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8 de noviembre de 2012

El derecho a decidir.


Publicado en Milenio-Novedades, de Yucatán, el 6 de noviembre de 2012.

Por José Ramón Enríquez.

Este martes, además de la presidencia, se juega en los Estados Unidos algo que para mí ya supone un triunfo cultural: tres estados irán a referéndum para legalizar la marihuana. No se trata de alegar finalidades terapéuticas, como en otros estados, sino de fines puramente recreativos.
No estoy seguro de los resultados aunque, dada la historia del puritanismo fundacional norteamericano, es muy posible que gane el No. Sin embargo, el solo hecho de que la pregunta se plantee en Oregon, Washington y Colorado, supone un avance en el pensamiento de los norteamericanos respecto a un derecho que ha sido visto desde una perspectiva de moralidad pública y que, hasta hoy, ha perdido todas las batallas.
Antes de continuar quiero dejar bien claro que plantear la legalización de la marihuana como el triunfo de un derecho no significa que promueva su consumo.
Hace 40 años que no bebo una gota de alcohol, luego de conocer en mi juventud el horror, el auténtico infierno al que puede llegarse por esta adicción, sin distinción de edades ni de sexos. Sin embargo, jamás pediría que se negase a los demás el derecho a beber. Inclusive, la terapia contra el alcoholismo parte de que haya la voluntad de no beber en el enfermo, no de que se imponga una ley prohibicionista.
Puedo decir lo mismo, tras haber fumado durante muchas décadas tres cajetillas diarias. Se deja de fumar porque se escoge, no porque esté prohibido. En terapias de este tipo la prohibición es contraproducente.
Aparte de los males que la prohibición conlleva, y están a la vista en toda la sangre derramada por la “guerra contra el narco”, hay una falta de respeto fundamental en el prohibicionismo: se nos considera menores de edad y se nos “cuida”. No estamos “maduros” para tomar decisiones. No estamos maduros para la democracia y el Big Brother debe decidir por nosotros.
Cada vez más voces de presidentes latinoamericanos y figuras indiscutibles del pensamiento contemporáneo están por la legalización.
Que simplemente se planteen las cosas en estos términos en Estados Unidos es ya una victoria, como lo fue en California, aun cuando se haya perdido. Ya sólo es cuestión de tiempo para permear las conciencias.

6 de noviembre de 2012

Trilogía bajo el agua.


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 2 de noviembre de 2012.

Por José Ramón Enríquez.
Editada por el Instituto Sonorense de Cultura, Trilogía bajo el agua de Sergio Galindo, recoge tres obras referidas al ahogamiento de Batuc, Tepupa y Suaqui, allá en la Sierra de Sonora. No fue la naturaleza la que encabritó las aguas del río Moctezuma para desaparecer esos tres pueblos mártires, fue una decisión burocrática la que los anegó para construir la Presa Plutarco Elías Calles hace apenas 40 años.
Cuando aquello ocurría, Sergio Galindo, autor de las tres obras teatrales que conforman la Trilogía era un “adolescente, casi niño, acuclillado en aquella esquina conocida como el mentidero de don Manuel Cruz”, y, en sus propias palabras, recibió la noticia como “un golpe seco a la ingenuidad de mi infancia. En soledad, callado, tuve una revelación. El pesar y la impotencia de no poder expresar mi indignación... empezaron a incubar el primero de los textos que muy pronto se convertirían en una trilogía”.
Desde luego, la justificación para la desaparición de aquellos tres pueblos estaba cimentada en la palabra mágica “progreso”. Y, como siempre que se enarbola esta bandera frente a los pueblos que se consideran primitivos, el progreso llegó como orden despótica envuelta en un lenguaje de “civilizadores” que, por principio, debe resultar un galimatías para las víctimas.
Así llegaron los conquistadores a anunciar en lengua incomprensible, primero, que los pueblos conquistados quedaban como súbditos de la corona española y, en segundo término, que esa nueva servidumbre les traería una nueva religión que habrían de comprender como quisiera Dios.
Siglos después hacemos lo mismo: anunciar el progreso sin tomar en cuenta ni la inteligencia ni la voluntad de quienes deben, encima, agradecer la violencia que sobre ellos se ejerce. Los resultados han sido desastrosos: el campo mexicano es una ruina y la fuga hacia el norte de nuestros campesinos es una productora de divisas para nuestra orgullosa macroeconomía. Somos exportadores de esclavos e importadores de maíz con una sonrisa de satisfacción en nuestros labios.
El niño “acuclillado en el mentidero” fue llamado por el teatro para hablar con su tiempo y para traer a los de hoy las voces ahogadas de los de entonces. Así escribió, montó, y en algún caso actúo, las tres obras que forman su Trilogía: Agua pasa por mi casa, Más encima... el cielo y El último vaquero.
Las tres han sido un éxito sobre todo en el noroeste, pero no sólo allí. La idea de que hay obras “regionales” que sólo pueden verse en su ámbito ha frenado el teatro mexicano. Ni hay obras “regionales” vedadas para lo universal, ni hay obras “cultas” vedadas para los incultos, ni hay obras “universales” que aburren a los contemporáneos.
Todas estas vedas y definiciones de los gustos y las inteligencias de los pueblos son una cursilería paternalista que debemos erradicar. Hay buen teatro y mal teatro. Y, así, Lorca llevó, con La Barraca y por los pueblos, nada menos que El gran teatro del mundo de Calderón, Orson Welles montó Macbeth en 1948 con actores negros en pleno racismo norteamericano o Susan Sontag montó Esperando a Godot en plena guerra en Sarajevo. El genio trasciende las limitaciones de quienes dictan “los gustos” desde las capillas, capillitas y catedrales culturales.
Y la aparición, como libro, de esta Trilogía la pone al alcance de quien quiera leerla y hacer su puesta en el propio imaginario o llevarla a escena en cualquier rincón de nuestra geografía.

11 de octubre de 2012

Izquierda y capital financiero

Publicado en Milenio-NovedadesYucatán, el 9 de octubre de 2010.



Por José Ramón Enríquez.

Las formas utilizadas por el capital industrial para explotar a sus trabajadores fueron ampliamente analizadas por los socialismos del siglo 19. Con diversos matices y con mayor o menor puntería, anarquistas, socialdemócratas y comunistas creían firmemente que solo a partir del análisis del enemigo podía ser fructífera la acción.
Las izquierdas contemporáneas no han hecho lo propio con las formas no solo de explotación sino de auténtica expoliación del capital financiero, y no solo sobre grupos específicos de sus trabajadores sino sobre comunidades y países enteros. Valdría decir, sobre continentes enteros como ocurre ahora mismo en Europa y como ha ocurrido en el Tercer Mundo con nuestras crisis recurrentes.
Las izquierdas han olvidado que teoría y praxis son unidad indivisible y, al hacerlo, se han lanzado a una lucha electoral en la cual traicionan cada vez más los intereses de las mayorías. En realidad no pueden siquiera distinguir esos intereses mayoritarios en un mundo de capitales volátiles, de tal forma que cada vez han aceptado más y más ser simples administradores de los intereses minoritarios que tampoco entienden del todo.
Todo ello envuelto en discursos demagógicos y electoreros que no llegan a arañar lo que Gramsci llamaba “hegemonía cultural de las clases dominantes”. Tirar huevos contra una comentarista de Televisa no modifica en nada el control que ejercen las clases dominantes. Y no se ve siquiera el menor intento por constituir un bloque hegemónico alternativo.
Vicenç Navarro, catedrático español, comentaba hace poco frente a la debacle europea: “No se puede avanzar con un sistema financiero que funciona para tan pocos a costa del sacrificio de tantos. La banca privada ya ha perdido su función social, que es la de proveer crédito. Si no ofrece crédito, no tiene lógica su existencia. El tamaño del sector financiero en una economía debe por lo tanto reducirse sustancialmente...” Y concluía que “esta dictadura financiera está llevando a todos los países al desastre.”
¿En México algún partido ha buscado una solución, o ubicado al menos estos problemas como centrales?
Es momento de discutir una teoría para llevar a la práctica.

7 de octubre de 2012

Las mujeres no pasan.


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 5 de octubre de 2012.
Por José Ramón Enríquez.

