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15 de octubre de 2019

Crónica y análisis de una victoria histórica del movimiento indígena.

Por: Decio Machado / VientoSur.

El final de la era correista fue dantesco respecto a la gestión realizada durante el primer período de mandato de Rafael Correa. Ese fue el momento en que la sociedad ecuatoriana comenzó a comprender la enorme distancia existente entre la realidad actual del país y la imagen que de este se había forjado a través del fuerte aparato de propaganda del régimen, tanto dentro como fuera del Ecuador.

Más allá de que el poder Ejecutivo hubiera sometido al resto de poderes del Estado bajo su control, lógica propia de cualquier gobierno de perfil autoritario, la corrupción institucional históricamente existente en el país se tecnificó y la protesta social fue brutalmente criminalizada. Diversos líderes indígenas en territorios resistentes a la presión extractivista fueron asesinados bajo la más absoluta impunidad, ejerciéndose la represión más brutal del régimen en el paro nacional convocado por el movimiento indígena y las organizaciones sindicales en agosto del año 2015. En lo económico y terminado el boom de los commodities, Rafael Correa entregó un país donde el gasto público era ampliamente superior a los ingresos permanentes necesarios para sostenerlo, lo que implicaba reformas de carácter estructural que abría la posibilidad a diferentes opciones para el nuevo gobierno de Lenín Moreno.

La investidura presidencial de Lenín Moreno se dio en mayo del 2017; sin embargo, la producción en el país se había estancado desde el año 2014, no consiguiendo reactivarse desde entonces hasta ahora. El ingreso promedio por habitante en estos seis años apenas se ha movido en una franja de 20 dólares hacia abajo, alcanzando el empleo adecuado -eufemismo inventado en la era correista para señalar a quienes al menos perciben el equivalente al salario mínimo (394 dólares)- a tan solo el 37,9% de la población económica activa.

El deterioro de la capacidad adquisitiva de la sociedad ecuatoriana tiene como grupos más afectados a los asalariados privados y trabajadores por cuenta propia, quienes en los últimos seis años han visto un crecimiento prácticamente nulo de sus salarios. Sin embargo, durante lo que va de período de la gestión morenista y en aras a reducir el volumen de un Estado al que se calificó como obeso, se eliminaron 20 ministerios y 23 mil funcionarios públicos fueron cesados. En las actuales condiciones de estancamiento económico del país y con un sector empresarial que invierte muy por debajo del promedio latinoamericano en la economía nacional, lo cual ya de por sí es irrisorio, el mercado laboral privado ha sido incapaz de absorber a los servidores públicos cesados, incorporándose estos al ejercito de reserva del mercado de trabajo ecuatoriano.

En paralelo, la banca y otros grupos del gran capital que operan en la economía ecuatoriana continuaron obteniendo utilidades millonarias -tal como ya sucedía durante el período de gestión correista- pese al estancamiento. Entre 2015 y 2018 la banca obtuvo utilidades por 1.777 millones de dólares, mientras apenas 30 compañías obtuvieron casi cinco mil millones de dólares en el mismo concepto. En contraste, la elevada desigualdad en la distribución de la propiedad de la tierra se mantuvo.

Con una economía dolarizada desde principios de siglo, lo que anula cualquier capacidad de soberanía monetaria, y a falta de ingresos permanentes pese a las soflamas propagandísticas de industrialización por sustitución de importaciones y cambio de matriz productiva enarboladas durante el régimen de Correa, la deuda comenzó a dispararse de forma desmesurada. Entre 2010 y 2019 la deuda por ecuatoriano creció 7 veces, pasando de 538,81 dólares a 3.582 dólares; el pago de intereses por ecuatoriano creció 11 veces, de 38,31 dólares a 435,29 dólares; y el gasto en deuda creció 12 veces, evolucionando de 613 millones de dólares a 7.400 millones de dólares. En términos comparativos, el gasto de deuda actual (intereses y amortizaciones por 7.400 millones de dólares) supera casi dos veces el presupuesto de educación (4.970,9 millones de dólares) y el casi tres veces del presupuesto en salud (2.882,9 millones de dólares).

Así, mientras la propaganda correista en manos de jóvenes tecnócratas de la comunicación y la publicidad -aprendices andinos de Goebbels- definía económicamente al país como el jaguar latinoamericano, la sociedad ecuatoriana terminó descubriendo que Ecuador no pasaba de ser un desdentado oso perezoso que vivió de las rentas petroleras bajo una economía rentista que funcionó adecuadamente tan solo mientras duró el boom de los commodities.

De esta forma el gasto de consumo ha ido decayendo tanto en términos públicos como privados, visualizándose claramente como los servicios públicos se han ido paulatinamente deteriorando. Terminada la gran fiesta propiciada por los excedentes petroleros, nunca hubo una redistribución de la riqueza durante el período correista sino la transferencia de los excedentes del Estado para sostener políticas de subsidios e inversión pública en infraestructura -modernización del Estado capitalista-, se apagó el motor de la economía nacional. Incluso las importaciones de maquinaria se han reducido al día de hoy, reflejándose así la limitada capacidad de sostener la tan anhelada tecnificación productiva con la que todo el establishment político y empresarial sueña en el país. Consecuencia de todo ello: desaceleración económica.

De esta manera, al aumento del déficit fiscal le siguió el incremento del endeudamiento, a lo que le siguió a su vez problemas de acceso al financiamiento, lo que hizo que comenzaran a bajar la reservas internacionales del país. Con créditos internacionales chinos a tasas de interés que recuerdan a El Avaro de Molière, el gobierno de Moreno decidió entregarse, en cuerpo y alma, al FMI.

En este contexto el Ecuador de Lenín Moreno, quien hasta mayo del 2018 -fecha de nombramiento del ministro de Economía y Finanzas actual- no tuvo claro su hoja de ruta económica, decidió adecuarse a las recetas fondomonetaristas para equilibrar la economía nacional. A cambio de 4.200 millones de dólares que el FMI debe desembolsar en el transcurso de tres años y 6.000 millones de dólares más provenientes de otros organismos multilaterales, Moreno se comprometió a emprender un fuerte ajuste económico con el objetivo de lograr equilibrios de carácter fiscal y externo a corto plazo, liberalizando y flexibilizando todo lo posible la economía nacional, mientras a medio y largo plazo se profundizaría el carácter primario-exportador que ha acompañado la historia económica del Ecuador. El discurso fue el que siempre se aplica previo a este tipo de medidas: “Nos vemos obligados a pedirle al pueblo ecuatoriano un sacrificio debido a las condiciones en las que hemos recibido el país…”.

El antecedente al Paro Nacional

Con territorios claramente olvidados en la periferia del nacional debido a la carencia de recursos por parte del Estado, estalló el paro en la provincia del Carchi. Allí, en un territorio con un PIB per cápita de casi la mitad de lo que tiene Pichincha -provincia donde está instalada la capital del país-, de los 34.853 millones de dólares del Presupuesto General del Estado en el año 2018 tan solo le correspondieron 64 millones, alcanzando su índice de necesidades básicas insatisfechas al 45% de la población. Con una tasa de empleo digno de apenas el 26% frente la 37,9% promedio del país, la población del Carchi se lanzó a las calles, cortando carreteras y con sus gobiernos municipales y provincial a la cabeza de las movilizaciones junto a gremios y movimientos sociales.

Inicialmente el gobierno se negó a negociar mientras se mantuviera el paro. Tras siete días de movilizaciones continuas y con el principal acceso fronterizo con Colombia cortado por los manifestantes -cientos de camiones quedaban varados pudriéndose los alimentos perecederos que transportaban-, Lenin Moreno se vio obligado a negociar con los huelguistas aceptando una parte importante de sus reivindicaciones. Todo ello no sin antes emprender una fuerte represión por parte de las fuerzas de orden público que tuvo como respuesta popular el asalto al edificio de la Gobernación -sede del gobierno central en el territorio- en la ciudad de Tulcán, capital de la provincia.

Sería el 30 de septiembre cuando se solucionara el paro en el Carchi, apenas dos días antes de que comenzará las jornadas de lucha a nivel nacional. Su resolución fue fruto de que los dirigentes carchenses del paro detectaron las operaciones de actores externos a la provincia vinculados al correísmo que intentaban hacer con la movilización local una estrategia ajena a las demandas de los movilizados y dividiendo al movimiento.

Cabe indicar que el gobierno nacional y especialmente su frente político demostró no haber aprendido nada de los sucesos acaecidos durante la semana de cortes de carretera y conflicto constante entre la población carchense y aparatos represivos del Estado.

Es evidente que el presidente Lenín Moreno encabeza un gobierno extremadamente débil, sin base social y sin inteligencia política. El apoyo a su gestión está por debajo del 16%, gran parte de sus ministros intencionadamente apenas tienen aparición pública y quien maneja el frente político del gobierno es María Paula Romo -ministra del Interior-, quien junto a Juan Sebastián Roldán -secretario particular del presidente y portavoz oficial del Ejecutivo- provienen de una organización llamada Ruptura de los 25, la cual se autodefinió años atrás como una “organización política moderna y contemporánea” pero que en la actualidad ejerce la vieja política a través de sus jóvenes dirigentes.

Si la gestión de la crisis del Carchi fue patética por parte de los responsables gubernamentales, que decir de lo que vendría inmediatamente después…

Y llegó el Paro Nacional

Así se llegó al día 1 de octubre, momento en el que Lenín Moreno mediante cadena gubernamental televisada anunciaría lo que las organizaciones sociales definirían como un paquetazo neoliberal con base en las exigencias de ajuste presupuestario implementadas por el FMI. El mandatario anunciaría en aquel momento que mediante Decreto Presidencial 883 se eliminaría el subsidio al combustible, a la par que la reducción del 20% de la masa salarial de todos los contratos ocasionales en la función pública que se vayan renovando, la reducción del período anual de vacaciones de los empleados públicos de 30 a 15 días, así como obligación por parte de los trabajadores de las empresas públicas de aportar obligatoriamente un día de salario mensual al erario público. En paralelo, se decretaban una serie de medidas laborales que implican la flexibilización del mercado de trabajo privado, justificándolo bajo el argumente de la necesidad de implementar un modelo acorde con los nuevos tiempos.

Al día siguiente la Confederación Nacional Indígena del Ecuador (CONAIE) junto a otras organizaciones sindicales y sociales del país anunciaban la convocatoria de un gran paro nacional contra las medidas económicas del gobierno.

