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11 de octubre de 2012

Notas sobre la tragedia de Calderón y el MPJD (un año y medio después).


El líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Javier Sicilia. Foto: Germán Canseco.
El líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Javier Sicilia.
Foto: Germán Canseco.
Por Javier Sicilia.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Los griegos, a los que por desgracia hemos olvidado, sabían que la fuente de toda tragedia es la desmesura, el querer ser como dioses. Quizás, en este sentido, el primer poema trágico habría que encontrarlo no en la pluma de Tespis o de Esquilo, sino en la Iliada (Siglo VIII a. de C.), un poema épico, es decir, un poema sobre la guerra, cuyo fondo, como lo mostró Simone Weil, es la desmesura de la fuerza. No la virtud de la fuerza, sino su corrupción en poder. Allí, la fuerza de la espada –un instrumento que desproporciona la fuerza humana y la corrompe– se convierte “en la fuerza que somete a los hombres, la fuerza frente a la cual la carne (…) se retracta”. Cegado por la fuerza de la que cree disponer, el ser humano, incluso el temible Aquiles, humilla, destruye y termina por sucumbir y curvarse ante ella convirtiéndose “en una cosa, en el sentido más literal del término. Allí había una persona, y un momento después”, sometida por esa fuerza, no queda nada; sólo un cadáver, un ser humano destrozado.
Ese poder tan desmesurado como destructor ha sido –aun cuando hoy en día hay una conciencia del derecho (lo que lo hace más terrible) y nuestras armas son más expansivas y letales, hasta el grado de poder borrar la memoria de los muertos– igual en la Roma imperial que en el mundo de los nazis; igual en la Israel antigua, retratada en la Biblia, que en el México y los Estados Unidos de hoy. A esos niveles de fuerza da lo mismo el poder de la espada que el de un AK-47.
Todo poder es fuerza corrompida, y toda guerra es su expresión más atroz: el rostro de la barbarie. La guerra de Troya, emprendida por uno de los pueblos más civilizados, fue terriblemente bárbara. No lo fue menos el horror desplegado por una Alemania que había dado a Goethe, a Beethoven y a Thomas Mann; no lo es menos tampoco la guerra contra el narcotráfico desatada por un Estados Unidos que ha dado a Thoreau, a Thomas Paine, a Whitman, a Emily Dickinson, a Luther King, y por un México que ha dado a Octavio Paz, a Carlos Fuentes, a Rulfo, al Doctor Nava, a Heberto Castillo, a Rosario Ibarra, a Concha Cabrera de Armida y al Subcomandante Marcos, por nombrar sólo a unos cuantos hombres y mujeres que hablan de nuestros altísimos grados de civilización. “Se es siempre bárbaro –decía Simone Weil– con los débiles”; se es siempre bárbaro cuando se posee una fuerza desmesurada. Nunca, en este sentido, han faltado, a lo largo de la historia humana, seres que, en medio de las civilizaciones más exquisitas, “ya sea por una estima exclusiva y aristocrática de la cultura intelectual; sea por la ambición, por una suerte de idolatría de la Historia y de un porvenir soñado; sea porque confunden la firmeza del alma con la insensibilidad o (…) porque carecen de imaginación, se acomodan perfectamente con (la desmesura y su) barbarie y la consideran como un detalle inferior o como un instrumento útil” (Weil).
Ese tipo de barbarie no nace, por lo tanto, de la barbarie misma –los excesos de los bárbaros son limitados–, sino de Estados y sociedades “extremadamente civilizados, pero (en alguna parte de sí mismos) bajamente civilizados (…) que pueden llevar a quienes amenazan y someten a esa descomposición moral que no solamente rompe cualquier esperanza de resistencia efectiva, sino que rompe de manera brutal (…) la continuidad en la vida espiritual (…)”, convirtiendo la vida humana en una constante tragedia.
Desde hace seis años, en México, Felipe Calderón desató una tragedia tan espantosa como la que nos narra, en el sentido de la fuerza, la Iliada. Durante estos últimos años, las fuerzas ciegas del crimen y del Estado, que se mueven en el territorio de la ambición y de la administración de la vida humana y de sus territorios, no sólo han convertido en cosas y cifras a miles de seres humanos, sino que en medio del espanto, de la amenaza y del sometimiento rompieron cualquier esperanza de resistencia, de justicia y de paz, produciendo una parálisis moral de la sociedad. Bajo el pretexto de controlar una sustancia que se decidió absurdamente criminalizar, la droga, miles de muertos, de desaparecidos, de desmembrados, de descabezados, de violadas; miles de viudas, de huérfanos, de desplazados en estado de vulnerabilidad e indefensión. Es decir, miles de seres humanos reducidos a cosas por otros seres humanos –poseídos éstos por la desmesura de la fuerza que les da el poder de un arma y el sueño del dominio total, y que creen poseer la omnipotencia de los dioses– se aglomeran aún en los Ministerios Públicos, en fosas clandestinas, en casas de seguridad, en suelos ajenos a su patria o han sido sometidos a la esclavitud o a la corrupción moral.
Bajo ese imperio de la fuerza del poder, que no ha cesado de aparecer con la fría dureza del desprecio y sus funestos efectos; bajo esa tragedia donde el pensamiento de la justicia, de la dignidad y de la paz aparecía de fondo sin jamás intervenir, como en la Iliada, un acontecimiento, uno más de los tantos que durante estos años hemos padecido –el asesinato, el 27 de marzo de 2011, de un muchacho bueno y noble, Juan Francisco Sicilia y de sus cinco amigos, y un grito de indignación: “¡Estamos hasta la madre!”–, logró convocar y poner en movimiento la civilidad y la reserva moral del país, paralizada por la tragedia. Repentinamente, la compasión se hizo presente y de ella comenzaron a surgir los rostros y los nombres de los negados, de los desamparados, de quienes habíamos sido reducidos a cosas.
En actos tan desmesurados, en el sentido opuesto al de la fuerza del poder –marchas, caravanas, encuentros, diálogos–, esa reserva moral del país, que se puso por nombre Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) ha hecho brotar, a lo largo de año y medio, el amor del consuelo, y no el espíritu de venganza, sino de justicia y de paz. Esa realidad, como sucede también en la Iliada o en cualquier tragedia (véase en este sentido la terrible y hermosa novela Vida y destino, de Vasili Grossman), es casi intangible bajo el peso de la crueldad, pero ha bastado para hacer sentir con una extrema nostalgia lo que la violencia destruye; ha bastado también para poner de nuevo en el centro de la tragedia desatada por Calderón la necesidad de la mesura que está hecha de seres humanos de carne y hueso, y del mundo precario y conmovedor de la paz, de la familia y la amistad, de ese mundo pobre y limitado en donde cada ser humano es para los otros que lo rodean lo más hermoso y preciado.
Aunque la guerra, la desmesura de la fuerza, termina por borrar cualquier noción de objetivo, incluso la idea de los objetivos de la guerra, e instala, bajo la ebriedad del poder, la atroz desgracia, el hecho de que las víctimas se muestren y digan con su boca de carne, con su dolor particular, la tragedia de sus vidas y lo que con ellas se ha perdido de vida real y verdadera; el hecho de que le recuerden a una sociedad el sentido de la vida, permite que la dignidad y la condición misma de la justicia y del amor emerjan en el centro de la barbarie. Ese simple hecho, que no resuelve la guerra ni conduce a la justicia, es ya en sí mismo un acto de justicia y de amor. Sin él, los seres humanos, bajo el peso de la tragedia, perderían la posibilidad de recuperar el sentido del prójimo. No es posible recuperar el amor y la justicia de una nación si olvidamos, bajo el terror de los poderes, el peso real de la desgracia.
Esto es lo que ha hecho el MPJD en un año y medio a partir de su surgimiento. No es nada frente a la desmesura de la guerra y lo que ella nos ha arrancado; y, sin embargo, lo es todo. Sin su andar, sin su visibilización del dolor, sin sus propuestas de justicia y de paz, tendríamos el alma mutilada. Frente a la imbecilidad de los que, poseídos por la fuerza, creen ser dioses y ser dueños de la injusticia; frente a su creencia de que la tarea de los individuos es el ejercicio del poder y el control y el uso de otras vidas, nosotros, desde el inicio de nuestro andar, elegimos la justicia para permanecer fieles a la tierra, a nuestros hijos mutilados y a la vida.
A lo largo de estos meses aciagos, de cara a la tragedia de Calderón, he confirmado que el mundo no tiene un sentido superior relacionado con el poder y la omnipotencia de los dioses. Esos sueños, que incluso han corrompido la verdad evangélica, terminan en la barbarie de la tragedia que hoy nos envuelve. Sé, sin embargo, como me lo enseñaron el Evangelio y Camus, que algo en el mundo tiene sentido: el ser humano y sus pequeños universos. Con ese sentido hemos caminado y luchado. En cada paso dado bajo el peso de la tragedia hemos guardado en nuestro corazón el recuerdo del hijo amado, de una madre feliz, de una sonrisa dichosa. Esa ha sido nuestra mejor arma. Un arma que no rebajaremos jamás, estemos donde estemos. El día que la perdamos estaremos tan mutilados como el alma de los que han hecho de la desmesura, del miedo, del conformismo o del odio, su vida. No lograremos que la paz y la justicia se establezcan pronto, pero, mientras llegan, habremos contribuido a ellas salvando a los seres humanos de la soledad y el dolor sin esperanza en el que los poderes del crimen, del Estado y de los capitales que los promueven han querido sumergirnos.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad, resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón y promulgar la Ley de Víctimas.

22 de junio de 2011

La esperanza organizada para enfrentar la militarización y la violencia.

por: José Martínez Cruz.


La Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad dio inicio en la ciudad de Cuernavaca el 4 de junio con la participación de unas 400 personas en 13 autobuses y 24 automóviles y recorrió 3 mil 400 kilómetros hasta llegar el 10 de junio a Ciudad Juárez, Chihuahua, en la frontera norte del país, luego de pasar por ciudades fuertemente atacadas por la violencia criminal e institucional como Morelia, Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas, Saltillo, Torreón, Monterrey y Chihuahua, donde se han contabilizado la mayoría de los 40 mil asesinatos y cerca de 10 mil desaparecidos producto de la guerra contra el pueblo que el gobierno de Felipe Calderón ha llevado a cabo con el pretexto del combate al narcotráfico y la delincuencia organizada.

