Publicado en Milenio-Novedades de Yucatán, el 24 de julio de 2012.
Alberto Anaya se ve a sus anchas: lleva sexenios con esa misma sonrisa entrecerrada de quien tiene un partido para él solito y el señor de lo que fuera Convergencia, Luis Walton, muestra esa tranquilidad de quien sabe muy bien que nunca nadie va a preguntarle nada.
La bellísima persona que ha sido siempre Ricardo Monreal, ese sí está en su mero mole. Insultó ante las cámaras de la malvada TV a los del PRD cuando estaba en el PRI, y se peleó con el PRI cuando quiso ser gobernador de Zacatecas. Luego se peleó con el PRD porque no le permitieron heredarle a su hermano la gubernatura. Ahora está feliz en el PT al lado de un AMLO a quien el dedo de Dios escrituró conferencias de prensa diarias entre otros muchos recursos.
Pero Chucho Zambrano no se ve a gusto...
Percibe que sus compañeros de mesa lo ven mal y no le creen mucho su fidelidad. El discurso de Graco Ramírez suena demasiado a Chuchos como para que no levante suspicacias (me niego a escribir "sospechosismo", esa perla neológica de Creel) en sus compañeros de mesa. Inclusive los fotógrafos buscan un ángulo que delate su pensamiento. Incómodo, me parece Jesús Zambrano.
Cuando repitió la respuesta de AMLO a un artículo editorial del diario El País, no podía sentirse bien. Él sabía que un periódico no es un gobierno y que eso de "la viga en el ojo propio" era una sonora estupidez. Y sabe, seriamente, que muchos ven a AMLO como un lastre y que él mismo lo pensó y más o menos así lo expresó.
Lo acaba de decir Graco con todas sus letras y Zambrano debe estar reflexionando en ello como El País de España y como el país que es México: ¿en dónde estaría hoy la izquierda sin Andrés Manuel? Muy probablemente preparándose para ocupar el lugar que le correspondía tras sacar al PRI del gobierno y luego del fracaso del PAN.
Sobre todo, Jesús Zambrano (guerrillero de la Liga 23 de Septiembre antes de aceptar la vía partidaria) sabe que es el gran momento del PRD para convertirse en una verdadera opción para los jóvenes del #Yo soy 132.
Y se puede perder.
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