Como algunos de ustedes ya lo saben, La Otra Chilanga entró a concursar hacia 2006 en el certamen 20 Blogs del diario digital 20minutos.es. Sin duda, se trataba de una experiencia extraña para nosotr@s, pues nunca habíamos participado de algo similar.
Amén de ciertas actitudes, quizás propias de quienes compiten entre sí, el premio más significativo para La Otra Chilanga fue el encuentro con otras maneras de pensar, por una parte; y, por otra, la inmensa posibilidad de llevar allende las fronteras geográficas la palabra nuestra, que en algo se camina con la palabra de mucha gente, grupos, colectivos, organizaciones y pueblos que hemos suscrito la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN.
Pero, de un modo tal vez muy personal, esto que nosotr@s esperamos sea una fiesta virtual por la diversidad nos recuerda a una iniciativa del mismo EZLN respecto del conflicto en el País Vasco y el Estado Español que de la misma manera como hicimos en enero de 2007 hoy, con el anuncio de ETA de suspender definitivamente las acciones bélicas, traemos a colación: el encuentro Una oportunidad a la palabra.
Así, pues, más para acudir a la memoria que para abonar a la discusión de una situación que nos importa en tanto ambos pueblos son nuestros hermanos, pero que es asunto de ellos y al que creemos hay que mirar con cautela y respeto por las víctimas de uno y otro lado, hemos querido traer a colación un fragmento al respecto, tomado del extenso artículo que hemos subido en la Wikipedia sobre el EZLN.
(nota para despistad@s: los primeros seis comentarios vertidos en esta entrada anteceden la actual decisión de cese el fuego de ETA)

En octubre de 2002, la inauguración del Aguascalientes en Madrid suscitaría un debate sin precedentes en la historia del zapatismo entorno a la lucha independentista de Euskal Herria, a partir de que en una carta enviada a Ángel Luis Lara, alias El Ruso, el Subcomandante Marcos llamara “imbécil” a José María Aznar, entonces presidente del Gobierno español; “estreñido” a Juan Carlos I, rey de España, y “payaso grotesco” a Fernando Baltasar Garzón Real, magistrado de la Audiencia Nacional española.
La misiva del Subcomandante Marcos, pasando por los calificativos de “fascista” para con Baltasar Garzón “al negarle al pueblo vasco el derecho de luchar políticamente por una causa que es legítima”, presumiblemente a raíz de la ilegalización de Batasuna por intervención jurídica del mismo Baltasar Garzón, no haría mención a organización alguna y se limitaría a enviar saludos a músicos como Fermín Muguruza y Amparo Sánchez. Sin embargo, para propios y extraños la carta del vocero zapatista a El Ruso se interpretaría como una reivindicación tácita a Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y, previo a la respuesta que no tardaría en llegar de Garzón a Marcos, algunos intelectuales mexicanos y de otras latitudes se expresarían en contra de lo expresado por el líder insurgente.
Carlos Monsiváis diría, por ejemplo, que el escrito “impugna el significado esencial del EZLN y […] en mi caso no asocio la rebeldía de los indígenas de Chiapas con el apoyo a causas indefendibles y con el lenguaje de la intolerancia, el chiste fácil y el engreimiento radical”. Fernando Savater escribiría que, sin entrar en detalles porque le dispensaba de ello la respuesta de Monsiváis, “lo verdaderamente insufrible [eran] los arrebatos poéticos [de Marcos]. Personalmente, a mí lo que Marcos diga o deje de decir sobre casi todo cuanto va más allá de Chiapas me trae al pairo. Como subproducto subversivo del subdesarrollo, el subcomandante es aceptable y útil; como subterfugio para subalternos europeos con mala conciencia subrepticia, roza lo subnormal […] Vaya por Dios. Como le escribió el elegante suicida Petronio a Nerón […] ‘quema Roma, asesina a tu madre, acuéstate con tu hermana, haz lo que quieras… ¡pero no odas!’. Eso: no odas, Marcos”. José Saramago opinaría que el que Marcos “que es un político de una perspicacia y agudeza verdaderamente extraordinarias, escriba ese documento es absolutamente lamentable, tanto en la forma como en el contenido”. Y Germán Dehesa se preguntará “¿por qué esa urgencia de reivindicar a ETA, de decirnos que Garzón es un payaso?”, para luego responderse que quien se había convertido “literalmente en un payaso” era el mismo Marcos.
