Por: Gilberto López y Rivas / Rebelión / La Jornada.
Sin duda, se vive un momento histórico del México contemporáneo, porque por primera vez en muchas décadas se respetó la voluntad popular expresada en las urnas; no se impuso un fraude de Estado, ni la caída del sistema, ni el cínico “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón; esta es una conquista trascendente del pueblo mexicano que, sin disminuir ni subestimar, es necesario analizar desde el pensamiento crítico y la lucha de los pueblos originarios en defensa de los territorios, la madre tierra y la vida.
Esta transición no se debe a una súbita vocación democrática del régimen priísta, sino a tres factores interrelacionados que impidieron la imposición del tradicional fraude de Estado: 1) La extraordinaria participación ciudadana de más de 60 por ciento del padrón electoral. 2) La fractura de la clase política de los principales partidos, el PRI y el PAN, que fueron a la elección separados, y con conflictos internos que se profundizaron durante la campaña. 3) El voto de castigo de millones de electores que se pronunciaron por un cambio.
No obstante, destaca la capacidad del Estado para reconstituirse: el triunfo de la masiva intervención de la ciudadanía, se trastocó rápidamente en una “victoria de las instituciones” y el “sistema democrático”. Atrás quedó la violencia desplegada a lo largo y durante el proceso electoral, y muy pronto fueron olvidados los 132 candidatos asesinados.
El reconocimiento del candidato oficialista la noche de la elección, y la tersa secuencia de eventos que culmina con el mensaje de Enrique Peña Nieto y el discurso conciliador del candidato ganador, hace pensar en una concertación a partir de la cual no habrá castigo por los crímenes de Estado y lesa humanidad del gobierno saliente, ni litigio penal sobre el visible saqueo del erario y la evidente complicidad de los tres niveles de gobierno con el crimen organizado.
Asimismo, es significativo que en su primer discurso como candidato ganador, López Obrador mande un mensaje a las corporaciones capitalistas para tranquilizarlas de que no tomará medidas “radicales”, “se respetarán los contratos”, “no habrá expropiaciones” y, en ese contexto, hay que entender su lema preferido: “Por el bien de todos, primero los pobres”, sobre el que cabe preguntar: ¿Quiénes son “todos”?
También, se reiteró la idea rectora-casi-única de toda la campaña de que la corrupción es la matriz de todos los males del país, negando AMLO que ésta sea inherente al capitalismo, cuya piedra angular es la expropiación del trabajo de la clase trabajadora y la desposesión de territorios-recursos-naturales-estratégicos por sus corporaciones. El presidente electo niega que la ley del valor-explotación-plusvalía-lucha-de-clases aplique para México, insistiendo en el factor de la corrupción. (https://www.facebook.com/morena.socialista /videos/632778547067850/.)
Esta peculiar perspectiva de López Obrador, que corrige a los “clásicos” del marxismo, es muy importante para el rumbo que siga la resistencia de los pueblos originarios frente al proceso de recolonización de los territorios por las trasnacionales capitalistas, la cual es visibilizada por el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y su vocera, Marichuy, durante toda la campaña. Mineras, corredor transístmico, refinerías, proyectos carreteros, trenes balas y una luna de miel con el empresariado, son malas señales para los pueblos originarios.
Por su parte, dirigentes de organizaciones indígenas en torno a AMLO presentaron un documento programático que, con la fraseología del zapatismo, incluso con el uso del “mandar obedeciendo”, propone, en suma, y como principal propuesta, un retorno al indigenismo ya superado desde el diálogo de San Andrés, ahora bajo la conducción de una burocracia indígena que conformaría una nueva secretaría de Estado.
Marichuy declaró que lo realmente significativo vendrá ahora y que lo trascendente es organizarse si se desea llevar al país hacia un cambio verdadero; se trata de resistir a las corporaciones capitalistas y a los gobiernos que las protejan, actuando desde donde se esté, en barrios, colonias, ciudades o pueblos indígenas.
El límite de la democracia representativa es que la participación ciudadana se concentra en un sólo día, a partir del cual, los asuntos públicos son monopolio de una clase de políticos profesionales que se desentiende del electorado. El EZLN y el CIG, en cambio, proponen una democracia de nuevo tipo, la democracia autonomista que se fundamenta en una construcción de poder y ciudadanía desde abajo; como forma de vida cotidiana, de control y ejercicio del poder desde el deber ser, esto es, con base en términos éticos. No es un medio o procedimiento de reproducción de estamentos burocráticos, sino un pacto social y político, un constituyente de todos los días que opera unitariamente en todas las esferas y órdenes de la vida.
Por esta democracia, la lucha seguirá, hombro con hombro con los pueblos, abajo y a la izquierda.
Nodo-caracol-bitácora virtual de cambalache chorero y otros chunches, abajo y a la izquierda.
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7 de julio de 2018
9 de octubre de 2017
Palabras de María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy) al entregar su carta de intención al INE para registrarse como candidata independiente a la presidencia de México.
Buenas tardes, compañeros, compañeras, hermanos indígenas, medios libres y medios de paga.
Estamos dando uno de los primeros pasos que vamos a llevar hacia adelante. Gracias porque están aquí presentes, apoyando, ya que esto es una propuesta colectiva, de muchos.
Y lo que quiero iniciar diciendo, que para lograr este primer paso, nos pusieron muchas trabas. Nos quisieron tratar como de la alta, de los que se rigen allá arriba. Que solamente esta estructura está diseñada para ellos, no para la gente de abajo, no para la gente trabajadora. Mucho menos para las comunidades indígenas. Pero aun así hemos logrado dar este primer paso. Y les quiero decir que no nos quisieron abrir una cuenta en un banco, que era uno de los requisitos, que teníamos que tener una cuenta, y nos bloquearon el banco HSBC, no nos quisieron abrir, y tuvimos que buscar otro.
Entonces desde ahí se ve cómo está amañado este poder, ¿verdad? Pero aun así lo hemos logrado y ya dimos un primer paso. Y claro, con el apoyo de todos ustedes. También queremos dejar claro que esto es diferente, nuestra propuesta es diferente, es una propuesta colectiva, que no es como ellos lo tienen diseñado, que es una persona la que dice, es una persona la que decide, y se hace lo que la persona dice. Aquí no.
Somos en colectivo, ¿verdad? Por eso es el Concejo Indígena de Gobierno, que es la presencia de los pueblos indígenas aglutinados en este gran Concejo, y que son concejales propuestos desde sus mismas comunidades, vistos desde sus comunidades, respaldados, y que van a estar al pendiente. Ése es el principal. Concejo Indígena de Gobierno, que es el que va a caminar. Entonces no es una persona, que quede claro, ¿verdad? Somos un grupo. También ¿cómo vamos a caminar? Vamos a caminar al estilo de los pueblos indígenas, con apoyo de las gentes, con el apoyo de nuestras comunidades. Así como se hacen las fiestas en las comunidades, como nos organizamos para recibir a alguien de otras comunidades, para recibir el cargo, así lo vamos a hacer. Que quede claro que no vamos a recibir ningún peso del Instituto Nacional Electoral.
Y esto que vamos a emprender va a ser con el apoyo de todos, ¿verdad? Vamos a ir caminando de esa manera. ¿También por qué? Porque nos queda claro, sobre todo ahorita en este tiempo que acabamos de pasar de catástrofe, se vio clarito que no les interesa la gente de abajo, que no están con la gente de abajo. Que lo que quieren es exterminarlos y quitarlos. Así como nos han venido acabando a los pueblos indígenas, como nos han impuesto los planes, programas para asegurar ese despojo, esa división. Entonces queda claro que para ellos la gente de abajo no existe.
¿Y qué tenemos que hacer nosotros? Organizarnos. Ésa es nuestra propuesta. Nos tenemos que organizar y darnos la mano entre todos, y acabar con este sistema capitalista, este sistema patriarcal, este sistema racista, clasista. Porque lo estamos viviendo en carne propia, pues. Entonces tenemos solamente que dar ese paso, organizarnos, para poder salir adelante con esta propuesta que surge desde los pueblos indígenas y que no es un invento, es algo que se vive por años y por eso han estado y siguen existiendo a través de todos estos años.
¿Por qué no los han acabado? Por la organización que tienen y que han heredado año tras año, década a década, ¿verdad? Entonces esa organización que se tiene en las comunidades y que es heredada, ahora se quiere plantear para todos los mexicanos, ¿verdad? Entonces es algo que ya se vive en las comunidades que no, como les decía, no es un invento. Es algo que ya está y que tenemos, los pueblos están planteando esta propuesta, y por eso queremos caminar como los pueblos indígenas, junto con todos ustedes, con esta propuesta. Solamente así vamos a salir adelante. También los pueblos indígenas no pueden solos, por eso se pide el apoyo de los trabajadores del campo y la ciudad. Juntos tenemos que hacer ese esfuerzo para poder salir adelante y sacar a nuestras comunidades, barrios, colonias, pueblos, todo.
Tenemos que unir esos esfuerzos, junto con los pueblos indígenas. Ellos nos van a poner la muestra de cómo tenemos que caminar. Y también como mujer, como madre, como trabajadora, les digo y les hablo, que tenemos que luchar contra este machismo, contra este clasismo, contra este sistema patriarcal que quiere a toda costa acabarnos, separarnos y diciendo que solamente los hombres pueden. Y tenemos que organizarnos. Si nuestros pueblos viven esa discriminación, mucho más las mujeres. Y yo creo que no solamente las mujeres de las comunidades indígenas, pienso que a nivel nacional. Por eso esta lucha va para todo el mundo.
Esta lucha va mucho más allá de México, que quede claro que es para el mundo. Por eso tenemos que organizar todos esos dolores que están pasando en nuestras comunidades, en nuestros pueblos, tenemos que organizar todas esas rabias. Entonces ese mensaje queda de nuestra parte: que hay que organizar esos dolores y esas rabias. Solamente así vamos a poder salir adelante, compañeros.
Gracias.
25 de octubre de 2016
¿Por qué no voto? ¿Por qué votaría?
Por: Peter Rosset / Rebelión.
Yo estoy habilitado para votar en dos países, ya que ostento doble nacionalidad. Pero son décadas ya que no voto en ninguno de los dos. ¿Por qué no voto? La versión corta: votar en este sistema podrido de partidos políticos electoreros y politiqueros, no cambia las cosas de fondo que se tienen que cambiar. Pero ahora, sí, me siento con inspiración y ganas de votar. ¿Por qué? Por la osadía de la propuesta del Zapatismo y del Congreso Nacional Indígena (CNI), de lanzar una campaña muy otra (que no es lo mismo que una segunda Otra Campaña).
Los partidos políticos electoreros, todos, son cómplices del Poder, del capital nacional e internacional, de los monopolios mediáticos, de la minería, del agronegocio, del narco adentro y fuera del mal gobierno, cómplices en un sistema de corrupción y robo organizado, ilegal y legalizada. En las palabras del subcomandante Moisés del EZLN, este 11 de octubre: “no habrá nada para nosotros de lo que queremos o de lo que necesitamos, en los partidos que ya hay, ni en los dizque nuevos que vendrán, porque son los mismos que se brincan de un partido a otro.” Aquí en México se han proliferado los partidos electoreros, PRI, PAN, PRD, PT, Verde, PANAL, MORENA, mientras que el país se pasa de muy, muy, muy mal, a mucho, mucho, mucho peor.
La lluvia de crítica y reprobación que ahora cae sobre el EZ y CNI, parece no estar muy bien informada por su real contenido. Valdría la pena un breve repaso.
