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15 de septiembre de 2019

Se nos ha ido el mejor de los compañeros, Immanuel Wallerstein.

Por: Rodolfo Crespo / Rebelión.

"La perspectiva de sistemas-mundo, si los llamados movimientos antisistema llegan a saber de ella les puede parecer, excelente en su diagnóstico, desalentadora en su pronóstico y muy pobre en la proposición de terapias". José María Tortosa Blasco.



En Chiapas, México, con el (difunto) subcomandante Marcos. Jamás, que sepamos, se hizo una foto con ningún líder político ni revolucionario en el poder. De ellos dijo: “Los dirigentes revolucionarios que existieron en la realidad siempre han tratado de seguir un curso medio, a menudo en forma de zigzag, entre ‘venderse’ en un extremo y el ‘aventurerismo’ en el otro. Por supuesto lo que para uno es ‘aventurerismo’ para otro es ‘atentico compromiso revolucionario’. Lo que para uno es ‘venderse’ para otro es ‘dar un paso atrás y dos adelante’.

El 1 de septiembre de 2019, cuando casi estaba a punto de cumplir los 89 años ha muerto el querido compañero Immanuel Wallerstein, el creador de “la perspectiva de análisis de sistemas-mundo”; él mismo se encargaba de describirla en una entrevista que concedió en 1999 a Carlos Antonio Aguirre Rojas cuando expresaba que “considero a esta perspectiva, más bien como un movimiento intelectual… justamente, un movimiento que impulsa una transformación del modo de hacer las cosas que hasta ahora ha sido imperante1, por eso precisamente Wallerstein era un revolucionario al plantear un abordaje de la historia y de las concepciones relativas a la política de una manera distinta a como se venían acometiendo desde siempre, “una protesta contra la forma en que quedó estructurada la investigación social desde su concepción a mediados del siglo XIX, a partir de una serie de suposiciones a priori normalmente incuestionadas” 2 , según sus propias palabras. En la misma entrevista, al ser preguntado por el profesor mexicano, de si “¿la perspectiva del ‘World-Systems Analysis’, no la calificaría usted mismo como una perspectiva marxista?” ,  además de decir que “es una perspectiva influida por el pensamiento de Marx, pero influida también por otras perspectivas”, no dejó de recalcar al entrevistador que, “Si tú o cualquier otra persona, llaman a mi perspectiva personal, análisis marxista, no tengo absolutamente nada que objetar a esa afirmación...” 3 .

Su tesis fundamental la dio a conocer en su libro El Moderno Sistema Mundial (1974), esa de que en el mundo había un solo sistema histórico: una economía-mundo 4 y que ésta era una economía-mundo capitalista, al no poder existir el capitalismo sin la estructura de la economía-mundo. Aquella tesis lo llevó a afirmar que no había y por ello no existía, una economía socialista mundial, dada la existencia por aquel entonces de una serie de países que se hacían llamar socialistas (la llamada “comunidad socialista”). Donde otros veían un “nuevo” sistema histórico el profesor estadounidense no veía más que “movimientos socialistas que controlan ciertos aparatos de Estado en el seno de la economía-mundo [capitalista]”5  

En la ya citada entrevista a Aguirre Rojas, la más importante, extensa y enjundiosa que concedió, Wallerstein recordaba que fue aquella “tesis nuestra [la] que más reacciones en contra provocó por parte de la izquierda mundial, y que fue la idea que sostuvimos desde los años setentas… que la Unión Soviética había sido parte de la economía-mundo capitalista, de manera integral y absoluta, durante toda su existencia6

Ahí estaba su verdadero atrevimiento, su audacia intelectual, al desafiar la teoría vigente sobre la sociedad y su evolución hasta ese momento, pero aún más que eso no dejarse “nublar” por ciertos hechos que, si bien por un lado, marcaban un cierto declive y ajuste del capitalismo en determinadas regiones y, por otra parte constituían sonadas victorias de los pueblos en su justa rebeldía contra los opresores, como la victoria en 1959 de la Revolución Cubana, el proceso de descolonización de África, la derrota norteamericana en Viet Nam, etc., etc., aquella estelada de hechos en ningún caso significaban lo que el “marxismo del movimiento obrero” y los partidos comunistas propalaban por todo el mundo en aquel entonces: que el socialismo se había convertido en el factor decisivo del desarrollo social.

Quince años después de plantear su valiente afirmación, la práctica que es el mejor indicador para medir el acierto de la teoría le dio la razón, de que no existían dos sistemas sino uno solo, el sistema-mundo moderno, que es una economía-mundo capitalista como se ha dicho, el así considerado otro sistema social (el socialismo) su hoja de parra se derrumbó, incluso allí donde presuntamente se había originado (la URSS y los Estados socialistas de Europa del Este).

Múltiples fueron sus aportes teóricos, audaces y valientes, rompedores y provocadores, que deshacían mitos7 y, de los que por cuestión de espacio, enunciaremos solo alguno de ellos.

Lo primero llamativo es el hecho de considerar el capitalismo no como la mera existencia de personas o compañías produciendo para la venta en el mercado con la intención de obtener una ganancia, eso ha existido por miles de años a lo ancho y largo del planeta, ni la existencia de personas asalariadas ya que el trabajo remunerado ha sido conocido por miles de años, sino sólo cuando el sistema da prioridad a la incesante acumulación de capital.

Su rotundo criterio de que el mercado absolutamente libre funciona como una ideología, un mito y una influencia restrictiva, pero nunca como una realidad cotidiana, para llegar a afirmar que si bien es cierto que el capitalismo no puede funcionar sin mercados, y que los capitalistas dicen con regularidad que están a favor del libre mercado, en la práctica los capitalistas necesitan, de hecho, mercados no completamente libres, sino mercados parcialmente libres. En otras palabras “el verdadero lucro, el tipo de ganancias que permite la acumulación interminable de capital en serio, sólo es posible con monopolios relativos, por el tiempo que duren”8

Su concepción de que el desarrollo social no es necesariamente progresivo, como si de peldaños de una escalera se tratara, de ahí su no creencia de que todo sistema histórico sucesivo hasta la fecha haya sido más “progresista” que el anterior, considerando por ende que la economía capitalista mundial no representaba un progreso respecto de sus predecesoras.

La idea de que no existe el desarrollo nacional, sino que lo que se desarrolla es la economía-mundo capitalista en su conjunto.

La afirmación de que las dos doctrinas ideológicas principales que han surgido a lo largo de la historia de la economía capitalista mundial, el universalismo, por un lado, y el racismo-sexismo por el otro, no son contrarias, sino que forman una pareja simbiótica y cuya “dosificación” correcta ha hecho posible el funcionamiento del sistema el cual adopta la forma de un continuo zigzag ideológico.

El planteamiento de que lo que han hecho los movimientos antisistémicos, si uno tiene en cuenta el conjunto de sus actividades durante poco más de ciento cincuenta años, en esencia ha consistido en cumplir el sueño liberal mientras, y al mismo tiempo, que se reivindicaban como sus críticos más acérrimos.

Su consideración de que las presiones “económicas” son de carácter “internacional” (un término para él poco apropiado, pero el único que comúnmente se usa) mientras las presiones “políticas” predominantes son “nacionales”.

La refutación del mito de que existen en el mundo moderno tres ideologías: conservadurismo, liberalismo y socialismo, opuestas, contrarias e irreconciliables entre sí cuando en realidad ha existido una sola ideología, la del centro liberal, ya que con el tiempo, los programas tanto conservadores como socialistas, actuando por separado pero en formas complementarias, han sido los responsables de la aplicación del programa liberal, pero incluso mucho más que los propios Liberales con L mayúscula.

