puentes culturales que no hemos podido levantar, que nos bombardean y nos derrumban las versiones gubernamentales de la realidad, con sus medios de incomunicación, tanto tradicionales como cibernéticos. Son los puentes que nos permitirían recordar que el Tratado de Libre Comercio —que impulsó y firmó Salinas de Gortari, contra el que se rebelaron los zapatistas—, causó un éxodo de millones de mexicanos que se vieron forzados a huir a trabajar a los Estados Unidos. Que, antes, exportábamos maíz, y que, después del TLC, lo importamos. Que México no obtiene primeros lugares más que en los reinos de la infamia: somos el principal exportador de mano de obra barata del mundo. Tengo que repetirlo, porque, al parecer, no lo estamos entendiendo bien: el principal exportador de mano de obra barata del mundo. Es algo que nunca sale en los periódicos, aunque sea noticia. Y somos el país productor de uno de los hombres más ricos del mundo, junto con algunos de los municipios más pobres del orbe, lo que nos convierte en una de las naciones más injustas y desiguales del Planeta Tierra. Somos, además, los productores de algunos de los estados más peligrosos del mundo para los periodistas, como Veracruz y Tamaulipas, y para las mujeres, como Chihuahua.
Ayotzinapa megamarcha a la ONU  al frente padres marchando 26 abril 15
Este pavoroso panorama no nos basta para crear los puentes mentales, verbales, culturales y económicos —en ese orden cronológico— que nos ayudarían a contraatacarlo. O, al menos, a entender la urgencia de intentarlo. Y, quizás, a vencerlo. Con excepción de las comunidades autónomas como las zapatistas, seguimos pensando adentro de los linderos conceptuales y sociales que nos imponen el PRI y sus partidos derivados. La maquinaria que nos gobierna está programada para convertir a sus pobladores en criminales o en profesionistas cómplices del crimen organizado. No hay trabajo en México, y el que hay, dentro de muy poco tiempo estará exclusivamente al servicio del narco. Necesitamos urgentemente actuar y pensar de una manera distinta de como ya comprobamos que no funciona.
Y necesitamos ayuda. Sin embargo, los únicos que saben tender puentes y construir rápidamente túneles rumbo a Estados Unidos son los narcos. Tenemos a, aproximadamente, veinte millones de compatriotas viviendo del otro lado del Río Bravo —y vamos a tener a muchos más ahora que se consolide el Acuerdo Transpacífico de Asociación Comercial o TPP—, y aún así seguimos creyendo que nuestro país está contenido sólo en el territorio demarcado como la República Mexicana. La caravana de delegados de Ayotzinapa lleva dos meses recorriendo Estados Unidos: dos meses… Financiada, reitero, por mano de obra mexicana migrante, por colectas que se hicieron por todo el país, y aún así pensamos que esos mexicanos “no son” de nuestro país, o que son “los que se fueron”, cuando en su mayoría no se han marchado más que físicamente…
No hemos aprendido a reconocer los verdaderos efectos del TLC: que ya no somos un país localizado en un territorio sino distribuido en dos, y que eso que es por ahora una terrible desventaja, puede constituir una fuente de recursos para una economía autosustentable, al margen de ese narcogobierno que nos convierte en uno de los países más injustos y peligrosos del mundo (al menos durante el tiempo en que logremos derrocarlo).
Ayotzinapa megamarcha a la ONU  Malú (lado izquierdo) 26 abril 15
No identificamos esa urgencia, la de derrotarlo verdaderamente —no jugando a un sistema electoral que sabemos pagado por el propio capital de magnates como Slim— porque el gobierno derriba sistemáticamente los puentes mentales que nos permitirían actuar de manera inmediata. Un ejemplo palpable es que, apenas este año, mientras las comunidades zapatistas eran asediadas y un grupo paramilitar desalojaba a los pobladores de Bachajón, las autoridades de cultura organizaron en San Cristóbal de las Casas un festival internacional de cine “de crítica social”. No miento. Y nadie reconoció la burla. El gobierno federal, a través del Imcine, en colaboración con la gubernatura de Chiapas, invitó a estrellas de la cinematografía mundial y a directores que se han caracterizado por hacer películas excelentes de crítica social; películas que marcaron el imaginario revolucionario de la juventud del 68 y de los años 70, y nadie sintió que el gobierno se estaba mofando del pueblo. Durante el festival, el gobernador de Chiapas cacheteó a su asistente, cual reyezuelo de un feudo, no de una república, y nadie pareció reconocer la imperiosa necesidad de dejar de ver las películas que nos proyecta el gobierno sobre nuestro país y nuestra vida.