No se propone la candidatura de una sola persona, se propone un consejo colectivo de gobierno. No se propone un hombre mestizo o blanco, se propone una mujer indígena. No se impone una propuesta, se la manda a consulta. No es una propuesta acabada, está sujeta a enmienda y a aportes colectivos. No se decide y ya, se declaran en asamblea permanente. El EZLN no va adelante, el CNI va adelante, y los Zapatistas detrás. No es un planteamiento electoral ni electorero, es un planteamiento de lucha. No es crear un partido político, es lanzar una candidatura independiente. La intención no es ir por el poder, es destruir el “Poder,” “para desmontar desde abajo el poder que arriba nos imponen, y que nos ofrece un panorama de muerte, violencia, despojo y destrucción.”
No se espera que de los politiqueros viciados y corruptos, de la clase política, vendrá la salvación. Más bien se apela a la sabiduría colectiva de los pueblos: “para defender lo que somos; nuestro caminar y aprendizaje se han consolidado en el fortalecimiento de los espacios colectivos para tomar decisiones.” En el nivel más mínimo, sin contemplar posibilidades de voto, es un intento muy necesario de lograr un cambio de juego. A los pueblos nos están metiendo goles al granel, y ahora intentaremos un rompimiento colectivo para meterles un gol a ellos. Para romper el cerco mediático. Será una campaña que visita cada rincón del país donde hay resistencia, para dar voz a la propia gente que está en las primeras trincheras de la defensa de la dignidad y la Madre Tierra. Para dejar de vernos a nosotros mismos solo en el rol de víctimas, y para sacar la cabeza e ir a la ofensiva. Para meterle corriente a las bases, de sacarnos de la desmovilización de los puros lamentos, para energizar a las comunidades, a los barrios, a la juventud, en las asambleas de la consulta, en la eventual recolecta masiva de firmas para lograr la inscripción, en la campaña de puerta a puerta, desde abajo y a la izquierda.
No voto. Pero ahora sí, tengo ganas de votar.
La lucha por la vida y el ser de los pueblos indígenas en México.
Por: Agustín Ávila / Rebelión.
Me encanta como desde la academia y lo "correcto" se asume que las comunidades indígenas zapatistas solo son un producto occidental de las "buenas costumbres" de izquierda, cuando hay una cultura arraigada, híbrida, en movimiento, pero distinta a la mayoritaria del país, que lleva más de 20 años creando y recreando nuevos imaginarios, contrapoderes, nuevos instituyentes, todo ello en conflicto, en enfrentamiento, con muertos, desaparecidos, presos, etc.
Basadas en conceptos propios en lengua tseltal, tsotsil, chol o tojolabal -entre muchas lenguas que se hablan en su territorio-, las comunidades indígenas tienen otra forma de relacionarse con la naturaleza, la vida, la acción política y la ética.
Para los "académicos" y los intelectuales "correctos" sólo existen los conceptos eurocentrados y coloniales, los caminos únicos al reino de la felicidad, ya sea retomando a Marx, Bourdieu, Hegel, el racista de Kant o los demás. Poco se retoma lo que los pueblos indígenas dicen, hacen y retoman de su memoria biocultural.
En ese sentido discutir sobre una posible candidatura que no se ha definido bien, que es algo que habrá que esperar, cuyo resultado saldrá de una consulta que involucra a decenas de miles de personas por todo México, requiere indudablemente una gran apertura epistemológica, una visión desde el sur, desde el México profundo que ahí esta en pleno siglo XXI exigiendo su derecho a ser parte de nuestro país -les guste o no a todos-.
Requiere entender que la lucha por el territorio, por la defensa de la vida, de la ecología, de la madre tierra, es una defensa de un modo de vivir, de ser. Es una lucha política ontológica lo que están llevando a consulta las comunidades indígenas que hoy más que nunca se ven amenazados con los proyectos mineros, energéticos, con la introducción de transgénicos, la construcción de presas, la privatización del agua, la construcción de megaproyectos, de obras de infraestructura y de zonas económicas especiales.
Por ello hoy más que nunca es necesario hacer visibles esas luchas, esas resistencias, esas construcciones alternativas, esas otra formas de vivir, de estar, de compartir y de construir que en diferentes rincones de México se encuentran. Y que indudablemente anuncian un mejor mañana, porque lo que venga indudablemente tejerá solidaridades, experiencias, sentidos alternativos de futuro, nos preparará aún más a enfrentar a esta hidra capitalista que por todo México privatiza lo público y construye una monocultura de acción política.
EZLN y CNI: la vía electoral como herramienta para luchar contra el sistema.
Por: Juan Luis de la Rosa Municio / Diagonal.
No a pocas personas nos ha sorprendido el contenido del comunicado conjunto que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Congreso Nacional Indígena (CNI) hicieron público el pasado 14 de octubre en el marco del encuentro realizado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, con motivo de la celebración del V Congreso Nacional Indígena.
En este comunicado, titulado “Que retiemble en sus centros la tierra”, el CNI y el EZLN acuerdan nombrar un Consejo Indígena de Gobierno, representado por una mujer indígena delegada del CNI, que, en nombre de ambas organizaciones, se presentará como candidata independiente en las elecciones a la presidencia del país en el año 2018.
Desde su aparición pública, el 1 de enero de 1994, el EZLN ha mantenido un posicionamiento abiertamente crítico y en contra del sistema capitalista. Un sistema que, según el discurso zapatista, explota, excluye y aniquila no sólo a los pueblos indígenas, sino a la sociedad en su conjunto. Es el Estado y las instituciones que lo conforman, incluidos los partidos políticos, los encargados de imponer y establecer, a través del poder oficial, el orden político y social que sirva mejor a los postulados e intereses del sistema capitalista: el neoliberalismo.
El EZLN ha reiterado una y otra vez, lo hace también en este último pronunciamiento junto al CNI, que su lucha no es por la toma del poder establecido. EZLN y CNI proponen la construcción y ejercicio de un contrapoder que, a través de la práctica diaria de nuevos modelos de organización social y de ejercicio del poder político desde abajo (el mandar obedeciendo) sirvan para que los pueblos puedan organizarse y gobernarse a sí mismos partiendo de modelos propios en los que se vean representados sus intereses, y particulares concepciones de entender la política y la sociedad. Esto puede ser entendido como un ejercicio de descolonización y desconexión de sus vidas del modelo occidental capitalista.
Las Juntas de Buen Gobierno zapatistas y otras prácticas autonomistas indígenas, llevadas a cabo por distintos pueblos representados en el CNI, representan la práctica cotidiana de este contrapoder que a corto plazo puede servir para resistir y defenderse de los embates del capitalismo, pero que, a largo plazo, edifica y consolida un nuevo orden político y social en el que el poder oficial (el mal gobierno) y las causas que generan opresión y exclusión a los pueblos son eliminadas.
Conscientes que para cambiar la particular situación de opresión y exclusión que el sistema capitalista ejerce sobre los pueblos indígenas de Chiapas hay que combatirlo a nivel global, el EZLN ha favorecido numerosos espacios de encuentro, debate y propuestas de acción (como el propio Congreso Nacional Indígena), pudiendo considerarse al EZLN como uno de los primeros movimientos precursores de conceptos como la antiglobalización y la pluriversalidad.
En estos eventos han participado numerosos movimientos sociales y otros sectores excluidos de la población, provenientes de diversos lugares del planeta, y a los que el EZLN ha apelado para conocer sus particulares luchas y reivindicaciones. Bajo un principio de respeto a la diferencia y a las prioridades que puedan tener cada colectivo (un mundo donde quepan muchos mundos), se han presentado ideas e iniciativas para que cada cual en su país o espacio se organice a su manera y vea cómo mejor hacer frente al capitalismo, siendo la meta final el lograr sustituir el sistema actual por otro(s) más justo(s) e incluyente(s) (Otro mundo es posible).
En su particular manera de organizarse y de hacer frente al capitalismo, el EZLN, y también el CNI, han optado por una estrategia amplia. Por un lado, como ya hemos visto, han construido un contrapoder que permite el desarrollo e instauración de un modelo político y social alternativo al margen de las instituciones y el poder del Estado (prácticas autonomistas). Por otro, han llevado a cabo una serie de acciones encaminadas a intervenir dentro de la política oficial en aquellos asuntos que afectan a los intereses de los pueblos indígenas y otros grupos excluidos, tratando de dotarles así de mayores derechos y garantías que sirvan para atender a sus necesidades inmediatas y poner freno a los efectos que el capitalismo está ejerciendo sobre ellos en el día a día.
Algunos de los ejemplos de esta vía de lucha más institucional pueden ser: las negociaciones realizadas con el Gobierno mexicano sobre derechos y cultura indígenas (Acuerdos de San Andrés, 1996), la intervención en el año 2001 de delegados/as del EZLN y del CNI en el Congreso de la Unión (dentro del marco de la aprobación de la nueva Ley Indígena), las propuestas de redacción de una nueva Constitución política para el país, recogidas en la II y VI Declaración de la Selva Lacandona (1994 y 2006), etc.
Aunque a primera vista resulte una estrategia nueva o sorprendente, la vía electoral tampoco ha sido nunca desechada por los zapatistas como medio para transformar en lo inmediato la realidad existente. Eso sí, siempre partiendo desde una concepción anticapitalista y sin perder el horizonte de construir desde abajo un nuevo orden social y político.
En este sentido, EZLN y CNI hablan en su último comunicado de que son muchas las agresiones que sufren los pueblos indígenas a causa del capitalismo. Una situación que les puede llevar a desaparecer en un breve espacio de tiempo. Las prácticas autonomistas, aunque han servido para avanzar en la construcción de un modelo político y social alternativo y han mejorado la situación cotidiana de los pueblos, no han sido del todo suficientes para resistir y defender a estos pueblos de las consecuencias negativas que sobre ellos tiene la imposición de un modelo de desarrollo neoliberal capitalista.
Para defenderse y poner freno a esta desesperada situación, EZLN y CNI proponen el marco de las elecciones electorales a la presidencia del país como espacio donde poder desmontar desde abajo el poder que desde arriba se les impone. No se trata de tomar el poder para perpetuar el sistema, sino de forzar y posibilitar que los pueblos indígenas y la sociedad civil en general consigan un espacio desde donde poder visibilizarsey tener la posibilidad de seguir organizándose, fortaleciendo y desarrollando sus propias alternativas antisistémicas de contrapoder.
El cómo desarrollar esta estrategia y el cómo puede servir como medio eficaz para alcanzar los resultados que de ella se esperan son aspectos que todavía no están claros y que a día de hoy se están debatiendo. EZLN y CNI declaran el Congreso en asamblea permanente y pasan a consultar a cada uno de sus pueblos y comunidades la nueva propuesta.
En el caso de que ésta sea aprobada, asistiremos a una nueva etapa de la lucha zapatista e indígena en México, en la que, sin renunciar a sus principios básicos y lucha por la autonomía, se sumará un nuevo escenario y forma de acción colectiva. El tiempo y la praxis indicarán si es una estrategia efectiva para subvertir el poder.
9 de junio de 2015
Urnas embrujadas.
Por: Raúl Lugo.
www.raulugo.indignacion.org.mx
El proceso electoral está en su última etapa. Si a las campañas y su propaganda nos atuviéramos, casi todo el país respondería de manera unánime: ¡Gracias a Dios! El hartazgo de la gente de a pie debido a la sobreexposición de la partidocracia en carteles, espectaculares, lonas, papelería, gorras, camisetas, vasos, plumas, tazas y, por si fuera poco, en los medios de comunicación social, ha sido un común denominador. El dinero público que en eso se invierte rinde magros resultados, salvo, claro, el enriquecimiento de los dueños de los medios.
www.raulugo.indignacion.org.mx
El proceso electoral está en su última etapa. Si a las campañas y su propaganda nos atuviéramos, casi todo el país respondería de manera unánime: ¡Gracias a Dios! El hartazgo de la gente de a pie debido a la sobreexposición de la partidocracia en carteles, espectaculares, lonas, papelería, gorras, camisetas, vasos, plumas, tazas y, por si fuera poco, en los medios de comunicación social, ha sido un común denominador. El dinero público que en eso se invierte rinde magros resultados, salvo, claro, el enriquecimiento de los dueños de los medios.
