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15 de septiembre de 2018

Alternativas de consumo, ¿sólo para minorías?

Por: Gala Arias / El Salto Diario / Consumo que suma.

¿Cómo pueden llegar las alternativas de consumo a más gente? ¿Cómo trascender la escala? A partir de una reflexión colectiva, surgen algunos puntos claves que quizá sirvan para fomentar este crecimiento.


"El actual diseño del Estado limita mucho los usos económicos radicalmente alternativos,
como sería la experimentación poscapitalista" (Santiago Muiño, 2016).

"La economía sostenible genera más puestos de trabajo que la sucia, pero solo convive bien con el capitalismo si es minoritaria. La sostenibilidad real requiere otro sistema económico, el defendido por la economía ecológica, feminista y solidaria". (González Reyes, 2017).

"[En referencia a la economía social y solidaria] En España ha pasado de facturar 171 millones de euros anuales a 379 en la última década y ha irrumpido en sectores que hace muy poco parecían inalcanzables, como energía, banca y telecomunicaciones a través de cooperativas que empiezan a ofrecer la misma cartera de servicios que las multinacionales, pero con un funcionamiento y unos objetivos en las antípodas" (Rusiñol, 2017).

Cuando se trata de cambiar de cultura de consumo, cuesta pensar en mayorías. Pareciera como si las iniciativas de consumo crítico y transformador estuvieran condenadas a transitar entre pequeños círculos de personas muy concienciadas, formadas y con suficiente capacidad adquisitiva. No obstante, nadie ha dicho que esto tenga que ser así. Es más, si queremos socavar los cimientos de este modelo de consumo generador de residuos humanos y materiales es necesario que aprendamos nuevos modos de trascender la escala. 

Las claves de este proceso de pasar del micro al macro no están claras, pero una aproximación muy resumida podría ser: obtener placer, dar facilidades, hacer pedagogía, y, por último, crear proyectos verdaderamente sostenibles.

Obtener placer

Es posible que para trascender la escala haya que prescindir del discurso de la renuncia y la contención del que tanto ha abusado el movimiento ecologista y optar por ofrecer los cambios como una manera de disfrutar de una vida mejor. Está claro que el ser humano no se mueve solamente por motivaciones morales y que la búsqueda del placer y la felicidad son unas de las constantes que han marcado la historia de la humanidad. Si podemos subrayar el placer que se obtiene de cambiar de cultura de consumo (el placer de compartir, de aprender, de liberarse de una dependencia económica esclavizante) y contrastarlo con el caramelo envenenado de la felicidad consumista, seremos capaces de llegar a mucha más gente.
Entre las muchas ventajas de liberarnos del consumismo incesante está la de ganar tiempo, tanto en cantidad como en calidad. Hay que recordar que la sociedad capitalista actual engulle tiempos y que una de las experiencias más placenteras para el ser humano es disponer de tiempo libre de calidad. Hay mucho que ganar al reducir el consumo o al optar por opciones de consumo más justas y sostenibles, tan sencillas como recuperar el comercio de barrio. Por otro lado, si consumimos menos y más racionalmente, nos sentiremos menos dependientes del empleo y podremos recuperar los tiempos para la vida que tan necesarios son para nuestro bienestar.

También es interesante resaltar el placer que da la coherencia. Actuar en sintonía con lo que pensamos nos da una sensación de control sobre nuestra propia vida que es muy grata.

Tampoco hay que olvidar el placer de aprender a través de lo que estamos haciendo, el placer de crear, en entornos que son plásticos y que permiten que incidamos en mucha mayor medida en qué queremos consumir y cómo hacerlo.

De hecho, todos los proyectos de economía social y solidaria que han prosperado y que tienen un largo recorrido lo han hecho gracias al placer. Los grupos de consumo o los huertos urbanos son ejemplos sencillos porque todo aquello asociado a la alimentación está muy relacionado con el placer. Si al gustazo de comernos un tomate en su justo punto de maduración sumamos el placer de formar parte de un proceso colectivo, la satisfacción de relacionarse con personas con inquietudes similares a la nuestra, de saber que lo que haces tiene efectos positivos en el entorno, estamos satisfaciendo un montón de necesidades a la vez (compartir, comer, dar y recibir afecto…) y entrando en lo que Álvaro Porro denomina los “círculos virtuosos”.