César Antonio Sotelo titula su obra Van pasando mujeres como el poema de Alfonsina Storni, del cual un fragmento le sirve de epígrafe: “Cada día que pasa, más dueña de mí misma, / sobre mí misma cierro mi mirada interior; / en medio de los seres la soledad me abisma, / ya ni domino esclavos, ni tolero señor. / Ahora van pasando mujeres a mi lado / cuyos ojos trascienden la divina ilusión, / el fácil paso llevan de un cuerpo aligerado: / se ve que poco o nada les pesa el corazón...”
La Storni se suicidó en 1938. Casi tres cuartos de siglo de haberse entregado al mar sin conocer luchas feministas que, desde los 60, han abierto insospechados espacios. Pero soñó con ellos. Tal vez los entreveía como dijo en ese mismo poema: “Tengo sueño mujeres, tengo un sueño profundo”.
Es, pues, un acierto más de César Antonio Sotelo el haber escogido ese epígrafe y ese título que nos obligan a preguntarnos si las mujeres que van pasando llegaron ya a los espacios que, entre otras, empezaron a abrir poetas como Alfonsina Storni.
La respuesta se la canta su amigo Luis a Mónica, la capaz profesionista de Van pasando mujeres a quien acaban de negar un justo ascenso: “¿Y por qué crees tú que ninguna mujer es directora?... Porque ninguna cumple los requisitos... ¿Juegas golf?... ¿Eres buena para contar chistes colorados y anécdotas peladas?... ¿Te gustan los deportes?... ¿Eres buena para beber?... ¿Eres buena para conseguir diversión a ejecutivos o posibles clientes en caso de que sea necesario?... Fin de la entrevista. Gracias por su tiempo, es una lástima pero usted no es la persona que necesitamos... ¡Mónica, entiende! Este es un mundo de hombres. Está hecho por los hombres para que los hombres lo gobernemos... Te guste o no... Nunca dije que fuera justo sólo digo que así es...”
No exagera César Antonio Sotelo al poner esa conclusión en boca de Luis casi en el arranque de la obra. Hoy, cuando los machos inclusive se lamentan por tener que cumplir con cuotas de género que dicen superadas, los porcentajes son abrumadores: ni en sueldos ni en puestos directivos en cualquier área, las mujeres se acercan siquiera un poco a los hombres. Y no es por su falta de capacidades sino porque, simple y llanamente, las mujeres no pasan.
La obra de Sotelo, autor chihuahuense de importante trayectoria académica y desgraciadamente poco conocido en nuestro medio teatral, denuncia sabiamente la situación con el entretejido de historias de mujeres que, poco a poco, van aceptando que la vida no se entiende para ellas sin su hombre, sin su familia, sin todo eso que se puede dejar de lado para jugar a los triunfos profesionales pero a lo cual hay que volver como si lo dictara una tan desconocida cuanto exacta ley de la gravedad universal.
Van pasando mujeres es una obra muy bien escrita por un autor cuyo oído supera con creces esos obstáculos que abundan en nuestro teatro para hacer ágiles y verosímiles los diálogos. La estructura psicológica de los personajes es la justa, sin boberías ni tremendismos. Al fin, la lucha que el amor supone y que el macho ha hecho pasar como verdad absoluta, queda justamente desenmascarada sin más violencia que la decisión libre y profunda de otra mujer: Mónica la protagonista.
Estoy cierto de que muy pronto se podrá ver la obra, que me llega publicada por la Universidad Autónoma de Chihuahua, y que ya ha tenido montajes universitarios en la capital de su estado, en Zacatecas e inclusive en Buenos Aires.

23 de septiembre de 2012

Comunismo y democracia

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 21 de septiembre de 2012.

Por José Ramón Enríquez.

Eran tres: George Marchais, dirigente del partido comunista francés; Enrico Berlinguer, del italiano, quien contaba con la herencia que le llegaba desde Gramsci; y Santiago Carrillo, dirigente en el exilio de un partido comunista de España que enfrentaba la brutal dictadura de Franco. Elaboraron y llevaron a la práctica, en sus respectivos países el llamado eurocomunismo.
Acaba de morir el más longevo entre ellos, Santiago Carrillo, a los 97 años y mientras dormía la siesta. Pero los resultados prácticos del eurocomunismo no resultan para nada atractivos. Más bien todo lo contrario. Los tres partidos eurocomunistas han quedado rebasados en la práctica e inclusive el más influyente de ellos, el italiano, ha perdido su nombre. Carrillo ha muerto expulsado de su partido y el partido comunista de España es una formación más de Izquierda Unida que hoy lucha por recuperar el espacio que algún día tuvo.
Sin embargo, no es posible olvidar los grandes vientos que provocaron con su pensamiento, sobre todo al situar la democracia como eje imprescindible para la construcción del socialismo.
Obviamente quienes más se beneficiaron de este viraje fueron los partidos socialistas que reclamaron su matriz socialdemócrata y cubrieron con cuidado no sólo muertes simbólicas como la de Rosa Luxemburgo sino su inactividad, por ejemplo en España, durante la lucha clandestina.
En México, donde el socialismo lombardista había entregado al PRI el movimiento obrero, la influencia del eurocomunismo creció al romper el partido comunista mexicano con el de la Unión Soviética, tras la invasión de Afganistán. Un pensamiento antiautoritario, no demagógico y no entreguista parecía ser el camino ideal para los comunistas mexicanos. Hoy, 32 años después de que el partido comunista mexicano se disolviera, las ecuaciones continúan sin resolverse y el camino sin andarse.
Por ello, también en estas latitudes la muerte de Santiago Carrillo puede ser buen momento para la reflexión. Pero lo es mucho más en España y, sobre todo, en los momentos por los que atraviesa España.
Diez años antes de que Gorbachov echara a andar perestroika y glásnost en la Unión Soviética, los comunistas españoles decidieron salir de la clandestinidad y propiciar la transición. Sin embargo, ni los comunistas que caminaban con Gorbachov ni los que iban con Carrillo consolidaron ningún proyecto viable. Vladimir Putin salió de los sótanos de la policía secreta para hacerse con el poder y el socialdemócrata Rodríguez Zapatero, muy a su pesar, fue rebasado por un mercado financiero al que no supo oponer, ni teórica ni prácticamente, alguna otra vía y tuvo que entregar el poder al neofranquismo recalentado y con mayoría absoluta.
Ya sin Santiago Carrillo, expulsado del partido comunista de España desde 1985, Izquierda Unida tiene ahora la oportunidad de tomar la palabra y oponer alguna alternativa al capitalismo financiero que, como auténtico tsunami, está barriendo aun con el sueño de una Europa unida.
Habría que partir de la idea original de eurocomunismo: la democracia. Aquella frase de “dictadura ni la del proletariado” tiene que volver a estructurar no sólo la idea de Estado que se ofrece a la sociedad sino la idea misma de organización política. Hoy impide cualquier alternativa comunista ese autoritarismo en el partido que llevó a la expulsión de Carrillo y que fue practicado por él mismo en múltiples ocasiones. En memoria suya vale la pena reflexionarlo.

9 de agosto de 2012

El turno para la Ley de Víctimas


Publicado en Milenio-Novedades de Yucatán, el 7 de agosto de 2012.

