Por: Raúl Lugo.
(Artículo publicado también en El Varejón 150, revista de derechos humanos del Equipo Indignación AC)
Leonardo Boff, estudioso y profeta del deterioro del ecosistema, ha
señalado que nunca antes el mundo había enfrentado, al mismo tiempo,
tres posibilidades de destrucción masiva: el sobrepasamiento de los
límites del planeta, el armamento nuclear de las grandes potencias y el
cambio climático.
La primera posibilidad describe el momento, alcanzado en abril de
2016, en que el planeta, con todos sus recursos disponibles, ya no es
suficiente para satisfacer las necesidades de la humanidad, entendidas
bajo el esquema de producción del capitalismo extractivista y el modelo
de consumo dominante.
La segunda posibilidad hace referencia a la cantidad de armamento
nuclear que alberga las entrañas de la tierra: armas que, de ponerse en
acción, serían capaces –con solo activar la tercera parte de ellas– de
destruir totalmente a la humanidad dejando atrás solamente los escombros
de nuestras civilizaciones.
Finalmente, la tercera posibilidad, es el cambio climático, producido
por la altísima cantidad de emisiones de gas invernadero producto de la
quema de combustibles fósiles, principalmente el petróleo.
Contra cada una de estas amenazas se yergue una posibilidad de
solución. Para el sobrepasamiento, la promoción de la cultura de la
austeridad, del consumo responsable, del cuidado del medio ambiente.
Para el armamento nuclear, los acuerdos multilaterales de paz y la
promoción del diálogo entre las naciones. Para el calentamiento global,
el abandono de las energías fósiles y la opción por las energías
limpias, renovables. Las tres amenazas en su conjunto, sin embargo,
solamente serán conjuradas con la derrota del sistema capitalista que,
no contento con la explotación de las personas y los pueblos, dirige su
ambición y ansia de lucro a los recursos naturales, los bienes de la
naturaleza, para convertirlos en mercancías, privatizarlos y no parar
sino hasta dejar tras de sí un gigantesco desierto árido.
La energía eólica es, pues, una de las respuestas al problema del
cambio climático, junto con la energía solar y otras energías limpias.
Quedan muy pocas personas (aunque algunas de ellas con mucho poder) que
nieguen el cambio climático y nos sonaría estúpido a estas alturas que
alguien se opusiera a las energías limpias. ¿Por qué entonces hay
resistencia en las comunidades mayas y en muchas organizaciones civiles
que las acompañan, a los proyectos de producción de energía eólica
recientemente aprobados en nuestro país?
El problema estriba, me parece, en el modelo de producción que se
presenta como el único posible: compañías internacionales, sin rostro ni
nombre, que tomarán rentados los territorios mayas para sembrarlos de
abanicos grandotes. La producción dejará para las compañías pingües
ganancias y una pocas migajas serán repartidas entre los dueños de los
territorios, que no podrán usarlos más en un arco de 50 o 100 años.
Producción de energías limpias, pues, pero por un método de explotación
bastante sucio. Lo malo es que de historias de explotación y despojo los
pueblos indígenas tienen para llenar muchas enciclopedias. No es que no
quieran la producción de energías limpias: solamente se preguntan si la
única manera de hacerlo es a través de políticas de despojo.
Así que las grandes compañías transnacionales, acostumbradas a
manejarse como dueñas de vidas y territorios y frotándose ya las manos
por las ganancias que obtendrán, chocan ahora con la resistencia de las
comunidades indígenas que no quieren verse sometidas a nuevos actos de
despojo. Y acusan a los pueblos de retrógradas, de ignorantes, de
opuestos al progreso y a la salvación del ecosistema.
Pero los grandes capitales, como siempre, mienten. Su afán de lucro
silencia la verdad. Son las mismas compañías las que construyen abanicos
gigantes, pero siguen produciendo agrotóxicos; hacen y venden paneles
solares, pero siguen practicando el fracking. El medio ambiente para
ellos sólo tiene importancia en cuanto les reporta nuevas ganancias.
Sólo les interesa el dinero, y por él están dispuestos a arrasar con
pueblos y recursos naturales.
Pero su mentira mayor no es solamente su doble discurso. Su mentira
mayor es presentar ESTE esquema de producción de energía limpia como el
único posible. La alternativa planteada por el título de este artículo
es falsa, engañosa, perversa. Hay otra posibilidad: el manejo
comunitario de las energías limpias.
¿Por qué no puede una comunidad maya recibir el apoyo necesario para
colocar en su territorio un abanicote, que provea de corriente a toda la
región, cuidar esa producción y administrarla autónomamente? ¿Por qué
tienen que ser parques gigantescos, con cientos de abanicos? ¿No es ese
un modelo que lo único que persigue es el lucro? ¿No ocurre lo mismo con
los monocultivos de producción masiva, interesados, no en mitigar el
hambre de los pueblos, sino en aumentar la cuenta bancaria de los
productores?