Pienso que hay buenas y malas noticias
en el proceso que está concluyendo. La primera mala noticia es que está todavía
lejana la fecha en que el proceso electoral alcance aquella sublime descripción
de Ángeles Mastretta: “Acudir a unas elecciones pacíficas, votar por
quien mejor nos parezca y ser capaces de creer que ganó el que gane, no puede
ser eternamente un imposible. Sin embargo, cuántas veces tal simpleza ha
cruzado por nosotros como una fantasía que de seguro colinda con la magia”.
No sé cuántos años más nos
lleve superar la oferta de regalos a mansalva, las hordas partidistas
presionando a los votantes fuera de las casillas, la desconfianza en los
funcionarios electorales (‘segurito que ya los compraron’), la adhesión
partidista vista como seguro contra el empleo… Y eso para no hablar de los
obstáculos mayores: la imposición partidista de consejeros electorales a nivel
local y nacional, la impunidad del ‘partido’ verde… en fin, los agobios de esta
forma de democracia tan nuestra y tan necesitada de reconstrucción.
Otra mala noticia, sin duda, es la
presencia de elementos de violencia en la jornada electoral. No me refiero
solamente a las amenazas del crimen organizado que, según parece, quita y pone
candidatos de todos los partidos a su gusto. Me refiero, al menos en Yucatán, a
la aparición de fenómenos de violencia que, en Temax, han dejado dos personas
muertas y casas incendiadas. Puede ser que el encono político sea llevado hasta
extremos de linden con la amenaza de violencia; ya había sucedido… pero
¿personas portando pistolas de 9 milímetros y disparándolas contra sus
adversarios políticos? Ese me parece un dato nuevo y grave, al menos en
Yucatán.
Cualquier discusión sobre las elecciones
no puede dejar de notar el desamparo en el que se encuentran muchos ciudadanos
y ciudadanas en algunas regiones del país: expuestos a elegir entre
delincuentes y corruptos. Ninguna elección así merece el nombre de democrática.
Y tiene razón el centro de derechos humanos guerrerense ‘Tlachinollan’ al
advertir que no puede esperarse gran cosa de unas elecciones realizadas en
medio de una guerra. Y algunas regiones del país están en guerra.
Un rasgo positivo, no obstante, es la
copiosa votación que todavía se recibe en las urnas. Como empeñados en darle
una oportunidad a la democracia, miles de ciudadanos y ciudadanas van a votar a
pesar de todos estos pesares enlistados arriba. La democracia, esa señora tan mencionada
en los últimos meses, parece no servirles de gran cosa: los políticos se sirven
solamente a sí mismos, responden solamente a las órdenes de sus amos, venden el
país a pedazos, convierten todo el proceso electoral –comenzando por la
constitución de los órganos electorales ‘ciudadanos’– en un singular mercado… y
las personas siguen haciendo filas para votar. Acaso sea el signo de su
aferramiento a encontrar una salida pacífica a sus agobios, su terco deseo de conjurar
la violencia, su seguro de vida contra el caos… pero resulta que la democracia
electoral ya no parece capaz de garantizar ni siquiera eso. De cualquier
manera, no soy de los que piensan que votar sea una equivocación y celebro como
cosa positiva que haya tantos votantes (y votantas, que al menos en mi casilla,
eran abrumadora mayoría) y que, a pesar de las presiones, haya personas que sin
recibir pago alguno cuiden el actuar de los funcionarios y resguarden la
casilla mientras hacen el conteo final. Hay entre estas personas historias de
heroica resistencia y gracias a su empeño han quedado conjurados decenas de
tramposos a quienes se les ha frustrado su numerito.
Otra buena noticia, desde mi
perspectiva, es la creciente cantidad de votantes que deciden nulificar su
voto. No porque éste sea un medio de conseguir nada, sino como una simple manifestación
de protesta. No existe la obligación de votar por el ‘menos peor’. No sé mucho
de estrategias, pero me parece que la dignidad del voto nulo no es menor a la
dignidad del voto útil. Cuestión de elecciones. A pesar de todas las
discusiones abiertas sobre la conveniencia o no de anular el voto, concedo que
no termina de despejarse en todos la cuestión de si el voto nulo no habría
podido ser mejor utilizado. Pero si algún día encontráramos la manera de que la
votación nulificada tuviera un significado pragmático en los resultados, ese
día, estoy seguro, los anulistas podrían impedir el triunfo de uno que otro
desvergonzado de esos que compiten impunemente.El voto útil solo termina cambiando a unos desvergonzados por otros.
Y finalmente, Kumamoto y El Bronco, dos
sorpresas de distinto calibre, pero ambas botones de muestra de por dónde podría
caminar la superación del factor más desencantador de la democracia mexicana:
su secuestro a manos de los partidos políticos. Podrá Kumamoto ser un ‘yo soy 132’
en el poder y El Bronco un ex priísta converso gracias a su tragedia familiar,
pero ambos, sin juzgar ahora sus virtudes o defectos personales, que conozco
muy poco, son signo de que –como nos enseñan los mexicanos que cruzan la
frontera norte– siempre es posible encontrarle un hueco al muro, en este caso,
al muro del dominio de los partidos que ha sofocado los alientos de todas las
recientes reformas electorales.
Las y los zapatistas, expertos en el
trato con el poder porque lo han sufrido en carne propia, redujeron las
elecciones a su legítima dimensión cuando aconsejaron: voten o no voten, no
dejen de organizarse. Por el momento, las elecciones no son otra cosa que la
disputa del botín entre los de arriba. Sean del color que sean, ellos están
arriba, y para continuar ahí obedecen a los que de veras mandan, a los que están
todavía más arriba y no sujetan su poder a urna ninguna. Pero abajo hay vida fuera
y más allá de las elecciones. Y algún día, la vida que crece desde abajo,
terminará por darle otro significado al voto, a la urna, a la participación; el
significado que las y los zapatistas han sellado con su sangre y se proponen hacer
realidad en las Juntas de Buen Gobierno: “Aquí el pueblo manda y el gobierno
obedece”. Nunca se ha dicho algo tan alto de la democracia.
Ah. Se me olvidaba. El título. Dice un
medio de comunicación de esos de paga, que hubo brujería en Suma de Hidalgo antes
de la votación. Que en la puerta del Tendejón ‘La Flor’, frente a la clínica
del IMSS, apareció un vaso con flores amarillas y tierra colorada. No sé qué
augurios trataría de convocar ese sortilegio o qué pediría a cambio de esa ofrenda
el demandante. Pero el ingenioso comentario que la nota provocó en el whatsapp sería
de carcajada si no fuera porque apunta a
nuestra tragedia nacional: “No sé cómo clasificar esto en la compra, coacción y
brujería del voto. Pero es verídico, son urnas embrujadas: votas por cualquier
candidato y te gobiernan monstruos”.
Así que a organizarnos y a resistir. Que
para eso no se necesitan tiempos electorales.
3 de junio de 2015
México, como el Centroamérica de los ochenta.
Babel
México, como el Centroamérica de los ochenta
Javier Hernández Alpízar
En los años ochenta Reagan hizo la guerra en Centroamérica (la expansión de los cárteles de la droga en México y Colombia es una de las consecuencias de las operaciones de la CIA en esa misión contrainsurgente, cf. Los señores del narco de Anabel Hernández), se trataba de destruir a la revolución sandinista en Nicaragua y de frenar al FMLN en El Salvador. En Guatemala, la contrainsurgencia tuvo su carácter nacionalista, como alguna vez fueron invadidos por el ejército estadunidense para derrocar a Jacobo Árbenz, los militares guatemaltecos hicieron contrainsurgencia con asesores militares argentinos e israelíes más que gringos. Política de tierra arrasada y exterminio, genocidio (decía Cardoza y Aragón que el peor del siglo XX después del realizado por los nazis), aldeas enteras masacradas y enterradas en fosas comunes, una política racista anti indígena, desplazamiento forzado de población, comunidades en resistencia huían por las montañas, aldeas modelo- polos de desarrollo, campos de concentración controlados por militares, con retículas cuadradas como se hace desde los romanos. Los paramilitares se llamaban “patrullas de autodefensa civil”. Represión, prisión política, tortura, violación y tortura sexual sistemática contra mujeres y hombres.
En México estaba la retaguardia de los movimientos que buscaban el cambio social en sus países: URNG en Guatemala, FMLN en El Salvador, FSLN en Nicaragua. La guerra de Reagan finalizó con normalidad electoral, con la pistola de la guerra y el bloqueo en la sien los nicaragüenses votaron por Violeta Chamorro y mandaron al FSLN a la oposición (cuando regresó ya era el PRI centroamericano, los rezanderos, les dicen, por su lenguaje religioso profano), el FMLN entregó las armas simbólicamente en México: Villalobos dio su arma a Salinas. La URNG también negoció la paz. Ahora todo son urnas. De hecho, en medio de las guerras, mientras los ejércitos mataban no sólo a guerrilleros sino a pueblos enteros, población civil, gente pobre rural y urbana, indígenas, había elecciones, y observadores electorales. Eso servía a los Estados Unidos para justificar la guerra porque se trataba de desestabilizadores comunistas (en plena Guerra Fría) contra una “democracia”.
En ese contexto, gracias al activismo en Guatemala de organizaciones como el Grupo de Apoyo Mutuo y el Comité de Unidad Campesina (CUC), creció la figura de la líder indígena maya Rigoberta Menchú Tum, que recibió el premio Nobel de la Paz. En 1994 algunos la sugerían para mediadora de un alto al fuego entre Salinas y el EZLN, los zapatistas la rechazaron amablemente diciendo que conocían su trabajo y la respetaban, pero esto debía resolverse entre mexicanos (los gobiernos mexicanos, con cara de alemán el de Chiapas, acusaban a los zapatistas de “extranjeros”), pero entonces la señora Menchú no era aún la socia del Doctor Simi, ni la mercenaria al servicio de Javier Duarte y del racista institucional Lorenzo Córdova.
Un sandinista, Tomás Borge, escribió un libro como elogio editorial a Salinas de Gortari. Los zapatistas le declararon la guerra a Salinas. Algunos ex guerrilleros mexicanos que lucharon en Nicaragua y El Salvador regresaron a México decepcionados y viven en el anonimato. Dicen los que saben que incluso estudiantes de la Ibero, que iniciaron con comités de solidaridad, terminaron combatiendo en las filas del FSLN. Hoy esas izquierdas centroamericanas son socias del PRI, son buenos amigos, como lo fueron toda la vida Fidel Castro y Fernando Gutiérrez Barrios.
Parecía que México ya había hecho su revolución y ahora tenía el papel de la mera solidaridad y la retaguardia. Con negociaciones de paz en las que el gobierno mexicano fue mediador, se ganó un prestigio internacional y desactivó cualquier posible solidaridad con proceso revolucionarios en México. Cuba servía sólo para exiliar en jaula de oro a los ex guerrilleros mexicanos.
Donde sí se cosecharon dividendos fue en la contrainsurgencia. Claro incluso ex guerrilleros centroamericanos han asesorado la contrainsurgencia, sobre todo con Zedillo.
Y si regresamos al párrafo inicial, solamente tenemos que cambiar el nombre de Guatemala para ver detrás de la normalidad democrática a una guerra con urnas como pantalla: la normalidad democrática de la contrainsurgencia con el know how made in USA: ¿qué tan lejos está hoy México de la masacre guatemalteca de los ochenta?:
“Política de tierra arrasada y exterminio, genocidio, aldeas enteras masacradas y enterrados en fosas comunes, una política racista anti indígena, desplazamiento forzado de población, comunidades en resistencia huían por las montañas, aldeas modelo- polos de desarrollo, campos de concentración controlados por militares, con retículas cuadradas como se hace desde los romanos. Los paramilitares se llamaban “patrullas de autodefensa civil.” Represión, prisión política, tortura, violación y tortura sexual sistemática contra mujeres y hombres.”
