Mostrando las entradas con la etiqueta Nicaragua. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Nicaragua. Mostrar todas las entradas

22 de agosto de 2018

300. Segunda parte: UN CONTINENTE COMO PATIO TRASERO, UN PAÍS COMO CEMENTERIO, UN PENSAMIENTO ÚNICO COMO PROGRAMA DE GOBIERNO, Y UNA PEQUEÑA, MUY PEQUEÑA, PEQUEÑÍSIMA REBELDÍA. | Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano.

300.

Segunda parte:
UN CONTINENTE COMO PATIO TRASERO, UN PAÍS COMO CEMENTERIO, UN PENSAMIENTO ÚNICO COMO PROGRAMA DE GOBIERNO, Y UNA PEQUEÑA, MUY PEQUEÑA, PEQUEÑÍSIMA REBELDÍA.
 
Del mundo bajamos al continente.

  Si miramos hacia arriba…

  Vemos los ejemplos de Ecuador, Brasil y Argentina, donde no sólo desplazan a los gobiernos supuestamente progresistas, sino que también los persiguen jurídicamente y, en su lugar, ascienden gobiernos entrenados como buenos capataces, o capataces obedientes al capital (aunque, seamos justos, son bastante torpes aún en su cinismo) para el nuevo reacomodo de la finca mundial, que son como Temer en Brasil, Macri en Argentina y en Ecuador, el que era bueno porque lo puso el ahora perseguido Correa (el de la “revolución ciudadana” –“de izquierda”, así lo vendió la intelectualidad progresista-) y ahora resulta que es de derecha, que es Lenin Moreno -paradójicamente se llama Lenin-.

  Bajo la vigilancia del Estado que se ha convertido en el policía de la región -Colombia-, y desde el cual se amenaza, se desestabiliza y se planean provocaciones que justifiquen invasiones de “fuerzas de paz”, en toda Sudamérica se vuelve a los brutales tiempos de la Colonia, ahora con el “nuevo” extractivismo, que no es sino el ancestral saqueo de recursos naturales, tipificados como “materias primas”, y que, en los gobiernos progresistas de la región, se avala y promueve como un “extractivismo de izquierda” -que viene siendo algo así como un capitalismo de izquierda o una izquierda capitalista o a saber qué quiere decir eso-, pero igual destruyen y despojan, sólo que es por una “buena causa” (¿?).  Cualquier crítica o movimiento opositor a la destrucción de los territorios de los originarios es catalogada como “promovida por el Imperio”, “de aliento derechista”, y demás equivalentes a “es un complot de la mafia del Poder”.

  En suma, en el continente, el “patio trasero” del Capital se extiende hasta el Cabo de Hornos.

  Pero si miramos hacia abajo…

  Vemos rebeldías y resistencias, en primer término, de los pueblos originarios.  Sería injusto nombrarlos a todos, pues siempre se correría el riesgo de omitir algunos.  Pero su identidad resalta en su lucha.  Ahí donde la máquina encuentra resistencia a su avance depredador, la rebeldía se viste de colores nuevos de tan antiguos y habla lenguas “extrañas”.  El despojo, también disfrazado de renta de la tierra, trata de imponer su lógica mercantil a quienes se refieren a la tierra como la madre.

  Estas resistencias son acompañadas por grupos, colectivos y organizaciones que, sin ser propiamente de los originarios, comparten con ellos empeño y destino, es decir, corazón.  Por ello sufren calumnias, persecuciones, encarcelamientos y, no pocas veces, la muerte.

  Para la máquina, los originarios son cosas, incapaces de pensar, sentir y decidir; así que no es ajena a su lógica automatizada el pensar que estos grupos en realidad “dirigen”, “usan” y “mal orientan” a esas “cosas” (los originarios) que se niegan a abrazar la idea de que todo es una mercancía.  Todo, incluyendo su historia, lengua, cultura.

  Para el sistema, el destino de los originarios está en los museos, las especialidades de antropología, los mercados de artesanías, y la imagen de la mano tendida esperando limosna.  Debe ser desesperante, para los teóricos y abogados de la máquina, ese analfabetismo que no entiende las palabras: “consumo”, “ganancia”, “progreso”, “orden”, “modernidad”, “conformismo”, “compra-venta”, “rendición”, “claudicación”.  Para alfabetizar a esos remisos de la civilización, son buenos los programas asistenciales que dividen y confrontan, los barrotes de la cárcel, el plomo y la desaparición.  Y sí, hay quien se vende y entrega a los suyos al verdugo, pero hay comunidades que se mantienen rebeldes porque saben que nacieron para la vida, y que las promesas de “progreso” esconden la muerte peor: la del olvido.

  Seguimos a Centroamérica (donde en Nicaragua se reedita Shakespeare, y la pareja Macbeth, Daniel y Rosario, se preguntan “¿Quién se iba a imaginar que el viejo (Sandino) tuviera tanta sangre en el cuerpo?” mientras intentan, en vano, limpiarse las manos en una bandera rojinegra), que se empieza a transformar, de un territorio olvidado (después de un saqueo despiadado), en un problema para el gran capital porque es un gran proveedor, y trampolín, de migrantes; y eso le va a asignar a México, y en concreto al sureste mexicano, el papel de muro.

  Y decidimos incluir a México en Centroamérica porque su historia lo llama a la América Latina y, aún en los mapamundis, Centroamérica es el brazo que se extienden quienes son hermanados por el dolor y la rabia.

  Pero a los gobiernos distintos que ha padecido y padecerá este país, y a su clase política, la vocación extranjera les lleva a admirar, imitar, servir y procurar “la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia” (José Martí, “Carta a Manuel Mercado”, 18 de mayo de 1895).

  Cuando Donald Trump dice que quiere construir el muro, todos están pensando en el Río Bravo, pero el capital está pensando en el Suchiate, el Usumancita y el Hondo.  En realidad el muro estará en México para detener a los que vienen de Centroamérica y esto tal vez pueda ayudar a entender por qué Donald Trump, el 1 de julio, saludó al Juanito Trump, que había ganado las elecciones en México.

