José Ramón Enríquez
Sin embargo, hay líneas de Fotografía en la playa de una calidad poética ejemplar que la hacen mi predilecta. Su referencia constante al mar y a la paradoja que representan cambio e inmovilidad, en líneas con las cuales Carballido desmiente a quienes lo han etiquetado tan sólo como autor costumbrista. Se muestra como el gran escritor que siempre ha sido.
Héctor es el personaje que filosofa y poetiza el cruce de destinos que la fotografía familiar pretenderá inútilmente detener en el tiempo. Héctor es también el hijo gay que vuelve a la casa familiar para encontrarse con su madre, su abuela, sus hermanos, fantasmas, esposas, sobrinos, novios, amigos y todos los sueños inalcanzados. Escritor entonces de tres libros, escandaliza con la apertura de su vida al pequeño entorno y, ante la posibilidad de retornar, recibe el rechazo de su madre porque “¿cómo te sentirías en un lugar tan pequeño donde todo el mundo se conoce?”
“Yo me sentiría bien”, responde Héctor, “el lugar ¿quién sabe?” Quién sabe y qué me importa, podría completar. Lo que defiende es su honestidad para consigo mismo, así como el derecho inalienable de los homosexuales y de todos los distintos a vivir las propias vidas.
En el estreno de la obra, dirigida por Alejandra Gutiérrez en
La obra lleva un tiempo en temporada con gran éxito porque la puesta es magnífica y magníficos son los actores a los que tengo la suerte de acompañar, pero, sobre todo, porque Carballido es un autor que sabe encontrar el tono exacto que atrae a los públicos.
Si ahora traigo el tema a estas páginas no es para hablar de algo en lo que participo, sino porque ya se ha logrado en
La noticia la recogieron tanto los periódicos como el noticiero de Joaquín López Dóriga. Ahí, en las imágenes televisivas de Carballido me dio la impresión de escuchar al Héctor de Fotografía en la playa cambiar su texto para decir: “Yo me siento bien, si a Norberto Rivera no le gusta, que diga misa que es lo suyo”.
Comprendí que mucho cambiaba en el país porque lo personal es político, y no sólo se trataba de establecer ante la ley una serie de derechos y obligaciones de pareja a los cuales tenemos derecho y cuya negativa ha sido causa de dramas auténticos. Se trataba de entrar al laicismo como forma de vida nacional. Y no para negar las creencias de cada quien sino para mantenerlas en el muy respetable ámbito de lo privado.
El obispo de Saltillo, Raúl Vera, lo entendió muy bien al declararse a favor de una ley aún más avanzada que la de
Tuvo que romperse el contubernio entre la mochería de seudoizquierda de López Obrador y la mochería de derecha del Cardenal para que
No hay comentarios.:
Publicar un comentario