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3 de septiembre de 2008

Pero sucede.

Hay un dicho popular que reza: “cuando el tecolote canta el indio muere”, y puede ser leído como el augurio de un destino que tarde o temprano habrá de cumplirse. De la misma manera, los calendarios de arriba y abajo –como decimos en la Otra Campaña cuando imitamos la retórica del Subcomandante Insurgente Marcos– apuntan hacia un 2010 cargado de los presagios que convoca la cíclica rebeldía de un pueblo que cada cien años parece tener una cita muy especial con la Historia.

Llegamos así al final del octavo mes del año ocho del siglo que corre parejas, más que con el viento, con la miseria humana toda. No podía ser diferente, sabedor de símbolos que luego se convierten en fantasmas que recorrerán el mundo, el Poder de Arriba quiso, al menos en México, ahuyentar la tierna rebeldía que una y otra vez se anima a juntarse bajo la sombra del general Zapata.

Agosto fue, pues, un botón de muestra muy claro sobre lo que el Estado mexicano, constitucionalmente protector del modelo de producción capitalista, tiene deparado para quienes no se sumen a su fiesta esperpéntica. El mes comenzó con el enésimo embate de los caciques de San Lucas de Jalpa en contra de la comunidad wixárika de Bancos de San Hipólito, en Durango; los señores, a la vieja pero nada caduca usanza porfirista de asociarse con el poder, amenazaron con arrancar una serie de proyectos que no son otra cosa que la venta, privatización, contaminación y destrucción de tierras sagradas, saltándose la resolución del Tribunal Superior Agrario aún pendiente.

En Nuevo León, el caso de los compañeros y compañeras de Escobedo, presas y presos políticos del represor gobierno que Carlos Salinas de Gortari en su desfachatez pretende heredar, se enrarece mientras las constructoras Maiz Mier y Marfil Maple Urbanizadora, cuyos dueños son familiares del goberladrón (¿es que hay de otros?) priísta José Natividad González Parás, se acarician las manos saboreando el despojo de 184 hectáreas a los colonos de Nueva Castilla.

La mañana del día 21, el gobierno represor de Enrique Peña Nieto que en vísperas de su informe de desgobierno se para el cuello con el arresto de 20 plagiarios y la liberación de dos personas raptadas, se cebó sobre sus propios secuestrados: los 13 adherentes de la Otra Campaña privados de su libertad por razón de clase, como bien dice Guillermo Almeyra, que aún siguen en los penales del Altiplano y Molino de las Flores. No por nada ése mismo día alrededor de 500 agentes de la policía se apostaron frente a los juzgados del penal en Texcoco y los tres días siguientes elementos de la Agencia de Seguridad Estatal pretendieron intimidar a familiares, amigos y adherentes de la Otra instalados afuera en plantón.

En Oaxaca, funcionarios de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes interrumpieron la transmisión de la Radio Comunitaria “La Rabiosa”, de Huajuapan de León, y confiscaron el transmisor, una computadora, la mezcladora, los micrófonos y audífonos, el material discográfico y útiles varios de audio, en lo que viene a ser la tercera acción represiva del desgobierno federal en contra de medios alternativos e independientes.

Siguiendo nuestro caminar al sur del país, la política contrainsurgente que en su versión calderonista se viste de “reparto de tierras” continúa su marcha en tierras chiapanecas. Esta vez, por un lado, el Programa de Certificación de Derechos Ejidales elaboró nuevos planos de los bienes comunales del municipio de Aldama y, como cuando el gobierno de Escandón y la hacienda del Hospital les dieran las tierras de los de Anenecuilco a los de Villa Ayala para que se pelearan entre ellos en el Morelos de 1910, dejó en manos de comuneros invasores de San Martha (priístas para más señas) 30 hectáreas que ancestralmente han poseído los de Aldama: Bases de Apoyo del EZLN y priístas que cada que tienen conflictos prefieren acudir a la Junta de Buen Gobierno antes que con las autoridades oficiales. Por el otro, paramilitares de la ya conocida y pripanperredístamente solapada Opddic volvieron a agredir a Bases de Apoyo zapatistas, hiriendo en el abdomen a Mariano Pérez Guzmán con un tiro de bala mientras junto con otros compañeros hacía medición del terreno en K’an akil, municipio autónomo de Olga Isabel.

El dicho popular, en el mejor de nuestros barroquismos, se apura en aclarar que no es cierto que el indio muera cuando canta el tecolote. Igualmente, el 2010 tampoco debería estar obligado a convertirse en la convocatoria insurreccional de la que nadie sabrá como terminará todo; sin embargo, la necedad de quienes nos mal gobiernan y de quienes (ellos sí) les siguen el juego no hace sino que se pueda concluir, como en el dicho: “pero sucede”.