  El sentido de un muro lo da su contraposición a “algo”.  Todos los muros se erigen contra ese “algo”; llámense zombis, extraterrestres, delincuentes, indocumentados, migrantes, “sans papiers”, ilegales, clandestinos, ajenos.  Los muros no son sino el símil de la puerta y las ventanas cerradas de una casa, que así se protege del extranjero, del extraño, del Alien que, en su diferencia lleva la promesa del apocalipsis final.  Una de las raíces de la palabra “etnia” la remite a “la gente extranjera”.

  En los planes del capital, el muro contra América Latina tendrá la forma del imposible cuerno de la abundancia y se llamará “México”.

  En la región sureste, como ya dijimos, se construye la primera etapa del muro de Trump.  La oficina “nacional” de Migración se seguirá comportando como subordinada de la Border Patrol; y Guatemala y Belice son la última estación antes de ingresar a la aduana de Norteamérica.  Esto convierte al sureste mexicano en una de las prioridades de conquista y administración.

  Por eso, en los nuevos planes “geopolíticos”, se ofrece crear un “colchón”, un “amortiguador”, un filtro que reduzca drásticamente la migración.  Se ofrece, así, un placebo para aliviar la pesadilla del capital: una horda de zombis (es decir, de migrantes) al pie de sus muros, amenazando sus formas de vida y “rayando”, en la indiferente superficie de hierro y concreto, el grafiti que señala:

“Tu bienestar está construido sobre mi desgracia”.

-*-

  En este país, llamado también “República Mexicana”, las pasadas elecciones federales consiguieron ocultar la realidad… por un instante: la crisis económica, la descomposición social (con su larga cauda de feminicidios), y la consolidación (a pesar de los supuestos “golpes mortales” al narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional) del llamado “crimen organizado”.  Aunque por poco tiempo, los asesinatos, secuestros y desapariciones de mujeres de todas las edades, pasaron a segundo plano.  Lo mismo con la carestía y el desempleo.  Pero, apagándose ya el entusiasmo por el resultado electoral, la realidad vuelve a decir “aquí estoy, falta mi voto… y mi guadaña”.

  Sobre el horror que ha convertido a México en un cementerio y en el limbo, el no-lugar, de las desapariciones, no diremos mucho.  Bastaría atender a los medios para darse una vaga idea.  Pero una descripción, análisis y valoración más profunda, se puede encontrar en las participaciones de Jacobo Dayán, Mónica Meltis, Irene Tello Arista, Daniela Rea, Marcela Turati, Ximena Antillón, Mariana Mora, Edith Escareño, Mauricio González González y John Gibler, en el semillero de abril de este año, “Miradas, Escuchas, Palabras; ¿Prohibido Pensar?”, en el CIDECI de San Cristóbal de las Casas, Chiapas; y en sus escritos, crónicas, reportajes y columnas.  Y aun así, leer o escuchar sobre el horror cotidiano, es muy lejano a vivirlo como cotidianeidad.

  Al gran capital no le importan las desapariciones, los secuestros y los feminicidios.  Lo que le preocupa es SU seguridad y la de SUS programas.  La corrupción que le incomoda es la que recorta su ganancia.  Por esto es que se le propone “Yo voy a hacer un buen capataz, voy a tener a la peonada tranquila y contenta, vas a volver a tener la seguridad que los gobiernos pasados te escatimaron, vas a poder sacar lo que quieres sacar, y no te voy a robar nada”.

  Al sistema le sigue estorbando una cosa que es el Estado Nacional y le va a asignar cada vez más la única función para la que nace cualquier Estado, es decir, asegurar por medio de la fuerza, la relación entre dominadores y dominados.

  Los planes de desarrollo de los nuevos gobiernos en cualquier parte del mundo no son sino declaraciones de guerra particulares en los territorios donde esos planes de desarrollo se van a operar.

  Si se hablara sin palabrería hueca, se diría que se propone construir páramos y desiertos, y, al mismo tiempo, se construye ya la coartada para eludir la responsabilidad de esa destrucción: “te aniquilamos, pero fue por el bien de todos”.

-*-

  Me equivoqué.  Nosotros habíamos previsto que iba a haber un fraude electoral (y lo hubo, pero en otro sentido).  Habíamos previsto que López Obrador iba a ganar, pero que el sistema le iba a escatimar el triunfo con trampas.  Y estábamos pensando en cuáles eran las opciones del sistema después de ese fraude.  Según nuestro análisis, no les preocupaba un escándalo porque ya habían soportado el de la Casa Blanca, Ayotzinapa, la Estafa Maestra, las corrupciones en los gobiernos de los estados, y entonces en caso de que se hiciera un escándalo por un fraude, a Peña Nieto ni le iba ni le venía.  Pensamos que el dilema del sistema era elegir entre Meade y Anaya, elegir cuál era más de derecha, más eficaz para sus planes, quién de ellos sería un mejor capataz.

  Las posibilidades de una resistencia sostenida y radical del entonces candidato que iba a ser defraudado eran mínimas, entonces no iba a pasar nada de peligro para el sistema, pero sí iba a haber protestas.  Es la disculpa que les presento, porque pensando en eso es que retrasamos la convocatoria a las redes, porque creímos que iba a haber protestas, bloqueos y todo eso, y si los invitábamos a lo mejor se quedaban atorados en cualquier parte; por eso les llegó tarde la convocatoria, disculpen.

  Nosotras, nosotros, nosotroas, zapatistas, siempre nos preparamos para lo peor.  Si ocurre, estábamos preparados.  Si no ocurre, pues igual estábamos preparados.

  Entonces nosotros pensamos ahora, por lo que estamos viendo, que no nos equivocamos, que en efecto el sistema escogió, de entre los cuatro candidatos al que se propone como más eficiente, el señor López Obrador.   Y las pruebas de amor que dio el señor López Obrador, o que está dando este señor, para el gran capital, o sea para el finquero, son, entre otros, la entrega de los territorios de los pueblos originarios.  Sus proyectos para el sureste, por mencionar algunos, para el Istmo, para Chiapas, Tabasco, Yucatán y Campeche, son, en realidad, proyectos de despojo.

  Y lo principal que le preocupa a un gobierno que sale es la impunidad, no sus índices de popularidad.  Entonces el “voto” gubernamental debía orientarse a quien le garantizara el no ser perseguido.  Que el exilio o la cárcel no fueran el siempre necesario recurso de la legitimidad para el nuevo.  El nuevo capataz debía prometer (y probar) que no criminalizaría al capataz pasado.

