Por:
Colectivo Grieta /
Grieta.
En entrevista, algunos integrantes de este proyecto pedagógico
cultural autónomo comparten su historia, la manera en que ven al mundo,
su manera de trabajar y su experiencia de haber acudido, en agosto
pasado, al Encuentro de Redes de Apoyo al CIG (Concejo Indígena de
Gobierno), a la tercera edición del CompArte y al Aniversario de los
Caracoles Zapatistas.
El Centro Cultural Makarenko, ubicado al oriente del Estado de México
y al cual acuden niños de primaria, secundaria y bachillerato, toma su
nombre del pedagogo ruso Antón Makarenko. Acerca del nombre, que
decidieron darle a su proyecto, sus impulsores exponen: “nos parece
interesante toda esta parte de la historia que él cuenta a través de sus
obras, cómo durante la revolución de 1917 logra, adaptándose a las
circunstancias, desarrollar 2 escuelas importantes que transformaron a
los estudiantes que ahí fueron llegando, y de ser una escuela tan pobre y
que se construyó en lo cotidiano, ellos llegaron a aportar
económicamente y con ideas, no solamente para la reconstrucción de la
revolución rusa, sino, hasta nuestros días al mundo, esos procesos de
“yo lo hago con ustedes”. Eso fue lo que nos llevó a nombrar así al
centro”.
¿Qué hace el Centro Cultural, cuál es su tarea?
El Centro Cultural se dedica al proceso de educación concebida no
como la educación académica, sino que trata de incidir en todas las
áreas y espacios donde se mueve el ser humano. Tienen una historia de
aproximadamente 40 años desde que llegan a Chicoloapan con el auge de
las primeras escuelas populares del Estado de México que se impulsaron
en municipios como Nezahualcoyotl, Chimalhuacán, Chalco y Chicoloapan.
La conformación de las escuelas populares consistía en tener profesores,
plan de estudio e instalaciones que eran impulsadas por la comunidad, y
por lo tanto, les pertenecían. A decir de sus fundadores, este espacio
educativo es “la consecuencia de una historia que en un momento dado dio
un giro por donde no debió haber ido”.
Una compañera que participa en el Centro Cultural y es fundadora de
las escuelas populares del Estado de México, nos platica que las
decisiones que tenían que ver con éstas eran discutidas en asambleas
conformadas por madres y padres de familia en conjunto con maestros; se
trataba de cubrir lo que se necesitaba como educación en ese momento
para sus hijos y la parte que le correspondía al Estado consistía en
certificar las escuelas y asignar un presupuesto para los maestros, sin
embargo, estos recursos eran insuficientes. Con el transcurso del tiempo
esta dinámica se fue transformando y los maestros comenzaron a tomar el
control de las escuelas ya sin consultar a la comunidad, es entonces,
que ante la necesidad de formar otro tipo de educación vinculado a la
comunidad, se comienza a conformar el Centro Cultural.
El Centro Cultural, a decir de una de sus integrantes, lo conforma la
familia que dicta el Estado, es decir, la familia estructural, pero
hace notar que al participar en este proyecto se conforma una suerte de
familia extendida con los compañeros con los que han caminado en este
proceso organizativo, por lo que la familia Makarenko tiene integrantes
en Oaxaca, Puebla y Chiapas.
Sobre cómo ven el mundo y el panorama de la educación en Chicoloapan.
Una de las maestras comparte cómo ven el mundo desde el Centro
Cultural: “vivimos en un mundo fragmentado donde este concepto de
identidades le ha servido al Estado para dividirnos a las mujeres, los
homosexuales, los niños con diferentes capacidades; entonces, nosotros
lo que hacemos es desfragmentar ese mundo, somos un mismo mundo, somos
lo que padecemos y esto es producto del capitalismo, de las políticas de
comunidades enfrentadas, de las políticas del terror y por lo tanto el
conocimiento se construye en colectivo…”
A nivel local, el panorama de las escuelas de Chicoloapan es
desalentador: existe un número importante de escuelas que funcionan como
feudos en donde directivos y profesores deciden quién puede entrar, el
nivel académico que se ofrece está por debajo de la media de las
escuelas oficiales, hay hostigamiento hacia padres de familia, maestros y
estudiantes, hay chicos con procesos reales y comprobables de ansiedad y
suicidios, casos de acoso y agresión sexual, cuotas y uniformes
impuestos y sometimiento de los alumnos.