Por otra parte, los huertos urbanos cooperativos, nos acercan a lo que se puede llamar “placer extensivo”: disfrutar de sembrar, cuidar, regar, recolectar y finalmente comerte aquello que has visto crecer es toda una experiencia de observación y lentitud que merece la pena conocer. 

Dar facilidades

Para trascender la escala también hay que dar facilidades. Que todo sea dificil es otra de las cosas que parecen gustarnos a aquellas personas con unas fuertes convicciones ideológicas. Da la impresión de que así nos sentimos más puros, más firmes en nuestras creencias. Sin embargo, aquellos que se acercan a las alternativas de consumo por motivaciones más allá de las puramente ideológicas (salud, economía, cercanía, amistad…), necesitan que las alternativas les resulten fáciles. Para ello podemos poner en marcha una de nuestras armas más efectivas: la imaginación, y su retoño más fértil, la innovación. Ese es, por ejemplo, el espíritu que animó el desarrollo del software libre Karakolas, para la gestión de pedidos de los grupos de consumo agroecológicos. Este software ha sido fundamental para el desarrollo y el crecimiento de La eComarca, red de distribución de productos ecológicos que sirve a 17 grupos en Madrid capital y a 5 más en la Comunidad de Madrid y ha favorecido notablemente la aparición de nuevos grupos.
Por otro lado, también la tecnología nos ayuda a facilitar los canales de participación, a limitar el número de asambleas, ciertos modelos híbridos, mezcla de presenciales y digitales (Jiménez Gómez, 2016), pueden resultar más amables y no comprometer excesivamente la disponibilidad de tiempo. En esta línea funciona, por ejemplo, Som Energía, cooperativa de energía verde que cuenta actualmente con casi 50.000 socios y que entre sus valores, además del ecológico, está el buen funcionamiento y que no sea más cara que un proveedor de servicios eléctricos tradicional (Rusiñol, 2017).

Para que esto se produzca, los proyectos tienen que permitir que existan distintos niveles de participación entre sus miembros para que no haya un desgaste excesivo, hay que aprender, asimismo, a confiar y a delegar en una organización asamblearia dado que participar activamente en todo, resulta imposible.

Hacer pedagogía

Para crecer hay que enseñar. La pedagogía nos resulta una aliada imprescindible en este proceso. Los impactos positivos de un cambio de cultura del consumo están invisibilizados en nuestra sociedad, hay que visibilizarlos y vincularlos con las preocupaciones mayoritarias de la población. Esto es, con el paro, la corrupción y la clase política.

Es más fácil que las personas de a pie conecten con que ciertos modelos de consumo generan paro y favorecen la corrupción política y empresarial y el empobrecimiento de la población, que con la lucha contra desigualdades en países lejanos o contra impactos medioambientales que no se perciben de manera inmediata.

Para ello es muy interesante sacar a relucir datos como los que nos hablan de que por cada 100 puestos de trabajo creados por un centro comercial se destruyen 140 en el pequeño comercio de la zona. Además, sólo un 5% de los beneficios de estas grandes superficies repercuten en la economía local, mientras que la pequeña y mediana empresa dejan hasta el 50% de sus beneficios en su área de influencia. Las redes productivas locales crean más empleo y de mejor calidad.

Muchos de nosotros somos nativos consumistas, lo vemos todo como consumidores y es necesario también hacer pedagogía para cambiar esa conciencia consumista por una conciencia ciudadana. Es también necesario llegar a más movimientos sociales, a más personas concienciadas pero que no relacionan ciertos modelos de consumo con las injusticias del día a día.

Así, muchos proyectos de la economía social y solidaria contribuyen añadiendo la formación a su agenda de tareas. Así lo hacen por ejemplo Coop57 y Fiare, que ofrecen formación financiera a sus socios.

Crear proyectos verdaderamente sostenibles

Nada más lejos de nuestra intención que medir los criterios de viabilidad tal y como los mide el capitalismo. La viabilidad real, esa que incorpora los valores sociales y ambientales de los proyectos en el cómputo total, no encaja con los parámetros capitalistas. No obstante, hay unos mínimos que los proyectos alternativos de consumo deben cubrir para que puedan perdurar en el tiempo. Dentro de esos mínimos se encuentra el de que sean proyectos suficientemente rentables como para que sus promotores puedan sobrevivir en condiciones dignas, pero no se reducen a eso. Hay muchas otras variables que definen a un proyecto como verdaderamente sostenible, entre las que se encontraría, por ejemplo, que los proyectos puedan escalarse sin desatender la estructura de cuidados y sin dejar a las mujeres por el camino.