  Pero no crean que el nuevo gobierno va a ser como cualquier otro capataz, con él viene el “nuevo” pensamiento único.

  Hay una especie de nueva religión que se está gestando.  Como que ya no basta la religión del mercado, que aparece en todos los lugares donde los gobiernos de derecha empiezan a hacerse del poder, sino que es como una especie de nueva moral que se impone con el argumento cuantitativo y que ataca el quehacer científico, el arte y la lucha social.

  Ya las luchas no son por una demanda, sino que hay luchas buenas y hay luchas malas.  Para ponerlo en un lenguaje que entiendan: están las luchas buenas y están las luchas que sirven a la mafia del poder, el arte “bueno” y el que sirva a la mafia del poder, el quehacer científico “correcto” y el que sirva a la mafia del poder.  Todo lo que no se guíe por el nuevo pensamiento único que se está normando, es parte del enemigo.  Y la fe, o la nueva fe que se está gestando ahora, necesitan de un individuo excepcional, por un lado, y una masa que lo siga.

  Esto ha pasado en otras partes de la historia mundial, y ahora va a empezar a pasar acá.  Por eso, a las críticas y señalamientos que hagan ustedes, o que hagamos nosotros, no se responde con argumentos sino se dice, por ejemplo, que somos groseros o que es que tenemos envidia.

  No dudamos de que haya gente que, honestamente, haya pensado que el cambio prometido, además de barato (sólo había que cruzar una boleta), apuntaría a un cambio real o “verdadero”.  Debe dar bronca que, en el panorama de allá arriba, se repitan los nombres de los criminales de antes, aunque hayan cambiado a guinda su color.

  Pero la vocación de derechas del nuevo equipo de gobierno es innegable.  Y su entorno “intelectual” y social reivindica sin rubor su tendencia autoritaria.  El guión que señalamos hace 13 años, en 2005, se está siguiendo al pie de la letra.  Quien fue ruin en la derrota, es ruin en la victoria.  Decir que el próximo gobierno es de izquierda o progresista, no es sino una calumnia.  Usamos entonces el símil del huevo de la serpiente.  Hay una película que se llama así, de Ingmar Bergman, y hay una parte donde un doctor (que, por cierto, lo interpretaba el actor de Kung Fu, David Carradine) explica que lo que está pasando en Alemania en ese entonces -que luego va a hacerse fascista- se puede ver como el huevo de una serpiente, que si lo ves a contraluz, se ve adentro lo que trae, y en ese entonces se estaba viendo adentro lo que ahora está pasando.

  Ustedes saben que todo el esfuerzo del Partido Movimiento de Regeneración Nacional, y de López Obrador y su equipo, desde el 1º de julio, es por congraciarse con la clase dominante y con el gran capital.   No hay ningún indicio (nadie se puede llamar a engaño), ningún indicio que diga que es un gobierno progresista, ninguno.  Sus principales proyectos van a destruir los territorios de los pueblos originarios: el millón de hectáreas en la Lacandona, el Tren Maya, o el corredor del Istmo que quieren hacer, entre otros.  Su franca empatía con el gobierno de Donald Trump es ya una confesión pública.  Su “luna de miel” con los empresarios y los grandes capitales está representada en los principales puestos de su gabinete y en sus planes para la “IV transformación”.

  Creemos que es claro que el beneplácito del Poder, del Dinero al “triunfo” de López Obrador, fue más allá del reconocimiento.  En el gran capital hay un verdadero entusiasmo por las oportunidades de conquista que se presentan con el programa de gobierno lopezobradorista.

  Tenemos algunos datos duros y muchos chismes (no se pueden comprobar) sobre lo sucedido en el pasado proceso electoral.  No los damos a conocer porque de ellos se podría deducir que hubo un fraude, y nada más alejado de nuestras intenciones que el intentar agriar la euforia que invade a los “30 millones”.

  Pero lo que nadie quiere señalar es que hubo una especie de “madruguete mediático”, tal y como sucedió en las anteriores elecciones: la de Calderón y la de Peña Nieto.  Es decir, no fueron “las instituciones” quienes dijeron quién ganó, sino los medios.  Cuando el Programa de Resultados Preliminares Electorales (PREP) apenas iniciaba, Televisa y TvAzteca ya decían quién era el ganador; unos minutos después, con menos del 1% de los votos contabilizados, el aval de Meade, de Anaya y de la Calderona.  Pasadas unas horas, el “camarada” Trump se congratula, y en la madrugada del día 2, el ya nombrable, Carlos Salinas de Gortari, se suma a las felicitaciones.  Sin conocerse los resultados oficiales, inicia el besamanos que el PRI convirtió en patrimonio nacional.  ¿Y el INE?  Pues cumpliendo la función para la que fue creado: ser el Patiño de la “democracia electoral”.  Las “instituciones” responsables del proceso se limitaron a seguir el alud mediático.

  La intelectualidad progresista que, en caso de que no fuera su líder, hubiera denunciado lo ocurrido como un “golpe de Estado mediático”, ahora suscribe, sin rubor alguno, el “haiga sido como haiga sido”: “ganamos, ya no importa cómo”.  El asunto es que todo parece indicar que el resultado fue negociado y acordado fuera de las urnas y del calendario electoral.  Pero ya nada de eso importa, el gran elector decretó: “Habemus Capataz, a seguir con los negocios”.

  Este nuevo pensamiento único va a suplir el argumento de la razón, por el argumento cuantitativo: “30 millones no pueden equivocarse”, que fue el que usó el padre no me acuerdo cómo se llama, ¿Solalinde?, ése (perdón, es que nunca lo pronuncio bien y el SubMoy siempre me está corrigiendo), y que se está usando a cada rato: “¿por qué se oponen a 30 millones?  Ustedes son apenas 300 personas y además son sucias, feas, malas y groseras”.  Bueno, hablan de ustedes (las redes), yo sólo soy grosero.

 Con esta nueva forma de fe (frente a ella, nosotros estamos insistiendo que falta el voto que vale, que es el voto de la realidad), es como se empieza a imponer en el imaginario colectivo la razón de la cantidad sobre el análisis y la razón argumentada.