Los chicos que llegan al Makarenko provienen de diversas escuelas,
fundamentalmente de Chicoloapan; en el Centro Cultural se abre el
espacio a niños y jóvenes que llegan con sus distintas problemáticas.
Respecto al Centro Cultural, sostienen que “nosotros decimos que
somos los excluidos de los excluidos, porque son chicos, por ejemplo,
diagnosticados con autismo, que ya terminaron la instrucción secundaria y
no hay un nivel bachillerato donde puedan continuar con sus estudios,
pero sí tienen una habilidad muy clara para terminar una carrera
universitaria. Entonces ese es el filtro que tenemos que pasar: niños
mal diagnosticados con hiperactividad, con déficit de atención o bien,
con procesos de ansiedad por toda esta presión de los que son objetos
por esta cuestión de las políticas de las comunidades enfrentadas que
ellos reproducen muy bien. Nosotros decimos que la historia tiene que
regresar al punto donde había quedado el acuerdo final que era que se
tenía que dar este tipo de instituciones de la comunidad con la
comunidad, y que en un momento dado íbamos a desarrollar la capacidad de
tener recursos económicos que tendrían que ser en beneficio común”.
¿Como trabaja el Centro Cultural?
En el Makarenko el conocimiento se construye entre todos los que
participan y se asume en lo individual para tomar decisiones en
beneficio del colectivo, además de desarrollar la idea de que el
beneficio personal tiene que ver con la colectividad. La dinámica de
esta otra escuela pasa por no tener que competir por una calificación,
no hay números, no hay premios ni castigos. No se busca al que más
aprende, al que mejor canta o al que termina primero sus tareas, por el
contrario, se busca saber cuáles son las necesidades de todos, y en
pensar cómo se cubren todas esas necesidades. Se trata de mirar al otro,
ser responsable del otro, recibirse mutuamente.
El horario en el Estado de México, que es la matriz, es de 10 de la
mañana a 4 de la tarde, pero si los chicos tienen algo que hacer más
temprano, tienen la libertad de salir antes o quedarse más tarde de lo
acordado, los alumnos pueden ir el fin de semana si lo consideran
necesario o no ir si es que tuvieran que solucionar algunas otras cosas.
Se han presentado ocasiones en donde el Centro Cultural, junto con los
chicos que ahí acuden, ha tenido que cerrar para trasladarse a otros
lados y compartir con otros niños, esta experiencia la han compartido
por ejemplo con niños de Nochixtlán, Oaxaca.
Como ya se mencionó, al centro asisten niños y muchachos de primaria,
secundaria y bachillerato. Actualmente trabajan con niños, incluidos
los diagnosticados con autismo que no han encontrado otro espacio. El
Centro Cultural, junto con cada niño que llega, se considera un grupo de
personas que crean el conocimiento en colectivo.
Además en este proyecto, dice una de las entrevistadas, no solamente
la preocupación recae en lo académico sino que cuando “llegamos a una
población en donde ya hay escuelita, entonces la necesidad de los chicos
es como apoyo académico u organizarse porque el maestro los está
fastidiando, o porque tienen una huerta, o porque les hacen falta
algunos otros talleres, entonces dependiendo la necesidad de cada lugar
es que nosotros vamos haciendo ese trabajo”.
Se imparten talleres de ajedrez, salud comunitaria, bordado, tejido y
se elaboran productos como mermeladas, dulces, licor de frutas y
sazonadores, entro otros.
Los talleres se resuelven entre todos. Así surgió el taller de abonos
orgánicos, ante la necesidad de ya no utilizar agroquímicos, los
conocimientos de la comunidad junto con los conocimientos del Centro
Cultural permitieron desarrollar técnicas para nutrir a las plantas sin
que éstas sean agresivas con el ambiente. En forma similar se han creado
talleres de salud, educación o producción.
El Centro Cultural Makarenko fuera de Chicoloapan.
Actualmente los integrantes de este centro colaboran en Jaltepetongo,
Oaxaca, impulsando un taller para resignificar el mixteco por medio de
la música y la narrativa. En Nochixtlan la asamblea de la comunidad les
ha permitido acompañar su proceso organizativo en donde el colectivo les
apoya con la producción de nopal, impulsando la casa de salud, con el
proceso académico, y en la colonia 20 de noviembre, en donde entró la
policía federal, tienen un trabajo con los niños que trata de
descolocarlos como víctimas y hacerles saber que son afectados, en el
sentido de que el afectado levanta la voz, demuestra quién es y
dignifica su rabia.