10 de noviembre de 2006

LA OTRA CAMPAÑA VA :: andar las huellas de francisco villa.

Por Rodrigo Ibarra
El Rocinante de Troya

8 de noviembre de 2006

Crónicas de un bus y un Sub. Bus postmoderno con 49 pasajeros (y todos los colores del arco iris en la izquierda de abajo) siguiendo al Sub en La Otra Campaña.
El Centauro

Un frío arrebol atrás de la montaña anuncia la proximidad del sol a su territorio. La ausencia de luz hiriente puebla la inmensa llanura de silencio. El azul del cielo comienza a forzar la retirada del gris que se aleja montado en un vientecito tímido, casi imperceptible, fresco y sin aroma.


Fotos: D.R. 2006 Rodrigo Ibarra
A lo lejos, tras de una escarpa pedregosa, aparece un resplandor.

Una larga sombra se mueve en el valle. Su paso es firme como su mirada, extendida implacablemente sobre el territorio de matorral interrumpido de cactáceas erguidas. Las pisadas del centauro resuenan delicadamente en el templado territorio rojo y terregoso.

Francisco Villa surca sereno el vasto valle de su natal Durango. Dentro lleva un océano de huracán. Cabalga y respira el desierto. La mañana se torna clara como su pensamiento, como la tarea que lleva en las cantinas de la montura de su corazón.

Serpenteando las rocas esparcidas miles de jinetes siguen la huella del caudillo. Comparten el camino y una misma tormenta. Lejos, atrás, sus milpas se queman de sol, las calabazas revientan, el frío resquebraja las vainas y los granos de frijol se pierden y se pudren entre los surcos arrebatados de maleza. La parcela se perdió hace tiempo. El hacendado la arrebató. Ellos la cultivaban amándola como a un crío carnal y ajeno. En ese desierto reseco el maíz se regaba con lágrimas arrancadas por el despojo. Ahora ellos cabalgan de espaldas a ese pasado doliente, pero avanzan con su sangre hacia la milpa. Llegó la hora. Con rifles construyen el puente a la justicia que les fue negada.

A media tarde el general Villa levanta el brazo y jala las bridas. Todos se detienen. Llegan a donde un negro cinturón humeante está tendido sobre el valle. A lo lejos, sobre la larga cinta algo se ve venir veloz. Es una camioneta multicolor seguida de un gran autobús. Ambos llevan pintadas palabras que hablan de las viejas nuevas injusticias, de presos políticos, de desaparecidos. El autobús, de una empresa turística, con letras rotuladas del color azul de la carrocería dice “VIP”. Con pintura blanca de zapatos las siglas se convirtieron en “Very Important Proletariat”.

Villa y sus Dorados, la infantería y las soldaderas los ven pasar. Con la mano sostienen sus sombreros para mantenerlos en su sitio ante la ráfaga del viento de cometa. Dentro del autobús veinte computadoras portátiles reproducen audios, videos, imágenes y textos del Durango de Villa en La Otra, de El Otro Durango.

Los jinetes hunden la espuela. El contingente avanza. Tienen un Díaz, un Huerta y un Carranza en su horizonte. El De la Huerta, el Obregón, el Calles y su prole: el PRI, el PAN y el PRD nos tocan a nosotros.

Un yugo de madera

Entramos a Durango por Gómez Palacio, La Laguna todavía. Miles de pozos, como gigantescas jeringas, chupan el agua del subsuelo para regar 40 mil hectáreas de alfalfa. Cinco millones de metros cúbicos de leche producen muchos millones de billetes. La leche se reparte, se distribuye. Los billetes engrosan las cuentas de los empresarios domésticos y extranjeros. Los campesinos en cambio dejan su tierra, su vida e identidad porque no tienen agua para regar. El frijol de temporal se paga a 4 o 5 pesos y además les deben parte de la cosecha del año pasado.

Luego llegamos a Durango, la capital. En un salón sencillo pululan jóvenes, anarquistas, comunistas, punks, skinheads. También colonos y campesinos. Las mujeres de la tierra de los alacranes hablaron con voz ardiente de “una sed, un hambre de justicia”. Se repitió la historia de explotación de las maquiladoras, de los jornaleros, de la carencia de empleos dignos, de los caciques, empresarios y narcos y sus mansiones. Descubrimos un aporte para la filosofía, la narcoestética; el gusto de los capos por un neoclásico abigarrado en sus mansiones de la exótica colonia Jardines de Durango.

Los caciques duranguenses vestidos de dólares tienen un funesto puente construido de madera con los indios tepehuanos (inum en su lengua). Los inum viven en la sierra y durante décadas sacaron la madera y construyeron su propio aserradero. Como consecuencia de las malas políticas forestales la sierra se sobreexplotó. Del aserradero tepehuano de Santa María Ocotán y Xoconoxtle salían tres o cuatro camiones torton diarios llenos de tablas y tablones o rollo. Tenían una fábrica de palo de escoba y otra de huacal para la verdura.