Otra condición imprescindible de los proyectos de economía social y solidaria para que sean verdaderamente sostenibles es que trabajen en redes densas, basándose en la intercooperación. Y esto es así porque cuando se trabaja en red, nunca caes al suelo. Para perpetuarse resulta imprescindible crear alianzas y sinergias y huir del sectarismo; los mercados sociales son un buen ejemplo de ello.

Es decir, la viabilidad económica es necesaria para poder albergar la viabilidad social, que es imprescindible. Un ejemplo de ello sería Som Energia, que sigue ofreciendo el mismo precio por kWh a pesar de las recientes subidas del precio de la energía que adquieren en el mercado. Han ido guardando sus beneficios en un depósito para recuperarlos cuando fuera necesario y eso les ha permitido enfrentarse a los vaivenes del mercado sin tener que subir las tarifas a sus socios. Esta es una de las grandes diferencias entre ser cliente de una empresa que reparte beneficios entre sus accionistas y ser socio de una cooperativa sin ánimo de lucro. 

Por último, para crecer, hay que trabajar en desterrar mitos, porque los proyectos de economía social y solidaria no sólo generan más empleo que los de la economía sucia y son más resilientes, sino que pueden ser también más rentables para sus miembros. Es interesante recordar que, actualmente, Coop57 y Fiare están dando más rentabilidad a los ahorradores que la banca tradicional, y con morosidad cero.


BIBLIOGRAFÍA
- González Reyes, L. (2017). ¿Qué implica que la economía sostenible genere más empleo que la sucia? El Diario.
- Jiménez González, I. (2016). Economía social y solidaria: crecer para romper obstáculos. Diagonal, (282).
- Rusiñol, P. (2017). Economía solidaria: un plan de negocio para cambiar el mundo. El Diario.
- Santiago Muiño, E. (2016). Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial. Madrid: Los Libros de la Catarata.

20 de agosto de 2018

La Economía Solidaria: Construyendo sociedades de Buen Vivir.

Por: Celina Valadez, et.al.* / Alainet.

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La economía solidaria contiene una propuesta integral de modelo de sociedad, que define en su estructura todos los factores que componen el “buen vivir”: económicos, sociales, culturales, ambientales, educativos, científico tecnológicos y políticos.  Es una propuesta basada en valores y prácticas solidarias que vinculan a movimientos sociales de enfoque integral y emancipatorio, a través de experiencias locales y alianzas globales que apuestan por la justicia, la solidaridad, el humanismo y la sustentabilidad.

En este enfoque se reúnen prácticas muy diversas, que comparten el promover relaciones más justas entre las personas y hacia el entorno social y ecológico, además de un cuestionamiento político y estructural a la lógica capitalista que va a la par de la construcción de formas solidarias de intercambio, con el fin de que las comunidades puedan elegir sus propias formas de bien-estar.

Euclides Mance, filósofo brasileño y uno de los principales teóricos de la economía de la liberación, plantea que estas experiencias pueden comprenderse desde tres horizontes de Economía Solidaria:
  • La economía solidaria de supervivencia: busca básicamente atender la satisfacción de necesidades de las personas y de las propias iniciativas.
  • La economía solidaria de resistencia: más allá de eso, busca hacerlo resistiendo al modelo capitalista.  Pero, por falta de una comprensión más amplía del funcionamiento del capitalismo y de cómo superarlo, sus propuestas no consiguen avanzar en la construcción de otro sistema económico pos-capitalista.
  • La economía solidaria de liberación: como un eje de luchas, consigue atender demandas económicas inmediatas, enfrentar las estructuras económicas capitalistas y avanzar en la construcción de las estructuras de un nuevo modo de producción, de un nuevo sistema de intercambio y de una nueva formación social.  Organiza redes, circuitos económicos solidarios y cadenas de consumo, intercambio y producción, liberando las fuerzas productivas y comunidades humanas.
Una propuesta necesaria en un contexto excluyente

Si bien muchas prácticas tradicionales de producción e intercambio en todo el mundo son cercanas a la economía solidaria, es especialmente urgente fortalecer esta otra economía en el contexto latinoamericano actual.

El planeta vive una crisis como consecuencia de un capitalismo voraz que está causando la pobreza extrema, el deterioro ambiental, pérdida de derechos de las personas trabajadoras, criminalización de los movimientos sociales, desempleo y precarización del trabajo, crimen organizado, y la muerte en su más amplio sentido de la palabra.