“La idea en cada lugar en donde compartimos es que el mundo se tiene que
transformar aquí y ahora en este momento y de manera colectiva. Hacer
comunidad, vivir en comunidad, impulsar los proyectos comunitarios y
sobre todo independientes”.
¿Cómo hacen redes, cómo llegan a los lugares donde acompañan otros procesos organizativos?
Una compañera nos platica cómo es que logran acercarse a otras
luchas: “Nos invitan, nos movemos en diferentes lugares, y como ya
tenemos como 40 años en esto, entonces pues ya vamos conociendo gente.
Es eso de formar frentes. Hemos pertenecido a frentes, a otros
colectivos, entonces vamos conociendo, se va corriendo la voz, las redes
de comunicación nos ayudan a los avisos y así nos enteramos, hacemos
asamblea y decidimos quién va para allá, quien va para acá o quién no se
puede mover porque está ocupado en ese momento y así”.
A decir del colectivo tienen muchas mañas: van a las plazas públicas y
ponen un periódico mural, un tendedero, los chicos del colectivo se
presentan a cantar, invitan a otros compañeros, platican y a veces de
ahí nacen cosas; en otros lugares se invitan solos. Los cumpleaños del
Centro Cultural los utilizan de pretexto para difundir información y
poner pancartas, a su aniversario le dan un carácter festivo, pero
también político.
¿Cómo se sostienen económicamente?
El Centro Cultural se sostiene de tres formas: con la venta de los
productos que elaboran y que por ahora, la mayor parte de estos
recursos, se utiliza para poder comprar materiales; con aportaciones que
hace la comunidad; y, con las aportaciones que hace el mismo colectivo.
Le apuestan mucho a la producción, aunque no siempre se vende.
Una característica del centro, la cual traslada a los otros espacios
donde colaboran, es que los chicos no llegan con su cuaderno, lápiz o
colores, sino que todo el material es comprado por el propio Centro
Cultural y es para todos.
Una de las experiencias que han tenido, es la de reabrir una casa de
cultura que tenía años cerrada, en Comaltepec: “de pronto lo
financiamos, de pronto aporta la comunidad, pero es completamente
autogestivo, no nos interesa bajar recursos del Estado porque no estamos
dispuestos a ser sus sirvientes”.
Sobre su participación en el encuentro de redes de apoyo al CIG en el caracol de Morelia.
En julio de este año, el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación
Nacional) convocó a un Encuentro de redes de apoyo al CIG (Concejo
Indígena de Gobierno) del 2 al 5 de agosto, al CompArte 2018: “Por la
vida y la libertad” del 6 al 9 de agosto y al 15 aniversario de los
Caracoles Zapatistas: “Píntale caracolitos a los malos gobiernos
pasados, presentes y futuros”. El Caracol de Morelia, en la zona Tzotz
Choj, tierra zapatista, albergó a cientos de asistentes. El Centro
Cultural Makarenko participó en el encuentro de redes y en el CompArte
2018.
Una de las maestras del Centro Cultural nos comparte su experiencia
en el Encuentro: “(asistimos al Encuentro) primero porque somos
zapatistas. Nos asumimos como zapatistas. Nosotros seguimos el
movimiento zapatista desde que nace. Otra, es que el proceso de este
lugar, lo acompañamos desde que nace, con la conformación de los comités
y todos los llamados que se han venido haciendo. Ahora llegamos a la
asamblea de redes porque nosotros igual estuvimos en el proceso, para
nosotros lo fundamental no fueron las firmas, sino el pretexto para
hablar con la gente. Hicimos ese trabajo y hablábamos con la gente y
poníamos información. No teníamos, ni aunque hubiéramos tenido, no
hubiéramos comprado un aparato para recabar las firmas. Entonces ya
cuando la gente decía “¿donde firmo?”, le decíamos: no tenemos donde
firmar. Preguntábamos: ¿y cómo ven el proceso, la propuesta de los
compañeros?, Y miren, ustedes se acercaron aquí como lo entiende en
general la gente que pues vamos a recabar firmas. Pero hay una
controversia, porque los compañeros decían que no querían entrar al
proceso electorero, pero ahora si están, lo interesante era discutir
todo esto, de cuál era la convocatoria en realidad, y qué padre que sí
funcionó eso como pretexto. Necesitábamos un pretexto más para hablar
con las personas; entonces venimos a compartir cómo nos fue y al final
ya tuvimos un aparato para recabar las firmas, recabamos algunas
cuantas, algunos de nosotros no teníamos credencial de elector”.