Entre ese mismo miércoles 2 y el domingo 6 de octubre se sucedieron múltiples asambleas populares fundamentalmente en provincias de fuerte ascendía indígena, zonas de Sierra Centro y territorio amazónico. En paralelo comenzaban los cortes de carretera y las movilizaciones en diferentes localidades. El sábado y el domingo, los cortes de carretera tenían ya paralizado todo el Ecuador. De la misma manera, en Quito, los estudiantes universitarios salían a las calles en solidaridad al llamamiento indígena reivindicando la derogación del Decreto 883 y el resto de medidas económicas anunciadas por el presidente de la República. La respuesta gubernamental fue la represión acompañada por una sorpresiva declaración del estado de excepción (limitación de los derechos de tránsito, asociación y reunión, libertad de información, inviolabilidad de domicilio y correspondencia).

Un evidentemente nervioso presidente Lenín Moreno anunciaría dicho estado de excepción en una nueva cadena gubernamental televisiva en la cual aparecería rodeado por su vicepresidente, Otto Sonnenholzner (un joven empresario sin experiencia política y llegado de las élites costeñas que fue nombrado a dedo tras la detención por vinculación en el caso Odebrecht de su primer vicepresidente -Jorge Glass- y de la destitución de la que fuera su segunda vicepresidenta -María Alejandra Vicuña- por cobro de coimas), su ministro de Defensa y los principales mandos de los diferentes cuerpos de las Fuerzas Armadas.

Para sorpresa de la sociedad ecuatoriana la emisión de dicho espacio televisivo se hacía desde Guayaquil, segunda ciudad en importancia del país. El gobierno nacional había abandonado, con nocturnidad y alevosía, la capital del país. Lo que pretendía ser un acto de fuerza con la declaración del estado de excepción se convirtió comunicacionalmente en la visualización más palpable de debilidad gubernamental.

El gobierno había abandonado el Palacio de Carondelet porque tenía miedo de que las instalaciones presidenciales fuesen tomadas por los manifestantes. Pensar en esa posibilidad, era pensar a su vez en que sus fuerzas armadas permitieran el acceso de los manifestantes, evidenciando su desconfianza respecto a que el propio ejército ecuatoriano apostase por una cambio de mando en el país dada la incapacidad gubernamental demostrada.

Esa misma noche y durante los días siguientes, Oswaldo Jarrín, actual ministro de Defensa y quien en 2012 calificara la desvinculación del Ecuador con la Escuela de las Américas de muestra del “fundamentalismo ideológico” del Gobierno de Rafael Correa, amenazó en reiteradas ocasiones a los movilizados de usar armamento letal si es que se ocupaban sobre instalaciones que el Gobierno considerase como estratégicas. Nada importó y las movilizaciones continuaron a escala nacional.

El lunes 7 de octubre comenzaron a llegar a Quito columnas de miles de manifestantes provenientes de las provincias indígenas. Las entradas a la capital estaban fuertemente resguardas por contingentes de operativos especiales de la Policía Nacional. Pese a ello y ante el número cada vez mayor de manifestantes los indígenas entraron en Quito, no sin que previamente hubiese fuertes altercados e incluso tanquetas y patrulleros quemados. Los detenidos y heridos en las reyertas comenzaban a contabilizarse por centenares.

Pese a la fuerte campaña de miedo articulada en las redes sociales por influencers de perfil conservador, entre los barrios humildes quiteños de la periferia de la ciudad hubo multitud de gestos solidarios ante la llegada de los indígenas. Los indígenas se congregaron en El Arbolito, parque céntrico de la capital ecuatoriana donde han tenido lugar históricos episodios que terminaron derrocando diversos gobiernos durante la década de inestabilidad política que precedió a la llegada de Rafael Correa al palacio presidencial de Carondelet.

Durante el martes 8 y miércoles 9 de octubre siguieron llegando numerosos grupos indígenas a la capital, mientras en el resto del territorio nacional eran tomados diversas instalaciones gubernamentales por parte de los indígenas, se mantenían los cortes de carretera e incluso se eran ocupados pozos petroleros en la zona amazónica clausurándose su bombeo. El último grupo en llegar a la capital fue en la noche del jueves, momento en el que arribaron unos mil indigenas más llegados de territorios amazónicos.

El grito era unísono en todo el país: “La movilización es indefinida hasta que el gobierno nacional derogue el Decreto 883 y el paquetazo neoliberal”. Mientras, en Quito, las movilizaciones se daban por doquier y a todas horas, intensificándose paulatinamente la represión policial sobre los manifestantes. En territorios indígenas e incluso en la capital fueron retenidos distintos destacamentos militares y efectivos de la Policía Nacional, todos fueron entregados posteriormente a las autoridades del Estado sin daños ni lesiones, mientras en paralelo las detenciones de manifestantes se elevaban por encima de mil, se socorría a más de medio millar de heridos y se contabilizaban hasta la noche del 12 de octubre cinco víctimas mortales. Algunos de los uniformados retenidos fueron obligados a cargar sobre sus hombros los féretros de los indígenas caídos durante las jornadas de movilización bajo la consigna de que “sientan sobre sus hombres el peso de nuestros muertos”.

Dos condiciones interesantes se dieron en la capital ecuatoriana: por un lado era palpable la estrategia de twitteros, generadores de opinión pública en diversos medios de comunicación y varios periodistas descalificando al movimiento indígena en las redes sociales; mientras por otro lado, en la vida real, la solidaridad con los manifestantes era más que palpable. Mientras la redes sociales no dejan de ser aún un espacio para las élites ecuatorianas dada la aun escasa democratización digital existente en el país; estudiantes universitarios de todo tipo de disciplinas, especialmente de medicina y enfermería, practicaban la asistencia médica diaria a los heridos en los recintos universitarios. En paralelo, amplios sectores de la sociedad quiteña entregaban mantas, ropa, zapatos, víveres y agua en los recintos en los que pernoctan los recién llegados a la capital. Por último, se creó un amplio despliegue de medios alternativos para dar cobertura a las movilizaciones que estaban siendo criminalizadas en los medios de comunicación tradicionales. Se vio un Quito solidario con los históricamente olvidados frente a un Quito imperante en el mundo digital que lleno de perjuicios y con una estrategia claramente diseñada pretendía criminalizar a los más pobres de la sociedad ecuatoriana. Vale decir que no funcionó la estrategia de enfrentar a blancos urbanitas con cobrizos habitantes de las zonas rurales del país, como tampoco les funcionó atemorizar a las clases acomodadas quiteñas para enfrentarles a los pobres venidos de otras tierras. De hecho, según la encuestadora CEDATOS, nada sospechosa de ser de tendencia izquierdista, el 76% de los ecuatorianos apoya la consigna indígena de derogar el Decreto 883.

Las movilizaciones fueron sorprendidas por hordas que no respondían al llamado de los movimientos sociales y que se infiltraron en las movilizaciones. Aquí se combinaron grupos delictivos que buscaban usufructuar de bienes ajenos, grupos organizados por la sensibilidad política correista y población que llegaba de barrios urbano marginales ya no solo a reclamar el fin de las medidas económicas sino la salida del gobierno. Ambos grupos coincidieron en sembrar el caos en diferentes momentos de las movilizaciones.

La CONAIE, en varias ocasiones, se desvinculó de estas acciones vandálicas, llegando incluso a conformar una guardia indígena que puso orden en las manifestaciones que se daban en la capital. La turba no perteneciente a las movilizaciones impulsadas por los movimientos sociales se vio obligada a actuar en zonas por donde no recorrían las manifestaciones, terminando por quemar la Controlaría General del Estado, lugar donde se guardan los expedientes de investigación de tramas de corrupción institucional que tuvieron lugar durante la década correista. Sospechosamente dicho atentado se dio ante la pasividad de las fuerzas de orden público.

En la tarde del 12 de octubre, “Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad” en Ecuador, el Gobierno Nacional, quien en innumerables ocasiones se reiteró en afirmar que no discutiría sobre el Decreto 883, se vio obligado a acceder a analizar su contenido con los movilizados. Horas antes, el movimiento de mujeres quiteño había salido a las calles junto a las mujeres indígenas declarando a María Paula Romo, ministra del Interior y quien se auto define como feminista, responsable de la represión y traidora al movimiento de mujeres.

Bastó el anuncio de que la CONAIE estaba reuniendo a sus dirigencias para analizar la propuesta de diálogo de Lenín Moreno, exigiendo garantías mínimas (realizar la negociación en un lugar independiente bajo el auspicio de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y NNUU) y que dicho diálogo fuera público y retransmitido por los medios de comunicación, para que se incrementara aún más la algarabía en las calles de Quito. A partir de ese momento diversos grupos incontrolados, muchos de ellos posiblemente impulsados por actores ajenos a las convocatorias, sembrarían el caos en toda la ciudad.

Ante la incapacidad de gestión por parte del Ministerio del Interior, el aparato militar presionó al presidente Lenín Moreno para que se decretara el toque de queda. A partir de las 15:00 horas se prohibió el transito en las calles y los recintos en los que los indígenas se concentraron para desvincularse de la trama desestabilizadora fueron rodeados por los aparatos represivos del Estado. En las universidades los estudiantes se vieron obligados a armar cadenas humanas frente a militares y policía interponiendo sus cuerpos en defensa de los indígenas acogidos.

El movimiento indígena denunció inmediatamente la actividad de grupos correistas tras estos disturbios. Ya en la noche, CONAIE emitía un comunicado reconociendo la conmovedora e incansable voluntad del pueblo ecuatoriano de luchar contra el retorno de las políticas neoliberales al país, a la par que denunciaba la decisión del Estado por seguir asesinando indígenas y gente en las calles hasta derrotar la movilización. Pese a ello, la CONAIE se comprometió en sostener la movilización a nivel nacional, rechazando cualquier intención de desprestigiar la lucha histórica que se está llevando a cabo en estos momentos.

La noche quiteña cerró con un fuerte y confuso cacerolazo que se expandió por toda la ciudad. Unos reclamaban paz, otros la derogación de las medidas económicas implementadas por el Gobierno, pero en ambos casos la población capitalina le decía al presidente de la República que estaban haciendo sentir su voz crítica respecto a la gestión gubernamental.