El movimiento empezó a raíz del asesinato de siete jóvenes el 28 de marzo, entre los que se encontraba Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta y periodista Javier Sicilia, premio "Aguascalientes" de Poesía, lo que motivó la formación de una Red por la Paz con Justicia y Dignidad conformada inicialmente por 700 personas que firmaron un comunicado protestando por este asesinato múltiple, demandando justicia y esclarecimiento de cerca de mil 300 asesinatos que han ocurrido en Morelos durante los últimos seis años. Se inició con una ofrenda de flores y veladoras frente a la puerta del Palacio de Gobierno y se convocó a una primera marcha el 6 de abril que reunió a más de 25 mil personas en Cuernavaca, posteriormente una caminata de cerca de 100 kilómetros que culminó en el zócalo de la Ciudad de México el 8 de mayo donde participaron unas 200 mil personas y se propuso la firma de un Pacto Nacional contra la violencia que consta de seis puntos. Esta convocatoria la realizaron Javier Sicilia y diversos familiares de víctimas como Julián LeBarón, menonita de Chihuahua que sufrió el asesinato de familiares; Olga Reyes, hermana de la activista de derechos humanos Josefina Reyes asesinada al igual que otros cinco de sus familiares; padres y madres de niños y niñas que murieron en el incendio de la Guardería ABC en Sonora, y otros más que se han ido sumando. El lema usado por Javier Sicilia ha tenido un símil al de los zapatistas en 1994 y a diversos movimientos sociales y políticos en México que cuestionan fuertemente las políticas neoliberales y autoritarias de los gobiernos tanto priistas hasta el año 2000 como a los panistas hasta la fecha.

El objetivo fundamental de esta caravana ha sido hacer visibles los nombres y rostros de las víctimas que, en muchos casos, han aparecido sus cuerpos mutilados de manera anónima y, recientemente, en tumbas clandestina como en Durango y Tamaulipas donde han sido encontradas cerca de 400 asesinados o en Taxco donde fueron localizados 73 cuerpos y en otros lugares del país donde se asegura que cientos más han sido disueltos sus cuerpos en ácido para desaparecer rastros de estos crímenes atroces, como también los que han sido exhibidos en puentes y carreteras, colgados, quemados, desollados, desmembrados. Poner un alto a esta guerra contra el pueblo, acabar con la impunidad y corrupción que prevalece entre los cuerpos policiacos y militares, desnudar la vinculación de funcionarios gubernamentales con estas bandas criminales, son algunas de las demandas planteadas. Terminar con la doble victimización que se hace de aquellas personas a quienes se les trata de vincular con hechos delictivos y aplicarles una pena de muerte que constitucionalmente ha sido erradicada legalmente pero que en la práctica cotidiana es llevada a cabo lo mismo por bandas de criminales como por grupos para-militares como los "zetas" o ex-policías y policías en activo, así como crecientemente por militares y ex-militares.

La Caravana recorrió varios estados del norte del país, todos muy afectados por la violencia. La respuesta de la población ha ido en aumento. Durante varios años prevaleció el miedo generado por estas prácticas terroristas de estado y de la complicidad y protección a los criminales, lo que desmiente al gobierno que asegura combatir el narcotráfico cuando ha aumentado tanto el consumo de drogas como la cantidad de dinero que circula producto de este negocio ilícito pero sumamente lucrativo para unos cuantos. Las voces de las víctimas han cobrado cada día más fuerza y se expresa un sentimiento de solidaridad que solo se manifestaba de manera aislada, local o regionalmente. Ahora son miles de denuncias que se escuchan de personas que han sufrido en silencio el dolor de haber perdido a un familiar. Las plazas y carreteras han sido escenarios de denuncia de estos atropellos. Los medios masivos de comunicación han dado cuenta de estas denuncias que anteriormente sólo en pocos periódicos o revistas encontraban eco para su conocimiento público. En el trascurso de la Caravana participaron 140 periodistas nacionales e internacionales, que han documentado ampliamente estos terribles casos de violencia y ataques a los derechos humanos.

Los mítines en las ciudades si bien no fueron decenas de miles si han congregado a muchas personas que se han movilizado hasta altas horas de la noche en lugares donde habitualmente cierran sus puertas a las 6 de la tarde, lo que indica el grado de simpatía y esperanza que ha suscitado esta Caravana. En las ciudades del norte del país el tejido social ha sido severamente dañado por esta violencia y esto se ve reflejado por ejemplo en la existencia de cerca de 10 mil huérfanos tan solo en Ciudad Juárez, donde han emigrado unas 250 mil personas a la vecina ciudad de El Paso, en los Estados Unidos, y se encuentran abandonadas 70 mil viviendas y han cerrado sus puertas cientos de maquiladoras con el consecuente despido de miles de trabajadores. En Ciudad Juárez, antes de la militarización, habían sido denunciados cerca de 300 feminicidios y actualmente se ha elevado a más de 13 mil las muertes violentas de hombres y mujeres en esta región, lo que muestra la gravedad de la situación. Por ello, la convocatoria ha sido respondida de manera impresionante, no por su masividad, sino por la intensidad de las denuncias y el espíritu solidario y fraterno en estas circunstancias.

Los temas en debate en el seno de un movimiento ciudadano amplio y pluriclasista son varios: las causas de la violencia, la valoración del papel de las fuerzas armadas, la articulación de las demandas de los diferentes sectores, el tipo de diálogo a realizarse con las autoridades, las propuestas de solución desde la experiencia de organizaciones y víctimas que no tienen una mayor participación política que la que se desprende de su necesidad de obtener justicia. El movimiento está en construcción y en este proceso se dan diferencias y reacomodos de las fuerzas. Es verdad que la inorganicidad del movimiento da una sensación de espontaneidad en las acciones y facilita que un reducido número de personas ligadas directamente al poeta Javier Sicilia tomen acuerdos que no siempre son socializados ni sometidos a aprobación por parte de todas las personas que forman parte de estas redes formales e informales del movimiento. Hay una tensión permanente entre las opiniones vertidas por las personas más reconocidas cuando se aventuran posiciones individuales como si fueran de todo el movimiento y la necesidad práctica de resolver democráticamente el involucramiento de un número creciente de personas y organizaciones.

El contenido de los seis puntos de la declaración leída en el zócalo de la Ciudad de México, suscitó opiniones encontradas sobre la propuesta de apoyar la iniciativa de ley de Seguridad Nacional o de rechazarla por su legalización de la militarización del país, o la Ley de reforma política por la reelección de legisladores y presidentes municipales, por ejemplo. El tema del diálogo con el gobierno también atraviesa al movimiento debido a las experiencias negativas que se han tenido previamente, como la de Ciudad Juárez, donde el gobierno se sentó a dialogar únicamente con el objetivo de imponer y reforzar su estrategia militarista que ha sido un fracaso. Durante estos meses se ha dado un debate sobre estos temas que culminaron en Ciudad Juárez, precisamente cuando el esfuerzo realizado para consensar acuerdos entre cientos de activistas y víctimas de más de 250 organizaciones en nueve mesas de trabajo, concluyeron en un documento que fue firmado como un Pacto por la Paz con Justicia y Dignidad, en un ejercicio de análisis y elaboración de propuestas muy amplio, que sin embargo, fue severamente cuestionado por Javier Sicilia y Emilio Alvarez Icaza, ex-presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, en donde ponen en duda los acuerdos alcanzados y deslegitiman el proceso de toma de acuerdos en materia tan relevante como la exigencia de desmilitarización del país y de señalar claramente la responsabilidad del gobierno de Calderón en esta guerra que no consultó al pueblo y que nos hace pagar con elevadas cuotas de sangre.

El tema del diálogo con el gobierno tiene diversas facetas, ya que implica desde reuniones con funcionarios del sistema de procuración de justicia para atender los casos de las víctimas, que nadie cuestiona que se lleven a cabo, hasta reuniones con el poder legislativo que seguramente se realizará en los próximos días o a la que invitaron los gobernadores, algunos de los cuales han sido señalados como cómplices de la delincuencia y se ha pedido juicio político; pero el tema principal a debate ha sido el del diálogo con el ejecutivo federal, Felipe Calderón, quien es el responsable principal de esta violencia. El asunto se ha centrado en los tiempos para el retiro del ejército de las calles, cuando en verdad el meollo central es oponerse a la lógica de militarización y estado policiaco que representa la actual estrategia gubernamental, misma que representa severos daños a las garantías constitucionales y derechos humanos de la población. Este debate es necesario y no es un asunto menor. Ello no significa necesariamente una ruptura en el movimiento. Pero, en la medida en que este crece, se hace necesario fortalecer los mecanismos democráticos de toma de decisiones.

El gobierno federal mantiene una política de cerrazón y autoritarismo para mantener su actual estrategia militarista. No ha dado marcha atrás y, a pesar de los justos reclamos de las víctimas, considera que su política es correcta y plantea una visión de largo plazo donde aumentaría de 30 mil a 50 mil policías federales, crearía una policía única con mando centralizado tipo militar que incluiría a los 310 mil policías municipales y estatales y mantendría la fuerza del Ejército y la Marina desplegada hasta erradicar la corrupción policiaca, lo cual implicaría un lapso de siete años más y un nivel de violencia que rondaría los 100 mil muertos. A la vez, ha abierto canales de comunicación con el equipo de Javier Sicilia para llegar a un diálogo con las víctimas, con el objetivo de legitimar su estrategia de mantener los militares en las calles. Actualmente trata de incidir en las diferencias en el movimiento para aislar lo que califica de "radicales izquierdistas" para adjudicar su cerrazón a las propias víctimas. El terreno pantanoso de un diálogo sin objetivos concretos ha sido cuestionado porque es el gobierno quien ha incumplido todos los acuerdos previos que vayan en contra de su política. Lo único que el gobierno ha aceptado de las marchas de blanco precedentes, sobre todo las encabezadas por empresarios y sectores de derecha, ha sido dedicar más presupuesto para policías y militares; pero no ha aceptado erradicar las causas económicas, sociales y políticas de la violencia con políticas públicas distintas. El problema pues no es el diálogo en sí mismo, hay que recordar que días después del asesinato de su hijo fue recibido el poeta Javier Sicilia por el propio Calderón en la residencia oficial de Los Pinos y, por testimonio del mismo Javier, encontró a un presidente obcecado en mantener su estrategia, sino los objetivos políticos a alcanzar. Sólo la movilización social es la que podrá generar los cambios que se requieren y el diálogo sigue siendo una herramienta que puede o no servir a los objetivos de las víctimas o del gobierno, dependiendo de la claridad de las demandas y es ahí donde el tema de la desmilitarización aparece claramente en el centro del debate.

