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6 de octubre de 2019

Ejidatarios de Yaxkukul exigen renovación del Comisariado Ejidal.

Por: Victor Lara Martínez / Por Esto!

Después de manifestarse por espacio de dos horas, ejidatarios de Yaxkukul firmaron ayer un acuerdo con funcionarios de la Procuraduría Agraria, instancia a la que acudieron para pedir el cambio de Juan Bautista Aké al frente del Comisario Ejidal, alegando que éste se niega a emitir la convocatoria correspondiente pese a que su gestión está por concluir.

Los ejidatarios señalaron que el comisario ejidal se niega a separarse del cargo, porque no quiere perder la “gallina de los huevos de oro”, en este caso su relación con el ejidatario Rafael Acosta Solís, que forma parte de los 335 que pertenecen a esa comunidad, según una copia de la lista en poder del Registro Agrario Nacional (RAN).

Protesta

Los campesinos del ejido de Yaxkukul llegaron poco después de las 9 de la mañana y se plantaron frente a las oficinas de la Procuraduría Agraria en el Estado de Yucatán para solicitar que las autoridades presionen al Comisariado Ejidal para que emita la convocatoria de la renovación de ese órgano de gobierno.

Tras ser atendido por el encargado de la PA, Felipe de la Cruz Díaz García, acordaron realizar una junta conciliatoria al que serán citados el Comisariado Ejidal y el Consejo de Vigilancia, todo ello con la finalidad de acordar los términos de la convocatoria, para el lunes 7 de octubre a las 12 horas.

Por tal motivo, hoy acudirán dos visitadores agrarios a presentar la cita a los representantes del Comisariado Ejidal y del Consejo de Vigilancia, además de que verificarán si existe o no la convocatoria fijada en los estrados correspondientes.

Los campesinos fueron asesorados por el abogado Cuitláhuac Hernández, quien pidió a la autoridad que sean intermediarios entre el comisaría ejidal y consejo de vigilancia, con los campesinos inconformes.

De acuerdo a lo que dijeron, el período de esas autoridades ejidales concluye en este mes de octubre y no han emitido la convocatoria.

Se les informó que la Ley Agraria prevé que, en caso de emitirse la convocatoria y vencerse el período del comisariado, el Consejo de Vigilancia toma el control y tiene 60 días para emitir la convocatoria, que tiene que ser fijada en la casa ejidal y los estrados más importantes del ejido, en caso contrario, bastará que unos 20 ejidatarios regresen y soliciten ante la PA para que esa instancia proceda a emitir la convocatoria correspondiente.

Desfalco

Por otra parte, varios ejidatarios, denunciaron que el Lic. Rafael Acosta Solís es dueño de poco más de 250 hectáreas y ahora quiere apropiarse las otras 250 que todavía posee el ejido de Yaxkukul, lo cual no están dispuestos a permitir.

22 de agosto de 2018

Capitalismo y corrupción: un problema sistémico y sistemático.

Por: Kjeld Jakobsen, Marcelo P. F. Manzano / Alainet.

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Foto: izquierdadiario.es

El término corrupción, en su sentido más amplio, se refiere a las estrategias privadas que subvierten los intereses colectivos de determinadas comunidades y encontraremos casos tan antiguos como la propia historia.

Ya en la Biblia, son varias las referencias a la corrupción de los reyes, de sus amigos, de los príncipes y de los recaudadores de impuestos.  El derecho griego fue el primero en abordar el tema de la corrupción y el derecho romano, el primero en tipificarla.  En el siglo XVI las denuncias de Martín Lutero contra la corrupción en el seno de la Iglesia Católica por medio de la venta de indulgencias motivaron el llamado "cisma" que daría origen a las vertientes protestantes.

Sin embargo, justamente porque la corrupción estuvo siempre directamente asociada a las estrategias de poder, obviamente que en cualquier época o lugar es muy difícil denunciarla e incluso tener claridad sobre dónde empiezan y dónde terminan los actos corruptos.  La historia demuestra con muchos ejemplos que el desarrollo del capitalismo está asociado a la constitución de lazos de corrupción entre los grupos políticos que comandan a los Estados nacionales y los grupos privados que tienen el poder económico.