En la tarde del domingo 12 de octubre se dio la mesa de diálogo entre diferentes dirigentes sociales con los pueblos y nacionalidad indígenas a la cabeza y el gobierno nacional. Bajo el título “mesas para un acuerdo de paz”, el gobierno nacional se vio obligado previamente a cumplir cada una de las exigencias indígenas: fue retransmitido en directo por diversas cadenas de televisión, se dio en un complejo hotelero a las afueras de la ciudad -lugar imparcial- y estuvo auspiciado con Naciones Unidas y la Conferencia Episcopal del Ecuador.

Tras tres horas de debate el pueblo ecuatoriano asistía a un episodio insólito. La CONAIE le decía al presidente Moreno que si quería de verdad la paz retirase el Decreto 883 o de lo contrario la movilización se mantendría en Quito y en todo país. El presidente Moreno y su gabinete de ministros terminarían aceptando. La noche de ayer en Quito y en todo el país se convirtió en una fiesta donde militares, policías y el pueblo se abrazaban en cada una de las barricadas de Quito, cortes de carreteras por todo el país e instalaciones públicas tomadas.

CONAIE desconvocaba en vivo y en directo en esa misma retransmisión el paro nacional.

Análisis final

En la agenda del movimiento indígena, los sindicatos y las organizaciones sociales que apoyan el paro no está derrocar al actual gobierno. La izquierda social e incluso la política no ganaría nada en estos momentos con la salida de Lenín Moreno del palacio presidencial.

Una convocatoria de elecciones anticipadas tan solo beneficiaría en estos momentos la llegada al poder de una derecha aun más reaccionaria o del correísmo. Desde los mundos más reivindicativos que conforman el tejido de los movimientos sociales ecuatorianos, fundamentalmente los indios y las mujeres, ambas opciones son consideradas como aun peores que el mantenimiento del gobierno actual pese a su paulatina derechización.

Por su lado, el correísmo, con una agenda política de urgencia que busca como sea desestabilizar al actual gobierno en aras a que se proceda con la convocatoria de elecciones anticipadas, demostró durante estas movilizaciones que su estrategia esta basada en una política de tierra quemada. Frente a un gobierno que al medio día de sábado 11 de octubre estaba a punto de ceder respecto al Decreto 883, objetivo fundamental de la movilización, optó por provocar la caotización de Quito en aras a sus interés político institucionales. Rompiendo, al igual que lo intentó hacer anteriormente en la provincia del Carchi, la estrategia de lucha de los impulsores del paro nacional. Rafael Correa desde el exterior del país intentó protagonizar la lucha de un movimiento al que él mismo había criminalizado y reprimido durante la década de gestión de su gobierno.

En el ámbito de la política institucional la derecha esta dividida. Una parte de ella apoyó a Lenín Moreno durante lo que lleva de mandato, mientras la otra se declara abiertamente opositora, pese a que durante esta crisis ambas se unieran contra el movimiento indígena. Para el sector empresarial Moreno no es más que una cabeza de puente, es el mandatario que debe aplicar las políticas impopulares para que no recaiga sobre su futuro recambio dicho costo político y social. Conscientes las corrientes conservadoras de que la debilidad gubernamental les permite aspirar en febrero del 2021 al poder, una vez restituida la normalidad marcarán de forma inmediata diferencias con el mandatario, entendiendo que nada de lo que se sienta cercano al actual gobierno nacional tiene la más mínima posibilidad de ganar las próximas elecciones.

De igual manera, una nueva generación de políticos ecuatorianos que pretendían ser el recambio de la actual vieja derecha nacional ha quedado quemada en la gestión de esta crisis. Personajes con notables aspiraciones políticas como María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán o el propio Otto Sonnenholzner han demostrado falencias notables a la hora de administrar el Estado en una coyuntura como la actual, quedando con escasas posibilidades de reconfigurar su maltrecha imagen ante la sociedad ecuatoriana.

En paralelo, la actual crisis desnudó determinados problemas de carácter estructural que transversalizan desde la constitución de la República al Estado ecuatoriano: sigue vigente la vieja matriz colonial, el racismo y una indignante inequidad social basada en una marcada estructura de clases. En Ecuador el 42% de la población indígena viven en condiciones de pobreza, el 18% vive en pobreza extrema y solo el 3% de este target social tiene títulos universitarios.

Este triunfo del movimiento indígena desde el ámbito de las organizaciones sociales se contrapone a una cada más envejecida izquierda política e institucional que se muestra incapaz de generar el más mínimo elemento de atracción entre la sociedad ecuatoriana. Mientras en el movimiento indígena se ha hecho visible una nueva camada de dirigentes jóvenes con grandes dotes de organización para futuras luchas reivindicativas, la izquierda político institucional sigue aferrada a un discurso del pasado siglo y liderada por dirigentes con escasa voluntad de recambio.

El triunfo indígena liderado por sus nuevas estructuras dirigentes, sumado a interesantes cuadros entre las jóvenes militantes del movimiento de mujeres, permiten atisbar con optimismo cierto horizonte en las lucha por la emancipación de los pueblos en este pequeño país andino. En paralelo y a su derecha, que un gobierno débil y derrotado que tendrá serias dificultades para gestionar el país en lo que le queda de mandato hasta las elecciones de febrero de 2021.

10 de octubre de 2019

La rebelión de los "zánganos".

Por: Alberto Acosta y John Cajas-Guijarro / Rebelión.

Enérgicamente condenamos la infame represión que el gobierno de Lenín Moreno aplica sobre quienes manifiestan su oposición a un paquete de medidas económicas que, más allá de los detalles, sigue cargando el peso de la crisis al pueblo.

La población “de a pie” sufre un estancamiento social de años, sufre el aumento de la pobreza, sin esperanzas de un mañana mejor, sin participar democráticamente en la toma de decisiones, mirando cómo grandes grupos económicos y financieros locales y transnacionales – junto con burocracias y élites doradas – lucran de millonarios beneficios (incluso derivados del robo y la corrupción), sin que se les cobre el costo de la crisis.

A esa misma población, ahora se le pide “comprensión” mientras debe soportar más medidas económicas que asfixian sus posibilidades de vida. Como si esa población fuera la responsable y tuviera que pagar por acciones que nunca tuvo oportunidad de decidir.

Ante semejante injusticia, ante semejante indolencia de quienes manejan el poder económico y político del país, ¿qué le queda al pueblo aparte de la resistencia? Resistencia que, no olvidemos, es un derecho consagrado en la Constitución de la República, en su artículo 98.

La rebelión no significa desmanes ni crímenes, no significa violencia sin sentido. Significa levantarse contra poderes que, por años, han actuado en contra de los intereses populares. Un levantamiento que, en ninguna circunstancia, debería poner en riesgo la vida de inocentes pero que ya lo está haciendo sobre todo por la brutalidad de la represión...

Ya el correísmo intentó en su momento acallar las voces de resistencia. Dio duros golpes, pero no lo logró. Tampoco lo logrará el morenismo ni ningún otro gobierno. El pueblo ecuatoriano nuevamente se ha despertado.

Las luchas populares son múltiples. Tienen una dimensión clasista y ambiental (trabajo y Naturaleza contra capital), una dimensión étnica (como la histórica reivindicación indígena), una dimensión feminista y antipatriarcal, una dimensión opuesta a la xenofobia y al racismo... en definitiva, una lucha múltiple que busca un mañana más justo para todas y todos.

Por ello, saludamos con gran respeto y admiración y nos sumamos a todas las acciones de resistencia de los más diversos sectores, y les invitamos a actuar en un solo puño. Como diría Dolores Cacuango: 
Nosotros somos como los granos de quinua, si estamos solos el viento lleva lejos. Pero si estamos unidos en un costal, nada hace el viento. Bamboleará, pero no nos hará caer”.

Lo que sí rechazamos es que esa comunión de esfuerzos sea cooptada por el correísmo y sus residuos o por algún otro grupo oportunista. Correa y Moreno, más allá de las formalidades, son la continuidad de algo más grave: el retorno de un proyecto neoliberal que, por años, ha estado latente y ahora quiere consolidarse definitivamente en el Ecuador. El desperdicio correísta de una década es imperdonable, como lo es también las semillas que éste sembró para que ahora el morenismo acelere la marcha neoliberal y reprima al pueblo con autoritarismo y violencia estatal.

Aquel grito que otrora derrumbó a quien se hizo llamar “dictócrata” debe volver a las calles con más fuerza. Ese grito inconfundible de que... ¡se vayan todos! Todos, Correa, Moreno, Lasso, Nebot, toda la clase política, todas las élites económicas, todos quienes detentan el poder en nuestro país. Todos se han robado el futuro de la gente y lo seguirán haciendo si no hay una rebelión auténtica que, por fin, exija la real democratización de la economía, de la política y del convivir general de nuestra sociedad.

Si tildan de “zángano” al pueblo, si lo matan de hambre, si matan sus sueños y su futuro, si lo amenazan y le apuntan con armas... no se asusten que ahora ese pueblo “zángano” se rebele.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) se declara de luto.


Lenin Moreno instaura un régimen de terror.


Resistir es nuestro derecho.

Por: CONAIE Comunicación / Rebelión.


31 de julio de 2018

De la resistencia al germen de la autonomía: los campesinos opositores a la presa La Parota.

Por: César Enrique Pineda / Memoria.

Una marea campesina se arroja sobre la asamblea que les despojará de sus tierras comunales, en un lugar llamado Cacahuatepec. Es 2005 y algunos calculan que son tres mil, otros, incluso, siete mil. Como sea, es una pequeña insurrección en Guerrero, en el municipio de Acapulco, a orillas del río Papagayo que servirá -según los planificadores gubernamentales-como el afluente para uno de los proyectos de represa hidroeléctricos más grandes del planeta.  La multitud campesina lleva machetes, sombreros y una indignación vuelta rabia por la asamblea a la que no fueron convocados y que ese día pretende decidir el destino de las tierras para el megaproyecto. La movilización y lo aguerrido de sus integrantes asombra y asusta a sus contendientes en el conflicto. Muchos policías dejan sus lugares debido a la peligrosa visión de los campesinos enardecidos rodeando por completo el lugar. Algunos de los ejidatarios a favor del proyecto corren despavoridos, tirando las sillas; otros más tratan de saltar los cercos del lugar. Incluso, cuando los cuerpos policiacos apuntan con armas de fuego a la multitud, las mujeres los enfrentan a gritos, sin miedo. Uno de sus líderes, Marco Antonio Suástegui resume bien dicha rebeldía en un foro en la Ciudad de México:
“La tierra no se vende, no se puede comprar algo que no está a la venta (…) no vamos a ceder ni un centímetro cuadrado de nuestra tierra, ahí están enterrados nuestros muertos, ahí nacimos y ahí nos vamos a morir; no queremos morirnos en las grandes ciudades como si fuéramos animales, somos seres humanos. Ellos nos han dicho indios guarachudos que apestan; sí, seguramente somos indios guarachudos y a lo mejor apestamos, pero tenemos algo que se llama dignidad y esa no la van a comprar con su cochino dinero.”
Es México, es Guerrero, son los campesinos rebeldes del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota, el CECOP.