El movimiento aún tiene mucho futuro por delante. Es una previsión que se puede constatar al ver su rápido crecimiento y amplitud de respuesta a las convocatorias. Así se verá en la próxima caravana rumbo al sur del país y en lo inmediato la caravana de solidaridad con la lucha del pueblo de Cherán, en Michoacán, que resiste autoorganizadamente con formas comunitarias para enfrentar los talamontes y bandas criminales, donde aparece nuevamente el tema de los militares que no han impedido que sigan matando a campesinos de la localidad. Hacia las elecciones de 2012 aún es incierto el papel que este movimiento puede desempeñar. Hay quienes plantean desde candidaturas ciudadanas, revocación de mandato y democracia participativa hasta quienes insisten en el voto en blanco y hasta el boicot electoral. Su nivel de incidencia social y político es creciente, pero aún no es claro si se mantendrá en una perspectiva similar a la de la otra campaña convocada por el EZLN o tendrá un mayor acercamiento con el Morena de López Obrador, sobre todo por la coincidencia en algunos planteamientos, no desde el punto de vista orgánico. Por el momento, los acuerdos alcanzados en Ciudad Juárez implican mantenerse al margen de partidos políticos, en un movimiento ciudadano amplio y plural, que ya ha generado amplias simpatías en el terreno social; pero de ahí a cristalizar un movimiento político que incida electoralmente hay todavía una distancia significativa no sólo por el tiempo, sino por los retos que este movimiento logre superar, en primer lugar, las secuelas del debate abierto precisamente al momento de la firma del Pacto en Ciudad Juárez. El futuro está abierto para avanzar en una perspectiva de esperanza organizada, donde las alternativas y métodos pacíficos norman las acciones de lucha, pero están fuertemente condicionadas al enfrentarse a un terreno minado por las tendencias autoritarias y militaristas del régimen.

Imagen tomada de: Crónicadesociales.org

19 de junio de 2011

CARTAS A ADIS :: Limosna para la lámpara del aceite.

A los «hatajos de mastuerzos»
que este día mercantil del padre
tomarán las calles
para decir que tienen mucha madre.


Estoy sentado frente a la maquina que mi mamonería, y yo con ella, insiste en llamar ordenador, en lugar de computadora. Esto de llamar a las cosas, a ciertas cosas, por un nombre y no por otro, parece no preocuparle a mucha gente. Aunque don Antonio Alatorre, sabio como él era, no pudiera acostumbrarse a llamarles “carros” a los coches, justo por la cercanía anglófona del primer sustantivo cuando en español existe el segundo, para la mayoría de nosotros la distinción fonética, ligada a su raíz etimológica, importa menos que aquello que queremos decir. Es como Andrés, el mozo que pide limosna para la lámpara del aceite en La guarda cuidadosa: «Ya todos entienden –le dice al soldado que protagoniza el entremés cervantino– que pido para aceite de la lámpara y no para la lámpara del aceite», o séase, como dijeran los clásicos: que no sea mamón… como yo, cuando me siento frente al ordenador.

Seguro te estarás preguntando a qué viene todo esto. Y, bueno, pues a eso de llamarles a las cosas, a ciertas cosas, por uno y no por otro nombre. Ahí tienes, por ejemplo, el texto que Cencos ha difundido en un boletín de prensa como «documento preliminar» del Pacto por la Paz con Justicia y Dignidad y que la Red por la Paz con Justicia ha publicado en su sitio güeb bajo el mismo nombre: según algunas y algunos compas, a quienes ya se les tilda de “duros” en la lógica de clasificar las posturas políticas en categorías lácteas de ultra o light, ése texto contiene los acuerdos del pacto ciudadano que, a decir de Javier Sicilia el 8 de mayo, “firmaríamos” en Ciudad Juárez; pero, para el mismo Sicilia, ese documento, al que él llama la Declaración de Juárez, es una mera relatoría de lo que se discutió en las mesas de trabajo y «decir que eso es un pacto, es simplemente ridículo».

He leído el texto de marras, hijo, y, en efecto, es una relatoría; pero la discusión no es sólo por dilucidar qué nombre le ponemos a ese documento, matarile-rile-rón; sino, si recoge acuerdos que los-abajo-firmantes están obligados a cumplir o no. Mira, he leído también la carta que Javier Sicilia les envía a las y los caravaneros del consuelo, desde «algún lugar del cielo de México», ésa en las que les dice que no chinguen y que no mamen con su sospechosismo a lo Creel, y coincido plenamente con él en que no puede llamársele más que “documento preliminar”, porque hace falta entrarle a la revisión de la redacción y, más importante aún, someter esos acuerdos a consulta con quienes, víctimas directas e indirectas o no, caminamos los pasos de este incipiente movimiento desde diferentes rincones del país.

Pero, aunque Javier Sicilia dice que no, que «nada se ha desdeñado, simplemente cada cosa ocupa un lugar y con ellas vamos tejiendo un mundo», no comparto su descalificación para con los acuerdos a los que se comprometieron quienes suscribieron dicho documento, el mismo Sicilia el primero; porque la pregunta central sigue estando en el aire: el texto-relatoría del 10 de junio, ¿contiene o no los acuerdos y compromisos que constituyen el Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad? Según el Diccionario de la RAE, pacto, del latín pactum, se refiere al concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado; ¿será por eso que Sicilia insiste en no llamarle pacto a un documento cuyos acuerdos parece que, como dice Octavio Rodríguez Araujo (La Jornada, 16/06/11), simplemente no le gustan?

Personalmente, hijo, creo que no. La radicalidad que se expresa en lo que ahora vamos llamando el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad es de un tipo muy otro a esa otra radicalidad que para “desatar” el nudo gordiano no sabe sino cortar la cuerda. Se trata de ir a la raíz del problema, de desvelar la dinámica que ha venido devastando el tejido social que nos sostiene… o que nos sostenía… y el problema, mi amor, es la violencia; el uso abusivo de la fuerza. ¿Recuerdas el taller de capacidades y competencias para la resolución noviolenta de conflictos con Francisco Nava? Paco nos decía, palabras más, palabras menos, que destruir lo puede hacer cualquiera, lo verdaderamente difícil está en construir; porque, construir algo precisa de nosotros mucha más fuerza que la que usamos para destruirlo. ¿Qué más radical que eso? ¿Qué más radical que resistir a la tentación de responder a la violencia con más violencia?

Jaime Luis Brito, a quien aprecio y admiro no sólo porque lo quiero como a un hermano, sino porque sabe decir lo justo con poco, escribe en su columna “Tiempos Modernos” (La Jornada Morelos, 13/06/2011) que la Declaración de Juárez es un segundo punto de partida del movimiento, un nuevo peldaño al que habrán de suceder más encuentros, reuniones, discusiones y, por supuesto, actores, porque la emergencia nacional que padecemos sigue siendo, lamentablemente, una realidad en el país; coincide así con Javier Sicilia en que el primer peldaño tiene como punto de partida el documento del 8 de mayo, la, digamos, Declaración de Tenochtitlan, y con ello, creo, ayuda a destrabar esta discusión… aunque, es verdad, ello no explica porqué Javier Sicilia nos llama, primero, a discutir un documento y, luego, habiéndose modificado, desconoce parte de su contenido a pesar de haberlo firmado.

Pero sí lo hace una segunda carta del mismo Sicilia que se ha difundido desde el 18 de junio en la página de “MX Hasta la madre” en Facebook; algunos de cuyos fragmentos te comparto por su importancia y claridad:
«Es verdad que en Juárez, a la luz de [los] 6 puntos, se pusieron al desnudo muchas otras demandas de orden social y político –los dolores de la nación son inmensos y los pendientes de los gobiernos para con ellos grandes--. Sin embargo, llevar al pacto ciudadano todas esas demandas no sólo implica dejar de lado lo que da el carácter moral al movimiento de la Caravana: el dolor de las víctimas, sino que es la mejor manera de darle armas a los gobiernos para que no cumplan nada. Si nos mantenemos unidos en los 6 puntos, no sólo podremos reivindicar a las víctimas y ejercer una presión sostenida para lograrlo, sino que también podremos llevar la caravana hacia el otro punto del país: el Sur. Lo contrario es entrar en la dispersión, perder el mínimo suelo –sin el cual las otras demandas legítimas que surgieron en Juárez y a las cuales se agregarán muchas más, serán sólo ilusión– y perder, en la fragmentación de las diferencias que se sobreponen a lo esencial de los acuerdos, la fuerza acumulada a lo largo de estos meses. La gratuidad, queridos hermanos, no [se] usa, no se engríe, no se ilusiona, no busca provechos de ningún tipo. Es simplemente, en su debilidad, una extraña fuerza que reivindica la vida, esa parte, como decía Albert Camus, que sólo sirve para existir y sin la cual lo humano pierde su dimensión más preciada –esa dimensión que el consuelo no ha dejado de mostrar–: la belleza de vivir en común; es también, al igual que la poesía, el más gratuito de los oficios, la inmortal fuerza de la pobreza. Si la perdemos en nombre de diferencias que pueden sobreponerse a lo esencial, habremos perdido lo más preciado, traicionado el dolor de las víctimas y nos habremos impedido transformar el corazón de los violentos.
«Vienen momentos muy difíciles: el diálogo con las diversas instancias de gobierno –un diálogo que a la luz de los 6 puntos debe ser tan exigente, como nuestra dignidad, y tan propositivo, como la justicia y la paz que las víctimas y la ciudadanía con ellas claman; y la Caravana hacia el Sur. Si no mantenemos vivo en el dolor transformado en amor, que es la unidad, si no somos capaces de vivir en esa pobre e inestable fuerza de su impotencia –porque el amor es hueco, apertura, acogimiento y don–, todo terminará tragado por la desmesura del poder y de los intereses más legítimos.
«A lo largo de estos días caminados a su lado no he dejado de pensar en esa profunda máxima de San Bernardo que deberíamos rumiar en estos tiempos difíciles y bajo la luz de esos dolores inmensos que hemos iluminado en el amor: ‹En lo esencial, unidad; en la diferencia, libertad; en todo, caridad›.»
Caminemos, pues, por los acuerdos de la Declaración de Tenochtitlan y trabajemos porque dichas demandas se cumplan como un primer peldaño; pero, entrémosle desde luego a la discusión en torno a la Declaración de Juárez, porque, de seguir teniendo por respuesta de los poderes republicanos y fácticos, incluyendo la panda de ladrones que habitan en las cuevas de los partidos políticos, las mismas ceguera y sordera de hasta ahora, aunque no muy le guste a nuestro entrañable Sicilia, lo firmado en Juárez bien puede ser la plataforma de lo que será el siguiente escalón de este movimiento: la desobediencia y resistencia civiles de quienes como él estamos hasta la madre y, u, o hasta el padre.

6 de junio de 2011

Pronunciamiento del Grupo de Articulación sobre la Allanamiento de Policías Federales al Centro de Derechos Humanos Paso del Norte

Ciudad Juárez, Chihuahua; a 6 de Junio del 2011.

Pronunciamiento del Grupo de Articulación sobre la Allanamiento de Policías Federales al Centro de Derechos Humanos Paso del Norte

Las organizaciones civiles que conformamos el Grupo de Articulación Justicia en Juárez denunciamos enérgicamente la irrupción –sin orden de cateo– de la Policía Federal a las instalaciones del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte que dirige el sacerdote Oscar Enríquez.