La corrupción en el seno de las potencias capitalistas

El investigador Eric Williams reveló que el negocio del tráfico de esclavos hacia el Nuevo Mundo fue fundamental para el proceso de acumulación primitiva del capitalismo de Inglaterra y que su elevada rentabilidad amplió la corrupción en el sistema político británico a través de la compra de escaños en el parlamento y garantizando títulos de nobleza a los comerciantes de esclavos[1].  También en el ascenso de Estados Unidos a la condición de potencia capitalista, se documentaron amplios expedientes de corrupción[2].  En 1887, por ejemplo, durante una huelga de los trabajadores ferroviarios, los dueños de los ferrocarriles, William Vanderbilt y Jay Gould, que habían apoyado la elección del Presidente Rutherford B. Hayes, fueron recompensados con las tropas del ejército para reprimir a los huelguistas al costo de cien muertos.

Desde aquella época fue común la intervención militar estadounidense en otros países para defender intereses de las empresas de EEUU.  Como afirmó el general Smedley Butler, que sirvió por 33 años y combatió en Filipinas, China y Centroamérica: "La mayor parte de este tiempo no he sido más que un matador con clase a sueldo de la gran empresa, Wall Street y la banca. Dicho en pocas palabras, he sido un chantajista, un gangster del capitalismo" refiriéndose a las intervenciones militares que comandó a favor de intereses de petroleras estadounidenses en México, del National City Bank en Cuba y en Haití, del Brown Brothers International Bank en Nicaragua, de empresas azucareras en la República Dominicana y de la Standard Oil en China[3].

Asociadas a las estrategias expansionistas del imperialismo estadounidense, prácticas corruptas se generalizaron entre los diferentes segmentos del sector público de aquel país.  Congresistas, presidentes de la república y miembros de las fuerzas armadas a menudo eran recompensados financieramente por empresas.

En 1954, Allan Welsh Dulles, Director General de la Central Inteligence Agency (CIA), también accionista de United Fruit Co, patrocinó con recursos públicos un golpe de Estado en Guatemala, derribando al Presidente Jacobo Arbénz por haber implantado una reforma agraria considerada perjudicial para los intereses de la empresa.  Los desdoblamientos políticos de aquella intervención llevaron al genocidio de más de 200 mil guatemaltecos, la gran mayoría indígena, a cargo de los diferentes gobiernos dictatoriales que se sucedieron[4].  La reciente guerra contra Irak siguió en el mismo sentido para atender intereses de empresas petroleras estadounidenses, como la Halliburton en la cual el vicepresidente, Dick Cheney, tenía participación.

En la posguerra fueron muchos los casos de corrupción.  Un ejemplo notorio fue el de la empresa estadounidense Lockheed, hoy Lockheed Martin, fabricante de aviones militares.  Fue denunciada a principios de los años setenta por haber pagado sobornos a agentes públicos de diversos países entre las décadas de 1950 y 1970.  Se estima que en total los ejecutivos de la empresa gastaron cerca de 300 millones de dólares (3.600 millones de dólares en valores actualizados) en sobornos para que sus productos fueran adquiridos por diferentes gobiernos[5]. Entre ellos, ministros y/o jefes de Estado de Alemania Occidental, Italia, Japón, Arabia Saudita y hasta el Príncipe Consorte, Bernard, de Holanda.

A principios de los años noventa, la "Operación Manos Limpias" conducida por la justicia italiana reveló uno de los más famosos esquemas de corrupción de los últimos tiempos. En la operación estuvieron implicados empresarios, agentes públicos y políticos en prácticas de corrupción para dirigir licitaciones y contratos de obras públicas.  Más de seis mil personas fueron investigadas, incluyendo cuatro ex primeros ministros y se ordenó prisión a cerca de 1.300.  El impacto sobre la sociedad italiana y su clase política fue enorme.  Al menos cuatro partidos se extinguieron y la pérdida de confianza en los políticos abrió el camino para la ascensión del magnate y político neoliberal, Silvio Berlusconi, más tarde condenado por comprar servicios sexuales de una menor de edad y por haber sobornado a un senador.