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PROYECTOS MONSTRUOSOS

A inicios del año 2003, como en numerosos conflictos en toda América Latina, incluyendo México, las máquinas de la construcción entraron a las tierras de los Bienes Comunales de Cacahuatepec para el asombro de los campesinos, ejidatarios  y habitantes de las comunidades de la región que desconocían en absoluto que sus tierras serían inundadas, sus pueblos desaparecidos o afectados y que sus vidas cambiarían por completo por el proyecto hidroeléctrico “La Parota”.

Durante varias décadas los proyectos de represas, sean para la transformación de la infraestructura de riego, de regulación de los afluentes o bien para la producción energética, han sido símbolos de desarrollo, poder estatal, inversiones gigantescas y abrumadora tecnología ingenieril. Los proyectos hidroeléctricos han sido presentados de manera sistemática como elementos del interés común o del proyecto nacional por políticos, burócratas, técnicos e industriales.  En especial, los proyectos de desarrollo hidráulico a gran escala constituyen uno de los verdaderos dogmas de las políticas económicas porque reúnen varios de los elementos que definen al llamado “desarrollo”: control del orden natural ecosistémico hacia su domesticación, alta tecnología, cambio productivo, creación de empleos, pero en especial, planificación sobre pueblos y territorios para su reordenamiento y resignificación hacia la prosperidad y la bonanza.

La promesa del desarrollo de los proyectos hidráulicos oculta las relaciones asimétricas de poder y el alud de críticas hacia proyectos que poco o nada integraron los costes sociales y ambientales dentro de sus ambiciosos planes de transformación y construcción. Después de innumerables proyectos de represas en prácticamente todo el sur del mundo se pueden sintetizar algunas de sus aristas más riesgosas: despojo de tierras comunales desfondando la base material de las economías de subsistencia, desplazamiento forzado que implica la erosión e incluso destrucción de tejidos comunales, saberes comunitarios, identidades étnicas que a su vez terminan en empobrecimiento o nuevas relaciones de dependencia política y económica para los desplazados. En suma, destrucción de modos de vida y pensamiento.

Por otro lado, el represamiento provoca desertificación de tierras, cambios radicales de los ecosistemas de manera irrecuperable, limitan el suministro de nutrientes río abajo y acumulan sustancias tóxicas como biocidas, detergentes y desechos industriales. Las plagas son comunes  y reducen el tiempo de vida útil del agua estancada. Extinción de especies, deforestación, emisión de gas metano producida por la descomposición de la materia verde inundada; todo reunido, significan verdaderas catástrofes.

Quizá por ello sea entendible la férrea oposición que a lo largo y ancho de América Latina ha surgido de pueblos originarios y comunidades campesinas a la consumación de estos proyectos. Desde el Movimiento de Afectados por las Represas organizado desde 1989 en Brasil, hasta las comunidades y mujeres mapuche en Chile contra la presa Ralco a finales de la década de los noventa, y en los últimos años en ese mismo país el Consejo de defensa de la Patagonia en especial, la resistencia al escandaloso proyecto Hidroaysén, pasando por el Frente Nacional Guatemalteco contra las represas y el Movimiento Nacional Anti-represas de El Salvador por mencionar solo algunos ejemplos.
El Consejo de Ejidos y Comunidades opositores a la presa la Parota se inscribe -entonces- en un movimiento continental antirepresas en particular, y en un enorme movimiento comunal en defensa de la tierra, el territorio y los bienes comunes naturales en el sur del mundo, multiforme y polifónico frente a proyectos extractivos, agroindustriales, de producción energética, infraestructura e inversión inmobiliaria urbana, los cinco dedos de la mano del capital sobre la naturaleza. El CECOP se enfrenta, en suma, a una de las tendencias estructurales más agresivas de las últimas décadas del capitalismo desarrollista y es una de las experiencias de resistencia no sólo más avanzadas sino también, triunfantes.

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EL RÍO PAPAGAYO: BIENES COMUNES EN DISPUTA

En la Costa Chica desemboca en el Pacífico el río Papagayo, cuyo margen fértil alimenta a miles de campesinos sin necesidad de infraestructura de riego donde se siembra frijol y maíz, pero también jamaica, cocos, mangos, sandías y papayas. El afluente del Papagayo es el más importante de la región porque reúne a los ríos Omitlán, Azul y Petaquillas. Es quizá por ello que la Comisión Federal de Electricidad impulsó desde el año 2003 la construcción de una enorme hidroeléctrica que requeriría de la inundación de 17, 300 hectáreas de tierras de cultivo, ganadería y selváticas. Esa cantidad de hectáreas significa la formación de un vaso de agua de 11.5 veces el tamaño de la Bahía de Acapulco. Con una inversión que requeriría 1200 millones de dólares el conflicto deriva, entonces, de dos lógicas diametralmente distintas: racionalidad de subsistencia contra lógicas de transformación desarrollista, valor de uso contra valor de cambio, fuerza del río hacia la producción energética o afluente acuífero utilizado como forma de vida. El poder estatal y de las inversiones contra la organización y movilización de campesinos y habitantes comunitarios.  El choque ha sido descomunal.

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El CECOP es uno de los tres más grandes e influyentes movimientos sociales en Guerrero junto a la Policía comunitaria (CRAC-PC) y el movimiento magisterial representado en la CETEG. Convertido en actor público a nivel estatal, aparece cotidianamente en las primeras planas de los diarios locales.  Desde 2003 y hasta 2012, el conflicto principal por el uso del río y la necesaria utilización de las tierras comunales para su inundación o afectación detonó uno de los procesos de movilización, resistencia, boicot, defensa jurídica, denuncia nacional e internacional, más emblemáticos del país, y quizá del continente.

En los procesos extractivos o de inversión en infraestructura, si bien las políticas económicas y planeación surgen del Gobierno Federal, lo cierto es que su factibilidad social depende de los gobiernos locales estatales. Por ello, aunque la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es la responsable promotora del proyecto, le ha seguido el Gobierno de Guerrero en su empuje. Es curioso que la confrontación se desarrolló por casi una década independientemente del cambio en el partido en la gubernatura del estado. Sin lugar a dudas, el príista René Juárez Cisneros primero y el empresario Zeferino Torreblanca gobernador por el Partido de la Revolución Democrática después, fueron quienes más polarizaron el conflicto con los opositores. Este último incluso encabezó marchas para aprobar el proyecto hidroeléctrico y los momentos de crisis, al intentar una y otra vez aprobar el proyecto en las asambleas ejidales necesarias mediante viejos recursos clientelares, corporativos y plagados de irregularidades.

El CECOP se enfrentó así a los gobernadores, a la CFE, a la elite empresarial local que presionó por la aprobación y en no pocas ocasiones a la respuesta represiva. Y sin embargo, resistió y ganó. La estrategia del CECOP fue durante una década una combinación sumamente compleja, anclada en la independencia de los opositores de cualquier otra fuerza política, movimiento o incluso grupos armados. Por supuesto la movilización fue el epicentro de ella. Además de las marchas, generalmente en la ciudad de Acapulco, los campesinos instalaron plantones en varias ocasiones para impedir el paso de las máquinas por sus comunidades, por lo que comenzaron a tomar cierto control territorial comunal embrionario. Otras acciones más firmes fueron el cierre de carreteras e incluso la toma de instalaciones estratégicas. Sin embargo los campesinos, a la par de estas acciones directas, también llamaron una y otra vez al diálogo a todas las instancias gubernamentales, incluido el gobernador. A la par de la iniciativa política del diálogo público, la defensa jurídica ha sido piedra angular de su resistencia y la discusión técnica del proyecto y sus consecuencias sociales y ambientales los volvieron especialistas en el tema, aliados de innumerables organismos civiles y especialistas. Como si no fuera poco, el CECOP empujó junto a sus asesores y organizaciones aliadas, la denuncia internacional que los llevó a importantes foros de la ONU o bien llevaron a los relatores de esa instancia hasta las comunidades a orillas del río Papagayo. El CECOP se convirtió finalmente en el principal impulsor de redes nacionales e internacionales de resistencia y defensa del territorio. Después de casi una década de lucha, el gobernador Ángel Rivera Aguirre tuvo que aceptar a regañadientes un acuerdo impulsado por el CECOP de no seguir impulsando el proyecto hidroeléctrico. Un par de años antes la propia CFE tuvo que renunciar al proyecto. El CECOP había detenido un proyecto monstruoso enfrentando a una buena parte de la clase gobernante.
 
Sin embargo, el río Papagayo y sus riquezas siguen siendo codiciadas, ya que al menos cuatro empresas gravilleras de extracción de material pétreo explotan el río Papagayo. A principios de 2014, decidieron expulsarlas.  Mediante la explotación, las gravilleras no solo no dejaban beneficios comunitarios sino que provocaban numerosos accidentes y hasta varias muertes por las enormes pozas en el río por la indiscriminada draga de material. En asamblea, los representantes de las empresas fueron citados. Se les escuchó y los representantes comunitarios votaron a mano alzada la continuidad de su funcionamiento. “Quedan expulsado de Cacahuatepec” se les informó a los empresarios presentes en medio de gritos de “¡Fuera!, “¡Fuera! Consignaba un diario local. La imagen puede representar algo muy extraño: campesinos que deliberan para regular el funcionamiento y control de sus propias tierras y territorios, oponiéndose a la lógica de la máxima ganancia y expulsándola. Los gravilleros, sin embargo, no se quedaron con las manos cruzadas y empujaron demandas contra algunos de sus líderes, uno de ellos hoy en la cárcel. La represa primero y las gravilleras hoy, representan la disputa por el río Papagayo y la defensa  del territorio material y simbólico del CECOP, por su propia forma de vida y reproducción social en una batalla permanente contra la clase política y las empresas paraestatales y privadas.