Para el Makarenko la idea de que hay esperanza en el país se confirmó
con este encuentro de redes. Los animó encontrarse con otros
compañeros, vieron que había compañeros que no se conocían y jamás se
habían reunido, otros, a los que no les interesaba la problemática
social y que, ante esta provocación de mandar una representante indígena
del CIG, entonces empiezan a discutir cómo se puede impulsar esta
iniciativa. Esa es la gente que asistió al Encuentro.
La maestra nos platica sobre las propuestas del Encuentro, de acuerdo
a su experiencia en las mesas de trabajo: “ya cuando nos reunimos todas
las mesas, era como si por un momento todos estuvieran pensando y
sintiendo lo mismo, la necesidad de unificar el movimiento, las
propuestas iban en el mismo sentido…empiezan las propuestas: es que el
CIG se tiene que ampliar a otros sectores y cuando dan las propuestas
los compañeros Zapatistas y dicen ‘también nuestra propuesta es que el
CIG se tiene que ampliar’, entonces, es un solo pensamiento pero amplio
que en ese momento engloba, enaltece, los pensamientos de todos, es como
el momento en el que se unen los pensamientos de todos”.
Otra compañera del Makarenco, también habla de su experiencia de la
mesa 3, de las 5 que se instalaron para los trabajos de valoración: “el
encuentro fue genial, la cantidad de jóvenes que llegaron fue
sorprendente, con un montón de propuestas. A mí me tocó la mesa 3 con
chicos que venían de la Universidad de Guadalajara… les tocó poner
mesas, a ellos les tocó que llegara la policía, que los aprehendieran,
un tanto asustados, un tanto emocionados, pero al ver toda la demás
gente, todos los demás colectivos, pues estos chicos fue así con un
ánimo de ‘vamos a continuar no sólo en nuestra facultad vamos a seguir
haciendo trabajo’. Yo creo que en esta cuestión del encuentro
valorábamos, el primer punto era la valoración, muchos decían ‘pues no
alcanzamos el número de firmas que nos pedían, no cumplimos’, otros, o
la mayoría decían ‘sí cumplimos, tan cumplimos que todos estamos aquí,
que finalmente esa era la finalidad: interesar a otros y se cumplió, si
no, no hubiera salido este encuentro, esta plenaria de tantos lugares y
la continuidad del trabajo precisamente. Sí traía cada quién sus
propuestas, pero finalmente eran similares y la propuesta de todos era
continuar, ya no quedarse como redes de apoyo sino pues continuar, dar
el siguiente paso”.
La Maestra del Centro Cultural comenta que en las mesas un objetivo
logrado era hacer un análisis global, nacional, regional y local, que
surgió de todas las personas y colectivos que se involucraron en el
proceso de apoyar la conformación de un Concejo Indígena de Gobierno.
Sobre su participación en el CompArte 2018.
En el CompArte 2018 el Colectivo Cultural participó con 4 canciones.
La experiencia fue distinta a otras que han tenido en diferentes
escenarios, se sintieron diferentes a cuando han cantado para otros
compañeros, o cuando cantan y les pagan, porque también de la cantada se
hacen de recursos económicos. No sintieron presión de agradarle al
público y el pánico escénico en ellos no se hizo presente. Dicen que
compartieron y dialogaron con más compañeros por medio de canciones
sobre cómo está el sistema. En el 15 aniversario de los Caracoles y el
CompArte 2018, se hizo tangible lo que se puede lograr con organización.
