Por:
Napoléon Saltos Galarza /
Ecuador Today.
“…lo que cuenta es la diferencia del presente y lo actual. Lo
nuevo, lo interesante es lo actual. Lo actual no es lo que somos, sino
más bien lo que devenimos, lo que estamos deviniendo, es decir el Otro,
nuestro devenir-otro. El presente, por el contrario, es lo que somos y,
por ello mismo, lo que estamos ya dejando de ser.” (Deleuze 1993, 113-114)
LA METAMORFOSIS: LA SEDUCCIÓN DE LOS EMPRENDEDORES Y LA MAFIACIÓN DE LA POLÍTICA
El 1 de octubre, el Presidente Lenin Moreno anunció un paquete de
medidas ante la crisis. No se trata de medidas económicas, sino de un
modelo global, de una versión local del neoliberalismo; es el
cumplimiento de la ruta anunciada en los compromisos del gobierno con el
Fondo Monetario Internacional.
El neoliberalismo es una maquinaria integral, organiza la visión del
mundo en el capitalismo tardío. Una vez que se acepta sus premisas y su
lógica, no hay posibilidad de crítica y alternativa.
Ha ido construyéndose en diversas etapas, desde su doble emergencia
doctrinaria en la Escuela de Friburgo y los escritos de Friedrich Hayek,
y en la Escuela de Chicago y los escritos de Milton Friedman; su
primera aplicación brutal en el Chile de Pinochet, en los setenta; y su
expansión planetaria, en los ochenta, con Reagan en Estados Unidos y
Margaret Tatcher en Gran Bretaña.
Ha pasado de su primera versión dura, economicista, en torno a una
concepción monetarista de libre mercado y de reducción del Estado, a
versiones revisadas, complementadas con aditamentos neokeynesianos y el
rostro humano de la atención a los grupos vulnerables, en torno al
Estado subsidiario; hasta llegar en el momento actual a su versión
extrema, centrada en el capital humano del emprendimiento y en el
imperio de la inteligencia artificial. El rostro del neoliberalismo ha
mutado hacia una articulación de la vieja ética de la austeridad (ahorro
y trabajo) y la moderna utopía del progreso, con la seducción del
emprendedor, “el empresario de sí mismo” (Foucault 2007, 249-275)
Se ha producido una inversión de la visión del liberalismo clásico,
del marxismo y el keynesianismo sobre el trabajo como una actividad que
obtiene un salario en la relación de venta de la fuerza de trabajo al
capital, a una visión del salario como un ingreso, como una renta por el
rendimiento de un capital propio. “¿Cuál es el capital cuya renta es el
salario? Se trata, sin duda, de un capital muy particular, (…) es “el
conjunto de los factores físicos, psicológicos, que otorgan a alguien la
capacidad de ganar tal o cual salario, […] es decir, una aptitud, una
idoneidad” (Foucault 2007, 262), y como tal, este capital es un capital
humano, indistinguible de su poseedor, sujeto viviente humano. En ese
marco, el trabajador, es alguien que debe invertir en su propio capital
humano, en sus idoneidades “de manera que es el propio trabajador quien
aparece como si fuera una especie de empresa para sí mismo” (Foucault
2007, 264). El trabajador ahora es alguien que invierte en su capital,
sus capacidades y competencias, para obtener una renta y es el único
responsable de su éxito o fracaso.” (Sacchi 2016, 150)
La modificación se asienta en el disciplinamiento y control de los cuerpos. “No tenemos al
Homo economicus
entendido como socio del intercambio, como en el liberalismo clásico,
sino a un sujeto que se comporta como máquina empresarial. El sujeto
como singularidad maquínica que produce los medios para su propia
satisfacción. Por eso, todas las acciones de este sujeto (en términos de
asegurar su salud, su educación, su bienestar, etc.) son vistas como
inversiones que buscan el aumento del propio capital humano.”
