Por: Daniel Tanuro / VientoSur.
Traducción: VientoSur.
La joven sueca Greta Thunberg se enfrenta a una avalancha de odio
que se traduce en los más viles ataques machistas, las más sórdidas
insinuaciones 1 sobre su salud mental, rastreras calumnias sobre su autonomía y amenazas de muerte apenas disimuladas. No hay que ir muy lejos para encontrar el origen de esos raudales de
odio que no cesan de crecer. Este origen está en la extrema derecha
nacional-populista, negacionista, sexista, racista y antisemita. Se
expande como un cáncer, sobre todo, desde que Trump fue elegido, el
Brexit, los éxitos de la AfD alemana, del FN/RN francés y de la Liga
Italiana. Los montajes de photoshop que muestran a Greta a lado del
financiero Georges Soros o de un combatiente del Estado Islámico
expresan a las claras las intenciones antisemitas o islamofóbicas de
estos medios.
Los vínculos de esta extrema derecha con las empresas de los
combustibles fósiles están confirmados, especialmente a través del
Instituto Europeo para el Clima y la Energía (EIKE). En realidad, el
EIKE colabora con el Heartland Institute, un think tank
estadounidense negacionista del cambio climático financiado por el
sector petrolero y por el grupo Koch (la empresa privada más poderosa de
Estados Unidos, del sector de la energía fósil y del químico, y
totalmente negacionista). Rascando un poco, encontramos en la campaña
contra Greta Thunberg una nebulosa de colaboradores y colaboradoras de
los think tank reaccionarios y otros institutos
negacionistas financiados por Exxon y Chevron. Especialmente, el
Competitive Enterprise Institue (CEI) del que salió Myron Ebell, un
miembro del equipo de transición de Trump a la cabeza de la EPA,
Breitbar New, etc.
Los principales temas en los ataques a Greta Thunberg son los mismos a
un lado y a otro del Atlántico: que vuelva a la escuela para aprender
lo que no sabe; es una marioneta en manos de Al Gore y del capitalismo
verde; quienes mueven los hilos utilizan a niños y niñas con minusvalías
para imponer una dictadura de la emoción; llamar a la huelga porque el
mundo está acabado, es totalitarismo; esta pobre chica es una iluminada,
una enferma, etc2.
La mayoría de estas calificaciones ya estaban en el comentario de
Jordan Bardella (FN/RN) durante la visita de Greta a la Asamblea
Nacional francesa.
Pero se ve que el negacionismo no lo explica todo, lejos de ello. El
odio contra Greta Thunberg es más exacerbado porque la presa es una
mujer, una mujer joven. Una chica que no teme asumirse tal como es, con
su personalidad diferente, como ella misma lo explica3.
Una chica valiente, decidida, inteligente, sensible, que sabe de qué
habla. Una chica que se expresa con claridad, en nombre de la juventud,
en nombre del futuro y no duda en enfrentarse a los poderosos con una
insolencia feliz. En una palabra: una bruja.
Cuando se trata de atacar a una mujer, lo que algunos llaman “la
tradición del libertinaje” se convierte (en Francia a menudo por
desgracia), en un emanación de hedores pestilentes. Los de Bernard Pivot
superan todo lo imaginable4.
Vistas las distinciones académicas del personaje, es el momento de
recordar esta frase histórica: “Señor, usted solo es una mierda pinchada
en un palo” (. Frase de Napoleón dirigida a Tayllerant, NdT ). Aplicado
a este caso concreto: el sexismo y el machismo siempre tienden un
puente hacia la extrema derecha.
Al principio, los capitalistas han apostado por la asimilación de
Greta Thunberg y, a través de ella, por la neutralización de la
juventud. De ahí, la invitación a Davos, al Parlamento europeo, a la
Asamblea Nacional y a muchos otros sitios oficiales. Puesto que, en
nombre de la ciencia, llamaba a la unidad de toda la gente contra la
amenaza, los políticos se creyeron que se la meterían en el bolsillo
mostrándole que hacían lo máximo, etc. Pero Greta Thunberg no se ha
dejado engañar. En el Parlamento europeo, después de que Juncker le
hiciera la reverencia (¡!), declaró: “¿los políticos no quieren
hablarnos? Nosotras y nosotros tampoco”.
Hay que decir la verdad y toda la verdad; en este caso, una parte no
desdeñable de la izquierda y de los medios ecologistas aullaron con los
lobos. Bajo las excusas más variopintas: “Greta no es anticapitalista”,
“Greta no está contra el crecimiento”, “Greta es una vedette”, “No es
por casualidad que se la invita aquí”, “Greta hace el juego al
capitalismo verde”, etc. Sin contar las valoraciones psiquiátricas de
chirigota... Todo eso, en el fondo, por una única e inconfesable razón:
la rabia de verse superados por una chica de quince años, salida de
ninguna parte, que ha hecho en un año más para cambiar el clima (sin
juego de palabras) que muchas estructuras militantes en treinta años...
Hoy no hay lugar para la menor duda: después de la presentación de
Greta en la ONU, la gente poderosa va a cambiar de táctica. Les ha
puesto en la picota sin dudar (“¿Cómo os atrevéis?” “Solo habláis de
dinero”) y su mensaje ha tenido el máximo impacto a nivel mundial.
Frente al fracaso de la cumbre, llama a la huelga una vez más. De
repente, se acabaron los intentos de asimilación: no es broma.
El giro es muy visible en Francia: Macron reprocha a Greta Tunberg
“dividir a nuestras sociedades” y recomienda a la juventud hacer
acciones “ciudadanas” antes que hacer huelga o de ir a manifestarse en
Polonia contra el negacionista Duda. En cuanto al director general del
grupo de artículos de lujo LVMH, Bernard Arnault, se coloca en primera
línea para amonestar a la joven sueca de “desmoralizar a la juventud”
(el mismo argumento que Bardella) frente a las radiantes perspectivas
del capitalismo verde. “How do yo dare?” (¿Cómo te atreves?) ¿Este
individuo piensa que la fortuna que ha amasado en la industria del lujo
para ricos le permite opinar sobre cualquier cosa?
Por muy increíble que pueda parecer visto el contexto, las personas
poderosas están preocupadas, es decir, inquietas. Temen una ruptura
abisal entre la juventud y el viejo mundo. Su mundo. El de la política
al servicio de los ricos, de la competencia entre naciones, del
capitalismo que destruye la naturaleza y la vida. Temen el movimiento
mundial de la juventud, esperando que se extienda a otras sectores. El
campesinado, la gente explotada, los pueblos indígenas cuyos bosques
están siendo saqueados, las personas oprimidas en general. ¿Imposible?
¿Quién sabe? El llamamiento de la generación de Greta resuena en lo más
profundo, pues al 99% no le gusta la idea de que el mundo de nuestras
hijas e hijos sea peor que el nuestro... salvo al 1% que es responsable
del desastre.
Puesto que rechaza entrar en vereda, cualquier medio es válido contra el símbolo de ese movimiento, Greta Thunberg. Los media
que la han llevado a la cúspide van a arrastrarla hasta el barro, los
políticos que han intentado utilizarla van a condenarla a la hoguera por
brujería y la extrema derecha se ofrecerá para hacer el trabajo.
El odio contra esta joven es la expresión de la lucha de los
poderosos por su dominio. La lucha contra la juventud y las mujeres sin
duda. Pero también contra la gente asalariada, campesina, racializada,
los pueblos indígenas, las personas diferentes y los seres vivos en
general. La lucha de clases en la era del Antropoceno.
Sean los que sean los límites de Greta Thunberg, nuestro sitio es
estar a su lado, en el combate que no ha dejado de favorecer y que ahora
se trata de organizar democráticamente. Es el sitio de toda la
izquierda incluso de todo ecologista digno de ese nombre. ¡Quiten sus
sucias manos de Greta Thunberg!
Notas:1/ “Es en agosto
cuando se dan los accidentes de los cruceros”: así comentó el hombre de
negocios británico, aliado de Trump y socio capitalista de Farage, Arron
Banks, el que Greta Thumberg haya atravesado el Atlántico a vela para
participar en la Cumbre contra el cambio climático de la Naciones
Unidas. 2/ Para el abanico de insultos escuchados en los medias franceses leer el artículo de Samuel Gontier, “Haro sur Greta Thumberg, la demoniaque vestale hitlero-maoïste”. 3/ Recordemos que
el psiquiatra austriaco Asperger, que dio nombre al síndrome, era un
nazi. Responsable de asesinato de criaturas con minusvalía, Asperger
actualizó un test para determinar a quienes perdonar porque sus
capacidades, según él, podían ser útiles... 4/ Es el autor de este tweet:
“En mi generación, los muchachos buscaban jovencitas suecas que tenían
fama de ser menos estrechas que las francesas. Me imagino nuestro
asombro, nuestro canguelo si nos hubiéramos acercado a Greta Thumberg".
Les compartimos las palabras que Araceli Osorio, madre de Lesvy, le dijo a los medios de comunicación el viernes afuera del Reclusorio Oriente tras haber sido declarado el fallo.
Ante los oídos sordos
la palabra de la digna rabia de las madres.
