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10 de octubre de 2019
Sahel, la tormenta infinita.
Desde el complejo proceso de violencia que se inició en 2012 en el norte de Mali, tras un nuevo intento del pueblo Tuareg, por lograr la independencia de Azawad, su ancestral territorio, hoy ocupada por Argelia, Burkina Faso, Libia, Mali, Mauritania y Níger, extraordinariamente rico en minerales fundamentalmente uranio, todo el Sahel central se ha convertido en escenario de operaciones de múltiples organizaciones terroristas, que no alcanzan a ser contenidas a pesar de la presencia de ejércitos africanos y de varias naciones occidentales, particularmente Francia que en 2012 desplegó una importante dotación militar para asistir, al entonces gobierno militar de Mali, que acaba de dar un confuso golpe contra el presidente Amadou Touré.
Mientras la insurgencia tuareg se replegaba, y se instalaban las fuerzas enviadas por París, para vigilar los yacimientos de uranio explotados por empresas francesa, surgieron algunas bandas militarizadas, que del contrabando había pasado a conformarse como organizaciones fundamentalistas, vinculadas a al-Qaeda y en la actualidad también al Daesh, generando el fenómeno que ya se estudia como “yihadización del bandolerismo”.
Aquellas bandas desde entonces no han dejado de crecer y expandirse por el Sahel (borde o costa en árabe) una franja de 5 mil kilómetros de largo que corre al sur del Sahara, desde el Mar Rojo al Océano Atlántico y en cuyo sector central, se han derramado desde el norte de Malí a Burkina Faso, Níger, Togo, Benin, Costa de Marfil y Ghana. Lo que obligó al Secretario General de Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, durante la última Asamblea General a referirse a este fenómeno de violencia instalado en las entrañas de África: “Sé que todos estamos muy preocupados por la continua escalada de violencia en el Sahel y su expansión a los países del Golfo de Guinea”.
Los ataques de las organizaciones fundamentalistas se han duplicado cada año desde 2016, llegando en 2018 a causar 465 muertos, a pesar de los miles de efectivos militares que combaten en el terreno, por lo que en septiembre, varias naciones de África Occidental, implementaron un plan de mil millones de dólares, para los próximos cuatros años, para impedir que el terrorismo continúe filtrándose hacia el sur.
Desde 2017, el grupo conocido como S-5 (Sahel5), compuesto por Burkina Faso, Níger, Chad, Malí y Mauritania, fue creado con la intención de reemplazar a la operación francesa Barkhane, pero hasta ahora los resultados han sido muy pobres. Pero sus resultados son muy escasos. Sahel5 ha aportado 5 mil hombres, a los 4500, de la Barkhane establecida por Francia, 2013, junto a un número desconocido de tropas norteamericanas y los 15 mil efectivos aportados por Naciones Unidas, no han conseguido estabilizar la región, mientras los insurgentes continúan sirviéndose de la porosidad de las fronteras, para pasar de un país a otro y operar sin consecuencias, esa misma porosidad fue la condición por lo que la que múltiples bandas de traficantes han operado por décadas en ese sector, convirtiéndolo en el sitio donde más rutas de tráfico ilegal existen en el mundo.
Este último domingo, un vehículo de MINUSMA (Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de Naciones Unidas en Malí) que circulaba cerca de la ciudad de Aguelhok, en Kidal, al este de país, pisó un dispositivo explosivo improvisado (IED), provocando la muerte de un Casco Azul y dejando otros cuatro heridos. En la misma área, en enero último, once soldados del Chad fueron asesinados tras un ataque que se adjudicó la organización más poderosa que opera en el Sahel, Jama'at Nasr al-Islam wal Muslimin (Grupo Apoyo al Islam y los musulmanes o GSIM) tributaria de al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).
Diferentes campamentos han sido objetivos de los terroristas desde el mes de marzo pasado, el más importante de esos ataques fue en Dioura (Ver: Mali, un nuevo Vietnam para occidente) que dejó un saldo de treinta soldados muertos.
En la última semana de septiembre y los primeros días de octubre, en diferentes acciones fueron asesinadas 17 personas en Burkina, mientras que en Mali el ejército tuvo veinticinco bajas, al tiempo que otros sesenta soldados se encuentran desaparecidos, después de los intensos combates que se produjeron en dos campamentos malienses cercanos a la frontera con Burkina Faso.
En la noche del 30 de septiembre al primero de octubre, fue atacado el destacamento militar de Mondoro por un grupo indeterminado de terroristas, que, tras ser rechazados, volvieron atacar el martes por la mañana, provocando que los combates se extendieran durante el resto del día. En el campamento de Boulkessy, a cien kilómetros de distancia de Mondoro, los ataques de los muyahidines, quienes perdieron a 15 hombres, provocaron la mayor cantidad de bajas en las tropas del ejército y la desaparición de sesenta efectivos. Durante la mañana del lunes fuerzas especiales malienses fueron desplegadas hacia el Boulkessy, apoyadas por ataques aéreos de la operación Barkhane.
En Mondoro, los terroristas secuestraron una gran cantidad de equipo militar y unos veinte vehículos militares, algunos equipados con ametralladoras. Mientras que en Boulkessy, dos helicópteros del ejército y una docena de vehículos fueron destruidos.
Este nuevo ataque contra el batallón de Boulkessy, que se ubica en una zona estratégica de tráfico e influencia de los grupos fundamentalistas por su proximidad a las fronteras de Malí, Níger y Burkina es la evidencia de la incapacidad de Bamako y sus aliados para controlar el centro y norte del país. La dotación militar instalada en Boulkessy integra la Fuerza Conjunta G5 Sahel y este ataque ha sido hasta ahora el más letal sufrido por esta fuerza desde su creación en 2017. Ninguna de las organizaciones terroristas que operan en ese sector se ha adjudicado esos ataques.
Burkina Faso fuera de control
Burkina Faso, desde 2015, más de 500 personas fueron asesinadas en más de 450 ataques especialmente en el norte y el este del país, aunque también en la capital, Uagadugú, se han producido dos atentados y un ataque contra el cuartel general del ejército que dejó ocho muertos en marzo de 2018.
El gobierno burkinés, que durante años negó la presencia de extremistas en su país, sin observar tampoco las actividades del predicador radical Ibrahim Malam Dicko, propalador del mensaje wahabita a los sectores más desamparados por el poder central. Hoy el presidente Roch Kaboré, ha perdido el control de un tercio del territorio. De oeste a este, ha perdido la mitad de la región administrativa de Boucle du Mouhoun, dos tercios del centro-norte, toda el área del Sahel y la mitad de las regiones del este. Mientras que las fronteras con Mali, Níger, Benin y Togo y Costa de Marfil, están en disputa.