La respuesta del juez Garzón comenzaría en una entrevista radiofónica, donde calificaría las declaraciones del vocero zapatista como de “miserables” y “cobardes”; y continuarían con una carta fechada el 3 de diciembre de ese mismo 2002, donde retaría a Marcos “de ‘gachupín a gachupín’ […] cuando usted quiera y donde usted quiera, a que sin máscaras ni disfraces, cara a cara, podamos hablar de terrorismo, de rebeldía, de dignidad, de lucha, de insurgencia, de política, de justicia, de todos aquellos valores que sirven para construir un país y una democracia y defender los derechos de los que menos tienen”. En esa misma carta, Garzón Real diría que prefería ver su nombre “abiertamente asociado a la democracia como un payaso, que esconderlo tras la falsa rebeldía, la violencia, la mentira, el desconocimiento, la falta de ética y de escrúpulos, y demás rasgos que usted [Marcos], cada vez con mayor claridad, representa”; no sin confesar que para él hasta entonces el líder insurgente “representaba algo diferente: una especie de rayo de coherencia”.
Marcos aceptaría el reto en medio de cuatro comunicados dirigidos al mismo Baltasar Garzón; pero también a ETA, el País Vasco, la sociedad civil española y vasca y a abertzales (nacionalistas vascos simpatizantes o miembros de organizaciones independentistas). Pediría que el debate se realizara en la Isla de Lanzarote, entre el 3 y el 10 de abril de 2003; garantías y salvoconductos de los gobiernos español y mexicano; la realización de un encuentro paralelo entre actores políticos, sociales y culturales de la problemática vasca que así lo deseen, pero donde Baltasar Garzón estaría obligado a participar también, lo mismo que el gobierno español; tregua unilateral de 177 días por parte de ETA, a iniciarse la madrugada del 24 de diciembre de 2002, y la conformación de un jurado integrado por siete personas, cuatro de las cuales podía nombrar Garzón y tres el EZLN.
Pero la cosa no quedaría allí, si Baltasar Garzón derrotaba a Marcos tendría el derecho de “desencapucharlo una vez delante de quien le venga en gana”, éste le pediría disculpas públicamente y se sometería a la acción de la justicia española; pero si, por el contrario, Garzón Real era derrotado, se comprometería a asesorar jurídicamente al EZLN en las demandas que supuestamente se presentarían ante instancias internacionales para exigir el reconocimiento de los derechos y la cultura indígena, “desconocidos por los tres poderes del gobierno mexicano”. Y concluía: “de gachupín a gachupín, pues un cuarto de sangre hispana me corre por las venas, espero que ahora entienda y se mantenga en la disposición de llevar adelante el debate al que me reta. Tiene usted la oportunidad de elegir: o pone sus conocimientos y habilidades al servicio de una causa justa y noble (y de paso demuestra que la justicia internacional no sirve sólo para avalar guerras y solapar criminales), o sigue donde está, recibiendo las caricias de quienes arriba son porque son sobre la sangre y el dolor de los de abajo. Vale. Salud y que todo esto sirva para darle una oportunidad a la palabra”.
Poco a poco, las opiniones respecto al debate entre Marcos y Baltasar Garzón se irían haciendo más entusiastas; el mismo José Saramago vendría a confesar que consideraba “que los últimos comunicados [reponían] las cosas en sus lugares [pues] las ideas expuestas y los términos en que se expresan coinciden, punto por punto, con todo lo que anteriormente el movimiento zapatista había teorizado y practicado”. Manuel Vázquez Montalbán se pronunciaría a favor de participar en “cualquier posibilidad de dialogar”; no sin manifestar que “la primera carta fue un error [al frivolizar] demasiado temas importantes y polémicos”.