Otro integrante del Centro Cultural que imparte el taller de canto y
guitarra, que también participó en la presentación musical durante el
CompArte , cuenta sus impresiones de esta convocatoria y su visión del
zapatismo a lo largo de los años con respecto a la música: “aquí es un
semillero de cultura en la cuestión de la música. Hemos estado desde el
primer momento con el movimiento zapatista, no somos apoyo, somos parte
de lo mismo, nos declaramos zapatistas, hemos estado en algunas
comunidades. En un principio, entre las bases de apoyo del EZ había unos
cuantos músicos y ahora es algo enorme de verlo, a mí me llena de
satisfacción ver la participación de los compañeros. Ahorita, por
ejemplo, aquí en el CompArte con sus parodias, pues yo empecé también
cantando parodias y ya después me dediqué con la guitarra a las
canciones. Desde entonces en los lugares en donde estuvimos, por ejemplo
en la Garrucha, dimos un taller de teatro y de guitarra. Estuvimos en
la Nueva Revolución que está aquí adelantito de Morelia y también
trabajamos con la música. Esto fue cuando ellos tampoco tenían muchos
instrumentos. Por el terrorismo del gobierno que había, por los grupos
paramilitares, pues la gente tenía temor, entonces por medio de la
música ellos cantaban sus canciones y se reunían en las capillas y
cantaban alabanzas de protesta, no de las canciones de la jerarquía
católica. Esto a mí me motivó mucho, yo aprendí mucho de ellos desde ese
tiempo que convivimos con ellos, entonces a mí me nació más entrarle a
la cuestión del movimiento popular con la música”.
Sobre el crecimiento de las comunidades zapatistas, el maestro nos
cuenta: ”….es algo que pues no se puede uno imaginar el alcance que
tiene, o sea, lo que ha logrado el movimiento en todos estos años, no
nomás en la cuestión cultural, en la forma organizativa, en la
disciplina, la claridad que tienen ellos de ver de cómo ven las cosas, y
el decir no nos rajamos, cantando, sembrando, haciendo todo lo que todo
ser humano puede hacer pero con una claridad de amor a la vida y amor a
la naturaleza, y la música es una gran parte de eso, es un arma
también para ellos, es un arma de lucha. Entonces todavía hoy, aquí se
acercaron algunos compañeros y aunque saben tocar algunas cosas, les
faltaba y algunas cosas les sobraba, entonces esas cosas que a ellos les
sobraba me lo dieron a mí, y lo otro poquito de música también nos lo
compartimos y ellos se fueron con otras formas para complementar su
música. Porque nosotros decimos “no venimos a enseñar, venimos a
aprender”.
El Centro Cultural Makarenco también compartió un taller de bordado
llamado “Bordando Historias”, cuya dinámica consistía en crear una
historia, después un dibujo que representara la misma y posteriormente
bordarlo. De la misma manera compartieron un taller de chaquira. Estos
talleres se pensaron para desarrollar el pensamiento y la imaginación de
las personas, de esta manera se podría visualizar otra forma de ver el
mundo.
La maestra del Makarenko nos platica sobre el taller: “este taller
estuvo interesante porque mediante los bordados nos mostraron cómo se
organizaron y las figuras que representan la voz; hay una donde está el
Sup con su micrófono y lo que nos comenta el compañero que lo hizo es
que él (el Subcomandante) es la voz de todos. El micrófono representa la
voz de todos. Hay otra compañera de Oventic que nos contó que el nombre
de Oventic se lo dan los árboles de aguacate, que no se acordaba el
nombre de los árboles pero que es un nombre similar al de Oventic,
entonces como hay muchos árboles como esos, por eso la comunidad tiene
el nombre de Oventic”.
Una joven compañera que participó e impulsó el taller, nos platica
como el bordado puede ser una herramienta de comunicación: “es otra
manera de hablar o de expresar tus sentimientos, lo que tú percibes, lo
que tú vives el día con día, no todo lo puedes hablar, hay otras
maneras. Con creatividad y con el bordado que hicieron nos mostraron
otra forma de comunicación”.
Sobre el significado de lo que se borda otro joven compañero agrega:
“es otra forma de ver el mundo y concebirlo. Cuando estuvimos dando el
taller sucedió algo que a mí se me hizo muy bueno: yo dibujé una flor
porque era parte de una historia, el compañero me dijo “¿esa flor que
significaba?”, porque al momento de que yo le daba un significado dejaba
de ser una flor y tomaba el significado que yo le daba. Entonces el
compañero lo concebía más allá de una simple flor, o sea, ya lo veía
como otro significado, ya no era una flor, ya lo veía de otra manera,
eso fue lo que se me hizo interesante del taller”.
Finalmente, el Centro Cultural Makarenko se define a sí mismo, como
un espacio de construcción abierto para todo el mundo, un mundo donde
caben otros mundos, un Centro anticapitalista, antipatriarcal y
zapatista.