Por: Raúl Romero / La Jornada.
El lunes 11 de mayo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo con el que se "dispone de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública". El acuerdo, fechado el pasado 8 de mayo, es acompañado de las firmas de Andrés Manuel López Obrador y de los secretarios de la Defensa Nacional, de Marina y de Seguridad y Protección Ciudadana.
Al seguir la ruta marcada en marzo y mayo de 2019, cuando con la aprobación de todos los partidos políticos se modificó la constitución y se expidió la Ley de la Guardia Nacional, respectivamente, el acuerdo ahora publicado está en concordancia con la lógica militarista de la actual y anteriores administraciones, y da continuidad a una indirecta y directa militarización de la seguridad pública del país hasta 2024, es decir, durante todo el sexenio de AMLO.
Hay que recordar que, de acuerdo con el cable 06MEXICO505 de WikiLeaks, del 31 de enero de 2006, López Obrador hizo saber al embajador estadunidense, Tony Garza, que quería dar más poder y autoridad a los militares en la guerra antinarcóticos, y que para ello pretendía una enmienda constitucional que no dudaba en obtener.
Llama la atención el momento en que se publica dicho acuerdo: en plena entrada al pico más alto de los contagios de Covid-19, marcado por una fuerte disputa con una parte del sector empresarial y con medios de comunicación nacionales y foráneos; pero también cuando los dos megaproyectos emblemáticos de la actual administración, el Tren mal llamado Maya y el Corredor Interoceánico, han encontrado mayor oposición de los pueblos y sus organizaciones.
De igual forma, entre los nuevos escenarios posibles para México, como consecuencia de la crisis económica global que estaba en curso y que se agudizará con la pandemia, hay que contemplar el descontento de grandes sectores sociales que se verán afectados, así como el ascenso de la migración, y también el crecimiento y expansión de las empresas del crimen organizado, las cuales podrán nutrirse con grandes cantidades de personas que quedarán desempleadas.
El gran poder político, económico y social que la actual administración le ha entregado a las fuerzas armadas es innegable. Si bien con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto la Sedena se convirtió en una gran industria constructora, esto no ha cesado con López Obrador, pues la misma construirá y dará mantenimiento a carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, bancos, hospitales, infraestructura de telecomunicaciones y otras obras.
Según palabras del propio AMLO, los militares construyen ya, con un presupuesto de 10 mil millones de pesos, las primeras mil 300 sucursales del Banco de Bienestar de las 2 mil 700 planeadas. La Sedena también construye el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y se ha anunciado que le otorgarán la construcción de dos tramos del Tren Maya. En lo que respecta al programa Sembrando Vida, se utilizan los 12 Viveros Forestales Militares ubicados en siete estados del país, desde donde se opera la distribución y entrega de las plantas.
También se ha entregado a la Sedena, Marina y Guardia Nacional el control y seguridad de ductos de Petróleos Mexicanos, la distribución de medicamentos y, en días recientes, el control de algunos hospitales.
En lo que se refiere a la Guardia Nacional, en febrero pasado AMLO informó que se habían desplegado 70 mil elementos, pero que el plan implicaba tener 140 mil en todo el territorio nacional para finales de 2020.
Ni antes de la pandemia ni ahora, la ruta de la militarización era opción, sobre todo en nuestro país, donde las fuerzas militares han sido utilizadas sistemáticamente para reprimir y acallar el descontento, para perseguir y desaparecer las resistencias, y también para proteger o fortalecer los negocios de grupos criminales. Los nombres de Ernestina Ascencio y Ayotzinapa, por mencionar algunos, debieran resonar fuerte en la memoria colectiva en estos momentos.
Mientras las fuerzas armadas no sean llevadas ante la justicia por crímenes pasados y presentes, o por su participación en hechos de corrupción, el pacto de impunidad seguirá marcando su actuación. En tanto las fuerzas armadas no sean transformadas a profundidad para obedecer a los pueblos, sujetos de los que emana el poder público, son en realidad una amenaza.
