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23 de octubre de 2019

Sobre la violencia.

Por: Hibai Arbide / El Crític.
Traducción: VientoSur.

Inventar-te lleis pa que te quadren és VIOLÈNCIA
--Orxata Soud System.

Foto: Xavi Herrero.

Este artículo no es un alegato a favor de la violencia. Repito, por si no queda claro: no pretendo animar a nadie a que utilice medios violentos para lograr sus reivindicaciones políticas. Solamente es una arenga a favor del rigor y en contra del alarmismo.

Si no tienes ganas de leerlo entero te lo resumo en una frase (larga): el estallido de rabia que estos días vive Catalunya no es único, ni imprevisible, ni especialmente intenso si lo comparamos con movilizaciones recientes en países de nuestro entorno y la sobreactuación de políticos, tertulianos y policías sólo es fruto de intereses obscenos.

Me veo tentado a repetir en cada párrafo que este texto no tiene por objetivo justificar nada. Sólo mostrar lo que pasa en otros países europeos para relativizar unos hechos que los medios españoles presentan sin contexto, sin mesura y sin rigor.

La violencia es mala. La violencia es un fracaso colectivo. Pero no es excepcional en la historia de los movimientos políticos. De casi todos los movimientos, en un momento u otro. Es absurdo gesticular como si nunca antes hubiera habido barricadas ardiendo, en Barcelona y en todas las ciudades europeas.

La violencia es, también, un gran tabú. Los debates públicos sobre la misma son hipócritas por varias razones. No hay debate posible si no se puede defender abiertamente el uso de la violencia como herramienta política sin miedo a las consecuencias penales. Además, en la práctica resulta imposible definir qué es violencia.

La legitimidad de la acción de un movimiento social varía en función de muchos factores: el consenso interno que genera, el enemigo contra el que lucha, la percepción de si es útil o contraproducente, la represión que provoca, lo que dice la ley, etc. Hay múltiples variables que determinan si el repertorio de acción empleado se percibe como “violencia” o como legítimo.

No hay una regla universal que defina qué es violencia en una movilización. Violencia es siempre lo de los otros. Hace dos días, los pensionistas en Madrid rompieron a empujones un cordón policial, pero nadie lo considera violencia porque el grado de fuerza utilizado se percibe como proporcional frente a la gran legitimidad de luchar por el futuro de las jubilaciones. En Hong Kong hace meses que el movimiento lanza cócteles molotov, bloquea aeropuertos, da patadas voladoras a los antidisturbios y utiliza catapultas en las barricadas, pero sigue siendo multitudinario y ampliamente percibido como democrático por la mayoría de los medios europeos. Sólo los muy fachas consideran hoy que parar un desahucio es violencia, aunque en ocasiones los activistas emplean empujones contra los policías. Los mineros de Asturies lanzan cohetes a la Guardia Civil. En 2009 trabajadores de la fábrica de tractores Caterpillar, en Francia, mantuvieron como rehenes a cuatro de sus jefes en protesta por el recorte de empleos y, a pesar de eso, los diarios publicaron que “no se ha informado de hechos de violencia”. Los ejemplos son infinitos.

Un breve repaso alrededor

En Grecia, donde vivo, la percepción de lo que es violencia o “fuerza legítima” es muy diferente a la que se tiene en el Estado Español. Aquí nadie se escandaliza porque las manifestaciones se auto-protejan con varias líneas de activistas pertrechados con cascos y bastones. Lo hacen desde los anarquistas hasta el Partido Comunista, pasando por los sindicatos o el movimiento estudiantil. No se percibe como un gesto violento. A menudo, sindicalistas se enfrentan cuerpo a cuerpo a policías. El uso de ‘molotovs’ es tan habitual que cuando “sólo son unos pocos ‘molotov’ como cualquier sábado” ni siquiera es noticia. En 2013, monjes ortodoxos del Monte Athos respondieron lanzando ‘molotovs’ al intento de desalojo de su monasterio en un conflicto eclesiástico interno. En 2008, tras el asesinato de un adolescente a manos de un policía, se quemaron todos los bancos de Atenas y hubo disturbios ininterrumpidos durante un mes. Vuelvo a repetir: ¿estoy diciendo que porque en Grecia se tiren ‘molotovs’ está bien lanzarlos? No; lo que digo es que en cada lugar y cada momento varía lo que se percibe como violencia o autodefensa.

En una entrevista al colectivo anarquista Rouvikonas de la que ya hablé en CRÍTIC anteriormente, les pregunté si aceptan la acusación de ser violentos que les lanza la prensa conservadora. No eludieron la pregunta y creo que plantearon una respuesta llena de matices y aspectos interesantes:

“Antes que nada, quiero decir que la violencia es algo malo. Nadie que está en su sano juicio quiere resolver sus conflictos con violencia. Por otro lado, la violencia es parte de la política desde que existe la violencia. Es parte de la sociedad, es una arma de doble filo. Lo diré de otra forma, por un lado está la violencia del poder, la violencia del Estado y el capital, y la más directa represión del ejército, así como la indirecta que se ejerce a través de la explotación, y por el otro lado está la violencia de los oprimidos, la lucha de clases y la violencia desde la base. Hasta dónde llega cada una de estas violencias en cada uno de los lados tiene que ver con la relación de fuerzas, dentro del poder y en contra del poder. En lo que respecta a Grecia y al grupo Rouvikonas, hemos elegido el nivel de violencia, hasta qué punto llegamos, en base a diferentes razones. Una razón es nuestra seguridad, otra es cuánto somos capaces y un tercera variante es cuánto puede asumir la gente de nuestra base social. Nosotros somos un movimiento con base social, y así actuamos. Usamos un cierto nivel de violencia y no pasamos de ahí. Y esto es una decisión política a largo plazo, siempre coherente con las circunstancias. Las acciones de Rouvikonas, en estas circunstancias, van desde lo simbólico, cuando tiramos octavillas irrumpiendo en un edificio público, hasta romper algunos cristales con un determinado objetivo. Hasta aquí hemos llegado por el momento. Así que sí, aceptamos la violencia como instrumento político y creemos que todos los espacios políticos aceptan violencia, institucional o no, como instrumento político y actúan como si no lo hicieran. Nosotros decidimos qué nivel de violencia usamos”.
Los Chalecos Amarillos llevan más de 50 fines de semana movilizados en Francia. Hemos visto imágenes de ‘molotovs’, pirotecnia y adoquines lanzados a la policía, que en muchas ocasiones se ha visto obligada a retroceder ante la dureza de los manifestantes. Es un movimiento multitudinario y complejo. Sus portavoces nacionales tienen cuatro temas sobre los que tienen prohibido pronunciarse; uno de ellos es la violencia. Han acordado no contestar preguntas sobre ella porque en el movimiento no hay consenso y no quieren hacer ni apología ni condena.

En 2018, las movilizaciones en Hamburgo (Alemania) contra el G8 fueron muchísimo más duras que las manifestaciones de estos días en Barcelona. No se acabó el mundo.La idílica Dinamarca vivió varias noches seguidas de disturbios en 2007 tras el desalojo de Ungdomshuset. Entre el 6 y el 10 de agosto de 2011, en Londres se quemaron mucho más que papeleras; decenas de edificios ardieron tras el asesinato policial de Mark Duggan. Los daños materiales se cifraron en 240 millones de euros y hubo 3.100 detenidos. Durante las últimas dos décadas ha habido tantos disturbios en Italia que no he sabido cuál seleccionar para poner de ejemplo. En Val di Susa se resiste al TAV desde los años 90 con toda clase de métodos. A pesar de los intentos de criminalización, que incluyen encarcelamientos con cargos de terrorismo, el apoyo popular sigue siendo multitudinario. ¿Hacen falta más ejemplos?

¿Violencia organizada?

¿De verdad alguien se cree que cada noche “grupos perfectamente organizados y entrenados” se dan cita para arrasar Barcelona como soldaditos enviados por Torra? Ese tipo de mensajes produce una distancia insalvable entre quien se arroga la exclusividad de dictar qué es legítimo y quien enciende papeleras. El tertuliano está tan aislado como “los violentos” (sic); a los chavales que se hacen selfies en las barricadas se la suda lo que digan en la tele. Su rabia no tiene por objetivo convencer a quien nunca les preguntó ni les quiso escuchar.

Un movimiento no gana, ni pierde, “por ser violento”. Gana y pierde en función del consenso que consigue suscitar y la violencia es sólo uno de los muchos factores que operan al respecto. Provoca sonrojo escuchar la repetición machacona de que lo de Barcelona está perfectamente planificado. Cualquiera que haya presenciado disturbios organizados de verdad percibe las diferencias a simple vista. Me gustaría que el mosso Toni Castejón pasara una noche de disturbios en Estambul, París o Atenas para que pudiera comparar. Tal vez se le quitaría la tendencia a la hipérbole que demuestra cada vez que va a la tele.