No, no está muy lejos, también aquí asesinan opositores mientras siguen con la normalidad de las urnas. Y aquí no viene de observador electoral Carter, pero viene Menchú. En su país, Guatemala, las urnas tampoco han cambiado el problema, ahora el genocidio avanza con los proyectos mineros… como en México.
La discusión no es meramente votar o no, tiene mucho fondo, hace falta mucha, mucha memoria.
7 de mayo de 2015
SOBRE LAS ELECCIONES: ORGANIZARSE.
A l@s compas de la Sexta:
A l@s que están leyendo porque les interesa aunque no sean de la Sexta:
En estos días, como de por sí cada que hay esa cosa que llaman “proceso electoral”, escuchamos y miramos que salen con que el EZLN llama a la abstención, o sea que el EZLN dice que no hay que votar. Eso y otras tonterías dicen, que de balde tienen cabeza grande, que ni estudian siquiera la historia, ni siquiera buscan. Y eso que hasta hacen libros de historia y biografías y cobran por esos libros. O sea que cobran por decir mentiras. Como los políticos.
Claro que ustedes lo saben que a nosotr@s ni nos interesan esas cosas que hacen los de arriba para tratar de convencer a la gente de abajo de que la toman en cuenta.
Como zapatistas que somos no llamamos a no votar ni tampoco a votar. Como zapatistas que somos lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que se necesita.
Nosotr@s, como much@s más en los pueblos originarios de estas tierras, ya lo sabemos su modo de los partidos políticos, y es una mala historia de malas personas.
Una historia que para nosotr@s como zapatistas que somos, ya es historia pasada.
Creo que fue el finado Tata Juan Chávez Alonso el que dijo que los partidos parten los pueblos, los dividen, los enfrentan, los hacen pelear entre mismos familiares.
Y de por sí así lo vemos cada tanto en estas tierras.
Ustedes lo saben que en varias comunidades en las que estamos, pues hay gente que no es zapatista, sino que están así sin organizarse, mal viviendo y esperando a que el mal gobierno le va a dar su limosna para sacarse foto que el gobierno es bueno.
Entonces vemos que, cada que hay elecciones, unos se hacen de rojo, otros de azul, otros de verde, otros de amarillo, otros descoloridos, y así. Y se pelean entre ellos, en veces mismo entre familiares se pelean. ¿Por qué se pelean? Pues por ver quién los va a mandar, a quién van a obedecer, quién les va a dar órdenes. Y piensan que si gana tal color, pues los que apoyaron ese color van a recibir más limosna. Y entonces lo vemos que dicen que son muy conscientes y decididos de ser partidistas, y a veces hasta se matan entre sí por un pinche color. Porque es el mismo que ya manda el que quiere cargo, a veces se viste de rojo, o de azul, o de verde, o de amarillo, o se pone un nuevo color. Y dicen que ya son del pueblo y que hay que apoyarlos. Pero no son del pueblo, son los mismos gobiernos que un día son diputados locales, otro son síndicos, otro son funcionarios de partido, ahora ya son presidentes municipales y así se la pasan brincando de un cargo a otro, y también brincando de un color a otro. Son los mismos, los mismos apellidos, son los familiares, los hijos, los nietos, los tíos, los sobrinos, los parientes, los cuñados, los novios, los amantes, los amigos de los mismos cabrones y cabras de siempre. Y siempre dicen la misma palabra: dicen que van a salvar al pueblo, que ahora sí ya se van a portar bien, que ya no van a robar tanto, que van a ayudar a los jodidos, que los van a sacar de la pobreza.
Bueno, pues entonces se gastan su dinerito, que por cierto no es suyo sino que lo sacan de los impuestos. Pero esas cabras y cabritos no es que se gastan la paga en ayudar o en apoyar a los jodidos. No. Sino que se lo gastan en poner sus letreros y sus fotos en las propagandas electorales, en los anuncios de las radios y televisiones comerciales, en sus periódicos y revistas de paga, hasta en el cine aparecen.
Bueno, pues los que en las comunidades son muy partidistas en tiempos electorales y muy conscientes de su color que tienen, cuando ya queda quien ganó, todos se pasan de ese color, porque piensan que así les van a dar su regalito.
Por ejemplo, que ahora les van a dar su televisión. Bueno, como zapatistas que somos nosotros decimos que les están dando un bote de basura, porque por esa televisión les van a mandar un montón de basura.
Pero si antes les daban o no les daban cabal, ahora ya no les dan ni les van a dar.
Si les daban, pues para hacerse haraganes. Hasta se olvidaron de cómo se trabaja la tierra. Están ahí nomás, esperando que llega la paga del gobierno para gastársela en trago. Y están ahí en sus casas, burlándonos porque nosotr@s nos vamos a darle al trabajadero, y ellos nomás están esperando que regresa la mujer, la hija, que la mandaron a recoger la despensa, el apoyo del gobierno.
Así, hasta que ya no llega. No les avisan, no sale en los medios de paga, nadie viene a decirles que son sus salvadores. Simplemente ya no hay apoyo. Y ese hermano, hermana se da cuenta de que no tiene nada ya, que no hay para trago, pero tampoco para maíz, frijol, jabón, calzones. Y entonces pues tiene que volver al trabajadero que está abandonado, enmontado que ni se puede caminar. Y como ya se olvidó de trabajar, luego se le ampollan las manos y ya ni el machete puede agarrar. Como que lo volvieron un inútil que sólo vive de limosnas y no de trabajo.
Y eso ya está pasando. No sale en las noticias de los malos gobiernos. Al contrario, sale que sí, que muchos apoyos. Pero en los pueblos no llega ya. ¿Dónde queda la paga que dice el mal gobierno que está dando de la campaña de limosna para el hambre? Bueno, pues lo sabemos que allá arriba ya les dijeron que va a haber menos dinero o que de plano no va a haber. ¿Ustedes creen que si el campesino que está ya hallado a la limosna y se olvida de trabajar, el de arriba que le daba el apoyo sí trabaja? Pues no, ése de arriba también está hallado a recibir de gratis. No sabe vivir honradamente trabajando, sino sólo sabe de vivir de tener cargo en el gobierno.
Bueno, pues pasa que como ya hay menos paga, ya no llega nada. Todo se va quedando arriba. Un tanto agarra el gobernador, otro el juez, otro el policía, otro el diputado, otro el presidente municipal, otro el síndico, otro el líder campesino y pues ya para la familia del partidista pues no llega nada.
Pero antes sí llegaba, pero ya no llega. “¿Qué pasa?”, pregunta el partidista. Y piensa que es que ese color ya no sirve, y prueba de otro color. Y sale igual. En sus asambleas de los partidistas se encabronan, se gritan, se acusan entre sí, se llaman traidores, vendidos, corruptos. Y resulta que sí, que los que gritan y los gritados son de por sí traidores, vendidos y corruptos.
Y entonces, como quien dice la base de los partidistas, pues se desesperan, se angustian, se dan pena. Ya no hay la burla porque en nuestras casas zapatistas hay el maíz, hay el frijol, hay la verdura, hay un poco de paga para la medicina, la ropa. Y del trabajo colectivo sale para apoyarnos entre nosotros cuando hay una necesidad. Hay la escuela, hay la clínica. No es que el gobierno nos viene a ayudar. Es que nosotros mismos nos ayudamos entre compañeros zapatistas y con compañeroas de la Sexta.
Entonces viene el hermano partidista todo triste y nos pregunta que qué hace, que está cabrón.
Bueno, pues sépanlo lo que le respondemos:
No le decimos que se cambie de partido por otro que ahora sí es el menos peor.
No le decimos que vote.
Tampoco le decimos que no vote.
No le decimos que se entre en zapatista, porque bien lo sabemos, por nuestra historia, que no cualquiera tiene la fuerza de corazón para ser zapatista.
No lo burlamos.
Simple y sencillamente le decimos que se organice.
“¿Y luego, qué hago?”, nos pregunta.
Y entonces le decimos: “ahí lo vas a ver tú mismo qué haces, lo que llega en tu corazón, en tu cabeza, y no que llega otro a decirte qué tienes qué hacer”.
Y nos dice: “es que está muy cabrón la situación”.
Y nosotros no le decimos mentiras, no le echamos grandes rollos, ni discursos. Nosotros sólo le decimos la verdad:
“Se va a poner peor”.
Bien lo sabemos que así pasa.
Pero también como zapatistas estamos claros de que hay todavía gente que, en otras partes de la ciudad y el campo, caen ahí en eso de los partidistas.
Y pues parece muy galán eso de los partidos, porque ahí se gana dinero sin trabajar, sin estar en chinga para ganar unos centavos y tener algo digno para comer, vestir, curarse.
Y pues lo que hacen los de arriba es engañar a la gente. Eso es su trabajo, de eso viven.
Y pues lo vemos que de por sí hay gente que lo cree, que sí, que ahora va a estar mejor la situación, que este dirigente sí lo va a resolver el problema, que sí se va a portar bien, que no va a robar mucho, sólo un poco va a transar, que hay que probar.
Entonces nosotros decimos que son pedazos de pequeñas historias que tienen que pasar. Que mismo en su ojo se tienen que dar cuenta de que no es que alguien va a resolver el problema, sino que lo tenemos que resolver nosotros mismos, mismas, como colectivos organizados.
Las soluciones las hace el pueblo, no los líderes, no los partidistas.
Y no es que lo estamos diciendo porque se escucha bonito. Es porque ya lo vimos en la realidad, es porque ya lo hacemos.
Puede ser que hace mucho tiempo, algunos partidistas de izquierda, antes de que se hicieran institucionales, buscaban crear conciencia en el pueblo. No es que buscaban el Poder por las elecciones, sino que mover al pueblo para que se organice, y luche, y cambie el sistema. No sólo el gobierno. Todo, todo el sistema.
¿Por qué digo que partidistas de izquierda institucional? Bueno, porque lo sabemos que hay partidos de izquierda que no están en las transas de arriba, que tienen su modo, pero no se venden, ni se rinden, ni cambian su pensamiento de que hay que acabar con el sistema capitalista. Y porque lo sabemos, y nosotr@s como zapatistas no lo olvidamos, que la historia de la lucha de abajo también está escrita con su sangre.
Pero la paga es la paga y arriba es arriba. Y los partidistas de izquierda institucional cambiaron su pensamiento y ahora es buscar el puesto por el dinero. Así de sencillo: el dinero. O sea la paga.
¿O ustedes creen que crear conciencia se hace despreciando, humillando, regañando a la gente de abajo? ¿Diciéndoles que son unos come-tortas que no piensan? ¿Qué son ignorantes?
¿Ustedes creen que se crea conciencia si le piden el voto a la gente y al mismo tiempo la insultan diciendo que son unos babosos que se venden por una televisión?
¿Ustedes creen que crean conciencia si, cuando les dices “oye tú, partidista de izquierda, ese cabrito o cabra, que dices que es la esperanza, ya estuvo de otros colores y es una rata”, te responden que eres vendido al peña nieto?
¿Ustedes creen que crean conciencia si le dicen mentiras a la gente que los zapatistas decimos que no hay que votar; nomás porque están viendo que tal vez no les alcanza para el registro, o sea para más paga, y están nomás buscando pretexto y a quien culpar?
¿Ustedes creen que crean conciencia si tienen a los mismos que antes eran amarillos, o rojos, o verdes, o azules?
¿Ustedes creen que crean conciencia si están diciendo que no deben votar los que no tienen estudios y son pobres porque son ignorantes que sólo votan por el PRI?
Si el Velasco de Chiapas da cachetadas con la mano, esos partidistas dan cachetadas con su racismo mal escondido.
Miren que esos partidistas lo único que están creando de conciencia es que, además de orgullosos, son unos imbéciles.
¿Pues qué se creen?
¿Que después de recibir sus insultos, mentiras y regaños, la gente de abajo va a ir corriendo a ponerse de rodillas frente a su color, votar por ellos y rogarles que la salven?
