Mostrando las entradas con la etiqueta Otra Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Otra Economía. Mostrar todas las entradas

15 de septiembre de 2018

Alternativas de consumo, ¿sólo para minorías?

Por: Gala Arias / El Salto Diario / Consumo que suma.

¿Cómo pueden llegar las alternativas de consumo a más gente? ¿Cómo trascender la escala? A partir de una reflexión colectiva, surgen algunos puntos claves que quizá sirvan para fomentar este crecimiento.


"El actual diseño del Estado limita mucho los usos económicos radicalmente alternativos,
como sería la experimentación poscapitalista" (Santiago Muiño, 2016).

"La economía sostenible genera más puestos de trabajo que la sucia, pero solo convive bien con el capitalismo si es minoritaria. La sostenibilidad real requiere otro sistema económico, el defendido por la economía ecológica, feminista y solidaria". (González Reyes, 2017).

"[En referencia a la economía social y solidaria] En España ha pasado de facturar 171 millones de euros anuales a 379 en la última década y ha irrumpido en sectores que hace muy poco parecían inalcanzables, como energía, banca y telecomunicaciones a través de cooperativas que empiezan a ofrecer la misma cartera de servicios que las multinacionales, pero con un funcionamiento y unos objetivos en las antípodas" (Rusiñol, 2017).

Cuando se trata de cambiar de cultura de consumo, cuesta pensar en mayorías. Pareciera como si las iniciativas de consumo crítico y transformador estuvieran condenadas a transitar entre pequeños círculos de personas muy concienciadas, formadas y con suficiente capacidad adquisitiva. No obstante, nadie ha dicho que esto tenga que ser así. Es más, si queremos socavar los cimientos de este modelo de consumo generador de residuos humanos y materiales es necesario que aprendamos nuevos modos de trascender la escala. 

Las claves de este proceso de pasar del micro al macro no están claras, pero una aproximación muy resumida podría ser: obtener placer, dar facilidades, hacer pedagogía, y, por último, crear proyectos verdaderamente sostenibles.

Obtener placer

Es posible que para trascender la escala haya que prescindir del discurso de la renuncia y la contención del que tanto ha abusado el movimiento ecologista y optar por ofrecer los cambios como una manera de disfrutar de una vida mejor. Está claro que el ser humano no se mueve solamente por motivaciones morales y que la búsqueda del placer y la felicidad son unas de las constantes que han marcado la historia de la humanidad. Si podemos subrayar el placer que se obtiene de cambiar de cultura de consumo (el placer de compartir, de aprender, de liberarse de una dependencia económica esclavizante) y contrastarlo con el caramelo envenenado de la felicidad consumista, seremos capaces de llegar a mucha más gente.
Entre las muchas ventajas de liberarnos del consumismo incesante está la de ganar tiempo, tanto en cantidad como en calidad. Hay que recordar que la sociedad capitalista actual engulle tiempos y que una de las experiencias más placenteras para el ser humano es disponer de tiempo libre de calidad. Hay mucho que ganar al reducir el consumo o al optar por opciones de consumo más justas y sostenibles, tan sencillas como recuperar el comercio de barrio. Por otro lado, si consumimos menos y más racionalmente, nos sentiremos menos dependientes del empleo y podremos recuperar los tiempos para la vida que tan necesarios son para nuestro bienestar.

También es interesante resaltar el placer que da la coherencia. Actuar en sintonía con lo que pensamos nos da una sensación de control sobre nuestra propia vida que es muy grata.

Tampoco hay que olvidar el placer de aprender a través de lo que estamos haciendo, el placer de crear, en entornos que son plásticos y que permiten que incidamos en mucha mayor medida en qué queremos consumir y cómo hacerlo.

De hecho, todos los proyectos de economía social y solidaria que han prosperado y que tienen un largo recorrido lo han hecho gracias al placer. Los grupos de consumo o los huertos urbanos son ejemplos sencillos porque todo aquello asociado a la alimentación está muy relacionado con el placer. Si al gustazo de comernos un tomate en su justo punto de maduración sumamos el placer de formar parte de un proceso colectivo, la satisfacción de relacionarse con personas con inquietudes similares a la nuestra, de saber que lo que haces tiene efectos positivos en el entorno, estamos satisfaciendo un montón de necesidades a la vez (compartir, comer, dar y recibir afecto…) y entrando en lo que Álvaro Porro denomina los “círculos virtuosos”.

Por otra parte, los huertos urbanos cooperativos, nos acercan a lo que se puede llamar “placer extensivo”: disfrutar de sembrar, cuidar, regar, recolectar y finalmente comerte aquello que has visto crecer es toda una experiencia de observación y lentitud que merece la pena conocer. 

Dar facilidades

Para trascender la escala también hay que dar facilidades. Que todo sea dificil es otra de las cosas que parecen gustarnos a aquellas personas con unas fuertes convicciones ideológicas. Da la impresión de que así nos sentimos más puros, más firmes en nuestras creencias. Sin embargo, aquellos que se acercan a las alternativas de consumo por motivaciones más allá de las puramente ideológicas (salud, economía, cercanía, amistad…), necesitan que las alternativas les resulten fáciles. Para ello podemos poner en marcha una de nuestras armas más efectivas: la imaginación, y su retoño más fértil, la innovación. Ese es, por ejemplo, el espíritu que animó el desarrollo del software libre Karakolas, para la gestión de pedidos de los grupos de consumo agroecológicos. Este software ha sido fundamental para el desarrollo y el crecimiento de La eComarca, red de distribución de productos ecológicos que sirve a 17 grupos en Madrid capital y a 5 más en la Comunidad de Madrid y ha favorecido notablemente la aparición de nuevos grupos.
Por otro lado, también la tecnología nos ayuda a facilitar los canales de participación, a limitar el número de asambleas, ciertos modelos híbridos, mezcla de presenciales y digitales (Jiménez Gómez, 2016), pueden resultar más amables y no comprometer excesivamente la disponibilidad de tiempo. En esta línea funciona, por ejemplo, Som Energía, cooperativa de energía verde que cuenta actualmente con casi 50.000 socios y que entre sus valores, además del ecológico, está el buen funcionamiento y que no sea más cara que un proveedor de servicios eléctricos tradicional (Rusiñol, 2017).

Para que esto se produzca, los proyectos tienen que permitir que existan distintos niveles de participación entre sus miembros para que no haya un desgaste excesivo, hay que aprender, asimismo, a confiar y a delegar en una organización asamblearia dado que participar activamente en todo, resulta imposible.

Hacer pedagogía

Para crecer hay que enseñar. La pedagogía nos resulta una aliada imprescindible en este proceso. Los impactos positivos de un cambio de cultura del consumo están invisibilizados en nuestra sociedad, hay que visibilizarlos y vincularlos con las preocupaciones mayoritarias de la población. Esto es, con el paro, la corrupción y la clase política.

Es más fácil que las personas de a pie conecten con que ciertos modelos de consumo generan paro y favorecen la corrupción política y empresarial y el empobrecimiento de la población, que con la lucha contra desigualdades en países lejanos o contra impactos medioambientales que no se perciben de manera inmediata.

Para ello es muy interesante sacar a relucir datos como los que nos hablan de que por cada 100 puestos de trabajo creados por un centro comercial se destruyen 140 en el pequeño comercio de la zona. Además, sólo un 5% de los beneficios de estas grandes superficies repercuten en la economía local, mientras que la pequeña y mediana empresa dejan hasta el 50% de sus beneficios en su área de influencia. Las redes productivas locales crean más empleo y de mejor calidad.