Eso es lo que pasa cuando nos escuchan, cuando nos creen. Cuando el beneficio de la duda es para las víctimas, eso es lo que pasa y sí, efectivamente, el hecho de que hoy se dictara una resolución condenatoria por unanimidad contra el asesino de mi hija, Jorge Luis González Hernández, tuvo que ver definitivamente con nuestra defensa. Con la presión que ejercimos, con la presión no solo en las calles, sino también con la presión que ejercimos nosotras al venir aquí desde nuestro coraje y nuestra rabia, desde nuestro dolor hablar por ellas, darles voz y decir que efectivamente “no estamos solas”.
Que todas estas personas que hoy están aquí y las que de momento no pudieron estar y no han podido estar saben qué fue lo que pasó esa madrugada del 3 de mayo del 2017. Estando en Ciudad Universitaria, Jorge Luis González Hernández privó de la vida a Lesvy Berlín Rivera Osorio, la hija, la amiga, la compañera.
Y el día de hoy llegamos aquí para escucharlo únicamente, para ser ratificado, por una autoridad que denominan “competente”. Nosotras creemos que no pudo ser de otra manera, nosotras fuimos las únicas que desde el principio le dijimos a esa autoridad, a esos servidores y servidoras públicas que no era un suicidio, que era un feminicidio.
Y hoy queda demostrado, hoy la verdad salió adelante, hoy empieza un camino hacia la justicia en el caso de Lesvy, ¿cuanto tiempo tendremos que esperar para que esa justicia se haga pronta y expedita para todas y cada una de las mujeres que fueron asesinadas, que siguen siendo asesinadas en nuestro país?
Esto es lo que pasa cuando nosotras nos formamos en un escalón para que la otra pueda avanzar, cuando una Irinea Buendía enfoca todos sus esfuerzos no por Mariana Lima, su hija, sino por todas y cada una de las mujeres a las que esta justicia, y en especial este poder judicial, tiene una gran deuda.
Queremos decirles a las autoridades de esta ciudad, de este país que esto es lo que pasa cuando se nos escucha, que tenemos mucho dolor pero también tenemos argumentos sólidos, válidos, fuertes, verdaderos, para que todos y cada uno de estos asesinatos cometidos contra nuestras mujeres sean demostrados y sean sancionados de manera adecuada, de manera justa y eso no señor, Andrés Manuel López Obrador, no es venganza, es justicia.
Y no señor, Andrés Manuel López Obrador, ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos.
Ni un feminicida más en las calles. Ni con nuestras compañeras desaparecidas, ni con nuestras compañeras y niñas que todos días sufren violencia por el solo hecho de ser mujeres, por esta violencia que se basa en la discriminación y en el odio hacia nosotras la mujeres, hacia nuestras compañeras trans que también hemos decidido que tiene que haber justicia para ellas, para todas y cada una de las mujeres que vivimos, transitamos esta ciudad y este país.
No estamos todas, nos faltan ellas y por ellas la lucha apenas comienza. Que se preparen porque nos van a ver así juntas en estos espacios, en los tribunales, en las calles, en todas y cada una de sus oficinas públicas, allí nos van a ver. Nos van a ver con argumentos, pero también nos van a ver con nuestra rabia y nuestro dolor.
Y nos van a conocer, y van a saber por nosotras por nuestra voz, por esta solidaridad y esta sororidad que no, que ellas no están muertas, que ellas fueron asesinadas pero que viven y están presentes todos los días en todos estos espacios para que haya justicia, no sólo para Lesvy, sino justicia para todas y para nuestras mujeres que se han llevado, que nos han arrebatado de momento.
Las seguimos buscando y queremos que nos las entreguen así como se las llevaron, queremos que nos las entreguen, porque nos lo merecemos, porque no nos merecemos que nos las arrebaten de esas maneras, porque no es justo, porque no lo vamos a permitir. Ni una desaparecida más. Porque vivas estamos, vivas nos queremos. Juntas y juntos, logramos justicia. Jorge Luis González Hernández, asesino.
Día 11: Resiste corazón, resiste que estamos caminando.
Once
de octubre del año dos mil diecinueve. Sí, creemos que estamos en el dos
mil diecinueve, aunque hay lugares en donde el tiempo se dobla, en
donde el pasado se mezcla con el futuro y la injuria no va más. Y cuando
el tiempo se dobla las miradas de las compañeras protegen nuestra
humanidad, ahí las mentiras no tienen lugar. Hoy llegó el tiempo de
juzgar.
Desde hace poco más de un mes tomamos la misma ruta. De
camino a la campamenta hacemos el análisis político del día, hablamos de
nuestros anhelos y preocupaciones, echamos una risa, cantamos una
canción. Al llegar al Reclusorio Oriente hay que montar el techito de la
casita-campamenta, colgar los retratos de nuestras compañeras en
aquellas paredes hechas del alambre que divide a quienes procuran la
justicia desde el Estado y a las que hacemos la justicia desde el amor,
entonces todo es disponerse, reunirse y conversar; leer poesía, bordar,
escuchar música, en dos palabras, organizarse y habitar.
Hoy la
campamenta se ha llenado de gente buena dispuesta a acompañar,
compañeros circenses que nos acompañan desde tempranito, música andina
para abrir el corazón, la danza que Dení tan amorosamente preparó para
Lesvy y para todas las que habitamos esta campamenta, ¡ahí vienen
nuestras amigas las Musas Sonideras! Llegan personas sororas con
camisetas moradas impresas con el bordado en el que todas colaboramos y
en el que también se lee: ¡Justicia para Lesvy! ¡Justicia para todas!
Ocupamos el lugar, un espacio que hacemos nuestro debajo de este toldo
gris, un pedacito que da cuenta de que nosotras podemos florecer frente a
toda la violencia. Nuestra querida Vero nos trae taquitos para todas,
no sabemos si nos espera una jornada larga y ella siempre nos cuida la
panza y el corazón. Todo está un poco borroso, la prensa espera a
nuestra familia, nosotras les esperamos también, algunas vamos a entrar,
las demás resguardan la campamenta.
Da inicio la audiencia,
primero se escuchan las conclusiones del Ministerio Público que ha
actuado en coadyuvancia con nuestras queridas abogadas. Dirigiéndose a
los jueces, el agente del MP dice que “la víctima es Lesvy, el
victimario es Jorge Luis y eso debido a un arsenal probatorio que se
vertió ante ustedes”.
Durante poco más de un mes la defensa del
acusado reconstruyó y ejerció en esta sala el agotamiento y las
maniobras de estrangulamiento decididas a ocultar la verdad, pero
gracias al trabajo de muchas personas comprometidas con la memoria y con
la verdad se abrió una ventanita a través de la que vimos lo sucedido
aquella madrugada del 3 de mayo del 2017 en Ciudad Universitaria.
Por esa ventanita seguimos los pasos del culpable, le vimos tender su
coartada, vimos aparecer a sus cómplices y su modo de actuar. De modo
que aquí ha quedado acreditado que Lesvy no se suicidó, argumentan
nuestras compañeras abogadas, por lo que se solicita la pena máxima de
sesenta años de prisión, ¡y pocos son!
La voz cambia cuando ésta
dice mentiras, entonces se escucha una torpe vocecilla que tropieza
entre burdas contradicciones. Es la vocecilla de lxs abogados del
acusado que declaran sin pudor sentir desprecio por la vida de las
mujeres. Pero la vocecilla aún no se ha dado cuenta que toda mentira
también revela una verdad, “mi representado no estaba en condiciones de
simular un suicidio, estaba intoxicado”, de lo que se concluye que
alguien le ayudó.
La vocecilla lo dice claramente entre líneas,
¡fue el Estado! Fue silencio cómplice de los trabajadores y funcionarios
de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue la negligencia y el
actuar doloso de la Procuraduría General de Justicia y de lxs
responsables de procurar mecanismos de prevención y sanción efectivos en
contra de la violencia feminicida, porque como dice el agente del
Ministerio Público, todas y todos somos personas en este territorio
humano y por tanto no puede haber discriminación alguna.
A raíz
del dicho del victimario fue como se construyó una “verdad histórica”
dice Ara, y esa “verdad histórica” no se sostiene, ¡que se tome en
cuenta lo que dice el cuerpo de Lesvy!, argumenta Araceli, que se
priorice la verdad sobre la mentira y la calumnia porque cuando se ama
no se lastima, no se tortura, no se asesina, y con eso termina. A lo que
Lesvy papá añade: Jorge Luis siempre nos mintió, desde un principio,
nos mintió, nos mintió, nos mintió.
Ahora tiene la palabra el
juez relator que comienza haciendo mención del contexto de violencia
feminicida que vive nuestro país. Así que “dispuestos a hacer un
equilibrio entre otros tribunales del este país”, el juez habla de la
importancia de tratar a todas las personas por igual, nos dice que han
juzgando el material probatorio resolviendo de manera respetuosa y con
apego a los Derechos Humanos.