Sin embargo, la corrupción no es exclusiva de las relaciones entre las esferas pública y privada. A menudo, la corrupción puede involucrar a actores privados, pero que lesionan lo público en general.  Vale recordar el caso protagonizado por Volkswagen en EEUU que vendió 11 millones de vehículos entre 2009 y 2015 con un software que adulteraba las medidas de emisión de contaminantes.  El delito, que contó también con la complicidad de las agencias reguladoras, fue más tarde reconocido públicamente por el presidente de la empresa, obligándola a gastar 6.500 millones de euros para lidiar con las indemnizaciones, multas y reparaciones[6].

En fin, no parece exagerado decir que independientemente del sistema político, del momento histórico o de los valores que orientan a cada sociedad, la corrupción siempre despunta cuando hay concentración de poder y, más que eso, se convierte en un estratagema para quien ya dispone de poder, conseguir aún más poder.

La corrupción funcional al capitalismo

No obstante, se debe resaltar que en el capitalismo la corrupción gana sentido distinto e incluso funcional.  El movimiento de concentración y centralización del capital ha sido acompañado de casos emblemáticos de corrupción, no raramente vinculados a estrategias competitivas de empresas de gran reputación internacional.  Como reveló el empresario Ricardo Semler, dueño de una empresa de bienes de capital en Brasil, "es difícil vender a muchas ensambladoras e incontables multinacionales sin antes dar propina al director de compras"[7].

La intensificación de la competencia intercapitalista lleva a la multiplicación de prácticas espurias de subordinación de los intereses generales de la sociedad a los del capital.  Cuando la única medida a ser considerada es el beneficio de las empresas y el pago de dividendos a los accionistas, no parece haber límites para los embustes de los CEO's que comandan las grandes corporaciones.

Toda vez, desde el inicio de los ochenta con la reconfiguración procesada en el seno del capitalismo, se produjo un vertiginoso proceso de aumento del poder de las corporaciones internacionales en la misma medida en que declinó la capacidad regulatoria de los estados nacionales[8].  Con el avance del neoliberalismo y la intensificación de la globalización comercial y financiera, crecieron tremendamente las presiones para que los gobiernos nacionales, principalmente en la periferia, flexibilicen la protección y regulación de sus respectivos mercados internos, so pena de ser excluidos de las cadenas globales de valor, que ahora dictan la nueva división internacional del trabajo.

Ante tan enorme poder de las corporaciones, las instituciones públicas de regulación y control acabaron transformándose en objeto de negociación, algunas veces explícitas –como en los parlamentos cooptados por los lobbies y por el financiamiento privado de las campañas–, otras veces de forma ilícita por medio de la corrupción directa de los agentes públicos.

En Brasil, es notoria la expresión "crear dificultades, para vender facilidades", es decir, crear reglas y normas que dificultan el cumplimiento de la ley pero que pueden ser "flexibilizadas" mediante soborno.  En los países desarrollados, sin embargo, las desviaciones se dan cada vez más por vía inversa, particularmente, en cuanto a reglas y normas bancarias que son tan simples y desburocratizadas que facilitan sobremanera el flujo y depósito de "dinero sucio".  Es el caso del sigilo bancario suizo que hace extremadamente difícil identificar cuentas y depositantes que dejan sus dineros por allá o de la figura del trustee que rige en las islas de Jersey y Guernsey (canal de la Mancha), donde el depositante no se identifica y los recursos quedan en el nombre de terceros que reciben una comisión por el "servicio"[9].

Evasión de divisas

El poder corruptor del dinero también se hace presente en las estrategias de evasión de divisas que se generalizaron alrededor del planeta en las últimas décadas, ampliando la economía subterránea que desvía dinero a los "paraísos fiscales" u "off-shores".  Los casos recientes de los esquemas de evasión de los "Panamá papers", "Swiss leaks / HSBC" y "Paradise papers" son reveladores de la participación de parte de las élites de países europeos y latinoamericanos con esas prácticas lesivas[10]. También es emblemático el caso de la City londinense, motor económico de una de las más consagradas democracias de Occidente, que es responsable del 24% de las operaciones financieras “offshore” que se dan en el mundo actual[11].