Piensa en un chaval de 20 años que lleva media vida escuchando que no hay que usar la violencia “porque es lo que ellos quieren”, que aguantó estoicamente el 1 de octubre y que ve que pacifistas recalcitrantes como Jordi Cuixart son condenados a 9 años de prisión por convocar movilizaciones pacíficas. Explícale que por desórdenes públicos la pena máxima son 3 años. Piensa en este chaval cuando el gobierno autonómico de Torra envía a los Mossos para hostiarle porque sólo está preocupado de mantener el cargo y controlar un movimiento que se ha independizado del ‘processisme’.

31 de julio de 2018

Informe sexenal del Observatorio Laboral del Trabajo Sexual en México durante el mandato de Enrique Peña Nieto.


Por: Jaime Montejo / Agencia de Noticias Independiente Noti-Calle.


La violencia del narcotráfico y de las fuerzas del orden contra las trabajadoras sexuales ha mantenido el mismo nivel que en el sexenio de Felipe Calderón, catalogado por trabajadoras sexuales consultadas como los mandatos donde se ha incitado al odio hacia ellas, con el pretexto al combate del crimen organizado o a la trata de personas.

Las disposiciones sobre la perdida de la patria potestad, se mantienen vigentes, pese al Amparo en revisión 2159/2012, donde los ministros de una sala de la SCJN señalaron que “causales como la consistente en que la madre se dedique a la prostitución, no debe entenderse como una situación que, per se, justifique que la madre no detente la guarda y custodia de sus menores hijos, sino que su actualización debe verificarse solamente cuando implique una puesta en peligro o imposibilidad de cumplir con los deberes inherentes de la guarda y custodia. Es más, la inclusión de supuestos de este tipo por parte del legislador se encuentran muy cerca de un escenario de discriminación, ya que implican inevitablemente la idea de la mujer como un ser inferior, como ser cosificado para el deseo del hombre, y que resulta incapaz de ser una “buena” madre.”

Las prohibiciones del table dance, visto equivocadamente por legisladores y legisladoras, como un baile “a la sombra de la trata de personas”, avanzó en Tamaulipas, Guanajuato, Chiapas, Estado de México y Coahuila, de manera legal y de facto en la Ciudad de México, donde las clausuras y operativos anti-trata, prácticamente acabaron con ese tipo de espectáculo.

Violencia del narcotráfico y fuerzas del orden

El avance de la violencia provocada por grupos de sicarios del crimen organizado y su colusión con fuerzas de seguridad del Estado mexicano, así como la militarización de vastas regiones de la república por parte del ejército, la marina y la Policía Federal; ha traído consigo el desplazamiento de trabajadoras sexuales en al menos 23 estados de la república como Aguascalientes, Durango, Guanajuato, Guerrero, México, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz y estado de México, entre otros (Baja California, Chihuahua, Coahuila, Colima, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Sonora, San Luis Potosí, Zacatecas).

No tenemos informes sobre Baja California Sur, Campeche, Querétaro, Tabasco y Yucatán.

Con respecto a la Ciudad de México, la extorsión de que son objeto trabajadoras sexuales del turno nocturno ha disminuido notablemente su presencia en la calle. Lo que no pudieron hacer los operativos anti-trata, lograron hacerlo los nuevos sicarios protegidos por las autoridades capitalinas, señalaron elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, que prefieren guardar el anonimato por temor a su integridad.

Tlaxcala y Puebla, se debaten entre el control de los padrotes de toda la vida y los nuevos dueños del negocio.

Vimos como entidades federales donde se prohibió el baile erótico como el estado de México, Coahuila y Tamaulipas, la violencia del narcotráfico y las autoridades encargadas de su combate, se han ensañado en las trabajadoras sexuales y la trata de personas, campean con toda impunidad.

Patria potestad de trabajadoras sexuales

Los códigos civiles de Baja California, Nuevo León y Puebla, contemplan como causal de perdida de patria potestad, que una mujer se dedique o ejerza la prostitución (En el caso de Puebla, que lo haga de forma pública).

En 24 entidades federales y en el Código Civil Federal, una de las causales de pérdida de patria potestad, es la tener costumbres perversas.

En la Ciudad de México, es una causal, que no se tenga un modo honesto de vida o desamparo (para poblaciones callejeras). En Guerrero, es causal tener una conducta irresponsable. En Jalisco, las malas costumbres y no tener un modo de vivir decente. En Morelos, comprometer la moralidad de sus hijos.

Sólo en Sinaloa, San Luis Potosí y Quintana Roo, no existen dichas causales de pérdida de patria potestad.

Las causas de pérdida de patria potestad señaladas, son utilizadas contra las trabajadoras sexuales y contra el interés superior de sus hijos de tener a su madre a su lado.

También, en toda la república, el que una persona ejerza la prostitución, aunque el código civil no lo diga explícitamente, es causal de pérdida de patria potestad; porque a juicio de los jueces de lo familiar, atenta contra el desarrollo de la personalidad, compromete el adecuado desarrollo del menor o afecta el desarrollo psicosocial del menor.

El que una trabajadora sexual pierda la patria potestad de sus hijos por ganarse la vida con el ejercicio de la prostitución, ha sido utilizado por tratantes, padrotes, madrotas y otros proxenetas, para amenazarlas con quitarles a sus hijos y enviarlos al DIF (Sistema Integral para el Desarrollo de la Familia), sino les entregan las cuotas de extorsión exigidas.

En estos casos, el DIF en la práctica ha coadyuvado con la trata sexual. Esto es, la maternidad de las trabajadoras sexuales es utilizada, como un mecanismo de control en situaciones de trata sexual y el DIF es la institución gubernamental encargada de aplicar estos preceptos jurídicos.

Desde dos años antes de la expedición de la “Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos”, Brigada Callejera ha denunciado dicha situación y a ningún congreso local, o integrantes de la Cámara de Diputados o del Senado de la república, les ha interesado.

Tampoco ha habido eco entre otras organizaciones feministas.

La única institución que ha hecho eco de esto, es el Programa de VIH, Sida de la CNDH, en su cartilla de derechos humanos de personas trabajadoras sexuales y documentos relativos al tema.

Criminalización del condón

Policías ministeriales no han detenido la práctica de utilizar los condones como elementos de prueba para fincar el delito de trata de personas, lenocinio y delincuencia organizada en Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Jalisco y Estado de México, entre otros estados más, tanto por las procuradurías y fiscalías estatales, como por la misma PGR.

Todos los partidos políticos han hecho oídos sordos a la demanda de publicar en el Diario Oficial de la Federación un “Memorándum y Acuerdo para dejar de utilizar los condones como prueba de esos delitos”, propuesta ampliamente explicada en el libro “Pliego Petitorio” de la Red Mexicana de Trabajo Sexual.

El oficio que la directora del Censida, doctora Patricia Uribe Zúñiga envió a todas las procuradurías y fiscalías de la república, donde señaló que el condón no debería utilizarse para incriminar trata de personas, debe formar parte del archivo muerto de las autoridades ministeriales mexicanas.

Avance importante

Un avance importante en la lucha de las trabajadoras sexuales, fue la expedición de la cartilla de derechos humanos de las personas trabajadoras sexuales por parte del programa de VIH, Sida; así como el documento el VIH, el sida y los derechos humanos: el caso de las y los trabajadores sexuales producido por la CNDH.

Un avance legislativo importante es el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo no asalariado en el estado de Coahuila.

Un avance que quedó pendiente fue la propuesta de reforma de la ley general de trata de personas, elaborada por el Senado de la república en una minuta del año 2016, que el PRI e integrantes de la Casa sobre la Roca, enviaron a la congeladora legislativa.


Retomar dicha minuta del Senado, es menester en este momento para la nueva legislatura.

El control sanitario del VIH e ITS en el trabajo sexual

El control sanitario del VIH e ITS, es uno de los pilares sobre los cuáles se sostienen muchos abusos laborales como la explotación sexual y la trata de personas, así como prácticas policiacas y sanitarias de extorsión como las denunciadas por trabajadoras sexuales en la zona galáctica de Tuxtla Gutiérrez y Huixtla, Chiapas en el año 2017, donde han estado involucrados médicos encargados de la revisión periódica de las trabajadoras sexuales.

Las autoridades sanitarias de Aguascalientes, Baja California Sur, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa, Zacatecas, Guanajuato, cuentan con leyes estatales que permiten el control obligatorio del VIH contraviniendo las disposiciones de la Norma Oficial Mexicana NOM-010-SSA2-1993.

Así mismo, autoridades de varios municipios de Jalisco, Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca, Morelos y Quintana Roo, han impuesto el control sanitario recaudatorio con reglamentos municipales.

Finalmente, al menos veinte estados de la república; mantienes dichas práctica en leyes estatales de salud y reglamentos municipales, que sirven de soporte legal a padrotes, tratantes y personas dedicadas a la explotación sexual de trabajadoras sexuales.