Este acto, ocurrido el día 5 de Junio y en el que participaron las patrullas con las matrículas 12427, 13972, 13943, 13748 y 1057, representa una agresión al trabajo que desde hace más de diez años realiza este Centro en favor de los derechos de los y las más pobres y desprotegidos de nuestra comunidad.

Dado que el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte participa en la organización del Pacto Nacional Ciudadano a firmarse en nuestra ciudad el 10 de Junio, consideramos este hecho como un acto de amedrentamiento a las organizaciones que apoyan y recibirán a la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad que acompaña al poeta Javier Sicilia.

Alertamos a las organizaciones nacionales que participan en la Caravana sobre este tipo de agresiones y actos de intimidación. Les exhortamos a pronunciarse públicamente y a denunciar este hecho en todas las redes e instancias nacionales e internacionales.

A los organismos de derechos humanos del país y del mundo les pedimos que demanden la activación de los protocolos existentes para la salvaguarda de los defensores y defensoras, y para la protección de las organizaciones de derechos humanos.

A la Relatoría de Defensores y Defensoras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le exhortamos a que se pronuncie sobre este hecho, activen las alertas necesarias, y que se mantengan atentos y den difusión a la información que vaya surgiendo.

Al Congreso de la Unión y del estado de Chihuahua, particularmente a las Comisiones de Seguridad, Justicia y de Derechos Humanos le demandamos que se pronuncien sobre estos hechos y desde su investidura exijan la activación de los mecanismos de protección necesarios para las y los defensores.

Exigimos a la Procuraduría General de la República una explicación detallada sobre este operativo, una investigación exhaustiva de estos hechos, y sanción a los funcionarios y efectivos de la policía que intervinieron en este lamentable incidente.

Así mismo, hacemos responsable al gobierno federal que encabeza Felipe Calderón Hinojosa de las agresiones y ataques que pudiera sufrir cualquiera de nuestras organizaciones y sus integrantes.

Advertimos al gobierno local, estatal y federal que denunciaremos cualquier acto de agresión en contra de las organizaciones que conforman nuestro Grupo de Articulación Justicia en Juárez y a quienes integran la Asamblea Juarense por la Paz con Justicia y Dignidad.

La Justicia es Primero. Nada en Juárez sin Justicia.

Por el Grupo de Articulación Justicia en Juárez:

CDHPN, Colectiva Arte, Comunidad y Equidad, Movimiento Pacto por la Cultura, Centro de Mujeres Tonantzín, Programa Compañeros, Redes Universitarias Ciudad Juárez, Plan Estratégico de Juárez, Organización Popular Independiente, Red Mesa de Mujeres, Casa Amiga, Centro de Derechos Humanos del Migrante, CCOSYDHAC, Comité Médico Ciudadano,
Organización el Camino, Comunidades Eclesiales de Base, Mujeres del Pacto, Consejo Ciudadano.

Verónica Corchado veronicacorchado@yahoo.com

Zulma Y. Méndez: Zulma.y.mendez@gmail.com

Cecilia Espinoza: pjo_juarez@hotmail.com

5 de junio de 2011

CARTAS A ADIS :: 5 de Junio, 2009. 14:45.

Publicado en La Jornada Morelos el 5 de junio de 2011.


El reloj y el calendario se detienen. Son las siete de la noche del 28 de mayo de 2011. Miro hacia atrás en el tiempo, hace dos meses la noticia del asesinato por asfixia de siete personas en Temixco, Morelos, comenzaba a prender la mecha de lo que hoy puede convertirse en un movimiento ciudadano que, como dijera Javier Sicilia, le restituya la dignidad a esta nación; entre las víctimas, lo sabes bien, estaba Juan Francisco, hijo del mismo Sicilia.

Esta vez no estamos, sin embargo, en la Mérida de Yucatán celebrando el Día Mundial del Teatro, como hacíamos la noche que le arrancaron la vida a Juanelo, Jesús, Gabo, Julio César, Luis Antonio y sus tíos María del Socorro y Álvaro; estamos en la ciudad de Hermosillo, en Sonora, donde está por cumplirse el segundo aniversario de una tragedia cuya magnitud por el número y las edades de las víctimas convirtieron al Pitic en la Belén mexicana del siglo 21 y al 5 de junio en el nuevo día nacional de los santos inocentes.

Las luces del patio de butacas del Auditorio Cívico del Estado se apagan para dar paso a un video que es, a la vez, espejo: la toma apunta justamente a nuestros asientos. Así comienza Cananeas, obra escrita y dirigida por Sergio Galindo con los actuales integrantes del histórico TATUAS que fundara Óscar Liera. Al término de la función, nos ponemos de pie para aplaudir a estas dos agrupaciones de cómicos: el TATUAS y la Compañía Teatral del Norte, quienes bajo el lema “Menos Balas, Más Teatro” nos hacen aplaudirles también a los trabajadores que 105 años atrás fueron reprimidos brutalmente y a los de las muchas Cananeas que a pesar de empresarios, políticos y líderes charros que los someten siguen en pie de lucha.

Después de la segunda función, el teatro que abrigará a cada uno de los montajes que participamos en la Muestra Nacional de Teatro “De península a península” queda vacío. A tan sólo unas cuadras de allí, en una de las tiendas de la cadena Oxxo que al cumplir la regla capitalista de desplazar a la tradicional y por ello “incompetente” tiendita de la esquina contribuye con el desgarramiento del tejido social que padecemos, una familia entera es acribillada.

El reloj y el calendario siguen sin moverse. Así pasa la noche entera hasta que el día comienza a clarear. Duermes, tus ojos entreabiertos miran correr una a una las imágenes que habitan tu sueño, mientras las sábanas aguantan la respiración en medio de la llave que les aplicas torciéndolas entre tus piernas. Me visto y salgo a la calle donde la poca gente que ya ha salido de sus casas habla las mil y una versiones de porqué fueron asesinadas las personas de la víspera.

Mi paso me lleva a la plaza Emiliana de Zubeldía y sus naranjos; en especial a un pequeño santuario de cruces enmarcadas en una suerte de corral, como una gran cuna. El grito de Roberto Zavala, papá de Santiago de Jesús, que diera título a la crónica de Diego Enrique Osorno: Nosotros somos los culpables, retumba en mi cabeza: «yo también», me digo… Me callo… No quiero que mi ruido interior rompa el silencio que los 49 angelitos de la Guardería ABC se merecen; no quiero que empañe la sentencia del juicio ciudadano que hoy mismo, dentro de unas horas, se dictará al Estado mexicano desde la Plaza de la Constitución de la ciudad de México, sede de los Poderes de la Unión.

El veredicto, por denegación de acceso a la justicia, establecer el criterio de que las niñas y los niños no son sujetos de derecho, omisión al legislar, falta de asignación presupuestaria y negligencia, es: culpable.

De su condena, por falta de más espacio destaco lo siguiente:

1) Modificar el esquema de subrogación de guarderías del IMSS, así como de cualquier otro modelo de cuidado infantil que sea contrario a la Constitución y los tratados internacionales firmados y ratificados por el Estado mexicano;

2) Desarrollar una política pública a todos los niveles de gobierno que tutele de manera específica los derechos de la primera infancia, niñez y adolescencia, bajo la estricta observancia de que infantes, niños, niñas y jóvenes son sujetos de derecho;

3) Finalizar los juicios para determinar la responsabilidad de los servidores públicos involucrados en las conductas señaladas, de manera que se amplíe la acción penal contra todos los presuntos responsables acorde con las denuncias presentadas;

4) Construir un memorial donde están las instalaciones de la Guardería ABC para honrar la memoria de los niños y las niñas víctimas, así como garantizar la protección y tratamiento de los 104 niños y niñas que están lesionados, atendiendo de manera integral la afectación al plan de vida de sus familias, generando las condiciones para la atención económica, médica, sicológica y de cualquier índole necesarias, y

5) Aprobar y publicar para su entrada en vigor la Ley General de Prestación de Servicios para la Atención, Cuidado y Desarrollo Integral Infantil.

Hoy, mientras te escribo estas notas torpemente pergeñadas, es 4 de junio; la Caravana Ciudadana por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezada por Javier Sicilia, comienza su marcha rumbo a Ciudad Juárez, «centro del dolor, la impunidad y la guerra» (Pietro Ameglio dixit).

El reloj y el calendario continúan, no obstante, suspendidos: sigue siendo 5 de junio de 2009 y dan las 14:45.

10 de junio: el largo camino mexicano hacia la paz.

Publicado en La Jornada Morelos el 2 de junio de 2011.

por Pietro Ameglio.

La caminata sigue, será larga pero tenemos la esperanza que llegará a un punto donde al “levantar la vista veremos una tierra llamada libertad”. Hace pocas semanas la caminata de cuatro días fue para visibilizar a los 40 mil muertos y a los más de 3 mil desaparecidos que existen en nuestro país a raíz de esta guerra atroz hecha en nuestro nombre sin nuestro más mínimo consenso. Ahora caminaremos para encontrarnos todas y todos, como sociedad civil, y comprometernos juntos en una serie de acciones por la paz con justicia y dignidad. Antes fuimos al centro de la historia y el poder de México, ahoravamos al centro del dolor, la impunidad y la guerra: Ciudad Juárez, con la esperanza que sea también el punto de despegue de una nueva lucha civil y pacífica que detenga !Ya! esta guerra.

Actualmente, en México, la sociedad civil se ha ido convirtiendo cada vez más en un actor central activo en el proceso de violencia social que la atraviesa y que le han instalado desde arriba. Dejó de ser un “daño colateral” o un actor pasivo –a veces hasta cómplice. Como sociedad, ya no queremos poner los muertos, pero tampoco queremos que haya más muertos de ningún bando. ¿En qué contexto se dan estas muertes? Entre muchas cosas, hay un enfrentamiento entre dos modelos sociales de seguridad muy diferentes que estas recientes movilizaciones masivas, a raíz de la convocatoria de Javier Sicilia, han “desnudado públicamente”: una “paz armada” o “paz con justicia y dignidad.”