(Castro-Gómez 2010, 205. Citado en Sacchi 2016)
No se trata de un cambio parcial, sino de una modificación del propio
capitalismo. “Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún,
una mutación del capitalismo” en la que “la fábrica [y los lugares de
encierro] han cedido su lugar a la forma empresa” y en la que el “hombre
de las disciplinas, productor discontinuo de energía”, ha cedido el
lugar al “hombre del control […] más bien ondulatorio” (Deleuze 1999,
118-119. Citado en Sacchi 2016). Es decir, en el que el
trabajador-máquina energética ha cedido su lugar al empresario-máquina
que va a ser pensado y gobernado cada vez más como una máquina
cibernética.” (Sacchi 2016, 155)
Esta modificación ontológica sustenta una modificación epistemológica
y un cambio de la subjetividad. El trabajador, al no moverse ya en la
contradicción capital-trabajo, sino en el proceso de la renta-ingreso
del capital humano, se desarticula de la pertenencia a la “clase obrera”
frente a la “clase capitalista”, y se articula a la nueva totalidad del
sistema-capital, en la que ya no es el “trabajador libre” que “no tiene
más que su fuerza de trabajo” y que es el “sepulturero del
capitalismo”, porque “no tiene nada que perder, más que sus cadenas”;
sino que se convierte en el propietario, gestor y administrador de su
propio capital “humano”, de su cuerpo, de sus capacidades; el individuo
responsable de su propio destino, “invictus”, apoyado en la escala de la
meritocracia para el éxito personal.
Se opera una metamorfosis epistemológica, ya no es el paso al
monstruoso insecto burocrático de Kafka encerrado en un
cuarto-oficina-fábrica, sino la mentepsicosis a una máquina autónoma, un
ciborg orgánico, articulado a la gran máquina universal: “Piezas
componentes intrínsecas, ‘entradas’ y ‘salidas’, feed-back o
recurrencias, que pertenecen a la máquina y ya no a la manera de
producirla o de utilizarla. En la esclavitud maquínica solo hay
transformaciones o intercambios de informaciones, de los que unos son
mecánicos y otros humanos.” (Deleuze y Guatarri, Mil mesetas.
Capitalismo y esquizofrenia 2002, 463. Citado Sacchi 2016) Y en un grado
superior, la “sujeción social”, con el cumplimiento de los roles
asignados para el éxito, el autocontrol; la seducción del biopoder que
“implica técnicas de gobierno que se dirigen a la dimensión molar,
lingüística y social del individuo, a sus funciones, sus roles, sus
representaciones, que lo constituyen como sujeto. Al producirnos como
sujetos individuados, la sujeción social nos asigna una identidad, un
sexo, una nacionalidad, una profesión. Compone, de esa forma, una
“máquina de rostridad” que tiene al hombre, macho, blanco, rico, exitoso
en el centro y luego todas sus desviaciones.” (Sacchi 2016, 158)
Estamos ante “una fábula que no es ya la del utilitarismo y el naturalismo del
laissez faire,
sino una que, a partir del primado de la información, supone a los
comportamientos físicos, biológicos, sociales como programables,
reprogramables, modulables en función de una carrera por la estabilidad
en un mundo en crisis permanente. (…) Ya no se trata de la máquina que
produce mercancías gastando una cantidad de energía térmica en la
transformación de una materia, sino una máquina que produce flujos de
renta, autogobernando su propio capital compuesto por fragmentos de
memoria, de percepción, afectivos, lingüísticos, corporales, etc. que
son recompuestos en la megamáquina de la servidumbre contemporánea.”
(Sacchi 2016, 162-163)
Con ello, el trabajador pierde su referencia al sindicato o al
partido de los trabajadores, para devenir emprendedor, funcionario y
ciudadano, articulado como individuo a la nueva solución del
emprendimiento. El problema se profundiza cuando el sindicato y el
partido de los trabajadores sigue respondiendo con las antiguas armas de
lucha ante el vetero-neoliberalismo, cuando éste ha mutado para
penetrar en los cuerpos de sus propios actores.
LA VERSIÓN LOCAL
El neoliberalismo adopta diversas formas en los diferentes países, en
la construcción de una hegemonía que debe tomar en cuenta también
algunas demandas de los de abajo, para obtener el consenso activo de la
población.
En nuestro país, la puerta de entrada fue la crisis de la deuda en
1982, que dio paso a la firma de sucesivas Cartas de Intención de los
gobiernos con el FMI. Todavía en este período la fuerza de los
trabajadores detuvo las formas extremas del Consenso de Washington,
sobre todo en los intentos privatizadores de las áreas estratégicas. El
discurso de la defensa de la soberanía y de los derechos de los
trabajadores congregó la movilización social. Se instauró una especie de
neoliberalismo oligárquico, encabezado por Febres Cordero y el Partido
Socialcristiano, que buscaba articular las disposiciones
fondomonetaristas con los intereses de los grupos económicos locales,
sobre todo los agroexportadores y la banca vinculada, y con la anuencia a
algunas demandas sociales impuestas desde la lucha.