  Y la historia se empieza a reescribir para convertirse en la nueva Historia oficial.  En ella, todos los movimientos sociales y políticos del pasado en realidad apuntaban a llevar a la presidencia a López Obrador.  Ya leímos que el movimiento del 68 no fue sino el antecedente del “fin de los tiempos”, 50 años después.  Ya leímos que se purifica a Manuel Bartlett y a criminales semejantes porque están del lado del ganador.  Ya leímos que Alfonso Romo es un empresario “honesto” que sólo tiene interés en mejorar a su prójimo.

  Ya leímos que, quienes ayer eran del PRI, del PAN, del PRD, del Verde Ecologista, o que se foguearon como militantes en la farándula, ahora son preclaros líderes de la IV transformación.  Y ya leímos también que ¡el alzamiento zapatista de 1994 fue el preludio del alzamiento “ciudadano” de 2018!  Y el líder ya indicó que se hagan elaboraciones teóricas sobre su ascenso al Poder.  No falta mucho para que los historiadores afines, modifiquen los libros de texto de historia.

 Advertimos que viene un alud, un tsunami, de análisis frívolos y chabacanos, de nuevas religiones laicas, de profetas menores -muy menores-, porque tienen la plataforma para hacer eso.  Habrá muchos sapos para quien quiera tragarlos.  Y. puesto que hablamos de neo religión, las ruedas de molino se democratizarán para que todos puedan comulgar.

  Aparecerán los nuevos “boy scouts”, los niños exploradores dispuestos a hacer el bien, aunque mirando bien a quién.

  Los “representantes de los ciudadanos” promoviendo la ciudadanización: lo que quieren los “autóctonos” (me cae que así nos dicen) es ser como quien los despoja.  Ser “iguales”, así sea en la fugaz temporalidad de la urna, y “libres” a la hora de firmar la concesión para la mina-hotel-vía férrea, el contrato de “empleo”, los pagos a plazos, el “apoyo firme a nuestro presidente”, la solicitud de “apoyo gubernamental”.

  Habrá un auge previsible de la gestoría pero, en lugar de recursos, tendrán interlocución.  Y eso vale, aunque no haya paga.  Porque el modelo de “ventanillas” se descentralizará.  Ya no se tendrá que ir a un edificio, formarse y darse cuenta, después de una larga fila, de que faltó la copia rosa.  Ahora la ventanilla irá a su lugar: “pida, nosotros vamos; como comprobante recibirá usted una promesa”.

  Si hay quien nada tiene, es probable que tenga la esperanza.  Los nuevos timadores se encargarán de administrar esa esperanza, de dosificar su aliento y de convertirla en la quimera que consuela pero no resuelve.

  Se reciclará el argumento que se usa en cierto sector de la lucha social, que dice que no es posible cambiar el sistema, que lo que hay que hacer es administrar o limar sus filos para que no lastimen mucho, o sea, que podemos convertirlos en buenos capataces, incluso llegar a crear un buen capitalismo, y que es posible cambiar al sistema desde dentro.

  Ya se adivina la figura a través del cascarón: se demanda la claudicación de la razón y el pensamiento crítico; el enaltecimiento del nacionalismo con base al autoritarismo “bueno”; la persecución de lo diferente; la legitimidad ganada por griterío; la neo religión laica; la unanimidad impuesta; la claudicación de la crítica; y el nuevo lema nacional: “Prohibido Pensar”.  En suma: la hegemonía y la homogeneidad que sustentan los fascismos que se niegan a reconocerse como tales.

-*-

  ¿Son conceptos que permiten entender (y actuar) los que se presentan a la mano?  ¿Términos como “ciudadanía”, “juventud”, “mujeres”, “progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “democracia electoral” como sinónimo de democracia?

  El término “ciudadano” no sirve como concepto para entender lo que sucede: “Ciudadano” es Carlos Slim, como lo es el campesino despojado por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.  Lo es Ricardo Salinas Pliego, y quien vive en la calle después del terremoto de septiembre del 2017.  Lo es Alfonso Romo, y los miembros de la comunidad tzeltal que serán despojados de sus tierras para que pase un tren en el que los turistas se tomen “selfies”.

  Otro: “juventud”.  “Jóvenes” son las hijas de Peña Nieto, y las trabajadoras y estudiantes asesinadas.

  Otro: “mujeres”.  “Mujeres” son la Aramburuzavala, la Gonda, la Sánchez Cordero, la González Blanco Ortiz Mena, la Merkel y la May, y lo son las asesinadas de Ciudad Juárez, las violadas en cualquier rincón del mundo, las golpeadas, las explotadas, las perseguidas, las encarceladas, las desaparecidas.

  Todos los conceptos que eliminen la división o que no ayuden a entender una división de clase entre dominadores y dominados, son un engaño y permiten que convivan, en uno, unos y otros.  Esta transversalidad -que le dicen- entre el capital y el trabajo, no sirve para nada, no explica nada y lleva a una convivencia perversa entre explotador y explotado y, por un momento, parece que son lo mismo aunque no sea así.

  Viene también ese intento de volver al sistema de antes, ese salto imposible hacia atrás al “Estado de Bienestar”, al “Estado Benefactor” de Keynes, al viejo PRI (por eso alguien bromeaba que la primera transformación fue PNR; luego la segunda fue PRM; la tercera fue PRI, y ahora la cuarta transformación es PRIMOR).

  Y con eso viene la añeja discusión entre reforma y revolución.  Los “debates” entre los “radicales” que pugnaban por la revolución, y los “fresas” que estaban por un cambio gradual, por las reformas paulatinas hasta llegar al reino de la felicidad.  Esas discusiones se daban antes en los cafés.  Las ágoras de ahora son las redes sociales y se puede seguir ese ejercicio de autoerotismo en los “influencers” (o como se diga).

  Nosotros pensamos que ni siquiera es necesario discutir eso, porque la reforma no es posible ya; lo que destruyó el capitalismo ya no es salvable, ya no puede haber un capitalismo bueno (pensamos que nunca ha existido esa posibilidad), tenemos que destruirlo totalmente.

  Y parafraseando lo dicho por las zapatistas en el Encuentro de Mujeres que Luchan: no basta con prenderle fuego al sistema: hay que estar pendientes de que se consuma totalmente y sólo queden cenizas.