La idea de que la fuerza de trabajo mundial esta etnizada, al argumentar que en el sistema-mundo capitalista siempre hay ciudadanos “negros”, y que cuando no hay o su número resulta insuficiente para el proceso de valoración del capital entonces el sistema crea “negros blancos”.

Y finalmente para la lucha política nos dejó la lección de que el sistema capitalista había ingresado en un periodo de “caos y bifurcación”, que lo llevará en un lapso de 20-40 años a desaparecer y dar paso a otro sistema, del que no se tiene certeza de cómo será, lo cual abre la posibilidad de elegir, pero dicha elección depende de la lucha que nosotros mismos llevemos a cabo para inclinar la balanza en un sentido u otro.

En su último comentario, erigido casi como su testamento político, 46 días antes de morir, dejó éste mensaje que jamás invita al pesimismo a los anticapitalistas “Lo que puedan hacer quienes vivan en el futuro es luchar consigo mismos para que este cambio sí sea uno real. Sigo pensando, por tanto, que hay una probabilidad de 50-50 de que ocurra un cambio transformador, pero sólo 50-50”9

Como se ha arengado miles y millones de veces entre los que han luchado por transformar el capitalismo en un sistema mejor, digamos con el compañero Immanuel Wallerstein y en su memoria que “la lucha continua la victoria será nuestra”. ¡Hasta siempre compañero!


Notas.
*La reflexión corresponde al también querido y admirado profesor español, José María Tortosa Blasco, en un intercambio de mensajes por correo electrónico el 21 de septiembre de 2016, acerca de la obra y el pensamiento de Immanuel Wallerstein. Se hace con su autorización.
**Wallertein, Immanuel. La revolución como estrategia y las tácticas d e transformación. En Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión. 2011. Página 211.
1. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema mundo capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel Wallerstein . Editorial Era , 2004.
2. Wallerstein, Immanuel. El análisis de los sistemas-mundo. Capítulo VIII del libro “Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo”. Ediciones Akal. Madrid. España.2004. pág. 134. (las negritas resaltadas son nuestras)
3. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema mundo capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel Wallerstein . Editorial Era , 2004.
4. “una economía-mundo, es un sistema largo-mundo, no mundial: un mundo, pero no el mundo. Un mundo largo que tiene en su seno varias entidades políticas, múltiples culturas, etc. aunque desde el siglo XIX (y por primera vez en la historia de la humanidad) esa economía-mundo que se comenzó a construir en Europa occidental entre los siglos XV y XVI terminó por expandirse a todo el globo, como un sistema único y en cual vivimos todavía. Immanuel Wallerstein. El capitalismo ¿Qué es? Un problema de conceptualización. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1999. Disponible en http://computo.ceiich.unam.mx/webceiich/docs/libro/El_Capitalismo,_que_es.pdf
5. Wallerstein, Immanuel. El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Editorial siglo XXI. 2ª Edición. Madrid 2010. Pág. 494.
6. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema mundo capitalista (Estudio y entrevista a Immanuel Wallerstein . Editorial Era , 2004. (subrayados tomados del original)
7. Recomendamos modestamente nuestro artículo de divulgación popular Mitos del sistema-mundo capitalista/“moderno”. Contribución de la perspectiva de sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein a su esclarecimiento y dilucidación. Rebelión, 24 de septiembre de 2016, dedicado a su cumpleaños 86. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217120
8. Wallerstein, Immanuel. ¿ESTADOS? ¿SOBERANÍA?. Los dilemas de los capitalistas en una época de transición.
9. Wallerstein, Immanuel. Este es el fin, este es el comienzo. La Jornada 5 agosto 2019. https://www.jornada.com.mx/2019/08/05/politica/018a1pol

6 de noviembre de 2012

De caminos electorales y lógicas marxistas.


En el volcán, 05-11-2012

Desde la lógica de quienes siendo marxistas, hemos estado acompañando a los pueblos originarios por los caminos de las autonomías basadas en los principios de la comunalidad, la democracia participativa y el principio de mandar obedeciendo, los procesos electorales que tienen lugar en países cuyos grupos gobernantes y oligárquicos asumen una posición de acatamiento subalterno al modelo de mundialización capitalista neoliberal, representan mecanismos heterónomos a través de los cuales las clases dominantes, los aparatos coercitivos e ideológicos del Estado y los poderes fácticos imponen a los candidatos que garantizan la reproducción de sus sistemas de explotación y dominación. Esta acción impositiva se lleva a cabo aún a costa de la transgresión de sus propios marcos jurídicos constitucionales y recurriendo a la dictadura mediática y la defraudación estructural, tradicional y electrónica para lograr violentar la voluntad popular.

La enseñanza reiterada que dejan los frustrados procesos electorales mexicanos presidenciales es que mientras no exista una correlación de fuerzas políticas y sociales, movimientos y procesos autónomos que desde abajo impongan nuevas reglas del juego, resulta desgastante y contraproducente para estos movimientos continuar participando en el ámbito electoral. No se ha destacado de manera suficiente que las experiencias latinoamericanas recientes en que las izquierdas han ganado la presidencia de sus respectivos países, Venezuela, Bolivia, Ecuador, por ejemplo, se han dado en contextos de franca ruptura del sistema tradicional de partidos, ya sea por la irrupción de masivos movimientos indígenas, ciudadanos o de variada naturaleza cívico-militar.

¿Por qué entonces en México, a los repetidos y monumentales fraudes electorales, siguen las mismas rutinas de esperar otros seis años más para lograr, ahora sí, el cambio verdadero, confiando en que la naturaleza autoritaria, corrupta, impositiva y tramposa del sistema imperante cambie y reconozca el triunfo de una izquierda moderna y bien portadita? No es posible continuar delegando nuestra representación y las esperanzas de cambio en el protagonismo de una izquierda institucionalizada, divorciada de las luchas anti sistémicas y de las que tienen lugar en contra de la guerra social, por la integridad y preservación de los territorios y sus recursos, contra el saqueo y la depredación capitalista.

Tampoco se trata de renunciar a ninguna forma de lucha social, incluyendo el ámbito electoral y parlamentario, ni a la forma partido como instrumento organizativo al servicio de la transformación social, siempre y cuando elecciones y partido tengan a los trabajadores y a los pueblos su propósito y razón de ser. El reciente triunfo del comandante Hugo Chávez para un nuevo periodo de su presidencia en la Republica Bolivariana de Venezuela, muestra una experiencia de participación electoral con abiertas posiciones socialistas que es refrendado por un 55% del electorado, con un 80% de participación ciudadana en el proceso.

En el otro polo equidistante, Enrique Peña Nieto ha sido impuesto como nuevo titular del ejecutivo federal para dar continuidad a las políticas neoliberales, profundizar las “reformas estructurales”, como la grotesca reforma laboral que acaban de aprobar, seguir la privatización de PEMEX, los turbios negocios al amparo del poder público, incluyendo el narcotráfico, y asegurar la impunidad para los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno de Felipe Calderón. El fraude estructural del sistema político mexicano conllevó el escandaloso sobregiro en los topes económicos de campaña, la coacción de la ciudadanía por sindicatos oficialistas, patrones y sicarios, la compra de sufragios con dinero en efectivo, despensas, cemento o tarjetas de prepago, las encuestas que no miden sino norman intenciones de voto, la dictadura mediática que construye y destruye candidatos y que, de paso, se embolsa exorbitantes sumas de dinero; además de las autoridades y tribunales electorales omisos a sus obligaciones y cómplices de esas prácticas de corrupción extendida y masiva. Todo ello, más los denunciados actos de defraudación directa en las casillas, con las múltiples “técnicas” que han ganado fama universal, hicieron realidad el regreso del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la República, a contracorriente de una sociedad civil indignada y un movimiento de jóvenes que pese a su fecunda toma de conciencia no pudieron revertir el golpe orquestado por el grupo oligárquico el 1 de julio del 2012.