Lo que decimos como zapatistas: ahí está la prueba de que para ser político partidista de arriba hay que ser baboso o sinvergüenza o criminal, o las tres cosas.
Nosotr@s zapatistas decimos que no se le debe tener miedo a que el pueblo manda. Es lo más sano y juicioso. Porque el pueblo mismo va a hacer los cambios que verdaderamente necesita. Y sólo así va a existir un nuevo sistema de gobernar.
No es que no entendemos qué es lo quiere decir elegir o elección. Nosotras, nosotros los zapatistas, tenemos otro calendario y geografía de cómo hacer elecciones en territorio rebelde, con resistencia.
Ya lo tenemos lo nuestro como pueblos que en verdad eligen, y no hay millonadas que se gastan y mucho menos toneladas de basura de plásticos, de lonas de sus fotografías de rateros y criminales.
Cierto que apenas llevamos 20 años que estamos caminando con elegir nuestras autoridades autónomas, con democracia verdadera. Con eso hemos caminado, con la Libertad que conquistamos y con la otra Justicia del pueblo organizado. Donde se involucran los miles de mujeres y de hombres para elegir. Donde todas y todos quedan de acuerdo y se organizan para su vigilancia que cumplan su mandato de los pueblos. Donde los pueblos se organizan para ver cuál va ser sus trabajos de los autoridades.
O sea cómo manda el pueblo a su gobierno.
Los pueblos se organizan en asambleas, donde empiezan a opinar y de ahí empiezan a salir las propuestas y las estudian las propuestas, sus ventajas y desventajas, y las analizan cuál es las mejor. Y antes de decidir las llevan a todos los pueblos para su aprobación y vuelta la asamblea para la toma de decisión según la mayoría de la decisión de los pueblos.
Ésta es ya la vida zapatista en los pueblos. Ya es una cultura de verdad.
¿Les parece que es muy lento? Por eso decimos que es según nuestro calendario.
¿Les parece que es porque somos pueblos originarios? Por eso decimos que es según nuestra geografía.
Cierto que hemos tenido muchos errores, muchas fallas. Cierto que tendremos más.
Pero son nuestras fallas.
Nosotr@s las cometemos. Nosotr@s las pagamos.
No como en los partidistas que los dirigentes hacen la falla y además cobran, y los de abajo son los que la pagan.
Por eso de lo que viene de elecciones en el mes de junio, ni nos va, ni nos viene.
Ni llamamos a votar, ni llamamos a no votar. No nos interesa.
Es más, ni nos preocupa.
A nosotras, nosotros, zapatistas, lo que nos interesa es conocer más de cómo resistimos y enfrentamos las muchas cabezas del sistema capitalista que nos explota, nos reprime, nos desprecia y nos roba.
Porque no es sólo por un lado y de una forma que el capitalismo oprime. Oprime si mujer. Oprime si empleado. Oprime si obrero. Oprime si campesino. Oprime si joven. Oprime si niña o niño. Oprime si maestro. Oprime si estudiante. Oprime si artista. Oprime si piensas. Oprime si eres humano, o planta, o agua, o tierra, o aire, o animal.
No importa qué tanto lo perfumen y laven, el sistema capitalista “chorrea sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies” (ahí lo vean quién lo escribió así y dónde).
Entonces nuestra idea no es para promover el voto.
Tampoco es para promover la abstención o el voto en blanco.
Nuestro pensamiento no es para dar recetas de cómo hacer frente al problema del capitalismo.
Tampoco es para imponer nuestro pensamiento a otr@s.
El seminario es para ver varias cabezas del sistema capitalista, para tratar de entender si tiene nuevos modos de atacarnos o son los mismos modos de antes.
Si nos interesan otros pensamientos es para ver si es que es cierto lo que vemos que viene, de una crisis económica tremenda que se va a juntar con otros males y va hacer mucho daño a tod@s en tod@s partes, en todo el mundo.
Entonces si sí es cierto que viene eso, o que ya está, pues hay que pensar si sirve hacer lo mismo que se ha hecho antes.
Pensamos que tenemos que obligarnos a pensar, a analizar, a reflexionar, a criticar, a buscar nuestro paso propio, nuestro modo propio, en nuestros lugares y en nuestros tiempos.
Ahora le pregunto a usted que está leyendo esto: vote o no vote, ¿le hace daño pensar cómo está el mundo en el que vivimos, analizarlo, entenderlo? ¿Pensar críticamente le impide votar o abstenerse? ¿Le ayuda o no para organizarse?
Completando de las elecciones:
Sólo para que quede bien claro y no se dejen ustedes engañar de que decimos lo que no decimos.
Nosotros entendemos que hay quienes creen que sí lo van a poder cambiar el sistema con votar en las elecciones.
Nosotros decimos que está cabrón porque es el mismo Mandón el que organiza las elecciones, el que dice quién es candidato, el que dice cómo se vota y cuándo y dónde, el que dice quién gana, el que lo anuncia y el que dice si fue legal o no.
Pero bueno, hay gente que piensa que sí. Está bien, nosotros no decimos que no, pero tampoco que sí.
Entonces, voten por un color o descolorido, o no voten, lo que nosotr@s decimos es que hay que organizarse y tomar en nuestras manos el quién es gobierno y obligarlo a que obedezca al pueblo.
Si usted ya pensó que no va a votar, nosotr@s no decimos que está bien, tampoco decimos que está mal. Sólo le decimos que creemos que no basta, que hay que organizarse. Y claro, que se prepare porque le van a echar la culpa de las miserias de la izquierda partidista institucional.
Si usted pensó que sí va a votar y ya sabe a quién va a votar, pues igual, no opinamos si está bien o mal. Lo que sí le decimos claro es que se prepare porque va a tener mucha rabia por las trampas y fraudes que le van a hacer. Porque para trampas son expertos los que están en el Poder. Porque ya está decidido por los de arriba qué va a pasar.
Lo sabemos también que hay líderes que lo engañan a la gente. Le dicen que sólo hay dos caminos para cambiar el sistema: o la lucha electoral o la lucha armada.
Ésos dicen eso o por ignorantes o por sinvergüenzas, o por las dos cosas.
En primera, ellos no están luchando por cambiar el sistema, ni por tomar el Poder, sino por ser gobierno. No es lo mismo. Dicen que ya que tengan el gobierno, desde ahí van a hacer cosas buenas, pero tienen cuidado de dejar claro que no van a cambiar el sistema, sino que sólo le van a quitar lo malo.
Tal vez conviene que estudien un poco y aprendan que ser gobierno no es tener el Poder.
Se ve que tampoco saben que si le quitan lo malo al capitalismo, ya no hay capitalismo. Y les voy a decir por qué: porque el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre, de muchos por unos pocos. Aunque le agreguen que también las mujeres, eso no cambia. Aunque le agreguen que también otroas, eso no cambia. Sigue siendo el sistema donde unoas se enriquecen a costa del trabajo de otroas. Y son poc@s l@s otroas de arriba, y son much@s l@s otroas de abajo. Si esos partidistas dicen que eso es bueno y que sólo hay que cuidar que no se pasen de rosca, está bien, que así lo digan.
Pero para llegar a ser gobierno no sólo hay dos vías como dicen ellos (la vía armada y la vía electoral). Se les olvida que el gobierno también se puede comprar (¿o ya se les olvidó como llegó al gobierno el Peña Nieto?). Y no sólo eso, tal vez no lo saben pero se puede mandar sin ser gobierno.
Si esa gente dice que sólo se puede con las armas o con las elecciones, lo único que dicen es que no conocen historia, que no estudian bien, que no tienen imaginación, y que son unos sinvergüenzas.
Bastaría con que vieran un poco hacia abajo. Pero ya se les torció el cuello de tanto ver para arriba.
Por eso, nosotras, nosotros las y los zapatistas, no nos cansamos de decir, organícense, organicémonos, cada quién en su lugar, luchemos por organizarse, trabajemos por organizarse, pensemos por empezar a organizar y encontrémonos por unir nuestras organizaciones por un Mundo donde los pueblos mandan y gobierno obedece.
En resumen: como dijimos antes, como decimos ahora: votes o no votes, organízate.
Y pues nosotras, nosotros, zapatistas, pensamos que hay que tener buen pensamiento para organizarnos. O sea que se necesita la teoría, el pensamiento crítico.
Con el pensamiento crítico lo analizamos sus modos del enemigo, de quien nos oprime, nos explota, nos reprime, nos desprecia, nos roba.
Pero también con el pensamiento crítico vamos viendo cómo es nuestro camino, cómo son nuestros pasos.
Por eso estamos llamando a toda la Sexta para que hagan reuniones de pensamiento, de análisis, de teoría, de cómo ven su mundo, su lucha, su historia.
Los llamamos a que hagan sus propios semilleros y nos compartan lo que ahí siembren.
Nosotr@s como zapatistas vamos a seguir como ya estamos gobernándonos con el pueblo manda y gobierno obedece.
Como dicen las y los compañeros zapatistas: Hay lum tujbil vitil ayotik. Quiere decir: está muy bonito como estamos.
Otra: Nunca ya kikitaybajtic bitilon zapatista. Quiere decir: nunca nos dejaremos de ser zapatista.
Una más: Jatoj kalal yax chamon te yax voon sok viil zapatista. Quiere decir: Hasta que me muera pero aun llevo mi nombre de ser zapatista.
Desde las montañas del sureste mexicano.
A nombre de todo el EZLN, de los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Subcomandante Insurgente Moisés.
A l@s que están leyendo porque les interesa aunque no sean de la Sexta:
En estos días, como de por sí cada que hay esa cosa que llaman “proceso electoral”, escuchamos y miramos que salen con que el EZLN llama a la abstención, o sea que el EZLN dice que no hay que votar. Eso y otras tonterías dicen, que de balde tienen cabeza grande, que ni estudian siquiera la historia, ni siquiera buscan. Y eso que hasta hacen libros de historia y biografías y cobran por esos libros. O sea que cobran por decir mentiras. Como los políticos.
Claro que ustedes lo saben que a nosotr@s ni nos interesan esas cosas que hacen los de arriba para tratar de convencer a la gente de abajo de que la toman en cuenta.
Como zapatistas que somos no llamamos a no votar ni tampoco a votar. Como zapatistas que somos lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que se necesita.
Nosotr@s, como much@s más en los pueblos originarios de estas tierras, ya lo sabemos su modo de los partidos políticos, y es una mala historia de malas personas.
Una historia que para nosotr@s como zapatistas que somos, ya es historia pasada.
Creo que fue el finado Tata Juan Chávez Alonso el que dijo que los partidos parten los pueblos, los dividen, los enfrentan, los hacen pelear entre mismos familiares.
Y de por sí así lo vemos cada tanto en estas tierras.
Ustedes lo saben que en varias comunidades en las que estamos, pues hay gente que no es zapatista, sino que están así sin organizarse, mal viviendo y esperando a que el mal gobierno le va a dar su limosna para sacarse foto que el gobierno es bueno.
Entonces vemos que, cada que hay elecciones, unos se hacen de rojo, otros de azul, otros de verde, otros de amarillo, otros descoloridos, y así. Y se pelean entre ellos, en veces mismo entre familiares se pelean. ¿Por qué se pelean? Pues por ver quién los va a mandar, a quién van a obedecer, quién les va a dar órdenes. Y piensan que si gana tal color, pues los que apoyaron ese color van a recibir más limosna. Y entonces lo vemos que dicen que son muy conscientes y decididos de ser partidistas, y a veces hasta se matan entre sí por un pinche color. Porque es el mismo que ya manda el que quiere cargo, a veces se viste de rojo, o de azul, o de verde, o de amarillo, o se pone un nuevo color. Y dicen que ya son del pueblo y que hay que apoyarlos. Pero no son del pueblo, son los mismos gobiernos que un día son diputados locales, otro son síndicos, otro son funcionarios de partido, ahora ya son presidentes municipales y así se la pasan brincando de un cargo a otro, y también brincando de un color a otro. Son los mismos, los mismos apellidos, son los familiares, los hijos, los nietos, los tíos, los sobrinos, los parientes, los cuñados, los novios, los amantes, los amigos de los mismos cabrones y cabras de siempre. Y siempre dicen la misma palabra: dicen que van a salvar al pueblo, que ahora sí ya se van a portar bien, que ya no van a robar tanto, que van a ayudar a los jodidos, que los van a sacar de la pobreza.