Muchos de nosotros somos nativos consumistas, lo vemos todo como consumidores y es necesario también hacer pedagogía para cambiar esa conciencia consumista por una conciencia ciudadana. Es también necesario llegar a más movimientos sociales, a más personas concienciadas pero que no relacionan ciertos modelos de consumo con las injusticias del día a día.

Así, muchos proyectos de la economía social y solidaria contribuyen añadiendo la formación a su agenda de tareas. Así lo hacen por ejemplo Coop57 y Fiare, que ofrecen formación financiera a sus socios.

Crear proyectos verdaderamente sostenibles

Nada más lejos de nuestra intención que medir los criterios de viabilidad tal y como los mide el capitalismo. La viabilidad real, esa que incorpora los valores sociales y ambientales de los proyectos en el cómputo total, no encaja con los parámetros capitalistas. No obstante, hay unos mínimos que los proyectos alternativos de consumo deben cubrir para que puedan perdurar en el tiempo. Dentro de esos mínimos se encuentra el de que sean proyectos suficientemente rentables como para que sus promotores puedan sobrevivir en condiciones dignas, pero no se reducen a eso. Hay muchas otras variables que definen a un proyecto como verdaderamente sostenible, entre las que se encontraría, por ejemplo, que los proyectos puedan escalarse sin desatender la estructura de cuidados y sin dejar a las mujeres por el camino.

Otra condición imprescindible de los proyectos de economía social y solidaria para que sean verdaderamente sostenibles es que trabajen en redes densas, basándose en la intercooperación. Y esto es así porque cuando se trabaja en red, nunca caes al suelo. Para perpetuarse resulta imprescindible crear alianzas y sinergias y huir del sectarismo; los mercados sociales son un buen ejemplo de ello.

Es decir, la viabilidad económica es necesaria para poder albergar la viabilidad social, que es imprescindible. Un ejemplo de ello sería Som Energia, que sigue ofreciendo el mismo precio por kWh a pesar de las recientes subidas del precio de la energía que adquieren en el mercado. Han ido guardando sus beneficios en un depósito para recuperarlos cuando fuera necesario y eso les ha permitido enfrentarse a los vaivenes del mercado sin tener que subir las tarifas a sus socios. Esta es una de las grandes diferencias entre ser cliente de una empresa que reparte beneficios entre sus accionistas y ser socio de una cooperativa sin ánimo de lucro. 

Por último, para crecer, hay que trabajar en desterrar mitos, porque los proyectos de economía social y solidaria no sólo generan más empleo que los de la economía sucia y son más resilientes, sino que pueden ser también más rentables para sus miembros. Es interesante recordar que, actualmente, Coop57 y Fiare están dando más rentabilidad a los ahorradores que la banca tradicional, y con morosidad cero.


BIBLIOGRAFÍA
- González Reyes, L. (2017). ¿Qué implica que la economía sostenible genere más empleo que la sucia? El Diario.
- Jiménez González, I. (2016). Economía social y solidaria: crecer para romper obstáculos. Diagonal, (282).
- Rusiñol, P. (2017). Economía solidaria: un plan de negocio para cambiar el mundo. El Diario.
- Santiago Muiño, E. (2016). Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial. Madrid: Los Libros de la Catarata.

8 de mayo de 2015

La economía en lucha, en resistencia de las y los zapatistas, en práctica, no en teoría (Palabras del Subcomandante Insurgente Moisés).

Buenas tardes a todos, compañeras, compañeros, hermanos y hermanas.

Según lo que estamos explicando desde ayer, antier, estábamos comentando con la comisión de compañeros y compañeras del CCRI, que nos parece que ahí va en lo que queremos hacer, y la pregunta, porque todos los que estábamos acá, si no estábamos soñando o durmiendo entonces la tenemos en la cabeza lo que ya se dijo, o lo que ya plantearon, platicaron, los compas, hermanos. Muchas cosas ya lo que nos dijeron de lo que es la hidra, ¿qué tenemos que hacer contra eso?

Organizarnos. Cuando vamos a dar esa respuesta, organizarnos, quiere decir que nuestro cerebro ya nos está diciendo qué es lo que hay que hacer primero, luego el segundo, luego el tercero, el cuarto y así sigues. Entonces eso está en idea, cuando está en el cerebro está en idea. Ahora, cuando mueves tu lengua ya está en palabra. Falta la acción, o sea la de organizarse. Y ya cuando estás organizándose, cuidado, porque ahí no va a salir tal cual como está dicho en la idea, en la palabra. Ahí te vas a empezar a tener muchos topes, muchas dificultades.

Porque si no, vamos a llegar a 2100, bueno, los que van a llegar, otra vez vamos a estar diciendo ideas, palabras, pensamientos, y mientras el capitalismo ya, ¿dónde fuimos los que tanto hablamos mal del capitalismo?, ¿dónde estuvimos si va a estar así?

Bueno, ésa es una reflexión que estuvimos viendo con los compas del CCRI, de la Comisión Sexta del EZLN.

Vamos a seguir compartiendo lo del tema de ayer, o cómo es la economía en lucha, en resistencia de las y los zapatistas, en práctica, no en teoría. En la práctica lo sacamos lo poco de la teoría que estamos compartiendo por ahora.

Por ejemplo, porque nosotros es así, que no recibimos nada del gobierno, hasta incluso nosotros no hablamos nada con el gobierno, ningún base de apoyo. Aunque nos asesinen, no hablamos con el mal gobierno, ¿cómo lo resolvemos que tenemos que darle de saber al mal gobierno? Una está ahí las denuncias públicas que hace la Junta de Buen Gobierno para que de allí se supiera los malos gobiernos. Y si no, pues en las radios comunitarias zapatistas, porque así como ayer lo estábamos platicando, que el gobierno tiene sus espías, sus orejas, hay alguien que está grabando los mensajes de las radios comunitarias zapatistas, pues ahí lo sacamos eso. Luego hay otra, pero ya luego después les platicamos.

Pocas veces manejamos dinero. Por ejemplo, en la movilización ahí sí nos obliga, porque hay que pagar con pesos la gasolina, no nos acepta kilos de maíz, frijol. Y eso es lo que lo peleamos, lo combatimos. Todo eso es lo que les voy a estar platicando en ejemplos, es con trabajo político, ideológico, mucha explicación, mucha plática de lo importante, necesario de lo que queremos hacer.

Por ejemplo, la educación. La educación de la escuela zapatista, les voy a contar cómo es que inventamos. Un compañero que es formador de educación de la zona, son seis meses que estuvo en el caracol preparando a los promotores, promotoras de educación de los pueblos, donde llegan cientos alumnos, alumnos-maestros que se van a hacer.

Entonces ese compa formador de educación se fue a ver a su familia. Llegando en su casa de su papá, ‘ya vine, papá’, dice el compa. Y el papá de ese compa formador dice ‘¿trajiste tu maíz?, ¿trajiste tu frijol? Porque aquí no tienes nada’. Y el compa formador dice:

– ¿Cómo?

– ¿Cómo? Pues si no estás trabajando.

– ¿Cómo no estoy trabajando, papá, si estoy trabajando allá con los compas?

– ¿Qué te dieron tus compas, o los compas? Si es que entonces también es un beneficio de nosotros, por qué no piensan de que también acá algo tienes que tener también para poder vivir.

– No, pues es que estamos en la lucha también –dice, el compa.

– Sí pero tenemos que tener también sobrevivencia para luchar.

– Sí –dice el compa formador.