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EL GERMEN DE LA AUTONOMÍA

Cuando los subalternos rompen el silencio comienzan a ponerse en pie. El CECOP tuvo que desconocer a sus propias autoridades ejidales que al principio habían dado su anuencia al proyecto hidroeléctrico, por lo que tuvieron que formar su propia estructura representativa de las 40 comunidades (aproximádamete) que integran el Consejo, que funciona a manera asamblearia desde su conformación en agosto de 2004. Tuvieron además que forzar la democratización de las viejas estructuras campesinas, erosionando primero y haciendo estallar en pedazos los mecanismos de control local de la Confederación Nacional Campesina (CNC), conformando su “comisariado legítimo y autónomo”. Sin embargo, una vez ganada la batalla contra la presa, al menos momentáneamente, el CECOP comenzó a orientarse hacia la autoorganización y enfocar su energía en sus propios pueblos. Llegaron entonces a la decisión de conformar su propia “Policía Comunitaria”, integrándose, poco a poco, al sistema de justicia y seguridad de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria de Guerrero.

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Esta decisión tomada en 2013 y anunciada este año implica un intenso proceso organizativo de comités comunitarios, capacitación y discusión. Marco Antonio Suástegui, en acto asambleario junto a representantes de la CRAC-PC, y después de la terrible tormenta tropical que dejó damnificados a miles de campesinos del río Papagayo, habló sobre la decisión de integrar “un nuevo municipio”. El discurso de Suástegui incluso hablaba de recuperación de tierras de los caciques locales. Es quizá por ello que en junio pasado Marco Antonio Suastegui fue detenido y encarcelado con numerosos cargos graves junto a otros integrantes del CECOP.

El proceso autoorganizativo ya no de resistencia, sino de constitución de una subjetivad autónoma, basada en la autogestión y en un horizonte autoregulativo comunal ha sido un largo camino de maduración en medio de la resistencia contra la presa y las gravilleras. Las detenciones han desacelerado y obstruido el proceso, debido a que el CECOP se ha visto obligado a enfocar sus energías en la liberación de sus voceros y compañeros.

La larga resistencia de estos campesinos rebeldes en defensa del río es una historia poco visible desde el centralismo y la visión urbana. Esta rebeldía campesina es generalmente entendida como importante pero local, como digna de solidaridad pero sin proyecto político. La izquierda tradicional ha menospreciado esta resistencia. Sin embargo, de la lucha campesina en resistencia por la tierra, el territorio y los bienes comunes naturales ha surgido, lentamente, un sujeto con una potencia autónoma que no sin contradicciones trata de ponerse en pie, contra la decisión que los subalterniza pero también más allá de ella, constituyéndose como un sujeto propio que orienta y decide su propio destino y formas de vida. La radicalidad y potencia de estos campesinos rebeldes, a pesar del tiempo, la represión, la falta de recursos, las contradicciones y divisiones comunitarias está lejos de haber terminado. Esta rebeldía, esta resistencia y germen de la autonomía, están lejos de haber terminado.

Declaratoria final del Primer Encuentro Nacional de Mujeres del CNI y el CIG.

DECLARATORIA

Reunidas mil cien mujeres indígenas y mestizas del campo y de la ciudad de nuestro país de los Pueblos Originarios: Nahua, Totonaca, Otomí, Ñûhu/Otomì, Zapoteco, Maya-Yucateco, Popoluca, Hñahñu/Otomì, Tsotsil, Tzeltal, Chol, Purépecha y Mazahua de los estados de Aguascalientes, Baja California, Ciudad de México, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas; así y como visitas del Kurdistán y de países como Alemania, Argentina, Austria, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estado Español, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia, Noruega, País Vasco, Perú, Uruguay y Venezuela, en la comunidad indígena Hñähñu de San Lorenzo Nenamicoyan, Estado de México, para celebrar el ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES convocado por la Comisión de Mujeres del Concejo Indígena de Gobierno para México del CONGRESO NACIONAL INDÌGENA con los siguientes objetivos:
  1. Tejer redes nacionales e internacionales de mujeres comprometidas con la lucha anticapitalista y antipatriarcal de abajo y a la izquierda.
  2. Reflexionar para llevar a la acción los nueve temas de trabajo del Consejo Indígena de Gobierno desde nuestra visión como mujeres rebeldes.
  3. Intercambiar nuestras experiencias de lucha para seguir articulando nuestra organización como mujeres anticapitalistas y antipatriarcales.
  4. Generar acuerdos y acciones concretas que permitan seguir tejiendo esta red de mujeres.
Nos declaramos como mujeres en lucha contra el patriarcado, el capitalismo neoliberal y el neocolonialismo, con la convicción de que, si las mujeres no nos liberamos de la esclavitud, la sociedad nunca será libre.

Nos enfrentamos al reto de no reproducir las relaciones de poder patriarcales entre nosotras y valorarnos todas como sujetas de nuestras propias vidas, con mucho respeto.

Reconocemos nuestras diversidades y estamos convencidas de que para construir este mundo donde quepan muchos mundos que soñamos, será posible si incluimos todas estas diversidades.

Reconocemos que las sociedades estamos constituidas por mujeres, hombres y personas de identidades sexuales diversas, todas igualmente importantes y necesarias en el proceso de construcción de una sociedad anticapitalista, antipatriarcal de abajo y a la izquierda.

Desconocemos esta sociedad capitalista y patriarcal que nos ha “cosificado” y se ha alimentado de nuestras esperanzas y de nuestros sueños.

Declaramos que la participación de la mujer en todos los ámbitos de la vida es imprescindible.

Declaramos todas las mujeres que nos reunimos estos dos días que los acuerdos tomados en las mesas de los nueve grupos de trabajo del CIG: Tierra y Territorio, Autonomía, Mujeres, Jòven@s y niñ@s, Diversidad sexual, Justicia, Personas con discapacidad, Migrantes, Trabajo y explotación, serán parte fundamental para fortalecer nuestro quehacer cotidiano, organizativo y de lucha para lograr nuestro florecimiento como pueblos, comunidades, barrios y colonias.

DESDE ABAJO Y A LA IZQUIERDA
POR UNA SOCIEDAD ANTICAPITALISTA, ANTIPATRIARCAL Y ANTICOLONIAL

NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTRAS

Construimos resistencia. Construimos un mundo posible para nosotras.

El pasado sábado 28 de julio, cerca de las 08:00 horas, mil cien mujeres indígenas y mestizas provenientes de diferentes entidades de la República Mexicana y de otros países, se reunieron en el Encuentro Nacional de Mujeres convocado por el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Concejo Indígena de Gobierno (CGI). La canchas de la Escuela Rural Federal “Miguel Hidalgo”, ubicadas en la comunidad hñahñu de San Lorenzo Nenamicoyan, del municipio de Jilotepec, Estado de México, fue el primer punto de encuentro entre las mujeres, el desayuno las reunió ahí. Aquí el enlace a Radio Zapote con la colaboración de Yolotzin Hernández para La Voladora Radio.

9 de mayo de 2015

Nuestras armas: la resistencia y la rebeldía (palabras del Subcomandante Insurgente Moisés).

Buenas tardes, compañeros, compañeras, hermanos y hermanas.

Les voy a compartir sobre el cómo es que nosotros, nosotras, la tenemos como nuestras armas la resistencia y la rebeldía.

Antes de empezar eso, el cómo es que hacemos la resistencia y la rebeldía, les quiero recordarles que nosotros somos armados. Ahí tenemos nuestras armas, como una herramienta más en la lucha, así lo decimos ahora. Nuestras armas es una herramienta de lucha, es como machete, hacha, martillo, pico, pala, azadones, esas cosas; porque cada herramienta tiene su función, pero el arma, su función es, si las usas, es que matas.

Entonces al principio cuando salimos en el amanecer del año 1994 salió el movimiento de miles de mexicanos y mexicanas, en todas partes, donde salen hasta que se convirtió a millones, donde presionan al gobierno, al pelón, le decimos nosotros, el pelón de Salinas, que tiene que sentarse a dialogar a nosotros; y a la vez también a nosotros nos están diciendo que tenemos que dialogar y negociar.

Bueno, entonces lo entendimos pues, la voz del pueblo de México. Entonces se dio la orden de que tenemos que replegarnos en la lucha violenta; entonces descubrimos, por parte de las compañeras, porque tuvimos nuestros muertos en el combate, que esas compañeras empezaron a dar otra forma de pelear, digamos así. Porque entonces el gobierno, meses, un año, dos años después, nos quieren comprar, como decimos, quieren que nosotros recibamos para que nos olvidamos de la lucha.

Entonces muchas compañeras hablaron y dijeron de que por qué y para qué murieron los compañeros en el amanecer del 94. Así como ellos, ellas, o sea los combatientes salimos a pelear contra el enemigo, entonces tenemos que ver como enemigo también el que nos quiere comprar, o sea que no recibir eso, lo que quieren dar.

Entonces así empezó. Nos costó mucho porque no podíamos hacer los contactos de zonas a otras zonas porque se llenó de militares, entonces poco a poco fuimos haciendo los contactos con los compañeros de una zona a otra zona para empezar a pasar esa voz que empezaron a decir las compañeras, que no hay que recibir lo que da el mal gobierno, que así como los combatientes salieron a pelear en contra de los enemigos que nos explota, así tenemos que hacer también como bases en que no hay que recibir eso. Entonces así, poco a poco, fue extendiéndose en todas las zonas.

Ya ahorita ya podemos dar varios sentidos lo que es rebeldía y resistencia para nosotros, porque es que ya fuimos descubriendo, practicando en los hechos, o sea ya podemos dar teoría, como se dice. Para nosotros resistencia es ponerse fuerte, duro, para dar respuesta a todo, cualquiera de los ataques del enemigo, del sistema; y rebelde es ser bravos, bravas para igual responder o para hacer las acciones, según la que convenga, ser bravas, bravos para hacer las acciones o lo que necesitamos hacer.

Entonces la resistencia descubrimos que no es nada más resistir a tu enemigo, de no recibir lo que da, las limosnas o sobrantes. Descubrimos que la resistencia, hay que resistir las amenazas o provocaciones que hace el enemigo, hasta por ejemplo, los ruidos de los helicópteros; sólo nada más con el ruido de los helicópteros empiezas a tener miedo, porque la cabeza te avisa que te va a matar, entonces sales corriendo y es ahí donde te ven, y es ahí donde ya te ametrallan. Entonces es no tenerle miedo, hay que tener resistencia, o sea tienes que ponerte fuerte de que no corras cuando escuchas el ruido. De por sí el pinche ruidero del helicóptero da miedo, te espanta, y es nada más no tenerle miedo, quedarte quieto, quieta.