A principios del siglo XXI, América Latina comenzó un periodo de prosperidad de la mano del alza de los precios de las materias primas.  En 2004, la región tuvo un crecimiento económico de 5.9%, encabezado por la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) cuyo PIB avanzó ese año un 9.5% mientras que el Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) crecía a una tasa de 8.4%, Brasil un 4.9%; México-Centroamérica un 4.9% y el Caribe un 4%, según datos de la CEPAL.  Alicia Puyana, profesora investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), indica que "había la sensación de que en América Latina ya no habría crisis.  Los economistas tenían la idea de que los políticos y los servidores públicos ya no tendrían que preocuparse por la tragedia permanente de la región.  Ahora la tarea era distribuir la prosperidad".

Pero con la llegada de la gran crisis económica mundial de 2008-2009, ese periodo de optimismo se terminó, y la riqueza no llegó a distribuirse.  "Ahora estamos atravesando un ciclo de precios bajos que difícilmente se recuperarán", dijo la economista, que prevé que los precios deprimidos de las materias primas continuarán así por los próximos 10 o 15 años.  Así, las economías de la región –que tras dos años de recesión lograron avanzar apenas un 1.1% en 2017– se perfilan para continuar con expansiones bajas y con sus poblaciones "disgustadas porque no se aprovechó la bonanza de los años de crecimiento", dijo Puyana.  "La riqueza se distribuyó algo en Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela, pero no hubo la intención de cambiar el modelo económico y depender menos de las materias primas".  Para 2018, el Banco Mundial espera que la región crezca un 2%.

En América Latina, las primeras dos décadas del Siglo XXI han estado marcadas por el ALBA, el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico, tres grandes proyectos de integración político-económica asentados en tratados comerciales multinacionales.  Sin embargo, según el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Arturo Oropeza, esa época está terminando.  El capitalismo neoliberal empieza a mostrar sus fisuras, su incapacidad para sostener un desarrollo equitativo y democrático, su carácter concentrador y excluyente.  Ante ese proyecto agotado, la economía solidaria se convierte en una propuesta y una realidad transformadora, que tiene el potencial de generar bienestar para los pueblos de la región.

El 2018 será un año clave para el rumbo político y económico de América Latina.  Siete países de la región cambiarán de presidencias: Costa Rica, Paraguay, Colombia, Venezuela, México, Brasil y Cuba.  Es muy probable que ocurran importantes transformaciones políticas en la región, en medio de un periodo económico que podría ser definido como de "vacas flacas" y en la era de la "política global de agresión" promovida por Donald Trump desde Estados Unidos.

En este contexto, la economía solidaria expresa un necesario esfuerzo por construir redes colaborativas solidarias, valorar los vínculos humanos y extender acciones de sustentabilidad ambiental y económica, que son además formas de defensa del territorio, de los saberes y los derechos desde las bases comunitarias y las articulaciones regionales e internacionales.

CEAAL en el movimiento internacional de economía solidaria

El 18 y 19 de abril del 2018, se celebró en Cuajimalpa, México, el “Encuentro Internacional de Economía Solidaria y Economía Azul”[1], promovido por el CEAAL, Dinamismo Juvenil A.C. y las organizaciones e instituciones educativas del Grupo Promotor de Economía Solidaria de México, asistieron representantes de 12 países entre los que se encuentran: Brasil, Chile, Perú, Colombia, Cuba, Costa Rica, Guatemala, España y México con participantes de organizaciones, instituciones educativas, cooperativas e iniciativas productivas de 17 Estados de la República Mexicana.

Para el CEAAL, fue muy importante este Encuentro, ya que fue una oportunidad para vivir la solidaridad y construir procesos económicos, sociales, emancipatorios y justos.  Se aportó a la construcción de conocimiento colectivo y se lograron articular las experiencias que participaron.  Se facilitó el diálogo entre las experiencias presentes y se nutrieron de los aportes teóricos que plantearon: Euclides Mance, promotor de los circuitos económicos solidarios; Marcos Arruda, quien propone un sistema de indicadores para orientar el camino hacia el buen vivir; y Carlos Bernal, que desde la Economía Azul propone el diseño sistémico y el aprovechamiento sostenible de los recursos disponibles en cada ecosistema, con una generación mínima de residuos.