En los 90 se produce el enfrentamiento entre la versión oligárquica
del socialcristianismo y la versión globalista del neoliberalismo,
encabezada por Sixto-Dahik, que busca una salida en la alianza DP-PSC,
bajo la presidencia de Mahuad. El tanque de pensamiento del sistema se
desplazó del FMI al Banco Mundial, que superpuso a las medidas
económicas, un plan de reformas del Estado y una política social
asistencialista.
La resistencia partió de la alianza entre los pueblos indígenas,
organizados en la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del
Ecuador), y la fuerza del sindicalismo público y los movimientos
sociales urbanos, organizados en la CMS (Coordinadora de Movimientos
Sociales). La resistencia al neoliberalismo articuló dos relatos: uno
que venía desde los movimientos sociales urbanos, centrado en la defensa
de la soberanía, de los recursos estratégicos, los derechos de los
trabajadores y las libertades democráticas; y un nuevo discurso,
proveniente de una visión civilizatoria alternativa de los pueblos
originarios en torno al Estado plurinacional y la defensa de la vida, en
armonía con la Pacha-mama. El fracaso del neoliberalismo globalista en
la confluencia de la crisis bancaria y la crisis política, abrió las
condiciones para el paso desde la resistencia al neoliberalismo y el
derrocamiento de los gobiernos sumisos, a la exigencia “que se vayan
todos” y la construcción de un imaginario constituyente.
Pero allí se producen dos modificaciones claves. El intento de un
poder autónomo con la Insurrección del 21 de enero del 2000 es
derrotado; lo que significa el cierre de una etapa larga de lucha
popular centrada en el objetivo del poder de Estado. Se divide el
movimiento social, con lo que se crea un vacío de poder abajo. Al mismo
tiempo, arriba se agotan las salidas antiguas, entra en crisis el
sistema de representación de los partidos y el funcionamiento de la
democracia, con lo que se crea una crisis política arriba: la pugna
entre globalistas y oligárquicos no puede ser resuelta desde adentro,
también las Fuerzas Armadas pierden su papel dirimente. Este doble vacío
permite el acceso de un gobierno bonapartista-populista-autoritario,
liderado por Rafael Correa, que puede cumplir la modernización
globalizadora en un período de abundancia económica, y desmontar la
fuerza social organizada.
La metamorfosis ciudadana y meritocrática de los trabajadores crea
las condiciones para el paso a un modelo que actúa a partir de la
atomización individualista y de la competencia como norma de regulación
de roles; el paso a un neoliberalismo cibernético (o cuántico, para
utilizar la caricatura morenista). Este paso se operó mediante diversas
estrategias de destrucción de los lazos de relación colectiva:
estrategias políticas, como la división, cooptación, paralelaje y
criminalización de los movimientos y organizaciones sociales;
estrategias culturales, como el emprendedurismo, la blanquitud y la
segregación étnica, sexual, por edad.
La Revolución Ciudadana logró el objetivo sistémico-estratégico, la
modernización para conseguir las condiciones ya no sólo el libre
mercado, sino el libre capital global, con un alto costo y una herencia
pesada para el país. Aunque fracasó en el intento táctico de constituir
un nuevo bloque económico-político sobre la base del poder de la
tecnocracia, pues el campo dominante está copado arriba, no sólo por los
grupos económicos y de poder locales, sino, sobre todo por el poder de
las transnacionales: la economía ecuatoriana tiene un alto nivel
transnacionalización y monopolización, con un índice de Gini, en las
veinte ramas principales, que se ubica en torno al 0,97; y tiene un alto
nivel de vulnerabilidad a la penetración del capital especulativo e
incluso criminal global. Los problemas de la corrupción son un signo de
este fracaso, pues ésta se quedó a medio camino, la acumulación por
desposesión, como bróker de los grandes capitales globales, sin poder
pasar a la fase de legitimación y legalización, logradas por otros
grupos dominantes en su respectivo tiempo.