El militarismo es un campo de acumulación de capital, nos advirtió Rosa Luxemburgo, tiene la función de "la proletarización violenta de los indígenas y la imposición del trabajo asalariado en las colonias, en la formación y extensión de esferas de intereses del capital europeo en territorios no europeos, en la implantación forzosa de ferrocarriles en países atrasados". Aquí una posible respuesta para entender por qué tanto interés del actual gobierno en los militares: los necesitan para garantizar "el orden y la paz social", para garantizar sus proyectos de "desarrollo".
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25 de mayo de 2020
12 de mayo de 2020
15 de octubre de 2019
Nada que celebrar, mucho para reflexionar.
Por: María Teresa Jardí / Por Esto!
Como alerta Raúl Zibechi: “…No es posible seguir mejorando la situación de los sectores populares sin tocar la riqueza y los gobiernos que se reclamen progresistas no harán otra cosa que profundizar el extractivismo y el despojo de los pueblos: Andrés Manuel López Obrador y el posible gobierno de Alberto Fernández, son parte de esta realidad. El panorama de los próximos años será una sucesión de gobiernos progresistas y conservadores, con un telón de fondo de vastas movilizaciones populares. Se trata del fin de la estabilidad, de cualquier color…”.
Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Que la Tierra se está convirtiendo en páramo se ve incluso desde otros planetas en los que si hubiera vida, lejos de querer colonizarnos, las criaturas que también existieran huirían de los humanos como de la peste.
Nada que celebrar el 12 de octubre. Un día de luto para los pueblos originarios. Nada que celebrar desde el día del mal llamado descubrimiento de un continente que ya existía, poblado por habitantes con avances culturales muy por encima de los que evidenciaron tener los enviados a someter “evangelizando”, mientras otorgaban el permiso para que otros se alzaran como los conquistadores, que nunca se fueron del todo porque el mestizaje en México no se convirtió en orgullo y a la traición se la consideró virtud por los que ni siquiera pueden asumirse del todo criollos ni menos aún españoles o gringos, al costo de haber renunciado a sentir el orgullo de ser que no han perdido los mayas ni los otros pueblos originarios, a pesar de las adversas condiciones de vida prolongadas desde hace ya tantos siglos.
Obligada Jornada Global por la vida y los territorios de los pueblos originarios la convocada por el CNI este 12 de octubre. Jornada de denuncia de la detención ilegal de compañeros ambientalistas. De denuncia de crímenes cometidos en contra de quienes se oponen al despojo.
En recuerdo de lucha de Samir Flores, ejecutado impunemente en tiempos de la 4T, por oponerse a la Temoeléctrica que se quiere seguir construyendo en Morelos, a pesar de haberse ofrecido, para llegar, por parte de AMLO, lo contrario.
Jornada Global por el encarcelamiento impune del compañero mazahua Miguel Peralta, a quien el caciquismo que en MORENA prevalece lo mantiene, presionando al juez, en la cárcel. Compañero en huelga de hambre que puede costarle la vida.
Jornada Global por el envenenamiento de los cenotes que llegan al mar con la siembra permitida de granjas de cerdos maltratados, pero muy bien exportados por sus dueños, invasores del territorio.
El capitalismo lo quiere todo en manos de unos cuantos depredadores que son los dueños de los grandes capitales que hoy, en la Península de Yucatán, lo mismo siembran granjas productoras de cerdos que fotovoltaicas y eólicas, devastando la selva y amenazando a la naturaleza con la construcción del Tren Maya y su siembra de cemento alrededor del mismo, que dará empleo de servidumbre a los que ya solamente les restan pequeños territorios de los muchos que les pertenecían como pueblos originarios, y a los que desechados por similares razones de sus lugares de origen vayan llegando a este campo de concentración para inmigrantes, que como filtro de los yanquis se va convirtiendo a México.
Nada que celebrar. Todo por escribirse de nuevo. Y no sólo aquí. En Ecuador los pueblos originarios que están diciendo no a las condiciones impuestas y aceptadas por otro esbirro del FMI, Lenin Moreno, enfrentan una brutal represión y lo mismo puede decirse del pueblo kurdo destinado a ser desaparecido porque la rebeldía y el no sometimiento se llama hoy “terrorismo”, como antes se llamaba “comunismo” y antes “herejía”.
