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9 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cinco.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Teniendo siempre como contexto y telón de fondo la lucha de clases, cuyo episodio conocido como “Revolución Mexicana” fue ganado por algunas de las fuerzas de la burguesía, clase que inició la guerra civil (lo que de suyo significa que no hubo una revolución en sentido estricto, pues, las estructuras de poder quedaron prácticamente intocadas), el llamado grupo sonorense, en particular Obregón y Calles, primero, y después solo éste último (ya vimos lo que pasó con De la Huerta y luego a Obregón), fue consolidando poco a poco el papel de las escuelas normales rurales en tanto espacios de transformación social en el campo mexicano.

Tras el anuncio de su “derrota” ante Pascual Ortiz Rubio a manos de la maquinaría de fraude que el PNR fue afinando con el paso de los años en su conversión, primero, al PRM y después al PRI, Vasconcelos proclamó su Plan de Guaymas llamando sin éxito a un levantamiento armado. Con fecha del 1 de diciembre de 1929, el Plan de Guaymas afirmaba que Vasconcelos era el presidente electo y, por lo mismo, desconocía a los poderes federales, estatales y municipales (¿se acuerdan de aquella frase: “Al diablo con sus instituciones”?) que “burlan el voto público desde hace treinta años”; para concluir que dejaba el país, pero que regresaría a tomar las riendas del poder tan pronto como hubiera un grupo de hombres armados en condiciones de tomar a la fuerza lo que a la fuerza le habían arrebatado. Sin embargo, los vasconcelistas, miembros de la clase media urbana, muy en la sintonía de su líder, nunca organizaron rebelión alguna y aceptaron silenciosamente la imposición callista iniciándose así la consolidación del Partido Nacional Revolucionario como partido único. Vasconcelos, mientras tanto, se había autoexiliado en París y fue acentuando su vertiente protofascista que ya había asomado la nariz en su libro La raza cósmica, donde expone sus ideas sobre la superioridad racial del mestizo mexicano.

A lo largo de todo el Maximato, comprendido en el marco de las títeres administraciones de Portes Gil, Ortiz Rubio y (un poco menos) Abelardo L. Rodríguez, las llamadas “Misiones Culturales”, como señala Maider Elortegui Uriarte en su ensayo Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa, fueron ampliamente reconocidas por la Secretaría de Educación Pública a cargo de Rafael Ramírez, cuyo aporte estuvo centrado en la actividad agrícola con producción técnica, pues, consideraba una tarea primordial la recuperación de tierras y la apropiación productiva a partir de una escuela socializante forjada desde la comunidad. En este período, abunda Elortegui, la escuela debía construir un puente de reconocimiento y descubrimiento, así como concientizar, desde una visión proletaria, sobre los abusos cometidos por una estructura de poder regida por la Iglesia y los terratenientes.

No obstante, la escasez de recursos, si bien estimulaba la creatividad de maestros, estudiantes y campesinos, como lo señala Elortegui, significó una enseñanza centrada en cuestiones vitales, prácticas y experimentales que, citando a Alicia Civera, dio paso al rechazo de un conocimiento teórico que se contraponía a una enseñanza donde eran más importantes la observación y la experimentación, la cooperación y el compromiso con los demás. Así, sigue Elortegui, la formación de los futuros maestros rurales, vinculada al trabajo de la tierra, fomentaba conductas de responsabilidad, cooperación, solidaridad, compromiso, esfuerzo y trabajo colectivo en el que el internado y el cooperativismo tuvieron una gran influencia para organizar las funciones educativas, generando un sentido de pertenencia palpable entre estudiantes, maestros y campesinos.

Con el arribo a la Silla del Águila por Lázaro Cárdenas, el mismo que se subió al tren de la “Revolución Mexicana” bajo las órdenes del general zapatista Guillermo García Aragón y, más tarde, ya carrancista, se sumaría a las fuerzas del general Lucio Blanco (uno de los primeros generales en firmar el Plan de Guadalupe a favor de Carranza, pero que, a diferencia de Obregón, en la Convención de Aguascalientes se opondría al “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista” en obediencia al mandato convencionista), desde cuyas filas combatiría al zapatismo; con el arribo de Cárdenas a la presidencia de la República, decíamos, las escuelas normales rurales vivirían una de sus etapas más históricas y determinantes.

Si en entregas anteriores trazamos una línea que siguiera los pasos a José Vasconcelos, en tanto fundador del normalismo rural como una de las titánicas tareas educativas que emprendió desde el gobierno de Álvaro de Obregón; bien vale la pena detenernos un poco en este personaje también harto interesante que es Cárdenas, porque será durante su gobierno que los postulados socialistas adquirirán carta de naturalización en el normalismo rural.