En Juárez queremos, las organizaciones e individuos de la sociedad civil nacional junto a todas las representaciones internacionales que nos acompañen, firmar un Pacto Ciudadano, ya presentado en su texto base el 8 de mayo en el zócalo capitalino, y enriquecido con la aportación ciudadana en estas semanas previas al 10 de junio. La palabra pacto es ambigua, especialmente en nuestro país con tantas experiencias negativas al respecto, la última de la cuales justamente se rehace a Juárez con “Todos somos Juárez”, trágica profecía para la nación desde el poder. Este término tiene su origen en el latín “pax”, de donde viene “paz”, pero, en las teorías de la paz, corresponde a la llamada “pax romana”, la paz del statu quo -que todo siga igual-, del imperio que busca pacificar sus dominios a partir del derecho y el ejército. Esta es la ”pax britannica”, la ”pax porfirista”, la ”pax neoliberal”. En muchas teorías se define como una idea “negativa” de paz asociada al concepto de que “la paz es la ausencia de guerra”, se trata de la llamada ”paz armada”, que promueve el uso de la fuerza material bélica para evitar precisa y paradójicamente, la guerra.

Pero esta no es la concepción que hay detrás del Pacto Ciudadano que Javier Sicilia y el movimiento por la paz con justicia y dignidad está promoviendo para arrancar en Juárez, sino todo lo contrario. La propuesta central es precisamente detener esta ”paz armada” militarista y construir juntas y juntos otro tipo de paz: “con justicia y dignidad”. La paz debe tener siempre un apellido, sino se puede fácilmente convertir en un absoluto ilusorio y fundamentalista. Muchas tradiciones han apuntado que sin justicia (social y legal) y dignidad (en este caso empezando para las víctimas de la guerra) no puede existir la paz. A la vez, la forma y contenido de esta paz tienen un tiempo y espacio determinados: no es la misma construcción de paz en Juárez, en el DF, en Cuernavaca o en Afganistán.

Esta concepción de paz no es pasiva ni usa la violencia, sino que se basa en la idea gandhiana de “humanizar al adversario” (conociendo mejor el proceso constituyente de su identidad), la judeo-cristiana del shalom (no explotar al otro, reequilibrar las desigualdades económicas, sociales) y el principio humanista de “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a tí”. La famosa frase de Gandhi de ”no hay camino para la paz, la paz es el camino” nos lleva a otra idea central del mismo Mahatma sobre este tipo de paz que la sociedad civil mexicana lucha ahora por instalar en su territorio: “entre los medios y el fin hay una relación tan estrecha como entre un árbol y una semilla, de una semilla podrida no pude nacer un buen árbol…los medios ya son un fin en sí mismos”. O sea, el fin no justifica los medios, todo lo opuesto a la concepción básica de la ”paz armada”: para lograr esa paz puedo bombardear, matar, violar derechos humanos o militarizar el orden social.

En el proceso de construcción civil de la caminata del 5 al 8 de mayo, uno de los obstáculos epistémicos o culturales mayores fue la concepción de ”silencio” que Javier buscó imprimir a la marcha, buscando aclarar que éste se refería a una forma activa y radical de lucha ante tanto ”dolor indecible”. En esta nueva etapa el concepto que ha creado divergencias es el de “dialogar (con las autoridades)”. Se entiende bien este rechazo y desconfianza de muchos sectores sociales por las innumerables malas experiencias recientes e históricas al respecto en México, por eso se ha aclarado mucho, tomando en cuenta sobre todo las posturas de la gente comprometida de Juárez y Chihuahua, que el primer diálogo necesario es entre la ciudadanía y se formalizará el 10 de junio. Será una forma de fortalecernos –en la reflexión colectiva y la fuerza material de masas- para así ejercer mayor presión social por la paz con justicia y dignidad. Hacia las autoridades hay un mandato, una exigencia.

Pero es también evidente que la paz debemos construirla entre todos los sectores sociales, y esa ha sido una de las características históricamente originales de este movimiento hasta ahora –en la mayor parte gracias a Javier Sicilia y su identidad social-, donde al menos en el ¡Alto a la Guerra-Estamos hasta la madre! han coincidido desde la derecha hasta la izquierda, incluso en sus extremos. Un inicio de paz verdadero y real –indica un principio de realidad- no va a venir sólo de un lado, eso traería sólo una mayor polarización y espiral de violencia. Pero también es cierto que no puede haber diálogo, co-operación (como diría Piaget) si no es ”entre iguales…con un respeto mutuo”, algo que no existe actualmente en nuestro país entre la sociedad civil y las autoridades, por ello es claro que antes de dialogar debemos construir una fuerza social capaz de exigir a la autoridad de veras para buscar juntos otro modelo económico, de justicia, social y de paz para nuestro país.

Los ejes 1 y 2 del Pacto, por los que nace precisamente este movimiento, apuntan directamente al tema de la ”paz con justicia y dignidad”: solución inmediata (en un máximo de 3 meses) a 8 casos emblemáticos de brutal asesinato (la mitad de ellos masacres) e impunidad recientes en nuestro país como una forma concreta de avanzar ¡ya! en el terreno de la justicia. También, en el terreno de la dignidad, se propone en todos los rincones del país el rescate de la memoria, historia, rostros de los muertos y desaparecidos en forma pública y abierta.

El 2o. punto exige discutir públicamente, pudiendo incluso llegarse a un gran plebiscito o referéndum nacional, este modelo de la militarización y guerra al delito, que sólo ha aumentado las muertes, el dolor, la impunidad, la corrupción, la violación a cualquier derecho humano, la catástrofe económica y social en innumerables regiones, en suma, como sostiene Sicilia “la destrucción del tejido social de la nación”. La autoridad no puede decidir sola sobre la vida o muerte de sus ciudadanos, ese poder está en la población organizada y no se delega, por ello nos organizaremos en barrios, comunidades, colonias, lugares de trabajo o estudio, espacios culturales, para construir y demostrar públicamente (en un Encuentro Nacional) que ya existen otros modelos de seguridad ciudadana en nuestro país y en otros lados, que no ponen su prioridad en la violencia y las armas. En particular, en México, tendremos que preguntarle cómo lo han logrado a dos experiencias importantes como son las de la policía comunitaria de Guerrero y de las comunidades autónomas de Chiapas, dos territorios nacionales donde se puede afirmar que la droga y el delito no mandan.

A su vez, los otros cuatro ejes del Pacto, complementan a estos dos primeros, y son igual de importantes, pues apuntan a una reforma política nacional urgente, que será la base para evitar que avance legalmente este proceso de guerra e impunidad en todo sentido, y ya no haya más muertos que agregar a tanto dolor nacional. Con particular énfasis en detener la actual propuesta de Ley de Seguridad Nacional.

¿Qué significa entonces la caravana a Juárez del 4 al 10 de junio, por qué hay que tratar de ir los más posibles u organizar algo similar en nuestras comunidades en esa fecha tan simbólica y dolida para México desde el jueves de Corpus del 71, con la masacre de los halcones paramilitares? Es una etapa, una vuelta de tuerca, en esta nueva lucha de resistencia civil y pacífica, noviolenta, que una parte importante de la reserva moral mexicana ha decidido emprender en primera persona, no delegando su poder en otros sino asumiéndolo directamente como en las juntas de buen gobierno del sureste, con el objetivo central que es detener la espiral de la violencia bélica en México, para que no haya más muertos ni desaparecidos, que no haya más impunidad y sí justicia inmediata, a partir de que la paz se construye de abajo hacia arriba desde la sociedad civil activa y organizada.

Los más amplios sectores de la sociedad civil mexicana queremos empezar a hablar menos de la guerra y más de la paz y la justicia, pero en concreto y ¡ya!. En el terreno de la resistencia civil estamos en la frontera entre la co-operación y la no-cooperación, tocará a la reflexión y acción colectiva de todas y todos, incluidas las autoridades, decidir hacia dónde empujar la lucha, pero sin duda ésta va a seguir.

8 de mayo de 2011

La Marcha-Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad.

El día de hoy, 8 de mayo de 2011, desde distintos puntos del país miles de personas saldremos a las calles para ir en búsqueda de un México distinto al que nos ofrecen la crueldad desorbitante del crimen organizado y la igualmente criminal complicidad que con éste sostiene buena parte de la clase política y el sector empresarial que detentan el poder que de arriba viene, haciendo de la impunidad el que quizás sea el gesto más indignante de una guerra tan estúpida como hipócrita que, como rasgo más ominoso, ha cobrado decenas de miles de vidas de personas inocentes.

Se ha dicho que la gota de sangre que derramó el vaso fue la tortura y el posterior asesinato por asfixia de siete personas, cinco jóvenes y dos adultos, ocurrido la noche del pasado 27 de marzo en Temixco, Morelos, una de las cuales es el joven Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo del poeta Javier Sicilia. De los otros cuatro jóvenes, tres, Julio César Romero Jaime, Luis Antonio Romero Jaime y Gabriel Anejo Escalera, habían sido amigos desde la infancia de Juan Francisco; el cuarto, Jesús Chávez Vázquez, había sido un vecino muy cercano a todos ellos. Los adultos, un hombre y una mujer, eran Álvaro Jaime Avelar y María del Socorro Estrada Hernández, tíos de Julio César y Luis Antonio.

Las explicaciones de por qué éste caso provocó la indignación que otros no, han partido, así lo creo, de una falsa disyuntiva: creer que sólo este caso nos indignó; así lo exponen, al menos, quienes descalifican nuestras acciones públicas y desdeñan nuestra palabra. Sin embargo, el hecho de que ante el multihomicidio de Temixco hayamos salido a las calles como en apariencia no lo habíamos hecho para con otros casos responde, según mi pobre percepción, justo a que ésa fue la convocatoria que nos hizo el mismo Javier Sicilia: tomar la calle, manifestarnos, reactivar la imaginación para encontrarnos de nuevo, recomponer el tejido social, recordar a nuestros amigos y familiares asesinados porque no son meras cifras de “daños colaterales”, pensar en voz alta vías para salir del callejón sin salida de la muerte en que está atorado el país.

Indolencia + Estulticia = Mezquindad.

Acusando una mezquindad insultante hay quienes se preguntan por qué Sicilia no convocó igual a tomar la calle en tragedias similares o “peores” anteriores a la suya; amén de que la respuesta le toca exclusivamente a él, quienes hacen dichos cuestionamientos, además de su total falta de compasión (que de suyo ya habla de su calidad moral) dejan de manifiesto su ignorancia o intencionalmente olvidan quién ha sido y quién es Javier Sicilia. Es lógico, ¿cómo saber que quien recibió el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 2009 lleva más de 30 años escribiendo para diversos medios impresos, en especial para la revista Proceso, hablando justamente de la necesidad de caminar junto a las justas causas que abanderan los movimientos sociales de este país?

¿Cómo saber que en 2007 fundó la revista Conspiratio con la intensión de “provocar el replanteamiento de las estructuras sociales y culturales de occidente generando un espacio de reflexión y debate que dé como fruto panoramas alternativos para una sociedad más humana desde una perspectiva que ni la izquierda ni la derecha políticas de México han adoptado”, que en 2001 se unió al movimiento que luchó por defender el patrimonio natural y cultural que había en los terrenos del ex Casino de la Selva o que en 1994 (año desde el cual acompaña la lucha zapatista) fundó la revista Ixtus desde donde emprendió su crítica a la modernidad de la mano del Evangelio y la espiritualidad en las enseñanzas de Gandhi, Iván Illich o Giuseppe Lanza del Vasto?