– ¿Sabes qué, hijo? –dice el padre– Hijo, tienes que regresar. Habla con los autoridades autónomas porque si no así va a estar todo el tiempo, sin organizarse.

Y tuvo que regresar el compa. Habla con la Junta de Buen Gobierno, y la Junta de Buen Gobierno se organiza con los compañeros que están en la comisión, que así le decimos, la comisión de vigilancia y la comisión de información, o sea los compas, compañeros y compañeras del CCRI. Se organizaron y empezaron a discutir ese problema pues, porque ya es problema.

Y ya la junta y el CCRI dicen, pues sí es cierto, este trabajo es siglos y por los siglos, entonces sí tenemos que ver. Entonces empieza la discusión ahí, ahora sí de qué hacer.

– No, pues es que tenemos que sacar lo poco que tenemos.

– ¿Pero cuánto va a durar eso, lo poco que tenemos?

– No pues, apenas va a dar un año.

Entonces eso empiezan a pensarlo y hasta que sale así, de que, por ejemplo, la zona trabaja colectivamente, entonces el pueblo, o sea su pueblo del promotor o el formador de educación, que participa las bases de apoyo ahí en el trabajo colectivo, entonces la propuesta de la junta es que entonces esos miembros bases de apoyo del pueblo de formador, es de que ya no se vayan allá en el trabajo colectivo, que le trabajen su milpa, su frijolar, su cafetal, su potrero a la familia del compa formador. Entonces ya tiene maíz, tiene frijol, tiene cafetal, tiene algunos animalitos, pero son los compas bases que la van a hacer ese trabajo, entonces así ya puede tener su paguita. Entonces no se le da un apoyo, no se le da un salario a los compañeros, compañeras, formadores de educación, al igual así a los que preparan a los compañeros, compañeras, promotores de salud.

Otros compañeros, compañeras, en otras zonas, es que son diferentes las situaciones de cómo vivimos, por ejemplo, la zona Selva Fronteriza o la zona Selva Tzeltal no es lo mismo la situación a los compas de Los Altos, son diferentes pues. Entonces hay zonas que trabajan colectivamente ganadería, entonces cuando los compañeros tratan de organizarse en los primeros pasos, inmediatamente se dan cuenta.

Por ejemplo, eso que estoy diciendo, en el trabajo colectivo que hacen de zona, que están muy lejos las comunidades, entonces a la hora de ir allá en el punto del trabajo colectivo, hacen mucho gasto los compañeros. Genera gasto, entonces lo que hacen los compas es distribuir los trabajos, pero es colectivo. Es decir de que entonces, vamos a imaginar de que ésta es una zona, todo este adentro de esta casa, pero son lejísimos, hay unos que son 10 horas en carro, entonces se hace acuerdo, entonces puede ser que son diferentes trabajos colectivos, aquí es panadería, allá en la otra esquina es zapatería, allá es de granja de x cosa, luego aquí otro trabajo colectivo de la zona. Entonces para que todos los pueblos y las bases, los más cercanos en los lugares ahí se van, para evitar más gastos, y luego ya nada más los representantes se reúnen para informar cómo están, cómo van.

El chiste es de que no quede nadie sin trabajar colectivamente. Y antes de que lo duden o un día lo preguntan, ¿qué pasa con los que no quieren hacer el trabajo colectivo? No los obligamos. No los obligamos, simplemente le decimos ‘está bien, compañero, compañera, que no quieras, pero como zapatista que eres cuando hay cooperación entonces tendrá que salir en tu bolsa.

Y en los hechos y en la práctica lo están viendo los compas que es como han podido sobrevivir y es como han hecho su movimiento, los compañeros. Y es como hay algunos que van a ir integrándose los que no querían hacer el trabajo colectivo.

Entonces esas zonas que trabajan en colectivo de ganadería, es lo mismo, todos los trabajos colectivos que se hacen es por el movimiento de la lucha o por el movimiento de la autonomía. Aquí lo que se descubrió en la práctica es que no podíamos, o sea, nos equivocamos, fallamos antes, era el 100% el trabajo colectivo. Vimos que no funcionó porque entonces hay quejas, muchos problemas.

Quejas pues así de qué no tiene sal, no tiene jabón. Quejas en el sentido de que no se reparte a tiempo las siembras de lo que se cosecha. Quejas en el sentido de que hay compas que tienen muchos hijos, y se reparte igual; tienen pocos hijos otros compas y se reparte igual. Entonces todas esas cosas nos hizo reflexionar de que entonces es mejor que los pueblos, las regiones, los municipios autónomos y la zona se pongan de acuerdo cómo quieren trabajar.

El chiste es que entonces quiere ya tiempo para la familia y tiempo para lo que es colectivo. Así trabajan los compas. Por ejemplo ahí en la ganadería. Cuando hablo de ganadería no nada más una sola forma cómo. Hay, por ejemplo, colectivos de ganadería que son vacas de crianza; hay otros que no, que son nada más comprar los toretes, tenerlos unos meses y luego venderlo, sacarlo y volver a comprar, como si fuera abarrote pues.

Hay zonas que también trabajan en zapatería, los compas hacen sus zapatos. Hay una fuerte crítica y llamada de atención que se dieron los compas, como estoy hablando de ganadería, las pieles de ganado que los comen o que se mueren, ahí se pudren, de caballos, de burros, de mulos, ahí se pierden por no saber curtir. Y entonces intentaron los compas a buscarlo, nadie los quiere enseñar, porque donde han buscado que les enseñara, ése es el que compra los cueros. Bueno, a ver si por ahí quién sabe para que nos enseñe.

Otra forma de economía zapatista es, vete a saber por qué así le pusieron los compas, le dicen los bancos autónomos. Los llamados BANPAZ, BANAMAZ; ahora resulta que dicen que hay BAC, que porque es Banco Autónomo Comunitario. Son dos ideas que se juega ahí. Uno es de las necesidades, jabón, sal, azúcar y esas cosas. Entonces para que el dinero que tienen los compas a la hora de vender su frijol, su maíz, su puerco, lo que haya, es que entonces ponen su abarrote; entonces ese dinero que lo encuentran vendiendo sus productos se va en la cooperativa colectiva y ese dinero, lo poquito que tiene de la ganancia se va en el movimiento de la autonomía o de la lucha, para que no se le da a los partidistas.

Y así lo hacen también eso en el BAC o en los bancos autónomos, porque es que prestaban con otras personas, ya sea zapatista o no zapatista, y cobran hasta el 15% del interés mensual, o sea se aprovechan pues. Por eso los compas hacen ese fondo, ese banco autónomo, para salud y para lo que es comercio. Han tenido problema los compañeros, no se crean que es muy bonito, han tenido problemas. Sobre esos problemas van a ir mejorando pues, pero sí hay cosas bonitas por decir así, y es decisión de los pueblos, hombres y mujeres.

Por ejemplo, si yo presto 10 mil pesos en el banco autónomo, entonces si mi hijo o mi esposa logré curarlo, pago el 2% del interés; y si entonces no logré curar, falleció mi hijo o mi esposa, es que también ya el prestado perdió, ya no lo devuelvo. Es un acuerdo que tienen en la zona, así como se perdió la vida de la familia, entonces también el dinero se va ahí.

¿De dónde lo encuentran el fondo en el banco autónomo? Tienen varias formas de cómo hacer los compas de las zonas. Una es de que hacen acuerdo para que no sientan pesado los compas, las bases, es que entonces hay un acuerdo que lo tienen que es un peso por cada mes, cada base de apoyo. O sea este mes de mayo ya debo depositar un peso, y luego en junio otro peso, quiere decir que son 12 pesos que aporto yo como base de apoyo al año, y como somos miles entonces ya hay 12 mil, 15 mil, así. Eso es lo que se va en el fondo, o sea en el banco autónomo.