El terrorismo de Estado en manos de los terroristas encabezados por Trump al servicio de los grandes capitales globales que acaban con el planeta. El enemigo a combatir es el capitalismo. Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Como alerta Raúl Zibechi: “…No es posible seguir mejorando la situación de los sectores populares sin tocar la riqueza y los gobiernos que se reclamen progresistas no harán otra cosa que profundizar el extractivismo y el despojo de los pueblos: Andrés Manuel López Obrador y el posible gobierno de Alberto Fernández, son parte de esta realidad. El panorama de los próximos años será una sucesión de gobiernos progresistas y conservadores, con un telón de fondo de vastas movilizaciones populares. Se trata del fin de la estabilidad, de cualquier color…”.
Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
Que la Tierra se está convirtiendo en páramo se ve incluso desde otros planetas en los que si hubiera vida, lejos de querer colonizarnos, las criaturas que también existieran huirían de los humanos como de la peste.
Nada que celebrar el 12 de octubre. Un día de luto para los pueblos originarios. Nada que celebrar desde el día del mal llamado descubrimiento de un continente que ya existía, poblado por habitantes con avances culturales muy por encima de los que evidenciaron tener los enviados a someter “evangelizando”, mientras otorgaban el permiso para que otros se alzaran como los conquistadores, que nunca se fueron del todo porque el mestizaje en México no se convirtió en orgullo y a la traición se la consideró virtud por los que ni siquiera pueden asumirse del todo criollos ni menos aún españoles o gringos, al costo de haber renunciado a sentir el orgullo de ser que no han perdido los mayas ni los otros pueblos originarios, a pesar de las adversas condiciones de vida prolongadas desde hace ya tantos siglos.
Obligada Jornada Global por la vida y los territorios de los pueblos originarios la convocada por el CNI este 12 de octubre. Jornada de denuncia de la detención ilegal de compañeros ambientalistas. De denuncia de crímenes cometidos en contra de quienes se oponen al despojo.
En recuerdo de lucha de Samir Flores, ejecutado impunemente en tiempos de la 4T, por oponerse a la Temoeléctrica que se quiere seguir construyendo en Morelos, a pesar de haberse ofrecido, para llegar, por parte de AMLO, lo contrario.
Jornada Global por el encarcelamiento impune del compañero mazahua Miguel Peralta, a quien el caciquismo que en MORENA prevalece lo mantiene, presionando al juez, en la cárcel. Compañero en huelga de hambre que puede costarle la vida.
Jornada Global por el envenenamiento de los cenotes que llegan al mar con la siembra permitida de granjas de cerdos maltratados, pero muy bien exportados por sus dueños, invasores del territorio.
El capitalismo lo quiere todo en manos de unos cuantos depredadores que son los dueños de los grandes capitales que hoy, en la Península de Yucatán, lo mismo siembran granjas productoras de cerdos que fotovoltaicas y eólicas, devastando la selva y amenazando a la naturaleza con la construcción del Tren Maya y su siembra de cemento alrededor del mismo, que dará empleo de servidumbre a los que ya solamente les restan pequeños territorios de los muchos que les pertenecían como pueblos originarios, y a los que desechados por similares razones de sus lugares de origen vayan llegando a este campo de concentración para inmigrantes, que como filtro de los yanquis se va convirtiendo a México.
Nada que celebrar. Todo por escribirse de nuevo. Y no sólo aquí. En Ecuador los pueblos originarios que están diciendo no a las condiciones impuestas y aceptadas por otro esbirro del FMI, Lenin Moreno, enfrentan una brutal represión y lo mismo puede decirse del pueblo kurdo destinado a ser desaparecido porque la rebeldía y el no sometimiento se llama hoy “terrorismo”, como antes se llamaba “comunismo” y antes “herejía”.
El terrorismo de Estado en manos de los terroristas encabezados por Trump al servicio de los grandes capitales globales que acaban con el planeta. El enemigo a combatir es el capitalismo. Nada que celebrar. Mucho que reflexionar. Todo por escribirse de nuevo.