  De esto ya hablaremos en otra ocasión.  Por ahora sólo queremos señalar que la contrarrevolución social sí es posible  No sólo es posible, sino que va a acechar continuamente, porque van a tratar de aniquilar toda lucha externa a este proceso de domesticación que va a seguir  Va a tratar de ser arrasada, sobre todo con violencia.

  No sólo en marginación, no sólo en calumnias, sino que va a incluir los ataques paramilitares, militares, policiacos.

  Para todo aquel que desafíe estas reglas nuevas -que en realidad son las viejas- no va a haber amnistía, ni perdón, ni absolución, ni abrazos, ni fotos; va a haber la muerte y la destrucción.

  La lucha contra la corrupción (que no es otra cosa que la lucha por una buena administración del dominio) no sólo no incluye la lucha por la libertad y la justicia, sino que se le contrapone, porque con la coartada de la lucha contra la corrupción se pugna por un aparato de Estado más eficiente en la casi única función que detenta el Estado Nacional: la represión.  Pronto, ni ésa.

  El gobierno dejará de ser el capataz ladrón que se queda con varias vaquillas y toretes que no reporta al finquero.  El nuevo capataz no robará, le entregará al patrón la ganancia íntegra.

  Quieren devolverle al Estado Nacional, en este caso México, sus funciones reales.  Es decir, cuando se habla de que se necesita la seguridad, es la seguridad del capital; es la implantación y el perfeccionamiento de un nuevo estado policial: “voy a hacer bien las cosas porque voy a vigilar todo”.  La seguridad reclamada por la “ciudadanización” es, en los hechos, la reimplantación de un sistema policíaco, un muro modernizado y profesionalizado que sepa distinguir entre “los buenos” y “los malos”.

   Se profesionalizará la policía de la ciudad del Capital.  Ahí se reducirá el índice criminal y habrá policías “bell@s” que ayudarán a l@s ancian@s a cruzar la calle, buscarán a las mascotas extraviadas y verán que el tráfico sea amable para quien importa: los automóviles.

  Afuera, en la periferia, seguirá adelante el contubernio entre quien debe prevenir y perseguir el delito, y quien lo comete.  Pero, en compensación, se fomentará el turismo extremo: en la ciudad del Capital se organizarán “tours” y “safaris” para conocer esas raras creaturas que habitan las sombras; los turistas podrán tomarse una “selfie” con el joven detenido-golpeado-asesinado, con su sangre confundiendo los colores de los tatuajes, matando el brillo de los piercings y estoperoles, manchando el verde-morado-azul-rojo-naranja del cabello.  ¿Quién era?  ¿A quién le importa?  En una “selfie” todo lo que no sea el “yo” es pura escenografía, una anécdota, una emoción “fuerte” para lucir en el feis, en instagram, los chats, las autobiografías.  Y, en el altavoz del vehículo blindado, la guía de turistas, amable, advierte: “les recordamos que el consumo de tacos, tortas y demás garnachas son por su cuenta y riesgo; la empresa no se hace responsable de indigestiones, gastritis e infecciones estomacales.  Para quienes bajaron, aquí tenemos gel antibacterial”.

  El nuevo gobierno promete recuperar el monopolio del uso de la fuerza (que le fue arrebatada por el llamado “crimen organizado”).  Pero ya no sólo con las policías y ejércitos tradicionales.  También con los “nuevos” vigilantes: las nuevas camisas “pardas” o guindas, en las que se van a convertir los feligreses de la nueva religión laica; la masa que va a estar atacando a los movimientos sociales que no se domestiquen.  Los reciclados “batallones rojos” (ahora “guindas”, por la IV transformación) que habrán de completar la “limpieza” de suci@s, fe@s, mal@s y groser@s, y todo aquel que se resista al orden, el progreso y el desarrollo.

-*-

  Entonces seguimos bajando, pues, a ver cómo están resistiendo (junto a otras organizaciones, grupos y colectivos), nuestras comunidades, -ahorita aquí con nosotros está parte de la dirección colectiva del EZLN, 90 comandantas y comandantes, son más pero son los que nos están acompañando esta vez para honrar la visita de ustedes (las redes)-.

  Nosotros seguimos caminando con dos pies: la rebeldía y la resistencia, el no y el sí; el no al sistema y el sí a nuestra autonomía, que quiere decir que tenemos que construir nuestro propio camino hacia la vida.  El nuestro está basado en algunas de las raíces de las comunidades originarias (o indígenas): el colectivo, el apoyo mutuo y solidario, el apego a la tierra, el cultivo de las artes y las ciencias, y la vigilancia constante contra la acumulación de riqueza.  Eso, y las ciencias y las artes, son nuestra guía.  Es nuestro “modo”, pero pensamos que en otras historias e identidades, es diferente.  Por eso nosotros decimos el zapatismo no se puede exportar, ni siquiera en el territorio de Chiapas, sino que cada calendario y geografía tiene que seguir con su propia lógica.

  Los resultados de nuestro caminar están a la vista de quien quiera mirar, analizar y criticar.  Aunque, claro, nuestra rebeldía es tan, pero tan pequeña, que se necesitaría un microscopio o, mejor aún, un periscopio invertido para detectarla.

  Y tampoco es un ejercicio muy alentador: nuestras posibilidades son mínimas.

  No llegamos, ni de lejos, a los 30 millones.

  Tal vez sólo seamos 300.

-*-

(Continuará…)

4 de agosto de 2018

Nicaragua: anatomía de la represión orteguista.

Por: Agencia SubVersiones.

La mañana del sábado 16 de junio un grupo de civiles armados acompañados de policías uniformados incursionaron en el barrio Carlos Marx, ubicado al oeste de Managua, con el objetivo de desactivar algunos tranques —barricadas— que vecinos habían instalado en respuesta a la ola de represión ejercida por el gobierno y simpatizantes de Daniel Ortega ante las protestas sociales que sacuden al país desde el pasado 18 de abril.

