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2 de octubre de 2019

2 de octubre no se… ¿qué?

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

No es lo que pasó, pasó,
o lo que pasó, pasa hoy.
No es dizque de donde vengo,
ni quesque pa’ donde voy.
Soy un sesentayochero,
Sesentayochero soy.

Desde el reproductor, la voz de Lalo "El Guajolote" se escapa por entre las rendijas de las pequeñas bocinas que custodian la pantalla del ordenador; no lo hace sola, la acompaña una su carnalita que suele habitar la garganta de Enrique Ballesté, aquél que escribiera que "eso de jugar a la vida, es algo que a veces duele".

Con las manos encima del teclado y la mirada sobre el monitor, leo y releo la que hubiera sido la última entrega de un artículo que había escrito sobre el noveno aniversario de La Jornada Morelos, hace poco más de 10 años, cuando la autocensura ocupaba en la que fuera mi casa un lugar privilegiado, como la intimidación y el asesinato de periodistas en manos del narcotráfico lo hacía y aún lo hace en otros medios, o la cancelación de propaganda gubernamental para golpear la economía de algún medio incómodo, o el cierre de ediciones radiofónicas, o, de plano, el despido de sus conductoras cuando la dignidad anida en su palabra, y el secuestro con patente de corso expedida por una Corte, que dice ser Suprema y dice ser de Justicia, de periodistas honestas.

No tenía sentido --pensaba-- ocupar un espacio, privilegiado sin duda, para quejarme por enésima vez de algún formador o formadora que cambiaba impunemente los títulos de mis artículos, los pasaba por la guillotina de su ignorancia o prefería guardarlos en el cajón de su ineptitud y falta de oficio periodístico que publicarlos, solo porque mi pluma señalaba la mentira, la hipocresía y la contradicción sistemática de un movimiento y un su líder que se dicen de izquierdas mientras callan ante la militarización, el despojo, la calumnia, la represión, el hostigamiento, las sentencias a cadena perpetua y el asesinato de hombres y mujeres cercanos a los pueblos indígenas zapatistas; no tenía sentido --pensaba.

Mejor --me dije-- aprovechar que el patetismo y esa pulsión de muerte que se destila hasta en nuestras canciones rancheras ha hecho del 2 de octubre el día nacional del derrotismo nuestro. ¡Qué viva el culto a la pesadilla y la vocación de fracaso! No vaya a ser que la memoria se sacuda el melodrama con que Televisa y TV Azteca nos estupidizan y recordemos que hace más de 50 años en este país asomó la posibilidad de construir un mundo nuevo y mejor en asambleas multitudinarias de estudiantes, maestros, padres de familia y trabajadores; en brigadas de información que hacían del volanteo, la canción y el teatro armas más peligrosas que las bazucas y las bayonetas, porque sembraban conciencia; en manifestaciones que protagonizaban lo mismo mujeres gigantas con niños a cuestas que burócratas insumisos.

Mejor --insití-- el llanto, las veladoras en las plazas, los poemas lúgubres y el performance sanguinolento, que la alegría, la fiesta y la reflexión de lo que se hizo bien entonces para repetir la experiencia. Mejor el terror, el miedo soplando en la nuca diciendo: “no hables, no cantes, no bailes, no escribas, no te quejes, no protestes, no te organices, no salgas a la calle, no tomes la plaza”, que descubrir que el preso político de hace cinco décadas se convirtió en funcionario de gobiernos priístas (es decir, criminales), asesor de administraciones panistas (léase, fascistas), legislador perredista (entiéndase, cómplice) que cuando no comete “errores tácticos” vota por leyes que ni siquiera ha leído o todos los anteriores en su versión morenista, es decir: lopezobradorista, es decir: amnésica.

¿Y si mejor no? ¿Qué si opto por pensar en “El Sebas” llegando la tarde del 27 de agosto de 1968 al zócalo capitalino con el corazón latiéndole tan fuerte que pareciera que no le cupiera en el pecho, y no en las tanquetas que unas horas más tarde saldrían de Palacio Nacional para arrasar con él y todos sus compañeros? ¿Qué si decido recordar a Alfonso gritando al día siguiente: “no vamos, nos llevan”, cuando el otrora DDF lo obligó a dizque desagraviar una bandera que se atoró en el asta poniéndose de luto, y no a los trabajadores de limpia intentando lavar la sangre que el 3 de octubre servía de alfombra en la Plaza de las Tres Culturas?

Prefiero, mil veces, imaginar a Lucía, hermana de lucha de Olivia “La Güera” Ledesma, marchando en silencio la tarde del 13 de septiembre asida a su inseparable bastón, que a los curas que cerraron a piedra y lodo la iglesia de Santiago Tlatelolco para que no entraran quienes buscaban guarecerse de las balas el 2 de octubre; traer a la memoria a Nicolás gritando ¡Viva México! en Ciudad Universitaria junto con Heberto Castillo, que mirarlo de nuevo secuestrado en Lecumberri como vi después a Nacho del Valle en el penal del Altiplano, o escuchar al Edupoz y al Churro guitarra en ristre y canto en astillero, que verlos perseguidos por los soldados de un ejército que se dice mexicano a tan sólo diez días de que comenzaran las Olimpiadas.

Eso prefiero…

Cada vez menos pequeños,
cada quien su cada cual;
de utopías y de sueños
vamos cargando un morral:
somos tzotiles-defeños
en Tlatelolco y Acteal.

16 de septiembre de 2018

MÉXICO 1968-2018 :: El grito/4 y último.


México… tras la marcha del silencio, 250 mil personas avanzando por las calles de la capital del país llenándolas con el sólo ruido de sus pasos sobre el asfalto y la tímida pero solidaria regalía de aplausos de quienes miraban la lección entonces más reciente de sus jóvenes, la Secretaría de Gobernación a través de su Oficial Mayor respondía al escrito que días antes el Consejo Nacional de Huelga le había hecho llegar por conducto de Marcelino Perelló (sí, el mismo de los chistes misóginos desde su programa en la radio universitaria, unas décadas después): “el diálogo puede legalmente realizarse en términos del propio mandato constitucional si a las peticiones escritas y a los acuerdos, también escritos, que dicten las autoridades se les da difusión pública […] Para el caso de que su intención [para con los Juegos Olímpicos] sea amenazar con actos que tiendan a impedirlos o estorbarlos, le reitero la decisión del Gobierno de hacer uso de los recursos legales para que puedan efectuarse normalmente”. Con una mano, el gobierno abría la puerta para el diálogo mientras con la otra anunciaba lo que les esperaba a los estudiantes atrás de ella.

Ése mismo día, sin embargo, se hacían los preparativos para los distintos “gritos de independencia” que se darían en el país, como ocurrió 10 años atrás, en 2008, cuando la Coordinadora Regional Sur Poniente-DF de la Otra Campaña organizara su “anti-grito” con vecinos de la colonia Magdalena Contreras, o el de la resistencia en contra de la Supervía Poniente con que el gobierno perredista de la ciudad pretendió despojar a la gente de viviendas, cultura, tierras, identidad, historia y recursos naturales, o, diez años después, el de la madres y padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos hace ya cuatro años. Gritos alternativos todos, aderezados de danza, música y antojitos. El día siguiente, en una de las tradiciones porfiristas que llegaron para quedarse, el país entero se aprestaba a llevar al cabo, cada quien su modo, su propio grito.

Ciudad Universitaria, Zacatenco, el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7 serían los escenarios del grito del movimiento estudiantil, cuya fecha, a decir de los dirigentes, aclamaba el carácter nacional del mismo; se aceptaba el diálogo en forma escrita siempre y cuando los documentos emanados de éste fueran publicados profusamente, y se reconocía que se habían cometido errores dando pie a la represión gubernamental. Y así, en tanto el maestro Heberto Castillo repetía en C.U. aquello de “¡Viva México!”, en el Estado de México, particularmente en San Salvador Atenco, lo mismo que en el plantón frente al penal de Molino de las Flores, en Texcoco, aún resonaba el anti-grito de grupos, colectivos, organizaciones, pueblos y personas adherentes a la Otra Campaña en la Ciudad de México y el Estado de México que diez años atrás tuvo como marco un comunicado del CCRI-CG del EZLN y de sus comisiones Sexta e Intergaláctica, convocando al Primer Festival Mundial de la Digna Rabia entre el 26 de diciembre de 2008 y el 4 de enero de 2009, y el regreso del compañero Jorge Flores Ibarra, uno de los principales operadores políticos del movimiento de resistencia contra la construcción del aeropuerto en tierras comunales.