El Ecuador se sintonizó con el paso “de un régimen en el que el
trabajador era un individuo, un cuerpo que prestaba su tiempo al capital
para que este pudiera extraerle todo el valor posible y una persona
jurídica portadora de derechos políticos y sindicales, a uno donde ya no
hay más que un mosaico infinito de fragmentos moleculares que funcionan
no operando sobre una cadena de montaje, sino conectados a una
megamáquina recombinante.” (Berardi 2007) El docente, el médico del
sector público o del sector privado, el funcionario, el ciudadano,
funciona conectado a la Matrix virtual, bajo el control de las
evaluaciones, los formularios, las video-cámaras del ECU 911, las
vigilancias de los organismos de “inteligencia. El paso al
funcionamiento del sistema sin sujeto, de la política sin disensiones en
una relación amigo-enemigo, de las relaciones personales vaciadas del
eros. Un mundo de seducciones sometido al espectáculo y al consumo, el
paso a la subsunción de la vida al capital.
CONTINUIDADES Y DESCONTINUIDADES
Hay un juego propagandístico que oculta este proceso, la supuesta
oposición entre un neoliberalismo, entendido en su versión inicial como
mercado libre y reducción del Estado, frente a variantes de
keynesianismo, centrado en la intervención del Estado. De modo que Lenin
Moreno sería el “traidor” a un modelo revolucionario que debe retornar.
Las bases estructurales del modelo se construyeron en los diez años de
mandato correista, bajo un discurso expropiado a la “izquierda”. Con
ello, la transustanciación queda disuelta en la variación de formas y en
el sonido (significantes) de las consignas. Tomemos un ejemplo: la
demanda social del Banco del Afiliado del IESS, que implicaba el paso
del poder de decisión sobre los ahorros sociales y la mejora de
servicios para los afiliados, se transformó en la constitución del BIESS
como banco de segundo piso, subsidiario de las operaciones privadas,
mientras un alto porcentaje del ahorro de los afiliados iba a solventar
los déficits fiscales. Un proceso similar se opera sobre la demanda de
una Ley de Empresas Públicas. El caso emblemático es el ardid entre el
Plan A y el Plan B del ITT-Yasuní, que jugó con la propaganda ecologista
a nivel mundial y local, mientras el régimen continuaba con la
exploración de los hidrocarburos, hasta llegar al momento del viraje
público en agosto de 2013, en coherencia con el patrón extractivista de
acumulación que jamás fue cuestionado.
Hay varias líneas de continuidad entre el correismo y el morenismo,
sobre todo en los pilares estructurales del patrón extractivista, y en
la dependencia-ligazón con los polos del capital transnacional, aunque
con variaciones de orden de prelación, con el eje Este-Oeste, liderado
por China-Rusia, en el período de Correa; y con el retorno de las
relaciones con el Eje Norte-Sur, liderado por Estados Unidos, en el
período presente.
En las discontinuidades no sólo hay un cambio de forma, sino el
desplazamiento a una variante más agresiva de neoliberalismo en el
régimen actual: los compromisos explícitos con el FMI, el retorno de la
subordinación militar, la reentrada de transnacionales norteamericanas,
implican un viraje geoeconómico y geopolítico.
De modo que nuestro país se encuentra atenazado entre dos proyectos
fracasados: el modelo “progresista”, asentado en un Estado subsidiario,
que desembocó en una crisis de iliquidez fiscal y de crecimiento de la
deuda; y el plan de austeridad de inspiración fondomonetarista, que ha
mostrado históricamente su ineficacia para solucionar las crisis de los
países periféricos.
El Presidente Lenin Moreno anunció un paquete de medidas centradas en
tres líneas: eliminación del subsidio y liberación de los precios de la
gasolina extra y el diésel, de acuerdo al mercado internacional, para
aliviar la iliquidez fiscal y sostener la dolarización; precarización
laboral, con nuevas formas de flexibilización del contrato de trabajo,
despido masivo (el gobierno reconoce que se han despedido 27 mil
trabajadores en este año y anuncia el despido de 10 mil más hasta fin de
año) y reducción del 20% de los ingresos de los trabajadores públicos
por contrato, para mejorar la competitividad productiva e incentivar la
inversión empresarial; y algunas medidas de compensación, sobre todo
para sectores empresariales y comerciales.