Hace unos años todos los partidos (incluidos los que se autodefinen de izquierda) deshonraron la palabra dada por sus representantes y se burlaron de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar. Es el turno para el gobierno de Felipe Calderón de hacer lo mismo con la Ley General de Víctimas,
Tal es el método de los demagogos: promete, no cumplas y sólo gesticula. No en balde Rodolfo Usigli subtituló su obra maestra, El gesticulador, como pieza para demagogos.
Después del encuentro de Chapultepec, donde prometió el reconocimiento, elevado a nivel de Ley, de las víctimas, y con tiempo suficiente para que tanto el Ejecutivo como todas las fracciones del Legislativo (incluidas las del propio Calderón) discutieran, hicieran observaciones, mejoraran y pulieran hasta el estilo de la Ley, cuando ya la Comisión Permanente instruyó al Ejecutivo, en uso de la división de poderes, para que publicara el texto de la Ley en el Diario Oficial; en este punto y precisamente en la jornada electoral, Calderón la veta.
Gesticula él y gesticula su secretario de Gobernación. Argumentan con un manojo de razones legales incomprensible para los ciudadanos de a pie, como en el turno de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar las esgrimieron para no firmar los Acuerdos y burlarse de los pueblos indígenas que sí se habían tomado en serio todas y cada una de las discusiones. Entonces como hoy (les otorgo el privilegio de la duda dada mi ignorancia legal) pueden tener razón, pero hubo un tiempo en que lo pudieron decir para mejorar y pulir. No hacerlo en su momento es una burla, respecto a la Ley de Víctimas, como lo fue para los Acuerdos de San Andrés Larráinzar.
Entonces, todos los partidos fueron cómplices. Hoy, todos están tan ocupados en gesticular a su manera que, muy posiblemente, se termine el periodo legislativo, mientras el Poder Judicial define comas y comillas legales para reenviar al Legislativo lo que empezará a rediscutir la Cámara de origen.
La verdad es que, al no haber presentado ningún partido alternativa a la guerra calderonista, a nadie conviene ser responsable (con peso de Ley) de víctimas pasadas y futuras.
La verdad es que todos gesticulan, como siempre.

1 de agosto de 2012

Calibán en Londres 2012.


Publicado en Milenio-Novedades de Yucatán, el 31 de julio de 2012.

Para saber que iba a ser interesante la inauguración de la Olimpiada bastaba con recordar TrainspottingSunshine o Slumdog Millionaire. Y lo fue. Danny Boyle narró no una sino varias historias y convirtió en buen teatro lo que siempre ha sido un buen espectáculo demusic hall circense.
Inclusive jugó con este enigma: ¿dónde están hoy situadas las Islas Británicas?
Ubicó el inicio de la modernidad en la Revolución Industrial y no en la Francesa, puesto que los ingleses no han decapitado a su Reina, aunque Boyle la lanzara por los aires. Ese punto fue claro y muy inglés, aunque Boyle venga de Irlanda.
Pero al personificar Kennet Branagh a Isambard Kingdom Brunel, empresario de ferrocarriles, constructor de barcos y de puentes, y un figura central para los ingleses, complicó las cosas, porque Branagh es uno de los directores y actores shakespearianos más importantes y este año el mundo festeja al Bardo.
No entiendo inglés hablado y menos el isabelino, pero cuando Branagh abrió la boca supe que algo estaba pasando. Por desgracia veía Televisa (los muchachos del #YoSoy132 deberían pedir que López Dóriga deje de cacarear cuando Kenneth Branagh abra la boca) pero me dije: “¡Eso es verso y eso es Shakespeare!” Tuve que esperar a You Tube para enterarme de que, efectivamente, lo eran y un intérprete mayor los había lanzado hacia el mundo entero.
Pero no era un texto cualquiera. Era de La Tempestad. El de Calibán sobre las maravillas de su propia isla:
“Isla de ruido extraño, de sonidos y brisa dulce... A veces miles de instrumentos bulliciosos me vuelven a dormir si he despertado.... Sueño que se abren las nubes... y sus riquezas llueven sobre mí... y entonces lloro por estar aún dormido...”
Dos líneas adelante, y esto ya no lo dijo Kenneth Branagh, Calibán explica que esa belleza sólo será “¡Cuando Próspero haya sido exterminado!”
¿Por qué, se preguntaba un académico, escogió Boyle ese texto para aplicarlo a las Islas Británicas, como himno de sus juegos?
El himno del rebelde, del salvaje Calibán, encontraba eco, en una Inglaterra ya mestiza, en voz de Kenneth Branagh, antes de que los sueños infantiles volaran por el espacio de la Olimpiada 2012.

24 de julio de 2012

Incómodo se ve Jesús Zambrano.


Publicado en Milenio-Novedades de Yucatán, el 24 de julio de 2012.
Siento que Jesús Zambrano no se encuentra a gusto en las conferencias de prensa junto a Andrés Manuel López Obrador. Como que no sabe si reír o llorar.
Alberto Anaya se ve a sus anchas: lleva sexenios con esa misma sonrisa entrecerrada de quien tiene un partido para él solito y el señor de lo que fuera Convergencia, Luis Walton, muestra esa tranquilidad de quien sabe muy bien que nunca nadie va a preguntarle nada.
La bellísima persona que ha sido siempre Ricardo Monreal, ese sí está en su mero mole. Insultó ante las cámaras de la malvada TV a los del PRD cuando estaba en el PRI, y se peleó con el PRI cuando quiso ser gobernador de Zacatecas. Luego se peleó con el PRD porque no le permitieron heredarle a su hermano la gubernatura. Ahora está feliz en el PT al lado de un AMLO a quien el dedo de Dios escrituró conferencias de prensa diarias entre otros muchos recursos.
Pero Chucho Zambrano no se ve a gusto...
Percibe que sus compañeros de mesa lo ven mal y no le creen mucho su fidelidad. El discurso de Graco Ramírez suena demasiado a Chuchos como para que no levante suspicacias (me niego a escribir "sospechosismo", esa perla neológica de Creel) en sus compañeros de mesa. Inclusive los fotógrafos buscan un ángulo que delate su pensamiento. Incómodo, me parece Jesús Zambrano.
Cuando repitió la respuesta de AMLO a un artículo editorial del diario El País, no podía sentirse bien. Él sabía que un periódico no es un gobierno y que eso de "la viga en el ojo propio" era una sonora estupidez. Y sabe, seriamente, que muchos ven a AMLO como un lastre y que él mismo lo pensó y más o menos así lo expresó.
Lo acaba de decir Graco con todas sus letras y Zambrano debe estar reflexionando en ello como El País de España y como el país que es México: ¿en dónde estaría hoy la izquierda sin Andrés Manuel? Muy probablemente preparándose para ocupar el lugar que le correspondía tras sacar al PRI del gobierno y luego del fracaso del PAN.
Sobre todo, Jesús Zambrano (guerrillero de la Liga 23 de Septiembre antes de aceptar la vía partidaria) sabe que es el gran momento del PRD para convertirse en una verdadera opción para los jóvenes del #Yo soy 132.
Y se puede perder.

5 de junio de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: ¿Qué podemos hacer?

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 3 de junio de 2011.

por José Ramón Enríquez.

Por lo general, no soy partidario de los discursos al fin de un espectáculo. Uno da su función y cuanto tiene que decir queda en el escenario para que la benevolencia o la exigencia del público lo juzgue, primero, en con su aplauso o su silencio, y luego, lo que es más importante, con su reflexión en el día o los días siguientes, si el espectáculo no resultó un divertimento superficial.

Sin embargo, en Hermosillo, luego de terminar la función a la que fuimos invitados por la Compañía Teatral del Norte, para el Festival “De Península a Península”, dentro de las Fiestas del Pitic, me sentí obligado a tomar la palabra para dejar constancia:

“Desde T’Ho, que es el nombre maya de la ciudad a la que los españoles llamaron Mérida, hemos venido hasta el Valle del Pitic, nombre antiguo de Hermosillo, para lanzar una pregunta que sale de la historia y que es aún plena y dolorosamente vigente. Frente al engaño y el despojo cotidiano que victiman a las diversas etnias de nuestro país, ¿qué podemos hacer?”

Acabábamos de saber que precisamente en estos días, el pueblo yaqui vuelve a ser objeto de la codicia que en nombre del progreso lo ha perseguido desde la Conquista, y que aun su existencia quiere ponerse en duda para ocupar determinadas tierras.

Y a nuestra obra, Ah Kin Chi, profeta maya, que trata de dos posturas ante la llegada de los conquistadores, la de Tutul Xiu y la de Nachi Cocom, quiere cerrarla Hernán Lara Zavala, su autor, con un distanciamiento brechtiano para lanzar al patio de butacas (una vez que Ah Kin Chi vuelve de la pesadilla profética en la que conoce el engaño y el expolio de que serían víctimas los pueblos originales de estas tierras a la llegada de los europeos) dos preguntas: ¿qué debimos hacer y qué podemos hacer?

Así, para quienes pensamos que este país no tiene viabilidad si continúa basando su existencia en la injusticia, como pecado original del mal llamado “Encuentro de Dos Mundos”, el “qué podemos hacer” de Hernán resulta especialmente vigente en esas tierras tan lejanas del mundo maya de nuestra obra.