El juez cita las veces en las que
México ha sido llevado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Son las veces en las que el caminar de las madres y de las hermanas se
ha alzado para defender la dignidad que avanza para construir un estado
democrático de derecho. Entonces el juez nombra el Artículo Primero
Constitucional junto con los Tratados Internacionales, la Convención de
las Naciones Unidas Sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación
en Contra de la Mujer y la obligación de los Estados miembro de
establecer las condiciones de igualdad para las mujeres, además menciona
las sentencias del Tribunal Superior de Justicia, habla de la
valoración de las pruebas y del decir de las y los testigos para emplear
su dicho ante la evidente imposibilidad de que Lesvy se expresara ante
el Tribunal.
Por lo tanto ha quedado comprobado un delito de
feminicidio agravado por las heridas infamantes, dice el juez, la
existencia de una relación sentimental y la exposición del cuerpo de
Lesvy en un lugar público, patrimonio de la humanidad. Aclara que este
delito tiene un origen en el cúmulo de violencia que nuestra Lesvy vivió
durante la relación de pareja que mantuvo con Jorge Luis, recuerda los
gritos, los golpes, las amenazas, el control, el asedio, los celos, la
asfixia y del asesinato cometido en contra de nuestra compañera.
El juez relator prosigue y cita las palabras de Jorge Luis González
Hernández: “yo nunca he sido la víctima, siempre he sido el victimario” y
menciona el nombre de lxs funcionarixs más oscuros de la Universidad
Nacional Autónoma de México y nos habla de la superioridad física del
victimario. Finalmente, el juez habla del amor, dice que hay cosas que
simplemente no pueden realizarse en nombre del amor, como asesinar.
Toda la sala escucha y se pone muy triste, hay algo en la voz del
relator que ha dado paso a un principio de realidad al que se le suele
llamar justicia. Los cuentos infantiles de Lesvy están en la mesa en
donde se sientan Ara y Lesvy papá, la justicia llegó y débilmente se
escucha el tic-tac del reloj, las lágrimas asoman, nuestra compañera no
está. Son las tres y veinte de la tarde, “por unanimidad se emite el
fallo condenatorio al acreditarse que Jorge Luis cometió un delito de
feminicidio agravado”.
Salimos del juzgado y las compañeras
aparecen. Ellas ya bailaron y comieron, leyeron los hermosos y profundos
poemas que Amalia nos compartió y nos esperaron afuera entre los
nervios y la angustia, pero también entre risas y compartición. Les
damos la noticia y nos abrazamos entre lágrimas. El momento que hemos
exigido desde aquella horrible mañana del 3 de mayo de 2017 ha llegado
para dar cuenta de la insoportable realidad feminicida de este país, de
la aquiescencia de las instituciones educativas y de procuración de
justicia, pero también del trabajo colectivo que nuestra familia,
nuestras abogadas y todas las que acompañamos logramos juntas durante
este tiempo. Gracias, nos decimos unas a las otras, nos mandamos
mensajes, llamamos, gracias, gracias a todas. ¡Gracias porque juntas
hicimos justicia y justicia!
Ya estamos reunidas todas otra vez,
después de casi dos años y medio hoy se hizo justicia: Vuela alto
querida Lesvy, descansa en paz. Ahora toca seguir caminando contigo en
el corazón para dignificar la vida, caminar por ellas, por nosotras,
sortear los golpes, enjuagar las lágrimas, volver a tejer la cadencia
del tiempo, amar de otras maneras, mandar sobre la angustia, andar y no
parar.
Vivir es hacer política, dice Carmencita, ¡con ellas en
la memoria, con el puño en alto seguiremos juntas, luchando por todas
las que no están porque Lesvy no ha muerto, Lesvy somos todas!
Texto: María Fernanda Ruiz / Pie de Página.
Fotos: María Fernanda Ruiz y Daniel Lobato.
A dos años cinco meses del crimen, Jorge Luis
González fue declarado culpable del feminicidio de Lesvy Berlín Rivera
Osorio. El fallo es atravesado por el accionar de las mujeres, quienes
acompañaron a la familia Rivera Osorio, desde el inicio; y cuando la
fiscalía capitalina insistía en que Lesvy se suicidó.
Vídeo tomado de la cuenta en Tuiter de Pie de Página.
“Estaremos aquí hasta el último latido de nuestro corazón”.
Patricia Becerril, madre de Zyanya Figueroa.
Este viernes el Tribunal de Justicia de la Ciudad de México dio un
fallo histórico. Jorge Luis González fue declarado por unanimidad
culpable del feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio.
Los gritos de exigencia por justicia contra la violencia a las
mujeres resonaron en el Reclusorio Oriente desde las 10 de la mañana.
Esos que desde mayo del 2017 acompañaron a Araceli Osorio y a Lesvy
Rivera bajo la consigna: “¡No fue suicidio, fue feminicidio!”. Una
demanda que aplica no sólo en el caso de Lesvy Berlín, también se
escuchó con Mariana Lima, y se necesita en el caso de Zyanya Figueroa.
Madres de mujeres víctimas de feminicidio acompañaron a Araceli
Osorio este viernes durante la espera del fallo. Entre ellas estaba
Irinea Buendía quien recordó que la exigencia es la no repetición:
“Tienen que capacitarse porque no
pueden seguir con sus declaraciones de antes, necesitan capacitarse en
cuanto a perspectiva de género. La sentencia Mariana Lima es muy clara,
ahí está el ABC para poder investigar un feminicidio con perspectiva de
género. Yo la verdad no entiendo al poder judicial; porque mejor en la
OEA ya retomaron esa sentencia y aquí en México la siguen excluyendo.
Por eso hay tanto asesino libre porque vienen dando sentencias que no
ayudan a sentar un precedente de no repetición”
Irinea Buendía.
Tres “síes”
La sala uno de audiencias del Tribunal de Justicia de la Ciudad de
México se llenó. La primera parte de la audiencia fue para los alegatos
finales, luego de dos horas el juez mandó a un receso de aproximadamente
una hora y media. Al terminar el tiempo en que los jueces tomaron una
decisión.
Araceli Osorio y Lesvy Rivera durante el receso previo al
fallo de la décima audiencia por el feminicidio de su hija.
Los jueces justificaron en los que se basaron para tomar una
decisión a partir de tres aspectos: sí existía una relación entre Lesvy y
Jorge Luis. Sí hubo violencia de género y Jorge Luis sí privó de la
vida a Lesvy.
“Somos conscientes de la realidad de violencia de género que el país
vive en la actualidad… juzgar con perspectiva de género implica hacerlo
con todos por igual, hombres y mujeres”, dijo el juez relator como
introducción al fallo. Con esta declaración desató una incertidumbre
silenciosa entre el público de la sala.
Incertidumbre previa
La incertidumbre se sentía desde antes de regresar a la audiencia. Lo
dijo la abogada Sayuri Herrera durante el receso previo al fallo: “en
el país del 99.3 por ciento de impunidad no podemos asegurar nada”; lo
contaron las madres de Celene, de Zyanya, de Marichuy, de Yan Kyung:
“hay obstáculos; no hay sentencia; no se reconoce como feminicidio; no
hay justicia”.
Esta incertidumbre terminó paulatinamente conforme el juez relator avanzó con el fallo:
“Jorge Luis González ejerció violencia y afectó la dignidad humana de
Lesvy Berlín hasta desplegar el grado más extremo de violencia de
género, el feminicidio […]. Por unanimidad (el tribunal) emitió fallo de
condena por el feminicidio de Lesvy Berlín a Jorge Luis González”
Al terminar la audiencia, Araceli Osorio les agradeció:
“Gracias. Esta audiencia es un ejemplo de justicia, no solo por Lesvy sino por todas las mujeres que nos arrebataron”
Entre lágrimas y abrazos poco a poco la sala de audiencias se fue
vaciando. Un último grito de rabia rompió la conmoción: “¡Púdrete Jorge
Luis!” le gritó uno de los familiares de Lesvy al responsable de su
feminicidio.
Afuera, las que salieron más
rápido ya recogían sus cosas. Periodistas, mujeres del grupo de
acompañamiento político, defensoras de derechos humanos y algunas de las
madres de víctimas de feminicidio que esperaban en fila para recoger
sus pertenencias. Una mariposa blanca se coló a las instalaciones del
tribunal y voló alrededor de esa multitud.
“¡Miren esa mariposa!, ¡Hay que contarle a Ara!” gritaron algunas de
las voces conmocionadas todavía por la decisión unánime de los jueces.
Mariposas de esperanza
“Aunque mi caso está muy lejos de tener justicia, ésta (la) siento
como si fuera propia. Hoy pasó algo maravilloso, estábamos con los
policías pidiendo nuestras credenciales cuando apareció una mariposa
entonces yo siento que esa mariposa representa la libertad y la
esperanza para todas nosotras”, contó más tarde Mónica Becerro, madre de
Yang Kyung María, asesinada por su pareja hace cinco años.
Afuera un grupo de mujeres comenzaron a reunirse en el
estacionamiento del tribunal para esperar a Araceli Osorio y a Lesvy
Rivera, en cuanto bajaron el grito se escuchó fuerte: “¡No fue suicidio,
fue feminicidio!”
Lo que hay detrás de cada sentencia
“Es muy importante entender que
fueron dos años muy difíciles: el llegar aquí, los amparos, la
reclasificación de feminicidio. Se demostró que el dicho de las madres
no es un dicho; es porque las madres conocen a sus hijas”.