16 de septiembre de 2018
El Gobierno de reconciliación y el programa ilimitado del capital en México.
Por: José Luis Ríos Vera / Rebelión.
Desde la campaña presidencial, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) convocó a la “Reconciliación Nacional”. Con la aplastante derrota electoral del bloque oligárquico, las clases y sectores dominantes se le han sumado a gran velocidad, bajo su consigna de “reconciliación por México” [1], como se aprecia de modo diáfano en el video “Yo creo en México” [2].
Conforme al curso que ha tomado el actual periodo de transición, el gobierno de “reconciliación nacional”, tiende a constituirse como una amalgama pluriclasista con predominio de la oligarquía dominante. En su proceso de desenvolvimiento, toca a la crítica social y al movimiento obrero-popular reflexionar y exhibir las contradicciones existentes dentro de este bloque pluriclasista (intereses y proyectos opuestos), observar los movimientos en el campo de la relación de fuerzas, así como prestar atención en los periodos de agudización de contradicciones y tensiones entre éstas y de sus episodios de crisis.
El nuevo pacto social enarbolado por el gobierno electo para el periodo 2018-2024, implica alianzas de clase que suponen significativas concesiones y compromisos con las clases dominantes, las cuales delimitan los alcances del bienestar y la justicia social que proclama el proyecto neodesarrollista. Para el nuevo gobierno, hasta hoy, “financiar el desarrollo” con justicia social está subordinado a la hegemonía neoliberal: estabilidad macroeconómica, equilibrio fiscal, predominio financiero [3], rechazo a la reforma hacendaria progresiva, “facilidades” a la inversión, TLCAN y la propia continuidad de la reforma energética, etc. Sobre esta base, no se perciben hasta hoy problemas de inestabilidad de la hegemonía política concentrada en el bloque en el poder. Como señaló AMLO en su Carta a los inversionistas [4], la inversión pública pretende estimular como “capital semilla” a la iniciativa privada (local-trasnacional) para que ésta asuma el papel de “motor de la economía”, haciendo de México un “paraíso de la inversión” (Alfonso Romo).
La lucha popular en la defensa de los derechos laborales, sociales y colectivos, exige gran organización y fortalecimiento frente a una clase dominante que no ha dudado en imprimir su sello en cualquier espacio o instancia que el nuevo gobierno mantiene o abre en aras de la “estabilidad económica” y la “conciliación de todas las clases sociales” (AMLO).
Los grandes capitales, amparados por una poderosa narrativa mediática, se han visto obligados –ante las nuevas condiciones– a saltar directamente a la escena política. Con el nuevo dominio partidista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en las Cámaras, aunado a la conformación del equipo del gobierno electo, al tiempo del desmoronamiento significativo de la representación política que el bloque oligárquico concentraba bajo el otrora bloque de partidos PRI, PAN, PRD, –ahora más ocupados por su supervivencia–, la oligarquía dominante está obligada a aceptar la nueva composición de fuerzas al interior del régimen partidista, y sobre esa base, buscar por todos los medios imponer su agenda [5]. De ahí los juicios mediáticos contra distintos miembros que AMLO ha designado para ocupar posiciones clave del futuro gobierno (Hacienda, Pemex, CFE, Energía), o que próximamente designará.
Como se ha registrado en la “renegociación” del TLCAN 2.0, el programa económico de las clases dominantes del capital en México (locales-extranjeros), es la salvaguarda del globalismo, de la dependencia económica (inversiones, tecnología, mercados), de la integración subordinada al bloque “América del Norte”. A este programa se añade el mantenimiento de la hegemonía de la política económica neoliberal, ligada a un patrón de producción volcado a la exportación y constituido por grandes monopolios de propiedad trasnacional. Así también, en este programa sobresalen sus imperativos de impulso de infraestructura para acelerar la acumulación, el despojo de recursos (territorio, agua, energéticos, etc., [6]), la distribución regresiva de la riqueza, la disciplina corporativa del mundo del trabajo, la superexplotación y precarización de la fuerza de trabajo, el predominio financiero, en otros términos, la continuidad de esta agresiva modalidad de acumulación y reproducción del capital.