Al fin de la representación, Alba Gloria Galindo, Coordinadora de Culturas Populares del Estado de Sonora, nos obsequió con un libro colectivo, recién salido del horno, sobre la más de una decena de etnias que han sobrevivido y están decididas a permanecer dignamente en las que son sus tierras: Etnias de Sonora.

Obra coordinada por el maestro Tonatiuh Castro Silva quien en su Introducción afirma cuestiones desconocidas por la ignorancia culpable de quienes heredamos los privilegios del conquistador:

“Sonora es el estado del Norte de México con mayor diversidad étnica... Habitan siete etnias originarias y una con asentamiento de poco más de un siglo, además de casi una decena de pueblos oriundos de otras regiones de México con aproximadamente tres décadas de residencia. Conforman este vasto horizonte cultural los pueblos kuapak (cucupá), tohono o’odham comcáac (seri), o’ob (pima), makurawe (guarijío), yoeme (yaqui), yoreme (mayo) y ki wika pa wa ( kikapú). Residen también en Sonora triquis, mixtecos y zapotecos, entre otras etnias migrantes...

“Referir al aspecto cuantitativo que distingue a este libro, sería sólo una presunción folclorista si no fuese porque la enumeración de datos y hechos refleja tanto los resultados de procesos históricos como de estrategias vivas y contemporáneas, y a las cuales, en conjunto, se nombra, persistencia étnica...”

Persistencia heroica frente a un desprecio y un despojo centenarios que ya pesan demasiado en la conciencia del país entero.

panicoes@hotmail.com

26 de mayo de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: Linchar jotos.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 20 de mayo de 2011.

por José Ramón Enríquez.


Va uno de maricones. Uno muy antiguo entre la enorme cantidad de chistes homófobos que llevo escuchando desde mi niñez:

“Ve el maricón una multitud arremolinada y le gana el chisme ‘Compermisito, compermisito’, se ve abriendo paso para enterarse bien de qué pasó. Se encuentra con un tipo linchado por de esa multitud y pregunta, melifluo y consternado: ‘Ay, ¿y por qué por lo mataron?’ ‘¡Por joto!’, se escucha un vozarrón. Y el maricón muy asustado desanda su camino apretando el paso: ‘Compermisote, compermisote’. (Risas.)”

Chistes como ese forman parte de la educación sentimental de quienes buscan víctimas para sentirse machines a plenitud. Y linchar jotos no es sólo un deporte nacional secular en México, lo es en el mundo entero. En tiempos no tan remotos (y aún hoy en varios países) ha sido legal, se ha impuesto la pena máxima y se ha pretendido apoyar un linchamiento en la Palabra de Dios así como en leyes inamovibles de la naturaleza.

En Wyoming, cuando en 1998 fue martirizado Mat Shepard, el defensor de McKinney y Henderson, los asesinos de apenas 21 años, argumentó a su favor que la víctima les había dado asco y trajo a Dios y a la Naturaleza como testigos. El argumentó encontró eco en la opinión pública: se educa para que el joto dé asco (“asquito”, definió el panista y presidenciable gobernador de Jalisco).

No hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos y motivos de luto para quienes somos homosexuales. Hace dos semanas fue asesinado uno de nosotros en Chilpancingo. Amigo cercanísimo de amigos cercanísimos y defensor de los derechos humanos.

Letra S condenó de inmediato: “Letra S condena el asesinato del activista gay Quetzalcóatl Leija Herrera, ocurrido en las primeras horas de este 4 de mayo en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero. Exigimos a las autoridades la pertinente investigación y el esclarecimiento del crimen, que se suma al de Francisco Estrada Valle, Octavio Acuña y tantos otros líderes del movimiento lésbico-gay cuyas muertes han quedado impunes”.

Creo que en torno al día mundial contra la Homofobia basta con documentar la muerte de Quetzalcóatl. Así narra una agencia noticiosa:

“A unos metros del Palacio Municipal y de la Cultura, donde hay guardias de seguridad pública de forma constante, fue asesinado la madrugada de ayer, Quetzalcóatl Leija Herrera, quien presidía una agrupación que luchaba por el respeto a la diversidad sexual y el reconocimiento de los derechos de homosexuales y lesbianas.

“Leija Herrera, presidía el Centro de Estudios y Proyectos para el Desarrollo Humano Integral (Ceprodehi) y fue asesinado a pedradas ayer a las cuatro de la madrugada a un costado del Palacio de la Cultura y a unos metros del ayuntamiento.

“El cuerpo de este activista, fue localizado tirado afuera de una zapatería que se localiza en un pasillo que comunica a la avenida Juárez del centro de esta ciudad y fue levantado por el Servicio Médico Forense (Semefo), en tanto el Ministerio Público inició una averiguación previa por ese crimen.

“Ayer por la mañana el director de la Policía Ministerial, Fernando Monreal Leyva, explicó que una de las versiones que tiene es que al parecer Leija Herrera, se opuso a ser asaltado y por eso lo mataron, ‘pero todavía no tenemos ninguna pista, seguimos investigando’, aseveró.”

Que las autoridades pretendan convertir en simpe asalto o crimen pasional lo que es un linchamiento ha sido constante a lo largo de la historia.

Pero ya es hora de que nuestros niños y jóvenes entiendan que linchar jotos es un crimen vergonzoso y no un chiste de cantina. Ya es hora de que la sociedad entienda que reírlo o taparlo abre las puertas a mucha más violencia. Esa que hoy todos sufrimos.



8 de abril de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: Legalizar.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 8 de abril de 3011.

por José Ramón Enríquez

Que un poeta elija guardar silencio hace temblar a todos los poetas y pone contra la pared a la poesía. Mucho más cuando ese poeta está acostumbrado, como Javier Sicilia, a hablarse de tú con lo inefable.

A mí (desde mi rincón en una ciudad menos tranquila de como desean presentarla sus autoridades, pero tranquila como ninguna en comparación con el resto del país), me resulta imposible hacer cualquier comentario en estos días que no gire en torno al dolor de un padre y poeta tan admirado como Javier Sicilia y de Socorro Ortega, la madre de Juan Francisco.

Mucho estoy obligado a reflexionar de aquí en adelante sobre el grito de Dios y el clamor del hombre. Pero en una columna como ésta debo detenerme en cuanto en lo que simboliza Javier en este momento para México, un país atónito ante la inútil pérdida de tantas vidas suyas.

Vuelvo de la Marcha por la Paz en Mérida, que ha convocado a muchos cientos de ciudadanos indignados que gritaron a voz en cuello: “¡estamos hasta la madre”. Reviso la prensa y encuentro que la Marcha en Cuernavaca fue seguida por muchas otras en toda la República, y en varias ciudades del extranjero. Sé que tomar las calles representa un ejercicio ciudadano válido en sí mismo, aunque no deban agotarse en ello ni la indignación ni la reflexión de esa entidad tan difícil de definir como la “sociedad civil”.

Hay quien pone en duda la utilidad de las marchas. Pues pertenezco a una edad y a unas izquierdas que crecieron en la oposición, siento que las marchas hacen movimiento, pero tal vez esta visión haya sido superada por la Internet. Sin embargo, en este momento particular, se ha tratado de acompañar a un padre y a una madre que encarnan a muchos otros padres de los miles de muertos.

Y vemos cómo, en el mejor de los casos, se muestra inútil la sociedad política ante el problema del tráfico ilegal de drogas. Aunque, en la mayor parte de los casos, la sabemos francamente corrupta y al servicio de los traficantes, en todos los países, en todos los órdenes de gobierno y aun en todos los partidos.

Aquel “¡si no pueden, que renuncien!”, del señor Martí, se une hoy al “¡estamos hasta la madre!” de Javier Sicilia. Pero no renuncian porque algo sí pueden: mantener el statu quo y, con él, las ganancias megamillonarias de los capos que existen en todos los niveles.

Ya me he referido al tema en otras ocasiones y, aunque sé que no hay respuesta simple a un problema cada día más complejo, reitero lo que siempre he dicho: el primer paso (necesario, imprescindible) es la legalización.