Así funciona la hidra cultural del capitalismo que no sabemos destejer. Nosotros mismos dinamitamos los puentes que nos conducirían a otro lado; al litoral del mundo donde quepan muchos mundos. Nosotros mismos nos decimos que es una exageración, un despropósito, una exaltación, alarmarnos ante esos festivales que celebran —para atraer turismo— algunas de las gubernaturas más injustas y más corruptas del mundo, como el de cine en San Cristóbal de las Casas, o el de cultura en Veracruz, o el de Acapulco. Es nuestra propia mano la que le pone explosivos al razonamiento, al silogismo, que nos podría volver más lógicos y funcionales: si el gobierno quiere desalojar o exterminar a los pueblos originarios zapatistas es para obedecer a los grandes emporios turísticos y hoteleros, y terminar instalando casinos en Bachajón. Si “A” es igual a “B” y “B” es igual a “C”, entonces “A” es igual a “C”. Si el gobernador de Chiapas se comporta como un tirano todopoderoso cacheteando a su asistente y obligándolo después a decir que “así se llevan”, no es porque parezca tirano sino porque lo es, y si eso ocurre durante un festival de “cine de contenido social” —repito: “de contenido social”— organizado en su estado, la broma se cuenta sola.
Pero hay una razón por la que el gobierno no quiere que veamos la broma, que tendamos el puente mental rumbo a esa costa donde quepan muchos mundos, o que por lo menos no lo dinamitemos; que empecemos a aventurarnos afuera del esquema y que dejemos de ver la película que nos proyecta, o de votar por nuestro cine favorito pero para contemplar la misma historia dirigida por el mismo director.
Esa razón es el dilema que tenemos que descifrar.
Yo tengo una clave personal para hacerlo; cada quién encontrará la suya. Cuando la gente me dice que estoy “quemando mis naves” al pelearme con los enviados del poder; que ya nadie me va a leer ni a hacer caso, que estoy condenada a la invisibilidad, a la imbecilidad, y que soy una sectaria, etcétera, etcétera, yo me propongo lo contrario: tejer esos enlaces, preparar esos navíos hacia otros parajes ahora impensables.
Pues —pienso— debe haber una razón por la que se gasta tanto dinero en proyectarnos la misma película una y otra vez. Porque imagínense un mundo en que empezamos a extender lazos no solamente con los mexicanos en Estados Unidos, y a recibir remesas por otros conductos que no sean los servicios de transferencia de pago propiedad de Slim —como Western Union— ni los bancos… Imagínense un mundo en el que instalamos en cada localidad nuestros propios bancos a los cuales los migrantes manden dinero sin pagarle a Slim ni a Banamex ninguna comisión.
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No solamente eso, sino un mundo donde la gente de México empiece a hablar verdaderamente, atentamente, con el pueblo de Estados Unidos. No con sus gobernantes: con su gente. Con los igualmente silenciados. No con las instituciones de Estados Unidos para pedirles financiamientos, viajes y becas, ni con los empleados de éstas, sino con los ciudadanos comunes del imperio económico.
Imaginen que empezamos realmente a conversar con nuestros vecinos del norte; que les ayudamos a construir su propio puente: ése que su gobierno les destruye todos los días de sus vidas apenas intentan levantarlo, en complicidad con todas sus universidades, todas sus escuelas, todos sus medios de comunicación y todas sus iglesias. Y que, entonces, empiezan a divisar la conexión entre su voto y la miseria que existe en el resto del mundo. Imaginen que, un día, el ciudadano promedio norteamericano deje de ver en su fortuna una superioridad y un destino manifiesto respecto al resto de la humanidad. Que empiece a vislumbrar una causa y efecto entre lo que él piensa, hace o deja de hacer en su país, y la gran miseria en el Continente Africano… o Latinoamericano.
Imaginen qué harían.
Ésa es una película que no les van a proyectar en el próximo Festival Internacional de Cine de San Cristóbal de las Casas.