Desde CEAAL, como educadores y educadoras populares de América Latina y el Caribe, tenemos el desafío de plantear procesos de liberación desde la formación, que contribuyan a la acción-reflexión junto con los propios sujetos de nuestra acción, utilizando metodologías que permitan el cambio de nuestras prácticas.  Nos planteamos también poner en práctica algunas herramientas de la economía solidaria, como la creación de un fondo solidario; el diseño y puesta en práctica de un curso virtual sobre Economías Solidarias para el Buen Vivir y la Emancipación de los Pueblos.

*Celina Valadez, Elisiane de Fátima Jahn, Eva Carazo Vargas y Rosa Elva Zúñiga son educadoras populares, integrantes do Grupo de Trabajo sobre economía solidaria del Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe - CEAAL.
 

[1] El Encuentro reunió a más de 200 personas.  Se compartieron experiencias de cooperativas, de educación popular, de Eco Aldeas y de diseño sistémico, circuitos económicos solidarios y redes colaborativas locales.  Fue en sí mismo una experiencia solidaria, enriquecida con los aportes voluntarios de las familias que integran el Circuito Económico Solidario “Tianguis del Buen Vivir” de Cuajimalpa, que acogieron a las personas participantes y compartieron su experiencia en la construcción del Circuito.

4 de agosto de 2018

Futuro del trabajo basado en producción y empleo sostenibles: ¿las cooperativas?

Por: Eduardo Camin / Rebelión.

Cada año, el primer sábado de julio, la comunidad internacional celebra el Día Internacional de las Cooperativas. El tema de este año ha sido "Consumo y producción sostenibles de bienes y servicios" que coincide además con la acción de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a favor de un mundo basado en modelos de producción y empleo sostenibles.

Recientemente, la Jefa de la Unidad de Cooperativas de la OIT, Simel Esim, señaló “el impacto positivo del compromiso de las cooperativas a favor de una producción y consumo sostenibles”. Y agregó que, por ejemplo, “en el norte de Sri Lanka,después de años de guerra civil, vi cómo las cooperativas contribuían a reforzar la resiliencia de las comunidades locales.”

Una evaluación rápida realizada al inicio del proyecto de la OIT Empoderamiento local a través del desarrollo económico (LEED en inglés) por otra parte, indicó que las cooperativas eran las únicas estructuras “estables” presentes en el norte de Sri Lanka antes, durante y después del conflicto. Desde 2010, el proyecto apoya a las cooperativas agrícolas y de la pesca al garantizar certificaciones de comercio justo para sus productos y ayudarlas a establecer vínculos comerciales.

Simel también señala que “he escuchado historias inspiradoras de otras regiones del mundo sobre la manera en que las cooperativas han unido fuerzas para contribuir con el consumo y la producción sostenibles y el trabajo decente, con frecuencia gracias al intercambio comercial entre cooperativas”.

Cooperativas y comercio justo.

Algunas de estas historias fueron compartidas en una reciente reunión del movimiento cooperativo y del comercio justo en Ginebra. Ahí se constató, cómo el café de las cooperativas de productores de Kenia ha llegado a los anaqueles de COOP en Dinamarca y las piñas biológicas de una joven cooperativa de Togo se venden en las cooperativas de venta al detalle en toda Italia .

También escuchamos de qué manera las cooperativas de consumidores en Asia Oriental han desarrollado productos con la etiqueta biológica y, a la vez, educan a sus miembros sobre las condiciones de trabajo de los productores y de los trabajadores, así como a reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de materiales plásticos.

El consenso al cual llegó la reunión fue que el intercambio comercial entre cooperativas puede ayudar a disminuir los costos del comercio, garantizar precios más justos y mejores ingresos para los miembros de las cooperativas y sus comunidades. Existen oportunidades no sólo en la cadena de suministro de la agricultura, también en la confección y en otros sectores. Las cooperativas de ambos lados de la cadena de suministros se unen para acortar las cadenas de valor, mejorar la trazabilidad de los productos y adoptar prácticas respetuosas del medio ambiente.

En la OIT, dice Simel Esim, “colaboramos con nuestros mandantes a fin de mejorar la huella medioambiental y social de las cooperativas en todo el mundo”, destacando que “cuando la OIT sigue promoviendo un futuro de trabajo basado en modelos de producción y empleo sostenibles, una de nuestras prioridades en los próximos años será facilitar el desarrollo de vínculos entre los mandantes de la OIT y las cooperativas”.