Pero la producción autónoma comunitaria de energías limpias
requeriría que empresas y gobiernos renunciasen a ver dicha producción
como negocio, y al aire como mercancía. Y no están dispuestos, desde
luego, a hacerlo. Ellos solo viven para despojar y acumular. Pero los
pueblos han aprendido ya a no creer en sus cantos de sirenas. Por eso se
preparan para resistir a este nuevo despojo. Quieren, sí, energías
limpias, pero manejadas de manera autónoma por las comunidades, para que
los beneficios lleguen a todos y no solamente a los poderosos de este
mundo.
(Puede verse los otros artículos de El Varejón 150, dedicados a
los proyectos de energía eólicas en territorios mayas, en
www.indignacion.org)
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10 de marzo de 2017
22 de junio de 2015
Madres y padres de Ayotzinapa comparten su dolor y la búsqueda justicia en Mérida.
Por: Lorena Aguilar Aguilar / Kaosenlared.
El clamor de las familias de los 43 normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos por el Estado Mexicano el pasado 26 de septiembre de 2014, llegó a tierras mayas con la caravana de madres y padres que desde el 19 de junio de 2015 está recorriendo la Península de Yucatán.
Esta caravana la convocó el Congreso Nacional Indígena (CNI) región península. Después de recorrer algunos pueblos de Quintana Roo, llegaron a Yucatán.
La primera actividad del domingo 21 de junio fue una misa por la aparición con vida de los 43 normalistas desaparecidos, por la recuperación de los que quedaron heridos y por el descanso de los tres compañeros que fueron ejecutados extrajudicialmente la noche que fueron agredidos por la policía de Iguala. La misa se llevó a cabo en la capilla de San José Obrero de la colonia Sambulá, oficiaron los presbíteros Raúl Lugo y Atilano Ceballos, quienes se solidarizaron con Ayotzinapa desde el día de los hechos.
Posteriormente se realizó un diálogo con las madres y los padres de Ayotzinapa. En la mesa panel estuvieron Rusell Peba del CNI, Cristina Bautista Salvador, madres de Benjamín Ascencio Bautista; Tomás Ramírez, padre César Ramírez Nava; Berta Nava, madre de César Ramírez Nava y Omar García, sobreviviente de los ataques la noche del 26 de septiembre.
Russell Peba explicó que el CNI, es la casa de los pueblos indígenas de México y de las expresiones de lucha del país. Surge para reivindicar y hacer válidos los Acuerdos de San Andrés Sakamchen de los pobres, que fueron traicionados por el gobierno.
La señora Cristina Bautista compartió con las personas que asistieron al diálogo que desde el día en que supo que su hijo estaba entre los normalistas desaparecidos, ella se fue a la Normal Rural de Ayotzinapa y ahi ha vivido durante estos últimos 9 meses. Platicó que ella no quiere irse regresar a su pueblo sin su hijo Benjamín. Comentó que gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense es que no los ha podido engañar el gobierno, ya que no han permitido que les entreguen cuerpos que no corresponden a los normalistas. En su intervención recordó al joven profesor Antonio Vivar Díaz quien se solidarizó con los normalistas desaparecidos y fue asesinado en Tlapa de Comonfort el día 7 de junio de 2015
Tomás Ramírez y Berta Nava son los padres de Julio César Ramírez Nava, quien fue uno de los tres normalistas asesinados por la policía de Iguala la noche del 26 de septiembre. Don Tomás comentó que la caravana busca justicia para los normalistas asesinados y la aparición de los 43 desaparecidos, aunque dijo que para la gente pobre nunca hay justicia. Denunció que de las personas detenidas por este crimen, nadie ha sido acusado por el delito de desaparición forzada, ni siquiera el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien es el autor intelectual.
Por su parte doña Berta agredeció al CNI y al EZLN por el trabajo que han hecho. Mencionó que esta es la segunda caravana que han realizado. Comentó que están aquí para compartir su rabia y su dolor. Señaló que la noche que fueron agredidos los normalistas viajaron para conseguir apoyos para poder participar en las actividades del 2 de octubre en la Ciudad de México. Ella mencionó que su hijo le habló aquella noche para avisarle que iba a Iguala a buscar a sus compañeros porque ya habían matado a uno. Denunció que las autoridades les tienen vigilados como si fueran delicuentes.
Doña Berta compartió con las y los asistentes el dolor que representa perder a un hijo de esa manera, pero también dijo que ella quiere a los otros estudiantes de Ayotzinapa como si fueran sus hijos.
Por su parte, el estudiante Omar García, sobreviviente de la masacre en la que perdieron la vida 3 de sus compañeros, dos resultaron gravemente heridos y 43 fueron desaparecidos, habló sobre las investigaciones que se han llevado a cabo desde la noche de los hechos. Denunció que el gobierno federal siempre ha buscado una “solución mediática y política” para este crimen, aunque no sea real.