María de la Luz Estrada, coordinadora general del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.
“La sentencia se logró por el trabajo de muchas, de colectivas, de
organización, porque su familia no bajó la guardia, todas las que están
aquí no bajaron la guardia. Por eso es un referente, así como Mariana
Lima. El caso de Lesvy nos anima, nos da la esperanza de que podemos
cambiar, de que podemos tener justicia”, expresó María de la Luz
Estrada, coordinadora general del Observatorio Ciudadano Nacional del
Feminicidio.
Para Carolina Ramírez, sobreviviente de un feminicidio, el fallo fue histórico:
“Este es un gran paso para todas las que hemos sido víctimas. Vamos
abriendo brechas, vamos ganando. Este es un fallo histórico para las
mujeres de este país.”
Afuera en la reja del estacionamiento del Tribunal de Justicia de la
Ciudad de México se leía un stencil con agradecimientos a Araceli
Osorio. También colgaba el bordado colectivo que hicieron durante los
once días de audiencia la colectiva “Las siempre vivas” junto a los
rostros de mujeres asesinadas o desaparecidas.
Esto pasa cuando se nos escucha
Araceli Osorio caminó entre cámaras y micrófonos hasta llegar a la
carpa donde el Grupo de Acompañamiento Político realizó las actividades
de protesta.
“Esto es lo que pasa cuando se nos escucha, cuando se nos cree,
cuando el beneficio de la duda es para las víctimas”, explicó. […] El
hecho de que hoy se dictara una resolución condenatoria por unanimidad
contra el asesino de mi hija, Jorge luis González Hernández, tuvo que
ver con la presión que ejercimos, no solo en las calles sino también al
venir aquí. El Poder judicial tiene una gran deuda”.
Lo que sigue es que el próximo 16 de octubre se dicte sentencia y
posteriormente se busque la reparación, para lo que testificará la
familia de Lesvy Berlín y sus amigas. Las abogadas Sayuri Herrera y Ana
Yeli Pérez del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio pidieron
la máxima sentencia por feminicidio: 60 años de cárcel para el culpable.
“Esperamos una sentencia histórica. Que se visibilicen esas medidas
de no repetición porque el caso de Lesvy ha sido un caso muy complejo,
tuvimos que luchar en un primer momento contra el sistema de justicia.
(Al juzgado) no se vino a construir una verdad, se vino a sostenerla.
Los testigos lo que plasmaron es lo que vieron, plasmaron todo su cariño
y su dolor. Nos gustaría no tener que buscar sentencias de feminicidio,
nos gustaría que no nos asesinaran” expresó la abogada Ana Yeli Pérez
ante la prensa.
Araceli Osorio habla afuera de las instalaciones del Reclusorio Oriente
sobre el fallo de los jueces, quienes declararon culpable a Jorge Luis
González por el feminicidio de Lesvy Berlín el 3 de mayo del 2017. A su
lado aparecen Irinea Buendía, madre de Mariana Lima; Lesvy Rivera, padre
de Lesvy Berlín, y Araceli Mondragón, madre de Mayra Abigail.
Alejandra López, del Grupo de Acompañamiento Político de la Familia
Lesvy Rivera también habló sobre cómo comenzó el acompañamiento, desde
la primera protesta que organizaron el 5 de mayo del 2017 en Ciudad
Universitaria:
“Sacamos fuerza para decirles que no creíamos lo que estaban
diciendo y convocamos a una manifestación sin saber siquiera cómo se
escribía el nombre de Lesvy. Ese mismo día nosotras ya sabíamos lo que
se ha dicho hoy en el tribunal y que tuvimos que esperar más de dos años
de la boca de la justicia patriarcal. Esa es la verdad, Lesvy no se
suicidió, a Lesvy la asesino un hombre como muchos en este país”
La unidad de las mujeres, en colectivo, de asociaciones, de expertas,
como mencionó Luz María Estrada del OCNF, logró este paso histórico en
la justicia mexicana. Y para Araceli Osorio, esto es el comienzo:
“Esto es lo que pasa cuando nosotras nos formamos en un escalón para
que la otra pueda avanzar, cuando una Irinea Buendía enfoca todos sus
esfuerzos no por Mariana Lima, su hija sino por todas y cada una de las
mujeres. Esto apenas comienza, que se preparen, porque nos van a ver
así, juntas, en las calles, en todas y cada una de sus oficinas
públicas, ahí nos van a ver con argumento pero también con nuestra rabia
y nuestro dolor. Y van a saber por nuestra voz, por esta sororidad y
solidaridad que no están muertas, que fueron asesinadas pero que viven y
están presentes todos los días en estos espacios para que haya justicia
no solo para Lesvy, para todas.”
Uno de los efectos más
atemorizantes de la violencia es ver cómo el tiempo se diluye. Aquí los
días y las noches se van juntando y la crueldad va arreciando, entonces
nosotras nos descubrimos, mirando, amando, platicando y buscando entre
nuestra amistad la fuerza para mantener la vida y su dignidad.
Aquí, como en otras guerras, el presente se junta de maneras extrañas
con el pasado. Eran otros tiempos y otros lugares cuando las personas
mayores nos contaron que una de las afrentas más graves durante la
guerra civil española fue el robo del reloj que se heredaba de padres a
hijos. El saqueo del reloj tras el asesinato era una práctica destinada a
robar el tiempo y su memoria. Las mujeres, mientras tanto, se mantenían
en pie y luchando por alimentar la memoria, atesorando las cartas y los
retratos de lxs represaliadxs.
Anoche escuchamos con emoción la
transmisión desde Colombia del fallo del jurado del Premio Gabo 2019.
Hoy desde la Campamenta a las afueras del Reclusorio Oriente les
mandamos un abrazo directo al corazón. Pensamos, mientras caminamos al
juzgado, ¡qué grande es el equipo que realizó la investigación “El país
de las dos mil fosas”!
Mientras nos comemos un rico pan que las
compañeras nos compartieron para no entrar con el estómago vacío a la
audiencia, decimos que su investigación es la radiografía de nuestra
tierra y la brújula que ha de permitirnos buscar y mantener la dignidad
que las compañeras periodistas, ganadoras del premio en la categoría de
Cobertura, nos han heredado con su forma de mirar, de investigar, de
sostener la memoria y su inquebrantable dignidad.
Ayer nos
estremecieron sus palabras, lloramos con su digno andar. Aquí vamos
aprendiendo todas juntas de las muchas formas de construir la justicia
social. Para nosotras la Campamenta levantada desde el amor y la alegría
es nuestra forma de responder ante la afrenta que nos produce el Estado
con sus verdades y triquiñuelas históricas, mismas que exigen una
respuesta inteligente, como las compañeras lo demostraron ayer desde
Colombia cuando recordaron a Lupita Campanur, guardiana de los bosques y
de la vida, quien también nos fue arrebatada. Por eso ahí donde decimos
¡justicia para Lesvy!, también decimos ¡justicia para todas!
En
este pedacito de territorio apropiado, desde nuestra casita-campamenta
durante este juicio les decimos: Compañeras, no van solas, reconocemos
su enorme lucha para llevar a cabo esta investigación y su trayecto para
lograrlo, nosotras las abrazamos y las reconocemos en este andar
mientras esperamos poder finalmente conocer el fallo del tribunal que
está juzgando el cruel delito cometido en contra de Lesvy, de su familia
y de toda la sociedad.
Sin embargo, hoy la lógica del
cansancio, del desgaste y del maltrato se impone una vez más. Esperemos
casi una semana la presencia en el Tribunal de Teresa Incháustegui, la
señora experta que la defensa del acusado ha llamado para saber por qué
Lesvy no denunció antes de ser asesinada por el que dice haberla amado.
–Extraño, pensamos nosotras, si en este país no tenemos datos, no
tenemos ese principio de realidad, la compañera Marcela Turati lo
mencionó en su discurso de ayer, ella contaba que el equipo tuvo que
desenterrar las cifras, “nos decidimos a desenterrar las cifras ocultas. Sabiendo que no son cifras, son personas, y que cada número representa a
alguien que nos falta y una familia que está buscando sin descanso. Nos
enfrentamos a la burocracia construida para que no encuentres, para que
te canses. Sentimos mucha impotencia, claro que nunca comparable con lo
que la indolencia gubernamental hace vivir cada día a las familias”.
No sabemos a ciencia cierta cuántas mujeres están en grave peligro,
cuántas están siendo hostigadas, maltratadas, humilladas, amenazadas,
cuántas están desaparecidas. Sospechamos que somos una parte muy
importante, ¡el grueso de la población!
El decir de la señora
Incháustegui fue desestimado por los mismos que la llamaron a declarar
en una trampa para ganarle al tiempo, para ocultar la verdad. Hoy el
tribunal le ofrece al verdugo la oportunidad y el derecho de la palabra,
pero al tiempo que dice renunciar a hablar abre aceleradamente la boca
para decir que él amaba a Lesvy, que jamás la hubiera lastimado, que no
la asesinó. Ese es el triste titular que se despliega unas horas más
tarde en prensa industrial, y esa la puñalada que sentimos en el
estómago después de ya casi un mes viéndole las espaldas a los verdugos.