Por su parte, las izquierdas electorales mexicanas, pese a las traumáticas experiencias del 1988 y 2006, y sin que mediara una autocritica sobre su actuación pasada, no se organizaron ni organizaron a la sociedad para revertir el fraude que venía preparándose meses antes de las elecciones; entrampadas en la institucionalidad de la que forman parte, asumieron nuevamente –sin fundamento alguno-- actitudes triunfalistas, mientras sus intelectuales perdieron el sentido de la crítica hacia su candidato, sus posiciones equivocas en temas fundamentales y el contenido ambivalente y gris de una campaña salvada por la irrupción juvenil que vino a darle una impronta inesperada; sus organismos partidistas se alejaron de movimientos sociales importantes, como el de los pueblos indígenas, o el que se pronuncia en contra de la guerra social encubierta en la “lucha contra el narcotráfico”, o el que denuncia la abierta injerencia de Estados Unidos en nuestro país; así, firmando “pactos de civilidad” a sabiendas de que los operativos fraudulentos estaban en marcha, resultaron amorosamente indulgentes con grupos empresariales, clericales y con priistas recientemente conversos, entre ellos, quien en 1988 operó la “caída del sistema”y otro, subsecretario de gobernación, actual gobernador de Tabasco, dentro del “progresismo”.

Esta sería la tercera ocasión, en los últimos años, en que el pueblo mexicano experimenta la derrota en sus esfuerzos por una transición realmente democrática, de modo que habría que preguntarse por la viabilidad de procedimientos electorales impuestos por el capitalismo neoliberal y acatados dócilmente por partidos que en cada una de estas frustraciones estratégicas no pierden del todo, como pierde la democracia de manera ignominiosa, sino que, por el contrario, ganan. Ganan gobiernos estatales, municipales, delegacionales, curules en el Congreso de la Unión y en congresos locales y reciben cuantiosas prerrogativas económicas para sostener sus aparatos burocráticos. Estos organismos partidistas, más que interesados en luchar en contra de la aceitada imposición de Peña Nieto, se apresuraron a reconocerlo, antes de que cantara el gallo, como presidente “electo”.

Algunos pueden preguntarse si una eventual incorporación al voto por la izquierda institucional por parte de aquellos que han cuestionado en estas condiciones la vía electoral en nuestro país hubiese sido decisoria en los resultados a modo que nuevamente impuso el sistema. Quizás, un programa de izquierda de otra índole pudiese haber sumado más votos, pero su monto final nada tiene nada que ver con la magnitud del tercer mega fraude ni con el aparato estructural que lo hizo posible. Quienes hemos mantenido una posición crítica frente al régimen de partidos de Estado, fuimos cautos en expresarnos en contra de la opción de millones de ciudadanos que confiaron nuevamente en el posibilismo de los procesos electorales bajo un sistema esencialmente negatorio del ejercicio efectivo de la democracia representativa.

De ahí el hartazgo que se expresa en los jóvenes de #YoSoy132 y en quienes por décadas han tratado de cambiar el rumbo del país, desde muy diversas posiciones políticas e ideológicas, y algunos de ellos, a partir de todas las formas de lucha, incluyendo la armada. Es alentador que la continuidad con las luchas sociales del pueblo mexicano se exprese explícitamente desde el movimiento juvenil que irrumpió en mayo. La memoria se constituye en acervo que servirá para paliar los ataques que ya están recibiendo desde el poder.

Asimismo, desde la lógica del marxismo libertario representado en una gran pensadora y revolucionaria, como Rosa Luxemburgo, la acción autónoma de las masas es la clave para entender la lucha por la trasformación radical de la sociedad capitalista. Por ello, en un debate sobre la democracia, elecciones y socialismo en América Latina cobra una gran importancia sus planteamientos sobre la transformación socialista no como un “día decisivo”, sino como un proceso que puede comenzar aquí y ahora, por el cambio en la correlación de fuerzas, en las estructuras de poder y de propiedad, en la innovación institucional, que lleve a una ruptura, en el caso mexicano, del régimen de partidos de Estado como el que se ha impuesto por tercera ocasión a los afanes del pueblo mexicano por transitar por la vía electoral hacía una supuesta transición democrática.

El socialismo –señalaba Luxemburgo-- no puede ser realizado por decretos ni es un cambio de gobierno llevada a cabo por una minoría, sino una trasformación radical de la antigua sociedad, en todos los planos, por la acción autónoma de los trabajadores. Advirtió y critico los procesos de burocratización de la socialdemocracia partidaria y los sindicatos. En este sentido, Rosa Luxemburgo se opone a la idea del socialismo como estatización de los medios de producción sin control de los trabajadores, camino para una inevitable burocratización. Con la revolución alemana en marcha, la democracia socialista pasa a significar concretamente, para Rosa Luxemburgo, un gobierno consejista,muy similar, guardando las diferencias en tiempo y condiciones, al que se establece en la Comuna de Paris, en 1871, o en las actuales Juntas de Buen Gobierno zapatista. Los consejos, organismos de base electos por los obreros y soldados, de acuerdo al programa de la Liga Espartaco, serían la nueva forma de poder estatal para sustituir los órganos heredados de la dominación burguesa; democracia socialistasignificaba en aquel contexto el autogobierno de los productores. Isabel Maria Loureiro, en su libroRosa Luxemburgo: los dilemas de la acción revolucionaria[3]identifica una idea rectora de su pensamiento que es de gran utilidad para el tema que nos ocupa: “Para Rosa Luxemburgo, así como para los movimientos sociales de nuestra época, es la participación de los de abajo de la que proviene la esperanza de cambiar el mundo…No debemos esperar nada de hombres providenciales. Cualquier cambio radical, en el sentido de un proyecto emancipador, solo puede resultar de la presión social de abajo a arriba”.[4]

Por ello, el EZLN en su Sexta Declaración, más vigente que nunca, estableció con claridad su política de alianzas con organizaciones y movimientos no electorales que se definan, “en teoría y práctica, como de izquierda”, de acuerdo a condiciones que evidentemente no reúnen los partidos de esa izquierda institucionalizada:

“No hacer acuerdos arriba para imponer abajo, sino hacer acuerdos para ir juntos a escuchar y a organizar la indignación; no levantar movimientos que sean después negociados a espaldas de quienes los hacen, sino tomar en cuenta siempre la opinión de quienes participan; no buscar regalitos, posiciones, ventajas, puestos públicos, del Poder o de quien aspira a él, sino ir más lejos de los calendarios electorales; no tratar de resolver desde arriba los problemas de nuestra Nación, sino construir desde abajo y por abajo una alternativa a la destrucción neoliberal, una alternativa de izquierda para México.”

Esta alternativa debe tomar en cuenta para los próximos años y para la elaboración de un programa de lucha con las características que el zapatismo ha buscado durante estos años, sin lograrlo, el análisis de la cuestión nacional, en la actual fase del desarrollo capitalista, la cual se configura a partir de tres grandes ámbitos de relaciones políticas, sociales, económicas, ideológicas y culturales estrechamente relacionadas. El primero es la forma en que las clases y sus distintos sectores conforman un sistema de hegemonía nacional, ya sea como grupo dominante o subalterno en permanente conflicto. En ese marco, es importante analizar cómo se lleva a cabo la explotación de la gran mayoría de trabajadores y la obtención de la plusvalía por un grupo dominante, que en México no pasa de uno por ciento de la población. Aquí es importante analizar, por ejemplo, los cambios que tendrán lugar con la reforma laboral en el carácter de la dominación de la fuerza de trabajo.