En España, el Partido Popular (PP) adoptó esquemas corruptos para financiar a sus dirigentes y al partido.  Según la legislación española, el financiamiento de campañas se realiza con recursos públicos.  Sin embargo, se permite a individuos donar a partidos con valores limitados a 60 mil euros.  El tesorero del PP, Luis Bárcenas, administró entre 1990 y 2008 una "Caja 2" por un valor de 8 millones de euros procedentes de donaciones ilegales de empresas a cambio de contratos públicos.

También en Estados Unidos, los casos de fraude financiero y de corrupción se multiplicaron a la par de las sucesivas olas de desregulaciones que ocurrieron desde principios de los años 1990, principalmente a partir de la gestión de Bill Clinton (1994 - 2000).

Uno de los casos más notorios fue el de la empresa Enron que actuaba en los sectores de energía y comunicaciones.  El esquema se inició con la desregulación del sector energético estadounidense y contó con la complicidad de Arthur Andersen, la más antigua firma de auditoría y contabilidad de EEUU, además de grandes instituciones financieras como Citibank, JP Morgan, Chase, Merrill Lynch, Goldman Sachs, entre otras.  El objetivo era multiplicar el valor de las acciones de la empresa y así embolsar cientos de millones de dólares en el mercado de capitales.  Para inflar el precio de las acciones, diversas ilegalidades puso en práctica el directorio como, por ejemplo, ordenar que algunas líneas de transmisión fueran desactivadas por algunas horas, generando un desequilibrio entre oferta y demanda para provocar aumentos del precio de la energía y valorizar las acciones.  Con ellas en alza, los directores no sólo atraían a nuevos inversores en el mercado de capitales, sino que aprovechaban para vender sus posiciones y ganaban millones de dólares en la bolsa de valores. Además, al mismo tiempo que inflaba artificialmente sus ganancias, Enron ocultaba del balance algunos miles de millones de la deuda que poseía, de tal manera que parecía una empresa sólida y altamente lucrativa.

En 2001, cuando el fraude fue revelado, las acciones cayeron de US $ 86.00 a US $ 0.30 y la compañía fue a la bancarrota.  Los empleados de la empresa cuyas jubilaciones estaban vinculadas a las acciones vieron que sus pensiones se volvían polvo, con una pérdida que alcanzó los 1.200 millones de dólares.  Diversos fondos de pensiones que habían invertido en los papeles del gigante energético perdieron otros 2.000 millones de dólares, comprometiendo las jubilaciones de miles de personas repartidas por el país.  Arthur Andersen fue a la quiebra y los bancos que participaron en la estafa tuvieron que indemnizar a sus clientes con algunas decenas de millones de dólares.

En 2008, a pesar de las modificaciones en la legislación de Estados Unidos para evitar nuevos fraudes de ese tipo, el mundo se sorprendió con esquemas mucho más sofisticados de operaciones con derivados financieros. Contando con la colaboración de diferentes actores e instituciones estadounidenses, se engendró un proceso de especulación con títulos hipotecarios que culminó en brutales pérdidas para los contribuyentes de aquel país y para una inmensa cantidad de prestatarios que perdieron sus casas.

El colapso de 2008 generó una multimillonaria socialización de los daños, conducida por el Federal Reserve Bank, sin que los responsables de alto rango sufrieran mayores sanciones, ni fueran denunciados por actos de corrupción[12]. Por el contrario, los ejecutivos de los bancos y las autoridades gubernamentales continúan ocupando cargos de asesoría en instituciones financieras, agencias de regulación y universidades, en el país y en el exterior, con abultadas remuneraciones.

Consideraciones finales

No existen datos precisos sobre los valores relacionados con la corrupción, pero existen estimaciones a partir de la identificación de los flujos financieros que escapan al control de las autoridades, que permiten evaluar que los fraudes fiscales y de las instituciones financieras representan en promedio el 70% del total de los flujos de dinero ilícito, siendo el tráfico de drogas el segundo mayor, con un volumen cercano al 12%.