Comentó que las y los maestros, más allá del aula deben enseñar a leer la realidad, que eso es lo que aprenden en la normal rural de Ayotzinapa.
Recalcó que los normalistas no son delincuentes y dejó muy en claro que el movimiento de los familiares de Ayotzinapa no persigue intereses políticos ni económicos, el fin que persiguen es la justicia.
Las actividades de la caravana continuarán en otros poblados de Yucatán.
| Foto: Lorena Aguilar Aguilar. |
Esta caravana la convocó el Congreso Nacional Indígena (CNI) región península. Después de recorrer algunos pueblos de Quintana Roo, llegaron a Yucatán.
La primera actividad del domingo 21 de junio fue una misa por la aparición con vida de los 43 normalistas desaparecidos, por la recuperación de los que quedaron heridos y por el descanso de los tres compañeros que fueron ejecutados extrajudicialmente la noche que fueron agredidos por la policía de Iguala. La misa se llevó a cabo en la capilla de San José Obrero de la colonia Sambulá, oficiaron los presbíteros Raúl Lugo y Atilano Ceballos, quienes se solidarizaron con Ayotzinapa desde el día de los hechos.
Posteriormente se realizó un diálogo con las madres y los padres de Ayotzinapa. En la mesa panel estuvieron Rusell Peba del CNI, Cristina Bautista Salvador, madres de Benjamín Ascencio Bautista; Tomás Ramírez, padre César Ramírez Nava; Berta Nava, madre de César Ramírez Nava y Omar García, sobreviviente de los ataques la noche del 26 de septiembre.
Russell Peba explicó que el CNI, es la casa de los pueblos indígenas de México y de las expresiones de lucha del país. Surge para reivindicar y hacer válidos los Acuerdos de San Andrés Sakamchen de los pobres, que fueron traicionados por el gobierno.
La señora Cristina Bautista compartió con las personas que asistieron al diálogo que desde el día en que supo que su hijo estaba entre los normalistas desaparecidos, ella se fue a la Normal Rural de Ayotzinapa y ahi ha vivido durante estos últimos 9 meses. Platicó que ella no quiere irse regresar a su pueblo sin su hijo Benjamín. Comentó que gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense es que no los ha podido engañar el gobierno, ya que no han permitido que les entreguen cuerpos que no corresponden a los normalistas. En su intervención recordó al joven profesor Antonio Vivar Díaz quien se solidarizó con los normalistas desaparecidos y fue asesinado en Tlapa de Comonfort el día 7 de junio de 2015
Tomás Ramírez y Berta Nava son los padres de Julio César Ramírez Nava, quien fue uno de los tres normalistas asesinados por la policía de Iguala la noche del 26 de septiembre. Don Tomás comentó que la caravana busca justicia para los normalistas asesinados y la aparición de los 43 desaparecidos, aunque dijo que para la gente pobre nunca hay justicia. Denunció que de las personas detenidas por este crimen, nadie ha sido acusado por el delito de desaparición forzada, ni siquiera el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien es el autor intelectual.
Por su parte doña Berta agredeció al CNI y al EZLN por el trabajo que han hecho. Mencionó que esta es la segunda caravana que han realizado. Comentó que están aquí para compartir su rabia y su dolor. Señaló que la noche que fueron agredidos los normalistas viajaron para conseguir apoyos para poder participar en las actividades del 2 de octubre en la Ciudad de México. Ella mencionó que su hijo le habló aquella noche para avisarle que iba a Iguala a buscar a sus compañeros porque ya habían matado a uno. Denunció que las autoridades les tienen vigilados como si fueran delicuentes.
Doña Berta compartió con las y los asistentes el dolor que representa perder a un hijo de esa manera, pero también dijo que ella quiere a los otros estudiantes de Ayotzinapa como si fueran sus hijos.
Por su parte, el estudiante Omar García, sobreviviente de la masacre en la que perdieron la vida 3 de sus compañeros, dos resultaron gravemente heridos y 43 fueron desaparecidos, habló sobre las investigaciones que se han llevado a cabo desde la noche de los hechos. Denunció que el gobierno federal siempre ha buscado una “solución mediática y política” para este crimen, aunque no sea real.
Comentó que las y los maestros, más allá del aula deben enseñar a leer la realidad, que eso es lo que aprenden en la normal rural de Ayotzinapa.
Recalcó que los normalistas no son delincuentes y dejó muy en claro que el movimiento de los familiares de Ayotzinapa no persigue intereses políticos ni económicos, el fin que persiguen es la justicia.
Las actividades de la caravana continuarán en otros poblados de Yucatán.
11 de septiembre de 2013
De ciencia económica y economistas.
Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
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Durante una buena parte de mi infancia
deseé entrar al seminario. El ejemplo de mi párroco me inspiró tal deseo.