Otra es de los donativos que dan nuestros hermanos y hermanas, compañeros y compañeras solidarios. Una parte de eso se va en el fondo, en el banco autónomo, y otras partes se van en trabajos colectivos de la zona.

Otra forma de cómo conseguir recursos es que se ponen de acuerdo las zonas. Cuando son tiempos de vender las cosechas, ya sea café o maíz, entonces es que se ponen de acuerdo, entonces por ejemplo, cada base de apoyo tiene que aportar 80 kilos de maíz, 50 kilos de frijol, entonces eso ya se vende por toneladas y entra ahí un fondo. Ya luego deciden si ese fondo se va al banco autónomo o para invertir en otra cosa.

Otra forma de cómo hacen los compas por zonas es que hacen el trabajo colectivo de milpa, el trabajo colectivo de cafetal, y ya cuando se cosecha es otra forma de cómo hay un ingreso.

Bueno entonces hay una cosa que quisiéramos aquí compartir, por si un día les vaya a pasar a la hora que están luchando, que lo sepan que así pasa. Ayer estábamos platicando de ONGs, y dijimos que bajó los proyectos, pero no es porque bajó porque ya no hay ONGs o porque ya no gestionan proyectos las ONGs, ahí siguen. Es que hay algo que no les gustó. Hace varios años una ONG llegó con los compas juntas de buen gobierno y les dice de que hay un proyecto de salud, y los compas lo aceptan, que son 400 mil pesos en el proyecto. Entonces vuelven a llegar, a decir de cómo se va a hacer el programa del proyecto de salud, pero ya otro miembro de la ONG, entonces la Junta de Buen Gobierno le pregunta dónde está el papel del proyecto y del monto total del proyecto.

– ¿A poco no lo tienen todavía? –dice.

– No, por eso estamos pidiendo.

– Ah, pues con mucho gusto.

Entonces sacan y entregan, y en el proyecto dice 1 millón 400 mil pesos. Entonces ahí vimos que esa ONG nos está dando a nosotros 400 mil pesos y les está quedando a ellos un millón de pesos. Claro, es para pagar la luz, es lo que luego dijeron, que es para pagar la renta y no sé qué. Entonces de allí nosotros empezamos a tener experiencia de que, no sé cómo decirles, porque según eso que dicen ONG, es Organizaciones No Gubernamentales, ¿no?

Entonces del hombro de los que se están luchando por la injusticia y la desigualdad, y la miseria y todo lo demás, todavía se cuelgan otros ahí. Qué tan inteligentes somos, ¿no?

Entonces a partir de eso se comunican los compas de las juntas de las zonas que hay que tener cuidado. Entonces ya cada ONG van ahora sí a presentar sus proyectos y se les pide dónde está el monto total, ‘ahí les voy a traer’, ya hace años y no han podido llegar, no encuentran su carro.

Entonces eso es lo que pasó. Unos quedaron, que ahí están acompañando a los compas de las juntas de buen gobierno. Pero no quiere decir que las ONGs que hay, que no están buscando de sus proyectos. Sí, ahí andan por ahí, hasta incluso tal vez diciendo que están trabajando con los municipios autónomos rebeldes zapatistas, pero bueno, ahí lo verán ellos.

Y una forma de cómo ahorrar a los compas, el ejemplo que les voy a dar es sobre la salud, porque los compas de las juntas se ponen de acuerdo con algunos médicos que ayudan. Los médicos nos dicen de que hay dos cirugías, la menor y la mayor, y que la menor de las cirugías está saliendo a 20 o 25 mil pesos, y la mayor es mucho más. Entonces lo que hacen los médicos que ayudan a los compas es que se van en los hospitales autónomos y ahí hacen la cirugía los médicos que apoyan.

Es un verdadero gran apoyo porque le echan la motosierra y sacan lo que sacan y ya, no pagan los compas. Ya los compas sólo nomás se encargan del antibiótico pues, para que no haya infección, que ya va saliendo a mil o a dos mil pesos. O sea es un ahorro bastante.

Otra forma es que esa voz que ya les conté ya, corre. Corre en las comunidades, entonces ayer estábamos platicando eso de que los partidistas van y no hay doctor, no hay cirujano o cirujana, entonces como corre la voz de cómo organizan los compas, entonces todos los partidistas se van en el hospital donde llegan los médicos solidarios. Entonces lo que hacen los compas es que la asamblea de la zona es que se ponen de acuerdo, que tienen que cobrar algo, pero tampoco que se pasen de más.

Por ejemplo, el médico que diga, esta cirugía vale 6 mil pesos, entonces 3 mil pesos tienen que pagar el partidista. Y si dice esta cirugía vale 8 mil, entonces 4 mil tiene que pagar el partidista. Pero aun así, el partidista, la partidista está ahorrando porque allá afuera es de 20 a 25 mil pesos.

Es una forma del cómo se busca de tener ingresos, entradas pues. Hay zonas que tienen sus trabajos colectivos de artesanía. Hay compañeras en las zonas que trabajan como colectivo en ganadería o en vender comida, que son temporales porque no todo el tiempo hay salida, sino cada vez cuando hay fiesta de nosotros, nosotras, entonces es ahí donde funciona el colectivo ése de comedores.

En estos trabajos colectivos que decimos de las zonas, los compañeros autoridades de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno son los que se encargan de promover, de agitar, y buscan apoyo de orientación, de animación, con los compas del Comité Clandestino.

Ahora ya hay participación de los compas bases de apoyo, que dan propuesta también en asamblea, qué trabajo colectivo se puede hacer. Esos trabajos colectivos que hablamos nos ha servido mucho como para entenderlo verdaderamente el vigilar al gobierno, porque son los que administran, el gobierno, la Junta de Buen Gobierno, o los MAREZ. Y como es trabajo, es sudor del pueblo entonces los compas exigen a sus autoridades que tienen que rendir la cuenta, cuánto en total hubo de ingreso, cuánto en total el gasto, en qué se gastó y cuánto es lo que queda. Es así como no lo dejan en paz a sus autoridades que tienen que rendir cuenta, y se imaginan si es que sale faltando, porque ahora sí en vez de que se va en la cárcel se va en el trabajo colectivo, porque tiene que pagar en el trabajo colectivo lo que roba o lo que gasta.

En el trabajo colectivo que se hace, porque estamos hablando de cientos de hombres que van a trabajar, salen problemitas que luego se convierte en problemota. Por ejemplo, yo ya sé que va a haber el trabajo de hacer milpa, entonces quiero un machete (inaudible), y luego este compa lleva un machetote. ¿Cuál es el chiste? El chiste es de que a la hora de que yo estoy trabajando esto, pues abarca muy poco el espacio el machete, y el que tiene grande el machete abarca más grande, o sea soy muy mañoso yo, para que trabaje yo menos. Entonces cuando pasa eso, la autoridad, o sea el encargado del trabajo colectivo, entonces es lo que hace es que le toca 2 metros a cada quien, y ahora sí se chinga el que trae grande, chico, su herramienta, el que salió primero ya salió.

Porque esas cosas es las que desanima, es las que desmoraliza, causa problema, y que ‘el dirigente por qué lo permite, es porque es su cuñado, su suegro’, esas cosas, ¿no? se busca la solución de cómo hacerlo. Ah, sí, otros están fumando cigarro, y otros que están limando mucho su machete, es para pasar tiempo, o sea para ser mañoso no hace falta. Ojalá que no les pasara porque ahí si no van a tener risa.

