Absurdo, pero pasó. Lo que muchos amigos y amigas de este blog vaticinaban, sucedió. El presidente Uribe, en su inmensa terquedad, en su inmenso afán guerrerista, en su ínfimo dolor de Patria, terminó con la mediación de Piedad Córdoba y el presidente venezolano Hugo Chávez para la búsqueda de un acuerdo humanitario.
Todos los familiares de los secuestrados y todos quienes apostamos a la salida negociada a este añejo conflicto, teníamos las esperanzas puestas en esta mediación. Se abrieron caminos, se abrieron diálogos que, muy posiblemente, arrojarían la liberación de buena parte de los secuestrados.
En una decisión mezquina, unilateral, egoísta, el presidente Uribe terminó con la mediación y volvió a los familiares al desespero y a la incertidumbre.
Es difícil que lo haga, pero debemos exigirle que reconsidere su decisión. La opinión pública, las organizaciones, los familiares de secuestrados, la comunidad internacional tiene que hacerle ver a este desalmado gobernante que cometió un grave error al terminar con los oficios de Chávez y Piedad.
Que los desalmados de las Farc entiendan, también, que ganarían terreno y credibilidad al entregar, pese al rompimiento de la mediación, las pruebas de superviviencia que habían prometido. No jueguen más con el dolor de los familiares, por favor.
Nodo-caracol-bitácora virtual de cambalache chorero y otros chunches, abajo y a la izquierda.
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22 de noviembre de 2007
1 de septiembre de 2007
Mis primeras pisadas en La otra Chilanga
Después de la magnífica presentación que hacen de este humilde servidor, no me queda más que agradecer tan elogiosas palabras y el invitarme hacer parte de este necesario grupo en este necesario espacio donde intentamos una necesaria libertad.
Más que escribir una primera 'gran entrada', quiero expresar la incertidumbre que me invade y el dolor de Patria que atraviesa mis huesos, a la espera de la posible entrega de los cadáveres de once ex diputados asesinados mientras se encontraban secuestrados por la guerrilla de las Farc en Colombia.
Hace tres meses, el mundo recibió la trágica noticia del asesinato. Las Farc argumentan que murieron al ser atacados por un grupo militar aún desconocido para ellos. El Gobierno insiste en que fue un asesinato a manos de los guerrilleros.
Muchas hipótesis se manejan, algunas vinculan a fuerzas extranjeras y hasta mercenarios internacionales. Sin embargo, lo único que hasta ahora parece certero, es que están muertos y que sus once familias perdieron una lucha de casi seis años, rogándole al Gobierno y a las Farc, acercarse y sentarse a negociar un intercambio humanitario para la liberación de ellos y de los más de dos mil secuestrados que duermen obligados en las montañas de Colombia.
En buen momento inicia una mediación del presidente venezolano Hugo Chávez. Ayer se reunió con Uribe en Bogotá, con familiares de los prisioneros pedidos en canje y con los familiares de los secuestrados. Pese a eso, el Gobierno lidera una campaña de No al despeje militar, lo que dilata cualquier posibilidad de negociación. No hay una verdadera voluntad política.
Aquí estoy, a la espera de la información. Por cuestiones ajenas a mi voluntad no pude viajar al lugar donde, se supone, hoy entregarán los cadáveres de los diputados. Sin embargo, cargo un poco de pesimismo. Participo del dolor de los familiares de los asesinados.
No me gustaría tener que informar sobre otro hecho similar. En Colombia, el secuestro, ya no es siquiera un problema de mero conflicto armado. Es un grave problema humanitario.
Más que escribir una primera 'gran entrada', quiero expresar la incertidumbre que me invade y el dolor de Patria que atraviesa mis huesos, a la espera de la posible entrega de los cadáveres de once ex diputados asesinados mientras se encontraban secuestrados por la guerrilla de las Farc en Colombia.
Hace tres meses, el mundo recibió la trágica noticia del asesinato. Las Farc argumentan que murieron al ser atacados por un grupo militar aún desconocido para ellos. El Gobierno insiste en que fue un asesinato a manos de los guerrilleros.
Muchas hipótesis se manejan, algunas vinculan a fuerzas extranjeras y hasta mercenarios internacionales. Sin embargo, lo único que hasta ahora parece certero, es que están muertos y que sus once familias perdieron una lucha de casi seis años, rogándole al Gobierno y a las Farc, acercarse y sentarse a negociar un intercambio humanitario para la liberación de ellos y de los más de dos mil secuestrados que duermen obligados en las montañas de Colombia.
En buen momento inicia una mediación del presidente venezolano Hugo Chávez. Ayer se reunió con Uribe en Bogotá, con familiares de los prisioneros pedidos en canje y con los familiares de los secuestrados. Pese a eso, el Gobierno lidera una campaña de No al despeje militar, lo que dilata cualquier posibilidad de negociación. No hay una verdadera voluntad política.
Aquí estoy, a la espera de la información. Por cuestiones ajenas a mi voluntad no pude viajar al lugar donde, se supone, hoy entregarán los cadáveres de los diputados. Sin embargo, cargo un poco de pesimismo. Participo del dolor de los familiares de los asesinados.
No me gustaría tener que informar sobre otro hecho similar. En Colombia, el secuestro, ya no es siquiera un problema de mero conflicto armado. Es un grave problema humanitario.
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