Llegó, sin embargo, la adolescencia, con todas sus dudas y quebrantos. La
preparatoria me inició, en tiempos del movimiento estudiantil y popular surgido
a partir del secuestro y asesinato de Efraín Calderón Lara, el Charras, en el
interés por la política. Después de esa vorágine que me llevó a ser testigo
presencial del ataque armado de las fuerzas de la policía contra el edificio
central de la Universidad de Yucatán, pensé que era mejor dedicar mi vida a la
lucha social. Por un momento, el seminario dejó de ser mi primera opción. El
curso 74-75 era mi último año en la preparatoria, por lo que debía decidir qué
carrera me permitiría dedicarme a cambiar la sociedad.
Enseguida pensé en la facultad de
economía. No obstante mi falta de afición por los números, el plan de estudios
y la vida interna de esa facultad universitaria era lo que más se acercaba a lo
que yo quería… Ha llovido mucho desde entonces. El estudio de la economía, poco
tiempo después, se transformó de manera radical. Los vientos de Harvard y Yale
comenzaron a encumbrar en los puestos públicos a economistas ligados a la
llamada línea neoclásica en su derivación neoliberal. Yo decidí, finalmente,
entrar al seminario y la vida me ahorró la posibilidad de ingresar al selecto
grupo de los Chicago Boys que han construido altares a lo que llaman el libre mercado.
Los economistas de hoy, salvo raras excepciones,
se enojan cuando se les habla de ética económica. Dicen que lo científico de su
disciplina consiste, justamente, en moverse por los hechos y la fuerza del
análisis y no por la imposición de afirmaciones morales que se erigen como
argumentos de autoridad. Objetivizan de tal manera a las fuerzas económicas que
se refieren, como si fueran entes independientes de la voluntad humana, a las
fuerzas del mercado: los mercados “se ponen nerviosos”, afirman de manera que
raya en la ridiculez.
Jorge Arturo Chaves (así, con ese),
economista de Heredia, Costa Rica, ha llamado a la refundación de la economía (Agenda
Latinoamericana 2013, pp. 154-155). Su razonamiento pone bajo juicio la
manera actual de abordar los problemas económicos. Reconoce la razón que tienen
los economistas al rechazar la injerencia de discursos ideológicos para
determinar las decisiones económicas, como si se pudiera determinar qué es lo
que hay que producir, establecer los precios de los productos o determinar el
tipo de puestos de trabajo que habría que crear. En esto, sostiene Chaves, los
economistas tienen razón porque la economía, como ciencia, ha de regularse por
un método propio en un esfuerzo por conocer las realidades con las que trata.
Sin embargo, afirma el costarricense,
hay dimensiones de la economía que los profesionales no alcanzan a ver por el
rígido esquema en que han sido formados. La economía no fue concebida como una
ciencia únicamente para resolver los problemas técnicos que puedan surgir del
funcionamiento económico, sino que su estatuto científico surgió de la
preocupación por definir dos preguntas claves: para qué y para quiénes funciona la economía, y para qué y para quiénes
se resuelven sus problemas de una manera o de otra. Al decir de Chaves “la
primera pregunta define la dimensión técnica o ingenieril de la economía,
mientras que los otros dos interrogantes expresan el carácter ético y político
que tiene toda actividad económica”.
La actual funcionalidad de la ciencia
económica al dictado de los poderosos de este mundo (eficiencia monetaria,
recortes presupuestales, desprecio a las necesidades de la población,
consagración de los procesos de acumulación de capitales y del despojo) surge
precisamente del abandono de una de las dimensiones fundamentales de la economía
en cuanto ciencia: el reconocimiento de que todas las políticas económicas, las
medidas gubernamentales o empresariales siempre llevan a construir un
determinado tipo de economía y a favorecer a determinados grupos, aunque no se
diga o se trate de ocultar bajo razonamientos de aparente cientificidad.
Los ejemplos del abandono de esta
dimensión, que brota de la misma racionalidad de la ciencia económica y no de
dictados externos, los podemos ver en la crisis europea, reflejo de la crisis
norteamericana y mundial: se pospone el apoyo a los desempleados y a las
familias que perdieron sus viviendas, por fortalecer, en cambio, a los grupos
financieros que fueron, paradójicamente, los responsables principales de la
crisis. Es como si a todos los países les estuviera llegando la hora de su
Fobaproa y su rescate de carreteras. Soluciones económicas que huelen más a
latrocinio que a ciencia objetiva.
La propuesta de Jorge Arturo Chaves es
desafiante: en una sociedad marcada por la desigualdad y a exclusión, la
ciencia económica ha de recuperar su vocación original de ciencia de la
producción y distribución de bienes y servicios para responder a las
necesidades de las personas en convivencia y en razonable relación con el resto
del planeta, entendiendo por planeta
no solo los países y la especie humana, sino las posibilidades limitadas del
entorno medioambiental.