El objetivo es el de estimular una acción común a favor de prácticas de producción y de consumo responsables, el desarrollo de las economías verdes y circulares y la promoción del trabajo decente en las cadenas de suministro. La OIT considera que las cooperativas no sólo son importantes como medio para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de mujeres y hombres en todo el mundo, sino que también ponen a disposición de los usuarios infraestructura y servicios esenciales, incluso en áreas olvidadas por el Estado y las empresas inversoras.

Las cooperativas tienen una probada trayectoria en materia de creación y mantenimiento del empleo, ya que actualmente brindan más de 100 millones de puestos de trabajo. Asimismo, contribuyen al avance del Programa Global de Empleo de la OIT y a la promoción del trabajo decente.

Reverso y anverso del informe: el día de la falsa prosperidad.

Hace mucho tiempo que insistimos sobre la otra lectura, o la pequeña letra de los contratos, ya que el hombre hace todo por algo o para algo. Por diversos motivos y en vista de ciertos proyectos, programas o pretensiones. Pero cuando preguntamos para qué, lo que está en cuestión es precisamente el proyecto. Ahora bajo las nuevas consignas de un futuro del trabajo “verde” basado en la producción y el empleo sostenibles.

No obstante, hablamos del movimiento cooperativo. Hablamos del valor de estas grandes experiencias sociales que no puede ser subestimado, o banalizados por hechos que suelen ser solo una cortina de humo para ocultar los prejuicios de los que los utilizan. Su rica historia nos enseña que el cooperativismo nació en el mismo medio social, y en la misma época, de la miseria proletaria y producto de la misma opresión.

Pero lo que distingue el cooperativismo de las demás formas de producción es su medio de acción, que se basa en la creación de empresas para sustituir la figura del empresario, y así escapar a la explotación de las empresas privadas con las que tenían relación como trabajadores, clientes o proveedores. Entonces podríamos considerar o pretender, que el modelo económico de las cooperativas es una alternativa real a la empresa privada del sistema capitalista.

Diremos, por lo tanto, que el cooperativismo tiene el objetivo económico de la cooperación solidaria entre un grupo de socios de una empresa a través de la distribución equitativa de las utilidades o el reparto de los beneficios.

Por consiguiente, está vinculado a la economía social o solidaria como una concepción más amplia que incluye a otras formas asociativas o mancomunadas fundadas en el trabajo solidario y de cooperación para satisfacer sus necesidades de existencia y que buscan un beneficio colectivo común. Podemos concluir, que la característica central del cooperativismo en el marco de la economía solidaria es la primacía del hombre y de su función social sobre el capital.

Sin embargo, en el actual marco de la globalización, nos cuesta trabajo imaginar la evolución de estos proyectos, ya que abundan los ejemplos donde el cooperativismo adopta el camino inverso, el camino funcional al modelo económico capitalista al maximizar la ganancia solo para un pequeño grupo especulativo y burocrático.

Una cooperativa capitalista termina siendo igual, un patrón, unos asalariados, y luego la plusvalía, la ganancia y toda la producción se convierte en mercancía.

Claro se nos dirá que en política o economía está reflejado el famoso pragmatismo de Harold Wilson “si funciona debe ser correcto” en ese constante llamamiento a los hechos, pero siempre aislados. Como si los hechos se seleccionan a si mismo. Seguimos rutinas insólitas donde hay un día para todo, la nostalgia, la mujer, el amigo, el sida, el clima, el trabajo, las cooperativas, etc.

Tantos días de informes obstinados desde el monolítico edificio gris de la OIT, de la ciudad de Ginebra con el fin de construir la imagen de una sociedad desaparecida basada en el trabajo y no en su ausencia. Reflexionemos a los informes, verifiquemos, nunca está de más poner en duda incluso la existencia de los problemas, ni poner en tela de juicio sus términos.

Sobre todo, cuando estos temas implican los conceptos de trabajo, desempleo y cooperación. Somos conscientes que obstinarse en plantear un problema entre aquellos que buscan soluciones, constituye una blasfemia, una herejía inmoral, y absurda. De ahí la abundancia de soluciones falsas, de problemas disimulados, negados, de preguntas censuradas.

El día de la falsa prosperidad se repite en cada informe, la verdadera urgencia invita a investigar, la percepción de un presente siempre escamoteado, por eso esa contra cara de los informes al intentar echar luz sobre aquello que puede manipularse, la duda nos acompaña a la vez que nos motiva.
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