Prácticamente desde fines de agosto, cuando se produjo el ataque contra una base militar en la provincia de Soum, en el norte del país, cerca de la frontera con Malí, donde al menos murieron veinticuatro soldados, tras lo que se conoció que los oficiales habían abandonado el lugar días antes, no ha pasado un solo día en el que, en algún sector del país, se haya producido un acto de violencia fundamentalista.
En el norte del país operan cerca de nueve organizaciones terroristas, que a veces pueden actuar orgánicamente, entre las más poderosas se encuentran Jama'at Nasr al-Islam y el Daesh del Gran Sahara (EIGS), mientras los militares, desmoralizados, permanentemente acosados y mal equipados, hace meses que dejaron de patrullar por temor a las emboscadas y los IED y han comenzado a desertar en las regiones más conflictivas. Mientras los caminos están en manos de las organizaciones armadas, controlan las áreas rurales y se infiltran cada vez con más frecuencia en las zonas urbanas. A ello se suma la violencia ejercida por el ejército y la policía contra la población civil en las regiones en conflicto, que precipitó los desplazamientos internos que en febrero se estimaban en cerca de 90 mil, mientras que en la última medición de septiembre la cifra alcanza casi a los 300 mil.
Mientras la imprevisión gubernamental y de los organismos internacionales no supieron evaluar la peligrosidad de los grupos terroristas, a millones de personas le es negada la posibilidad de desarrollo mínimo, la tormenta sobre el Sahel será infinita.
3 de octubre de 2018
MÉXICO 1968-2018 :: Masacre en Tlatelolco.

• Provocación orquestada por el Estado Mayor Presidencial desata disparos sobre la población.
• Una bengala sirvió de señal para que comenzara el ataque.
• 44 muertos, dice la Sedena; entre 150 y 200: NSA.
• “El culpable soy yo”: GDO; “No pido perdón ni me lo doy”: LEA.
• Castigo a los responsables, exigen miles de personas en todo el país.
y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba el arma,
sino sólo su efecto de relámpago.
Rosario Castellanos.

La tarde de ayer, mientras se llevaba al cabo el mitin convocado por el Consejo Nacional de Huelga en la Plaza de las Tres Culturas, al que acudieron entre 5 mil y 6 mil personas, a decir de las estimaciones más conservadoras, y, según otras fuentes, alrededor de 15 mil, soldados que desde un inicio habían estado apostándose en las inmediaciones de la plaza avanzaron sobre la población civil allí reunida y terminaron disparando en su contra.
Gracias a testimonios de quienes sobrevivieron y pudieron escapar a lo que a todas luces figura como una masacre, a eso de las 6:10 de la tarde, cuando el mitin estaba por concluir, pues se temía justamente que se acometiera un acto represivo propio de la escalada que habían emprendido las Fuerzas Armadas en Ciudad Universitaria, Zacatenco y el Casco de Santo Tomás en fechas recientes, un helicóptero de esos de burbuja sobrevolaba la plaza mientras del edificio de Relaciones Exteriores (hoy, sede del Centro Cultural Universitario Tlatelolco) fue lanzada una luz de bengala que cayó a un costado de la torre de la iglesia de Santiago Tlatelolco. Los soldados, que habían estado llegando desde antes que el mitin iniciara a las 17:30 horas, avanzaron sobre la plaza de un modo parecido a como habían hecho la madrugada del 28 de agosto en el zócalo capitalino; pero esta vez sin aviso previo de disolución.
Dos nuevas bengalas, lanzadas al parecer de un segundo helicóptero que igual sobrevolaba la plaza, sirvieron de señal para que decenas de carros militares se estacionaran entorno a la misma y una cantidad indescifrable de soldados (hay versiones que hablan de 5 mil efectivos militares, mientras otras de hasta 10 mil) saltaran de ellos con ametralladoras y fusiles con bayoneta calada. De uno de los departamentos del edificio Chihuahua, aledaño a la improvisada tribuna desde la cual los oradores (casi todos ellos representantes de sus escuelas en el CNH) habían comenzado a indicar el retiro de la plaza para no caer en provocaciones, así como la suspensión de la manifestación al Casco de Santo Tomás; de uno de esos departamentos, decíamos, alguien comenzó a disparar sobre la multitud apuntando indiscriminadamente en contra de civiles y de militares. Estos últimos respondieron al ataque, que pronto se generalizó desde otros departamentos, azoteas de edificios aledaños y el mismo techo de la iglesia, por francotiradores vestidos de civil.¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos? ¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie.
Oriana Fallaci, la ex partisana italiana que como corresponsal de guerra cubriera buena parte de los conflictos de la segunda mitad del siglo pasado, destacándose por sus entrevistas a personajes como Kissinger, Gaddafi, Fellini, Arafat, Indira Gandhi, Golda Meir, Mao Tse Tung o los Kennedy, y que unos años antes de morir de cáncer de mama se granjeara acusaciones y denostaciones de todo tipo por sus ataques al Islam con motivo del 11-S en Nueva York, escribió que había llegado a la plaza 15 minutos antes de las 5 de la tarde, subió a la terraza del tercer piso del edificio Chihuahua donde se sorprendió, dijo, de encontrar sólo a unos cuantos de los líderes del CNH: “Uno de ellos, que se notaba muy nervioso, dijo que se había demorado porque carros blindados y camiones llenos de soldados estaban desalojando a la gente de la plaza”.