A pesar de algunas medidas moralizadoras que se han adoptado para mitigar el avance de la corrupción a escala mundial, los valores relacionados con el lavado de dinero han crecido en los últimos años.  En 1988, se “lavaron” US $ 340 mil millones, o el equivalente al 2% del PIB mundial.  En 1996, esa cifra saltó a US $ 1.100 millones, equivalentes al 3,5% del PIB mundial y en 2005 el valor efectivo se duplicó, aunque en términos porcentuales del PIB mundial se quedó en el 3%[13].  (Traducción: ALAI)

Referencias bibliográficas

BATISTA, Paulo N. O Consenso de Washington: uma visão neoliberal dos problemas latino-americanos. In: Barbosa Lima Sobrinho et al. Em Defesa do Interesse Nacional: Desinformação e Alienação do Patrimônio Público. São Paulo: Paz e Terra, 1994. Disponible en: https://goo.gl/1CtJpX

BELLUZZO, Luiz G. M. O capital e suas metamorfoses. São Paulo: Ed. UNESP, 2012.

________; GALÍPOLO, Gabriel. Manda quem pode, obedece quem tem prejuízo. Campinas: Facamp, 2017.

GRANDIN, Greg. A Revolução Guatemalteca. São Paulo, Editora UNESP, 2002.

MOURA, Denise. BBC Brasil, 4/11/2012.

SCHNEIDER, Friedrich. Financial Flow of Organized Crime and Tax Fraud in Developed Countries: an empirical investigation. In Edelbacher, Maximilian; Kratcoski, Pete C.; Dobovsek, Boran. In Corruption, Fraud, Organized Crime and the Shadow Economy. Florida: CRC Press, 2016.

SEMLER, Ricardo. Nunca se roubou tão pouco. Jornal Folha de São Paulo. São Paulo:  21/11/2014. Disponible en: https://goo.gl/1Bp6fU

STONE, Oliver e KUZNICK, Peter. A história não contada dos Estados Unidos. Barueri: Faro Editorial, 2015.


Kjeld Jakobsen es Doctor en Relaciones Internacionales y miembro del Grupo de Coyuntura de la Fundación Perseu Abramo del PT.

Marcelo P. F. Manzano es economista y profesor universitario.

Notas


[1] En Capitalismo e Escravidão (WILLIAMS, 2012).
[2]  Ver los casos de los “barões ladrões” relatados con abundancia de detalles en el trabajo de Carlos Drummond Medeiros (MEDEIROS, 2005).
[3] Ver en Stone e Kuznick (2015)
[4]  Cf. Grandin (2002)
[5] Esta información fue presentada por la propia empresa a la justicia estadounidense en 1976, seguida de las renuncias del presidente y vicepresidente de la empresa.
[6] Ver el tema al respecto en el sitio G1, disponible en: https://goo.gl/QT5e9H
[8] Ver al respecto Belluzzo (2012, cap. 4)
[9] Este tipo de expediente sirvió, por ejemplo, al ex alcalde de São Paulo y actual Diputado Federal Paulo Maluf que escondía recursos desviados del Ayuntamiento de São Paulo en bancos de paraísos fiscales y desafiaba a cualquiera a presentar alguna cuenta corriente en cualquier banco del exterior con el nombre de "Paulo Maluf ..
[11] Ver en How Corrupt is Britain (WHITE, 2015).
[12] Para conocer mejor la promiscuidad institucional que dio soporte a la llamada burbuja del subprime que resultó en la crisis financiera de 2008, se recomienda el documental “Trabajo Interno” (Inside Job, en su título original) dirigido por Charles Ferguson y ganador del Oscar al mejor documental en 2011. Además, en el libro “Manda quem pode, obedece quem tem prejuízo”, de Belluzzo y Galípolo (2017) hay también una buena descripción de aquel proceso.
[13] Cf. Schneider (2016).

4 de julio de 2018

AMLO, el capital y el nuevo patrón.

Por: Tryno Maldonado / El Sur.


El de AMLO no será un gobierno anti capitalista. Nunca pretendió serlo. Su triunfo –así le llaman, porque en el sistema de democracias capitalistas hay ganadores y perdedores– caerá como el lavado de imagen perfecto para el Estado mexicano ante el escenario internacional para obtener el espaldarazo y el carisma institucional suficientes para la continuidad de las políticas neoliberales, los megaproyectos y la extracción de recursos geoestratégicos en el territorio nacional.