Pero Ara pide la palabra, entonces responde al acusado y a
los consejos de su abogado: “quien ama no lastima", quien ama no asesina
sostienen firmemente les amigues por nuestro chat. El juez se ha
comprometido a enunciar el fallo del próximo viernes, se agotaron las
excusas ya no es posible dilatar, la justicia ha de llegar. Ese día se
escucharán los argumentos de ambas partes, aunque la sociedad ya ha
visto el despliegue de saber y de dignidad que avanza con paso firme por
nuestra Tierra, ancha y hermosa.
A pesar del cansancio, hoy y
siempre repetimos por si no ha quedado los suficientemente claro:
Nuestro argumento es la palabra que defiende la vida, porque “lo justo
no tiene discusión”, como pone la tarjetita con las palabras de Gregorio
Nachman que Carmencita nos regaló.
Aunque será difícil festejar
la tragedia, como dicen las compas periodistas, nuestro alegato es la
apuesta política de esta Campamenta dispuesta a moverse a cualquier
lugar para continuar la resistencia y acompañar.
Entre pláticas
nos surgen las sonrisas, ¡han fallado a la hora de querer desgastar a
esta Campamenta!, comentamos todas mientras enviamos un abrazo a
nuestrxs compañerxs de la Brigada Humanitaria de Paz Marabunta, quienes
fueron agredidxs por elementos policiacos vestidos de civiles cuando
desempeñaban su labor de defensa de Derechos Humanos en la manifestación
conmemorativa del 2 de octubre, donde estuvimos presentes.
Conocemos la enorme labor que Marabunta realiza para documentar la
protesta social y agradecemos su presencia en las manifestaciones que
desde este grupo hemos realizado por la exigencia de verdad y de
justicia en el caso de nuestra compañera Lesvy. Desde aquí les hacemos
llegar nuestra solidaridad, les decimos que respaldamos y secundamos la
denuncia que han realizado contra el aparato policiaco-militar.
Bueno, pues aquí seguiremos y les invitamos a todxs el viernes 11 de
octubre a manifestarnos para exigir justicia a las afueras del
Reclusorio Oriente a partir de las 10 de la mañana.
¡Porque defender Derechos Humanos no es un delito!
Los feminismos han desafiado a los poderes establecidos y estos han
desencadenado una triple contraofensiva: eclesial, económica y militar,
que tiene uno de sus anclajes en la denuncia de la «ideología de
género». Una de las operaciones relacionadas es asociar la «ideología de
género» al colonialismo. Otra consiste en infantilizar el feminismo
como política trivial, de clase media, frente a la urgencia popular del
hambre.
Estamos presenciando un momento de contraofensiva: es decir, de
reacción a la fuerza desplegada por los feminismos en la región. Es
importante remarcar la secuencia: la contra-ofensiva responde a una ofensiva, a un movimiento anterior. Esto
supone ubicar la emergencia de los feminismos en relación con el
posterior giro a la derecha en la región, incluso con tonalidades
protofascistas, y a escala global. Se desprenden de aquí dos
consideraciones. En términos metodológicos: ubicar la fuerza de los
feminismos en primer lugar, comofuerza constituyente.
En términos políticos: afirmar que los feminismos, en su capacidad de
devenir masivos y radicales, ponen en marcha una amenaza hacia los
poderes establecidos y activan una dinámica de desobediencias que se
intenta contener contraponiéndole formas de represión, disciplinamiento y
control en varias escalas. La contraofensiva es un llamado al orden y
su agresividad se mide en relación con la percepción de amenaza a la que
está respondiendo. Por eso, la feroz contraofensiva desatada hacia los
feminismos nos da una lectura a contrapelo, en reversa, de la fuerza de
insubordinación que se ha percibido como ya aconteciendo y a la vez con
posibilidad de radicalización.
Veamos las líneas de la
contraofensiva para luego volver sobre los contornos de la
caracterización de qué es lo que se delinea como «amenaza», ya que eso
nos permitirá entender por qué estamos presenciando la construcción del
feminismo como nuevo «enemigo interno». O por qué el feminismo funciona
como espectro al que distintos poderes se proponen conjurar.
Uno: la contraofensiva eclesial
Mediante
el concepto de «ideología de género» se sintetiza hoy una auténtica
cruzada encabezada por la Iglesia católica contra la desestabilización
feminista. «La ideología de género es una estrategia discursiva ideada
desde el Vaticano y adoptada por numerosos intelectuales y activistas
católicos y cristianos para contraatacar la retórica de la igualdad de
derechos para mujeres y personas lgbti»,
argumenta Mara Viveros Vigoya. Eric Fassin señala que la embestida
contra el término «género» empieza abiertamente a mediados de la década
de 1990 desde grupos católicos de derecha estadounidenses, en ocasión de
la Conferencia sobre Población y Desarrollo de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), realizada en El
Cairo en 1994, y durante las reuniones preparatorias de la Conferencia
de Beijing (1995) en Nueva York. Varias crónicas señalan como la
lobbista más activa del Vaticano a Dale O’Leary, una periodista católica
conservadora que plasmó esta discusión en el libro The Gender Agenda [La agenda de género], cuyo argumento principal es que el género se presentaba como «una
herramienta neocolonial de una conspiración feminista internacional».
Según Mary Anne Casey, el ataque surge primero contra leyes y políticas y
luego se concentrará en la teoría y señalará a Judith Butler como la
«papisa del género». Son campañas impulsadas desde arriba, como
argumenta Sonia Corrêa en una entrevista con María Alicia Gutiérrez: «no
han sido gestadas en la base de nuestras sociedades, sino más bien en
las altas esferas de las negociaciones internacionales y la elucubración
teológica».
Uno de los textos más emblemáticos de la «cruzada» es Lexicon. Termini ambigui e discussi
su famiglia, vita e questioni etiche, editado por Edizioni Dehoniane de Bologna en 2003. La «entrada» género
está escrita por Jutta Burggraf (1952-2010), teóloga católica alemana que traza las
coordenadas de la discusión apuntando a Butler como responsable de
desacoplar el sexo biológico de la categoría «cultural» de
género y de habilitar su proliferación indiscriminada. Como también se
constata en otros tantos textos eclesiásticos, Burggraf muestra
preocupación por la recepción de la palabra «género» en organismos internacionales como la onu
y la vía de recursos que estas instancias implican. Pero lo que más me
interesa remarcar –para luego seguir el hilo de esta argumentación– es
la afinidad que ella traza entre la ideología de género y una «antropología individualista del neoliberalismo radical».
Antes
de Butler, el linaje teórico que se describe en estas publicaciones de
pelaje variado se remonta a Friedrich Engels y Simone de Beauvoir. De
manera particular, sin embargo, el énfasis del antecedente de la «ideología de género»
se traza con las teorizaciones de la Escuela de Fráncfort en la década
de 1930 y, en particular, con el modo en que sus conceptos se
diseminaron en las revueltas de los años 60 en los movimientos
radicales. El «marxismo cultural» de la Escuela de Fráncfort sería el enemigo de la cristiandad occidental. La conversión del vocablo «género»
en un anatema, una maldición, recrea y actualiza toda la fábula de la
amenaza a la civilización cristiana y occidental, pero con un agregado:
destacando su capacidad de «transversalidad» ideológica y, por tanto, su fuerza de propagación que iría más allá de la reconocible «izquierda».
La
disputa es enorme. Según la Iglesia católica, lo que está en juego es
la naturaleza humana porque se está cuestionando el binarismo de género
que constituye la célula base de la reproducción heteronormada; es
decir, la familia. Por eso, en la cruzada toman también progresiva
relevancia las identidades y corporalidades trans y las tecnologías
dedicadas a la reproducción. Ambas «cuestiones» son representadas como
una etapa superior de la ideología de género, la consagración del
desacople del sexo respecto del género y, por tanto, la amenaza a la
teoría antropológica-teológica cristiana de la complementariedad entre
lo masculino y lo femenino. Para resumirlo en palabras de Sarah Bracke y
DavidPaternotte: «El Vaticano considera la noción analítica
de género como una amenaza a la Creación Divina». La noción de género,
entonces, usurpa –y por eso amenaza– el poder divino de creación. Crear
géneros diversos –o poner «el género en disputa» para usar el título más
famoso de Butler– aparece, desde la Iglesia, como una disputa directa
con Dios.
En 2017, los investigadores David Paternotte y Roman
Kuhar se preguntan algo fundamental: cómo se ha producido la traducción
de un concepto teórico a los discursos religiosos y, especialmente, cómo
luego esos discursos pasan a convocar movilizaciones a escala global.
La hipótesis que exploran es, en el contexto europeo, su intersección
con el nacionalismo y los populismos de derecha. Con la misma
preocupación por su articulación política con la derecha, Agnieszka
Graff y Elżbieta Korolczuk subrayan –a partir del análisis del caso
polaco, pero luego extendiéndose a Europa– que el ataque antigénero
identifica a quienes propagan la ideología como liberales, miembros de
elite, mientras que la cruzada religiosa estaría defendiendo a las
clases trabajadoras, que portarían una suerte de conservadurismo que
emana de la condición de ser las «víctimas» de la globalización: «los
‘generistas’ estarían bien financiados y conectados con las elites
globales mientras que la gente común estaría pagando el precio de la
globalización».