Llamado a las nuevas autoridades

En general, el nuevo gobierno federal encabezado por AMLO y el gobierno de la CDMX por Claudia Sheinbaum Pardo, ambos militantes de MORENA, deberían tomar en consideración las Recomendaciones formuladas por el Informe México 2018 de la GAATW:
* Intensificar la prevención de la trata de personas, especialmente en lugares donde desaparecen muchas mujeres jóvenes e indígenas, y donde hay una alta tasa de feminicidios o donde laboran las trabajadoras sexuales.
* Utilizar los indicadores de trata de personas desarrollados por Brigada Callejera y la Red Mexicana de Trabajo Sexual para crear conciencia sobre la trata de personas en diferentes ciudades, complejos habitacionales, escuelas y empresas.
* Mejorar la protección de las posibles víctimas de la trata, como los hijos e hijas de trabajadoras y trabajadores sexuales, que son especialmente vulnerables al secuestro y abuso por parte de los cárteles de la droga.
* Incluir a las trabajadoras sexuales como un grupo especial que necesita protección en la alerta de violencia de género contra las mujeres.
* Derogar la disposición de los Códigos Civiles y de Familia, que permite a los tribunales despojar a las trabajadores sexuales de patria potestad de sus hijos e hijas menores de 12 años, ya que los utilizan diferentes actores (incluidos los miembros de las familias de las trabajadoras del sexo) para explotarlas y extorsionarles, amenazándolas con denunciarlas ante las autoridades del DIF, que es la institución encargada de implementar dichas disposiciones sobre el cuidado de los hijos.
* Rechazar las propuestas legislativas que pretenden criminalizar el uso de los servicios de las víctimas de la trata de personas (incluso sin saber que son víctimas), ya que esto en la práctica criminalizaría a los clientes de todas las trabajadoras sexuales.

Corolario:

No nos queda más que refrendar nuestro compromiso con defender las fuentes laborales de la vía pública de las trabajadoras sexuales cis y transgénero; defender las conquistas laborales obtenidas como el reconocimiento como trabajadoras no asalariadas; y luchar por mejores condiciones laborales.

Sólo la organización horizontal, la movilización comunitaria y los actos de resistencia civil y pacífica, van a garantizar el respeto de las trabajadoras sexuales y de las organizaciones que defienden sus derechos.

Liga con propuesta de gremios de trabajadores no asalariados para el candidato de Morena a alcalde de Cuauhtémoc, CDMX, hoy alcalde electo: http://brigadaac.mayfirst.org/Propuesta-de-gremios-de-trabajadores-no-as...

3 de enero de 2018

DEPENDE… (Participación de la Comisión Sexta del día 27 de diciembre de 2017 en el ConCiencias por la Humanidad).

  Buenos días, tardes, noches, madrugadas.

  Queremos agradecerles a quienes asisten, sea aquí en el CIDECI, sea a la distancia en geografía y calendario, a este segundo Encuentro de ConCiencias por la Humanidad, cuyo tema central, se supone, es “las ciencias frente al muro”.

  Celebramos que hayan decidido participar, sea como ponentes o como escuchas y videntes,

  Mi nombre es SupGaleano y ahora no voy a hablarles de ciencia, ni de arte, ni de política, ni les voy a contar un cuento.

  En cambio, quiero hablarles de un crimen y de sus posibles análisis o explicaciones.

  Y no un crimen cualquiera, sino un crimen que rompe los calendarios y redefine el tiempo; que amalgama al criminal y a la víctima con la escena del crimen.

  Un crimen, digo.  Pero… ¿Un crimen en curso?  ¿Uno ya perpetrado?  ¿Uno por cometerse?  ¿Y quién es la víctima?  ¿Quién el criminal?  ¿Cuál es la escena del crimen?

  Tal vez alguna, alguno, algunoa, esté de acuerdo conmigo que los crímenes son ya parte de la realidad que se padece en México, y en cualquier parte del mundo.

  Crímenes de género o feminicidios, de homofobia, racistas, laborales, ideológicos, religiosos, por la edad, por la apariencia, por negocios, por omisión, por el color, y así.

  En resumen: un territorio anegado en sangre.  Tanta, que las víctimas ya no tienen nombre, son sólo números, índices estadísticos, notas de interiores o de relleno en los medios de comunicación.
Incluso cuando la sangre es de quienes, como ell@s, trabajan de comunicadores,

  Miles de crímenes con minúsculas, que se alimentan de un crimen mayor,

  La aberración es tan grande, que los deudos de las víctimas tienen que luchar ya no por la vida de sus ausentes, sino porque no mueran dos veces: una de muerte mortal y la otra de muerte de memoria.

  Para no ir muy lejos, en México, ya se puede decir que alguien “murió de muerte natural” cuando es víctima de la violencia.

  Cada actividad, cada paso, cada instante de una vida otrora normal, ahora transcurre en la incertidumbre…

  ¿Llegaré con vida al trabajo, a la casa, a la escuela, al día siguiente?  ¿Encontrarán mi cuerpo?  ¿Estará completo?  ¿Dirán que yo lo provoqué y me harán responsable de mi ausencia?  ¿Tendrán mis cercanos que luchar por encontrarme, por recordarme?  Mi familia, mis amistades, la gente que me conoce, quien no me conoce, ¿dedicarán un pensamiento a mi muerte, un tuit, un comentario en voz baja, una lágrima?  ¿Y después?  ¿Seguirán adelante?  ¿Guardarán silencio?  ¿Cómo reaccionarán cuando no se diga que asesinaron una mujer, sino que una mujer murió?  ¿Cuál su valoración cuando la nota roja detalle mi ropa, la hora, el lugar?  ¿Alcanzará mi muerte al mínimo necesario para que los gobernantes decreten una alerta de género?  ¿Mi asesino, sí, en masculino, será castigado?  ¿Quién explicará qué del crimen que me atacó por ser mujer?  Sí, joven, niña, adulta, madura, anciana, bonita, fea, flaca, gorda, alta, baja, siempre mujer.

  ¿Por qué no me advirtieron que nacer y crecer mujer en este calendario, en cualquier geografía, reducía mi esperanza de vida y que cada maldito minuto iba a tener que luchar, ya no sólo para ser valorada y respetada por mis méritos, grandes o pequeños, para tener una retribución justa por mi trabajo, para tener oportunidades de estudio, de trabajo, de relación, para ser feliz o infeliz, según fuera arrastrándome o caminando o corriendo por los calendarios, para ir tirando pues, o como cada quien le diga a vivir; no, resulta que también tengo que luchar para que no me maten, no una, dos, tres, cien, miles de veces?

  Porque me mata el hombre que me mata, y me mata quien ignora mi muerte, la matiza, la maquilla, la enmascara, la ensucia con su maledicencia (“se vistió provocativamente”, “estaba tomando”, “estaba en un antro”, “andaba de noche”, “andaba sola”) ocultando que mi delito es vivir.  Así nomás, vivir.  Sin importar mi edad, mi credo, mi color, mi posición política, mis ideas, mis sueños y mis pesadillas.  Mi asesino no se decidió porque fuera yo a votar o abstenerme, porque votara rojo o verde o azul o café o amarillo o independiente o la verdad es que ni credencial de electora tengo.  Tampoco fue la edad su móvil: soy niña, joven, adulta, madura, anciana.  Me asesinó porque soy mujer.

  Así estamos, oiga.  Aceptamos que la explicación de un crimen de género, del asesinato de una mujer, del feminicidio, sea esa: es que era mujer, quién le manda, ella se lo buscó, y que siga la cacería.  Porque el silencio es complicidad, y la complicidad es la celebración del crimen.  Sólo un cambio de casilla: del crimen a la normalidad.  Brindemos porque es éste el sistema que culmina la historia, donde la humanidad alcanza su máximo desarrollo, donde el progreso y el bienestar pueden ser disfrutados por todo aquel que trabaje y se esfuerce.

  Eso es el sistema capitalista, oiga, el sistema en donde asesinar a una mujer es parte de la vida diaria, de la muerte cotidiana, del terror asumiendo su identidad de género.

  ¿O no?  ¿O todo depende de quién explique mi muerte?  ¿O ya no importa?  ¿Ya ni siquiera merece una explicación?  Mi muerte es como la lluvia que hace más lento el tráfico y que uno, una, unoa, padece con el fastidio de quien llegará tarde al siguiente asesinato como se llega tarde al siguiente semáforo?  ¡Chin! Otra vez rojo, otra muerta, otra asesinada, otro retraso.

  Decía el finado SupMarcos que, para ser tomados en cuenta, los indígenas tenían que morirse por miles.  Que si eran unos cuantos, normal.  Que si eran unas decenas, “es parte su naturaleza bárbara”, “síntoma de retraso cultural”, “el gobierno debe cumplir con la deuda histórica con las más desprotegidos”.  Que si eran cientos, “¡ah, las desgracias naturales, pobrecillos!”.  Si ya eran miles, entonces sí alguien preguntaba “¿qué está pasando?, ¿por qué?”

  Así que cabría preguntarse: ¿Cuántas mujeres asesinadas se necesitan para que nos preguntemos qué está pasando y por qué?  ¿Quién es el responsable del crimen?  ¿Quién es la víctima?  ¿Cuál es el móvil?

  ¿O vamos a esperar el siguiente escándalo en las redes sociales?  ¿En serio?  ¿Dónde antes había la limosna del lamento o una moneda, ahora un tuit, un hilo si me apuran?