No obstante, la nota se la llevaría la estupidez que arriba se camina, pues, pasadas las 23:00 horas, dos granadas de fragmentación explotarían en la ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán, provocando la muerte de por lo menos siete personas y más de un centenar de heridos. Se trata sin duda del siguiente escalón que ha alcanzado esa lucha que el gobierno de facto calderonista dijo estar ganando contra el narcotráfico, en una clara muestra de como dos de los escenarios planeados por la Guerra de Baja Intensidad diseñada por el Pentágono durante la administración Reagan, el combate al narcotráfico y la lucha antiterrorista, pueden ser traídos a la realidad para intentar poner de rodillas a un pueblo que se acerca a la que quizás sea su tercera cita histórica con la libertad, la democracia y la justicia verdaderas... pero, de eso, ya casi nadie se acuerda.


(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA).

MÉXICO 1968-2018 :: El grito/3.

México, 1968, 2018, da igual… las escuelas, sobre todo las primarias, porque las demás han parado, y menos las de Morelos, cuyos mentores están en pie de lucha contra la autonombrada Alianza por la Calidad de la Educación calderonista-gordillista (y luego mal rebautizada como la “Reforma Educativa” de Peña y su cómplice Nuño), se llenan de las caritas de los Niños Héroes que Ernesto Zedillo ordenara desplazar de los libros de texto gratuito y quitara de los billetes de cinco devaluados pesos. En el Museo Nacional de Antropología e Historia, se iniciaban los preparativos para la que sería quizás la manifestación más impactante de todo el movimiento estudiantil: la marcha del silencio.


No confundir, por favor, con aquella convocada en abril de 2005 por Andrés Manuel López Obrador ante la canallada foxista de desaforarlo para sacarlo del escenario electoral de 2006; aquesta no fue tan silenciosa como se anunció que sería y sirvió más bien para que el Señor López (Obrador) que sedujera a Mandoki demostrara su capacidad como administrador del descontento social (al que se sumó el EZLN, cosa que prefieren no recordar los anoréxicos de la memoria) que terminó negociando (inclusive mandó a volar los moñitos tricolores) con aquellos a quienes llamaría ora “grandes estadistas”, ora “traidores a la democracia”.


No, aquella vez, la de 1968, lo que habló no fue la clase política poniéndose de acuerdo a espaldas de un pueblo que se había expresado con ludismo y dignidad, sino el silencio que resonaba en las efigies de Morelos, Hidalgo, Villa y Zapata; en los lemas de las mantas y pancartas: “Libertad a la verdad, ¡diálogo!”, “El pueblo nos sostiene, por el pueblo es que luchamos”, “Líder honesto igual a preso político”; o, para decirlo, con Martínez Téllez, “el sonido de las suelas de los zapatos tocando y raspando el asfalto”.

No era para menos, el día 28 de agosto, estudiantes del plantel Azcapotzalco del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) habían sido agredidos por grupos porriles. Los estudiantes indicaron que mientras se celebraba una asamblea con la directora de la escuela, un grupo de porros agredió a sus compañeros en una de las entradas de la escuela y además se detonaron petardos. De acuerdo con diversos testimonios, las agresiones dejaron algunos heridos. Por la tarde, alumnos y autoridades participaron en una asamblea en el plantel. La directora del CCH Azcapotzalco, Guadalupe Márquez Cárdenas, recibió un pliego petitorio de parte de los alumnos que impulsaron el paro de labores; entre las demandas de los estudiantes está el de que la funcionaria dejara el puesto, lo que ocurrió el jueves 30 de agosto.

Sin embargo, el lunes 3 de septiembre un grupo de porros atacó a un contingente de los mismos estudiantes del CCH Azcapotzalco que llegaron en una marcha a un costado de la torre de Rectoría; en sus demandas académicas incluían la de mayor seguridad en su plantel y expresaban su solidaridad con los familiares de Miranda Mendoza Flores, joven estudiante del CCH Oriente secuestrada y cuyo cuerpo sin vida fue encontrado calcinado en el Estado de México. El ataque porril sucedió frente al entonces coordinador de Vigilancia, Jesús Teófilo Licona Ferro, quien sería suspendido por el rector Enrique Graue. Licona fue acusado por integrantes de la comunidad universitaria de no haber intervenido con contundencia para detener a los agresores cuando éstos lanzaban palos, piedras, botellas y bombas molotov contra los estudiantes del CCH Azcapotzalco; más aún, en redes sociales se difundieron videos en los que se observa a Licona hablando con miembros del grupo porril durante el ataque, sin que se haya determinado qué objeto tuvo ese acercamiento.

Luego de las agresiones de los porros a las y los estudiantes del CCH Azcapotzalco en Rectoría, alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras decidieron tomar las instalaciones de la Dirección General de los CCH y parar actividades. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales también suspendió labores en solidaridad con sus compañeros agredidos. Por su parte, Ciencias y la Escuela de Trabajo Social convocaron a asambleas para discutir medidas de apoyo, que incluyeron sumarse al paro., y la Preparatoria 5 acordó continuar con el cese de clases que realizaba de manera intermitente en apoyo al CCH Azcapotzalco, el cual llevaba ya seis días cerrado con las instalaciones tomadas.

Para el día 5 de septiembre, estudiantes de más de 40 planteles de la UNAM habían decidido continuar o iniciar paros de actividades por 48 horas o más para exigir la desaparición de los grupos porriles. Tras las reuniones de debate, más de 25 mil alumnos de diversos planteles se reunieron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y marcharon hacia Rectoría en medio de consignas como “Fuera porros de la UNAM” y “No somos porros, somos estudiantes”. Por su parte, estudiantes de las facultades de Estudios Superiores (FES) Acatlán, Aragón, Iztacala y Cuautitlán campos 1 y 4, así como del CCH Naucalpan, se sumaron al paro de labores en solidaridad con las y los agredidos. A los paros, de 36, 48 o 76 horas, se sumaron estudiantes de centros de estudios de la UNAM en algunos estados del país, así como de universidades estatales, como las autónomas de Tamaulipas y Yucatán, entre muchas otras; lo mismo que estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Universidad Iberoamericana.

El día 7 de septiembre, en sesión de asamblea interuniversitaria celebrada por representantes de 61 escuelas, las y los estudiantes acordaron realizar la marcha del silencio. Entre los acuerdos de la interuniversitaria estuvieron: la lucha por una auténtica educación pública y gratuita para todos, contra la violencia y el porrismo y contra la privatización de la educación, y la solidaridad con movimientos sociales y coordinar acciones con el Comité 68 y las madres y padres de estudiantes de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Uno de los ejes de las discusiones y de las demandas expresadas por los estudiantes es la erradicación de la violencia de género en las instituciones educativas. En la asamblea, cerca de la mitad de las y los representantes eran mujeres. En tanto, alumnas como alumnos plantearon que la UNAM debe garantizar seguridad para las mujeres, se deben esclarecer los casos de acoso y feminicidio en las instituciones educativas y en el país, y se deben sancionar el machismo, las agresiones sexuales y el acoso.

Un estudio elaborado por la Oficina de la Abogada General de la UNAM entre junio de 2017 y junio de 2018, indica que se han presentado un total de 251 quejas por acoso sexual y otras formas de violencia de género en la máxima casa de estudios, la mayoría de las cuales fueron iniciadas por alumnas de nivel licenciatura. La mayoría de las denunciantes (98%) son mujeres, y en las quejas se menciona a 253 presuntos agresores. Asimismo, del total de víctimas, 5.7% corresponde a personas no heterosexuales. El estudio revela que 79.3% de las agredidas son alumnas, 12.4% son trabajadoras administrativas y 5.2% son profesoras. En lo que se refiere a los agresores, 37.9% son alumnos, 28.5% se desempeñan como académicos y 15.4% son trabajadores administrativos. Y, el 69% de las agresiones en el ámbito académico ocurrieron durante una interacción alumna-maestro; el 27%  entre compañera-compañero, y el 4%, en un vínculo profesora-alumno.