En un inicio, la Procuraduría General de la República ha señalado a los mismo estudiantes como autores de los disparos; había, según el libro blanco del 68, “grupos juveniles armados y francotiradores, casi todos estudiantes”. Sin embargo, éstas acusaciones no han podido ser sustentadas en prueba alguna; no pasa así con la afirmación por parte de activistas, luchadores sociales y personas que sobrevivieron, acerca de que tanto los francotiradores como quienes portaban metralletas y pistolas automáticas eran agentes del gobierno.El mismo secretario de la Defensa Nacional, el general Marcelino García Barragán, luego de su conferencia de prensa de hoy, en la que aseguró que: “Se ordenó un dispositivo para evitar que los estudiantes fueran del mitin de Tlatelolco al Casco de Santo Tomás”, que “el Ejército intervino en Tlatelolco a petición de la policía y para sofocar un tiroteo entre dos grupos de estudiantes”, que el comandante responsable era él y que no se decretaría estado de sitio porque “México es un país donde la libertad impera y seguirá imperando”, y de amenazar que se actuaría igual si “aparecen más brotes de agitación”, declaró que ayer por la mañana, unas horas antes de que una comisión de estudiantes formada por Luis González de Alba, Gilberto Guevara Niebla y Anselmo Muñoz se entrevistara con los representantes del presidente de la República, Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez, estaba en su despacho “planeando la forma de terminar con el movimiento” cuando llegó Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad, al que le preguntó si se podrían encontrar departamentos vacíos en el edificio Chihuahua para meter una compañía. “En media hora –dijo García Barragán– tenía conseguidos tres departamentos vacíos a mi disposición, uno en el tercer piso y dos en el cuarto piso; serían las 11:00 […] Mi plan consistía –continúa García Barragán– en aprehender a los cabecillas del movimiento, sin muertos ni heridos; estos tenían cita a las 4 de la tarde en el tercer piso del edificio Chihuahua […] Terminamos el plan a las 2 de la tarde y lo traducimos en órdenes que se cumplieron a las 15:30 […] El capitán Careaga, faltando 20 minutos, estaba acantonado en los departamentos […] el coronel Gómez Tagle a las 15:40 estaba con su Batallón Olimpia, con su dispositivo para tapar todas las salidas del edificio […] a las 4 de la tarde ya estaban todos en los balcones del tercer piso”.
Según también el general García Barragán, el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial “mandó apostar en los diferentes edificios que daban a la plaza diez oficiales armados con metralletas, con órdenes de disparar sobre la multitud allí reunida”; esos fueron los autores de “algunas bajas entre gente del pueblo y soldados del ejército”, dijo. Desde la terraza del tercer piso, Félix Fuentes, reportero del diario La Prensa, señala: “abrieron fuego agentes de la Dirección Federal de Seguridad y de la Policía Judicial del Distrito […] esperaban la llegada del ejército para emprenderla contra los líderes estudiantiles”. Fallaci, secundó: “Se escuchó un fuerte ruido en las escaleras. Estaban disparando y fuimos rodeados por policías vestidos de civil. Cada uno de ellos tenía un guante o pañuelo blanco en su mano izquierda, para que pudieran reconocerse. Saltaron sobre los dirigentes estudiantiles y sobre mí. Luego, la policía nos ordenó que permaneciéramos tendidos sobre nuestro estómago. La única manera que uno podía protegerse de las balas que provenían de arriba era cubriéndose detrás de la pared frontal de la terraza. De ese modo, la policía usó esta barrera de seguridad, nos colocó a los arrestados, a lo largo de la pared opuesta, donde nos encontramos expuestos a las balas. Estuvimos tendidos ahí cerca de una hora. Cada vez que hacíamos un movimiento, disparaban sus armas contra nosotros.”
los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete.
Pues prosiguió el banquete.
Rosario Castellanos.
García Barragán, aceptará que “a los primeros disparos el Batallón Olimpia se replegó en las entradas del edificio Chihuahua y aprehendió como a 400 individuos, entre los que se encontraron todos los cabecillas del movimiento, descabezándolo con este hecho, que fue el éxito completo de mi plan”. Y agregará que “como a las 7:30 de la noche me habló el general Mazón, para pedir permiso para registrar los edificios donde había francotiradores, lo autoricé y como a los 15 minutos me habló el general Oropeza [para decirme]: ‘Mi general, tengo varios oficiales del Estado Mayor Presidencial apostados en algunos departamentos, armados con metralletas para ayudar al ejército con órdenes de disparar a los estudiantes armados, ya todos abandonaron los edificios, sólo me quedan dos que no alcanzaron a salir y la tropa ya va subiendo y como van registrando los cuartos temo que los vayan a matar, ¿quiere usted ordenar al general Mazón que los respeten?”. García Barragán transmitió la petición y Mazón confirmó haber encontrado a los dos hombres armados con metralletas.En la plaza, mujeres, niños, jóvenes y adultos corrían despavoridos en medio de las balas; algunos se tiraron al suelo, otros buscaron protección en las escalinatas o entre los vestigios prehispánicos; otros más se escondieron debajo y detrás de los automóviles estacionados o intentaron refugiarse en los departamentos dentro de los edificios. Mucha gente, como el joven actor Eduardo López Martínez, también conocido como Lalo “El Guajolote”, logró huir por el costado oriente de la plaza; otras personas se toparon con columnas de soldados que empuñaban sus armas a bayoneta calada y disparaban a todas direcciones. Las menos afortunadas quedaron tendidas en el suelo, muertas o heridas; entre ellas estaba el historiador Humberto Musacchio.
El fuego intenso duró aproximadamente 30 minutos. Luego los disparos disminuyeron pero se mantuvo el tiroteo hasta las 20:30 horas. En ese lapso se evitó que las ambulancias de la Cruz Roja y la Cruz Verde llegaran a la Plaza de las Tres Culturas. A las 21:00 horas, varios edificios habían sido ocupados por la tropa y algunos otros estaban siendo cateados. Los elementos del Batallón Olimpia, vestidos de civil y con su pañuelo o guante blanco como distintivo, no dejaban de gritar: “¡Batallón Olimpia, no disparen!” Cientos de personas con las manos en alto fueron conducidas por los soldados hasta el muro sur de la iglesia de Santiago Tlatelolco. Todas, salvo los fotógrafos y periodistas que pudieron identificarse, estaban detenidas. Unos 300 tanques, unidades de asalto, jeeps y transportes militares, tuvieron rodeada la zona, de Insurgentes a Reforma, entre Nonoalco y Manuel González.
En las instrucciones de la Secretaría de la Defensa Nacional se indica que el dispositivo del que habla el general García Barragán se denominó Operación Galeana (nombre con el que se conocía a la casa del mismo secretario de Defensa), que estuvo al mando del general Crisóforo Mazón Pineda y que la conformaron tres agrupamientos, además del Batallón Olimpia (el cual estuvo al mando del coronel de infantería Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle). El general Mazón emitió un reporte del personal militar muerto y herido en esta operación: un muerto y 16 heridos, entre los heridos mencionó al general José Hernández Toledo, comandante del Primer Batallón de Fusileros Paracaidistas y posterior comandante de la llamada Operación Cóndor (cuyas similitudes con el Plan Cóndor que orquestarían las dictaduras militares del Cono Sur no son sólo de nombre y que estuvieran comandadas por militares destacados por sus labores represivas, como el divisionario Roberto Heine Rangel, persecutor de la guerrilla en Guerrero, y el general Manuel Díaz Escobar, futuro creador de “Los Halcones”; sino que su motivación inicial fue “combatir al narcotráfico”, justificar la violación de derechos humanos en nombre de la seguridad nacional y terminar implementando sus métodos criminales en contra de las y los luchadores sociales que con anterioridad habían sido convenientemente criminalizados).No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad...