  Hace poco tiempo, en esa fuente perene de sabiduría, tolerancia y preocupación por el bien común que es la red social “twiter”, un usuario reprendía a una usuaria que condenaba el asesinato de una mujer (otra más) como feminicidio.  El usuario en cuestión le decía, palabras más, palabras menos: “No es feminicidio porque ella no era feminista, era sólo una mujer”,  Y remataba así “ustedes las feminazis no respetan a las demás mujeres y quieren extender su odio a todas”.  Mi imagino que la réplica que recibió el usuario fue del tipo “no puedes acceder a esta cuenta, porque has sido bloqueado porque la usuaria es alérgica a la estupidez”.
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  Un crimen de género.  Podríamos intentar una explicación, una hipótesis.  Podríamos, por ejemplo, preguntarle al asesino por qué cometió ese crimen.

  Les adelanto que las justificaciones serán muchas pero siempre la misma.  La respuesta inconfesable del varón siempre será: “porque puedo hacerlo, ya vendrán otros, otras, a darme la razón, el móvil”.

  Y sí, aunque todo depende.

  Por ejemplo:

  Hace unos días, la agencia de noticias Apro, informó: “Al deplorar los feminicidios en el país, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez hizo referencia a un presunto experimento en Juárez, Chihuahua, donde un policía vestido de civil a bordo de un auto de lujo “conquistaba” a mujeres para llevarlas a la presidencia municipal, donde las reprendían por su comportamiento diciéndoles “con cualquiera se suben, por eso las matan”.

  En entrevista para Canal 44, tras asistir a una plática de la Coparmex, el también obispo emérito de Guadalajara dijo hoy que el alarmante incremento de los feminicidios en el país se atribuye a la “imprudencia de las mujeres”.

“De parte de la mujer puede haber cuando menos imprudencia. Con cualquiera que sale por ahí bien vestido, se comprometen, se enganchan”, soltó Sandoval Iñiguez para enseguida hacer referencia al supuesto experimento realizado en Ciudad Juárez.

  Como pueden apreciar, aquí ni siquiera se menciona a los asesinos.  La responsable de su asesinato es la mujer y su “natural” imprudencia.

  Oh, lo sé.  Ustedes se preguntan a qué viene toda esta perorata sobre los feminicidios, si aquí estamos para hablar de las ciencias y el muro.

  Bueno, en mi defensa alego que estoy describiendo una parte de ese muro.  Y lo primero que resalta en él, es un extendido grafiti, que abarca los 5 continentes, donde la sangre ocre de las mujeres víctimas de la violencia colorea la palabra “CULPABLE”.

  Claro, depende.  Hay quien ve los grandes avances científicos y tecnológicos, las urbes soberbias, las doradas luces reflejadas en los rascacielos.

  Y nosotros aquí de necios e irresponsables, escuchando que estamos frente a un crimen.  El más grande, profundo, extendido y terrible en la historia de la humanidad.  Un crimen hecho sistema.

  Pero yo aclaré, al inicio, que no iba a hablar de ciencia, ni de arte, ni de política, ni iba a contar un cuento.  Dije puntualmente que iba a hablar de un crimen.  Así que va en su cuenta de usted si sigue escuchando, leyendo o dándole click al ícono de recarga porque la transmisión en stream ya se cayó y la pantalla de la compu, la tableta, el celular, se congeló en esa palabra que bien puede resumir la explicación que el sistema da a los asesinatos de mujeres: “CULPABLE”.

  Y mientras la transmisión se reanuda, volteo a mirar hacia arriba para ver y escuchar si alguien está hablando de eso, de esos crímenes.  Pero nada. Tal vez falla mi conexión y en realidad sí se está hablando de eso y se están proponiendo planes, estrategias, tácticas para acabar con esa pesadilla.

  Y entonces, mientras la transmisión se reanuda, usted, nosotras, nosotros, escuchamos las palabras del poeta Juan Bañuelos.  Es apenas un eco el sonido de su voz, porque es de hace diez años, en ocasión del homenaje que recibió en el Encuentro de poetas del mundo latino, en el 2007.  En su voz no hay celebración por el premio.  Hay, en cambio, un ligero temblor de dolor, de indignación, de rabia.  Ahora se escucha:

  “Pero a lo que voy, concretamente, es a lo siguiente: el 22 de diciembre de 1997 se perpetró el asesinato de 45 indígenas en la comunidad de Acteal, que está en el municipio de San Pedro Chenalhó, en el estado de Chiapas. La más sangrienta de muchas agresiones que han sufrido: la saña con que mujeres, niños y hombres fueron asesinados por grupos paramilitares.  El gobierno quiso explicar que se trataba de “luchas intertribales”.  No es casual, también, que la mayoría de los muertos hayan sido mujeres ni que la violación sexual hecha por los grupos paramilitares fuera para sembrar el terror en las comunidades y para atacar los proyectos autonómicos.

  Desde la fundación del grupo indígena Las Abejas la respuesta fue la violación tumultuaria, en diciembre de 1992, contra las esposas de los fundadores, una de ellas con siete meses de embarazo.  La masacre de Acteal significa que matando a las mujeres se destruye un símbolo de la resistencia: el fin es “matar la semilla”, ése fue el grito de los paramilitares ese 22 de diciembre: que no se multipliquen más los indios. El asesinato en Acteal no es la hechura de una violencia loca ni de venganzas tribales o personales. El que no se haya investigado a fondo y se identifique a los culpables en estos 10 años de los hechos es responsabilidad sólo de los grupos de poder estatales y de los presidentes de México que hemos tenido. No se ha resuelto nada.”

  Imagino que hay una pausa, tal vez para aclarar la voz, tal vez para tratar de controlar la rabia:

  “Al día siguiente del 22 de diciembre de 1997 fui enviado a Acteal como miembro de la Conai (Comisión Nacional de Intermediación por la Paz) para investigar lo que había sucedido. La impresión fue espantosa: hallamos ropas ensangrentadas de niños y mujeres en las ramas de los arbustos, y en una cuevita donde trataron de esconderse. Algunos de los sobrevivientes dieron su testimonio contando pormenores sobre cómo fueron masacradas algunas mujeres al abrir su vientre (cuatro estaban embarazadas) y extraerles a sus nonatos, con tal saña que sintetiza una política de exterminio.

Micaela, una niña de 11 años, tiene mucho miedo. Ella nos cuenta que desde temprano está con su mamá rezando y jugando con sus hermanitos para que no den lata. Hay varias mujeres en la ermita.
A las 11 de la mañana empezó la balacera, los niños empezaron a llorar, hombres y mujeres empezaron a correr, y a otros los alcanzó la bala ahí mismo; un disparo le llegó por la espalda a la mamá de Micaela. La encontraron por el llanto de los dos niños que luego fueron asesinados. Micaela se salvó porque la creyeron muerta. Tenía mucho miedo y fue a esconderse a la orilla del arroyo. Ahí vio cómo los paramilitares regresaron con machetes en la mano; se reían, hacían bulla, desvistieron a las mujeres muertas y les cortaron los pechos. A una le metieron un palo entre las piernas y a las embarazadas les abrieron el vientre y sacaron a sus hijitos y juguetearon con ellos: los aventaban de machete a machete. Después se fueron los tipos gritando, gritando y gritando. A Micaela la tomó de la mano su tío Antonio para ir a buscar a sus primos o a gente conocida que pudiera estar viva entre los muertos. Ella sigue relatando: “rescatamos a dos chiquitos que estaban junto a su madre muerta; el niño tenía la pierna destrozada, otra niña tenía el cráneo desbaratado y se revolvía tratando de aferrarse a la vida. Después del genocidio muchos no pudieron combatir la tristeza: Marcela y Juana han perdido la razón, ya no hablan, sólo emiten monosílabos ante el ruido de helicópteros militares que sobrevuelan la comunidad”.

  Juan Bañuelos se disculpa.  Sabe que su palabra sonará anacrónica para algunos de los asistentes (de entonces y de ahora):

  “Que el público de esta noche me perdone si en esta fiesta de la palabra con poetas de diferentes países he tenido que abordar la matanza espantosa de Acteal, de hace 10 años, aún sin ninguna solución, pero es que yo nací en Chiapas y fui miembro de la ex Conai y no puedo mantenerme callado.

  A algunos les pareceré radical por exigir cambios profundos en mi país; sin embargo, les respondo con el pensamiento de José Martí, el gran poeta de América: “Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical a quien no ve las cosas en su fondo. Ni se llame hombre quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”, porque hay que sostener que “patria es humanidad”. Por lo mismo, y por lo tanto, este homenaje a mi persona lo trasfondo, lo cambio y lo transfiero a la memoria de los masacrados en Acteal.”