La clave estructural está en la contrarreforma laboral que fortalece
la acumulación de capital mediante el refuerzo de la sobreexplotación de
la fuerza de trabajo y de la ganancia rentista extraordinaria. No se
trata de la creación de nuevas fuentes de trabajo, dentro de la lógica
de un patrón productivo, sino de la segmentación de un puesto formal en
dos o más puestos precarios; y de la utilización de la necesidad de
formas diferenciadas de contratación colectiva en casos especiales, como
la producción artesanal o el pequeño emprendimiento, o de áreas de
nuevas tecnologías, para convertirlas en una ley general que favorecerá
la violación del derecho a la estabilidad laboral.
Aunque el secreto decisivo está en las medidas que no se anuncian,
sino que están en ejecución políticas de facto, la privatización de
empresas públicas, la invasión de tierras y territorios comunales, la
escalada del endeudamiento externo. Y el problema está en las secuelas
derivadas: el alza del precio de los combustibles acarrea el alza de
pasajes, la subida de la inflación (el incremento puede llegar al 2%
anual) y el encarecimiento de la canasta básica (el incremento puede
llegar al 5%); el despido de trabajadores implica la agudización de la
pobreza.
El gobierno busca
la aprobación del capital internacional y de los organismos económicos
multilaterales mediante la articulación funcional al nuevo patrón de la
acumulación neo-imperialista por desposesión de bienes públicos, bienes
comunales y bienes comunes de la naturaleza y la humanidad.
El discurso del régimen se ha movido en torno a tres relatos
convergentes: el llamado a la austeridad, al sacrificio y a la
comprensión de la población, para salir de una crisis que fue heredada
del anterior régimen; el fantasma de la crisis venezolana; y la
“valentía” del régimen para tomar medidas de reformas estructurales
necesarias.
El camino está trazado. El paquetazo actual implica el paso del
gradualismo a la estrategia de shock, del discurso vacío del diálogo a
la política represiva abierta. Ante la movilización social, la respuesta
ha sido la declaratoria del Estado de excepción y la represión contra
las organizaciones sociales. El proyecto consta en la Carta firmada con
el FMI, bajo el argumento de obtener créditos de los organismos
multilaterales y recuperar la confianza del capital internacional; está
en las “recomendaciones” de las Comisiones evaluadoras. De modo que el
discurso “ahora no se ha subido el IVA”, o el hecho de que no se afecta
todavía al marco de la seguridad social, es apenas un escalón de cálculo
político. El régimen ha tratado de mostrar una imagen fuerte y de
encubrir las divisiones internas, pero es la confesión de su debilidad y
la delegación del proyecto al funcionamiento del capital global y a la
calificación del FMI.
Enfrentamos un modelo bajo tutela del capital internacional; no se
trata de una lucha corta, sino de una lucha popular prolongada, que
requiere nuevos imaginarios, estrategias y formas de organización. El
paso inicial es reconstituir la autonomía de la movilización y de la
propuesta de los movimientos sociales ante los diversos intentos de
instrumentalización desde intereses extraños a la vida de la sociedad.
RESISTENCIAS Y ALINEAMIENTOS
La respuesta social ha sido el enfrentamiento a las medidas desde los
intereses sectoriales, sin la posibilidad todavía de la constitución de
una fuerza confluyente que enfrente al modelo en su conjunto y presente
una alternativa estratégica.
Los transportistas, bajo una conducción empresarial, se han
movilizado contra el alza de combustibles, para negociar con el
gobierno, el alza de pasajes y tarifas. Por ello, planteado su objetivo,
suspendieron el paro del transporte. Esta decisión puede ser más bien
favorable a un cauce autónomo de la movilización popular.
Los sindicatos han repetido el discurso de la defensa de las
conquistas laborales y han denunciado el sometimiento al Fondo Monetario
Internacional, pero no han logrado representar los intereses de los
subempleados y desempleados. Los pueblos indígenas rechazan sobre todo
los efectos del alza de combustibles, con referencias formales al tema
laboral. Hay todavía debilidades para una conducción política autónoma e
integradora.
La disputa está en la orientación hacia dónde va la protesta. El
vacío trata de ser capitalizado por intereses políticos externos a la
dinámica social, orientados a la próxima contienda electoral.