También, dado que la guerra social seguirá con Peña Nieto, es necesario estudiar el papel del Estado en el ejercicio de la violencia sistémica por la vía directa de sus fuerzas armadas, o de la disciplinada adopción de estrategias imperiales que militarizan el país y utilizan sujetos desclasados, como criminales y paramilitares, todo lo cual ha ocasionado una guerra con cerca de 80 mil muertos, miles de desaparecidos y desplazados.

Así, no se trata de adoptar una u otra política de seguridad, combatir la pobreza, o lograr una educación de calidad, y tantas otros ofertas expuestas en el pasado proceso electoral, sin tomar en cuenta las realidades de la explotación capitalista en la transnacionalización neoliberal por la que actualmente atravesamos, en la que la polarización entre pobres y ricos, hecho inherente al sistema, alcanza niveles exponenciales, y en la que la violencia estatal-delincuencial se intensifica y masifica en países como el nuestro, donde sus grupos dominantes integran gobiernos delincuenciales que declaran una guerra interna y desmantelan el estado de derecho, colocando a la sociedad en una deriva de incertidumbre y violencia constantes. Por ello, el concepto de Estados criminales es de destacarse. El jurista italiano Liugi Ferrajoli vincula el fracaso de las democracias en todo el mundo con el triunfo de la ilegalidad, la quiebra del estado de derecho y la violación sistemática de las Constituciones nacionales, a partir de un concepto que él denomina criminalidad del poder.

El segundo ámbito de relaciones es la articulación de la nación con los sistemas mundiales de control económico, político y militar del bloque imperialista encabezado por Estados Unidos; el grado de dominio que las grandes corporaciones capitalistas ejercen sobre nuestra patria y sus recursos estratégicos y naturales; el control sobre su mano de obra, tanto aquí como del otro lado de la frontera norte. Aquí corresponde analizar los resultados desastrosos en México del Tratado de Libre Comercio (TLC), en todas las esferas de la economía, en la crisis del campo, en el fin de la autosuficiencia alimentaria, en el desmantelamiento de las pequeñas y medianas industrias, así como en la creciente pérdida de soberanía en otros rubros estratégicos, como los acuerdos militares y de seguridad, como ASPAN y la Iniciativa Mérida, que ni siquiera pasaron por el Congreso para su revisión y aprobación; o en la injerencia cada vez mayor de organismos de inteligencia estadunidenses en las fuerzas armadas y aparatos de seguridad mexicanos, con la espléndida justificación de la guerra contra el narco-terrorismo.Así, demandar tratos equitativos y relaciones de mutuo respeto, como lo hizo el candidato de la izquierda institucional, o aprovechar los 3 mil kilómetros de frontera común, sin tomar en cuenta la dependencia estructural subordinada de México a Estados Unidos, resulta, por lo menos, una quimera.

El tercer ámbito remite a la composición étnica y a las relaciones de género al interior de la nación, manifiesto en la presencia histórica y permanente de diversos pueblos indígenas, en la subsistencia del racismo, el sexismo y la discriminación de variados alcances, también intrínsecos al capitalismo; en la sobrevivencia de estructuras preferentes de explotación y dominación al interior de las clases, que González Casanova ha denominado colonialismo interno, que hace posible que los más excluidos y oprimidos sigan siendo, en pleno siglo XXI, los pueblos originarios, quienes, no obstante, resisten creativamente las políticas del capitalismo con base en autonomías de facto, en las que se ejercen formas renovadas de democracia directa que la clase política desprecia olímpicamente, observando a la alteridad sólo desde la óptica del paternalismo y los sujetos víctimas.

Estos diagnósticos de los grandes problemas nacionales que enfrentan millones de mexicanos, como la guerra y sus secuelas, la pobreza e incluso la miseria de más de la mitad de la población, en tanto que productos de la sobrexplotación capitalista, así como la violencia sin límites que pretende causar terror, la impunidad de los perpetradores de toda clase de crímenes, incluyendo de lesa humanidad, la injerencia y el dominio imperialistas, etcétera, que son negados, diluidos, fragmentados, manipulados, aislados desde la distorsión cognitiva de la izquierda institucionalizada, deben ser la base de conocimiento mínimo de cualquier programa de lucha por la transformación revolucionaria de nuestra patria y el establecimiento de un socialismo democrático y libertario.

Con estas coordenadas sobre la cuestión nacional, la izquierda anticapitalista debe encontrar los caminos para su unidad en las diferencias. No obstante, la unidad se construye en el debate de ideas. Los millones de personas que apoyaron a AMLO y a la izquierda institucionalizada deberán darse cuenta que la construcción de un nuevo partido, en este caso el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), siguiendo los mismos pasos que siguió el Partido de la Revolución Democrática, esto es, integrar estructuras de dirección desde arriba y con el propósito de nuevamente participar en elecciones, sin mediar un cambio substancial en la correlación de fuerzas, reglas del juego y una profunda autocritica sobre su desempeño en los últimos años, llevará a nuevos fracasos y decepciones. Algunos analistas han referido sobre la ambigüedad en los términos del retiro de este movimiento de la alianza progresista que apoyo a su candidato en las elecciones de 2012, nueve largos días después que el Tribunal Electoral otorgara la constancia de presidente electo a Peña Nieto, el silencio de AMLO sobre el apresurado reconocimiento al nuevo gobierno de los gobernadores electos, legisladores y dirigencia partidaria, algunos de ellos en Morena, el reforzamiento del sistema de partidos de Estado, esto es, la partidocracia, que implica la creación de uno más.

Por su parte, el movimiento social deberá pasar de la mera denuncia de las condiciones por cierto de suma gravedad por las que atraviesa el país, a una etapa de construcción de alternativas organizativas que otorguen direccionalidad, centralidad y proyección nacional a estos esfuerzos, respetando la especificidad y autonomía de cada movimiento y organización. Esto significa, incidir en la vida política nacional por sobre la dictadura mediática que tratara de invisibilizar, estigmatizar o criminalizar cualquier movimiento opositor. La convocatoria de un Congreso Nacional Constituyente, Frente Patriótico, Junta Patriótica, o alguna otra forma organizativa que agrupe las manifestaciones aisladas de numerosas organizaciones y que proponga una unidad de acción bajo consignas en las que todos y todas puedan sentirse representados, por ejemplo, una variante de la demanda histórica que se exprese en la consigna:“paz, pan, trabajo y patria”.

La incorporación de los jóvenes agrupados en el movimiento #YoSoy132 en iniciativas estratégicas como ésta, con la inventiva y persistencia que han imprimido a sus acciones contra la imposición y en contra de la reforma laboral, será fundamental para la creación de un polo opositor anticapitalista que realmente transforme nuestra realidad nacional. Aquí es importante reconocer la incapacidad de la izquierda social para encontrar formas que trasciendan los estrechos márgenes de un activismo defensivo y reactivo, sin perspectivas estratégicas, a la saga de las luchas espontaneas y sin la suficiente fuerza para contener agresiones directas como la reforma laboral.

El movimiento indígena, además de los enormes esfuerzos que dedica a fortalecer sus procesos autonómicos y a defenderse de la contrainsurgencia, el crimen organizado, la invasión de las corporaciones mineras, turísticas y de otra naturaleza, deberá reorganizar el Congreso Nacional Indígena y otras formas organizativas que permitan su participación activa en un programa nacional de lucha de los explotados mexicanos. La articulación con luchas nacionales debe lograrse, si no se corre el riesgo de ser aniquilado por las fuerzas represivas del Estado, la invasión de las corporaciones, que incluyen el narcotráfico, o el desgaste del propio movimiento que lleve a contradicciones internas insuperables.