La asociación entre neoliberalismo y género insiste por
varias vías y prepara el terreno para argumentar –como lo veremos en
relación con el debate argentino– que el antineoliberalismo solo puede
venir de la mano de una conservación de los «valores familiares» y de la
disciplina del trabajo a los que estos están íntimamente asociados.Uno
de sus voceros argentinos se jacta de estar a la vanguardia de esta
teorización. El abogado católico cordobés Jorge Scala publicó en 2010 el
libro La ideología de género. O el Género como herramienta de poder
(según afirma el autor, con más de 10 ediciones en España). Allí
caracteriza la «ideología de género» como un «totalitarismo»: «La
ideología de género busca imponerse de forma totalitaria, mediante el
ejercicio del poder absoluto, en especial a nivel supranacional –y desde
allí recalar en los distintos pueblos y naciones–, mediante el control
de los medios de propaganda y de elaboración cultural», sintetiza en su
publicidad. Dice detectar tres vías por las cuales la «ideología de
género» se expande: el sistema educativo formal, los medios de
comunicación y los derechos humanos. Lo totalitario sería lo propio de
un sistema cerrado, de un «lavado de cerebro global». En 2012, el libro
fue traducido y publicado en Brasil. En marzo de 2013, ante la
consagración de Jorge Bergoglio como papa Francisco, Scala escribió:
Hay
una coincidencia que me resulta particularmente significativa: el 13 de
marzo de 2012 la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina
dictó un fallo inicuo pretendiendo legalizar el aborto a petición en
dicha Nación. Exactamente un año después, el 13 de marzo de 2013, el
Colegio Cardenalicio eleva a la Sede de Pedro al cardenal primado de la
Argentina. Es como una caricia del Espíritu Santo.
Para Mary Anne Casey, los dos papas que han encarnado «la guerra del Vaticano contra la ideología de género» son Benedicto XVI y Francisco. El hecho de que provengan de Alemania y Argentina respectivamente no pasa inadvertido:
De
maneras no previamente analizadas, Ratzinger parece haber estado
reaccionando directamente a los acontecimientos recientes de entonces en
Alemania, incluyendo, por un lado, la presencia de libros de feministas
que subrayaban la construcción social de los roles de género (…) en las
listas de best-seller locales y, por otro lado, el mandato
constitucional de la legislación federal alemana que garantiza a los
individuos la oportunidad legal de cambiar de sexo. Los reclamos de
derechos trans fueron, junto con los reclamos feministas, un componente
fundacional, y no un agregado reciente, a la esfera de preocupaciones
del Vaticano sobre el «género» y al enfocar tal preocupación en el
desarrollo de las leyes seculares. Tal como Ratzinger puede haber
llevado con él a Roma su memoria de los acontecimientos en Alemania, lo
mismo Jorge Mario Bergoglio, quien viajó a Roma en 2013 para convertirse
en papa Francisco, dejando atrás una Argentina que solo un año antes
había aprobado, con la oposición de Bergoglio pero sin ninguna oposición
legislativa, una ley sobre identidad de género que está entre las más
generosas del mundo respecto a las personas que desean legalmente
cambiar de sexo.
Según la investigadora, sin embargo, lo que caracteriza a
Francisco es haberle encontrado un giro táctico al combate: la
«ideología de género» pasa a ser asociada por el papa argentino con una
«ideología colonizadora», especialmente impulsada por ONG's
y organismos internacionales. De este modo, el papa que viene del
«Tercer Mundo» moviliza una retórica pseudoantiimperialista para librar
la batalla contra los derechos de mujeres y LGBTI+.
Un segundo logro le atribuye Casey a Francisco: haber conseguido
unificar distintos credos (especialmente católicos, evangélicos y
mormones) en la cruzada contra la «ideología de género», amalgamados por
la expansión de la «amenaza». Fue en los últimos pocos años cuando la
doctrina eclesial devino hashtag multiuso y herramienta de
movilización que salió a disputar las calles. En ella se inscriben,
por ejemplo, las manifestaciones alrededor del eslogan «Con mis hijos no
te metas». La «ideología de género» sería, en este caso, el contenido
de una nueva currícula escolar que al incorporar nociones como «igualdad
de género» e «identidad de género» promovería, según los manifestantes
en Perú, por ejemplo, «la homosexualidad y el libertinaje sexual en los
escolares».
En Argentina, hay que notar la ofensiva contra la Ley Nacional 26150 que crea el derecho a recibir Educación Sexual Integral (ESI)
desde el inicio de la escolaridad; ley que fue defendida por
organizaciones que popularizaron la consigna «La educación es una causa
feminista», mientras monseñor Héctor Aguer (arzobispo de La Plata)
declaraba que «el aumento de los feminicidios tiene que ver con la
desaparición del matrimonio». En Colombia, la llamada «ideología de
género» jugó un papel clave en la campaña que agitó la «amenaza del
género» a favor del triunfo del «No» a los Acuerdos de Paz entre el
gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de 2016. Sonia Correa agrega sobre el mapa latinoamericano:
A
principios de 2017, las campañas antigénero estallaron en el contexto
de la Reforma Constitucional del Distrito Federal en México y poco
después un autobús «antigénero» comenzó a circular por todo el país. Dos
meses después, el mismo autobús estaba viajando por Chile, justo antes
de la votación final de la reforma a la ley que dejó atrás la
prohibición de la terminación del embarazo promulgada por el régimen
pinochetista en los 80. Llevaron a cabo también una campaña contra la
«ideología de género» en el plan de estudios de la educación pública en
Uruguay, un país conocido por su laicismo. En Ecuador, una disposición
legal que intentaba limitar la violencia de género fue atacada por
grupos conservadores religiosos antigénero. La Corte Constitucional
boliviana derogó la Ley de Identidad de Género recientemente aprobada,
argumentando que la dignidad de la persona tiene su raíz en el binario
sexual de lo humano.
Este 2019 se abrió con el estreno del
extremista de derecha Jair Bolsonaro en Brasil, cuyo primer discurso
presidencial estuvo referido al combate contra la «ideología de género».
Unas semanas después, el joven empresario Nayib Bukele ganó la
Presidencia de El Salvador con la misma bandera. La batalla del Siglo XXI
va así tomando diversas escenas y modalidades. Pero lo que cabe
resaltar es de qué manera se declina esta batalla como contienda
política en cada situación local y cómo logra justamente presentarse
enhebrada a coyunturas bien diversas, construyendo un paisaje del giro
conservador en la región. Es imposible entender este devenir en consigna
de movilización de la cruzada religiosa fundamentalista –es decir,
fabricarle su «movimiento social»– sin tomar en cuenta el auge de
masividad y radicalidad de los feminismos que han tomado las calles en
dinámicas transnacionales.
En Argentina hay un punto de quiebre:
es la «marea verde» a favor de la legalización del aborto que durante
2018 inundó las calles y difundió su impacto a escala mundial. La
ampliación del debate sobre el aborto en términos de soberanía,
autonomía y clase, su radicalización militante por las nuevas
generaciones y la proyección política de sus demandas en la atmósfera
feminista desataron una virulencia nueva de la contraofensiva eclesial.
Hemos visto el lanzamiento a las calles del movimiento «celeste», las
frases de defensa sobre las «dos vidas» y llamamientos al odio en
escuelas religiosas y púlpitos. Pero, sobre todo, una militancia
enardecida en hospitales, en juzgados y en los medios de comunicación
contra el aborto. Esta campaña llegó a la aberración durante 2019 con
los casos de una niña de 12 años en Jujuy y otra de 11 en Tucumán y la
reivindicación de la violación y maternidad forzada de las menores por
un editorial del diario La Nación.
Espiritualidad política.Como
movimiento múltiple, el feminismo pone en escena la disputa por la
soberanía de los cuerpos. Y claro está: de los cuerpos feminizados en
términos de su jerarquía diferenciada. De esos cuerpos que
históricamente fueron declarados no soberanos. Sentenciados como no
aptos para decidir por sí mismos. Es decir: de los cuerpos tutelados. Pero
el feminismo habla de los cuerpos al mismo tiempo que pone en disputa
una espiritualidad política. Y que es política justamente porque no
separa el cuerpo del espíritu, ni la carne de las fantasías, ni la piel
de las ideas. El feminismo (como movimiento múltiple) tiene una mística.
Trabaja desde los afectos y las pasiones. Abre ese campo espinoso del
deseo, de las relaciones amorosas, de los enjambres eróticos, del ritual
y la fiesta y de los anhelos más allá de sus bordes permitidos. El
feminismo, a diferencia de otras políticas que se consideran de
izquierda, no despoja a los cuerpos de su indeterminación, de su no
saber, de su ensoñamiento encarnado, de su potencia oscura. Y por eso
trabaja en el plano plástico, frágil y a la vez movilizante de la
espiritualidad.