En días pasados Xabier Lizarraga subió a Facebook el fragmento de una conferencia del economista español Arcadi Oliveres. Muestra con toda claridad cómo el comercio de armas llega del Norte al Sur mientras el comercio de drogas va del Sur al Norte. Se trata de un negocio redondo y criminalmente perfecto. Para detenerlo sería preciso legalizar la droga e inutilizar las armas. Sé que ambos extremos suenan utópicos pero hay que luchar por consdegurilo.

La droga es un veneno, pero como el alcohol y muchos oEnlacetros que se controlan en las farmacias sin que su precio resulte estratosférico. Entiendo que los gobiernos cómplices del crimen no derrumben los precios del veneno y, además, permitan que lleguen a los criminales las armas con que asesinan a nuestros hijos. Lo que no entiendo es por qué la sociedad civil no enarbola mayoritariamente esa bandera: legalizar. La marihuana, al menos, como un primer paso.

Vaya mi abrazo fraterno al poeta silencioso. Quede clara mi exigencia a los gobiernos implicados: legalizar significa salvar vidas.

panicoes@hotmail.com

28 de marzo de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: Corazón del cielo.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 25 de marzo de 2011.

Por: José Ramón Enríquez.


Con el título que encabeza esta nota, culminó un esfuerzo académico de 126 horas, del 13 de noviembre de 2010 al de 20 de marzo de 2011. Se trata del primer Diplomado en Teatro para jóvenes mayas del interior del estado de Yucatán.

La belleza del idioma está sin duda presente en los nombres de los municipios de los cuales llegaron a Mérida los 15 jóvenes diplomados, 7 mujeres y 8 hombres: Acanceh, Tecoh, Kinchil, Oxcutzcab, Sinanché, Chicxulub Puerto y Yaxuná, además de Valladolid y la propia ciudad de Mérida.

A partir de la idea de la espléndida actriz de origen maya, directora de escena, dramaturga y maestra, Socorro Loeza, de que “en el estado de Yucatán desde mucho antes de la llegada de los españoles existía una larga tradición teatral maya, que todavía persiste en varios municipios, en donde muchos grupos la utilizan como su medio de recreación”, la Escuela Superior de Artes de Yucatán logró el apoyo tanto del Instituto de Cultura del estado como del Conaculta, para cumplir con una serie de objetivos diversos.

En primer lugar “proporcionar a jóvenes mayas del interior del estado las herramientas básicas que les permitan mejorar sus obras de teatro comunitario, o contar con mayores recursos para enfrentar el proceso de selección de ingreso a la Licenciatura en Teatro en la ESAY”. Así como “crear un ambiente en el que los alumnos cuenten con las herramientas básicas de apreciación de las diversas manifestaciones artísticas, para reconocer la cultura y el pueblo que se expresa en una obra teatral” y “brindar a los participantes los elementos que les permitan apreciar los aportes del pueblo maya en la configuración cultural del país y valorar sus expresiones artísticas como parte de su propia identidad.”

No es poca cosa conseguir recursos precisamente en estas horas de demagogia en que los ya de por sí miserables presupuestos asignados, por estos rumbos no se usan siquiera para el pago de producciones y salarios de espectáculos teatrales ya presentados y sí, en cambio, para contratar con cifras de varios ceros a Shakira y con ella “sacarse la foto”. Una foto que sirva para hacer futurismo de cara a “la grande”. Sin embargo, aquí hablo del Corazón del cielo de los mayas y no del Retorno de los dinosaurios a los Pinos algo que dará para reflexionar mucho en un futuro que, al menos yo, desearía muy lejano.

En Corazón del cielo, el coral de creación colectiva, bilingüe, con el cual terminó el diplomado, nos permitió asomarnos al conflicto de identidad en las nuevas generaciones que lleva al mismo tiempo un orgullo ancestral y un miedo al futuro en un país que nunca ha dejado de ser racista. A partir de lo corporal llegaron al sonido de la palabra maya y a caminar desde ahí. Precisamente usaron como punto de partida la fuerza, las sugerencias y la belleza del sonido de xíim bal, el que camina. Culminaron en una síntesis de voces que recorrieron desde el Chilam Balam o el Canek hasta sus propias voces ya bilingües.

Nunca mejor aprovechados los pocos recursos y los grandes esfuerzos de estudiantes, maestros y coordinadores para dar herramientas teatrales a las comunidades y aprender de lo mucho que tienen para enseñarnos y conmovernos. Herramientas como Historia del Teatro maya; Interculturalidad e Identidad; Lectura y redacción; Recuperación de la memoria colectiva del pueblo maya; Cuerpo; Voz y Taller de Actuación.

Vale la pena continuar, ampliar y multiplicar el juego de los espejos con que los jóvenes cerraron ante nosotros su diplomado: entre el “cómo veo” y el “cómo me ven”, en medio del huracán que todos vivimos, porque precisamente Corazón del cielo significa huracán.

14 de marzo de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: La risa del juez.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 11 de marzo de 2011.

por José Ramón Enríquez.



En el próximo octubre se cumplirán cuarenta años del estreno de El juicio de Vicente Leñero. Yo tuve la fortuna de actuar en esa obra, bajo la dirección del maestro Retes, y de conocer de primera mano las dificultades para su estreno. Era teatro documental y reproducía en escena, sabiamente editados por la pluma de Leñero, momentos cruciales del juicio a José de León Toral y Concepción Acevedo, la Madre Conchita, acusados de asesinar a Álvaro Obregón. Al parecer, en 1971, todavía el tema molestaba y hasta la muerte, me parece, de Ezequiel Padilla, no se permitió su estreno.

Era el México del priísmo duro que salía apenas de la represión del 68 y sufría la de los Halcones en la Ribera de San Cosme. Sin embargo, pudo recuperarse la voz de los protagonistas y escuchar los alegatos de los abogados.

Dramáticamente la obra era impecable y estaba espléndidamente encabezado su reparto por Aarón Hernán y Silvia Caos. El público se calentaba, en realidad, y tomaba partido. Pero era por las posturas políticas de los personajes, no por la impartición de la justicia. Tal vez ese juicio público, con jurado y tan bien estructurado por los abogados, fue una excepción por tratarse de un magnicidio. Tal vez el sistema penal era como el de ahora, un laberinto brutal, una cloaca en la que está perdido quien ha tenido la mala suerte de caer.

Como quiera que sea, El juicio de Leñero es ejemplar comparado con Presunto culpable, la película de Roberto Hernández. Toño Zúñiga se hubiera dado por bien servido al ser tratado como aquellos magnicidas. Desde luego, no minimizo las torturas inaceptables en el caso de Toral, pero me refiero a la claridad de un juicio presentado a la luz del día.

A Zúñiga le ocurre lo que a las víctimas de la Inquisición española: bastó una acusación, sin prueba alguna, para ser presentado como culpable por un Ministerio Público y ser sentenciado por un Juez.

Y vale la pena dejar claro para la memoria el nombre de ese juez, cuya risa en la película vuelve inútil cualquier calificación: se llama Licenciado Héctor Palomares y dictó dos veces la misma sentencia condenatoria. La Licenciada Marisela Guzmán fungió como Ministerio Público, al menos en el segundo juicio, y también vale la pena recordar cómo respondió a la pregunta de Zúñiga de por qué lo acusaba cuando sabía que era inocente: “Es mi chamba”.

Los elementos del drama son perfectos y, sin embargo, mucho me temo que serían vistos como inverosímiles porque quien no supiera que uno de nuestros auténticos dramas nacionales es el sistema de justicia. Y, más dramático aún, que los legisladores (que tienen el poder de modificar leyes a todas luces injustas) no hagan nada.

Estamos acostumbrados a lanzar invectivas contra el Ejecutivo, casi siempre justas, y a denunciar airadamente, como en este caso, al Judicial, pero el Legislativo es el que está criminalmente perdiendo el tiempo en la grilla y en el reparto de privilegios. Nuestros diputados y senadores son culpables por mantener en el infierno a quienes ellos saben muy bien que son inocentes.

Y nosotros somos sus cómplices, por omisión. Por no exigir que en sus plataformas pasen de la estupidez retórica a puntos tan claros como la reforma integral del sistema de justicia, y que la agenda legislativa no deje para mañana lo que debe hacer hoy.