Aproximadamente a las 6:00 AM el grupo paramilitar, acompañado de policías uniformados, ingresó por la fuerza a una casa, posteriormente encerraron en una de las habitaciones a los miembros de la familia que se encontraban presentes y, antes de retirarse, lanzaron bombas molotov hacia el interior de la vivienda que también funcionaba como negocio de venta de colchones. Las llamas se extendieron velozmente por todo el inmueble; cuatro adultos y dos menores de edad —uno de 8 meses y otra de un año y medio— perdieron la vida, una persona logró sobrevivir al saltar desde el segundo piso.


Los agresores permanecieron en las inmediaciones del inmueble. Vecinos del barrio y del benemérito cuerpo de bomberos aseguraron que cuando intentaron acercarse a apagar el fuego fueron repelidos por los policías y paramilitares, quienes les dispararon en repetidas ocasiones antes de retirarse del lugar.

Un informe de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), señala que de las 300 personas asesinadas desde el inicio de las protestas, el 90% murió por disparo de arma de fuego, y un 56% de las víctimas eran menores de 30 años. Además de los asesinatos la CPDH reporta 2,021 heridos,1,250 detenidos, así como otras 120 personas desaparecidas. Según informes forenses, gran cantidad de las muertes por armas de fuego de debieron a un solo impacto, es decir, disparos certeros en su mayoría dirigidos a cabeza, cuello y tórax de las víctimas.

El mayor retirado del Ejército, Roberto Samcam, ha denunciado que de entre las armas de fuego utilizadas por policías y paramilitares destaca el uso del rifle de asalto de origen ruso Dragunov —arma con un alcance de entre 800 y 1300 metros— y de su versión venezolana, el llamado Catatumbo fabricado por la empresa CAVIM, de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Tanto el Dragunov como el Catatumbo son conocidos como rifles especializados para el uso de francotiradores.

Otras armas que se han utilizado son: AK-47, AR-15, M-16, PKM, escopetas de calibre 12 y M-40. También fusiles FAL, carabinas M1 y, más recientemente, en los ataques a Jinotepe, Diriamba y Masaya, lanzacohetes RPG7 y granadas de fragmentación. “La mayoría de este armamento estaba en almacenes desde la finalización de la guerra de los ochenta, evidentemente a cargo de quienes tenían constitucionalmente el monopolio de las armas”, refirió Samcam. En el caso de la gran cantidad de escopetas calibre 12 que se ven entre las tropas paramilitares, su origen se encuentra, según Samcam, en algunas empresas de seguridad que pertenecen a individuos vinculados directamente a Ortega.

(Para leer el reportaje completo, cliquea aquí).

2 de agosto de 2018

Silencios que matan. Nicaragua y la izquierda.

Por: Raúl Zibechi / Brecha.


Sin ética la izquierda no es nada. Ni el programa, ni los discursos, ni siquiera las intenciones tienen el menor valor si no se erigen sobre el compromiso con la verdad, con el respeto irrestricto a las decisiones explícitas o implícitas de los sectores populares a los que dice representar.

En este período en el que todos los dirigentes de la izquierda se llenan la boca mentando valores, resulta muy significativo que se queden apenas en el discurso. La ética se pone a prueba sólo cuando tenemos algo que perder. Lo demás es retórica. Hablar de ética o de valores cuando no hay riesgos, materiales o simbólicos, es un ejercicio hueco.

Todos recordamos la gesta del Che en Bolivia, cuando en vez de ponerse a salvo de las balas enemigas retornó al lugar del combate para ocuparse de un compañero herido, sabiendo que era más que probable que perdiera la vida en esa acción, sin ningún sentido militar pero rebosante de ética.

Ante nosotros tenemos la segunda oportunidad de que la izquierda latinoamericana se redima de todos sus “errores” (entre comillas porque se abusa del término para encubrir faltas más serias), condenando la masacre que están perpetrando Daniel Ortega y Rosario Murillo contra su propio pueblo. La segunda, porque la primera sucedió dos décadas atrás, cuando la denuncia de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Ortega, al denunciar abusos sexuales de su padrastro.

El silencio actual de las principales figuras de la izquierda política de la región y de la izquierda intelectual lo dice todo. Un extravío ético que anuncia los peores resultados políticos.

Culpar al imperialismo de los crímenes propios es absurdo. Stalin justificó el asesinato de sus principales camaradas porque, dijo, le hacían el juego a la derecha y al imperialismo. Trotsky fue asesinado vilmente en 1940, cuando su prédica no podía en modo alguno poner en peligro el poder de Stalin, que en esos años contaba con el visto bueno de las elites mundiales para contener al nazismo. ¿Cómo puede ilusionar a los jóvenes una política que se para sobre una alfombra interminable de cadáveres y de mentiras?

¿Cómo pudo José Mujica guardar silencio durante tantos meses –mientras en Nicaragua morían cientos de jóvenes, y ante la carta abierta de Ernesto Cardenal– hasta pronunciar al fin algún tipo de crítica a Ortega? ¿Cómo pueden algunos connotados intelectuales latinoamericanos justificar la matanza con argumentos insostenibles o con un silencio que los convierte en culpables? ¿Qué los lleva a pedir la libertad de Lula sin revolverse contra el gobierno de Nicaragua?

En este período tan negro para la izquierda –como aquel de los juicios de Moscú, que liquidó todo vestigio de libertad en la Unión Soviética– es necesario rascar hasta el fondo para encontrar explicaciones. A mi modo de ver, la izquierda pasó de ser la fuerza social, y política que pugnaba por cambiar la sociedad a resecarse apenas como un proyecto de poder. No “el poder para”, sino el poder a secas, el tipo de relaciones que aseguran la buena vida para la camarilla que lo detenta.

Fue a través de la lucha por el poder y la defensa de éste que la izquierda se mimetizó con la derecha. Hoy se argumenta con la lucha contra el neoliberalismo como excusa para no abrir fisuras en el campo de la izquierda, con la misma liviandad que antes se argumentaba la defensa de la Urss o de cualquier proyecto revolucionario.

Pocos pueden creer que entre 1937 y 1938 hubiera un millón y medio de rusos aliados a las potencias occidentales (todos miembros del partido), que fue la cifra de condenados por la gran purga de Stalin, de los cuales casi 700 mil fueron ejecutados y el resto condenados a campos de trabajos forzados. Si ese es el precio a pagar por el socialismo, habrá que pensárselo dos veces.