Bueno, pues entonces se gastan su dinerito, que por cierto no es suyo sino que lo sacan de los impuestos. Pero esas cabras y cabritos no es que se gastan la paga en ayudar o en apoyar a los jodidos. No. Sino que se lo gastan en poner sus letreros y sus fotos en las propagandas electorales, en los anuncios de las radios y televisiones comerciales, en sus periódicos y revistas de paga, hasta en el cine aparecen.
Bueno, pues los que en las comunidades son muy partidistas en tiempos electorales y muy conscientes de su color que tienen, cuando ya queda quien ganó, todos se pasan de ese color, porque piensan que así les van a dar su regalito.
Por ejemplo, que ahora les van a dar su televisión. Bueno, como zapatistas que somos nosotros decimos que les están dando un bote de basura, porque por esa televisión les van a mandar un montón de basura.
Pero si antes les daban o no les daban cabal, ahora ya no les dan ni les van a dar.
Si les daban, pues para hacerse haraganes. Hasta se olvidaron de cómo se trabaja la tierra. Están ahí nomás, esperando que llega la paga del gobierno para gastársela en trago. Y están ahí en sus casas, burlándonos porque nosotr@s nos vamos a darle al trabajadero, y ellos nomás están esperando que regresa la mujer, la hija, que la mandaron a recoger la despensa, el apoyo del gobierno.
Así, hasta que ya no llega. No les avisan, no sale en los medios de paga, nadie viene a decirles que son sus salvadores. Simplemente ya no hay apoyo. Y ese hermano, hermana se da cuenta de que no tiene nada ya, que no hay para trago, pero tampoco para maíz, frijol, jabón, calzones. Y entonces pues tiene que volver al trabajadero que está abandonado, enmontado que ni se puede caminar. Y como ya se olvidó de trabajar, luego se le ampollan las manos y ya ni el machete puede agarrar. Como que lo volvieron un inútil que sólo vive de limosnas y no de trabajo.
Y eso ya está pasando. No sale en las noticias de los malos gobiernos. Al contrario, sale que sí, que muchos apoyos. Pero en los pueblos no llega ya. ¿Dónde queda la paga que dice el mal gobierno que está dando de la campaña de limosna para el hambre? Bueno, pues lo sabemos que allá arriba ya les dijeron que va a haber menos dinero o que de plano no va a haber. ¿Ustedes creen que si el campesino que está ya hallado a la limosna y se olvida de trabajar, el de arriba que le daba el apoyo sí trabaja? Pues no, ése de arriba también está hallado a recibir de gratis. No sabe vivir honradamente trabajando, sino sólo sabe de vivir de tener cargo en el gobierno.
Bueno, pues pasa que como ya hay menos paga, ya no llega nada. Todo se va quedando arriba. Un tanto agarra el gobernador, otro el juez, otro el policía, otro el diputado, otro el presidente municipal, otro el síndico, otro el líder campesino y pues ya para la familia del partidista pues no llega nada.
Pero antes sí llegaba, pero ya no llega. “¿Qué pasa?”, pregunta el partidista. Y piensa que es que ese color ya no sirve, y prueba de otro color. Y sale igual. En sus asambleas de los partidistas se encabronan, se gritan, se acusan entre sí, se llaman traidores, vendidos, corruptos. Y resulta que sí, que los que gritan y los gritados son de por sí traidores, vendidos y corruptos.
Y entonces, como quien dice la base de los partidistas, pues se desesperan, se angustian, se dan pena. Ya no hay la burla porque en nuestras casas zapatistas hay el maíz, hay el frijol, hay la verdura, hay un poco de paga para la medicina, la ropa. Y del trabajo colectivo sale para apoyarnos entre nosotros cuando hay una necesidad. Hay la escuela, hay la clínica. No es que el gobierno nos viene a ayudar. Es que nosotros mismos nos ayudamos entre compañeros zapatistas y con compañeroas de la Sexta.
Entonces viene el hermano partidista todo triste y nos pregunta que qué hace, que está cabrón.
Bueno, pues sépanlo lo que le respondemos:
No le decimos que se cambie de partido por otro que ahora sí es el menos peor.
No le decimos que vote.
Tampoco le decimos que no vote.
No le decimos que se entre en zapatista, porque bien lo sabemos, por nuestra historia, que no cualquiera tiene la fuerza de corazón para ser zapatista.
No lo burlamos.
Simple y sencillamente le decimos que se organice.
“¿Y luego, qué hago?”, nos pregunta.
Y entonces le decimos: “ahí lo vas a ver tú mismo qué haces, lo que llega en tu corazón, en tu cabeza, y no que llega otro a decirte qué tienes qué hacer”.
Y nos dice: “es que está muy cabrón la situación”.
Y nosotros no le decimos mentiras, no le echamos grandes rollos, ni discursos. Nosotros sólo le decimos la verdad:
“Se va a poner peor”.
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Bien lo sabemos que así pasa.
Pero también como zapatistas estamos claros de que hay todavía gente que, en otras partes de la ciudad y el campo, caen ahí en eso de los partidistas.
Y pues parece muy galán eso de los partidos, porque ahí se gana dinero sin trabajar, sin estar en chinga para ganar unos centavos y tener algo digno para comer, vestir, curarse.
Y pues lo que hacen los de arriba es engañar a la gente. Eso es su trabajo, de eso viven.
Y pues lo vemos que de por sí hay gente que lo cree, que sí, que ahora va a estar mejor la situación, que este dirigente sí lo va a resolver el problema, que sí se va a portar bien, que no va a robar mucho, sólo un poco va a transar, que hay que probar.
Entonces nosotros decimos que son pedazos de pequeñas historias que tienen que pasar. Que mismo en su ojo se tienen que dar cuenta de que no es que alguien va a resolver el problema, sino que lo tenemos que resolver nosotros mismos, mismas, como colectivos organizados.
Las soluciones las hace el pueblo, no los líderes, no los partidistas.
Y no es que lo estamos diciendo porque se escucha bonito. Es porque ya lo vimos en la realidad, es porque ya lo hacemos.
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Puede ser que hace mucho tiempo, algunos partidistas de izquierda, antes de que se hicieran institucionales, buscaban crear conciencia en el pueblo. No es que buscaban el Poder por las elecciones, sino que mover al pueblo para que se organice, y luche, y cambie el sistema. No sólo el gobierno. Todo, todo el sistema.
¿Por qué digo que partidistas de izquierda institucional? Bueno, porque lo sabemos que hay partidos de izquierda que no están en las transas de arriba, que tienen su modo, pero no se venden, ni se rinden, ni cambian su pensamiento de que hay que acabar con el sistema capitalista. Y porque lo sabemos, y nosotr@s como zapatistas no lo olvidamos, que la historia de la lucha de abajo también está escrita con su sangre.
Pero la paga es la paga y arriba es arriba. Y los partidistas de izquierda institucional cambiaron su pensamiento y ahora es buscar el puesto por el dinero. Así de sencillo: el dinero. O sea la paga.
¿O ustedes creen que crear conciencia se hace despreciando, humillando, regañando a la gente de abajo? ¿Diciéndoles que son unos come-tortas que no piensan? ¿Qué son ignorantes?
¿Ustedes creen que se crea conciencia si le piden el voto a la gente y al mismo tiempo la insultan diciendo que son unos babosos que se venden por una televisión?
¿Ustedes creen que crean conciencia si, cuando les dices “oye tú, partidista de izquierda, ese cabrito o cabra, que dices que es la esperanza, ya estuvo de otros colores y es una rata”, te responden que eres vendido al peña nieto?
¿Ustedes creen que crean conciencia si le dicen mentiras a la gente que los zapatistas decimos que no hay que votar; nomás porque están viendo que tal vez no les alcanza para el registro, o sea para más paga, y están nomás buscando pretexto y a quien culpar?
¿Ustedes creen que crean conciencia si tienen a los mismos que antes eran amarillos, o rojos, o verdes, o azules?
¿Ustedes creen que crean conciencia si están diciendo que no deben votar los que no tienen estudios y son pobres porque son ignorantes que sólo votan por el PRI?
Si el Velasco de Chiapas da cachetadas con la mano, esos partidistas dan cachetadas con su racismo mal escondido.
Miren que esos partidistas lo único que están creando de conciencia es que, además de orgullosos, son unos imbéciles.
¿Pues qué se creen?
¿Que después de recibir sus insultos, mentiras y regaños, la gente de abajo va a ir corriendo a ponerse de rodillas frente a su color, votar por ellos y rogarles que la salven?
Lo que decimos como zapatistas: ahí está la prueba de que para ser político partidista de arriba hay que ser baboso o sinvergüenza o criminal, o las tres cosas.
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Nosotr@s zapatistas decimos que no se le debe tener miedo a que el pueblo manda. Es lo más sano y juicioso. Porque el pueblo mismo va a hacer los cambios que verdaderamente necesita. Y sólo así va a existir un nuevo sistema de gobernar.
No es que no entendemos qué es lo quiere decir elegir o elección. Nosotras, nosotros los zapatistas, tenemos otro calendario y geografía de cómo hacer elecciones en territorio rebelde, con resistencia.
Ya lo tenemos lo nuestro como pueblos que en verdad eligen, y no hay millonadas que se gastan y mucho menos toneladas de basura de plásticos, de lonas de sus fotografías de rateros y criminales.
Cierto que apenas llevamos 20 años que estamos caminando con elegir nuestras autoridades autónomas, con democracia verdadera. Con eso hemos caminado, con la Libertad que conquistamos y con la otra Justicia del pueblo organizado. Donde se involucran los miles de mujeres y de hombres para elegir. Donde todas y todos quedan de acuerdo y se organizan para su vigilancia que cumplan su mandato de los pueblos. Donde los pueblos se organizan para ver cuál va ser sus trabajos de los autoridades.
O sea cómo manda el pueblo a su gobierno.
Los pueblos se organizan en asambleas, donde empiezan a opinar y de ahí empiezan a salir las propuestas y las estudian las propuestas, sus ventajas y desventajas, y las analizan cuál es las mejor. Y antes de decidir las llevan a todos los pueblos para su aprobación y vuelta la asamblea para la toma de decisión según la mayoría de la decisión de los pueblos.
Ésta es ya la vida zapatista en los pueblos. Ya es una cultura de verdad.
¿Les parece que es muy lento? Por eso decimos que es según nuestro calendario.
¿Les parece que es porque somos pueblos originarios? Por eso decimos que es según nuestra geografía.
Cierto que hemos tenido muchos errores, muchas fallas. Cierto que tendremos más.
Pero son nuestras fallas.
Nosotr@s las cometemos. Nosotr@s las pagamos.
No como en los partidistas que los dirigentes hacen la falla y además cobran, y los de abajo son los que la pagan.
Por eso de lo que viene de elecciones en el mes de junio, ni nos va, ni nos viene.
Ni llamamos a votar, ni llamamos a no votar. No nos interesa.
Es más, ni nos preocupa.
A nosotras, nosotros, zapatistas, lo que nos interesa es conocer más de cómo resistimos y enfrentamos las muchas cabezas del sistema capitalista que nos explota, nos reprime, nos desprecia y nos roba.