Recuerdo, recordamos.
Rosario Castellanos.
Los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga, capturados en la terraza del edificio Chihuahua o en departamentos desocupados violentamente por unidades del ejército, del Batallón Olimpia y de la Federal de Seguridad, serían reunidos en grupos en la planta baja de cada edificio y posteriormente trasladados al Campo Militar No. 1. Por órdenes del general Raúl Mendiolea Cerecero, subjefe de la policía capitalina, los hospitales de la Cruz Roja y de la Cruz Verde, así como la información sobre heridos y muertos, quedaron bajo estricto control policiaco. Luego, conforme otros hospitales se fueron llenando de heridos y muertos, la vigilancia se extendió también a estos.
Oficialmente, se contabilizaron 39 muertos civiles; después se hablaría de un total de 44 personas que habían perdido la vida; sin embargo, el general Alberto Quintanar reveló que “entre ocho y nueve camiones de redilas, sin logotipos, se utilizaron para sacar de Tlatelolco los cuerpos de quienes murieron”; los transportes eran similares a los que utiliza el servicio de limpia del DDF, la oficina que dirige el general Manuel Escobar Díaz. Así, las cifras de las personas asesinadas y heridas comenzarían entonces una danza que a la fecha no termina. Por ejemplo, John Rodda, periodista de deportes del diario británico The Guardian que vino a México para cubrir las Olimpiadas, reportó con base en lo que presenció y en entrevistas que realizó un total de 325 personas muertas; Fernando M. Garza, a la media noche por insistencia de periodistas extranjeros, en su calidad de director de prensa y relaciones públicas de la Presidencia, dijo que la intervención militar en la Plaza de las Tres Culturas “acabó con el foco de agitación que ha provocado el problema”, y habló primero de siete muertos y luego de 20. El Día contó 30 cuerpos. Siempre! Contó 40. El Consejo Nacional de Huelga, dijo que 150 civiles y 40 soldados habían resultado muertos. “Ninguno”, dijo el general José Hernández Toledo. Por su parte, Archivos de Seguridad Nacional, algunos de cuyos documentos (generados por el FBI y la CIA, entre otras agencias de inteligencia estadounidenses) han sido desclasificados por Washington, reporta que la embajada de Estado Unidos en México cifró entre 150 y 200 las personas que perecieron en la Plaza de las Tres Culturas, comparando el acto con la masacre de Tiananmen, en Pekín.Gustavo Díaz Ordaz, en la misma tónica de la PGR y de su vocero (obvio), responsabilizó de los hechos a grupos de una “conjura comunista”; discurso muy ad hoc con los dictados de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, cuyo director, Winston Scott, es tan anticomunista como el presidente Peña… Díaz… perdón: Peña también es anticomunista, pero ya claudicó como presidente. No sería extraño que Díaz Ordaz pensara así. Junto con Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación; el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial; Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad; Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores; Joaquín Cisneros, secretario particular de Díaz Ordaz; Emilio Bolaños, sobrino del presidente; Humberto Carrillo Colón, agregado de prensa de la embajada de México en Cuba, y Miguel Nazar Haro, el agente de la Federal de Seguridad encargado de vigilar a los diplomáticos cubanos y soviéticos en México, y fundador de la Brigada Blanca; junto con ellos, decíamos, GDO está al servicio de la CIA como parte de la Operación Litempo.
Dicha operación, según informes desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, el libro Our Man in México, de Jefferson Morley, y el documental La conexión americana, producido por Carlos Mendoza, director de Canalseisdejulio, existe desde por lo menos la presidencia de Adolfo López Mateos, quien recibía 400 dólares mensuales como agente de la CIA bajo las claves Lisensor o Litensor; mientras los demás funcionarios “trabajan” con la clave Litempo. Díaz Ordaz, por ejemplo, es Litempo 2, en tanto su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, cobra como Litempo 8. Sin embargo, el gobierno no ha podido demostrar sus aseveraciones respecto a “la conjura comunista” que pretendía “boicotear los Juegos Olímpicos”; más bien al contrario: lo único que ha quedado de manifiesto es su paranoia.
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.
Rosario Castellanos.
Según el informe de la PGR conocido como Libro Azul, escrito por el procurador Julio Sánchez Vargas, a eso de las 23:00 horas “se volvió a sentir, una vez más, un nutrido tiroteo proveniente de diferentes edificios; principalmente: Aguascalientes, Revolución 1910, Molino del Rey, 20 de Noviembre, 5 de Febrero ISSSTE, Chamizal y Atizapán.” Todos estos edificios, más el Guelatao y Churubusco, fueron cateados “como consecuencia de la información que se recibió, en el sentido de que algunos departamentos que permanecían cerrados en los edificios de nuestra zona de responsabilidad, se notaban movimientos sospechosos.” Después de esto, se concluyó el desalojo de heridos y muertos; así como el rastreo de más personas escondidas que terminaron siendo arrestadas.
Será el general Javier Vázquez Félix quien estará a cargo de las “acciones de limpieza”, como parte final de la Operación Galeana: recoger cadáveres (justamente éste personaje es quien maneja cifras de entre 44 y 46 personas muertas), retirar evidencias de la masacre y coordinar las tareas con el departamento de limpia del DDF. Las cifras de detenidos, como las de muertos y heridos, son otro danzar en medio de la incertidumbre, la falta de transparencia y el cubrirse las espaldas unos a otros por parte de los militares y funcionarios del gobierno federal. Fernando Gutiérrez Barrios reporta 1, 043 personas detenidas, de las cuales 363 fueron a parar al Campo Militar No. 1; 83, a la Jefatura de Policía, y 597 entre la Cárcel Preventiva y la Penitenciaría. El general Crisóforo Mazón, habla de 2, 360. Las procuradurías General de la República y del D.F. registran 1, 650. Y diversas listas encontradas en el Archivo General de la Nación dan cuenta de sólo 977.
