Fue tan hermoso como inesperado: salió el día en estado naciente; es decir, nació. Solamente por eso, aunque hubiera nacido otra cosa –hermosa, se entiende–, también ella tendría un inmenso valor. En el himno de Homero, Afrodita se hace merecedora de ese mismo epíteto: “La Naciente”. Así es llamada. Y de Afrodita fue aquel día, un día naciente, donde todo nació: hasta el día, hasta las nubes, hasta la gente.
Pasaban guardias civiles llevados a hombros por el pueblo, por las gentes del pueblo de Madrid, y ellos eran felices. Los rateros se declararon en huelga; no hubo un solo hurto, por pequeño que fuera. Las personas entraban en los bares, donde pedían y pagaban; nadie intentó tomarse ni siquiera un café sin pagar. Las joyerías estaban intactas, con sus alhajas resplandecientes; nadie pensó en romper los cristales, nadie pensó en romper nada. Creo yo que era la claridad del día. Pero si esa claridad del día se dio precisamente el 14 de abril, y si lo que nació de ese día naciente fue la República, no puede ser por azar. Fue, pues, un nacimiento y no una proclamación.
Y de ese día naciente recuerdo en especial un episodio. Las gentes sólo pensábamos –es muy cursi, lo sé, pero es verdad– en amarnos, en abrazarnos sin conocernos. Llorábamos de alegría, unos y otros, en la Puerta del Sol. Yo estaba allí cuando llegó Miguel Maura, cuando entró en el Ministerio de Gobernación. El edificio se había ido llenando de gentes, como convocadas por una especie de corona de nubes que se había ido formando en el cielo. Era una hermosísima corona, tan hermosa que, una vez vista y contemplada, hace imposible aceptar ninguna otra corona. Se hizo sola, con esas nubes de abril que son un poco hinchadas, pero contenidamente; un poco rosadas, pero contenidamente. Era algo tenue e indeleble a la par, algo inolvidable siendo tan leve, tan sostenido que no se sabe qué esfera celeste tenía que ser, y, de no ser celeste, lo más cerca que en este planeta puede haber de celeste.
Florecieron las banderas republicanas, florecieron no se sabía desde qué campo de amapolas o de tomillo. Hasta había perfume a campo, a campo de España. Y, entonces, todo fue muy sencillo: Miguel Maura avanzó con la bandera republicana en los brazos. La llevaba tiernamente, como se lleva un depósito sagrado, un ser querido. La desplegó y dijo simplemente: “Queda proclamada la República”.
Fue un momento de puro éxtasis. Unas horas más tarde, no muchas, mi hermana Araceli, junto con su marido, con mi padre y conmigo, fuimos a Telégrafos. Entraron los hombres para poner algunos telegramas, y nos quedamos mi hermana y yo, solas, en la plaza donde no había nadie, debajo, por azar, de un reverbero blanco de luz, de una blancura incandescente, de una blancura que yo nunca más he vuelto a ver. Llegó un grupo de hombres, de indígenas, de gente de aquí, salida, como salía todo en aquel momento, de una tierra feliz, de una tierra que estuviese comenzando a salir de la maldición bíblica, si es que de verdad nos han dicho aquello de “parirás con dolor”. Parecía que ya la tierra no tendría que parir nunca más con dolor, sino con gloria, y que todo sería amor, unión entre el cielo y la tierra.
Y llegaron aquellos hombres pequeñitos, españoles, indígenas. Vinieron hacia nosotras, hacia mi hermana y hacia mí, con esa timidez que tienen todos los seres que nacen como es debido y, al mismo tiempo, llenos de confianza. Éramos señoritas. Íbamos vestidas de señoritas. Mi hermana todavía podía pasar, pues llevaba un abrigo rojo, que ella no se encargó para la ocasión. Pero yo iba de azul celeste, color nada revolucionario. Y se acercaron casi como de puntillas, y, mirándonos, nos dijeron: “¡Viva la República!” Y nosotras, con alegría, y dándoles más espacio de cordialidad y de entendimiento, contestamos. Entonces volvieron a decirlo cada vez con mayor júbilo, al ver que nosotras participábamos y nos uníamos a ellos a pesar, creo yo que pensarían, de ser dos señoritas. Uno de aquellos hombres, que llevaba una camisa blanca, se destacó. Sería por azar, pero estaba colocado debajo del reverbero blanco; así que la blancura de su camisa era ultraterrena y, al mismo tiempo, terrestre, porque todo era así, nada era abstracto, nada era irreal, todo era concreto, real, vivo, la mismísima realidad, la felicidad.
Algunas güeblogs republicanas:
III República.
Palinuro.
El principal valor es el respeto.
Apodérate.
Trazas.
Días como todos.