¿Cómo saber que desde la década de los ochenta viene participando muy de cerca con las Comunidades Eclesiales de Base impulsadas por don Sergio Méndez Arceo para incidir en la transformación social y democrática de México y Latinoamérica, y que ello explica en parte que hace 28 años haya sido cofundador de la sección mexicana de Servicio Paz y Justicia, organización no gubernamental defensora de los derechos humanos fundada por Adolfo Pérez Esquivel con la noviolencia activa como premisa?

¿Cómo saberlo si, vaya, ni siquiera leemos poesía; mucho menos a quién se ganó el Aguascalientes 2009? Eso no nos lo anuncian subrepticiamente los actores y actrices de las telenovelas, ni aparece en coquetonas animaciones en las transmisiones de futbol y como que todavía no terminamos de creer que va en serio la mediática invitación a leer con nuestros hijos de quienes a leguas se ve que en su vida han agarrado un libro, incluyendo la secretaria vitalicia del sindicato de maestros, que ni siquiera sabe leer aquello de A/H1N1.

Tienen razón: cómo saberlo. Pero no saberlo no les exime de su dolo y mala fe; ni, mucho menos, de su indolencia y estulticia; de su mezquindad.

En fin, les pido que me disculpen quienes sí sabían todo esto y mucho más; sólo quise medio responder a quienes esgrimen una serie de argumentos varios, incluyendo la puesta en duda de la calidad moral de quienes nos convocan, para intentar descalificar algo cuya razón está en la justeza de sus demandas. Y aprovecho lo que acabo de decir, «quienes nos convocan», para pasar al siguiente punto de este mi chorema: ya no es sólo Javier Sicilia quien nos convoca a tomar la calle, recuperar el espacio público que las “autoridades” cedieron al crimen organizado y habitarlo con nuestra palabra vestida de silencio.

Recuperar al país.

La Marcha-caminata por la Paz con Justicia y Dignidad; es, precisamente, la expresión del dolor de un amplio sector de la sociedad que lleva tiempo diciendo, gritando, escribiendo, exigiendo, pidiendo que se detenga esta sinrazón. Allí están empresarios como los señores Eduardo Gallo y Julián LeBarón, a quienes les secuestraron y asesinaron una hija, un hermano y un buen amigo; están las mamás y los papás del Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio, a quienes la negligencia y el compadrazgo les arrebataron a sus hijas e hijos en la Guardería ABC; están el padre Alejandro Solalinde, quien lucha por los derechos humanos, sobre todo la vida, de migrantes que atraviesan nuestro país rumbo a Estados Unidos y monseñor Raúl Vera, quien hace lo propio por los miles de mineros que son explotados y asesinados en Coahuila; está Olga Reyes Salazar, cuya familia de luchadoras y luchadores sociales ha sido sistemáticamente perseguida y asesinada; están las integrantes de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, familiares de mujeres desparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez, y de la Sociedad Civil Las Abejas, cuyos familiares fueron masacrados en Acteal; está, incluso, Marisela Escobedo (su foto en la vanguardia de la marcha-caravana que va de Cuernavaca a la ciudad de México es conmovedora y, a la vez reveladora), asesinada en Chihuahua por la misma impunidad que asesinó a su hija Rubí… bueno, hasta los multiseñalados por sectarios, las y los adherentes de la Otra Campaña (incluyendo, obvio, el EZLN), estamos sumándonos a la convocatoria inicial de Javier Sicilia y de la Red por la Justicia y la Paz.

¿Cuáles son nuestras motivaciones? Recuperar al país, nada más; pero nada menos.

Para ello, ya lo hemos dicho en cuanto espacio y oportunidad tenemos, estamos exigiendo que se modifique la estrategia (suponiendo que existe una) que el gobierno federal, los gobiernos de los estados y las alcaldías han emprendido para combatir, dicen, al crimen organizado. En principio, porque dicha “estrategia” se echó a andar sin contar con un trabajo serio y a conciencia de los aparatos de inteligencia sobre la magnitud del problema que, insisto: dicen, se quiere resolver. Así, pues, siguiendo en esto de otorgarles el beneficio de la duda, el uso de la fuerza del Estado, expresado en la militarización del país, no parece ser sino un gran error que expone a nuestras fuerzas armadas a quedar a expensas del crimen organizado y que deja a la población civil indefensa ante los abusos de quienes por definición han sido entrenados para asesinar primero y averiguar después.

No obstante, tenemos razones suficientes para suponer que la guerra contra el crimen organizado (que se ha reducido a combate contra el narcotráfico: otro de los graves “errores”) no es, precisamente, sólo un error. Los datos que dan cuenta de la complicidad de la clase política de todos los colores y en todos los niveles de gobierno, así como de la asociación por supuesto delictuosa del sector empresarial para con las bandas del crimen organizado son, verdaderamente, espeluznantes. Estamos hablando de policías y militares trabajando para los cárteles de la droga como gatilleros, de funcionarios de los gabinetes estatales y federal que se han enriquecido ilícitamente y protegen a los capos del narcotráfico, de empresarios que están sacando jugosas ganancias del lavado de dinero, de legisladores que regatean la promulgación de reformas en materia política y que rehúyen siquiera el debate en torno a la legalización del comercio de enervantes, de jueces y abogados que integran mal los expedientes de los delincuentes que al cabo de poco tiempo regresan a las calles y terminan encerrando a inocentes para cubrir su cuota mensual de detenidos.

Luego entonces, el gobierno y el Estado mexicanos son uno de nuestros principales destinatarios. Son ellos, los funcionarios de los tres poderes republicanos, quienes juraron cumplir y velar por el cumplimiento de nuestras leyes; a cambio de ello, reciben salarios y dietas tan exorbitantes que son un escupitajo a la cara de quienes sobreviven día con día en la más extrema pobreza. Y, aún así, han faltado a su protesta. ¿No es justo, entonces, que les demandemos que hagan su trabajo y que lo hagan bien, y que si no quieren o de plano no pueden que renuncien?

Paz con Justicia y Dignidad.

El señor Calderón, en su calidad de Presidente de la República (no entremos por ahora en si lo es por producto de un fraude, como sostenemos mucho, o si llegó a la Silla del Águila con todas las de la ley, como sostienen otros) y trepado en su muy particular ¡ya basta!, exige que dirijamos nuestras demandas a “los malos”; “olvida”, o quiere olvidar, que quien protestó protegernos, velar por nosotros y por nuestros hijos, fue él, no “los malos”. Aún así, la exigencia al crimen organizado es clara: regresen a sus antiguos códigos, si se quieren matar por su estúpida mercancía, háganlo; pero no toquen a la población civil, no lastimen a gente inocente que ni la debe ni la teme.

Desafortunadamente, tal demanda puede ser dirigida únicamente a quien trafica con alguna mercancía porque, a quien trafica con seres humanos o tiene por negocio secuestrarnos, le parecería un contrasentido. Aquí es donde regresamos al punto de partida: nadie tiene derecho a lastimar a nadie, y si alguien lo hace hay (o debe haber) una autoridad que lo debe impedir o, si no lo consigue, sancionar y castigar; no asociarse con ése alguien, no protegerlo, no cuidar que viva como rey en las cárceles del país, no lavar su dinero, no perseguir a sus enemigos comerciales para garantizarle el monopolio de su mercado… en fin, no tantas cosas que sabemos pasan.

Por eso es que la Marcha-Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad del 5 al 8 de mayo de 2011, lo mismo que sus ediciones en todas las entidades del país y en más de diez naciones, es tan importante. Hemos decidido guardar silencio para que se escuche fuerte que queremos paz; pero no la paz de los sepulcros. Una paz que se sostiene a punta de balazos, no es paz.

Una paz construida sobre la base de la insensata explotación de los recursos naturales y la cultura del desperdicio, no es paz.

Una paz con miles de jóvenes sin oportunidades de empleo ni de educación, no es paz.

Una paz con miles de mujeres desaparecidas y asesinadas por el delito de ser mujeres, no es paz.

Una paz con más de un centenar de periodistas cuya voz ha sido silenciada por desaparición o asesinato, no es paz.

Una paz donde los trabajadores del campo arriesgan la vida (y la pierden) al tener que migrar a otro país, no es paz.

Una paz donde a los trabajadores de la ciudad les son esquilmadas sus conquistas laborales de siglos, no es paz.

Una paz donde a religiosos de buena voluntad y defensores de derechos humanos se les persigue y/o asesina, no es paz.

Una paz donde los pocos empresarios honestos tienen que huir del país por temor a ser lastimados en su persona o la de los suyos, no es paz.

Una paz donde se les regatea el reconocimiento de sus derechos colectivos a los pueblos indígenas, reserva moral de nuestras naciones, no es paz.

Una paz que mira sin inmutarse la muerte por negligencia de 49 niños entre 1 y 3 años de edad y se desatiende de más de 70 que aún luchan entre lesiones físicas y del alma, no es paz.

Una paz donde todos los días crece el número de Madres Coraje que buscan a sus hijos e hijas en fosas, anfiteatros, cuarteles, separos, presas, barrancas, tambos con ácido, cárceles clandestinas, no es paz.

Una paz con las fuerzas armadas fuera de sus cuarteles cometiendo innumerables violaciones a los derechos humanos, no es paz; porque, simple y sencillamente, una paz militarizada, no es paz.

En fin, una paz que cancela toda posibilidad de futuro a razón de más de 40 mil asesinatos en un lustro, 40 mil asesinatos que siguen impunes; una paz suicida, pues, no es paz. Porque la Paz, o se construye todos los días de la mano de la Justicia y la Dignidad, o no será.

5 de mayo de 2011

CARTAS A ADIS :: Marchar por la paz en la “Ciudad de la Paz”.

Publicado en Grietas el 4 de mayo de 2011, y en La Jornada Morelos, el 5 de mayo de 2011.


El pasado 30 de abril, me preguntabas: «pá, ¿tú por qué vas a marchar el 8 de mayo?» La respuesta fue, en principio, bastante simple: «por la paz, mi amor; una paz con justicia y dignidad; por la esperanza… pero, sobre todo, por ti.» Tú, mi pequeño, a quien de “pequeño” ya sólo te queda el mote, sonreíste acercando las comisuras de tus labios a las esquinas del brillo de tus ojos y seguiste jugando. Yo me quedé pensando, sin embargo, en una respuesta más compleja.