Estamos ante un período similar. Los progresismos y las izquierdas miran para otro lado cuando Evo Morales decide no respetar el resultado de un referendo, convocado por él, porque la mayoría absoluta decidió que no puede postularse a una nueva reelección. No quieren aceptar que Rafael Correa es culpable de secuestro en el “caso Balda”, ejecutado por los servicios de seguridad creados por su gobierno y supervisados por el presidente. La lista es muy larga, incluye al gobierno de Nicolás Maduro y al de Ortega, entre otros.

Lo más triste es que la historia parece haber transcurrido en vano, ya que no se extraen lecciones de los horrores del pasado. Sin embargo, algún día esa historia caerá sobre nuestras cabezas, y los hijos de las víctimas, así como nuestros propios hijos, nos pedirán cuentas, del mismo modo que lo hacen los jóvenes alemanes increpando a sus abuelos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer bajo el nazismo, escudados en un imposible desconocimiento de los hechos.

Será tarde. Son los momentos calientes de la vida los que moldean actitudes y definen quiénes somos. Este es uno de esos momentos, que marcará el porvenir, o la tumba, de una actitud de vida que desde hace dos siglos definimos como izquierda.

11 de julio de 2018

Las venas abiertas de Nicaragua.

Por: Boaventura de Sousa Santos.* / La Tizza.


Pertenezco a la generación de los que en los años 1980 vibraron con la Revolución sandinista y la apoyaron activamente. El impulso progresista reanimado por la Revolución cubana de 1959 se había estancado en gran medida por la intervención imperialista de Estados Unidos. La imposición de la dictadura militar en Brasil en 1964 y en Argentina en 1976, la muerte del Che Guevara en 1967 en Bolivia y el golpe de Augusto Pinochet en Chile contra Salvador Allende en 1973 fueron los signos más sobresalientes de que el subcontinente americano estaba condenado a ser el patio trasero de Estados Unidos, sometido a la dominación de las grandes empresas multinacionales y de las élites nacionales conniventes con ellas. Estaba, en síntesis, impedido de pensarse como conjunto de sociedades inclusivas centradas en los intereses de las grandes mayorías empobrecidas.
La Revolución sandinista significaba el surgimiento de una contracorriente auspiciosa. Su significado resultaba no solo de las transformaciones concretas que protagonizaba (participación popular sin precedentes, reforma agraria, campaña de alfabetización que mereció el premio de la UNESCO, revolución cultural, creación de servicio público de salud, etc.), sino también del hecho de que todo esto se realizó en condiciones difíciles debido al cerco extremadamente agresivo de los Estados Unidos de Ronald Reagan, que supuso el embargo económico y la infame financiación de los “contras” nicaragüenses (la guerrilla contrarrevolucionaria) y el fomento de la guerra civil. Igualmente significativo fue el hecho de que el gobierno sandinista mantuviera el régimen democrático, lo que en 1990 dictó el fin de la revolución con la victoria del bloque opositor, del que, además, formaba parte el Partido Comunista de Nicaragua.

En los años siguientes, el Frente Sandinista, siempre liderado por Daniel Ortega, perdió tres elecciones, hasta que en 2006 reconquistó el poder, manteniéndolo hasta hoy. Sin embargo, Nicaragua, como por lo demás toda Centroamérica, estuvo fuera del radar de la opinión pública internacional y de la propia izquierda latinoamericana. Hasta que el pasado abril las protestas sociales y la violenta represión llamaron la atención del mundo. Pueden contarse ya muchas decenas de muertes causadas por las fuerzas policiales y por milicias adeptas al partido del Gobierno. Las protestas, protagonizadas inicialmente por estudiantes universitarios, apuntaban a la displicencia del Gobierno ante la catástrofe ecológica en la Reserva Biológica Indio-Maíz causada por el incendio y por la deforestación e invasión ilegales. Se sucedieron después las protestas contra la reforma del sistema de seguridad social, que imponía recortes drásticos en las pensiones y gravámenes adicionales impuestos a los trabajadores y los patrones. A los estudiantes se unieron los sindicatos y demás organizaciones de la sociedad civil. Ante las protestas, el Gobierno retiró la propuesta, pero el país estaba ya incendiado por la indignación contra la violencia y la represión y por la repulsa causada por muchas otras facetas sombrías del gobierno sandinista, que entretanto empezaron a ser más conocidas y abiertamente criticadas.

La Iglesia católica, que desde 2003 se “reconcilió” con el sandinismo, volvió a tomar sus distancias y aceptó mediar en el conflicto social y político bajo condiciones. El mismo distanciamiento ocurrió con la burguesía empresarial nicaragüense, a quien Ortega ofreció sustanciosos negocios y condiciones privilegiadas de actuación a cambio de lealtad política.
El futuro es incierto y no puede excluirse la posibilidad de que este país, tan masacrado por la violencia, vuelva a sufrir un baño de sangre.
La oposición al orteguismo cubre todo el espectro político y, tal como ha ocurrido en otros países (Venezuela y Brasil), solo muestra unidad para derribar el régimen, pero no para crear una alternativa democrática. Todo lleva a creer que no habrá solución pacífica sin la renuncia de la pareja presidencial Ortega-Murillo y la convocatoria de elecciones anticipadas libres y transparentes.