¿Es éste un crimen de Estado? Todo indica que sí. Tras la masacre, el Senado se apuró a “justificar plenamente” la Operación Galeana y durante el quinto informe de gobierno presidencial la mayoría priista se levantó y durante 128 segundos aplaudió de pie a Gustavo Díaz Ordaz. José Gil Olmos nos cuenta que los pocos legisladores del PAN y del PPS que ya entonces ocupaban una curul secundaron los aplausos de los priistas. Fue en medio de ese contexo que lanzó su mea culpa (supongo que es algo así como orinarse encima de la historia): “Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política, histórica, por las decisiones del gobierno” en relación con los sucesos del pasado 2 de octubre. Al contestar el informe presidencial, el diputado priista Luis M. Farías no se quedó con las ganas y dijo: “Cuando usted ha considerado necesario limpiar la casa, lo ha hecho sin temor a la crítica y la incomprensión […] De la misma manera en que ha resistido los embates del insulto y de la insidia, sin que el odio anidase en su pecho, así también ha sabido resistir el halago, la adulación y la lisonja, sin que la vanidad ocupe lugar alguno en su espíritu. Ese espíritu que ha revitalizado su fuerza moral y física”. Sí, como afirma Gil Olmos, el Poder Legislativo mexicano exoneró de la matanza a Díaz Ordaz, a Luis Echeverría Ávarez y a los mandos del Ejército.No sería el único. La burla la completó el Poder Judicial con procesos que derivan en condenas de tres a 17 años de prisión, donde la mitad de los detenidos fueron sentenciados a penas mínimas de 10 años; por delitos como incitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataque a las vías de comunicación, robo, despojo, acopio de armas, homicidio y lesiones. La consigna, registra Jorge Carrasco Araizaga, era clara: a quienes no fueran miembros del CNH o de la Coalición de Maestros o del PCM, se los ponía en libertad; los otros fueron consignados de inmediato. Eso ocasionó que muchas personas fueran detenidas sin que mediara orden de autoridad competente y que terminaran siendo remitidas a la PGR por la Dirección Federal de Seguridad o, como en el caso de Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, sacados de la Penitenciaría, entregados a elementos militares, ingresados al Campo Militar No. 1 y ser sujetos a tormentos, sin que nadie hiciera caso de sus denuncias.
El rompecabezas de la impunidad lo completarían los poderes fácticos de la Iglesia católica, a través del Opus Dei y el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, el MURO (organización de fachada de la ultraderechista El Yunque y de la cual saldrían quienes fundaron el Comité Nacional Provida y Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana, DHIAC, así como la Unión Nacional de Padres de Familia), y la mayoría de los medios de comunicación impresos y electrónicos, cuyos dueños decidieron defender el bazucazo en la Preparatoria 1, la escalada represiva que hizo acto de presencia los días 27 y 28 de agosto en el zócalo y las ocupaciones militares de Ciudad Universitaria, Zacatenco y el Casco de Santo Tomás, y aplaudir la masacre de ayer. Como dijera Rosario Castellano en los retazos del poema suyo que ha acompañado esta bisoña crónica: “los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo. / Y en la televisión, en el radio, en el cine no hubo ningún cambio de programa, / ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete. / Pues prosiguió el banquete.”
en la espera del sol,
sabemos que pronto llegará,
somos pacientes, no corremos
porque el premio vendrá al amanecer.
No nos haremos viejos y no moriremos.
Y si el cuerpo envejece,
nosotros sabemos ver el alma joven.
Y si morimos,moriremos con la frente en alto,
Orgullosos de saber que los que vienen
sabrán compartir lo logrado
y comprender nuestra larga lucha
y la espera del amanecer.
Fátima Álvarez.
Estamos convencidas, convencidos, que dentro de cinco o seis décadas el sistema de partido de Estado no existirá más en México; ni eso, ni una simulación que se esconda tras lo que alguno pueda llamar “alternancia en el poder”. En los albores… uff, como dijera Ricardo Rocha: mejor, en lugar de “albores”, digamos en los comienzos, no vaya a ser que nos caiga la sal… en los comienzos, decíamos, del Siglo 21, México no tendrá un presidente (mucho menos dos y que de los dos no se haga ninguno) que en el improbable caso de que algún joven inteligente le grite “espurio” autorice que agentes de la policía o el Estado Mayor Presidencial lo detengan y lo remitan sin orden de arresto ni cargos de por medio a agencia alguna del Ministerio Público; no habrá jefes de gobiernos que se digan de izquierdas y que ordenen a sus policías vestirse de civiles y que sin identificarse infiltren manifestaciones de jóvenes y “detengan”, más bien: secuestren, a dos que tres muchachos, les den una considerable dotación de golpes y luego los tilden de “provocadores”; y, ni uno ni otro, ni el presidente ni el jefe de gobierno, harán lo uno y lo otro en medio de conmemoraciones y discursos de ésta y otras masacres desplegadas en contra de movimientos que se levanten por libertades democráticas.
Dentro de cinco o seis décadas, cuando el calendario rebase la cuenta del segundo milenio, México no tendrá, como ahora, 1968, medios de comunicación rastreros ni lambiscones del poder, sino cuidadosos de sus noticias y de su programación porque entenderán que son copartícipes de la grandeza o estupidez que impere en este país; no tendrá, ni mucho menos, un rector universitario que luego de encabezar el encarcelamiento y la expulsión de cientos de estudiantes progresistas se haga el amnésico y honre la memoria del ingeniero Barros Sierra; no habrá gobernadores autoritarios que se sientan orgullosos de contar con policías asesinos y violadores de luchadores y luchadoras sociales y tengan el descaro de tomarse la foto del recuerdo para decir: “Nunca más una masacre como la de 1968”; no habrá presas políticas ni presos políticos en las cárceles que, además hayan sido enviados a prisiones de alta seguridad y purguen condenas que ni siquiera hayan recibido los criminales más desalmados.
Dentro de 50 ó 60 años, la humanidad no tendrá la desvergüenza de organizar unos Juegos Olímpicos o una Copa Mundial de Futbol en medio de la miseria, la explotación y la represión, como ahora, en 1968; el ejemplo del “Che” habrá cundido en todo el continente americano y si llegara a gobernar en la Bolivia que lo viera morir un indígena, nadie echaría mano de argumentos racistas para denostarlo, ni impediría su política agraria y de nacionalización de recursos naturales, porque entendería que cuando está bien todo mundo y no sólo unos cuantos, están bien hasta los que son unos cuantos; los procesos revolucionarios en Europa del Este y Sudamérica se volverán moneda corriente y seremos testigos de gobiernos encabezados por gente honesta y no por especuladores del deporte o familiares de algún personaje asesinado por militares que luego se asocie con esos mismos militares para reprimir a sus pueblos originarios; la construcción de autonomía e independencia de los pueblos hará posible no sólo que se autorice la enseñanza en palabra digna y verdadera, sino que su lucha sea apoyada por jueces y magistrados que no podrán ser tan caraduras como para juzgar dictadores y ordenar el cierre de periódicos que se editen en una lengua que no sea la suya; Estados Unidos no habrá repetido la canallada de invadir otra nación, por pequeña que sea, y levantará el infame bloqueo que hoy, 1968, mantiene contra nuestras hermanas y hermanos de los pueblos de Cuba y Venezuela; Europa y Asia serán tan dignas y gigantas que abrirán sus puertas a todo el mundo, porque entenderán que las fronteras no se hicieron para las personas, y la Iglesia católica será finalmente fiel a la palabra y al ejemplo de Jesucristo, mirará por quienes menos tienen, luchará a brazo partido por su libertad y levantará en alto las banderas del amor al prójimo sin cortapisas ni hipocresía.