  Juan Bañuelos, poeta al fin, lee el poema de la poetiza Xuaka´ Utz´utz´Ni´, titulado “Para que no venga el Ejército”:

Escucha, sagrado relámpago,
escucha, santo cerro,
escucha, sagrado trueno,
escucha, sagrada cueva:
Venimos a despertar tu conciencia.
Venimos a despertar tu corazón,
para que hagas disparar tu rifle,
para que dispares tu cañón,
para que cierres el camino a esos hombres.
Aunque vengan en la noche.
Aunque vengan al amanecer.
Aunque vengan trayendo armas.
Que no nos lleguen a pegar.
Que no nos lleguen a torturar.
Que no nos lleguen a violar
en nuestras casas, en nuestros hogares.
Padre del cerro Huitepec, madre del cerro Huitepec,
Padre de la cueva blanca, madre de la cueva blanca,
Padre del cerro San Cristóbal, madre del cerro San Cristóbal:
Que no entren en tus tierras, gran patrón.
Que se enfríen sus rifles, que se enfríen sus pistolas.
Kajval, acepta este ramillete de flores.
Acepta esta ofrenda de hojas, acepta esta ofrenda de humo,
Sagrado padre de Chaklajún, sagrada madre de Chaklajún.

  Juan Bañuelos termina su intervención diciendo:

  “Exigimos juicio sumario para el norteamericano ex presidente Zedillo y sus cómplices.”

  ¿Le aplauden o no?  No lo sabemos.  La grabación se corta abruptamente con la palabra “cómplices”.  En una reunión de poesía, un artista de la palabra ha decidido hablar de un crimen y, en lugar de agradecer el homenaje, ha demandado verdad y justicia.  Juan Bañuelos no lo sabe, porque la muerte natural lo dejó sin palabras hace algunas lunas, pero los asesinos materiales e intelectuales de ese crimen están libres con la complicidad, entonces y ahora, de los líderes del mexicano Partido Encuentro Social.

  Y hace unas horas acaba de fallecer, en paz y “con los auxilios espirituales de la santa madre iglesia”, uno de los autores intelectuales de esa matanza: el general Mario Renán Castillo Fernández.

  Y donde digo Acteal, pueden ustedes, ajustando su calendario, decir ahora “Chalchihuitán” o “Chenalhó”.  Y agregar la variable de la disputa por la próxima gubernatura de Chiapas entre el PRI-rojo y el PRI-verde.  Ellos pondrán los candidatos, sus militantes indígenas ponen ya los desplazados y los muertos.

  Dije antes que nadie estaba hablando de los crímenes contra las mujeres.  Bueno, depende de a dónde se dirijan el oído y la mirada.  Porque hay una mujer que se llama Guadalupe y le dicen “Lupita”.  Tenía 10 años cuando la matanza de Acteal y le tocó vivir ese horror y morirlo también con sus seres cercanos.  Ahora Lupita es concejala del Concejo Indígena de Gobierno y, junto a la vocera de ese Concejo, Marichuy, anda los caminos de este país y cuenta esa historia.

  Lupita habla con otras mujeres.  Algunas son como ella, otras no.  A unas y a otras, les habla y no sólo les dice: “mírate en esta historia porque ya es también la tuya”.  También les dice: “organízate, resiste, no te rindas, no te vendas, no claudiques.  No esperes a que el terror entre a tu casa, tu calle, tu escuela, tu trabajo.”

  Ni Lupita ni la vocera caminan solas.  Otras concejalas, indígenas como ellas, mujeres como ellas, trabajadoras como ellas, pobres como ellas, madres como ellas, esposas como ellas, hijas como ellas, abuelas como ellas, hermanas como ellas, organizadas como ellas, rebeldes como ellas, caminan y hablan en otras partes de este crimen llamado “México”.

  No hay lujos para ellas, ni aviones privados, ni reporteros de la fuente asignados.  Dicen algunos que están juntando firmas para que la vocera Marichuy sea candidata independiente a la presidencia de la república.  No sé si están juntando firmas. Ellas dicen que están juntando dolores, rabias, indignaciones, y que no hay una aplicación cibernética para recabar eso, ni celular de gama baja, media, alta o venti que soporte esos terabytes.  Sólo tienen su oído, su corazón.  Su palabra es invariablemente la misma: “organización”, “resistencia”, “rebeldía”.

  No lo dicen, pero así dicen: “no me tengas lástima, no te pido limosna, sólo te digo: mírate al mirarme, y al escucharme, escúchate”.

  Entonces yo les pregunto a ustedes, a quienes asisten, escuchan, leen, miran: “¿merece el Concejo Indígena de Gobierno la oportunidad de recorrer más lugares, de hablar con más personas, de escuchar más dolores y, en lugar de ofrecer promesas, programas de gobierno y gabinetes, también denunciar un crimen, compartir su explicación de él e invitar a acabar con el criminal?  No acomodarlo, no matizarlo, no maquillarlo, no reciclarlo, no perdonarlo, no olvidarlo.  No, acabarlo, destruirlo, desaparecerlo.

  La respuesta a esa pregunta, ya lo sabemos, depende de quién, de dónde, de cómo.
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  He hablado de una parte del crimen.  Porque, como dije al principio, no voy a hablar de ciencia, ni de arte, ni de política, ni voy a contar un cuento.  Sin embargo, al hablar del crimen hablo también de las explicaciones que de él se dan,  Y la explicación de este horror cotidiano varía.  Depende desde dónde se explica y depende de quién da cuenta de él.

  Fiel a su esquema a modo, el Partido Revolucionario Institucional de Acteal, renovó su persistencia delictiva en este sexenio.  No le basta la corrupción rampante, la ineficacia administrativa, la torpeza diplomática, la frivolidad como estilo de gobierno.

  No, el PRI necesita siempre un crimen aterrador que lo mantenga en los parámetros que le dan identidad, color, vocación y proyecto.

  Y, como en Acteal, las mismas plumas que archivaron en “conflicto intertribal” el asesinato de mujeres, niños y hombres desarmados, para Ayotzinapa construyeron la tesis del “enfrentamiento internarcos”.

  Curiosa esa definición de “enfrentamiento” que puebla los tribunales jurídicos y mediáticos del Poder: una de las partes está armada y la otra indefensa, pero se trata de un “enfrentamiento”.

  En el esquema gubernamental, un agotado procurador general de justicia declaró que los quemaron y ya, a rezar para que no ocurra de nuevo.

  En ese tiempo de la llamada “verdad histórica”, un grupo de científicos demostró que no era posible esa explicación.  Pero el supremo gobierno se mantuvo en su esquema validado por los grandes medios de comunicación.

  La desaparición forzada de los jóvenes estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, sigue siendo atribuida a una banda narcotraficante rival.  Y en torno a ella, se construye un esquema de entendimiento de la realidad.

  El PRI hecho gobierno sostiene, con un cinismo escalofriante, que todo lo que lo exhibe como lo que es, es decir, un sicario con gabinete graduado en el extranjero, es siempre atribuible al Satán en turno: el crimen organizado en contubernio con un grupo de científicos perversos.

  El gobierno tricolor confiesa así, con una imbecilidad blindada, que no es responsable de nada porque él es, en esencia, el crimen desorganizado.

  Pero, como en Acteal, en Ayotzinapa hay quien no se resigna, quien no se rinde, quien no se vende, quien no claudica, y, con tierno empeño, persiste en la demanda de verdad y justicia.
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  Creo que hay una cosa en neurobiología que se llama “el síndrome del miembro fantasma”.  No me hagan mucho caso, mejor acudan a quien le sabe a eso de la neurociencia, pero creo consiste en que hay percepción de sensaciones de que, un miembro del cuerpo humano que ha sido amputado, todavía está conectado al cuerpo.  Es decir, ya no se tiene la mano, o el brazo, o la pierna, o el ojo, pero se “siente” que sí se tiene.

  Y, tal vez, es un supositorio, cuando decimos “fue el Estado”, “Estado Fallido” o “Narco Estado”, nos estamos refiriendo a una ausencia.  Y que lo que contemplamos y de lo que nos quejamos no es sino una muestra del “síndrome del miembro fantasma”.  El Estado Nacional ha sido amputado en la etapa actual del capitalismo y lo que percibimos es el eco de su existencia.  Ya no hay Estado, lo que hay es una banda de criminales sostenida por un grupo armado que se amparará en la Ley de Seguridad Interior para que el dolor y la rabia no falten en las mesas cotidianas de México.

  Hace unos días, el señor Enrique Peña Nieto ha declarado, palabras más, palabras menos, que este del 2017 fue un buen año para México.  Al escucharlo decir esto, uno se pregunta si no es alguien a quien le han amputado no sólo la vergüenza y la decencia, también el cerebro, y refleje el síndrome del miembro fantasma: ya no tiene cerebro, pero actúa como si lo tuviera.
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  “Todo depende de un punto de vista”, nos dicen las mil lenguas del Poder, “no hay una realidad conocible, sino múltiples realidades que dependen de esquemas diferentes”.

  Entonces yo vengo a preguntarles:

  Si hay un crimen, ¿su explicación depende de un punto de vista o podemos analizarlo con el apoyo de las ciencias?

  Gracias por el oído, gracias por la mirada, y gracias, sobre todo, por su impopular práctica científica.

Desde el CIDECI-UniTierra, Chiapas.

SupGaleano.

México, diciembre del 2017.

DEL CUADERNO DE APUNTES DEL GATO-PERRO:

DEPENDE.