El feminismo no cree que haya un opio de los
pueblos: cree, por el contrario, que la espiritualidad es una fuerza de
sublevación. Que el gesto de rebelarse es inexplicable y, a la vez, la
única racionalidad que nos libera. Y que nos libera sin volvernos
sujetos puros, heroicos ni buenos.
La Iglesia ha entendido esto desde todos los tiempos. Podemos referirnos una vez más a Calibán y la bruja,
de Silvia Federici, para recordar por qué la quema de brujas, herejes y
sanadoras fue una escena predilecta para desprestigiar el saber
femenino sobre los cuerpos y aterrorizar su efervescencia curadora y su
fuerza de tecnología de amistad entre mujeres. O al aún más clásico Witches, Midwives and Nurses: A History of Women Healers [Brujas,
parteras y enfermeras. Una historia de las mujeres sanadoras] de
Bárbara Ehrenreich y Deirdre English, donde por ejemplo se analiza la
guía de quema de brujas del Siglo XV –Malleus maleficarum [El martillo de las brujas]–,que aseguraba que «nada le hace más daño a la Iglesia católica que las parteras», que por supuesto son también las aborteras.
Hoy
vemos en las calles, en las casas, en las camas y en las escuelas una
batalla por la espiritualidad política (que, en su movimiento masivo,
tiñe todo de verde, como un principio-esperanza). Y por eso, de nuevo,
la Iglesia católica, a través de sus representantes y voceros varones,
siente que tiene una misión que cumplir, una tarea de salvación de almas
que se traduce en una guerra por el monopolio del tutelaje sobre los
cuerpos femeninos. Hay un punto fundamental en la actualidad de esta
cruzada y es el rol del papa Francisco, especialmente por su conexión en
Argentina con varios movimientos sociales.
La Iglesia de los
«pobres». Con particular énfasis, esta disputa por los cuerpos se
despliega cuando se trata del tutelaje de mujeres «pobres». Y sucede
justo en el momento en que el feminismo se hace fuerte desde los
barrios, desde las generaciones jóvenes pero al mismo tiempo como nueva
alianza entre madres e «hijes», y cuando hay un debate clasista sobre la
diferencia de riesgos que comporta el aborto. Como lo expuso en el
Congreso de la Nación una joven de la organización Orilleres de la Villa
21-24 y Zavaleta, en la ciudad de Buenos Aires: «En nuestros barrios
intervienen instituciones como las iglesias que se encargan de moralizar
nuestros cuerpos, nuestras decisiones, y que operan para que las
mujeres no tengamos acceso al aborto legal. Sin derechos sobre nuestros
cuerpos y nuestras vidas estamos condenadas a seguir siendo vulneradas».
Unos días antes, un conocido cura «villero»había insistido en que el aborto no es un reclamo popular. Argumentó que «el FMI
[Fondo Monetario Internacional] es aborto» (título con el que circuló
mediáticamente su discurso). Con esto, la Iglesia pretende instalar que
la autodeterminación de las mujeres, el propio derecho a decidir sobre
el cuerpo, es una cuestión neoliberal. Desconocen y falsean tanto las
luchas históricas por el aborto como la actualidad del movimiento
feminista, donde esta demanda está asociada a un reclamo de vida digna y
contra el ajuste neoliberal, y en cuya amalgama se hicieron pañuelazos
en muchos barrios y villas.
En su pretensión de mostrarse como los
únicos antiliberales, los voceros de la Iglesia refieren esta
argumentación a las «mujeres pobres»: a quienes ellos consideran que
deben conducir especialmente, a quienes quitan la capacidad de decisión
en nombre de su condición social, a quienes visibilizan como resistentes
solo si son madres. De este modo, la trampa que tienden parece
reivindicarse «clasista», pero en verdad es justamente lo contrario:
intentan trazar una distinción de clase que justificaría que a las
mujeres pobres no les queda más alternativa que ser católicas y
conservadoras, porque solo tienen como opción su maternidad. De este
modo, se intenta reducir el abortar (es decir, decidir sobre el deseo,
la maternidad y la propia vida) a un gesto excéntrico de la clase media y
alta (que, claro está, puede poner en juego recursos económicos
diferentes). El argumento «clasista», que por supuesto existe en
términos de posibilidades diferenciadas para acceder a un aborto seguro,
se invierte: pasa a funcionar como justificación de la clandestinidad.
El derecho a decidir, para la Iglesia, debe permanecer así alejado de
los barrios populares. Esta cruzada por infantilizar a las mujeres
«pobres» es la punta de lanza, porque si se desarma, la Iglesia misma se
queda sin fieles. Lo más brutal es el modo en que, para sostener esto,
tienen que hacer oídos sordos –desconocer y negar– lo que dicen las
propias mujeres de las villas y las organizaciones que trabajan en
ellas. Aun cuando ellas están insistiendo en todos lados con la consigna
«dejen de hablar por nosotras».
Queda claro que la Iglesia, a
través de sus voceros varones, no quiere dejar de legislar sobre el
cuerpo de las mujeres y que encuentra en el movimiento feminista una
amenaza directa a su poder, edificado sobre el control de los cuerpos y
las espiritualidades feminizadas. Porque es el control de la vida y de
los modos de vida (toda una guerra se despliega sobre el propio vocablo
«vida») lo que está en juego para hacer de la espiritualidad un sinónimo
de obediencia y de renovadas formas de tutelaje.
Volvamos al
argumento que se renueva y refuerza: querer asociar feminismo y
neoliberalismo. El aborto como sinónimo de «cultura del descarte» que
enarbola la propaganda eclesial tiene este propósito. Pero es justamente
un feminismo anti-neoliberal lo que se ha venido fortaleciendo en los
últimos años y lo que pone en jaque esta falaz argumentación de la
institución que es del reino celeste.
Dos: la contraofensiva moral… y económica.
Estamos
hablando de la disputa por la definición de neoliberalismo y, en
particular, de qué sería el antineoliberalismo. Y aún más: de qué
prácticas implica lo popular en su capacidad estratégica de construir
antineoliberalismo. Ahí está el corazón del debate. Quienes denuncian la
«ideología de género» proponen un combate al neoliberalismo a través de
un retorno a la familia, al trabajo disciplinado como único proveedor
de dignidad y a la maternidad obligatoria como reaseguro del lugar de la
mujer.
El neoliberalismo, así, queda definido como una política y
un modo de subjetivación de la pura disgregación del orden familiar y
laboral. Que ese orden sea patriarcal, por supuesto, no es
problematizado, sino ratificado. Llegamos a una suerte de contradicción
lógica: ¿puede el antineoliberalismo sustentarse en un orden patriarcal
cuya estructura biologicista y colonial es indisimulable? Esto es
justamente lo que han dejado claro los feminismos en su radicalización
masiva: no hay capitalismo neoliberal sin orden patriarcal y colonial.
La trinidad es indisimulable.
El argumento que intenta instalar la
doctrina de Francisco es que la «ideología de género» es «colonial» y
«liberal». Parece paradójico que la institución que debe sus cimientos
en nuestro continente a la colonización más cruenta enarbole un discurso
«anticolonial». Parece paradójico que, en un momento en que la
jerarquía de la Iglesia católica se ve impugnada por las denuncias de
abuso sexual a menores por parte de sus integrantes, surja por arriba la
bandera de un antineoliberalismo de corte miserabilista y patriarcal
para señalar al feminismo como enemigo interno. Parece paradójico que en
un momento en que el «inconsciente-colonial» como lo llama Suely Rolnik
o las «prácticas descolonizadoras» de las que habla Silvia Rivera
Cusicanqui tienen en los feminismos un enorme espacio de
problematización y resonancia, sea la Iglesia católica apostólica romana
la que quiere presentarse como anticolonial.
Veamos cómo se
articula la contraofensiva eclesial con la contraofensiva económica. El
ajuste económico de los últimos años, que en el caso de Argentina se
traduce en inflación y aumento de tarifas básicas, en despidos y en
recortes de servicios públicos, tiene especial impacto sobre las mujeres
y, de modo más general, sobre las economías feminizadas. Varias
integrantes de organizaciones sociales cuentan que no cenan como modo de
autoajuste frente a la escasez de comida y para lograr repartir mejor
lo que hay entre hijos e hijas.
Técnicamente se llama «inseguridad
alimentaria». Políticamente, evidencia cómo las mujeres ponen de manera
diferencial el cuerpo, también así, ante la crisis. Esto se ve
reforzado por la bancarización de los alimentos mediante las tarjetas
«alimentarias» (parte de la bancarización compulsiva de las ayudas
sociales de la última década), que se canjean solo en ciertos comercios y
que están «atadas» a la especulación de algunos supermercados a la hora
de fijar precios. El fantasma del saqueo a los comercios de alimentos
se agita como amenaza de represión e incentiva la persecución de las
protestas en nombre de la «seguridad».
Encierro, deuda y biología.Con
la contraofensiva económica vemos un rasgo fundamental del
neoliberalismo actual: la profundización de la crisis de reproducción
social que es sostenida por un incremento del trabajo feminizado, que
reemplaza las infraestructuras públicas y queda implicado en dinámicas
de superexplotación. La privatización de servicios públicos o la
restricción de su alcance se traducen en que esas tareas (salud,
cuidado, alimentación, etc.) deben ser suplidas por las mujeres y los
cuerpos feminizados como tarea no remunerada y obligatoria.