La justicia de México es culpable mientras no demuestre lo contrario, y los legisladores que así la mantienen comparten la risa incalificable del juez frente a los inocentes.



14 de febrero de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: Menos balas y más teatro

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 11 de febrero de 2011.

Por: José Ramón Enríquez



Difícilmente podría hacerse peor algo que, en principio, debía resultar tan claro: la prohibición produce asesinatos (con la violencia creciente que rodea a los crímenes), y fortunas ilegales (con la corrupción que rodea este otro tipo de crímenes). Pero todo, al paso del tiempo, se ha vuelto extremadamente complicado. Lo suficiente como para tener en jaque a una sociedad que no se merece la violencia que sufre y a un gobierno rebasado, sordo y envuelto en su monólogo.

Que el tequila no esté prohibido permite a los productores de agave azul enorgullecer a México. Pero los productores nacionales de marihuana se juegan la vida, son vistos como malos mexicanos y son presa de los carteles. Sería al contrario si estuviéramos en el Chicago de la prohibición o en los permisivos principios del siglo pasado.

Desde luego, el primer paso es una legalización de la marihuana que empiece a romper otras prohibiciones y a tratar al ciudadano como lo que es, mayor de edad. Para ello son necesarios consensos nacionales y extranjeros, sin temor a intereses económicos que rebasan por mucho la imaginación más fantasiosa.

Los partidos y los tres poderes republicanos deberían estar impulsando al menos el debate social. Al contrario, se cierran en sus mezquindades, mientras tanto, vemos a un gobierno que da palos de ciego, quema los cartuchos de sus instituciones, tiende a censurar hasta mostrarse desesperado.

Hay otro paso fundamental: la inversión en educación y cultura. Si la UNESCO pide el 1% del PIB para cultura, nuestro Estado (poderes ejecutivo y legislativo) destina el 0.07%, según datos de Érika Bucio de Reforma. Ésta, no sólo es una visión poco patriota y por ende suicida a mediano plazo, sino un mal negocio en lo inmediato, porque, según los mismos datos, los trabajadores de la cultura ingresamos el 5.7% del PIB (más, si se cuenta la piratería).

Ante esto, los teatreros de Sonora gritan: “¡Menos balas y más teatro!”, en una iniciativa nacional de la Compañía Teatral del Norte, dirigida por el maestro Sergio Galindo.

Su primer logro ha sido ganar la atención del Ayuntamiento de Hermosillo que ha lanzado un Programa de Seguro Popular para Artistas y Creadores.

Pero apuntan a mucho más y vale la pena destacar algunos párrafos de un Manifiesto al que muchos nos hemos adherido:
“Ocurre que nos sentimos donde estamos: en medio. A dos fuegos. Acosados. Indefensos. Entre las balas de uno y otro bando, aderezadas con discursos machacones que ya suenan como las primeras. Y sí, tenemos miedo. Mucho miedo. Por nosotros, por nuestros jóvenes, por nuestros niños, por los desprotegidos que somos mayoría. Y no podemos, ni deseamos, ni consideramos responder también con balas. Preferimos nuestras armas de siempre, las que siembran en lugar de destruir: la voz, el cuerpo y la sensibilidad de nuestro arte. Preferimos la verdad del Teatro. El Teatro es verdad. La verdad que da vida, no muerte....

“Deseamos que se abran nuevas opciones, reales, profundas, serias y concretas; desde la educación artística estrechamente ligada a la educación formal... hasta el fomento y el apoyo a la apertura de los existentes y de nuevos espacios, formales y alternativos, para una intensa y sostenida programación y difusión del teatro que se hace, se quiere y está por hacerse...”
La Compañía Teatral del Norte firma desde Sonora, pero invita: “Súmate. Seguimos recibiendo tus propuestas en www.menosbalasmasteatro.com”.



31 de enero de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: Tatic Samuel*.

por José Ramón Enríquez.

El acontecimiento central en la vida del obispo Samuel Ruiz fue el de su conversión. De ese punto arranca todo. Sin él se desdibuja el sentido más profundo de una vida, de una lucha sin respiro y de un ministerio como el suyo. A la hora de despedirlo, es preciso recordar que don Samuel Ruiz fue un converso y que los indígenas de su diócesis fueron precisamente su epifanía: ellos lo convirtieron.

En términos marxistas podríamos hablar de desclasamiento, pero las categorías marxistas no alcanzarían el fenómeno de su ser y estar afincado en la Iglesia. Por eso es necesario verlo desde el compromiso con su vocación cristiana, a riesgo de molestar por igual a quienes se creen dueños de lo teológico y a quienes buscan explicar todo desde la sociología política.

A don Samuel Ruiz sólo se le puede entender desde de la fe y de una fe vivida en una Iglesia que sufre como Jesús crucificado y espera resucitar, también como él.

Vistos de esta manera, todos los homenajes a la figura de don Samuel son homenajes a tzeltales, tzotziles, tojolabales y demás etnias mayas de Chiapas. Ellos escogieron a don Samuel como su Tatic y peregrinaron con él hasta hacerle entender (vale decir, hasta dictarle) esa teología india que tanta furia causó a Juan Pablo II, un papa incapaz de hacer propia la otredad, furia compartida entonces y continuada ahora por Benedicto XVI.

Los indígenas enseñaron a don Samuel Ruiz que la Iglesia en América “nace al interior de un contexto de opresión. No fue sólo una conquista violenta de esta tierra por parte de España: también la religión, como la supremacía política, viene impuesta”. El agua del bautismo cayó sobre ellos como sus cadenas y, hoy, sólo puede caminarse desde ellos si se quiere ser Iglesia y no un centro de control colonial del pensamiento.

Al morir el Tatic Samuel, la esperanza no muere. Acaso se refuerza porque el mundo indígena, especialmente el maya, sabe que “va a volver”. A los occidentales, incluidas todas las formas políticas y eclesiales, nos corresponde entender que estamos invitados a esa vuelta si lo hacemos con ellos, desde ellos, como propone la teología india. Por el contrario, la continuación de la humillación y el saqueo nos resulta suicida.

Esa mexicanidad nacida en el liberalismo del siglo XIX y que pretendía la occidentalización del indígena no ha funcionado y sí ha resquebrajado toda construcción social. Hoy vemos con certeza que lo único viable es un mestizaje entre iguales. Desde la lengua y todas las formas culturales hasta el respeto a la palabra empeñada por los representantes del Estado. Y me refiero desde luego a los Acuerdos de San Andrés, así como tengo en la mente la lección que, el mismo día de la firma de un TLC malformado, vinieron a darnos los indígenas zapatistas.

Pero en estos días también se han recordado aspectos no tan luminosos del Tatic, como lo es su conservadurismo en cuanto a la moral sexual. Hijo de su tiempo, participó de ese hamletiano “ser o no ser” de Paulo VI que, mientras abría la puerta a experiencias eclesiales importantísimas, asestó al mundo la Humanae vitae. Aunque me consta su respeto por criterios distintos al suyo, creo que estuvo errado y que la globalización ha demostrado que la liberación es de todos o no es.

Así lo ha entendido Raúl Vera, antiguo coadjutor de don Samuel, también convertido por los indígenas y hoy obispo de Saltillo, quien ha declarado a favor del matrimonio gay. Y fueron precisamente los zapatistas de Chiapas quienes dieron el paso adelante al invitar a las mujeres y a los homosexuales a unir su lucha con la del pueblo indígena.



*Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 28 de enero de 2011.

(El cartón, obra de Eduardo Soto, fue tomado del Blog del Museo de la Caricatura y la Historieta "Joaquín Cervantes Bassoco")

17 de julio de 2010

PANICO ESCENICO :: Montejos para el bicentenario.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 16 de julio de 2010.

José Ramón Enríquez.


Liberal e ilustrado, Manuel José Quintana quiso resolver la memoria dolorosa del expolio a los indios americanos con un endecasílabo: “Crimen fueron del tiempo y no de España”.

No es posible hacerlo. El tiempo transcurre sin responsabilidad alguna y España es una abstracción llena de concreciones personales. Pero las personas sí son responsables de su crimen, y esa responsabilidad no se borra con un endecasílabo.