  En una comunidad zapatista, en el salón de clases, la promotora de educación le pregunta a la niña autodenominada “Defensa Zapatista”, si hizo la tarea.

  En la morraleta de la niña se alcanza a ver la cola del gato-perro, seguramente resguardado del frío que viste esa mañana.

  Defensa Zapatista se pone de pie y dice:

  “Eso depende maestra

  “¿Cómo que “eso depende”?, no entiendo”, pregunta la maestra casi como un reflejo.

  Defensa Zapatista suspira resignada, pensando hacia sus adentros “pues ni modos, le tengo que dar su clase política otra vuelta a la maestra

  “Sí, por ejemplo”, dice la niña mientras mira de reojo si la sombra de la ceiba le indica la hora de la salida, “ahí tiene usted que hay una compañera que se llama doctora y se “apedilla” margarita.

  “Apellida”, trata de corregir inútilmente la promotora, “Se dice “apellida”

  “Eso pues”, replica Defensa Zapatista que no está para nimiedades, “entonces se llama doctora, pero hay muchas que son doctoras, o doctores, según.  Porque por ejemplo está el Doc, que una vez el SupMoy le preguntó si sabía curar y el Doc dijo que no y entonces el SupMoy puso su ojo así, o sea que así pone su ojo el supMoy cuando se embravece.  Y entonces el SupMoy le dijo “pero entonces no eres doctor”.  Y entonces el Doc lo volteó a mirar al SupGaleano como pidiendo apoyo, pero el SupGaleano se puso a fumar en su pipa o sea que se hizo pato.  Y entonces yo le expliqué al SupMoy que es Doc pero le falta el apedillo, o sea que es el Doc Raymundo, o sea que no sabe curar con medicina, sino que dice “ánimo” cada tanto aunque esté muy triste la situación, aunque viera que lo inyectan ya va ser que dice “ánimo”.

  Bueno, de ahí que una día vino la Doctora Margarita, que no se siempre se apedilla “margarita”, porque a veces es “margara”, según si te da pastilla o jarabe o inyección.

  Bueno, de ahí que yo me llevaron con la doctora, que para que me checa, así dijo mis mamaces.  Y entonces, pues ahí estoy y entonces lo miro que ahí está como quien dice el arma criminal, que sea unas inyecciones que tenía la doctora en su mesa, y que llega en mi pensamiento que le voy a echar clase política a la doctora, para que entienda pues la lucha.

  Y entonces le dije a la doctora que tenemos que apoyarnos como mujeres que somos y que no debemos hacernos mal entre mujeres.  Y la doctora nomás puso cara de que sí entendía pero yo claro lo vi en su ojo que no entendió nada.  Y entonces le dije que por ejemplo las inyecciones son un mal o un bien, depende.  Por ejemplo, son un mal si le pones una inyección a una niña, porque, a ver, ¿usted cree que voy a poder patear el balón si me duele la pierna porque me inyectaron?, no, ¿verdad?

  Pero por ejemplo las inyecciones son un bien si lo inyectan por ejemplo al Pedrito, que el muy maldito siempre me está burlando que las mujeres no sabemos fútbol y que somos “endebles”.

  Yo no sé qué cosa es “endebles” pero rápido lo miré que el Pedrito no está respetando como mujeres que somos y ahí nomás le di un zape de endeble para que no ande mal hablando.

  Bueno, de ahí que la doctora me quiso echar la plática política de que sí sirven las inyecciones, pero depende, le dije.  Y entonces le dije que como mujeres que somos nos tenemos que apoyar y que nada de inyecciones a las niñas, nomás a los niños y si chillan pues un su zape para que tengan por qué y no porque les están haciendo un bien con la inyección.  Y entonces le expliqué a la doctora que a las niñas, sólo pastillas y jarabe, pero sólo si el jarabe no está amargo.  Si está amargo debe tener un su letrero que diga “sólo para niños”.

  La doctora nomás se reía, o sea que creo que no entendió bien la clase política porque luego le dijo a mis mamaces que me toca la vacuna de no sé qué.  ¿Usted cree que va a avanzar la lucha de cómo mujeres que somos si no entiende la doctora?  Pero, nada, que me inyectan, y me dolió mucho y anduve renca un buen de tiempo pero no lloré… bueno, sí lloré un poco, pero fue porque me dio coraje que nos falta de la política para la lucha.  Y ya no fui a entrenar, así que si luego sale que no se completa el equipo rápido, pues ahí está que es su culpa de no entender la política.

  Bueno, de ahí que pues me fui a platicar con el señor ése que se llama “cherloc” y se apedilla “Jol-mes” (nota: en tzeltal, “jol-mes” quiere decir cabeza de escoba y es una planta que luego la usan para hacer escoba y barrer las champas), que es un poco raro que así se puso de apedillo, pero creo que es porque tiene cabeza de escoba de por sí.  Bueno, ese Jol-mes tiene de compañía uno que se llama Doctor y se apedilla Waj-tson, o sea pelo de tortilla, y pobrecito siempre tiene cara como de que no entiende y rápido se ve que no lo quiere al gato-perro porque le da la vuelta.  Bueno, de ahí que en otra vuelta te cuento de eso maestra, porque si no se me va a ir el día en la explicación política.

  Entonces, maestra, si usted pregunta si hice la tarea es que no está cabal la pregunta porque, como ya expliqué, depende.  Por ejemplo, “Sup” es un nombre, pero falta el apedillo.

  Porque ahí está que si el apedillo es Moy, pues ahora sí que ya la amolamos porque el SupMoy no apoya y me dice que tengo que obedecer a mis mamaces.

  Pero por ejemplo si el apedillo es “Galeano”, pues ya es diferente porque el SupGaleano sí apoya de resistencia y rebeldía, y deja que el gato-perro se duerma en su computadora y nos comamos las mantecadas que se roba de la cooperativa.

  Claro el SupGaleano dice que no las roba, sino que las toma prestadas, pero yo lo sé que no las regresa.  ¿Cómo las va a devolver si ya nos las zampamos con el gato-perro aquí presente? (el gato-perro mueve la cola).

  Bueno, de ahí que yo le pregunté al SupGaleano si a él le han puesto inyecciones y el SupGaleano me dijo que en la comandancia no se pueden decir malas palabras.

  O sea que yo entendí que “inyecciones” es una mala palabra para el SupGaleano, pero la doctora Margarita dice que no es mala palabra.  Ahí se ve claro que las inyecciones son malas palabras depende si te inyectan a ti o al Pedrito, que el muy maldito me vino a acusar que le di un zape y que era violencia de género, ¿va usted a creer que así dijo?  Yo le expliqué a mis mamaces que sólo me defendí porque el Pedrito me insultó o sea que como quien dice le apliqué la equidad de género.  Y mis mamaces, pues, ¿cómo le diré?, le falta pues para entender la lucha de cómo mujeres que somos y me castigó que no voy a ir a entrenar y entonces yo le dije que iba en su cuenta si no completábamos el equipo, pero ella nada que qué equipo ni qué nada, que tengo que hacer la tarea.

  Entonces yo me salí a hacer la tarea y lo llevé un mi cuaderno de apuntes y entonces ahí tiene usted que el gato-perro, aquí presente, se acostó en el cuaderno y anda vete, ¿tú lo crees que vas a poder moverlo al gato-perro si ya se echó a dormir?  Nuncamente.  Si nomás te acercas un poco y hace su gruñido ése que en lenguaje de gato-perro quiere decir “si me quitas, vas a morir”.  Entonces pues yo pensé que para qué me voy a morir si todavía estoy niña y falta que críe.  Y el SupGaleano me contó un día que no sirve morirse, que es muy aburrido estar muerto, que nomás no pasa el día.

  Y un día el SupGaleano estaba viendo unos videos de unas personas que no se mira bien qué son, pero están explicando que luchan porque se respete su modo.  Y yo le pregunté al Sup si son hombres o son mujeres, y el Sup me respondió: “Depende”.  O sea que el caso o cosa, según, es que no basta con lo que se mira o se oye, sino que hay que tomar en cuenta muchas cosas y que hay que escuchar, así dijo el Sup.  Porque, por ejemplo, si a mí me miran, piensan que soy una niña que estoy así nomás, que acaso estoy pensando nada.  Pero viera que me preguntan, pues primero les digo que me llamo “Defensa” y me apedillo “Zapatista”, y pienso muchas cosas.  O sea que depende.”

  Durante toda la perorata de la niña, la promotora de educación ha puesto cara de resignación.  Pero respira aliviada cuando ve que el Pedrito, sentado adelante, levanta la mano con insistencia.

  La maestra aprovecha un respiro de la niña, y dice:

  “A ver Pedrito, qué tienes que decir”

  El Pedrito se levanta y alega:

  “Creo que Defensa Zapatista no entendió lo que quise decir, porque cuando alguien dice “endeble”, depende del contexto…”

  La niña miró al Pedrito con cara de “me las vas a pagar maldito”.

  La maestra ya se resignaba a escuchar uno de los derroches de erudición del Pedrito, cuando sonó la campana de salida.