El día 13 de septiembre, en silencio, miles de estudiantes de la UNAM y de otras instituciones educativas, como el IPN, marcharon para demandar el fin de los grupos porriles, de las agresiones contra los alumnos y de los feminicidios en el país. En su crónica sobre el 68, Carlos Monsiváis escribió: la Manifestación del Silencio fue el acto más elocuente del movimiento. No hay relajo en el voceo de consignas, y cunde la solemnidad súbita. Las goyas y los huélums, callaron, y el grito “¡Fuera porros de la UNAM!” también cesó. Al frente fueron los estudiantes del CCH Azcapotzalco, el Comité 68 y padres, madres y compañeros de los 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos. Detrás de ellos, contingentes de las facultades de Estudios Superiores y escuelas de la UNAM ubicadas fuera de Ciudad Universitaria (CU), la Escuela Nacional de Antropología e Historia, las preparatorias y CCH de la universidad, estudiantes del IPN, de las universidades Autónoma Metropolitana y Autónoma de Ciudad de México. Más atrás iban las facultades de CU y un grupo del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Después, escuelas y universidades de otros estados y organizaciones sociales.

Los estudiantes marcharon sin consignas, pero los carteles que llevaban hablaban por ellos. Quiero estudiar y no morir en el intento, escribió una estudiante. La educación sin sangre entra, decía otro de la Facultad de Arquitectura. Nietos del 68, Hijos del 99, Hermanos de los 43, decía el cartel de unos estudiantes de la Escuela Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes. Somos el 68, Ayotzinapa y el CCH Azcapotzalco, completaba otro de alumnos de la Prepa 7. Al llegar al antimonumento dedicado a los 43 normalistas desaparecidos, el silencio terminó. Ahí se pasó lista a los ausentes y se exigió justicia. Y las consignas y demandas acompañaron la marcha hasta que entró al Zócalo.

Eran las 9 de la noche cuando el último contingente entró al Zócalo, ésa misma plaza en la que unos 3 mil estudiantes habían sido reprimidos por el ejército y la policía el 27 de agosto; una hora antes había iniciado el mitin, sólo tres oradores: una mujer, un estudiante de Chihuahua y otro de la Escuela Nacional de Economía.


El estudiante de Economía apuntará que “esta marcha […] es la respuesta a la injusticia. Pueden todavía desatar la más brutal de las represiones, pero ya no nos doblegarán; no nos pondrán de rodillas.” El de Chihuahua dirá que “la historia nos pondrá en su sitio a cada cual. […] Sabemos que tenemos responsabilidades como estudiantes [...] pero no queremos anteponer el interés mezquino de llegar a ser médicos o abogados para enriquecernos con una profesión. Nuestra primera responsabilidad es saber ser mexicanos y cumplir con la obligación de luchar al lado del pueblo. Estamos dispuestos a volver a la normalidad, sí; pero no sin democracia y sin libertad.” De lo que la mujer expuso, los periódicos no dieron cuenta siquiera.




(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González, artículos varios de La Jornada e imágenes del Archivo Fotográfico y Centro de Documentación de El Universal).


MÉXICO 1968-2018 :: El grito/2.


México, 1968, 2018, da igual; la Patria, ese ente que… bueno, todo ése choro mareador y retórico que ya ustedes leyeron en el post anterior… entre el 27 de agosto y el 1 de septiembre, día del informe de gobierno, la represión se ceba en los estudiantes y se extiende contra todo aquél que ande cerca. Al estilo que luego imitaran Calderón y Peña Nieto, Díaz Ordaz dará el 4º Informe de su administración en medio de un gran despliegue policiaco y militar; hablará, refiriéndose al conflicto, de quienes tienen “el fin desprestigiar a México aprovechando la enorme difusión que habrán de tener […] los Juegos Olímpicos”, del orgullo que “provincianamente y candorosamente [se tenía] de que, en un mundo de disturbios juveniles, México fuera un islote intocado” o de que “jurídicamente no hubo violación a la autonomía universitaria”.

Las perlas, o al menos algunas de ellas, serían aquello de que no admitía la existencia de presos políticos porque “preso político es quien está privado de su libertad exclusivamente por sus ideas políticas, sin haber cometido delito alguno”; la afirmación de que se había llegado “al libertinaje en el uso de todos los medios de expresión y difusión [cuando] se ha disfrutado de amplísimas libertades y garantías para hacer manifestaciones”; la amenaza nada velada de que, según lo dispuesto en el artículo 89 constitucional, ejercería la facultad de “disponer de la totalidad de la fuerza armada […] para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación”, y de que “el verdadero fondo del problema” radicaba en la urgencia de una “profunda reforma educacional”… ¿le suena parecido a algo?.. Justo un mes atrás, en Guadalajara, Jalisco, Díaz Ordaz había declarado aquello de “una mano está tendida”; 30 días más tarde la mano portaba un garrote que sostenían las centrales obreras y campesinas ligadas al PRI, los legisladores de dicho instituto (hoy autodeclarado socialdemócrata) y los gobiernos de los estados.

La respuesta, por parte tanto del Consejo Nacional de Huelga como de la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas, no se haría esperar; el CNH, por un lado, contestaría que el movimiento “ no es una algarada estudiantil más, esto debe comprenderse muy bien por quienes se obstinan en querer ajustar sus nuevas realidades a los viejos sistemas obsoletos de su ‘revolución mexicana’, y de su ‘régimen constitucional’, de su ‘sistema de garantías’ y otros concpetos vacíos, engañosos, de contenido opuesto a lo que expresan”. La Coalición de Profesores, por el otro, declararía que no es válida la definición de “preso político” esgrimida por Díaz Ordaz, pues “preso político es aquella persona que esté privada de su libertad por sustentar ideas políticas contrarias al régimen y actuar en consecuencia, pero a la que, en virtud de que esto no puede perseguirse constitucionalmente, y para satisfacer el procedimiento judicial, en realidad ilegal, se le acusa formal pero ficticiamente de delitos políticos y comunes”; señaló, además, que el presidente falseaba lo que el movimiento pretendía al pedir la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, y que, “como en múltiples ocasiones a través de nuestra historia, nuevamente se llega a señalar, como factor determinante de los desequilibrios y contradicciones a las deficiencias de la educación, evadiendo el hecho profundo de fallas en el sistema económico, político y social, que producen los grandes desequilibrios e injusticias sociales.”

Mientras, las fuerzas en pugna se radicalizaban: el movimiento se extendía a las facultades de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Nuevo León, la Escuela Normal de Matamoros, el Instituto Tecnológico de Coahuila, los planteles de enseñanza media y superior de Guerrero, la Facultad de Periodismo de la Universidad Veracruzana, las escuelas de Veracruz (Jalapa, el puerto de Veracruz, Córdoba, Coatzacoalcos y Minatitlán), la Universidad de Morelos, la Universidad de Sinaloa (por lo que el gobierno estatal le corta el subsidio) y el Tecnológico Regional de Sinaloa; las brigadas relámpago se multiplicaban en todo el Distrito Federal y no sólo ya en su área metropolitana; y el M.U.R.O. y la Coalición de Organizaciones para la Defensa de los Valores Nacional llevarían al cabo una manifestación de la Basílica de Guadalupe a la Plaza México (en el acto participarían los mismo estudiantes y boy scouts que campesinos del Bajío, llevando mantas con lemas como: “¡Viva Cristo Rey!” o “¡Patria Sí, Comunismo No!”).


(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA).

MÉXICO 1968-2018 :: El grito/1.


México, 1968, 2018, da igual; la Patria, ese ente que nadie atina bien a bien a describir qué o quién es pero cuyos pechos exuberantes se anuncian bajo las ropas del cuadro de González Camarena que la Secretaría de Educación Pública hiciera famoso en las portadas de sus libros de texto gratuitos, se apresta a recibir la más maratónica de todas las mentadas que una sola madre haya recibido haciéndole zumbar los castos oídos (porque ése y no otro calificativo cabe a los receptáculos sonoros de una madre, ¿verdad señor arzobispo?).

Atrás quedaron, frescas o marchistas, según la memoria de cada quien, manifestaciones como aquella del 27 de agosto pasado en que el CNH y la Coalición de Profesores salieron del Museo de Antropología e Historia unas horas después de que los médicos residentes e internos del Hospital General se declararan en huelga de solidaridad con el movimiento estudiantil. Ya desde entonces, quizás antes, porque lo autoritario no quita lo servil, más bien suele acentuarlo, soldados y policías vigilan que los manifestantes no causen daños a la embajada de Estados Unidos. Sin embargo, la fiesta continúa; desde las aceras y los edificios, los mirones aplauden a los contingentes que al pasar por el Caballito vociferan contra la prensa vendida y frente al Hemiciclo a Juárez lanzan porras y vítores al Benemérito de las Américas.