Porque no es sólo por un lado y de una forma que el capitalismo oprime. Oprime si mujer. Oprime si empleado. Oprime si obrero. Oprime si campesino. Oprime si joven. Oprime si niña o niño. Oprime si maestro. Oprime si estudiante. Oprime si artista. Oprime si piensas. Oprime si eres humano, o planta, o agua, o tierra, o aire, o animal.
No importa qué tanto lo perfumen y laven, el sistema capitalista “chorrea sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies” (ahí lo vean quién lo escribió así y dónde).
Entonces nuestra idea no es para promover el voto.
Tampoco es para promover la abstención o el voto en blanco.
Nuestro pensamiento no es para dar recetas de cómo hacer frente al problema del capitalismo.
Tampoco es para imponer nuestro pensamiento a otr@s.
El seminario es para ver varias cabezas del sistema capitalista, para tratar de entender si tiene nuevos modos de atacarnos o son los mismos modos de antes.
Si nos interesan otros pensamientos es para ver si es que es cierto lo que vemos que viene, de una crisis económica tremenda que se va a juntar con otros males y va hacer mucho daño a tod@s en tod@s partes, en todo el mundo.
Entonces si sí es cierto que viene eso, o que ya está, pues hay que pensar si sirve hacer lo mismo que se ha hecho antes.
Pensamos que tenemos que obligarnos a pensar, a analizar, a reflexionar, a criticar, a buscar nuestro paso propio, nuestro modo propio, en nuestros lugares y en nuestros tiempos.
Ahora le pregunto a usted que está leyendo esto: vote o no vote, ¿le hace daño pensar cómo está el mundo en el que vivimos, analizarlo, entenderlo? ¿Pensar críticamente le impide votar o abstenerse? ¿Le ayuda o no para organizarse?
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Completando de las elecciones:
Sólo para que quede bien claro y no se dejen ustedes engañar de que decimos lo que no decimos.
Nosotros entendemos que hay quienes creen que sí lo van a poder cambiar el sistema con votar en las elecciones.
Nosotros decimos que está cabrón porque es el mismo Mandón el que organiza las elecciones, el que dice quién es candidato, el que dice cómo se vota y cuándo y dónde, el que dice quién gana, el que lo anuncia y el que dice si fue legal o no.
Pero bueno, hay gente que piensa que sí. Está bien, nosotros no decimos que no, pero tampoco que sí.
Entonces, voten por un color o descolorido, o no voten, lo que nosotr@s decimos es que hay que organizarse y tomar en nuestras manos el quién es gobierno y obligarlo a que obedezca al pueblo.
Si usted ya pensó que no va a votar, nosotr@s no decimos que está bien, tampoco decimos que está mal. Sólo le decimos que creemos que no basta, que hay que organizarse. Y claro, que se prepare porque le van a echar la culpa de las miserias de la izquierda partidista institucional.
Si usted pensó que sí va a votar y ya sabe a quién va a votar, pues igual, no opinamos si está bien o mal. Lo que sí le decimos claro es que se prepare porque va a tener mucha rabia por las trampas y fraudes que le van a hacer. Porque para trampas son expertos los que están en el Poder. Porque ya está decidido por los de arriba qué va a pasar.
Lo sabemos también que hay líderes que lo engañan a la gente. Le dicen que sólo hay dos caminos para cambiar el sistema: o la lucha electoral o la lucha armada.
Ésos dicen eso o por ignorantes o por sinvergüenzas, o por las dos cosas.
En primera, ellos no están luchando por cambiar el sistema, ni por tomar el Poder, sino por ser gobierno. No es lo mismo. Dicen que ya que tengan el gobierno, desde ahí van a hacer cosas buenas, pero tienen cuidado de dejar claro que no van a cambiar el sistema, sino que sólo le van a quitar lo malo.
Tal vez conviene que estudien un poco y aprendan que ser gobierno no es tener el Poder.
Se ve que tampoco saben que si le quitan lo malo al capitalismo, ya no hay capitalismo. Y les voy a decir por qué: porque el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre, de muchos por unos pocos. Aunque le agreguen que también las mujeres, eso no cambia. Aunque le agreguen que también otroas, eso no cambia. Sigue siendo el sistema donde unoas se enriquecen a costa del trabajo de otroas. Y son poc@s l@s otroas de arriba, y son much@s l@s otroas de abajo. Si esos partidistas dicen que eso es bueno y que sólo hay que cuidar que no se pasen de rosca, está bien, que así lo digan.
Pero para llegar a ser gobierno no sólo hay dos vías como dicen ellos (la vía armada y la vía electoral). Se les olvida que el gobierno también se puede comprar (¿o ya se les olvidó como llegó al gobierno el Peña Nieto?). Y no sólo eso, tal vez no lo saben pero se puede mandar sin ser gobierno.
Si esa gente dice que sólo se puede con las armas o con las elecciones, lo único que dicen es que no conocen historia, que no estudian bien, que no tienen imaginación, y que son unos sinvergüenzas.
Bastaría con que vieran un poco hacia abajo. Pero ya se les torció el cuello de tanto ver para arriba.
Por eso, nosotras, nosotros las y los zapatistas, no nos cansamos de decir, organícense, organicémonos, cada quién en su lugar, luchemos por organizarse, trabajemos por organizarse, pensemos por empezar a organizar y encontrémonos por unir nuestras organizaciones por un Mundo donde los pueblos mandan y gobierno obedece.
En resumen: como dijimos antes, como decimos ahora: votes o no votes, organízate.
Y pues nosotras, nosotros, zapatistas, pensamos que hay que tener buen pensamiento para organizarnos. O sea que se necesita la teoría, el pensamiento crítico.
Con el pensamiento crítico lo analizamos sus modos del enemigo, de quien nos oprime, nos explota, nos reprime, nos desprecia, nos roba.
Pero también con el pensamiento crítico vamos viendo cómo es nuestro camino, cómo son nuestros pasos.
Por eso estamos llamando a toda la Sexta para que hagan reuniones de pensamiento, de análisis, de teoría, de cómo ven su mundo, su lucha, su historia.
Los llamamos a que hagan sus propios semilleros y nos compartan lo que ahí siembren.
-*-
Nosotr@s como zapatistas vamos a seguir como ya estamos gobernándonos con el pueblo manda y gobierno obedece.
Como dicen las y los compañeros zapatistas: Hay lum tujbil vitil ayotik. Quiere decir: está muy bonito como estamos.
Otra: Nunca ya kikitaybajtic bitilon zapatista. Quiere decir: nunca nos dejaremos de ser zapatista.
Una más: Jatoj kalal yax chamon te yax voon sok viil zapatista. Quiere decir: Hasta que me muera pero aun llevo mi nombre de ser zapatista.
Desde las montañas del sureste mexicano.
A nombre de todo el EZLN, de los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Subcomandante Insurgente Moisés.
México, Abril-Mayo del 2015.
26 de enero de 2015
Violencia y poder.
Babel
Violencia y poder
Javier Hernández Alpízar
La discusión sobre la coyuntura actual, especialmente después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y el movimiento masivo por su presentación con vida, merece una revisión que trate de acercarse a las heladas aguas de la teoría. Un amigo me dice que hasta ahora se han hecho sólo consignas tuiteras, tipo #FueElEstado, que son verdaderas pero muy abstractas, hace falta detallar muchas cosas. Los zapatistas han anunciado que sacarán comunicados, algunos de ellos con consideraciones teóricas, así que, dejando de lado el epistemicidio y el pensar colonizado que es incapaz de reconocer elementos teóricos en el zapatismo actual, habrá que leer esos apuntes para todos, pero también hay que esforzarnos por pensar qué es lo que parte las aguas en una coyuntura de rispideces y personalización al grado del insulto: qué entendemos por política, por Estado, por participación, por acción política, por violencia, por no- violencia, por acción directa, por consenso, por gobierno, por anarquía, por ideología, por cambio social o revolución o reforma o qué estamos pensando y queriendo construir.
Es un momento en que debería a estar a debate en México todo, o casi todo, para comenzar: qué es ser de izquierda, qué es la dominación, cómo oponernos a ella, la posibilidad de acabar con ella antes de que sea ella la que acabe con nosotros.
Deliberadamente elijo para una reflexión inicial los conceptos de violencia y poder porque han sido elementos no reflexionados pero dados por supuesto, como si fueran obvios, en discusiones sobre las marchas, la acción directa, los compas encapuchados, la obsesión de la izquierda clasemediera progre por controlar al movimiento social, normarlo, disciplinarlo y encauzarlo al voto, etcétera.
La falacia con la que asustan a quien se deja es que solamente existen dos vías políticas: la pacífica, que equivale a las urnas, y la violenta, que equivale a la sangre y muerte. O nosotros o el caos. Este argumento es de derecha: con él obligaron a votar a los nicaragüenses contra su revolución y elegir a Violeta Chamorro. Ahí, además de la corrupción del FSLN que estaba convertido en el PRI centroamericano, como dijera un cronista de los noventas, contó el hecho de que los USA prometían guerra si perdía su candidata, y la guerra ya llevaba años, muchas muertes, lisiados, hambre, destrucción. En México ha sido caballito de batalla de los hipócritas panistas, le reprocharon al EZLN alzarse en armas y usar capucha y se negaron a escucharlos en el Congreso de la Unión en 2001, alegando que no escucharían a gente encapuchada y violenta, pero eso sí, desde que llegaron al poder con Fox siguieron el modelo de “justicia penal”, de investigación policiaca y luego de militarización del país impuesto por los Estados Unidos, este proceso inició con Zedillo y sus planes y programas de contrainsurgencia, la modificación de la policía y su militarización, pero Fox y luego sobre todo Calderón lo llevaron al extremo: más de 80 mil muertos, cientos, quizá miles de desaparecidos, desplazados, feminicidios, agresiones sistemáticas a migrantes, trabajadores, jóvenes, niñas y niños, viudas, huérfanos, saldos de guerra en tiempos formalmente de paz y supuestamente bajo una democracia normalizada y con alternancia de partidos en el poder a todo nivel.
Bastaría la reflexión sobre esa experiencia para mostrar la mentira de que las urnas son la alternativa pacífica a las armas. Como señala un compa marxista: la dictadura es parte de la arquitectura constitucional de cualquier república o democracia capitalista, está ahí en los artículos que hablan de suspensión de garantías y estado de excepción. Esa suspensión de garantías comenzó, si no es que antes, en Atenco, en mayo de 2006, pero a muchos no les importó porque tenían el triunfo asegurado en las urnas (sonríe, ya ganamos). Sin embargo, desde entonces este país es gobernado más por las armas y el poder del dinero y el crimen que por el poder civil y “pacífico”, sin embargo, la izquierda hace como si nada pasara e insiste en ir a las urnas, donde imperan el fraude y la trampa, y como candidatos, políticos extraídos de las fuerzas reaccionarias, pero además han comprado modelos, conceptos, prejuicios y teorías del compló de la derecha. Citaremos a un escritor que no es santo de nuestra devoción pero a quien tenemos que mencionar precisamente para no incurrir, como él no desdeña hacer, en el plagio: Eduardo Galeano ha señalado que cada vez que la izquierda se corre hacia el centro se aproxima a la derecha. Ese corrimiento a la derecha de la izquierda electoral mexicana es sintomático en muchas formas, una de ellas es la importación de sus retóricas e ideología o al menos su fraseología:
Se proponen como alternativa moral, como si el sistema capitalista (“capitalismo de compadres”, lo llaman algunos desarrapados teóricos) pudiera funcionar solamente con poner gobernantes honestos. Ese fue el discurso del PAN por sexenios, es el discurso de la derecha empresarial y cuando De la Madrid lo compró desde Los Pinos, Carlos Pereyra se lo criticó: la derecha pretende hacernos creer que sólo el Estado es corrupto, que ella (los empresarios de la oligarquía) es moral por definición y que un cambio de siglas y de personal hará la diferencia: ese discurso panista lo asumió AMLO y se puso el apodo de “Honestidad valiente”, tratando de vender el cuento de que con sólo quitar la corrupción el capitalismo será ahora en México por el bien de todos. Es mentira vil, además de que no son honestos ni los gobiernos de derecha ni de izquierda que ganaron al PRI diversos niveles de gobierno para repetir sus saqueos de los bienes nacionales, latrocinios, corruptelas y acomodo con las oligarquías y el crimen.