Democracia económica, le llaman algunos,
aludiendo al control social que los ciudadanos y ciudadanas tendrían que
ejercer en torno al cumplimiento de la vocación original de la economía. Chaves
prefiere llamarla “refundación de la economía” porque implica la recuperación
del carácter humano de la vocación originaria de la ciencia económica, la única
manera de garantizar la supervivencia de la sociedad actual y la vida en el
planeta.
Esta refundación, advertimos, tendrá que
hacerse a contrapelo de los teóricos que legitiman una dinámica económica que
beneficia de manera desproporcionada a pequeños grupos de gran poder. Los
poderosos y sus legitimadores van a oponerse con todas sus fuerzas a que la
economía cambie y regrese a lo que estaba llamada a ser desde sus mismos
orígenes. Ese es uno de los campos de batalla en que se juega la construcción
del otro mundo posible o la inviabilidad de la convivencia pacífica en este
planeta, según la posición que se tome.
5 de septiembre de 2013
Día del campesino y la campesina
Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
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No sabemos cómo será la alimentación del
futuro. Un buena parte de los niños y niñas que han nacido y viven en las
ciudades, no saben de dónde vienen las cosas que comen. Probablemente llegará un
momento en el que ya no sea necesario saber de dónde vengan los alimentos
porque los comprimidos de vitaminas producidas en laboratorio habrán terminado
por sustituirlos completamente. No me gusta ese futuro y doy gracias a la vida (¿o
habrá que decir a la muerte?) que me lo va ahorrar. Pero quizá ese sombrío
panorama esté dando como resultado la revaloración de los alimentos naturales.
El crecimiento de propuestas de comida sana, de regreso a lo orgánico, es cada
vez mayor y atraviesa todos los estratos sociales y las localizaciones geográficas.
Pero, a pesar de este movimiento
mundial, el panorama no deja de ser desalentador. En los Estados Unidos y en la
Unión Europea sólo el 5% de la gente vive del campo. Y de ellos solo el 1% son
campesinos. En México el 22% de la gente vive en el campo y de éstos el 80% son
campesinos y ocupan el 58% del territorio nacional. Nuestras cifras son, desde
luego, menos alarmantes que las europeas. Sin embargo, muestran una tendencia creciente
a la baja. Hay quienes hablan, basados en datos del INEGI, de la primera entidad
federativa sin campesinos: Tamaulipas. La industrialización parece haber
terminado por desplazar al campesinado en aquél estado federativo.
Aquí resalta una diferencia que quiero
enfatizar: no es lo mismo vivir del campo o en el campo que ser campesino/a. El
monocultivo industrializado, concebido para responder más a la voracidad de los
mercados y al afán de lucro que a las necesidades de la población, quisiera un
campo sin campesinos. Para los detentadores del poder económico, un campo
descampesinado es mucho más rentable. Los campesinos y campesinas resultan un
estorbo en este modelo de crecimiento desenfrenado en que se ha convertido el
sistema económico neoliberal. Me temo que bajo la retórica de la modernización
del campo y la producción alimentaria, se esconde no pocas veces un proyecto de
desaparición del sistema de vida de los campesinos/as.
Armando Bartra, con su lucidez
acostumbrada, ha publicado un hermoso texto titulado “La Milpa”. Cualquiera
puede consultarlo en el portal electrónico www.uyitskaan.org.
Bartra sostiene que los mesoamericanos no sembramos maíz: hacemos milpa, que no
es lo mismo. La milpa es, desde la perspectiva del artículo, un símbolo de la
riqueza de la vida campesina, que no consiste solamente en sembrar, sino que
involucra un mundo de sentido, una visión del universo, un paradigma relacional
entre los seres humanos y la naturaleza y los seres humanos entre sí.
El establecimiento de un modelo
económico que ha terminado por convertir la agricultura en agronegocio, que
favorece la producción a gran escala para desplazar la producción familiar y de
autoconsumo, que mira a la tierra como mercancía y no como madre nutriente,
busca, persigue la destrucción del modelo de vida campesino. El capitalismo es,
por eso, esencialmente anti ecológico y depredador del campo.
Es por eso que más de setenta centros de
educación alternativa reunidos en el Encuentro Nacional de Escuelas Campesinas,
entre los cuales se encuentra la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an de Maní, decidieron, en la
asamblea de 2012, lanzar la iniciativa de celebrar el Día del Campesino y la
Campesina. Este año, por primera vez, U
Yits Ka’an pone en práctica ese acuerdo celebrando dicha efeméride el
próximo sábado 7 de septiembre.
Confluirán en Maní todos los grupos de campesinos
y campesinas asociados al trabajo de la escuela: los alumnos y alumnas de las
subsedes donde semana a semana se imparte instrucción agroecológica, las
comunidades que trabajan en el rescate del cerdo criollo y la abeja melipona, la
medicina tradicional y las artesanías, las y los campesinos que producen
hortaliza orgánica en granjas ecológicas, maestros y maestras de las
instituciones asociadas a U Yits Ka’an,
como la UADY y el CRUPY de Chapingo, todos reunidos para reflexionar en la situación
del campo yucateco y de las y los campesinos mayas que trabajan y viven en estas
tierras peninsulares.