Eran las 6 de la tarde, tal vez un poco más, cuando los primeros grupos de manifestantes se preparaban a arribar a la plancha del zócalo por primera vez en lo que va del movimiento; les recibieron, con esa mojigatería que luego acusa aires de provocación, el repicar de las campanas de la Catedral Metropolitana y la iluminación artificial de su fachada. En el mero centro, las y los oradores se suceden uno tras otro, lo mismo que los nombres de las y los pres@s polític@s del régimen mientras desde Lecumberri o Almoloya (agora penal del Altiplano), da igual, se escucha la palabra de Demetrio Vallejo como podría resonar la de Ignacio del Valle. Al final, como para que no diga el mal gobierno que todo esto se trataba de agitadores extranjeros, la gente cantó el Himno Nacional que compusiera González Bocanegra para responder a la convocatoria de un tal Señor López (de Santa Ana), prendieron miles de antorchas de papel que iluminaron, si no México, sí la Plaza de la Constitución, escucharon las arengas de un estudiante (quien luego de ser señalado como delator para limpiar su nombre chambearía en la Procuraduría General de la República) que propuso quedarse en guardia permanente hasta el 1 de septiembre y se retiraron dejando sólo a algunos estudiantes en improvisado campamento con todo y fogatas.

La fiesta no duraría mucho, pasada la media noche, elementos de la policía capitalina llegaron al Zócalo y advirtieron con magnavoces: “Ya han permanecido demasiado tiempo en este lugar. El zócalo es plaza pública de uso común. La acción de ustedes contraría el artículo noveno constitucional. Se les invita a que se retiren”. La “invitación” iba aderezada de soldados de los batallones 43º y 44º de Infantería y el 1º de Paracaidistas, 12 carros blindados de la guardia presidencial, 4 carros de bomberos, alrededor de 200 patrullas de la policía preventiva, 4 batallones de tránsito y unos 10 motociclistas de la Dirección General de Tránsito que se aproximaban por las calles adyacentes a la plancha de cemento, demostrando que Díaz Ordaz tiene más similitudes con Calderón Hinojosa de las que podría pensar Rodríguez Zapatero. La única vía libre que dejaron los autonombrados guardianes del orden para el desalojo fue la calle de Madero; pero, a eso de la 1 y media de la mañana, al grito de “¡Viva News Divine!” los carros blindados se lanzaron, faros y sirenas prendidos, sobre la retaguardia de los grupos de estudiantes provocando una estampida (lo que prueba que Corona del Rosal tiene más parecido con Ebrard Casaubón o Miguel Ángel Mancera de lo que podría suponer Poniatowska Amor). La persecución llega hasta San Juan de Letrán, donde los militares acorralan a los manifestantes, cortan cartucho y golpean a los manifestantes con las culatas de los rifles (dando señas que Cueto Ramírez y Reyes García tiene, como bien saben Herrejón Caballero y Kuri Terrazas, más semejanzas con García Luna y Medina Mora, o Mondragón y Kalb, de lo que usted, improbable lector, puede creer).

Al mediodía, el gobierno del Distrito Federal organizaría una ceremonia para dizque desagraviar a la bandera nacional (quizás porque recientemente había sido votada como “la más bonita del mundo”, porque si de desagravios se trata ya le hubieran prohibido al PRI seguir usurpando los colores de la susodicha); para ello, al más puro estilo del régimen, que después copiarían otros que a luego dicen querer mandar al diablo sus instituciones, haría traer empleados de limpia y transporte, burócratas de Hacienda, Educación y algunas representaciones sindicales y demás personajes del clientelismo vuelto práctica gubernamental. Con lo que no contó Corona Mancera del Ebrard es que al llegar a la plancha los burócratas corearían: “¡Somos borregos!”, y siguiendo al insigne Tin Tán rubricarían: “¡No vamos! ¡Nos llevan!”. Pronto, todo salió del control del gobierno y, para acabarla de amolar, la bandera se atora a media asta como en señal de luto; así que, pa’ las pulgas del régimen que en unas semanas sería anfitrión de los muy pacíficos juegos olímpicos, pasando las 2 de la tarde 14 carros-tanque avanzaron contra la multitud, mientras de Palacio Nacional varias columnas de soldados a bayoneta calada se lanzan sobre la gente atacándola. Por la noche, el ingeniero Heberto Castillo sería agredido frente a su domicilio al parecer por agentes del servicio secreto (que si los han pillado no ha de ser tan secreto… o, a lo mejor, el secreto es que no se sabe qué servicio es el que ofrecen, amén de golpear luchadores sociales). Por su parte, Fidel Velázquez, quien en 1994 repitiera aquello de “mátenlos en caliente” respecto al EZLN, declararía que “cualquier medida que tomen las autoridades para reprimir la actual situación estará plenamente justificada y será respaldada por el pueblo y creo que ha llegado la hora de tomarla”.


(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA).

10 de junio de 2014

Aprendiz de balts'am.

Mi hijo y yo llegamos a tierras del Mayab en octubre de 2008. Somos migrantes dentro de nuestro propio país y, aunque muchos y muy entrañables sean nuestros lazos con los otros lugares de los cuales venimos, poco a poco nos hemos ido enamorando de Yucatán al grado de poder decir junto con Serrat que somos del lugar donde comemos.
Cuando mi terapeuta me invita a responder la pregunta: ¿quién soy?, no busco cómo hacerlo porque la verdad es que no sé quién soy y lo mejor que puedo hacer es decir cómo me llamo, cuántos años tengo, quiénes son mi gente, cuáles son mis herencias y a qué me dedico. Sin embargo, para mis amigas y amigos, y para quienes no lo son, en Yucatán soy un huach o, como alguna vez dijera una alumna mía, un extranjero nacional.
Suelo decir sin ambages, por una historia personal que sólo gente cercana a mí conoce, que mi hijo me salvó; no lo hizo solo, a mi lado estuvieron siempre mi padre, mi madre, mi hermano, mis hermanas, la mujer que era mi compañera y algunas y algunos buenos amigos, incluidos dos o tres de mis maestros; ahora puedo decir, sin cultivo, que Yucatán también me salvó.
Sin que ello, insisto, pueda definirme, soy un cómico; por “cómico” no quiero decir que me la paso contando chistes misóginos y racistas en el escenario, sino que me considero heredero de un oficio que dadas las extranjerías (mías y de quienes como ellas y ellos soy) ha adoptado a la escena como patria y matria. Y, en tanto cómico, llegué a estas tierras a compartir los dudosos saberes y pensares que traigo conmigo.
Sí, llegué, según yo, a enseñar; no obstante, a lo que llegué fue a aprender y hoy tengo la certeza de que más que maestro he sido alumno de mis alumnos. Esas cosas pasan por acá.
El maestro José Castro, papá de mi pareja actual, explica que en Yucatán se dice buscar (el verbo es kax) en lugar de encontrar porque para  la maya la idea de hallazgo está en la misma búsqueda: uno encuentra porque busca y al encontrar sigue buscando; uno busca para buscar, no para encontrar.
Así, porque como dijera Kavafis, lo importante del viaje a Ítaca es el viaje mismo más que llegar a Ítaca, yo en Yucatán me estoy buscando y he buscado que apenas soy un aprendiz de balts’am que sigue buscando, testigo privilegiado de las propias búsquedas de mis alumnas y alumnos.

23 de julio de 2013

Enrique Ballesté en la ESAY.

(Publicado en su versión reducida en Milenio-Novedades de Yucatán, el 23 de julio de 2013).

Hace 40 años, el dramaturgo Héctor Azar dirigía los destinos del teatro que se hacía con recursos públicos tanto en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) cuanto en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y, desde ése su coto de poder, censuró por la vía de imponer trabas administrativas de todo tipo la puesta en escena que estudiantes del Departamento de Arte Dramático de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma UNAM habían llevado a cabo a partir de El canto del fantoche lusitano, original de Peter Weiss, con la dirección del venezolano Carlos Giménez.

La cerrazón de Azar, que incluyó la expulsión del país de Giménez, propició que las y los estudiantes llamaran a la toma del foro que burda y sistemáticamente se les había negado, el Foro Isabelino, y con ello fundaran un movimiento teatral independiente que tuvo como punto nodal la creación del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA). Enrique Ballesté, también estudiante universitario, había hecho la música para la puesta en escena de la obra de Weiss dirigida por Giménez y, para ser consecuente con aquello de «hacer cultura con el pueblo» (Primer Informe Crítico de CLETA-UNAM, agosto de 1973), fundó el grupo Zumbón y junto con sus cómplices de tablas dejó la selva de asfalto chilanga para emprender un trabajo de creación colectiva en pueblos indígenas de Yucatán.