Malú Huacuja del Toro, Nueva York, Estados Unidos, 26 de abril de 2015, a siete meses de la masacre de Iguala, Guerrero.
Fotos: Somos los Otros NY  @losotrosny
Audio:Audio Player

15 de enero de 2015

Acerca de un patán que quizá han visto en Televisa o leído en Milenio.




Babel

Acerca de un patán que quizá han visto en Televisa o leído en Milenio

Javier Hernández Alpízar

A veces lo anecdótico es una ventana a cosas más esenciales. El hecho, por ejemplo, que de los buitres que acudieron al funeral de Julio Scherer fuera precisamente Carlos Marín a quien corrieran: es justicia poética, pero apenas es una ventanita abierta al inframundo del periodismo mercenario.

Recuerdo que, cuando mi generación egresó de Filosofía, un compañero académicamente muy inquieto tomó un curso de redacción periodística al que una vez asistí como oyente. La gente que me conoce sabe que, en asuntos de periodismo, yo no fui a la escuela, aprendí (si algo) de grande. Una sola clase, pero en esa ocasión escuché hablar a Carlos Marín.

A mi amigo lo tenía impresionado que los periodistas sí leen (eso pensó él), porque sus clases eran, en mucho, hablar de algunos escritores mexicanos como Fernando del Paso. Marín hablaba frecuentemente de Juan Rulfo. Su plática, el único día que lo escuché, fue básicamente: cómo redactar la entrada de una nota. Algo básico, que está por supuesto en el Manual de periodismo que durante muchos años apareció como de Vicente Leñero y Carlos Marín, de los años en que ambos trabajaron juntos en Proceso. Me cuentan que Leñero prefirió ceder los derechos a Marín con tal de que su nombre ya no apareciera junto al del ahora periodista de Milenio y Televisa, parte de la “derecha ilustrada”. Marín explicó que el modo de iniciar una nota puede depender de la psicología e ideología de una autor, de lo que él pretenda destacar. El ejemplo que puso fue: llega a la redacción un télex con la noticia de que acaba de morir el Papa, los hechos ocurrieron en su residencia de Castelgandolfo y la causa es una cirrosis. Explicó que la cirrosis no solamente es causada por alcoholismo sino por diversas otras razones. Si el redactor de la nota es anticlerical y anti Vaticano la iniciará así: “A consecuencia de una cirrosis hepática, murió el Papa en su residencia de Castelgandolfo…” Los periodistas saben que la noticia ellos la producen, es decir, la editan: eligen qué destacar y qué minimizar o excluir. Si un joven acaba de ser desaparecido por policías de civil y luego fue presentado y liberado gracias a la presión política de los estudiantes y de la sociedad, una periodista que lo entreviste sabe que depende de ella qué destacar, qué hacer noticia: la denuncia de su desaparición, la actuación arbitraria de la policía y la violación de los derechos humanos, que es una nota de denuncia, fuerte, contra el poder, o bien una nota amarillista que favorezca la lectura autoritaria del Estado policiaco: el joven ha usado capucha y participado en un enfrentamiento con la policía en una manifestación que intentó llegar al Aeropuerto Internacional. No es una cosa ingenua o neutral o “profesional”: es una elección determinada por la psicología y la ideología de la periodista. Pero dejemos a Aristegui y volvamos a Marín.

Prácticamente esa fue toda la enseñanza de redacción periodística, lo demás fueron anécdotas que contaba, de pie, haciendo énfasis mediante ademanes con las manos, creo recordar que incluso fumó durante la charla. Debió haber sido esta plática en 1995 o 1996, y ya desde entonces, Marín esparcía el venenoso rumor de que los zapatistas podrían ser parte de un complot. No lo decía él de su propia autoría (los rumores nunca se siembran diciendo: “lo digo yo”) sino que lo atribuía a un amigo suyo “muy inteligente”, no daba el nombre, lo dejaba a la imaginación de su crédulo auditorio. Pero vean que ya desde entonces Marín era un sujeto poco ético periodísticamente hablando, sembrar rumores así no es de un periodista sino de un rumorólogo de baja estofa. Con el tiempo ese rumor de la derecha se lo compraron algunos que se dicen de izquierda, pero faltaba tiempo para que eso ocurriera: Marín es de sus precursores.

Y contaba muchas anécdotas de Julio Scherer, le rendía un muy fuerte culto a la personalidad (quienes rinden culto a la personalidad de un gurú, muchas veces, tienen el objetivo de construirse una culto a la propia personalidad, especialmente ser sacerdotes del tótem: por ejemplo, a la muerte de Lenin se peleaban la legitimidad de su herencia Stalin, Trotsky y quizá alguien más por ahí que no dejó ni su nombre para el récord). Contó cómo después de que Proceso, dando seguimiento a una nota que publicó Reforma, exhibió que Joseph Marie Córdoba, el asesor de origen francés de Carlos Salinas, no era doctor. Córdoba estaba enojadísimo, pero Proceso nunca se echó para atrás. Salinas los invitó a cenar a Los Pinos y ellos fueron. Marín estuvo ahí junto con otros de los integrantes de la redacción, el primero en entrar fue Scherer. Ellos sabían: lo que hace la mano hace la tras. Saludo a Salinas: “Buenas noches, señor Presidente”. Respeto institucional. Saludo a Córdoba: “Buenas noches, señor.” Nada de “doctor”, como los demás acostumbraban.