  Todos salieron corriendo, con Defensa Zapatista delante de todos.

  Ya afuera, la niña sacó al gato-perro de la morraleta y le dijo al oído: “parece que nos salvamos

  Entonces vio a la promotora hablando con sus mamaces, y agregó: “bueno, depende”.

  Y se fue corriendo a buscar el balón de reserva que el SupGaleano le guardaba en la comandancia a cambio de que no se supiera nada del misterioso caso de las mantecadas desaparecidas, que ya investigaba, sin mayor trascendencia aparente, Elías Contreras, comisión de investigación del ezetaelene.

Doy fe:

El gato-perro.
-*-
Al inicio de mi intervención les dije que no iba a hablar de política, ni de ciencia, ni de arte, y que no iba a contarles un cuento.

¿Mentí?, bueno, depende…

Gracias de nuez.

El SupGaleano buscando las mantecadas en la tienda cooperativa.

26 de enero de 2015

Violencia y poder.




Babel

Violencia y poder

Javier Hernández Alpízar

La discusión sobre la coyuntura actual, especialmente después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y el movimiento masivo por su presentación con vida, merece una revisión que trate de acercarse a las heladas aguas de la teoría. Un amigo me dice que hasta ahora se han hecho sólo consignas tuiteras, tipo #FueElEstado, que son verdaderas pero muy abstractas, hace falta detallar muchas cosas. Los zapatistas han anunciado que sacarán comunicados, algunos de ellos con consideraciones teóricas, así que, dejando de lado el epistemicidio y el pensar colonizado que es incapaz de reconocer elementos teóricos en el zapatismo actual, habrá que leer esos apuntes para todos, pero también hay que esforzarnos por pensar qué es lo que parte las aguas en una coyuntura de rispideces y personalización al grado del insulto: qué entendemos por política, por Estado, por participación, por acción política, por violencia, por no- violencia, por acción directa, por consenso, por gobierno, por anarquía, por ideología, por cambio social o revolución o reforma o qué estamos pensando y queriendo construir.

Es un momento en que debería a estar a debate en México todo, o casi todo, para comenzar: qué es ser de izquierda, qué es la dominación, cómo oponernos a ella, la posibilidad de acabar con ella antes de que sea ella la que acabe con nosotros.

Deliberadamente elijo para una reflexión inicial los conceptos de violencia y poder porque han sido elementos no reflexionados pero dados por supuesto, como si fueran obvios, en discusiones sobre las marchas, la acción directa, los compas encapuchados, la obsesión de la izquierda clasemediera progre por controlar al movimiento social, normarlo, disciplinarlo y encauzarlo al voto, etcétera.

La falacia con la que asustan a quien se deja es que solamente existen dos vías políticas: la pacífica, que equivale a las urnas, y la violenta, que equivale a la sangre y muerte. O nosotros o el caos. Este argumento es de derecha: con él obligaron a votar a los nicaragüenses contra su revolución y elegir a Violeta Chamorro. Ahí, además de la corrupción del FSLN que estaba convertido en el PRI centroamericano, como dijera un cronista de los noventas, contó el hecho de que los USA prometían guerra si perdía su candidata, y la guerra ya llevaba años, muchas muertes, lisiados, hambre, destrucción. En México ha sido caballito de batalla de los hipócritas panistas, le reprocharon al EZLN alzarse en armas y usar capucha y se negaron a escucharlos en el Congreso de la Unión en 2001, alegando que no escucharían a gente encapuchada y violenta, pero eso sí, desde que llegaron al poder con Fox siguieron el modelo de “justicia penal”, de investigación policiaca y luego de militarización del país impuesto por los Estados Unidos, este proceso inició con Zedillo y sus planes y programas de contrainsurgencia, la modificación de la policía y su militarización, pero Fox y luego sobre todo Calderón lo llevaron al extremo: más de 80 mil muertos, cientos, quizá miles de desaparecidos, desplazados, feminicidios, agresiones sistemáticas a migrantes, trabajadores, jóvenes, niñas y niños, viudas, huérfanos, saldos de guerra en tiempos formalmente de paz y supuestamente bajo una democracia normalizada y con alternancia de partidos en el poder a todo nivel.

Bastaría la reflexión sobre esa experiencia para mostrar la mentira de que las urnas son la alternativa pacífica a las armas. Como señala un compa marxista: la dictadura es parte de la arquitectura constitucional de cualquier república o democracia capitalista, está ahí en los artículos que hablan de suspensión de garantías y estado de excepción. Esa suspensión de garantías comenzó, si no es que antes, en Atenco, en mayo de 2006, pero a muchos no les importó porque tenían el triunfo asegurado en las urnas (sonríe, ya ganamos). Sin embargo, desde entonces este país es gobernado más por las armas y el poder del dinero y el crimen que por el poder civil y “pacífico”, sin embargo, la izquierda hace como si nada pasara e insiste en ir a las urnas, donde imperan el fraude y la trampa, y como candidatos, políticos extraídos de las fuerzas reaccionarias, pero además han comprado modelos, conceptos, prejuicios y teorías del compló de la derecha. Citaremos a un escritor que no es santo de nuestra devoción pero a quien tenemos que mencionar precisamente para no incurrir, como él no desdeña hacer, en el plagio: Eduardo Galeano ha señalado que cada vez que la izquierda se corre hacia el centro se aproxima a la derecha. Ese corrimiento a la derecha de la izquierda electoral mexicana es sintomático en muchas formas, una de ellas es la importación de sus retóricas e ideología o al menos su fraseología:

Se proponen como alternativa moral, como si el sistema capitalista (“capitalismo de compadres”, lo llaman algunos desarrapados teóricos) pudiera funcionar solamente con poner gobernantes honestos. Ese fue el discurso del PAN por sexenios, es el discurso de la derecha empresarial y cuando De la Madrid lo compró desde Los Pinos, Carlos Pereyra se lo criticó: la derecha pretende hacernos creer que sólo el Estado es corrupto, que ella (los empresarios de la oligarquía) es moral por definición y que un cambio de siglas y de personal hará la diferencia: ese discurso panista lo asumió AMLO y se puso el apodo de “Honestidad valiente”, tratando de vender el cuento de que con sólo quitar la corrupción el capitalismo será ahora en México por el bien de todos. Es mentira vil, además de que no son honestos ni los gobiernos de derecha ni de izquierda que ganaron al PRI diversos niveles de gobierno para repetir sus saqueos de los bienes nacionales, latrocinios, corruptelas y acomodo con las oligarquías y el crimen.

El otro argumento de la derecha que la izquierda ahora usa como petate del muerto es que si no vamos religiosamente a las urnas, solamente queda como alternativa la violencia, las armas, la guerrilla y la montaña. Como si las urnas en México no hubieran sido hasta ahora una de las armas del poder para seguir imponiendo un modelo predador del medio ambiente, colonizador de mentes, territorios y del “mundo de la vida” y además, perfectamente compatible con la violencia de muchos tratados de libre comercio, terapia de shock para la reforma neoliberal, la acumulación por desposesión (como llaman elegantemente los teóricos al despojo), y la violencia tanto de Estado como la semiprivada del crimen, densa, promiscua y complejamente entrelazada con el Estado.

No obstante, pretenden hacernos creer que si no votamos por ellos habrá caos, habrá anarquía, habrá ingobernabilidad y violencia, como si no fueran gobiernos de todo el espectro ideológico electoral (por los que unos u otros votaron) los que han mal gobernado a nuestros pueblos, territorios, ciudades y comunidades mediante la violencia y han traído sobre nosotros la desgracia y las miles de víctimas, de las cuales los 43 desparecidos en Iguala son solamente el botón de muestra hologramático.

Además, como antes hacía el PAN, ahora los comisarios del pensamiento, ligados a Morena y a la clase media lópezobradorista, pretenden condenar la acción directa y hasta el encapucharse. Me recuerdan a los embajadores en México de Guatemala, que se negaron a recibir de Superbarrio una carta porque “no hablaban con encapuchados”. Eso que antes solamente podía escucharse de Fernández de Cevallos es ahora diatriba de personajes sedicentes de izquierda como las Poniatowskas y Aristeguis: con esa “izquierda” ya para qué queremos a los panistas, pueden jubilarse y dejarles a ellas el changarro.

Detrás de toda esa confusión, agravada por la pereza mental y el temor, así como el autoritarismo contra toda crítica, está un prejuicio acerca de lo que es el poder, definido por la violencia. Max Weber define el poder político como el “monopolio de la violencia legítima”, es lo que el imbécil de Calderón defendía cuando decía que al Estado mexicano le corresponde el “monopolio del poder” (sic, y hip) o lo que Fidel Herrera decía en una conversación telefónica filtrada por panistas a Aristegui: “estoy en la plenitud del pinche poder”. Esa definición es correcta, pero no es toda la verdad. Una mujer formada en la izquierda y que desde ella retoma a Heidegger, Hannah Arendt, en una reflexión Sobre la violencia[1], invita a ir más allá de esa definición del poder (que viene de una tradición que se remonta a muchos clásicos, Maquiavelo y Hobbes nomás por poner los más conocidos), pero es insuficiente.