Seguirle los pasos a Lázaro Cárdenas en su periplo, digamos, “revolucionario”, es acompañar a un joven tipógrafo que a los 16 años trabaja en la imprenta “La Económica” de un tal Graciano Carreón, cuyas ideas liberales influyen en la formación política del joven Cárdenas. Al estallar la revolución, don Graciano vendió la imprenta a sus trabajadores y se unió a los rebeldes; más tarde, el joven Cárdenas iría tras su estela luego de ser denunciado por haber impreso un manifiesto insurgente, lo que lo obliga a sumarse a las fuerzas de Guillermo García Aragón apostadas en Michoacán.

En su ensayo Zapata y Cárdenas: notas sobre una relación a destiempo, Ricardo Pérez Montfort dice que García Aragón contaba con cerca de 700 hombres que puso al servicio de Venustiano Carranza en diversas regiones de Guerrero y Michoacán, al poco tiempo que el de Cuatro Ciénegas promulgara su Plan de Guadalupe. Como es de suponerse, Zapata se distanció de García Aragón e, inclusive, lo mandaría fusilar el 7 de diciembre de 1914: «Es inútil. Ya se lo echaron –le dijo Villa al general Vito Alessio Robles cuando éste se comunicó con él para expresarle la urgencia de liberar a García Aragón, capturado por zapatistas que lo llevaron al cuartel de San Lázaro– Era de las fuerzas del General Zapata y con todos sus soldados se pasó a servir a Victoriano Huerta. Cuando la revolución estaba por triunfar, se pasó de nuevo a las fuerzas revolucionarias (quizás Villa se refiere a cuando se pasó al bando de Carranza). Es la muerte que merecen todos los traidores» –sentenció “El Centauro del Norte”.

Se sabe que Cárdenas no se pasó al bando huertista con García Aragón, sino que formó filas en la columna de Martín Castrejón cuando Joaquín Amaro atacó Tacámbaro y Pátzcuaro, y avanzó sobre Uruapan; que después, estuvo bajo las órdenes de Lucio Blanco, siendo testigo de los Tratados de Teoloyucan que signarían la derrota de Victoriano Huerta; que luego se incorporaría a las fuerzas de José María Maytorena en Sonora, pero que al darse cuenta de que éste se había unido a Villa, se marchó a Agua Prieta a integrarse a las tropas de Plutarco Elías Calles, con quien entabló una amistad que duraría hasta su ascenso como presidente de México.

Zapatista, primero, pero carrancista y en particular callista, después, Cárdenas combatió contra las fuerzas de Zapata y de Villa en nombre del Ejército Constitucionalista, y, bajo el mando de Calles, quien le dio el mote de «Chamaco», actuó también contra los yaquis sublevados contra Carranza. El “Primer Jefe” le encargó pacificar la huasteca veracruzana en la que “guardias blancas” al servicio de compañías petroleras asolaban la región, ello le ganó en 1918 el grado de coronel. Un año más tarde, a decir de Pérez Montfort, escribiría en su diario: «Hoy fue muerto a traición el general Emiliano Zapata en Chinameca, Morelos, por el coronel Jesús Guajardo, de la división del general Pablo González.»

En 1920, a diferencia de su otrora jefe militar Martín Castrejón, quien se enfrentara al Plan de Agua Prieta y terminara siendo capturado y fusilado en Pátzcuaro, Michoacán, por órdenes de Obregón, el coronel Lázaro Cárdenas se adhirió al grupo sonorense para combatir a Carranza; fue quien, tras el asesinato del “Primer Jefe” a manos de Rodolfo Herrero, se encargó de detenerlo y llevarlo preso a la Ciudad de México (dato curioso: existe una orden escrita firmada por el mismo Cárdenas dirigida a Herrero, de atacar la comitiva de Carranza y asesinarlo). Al asumir la presidencia, Adolfo De la Huerta lo ascendería a general brigadier y recibiría, más tarde, el gobierno interino de Michoacán por mandato del para entonces ya presidente Pascual Ortiz Rubio; gobierno que dejaría en manos del general Francisco J. Múgica.

Durante le rebelión delahuertista, Cárdenas sería herido y hecho prisionero por los generales Rafael Buelna y Enrique Estrada, quienes al ver la gravedad de su heridas lo enviaron a Guadalajara para ser atendido y después liberado; él haría lo mismo después, al dejar escapar al general Francisco J. Múgica, cuyo fusilamiento le había ordenado Obregón. De ese calibre estaban las pugnas entre las fuerzas de la burguesía.

En 1924, año en que asumiría la presidencia de la República su maestro y padrino Plutarco Elías Calles, Cárdenas obtendría el grado de general de brigada. Cuatro años más tarde, alcanzaría el grado de general de división y sería postulado como aspirante único a la gubernatura de Michoacán para ejercer el gobierno, con algunos períodos de licencias para desempeñar temporalmente otros cargos, de 1928 a 1932. Ése año: 1932, a varios kilómetros de allí: en Barcelona, nacería Maruxa, la única hija que tuvieron Maria Soteras i Maurí y Antoni Vilalta i Vidal.
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