El principal interés de las clases dominantes para el próximo periodo de gobierno consiste en salvaguardar esta modalidad de acumulación predominante en el capitalismo dependiente mexicano, esto es, el “modelo económico de desarrollo” hasta hoy vigente. La oligarquía se contrapone a aquellas modificaciones que puedan trastocar los principales ciclos, estructuras y políticas económicas que establecen y dinamizan esta modalidad de acumulación. Al mismo tiempo, el capital despliega y busca imponer sus ilimitados intereses.
¿Hasta qué punto el gobierno de reconciliación nacional, podrá modificar la forma de reproducción del capital predominante desde hace más de tres décadas? ¿Cómo podrá construir fuerzas políticas para inclinar la balanza de poder hacia la construcción de una nueva modalidad de acumulación del capital, según el discurso del nuevo gobierno, “incluyente”, de “bienestar general”, con “justicia social”, “democrática”?
¿Un gobierno de raigambre pluriclasista puede construir la capacidad de transformar el patrón de reproducción del capital vigente? Si atendemos a la reciente experiencia de los gobiernos progresistas de América Latina, la respuesta es bastante pesimista. Las clases dominantes, la lumpenburguesía –según la ingeniosa noción acuñada por Günder Frank– es apátrida, profundamente dependiente, no tiene proyecto de país, y por lo mismo, carece de conciencia nacional. Si en un primer momento estos gobiernos progresistas lograron construir amplias alianzas de clase, lo hicieron bajo el predominio neoliberal, lo que frenó el viraje estructural a favor de las clases explotadas. Y cuando se presentaron tiempos decisivos –a partir de la crisis mundial de 2008 y sus impactos en las economías latinoamericanas– la oligarquía no dudó en la contraofensiva autoritaria y en el desmantelamiento de los avances “progresistas” en la política social y de bienestar. El papel de los recientes golpes de Estado en América Latina vinculados a la nueva panoplia de recursos de excepción de las oligarquías (judiciales, mediáticos, de desestabilización económica, etc.,), es un espejo en el que podría reconocerse el nuevo gobierno si este optara por cambiar la balanza de poder en contra de la oligarquía en México. [7]
Conocidos o no estos escenarios (de excepción), lo cierto es que el nuevo gobierno mexicano se ha inclinado por la “estabilidad económica”, la “reconciliación nacional” y “un gobierno para todos”, lo que supone que su objetivo de la “cuarta transformación histórica de México” no contempla grandes cuestionamientos al capital, sino que, como señaló Alfonso Romo, ésta se construirá “de la mano con la inversión privada” [8].
Si bien es cierto que el futuro presidente de México nunca ha proclamado como horizonte un gobierno de los trabajadores, sino uno que represente “a pobres y a ricos” (AMLO), no causa sorpresa la prematura alianza de clase con empresarios –“matrimonio” le llama Alfonso Romo, futuro Jefe de Oficina de la Presidencia–. Sin embargo, sí es de hacer notar que esta alianza implica –como ya viene ocurriendo– que el gobierno de “unidad nacional” otorgará sustantivas concesiones a las fracciones dominantes.
El problema que aparece es que justamente fueron los intereses de las clases dominantes, establecidos bajo la hegemonía neoliberal, la causa principal de la hecatombe electoral y de su representación política en el bloque partidista PRI-PAN-PRD, en la pasada elección. Así, si las relaciones del nuevo gobierno con las clases propietarias son “muy cercanas”, y las concesiones muy significativas, la pregunta es: ¿cómo, dónde y con qué solidez el nuevo gobierno establecerá la alianza con las clases trabajadoras y populares, más allá de una mera fuente de legitimidad? ¿Cómo va a incorporar los conjuntos de intereses de las clases populares en su llamado gobierno de unidad? ¿El nuevo gobierno mexicano podrá encausar un viraje estructural, es decir, un cambio en el patrón de acumulación del capital mucho más favorable a las clases populares al tiempo que hace prevalecer la hegemonía neoliberal? Es ésta una de las contradicciones principales que estará atravesando a este gobierno.