Luego ella misma propone una definición más profunda del poder: el poder es lo que podemos hacer todos juntos, la capacidad de producción, de acción, de praxis de un colectivo que puede ser desde una comunidad local hasta una nación.

Si el poder es lo que podemos hacer todos juntos, la violencia, las funciones represivas y el poder de declarar la guerra son apenas un poco de lo mucho que un colectivo puede hacer: Así como la guerra podemos hacer la paz, que es quizá más difícil, podemos tratar de producir la justicia, de ejercer radicalmente la democracia. (El uso de “radical” como una mala palabra me ha parecido siempre un claudicar del pensamiento crítico ante la derecha, algo como el querer ser “centro izquierda”.)

Por ende, decir que la política es una moneda de dos caras “urnas o violencia” es más que una falacia una suerte de idiotismo político. (Cf. Qué significaba para los griegos “idiota”, por ejemplo en un texto sencillito de Savater: Política para Amador.) Y una consigna de las teorías de contrainsurgencia estadunidenses, que usan sin empacho ambos recursos: armas y urnas, como instrumentos de contrainsurgencia y de dominación. Vean la experiencia de Guatemala, de todo Centroamérica de los ochentas a la fecha.

Esa suerte de primitivismo teórico político está detrás de “la histeria como método de análisis” que han criticado los zapatistas: se trata de controlar al movimiento social y ponerlo siempre detrás, debajo, subordinado y obediente al líder fetiche y santo patrono abogado de que no se rompa un solo cristal. Frente a ese simplismo político, los jóvenes que defienden la acción directa (violenta o no) hacen uso de su derecho a decidir y ejecutar ellos mismos sus acciones políticas (eso es lo que hace “directa” a la acción: que no hay una división entre los sujetos que deciden y quienes ejecutan; no hay una elite que elabora el programa, un candidato que convoca a una asamblea informativa ni una estructura burocrática que reparte los afiches, los volantes, las tortas, las playeras y los refrescos). Y es precisamente la irritación contra la gente que se organiza por su cuenta la que lleva a esa izquierda a pedir la represión contra esos jóvenes. Es un discurso altamente hipócrita, por un lado los llama “idiotas útiles” (cuando su mayor dolor es que no sean zombis útiles a sus candidatos) y los acusa de ser culpables (causantes) de la represión, desviando la crítica que debería recaer sobre la policía (de paso le hacen el favor de quitarle el reflector a Mancera, el brazo armado represor de EPN) y por otro lado, al acusarlos de “infiltrados”, “vándalos”, “violentos”, pide la represión policiaca para ellos.

Además de la hipocresía criminal de esa izquierda autoritaria y represiva, está su pobreza teórica: piensan el poder como “monopolio de la violencia legítima” y piensan que ese monopolio es como un objeto, por ejemplo un edificio con mobiliario todo inventariado, que se puede ganar por las urnas. Luego, cuando un héroe moral lo detente, el poder servirá para joder a los malvados. Es decir, la represión se justifica cuando viene de la izquierda porque es legítima y sólo es reprochable cuando viene de la derecha espuria. Barrabasadas, así han escrito palabras más palabras menos, o las han filtrado entre líneas, algunos de sus sinsajos.

Contra toda esa telaraña mental de la derecha y la izquierda podemos distinguir:

El poder no es lo mismo que la violencia: el poder como lo que todos juntos podemos hacer (consenso, autonomía, soberanía, poder popular, democracia directa, participación, asambleas, palabras más o menos, pero, ojo, no todas llevan al mismo modelo de acción política) incluye, como una de las muchas cosas que podemos hacer el uso de la violencia para defender los intereses del colectivo, de la legítima defensa a la guerra, pero no es lo único, y siempre se trata de ella cuando no queda otro recurso.

Además no todos los poderes son el mismo poder. Podemos distinguir el poder del pueblo como lo que todos podemos hacer juntos (construir el socialismo, tomar el cielo por asalto, intentar la anarquía, o decidir otra forma de vivir juntos como sujeto político) del “poder- sobre” que es siempre una dominación, como diría Enrique Dussel nunca puede ser legítimo, y se debe llamar siempre por su nombre: “dominación”. Dice Luis Villoro que izquierda es por definición estar “contra la dominación”, claro, como diría Dussel la dominación nunca es legítima, porque está contra mí (diría el individualista) o está contra nosotros (dirían los comunitaristas, por ejemplo los pueblos indios). Además, como toda dominación siempre genera resistencias y rebeldías (lucha de clases, para que se asusten los macartistas) necesita siempre de lo que sus teólogos, perdón, sus teóricos, llaman “monopolio de la violencia legítima”, es decir la represión.

El poder como lo que podemos hacer todos juntos es la fuente de legitimidad de un poder popular, diluido en el cuerpo social; y por otro lado, su alienación es la concentración de ese poder en uno solo (monarca o presidente) o en unos pocos, oligarquía, elite, especialistas en mandar. Una grave falla de muchas organizaciones sociales, de derechas e izquierdas, que pretendieron alguna suerte de democratización es que nunca han tenido un control de los delegados o representantes por medio de mecanismos como la revocación de mandato y otros controles de los líderes, que debieran ser meros delegados provisionales y rotativos, mandados por las bases, los verdaderos soberanos. En un país de caudillos, líderes “morales”, gurúes y candidatos vitalicios (y hasta hereditarios) todo eso suena a herejía extrema, pero sin ese control de los delegados por las bases no hay democracia posible, dejarlo todo a la “moralidad” (a cual más dudosa) de un líder es algo más que ingenuidad (en mi pueblo lo llaman con palabras un poco más fuertes).

Oponerse a la dominación implica cuestionar la legitimidad del poder, cuestionar la legitimidad del “monopolio de la violencia” que ¿por qué es legítima?, y eso se puede hacer de muchas formas, violentas y no violentas. La raya que divide las aguas no es entre violentos y pacíficos, sino entre quienes se oponen a la dominación y quienes la apoyan abierta o hipócritamente. El mayor cuestionamiento al poder que existe hoy en México son las autonomías indígenas, dentro de ellas están las más organizadas, y otras menos organizadas, pero la más preocupante para el poder, y por ello ha mantenido la militarización de su territorio bajo gobiernos panistas, priistas, perredistas, verdes, lópezbradoristas, los que quieran, es la de los territorios autónomos zapatistas en Chiapas.

Pero no es un modelo que se proponga a seguir como mero copiar: lo que nos invita a hacer es a revisar, cuestionar a fondo lo que entendemos por poder, por Estado, por ser de izquierda, por autonomía, por libertad, por desarrollo (si es que seguiremos usando ese concepto, con o sin adjetivos como el hipócrita y alcahuete “sustentable”).

Una propuesta para revisar críticamente todo eso y para construir una izquierda que asuma esos conceptos críticos es lo que está detrás de las críticas mordaces a sus líderes y sinsajos de la izquierda electorera. No los criticamos por “envidia del Peje” como dijera la mensa de Poniatowska. La crítica iconoclasta cumple la función de ir quitando obstáculos, si quitan del escenario a esa basura ideológica y a sus personeros, probablemente vean un vacío. Pero si ven ese vacío ya adelantaron mucho: entonces, podrán llegar a la conclusión de que la izquierda está por construirse. Ya en ese camino, puede que se encuentren a otros que caminan en esa dirección: los pueblos indios por ejemplo.

Será casi imposible evitar un lenguaje irónico, pero si tratan de ver más allá de él tal vez vean una discusión de ideas. Y si el lenguaje irónico y hasta satírico les molesta, recuerden las caricaturas mercenarias contra los zapatistas que algunos de ustedes circularon como el colmo de la agudeza, o las caricaturas verbales como otra campaña en Baja California Sur constituida solamente por leones marinos (irónicamente cuando el gobierno lópezobradorista que ustedes llamaban de izquierda privatizaba y extranjerizaba playas y maravillas naturales). Comparada con esas caricaturas contra nosotros, nuestras caricaturas contra sus líderes son bastante respetuosas, de ustedes y de los hechos, es decir: las nuestras sí están basadas en hechos públicamente constatables y no sólo en las calumnias de plumíferos despreciables como Rodríguez Araujo, Jaime Avilés o Julio Hernández Astillero. Hasta en eso podemos decirles con Cri Cri: “nosotros no somos así”.

Finalmente, esta vez promoverá un boicot electoral un actor central en el movimiento social hoy, los padres y familiares de los 43 normalistas de Ayoztinapa desaparecidos en Iguala, por cuerpos armados del Estado, bajo gobiernos perredistas (y el apoyo de un AMLO que ya estrenaba playeras de Morena) y el federal priista. Si los mercenarios que antes han calumniado a los zapatistas y luego a Javier Sicilia se dedican a calumniar a los guerrerenses abstencionistas, esperen de nuestra parte críticas mordaces contra todos esos plumíferos, de La Jornada o de donde sea, y chistes de tonos subidos contra toda esa izquierda momificada. Como decían los niños de mi época: no respondemos chipote con sangre.
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