Entonces, el chiste es, como ayer estábamos diciendo, es que no nos dejamos. Somos muy tercos, somos muy necios. No lo abandonamos. Buscamos la salida, aconsejando, dando aclaraciones, explicaciones pues, y así vamos a seguir.

Los trabajos colectivos que estamos platicando, eso es lo que nos ha ayudado mucho, y de esas dos forma, de que el mes se divide, 10 días para el trabajo colectivo, 20 días para el trabajo de la familia. Cada quién se pone de acuerdo. Otro dice no, 5 días para el trabajo colectivo y 25 días para la de la familia. Cada quién se pone de acuerdo, ya sea pueblo, o sea comunidad, ya sea región, ya sean municipios autónomos o como zona. Esos son cuatro niveles de cómo se trabajan los trabajos colectivos, o sea, son cuatro niveles de asambleas, podemos decir así, de cómo se ponen de acuerdo pues.

Entonces esto, lo que les platicamos, compas, lo que nos da la fuerza es porque estamos organizados. Y estamos organizados en todo y bajo un solo pensamiento, porque es que nos recordamos entre todos nosotros, es que aquí nosotros tenemos que resolver ya. Ya no vamos a estar pensando de nadie, ni del gobierno ni nadie. Entonces, compañeros y compañeras, tenemos que resolver este problema, tenemos que hacer este trabajo. Se tiene que pensar, se tiene que discutir, se tiene que analizar, se tiene que animar, se tiene que consultar a las bases. Realmente los compañeros han profundizado mucho ya esto, hasta incluso han encontrado ya el mecanismo de cómo, porque es que lleva procesos.

Háganse de cuenta de que entonces estábamos acá, hay una propuesta de la Junta de Buen Gobierno ahorita, y nosotros como autoridades que estamos acá, si lo entendemos la gran importancia, lo gran necesario, pero no lo saben nuestras bases, entonces tenemos que regresar. Entonces nos va a llevar 10, 15 días, y luego regresar otra vez en la asamblea y ver el resultado. O sea, son procesos que lleva para que salga una decisión, pero ya lo que hace eso, que sí lo logremos, que lo logramos pues, es porque estamos organizados.

La organización es la que nos une. Por eso es tan importante eso de decir organizarse. Pero a la hora de que estamos ya aquí, pues empieza eso empiezan los qué es lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer, y todos los montones de problemas, ahí lo van a ver, por eso se los estamos platicando nada más, para que entonces los que representan que tengan bien puestos los hígados, porque ahí lo van a ver, porque puede ser que primero tú eres el que abandones. Y cuando digo abandonar es por un montón de cosas, porque vas a robar lo que hay ahí, o porque sólo nomás es bueno de gritarlos y no trabajas, o sea nada más exiges, gritas y tú no. O al revés, tú estás en chinga y tu pueblo ves que no te sigue, ‘¿pues pa qué estoy chingándome acá?’

Van a ver, ahí lo van a ver, por eso se lo estamos diciendo, pero es así, no hay de otra, aunque quieras buscar no hay de otra. Está la idea eso que dicen que la desobediencia, o sea hay que desobedecer al sistema, ¿cómo? Los compas bases de apoyo sí lo están haciendo, lo de desobedecer, y de por sí el gobierno no entra, ni en lo político, ni en lo ideológico, y en lo económico pues casi igual nos vamos, porque nosotros no pagamos los millones de impuestos, que son millones de pesos, pero tampoco recibimos los millones que dice que da, entonces por eso decimos que estamos más o menos igual pues. Pero no entra en lo cultural, ni en lo social.

Entonces ya los veo que ya sus ojos están así como ojito de armadillo. Mañana vamos a continuarnos y (inaudible).

26 de septiembre de 2013

Maíz transgénico en México: mucho que arriesgar, poco que ganar.