Unos días después, Batasuna respondería positivamente al llamado del vocero zapatista, y agradecería “su interés, solidaridad y apoyo a la causa vasca”. No pasaría igual con el gobierno español, quien a través del ministro del Interior, Ángel Acebes, expresaría que cualquier respuesta a las declaraciones de Marcos “sería insuficiente en términos de desprecio e indignación, sólo atribuibles a un enajenado como es este personajillo”.
Baltasar Garzón, en el marco de una conferencia ofrecida por él mismo sobre “combate legal al terrorismo”, afirmaría que daría respuesta a la réplica de Marcos “en el momento adecuado”; pero adelantó que no le parecía suficiente pedir una tregua “oportunista” a ETA, pues “lo único que vale es condenar la violencia”. Un par de días después, 57 académicos, periodistas, artistas, escritores y dirigentes políticos españoles y de otras nacionalidades firmarían el Manifiesto por la palabra, aceptando la propuesta zapatista para iniciar, a partir del 22 de diciembre, un Foro civil por la palabra, y para sumarse al debate sobre el conflicto vasco. Al que antes de terminar el año se sumaría el partido Izquierda Unida.
Llegaría la víspera de Navidad y con ella la fecha a que emplazaba el EZLN a ETA para responder a su propuesta. En tanto, en Bilbao unos 120 mil vascos representantes de todos los partidos políticos, con excepción del Partido Popular (PP) y Batasuna, convocados por el lehendekari Juan José Ibarretxe, del Partido Nacional Vasco (PNV), se manifestaban precisamente contra ETA en una movilización que registraría sólo dos incidentes, uno de los cuales sería el abucheo y la rechifla contra el escritor antinacionalista Fernando Savater, cuando quiso incorporarse a la marcha.
La respuesta de ETA, fechada el 1 de enero de 2003, estaría dirigida a los niños, ancianos, hombres y mujeres del EZLN; para, después de algunas “clases de idiomas” (“dignidad se traduce duintasuna en vascuence, respeto se puede traducir por begirunea y solidaridad se dice elkartasuna”), manifestar “serias dudas sobre la verdadera intención de la propuesta de diálogo en la isla canaria de Lanzarote”.
ETA agregaría que “la manera pública, sin consulta previa, en la que [se había hecho la propuesta] refleja una profunda falta de respeto hacia el pueblo vasco y hacia todos los que desde sus organizaciones estamos luchando de una u otra forma por la libertad”, y dejaba claro que no estaba en sus objetivos “formar parte de ningún tipo de pantomima u opereta para poder ganar el favor de las portadas de los periódicos internacionales, las páginas web o ser un motivo para la próxima camiseta de moda en la Gran Vía madrileña”. Así también, la carta expresaba una disposición de la organización armada “a hacer todo lo posible para que el EZLN se informe mejor sobre el conflicto que enfrenta al País Vasco con los Estados francés y español”.
Por último, se despediría diciendo que “si hay algo que globalizar en este mundo es la justicia y el respeto […] ETA siempre ha evitado inmiscuirse en las decisiones tomadas por otras organizaciones revolucionarias o rebeldes más allá de nuestras fronteras. Siempre hemos limitado nuestra actuación a la solidaridad total para con sus luchas, a la vez que nos enriquecíamos con dicha experiencia. Siempre hemos mirado con simpatía y hemos mostrado nuestra solidaridad para con las organizaciones y personas que tanto en México, como en el Estado español o en otras partes del planeta Tierra luchan como mejor consideren por un mundo más justo y por la libertad para todos los pueblos”.