Sin saber exactamente el porqué, mi mente viajó a la tarde del 1 de diciembre de 2006, cuando Felipe Calderón rindió protesta como presidente de México rodeado por militares del Estado Mayor Presidencial en una ceremonia que duró apenas, a penas, cinco minutos. Unos días más tarde, presentó una propuesta para que el Congreso recortara millones de pesos a educación y cultura en el siguiente año fiscal y aumentara recursos a las fuerzas armadas y, si no mal recuerdo, no pasaría ni un mes para que en su calidad de comandante supremo de las mismas ordenara lo que sería su primer golpe al avispero del crimen organizado en México, precisamente en su estado natal.

Han pasado poco más de cuatro años desde entonces. Los botones de muestra de lo que significa su “estrategia” contra el crimen organizado están a la orden del día en la prensa nacional y extranjera ocupando los titulares de la nota roja; su “valor” y su “visión” para enfrentar un mal endémico como el narcotráfico se hacen de manifiesto, por un lado, en la militarización en que tiene sumido al país y, por el otro, en el sitial que ocupa Joaquín El Chapo Guzmán en la lista Forbes, y sus socios y cómplices en el poder, ora republicano, ora fáctico, con quienes ha pactado reducir a la nación en pedazos no han parado de sacar tajada política de sus “errores”; en especial el PRI (la organización criminal más grande del país), que aguarda como zopilote a que caiga de La Silla del Águila.

Pienso en Torreón, una de mis primeras ciudades adoptivas, y en lo que la han convertido el crimen organizado y los cálculos de quienes desde la clase política y empresarial se han asociado con éste. Pienso en Cuernavaca, otra de mis ciudades adoptivas, y en cuando por ser un lugar donde vivían las familias de algunos de los capos del narcotráfico era todavía la ciudad de la eterna primavera y no la de la eterna balacera que es ahora. Pienso en Mérida, la más reciente de mis ciudades adoptivas, y la miro como alguna vez miré a Cuernavaca y a Torreón, y pregunto: ¿la tortura hasta la muerte del hijo de quién, el secuestro impune del papá de quién, la violación sexual a la compañera de quién, la prostitución forzada de la hija de quién debemos esperar para entender que urge detener la galopante estupidez que nos desgobierna?

El próximo 8 de mayo, a eso de las 5 de la tarde, yo también saldré a las calles para vestir mi palabra de silencio ante la sordera de aquellas y aquellos políticos y empresarios, legales e ilegales, criminales todos, a los que les vale madres que estemos hasta la madre; pero, sobre todo, de cara a la indolencia y la estulticia de quienes seguirán con los brazos cruzados hasta que la muerte toque a la puerta de sus casas. Así, pues, sumaré mis pasos a los de la gente buena y honesta que marchará por la paz y contra la impunidad en la oficialmente bautizada “Ciudad de la Paz”; la también llamada “Ciudad Blanca”: Mérida, Yucatán.

Iré al “remate” del Paseo Montejo, a un costado del monumento que las señoras y los señores del poder y del dinero erigieron a los genocidas cuyo apellido da nombre a la avenida para recordarnos que el crimen y la impunidad tienen raíces históricas en estas tierras, y, junto a mis pasos, ofreceré mis manos, mi corazón y mi pensamiento para honrar la memoria de las miles de personas que esta guerra nos ha arrebatado desde Tijuana a Tapachula, para caminar en la distancia con sus amigos y familiares, para exigir que se detenga la cuota de sangre que estamos pagando entorno al comercio de una mercancía que sigue perversamente prohibida, para ganarle la calle y demás espacios públicos a la abulia, la indiferencia que también es violencia… para que tú, hijo, puedas crecer en una ciudad que pueda llamarse de la paz porque lo hará con dignidad y no con la hipocresía de quien cierra los ojos para, como dijera Benedetti, no ver las uñas sucias de la miseria.


Atenco, un otro cinco de mayo.


Los días detrás del otro 5 de mayo.

Han pasado cinco años, mil 825 días con todo y sus noches; aún así, el tufo a impunidad que se respiraba en el aire aquella mañana del 5 de mayo de 2006 persiste en su intención de dejarnos claro “quien manda aquí”. Aunque no muy bien lo consigue.

Sí, hablo de la mañana de un otro 5 de mayo. Una mañana detrás de la cual hay, también, muchos otros días muy otros.

No hablo, pues, por ahora, del 11 de julio de 2002, cuando al menos un millar de elementos de la Fuerza de Acción y Reacción Inmediata (FARI) mexiquense se enfrentaron contra unos cien ejidatarios del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) que resistían la intentona gubernamental foxista de expropiar sus tierras, a razón de 7 pesos el metro cuadrado, para construir un aeropuerto alterno al de la ciudad de México; lo que dio por resultado decenas de detenidos y heridos, así como la muerte, dos semanas después, de José Enrique Espinoza Juárez. Tampoco del 7 de marzo de 2006, cuando el candidato panista a la Presidencia de la República, Felipe Calderón, también conocido como Felipe Franco Pinochet, declaraba arrogante su intención de reintentar el despojo que su predecesor no pudo llevar a cabo cuatro años atrás: “que sean los expertos y no los machetes los que determinen la construcción [del aeropuerto metropolitano]”.

Tampoco hablo del 21 de abril, un día después del ataque de policías y ganaderos en contra de horticultores y floricultores del Mercado Belisario Domínguez, donde también fueron golpeadas y golpeados decenas de mujeres y ancianos. Ni de la madrugada del 3 de mayo de ése 2006 cuando, tras una mesa de diálogo con “autoridades” del ayuntamiento perredista de Texcoco que en la víspera habían asegurado el permiso para la venta de sus flores ése día de la Santa Cruz en el mercado municipal, las y los floricultores serían desalojados con lujo de violencia; telón de boca que daría paso a los enfrentamientos en la carretera federal Texcoco-Lechería cuyas imágenes le darían la vuelta al mundo en 80 kilobytes, convirtiéndose en un muestrario cada vez menos extraño de la insensatez y la estulticia gubernamentales y de los medios electrónicos de dizque comunicación en México.

Es más, ni siquiera hablo de aquella dolorosa mañana del 4 de mayo en que, azuzados mediáticamente y con la venia del enano político que unos meses después arribaría al poder por causa y efecto de un fraude electoral, los funcionarios desfuncionales de los gobiernos del Estado de México, priísta, y de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal, panista, iniciaron el operativo de represalia con que se cobraron la herida recibida en su orgullo de militares vestidos de policías el día anterior, arrasando con todo y contra todos en Atenco. Todavía recuerdo, como si hubiera sido ayer, el timbre del teléfono sonando durante horas hasta convertirse en una copia barata de las trompetas que supuestamente harán sonar los ángeles del Apocalipsis, dejando escurrir las cifras de cientos de compañeras y compañeros de la Otra Campaña perseguid@s, arrestad@s, golpead@s, secuestrad@s y torturad@s con agresiones físicas, verbales, psicológicas y violaciones sexuales a manos de quienes se dicen “guardianes del orden”.


La víspera.

No lo hago, porque prefiero hablar de la mañana del 5 de mayo de 2006; ésa en la que el país amaneció siendo uno muy otro. Los enfrentamientos de las últimas 48 horas; las detenciones, entre otros, de Ignacio del Valle y el asesinato del casi niño Javier Cortés Santiago el día 3; así como los allanamientos y detenciones ilegales, ejemplares en su bestialidad, del día 4; habían cerrado la puerta al México que en 1997 y 2000 celebraba, con los triunfos de la oposición en la ciudad de México y el gobierno federal, respectivamente, la supuesta entrada a la lista de los países democráticos del planeta tras la expulsión del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Los Pinos. Sin embargo, los hechos, que como siempre suelen ser más testarudos que los dichos, terminaron por mostrar en toda su crudeza la calaña de quienes por un lado del espectro político, bajo las siglas del Partido Acción Nacional (PAN), se habían autoproclamado los paladines del progreso y la democracia a lo largo de 67 años, y de quienes por el otro, con el nombre de Partido de la Revolución Democrática (PRD), se jactaban de representar desde 1989 lo más granado de la izquierda partidista: resultaron tan antidemocráticos y represivos como la triste y largamente célebre “dictadura perfecta” (Vargas Llosa dixit) del PRI.

La brutalidad manifestada en San Salvador Atenco había puesto a cada quien en su lugar: el candidato del PRI, famoso por hacer fraudes hasta en maratones internacionales, felicitó al gobernador de su partido en el Estado de México, Enrique Peña Nieto, por la violenta solución; el del PAN defendió el revanchismo del gobierno federal blanquiazul y dijo que de estar en semejante situación él hubiera hecho lo mismo, y el del PRD, más preocupado por los 10 puntos que decía llevar de ventaja en las encuestas, apenas alcanzó a condenar la violencia “viniera de quien viniera”, pero ya no pudo, quizás porque no quiso, señalar siquiera la protagonizada por el alcalde texcocano, de su propio partido, en contra del FPDT: “no tenemos nada que ver en este asunto, en este conflicto. Éste es un grupo que ha manifestado no estar de acuerdo con nosotros”.

A tono con las voces cantantes del circo electoral, esa mañana los grandes electores: los medios de comunicación, se dieron a la tarea de denostar al FPDT, a la Otra Campaña, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y a su jefe militar y vocero: el subcomandante Marcos; adherentes todos de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, emitida en junio de 2005 por la organización insurgente. En la mayoría de los programas de radio, los noticieros de las dos cadenas de televisión que tienen acaparado el espectro radioeléctrico y la prensa escrita se daba cuenta de la “valentía” y coordinación con que los soldados disfrazados de agentes estatales y federales de seguridad pública habían “recuperado el control” de la plaza, “liberado” a los “policías” retenidos la noche del 3 de mayo y garantizado la “vuelta de la paz y el orden”: habían hablado los expertos, no los machetes.

El diario La Jornada, que se había mantenido relativamente distante de la Otra Campaña debido a los señalamientos que el zapatismo le ha hecho al lopezobradorismo salvo por la cobertura que hasta la fecha hacen Hermann Bellinghausen y Gloria Muñoz Ramírez, se comprometió mucho más y dio muestras de qué “valentía”, de qué “recuperación del control”, de qué “liberación de policías” y de qué “regreso de la paz y el orden” se trataba: toletiza al trabajador jubilado telefonista Jorge Salinas; vejación a una mujer indígena, que después supimos era doña Magdalena García; cateos sin órden judicial y destrozos en bienes inmuebles; secuestro, más que arresto, de 218 hombres y mujeres, la mayoría de ellas, 30 de 47, violadas sexualmente como método de tortura; la fractura craneal con exposición de masa encefálica de Alexis Benhumea, causada por el impacto de una lata de gas lacrimógeno, que luego la causaría la muerte porque los militares impidieron la llegada de una ambulancia y detuvieron al médico que pretendió ayudarlo, o la detención y posterior expulsión de las españolas María Sostres y Cristina Valls, la alemana Samanta Dietmar, la chilena Valentina Palma y el chileno Mario Aguirre.