Tomando en consideración el apetito voraz del capital, y a sólo dos meses antes de la toma de posesión de la investidura presidencial, se registra ya el programa ilimitado del capital dirigido a preservar la hegemonía neoliberal del actual bloque en el poder y orientado a subordinar, tutelar y minimizar el carácter “social” (educación y salud) y “nacional” que también contempla –hasta ahora pálidamente– el proyecto Morenista.
En este sentido, las voces de la oligarquía imperante en México, tales como Consejo Mexicano de Negocios (CMN), Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Coparmex, Grupo Monterrey, empresarios particulares, empresas principales (locales y extranjeras), representantes del sector privado, consultores, bancos, fondos de inversión internacionales, calificadoras, empujan con fuerza sus intereses, demandas y declaraciones influyentes, difundidas a diario por la prensa, tales como: “México no se puede reinventar cada seis años”; “se requiere un balance entre continuidad y cambio”; “La nueva administración debe cuidar la Reforma Energética”; “Sin TLCAN bajará la calificación de deuda de México”; El Nuevo Aeropuerto “es la cabeza de la logística de los futuros 50 años”; etc., etc.
A continuación señalamos una serie irrefrenable de demandas e intereses que el capital defiende e impulsa, muchas veces creando “espacios de diálogo” en distintos encuentros, “foros”, “mesas de análisis” abiertas (y a puertas cerradas también) con el gobierno electo–, y ello, dentro de estos primeros dos meses posteriores a la elección presidencial.
Como vemos, es un desafío la construcción y el impulso de la organización política de los trabajadores y desposeídos. Y es que, una vez que la “rebelión ciudadana” se manifestase en las urnas como lo hizo, pareciera que ésta se ha perdido de la escena política a la espera del cumplimiento de las promesas de “trasformación nacional” encabezadas por AMLO. Como se aprecia en este programa ilimitado del capital y las relaciones “sumamente cercanas” [14] que mantiene con el nuevo gobierno, no habrá transformación histórica que se presente por sí misma. Resta a las clases trabajadoras y populares fortalecer sus organizaciones y fuerzas políticas en la lucha por la defensa de sus intereses y necesidades en el plano de todas las relaciones sociales, las que incluyen evidentemente sus relaciones con la naturaleza y el territorio.
Notas:
[1] No solamente se adhirió la clase empresarial a la “reconciliación” enarbolada por el próximo gobierno. Los otros candidatos presidenciales, representantes políticos de todas las fuerzas partidistas, expresidentes del país, entre los que destaca Carlos Salinas de Gortari, intelectuales conservadores, medios de comunicación, el clero, y muchos otros sectores dominantes, hicieron suyas las palabras “reconciliación por México”. [2] El reparto que da vida al breve video (2 minutos) se conforma por un pequeño grupo de la oligarquía mexicana saludando la “democracia” y al nuevo gobierno: Blanca Treviño (Softtek), M. Aramburuzabala (Tresalia), D. Servitje (Bimbo), Antonio del Valle (Grupo Kaluz), C. Danel (Gentera), José Antonio Fernández (Femsa), Claudio X. González (Mexicanos Primero), E. Tricio (Lala) y Alejandro Ramírez (Cinépolis).