Es exactamente como hoy en España. El Juez Garzón es tan español como los fascistas que en la Guerra y en el franquismo asesinaron españoles en cunetas y los enterraron en fosas comunes. Ya Machado lo decía en su momento: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.”

No todos los que de una u otra manera formamos España (sea por nacimiento en la Península, sea por mestizaje en estas tierras, sea simplemente por el hecho de tener como nuestra la lengua de Castilla) somos encomenderos, conquistadores a sangre y fuego, violadores o asesinos. Tampoco tenemos por qué aceptar moralmente todo lo que significó la Conquista, por más sangre española que tengamos en nuestras venas, ni festejar un etnocidio que llega a nuestros días.

Hablo de esto porque se acaba de levantar una estatua a los Montejo (al Adelantado y al Mozo, les faltó el sobrino) en el Remate de un Paseo que lleva su nombre, en la hermosa ciudad de Mérida, que se llama Blanca porque nunca fue tomada por los Indios durante la Guerra de Castas (lo supe por Hernán Lara Zavala en su extraordinaria novela Península, Península).

Tal monumento (que desconoce por cierto la proporción, no digamos la áurea) ha levantado una polémica entre “antihispanistas” y “prohispanistas”. Yo desde luego soy de quienes piensan que es una afrenta levantar una estatua a los Conquistadores precisamente en el año del bicentenario de la Independencia.

Los suyos no fueron crímenes del tiempo. Contemporáneos y compatriotas suyos ya señalaban el “encuentro” como crimen y hasta como pecado. No citaré a Fray Bartolomé de las Casas, finalmente el título de su principal obra lo dice todo. Haré uso del artículo del presbítero Raúl Lugo, La estatua y los pájaros, de su blog Iglesia y sociedad (raulugo.indignacion.org.mx) para tomar una cita de Fray Alonso de la Vera Cruz:

“Yo he visto más de una vez mujeres que trabajan día y noche en tareas abrumadoras. Con violencia se las forzaba a entra en un lugar, y ahí se las encerraba con los hijos que estaban criando, como si estuvieran condenadas a prisión. A causa del trabajo excesivo las mujeres preñadas padecen abortos; las madres lactantes no pueden amamantar lo suficiente a sus hijos. Los hombres encargados de tal obra tienen ocasión para ofender a Dios. Yo hablo como uno que sabe, pues yo he visto que tan injustamente se hace todo esto. Quienes exigen tal tributo, pecan, y están obligados a restituir dondequiera que puedan.”

A quienes hoy se consideren herederos de los Montejo o de los Cortés o de los Mazariegos les corresponde la restitución de lo saqueado, no el levantamiento de ninguna estatua. Mucho menos en un año que convierte su gesto además de insulto, en franca provocación.

Y nada de lo escrito es antihispanismo. Reivindico lo mucho que de España llevo en venas y en cultura, y a españoles como Fray Bartolomé, Fray Alonso, los asesinados en las cunetas por el franquismo y cuanto hoy significa el Juez Garzón.


24 de mayo de 2009

70 años del arribo del «Sinaia»

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 22 de mayo de 2009.

El 26 de mayo de 1939, hace 70 años, al dejar en el horizonte “los últimos trozos de tierras españolas”, don Antonio Zozaya, sabio abogado entonces octogenario, leía unas cuartillas que así iniciaba:

“Mirad a lo lejos aquella quebrada línea oscura que se alza sobre el mar. Al contemplarla desde la cubierta del buque que nos lleva a otras tierras hospitalarias, al luminoso México que generosamente nos dispensa un acogimiento fraternal... Es la Patria amada que se aleja...”

Y continuaba y concluía:

“¡Cuántos de nosotros volveremos a pisar su suelo sagrado..! ¿Cuántos podrán encontrarla redenta, emancipada, gozando de las venturas de una verdadera democracia... Adiós, Patria que te alejas...”

9 de mayo de 2009

PÁNICO ESCÉNICO :: La tragedia de Meyerhold.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 8 de mayo de 2009.

José Ramón Enríquez.


Hace dos años, para una ponencia sobre La cultura de las izquierdas, en un seminario convocado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, partí de dos fotos de Vsevolod Meyerhold. En una encarnaba a Iván el Terrible; la otra, era su ficha de arresto por la NKVD, hace justamente 70 años, antes de su tortura, juicio y fusilamiento en febrero de 1940.

Mi idea era equiparar los totalitarismos políticos, aun de signos diversos, con cualquier integrismo religioso, y considerarlos como un auténtico peligro para la sobrevivencia en el mundo moderno. Por lo tanto, considerar el laicismo como pilar de la democracia. Laicismo frente a la mística de cualesquiera ideologías o religiones. Hoy, los integrismos han ganado fuerza en otros continentes mientras los totalitarismos han renovado su prestigio en el nuestro.

Y el caso de Meyerhold continúa probando que las víctimas de inquisidores, ayatolas o líderes mesiánicos no sufren sólo individualmente, sino que todos compartimos su tragedia. El teatro del siglo 20 perdió mucho más de lo imaginable con la muerte de Meyerhold y con la condena al silencio de su teoría y su práctica.

Trágica fue, también, la imposición en el pensamiento de las izquierdas de un realismo socialista, con más de estampa del siglo 19 que de realismo, y sin nada que ver con el socialismo, mientras el auténtico socialista, Meyerhold, era asesinado. Juan Antonio Hormigón lo presenta como un leninista congruente, seguidor de Lunacharski, y por ello enemigo de Stalin y el realismo socialista:

“Todo esto confiere a la lucha cultural mantenida por Meyerhold un carácter que supera los simples marcos teatrales y se convierte en parte de la lucha ideológica y política desarrollada en la URSS. Sus planteamientos culturales arrancan de las tesis leninistas... No fue contra el creador de espectáculos que se dirigió el brazo represivo stalinista, sino contra un hombre de cultura que en su práctica se opuso al proceso de desnaturalización revolucionaria que suponía el poder personal de Stalin, la asfixia de la democracia socialista y el constante atentado a su legalidad.”

Precisamente Juan Antonio Hormigón ha reeditado Meyerhold: textos teóricos, en la serie Teoría y Práctica del Teatro, de la ADE (Asociación de Directores de Escena de España), que se puede encontrar en las librerías de México.

Esta nueva edición se amplía con un texto para mí desconocido y que en mucho explica la violencia en la condena de Meyerhold. Me refiero a su Intervención el 14 de junio de 1939, en el Primer Congreso Nacional de Directores de escena, celebrado en Moscú.

Ya en 1930 se había suicidado Mayakovski, su amigo y camarada. Hacía un año, en enero de 1938, que su espacio teatral había sido cerrado por las autoridades y Meyerhold acusado de “formalismo, antisovietismo e izquierdismo”. En el mismo 1938 había muerto Stanislavski y habían ocurrido los “Juicios de Moscú”, modelo para los totalitarismos que se llaman de izquierda hasta hoy. Y, a pesar de todo o quizás por ello, Meyerhold cerró su participación con estas palabras:

“Esa cosa indigente, pobre, que pretende llamarse teatro del realismo socialista, no tiene nada que ver con el arte. ¡Y es que el teatro es arte! ¡Y sin arte no hay teatro! Vayan a los teatros de Moscú, vean esos grises y aburridos espectáculos que se parecen todos entre sí y que son a cual más peor... Donde hasta hace aún muy poco bullían con fuerza las ideas artísticas... donde se hacía el mejor teatro del mundo, reina ahora, gracias a ustedes, una triste mediocridad... ¿A eso es a lo que aspiraban ustedes? Si es así, entonces han cometido un verdadero crimen. Junto con el agua sucia han tirado al niño. ¡Persiguiendo el formalismo han aniquilado el arte!”

Con tal valor y dignidad hablaba el 14 de junio. El 20 de junio era detenido. El 15 de julio su mujer aparecía degollada. El 13 de diciembre enviaba una carta al fiscal de la URSS denunciando presiones y torturas. El 1 de febrero de 1940 lo condenaban a muerte y al día siguiente era fusilado.

Victorioso, Stalin sonreía.


25 de abril de 2009

PÁNICO ESCÉNICO :: Chaplin, el luchador y el perseguido.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 24 de abril del 2009.