De un lado, están las fuerzas que aprueban las medidas y respaldan al
gobierno, especialmente el Partido CREO de Lasso, los banqueros y las
cámaras empresariales, que representan el neoliberalismo globalizador.
El Partido Socialcristiano tiene un juego doble, concentra su crítica al
alza de combustibles, para buscar una distancia respecto al desgaste
que puede afectar al régimen, mientras silencia y aprueba implícitamente
las contra-reformas laborales.
Una de las fuerzas más activas en la movilización es el correismo,
que tiene una estrategia de derrocamiento del gobierno y de adelanto de
las elecciones, para ganar tiempo ante el riesgo de las condenas
judiciales a Correa, que le impedirían intervenir como posible candidato
vicepresidencial, en la reproducción esperanzada de la estrategia del
retorno kirchnerista en Argentina. El relato del traidor y del ausente
buscan agigantar el fantasma del expresidente.
Las visiones dominantes tratan a la sociedad como su sierva, el
instrumento para sus objetivos. En su forma extrema, el patrón
financiero-rentista se articula a prácticas del capital criminal y de
mafiación de la política. En medio de las protestas, sobre todo en
Guayaquil, resurgieron operativos semiespontáneos de vandalismo y
saqueo; el cauce lumpenesco de la presencia de la masa, una violencia
desarticuladora de los vínculos sociales. Ya no se trata de la seducción
del emprendedor, sino de la prepotencia del capo y sus lugartenientes;
no como un hecho extraño, sino como la proyección de la presencia de una
lumpenburguesía articulada a la penetración creciente de carteles del
capital criminal global. La biopolítica se complementa con la
thanatopolítica.
LA OTRA HISTORIA
Surgen voces autónomas, como el movimiento de mujeres que busca ligar
la lucha contra las medidas neoliberales a otros temas que siguen
pendientes, como la descriminalización del aborto en caso de violación
(en estos días se cumple el plazo para el veto presidencial)
El cauce del retorno a la comunidad y la defensa de la vida en
armonía con la Pacha-mama pueden contribuir a una visión que vaya más
allá de la respuesta coyuntural y sectorial. El regreso de los pueblos
indígenas desde la movilización en territorio presenta algunos elementos
de la construcción de un poder paralelo. La declaración del “Estado de
excepción” en territorios indígenas es un símbolo de una soberanía
diferenciada, fundamento del Estado plurinacional. Todavía hay
posiciones parciales y locales, pero puede empezar a reconstruirse la
autonomía de los movimientos sociales, con una propuesta propia.
Esa es la cuestión. Ante todo, al enfrentar un proyecto integral, hay
que ver los diversos elementos: el paquetazo actual forma parte de una
totalidad, el Plan de austeridad, que incluye las privatizaciones, el
endeudamiento externo, el alineamiento con la Alianza del Pacífico, la
entrega del Aeropuerto de San Cristóbal a la vigilancia norteamericana,
las posteriores medidas de ajustes, empezando por alza de pasajes,
elevación del IVA, afectación al IESS. Por tanto, se requiere una
propuesta contrahegemónica, que puede partir del Acuerdo en torno a un
patrón de acumulación productivo, la construcción del Estado
plurinacional y una política soberana internacional. Y se requiere una
estrategia que una el momento actual con un plan de lucha popular
prolongada, un nuevo proceso de acumulación de fuerzas para cambiar la
correlación actual. Puede irse creando condiciones para un estado de
conciencia que exija QUE SE VAYAN TODOS.
Las tácticas insurreccionales de movilización, que pueden llegar a
una huelga y levantamiento nacionales, debieran articularse a una
estrategia de poder autónomo, para no terminar siendo absorbidos por
intereses extraños, de la derecha socialcristiana, o del arribismo
correista, o de intereses sectoriales de los transportistas, o de los
recambios de presidente. ¿Cómo asegurar una diferenciación en las luchas
con los objetivos de sectores extraños, que hoy quieren nuevamente
enancarse en el descontento de nuestros pueblos?
El cimiento es la acción desde la sociedad, desde los anhelos y
sueños de los de abajo, desde la confianza en nuestras propias fuerzas.