La respuesta zapatista no se haría esperar, y en un comunicado que a más de uno le resultó “demasiado duro”, su vocero expresaría sin cortapisas:
“Primero.- Los niños y niñas del EZLN no entienden todo sin palabras, como ustedes suponen erróneamente en su carta. Nosotros los tratamos de por sí como niños. Es el poderoso con su guerra el que los trata como adultos. Nosotros les hablamos. Les enseñamos que la palabra, junto con el amor y la dignidad, es lo que nos hace seres humanos. No les enseñamos a pelear. O sí, pero a pelear con la palabra. Ellos aprenden. Saben que si nosotros estamos en esto es para que ellos no tengan que hacer lo mismo. Y hablan y también escuchan. Contra lo que ustedes dicen, nosotros les enseñamos que las palabras no matan, pero que sí se puede matar a las palabras y, con ellas, al ser humano. Que hay quien pretende que su pensamiento debe ser el único y que persigue, encarcela y mata (siempre escondido detrás de razones de Estado, de leyes ilegítimas o "causas justas") a los pensamientos que son diferentes. Y les enseñamos a hablar con la verdad, es decir, con el corazón. Porque la mentira es otra forma de matar la palabra.
Segundo.- Veo que tienen sentido del humor y que nos descubrieron: nosotros los zapatistas, que nunca hemos tenido la atención de la prensa nacional e internacional, quisimos ‘usar’ el conflicto vasco que, como es evidente, tiene buena prensa de sobra. Es más, desde el día en que nos referimos públicamente a la lucha política en Euskal Herria, los comentarios positivos sobre los zapatistas, en la calle y en la prensa nacional e internacional, han ido en ascenso.
Respecto a que no quieren ser parte de ningún tipo de ‘pantomima’ u ‘opereta’, lo entiendo. A vosotros os gustan más las tragedias [...]
Que el encuentro sería algo serio estaría garantizado porque no lo organizaríamos nosotros (que sólo nos especializamos en zarzuelas y teatro del absurdo), sino las fuerzas políticas y sociales vascas, que fue a quienes propusimos, públicamente, que lo organizaran y realizaran, aun cuando no se pudiera hacer el debate con Garzón, sea por obstáculos de los gobiernos español y mexicano, o sea por el desacuerdo de él o de ETA.
Tercero.- ‘La manera pública, sin consulta previa’, en que lanzamos nuestra iniciativa de UNA OPORTUNIDAD A LA PALABRA es de por sí como hacemos las cosas los zapatistas. No hacemos previamente acuerdos ‘en lo oscurito’, para luego fingir que proponemos cosas que ya fueron pactadas de antemano. Además no tenemos ni los medios, ni el interés, ni la obligación de ‘consultar’ a ETA antes de hablar. Porque los zapatistas hemos conquistado el derecho a la palabra: a decir lo que nos venga en gana, sobre lo que nos venga en gana y cuando se nos venga en gana. Y para eso no tenemos que consultar ni pedirle permiso a nadie. Ni a Aznar, ni al rey Juan Carlos, ni al juez Garzón, ni a ETA.
Cuarto.- Lo de que le hemos faltado el ‘respeto al pueblo vasco’ es algo de lo que también nos acusó Garzón (el cual, en consecuencia, debe auto-declararse ilegal, por coincidir con ETA en sus planteamientos) y toda la derecha hispana y vasca. Debe ser porque el proponer darle una oportunidad a la palabra contraviene los intereses de quienes, desde posiciones aparentemente contrarias, han hecho de la muerte de la palabra su negocio y su coartada. Porque el gobierno español mata la palabra cuando ataca al idioma vascuense euskera o lengua navarrorum, cuando hostiga y encarcela a los periodistas que ‘osan’ hablar del tema vasco incluyendo todos los puntos de vista, y cuando tortura presos para que confiesen lo que le sirva a la ‘justicia’ hispana. Y ETA mata la palabra cuando asesina a quienes la atacan con palabras, no con armas.