José Ramón Enríquez


Mi primer contacto con Chaplin fue, casi a un tiempo, por cine y por libro. En las matinés del Majestic de mi Colonia Santa María, en la Ciudad de México, pasaban antes que cualquier película cortos y monitos. En los cortos reinaba Chaplin junto con el Gordo y el Flaco, Harry Langdon, Buster Keaton, Harold Lloyd, y hasta Abbott y Costello.

En 1952, y en la Editorial Aquelarre, de un grupo de amigos refugiados españoles, entre los cuales estaba mi padre, se publicó Charles Chaplin, de Francisco Pina. Al libro acudía yo, primero para curiosear las fotos, y ya después para irlo leyendo.

Desde el subtítulo, Genio de la desventura y la ironía, me hizo saber que los cortos eran algo mucho más profundo que los monitos de Walt Disney. Del Majestic al libro de Pina, y viceversa, aprendí que cuando llorar y reír se sirven juntos estamos en presencia del humor y, con Chaplin, en presencia del genio.

Hoy, Chaplin cumple 120 años de haber nacido en un barrio obrero de Londres. Hijo de actores de music hall, pronto huérfano de padre y con una madre que se perdía en los laberintos de eso que llamamos locura, ante la mirada de sus hijos.

Esa infancia marcó a Chaplin. Fundamentó su ética y su estética. Le dio un compromiso de clase que le volvió un perseguido, así como lo llevó a lo más alto que un artista ha podido llegar. Y la vigencia de Chaplin obliga a recuperar los conceptos de clase y aun de lucha de clases que se han querido borrar como si ya hubieran sido superado.

Tiempos modernos, su más ácida burla de la explotación, y muy especialmente de la enajenación del trabajo perfeccionada por la “línea de producción” de Ford, lleva a Chaplin al primero de sus violentos choques con el capitalismo. Aún hoy, Charlot apretando tuercas es símbolo de un mundo enfermo hasta la médula. Un mundo que en esa línea de producción ya anunciaba la Guerra Mundial, el terror nuclear, la guerra fría, la cruzada contra el terrorismo y hasta los desastres financieros que hoy nos mantienen perplejos y aterrados.

Más que nunca, el Charlot obrero es un símbolo vivo que danza entre la imbecilidad bursátil de Wall Street.

Y si Tiempos modernos fue boicoteada en su estreno, con su siguiente gran película, aquella en la que rompió su promesa de nunca hablar en el cine, se jugó la vida: El gran dictador.

Estrenada todavía en tiempos de guerra, cuando muchos apostaban por el triunfo del Eje, no sólo se cebaba en Hitler sino que lanzaba un discurso clasista, hoy más que nunca vigente contra el totalitarismo, los integrismos y por la tolerancia:
“Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de crear una vida libre y espléndida; tenéis el poder de hacer de esta vida una aventura luminosa.”
Pero Chaplin ya se había ganado la rabia de los señores del capital y continuó retándolos. Incluso en Monsieur Verdoux, esa amarga y extraordinaria película sobre Landrú, de 1947, que le sugiriera filmar Orson Welles, continuó con su discurso político, aunque siempre apartidista. Francisco Pina vio a Monsieur Verdoux como “un asesino por exceso de bondad” y como parodia de los crímenes de las potencias entre guerras. Mientras que el propio Chaplin la definió con estas palabras:
“Von Clausewitz sostenía que la diplomacia es la continuación de la guerra por otros medios. Yo trato de probar que el asesinato es la continuación de los negocios por otros procedimientos”.
En Candilejas recorrió su propia vida y anunció su muerte escénica bajo la mirada nada menos que de Buster Keaton. Bien sabía que, después de Candilejas sería expulsado del país en el que realizara toda su obra y al cual había dado su nombre y su fama.

En 1957, en su primera película en Inglaterra, se rio amargamente del macarthismo y se negó a guardar silencio. Como todo un rey compareció ante el Comité de Actividades Antiamericanas, mientras un niño sufría porque sus padres eran comunistas. Un rey en Nueva York puede considerarse su testamento y su despedida.

Aunque muriera en 1977, Chaplin, joven de 120 años, continúa entre nosotros, comprometido y agridulce.

10 de abril de 2009

PÁNICO ESCÉNICO :: Teatro del oprimido.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 10 de abril de 2009.

José Ramón Enríquez.


Para escribir el mensaje del Día Mundial del Teatro que los teatreros hemos decidido hacer nuestro, se elige a una personalidad indiscutible. Este año ha sido Augusto Boal. Y el 27 de marzo pasado miles hemos leído las cuartillas que un artista y luchador como él nos ha dirigido para que nosotros las llevemos al mundo.

Dada la cercanía con la Semana Santa, el mensaje de este año me ha traído resonancias de Pregón Pascual:
"Vemos a opresores y oprimidos en todas las sociedades, etnias, géneros, clases y castas, vemos el mundo injusto y cruel. Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida."
El mensaje de Boal, con la visión de calvario de un Siglo 21 con más razón para el miedo que para la esperanza, exige transformar el mundo como íntima razón del teatro.

Hoy, viernes santo, el grito de los oprimidos es el que más se escucha en México, porque, como Coetzee lo afirma de Sudáfrica en su magistral Diario de un mal año, "la generación de blancos a que pertenezco, la generación siguiente y tal vez la que viene después se encorvarán bajo la vergüenza de los delitos que se cometieron en su nombre".

Aquí, las diversas comunidades indígenas son los más oprimidos entre los oprimidos. Y muchas veces pretextando "su bien", con la voluntad de "convertirlos" a las verdades, ya sea de la fe cristiana renacentista y barroca, ya de la ciencia ilustrada o de la modernidad nacionalista revolucionaria.

Los ilustrados de nuestra Reforma decimonónica no se acercaron al mundo indígena de una forma esencialmente diferente a la de los evangelizadores renacentistas o barrocos. Como tampoco lo hicieron los programas del Instituto Nacional Indigenista. Todos trataban de "convertirlos". No intento afirmar que el concepto ilustrado de integración fuera conscientemente racista, pero sí que se oponía a un auténtico mestizaje.

Claro que había razones legítimas (como las hay todavía) para superar cuanto niega avances democráticos en derechos fundamentales de la mujer u otros usos y costumbres que van contra las libertades individuales o, inclusive, se alejan de los avances científicos que pueden ser aprovechados.

Pero convencer, o aun legislar, no es convertir. "Convertir" supone que se olviden culturas, lenguas o historias de antiguas naciones, para constituir una nueva Nación. Siendo que la aceptación de las otredades es lo que construye una Nación, tan grande cuanto plural y, en esa medida, fuerte. Una nación de verdad mestiza.

No podemos olvidar como gente de teatro, en la lucha por transformar, que ofrecer teatro a las comunidades de otra manera es repetir experiencias de un teatro del opresor.

El mestizaje supone un encuentro entre iguales, no una conversión ni una violación. Un encuentro transformador para unos y otros. Y es fundamental que unos guardemos silencio para que los otros se escuchen, no como vendedoras de mercado (verduleras, diría el antiguo ombudsman) ni figuras de burla en chistes o revistas musicales, sino desde ellos mismos y aun en sus propias lenguas.

Por ello resulta tan importante el trabajo de teatreros como Galo Esquer que va del CUT a convivir con los seris de Sonora, con el apoyo de la incansable promotora de la cultura de su estado Alba Gloria Galindo, y nos entrega su bitácora: Historias en el filo del mapa.

Y resulta tan importante también que, en Yucatán, Juan de la Rosa mantenga anualmente el Festival de Teatro de Municipios. En 2009 con al menos trece grupos, cuatro de lengua maya, y dos de ellos infantiles.

El grupo en maya que encabeza la maestra María Luisa Góngora montó Felipa Pot, que recupera a una figura de la Guerra de Castas. Los niños de Tsuncancab montaron El mejor amigo, y los de Xcanxook, El juicio del taco. Socorro Loeza, actriz, directora e investigadora montó, con su grupo de Tecoh Una vez mi abuelo me contó.

Voces todas que, en su lengua, a pesar del calvario del Siglo 21, dan la razón a Boal: "otro mundo es posible".


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