Nos angustiamos porque no vemos un horizonte definido, pero tenemos
semillas, cimientos desde los cuales partir: la comunidad es la fuente
no sólo en el campo, sino también en la ciudad, la acción desde los
territorios, las experiencias de fisuras postcapitalistas y
postpatriarcalistas a nivel local y mundial. Podemos juntar nuestras
luchas. Es posible iniciar un proceso de reconcentración ideológica y
programática en caliente, en medio de la movilización.
Tal vez vuelve a ser posible regresar al sentido original del
Pachakutik, el tiempo en espiral, el caracol, la caracola, traer el
pasado al presente para caminar juntos al futuro:
“…lo que cuenta es
la diferencia del presente y lo actual. Lo nuevo, lo interesante es lo
actual. Lo actual no es lo que somos, sino más bien lo que devenimos, lo
que estamos deviniendo, es decir el Otro, nuestro devenir-otro. El
presente, por el contrario, es lo que somos y, por ello mismo, lo que
estamos ya dejando de ser.” (Deleuze 1993, 113-114)
Tal vez tenemos nuevamente la oportunidad de caminar en el sentido de
la comunidad, y el grito del Estado plurinacional pase a ser una
experiencia compartida, como lo fue en el Levantamiento del 90, desde
los territorios hacia la toma de Quito; como fue, por un momento, la
experiencia de los Parlamentos de los Pueblos en la insurrección del 21
de enero del 2000, la “efímera Comuna de Quito”, como dijo Alejandro
Moreano. La movilización social parte nuevamente de los territorios, se
levantan los Guarangas, Puruhaes, Cayambis, Panzaleos, Otavalos,
Saraguros, Salasacas, Quichuas de la Sierra y la Amazonía, Shuaras,
Cañaris, Caranquis, Coltas; y junto a ellos nuevos movimientos, sobre
todo las organizaciones y colectivos de mujeres, los estudiantes, los
restos de los sindicatos. Nuevamente se siente el poder comunitario que
declara el Estado de excepción; los indios señalan la posibilidad de una
salida alternativa a la crisis del capital. Tal vez sea por un momento,
hasta crear las condiciones de la permanencia; un momento para que las
semillas puedan empezar a crecer.
Tal vez podamos volver a escuchar la palabra de los pueblos originarios:
“Estamos
convencidos que a través de nuestra propuesta de vida y nuestras luchas
por la autodeterminación y gobierno de nuestro territorio, nos
hermanamos, compartimos y contribuimos a ser parte de todas las
manifestaciones y luchas por la vida en toda la Amazonía, en todo el
Ecuador, en toda Latinoamérica y en todo el planeta. Si nuestra lucha
por la vida es parte de la lucha del mundo por su sobrevivencia,
igualmente, la lucha del mundo nos pertenece.” (Sarayaku 2003) Y escuchamos las voces de
“las
mujeres que resistimos – en las calles, en nuestros territorios, desde
nuestros territorios, desde nuestros espacios y comunidades – nosotras
las compañeras feministas nuestroamericanas, las que ponemos el cuerpo y
sostenemos la vida, “¡Nosotras seguiremos juntas hasta que la dignidad
se haga costumbre!” (Mujeres 2019)
Ahora la lucha continúa, el llamado es al paro y al levantamiento general.
Referencias
Berardi, F.
Generación Post-Alfa: patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Buenos Aires: Tinta Limón, 2007.
Castro-Gómez, S.
Historia de la gubernamentalidad. Razón de Estado, liberalismo y neoliberalismo en M. Foucault. Bogotá: Siglo del Hombre, 2010.
Deleuze, Gilles.
¿Qué es la filosofía? España: Anagrama, 1993.
Deleuze, Gilles. «Posdata sobre las sociedades de control.» En
El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo, de Ch. (compilador) Ferrer. Buenos Aires: Altamira, 1999.
Deleuze, Gilles, y Félix Guatarri.
Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia . Valencia: Pre-textos, 2002.
Foucault, Michel.
Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collége de France (1978 – 1979) . Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007.
Mujeres. «Comunicado.» Octubre 2019.
Sacchi, Emiliano. «Neoliberalismo y servidumbre maquínica. Gubernamentalidad cibernética.»
Soft Power IV, nº 2 (Julio – Diciembre 2016): 145-163.
Sarayaku.
El libro de la vida de Sarayaku para defender nuestro futuro. 2003.