El otro argumento de la derecha que la izquierda ahora usa como petate del muerto es que si no vamos religiosamente a las urnas, solamente queda como alternativa la violencia, las armas, la guerrilla y la montaña. Como si las urnas en México no hubieran sido hasta ahora una de las armas del poder para seguir imponiendo un modelo predador del medio ambiente, colonizador de mentes, territorios y del “mundo de la vida” y además, perfectamente compatible con la violencia de muchos tratados de libre comercio, terapia de shock para la reforma neoliberal, la acumulación por desposesión (como llaman elegantemente los teóricos al despojo), y la violencia tanto de Estado como la semiprivada del crimen, densa, promiscua y complejamente entrelazada con el Estado.
No obstante, pretenden hacernos creer que si no votamos por ellos habrá caos, habrá anarquía, habrá ingobernabilidad y violencia, como si no fueran gobiernos de todo el espectro ideológico electoral (por los que unos u otros votaron) los que han mal gobernado a nuestros pueblos, territorios, ciudades y comunidades mediante la violencia y han traído sobre nosotros la desgracia y las miles de víctimas, de las cuales los 43 desparecidos en Iguala son solamente el botón de muestra hologramático.
Además, como antes hacía el PAN, ahora los comisarios del pensamiento, ligados a Morena y a la clase media lópezobradorista, pretenden condenar la acción directa y hasta el encapucharse. Me recuerdan a los embajadores en México de Guatemala, que se negaron a recibir de Superbarrio una carta porque “no hablaban con encapuchados”. Eso que antes solamente podía escucharse de Fernández de Cevallos es ahora diatriba de personajes sedicentes de izquierda como las Poniatowskas y Aristeguis: con esa “izquierda” ya para qué queremos a los panistas, pueden jubilarse y dejarles a ellas el changarro.
Detrás de toda esa confusión, agravada por la pereza mental y el temor, así como el autoritarismo contra toda crítica, está un prejuicio acerca de lo que es el poder, definido por la violencia. Max Weber define el poder político como el “monopolio de la violencia legítima”, es lo que el imbécil de Calderón defendía cuando decía que al Estado mexicano le corresponde el “monopolio del poder” (sic, y hip) o lo que Fidel Herrera decía en una conversación telefónica filtrada por panistas a Aristegui: “estoy en la plenitud del pinche poder”. Esa definición es correcta, pero no es toda la verdad. Una mujer formada en la izquierda y que desde ella retoma a Heidegger, Hannah Arendt, en una reflexión Sobre la violencia[1], invita a ir más allá de esa definición del poder (que viene de una tradición que se remonta a muchos clásicos, Maquiavelo y Hobbes nomás por poner los más conocidos), pero es insuficiente.
Luego ella misma propone una definición más profunda del poder: el poder es lo que podemos hacer todos juntos, la capacidad de producción, de acción, de praxis de un colectivo que puede ser desde una comunidad local hasta una nación.
Si el poder es lo que podemos hacer todos juntos, la violencia, las funciones represivas y el poder de declarar la guerra son apenas un poco de lo mucho que un colectivo puede hacer: Así como la guerra podemos hacer la paz, que es quizá más difícil, podemos tratar de producir la justicia, de ejercer radicalmente la democracia. (El uso de “radical” como una mala palabra me ha parecido siempre un claudicar del pensamiento crítico ante la derecha, algo como el querer ser “centro izquierda”.)
Por ende, decir que la política es una moneda de dos caras “urnas o violencia” es más que una falacia una suerte de idiotismo político. (Cf. Qué significaba para los griegos “idiota”, por ejemplo en un texto sencillito de Savater: Política para Amador.) Y una consigna de las teorías de contrainsurgencia estadunidenses, que usan sin empacho ambos recursos: armas y urnas, como instrumentos de contrainsurgencia y de dominación. Vean la experiencia de Guatemala, de todo Centroamérica de los ochentas a la fecha.
Esa suerte de primitivismo teórico político está detrás de “la histeria como método de análisis” que han criticado los zapatistas: se trata de controlar al movimiento social y ponerlo siempre detrás, debajo, subordinado y obediente al líder fetiche y santo patrono abogado de que no se rompa un solo cristal. Frente a ese simplismo político, los jóvenes que defienden la acción directa (violenta o no) hacen uso de su derecho a decidir y ejecutar ellos mismos sus acciones políticas (eso es lo que hace “directa” a la acción: que no hay una división entre los sujetos que deciden y quienes ejecutan; no hay una elite que elabora el programa, un candidato que convoca a una asamblea informativa ni una estructura burocrática que reparte los afiches, los volantes, las tortas, las playeras y los refrescos). Y es precisamente la irritación contra la gente que se organiza por su cuenta la que lleva a esa izquierda a pedir la represión contra esos jóvenes. Es un discurso altamente hipócrita, por un lado los llama “idiotas útiles” (cuando su mayor dolor es que no sean zombis útiles a sus candidatos) y los acusa de ser culpables (causantes) de la represión, desviando la crítica que debería recaer sobre la policía (de paso le hacen el favor de quitarle el reflector a Mancera, el brazo armado represor de EPN) y por otro lado, al acusarlos de “infiltrados”, “vándalos”, “violentos”, pide la represión policiaca para ellos.
Además de la hipocresía criminal de esa izquierda autoritaria y represiva, está su pobreza teórica: piensan el poder como “monopolio de la violencia legítima” y piensan que ese monopolio es como un objeto, por ejemplo un edificio con mobiliario todo inventariado, que se puede ganar por las urnas. Luego, cuando un héroe moral lo detente, el poder servirá para joder a los malvados. Es decir, la represión se justifica cuando viene de la izquierda porque es legítima y sólo es reprochable cuando viene de la derecha espuria. Barrabasadas, así han escrito palabras más palabras menos, o las han filtrado entre líneas, algunos de sus sinsajos.
Contra toda esa telaraña mental de la derecha y la izquierda podemos distinguir:
El poder no es lo mismo que la violencia: el poder como lo que todos juntos podemos hacer (consenso, autonomía, soberanía, poder popular, democracia directa, participación, asambleas, palabras más o menos, pero, ojo, no todas llevan al mismo modelo de acción política) incluye, como una de las muchas cosas que podemos hacer el uso de la violencia para defender los intereses del colectivo, de la legítima defensa a la guerra, pero no es lo único, y siempre se trata de ella cuando no queda otro recurso.
Además no todos los poderes son el mismo poder. Podemos distinguir el poder del pueblo como lo que todos podemos hacer juntos (construir el socialismo, tomar el cielo por asalto, intentar la anarquía, o decidir otra forma de vivir juntos como sujeto político) del “poder- sobre” que es siempre una dominación, como diría Enrique Dussel nunca puede ser legítimo, y se debe llamar siempre por su nombre: “dominación”. Dice Luis Villoro que izquierda es por definición estar “contra la dominación”, claro, como diría Dussel la dominación nunca es legítima, porque está contra mí (diría el individualista) o está contra nosotros (dirían los comunitaristas, por ejemplo los pueblos indios). Además, como toda dominación siempre genera resistencias y rebeldías (lucha de clases, para que se asusten los macartistas) necesita siempre de lo que sus teólogos, perdón, sus teóricos, llaman “monopolio de la violencia legítima”, es decir la represión.
El poder como lo que podemos hacer todos juntos es la fuente de legitimidad de un poder popular, diluido en el cuerpo social; y por otro lado, su alienación es la concentración de ese poder en uno solo (monarca o presidente) o en unos pocos, oligarquía, elite, especialistas en mandar. Una grave falla de muchas organizaciones sociales, de derechas e izquierdas, que pretendieron alguna suerte de democratización es que nunca han tenido un control de los delegados o representantes por medio de mecanismos como la revocación de mandato y otros controles de los líderes, que debieran ser meros delegados provisionales y rotativos, mandados por las bases, los verdaderos soberanos. En un país de caudillos, líderes “morales”, gurúes y candidatos vitalicios (y hasta hereditarios) todo eso suena a herejía extrema, pero sin ese control de los delegados por las bases no hay democracia posible, dejarlo todo a la “moralidad” (a cual más dudosa) de un líder es algo más que ingenuidad (en mi pueblo lo llaman con palabras un poco más fuertes).
Oponerse a la dominación implica cuestionar la legitimidad del poder, cuestionar la legitimidad del “monopolio de la violencia” que ¿por qué es legítima?, y eso se puede hacer de muchas formas, violentas y no violentas. La raya que divide las aguas no es entre violentos y pacíficos, sino entre quienes se oponen a la dominación y quienes la apoyan abierta o hipócritamente. El mayor cuestionamiento al poder que existe hoy en México son las autonomías indígenas, dentro de ellas están las más organizadas, y otras menos organizadas, pero la más preocupante para el poder, y por ello ha mantenido la militarización de su territorio bajo gobiernos panistas, priistas, perredistas, verdes, lópezbradoristas, los que quieran, es la de los territorios autónomos zapatistas en Chiapas.
Pero no es un modelo que se proponga a seguir como mero copiar: lo que nos invita a hacer es a revisar, cuestionar a fondo lo que entendemos por poder, por Estado, por ser de izquierda, por autonomía, por libertad, por desarrollo (si es que seguiremos usando ese concepto, con o sin adjetivos como el hipócrita y alcahuete “sustentable”).
Una propuesta para revisar críticamente todo eso y para construir una izquierda que asuma esos conceptos críticos es lo que está detrás de las críticas mordaces a sus líderes y sinsajos de la izquierda electorera. No los criticamos por “envidia del Peje” como dijera la mensa de Poniatowska. La crítica iconoclasta cumple la función de ir quitando obstáculos, si quitan del escenario a esa basura ideológica y a sus personeros, probablemente vean un vacío. Pero si ven ese vacío ya adelantaron mucho: entonces, podrán llegar a la conclusión de que la izquierda está por construirse. Ya en ese camino, puede que se encuentren a otros que caminan en esa dirección: los pueblos indios por ejemplo.
Será casi imposible evitar un lenguaje irónico, pero si tratan de ver más allá de él tal vez vean una discusión de ideas. Y si el lenguaje irónico y hasta satírico les molesta, recuerden las caricaturas mercenarias contra los zapatistas que algunos de ustedes circularon como el colmo de la agudeza, o las caricaturas verbales como otra campaña en Baja California Sur constituida solamente por leones marinos (irónicamente cuando el gobierno lópezobradorista que ustedes llamaban de izquierda privatizaba y extranjerizaba playas y maravillas naturales). Comparada con esas caricaturas contra nosotros, nuestras caricaturas contra sus líderes son bastante respetuosas, de ustedes y de los hechos, es decir: las nuestras sí están basadas en hechos públicamente constatables y no sólo en las calumnias de plumíferos despreciables como Rodríguez Araujo, Jaime Avilés o Julio Hernández Astillero. Hasta en eso podemos decirles con Cri Cri: “nosotros no somos así”.
Finalmente, esta vez promoverá un boicot electoral un actor central en el movimiento social hoy, los padres y familiares de los 43 normalistas de Ayoztinapa desaparecidos en Iguala, por cuerpos armados del Estado, bajo gobiernos perredistas (y el apoyo de un AMLO que ya estrenaba playeras de Morena) y el federal priista. Si los mercenarios que antes han calumniado a los zapatistas y luego a Javier Sicilia se dedican a calumniar a los guerrerenses abstencionistas, esperen de nuestra parte críticas mordaces contra todos esos plumíferos, de La Jornada o de donde sea, y chistes de tonos subidos contra toda esa izquierda momificada. Como decían los niños de mi época: no respondemos chipote con sangre.
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