Por: Mariela Fuentes Ponce, Iván P. Moreno Espíndola, Luis M. Rodríguez Sánchez y Juan Macedas Jiménez* / La Jornada Michoacán.
Desde los últimos meses del gobierno de Felipe Calderón se ha difundido con mayor intensidad la discusión en torno a la posibilidad de aceptar la liberalización de maíz transgénico a campo abierto con fines comerciales en nuestro país, centro de origen y diversificación de dicha planta. Esta discusión no es nueva. Desde anteriores administraciones panistas y priístas se había intentado minimizar o banalizar el tema de la introducción de plantas de maíz transgénico, como si se tratara de una tecnología totalmente probada e inocua para el consumo animal, humano y, aún para el ambiente. En la actual administración el gobierno se ha rehusado a tomar una postura pública al respecto.
Por su parte, organizaciones campesinas, sociales y de académicos han planteado el debate del uso de semillas de maíz transgénico desde la entrada en vigor del Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLC), en 1994. En una lista presentada por la propia Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), por medio de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), se menciona que el 14 de febrero de 1995 se autorizó la venta comercial de un jitomate genéticamente modificado (FlavrSavr™), de la empresa Calgene SA de CV. ¿Con qué elementos contamos los ciudadanos para ser partícipes del debate y hacernos una opinión al respecto para exigir a quienes, en teoría, nos representan, la mejor política pública? Es urgente la revalorización y priorización de la actividad agrícola en el país desde la perspectiva de seguridad y soberanía alimentaria, y desde el propio contexto cultural.
Un modelo privatizador.
Desde hace algunas décadas, las políticas públicas que se han implementado para el campo mexicano han fomentado sistemas de producción uniformes mediante la oferta de paquetes tecnológicos que se desarrollan bajo el esquema de un modelo económico y político privatizador. Muchos de estos modelos son ofertados por la agroindustria, lo que ha provocado la pérdida de saberes y tecnologías locales, los cuales implican perspectivas de adaptación y resiliencia ante los cambios ambientales, económicos y sociales actuales. La inserción del maíz transgénico en la producción y comercialización en México no es un hecho aislado, sino que responde a esta visión de seguir ofertando soluciones aparentemente inmediatas en un contexto de “agricultura moderna”, modelos arrastrados desde la revolución verde que asumen la posibilidad de solucionar todos los problemas de la producción agropecuaria. Sin embargo, omiten la complejidad de los agroecosistemas, además de permitir la injerencia de empresas privadas en las decisiones prioritarias nacionales, como lo es el modelo de producción de alimentos, el cual se interpreta como un modelo privatizador en un área prioritaria de nuestro país, la producción de comida para la población. Todo ello restringe nuestra soberanía y autonomía alimentaria, aumentando nuestra dependencia respecto a otros países productores de alimentos, y a las empresas privadas del agronegocio y afines. Las empresas productoras de semillas y de agroquímicos pugnan por una agricultura dependiente de insumos, lo cual generará una concentración del capital por parte de dichas empresas.
Según un reporte de Reuters, la mayor empresa vendedora de semillas modificadas, Monsanto, en el trimestre agosto-octubre del 2012 obtuvo por ventas 2 110 millones de dólares. Mientras, Syngenta, empresa generadora de herbicidas, plaguicidas y semillas modificadas, aumentó sus ganancias este año en un 13 por ciento; el presidente ejecutivo de dicha firma, Mike Mack, aseveró que en 2012 sus ventas fueron de 14 mil 200 millones de dólares. Las diferentes compañías, al ofertar el maíz transgénico enfatizan dos características agronómicas: resistencia a insectos y tolerancia a herbicidas con el fin último de incrementar el rendimiento de grano por hectárea. Esta perspectiva es totalmente antagónica a la concepción de las culturas diversas de México, donde se cultiva el maíz con una visión holística, respondiendo a necesidades de vida; se siembra junto con frijol, calabaza y otras plantas, acordes a los diferentes ecosistemas y tecnologías locales, adaptándose a las condiciones culturales y climáticas de las diferentes regiones de nuestro país. En la visión de los campesinos, en una parcela no solo se busca obtener la mayor producción de un solo tipo de grano, se busca también enriquecer la alimentación con hierbas comestibles (quelites), condimentos (chile y epazote), colectar diferentes hongos e insectos.
Un modelo reduccionista.
Por otra parte, en esa concepción de la agricultura se generan espacios de conservación in situ de una amplia diversidad de plantas medicinales y de ornato, como el cempasúchil. En este contexto, lo que estamos discutiendo no es sólo la entrada o no del maíz transgénico al campo y al mercado nacional, sino de diferentes concepciones del quehacer agrícola en México, tanto a nivel de política pública, extensionismo, el apoyo al campo y pequeños productores, la generación de conocimiento, así como el modelo económico y de soberanía nacional. El modelo reduccionista de paquetes tecnológicos y aparentes soluciones inmediatas introduce en la agricultura lo que se denominan organismos transgénicos o genéticamente modificados (OGM). El maíz que comúnmente se ha introducido se denomina Bt (por la bacteria Bacillusthuringiensis), es una planta que ha sido modificada artificialmente para que produzca una toxina que de manera natural sería producida sólo por dicha bacteria. Esta modificación implica que al menos un gen de la bacteria fue introducido mediante técnicas de biología molecular en el genoma del maíz. En el caso del maíz Bt, se introdujo una instrucción para que produzca una proteína tóxica denominada Cry, que en teoría ayudaría al maíz a tener su propio insecticida. Bajo esta idea simplista se han creado diferentes organismos en los que se combinan genes de bacterias, virus y plantas, suponiendo un efecto aditivo simple.
Un transgénico es aquel organismo al que se le han introducido una combinación artificial de genes, en el cual se supone que únicamente se expresará el transgen de interés, sin afectar el resto de las instrucciones y funciones que de manera natural realizarían las células del organismo modificado y sin interactuar con el medio en el que dicho organismo se desarrolla. Sin embargo, la complejidad de los sistemas biológicos rebasa estos supuestos ya que la naturaleza es mucho más compleja que la idea simplificada de la doble hélice del ADN que aprendemos en la escuela. Diversas investigaciones, como las del grupo de Elena Alvárez-Buylla, del Instituto de Ecología de la UNAM, han demostrado impactos ecológicos y productivos al cultivar comercialmente variedades transgénicas, como la pérdida de diversidad genética del maíz, siendo centro de origen nuestro país. El maíz es una planta de polinización libre, por lo cual no hay control entre las cruzas, lo que ha generado que variedades nativas hayan presentado ya flujo génico de variedades modificadas (demostrado por Ignacio Chapela y corroborado por Elena Alvárez-Buylla, en Oaxaca). La diversidad coadyuva a las diferentes variedades nativas a adaptarse a las variaciones climáticas y geobiofísicas, mientras que  los transgénicos no son flexibles en este sentido.
Un modelo incierto.
La concepción de la agricultura moderna y la dependencia que se ha generado hacia los insumos agrícolas en manos de empresas privadas apoyadas por los diferentes gobiernos federales, ha provocado la desaparición de modelos de producción agrícolas acordes con el contexto nacional. Los insumos promovidos por estas empresas incluyen las plantas genéticamente modificadas (transgénicos), lo que implica la perdida de diversidad de una planta nativa como es el maíz en México. Otro problema ecológico es la transferencia horizontal de los transgenes, esto significa que las secuencias de ADN, o parte de ellas, transferidas artificialmente de un organismo a otro, pueden pasar de la planta transgénica a una planta normal por medio del polen. Esta transferencia o flujo génico implica el riesgo de que las secuencias artificiales de una planta transgénica afecten detrimentalmente a variedades nativas de maíz, provocando, cuando menos, anomalías en el desarrollo de las plantas con “flujo génico”. No sabemos realmente cómo se puede expresar el transgén en otras plantas a mediano y largo plazo, sean comestibles o no, ni qué implicaciones ambientales y a la salud podrían tener.
La propuesta de introducción de maíz transgénico en México está enfocada en el norte del país, zonas con agricultura extensiva e industrializada. Entonces la pregunta es: ¿cómo afectaría la liberación de transgénicos a la producción local que se realiza en la milpa?
Como se explicó anteriormente, el flujo de los trangenes por medio de la polinización libre, especialmente en plantas como el maíz, implica el riesgo de que las secuencias de ADN patentadas pasen a las variedades nativas, lo que implicaría, según las leyes de propiedad intelectual, que ese maíz que antes era propiedad social podría pasar a ser propiedad de una empresa, con lo cual los campesinos ya no serían dueños de su semilla y cada año tendrían que comprarla a alguno de los fabricantes trasnacionales que las ofertan. Pensando con un poco de malicia, diríamos que la producción intensiva del norte del país destinada a las empresas procesadoras de forraje y alimento humano estaría dominada por las semillas transgénicas, y que a la par se generaría un mercado de semillas “orgánicas” o “libres de transgénicos” a precios elevados, a los cuales sólo un sector privilegiado de la población tendrá acceso, generándose un nuevo mecanismo de mercado en el que seguramente se incorporarían las mismas empresas productoras semillas, quienes nunca dejarían de ganar.
Un modelo tóxico.
Otro problema es que se ha demostrado que el uso de plantas transgénicas, como las resistentes al glifosato, estimula el surgimiento de insectos y arvenses resistentes a dicho herbicida, debido principalmente a la repetida exposición al agrotóxico. Evidencias encontradas en Argentina sobre el surgimiento de “super malezas” demuestran que el uso de líneas transgénicas resistentes a herbicidas no disminuye su uso, por el contrario, los agricultores tienden a aumentar las cantidades del agrotóxico aplicadas al suelo para intentar controlar el aumento en el número de arvenses e insectos resistentes.
¿Cómo nos afecta todo esto como consumidores de alimentos?
El uso excesivo de herbicidas, según la Union of Concerned Scientists, en sembradíos de maíz transgénico de 1996 a 2008 (específicamente uso de glifosato) aumentó 173 millones de kilogramos; esto conlleva efectos colaterales como la acumulación de residuos tóxicos en la cadena alimenticia (tanto en legumbres, hortalizas, granos como en diferentes tipos de carne, incluyendo pescado), el deterioro de la calidad del agua superficial y subterránea (el agua que extraemos para tomar y asumimos como potable), la reducción de la biodiversidad y la acumulación en el suelo donde se volverá a sembrar, entre otros. Todo lo anterior implica una amenaza a la salud pública.
Actualmente no se sabe a ciencia cierta los daños directos que podría implicar el consumo de transgénicos en la salud de los seres humanos, sin embargo, ya se ha demostrado que los transgenes son bioacumulables en los tejidos de plantas y animales, pueden llegar finalmente por medio del alimento a las personas. Lo anterior nos remite a la reciente y polémica publicación del investigador francés Gilles-Eric Séralini y colaboradores, quienes mostraron el surgimiento de tumores en ratones que consumieron maíz transgénico. De igual manera, Pusztai y colaboradores alimentaron ratas jóvenes con dietas balanceadas que contenían papas genéticamente modificadas y no modificadas; los resultados mostraron un aumento significativo en el grosor de las mucosas del estómago y un alargamiento de las criptas de los intestinos de las ratas alimentadas con las papas modificadas. A pesar de que los exámenes aplicados podrían ser controversiales, la mayoría de los comentarios negativos a este artículo publicado en la revista médica Lancet fueron personales, opiniones no arbitradas y, por ende, con un valor científico muy limitado.
Un modelo no sustentable.
Considerar el cultivo de maíz genéticamente modificado como una alternativa de innovación tecnológica implica la destrucción de modelos sustentables de producción de alimentos en un contexto de escasez, desnutrición y hambre a nivel mundial. Específicamente en México, donde los productores han realizado mejoramiento genético del maíz (50 razas), generando sus propias semillas de variedades adaptadas a las nuevas condiciones agroecológicas, la entrada de transgénicos, los cuales no se distinguen a simplemente vista del resto de las variedades, generaría pérdida de diversidad y de las semillas nativas, lo que implicaría que los agricultores tendrían que comprar cada año la semilla a las empresas privadas, además de que si los maíces nativos presentan flujo génico de material generado por las empresas, el agricultor es perseguido por tener un material que esta registrado por la compañía en cuestión (Monsanto, Syngenta, Aventis, Dupont, BASF).
Todo lo anterior, además de ponernos en riesgo como consumidores, aumenta nuestra dependencia, disminuyendo la soberanía y autosuficiencia alimentaría del país, la cual ya está en serio peligro.
Según Antonio Turrent-investigador de INIFAP-, para el 2012 México importó un tercio del maíz requerido. Es urgente una discusión amplia sobre las perspectivas y planes para el desarrollo de la agricultura en México que incluya a campesinos, asociaciones de productores, diferentes instancias gubernamentales e instituciones de investigación y formación para generar mecanismos de regulación y control para los organismos genéticamente modificados, especialmentede aquellos que, como el maíz, tienen al territorio de México como centro de origen y diversificación.
Algunas propuestas.
Aunque la discusión de la introducción de maíz transgénico a campo abierto no se ha agotado, planteamos algunas propuestas. El Estado mexicano debe tener una postura clara que no responda a los intereses de las empresas productoras de semillas, sino a un modelo de desarrollo del campo mexicano, con base en las características bioclimáticas y socio-culturales del país. El Estado debe generar un programa de inventario y monitoreo constante que apoye a los productores para generar bancos de semillas de maíz nativo, asegurando que estén libres de transgenes.
Por otra parte, debe obligarse al etiquetado de los productos que contengan transgénicos o derivados de éstos, salvaguardando el derecho del ciudadano de elegir, de manera informada, el producto que está consumiendo. Si fuera imperante importar maíz transgénico, debe repartirse como harina y no como grano para evitar que se use como semilla. Finalmente, el Estado debe subsidiar y fomentar la selección masal para no perder la riqueza genética del maíz nativo y generar independencia de los productores y del propio país. Todo esto implica una política agrícola de apoyo al pequeño y mediano productor en pos de una autosuficiencia y soberanía alimentaria. Implica un cambio en la política económica y social del país.
Hasta el momento, el Estado no ha asumido una política social y económicamente responsable exponiendo a los sectores socialmente más vulnerables: en el campo a los pequeños productores, los cuales pierden el control sobre la producción de sus propias semillas volviéndose dependientes del gobierno y las empresas, lo que acentuará el abandono de la actividad agrícola; en las ciudades los consumidores con menos recursos no tendrán acceso a alimentos biológicamente seguros. Es urgente que como sociedad nos vinculemos y organicemos para obligar al Estado a garantizar del derecho a la alimentación de buena calidad y a la no privatización y contaminación génica de las semillas.