Varias autoras han destacado el aprovechamiento moralizador
que se articula a esta misma crisis reproductiva. Acá surge una clave
fundamental: las bases de convergencia entre neoliberalismo y
conservadurismo. Como sostiene Melinda Cooper, necesitamos situar cuándo
el neoliberalismo, para justificar sus políticas de ajuste, revive la
tradición de la responsabilidad familiar privada y lo hace en el idioma
de… ¡la «deuda doméstica»! Endeudar a los hogares es parte de su llamado
a la responsabilización neoliberal, pero al mismo tiempo condensa el
propósito conservador de plegar sobre los confines del hogar
cisheteropatriarcal la reproducción social.
Encierro, deuda y biología:
tal es la fórmula de la alianza neoliberal-conservadora. La reinvención
estratégica de la responsabilidad familiar frente al despojo de
infraestructura pública permite esta convergencia muy profunda entre
neoliberales y conservadores.
Esto lo vemos claramente en cómo la
contraofensiva económica es también contraofensiva moralizadora y saca
su fuerza del empobrecimiento acelerado, que tiene como espacio de
expansión la financiarización de las economías familiares que hace que
los sectores más pobres (y ahora ya no solo esos sectores) deban
endeudarse para pagar alimentos y medicamentos y para financiar en
cuotas con intereses descomunales el pago de servicios básicos. Si la
subsistencia cotidiana por sí misma genera deuda, lo que vemos es una
forma intensiva y extensiva de explotación que encuentra en las
economías populares feminizadas su laboratorio.
Pero la torsión
conservadora es un aspecto fundamental que intenta reforzar, por un
lado, la obligación de contraprestación de la ayuda social con
exigencias familiaristas como lógica de cuidado y responsabilidad; por
otro, hace que las iglesias sean hoy canales privilegiados para la
redistribución de recursos. Vemos consolidarse así una estructura de
obediencia sobre el día a día y sobre el tiempo por venir que obliga a
asumir de manera individual y privada los costes del ajuste y a recibir
condicionamientos morales a cambio de los recursos escasos.
Caracterizamos
así la contraofensiva económica como terror financiero porque se
despliega como «contrarrevolución» cotidiana en dos sentidos: porque nos
quiere hacer desear la estabilidad a cualquier costo y porque opera
sobre el tejido del día a día, el mismo que los feminismos ponen en
cuestión porque es allí donde se estructura micropolíticamente toda
forma de obediencia. No es casual entonces que militancias políticas
cercanas al Vaticano quieran construir un falso antagonismo: feminismo versus hambre.
De nuevo, la operación consiste en infantilizar el feminismo como
política trivial, de clase media, frente a la urgencia popular del
hambre. Más bien lo contrario es cierto: no hay oposición entre la
urgencia del hambre a la que nos somete la crisis y la política
feminista. Es el movimiento feminista en toda su diversidad el que ha
politizado de manera nueva y radical la crisis de la reproducción social
como crisis a la vez civilizatoria y de la estructura patriarcal de la
sociedad. A eso se contrapone una asistencia social focalizada (forma
predilecta de la intervención estatal neoliberal), que busca reforzar
una jerarquía de merecimientos en relación con la obligación de las
mujeres según sus roles en la familia patriarcal: tener hijos,
cuidarlos, escolarizarlos, vacunarlos.
Lo que la contraofensiva
religiosa no soporta es que enfrentando al hambre se desafíe también el
mandato patriarcal de la reproducción de la norma familiar, del
confinamiento doméstico y de la obligación de parir. Lo que la
contraofensiva religiosa busca en la contraofensiva económica es una
oportunidad para reponer una imagen de lo popular como conservador y de
lo conservador como genuino porque, de nuevo, trae una idea de lo
«antineoliberal» que no hace más que ocultar la alianza entre
neoliberalismo y conservadurismo que vemos hoy en el giro neofascista
regional y global.
El movimiento feminista crece dentro de organizaciones
diversas y por ello está presente en las luchas más desafiantes del
presente, y desde ahí realiza los diagnósticos no fascistas de la crisis
de reproducción social. El hambre no es una definición biologicista.
Las jefas de hogar sacan las ollas a la calle y le ponen el cuerpo a la
denuncia del ajuste, la inflación y la deuda. Las pibas en situación de
calle discuten qué son las violencias de las economías ilegales. Las
presas denuncian la máquina carcelaria como lugar privilegiado de
humillación. Pero es necesario desconocer estos potentes lugares de
enunciación para poder sostener el falso antagonismo «hambre versus
feminismo».
Pero demos una vuelta más al vínculo actual entre
neoliberalismo y conservadurismo. ¿Por qué se amalgaman en economías de
la obediencia impulsadas desde la moral religiosa y desde la moral
financiera? ¿Por qué esta alianza encuentra en las economías ilegales un
flujo paralelo y a la vez explotable de armas y dinero? Podemos ir a
una pregunta anterior que hemos desarrollado para hacer una lectura
feminista de la deuda: ¿qué pasa cuando la moralidad de los trabajadores
y las trabajadoras no se produce en la fábrica y a través de sus
hábitos de disciplina adheridos a un trabajo mecánico repetitivo? ¿Qué
tipo de dispositivo de moralización es la deuda en reemplazo de esa
disciplina fabril? ¿Cómo opera la moralización sobre una fuerza de
trabajo flexible, precarizada y, desde cierto punto de vista,
indisciplinada? ¿Qué tiene que ver la deuda como economía de obediencia
con la crisis de la familia heteropatriarcal? ¿Qué tipo de educación
moral es necesaria para una juventud endeudada y precarizada? Como lo
escribimos en Una lectura feminista de la deuda:
No nos
parece casual que se quiera impulsar una educación financiera en las
escuelas al mismo tiempo que se rechaza la implementación de la
Educación Sexual Integral (ESI), lo cual se traduce en recortes presupuestarios, en su tercerización en ONG's religiosas y en su restricción a una normativa preventiva. La ESI
es limitada y redireccionada para coartar su capacidad de abrir
imaginarios y legitimar prácticas de otros vínculos y deseos, más allá
de la familia heteronormativa. Combatirla en nombre del
#ConMisHijosNoTeMetas es una «cruzada» por la remoralización de lxs
jóvenes, mientras se la quiere complementar con una «educación
financiera» temprana.
La respuesta eclesiástica a la
contraofensiva económica es la reposición familiarista de la
reproducción, el apuntalamiento de la obediencia a cambio de recursos,
la despolitización de las redes feministas para enfrentar el hambre y la
desestructuración de las familias como norma y el intento de
remoralizar el deseo. La respuesta económica a la contraofensiva
religiosa es unificar la moralidad deudora con la moralidad
familiarista.
Tres: la contraofensiva militar.
El
asesinato de lideresas territoriales, la criminalización de las luchas
de las comunidades indígenas y la persecución judicial, así como formas
de represión selectivas en las manifestaciones, se han incrementado en
los últimos años. El asesinato de la activista lesbiana negra Marielle
Franco en 2018 condensa el de muchas y en particular apunta a las
mujeres negras y a las disidencias como nuevo «enemigo» y enemigo
«principal».
Entonces, ¿cómo explicar la alianza actual entre neoliberalismo y neofascismos?
El
fascismo actual es una política que construye un enemigo «interno». Ese
enemigo interno está encarnado por quienes históricamente han sido
considerados extranjeros en el ámbito «público» de la política. Hoy el
enemigo interno al que apunta el fascismo es el movimiento feminista en
toda su diversidad y los y las migrantes, como sujetos también
feminizados. El fascismo actual lee nuestra fuerza de movimiento
feminista, antirracista, antibiologicista, antineoliberal y, por tanto,
antipatriarcal.
La agresividad del fascismo actual, sin embargo,
no tiene que hacernos perder de vista algo fundamental: expresa un
intento de estabilizar la continua crisis de legitimidad política del
neoliberalismo. Tal crisis está siendo producida como despliegue de
fuerzas por el movimiento feminista transnacional, plurinacional, que
actualmente inventa una política de masas radical justamente por su
capacidad de tramar «alianzas insólitas», para usar el término de
Mujeres Creando, ahora en una escala inédita. Son esas formas prácticas
de transversalidad las que materializan el carácter anticapitalista,
anticolonial y antipatriarcal del movimiento. Las alianzas, como tejido
político construido pacientemente en temporalidades y espacios que no
suelen ser reconocidos como estratégicos, formulan una nueva estrategia de insurrección entre los históricamente considerados no ciudadanos del mundo.
Quisiera
terminar con una pregunta recientemente lanzada por Butler, porque nos
permite situar aún más precisamente la investigación que nos queda por
delante: «Entonces podemos preguntarnos ahora si el movimiento de la
ideología antigénero es parte del fascismo, o si podemos decir que
comparte algunos atributos, que contribuye a los fascismos emergentes, o
que es en algún sentido sintomático del nuevo fascismo».
Nota: este artículo es un adelanto del libro La potencia feminista. O sobre el deseo de cambiarlo todo (Tinta Limón, Buenos Aires, en prensa).