Asimismo, el movimiento nacional anticapitalista deberá dar importancia fundamental al estudio, la preparación, lo que los antropólogos hemos llamado “fortalecimiento del sujeto autonómico”, a partir de talleres, conversatorios, intercambio de saberes, círculos de estudio, que desgraciadamente fueron abandonados por muchos sectores de los movimientos populares que, en su activismo, han renunciado a la necesaria reflexión permanente, al análisis sistemático, a la elaboración teórica de sus experiencias. Aquí tienen un papel que jugar ese sector de la academia y el ámbito de la intelectualidad, que no han sido cooptados por la zanahoria de la excelencia y el premio al productivismo, que promueven el individualismo, la competencia y el abandono del compromiso ético y social.

La izquierda actual, después de las experiencias traumáticas de la burocratización del socialismo real, se define en función de que tanto es capaz de mantener una posición de congruencia ética y coadyuvar a construir poder popular en formas de democracia participativa que impida precisamente la utilización de aparatos políticos para el encumbramiento y ascenso social de unos pocos. En cada paso que se dé, es necesario asegurar la amplia participación de las masas en los procesos políticos y en la toma de decisiones sobre su direccionalidad. En la medida en que la izquierda lucha por estos elementos fundamentales, es realmente una izquierda. Si lo que va a desarrollar son programas sociales y representaciones permanentes en nombre de las masas populares, entonces, es otra cosa: eso es reformismo en el más estricto sentido del término.

De ahí la importancia de la consigna zapatista de “para todos todo, para nosotros nada”,que no implica en circunstancia alguna una especie renovada de martirologio, sino que establece un distanciamiento de las formas de hacer política propias de las concepciones vanguardistas. De aquí la importancia de la crítica temprana de Rosa Luxemburgo al modelo soviético que se construía y el planteamiento de Raya Dunayevskaya sobre la suplantación de la clase por el partido y todas sus críticas al vanguardismo para la posibilidad de una verdadera revolución socialista, horizontal, participativa y en la que todos y todas tenemos un papel que jugar.

Catedra Carlos Marx. Mesa de debate 1. Democracia, elecciones y socialismo en América.Encuentro 2012, Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Cuernavaca, Morelos, 19 de octubre de 2102.
Gilberto López y Rivas es Doctor en Antropología. Profesor-Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, delegación Morelos.
[3] Isabel Maria Loureiro. Rosa Luxemburg: os dilemas da ação revolucionaria. Brasil: Unesp, Fundação Perseu Abramo, Rls, 2003.
[4] Isabel Maria Loureiro. Ob. cit., p. 37

5 de noviembre de 2012

SEGUNDA CITA :: Materialmente pobres.

Provocación de Silvio Rodríguez/Tomado de Segunda Cita. Blog en evolución.


En la entrada anterior recibimos muchas muestras de solidaridad por el daño que nos hizo el huracán Sandy. Incluso apareció la idea de hacer una colecta para los damnificados, aprovechando los próximos conciertos que haremos por el cono sur americano. Yo respondí pidiendo un poco de paciencia, seguro de que nuestra respuesta al desastre iba a ser inmediata y enérgica, como es costumbre en nuestro país cuando ocurre este tipo de cosas. Por esos días algunos segundaciter@s se hicieron preguntas en voz alta que inevitablemente me llevaron a reflexiones. No era el mejor momento para ponerme a pensar en estas cosas, porque me encuentro ensayando intensamente para la gira, y cuando llego a casa continúo elaborando ideas musicales. Pero ¿quién para el pensamiento? Así que una mañana, muy tempranito, antes de irme a ensayar, esbocé una idea y se la mandé a Guillermo Rodríguez Rivera y a Víctor Casaus, para que me dijeran lo que pensaban. Esta entrada consiste en eso: en lo que tecleé esa mañana y le mandé a mis amigos, y en lo que ellos me respondieron. En cuanto les leí, me di cuenta de que lo dicho por ellos completaba y ampliaba mi planteo inicial. Por eso les propuse que lo publicáramos. En definitiva se trata de asuntos que a todos nos interesan. Víctor, por estar también en un berenjenal de trabajo, fue más parco y “amenazó” con seguir participando aquí en el blog, cuando tuviera un chance.
He aquí lo que yo expuse:
Materialmente pobres
La verdad es que somos materialmente pobres. No tenemos grandes yacimientos, excepto de níquel, cuyo valor ha bajado en el mercado mundial en los últimos años. También parece que tenemos algo de petróleo, lo que se está explorando todavía. Estamos rodeados de agua salada pero tenemos poca dulce: no tenemos ríos caudalosos de los que pudiera extraerse fuerza para turbinas generadoras de electricidad.
Nuestro más valioso yacimiento es el humano, porque gran parte del pueblo está instruido, gracias a una política correcta que se instauró desde hace medio siglo. Eso y la tierra, aunque es difícil que un pueblo educado decida dedicarse a la agricultura. Los estudios relacionados con el campo trataron de estimularse, pero la mayoría quería ser médico, ingeniero, arquitecto, o sencillamente vivir en las ciudades. Uno de los dramas anteriores a la Revolución era que las tierras pertenecían a grandes latifundios, generalmente de empresas foráneas; los que la trabajaban no eran propietarios sino peones. La Revolución hizo dos reformas agrarias y repartió tierras a quienes las querían trabajar, pero por una política agraria sin luz larga los hijos de los propietarios de tierras se fueron de los campos, y hoy resulta que hay que importar la mayoría de los alimentos que consumimos, a pesar de que podríamos producirlos.
No me ofende que alguien nos diga pobres, porque somos dignos. Fuimos capaces de lanzarnos a una concepción elevada del ser humano. Quizá pecamos de idealistas, pero teníamos dos mundos que comparar: el injusto que habíamos vivido y el solidario que soñábamos construir. Los desganos actuales no son por falta de memoria: es que los que comienzan a decidir no tienen edad de recordar lo que fuimos. Y ¿qué convence a las nuevas generaciones de que respondan por las vidas de sus abuelos, más que por la propias? El mundo parece funcionar por reglas ancestrales, por lo básico que se suele entender: si trabajas, tienes; si tienes, te das el gusto de hacer lo que desees.
La actualidad parece estar violentando nuestro espíritu al volvernos realistas, lo que en cierto sentido podría parecer que nos empobrece, porque nos hace sacar más cuentas, no sólo de lo que tenemos y aspiramos sino de lo que estamos dispuestos a dar. Muy al principio de la Revolución, Fidel dijo una vez: “Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella. Por eso nos parece que se hunde el mundo cuando escuchamos la verdad. Como si no valiera la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira.” (*) Aunque parezca contradictorio, lo cierto es que la forma de ser que teníamos, la más elevada, la más altruista, además de bien, también nos hizo daño: creó demasiada seguridad. Fabricamos un mundo en el que, incluso sin trabajar, algunos podían sobrevivir. Y lo cierto es que somos un país sin mejores recursos que nosotros mismos, los que lo habitamos.
Si pensamos que es justo que todos tengamos derechos, no debemos olvidar que también es muy justo que todos aportemos. Porque no se trata de que por haber nacido nos toquen todas las bondades, y nos las den, y después nos las sigan dando, como si la vida fuera un interminable biberón; se trata de que, porque nacimos y somos ayudados a sobrevivir, tengamos la oportunidad de ganarnos el bien que seamos capaces de realizar. Ese principio, el derecho a lo honradamente trabajado, debiera ser nuestra mayor riqueza.

 (*) citado de memoria.