Sobre el tema de la violencia, queda muy poco claro cómo se erradicará desde un gobierno capitalista como el que propone AMLO si esa violencia es estructural; si es, justamente, una violencia propiciada por el capitalismo y materializada en su expresión ideológica y ejecutora más salvaje: el capitalismo gore, los cárteles de la droga, que a su vez sirven como los brazos paramilitares del Estado en la avanzada del despojo de los recursos de los pueblos. ¿Cómo se desmonta esta pirámide de violencia dentro de una necropolítica de Estado sin desmontar también el régimen capitalista que la sostiene? Silencio.

Y de pronto, en su discurso de victoria del domingo 1 de julio, AMLO se volvió un Ricardo Anaya. Sin emoción, sin imaginación, con teleprómpter y sin recursos retóricos. Conciliador con los empresarios y el capital.

Para AMLO, la explotación del sistema capitalista no es la causa principal de la enorme brecha de inequidad en nuestro país. Para él lo son la moral y la corrupción. No en balde suele citar la cartilla moral de Alfonso Reyes con todo y su asimilación cristiana, como guía para su gobierno. AMLO habló insistentemente de que el eje principal de su gobierno será el ataque a la corrupción; no obstante, en su discurso de victoria, olvidó mencionar los escándalos más emblemáticos de corrupción del sexenio peñista –la Casa Blanca, Odebrecht, la Estafa Maestra, entre otros– e hizo, en cambio, un amplio reconocimiento a Peña Nieto por permitirle una dócil transición.

Frantz Fanon es certero: las élites son violentas en las palabras y reformistas en las actitudes.

Se sabe que la conformación del gabinete del gobierno de AMLO será en su mayoría femenino. Aunque algunas de estas mujeres tengan trayectorias muy cercanas al régimen del PRI, como en el caso de Olga Sánchez Cordero quien, como escribió Luis Hernández Navarro, “llegó al puesto en el Poder Judicial cuando a finales de 1994, el entonces presidente Ernesto Zedillo, en una especie de golpe de Estado técnico, disolvió la Corte anterior destituyendo a sus 26 ministros e integró una nueva con 11 miembros” (La Jornada, 19 de diciembre de 2017). AMLO, sin embargo, no hizo una sola mención a las mujeres durante su discurso. Y aunque en su templete en la plancha del Zócalo lo acompañaban su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, y Claudia Sheinbaum, ganadora de la jefatura de Gobierno en Ciudad de México, envió una extrañísima señal al compartir la tarima con Hugo Eric Flores, el pastor evangélico que preside el partido ultra conservador PES con el que Morena fue en alianza en estos comicios.

Así como en toda la campaña AMLO le sacó la vuelta al tema de la ola de feminicidios y desapariciones forzadas de mujeres que azota al país, tampoco tuvo una palabra de reconocimiento a las mujeres que construyeron y apuntalaron su campaña, y sin cuya labor –como en el caso de la heredera del linaje de la derecha empresarial Tatiana Clouthier– los resultados en las urnas hubieran sido muy distintos.

Aunque mencionó el respeto por los pueblos indígenas, la percepción colonial de AMLO es notoria: “México es heredero de grandes civilizaciones”, dijo, porque para él esas naciones deben ser algo que habita mayormente en el pasado; no en el presente “mestizo”. Esta visión estática de lo indígena, como ha escrito Silvia Rivera Cusicanqui, es muy propia de los gobiernos latinoamericanos neoliberales a partir de los años noventa. “Respetan” el pasado de las naciones originarias, lo folklorizan, pero no conciben como un problema ético desplazarlas o despojarlas de las tierras que ellas cuidan si el capital lo demanda. Será allí donde los pueblos originarios habrán de dar las primeras luchas del sexenio.

El gran llamado del primer discurso de AMLO como presidente electo fue, con mucha insistencia, por la reconciliación. El origen etimológico de la palabra reconciliación es conciliare, que proviene de concilium: asamblea, reunión, unión. Hacer volver a alguien a la asamblea, a la unión. Por lo que no se puede llamar al pueblo a una reconciliación. Se puede llamar a una reconciliación únicamente a lo que antes fue parte de esa unión. Si el sueño más grande de AMLO ha sido transformar al PRI desde su interior, quizá este llamado sea para volver a reconstituirlo con otras siglas, con otros colores. Con mucha probabilidad lo que veremos a partir del próximo 1 de diciembre no será lo que él llama “la cuarta transformación de México”, sino únicamente una reconciliación, una transformación más del PRI.