Quinto.- Respecto a que ETA está dispuesta a hacer todo lo posible para que el EZLN se informe mejor sobre el conflicto que enfrenta al País Vasco con los Estados francés y español’, rechazamos su disposición. No estamos pidiendo que nadie nos informe. Estamos informados, y mejor de lo que muchos suponen. Si no expresamos esta información, que es también una opinión, es porque entre nuestros principios está el de que los asuntos de cada Nación corresponden a cada pueblo, por eso señalamos que nosotros no hablaríamos en el encuentro ‘Una oportunidad a la palabra’. Pero ya que están tan dispuestos a informar, creo que a quien deberían informarle es al pueblo vasco. Nosotros pedimos una oportunidad para la palabra. Para eso debimos dirigirnos a varios actores del conflicto vasco. Lo hicimos porque es nuestro deber, no porque nos apasione escribirle a Garzón o a ETA. De una u otra forma, desde distintos puntos del espectro político e intelectual mexicano, español y vasco (ustedes incluidos), han tomado esa oportunidad y han hablado (aunque la mayoría para regañarnos). Así que, aunque sea refunfuñando y pontificando, están ya dándole una oportunidad a la palabra. Y de eso se trata.
Sexto.- Está el asunto éste de la representatividad. El juez Garzón alega representar a los pueblos español y vasco (y une a esa representación al rey, a Pepillo y a Felipillo), y si ofendo a los susodichos entonces ofendo a todo el pueblo español y vasco. ETA alega representar al pueblo vasco, y si la ofendemos al proponer una oportunidad a la palabra, entonces ofendemos a todo el pueblo vasco. Ignoro si los pueblos vasco y español están de acuerdo con ser representados por unos y otros. Toca a ellos decidirlo, no a nosotros. A diferencia del juez Garzón y de ustedes, nosotros no alegamos representar a nadie, sólo a nosotros mismos. No representamos a todo el pueblo mexicano (hay muchas organizaciones políticas y sociales en este país). No representamos a la izquierda mexicana (hay otras organizaciones de izquierda consecuentes). No representamos a la lucha armada mexicana (hay cuando menos otras 14 organizaciones político-militares de izquierda). Tampoco representamos a todos los pueblos indios de México (hay, afortunadamente, muchas organizaciones indígenas en México, algunas mejor organizadas que el EZLN). Así que nunca hemos dicho que las tonterías que nos han dedicado, tanto Garzón como ustedes, ofenden ‘al pueblo de México’ o ‘a los pueblos indios’. Nos conciernen a nosotros, y no nos escondemos detrás de supuestas representaciones que, en la mayoría de los casos, se asumen sin que los ‘representados’ se enteren.
Séptimo.- Sabemos que en el (des) concierto de las organizaciones revolucionarias y de vanguardia en el mundo, los zapatistas no tenemos lugar ni en la retaguardia. Eso no nos hace sentir mal. Al contrario, nos satisface. No nos apena el reconocer que nuestras ideas y propuestas no tienen como horizonte la eternidad, y que hay otras ideas y propuestas mejor planteadas que las nuestras. Así que hemos renunciado al papel de vanguardia, y a obligar a nadie a aceptar nuestro pensamiento con otro argumento que no sea la fuerza de la razón. Nuestras armas no son para imponer ideas o formas de vida, sino para defender un pensamiento y un modo de ver el mundo y relacionarse con él que, sí, puede aprender mucho de otros pensamientos y vidas, pero también tiene mucho que enseñar. No es a nosotros a quienes tienen que exigir respeto. Ya ven que como ‘vanguardia revolucionaria’ somos un fracaso, así que nuestro respeto no les serviría de nada. Con quien tienen que ganarse el respeto es con su pueblo. Y una cosa es ‘respeto’, y otra muy distinta es ‘miedo’. Sabemos que están enojados porque piensan que no los tomamos en serio, pero no es su culpa. Nosotros de por sí no tomamos en serio a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Porque quien se toma en serio acaba por pensar que su verdad debe ser verdad para todos y para siempre. Y, tarde o temprano, dedica su esfuerzo no a que su verdad nazca, crezca, dé frutos y muera (porque ninguna verdad terrenal es absoluta y eterna), sino a matar a todos aquellos que no acatan esa verdad.