Al conversar sobre sus fortalezas y
debilidades, sobre sus dolores y las amenazas que se ciernen sobre ellos, al
compartir sus logros y sus experiencias exitosas, las y los campesinos que
participarán en Maní este sábado 7 de septiembre, podrán ofrecer un diagnóstico
actualizado de la situación de los campesinos y campesinas en la península,
harán escuchar sus voces de advertencia y compartirán sus estrategias de
supervivencia. Tenemos mucho que aprender de ellos/as.
12 de agosto de 2013
Las cárceles y el dolor infligido.
Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
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Nils Christie es un sabio. Noruego, de
85 años, ha dedicado su vida al estudio del crimen, sus efectos y su combate.
Sociólogo de profesión, sacudió al mundo con la publicación de su obra clásica Los límites del dolor (traducida y
publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1984). Su experiencia, combinada
con su origen nórdico, ha dado a luz una de las más brillantes reflexiones
acerca del dolor infligido en el sistema carcelario y le han permitido hacer
comparaciones entre los sistemas penitenciarios de diversas regiones del mundo.
Un reciente número de Letras Libres (171, marzo de 2013)
contiene un artículo suyo titulado “El umbral del dolor” y traducido por Ramón
González Férriz. En esa entrega, Christie reflexiona acerca del sistema
penitenciario noruego, la fallida guerra contra las drogas y la contradicción
que existe entre la búsqueda de un estado de bienestar, característica de los
países nórdicos, y un instrumento de sanción, la cárcel, cuyo objetivo es infligir
dolor a las personas sancionadas. No voy aquí a reseñarles el artículo (se
puede tener acceso al texto en www.letraslibres.com) que, además, viene
acompañado en la revista por una serie de interesantísimos artículos breves
sobre escritores que estuvieron en prisión. Quiero solamente hacer referencia a
dos elementos de la reflexión de Nils Christie que me han sacudido y me han
hecho pensar.
En la lista de países que más
encarcelan, México se encuentra en cuarto lugar, solamente debajo de Estados
Unidos, Rusia y Brasil, con 239,941 personas presas, lo que significa 20.7
presos por millón de habitantes. De esa cantidad extraordinaria de personas
encarceladas (sobre todo si la comparamos con Noruega, el país con menos gente
en la cárcel: 3,575 en todo el país), el 40.3 % se encuentra en prisión
preventiva, es decir, que se trata de personas cuya culpabilidad no ha sido
todavía probada. En esto último somos campeones absolutos a nivel mundial. Y no
obstante estas alarmantes cifras, el drama de la impunidad sigue siendo uno de
los más acuciantes en nuestro país. Lo que, en materia de lógica elemental,
confirma el refrán –en las cárceles mexicanas más apropiado que nunca– “ni
están todos los que son, ni son todos los que están”.
El primer impacto que registro en la
lectura del artículo de Christie es la mirada echada a la cárcel como un lugar
cuyo objetivo es infligir dolor. No puede esperarse otra cosa de la cárcel,
dado que su objetivo es punir, es decir, castigar. Interrogados los presos de
la cárcel más avanzada de Noruega, una pequeña isla del fiordo de Oslo, sobre
si una vez cumplida su sentencia, cuando estuvieran a punto de ser liberados,
se les ofreciera quedarse unas semanas más como en una especie de vacaciones
normales de verano y, además, gratis, qué responderían, se oyó un murmullo que
se convirtió en clamor: ¡no, nunca! A partir de su larga experiencia Nils
Christie concluye que “incluso fragmentos del paraíso se convierten en el
infierno si se utilizan como parte de una ceremonia de degradación, si quienes
son enviados ahí saben que su estancia tiene como objetivo herirles y
avergonzarles… las cárceles están hechas para el dolor , independientemente de
las condiciones materiales en nuestros Estados. Ser condenado a ingresar a la
cárcel es ser condenado a la mayor degradación”.
Esta situación plantea una disyuntiva no
fácil de resolver, sobre todo para quienes se dedican a la promoción y defensa
de los derechos humanos. Sabemos que la impunidad favorece la comisión de
delitos y la violación de derechos humanos. Estamos en la línea, pues, del
combate contra la impunidad. Pero somos conscientes de que en las cárceles, no
sé si en todas partes, pero sí en nuestro país, se castiga más la pobreza que
el delito. Los principales violadores de derechos humanos y los delincuentes
que mayor daño han causado a este país, andan libres por las calles, mientras
que en nuestras prisiones se hacinan quienes tienen problemas de adicciones o
han robado un teléfono celular. El sistema carcelario no roza, ni con el pétalo
de una rosa, el misterio de iniquidad en que se ha convertido el mundo gracias
a un sistema socioeconómico y político deshumanizante y productor de
desigualdades.