Descubrimos eso, que no sólo es la de no recibir. Nuestra rabia, nuestro coraje contra el sistema también tenemos que resistirla, y lo difícil o lo bueno, difícil y bueno al mismo tiempo, es que esa resistencia y rebeldía hay que organizarla. ¿Y cuál es lo difícil? Es que somos miles los que usamos esa arma de resistencia y somos miles también que se puede convertir la rabia, entonces, cómo controlar eso, cómo usar al mismo tiempo para hacer la lucha, son dos cosas difíciles, por eso empecé diciendo que ahí tenemos nuestras armas.

Pero lo que hemos visto es que la resistencia sabiéndola organizarla y teniendo organización primero, por supuesto, no puede haber así nada más resistencia y rebeldía si no hay organización, entonces organizar esas dos armas de lucha nos ayudó mucho para tener, digamos que se abre más la mente, la forma de ver.

Recuerdo de una asamblea de compañeros y compañeras, de qué forma, porque es que se hace con trabajo político, ideológico, mucha plática, mucha orientación a los pueblos sobre la resistencia y la rebeldía. Entonces recuerdo que los compañeros y compañeras ponen en la balanza, esa que se dice la lucha política pacífica y la lucha violenta. Entonces algunos de nuestros compañeros, compañeras, dicen: ¿qué les pasó a nuestros hermanos de Guatemala? –nos hacemos la pregunta­– 30 años de lucha violenta y qué cosa hay lo que tienen ahora nuestros hermanos.

¿Por qué tenemos que organizar bien la resistencia en la lucha política pacífica? ¿Por qué tenemos que preparar nuestra resistencia militar? ¿Cuál es la que nos conviene?

Entonces nos damos cuenta ahí que lo que queremos es la vida, como lo que decíamos antes de la sociedad civil mexicana, que esa movilización que hicieron el 12 de enero de 94 es que quieren nuestra vida, que no nos muriéramos. ¿Entonces cómo tenemos que hacer eso? ¿Qué cosa tenemos que hacer más para hacer la resistencia y la rebeldía?

Es ahí donde descubrimos que hay que resistir sobre las burlas que nos vaya a hacer la gente sobre nuestro gobernar, nuestra autonomía. Hay que resistir las provocaciones del ejército y la policía. Hay que resistir los problemas que vayan a causar las organizaciones sociales. Hay que resistir todas las informaciones que salgan en los medios, de eso que dicen que los zapatistas ya se acabaron, ya no tienen fuerza, en este caso, que el finado Marcos que ya está negociando bajo la mesa con Calderón, o que está dándole paga para su salud el Calderón porque ya se va a morir, bueno, ya está muerto ya, murió de por sí (inaudible), pero no porque él se fue a (inaudible) al Calderón, sino por darle vida a otro compañero.

Bueno todos esos bombardeos psicológicos, podemos decir, para que entonces se desmoralicen nuestras bases, un montón de cosas que hay que resistir.

Luego descubrimos la resistencia a todos nosotros, porque empezamos a tener varios trabajos, responsabilidades, pues en este caso a nosotros hay problemas en la casa, no sé ustedes a lo mejor no, entonces surgen los problemas y la resistencia se empieza a aplicar individualmente, y al mismo tiempo la resistencia se aplica colectivamente.

Cuando hacemos individualmente es cuando pues mi papá, mi mamá o mi mujer ‘¿dónde estás?, ¿qué estás haciendo?, ¿con quién andas?’, etcétera, ¿no? Entonces uno tiene que resistir de que no vaya a hacer nada mal que pega a la mujer o abandona su trabajo, porque luego hay reclamos, que no hay maíz, que no hay frijol, que no está la leña, y hay problemas con los hijos. Es ahí donde se individualiza la resistencia.

Cuando se hace en colectivo la resistencia es que es con disciplina, es decir, con acuerdo. Es que nos ponemos de acuerdo cómo le vamos a hacer para enfrentar algunos problemas. Por ejemplo, les voy a dar un ejemplo reciente. Hace cosa de… pues creo el mes de febrero, un grupo de personas con otro grupo de un terreno recuperado que ahí está viviendo esa gente que no son zapatistas, que no les estamos diciendo nada, pero ellos tienen la idea de que quieren ser dueños de la tierra, entonces están gestionando la tierra para que se legalice.

Entonces se ve de que el señor Velasco les está diciendo que se necesita cierta cantidad de personas, entonces esas personas empiezan a buscar en otros lados más miembros del pueblo, entonces esos miembros ahora sí empezaron a llegar armados. Llegaron a ser 58 personas, entonces empezaron a invadir el terreno de los compas, la tierra recuperada. Entonces los compas no lo vamos a dejar.

– ¿Cuántos son?

– Pues son cerca de 60.

– Basta que llevamos 600 armas y lo acabamos, porque es que tantas burlas que ya hicieron.

El potrero de los compañeros se metieron ese líquido para quemar, con el líquido mataron a un semental, destruyeron casas de los compañeros antes. Entonces los compas ya estaban así rebeldes, bravos, ya no quieren más la maldad que hacen. Entonces es cuando intervienen los compas así:

– Recuerden, compas, nosotros somos un colectivo.

Y le dicen a los compañeros, los 600 que se reunieron:

– Acuérdense de la naranja, ¿qué hemos dicho cuando una fruta se pica?, ¿qué pasa?

– Ah sí. ¿Sí, pero entonces esos cabrones acaso lo entienden así?

– Esos cabrones no nos van a imponer su tiempo de esos cabrones, sino era de nosotros.

¿Qué es lo que pasa a una naranja o una lima si lo picamos? Es que se pudre todo, ¿y en este caso qué quiere decir? Que lo vamos a afectar al resto de nuestra organización. Tenemos que preguntarle a la base si es que entonces vamos a dar respuestas violentas, entonces ya que sepan nuestras bases que vamos a entrar en otro modo. Entonces como ya veníamos pensando de por sí esto, lo que estamos llevando a cabo ahora, lo que estamos haciendo ahorita, entonces nuestras bases no permiten que se haga así.

Entonces, lo que se les dijo a los compas es que los que están muy rebeldes, bravos, encabronados, no van a ir, sólo dejen dicho nada más con sus representantes que no se van a ir porque si van, van a matar, entonces mejor no se van, digan a su responsable y que ya se sepa, y el que no se reporta es su problema de él. También los que tienen mucho miedo, tampoco se vayan. Sólo los que entienden hay que ir, no va a ir a provocar, sino va a ir a trabajar la tierra, o sea a trabajar la milpa, la casa y lo que se tiene que construir. Amaneciendo, los 600 se fueron, lo dejaron sus armas. Se coordinaron quién va a controlar.

Entonces es como se hace el control de las dos cosas, la rabia pero también el miedo. Se busca, se da explicación, se da plática, se da de entender, porque es verdad, que no van a permitir eso la gran mayoría de los compañeros.

Esa resistencia a lo largo ya de 20 años que venimos trabajando, al principio nos costó mucho porque son situaciones que nos enfrentamos y que tenemos que saber solucionar. Les voy a dar un ejemplo, ¿cómo es que nos cuesta cambiarlo? Cuando estaba en su gobierno de Salinas entonces daban los proyectos, daban proyectos en efectivo, o sea daban crédito, entonces recibían los compas, entonces imagínense pues que ya son milicianos, cabos, sargentos, o sea zapatistas. Entonces esto lo que está dando este cabrón la mitad se va para las balas, el arma y el equipo, y la otra mitad es que vamos a comprar la vaca, o sea de lo mismo que dio el gobierno se consiguió una vaca, por eso ya el gobierno después ya no dio, nomás les dio a los hermanos partidistas.

Entonces los compas tenían esa idea, por eso estoy diciendo, entonces cuando salió eso empezamos a planificar eso de ya no recibir. Nos costó mucho, pero sí lo entendieron los compas. Dijeron los compas, bueno, sí lo vamos a hacer, vamos a hacer esa resistencia. Entonces el negativo donde nos da el resultado es que cuando nos vamos a reunir, entonces dicen ‘yo no pude llegar porque yo estoy en resistencia, no tengo dinero, no tengo para mi pasaje’, eso es el pretexto, no es porque no, sino es para taparse, es un pretexto.

Pero como fuimos agarrando en serio eso de no agarrar nada del sistema, entonces descubrimos de que tenemos que darle duro al trabajo de la madre tierra, eso ya les conté estos días que hemos estado acá. Es ahí donde empezaron a tener sus productos los compañeros y se dieron cuenta los compas de que más vale trabajar la tierra y así nos olvidamos de lo que da el gobierno.

Entonces en la resistencia y la rebeldía nos empezamos a darnos cuenta de la seguridad a la organización en que estamos. Entonces se empezó a descubrir un montón de cosas, por ejemplo eso que les digo, que no hablamos con el gobierno, ni nuestras bases, ni aún haya asesinatos. Descubrimos que con resistencia y con rebeldía podemos gobernarse y que con resistencia y con rebeldía podemos desarrollar nuestras propias iniciativas.

Nuestra resistencia de hacer las cosas, ya sea en el terreno económico, ya sea en el terreno ideológico, político, cada quién la zona organiza. Unos tienen más posibilidades, otros tienen menos posibilidades, entonces vamos haciendo experimento. Por ejemplo, los compañeros de Los Altos durante sus vidas ellos están comprando el maíz, siembran pero muy poco, la gran parte tienen que comprar; y en otras zonas lo que hacen es llevar el maíz, en vez de que compran en almacén, en la bodega del gobierno, y que su dinerito de los compas de Los Altos se va en el gobierno, entonces mejor que se vaya en otro caracol. Entonces algunas veces nos ha salido bien, otras veces nos ha salido mal, pero es el mal que nosotros mismos lo producimos, porque sí, es que se lleva por tonelada, entonces los compañeros encargados de juntar el maíz no lo revisan y los compas bases de apoyo, así de cabrones, meten en medio el (inaudible) del maíz, y ya los otros compas tampoco lo revisan, entonces pasa, se va. Ya cuando llega a su destino donde se va a consumir entonces ahí sí lo revisan bien, y es ahí donde les caen que están vendiendo maíz (inaudible) entre compas, a los compas pues.