Los demócratas, en general, y las fuerzas políticas de izquierda, en particular, tienen razones para estar perplejos. Pero tienen sobre todo el deber de reexaminar las opciones recientes de gobiernos considerados de izquierda en muchos países del continente y de cuestionar su silencio ante tanto atropello de ideales políticos durante tanto tiempo. Por esta razón, este texto no deja de ser, en parte, una autocrítica.
¿Qué lecciones se pueden extraer de lo que pasa en Nicaragua? Ponderar las duras lecciones que a continuación enumero será la mejor forma de solidarizarse con el pueblo nicaragüense y de manifestarle respeto por su dignidad.
Primera lección: espontaneidad y organización. Durante mucho tiempo las protestas sociales y la represión violenta ocurrieron en las zonas rurales sin que la opinión pública nacional e internacional se manifestara. Cuando las protestas irrumpieron en Managua, la sorpresa fue general. El movimiento era espontáneo y recurría a las redes sociales que el Gobierno había promovido con el acceso gratuito a internet en los parques del país. Los jóvenes universitarios, nietos de la Revolución sandinista, que hasta hace poco parecían alienados y políticamente apáticos, se movilizaron para reclamar justicia y democracia. La alianza entre el campo y la ciudad, hasta entonces impensable, surgió casi naturalmente y la revolución cívica salió a la calle asentada en marchas pacíficas y barricadas que llegaron a alcanzar el 70% de las carreteras del país.
¿Cómo es que las tensiones sociales se acumulan sin que se noten y su explosión repentina toma a todos por sorpresa? Ciertamente, no por las mismas razones por las que los volcanes no avisan. ¿Puede esperarse que las fuerzas conservadoras nacionales e internacionales no se aprovechen de los errores cometidos por los gobiernos de izquierda? ¿Cuál será el punto de explosión de las tensiones sociales en otros países del continente causadas por gobiernos de derecha, por ejemplo, en Brasil y Argentina?
Segunda lección: los límites del pragmatismo político y de las alianzas con la derecha. El Frente Sandinista perdió tres elecciones después de haber sido derrotado en 1990. Una facción del Frente, liderada por Ortega, entendió que la única manera de retornar al poder era haciendo alianzas con sus adversarios, incluso con aquellos que más visceralmente habían hostilizado al sandinismo, como la Iglesia católica y los grandes empresarios. Respecto a la Iglesia católica, la aproximación comenzó a principios de la década de 2000. El cardenal Obando y Bravo fue durante buena parte del período revolucionario un opositor agresivo al gobierno sandinista y activo aliado de los contras, apodando a Ortega como “víbora moribunda” durante toda la década del noventa. Pese a ello, Ortega no tuvo pudor en aproximarse al cardenal al punto de pedirle en 2005 que oficiase el matrimonio con su compañera de muchos años, Rosario Murillo, actual vicepresidenta del país.

Entre muchas otras concesiones a la Iglesia, una de las primeras leyes del nuevo Gobierno sandinista, todavía en 2006, fue aprobar la ley de prohibición total del aborto, incluso en casos de violación o de peligro para la vida de la mujer. Esto, en un país con alta incidencia de violencia contra mujeres y niños.

Por otra parte, la aproximación a las elites económicas se produjo por la sumisión del programa sandinista al neoliberalismo, con la desregulación de la economía, la suscripción de tratados de libre comercio y la creación de sociedades público-privadas que garantizaban jugosos negocios al sector privado capitalista a costa del erario público. Se produjo también un acuerdo con el expresidente Arnoldo Alemán, considerado uno de los jefes de Estado más corruptos del mundo.

Estas alianzas garantizaron cierta paz social. Y debe destacarse también que en 2006 el país estaba al borde de la quiebra y las políticas adoptadas por Ortega permitieron el crecimiento económico. Se trató, sin embargo, del crecimiento típico de la receta neoliberal: gran concentración de riqueza, total dependencia de los precios internacionales de los productos de exportación (en particular café y carne), autoritarismo creciente ante el conflicto social causado por la extensión de la frontera agrícola y por los megaproyectos (por ejemplo, el gran canal interoceánico, con financiamiento chino), aumento desordenado de la corrupción, empezando por la elite política en el Gobierno.

La crisis social solo fue atenuada debido a la generosa ayuda de Venezuela (donaciones e inversiones) que llegó a ser una parte importante del presupuesto del Estado y permitió algunas políticas sociales compensatorias. La situación tendría que estallar cuando los precios internacionales bajasen, hubiese cambio de política económica en el principal destino de las exportaciones (Estados Unidos) o se evaporase el apoyo de Venezuela. Todo eso ocurrió en los últimos dos años. Mientras tanto, terminada la orgía de favores, las élites económicas tomaron sus distancias y Ortega quedó cada vez más aislado.
¿Puede un gobierno continuar denominándose de izquierda (y hasta revolucionario) a pesar de seguir todo el ideario del capitalismo neoliberal con las condiciones que este impone y las consecuencias que genera? ¿Hasta qué punto las alianzas tácticas con el “enemigo” se transforman en la segunda naturaleza de quien las protagoniza? ¿Por qué las alianzas con las diferentes fuerzas de izquierda parecen siempre más difíciles que las alianzas entre la izquierda hegemónica y las fuerzas de derecha?
Tercera lección: autoritarismo político, corrupción y desdemocratización. Las políticas adoptadas por Daniel Ortega y su facción crearon divisiones importantes en el seno del Frente Sandinista, y oposición en otras fuerzas políticas y en las organizaciones de la sociedad civil que habían encontrado en el sandinismo de los años 1980 su matriz ideológica y social y su voluntad de resistencia. Las organizaciones de mujeres tuvieron un protagonismo especial.

Es sabido que el neoliberalismo, al agravar las desigualdades sociales y generar privilegios injustos, solo se puede mantener por la vía autoritaria y represiva. Fue eso lo que hizo Ortega. Por todos los medios, incluyendo cooptación, supresión de la oposición interna y externa, monopolización de los medios masivos, reformas constitucionales que garantizan la reelección indefinida, instrumentalización del sistema judicial y creación de fuerzas represivas paramilitares. Las elecciones de 2016 fueron el claro retrato de todo esto, y la victoria del eslogan “una Nicaragua cristiana, socialista y solidaria” encubría mal las profundas fracturas en la sociedad.

De un modo casi patético, pero quizás previsible, el autoritarismo político fue acompañado por la creciente patrimonialización del Estado. La familia Ortega acumuló riqueza y mostró su deseo de perpetuarse en el poder.
¿La tentación autoritaria y la corrupción son una desviación o son constitutivas de los gobiernos de matriz económica neoliberal? ¿Qué intereses imperiales explican la ambigüedad de la OEA frente al orteguismo, en contraste con su radical oposición al chavismo? ¿Por qué buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial mantuvo (y continúa haciéndolo) el mismo silencio cómplice? ¿Por cuánto tiempo la memoria de las conquistas revolucionarias opaca la capacidad de denunciar las perversiones que les siguen al punto de que la denuncia llega casi siempre demasiado tarde?

Coímbra, Portugal, 5 de julio, 2018.

Traducción: Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

* El autor es un destacado intelectual y activista portugués.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...