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Respuesta de Víctor:

silviano:

te comento rápido. y después te mando dos msjitos más rápidos entodavía sobre otros temas.

el texto me parece bueno para el blog porque abrirá conversaciones y debates sobre varios temas muy importantes: los sueños soñados y la cruda realidad actual; el énfasis en que la mayor riqueza es el llamado capital humano, fruto de aquellos sueños implementados a través de la educación...

uno de los problemas más graves para la agricultura fue  que la luz larga que se aplicó no fue acertada: intentó el desarrollo a partir de las grandes grandes empresas  agrícolas estatales que no fueron eficientes: una especie de tercera reforma agraria se está realizando desde hace pocos años eliminando esas grandes empresas y entregando la tierra a campesinos y cooperativistas.

el fracaso de la producción de alimentos también tuvo que ver con la pertenencia de cuba al came, donde nos tocaba aportar azúcar, niquel y otros productos y las frutas y vegetales llegaban desde bulgaria, la urss, etc. (hay un poema satírico excelente de guillermo sobre eso).

en el aspecto interno otra acción devastadora fue la del cordón de la habana que eliminó las plantaciones históricas de frutales para sustituirlos por café caturra, que no fructificó, como sabemos (está lo contado por raúl sobre el café: enseñamos a los vietnamitas a cultivarlo y ahora es el segundo productor de café del mundo. ah, qué chinitos esos!

en el final creo que habría que mencionar los deberes de los que trabajan y de los que dirigen y organizan, que también deben hacerlo bien, y rendir cuentas por ello.  la metáfora de los pichones (el pueblo, los trbajadores) con los picos abiertos esperando que les echen cosas en el buchecito, que apareció en granma hace pocos años no menciona la responsabilidad de los que les ponían las lombricitas y además animaron la política de piquitos abiertos.

esas y otras cosas podrían salir de los comentarios, y será bueno.  la entrada hace énfasis en la ética, además de la necesaria racionalidad, y eso es muy importante en estos momentos, creo.

abra-son con tecleo relámpago,

victoriano

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Respuesta de Guillermo:

Silvio:

Tu reflexión me parece éticamente irreprochable.

El derecho a lo honradamente trabajado es lo que debe tener un ser humano y conste que ahí operan las circunstancias que rodean ese trabajo y que pueden magnificarlo y hacerlo mucho más valioso, o degradarlo y hacer que finalmente no se evalúe en lo que es.

El hombre está en las redes de esas circunstancias que, muchas veces, no dependen de su bondad ni de su talento.

Cuando tú hablas de las dos reformas agrarias que hemos hecho, no puedo dejar de decirte que si la primera fue una maravilla, la segunda fue el inicio de una cadena de desaciertos que nos llevó a una suerte de neoliberalismo al revés.

Si los neoliberales quieren deificar el mercado y minimizar el estado, nosotros hicimos exactamente lo contrario: casi desaparecer el mercado y construir un superestado que lo manejara todo.

La segunda reforma agraria, con fincas de hasta 5 caballerías – en lugar de las 30 de la primera – desvastó nuestra ganadería. El estado tenía sus grandes extensiones de tierra, pero su ganado iba a ser semiholstein, los F1, que precisaban de alimento especial y no de la humilde pangola que comía el cebú, que dicen que le vendimos a Brasil, porque aquí criaríamos un ganado superior. Pero esa crianza precisaba de los recursos que se fueron cuando se fue la URSS. Confiamos en lo que no era confiable. Después de la 2da RA, vino la Ofensiva Revolucionaria urbana, para completar.

Colectivizamos la tierra (no a la fuerza, como lo hizo Stalin) sino prometiéndole a los campesinos lo que no se podía cumplir. Los que no creyeron en los planes de la Revolución y no entregaron la tierra, hoy son los ricos de nuestros campos. Los abuelos de mi  mujer  -- paisanos tuyos, del sur de La Habana -- fueron de los que creyeron y se empobrecieron.

Como dices, le facilitamos a la juventud campesina el abandonar el campo. Se becaron e hicieron profesionales, pero resultó que tampoco tenían posibilidades, y entonces dejaron Cuba. Nos desangramos día a día por toda la gente joven inteligente que se nos va. Nos roban cerebros, es verdad, pero hay centenares de jóvenes que van encantados a vender los suyos. Ese es el dilema.

Los lineamientos no alcanzan. Seguimos presos en los tabúes de siempre. Los profesionales no pueden trabajar, los profesores no pueden dar clases particulares a pesar de los desastres de la educación, los peloteros no pueden jugar fuera en ligas profesionales. Se les va la juventud, que es la edad del deporte. ¿No podrían jugar fuera en el verano y en invierno en Cuba, como hicieron Miñoso, Amorós y Marrero? Si como dices, y es verdad, es el “yacimiento humano” nuestra riqueza, ¿por qué maltratarlo?

El poder que jamás se pierde, haga uno lo que haga, puede ser también un “interminable biberón” que no nos deja poner los pies en la tierra. Jorge Luis Borges, que no era revolucionario, pero era brillante, se refirió al “antiguo alimento de los héroes: la falsía, la derrota, la humillación”. Hay que ser derrotado, que me humille esa derrota, salir del poder y poder pensar de veras qué hice mal, cómo me levanto” y que acaso venga otro, aunque sea peor, a intentar hacer lo que yo no pude. Es lo que creo, hermano, y yo me voy a morir aquí porque, a pesar de los pesares, esta es la experiencia más hermosa que nos ha tocado vivir. 

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Aporte de Aurelio Alonso, hoy viernes 2 de noviembre de 2012

Silvio:
Más tarde me sumo a ustedes con algunas apreciaciones en la misma dirección. Aunque adelanto algo, porque me cuesta contenerme: La experiencia - la personal en todas las escalas y la del sistema - me ha llevado a la idea de que la revolución, la que toca a nuestro tiempo y a nuestra geografía, se conforma desde especificidades y se articula a través de muchas revoluciones. Los cubanos logramos desarrollar una formidable revolución cultural, que iniciaron, principalmente, la igualdad social en las políticas de Estado y el efecto masivo de asimilación que la alfabetización abría desde 1961, y que avanzó, con contratiempos que todos conocemos, pero avanzó, escalón tras escalón, hasta hacer de Cuba hoy un país distinto del que vivió la victoria. Distintos por su potencial humano. Pero fracasamos en hacer una revolución agraria, porque hicimos la apuesta a que esta se derivara de una industrialización que imaginamos estaría a nuestro alcance rápidamente. La segunda reforma agraria fue distinta de la primera. Aquella distribuyó tierras a los campesinos; esta redujo las tierras que les habían sido distribuidas, no en beneficio del incremento de la población rural sino en beneficio del Estado. Después vivimos muchos ensayos de cambios en el sector agropecuario, pero, como afirma con razón Guillermo, no se podía subsanar el despoblamiento del campo generado precisamente por el modo de implementar los principios de justicia social y equidad, columna vertebral del proyecto social cubano. Se hubiera requerido un balance que rehusamos buscar. Hoy más del 80% de la población cubana clasifica como urbana. Ante la desintegración del sistema soviético en 1991, se habló del "programa alimentario" como prioridad (y así se titula el soneto histórico del gordo), antes de que se decidiera la cooperativización de la mayor parte de las tierras. El concepto de "programa alimentario" se desvaneció al no aparecer los alimentos. La creación de las UBPC en 1963 se supone que sacaba del dominio del Estado la mayor parte de las tierras agrícolas, pero el Estado mantuvo tanto control - en la puerta de entrada del proceso como en la de salida - que no logró traducirse en lo que se esperaba. Esta insolvencia parece que hoy se ha comprendido y cobra constancia la secuencia de medidas llamadas a incentivar la recreación de un sector agropecuario ruralmente enclavado y con la independencia necesaria del dictado estatal para hacerse efectivo. ¿Se logrará? Por lo pronto seguimos ante la situación de que el porciento de las importaciones en alimento frente a la producción nacional supera la desproporción que existía antes del triunfo de la revolución y que criticábamos implacablemente como deformación debida a la lógica del capital. Claro que el discurso crítico que podemos desarrollar hoy, que tenemos los saldos de logros y fracasos, no lo podíamos tener entonces. Pero yo no recuerdo de mis lecturas que ningún modo de producción halla generado avances sostenidos porque los líderes exhorten ante las pantallas de TV y en las visitas personales a producir más, a ser más eficientes, a ahorrar insumos, etc.: tienen que existir mecanismos que hagan innecesarias (o suplementarias al menos) las exhortaciones. Y las estructuras tienen que responder a esos mecanismos. El hecho es que la economía no se ha destrabado aun y no sabemos cuanto tome destrabarla (sin entregarla al torbellino incontrolado del mercado capitalista, quiero decir). El hecho es que la dirección política ha decidido la profundidad de cambio que debió decidir hacia principios de los 90..., con veinte años de retraso. El hecho es que todavía no parece prevalecer el consenso de la intensidad de lo que tiene que ser distinto. Recuerda que a principios de los setenta, cuando se decidió la incorporación al CAME, se comenzó por diseñar un Sistema de Planificación y Dirección de la Economía (SPDE) que se puso (hasta cierto punto) en manos de los diseñadores del sistema. Ahora, que se trata de reinventar el socialismo y no simplemente de acoplarlo a las reglas del "gran hermano", paradógicamente, estamos trabajando simplemente con un racimo de lineamientos a partir estrictamente de revisiones y debates. ¿No haría falta pensar en cuanto de la economía va a retenerse por el Estado, cuanto irá a otras formas de propiedad socializada, cuanto se dejará en manos de la iniciativa privada, y cómo se va a articular todo eso en otro SDPE, distinto de aquel? Bueno, hermano, freno ahora, pero podemos seguir más tarde si quieren ustedes. Un abrazo,
Aurelio