Entonces vamos corrigiendo eso, de que no se trata de eso. Si estamos en resistencia es organizar bien la resistencia. El intercambio, como se dice, o el trueque no funcionó para nosotros, porque en Los Altos no podemos llevarlo toneladas de pera o manzana, no se vende en la selva, que es lo que producen mucho los compas, verdura. Entonces no, estamos viendo cómo lo vamos a hacer, ya estamos discutiéndola, que casi vamos a la mitad sobre eso de cómo organizarlo.

Les voy a empezar a dar una serie de ejemplos. En el año 98, que es cuando desmantelaron nuestros municipios autónomos, cuando estaba todavía el Croquetas, el Albores de gobernador, en Tierra y Libertad, allá por el Caracol I, en la Realidad, entraron los judiciales, destruyeron la casa del municipio autónomo y los compañeros milicianos sobre todo, estaban pidiendo de que entonces le van a darle a los judiciales, realmente son soldados, estaban disfrazados de judiciales, y se les dijo no. Acudimos a las bases de apoyo, porque son los compas milicianos que estaban con la rabia, de que para qué nos están destruyendo nuestra casa en la autonomía.

Entonces acudimos a los pueblos, y los pueblos dicen: que lo destruyan, la autonomía la tenemos aquí y la tenemos aquí, la casa no es casa. Entonces recibimos apoyo y con más razón se da la orden de que no pueden hacer nada los milicianos, y nosotros pagamos el costo de la rabia, entonces nuestros milicianos decían ‘pinches mandos’. Entonces esas cosas empezamos a descubrir que a veces el coraje de la base, y que se ve que no nos va a ayudar a lo que se quiere hacer, entonces a veces paga el comité clandestino, o el regional, a los que tienen responsabilidad.

Otro ejemplo está cuando nos destruyeron nuestro primer Aguascalientes, el ejército. Es lo mismo, nosotros estábamos puestos, insurgentes y milicianos, porque sabíamos que como que si te quitan una parte sientes que ya estás derrotado, es que lo pensamos muy militarmente. Porque militarmente si es que pierdes una batalla ya te chingaste y te da gana de volver a recuperar, pero tienes que hacer el doble para que recuperes. Entonces otra vez eso nos orienta.

– ¿Qué es lo que queremos, la muerte o la vida?

– Pues la vida.

– Entonces que entren estos cabrones, no lo vamos a matar pero tampoco nos matan.

– ¿Entonces cómo vamos a hacerlo si ya están tendidas las emboscadas?

– Pues hay que mandar la comunicación.

Entonces tuvimos que levantar y así lo evitamos mucha muerte, por parte de nosotros y también por parte del enemigo. En una de las emboscadas sí se dio la (inaudible), y es ahí donde cayó, luego lo (inaudible), al general que cayó en Momón, el general Monterola, era Coronel creo, en ese tiempo.

Y así pasó también en el Caracol de la Garrucha cuando hubo la desmantelación de los municipios autónomos, sobre el municipio autónomo Ricardo Flores Magón. Lo mismo, se manda decir de que no se tiene que dar respuesta a la violencia que querían el enemigo y el gobierno.Y así la hemos pasado tantas provocaciones que buscan los que se dejan manipularse, en este caso de los partidistas.

Eso le ha pasado a los compañeros los que han recibido mucho esos golpes, búsqueda de provocaciones, son los compañeros del caracol de Morelia, el de Oventik, de Garrucha y Roberto Barrios, donde han actuado muy cruel los paramilitares es en Roberto Barrios y en Garrucha, en Morelia, en Oventik.

Por ejemplo, en San Marcos Avilés, donde están nuestras bases, tantas veces que han molestado. Lo que hacen los paramilitares es lo obligan a que caiga, se ve que está bien entrenado por parte del ejército y del gobierno, porque es que te fastidia; está llevando tu café, tu frijol, tu maíz, te arrancan las plantas que siembras, tumban el platanal, llevan la piña que siembras, o sea te fastidian. Hasta que un día ya nuestras bases dijeron ya, y lo bueno es porque esa rebeldía y esa resistencia es que se organiza en colectivo, entonces los compañeros y compañeras bases de San Marcos Avilés acuden a la Junta de Buen Gobierno a decir: venimos a decir que ya no aguantamos, no nos importa que nos vamos a morir pero también los vamos a llevar.

Entonces ahí es donde la Junta de Buen Gobierno y el Comité Clandestino los llaman a los compas y les explican: nosotros no vamos a decir que no, primero somos organización; segundo es que si ustedes van a quedar alguien sobreviviente ya no tienes que estar en tu población, te ves obligado a que tienes que esconderte porque no te van a dejar vivo, viva, esos cabrones, porque lo que quieren es terminar ahí las bases. Entonces lo que hay que hacer es hagan su escrito, hagan la grabación y entonces donde vamos a hacer que le llegue a ese pinche gobierno, que lo sepa que se van a morir los que están ahí y que también nos vamos a morir, y que entonces, pase lo que pase.

Luego ya buscamos otra forma más. Hicieron la grabación los compañeros, compañeras, y buscamos la forma que le llegue al gobierno, hasta ahora eso está vigente. Entonces el gobierno, lo sabemos, yo creo que les dio el dinero a esos partidistas que están ahí, se calmaron porque es su forma el gobierno cómo los ha calmado. En todo lo que han hecho es su forma del gobierno que les da un proyecto o le dan un poco de dinero para que se reparta, siempre ha hecho así el gobierno. Quién sabe que va a pasar ahora porque no va a tener el dinero el gobierno.

Sólo para dar mención de eso, de cómo resistir, porque hemos tratado, porque lo que nos damos cuenta nosotros es que por qué vamos a matar a otro indígena. Eso nos da rabia, si lo dijera tal cual lo hablamos en nuestra asamblea es horrible, porque es que entonces le empezamos a dar todos los tipos de menta al gobierno. Porque es que el coraje que nos da es por qué son tan cabrones de cómo los manipula; y luego por qué, disculpen la palabra, por qué hay pendejos, pendejas que se dejan también para que manipula a su propia raza pues.

Por ejemplo, esos los de la ORCAO. Una parte de la ORCAO ya se están dando cuenta que está totalmente mal lo que están haciendo, pero luego hay otra parte que nadie les interesa, por pago, ahí siguen amenazando. Hace un mes los compañeros de Morelia, montón de resistir lo que han hecho los de la ORCAO. ¿La CIOAC? Ni se diga, está eso del compa Galeano y está lo que pasó en Morelia, son los mismos de la CIOAC Histórica.

Entonces, como nosotros queremos la vida, pero gracias a la resistencia que la usamos, por eso no hemos acudido más a eso de matarnos entre nosotros por la manipulación que hace el gobierno.

También hemos resistido que nos llegan, es que llegan algunas visitas de México, les dicen o nos dicen a nosotros, les dicen a nuestros pueblos que por qué nosotros no seguimos la lucha armada, que porque somos unos reformistas nos dicen, otros nos dicen que porque somos unos ultras, ¿entonces a quién le creemos? No, hay que resistir esas habladas que dicen, porque se dicen las cosas, y la respuesta que decimos es que una cosa es lo que se dice y otra es la que se hace, porque decir es muy fácil, puedo gritar y todo, pero ya cuando estás ahí es otra cosa, cambia.

Gracias a la resistencia, compañeros, compañeras, hermanas y hermanos, no decimos que no es necesario las armas, pero hemos visto de que en la parte, como se ha dicho, la desobediencia, nada más que es una desobediencia organizada, es la verdad, aquí ya no entra el mal gobierno gracias a los compañeros, a las compañeras, entonces vemos que sí vamos a poder hacer mejor, más organizada la resistencia y la rebeldía en demostrar que no pidamos permiso a nadie.

Que nos pongamos de acuerdo qué es lo que tenemos que hacer nosotros, nosotras, eso es lo que nos anima, además de que la generación que está ahora con nosotros, con nosotras, o sea los que tienen ya 20 años, los jóvenes y las jóvenas, es que ellos dicen: nosotros estamos puestos y puestas, pero enséñanos cómo es lo que se quiere, el gobernarse. Entonces ahora las zonas, con organización de resistencia y rebeldía ya están formando la nueva generación de jóvenas y jóvenes para que realmente se pueda cumplir eso que dijimos ya, la palabra esa de que siglos y por los siglos y para siempre, parece ser religioso eso, pero, es de rebelde; porque es para siempre, entonces se necesita que se tienen que estar preparándose las generaciones para que nunca jamás vuelve el nieto de Absalón Castellanos Domínguez, o Javier Solórzano, uno de los grandes finqueros pues.

Entonces tenemos un gran trabajo para mejorar eso. No quiere decir, compañeros y compañeras, hermanos y hermanas, no quiere decir que estamos renunciando a nuestras armas sino que es ese entendimiento político, ideológico, rebelde, que nos da la forma de ver cómo hay que convertirlo realmente en arma de lucha esta resistencia. Ya los compañeros de las Juntas de Buen Gobierno nos están diciendo que ya se necesita otra instancia, entonces nosotros preguntábamos con los compas del CCRI ¿por qué dicen eso, compañeros, compañeras? Entonces dicen ‘es que ya lo percibimos por qué tuvo que nacer la Junta de Buen Gobierno’.

Entonces ya nos platicaron, ya nos dijeron, ya nos explicaron. Cuando los MAREZ, los municipios autónomos rebeldes zapatistas estaban sueltos, unos sí tienen proyecto, otros no tienen proyecto, otros nada, entonces cuando la Junta de Buen Gobierno ya se forma empieza a controlar los municipios para que sea parejo, igual los proyectos. Ahora como Junta de Buen Gobierno otra vez se están dando cuenta que no es igual. Unos sí tienen más proyectos porque están más a la mano, en pie de carretera, y los otros están muy lejanos, entonces no, pero nosotros como Junta de Buen Gobierno no podemos, nosotros tenemos que someter en la asamblea y en la compartición de las zonas ahí se tiene que discutir si ya es momento que tenemos que formar otra instancia, porque además estamos organizando esta resistencia y rebeldía contra esta tormenta que viene. Y más los compañeros ahora dicen: ya es hora, su momento que nos dicen, ya es su momento que tiene que haber otra instancia , porque vamos a tener que empezar a actuar en la resistencia y rebeldía, ahora sí que inter zonas, de todos los miles de zapatistas tienen que luchar con resistencia y rebeldía, entonces se tienen que organizarse. Pero gracias a ese terreno de lucha, de resistencia y rebeldía es lo que nos ha ayudado, nos ha dado orientación de cómo tenemos que llevar a cabo. Y si con eso, porque no vamos a pedirle permiso a nadie, ya para nosotros se acabó eso de que no nos la reconocieron la Ley sobre Derechos y Cultura Indígena, nos vamos; si es que entonces no nos la quieren respetar ahí está la herramienta.