Estamos convencidas, convencidos, por último, que quienes ahora, en 1968, han padecido la persecución, la represión, la tortura, la desgracia de ver caer muertos a sus amigos y familiares, no se traicionarán codeándose con los asesinos de ahora; no contratarán a Nazar Haro como asesor, o harán coordinador de algún frente político de izquierdas al demagogo de Porfirio Muñoz Ledo, o querrán que el represor Manuel Bartlett sea director de alguna paraestatal estratégica como Comisión Federal de Electricidad; no formarán partidos políticos que miren con buenos ojos tejer alianzas c
Estamos convencidas y convencidos de ello, porque de otra manera sabrán que sobre sus hombros caerá todo el peso de la vergüenza, de la deshonra, pues no serán sino traidores, sátrapas que no merecerán ser llamados herederas ni herederos de este sueño que hoy el Poder pretende convertir en pesadilla, y que tarde o temprano, cuando cobremos la afrenta de hoy, también tendrán que pagar su cuenta pendiente con la historia.
22 de diciembre de 2011
PALINURO :: Caballería roja. El arte y el comunismo.
La Casa Encendida alberga una portentosa exposición de arte soviético titulada Caballería roja. Arte y poder en la Rusia soviética, 1917-1945 con tal abundancia de material, magníficamente organizado por la comisaria, Rosa Ferré, que si se pretende contemplarla con cierto detenimiento, da para más de un día. Se ha hecho con un enorme esfuerzo de coordinación y colaboración con muchos museos de Rusia que debe aplaudirse porque el resultado es impresionante. En los cuatro espacios de exposición de la planta baja y sótano de la Casa Encendida se exhibe la mejor muestra del arte soviético, de todo él y en todas sus manifestaciones, que pueda imaginarse.
Hay cuadros de Kandinsky, Chagall, Malevich (uno suyo da nombre a la exposición), Deyneka, Brodsky, etc; carteles de El-Lissitsky, Dmitri Moor, Gustav Klutsis, Maiakosky; fotomontajes de Rodchenko y otros; música de Shostakovich y Prokofiev; libros y poemas de Ana Ajmatova u Ossip Mandelstam; novelas y relatos de Babel, Gorki, Pasternak, Pilnyak; bocetos y diseños de Meyerhold, Maiakovsky de nuevo; artefactos de Tatlin o Theremin; películas de Dziga Vertov, Eisenstein o Pudovkin; esculturas de Vera Mujina e Ivan Shadr. Treinta años de creatividad muy bien expuestos, que dan una idea de la evolución del arte soviético desde la revolución bolchevique hasta 1945, el fin de la Gran Guerra Patria, que no del estalinismo.
Sin embargo, esa idea puede resultar engañosa si el visitante no sitúa en el debido contexto la enorme afluencia de obras de arte que lo asaltan. Para hacerlo, lo aconsejable es comprar el catálogo de la exposición, una obra muy apreciable con aportaciones de especialistas en la materia. Las de Rosa Ferré, las más abundantes, son con mucho las mejores. De este modo, armado con las claves que en el catálogo se encuentran el espectador ya no corre peligro de caer en la trampa de una visión convencional del arte comunista que, de darse, vendría a ser como el triunfo póstumo de la única habilidad en la que el comunismo ha destacado con auténtica maestría: la propaganda.
En efecto, el visitante de buena fe recorrerá las salas y su primera impresión (que, muchas veces, la mayoría, es la única que se obtiene) será coincidente con la interpretación al uso de la evolución del arte soviético y que, más o menos, dice lo siguiente: con la revolución bolchevique, en vida de Lenin y durante los primeros años de la joven república soviética (hasta el ascenso de Stalin en 1927)
hubo un tremendo florecimiento del arte, en medio de la libertad de creación más absoluta, un montón de genios en todas las ramas estéticas asombraron al mundo con la fuerza, la originalidad y la belleza del arte revolucionario. Es cierto que, en muchos casos, la creación procedía de las vanguardias prerrevolucionarias pero, a partir de 1917, el comunismo revolucionó no solo la política y la economía sino la literatura y el arte en general, haciendo aportaciones que todavía se imponen con fuerza. A partir de 1927, sin embargo, con el ascenso de Stalin y, sobre todo, al comienzo de los años treinta hay un giro de radical de la política artística del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), el mismo Stalin se mete en cuestiones estéticas, el más rígido dogmatismo ahoga toda creatividad artística, se instalan elrealismo socialista y el culto a la personalidad, los artistas se convierten en acobardados servidores y propagandistas de la ideología pseudomarxista del estalinismo y las obras de arte son falsas, bombásticas o puro kitsch.
Esta interpretación al uso es parcialmente cierta y parcialmente no. Es cierta la segunda parte: el estalinismo significó la sumisión del arte a las obtusas directrices del PCUS, administradas por Jdanov, consuegro de Stalin y que tenía tanto sentido estético como un boniato; significó asimismo el soborno de los intelectuales y artistas que se sometieron y la persecución, la tortura, el destierro o la muerte para los que no lo hicieron. Este triste destino afectó a miles de creadores. De los seiscientos asistentes al congreso de escritores en Moscú en 1934, unos años después doscientos habían sido fusilados.
En cuanto a la primera parte, es cierto que en los primeros años de la revolución hubo una verdadera explosión de creatividad artística, pero es falso, como suele darse a entender (ya que nadie se atreve a decirlo claramente por ser claramente mentira) que tal explosión estuviera animada por las autoridades comunistas o que Lenin fomentara la creatividad artística que no estuviera estrictamente ligada a la propaganda. Más abajo volveré sobre este asunto que no es sino el enésimo intento de cargar todas las monstruosidades del comunismo sobre Stalin, salvando la figura de Lenin, cuando es claro que lo único que diferencia a Lenin de Stalin, en esto como en todo, es que el primero murió prematuramente y no le dio tiempo a llevar a cabo todos los crímenes que cometió el segundo. No obstante hizo lo suficiente para justificar este juicio que, insisto, expondré al final de la entrada.