No vemos por qué pudiéramos preguntarles qué hacer o cómo hacerlo. ¿Qué nos van a enseñar? ¿A matar periodistas porque hablan mal de la lucha? ¿A justificar la muerte de niños por razones de la "causa"?
Ni necesitamos ni queremos su apoyo o solidaridad. Tenemos ya la solidaridad y el apoyo de mucha gente en México y en el mundo.
Nuestra lucha tiene un código de honor, heredado de nuestros antepasados guerreros, y contiene, entre otras cosas: el respetar la vida de los civiles (aunque ocupen cargos en los gobiernos que nos oprimen); el no recurrir al crimen para allegarnos de recursos (no robamos ni en la tienda de abarrotes); y el no responder con fuego a las palabras (por mucho que nos hieran o nos mientan).
Pudiera pensarse que al renunciar a esos métodos tradicionalmente ‘revolucionarios’, renunciamos a avanzar en nuestra lucha. Pero, a la tenue luz de nuestra historia, parece que hemos avanzado más que quienes recurren a tales argumentos (más por demostrar su radicalidad y consecuencia, que por su efectividad para la causa).
Nuestros enemigos (que no son pocos ni sólo están en México) desean que recurramos a esos métodos. Nada sería más agradable para ellos que el EZLN se convirtiera en la versión indígena y mexicana de ETA. De hecho, desde que hemos tomado la palabra para referirnos a la lucha del pueblo vasco, nos han acusado de eso.
Desgraciadamente para ellos, no es así. Y no será. Por cierto, en la lengua de los guerreros de la noche "Luchar con honor" se dice "PASC 'OP TA SCOTOL LEQUILAL".
Vale. Salud y no pretendemos decirle a nadie lo que debe hacer, sólo pedimos una oportunidad a la palabra. Si no se la quieren dar, ni modos.”
Subcomandante Marcos (Comunicado del 12 de enero de 2003).
Los pocos reflectores puestos en el pretendido debate entre Marcos y Garzón y en el encuentro sobre la problemática vasca voltearían la mirada, en el plano mundial, a la amenaza de una guerra de invasión emprendida por Estados Unidos en contra de Irak, violando el derecho internacional y pasando por encima de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En territorio mexicano, temas como el desalojo de comunidades indígenas en la reserva natural de Montes Azules, la entrada en vigor del capítulo agropecuario del TLC con Estados Unidos y Canadá o el golpe a Canal 40 por parte de TV Azteca, con el “¿Yo por qué?” foxista como cómplice, encabezarían las notas en diarios y noticieros mientras el EZLN publicaba una larga sucesión de comunicados dando cuenta de las historias de rebeldía con que se encontraron en la Marcha del Color de la Tierra. Mientras, en España, el juez Juan del Olmo ordenaba el cierre y registro del diario vasco Egunkaria, así como la aprehensión de 10 altos cargos del único rotativo escrito íntegramente en euskera, entre ellos su director Martxelo Otamendi; el argumento sería que el periódico fundado en 1990 estaría supuestamente vinculado con ETA. Ya desde el año anterior, Otamendi, como la directora de Gara, Mertxe Aizpurua, había sido acusado por Baltasar Garzón de “inducción al asesinato” por una entrevista a dirigentes de ETA publicada por ambos medios.
El 24 de febrero, día mexicano de la bandera, el EZLN en voz escrita de su vocero haría pública la versión de que Felipe González Márquez, siendo presidente del Gobierno español y después de haber entablado amistad con el entonces también presidente de México, Ernesto Zedillo, le recomendaría “destruir la legitimidad de los zapatistas” para así poder dar el golpe que los aniquilara definitivamente. Para ello pondría de ejemplo la creación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) con el objetivo de socavar la lucha independentista del pueblo vasco.