6 de diciembre de 2014

¿Hacia dónde nos llevarán los 43?

Por: Nuria Ortega Font / Rebelión.

“Que los que matan, mueran de miedo”. Joaquín Sabina 

El 20 de noviembre la amenaza se convirtió en hecho. La represión dejó de ser un rumor en las calles y no fue más el miedo de los padres que nos vieron salir a marchar; pasó de ser una posibilidad en el imaginario a ser un hecho concreto para abandonar su añejo lugar en los libros de historia y materializarse ante los ojos que lagrimeaban por el gas y que se deslumbraban con las bengalas que nos acusaban, los oídos que ensordecían ante los estallidos de las balas de goma y los cartuchos de lacrimógeno y las piernas que corrían temblorosas para escapar de los granaderos. 

La noche del 20 noviembre dejó atrás en cuestión de pocos minutos la alegría de una manifestación absolutamente pacífica, para convertirse en la ventana al miedo. Las calles que por la tarde olían a copal, al perfume de la abuela que salió a pedir que no le desaparezcan a sus nietos, a batucada y a rosas blancas, se impregnaron del fuerte hedor de la adrenalina. Pasamos de las consignas por México, a la súplica por la no violencia y de ahí a los gritos de terror. La gente, al escuchar los primeros estallidos del gas y los golpes en el suelo de los escudos de los granaderos, transitó del miedo, a la sorpresa y de ésta a la indignación, para regresar al miedo. 

Los que no estaban ahí y sólo podían “saber” de lo que estaba pasando a través de la televisión, únicamente veían a los violentos. Las imágenes pavorosas mostraban bombas molotov, gritos, policías “cumpliendo con su deber”; pero no dejaban ver lo que en realidad estaba sucediendo: una manifestación pacífica que paso a paso, construía no sólo un México mejor, sino un mundo mejor, con mejores personas; que estaba siendo reprimida con toda la injusticia que implica el uso irracional de un Estado atemorizado y sin posibilidad de brindar soluciones. 

Esa noche de amenazas cumplidas, ellos creyeron ganar; pero se equivocaron. Esa noche, como la aurora boreal ilumina la obscuridad y juega con ella, la sociedad civil tomó fuertemente de la mano a su miedo y cobró una fuerza que no había terminado de eclosionar. Así, optamos por no regalarles nuestro miedo y aceptar la apuesta. En ese momento dejó de importar el riesgo si la recompensa era la revelación de la putrefacción y el renacimiento de un pueblo que empieza a dejar de andar de rodillas, para ponerse en pie y apropiarse de su voz y de su capacidad de acción. 
Ese día nos dimos cuenta de que el toletazo era un costo bajo frente a lo que se está jugando. La sociedad no dio paso atrás y asumió lo que Dylan Thomas dijo alguna vez, “no entres dócilmente en esa buena noche…; enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz”. 

Y nos enfurecimos, y decidimos no ser dóciles. Y ante la eminente extinción de la luz en este rincón del mundo, los que no lo habían hecho, se unieron para encender una llama lucha, esperanza y solidaridad. Defendimos a los detenidos, reclamamos justicia y lo logramos. No permitimos que se nos fueran 11 más. Los que habían guardado silencio gritaron a los 31 y a los 17 que el Estado se llevó con Cocula, a los 300 de Allende y los miles que, estén desde donde estén, piden por que logremos que no nos falte uno más. 

No es poco lo que se ha logrado. Hemos desmontado el teatro de las falsedades, de las corruptelas, de la impunidad, de las alianzas perniciosas, del desfalco al pueblo, de la ineptitud, de la impunidad y de la complicidad del silencio y la apatía en la que hemos estado inmersos. 

No son menores nuestros pasos. Cada quien, desde su trinchera, ha logrado el gran mérito de despertar la conciencia y agitar el corazón. Los artistas tomaron Bellas Artes para hacer de ella el escenario del quehacer artístico consciente y comprometido; se cumplió a la letra la consigna de “arte y cultura contra la dictadura”. Hicieron imposible ser invisibles. La energía y el amor que emanaba de cada cruda pincelada, de cada danza desgarrada y de cada pieza intervenida con la rabia que mueve al corazón, lograron penetrar a los transeúntes que atestiguaban y que poco a poco se convertían en actores de la construcción de un México vivo. Los corredores hicieron kilómetros por los 43 y recorrieron el mismo camino que las marchas para dejar en cada gota de sudor un testigo de que nos movemos fuerte y claro. Cientos de niños en sus escuelas se han manifestado, han opinado, han cuestionado y han exigido un mejor lugar para crecer. Profesores se han organizado en jornadas de discusión y análisis. Los obreros se han hecho escuchar en sus centros de trabajo. Los intelectuales reaccionaron para dejar la comodidad del escritorio y la seguridad de la postura orgánica, para cumplir con su más alto compromiso: pensar la realidad y decirnos la verdad. Y así, miles de mexicanos en distintas formas, en diferentes espacios de la sociedad, han decidido informarse, inconformarse e incorporarse a un nuevo entender de nuestro deber en la construcción del México que deseamos. 

Ni la casa, ni el show business, ni el miedo infundido han acallado a la conciencia, al arte, a las voces, a los pensamientos y a la irrefrenable necesidad de hacer algo. Gracias a las claras sabiendas de lo que viene y a la burda representación de lo obvio, cada día se suman más a esta inercia imperativa que busca crear frente a la destrucción. 

El camino, como se ha recorrido en los últimos días, es la creación, la educación, la participación, la indignación, la información y la solidaridad. Hoy es clara la certeza de que no hay más camino que la paz y la lucha desde la conciencia. 

Sí que hay violentos, sí hay infiltrados, sí hay corruptos, sí hay coludidos; pero somos más los que creamos en lugar de destruir. Sin duda, somos infinitamente más los que amamos, que los que odiamos; somos una marabunta hambrienta los que creemos en que tras el otoño viene el renacer y que para ello, debemos trabajar; somos la mayoría los que estamos ciertos de que cada paso vale y trasciende y estamos dispuestos a darlos. 

Ahora viene un proceso intenso y de resistencia, en donde deberemos se más proactivos y propositivos. Llevamos ya 6 marchas, que sin duda alguna cada vez han convocado a más gente y han conseguido el respaldo de la opinión pública internacional. Pero la marcha ya no será suficiente. 

La historia requiere más que discursos y valerosas acciones públicas de oposición. La sociedad, su movimiento, su propio crecimiento merece un paso más adelante. La apuesta deberá apuntar a la trascendencia y esa se alcanza con la huella de la acción transformadora y revolucionaria. La revolución que no destruye, sino la que construye y que por ello pasa de generación en generación; la revolución que edifica democracias sustantivas cargadas de sentido y valores; la revolución que no se agota con la simple rotación de las élites en el poder. La re–evolución de los #43 deberá construirse desde la reconstrucción del sentido humano, ese que es incluyente, justo, universal, digno y fraterno. 

Hoy, más que nunca antes, debemos plantearnos la educación revolucionaria que Freire enarbolaba como el mecanismo único de salvación verdadera y pase infalible a la libertad. Hoy nos corresponde salir a las calles a informar, a compartir, a luchar contra el monopolio de la desinformación e ignorancia de las televisoras. 

¿Por qué no plantear jornadas educativas en nuestras colonias, entre los menos que menos saben de lo que ocurre (cualquiera que sean ellos), entre los que tienen menos herramientas para decidir y defender sus derechos? ¿Por qué no pensar en un plan de acción que contemple la educación en derechos y obligaciones cívicas? ¿Por qué no construir desde el amor un diálogo que nos alimente a todos y nos ayude a definir el camino que queremos transitar, así como el nuevo pacto social? Tomemos las calles ahora para discutir, para reflexionar, para analizar. Hagamos de los mercados las nuevas ágoras, de las plazas públicas espacios de catarsis y de creación, de los parques lugares donde aprendamos a proponer. ¡Hagamos, hagamos, hagamos! 

¿Cómo hacer para expandir la conciencia, más allá del discurso? Las manifestaciones pronto empezarán a diluir su impacto. Hoy necesitamos contar con un nuevo proyecto de nación construido desde las más puras aspiraciones democráticas y edificado desde abajo para lograr que su estructura sea sólida y pueda brindar las respuestas que hoy buscamos. 

En este momento, la creatividad debe ser prioritaria: ¿Qué pasaría si hiciéramos una sentada monumental como la del 15M de hace pocos años en Madrid?, ¿O nos instaláramos afuera de las casas y oficinas de nuestros “políticos”?, ¿Qué sucedería si un día todos nos atreviéramos a no ir al trabajo?, ¿Qué generaría que una mañana todos detuviéramos nuestros autos durante algunos minutos y saliéramos de ellos para pasar lista a los 25 mil desparecidos?, ¿Y si no declaramos impuestos hasta que las fosas anónimas tengan nombre y cada uno de los delincuentes que tenemos por gobernantes estén en la cárcel?, ¿Sería muy grave leer las leyes y exigir su cumplimiento?, ¿Estaríamos dispuestos a actuar cívicamente de manera cotidiana como mecanismo de protesta activa? Quién sabe... La creatividad siempre en el sendero de la paz, que es la única manera que tenemos para legitimar nuestro actuar, debe ser la que nos guíe y sea el motor que impida que nos cansemos y ellos se sientan cómodos. 

Trascender implica hacer. ¿Hasta dónde queremos llegar? ¿Estamos dispuestos a que esto quede en el anecdotario de las trabas que ha sufrido el poder o seremos recordados por ser aquellos que iniciamos el nuevo sendero por que transitaran nuestros hijos? Hoy ya es momento de pensar más allá y accionar más acá.

En fin, no perdemos la esperanza y mientras hayan sonrisas como las que se expresan en los actos ciudadanos que estamos atestiguando, en la medida que hayan niños que con fe acompañan a sus padres, en tanto no le demos camino abierto al miedo, como siga el arte haciendo conciencia, siempre que sigamos creando y en tanto haya aliento, a México le viene la Revolución de los #43; esa que se hace desde la paz, el amor, la conciencia, la solidaridad y la sabiduría. Mientras tengamos eso, tenemos futuro. 
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