Escuchemos el mensaje del EZLN y de Marichuy, difundido en abril pasado: “Lo peor vendrá después del 1 de julio. Debemos estar organizadxs. Ya eligieron al nuevo patrón. Será el nuevo dueño de las fincas y de las haciendas. Y, como patrón, tendrá sus caporales, mayordomos y capataces”.

9 de febrero de 2012

Pero ¿qué país es este?


Por: Ramón Cotarelo.


¿Está en la tierra o en algún punto perdido de una galaxia ignota? ¿Está habitado por seres humanos racionales o por entes de sinrazón? ¿Por ciudadanos conscientes de sus derechos y de su dignidad o por siervos acobardados? ¿Por hombres y mujeres que caminan erguidos o por bestias de carga que humillan la cerviz? Que la lectora y el lector se respondan después de haber leído las breves consideraciones siguientes.

El único juez que ha tenido la entereza y la honradez de hacer justicia a las decenas de víctimas de una dictadura asesina está siendo juzgado por quienes son sus pares en lo formal pero no me lo parecen en lo substancial, tras haber admitido una querella formulada por los herederos ideológicos de la dictadura que en cualquier otro país del mundo estarían prohibidos. Tienen que venir del extranjero (y, en concreto, el New York Times y la justicia argentina) a recordarnos y demostrarnos la indignidad que significa perseguir penalmente a un magistrado del que cualquier otra nación civilizada se sentiría orgullosa. Ese otro colega suyo que instruyó la causa contra él asesorando a la parte acusadora privada será todo lo progresista que quiera pero, a mi modesto entender, se ha labrado a pulso un lugar en la historia universal de la infamia.

De igual modo el juez que tuvo el coraje y la decencia de imputar varios supuesto delitos a Urdangarin está ahora sometido a investigación por el Consejo General del Poder Judicial y no es impensable que acabe sancionado, mientras que el imputado, al que se atribuye la comisión de varios delitos por millones de euros se dispone a "pedir disculpas", como quien ha faltado a una regla de cortesía.

En cambio, el juez Grande Marlaska archiva la causa por la muerte de 62 militares españoles en el caso del Yak 42, ya que los responsables de subcontratar una subcontrata de una contrata no lo hicieron con ánimo causar daño alguno a las víctimas. Y la fiscalía anticorrupción renuncia a impugnar la sentencia que absuelve al ex-presidente Camps del presunto delito de cohecho. Camps, a quien otro juez del que era "más que amigo" intentó exonerar con anterioridad, se va por fin de rositas sin haber probado que pagó por los trajes del regalo y dejando en el oído del país entero la memoria de unas conversaciones telefónicas que son una vergüenza.

¿Nos apostamos algo a que también acaba investigado, imputado, procesado, quizá condenado, el juez Pablo Ruz, que acusa a varios altos cargos y empresarios del supuesto delito de apropiación indebida de fondos públicos con motivo de la visita del Papa en 2006?

Parece bastante claro que estas medidas tratan de amedrentar a los jueces castigando a aquellos que no se doblegan a los intereses de una mafia de políticos corruptos, empresarios afanalotodo y puros delincuentes. Y eso a escasas fechas de que el Jefe del Estado predicara a la nación que la justicia es igual para todos. No lo es para su yerno, no lo es para él, ni para muchos políticos del PP, ni para los curas, ni para los banqueros. La ley solo es igual (igual de dura) para las gentes del común, incluidos los jueces que creen su deber hacer justicia.

Gentes del común que rezongamos nuestro descontento en conversaciones privadas e inundamos las redes sociales con nuestras quejas, pero no sabemos o no podemos plantarnos y decir ¡basta! Porque no somos una nación en el sentido moderno del término; porque, se diga lo que se diga, aquí no hubo revolución burguesa, vinculada al origen de esa nación hecha de ciudadanos libres bajo el imperio de la ley. Aquí hemos conservado el antiguo régimen mezcla de oligarquía, caciquismo, siervos y predominio clerical que se vale del Estado de derecho como Procusto de su famosa cama.

¿Qué? ¿Cuál era la respuesta a la pregunta del principio?
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