Los indios nunca han vivido de la madera, me comentó Juán Flores, indio inum. Vivimos de la milpa, de la tierra, del frijol. En el aserradero nomás los que trabajaban, como unos trescientos. En Santa María somos como veinte mil. Los repartos (el dinero que los comuneros percibían por la madera de su ejido) eran de a 50 pesos o 100 para cada familia. Lo de un seis y se acababa el reparto. Nos daban un reparto cada dos o tres años. Los encargados de bienes comunales recibían el dinero para los repartos a cuenta de madera y endrogaban al ejido.

Los industriales, los caciques de la madera como la famila Rincón, la familia Rosas Núñes, la Pérez Gavilán, se han hecho millonarios con el usufructo de la madera. Las fábricas de celulosa ya se acabaron el río Tunal, afluente del Santiago. Lo mataron con la contaminación. “Si las vacas toman agua del Tunal se mueren”. En Durango los ríos son ahora de dinero, pero son monopolio de las familias de los caciques depredadores.

De acuerdo a datos de la FAO, en México se pierden al año 615 mil hectáreas de bosque cada año. El índice de deforestación es de 1.2% anual, el doble de Brasil o Colombia. El índice de deforestación de Canadá es cero. La balanza comercial en cuanto a madera de Canadá tiene un superávit de 20 mil millones de dólares. México tiene un déficit de más de dos mil millones.

Hace 7 u 8 años se decretó veda forestal en Santa María Ocotán y Xoconoxtle. El estruendo de las máquinas del aserradero ahora es un ruinoso silencio. Quedan los tejabanes como fantasmas de un pasado de gran actividad, pero también de inequidad.

Juan Flores no quiere que se levante la veda. “Es por diez años”. Pero dice que si vuelven a trabajar la madera se van a acabar de nuevo el bosque porque los industriales no respetan las marcas. “Si hay 20 árboles marcados de ahí sacan 60”. Dice que el bosque se debe de trabajar sacando solamente los árboles viejos, los rayados, los que están secos. Yo como comunero no estoy de acuerdo en que se vuelva a sacar la madera como antes, dice Juan. Sería “darle el tiro de gracia a nuestro bosque”.

Ahora el territorio está en peligro. El ejido de Santa María ha sufrido un despojo y tiene un predio en un litigio que ellos dicen no entender. El gobierno les ha hecho cuentas y les sacó una deuda impagable. Ellos no saben cómo adquirieron esa deuda. Como consecuencia, parte de su terreno comunal fue embargado y rematado. Ellos lo quieren recuperar. “Somos gente de lucha” dice una mujer recia. “No nos vamos a dejar. ¡Ahí estaremos hasta la victoria siempre!”.

Epílogo

Dejamos Vicente Guerrero, estado de Durango, a cuyo municipio pertenece Santa María. Nos despedimos del general Villa con el saludo de los arrieros que a la vuelta se encuentran. Él no nos mira. Está ocupado tirando bala contra el opresor.

El autobús se encarama por la sierra sinuosa. Entra a territorio zacatecano. Por la ventana trasera del autobús vemos a lo lejos el cerro de sombrerete coronado por una nube solitaria que derrama una inusual lluvia, como un manto que se desgarra. Luego regresa el arrebol. Esta vez es rojo, como sangre.

Nos cobija la noche y nos da la bienvenida el viento frío que viene silbando desde el cerro de la Bufa. Sí, donde cabalga también mi general escoltado por Felipe Ángeles y Pánfilo Natera.


The Narco News Bulletin: Reporting on the Drug War and Democracy from Latin America

7 de noviembre de 2006

COMISION SEXTA [DURANGO] :: indígenas, esclavos del voto.

Ante el subcomandante Marcos denuncian desalojos y embargos de sus tierras

Acusan a alcalde de Durango de usar a indígenas como "esclavos del voto"

Tepehuanos deben enfrentar jueces venales, policías antimotines y políticos mentirosos

HERMANN BELLINGHAUSEN

Foto: Víctor Camacho
Jóvenes punketos también respondieron a la convocatoria del delegado Zero para expresar su problemática en Santa María del Ocotal, en El Mezquital, Durango Foto: Víctor Camacho

Vicente Guerrero, Dgo. 6 de noviembre. "Aquí hemos soportado desalojos y embargos por parte de empresarios, autoridades, jueces y seguridad pública. Han venido a quitarnos lo que es de la comunidad, y nos impiden el paso a nuestras tierras, el único patrimonio que tenemos y nos pertenecen legalmente desde hace 43 años. Nos las quieren arrebatar por razones desconocidas. Padecemos invasiones, conflictos agrarios, oscuridad", manifiesta en la casa del asediado patio maderero de esta comunidad tepehuana su representante, Carmelo Reyes, para recibir al subcomandante Marcos.