A sueldo de Moscú.
III República.
Palinuro.
El principal valor es el respeto.
Apodérate.
Trazas.
Días como todos.
A sueldo de Moscú.

11 comentarios:
Es un tema difícil para mí.
Sólo digo lo que dije en otro blog.
La mejor de las suertes para España, un país lleno de amigos.
Saludos.
Saludos, Tina preciosa; gracias por la visita.
Y hoy es día de república, de celebración, de recuerdo, de movilización. Así que gracias porque no olvidemos como hoy tenemos que gritar en voz bien alta aquello de ¡Viva la república!
q grande la Zambrano, hoy es dia de republica aqui en spain!
saludos!
Coinciden todxs quienes los vivieron: fueron momentos de éxtasis.
Una fecha cruzial para España sin duda alguna, no obstante la poca duración de esa segunda republica,
debio de haber sido muy especial para los que lo vivieron.Saludos chilanga, andaba ocupado (hasta deje de actualizar mi blog con la frecuencia habitual )y tenia rato sin pasar por aqui ya veo que me perdi de varias cosas, felicidades por el post 507 entonces.
14 de abril de 1931, fecha con la que la izquierda toda, pero más espacialmente la de Ámerica latina y, todavía más, la mexicana: ha tenido que ver. Felicidades!. Hay, sin embargo, una cosa que debo decir en el festejo, una cosa dura pero inobjetable: buena parte del legado republicano venido a México quedó en el PRI, muchos de sus hijos se hicieron neo-criollos- neo-hacendados y sus nietos...Esos, Despachan hoy día en las oficinas del PAN. No todos desde luego. Por esos pocos, firmes, tercos brindo yo! ¡Por la República!
¡VIVA LA REPÚBLICA! amig@s.
Timur, usted no deje de preocuparse: si contáramos nuestras visitas yo le saldría debiendo.
Salvador, es bueno tenerlo por esta su casa virtual; este tipo de comentarios nunca sobran... y lo mismo yo: por esos pocos, firmes y tercos también brindo.
Estimada Otra Chilanga
Gracias por el recuerdo de aquel 14 de abril lleno de sueños. Hace tiempo leyendo este texto de María, de Delirio y destino, me acordé de mi abuelo que contaba aquello con la misma alegría.
Lamento también que en mi país todavía no se quiera reconocer aquel tiempo como la única raíz de la democracia actual y se niegue a los republicanos el papel que tuvieron por un regimen democrático y de justicia social.
Hace poco asistí a un homenaje a los maestros republicanos represaliados por el franquismo. Yo que me dedico a la enseñanza no podía por menos que llorar por ellos.
Un abrazo por el recuerdo y por la justicia social.
Un gran recuerdo...algo lejano en España...donde ahora impera los Reyes Magos impuestos por el dictador Franco.Una pena.
Otro abrazo por todos aquellos que lucharon por la libertad y la justicia.
Besos
Alicia
Juan, Alicia... tod@s:
Muchas gracias. No lo digo sólo como respuesta inmediata. Gente como ustedes, que vienen desde aquellas tierras y visitan estas virtuales chilangas, pero muy otras, lo hacen (lo creo fírmemente) porque en La otra chilanga encuentran algo de lo que son, y no podía ser de otra manera porque ustedes hacen al blog ser lo que es. Éste apenas es un borroso espejo donde sus almas desbordantes de esperanza y dignidad se reflejan. Esa esperanza y esa dignidad son herencia común en cada una de sus palabras y, en el caso de quienes vienen virtualmente desde España, Cataluña, Galicia, Navarra o el País Vasco (espero no olvidar ninguna), su herencia viene envuelta en color morado. Esa herencia, amigas y amigos mí@s, también me toca. Es verdad que hace mucho tiempo de aquellas tierras llegaron hombres que invadieron las tierras mías, donde mis ancestros, hombres y mujeres primeros, dejaron su sangre como abono de siguientes revueltas; pero esos hombres eran unos muy distintos a los que luego, años después, vendrían a estas mismas tierras pero a compatir su pensamiento, su sentimiento y su actuar revolucionarios, reflejo de la República Española que con su palabra y su acción ayudaron a construir. Así, la República Española vino a encontrarse mediante el exilio, el doloroso exilio, con sus otr@s herman@s de sueño. Es verdad también que, como apuntó Salvador, muchos se aliaron a lo peor de la clase política mexicana; pero, como él mismo reconoce, muchos otros se mantuvieron tercos, dignos. Por ellas y ellos. Por las y los republicanos de hace 76 años. Por ustedes, sus hereder@s inmediatos. Por tod@s nosotr@s, dign@s terc@s de profesión y vocación. Salud.
¡VIVA LA REPÚBLICA!
Publicar un comentario