De esa época, 1975, son La familia chumada y La junta nacional de ratones, dos montajes de creación colectiva que fueron determinantes en la praxis estética del Zumbón; una metodología de trabajo que, a decir de Felipe Galván, «dejó un aprendizaje de enorme originalidad que poco se conoce y, por ende, poco se ha estudiado» (Paso de Gato No. 52, 2013). En mi nota anterior, Puente Alto de Enrique Balleste. Notas genealógicas, cito a Galván:
«Durante su estancia yucateca y en trabajo directo con poblaciones indígenas, se encontraron con el problema de la comunicación, pues los integrantes del Zumbón realizaban su trabajo en español chilango y diversas comunidades no los entendían en absoluto. Después de plantearse el problema decidieron desarrollar una propuesta teatral sin palabras, que abordara uno de los problemas de la sociedad a la que iba dirigida el trabajo.»
Trece años más tarde, de regreso en la ciudad de México, Ballesté escribió Puente Alto, obra que con todo y que fue galardonada con el Premio Bellas Artes Mexicali de Dramaturgia en 1988 no se había llevado a las tablas en los 25 años que tiene de haber sido escrita; en ella, el compositor de canciones como Jugar a la vida o Yo pienso que a mi pueblo, referentes en sí mismas de su propia generación, da vida a un personaje que seguramente se gestó en la experiencia teatral en Yucatán: Doña Chita; un personaje que según nota del mismo Ballesté «para comunicarse con los demás usa la expresión corporal, la pantomima y el teatro mudo, [un] teatro que basa su lenguaje en las señas y gestos que normalmente utilizamos cuando nuestros interlocutores se hallan lejos y no escuchan nuestra voz.»

Justamente con Puente Alto es que la palabra de Enrique Ballesté vuelve a estas tierras de la mano del maestro José Ramón Enríquez como antes lo hiciera con la tierna complicidad del maestro Paco Marín en Mínimo quiere saber, y lo hace con una generación de jóvenes estudiantes de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) que en Puente Altoprimera práctica escénica que, junto con Entre las holoturias de la maestra Elena Novelo, bajo la dirección del maestro Tomás Ceballos, y el auto sacramental La vida es sueño de Calderón de la Barca, con la dirección del maestro Miguel Ángel Canto, la ESAY produce bajo el nuevo mapa curricular de su Licenciatura en Teatro donde se ha incluido para el séptimo semestre el curso de «Actuación: Teatro y Sociedad» con el objetivo de que sus estudiantes reconozcan al teatro como una fuerza de transformación social.

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18 de julio de 2013

«Puente Alto», de Enrique Ballesté. Notas genealógicas.

Por: Sebastián Liera.

Mi teatro, si es algo, es poesía,
ya que, como ella, responde no tanto a un oficio
como a un arranque intempestivo de amor,
de furia, de impotencia, de rabia y desesperación.
Enrique Ballesté.

Es casi la 1 de la tarde, el calor del trópico meridano invade impunemente el departamento burlándose del ventilador Bahamas Breeze(con ese nombre cómo no burlarse) que cuasi inútilmente mueve sus aspas a un metro de la cama; a un lado, el saco de Orgón del Tartufo de Molière en que me dirigió Miguel Ángel Canto parece encogerse de hombros ante la cabeza de maniquí donde hasta hace unos días estaba su peluca de estopa y cilindros de cartoncillo y ahora se posa la peluca platinada de Doña Chita del Puente Alto de Enrique Ballesté que dirige el maestro José Ramón Enríquez, mientras el dolor de cabeza que me acompaña desde la mañana y que apenas cedió un poco durante la lectura de Imposibilidad… me expulsa de la cama a la ducha y de la ducha al ordenador.

Ya frente al ordenador… la computadora, pues, dejo que el ventilador haga lo suyo y aprovecho para secarme los restos de agua que se me han quedado en el cuerpo... ¡Cómo me gusta el cielo meridano! Muchas veces he pensado que cuando esté muriendo me gustaría que, como dice la canción, me traigan aquí; además de por joder, como dice el chiste que cuenta José, porque lo último que quisiera ver son estos colores. La primera vez que surqué estos cielos era la tarde-noche del 15 de octubre de 2008, mi hijo y yo arribábamos al aeropuerto de la ciudad de Mérida, la de Yucatán, por primera vez en nuestras vidas. Veníamos de una especie de autoexilio y, por fortuna, llegábamos al abrigo de dos de los tres proyectos que hoy por hoy llamo mis casas: Teatro Hacia el Margen y la Escuela Superior de Artes de Yucatán; el tercero, Tapanco Centro Cultural, vendría cuatro años después.

Si quisiera escoger un punto en específico para comenzar a contar la historia que me trajo hasta Puente Alto, escogería esos días. El Morelos que mi hijo, nacido en Cuernavaca, dejaba atrás era ya el Morelos devastado por gobiernos criminales y autoritarios que es ahora, y las ciudades de que yo me despedía, México, Puebla y Cuernavaca misma, no podían contener más la sensación de inermidad que la represión de 2006 en Atenco y Oaxaca y de siempre en Chiapas me habitaba. Unos días antes de nuestra partida me topé ¿casualmente? con mi tío Eduardo, quien además de ser mi tío es uno de mis maestros de teatro más significativos y entrañables, íbamos a bordo de un camión de pasajeros rumbo a Jiutepec: él, a dar un taller a muchachas y muchachos que no tenían ni la mitad de la más mínima idea de la talla del cómico al que le pagaban una miseria por ser su guía dionisíaco; yo, no recuerdo a qué.

Le dije que me mudaba con Adis a Yucatán y en medio de un apretón de manos que quise convertir en abrazo sin atreverme a hacerlo me dijo que en Mérida encontraría al hijo de Tonino, que trabajaba con José... el maestro José Ramón, dijo él. Tonino, mejor conocido como Antonio Herrero del Rello, había fundado junto con Enrique Ballesté y no sé quiénes más al grupo Zumbón en 1975: el año en que yo nací. Tres años después, el 1 de junio de 1978, Lalo y otros doce carnalitos y carnalitas suyos de tablas, provenientes todos del Grupo de Teatro y Poesía Coral Mascarones, fundaron el Grupo Cultural Zero, colectivo que a decir del investigador Donald Frischmann llegó a colocarse «a la vanguardia del teatro popular e independiente de México» junto con el Zumbón y el Zopilote. Tonino era, pues, al ser como una suerte de hermano mayor de tablas de Lalo, un tío teatral para mí; su hijo, a quien yo no identificaba a pesar de haberlo visto actuar un par de veces, era entonces algo así como mi primo… un primo de tablas.

Lalo una vez me contó que Ballesté le dijo que para ser parte del Zumbón se necesitaban dos cosas: jugar al futbol y tener un hijo. Ignoro si ése fuera el caso de todos los zumbones; pero, definitivamente, no era el de Lalo. Eso no le impidió, sin embargo, «romperle el cerco a Enrique» (Lalo dixit) y actuar en la que muchos consideran la última puesta en escena con el sello característico del Zumbón: Eurídice, canción medio triste en cuatro canciones y un epílogo, escrita por el mismo Ballesté y dirigida por Jesús Coronado; Lalo venía de trabajar con el San Francisco Mime Troupe en 13 Días / 13 Days: How The New Zapatistas Shook The World, producción dirigida por Daniel Chumley con textos de Joan Holden, Paula Loera, Daniel Nugent y Eva Tessler para la que, además de actuar, hizo la música.

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«Yo pienso que a mi pueblo» Letra: Enrique Ballesté. Intérprete: Amparo Ochoa.
(Canción cuyos fragmentos enmarcan nuestra puesta en escena de Puente Alto).

19 de abril de 2013

#LibertadPatishtán

(Versión corta: Milenio-Novedades, 16 de abril de 2013. Versión larga: La Jornada Morelos, 19 de abril de 2013).

Por: Sebastián Liera.

Del 1 al 7 de abril, el Colectivo escénico El Sótano llevó a cabo, desde la plataforma logística y operativa de Tapanco Centro Cultural, en la ciudad de Mérida, Yucatán, México, la segunda edición de lo que han bautizado como Encuentro Inter-escénico; un espacio convivial (Jorge Dubatti dixit) en el que participaron, por llamarles de algún modo, creadorxs, investigadorxs y espectadorxs provenientes de Colombia, Brasil, Argentina, Ecuador, España y diversos puntos de la así llamada República mexicana.