"Estamos en pie de lucha por la unidad social indígena en defensa de nuestro territorio. A pesar de tener terrenos, debemos irnos a trabajar a otros estados", prosigue don Carmelo. Lo rodean decenas de hombres y mujeres de la comunidad, en un cuarto desnudo y con los vidrios rotos (más tarde sabremos que saqueado por la policía), que fue la casa del "patio maderero" que el gobierno les quiso arrebatar a principios de este año.

Pues en esta tierra de tepehuanos vinieron a exhibir su calidad los políticos electos del PRD y el PT. Con amigos como el presidente municipal Bernardo Nevares Guzmán, del sol azteca, y el diputado petista Pepe Posada, para qué quieren enemigos los indígenas. El segundo incluso participó en los ataques de policías y empresarios contra la comunidad.

"Hay mucha corrupción en Vicente Guerrero", añade una mujer. "Los ricos se hace pasar por ejidatarios, con prestanombres. Vienen con apoyo del gobierno a comprar terrenos. Hay mucha injusticia. El alcalde tiene secuestradas las arcas. Usó a los indígenas como esclavos del voto."

A orillas de la carretera Durango-Zacatecas, este ex aserradero fue clausurado y saqueado por las autoridades y las policías municipales de Súchil, Nombre de Dios y Vicente Guerrero al servicio de empresarios que ambicionan las tierras tepehuanas. Ocho veces atacaron a los indígenas; la última, el pasado 14 de febrero, fueron repelidos por los comuneros luego de un choque "de un día y una noche", donde mujeres y hombres se opusieron al despojo, del cual, insisten una y otra vez, desconocen los motivos. Desde entonces "dejaron de molestarnos", cuenta una indígena más tarde. No obstante, les quitaron su maquinaria, y ya dos predios al otro lado de la carretera fueron enajenados por las empresas Lala y Cervecería Cuauhtémoc, que hoy poseen allí sendas bodegas, en tierras que no les pertenecen.

Para los tepehuanos, el gobierno lo encarnan jueces venales, policías antimotines y políticos que en campaña "hasta nos saludan de mano" y ya en el cargo se les echan encima, sean el alcalde perredista-petista, sea el gobernador e inversionista Ismael Hernández Deras, de extracción priísta. Y sus socios, los inversionistas privados.

En el patio maderero viven sólo algunas familias de la comunidad Santa María Ocotán y Xoconostle, compuesta por unos 19 mil tepehuanos. "La mayoría viven en la sierra", expresa otro hombre mayor, quien se pregunta: "¿Por qué a las comunidades indígenas se les suprime y cataloga como seres inferiores?"

Juan Chávez, a nombre del Congreso Nacional Indígena, llama a los comuneros "a organizarnos para recuperar nuestros territorios, y que nos sirvan para garantizar la vida en mejores condiciones". El representante purépecha critica a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indios, que no sólo no ha defendido a los pueblos sino que se sumó a la política de saqueos y crímenes contra ellos". A la situación de olvido, Chávez agregó "el robo de lo que pertenece a los pueblos" y explicó: "Estamos en la otra campaña por un nuevo programa nacional de lucha en el que estemos todos, y no quedemos otra vez olvidados".

El subcomandante Marcos cierra el acto confirmando a los tepehuanos que en México, "si hay una ley que te protege, el rico hace otra contra esa ley", y les describe las condiciones generales de los pueblos indígenas en el país, no muy distintas a las de este poblado. Insiste en que es posible el cambio pacífico, y cita los casos de Bolivia y Ecuador, donde la resistencia indígena ha transformado esos países.

La víspera, la otra campaña sostuvo un concurrido encuentro en la ciudad de Durango con adherentes, en la sede del Consejo Coordinador Obrero Popular (Cocopo) en la colonia San Luis, donde esta organización ocupó hace una década 400 viviendas para familias de escasos recursos. Participaron en la sesión la Organización Democrática Campesina, Alianza Social, Jóvenes de Hoy, Unión Punk Inconforme (UPI), Patriotas Mexicanos, el Movimiento de Activistas Sociales (MAS), así como estudiantes de la Universidad Juárez y el Tecnológico de Durango, entre otros.

En la tierra de Francisco Villa se subrayaron la contradicciones entre los movimientos populares por abajo y la hegemonía de una sociedad que fue descrita como "muy conservadora", en "una tierra políticamente desolada, en la que el PRI está a la derecha del PAN, y el pueblo está agraviado y abandonado".

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