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Le conté a mi también viejo y querido amigo Fernando Martínez Heredia sobre esta entrada, nos mandó la siguiente colaboración:


Silvio:

Eres un provocador en el buen sentido de la palabra, porque te la pasas 
abriendo caminos. Déjame sumar unas pocas cosas a las tuyas y las de nuestros 
amigos Víctor y Guillermo.

Es bueno recordar que la riqueza mayor de Cuba, con mucho el mayor recurso, es 
la gran proporción de gente instruida que tiene, y también la conciencia 
política de este pueblo, que puede que no tenga igual en el mundo de hoy. Los 
otros recursos que tiene la naturaleza pueden escasear o no en cada país, pero 
solo son válidos cuando se ponen en explotación. El capitalismo ha logrado 
sacar beneficio a esto siempre, téngalo o no en su territorio, porque se lo 
quita a otros de mil maneras. Marx decía hace siglo y medio que dos naciones 
pueden intercambiar entre sí según la ley de la ganancia, mientras una explota 
y roba constantemente a la otra.

Cuba logró salir de esa prisión hace medio siglo, pero le ha sido muy difícil –
y a veces imposible-- no seguir pagando el precio de la desigualdad engendrada 
por el colonialismo y reforzada por dos vías: formas abismales de subdesarrollo 
y la acción perenne de nuestro gran enemigo. Italia no podía comprarnos níquel, 
aunque quiso hacerlo, y el CAME fue la relación que tuvimos, no el camino del 
desarrollo. Ese es el marco de toda nuestra historia desde 1959. Pero no es la 
historia misma. Ser los dueños del país y lanzarnos a una concepción elevada 
del ser humano fue una maravilla, pero cambiaba los términos de entender y de 
solucionar casi todos los problemas importantes y nos ponía ante la obligación 
de ser muy creativos y ser diferentes, no solo opuestos al mundo del 
capitalismo. 

Se acabó el enorme desempleo en solo cuatro años, y se acabó también la 
disciplina de los explotadores sobre el trabajo, pero no se logró triunfar en 
los intentos de establecer unas nuevas relaciones de trabajo eficaces entre 
gente liberada. El poder fue entonces el gran repartidor de justicia, bienes y 
oportunidades, y el garante de un nuevo y abarcador proyecto social. Nadie le 
regaló nada al pueblo, que había generado todas las riquezas, y que entregó 
todo el sudor y la sangre que fueron necesarios y apoyó con entusiasmo todas 
las políticas de la Revolución. De esa base moral se ha sostenido la sociedad 
cubana. Pero hacían falta otras creaciones diferentes para sustentar cambios 
eficaces en las etapas que vinieron después, que profundizaran el socialismo y 
le cerraran el paso al predominio de las modernizaciones, que al final siempre 
se convertirá en la modernización de la dominación. Y no las hemos tenido.

Hace casi cincuenta años el Che pedía que no se sacrificara la exigencia de 
contenido real para el trabajo con tal de tener pleno empleo, que era 
preferible, decía, pagarle a unos para que estudiaran y conservar el prestigio 
del trabajo. A fines de los años 60 algunos discutían si no era mejor pagar 
mejores salarios en el campo y exigir, que ofrecer tanto a través del Estado y 
pagarle poco al trabajador rural. Y otros planteaban que era insuficiente la 
nacionalización de los medios de producción y había que ir creando formas de 
poder de los trabajadores.

Me detuve un poco en esa historia porque nos muestra muy claramente que fundar 
una sociedad y unas personas nuevas exige trabajos sistemáticos muy 
intencionados y organizados, que sean creadores al mismo tiempo de bienes, 
servicios, conciencia y nuevas relaciones humanas y sociales. Y por lo mismo 
exige controles reales y efectivos de las mayorías sobre los que ejercen 
funciones.

Hoy estamos viviendo grandes dilemas, lo que es igual a afirmar que la 
situación actual tiene más de una solución posible. Opino que este país todavía 
es muy superior a sus circunstancias. Y una de las acciones indispensables en 
este momento es pensar entre todos y compartir esos pensamientos. Cometeríamos 
suicidio si no pensamos y discutimos, que el debate le es tan necesario a esta 
sociedad como la respiración a los individuos. Por eso me entusiasmó la 
explicación que le diste a lo que te motivó a encontrar tiempo: ¿quién para el 
pensamiento?

fernando

7 de octubre de 2012

PALINURO :: Gómez Llorente. Por amor a Marx.


Por Ramón Cotarelo.

El fallecimiento de Luis Gómez Llorente a los 73 años de edad ha traído a la memoria colectiva un episodio tan decisivo en la historia de España y del socialismo democrático como el XXVIII Congreso del PSOE. Felipe González dimitió de la Secretaría General en una jugada de farol cuando su partido se negó a abandonar la referencia al marxismo. Poco antes, en las elecciones de aquel año, 1979, que el PSOE perdió, Suárez, líder de la UCD, salió por la televisión avisando del peligro de que ganara los comicios un "partido marxista". 
Desde el punto de vista de González y los suyos era, pues, urgente sacar al PSOE de aquella hipoteca nominal del marxismo para aproximarlo a la socialdemocracia europea, en concreto la alemana que había hecho algo similar en su congreso de Bad Godesberg de 1959.

Pero en España no iba a resultar tan fácil. Hubo una reacción "antifelipista" en las filas y se constituyó una candidatura alternativa a la de González, con el marxismo como santo y seña. Aquella cadidatura reunió poco más del 6% de los votos mientras que la de González se alzó con el 85%. Fue una derrota épica de los "promarxistas" que, por entonces, eran Luis Gómez Llorente, Enrique Tierno Galván, Francisco Bustelo y Pablo Castellano.