El Encuentro, caracterizado por las tres columnas vertebrales en que El Sótano aborda su quehacer y reflexión escénicas: lo pedagógico, lo académico y lo estético, fue clausurado con la doble participación de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe mediante una charla-conferencia sobre su trayectoria como artivistas y la presentación-representación de El Sexto Sol, espectáculo cuyos pre-textos son el Popol Vuh y Una vieja historia de la mierda, de Alfredo López Austin.

En México, la relación entre creadorxs artísticos y trabajadorxs de la cultura, por un lado, y el Estado en su carácter de ogro filantrópico como lo desvela Octavio Paz, por el otro, siempre me ha parecido fascinante y repulsiva a un mismo tiempo, adquiriendo a veces dimensiones que rayan en el esperpento; así las cosas, no es extraño ver a miembros de la informe “comunidad artística” que han colaborado con los regímenes caciquiles más autoritarios apropiándose de discursos políticos radicales para terminar descafeinándolos.

La clausura del Encuentro Inter-escénico de El Sótano me pareció, en relación con lo dicho líneas arriba, un excelente botón de muestra: era delicioso (el uso del adjetivo puede tener algo de ironía) escuchar los aplausos y los gritos de “¡bravo!” de espectadores en su mayoría priístas, mientras Jesusa y Liliana blandían alusiones contra el régimen que le hacían, a ése público, lo mismo que lo que el viento a Juárez.

No obstante, en un momento dado, Liliana se puso de pie y mostró la playera que llevaba puesta; al centro, el rostro en serigrafía de Alberto Patishtán Gómez sirvió de pauta para llamar la atención del respetable sobre el caso del profesor indígena bilingüe que este 19 de abril cumple sus 42 años de vida injustamente preso en el Centro Estatal de Reinserción Social de Sentenciados No. 5, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Actualmente, el profe Patishtán es integrante de La Voz del Amate, colectivo de presos políticos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN; pero, en 2000, año en que fue apresado, juzgado y sentenciado, era priísta y, según Hermann Bellinghausen (La Jornada, 24/03/2013), tenía una jefatura magisterial y organizaba una sociedad productiva oficialista con apoyo de distintos barrios del igualmente oficial ayuntamiento de El Bosque.

Fue Rosemberg Gómez Pérez, hijo del entonces alcalde priísta Manuel Gómez Ruiz, quien lo señaló como uno de los atacantes que la mañana del 12 de junio de 2000 emboscaron a un grupo de policías municipales y de Seguridad Pública en el paraje Las Lagunas de la comunidad Las Limas, municipio de El Bosque, dando muerte a siete de ellos; Rosemberg Gómez, junto con el policía Belisario Gómez Pérez, había logrado sobrevivir gracias a que los cadáveres de sus acompañantes quedaron encima de él.

La mañana del atentado, el profe Patishtán tuvo una reunión con padres de familia en Huitiupán, donde trabajaba; no pudo haber participado en el crimen por el que está preso desde hace más de 12 años. Sin embargo, Rosemberg Gómez ratificó la denuncia contra quien además es su primo. Podemos suponer que lo hizo a cambio de la camioneta nueva que ganó por perjurio; pero la respuesta puede estar también en el calendario unos días antes: Patishtán había marchado a la capital del estado en compañía de un grupo de indígenas para presentar una serie de documentos que demostraban la corrupción imperante en la administración de Gómez Ruiz: Rosemberg buscó, pues, neutralizar a quien fuera el principal crítico opositor de su padre, de cara a las elecciones de 2000.

Casi 13 años después, al determinar que la presunta secuestradora Florence Cassez debía ser liberada por ausencia de debido proceso e inconsistencias en las declaraciones de los testigos que la señalaban como cómplice de la banda Los Zodiaco, la Suprema Corte de Justicia de la Nación abrió la puerta para que Patishtán pudiera alcanzar su libertad, pues, su caso se caracteriza igual por la ausencia de debido proceso al habérsele detenido sin orden de aprehensión y obligado a rendir declaración sin abogado defensor ni traductor; más aún, a diferencia de Cassez, las pruebas que han demostrado su inocencia y la inconsistencia de las declaraciones en su contra son abrumadoras.

Los priístas que aplaudieron a rabiar a Jesusa y Liliana suelen considerarse tanto herederos de Felipe Carrillo Puerto, el emblemático ex gobernador autor de aquella frase que aún hoy marca la paternalista relación entre el Estado mexicano y los pueblos indios de este país: “No abandonéis a mis indios”, cuanto guardianes de la infame memoria que honra a los Montejo, los criminales colonizadores cuyas masacres fueron la piedra de toque para la fundación de la Blanca Mérida.

Una pregunta retórica asalta el teclado: ¿será que los del tricolor club de fans de Jesusa y Liliana moverán siquiera un dedo para exigir la liberación de un indígena tzotzil al que no se le ha podido comprobar nada en los 13 años que lleva resistiendo las lesivas prácticas legaloides de una justicia que será ciega pero bien que siente lo que agarra?

7 de enero de 2013

Las fotos falsas de Amanat en Facebook y el capitalismo gore.


Por: Sebastián Liera.

En Nueva Delhi, el pasado 16 de diciembre, una joven estudiante de Medicina, futura fisioterapeuta que tenía planeado casarse en febrero de este año, fue violada por seis hombres (cinco adultos y un menor de edad) que después de ultrajarla la lanzaron por el aire fuera del camión en el que viajaba; sí, el camión iba en marcha.

Amanat ("Tesoro"), como la ha llamado la prensa local y la sociedad indignada por esta canallada, tenía 23 años y luchó por sobrevivir a sus lesiones hasta el 28 de diciembre, día en que perdió la vida por lo que los médicos que la atendieron llaman un fallo multiorgánico; su caso, según la Oficina Nacional de Registro de Crímenes en la India, es uno de los tantos que ocurren cada 20 minutos en distintas partes de aquél contradictorio país.

En México, nuestro también contradictorio país, no se cantan mal las rancheras; según cifras oficiales, cada 4 minutos una mujer es violada a lo largo y ancho de esta Suave Patria que, por si les pareciera poco, produce cinco feminicidios al día. Sí, produce, porque tanto los feminicidios cuanto las violaciones son un producto de "algo".

Ese "algo" no es sólo machismo, aunque no hay que dejarlo de llamarlo así, que esas son todas sus letras; es un modelo de vida basado en la cosificación de las personas y la comercialización del deseo. En ese "modelo", ser mujer es el "delito" que justifica el que alguien, un hombre, te restriegue el pedazo de carne del que se ufana en tus nalgas y se eche un clavado cada vez menos virtual a tu escote.

Es un "modelo" que dicta cómo debemos ser, qué podemos pensar y lo que se nos está permitido sentir, y las piezas de su rompecabezas son varias: programas estúpidos de una televisión cada vez más insulsa, un plan de educación con miras en la competencia (porque así lo exigen las empresas) y olvidos en la colaboración, una líder sindical facinerosa con aliados en el gobierno y la iniciativa privada que públicamente dicen querer acotarla pero que en lo oscurito le guiñen un ojo o el descrédito mediático en contra de l@s maestr@s que exigen mejores condiciones de trabajo.

En medio de dicho caldo de cultivo, el bombardeo de los discursos de la industria del placer hace lo propio aprovechando que no habrá el mínimo tamiz de un criterio educado en el respeto que ponga coto a las pulsiones más básicas cuando la libido que tanto perturbó al doctor Freud se vea expuesta, por la vía de todos los sentidos, a la saturada exposición de la pedacería corporal que ofrece el "modelo" de cosificación de marras, habitat idóneo del machismo (o masculinidad hegemónica, como lo llama Sayak Valencia cuando habla de capitalismo gore).

A decir de Sayak Valencia, uno de los componentes básicos del capitalismo gore es el papel que juegan las autoridades en dicho necromercado, en cuya balanza comercial entre las fantasías y las frustraciones siempre tendrá un déficit la posibilidad de ver cumplidas las primeras frente al crecimiento exponencial de las segundas; ése papel, con sus nada despreciables ganancias de por medio, es el de garantizar la impunidad. Y, eso pasa lo mismo en la India que, por ejemplo, México, donde un gobernador que da luz verde a que sus policías violen sexualmente como parte de una práctica de tortura a mujeres que disienten con él llega a ser presidente de la República.

Otro componente es el de la cotidianización: las y los ciudadan@s cada vez somos más permisivos cuando este tipo de situaciones, como la violación sexual a una mujer, ocurren; parece que así sucedió con Amanat: nadie hizo nada. Al menos eso es lo que quiere dejar entrever un chorito bastante lacrimoso que acompaña un par de fotos que ya circulan por las llamadas redes sociales, mostrando supuestamente a Amanat "antes" y "después" de su agresión.