Contó que antes de irse, al fin de su sexenio, Salinas visitó las oficinas de Proceso. Entonces se acostumbra regalarle algo al Presidente. Proceso tiene la edición completa del combativo seminario Marcha, publicado en condiciones de clandestinidad en plena dictadura militar uruguaya. Así que hizo una edición en fotocopia y ese fue el regalo a Salinas. Un gran regalo. Salinas lo hojeó y observó: “son fotocopias”. “Sí, los originales los tenemos nosotros”, le contestó alguien, Scherer mismo quizá.

Así iba deslumbrando a los alumnos, con el hecho de ser alguien que conocía personalmente a Scherer, quien a su vez era amigo personal de gente como García Márquez. En algún momento habló de que siempre se deben citar fuentes, en Proceso, dijo, se los exigían a todos. Para publicar sin citar tus fuentes tenías que ser Carlos Monsiváis. Eso recuerdo que dijo.

La manera de actuar, hablar, las cosas que decía formaban ya al patán que años después, ya en el siglo XXI, llegó a una Feria del Libro Universitario a Xalapa a dar una conferencia. Esta otra anécdota la conocí indirectamente por dos mujeres periodistas que entre sí no se vinculan cotidianamente pero que estaban cuando llegó Marín, ya de Milenio. Se acercó un joven periodista a pedirle entrevistarlo y el conferencista se portó como un patán: “si quieres entrevistarme primero debes aprender a vestirte”. El joven iba bien vestido, lo más probable es que con pantalón de mezclilla (comparado con mi habitual look cuasijipi ese joven parece elegante), pero Marín solamente llama vestir bien al traje y la corbata.

Tras negar la entrevista y maltratar delante de todos al joven periodista, Marín entró a dar su conferencia. Antes de iniciar, un sujeto igual de patán que él dijo: “Vine a Comala, porque me dijeron que encontraría aquí a mi padre: Carlos Marín”. “¡Hijo mío!”, contestó el conferencista. El público contemplaba la escena de pena ajena. Marín empezó a decir lo que siempre dice sobre Rulfo.

En 1995 o 96 Marín publicó en Proceso un reportaje sobre los planes de contrainsurgencia de Zedillo, bueno, de la SEDENA en su sexenio. Ya se mencionan ahí los paramilitares, quizá no con esa palabra, pero se mencionan. El texto es citado como referencia por gente más seria que Marín como el difunto Carlos Montemayor (también aceptaba los abrazos de la clase política, incluso en Veracruz, por ejemplo si iban a un recital donde él cantaba. Sin embargo no cambió nunca su posición política. A su muerte, todos los grupos revolucionarios, y con esa palabra me refiero a los armados, el tema novelístico de Montemayor, reconocieron que era una pérdida sensible), pero Marín lo redactó, es lo más probable, porque la información desclasificada la obtuvo Proceso y le tocó a él la talacha de darle redacción. La posición totalmente contrainsurgente y antipopular en general que ahora tiene Marín es conocida. La expresa en Televisa constantemente, en su paneles de mercenarios que ellos llaman “expertos”.

Una de las amigas que me contó la anécdota de la Feria del Libro me dijo alguna vez, en otro contexto y refiriéndose a un pez aún menos gordo, que no es el poder el que hace nefastos a algunos tipos: el poder (aunque sea el de un foro en TV o una página en un diario) solamente los hace sacar a flote al nefasto que ya llevaban dentro. Muchas de las patrañas oscuras que han esparcido como rumor gentes así, después de la ruptura del EZLN con toda la clase política hecha pública en 2005- 2006 se las han comprado personas que se reclaman de izquierda. Ni siquiera se han asomado a la genealogía de sus rumores e intrigas: nacen de gente como Carlos Marín, y es lo que ustedes luego han ido repitiendo como periquitos.

Al final, que lo corrieran del velorio de Scherer es lo menos que podían hacer, y creo que si hubieran sido estrictos hubieran corrido a otros y otras buitres que, como Marín, irán enseñando el cobre poco a poco, si no lo están haciendo ya. Por ejemplo, con cápsulas de opinión en Televisa.
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