Los destinos de estos cuatro hombres han sido muy distintos y su repaso da una buena imagen de Gómez Llorente. Este siguió en el PSOE, en la izquierda y fundó la corriente Izquierda Socialista, si bien él se apartó de la política práctica y llevó una vida más recogida. Tierno siguió en la brecha y llegó a alcalde de Madrid. Francisco Bustelo también continuó en la izquierda, llegó a Rector de la Universidad Complutense y, desde entonces, también retirado de la actividad política,  conserva su actitid crítica de juventud. Solo el abogado Pablo Castellano ha derivado hacia posiciones de derecha y, según me aseguran quienes ven los abundantísimos programas reaccionarios de televisión y radio en España, anda por las redacciones y los platós, cargando sistemáticamente contra su antiguo partido, contra la izquierda en general y haciéndole el juego a la derecha. Uno más de esa legión de conversos por la que Palinuro no siente la menor simpatía. Allá cada cual con su conciencia.

Pero, justamente, este contraste realza más la dignidad, la coherencia y la integridad de Gómez Llorente, probablemente el contemporáneo que más se acerca a la venerable figura propia de la izquierda tradicional del llamado santo laico.

No conocí a Gómez Llorente de nada, ni lo traté jamás. De estudiantes, él estaba en quinto cuando yo empezaba. Era, pues, de "los mayores". Pero lo tengo ligado a un recuerdo imborrable de mi juventud: mi primera participación en una acto en contra del régimen de Franco muy a primeros de los sesenta. Para mí fue emocionante. La policía había detenido a Gómez Llorente y un par de docenas de estudiantes nos congregamos espontáneamente en los pasillos de mi facultad en un sit in para exigir su liberación. Ni siquiera hubiera sabido identificar a Luis de habérmelo encontrado. Pero daba igual: era un estudiante de izquierda detenido por la Brigada Político-Social. Había que protestar. En aquel acto, en cambio, conocí a Alberto Méndez quien, muchos años después, ganaría justa (y, por desgracia, póstuma) fama con sus Los girasoles ciegos, y representaba para mí, entonces bisoño en las lides, un ejemplo de actitud. No recuerdo bien si fue el propio Alberto o algún otro quien, a la guitarra, interpretó una canción de Chicho Sánchez Ferlosio (quizá fuera el propio Chicho)  que yo oía entonces por primera vez, se me quedó grabada: "Gallo rojo, gallo negro" y es tan parte de nuestro cancionero colectivo que mucha gente cree que es anónima.

Pues eso, Luis, gallo rojo, que la tierra te sea leve.

(La imagen es una foto de gomezllorente en el dominio público. En ella se ve a José Luis Gutiérrez (creo), 2º por la izquierda, Pablo Castellano, 3º por la izquierda y Luis Gómez Llorente, 1º por la derecha en Ibiza en 1981. Ignoro quiénes sean las mujeres.)

25 de septiembre de 2012

PALINURO :: La batalla está en la izquierda.

La imagen es una foto de machacon,
bajo licencia Creative Commons
.
Por Ramón Cotarelo.

Corren malos tiempos para la izquierda en el mundo entero. Prácticamente no quedan referentes territoriales. La China ha conseguido salirse de todos los esquemas interpretativos de forma que casi nadie en la izquierda se identifica con ella como hacían antaño los partidos comunistas con la Unión Soviética. De ella puede decirse, como de la Rusia soviética hacía Churchill, que es "un secreto dentro de un misterio dentro de un enigma". Lo que se diga de la China vale para el Vietnam. Corea del Norte es casi tan innacesible y remota como Shangri-la. Solo queda la isla de Cuba, en una actitud numantina que ha encontrado alivio en la alianza con Venezuela y ha suscitado también cierto resurgimiento de la izquierda latinoamericana en el Ecuador, Nicaragua y Bolivia.

No obstante todo ello es muy poco para compensar por la pérdida de posiciones de la izquierda y la hegemonía ideológica de la derecha neoliberal que, en los últimos 30 años se ha enseñoreado del mundo. La misma crisis estructural del sistema sin duda ha reanimado la izquierda pero en mucha menor medida de lo que ella misma había previsto. De ahí que se eche a la calle en busca de los apoyos sociales que no le vienen espontáneamente.

El Partido Comunista de España está celebrando su fiesta anual en un ambiente de prudente euforia por la radicalización social que la crisis está produciendo y el discurso de unidad de la izquierda. En cuanto a radicalización, se oye a algún dirigente del PCE recordar la "gloriosa" historia del partido. Ninguna historia es "gloriosa" y la del PCE no es excepción. Esa reivindicación de la propia historia deja fuera el estalinismo que ocupa una buena porción del relato, durante y después de Stalin ella y si alguien lo encuentra "glorioso", pues, en fin.... No merece la pena seguir.

En cuanto a la unidad, solo parece lograrse mediante una reducción al absurdo. En los últimos días se han constituido dos nuevas fuerzas políticas de izquierda archiminoritarias, el Foro Cívico, de Anguita e Izquierda Abierta, de Llamazares. La declaración constitutiva de ambas señala que su función es conseguir la unidad de la izquierda. Cuanto más fraccionaria es la formación, más dice luchar por la unidad y más se evidencia su carácter de formación política estrictamente personalista. Porque el personalismo es uno de los vicios de la izquierda, quizá el peor que, en momentos de delirio, se configura como culto a la personalidad. Y ha de ser mucho delirio porque hay personalidades y personalidades.

En lo único en que esta izquierda fragmentada suele ponerse de acuerdo es en negar la condición de izquierda al socialismo democrático, la socialdemocracia, el PSOE. La acusación es que se ha convertido en un partido del propio sistema capitalista que en nada se distingue de la derecha neoliberal. Por supuesto, el punto de vista del PSOE es distinto pues se considera a sí mismo como izquierda democrática y relega a la otra izquierda al ámbito revolucionario y, en todo caso, no democrático. En lo referente al PCE es relativamente sencillo pues basta con señalar su pasado estalinista y sostener que queda bastante de él.

El bloqueo de la situación tiene difícil salida dado que el socialismo democrático es el que reúne la mayor cantidad del voto de izquierda en los países occidentales y en algunos casos el único que lo reúne pues la otra izquierda es parlamentariamente inexistente. La aceptación de las pautas democráticas implica la necesidad de obtener el respaldo mayoritario para la acción política. Y es saber acumulado que las mayorías tienden a ser moderadas y huir del radicalismo. Sustituir a la socialdemocracia, captar el voto que va a ella sin moderar el radicalismo de las posiciones propias es la particular cuadratura del círculo de la izquierda radical que ya empieza a tener problemas al definir qué entienda por "radical". Por ejemplo, Izquierda Abierta sostiene en su manifiesto fundacional ser partidaria del control democrático de la economía. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que esta fórmula vagarosa es lo que queda de lo que otrora fue la planificación centralizada de la economías.

La izquiera radical vive ahora un momento de dos ilusiones en una confusa relación causal: se ve a punto de aumentar sensiblemente su representación parlamentaria por la radicalización del voto que la crisis ha provocado y también se considera en el buen camino hacia la unidad de la diversidad sin que se sepa si es la unidad la que atraerá la mayoría o la mayoría la que impondrá la unidad. Es la doble ilusión que se simboliza bajo el nombre de syriza. Una izquierda mayoritaria no socialdemócrata y no comunista. Suena bastante inverosímil, pero es una idea. Y, mientras tanto, el capitalismo lo gobierna una derecha sin problemas de identidad.
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