Otro componente, entre muchos otros que no podría listar ahora, es el morbo que alimenta dicha cotidianización. ¿No les parece extraño que, habiéndose tenido cuidado de no desvelar el nombre verdadero de Amanat, estén circulando un par de fotos suyas mostrando su "antes" (toda hermosa) y su "después" (hecha pedazos)? A mí sí me lo pareció; «son --pensé-- como fotos del Alarma! o de esos otros periódicos de mal gusto que circulan en su lugar coadyuvando, como dicen por ahí, al morbo de la cotidianización de la comercialización de la cosificación que sirve de justificación al machismo que anida en el capitalismo gore».

Siguiéndoles la pista, encontré que la supuesta foto de la Amanat  de "después" es del joven Christo van Eeden, de 19 años, quien padeciendo osteogénesis imperfecta (la llamada enfermedad de los huesos de cristal que tenía el Licenciado Vidriera de Cervantes) fue agredido por el ex novio de su mamá en 2008, en Johannesburgo. Y, bueno, si ya de por sí me sentía burlado porque, para melodramatizar una tragedia que merece la mayor seriedad, sentí que se le faltaba el respeto tanto a Christo como a Amanat, encontrar que la foto de la Amanat de "antes" está disponible en sitios como Hot Desi Girls, donde proliferan catálogos de jovencitas que serían la delicia de Succar Kuri y Mario Marín, mejor conocido como el góber precioso, fue el colmo.

En Capitalismo gore (Melusina: 2010), Sayak Valencia escribe:

«Sólo si somos capaces de pensar el dolor producido por la violencia en el cuerpo de los otros podremos reactivar nuestra relación con ellos en un nivel real. Sólo si nos negamos a legitimar esa violencia y a pensar en la vida de los cuerpos como elementos dignos de conservar podremos pensar la muerte como una vía distópica de empoderamiento. [Y] Por ello, es necesario hablar del cuerpo, de la violencia ejercida contra él, sufrida en él.» 



A lo mejor esa fotos que circulan por allí y que yo mismo "colgué" por unos minutos en la biografía de mi cuenta en Facebook podrían servir como una suerte de performance que nos haga capaces de pensar en el dolor de los otros, de sentir compasión; pero, si me lo preguntarán, yo diría que no es así; todo lo contrario. Porque, como dice Sayak Valencia en su libro, «la carne viva que se abre no es una metáfora melodramática porque, sobre todo, no es en ninguna instancia una metáfora.»


El cuerpo de Amanat fue cremado el 30 de diciembre, el juicio contra sus agresores ha comenzado ya. La familia de Amanat, en particular su padre, exige la horca para esos hombres; pero la cadena de cosificación-comercialización-cotidianización-impunidad que le arrancó la vida seguirá cobrándose nuevas Amanat, nuevos Tesoros, en la India, en México y en todos lados. Los cuerpos colgando de cinco de esos seis hombres, el menor de edad (si se comprueba que es menor de edad) recibiría otra pena, no harán que la rueda del molino se detenga.

Les invito, pues, a poner su granito de arena en contra de esa cadena que produce la muerte en cuerpos que nos parecen desechables; les invito a pensar si les gustaría esa misma exposición morbosa si Amanat fuera su hija, su sobrina, su alumna, su amiga más cercana, su prima, su propia madre. Les invito, citando de nuevo a Sayak Valencia, a «librar el cuerpo de los discursos mediales que lo espectralizan» volviéndolos espectáculo y melodrama.

Les invito, finalmente, a quitar de esas fotos en sus biografías y muros en la República Facebook el nombre de Amanat y «dotar de fuerza enunciativa a las realidades del cuerpo y de la violencia [siendo] capaces de construir significado ante la muerte de cualquiera», como dice Sayak Valencia; empezando por respetar el duelo de los suyos como ustedes quisieran que se respetara el propio, haciendo «que la muerte y el dolor del otr@ sean un estremecimiento en todos los cuerpos [desmontando] el constructo hecho por los medios de información que naturaliza artificialmente el ejercicio de la violencia y la invisibiliza bajo la protección de una pantalla que nos dice que el dolor extremo no consensuado le pasa solamente al cuerpo de l@s otr@s.»

Hagámoslo por Amanat y las muchas otras mujeres en todo el mundo que el caso de Amanat representa. Hagámoslo por nosotras y nosotros.

8 de noviembre de 2012

Theatre Uncut/Teatro sin recortes.


Por Sebastián Liera.

La mañana del 12 de mayo de 2010, después de una apretada jornada electoral en la cual las y los británicos dieron el triunfo al conservador David Cameron para ocupar el puesto de primer ministro tras la dimisión del laborista Gordon Brown, el Reino Unido amaneció con la noticia de que sus destinos hasta 2015 estarían en manos de un gobierno de coalición donde Cameron tendría como vice primer ministro al liberal-demócrata Nick Clegg. Cinco meses después, su ministro de Economía, el también conservador George Osborne, anunció que para evitar el naufragio de las finanzas inglesas del mismo modo que sucedía con las de Grecia, España, Portugal o Irlanda tendría que recortarse el gasto público hasta en 83 mil millones de libras, algo así como 94 mil millones de euros; uno de los ministerios más afectados sería el de Cultura, con hasta un 41 por ciento de recorte, mientras a Defensa y Policía se les reducía en un 8 y un 4 por ciento respectivamente.

Agrupaciones como la Royal Shakespeare Company, que recién acababa de inaugurar su entonces nueva sede con un costo de 113 millones de euros; la Old Vic Theatre Company, con una subvención de más de 5 millones de euros por parte del Bristol Arts Council, o el Royal National Theatre, que recientemente había conseguido la aprobación para realizar una renovación de 70 millones de euros en su sede de South Bank Riverwalk, parecían sentirse afectadas por los recortes “más [en lo] psicológico que [en lo] táctico”, como diría David Lan, director artístico del Young Vic Theatre. Sin embargo, Hannah Price y un conjunto de colegas profesionales también de las artes escénicas, coincidían más bien con los estudiantes que salieron a las calles ante el anuncio de que se aumentarían las tasas de matrícula a 9 mil libras por año y se retiraría el financiamiento público para la enseñanza universitaria en varios rubros, y decidieron echar a andar un proyecto que sirviera de caja de resonancia para decir su propio “NO” a los brutales recortes que recordaban los tiempos de la Thatcher en la década de los 80’s.

En marzo de 2011, aún antes de que los sindicatos tomaran las calles en medio de un letargo que sólo puede explicarse por lo que Tariq Ali llamó “sufrir de burocracia petrificada” y haber “interiorizado totalmente la receta neoliberal”, nació Theatre Uncut (Teatro sin recortes) con el lanzamiento de una recopilación de obras de destacados dramaturgos ingleses que estuvieron disponibles de manera gratuita entre los días 13 y 19 de ése mismo mes para que quien quisiera pudiera descargarlas de la página web del proyecto y realizar con ellas montajes y lecturas a lo largo y ancho de todo el país. Alrededor de 80 grupos en el Reino Unido y ciudades como Nueva York, Chicago, Berlín y Dublín convocaron a más de 800 profesionales que llegaron a una audiencia de más de 3 mil espectadores.

Para este año, Hannah Price, con la complicidad de Emma Callander en la dirección artística y Sarah Brocklehurst en la producción, ha asumido un reto mayor: buscar escritores que viven en países con una situación política y económica especialmente complicada para responder, desde su propia perspectiva, a la crisis estructural en que nos ha sumido al modo de producción capitalista. De esta suerte, entre el 12 y el 18 de noviembre de 2012, el Theatre Uncut será el marco para que toda aquella y todo aquél que quiera y pueda aborde una, varias o todas las obras que dramaturg@s de Siria, Grecia, Islandia, Reino Unido, España y Estados Unidos han puesto a disposición de esta fiesta de resistencia dionisíaca. Se trata de propiciar un amplio debate en el seno de nuestras sociedades sobre la situación en que las clases gobernantes, ora bajo la bandera de nacionalismos capitalistas, ora bajo la égida del neoliberalismo, explotan, reprimen, saquean y se burlan de nuestros pueblos bajo los dictados del casino global que significa la volatilidad del capitalismo financiero.