Además, la utopía que sirve de brújula a
las y los activistas de derechos humanos es la construcción de una civilización
de respeto a la dignidad de cada persona, lo que implica la búsqueda del mayor
nivel de felicidad posible para cada ser humano que habita este planeta. Para
muchas organizaciones de derechos humanos, particularmente las de inspiración
cristiana, la reducción del dolor es uno de sus referentes fundamentales. Si
algo constata una lectura crítica de los evangelios es que Jesús de Nazaret
dedicó una buena parte de su vida y su actividad a paliar dolores y combatir
sufrimientos… ¿cómo conjugar esto con la búsqueda de castigo y la prolongación
de un sistema carcelario cuyo objetivo prioritario es degradar y hacer sufrir?
Una segunda inquietud que me despierta
la lectura del artículo de Nils Christie parte de una reflexión que me sacude.
Sostiene Christie que hay una reciente tendencia a civilizar muchos conflictos:
“cuando alguien se porta mal, puede considerarse un delito, un acto que exige
castigo. Pero también es posible verlo como un conflicto, un acontecimiento que
hay que describir, comprender y por el que finalmente hay que resarcir… muchos
implicados en Noruega (en esta nueva aproximación al combate al delito)
comienzan a estar más interesados en saber, en comprender, que en infligir
dolor a la otra parte. Infligir dolor debería ser la última alternativa posible
a la hora de crear sociedades en las que valga la pena vivir…”
Digo que me sacude porque, justo ahora
que comienza el tiempo de la escuelita zapatista, alcanzo a intuir que los
noruegos están llegando a la mismísima conclusión a la que llegaron, ya desde
hace varios siglos, muchos de los pueblos originarios, que han tenido la
sabiduría de construir mecánicas de sanción que persiguen comprender y solucionar
el conflicto más que simplemente hacer sufrir. Ahí está la tarea aún por hacer
de valorar los sistemas normativos de justicia de las comunidades mayas, tan
amenazados en su supervivencia por el sistema judicial y penal que nos rige, y
de replantearnos si no sería una puerta de salida a este hoyo perverso en el
que se ha convertido nuestro sistema penitenciario mexicano.
5 de agosto de 2013
La parábola del rico insensato.
Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
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Me encanta la sensatez de Jesús. La
parábola leída este domingo en todas las iglesias católicas del mundo me parece
sobria, inteligente, cuestionante (Lc 12,32-48). Puesta por el evangelista en
el contexto de una solicitud, rechazada por Jesús, de constituirse en mediador
en asuntos de herencia, la parábola tiene una resonancia especial. Es una
experiencia común, no sólo en la época de Jesús sino también en la nuestra, que
la herencia pueda dar al traste con la armonía familiar. Familias antes unidas se
desmoronan ante los pleitos que las herencias suelen suscitar. Jesús no quiere
ser administrador de herencias. Prefiere concentrarse en lo esencial:
recomendar a sus discípulos tener un corazón libre ante los bienes de este
mundo.
La parábola de Jesús se comprende mejor
si conocemos cuál era la situación de desigualdad social que campeaba en su
tiempo en Israel, de manera particular en la zona de Galilea. Menciona Antonio
Pagola en su reflexión dominical que, mientras en las ciudades de Séforis y
Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria.
Los campesinos se quedaban sin tierras y los terratenientes construían silos y
graneros cada vez más grandes. El texto de la parábola a la que hacemos alusión
no es la única ocasión en que Jesús se refiere a esta dolorosa situación:
también lo hace en la parábola conocida como de los “empleados de última hora”,
ésta de tradición mateana (Mt 20,1-15), en la que se ve a un propietario que
sale a buscar trabajadores en ¡cinco ocasiones! Y siempre encontró a gente
esperando empleo. La dura realidad era que los propietarios, unos pocos latifundistas,
acumulaban la tierra que, según una vieja tradición israelita, debería estar
repartida entre todas las familias.
La situación de desigualdad que se trasparenta
en el evangelio era producto de uno de los azotes más grandes de la época de
Jesús (y también de la nuestra): las deudas. Familias enteras perdían su
patrimonio ahogados por la implacable falta de piedad de los prestamistas.
Cuando una familia terminaba perdiendo todas sus propiedades, no había más
remedio que vender la propia fuerza de trabajo e, incluso, vender la libertad de
la propia familia, como lo muestra la parábola de Mt 18,21-37, que señala cómo
el acreedor determina que “como (el deudor) no tenía con qué pagar, el señor (acreedor)
mandó que lo vendieran a él, con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y
que pagara con eso”.