También ésa mañana, el matutino Detrás de la Noticia, conducido por Ricardo Rocha, difundía las declaraciones del excomisionado de la ASE, el vicealmirante Wilfrido Robledo Madrid, quien estando al frente de la PFP tuvo que renunciar por acusaciones de malversación de fondos y uso indebido de atribuciones y facultades, de que sus fuerzas no abandonarían San Salvador Atenco sino hasta “garantizar que la paz quedara totalmente reestablecida”. El capitán de fragata José Antonio Villanueva Lira, jefe de la subsección del servicio militar nacional de la Armada de México, no se quedaría atrás: ése mismo día manifestaría en el marco de la ceremonia de jura de bandera de 150 jóvenes conscriptos que “los recientes acontecimientos de violencia y enfrentamiento entre actores sociales y autoridades del gobierno son hechos aislados de gente protagonista que quiere figurar en los escenarios políticos y sociales” y, tras morderse la lengua, como luego se dice, aseguró que los jóvenes preparados en la Armada “estarían listos” de ser requeridos por el Estado mexicano. ¡Oh, sempiterno 5 de mayo que convocas a que las armas de la Patria quieran vestirse de gloria!.. aunque sea reprimiendo movimientos sociales.

Así, cual paráfrasis de aquél 5 de mayo de 1862 en que las tropas invasoras francesas y los conservadores mexicanos que las apoyaban eran derrotadas por los liberales al mando de Ignacio Zaragoza en la Heroica, hoy ex Preciosa, Puebla, los bandos se habían establecido claramente: de un lado, el de los invasores, las fuerzas armadas estatales y federales priístas y panistas, defensoras del derecho neoliberal de despojar tierras a comunidades y pueblos, la mayoría de los medios de comunicación extendiendo sus tentáculos y mostrando sus pulgares hacia abajo y los candidatos a la Presidencia, ya felicitando, ya guardando un silencio cómplice; del otro, los herederos de Numancia: las y los pobladores de San Salvador Atenco, el FPDT, las y los adherentes de la Otra Campaña que cumplieron entre un día y más de cuatro años presas y presos sin prueba de delito alguno, y los cientos al principio y después miles de adherentes que ése mismo día nos alistábamos para recuperar, nosotros sí, Atenco.


Cuando la dignidad es más grande que el miedo.

La tarde del 5 de mayo de 2006, la marcha encabezada por el delegado zero de la Comisión Sexta del EZLN, el subcomandante Marcos, y los contingentes de estudiantes de la UACh, el IPN, la UNAM y la UAM, llegaba al zócalo de Texcoco sumando poco más de 4 mil personas, el doble de quienes habíamos salido de Chapingo; cuando llegamos a la entrada de San Salvador Atenco, unos minutos antes de que comenzara a oscurecer, éramos ya unas 7 mil personas esperando, sin más armas que la razón y la dignidad, el encontronazo con los agentes de la ASE y la PFP quienes a decir de Robledo Madrid no se retirarían de Atenco sino hasta el 6 ó 7 de mayo; pero, cuando la marcha llegó a la plaza de armas, frente a la Casa de Cultura donde decenas de compañeras y compañeros como la enfermera Edith Rosales fueron golpeados y detenidos, no se veía ni un solo militar, ni siquiera a la policía municipal.

Poco más de tres horas duró el recorrido que terminó con un mitin frente al Auditorio Emiliano Zapata y que se vio coronado por los comunicados de Gloria Arenas, detenida en el penal de Chiconautla, Ecatepec, y de América del Valle, a quien las policías estatales y federales buscan hasta por debajo de las piedras. La cereza en el pastel la pondría Marcos al mostrar algunos cartuchos calibre .38, vacíos unos, sin percutir otros; “si revisan –invitaba el delegado zero- verán que son de la misma marca y el mismo calibre que usa la policía del Estado de México”. Como respuesta, el grito de “¡Asesinos! ¡Asesinos!” se iría haciendo unánime hasta retumbar en el centro de Atenco.

En la legislación mexicana se considera un delito incitar a la rebelión y a la desestabilización del Estado y sus instituciones. Por lo tanto, el perredista Nazario Gutiérrez Martínez, alcalde de Texcoco; los priístas Enrique Peña Nieto y Humberto Benítez Treviño, gobernador y secretario de Gobierno del Estado de México; el panista Vicente Fox Quezada, expresidente de México; los señores Roberto Madrazo, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, excandidatos presidenciales del PRI, PAN y PRD; los militares Wilfrido Robledo Madrid y Ardelio Vargas Fosado, entonces mandos superiores de la ASE mexiquense y la PFP; el abogado Eduardo Medina-Mora Icaza, extitular de la SSP federal y posteriormente, premiado por el gobierno (sic) calderonista, como procurador General de Justicia, y, finalmente, los empresarios Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, dueños de Televisa y TvAzteca, respectivamente, junto con los conductores y conductoras de sus noticieros, son responsables de instar a la desestabilización del Estado y sus instituciones: al no cumplir su palabra empeñada en las mesas de diálogo con floricultores de Texcoco e integrantes del FPDT; al insistir en despojar a los pueblos aglutinados en el FPDT de sus tierras, en nombre de proyectos que velan por las ganancias de los particulares por encima del derecho colectivo de las comunidades; al saludar el uso gubernamental de la violencia o bien guardar silencio por ello siendo líderes de opinión en sus partidos, dando así un espaldarazo a la impunidad; al dar carta abierta a sus subalternos para que cometieran toda la gama de atropellos que desearan, incluyendo la violación sexual contra mujeres como botín de guerra; al echar mano de los aparatos de justicia para condenar hasta por más de 100 años de prisión a luchadores sociales, como represalia política; al emplear concesiones del espectro radioeléctrico para fustigar a las fuerzas armadas en el uso de la violencia en contra de los movimientos sociales, y al no dejar a los pueblos y comunidades otra salida que la rebelión, como medida de defensa frente a un gobierno que desde todos sus niveles y poderes apuesta por la razón de la fuerza porque carece de la fuerza de la razón.

Cinco años después, los asesinatos y las violaciones siguen impunes, ni uno sólo de los agentes que intervinieron en los atropellos ha sido consignado, la mayoría de los funcionarios públicos continúan en sus cargos y los que no, o han renunciado librándose de acusaciones en su contra, o hasta han sido premiados por el gobierno de facto panista, el cual, dicho sea de paso, ha vuelto a proponer la construcción del aeropuerto en Texcoco con el beneplácito del gobernador priísta del Estado de México y el jefe de gobierno perredista de la ciudad de México. Poco a poco, y gracias al oficio de sus incansables abogados y de miles de personas solidarias y honestas, las y los luchadores sociales detenidos en Atenco el 4 de mayo fueron saliendo de prisión, quedando al final los casos de: Ignacio del Valle Medina, Héctor Galindo Gochicoa y Felipe Álvarez Hernández, presos políticos en el penal de alta seguridad del Altiplano, y Román Adán Ordóñez Romero, Alejandro Pilón Zacate, Jorge Alberto Ordóñez Romero, Inés Rodolfo Cuéllar Rivera, Narciso Arellano Hernández, Julio César Espinoza Ramos, Óscar Hernández Pacheco, Juan Carlos Estrada Cruces y Édgar Eduardo Morales Reyes, presos políticos en la cárcel de Molino de las Flores; quienes fueron liberados el 1 de julio de 2010.

Dicen que la fortaleza y la dignidad de un movimiento se expresa en la respuesta que éste da cuando es reprimido y las y los suyos son golpeados. La Otra Campaña, que durante 2006 fue vista por tirios y troyanos como los grandes aguafiestas del circo electoral, aunque sin poder real para impedir la sucesión de acontecimientos que dieron patente de corso a la burla de la voluntad popular expresada en las urnas porque su proyecto de nación parte de la construcción de otras formas de hacer política, no dudó en responder en la medida de sus fuerzas al llamado que la lucha les hacía: fueron a Chapingo y de allí a Atenco la noche del 3 de mayo para ser vejadas y vejados al día siguiente y seguir secuestrados por el poder todos estos meses; marcharon desarmadas, desarmados, ante lo que parecía el enésimo episodio de aquél acto bárbaro de represión; organizaron un sin de manifestaciones y mesas redondas para exigir la liberación de sus compañeras y compañeros; se mantuvieron en plantones afuera de los penales en que aquestos estuvieron secuestrados por el Esatdo, y siguen echando mano de los medios de comunicación alternativa para levantar la voz y hacerla resonar en otras partes del planeta.

Es verdad, la respuesta por parte de las y los adherentes de la Sexta Declaración de la Seva Lacandona no ha sido uniforme ni, mucho menos, masiva; pero ése 5 de mayo demostraron que ellas y ellos no serían como quienes diciéndose de izquierdas pactan con el poder, se toman fotos con los represores, se vuelven amigos de los despojadores y guardan silencio ante la masacre traicionando la memoria de los más de 500 compañeros suyos asesinados por los mismos con que ahora andan, comen y brindan, destrozándose cuales buitres, por tener un asiento en la mesa del poder.


Epílogo: "falta lo que falta".

Mientras escribo estas notas (buena parte de las cuales me he tomado prestadas a mí mismo de una entrada anterior hace tres años), otra marcha se camina por los senderos de la dignidad en estas tierras mexicanas. Su carácter es tan amplio como grande es el dolor que la convoca, porque la encabezan las víctimas sobrevivientes de la estúpida guerra que Felipe Franco Pinochet inauguró apenas colgándose la banda presidencial que usurpa desde el 1 de diciembre de 2006. Ni el EZLN ni la Otra Campaña, vale aclararlo, están pues entre sus primeros convocantes. No porque no padezcan la galopante estulticia de quienes arriba mandan mandando, sino porque el dolor que duele esta vez no puede compartirse... puede acompañarse, por ejemplo, con silencio. Un silencio como de por sí acostumbra ser el silencio zapatista: en rebeldía, en resistencia. Por eso, en consecuencia, el CCRI-CG del EZLN y algunos colectivos y organizaciones de la Otra Campaña han decidido sumarse al llamado que para hoy y hasta el 8 de mayo hicieron las y los jóvenes de la Red por la Paz y la Justicia y el poeta Javier Sicilia de caminar en silencio contra la impunidad y por una paz justa y digna al zócalo de la ciudad de México. Pero, no sólo como un acto de condolencia; sino, sobre todo, para caminar con la gente buena y honesta que a partir de su propio dolor de sangre ha decidido salir y tomar las calles para cambiar el rumbo de muerte a que nos ha conducido la clase política y el crimen organizado de este país. ¡NO + SANGRE! ¡ESTAMOS HASTA LA MADRE!

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