*Profesores-investigadores del área de Agronomía de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, que participan en el Programa de Investigación Sierra Nevada-Centli de la UAM, conjuntamente con productores del Valle de México.

24 de septiembre de 2013

"Cuidar", el verbo más necesario frente al neoliberalismo patriarcal y la globalización inequitativa.

Por: Marcela Lagarde / Palabra de Mujer.

Cuidar es, en el momento actual, el verbo más necesario frente al neoliberalismo patriarcal y la globalización inequitativa. Y, sin embargo, las sociedades actuales, como muchas del pasado, fragmentan el cuidado y lo asignan como condición natural a partir de las organizaciones sociales como la de género.

Así, son las mujeres quienes cuidan vitalmente a los otros (hombres, familias, hijas e hijos, parientes, comunidades, escolares, pacientes, personas enfermas y con necesidades especiales, al electorado, al medio ambiente y a diversos sujetos políticos y sus causas).
Es necesario un cambio para lograr la igualdad en el cuido entre mujeres y hombres

Cuidan su desarrollo, su progreso, su bienestar, su vida y su muerte. De forma similar, mujeres y hombres campesinos cuidan la producción y la tierra y las y los obreros la producción y la industria, la burguesía cuida sus empresas y sus ganancias, el libre mercado y hasta la democracia exportada a países ignorantes.

La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres afectiva y simbólicamente en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar  y doméstico al ámbito del poder político institucional.

La fórmula enajenante

Asocia a las mujeres cuidadoras al descuido para lograr el cuido. Es decir, el uso del tiempo principal de las mujeres, de sus mejores energías vitales, sean afectivas, eróticas, intelectuales o espirituales, y la inversión de sus bienes y recursos, cuyos principales destinatarios son los otros.

Por eso, las mujeres desarrollamos una subjetividad alerta a las necesidades de los otros, de ahí la famosa solidaridad femenina y la abnegación relativa de las mujeres. Para completar el cuadro enajenante, la organización genérica hace que las mujeres estén políticamente subsumidas y subordinadas a los otros, y jerárquicamente en posición de inferioridad en relación a la supremacía de los otros sobre ellas.

Las transformaciones del siglo XX reforzaron para millones de mujeres en el mundo un sincretismo de género: cuidar a los otros a la manera tradicional y, a la vez, lograr su desarrollo individual  para formar parte del mundo moderno, a través del éxito y la competencia.

El resultado son millones de mujeres tradicionales-modernas a la vez. Mujeres Atrapadas en una relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse.

La cultura patriarcal que construye el sincretismo de género fomenta en las mujeres la satisfacción del deber de cuidar, convertido en deber ser ahistórico natural de las mujeres y, por tanto, deseo propio y, al mismo tiempo, la necesidad social y económica de participar en procesos educativos, laborales y políticos para sobrevivir en la sociedad patriarcal del capitalismo salvaje.

Los hombres: cuidar es inferior

Usar su tiempo en la relación cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con  los otros. Dejar sus intereses, usar sus recursos subjetivos y bienes y dinero, en los otros y, no aceptan sobretodo dos cosas: dejar de ser el centro de su vida, ceder ese espacio a los otros y colocarse en posición subordinada frente a los otros. Todo ello porque en la organización social hegemónica cuidar es ser inferior.

El  cuidado  pues  está  en  el  centro  de  las  contradicciones  de  género  entre  mujeres  y hombres y, en la sociedad en la organización antagónica entre sus espacios. El cuidado como deber de género es uno de los mayores obstáculos en el camino a la igualdad por su inequidad. De ahí que, si queremos enfrentar el capitalismo salvaje y su patriarcalismo global, debemos romper con la naturalidad del cuidado por género, etnia, clase, nación o posición relativa en la globalización.

Cuidado y feminismo

El feminismo del siglo XX ha realizado la crítica del modelo “superwoman” y ha denunciado la explotación de las mujeres  a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades, incluso del trabajo asalariado, de la relativa exclusión de la política y de la ampliación de una cultura misógina simbólica e imaginaria.