A esta luz, la actitud del hombre que
tiene una cosecha sobreabundante y que solamente piensa en cómo agrandar sus
graneros, resulta profundamente insensible. Volvamos a Pagola: “Un rico
terrateniente se ve sorprendido por una gran cosecha. No sabe cómo gestionar
tanta abundancia. ‘¿Qué haré?’. Su monólogo nos descubre la lógica insensata de
los poderosos que solo viven para acaparar riqueza y bienestar, excluyendo de
su horizonte a los necesitados. El rico de la parábola planifica su vida y toma
decisiones. Destruirá los viejos graneros y construirá otros más grandes.
Almacenará allí toda su cosecha. Puede acumular bienes para muchos años. En
adelante, solo vivirá para disfrutar: ‘túmbate, come, bebe y date buena vida’… Este
hombre reduce su existencia a disfrutar de la abundancia de sus bienes. En el
centro de su vida está solo él y su bienestar. Dios está ausente. Los jornaleros
que trabajan sus tierras no existen. Las familias de las aldeas que luchan
contra el hambre no cuentan. El juicio de Dios es rotundo: esta vida solo es
necedad e insensatez… La desigualdad es, sencillamente, la última consecuencia
de la insensatez más grave que estamos cometiendo los humanos: sustituir la cooperación
amistosa, la solidaridad y la búsqueda del bien común de la Humanidad por la
competición, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de los más
poderosos del Planeta”.
A la atinada reflexión de José Antonio
Pagola quisiera añadir un dato que no emerge de los evangelios, sino del
conocimiento actual de lo que conocemos como “crisis ecológica”. Una lectura de
la parábola del rico insensato hecha desde la situación actual de catástrofe
del ecosistema en la que nos encontramos, podría darle a la parábola una nueva
óptica.
En efecto, los cambios monumentales que
tendrían que hacerse por los países para frenar el deterioro del ecosistema se
antojan imposibles en el marco del sistema económico neoliberal en el que
vivimos. Ya Antonio Turiel lo señala con acierto: “Es evidente que en el marco
de un sistema de economía de mercado, el capital privado no acometerá una
inversión tan grandiosa y de tan dudosa o nula rentabilidad”. Jorge Reichmann
(Agenda Latinoamericana 2013, pp. 142-143) expone con lucidez que las
exigencias de rentabilidad propias de un sistema socioeconómico basado en el
lucro y la acumulación terminan siendo incompatibles con la preservación de una
biósfera habitable. Y esto por un dato muy sencillo: la naturaleza
intrínsecamente expansiva del capitalismo choca con los límites de una biósfera
finita. El capitalismo es, en palabras de Reichmann, “una máquina infernal… con
su sueño de crecimiento indefinido de la producción y del consumo, es una
revuelta contra los principios de la realidad… nos ha situado ya a un paso del
colapso civilizatorio”.
Hace algún tiempo, los que trabajamos en
la Escuela de Agricultura Ecológica “U Yits Ka’an”, de Maní, Yucatán, fuimos
acusados de encubrir nuestra filiación socialista bajo el ropaje ecológico. Nos
llamaban sandías: verdes por fuera y rojos por dentro. Me temo que no andaban
tan desencaminados, ellos en sus críticas y nosotros en el camino que desde
hace muchos años decidimos seguir. La realidad va demostrando cada vez más que
para hacer frente a la grave crisis ecológica a la que hemos empujado al
planeta se necesita, de manera indispensable, poner límites al libre mercado,
reducir el poder del capital, desterrar la mercantilización de la naturaleza.
La economía no puede estar exenta de criterios de sustentabilidad y de justicia.
Y el sistema neoliberal en el que vivimos es intrínsecamente depredador.
Ha llegado la hora de reconocer, junto
con el investigador belga Daniel Tanuro, que el calentamiento climático y, más
en general, la crisis socio-ecológica en la que estamos metidos, pone inevitablemente
sobre la mesa la cuestión del cambio del sistema socioeconómico. Es
indispensable comenzar a hablar claramente de un necesario ecosocialismo o “civilización
de la sobriedad compartida”.
Una primera consecuencia de esto sería el
ensayo de nuevas prácticas de consumo, personales y colectivas. Consumo
responsable, le llaman los especialistas. No soluciona el problema, pero nos
coloca en la vía correcta. Y de nuevo los clásicos revelan su profundidad. San
Juan Crisóstomo subrayaba con énfasis: esos zapatos que tienes en tu armario y
que te sobran, se los estás robando a un pobre. Sí, aunque los hayas comprado
con un dinero legítimamente obtenido. Porque Dios hizo todas las cosas para
todas las personas y tú posees de sobra algo que a alguna persona le está
haciendo falta. Un principio que, de aplicarse, haría que desaparecieran tantos
ricos insensatos como los de la parábola de este domingo pasado.
P.D. Desde este rincón del Mayab, este
oscuro y mínimo espacio de opinión perdido en la selva cibernética, saluda a la
escuelita zapatista. Una oportunidad más para que todas y todos aprendamos de
la lucha indeclinable de los pueblos por la libertad.
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