Antes unas palabras sobre el régimen de terror de Stalin que literalmente revuelve las tripas. En 1932, el ex-seminarista pone fin a la multiplicidad de escuelas, corrientes e ismos artísticos y crea una Unión de Escritores Soviéticos. El congreso de 1934 impone la doctrina del realismo socialista y ésta se expande a todas las ramas del arte a partir de la creación en 1936 de un Comité de Asuntos Artísticos de la Unión. Los artistas y creadores que querían prosperar tenían que pertenecer a estas organizaciones; los que no lo hacían ya sabían que les esperaba el ostracismo, la persecución o algo peor. Stalin fue especialmente duro con los escritores y, en concreto,
con los poetas: Maiakovsky, Yesenin y Marina Tsvetaeva fueron empujados al suicidio, Mandelstam murió en el gulag, como Shyleiko y Nicolai Punin, segundo y tercer maridos de la poetisa Ana Ajmatova, cuyo hijo, Lev Guvilev también fue deportado y murió en consecuencia. Todo esto lo encontramos en la exposición.
Es Ajmatova, precisamente, la que cuenta en su introducción al primer poema de su obra Requiem que sólo pudo publicarse en Rusia en 1987 la famosa y estremecedora historia que mejor describe el terror stalinista. Estaba la poetisa en una de aquellas colas de familiares de presos y desaparecidos que todos los días tenían que ir a la puerta de la cárcel de Leningrado a esperar durante horas con temperaturas bajo cero por ver si conseguían alguna noticia de sus allegados y que tan bien describe Grossman en alguna de sus obras, cuando una mujer que estaba detrás le susurró al oído (nadie podía hablar en voz alta): "¿puede usted contar esto?" "Sí", respondió Ajmatova, "puedo". El resultado es el poemario Requiem, que pone los pelos de punta.
Pero no fueron únicamente los poetas los perseguidos. En los años del Gran Terror (de 1934 a 1940), Stalin hizo fusilar pintores (Pavel Filonov, 1937), cartelistas fieles hasta la muerte (Klutsis, 1938), novelistas (Boris Pilnyak, 1938; Isaak Babel, 1940), cineastas (Boris Shumiatsky, 1938), dramaturgos (Vsevolod Meyerhold, 1939) o periodistas (Mijail Koltsov, 1940). La exposición contiene obra de todos, mucha de ella, paradójicamente, alabando a su asesino. Por supuesto, al ser la exposición de arte, nada se dice de la masacre estalinista de políticos, militares, médicos, científicos y gente de la calle. Aun hoy es imposible calcular cuánta gente asesinó este tirano.
¡Ah, pero es que el estalinismo fue una degeneración del comunismo, del leninismo! Lenin era otra cosa. ¿Acaso no previno en su testamento de lo que se venía encima con el georgiano al que él mismo había nombrado secretario general? Es posible que tuviera segundos pensamientos pero, en realidad, Stalin no es sino la continuación de los métodos de Lenin. Fue Lenin quien cerró la asamblea constituyente y ahogó la democracia en la cuna; fue él quien ordenó reprimir a sangre y fuego la sublevación de Kronstadt, él quien hizo fusilar al Zar y su familia, incluido el zarevich, un niño, sin juicio alguno (y mantener oculto este crimen durante años) y él quien puso en marcha los primeros campos de concentración. En realidad no es Stalin ni tampoco Lenin, es el comunismo. Con él comienza el terror y la única diferencia entre Stalin y Lenin es que éste fallece muy pronto, está muy ocupado con la supervivencia del poder bolchevique (guerra civil, comunismo de guerra, NEP) y, desde su muerte (en 1924) hasta el triunfo de Stalin en la lucha interna por sucederle (1927), los comunistas tienen poco tiempo de ocuparse de los artistas.
Es decir, el grandioso florecimiento del arte revolucionario que se abre en 1917 es posible no gracias a los bolcheviques y Lenin, sino, al contrario, gracias a que los bolcheviques y Lenin estaban ocupados tratando de sobrevivir. Así se desarrollaron las vanguardias, o los grupos de artistas, como el Proletkult o Lef, por cierto, todos ellos sinceramente bolcheviques y revolucionarios. De todo esto hay magníficos ejemplos que suspenden el ánimo en la exposición. En punto a producción artística, la Rusia bolchevique no tenía nada que envidiar a la Alemania de Weimar. Y si en ésta hubo expresionismo o la neue Sachlichkeit, en Rusia hubo futurismo, constructivismo, acmeísmo, suprematismo o productivismo. Otro curioso parecido que se daría unos años después entre Alemania (ahora la nazi) y la URSS fue la persecución de las formas artísticas que disgustaban a las respectivas tiranías y ambas bajo el mismo nombre: "arte degenerado".
Pero todo ello no gracias a Lenin, sino a pesar de él. El fundador del bolchevismo no tenía inquietudes artísticas y sus gustos eran conservadores, por no decir del montón. Odiaba las vanguardias (para vanguardia ya estaba él) y los ismos. Su único interés en el arte residía en su faceta propagandística y por eso apoyó el cine, puso al dramaturgo Anatoli Lunacharski al frente del comisariado de arte y facilitó que se crearan aquellos trenes que llevaban los documentales de Dziga Vertov por los pueblos de la estepa. Pero ahí se acababa su preocupación y en el resto fue tan arbitrario y censor como Stalin sólo que mucho menos eficaz. Si Nadia Krupskaia iba al teatro y no le gustaba la obra, el dramaturgo recibía un aviso, igual que cuando Stalin iba al estreno de, por ejemplo, la Lady Macbeth de Shostakovich, no le gustaba y, al día siguiente, la Pravda cargaba contra una música que no era tal, sino un caos burgués, asunto peligroso que podía llevar al creador al gulag. Fue Lenin quien mandó al exilio a docenas de intelectuales y creadores, desde el novelista Evgenii Zamiatyn hasta el filósofo Nicolai Berdiaev, pasando por el sociólogo Pitirim A. Sorokin. Y fue igualmente Lenin quien hizo fusilar en 1921 a Nicolai Gumilev, primer marido (divorciado) de Ana Ajmatova, bajo la acusación de conspiración monárquica. Aún no se había descubierto la práctica de torturar y fusilar gente bajo la acusación de trostkistas. Es el estalinismo, es el leninismo, es el comunismo en definitiva, el que ahoga toda libertad creadora y, cuando puede, termina con los mismos creadores.