Sin embargo, nos queda por desmontar el deber ser, el deber ser cuidadoras de las mujeres, la doble jornada y la doble vida resultante. Y eso significa realizar cambios profundas en la organización socioeconómica: en la división del trabajo, en la división de los espacios, en el monopolio masculino del dinero, los bienes económicos, y en la organización de la economía, de la sociedad y del Estado.

Se requieren a la vez, cambios profundos en las mentalidades. Es extraordinario observar cómo la mayoría de las mujeres, aún las escolarizadas y modernas, las políticas y participativas, las mujeres que generan ingresos o tienen poderes sociales diversos, aceptan como un destino,  con sus modalidades, la superwomen– empresarial, indígena, migrante, trabajadora, obrera-.

Con esa subjetividad de las mujeres subordinada a la organización social, a las instituciones como la familia, la iglesia y el Estado, y a los hombres, no estaremos en condiciones de desmontar la estructura  sincrética de la condición de la mujer, imprescindible para eliminar las causas de la enajenación cuidadora y dar paso a las gratificaciones  posibles del cuidado.

La vía imaginada por las feministas y las socialistas utópicas desde el siglo XIX y puesta en marcha parcialmente  en  algunas sociedades tanto capitalistas como socialistas y tanto en países del primer y del tercer mundo, ha sido la socialización de los cuidados, conceptualizada como la socialización del trabajo doméstico y de la transformación de algunas actividades domésticas, familiares y privadas en públicas.

Haberlo hecho ha significado mejoría para la vida de las mujeres, liberación de tiempo para el desarrollo personal, la formación, el arte,  el amor y las pasiones, la amistad, la política, el ocio, la diversión, el deporte y el autocuidado, incluso, una mejoría en la calidad de vida y en la autoestima.

FUENTE:

11 de septiembre de 2013

De ciencia económica y economistas.

Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx



Durante una buena parte de mi infancia deseé entrar al seminario. El ejemplo de mi párroco me inspiró tal deseo. Llegó, sin embargo, la adolescencia, con todas sus dudas y quebrantos. La preparatoria me inició, en tiempos del movimiento estudiantil y popular surgido a partir del secuestro y asesinato de Efraín Calderón Lara, el Charras, en el interés por la política. Después de esa vorágine que me llevó a ser testigo presencial del ataque armado de las fuerzas de la policía contra el edificio central de la Universidad de Yucatán, pensé que era mejor dedicar mi vida a la lucha social. Por un momento, el seminario dejó de ser mi primera opción. El curso 74-75 era mi último año en la preparatoria, por lo que debía decidir qué carrera me permitiría dedicarme a cambiar la sociedad.

Enseguida pensé en la facultad de economía. No obstante mi falta de afición por los números, el plan de estudios y la vida interna de esa facultad universitaria era lo que más se acercaba a lo que yo quería… Ha llovido mucho desde entonces. El estudio de la economía, poco tiempo después, se transformó de manera radical. Los vientos de Harvard y Yale comenzaron a encumbrar en los puestos públicos a economistas ligados a la llamada línea neoclásica en su derivación neoliberal. Yo decidí, finalmente, entrar al seminario y la vida me ahorró la posibilidad de ingresar al selecto grupo de los Chicago Boys que han construido altares a lo que llaman el libre mercado.

Los economistas de hoy, salvo raras excepciones, se enojan cuando se les habla de ética económica. Dicen que lo científico de su disciplina consiste, justamente, en moverse por los hechos y la fuerza del análisis y no por la imposición de afirmaciones morales que se erigen como argumentos de autoridad. Objetivizan de tal manera a las fuerzas económicas que se refieren, como si fueran entes independientes de la voluntad humana, a las fuerzas del mercado: los mercados “se ponen nerviosos”, afirman de manera que raya en la ridiculez.

Jorge Arturo Chaves (así, con ese), economista de Heredia, Costa Rica, ha llamado a la refundación de la economía (Agenda Latinoamericana 2013, pp. 154-155). Su razonamiento pone bajo juicio la manera actual de abordar los problemas económicos. Reconoce la razón que tienen los economistas al rechazar la injerencia de discursos ideológicos para determinar las decisiones económicas, como si se pudiera determinar qué es lo que hay que producir, establecer los precios de los productos o determinar el tipo de puestos de trabajo que habría que crear. En esto, sostiene Chaves, los economistas tienen razón porque la economía, como ciencia, ha de regularse por un método propio en un esfuerzo por conocer las realidades con las que trata.

Sin embargo, afirma el costarricense, hay dimensiones de la economía que los profesionales no alcanzan a ver por el rígido esquema en que han sido formados. La economía no fue concebida como una ciencia únicamente para resolver los problemas técnicos que puedan surgir del funcionamiento económico, sino que su estatuto científico surgió de la preocupación por definir dos preguntas claves: para qué y para quiénes funciona la economía, y para qué y para quiénes se resuelven sus problemas de una manera o de otra. Al decir de Chaves “la primera pregunta define la dimensión técnica o ingenieril de la economía, mientras que los otros dos interrogantes expresan el carácter ético y político que tiene toda actividad económica”.

La actual funcionalidad de la ciencia económica al dictado de los poderosos de este mundo (eficiencia monetaria, recortes presupuestales, desprecio a las necesidades de la población, consagración de los procesos de acumulación de capitales y del despojo) surge precisamente del abandono de una de las dimensiones fundamentales de la economía en cuanto ciencia: el reconocimiento de que todas las políticas económicas, las medidas gubernamentales o empresariales siempre llevan a construir un determinado tipo de economía y a favorecer a determinados grupos, aunque no se diga o se trate de ocultar bajo razonamientos de aparente cientificidad.

Los ejemplos del abandono de esta dimensión, que brota de la misma racionalidad de la ciencia económica y no de dictados externos, los podemos ver en la crisis europea, reflejo de la crisis norteamericana y mundial: se pospone el apoyo a los desempleados y a las familias que perdieron sus viviendas, por fortalecer, en cambio, a los grupos financieros que fueron, paradójicamente, los responsables principales de la crisis. Es como si a todos los países les estuviera llegando la hora de su Fobaproa y su rescate de carreteras. Soluciones económicas que huelen más a latrocinio que a ciencia objetiva.

La propuesta de Jorge Arturo Chaves es desafiante: en una sociedad marcada por la desigualdad y a exclusión, la ciencia económica ha de recuperar su vocación original de ciencia de la producción y distribución de bienes y servicios para responder a las necesidades de las personas en convivencia y en razonable relación con el resto del planeta, entendiendo por planeta no solo los países y la especie humana, sino las posibilidades limitadas del entorno medioambiental.

Democracia económica, le llaman algunos, aludiendo al control social que los ciudadanos y ciudadanas tendrían que ejercer en torno al cumplimiento de la vocación original de la economía. Chaves prefiere llamarla “refundación de la economía” porque implica la recuperación del carácter humano de la vocación originaria de la ciencia económica, la única manera de garantizar la supervivencia de la sociedad actual y la vida en el planeta.

Esta refundación, advertimos, tendrá que hacerse a contrapelo de los teóricos que legitiman una dinámica económica que beneficia de manera desproporcionada a pequeños grupos de gran poder. Los poderosos y sus legitimadores van a oponerse con todas sus fuerzas a que la economía cambie y regrese a lo que estaba llamada a ser desde sus mismos orígenes. Ese es uno de los campos de batalla en que se juega la construcción del otro mundo posible o la inviabilidad de la convivencia pacífica en este planeta, según la posición que se tome.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...