En el extenso comunicado, Marcos enlistaría una serie de acontecimientos que “mostraban” un contubernio entre los gobiernos español y mexicano con el fin de acotar las luchas euskera y zapatista. Destacan la matanza en Acteal, las detenciones de independentistas vascos por órdenes de Garzón Real, la extradición de presuntos etarras radicados en México violando sus garantías individuales, los escándalos por crímenes vinculados a los GAL, la formalización de acuerdos comerciales entre empresas mediáticas de ambos países con violación a las leyes mexicanas; todo ello como respuesta a la pregunta: “¿Por qué el EZLN se mete en el tema del País Vasco?”, para decir que “fue el gobierno español el que metió el tema vasco en la lucha indígena en México”.
Marcos explicaría que el EZLN nunca se propuso mediar en el conflicto vasco, ni mucho menos decirle a los vascuences lo que deberían de hacer o dejar de hacer; y luego, tras reconocer que la propuesta zapatista “pudo haber sido torpe o ingenua o ambas cosas”, nunca fue deshonesta, ni quiso ser irrespetuosa. Que toda la información que develaba “la conexión País Vasco-Chiapas, es decir, la conexión entre el terrorismo de Estado español y el mexicano, el terrorismo internacional, pues”, pensaban hacerla pública cuando avanzaran en las demandas penales contra el gobierno mexicano ante los organismos internacionales. Y que si revelaban entonces todo es porque habían decido cancelar su viaje a la península ibérica.
El comunicado zapatista, último de la zaga de 13 que daba cuenta del llamado Calendario de la Resistencia, sería también el del reconocimiento por parte de Marcos, en tanto vocero del EZLN, de que “la responsabilidad de no haber logrado convocar a las fuerzas vascas es única y exclusiva del EZLN, en particular de quien es su vocero: Marcos. Nuestras palabras, en lugar de convocar, hirieron a muchas personas honestas y nobles en el País Vasco. Aunque no fue nunca nuestra intención, eso ocurrió. Lo lamentamos de veras […] Queremos pedirles una disculpa sincera a todas las personas del País Vasco a quienes lastimamos. Ojalá y algún día puedan honrarnos con su perdón, porque el perdón entre hermanos no envilece”.
Respecto al debate entre Garzón y Marcos, éste declararía que “hemos esperado el tiempo suficiente. El juez Garzón, a pesar de ser el retador, prefirió guardar silencio. Así demostró que es bueno para interrogar a prisioneros torturados, para fotografiarse con los familiares de víctimas del terrorismo y hacer campaña de autopromoción para el Premio Nobel de la Paz, pero que no se atreve a debatir con alguien medianamente inteligente. Y no porque uno sea más hábil con la palabra, sino porque Garzón aduce leyes donde faltan las razones. Antes acusamos a Garzón de ser un payaso grotesco. No era cierto. Es sólo un hablador y un cobarde”.
Por último, el EZLN agradecería a las organizaciones de la izquierda abertzale “Herri Batasuna y Askapena, que fueron las únicas que respondieron positivamente a nuestra iniciativa (o, cuando menos, las únicas que nos lo hicieron saber), así como a las personas que a título individual o en colectivos, en el País Vasco, en el Estado español, en Italia y en México, acogieron con interés y honestidad nuestra propuesta. Tal vez algún día –dirá a modo de despedida el comunicado- nuestras palabras aprendan a reflejar el cariño, el respeto y la admiración que sentimos por el pueblo vasco y por su lucha política y cultural. Tal vez algún día se pueda realizar ese encuentro y, dándole una oportunidad a la palabra, se encuentren los caminos al mañana de independencia, democracia, libertad y justicia que el pueblo vasco, y todos los pueblos del mundo, se merecen”.