Theatre Uncut ha logrado convocar a un número cada vez más grande de compañías y agrupaciones teatrales que en sus respectivos países están colaborando en la organización del proyecto. En el Reino Unido, el Young Vic Theatre ha abrigado de lleno la iniciativa; en España, la Red de Teatros Alternativos a través de la plataforma “Cultura contra la mentira”, Nuevo Teatro Fronterizo y la Sala Beckett de Barcelona se han echado a cuestas la titánica tarea que ello conlleva, y en México, la asociación civil Teatro Hacia el Margen, con residencia legal en Mérida, Yucatán, se ha subido al barco de esta movilización aún a sabiendas que nuestra realidad es todavía más devastadora que la que se vive en Europa: lo que para nuestr@s herman@s del llamado Viejo Continente es la amenaza de un Estado de bienestar que se diluye ante sus ojos, para nosotr@s es la realidad pura y llana de cada día.

¿Qué se necesita para ser parte del Theatre Uncut? Tener un poquito de dignidad y estar contagiad@ de solidaridad. No importa si se es o no un/a profesional de la escena, si se hace con la complicidad de un montón de colegas y amig@s o lo hace un@ sol@, o si en lugar de toda una producción en forma dentro de algún edificio teatral lo que se quiere es llevar a cabo una simple lectura en el café o el bar de siempre, en el centro de trabajo, en el salón de la escuela, en la labor o en la sala de la casa. El lugar y el modo es decisión de cada quien. Basta con darse el permiso de hacer suyas estas voces que, igual y quien quita, también suenen a lo que sueña la propia voz.

13 de octubre de 2012

Arte, cultura y ¿lucha de clases?


A Iván Zepeda y l@s compas de la UNICACH,
en esta hora.

Diseño de Liubov Popova para la escenografía
de El cornudo magnánimo, de Crommelynck;
dirección de Meyerhold.
No habían terminado aún los tiempos electorales cuando visité la ciudad de Cuernavaca, Graco Ramírez se perfilaba como el virtual ganador de la contienda sufraguista y yo no podía entonces dejar de pensar en la tarde de aquél octubre de 1998 (¿o era el de 1999?) en que nos invitó a José Montes y a mí a ser sus colaboradores; sólo uno de los dos aceptó.

Casi 14 años después, estaba yo allí, frente a la puerta de entrada al Jardín Borda, mirando al todavía candidato de las así llamadas izquierdas en medio de una improvisada entrevista banquetera; mientras, en la Sala Manuel M. Ponce, todo estaba listo para que presentara el programa de política cultural que su administración llevaría a cabo si el electorado le obsequiaba la confianza de su voto.

La curiosidad me hizo quedarme a escuchar las exposiciones que enmarcaban la presentación. No entré a la Sala, me quedé sentado en una banca de madera al lado de unas mesas coquetonamente adornadas con banderitas de propaganda del candidato. Adentro de la Sala, un video daba cuenta grosso modo de las bondades del programa cultural del ahora gobernador.

Llamaron mi atención dos o tres cosas: la descentralización de las acciones de gobierno mediante una suerte de relación cuasi orgánica con promotores culturales de los 33 municipios del estado, lo cual saludé, y una serie de programas de “Alta Cultura” (la Kultura con “K” de la que habla Bonfil Batalla) con cierto toque aristocrático, lo cual entendí; la tercera cosa es que el teatro había quedado relegado del programa, pero eso será tema de otras improbables colaboraciones.

Lo que quiero destacar es que no había nada en aquél programa que apuntara mínimamente, en cuanto a arte y cultura toca, a transformar la relación de explotación resultante de la propiedad privada de los medios de producción y de cambio; propiedad que en México está detentada por un Estado capitalista donde la clase gobernante termina por determinar qué es y qué no es cultura.

Considero importante el que por fin ocupe la gubernatura del estado un político que parezca entender la trascendencia de involucrar en las tareas de la política cultural a los hombres y las mujeres que han llevado a cuestas la labor de defender, conservar, rescatar y promover la compleja producción artística y cultural de los pueblos de Morelos; pero, al quedar intocada la superestructura de orden capitalista en que se desarrollaría la propuesta de articular a las y los promotores culturales de los municipios con una iniciativa privada de carácter supuestamente filantrópico, se terminará por facilitar la mercantilización de la producción artística y cultural de los pueblos.

El arte y la cultura, lo saben tanto la clase política y la iniciativa privada cuanto las y los promotores y creadores, constituyen los espacios de resistencia de los pueblos y sus individuos ante el embate del capital; en la cultura y el arte, se ha dicho hasta al cansancio, están los ingredientes que dan cohesión a los más diversos y complejos sistemas de simbolización-representación del tejido social y comunitario. Por eso mismo es que buena parte de las prácticas de explotación, despojo, desprecio y represión que el capital está emprendiendo en el siglo 21 suceden en el ámbito de la producción cultural y artística.

En su nota «Izquierda y capital financiero» (Milenio-Novedades de Yucatán, 9/10/2012), José Ramón Enríquez llama la atención sobre que las izquierdas contemporáneas no han hecho frente a la expoliación del capital financiero lo que los socialismos del siglo 19 sí hicieron ante la explotación del capital industrial: analizar el modus operandi de la clase dominante para actuar de manera fructífera en su contra, entendiendo que teoría y praxis son unidad indivisible en la construcción de partido.

Su crítica se centra en el electorerismo de éstas izquierdas que «se han lanzado a una lucha […] en la cual traicionan cada vez más los intereses de las mayorías [porque] en realidad no pueden siquiera distinguir esos interés mayoritarios en un mundo de capitales volátiles [aceptando] más y más ser simples administradores de intereses minoritarios que tampoco entienden del todo», y sostiene que «es momento de discutir una teoría» que ubique estos problemas como centrales «para llevar[la] a la práctica».

En materia de capitalismo cultural ésa volatilidad es aún mayor, porque las y los creadores tenemos como materia prima los deseos, la imaginación, las ideas, el placer, y es allí donde el capital está sentando sus reales; sin embargo, quienes a causa de los procesos de proletarización neoliberal cada vez somos más trabajadoras y trabajadores del arte y la cultura que meros proveedores de servicio en la industria del entretenimiento, apenas y nos percatamos de dicha condición de clase y difícilmente articulamos espacios de organización en la defensa de nuestros derechos.

Estamos varados en el purgatorio de una pequeña burguesía donde nos sentimos más que a gusto; lo único que puede medio sacudir el confort snoben el que sobrevivimos es el retraso de un pago que de por sí ya iba a llegar mucho después de que lo necesitáramos o la cancelación de eventos de relumbrón y engordamiento de cifras que además de mantenernos calladitos y besando la mano del mandatario en turno sirven para cubrir el desvío de recursos, la malversación de fondos, el enriquecimiento ilícito y la inoperancia política. ¿Cohesión del tejido social?, ¿solidaridad con las luchas de otros sectores de la clase trabajadora? «Esas son mamadas; a mí que me pongan dónde hay», decimos.

Para muestra, dos botones: nuestro casi generalizado mutismo ante la lacerante contrarreforma en materia laboral, porque hemos asumido con carta de naturalidad el que desde hace mucho se nos contrate bajo las aberrantes condiciones que serán legales con la aprobación de esta ley neoporfirista, y nuestra casi nula resistencia ante modelos de control hegemónico como la educación por competencias, cuyo individualismo propiciará prácticas de discriminación, exclusión, traición y descalificación donde debería cultivarse la fraternidad, la solidaridad, la lealtad y la dignidad.

Yo no espero de la administración graquista, ni de ninguna otra, la transformación del modo de producción capitalista; sería como esperarlo de la clase política dominante, la iniciativa privada, la banca financiera: de hacerlo se estarían dando un tiro en la cabeza. Esa transformación debe venir de la clase trabajadora, ésa que los abanderados de los discursos de la posmodernidad dictan que ya no existe. Emprender, pues, la construcción de procesos de apropiación de los medios de producción y de cambio es sólo tarea nuestra; pero, como afirma José Ramón Enríquez, es necesario entender que estamos obligados a llevar a cabo una acción y una teoría políticas que ubiquen al capital financiero y su volatilidad en su justo lugar.

De otro modo, lo mejor que podremos hacer, al menos quienes nos dedicamos al teatro (¿ya les conté que éste oficio quedó relegado en la exposición del programa cultural graquista?), será apostar por la construcción de un mundo ficticio en el cual, como explica Bolívar Echeverría cuando habla del ethos barroco, el valor de uso, es decir, el disfrute producto de nuestro trabajo, tenga la vigencia que la valorización del valor abstracto (léase la acumulación del capital: la plusvalía) le cancela; pero no será nada más que eso: un mundo ficticio.
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