Una última noticia respecto a otro episodio siniestro de abyección de los intelectuales y artistas en la Unión Soviética que se encuentra documentado en la exposición y del que da cumplida cuenta el catálogo. En 1934, Maxim Gorki pone en práctica su teoría de que los escritores deben trabajar en brigadas como los proletarios y escoge a ciento veinte autores para escribir un libro glorificando la construcción del canal de Bolomor, que unió el mar Báltico con el el mar Blanco con una longitud de 227 kms. Era una de las grandes obras emblemáticas del estalinismo y no sólo por la proeza de ingeniería. Lo que Gorki y los demás escritores al servicio de Stalin celebraban era el hecho de que la obra fuera, además, una comprobación de las doctrinas comunistas sobre la regeneración de los presos mediante el trabajo forzado. Porque el canal -que los ciento veinte autores visitaron mientras se construía- fue obra de presos que lo hicieron picando el granito casi con las manos. Es decir Gorki y los autores estalinistas no tuvieron inconveniente en glorificar el gulag.
Relación de imágenes:
Primera: Kasimir Malevich, Caballería roja (h. 1930).
Segunda: El Lissitsky, Derrotad a los blancos con la insignia roja. (1920).
Tercera: Kuzma Petrov-Vodkin, Retrato de Ana Ajmatova (1922).
Cuarta: Isaak Brodsky, Stalin (1933).
Quinta: Stepan Karpov, La amistad de los pueblos (1922-24).
Sexta: Vera Mujina, El trabajador y la koljosiana (s.d.).
Séptima: Gustav Klutsis, Viva la URSS (s.d.)
21 de octubre de 2011
PALINURO :: España sin ETA
Cuando Pérez Rubalcaba llegó al ministerio del Interior traía dos objetivos prioritarios: reducir la siniestralidad en las carreteras y acabar con ETA; dos graves problemas de los españoles de muy distinta naturaleza. Los ha conseguido. Ahora, lo lógico es votarlo para que, como presidente del Gobierno, gestione la definitiva normalización democrática del País Vasco y del conjunto de España.17 de septiembre de 2008
Bienvenidos al terror.
Allí están las imágenes, crudas, desgarradoras, en los medios propagandísticos que solemos llamar de comunicación: dos granadas de fragmentación habían sido detonadas durante la ceremonia del Grito de Independencia en Morelia, Michoacán. La danza de cifras con los números de las personas muertas y heridas, de las declaraciones gubernamentales, de los nombres de las más de cien víctimas, de las condenas, trajeron a la memoria aquella nube de los atentados en Estados Unidos, España o Gran Bretaña; no la nube de humo tras las explosiones en sus emblemáticos edificios y trenes subterráneos, sino la del alimento favorito para el terror: la desinformación.
Apenas se articulan algunas expresiones que ya se van haciendo lugar común para referirse al hecho: “cobarde”, “criminal”, “terrorista”, propio de “traidores a la Patria”; poco se dice, sin embargo, de que esto no es sino resultado de la aventura guerrerista en la que nos ha involucrado Felipe Calderón como usurpador de la Presidencia de la República y la clase política que lo acompaña, ora aplaudiéndole la militarización del país y permitiendo la aplicación del Plan México, ora desde la iniciativa privada que se manifiesta por la inseguridad pero no está dispuesta a cambiar el modelo económico que la ocasiona, ora desde la oposición del PRI y el FAP (PRD, PT y Convergencia) que incómoda y hasta contestataria no deja de ser cómplice de la estupidez y el cretinismo que acusa el Poder de Arriba.
No nos equivoquemos. En efecto, lo ocurrido en Morelia es una verdadera aberración y merece nuestra condena; pero de ningún modo se trata de nuestro estreno en eso que los enterados llaman “terrorismo”. México y quienes en él sobrevivimos ya tenemos conocimiento de lo que es el terror; antes del 15-S en Morelia hubo un 2-O en la Plaza de las Tres Culturas, un 28-J en Aguas Blancas, un 22-D en Acteal, un 14-E en Tlalnepantla, un 4-M en Atenco o un 1-N en Oaxaca. Todos y cada uno de estos casos fueron, conforme a la definición que la Organización de Naciones Unidas pusiera en la mesa durante la Cumbre sobre la Democracia, Terrorismo y Seguridad llevada al cabo en marzo de 2005 en Madrid, España, acciones destinadas a causar la muerte o lesiones corporales graves a civiles o no combatientes con el propósito de intimidar a una población a abstenerse de realizar un acto.
Así, pues, la condena nuestra, ya sea como sociedad, ya como meros individuos, no tiene por que ser más enérgica que las condenas todas que nos merece el terrorismo que nos recetan los desgobiernos nuestros en nombre del Estado de Derecho. Porque, como hemos dicho antes, el terrorismo y el narcotráfico no son producto de la deshumanización y la descomposición sociales per se, sino de un modelo de producción económica que primero socava nuestras sociedades rompiendo los vínculos afectivos e históricos que nos dan dignidad e identidad y luego “justifica” el uso de la fuerza para “pegar” lo que ha roto. El asunto aquí es que al sistema-mundo que el capitalismo “regula” no le interesa “pegar” nada, sino “pegarnos” (en la acepción de golpearnos) a todas, a todos, física y emocionalmente, para que no pensemos, no salgamos de nuestras casas, no protestemos, no defendamos lo que es nuestro; para que no digamos, en fin, “no quiero ser una mercancía más” o “no quiero ser una cifra más en la estadística de lo desechable”.
Tomémosle la palabra al títere que ése mismo modelo ha puesto de gerente en Palacio Nacional: con unidad y entereza hagámosle saber a él y a los criminales con que se rodea, a sus amos en las cúpulas del Poder y a sus cómplices en las Fuerzas Armadas, en los tres poderes y órdenes de Gobierno, en los partidos políticos, en las organizaciones obreras y campesinas clientelistas, en el narcotráfico, en las redes de pederastas o en quienes se visten de izquierdas mientras rinden homenaje a la mentira, la traición, la burla, la explotación, el despojo y la miseria, que no nos amedrentarán. Pero, sobre todo, dejémosles muy en claro que son ellas y ellos, no nosotras, no nosotros, quienes deben comenzar a temblar de miedo porque no les vamos a permitir que hagan de México tierra de abono para la desesperanza.