[3] Como señala Guillermo Almeyra: la burguesía, Morena y el nuevo presidente “comparten no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional”. Ver, “¿Dónde estamos actualmente?” Rebelión.org, 20/07/2018, http://www.rebelion.org/ noticia.php?id=244353
[4] EL FINANCIERO, 4/04/2018. http://www.elfinanciero.com. mx/economia/amlo-pide-a- inversionistas-confiar-en-el
[5] Según uno de los empresarios más influyentes de México, Claudio X. González Laporte, aunque Morena dominará el Congreso, no será como en los tiempos del “partido hegemónico” con el PRI, “porque ahora hay organismos internacionales, firmas calificadoras e instituciones que observan que se cuide y preserve la estabilidad macroeconómica”. El Universal, 20/8/2018, http://www.eluniversal.com.mx/ cartera/amlo-no-podra-serenar- al-pais-de-un-dia-otro- claudio-x-gonzalez
[6] Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU) existen en la actualidad “4 mil concesiones en las que se han entregado los territorios de los pueblos originarios para la explotación de sus recursos por grandes empresas”. La Jornada, 28/08/2018, p. 20. https://www.jornada.com.mx/ 2018/08/28/politica/020n2pol
[7] A este respecto, Alfonso Romo señaló: “López Obrador sabe que mercados pueden afectar su agenda”, El Financiero, 06/07/2018, http://www.elfinanciero.com. mx/economia/no-se-preven- cambios-en-reforma-energetica- asegura-romo
[8] En este mismo sentido se refiere el presidente del “banco de casa” (Banorte), Carlos Hank González, cuando señala que “Banorte construye puentes que acercan a los empresarios de todas las regiones del país con el equipo de transición del próximo gobierno, para pensar juntos en la transformación que queremos para México”. La Jornada (en línea), 20/8/2018, http://www.jornada.com.mx/ ultimas/2018/08/20/banorte- convoca-a-dialogo-entre- empresarios-y-proximo- gobierno-7727.html .
[9] Ver el “decálogo” de la Asociación de Bancos de México para el próximo gobierno, El Economista, 4/04/2018, https://www.eleconomista.com. mx/sectorfinanciero/ABM-emite- decalogo-para-el-desarrollo- economico-de-Mexico--20180404- 0052.html
[10] Ver la Agenda México 2030 del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), organismo que aglutina a 50 empresas multinacionales con presencia en México, donde están expuestas más de 100 propuestas de política pública, con énfasis en fomento de infraestructura ligado al objetivo de convertir a México en “el quinto país exportador a nivel mundial para 2030”. http://ceeg.mx/new/wp-content/ uploads/2016/12/Agenda_CEEG_ 2017-con-carta.pdf
[11] Estos dos últimos proyectos, junto con la plantación de un millón de árboles en el sureste del país, programas prioritarios del gobierno electo, obedecen a “viejos” proyectos de corte empresarial de los gobiernos de Fox y Calderón en la primera década del presente siglo. Ver www.sputnik.org: “Las zonas económicas especiales no sacarán adelante a México", 17/07/2018, https://mundo.sputniknews.com/ politica/201807171080471232- mexico-amlo-eeuu-desafios-tlc/
[12] Llama la atención que el proyecto de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) impulsado por el gobierno próximo, se inscribe sobre las propias bases del proyecto en curso de las ZEE del actual gobierno de Enrique Peña Nieto, empujado por el ex secretario de Hacienda –hoy canciller– Luis Videgaray, y coordinado por el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani, expresidente del Consejo Coordinador Empresarial. Si bien el “objetivo” de las ZEE es el “impulso del desarrollo” de regiones marginadas, la realidad es que se trata del impulso de nuevas geografías para la explotación de recursos humanos y naturales por los capitales locales y trasnacionales, sin más resultado que la reproducción del subdesarrollo.
[13] Víctor Villalobos Arámbula, el próximo titular del gobierno de AMLO en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), es “uno de los principales promotores de transgénicos y defensor de los intereses de las trasnacionales de los agronegocios en México”, ver Silvia Ribeiro, “Nuevo proyecto para terminar el campesinado”. Desinformemonos.org, 17/07/2018. https://desinformemonos.org/ nuevo-proyecto-terminar- campesinado/
[14] Así lo refieren las 50 empresas multinacionales constituidas en el Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), cuando declara que el CEEG trabaja “en forma sumamente cercana con el equipo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador para aterrizar nuestras propuestas…”. La Jornada (en línea), 7/09/2018, http://www.jornada.com.mx/ ultimas/2018/09/07/ empresarios-trabajan-de- 201ccerca201d-con-amlo-ceeg- 3285.html
Desde la campaña presidencial, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) convocó a la “Reconciliación Nacional”. Con la aplastante derrota electoral del bloque oligárquico, las clases y sectores dominantes se le han sumado a gran velocidad, bajo su consigna de “reconciliación por México” [1], como se aprecia de modo diáfano en el video “Yo creo en México” [2].
Conforme al curso que ha tomado el actual periodo de transición, el gobierno de “reconciliación nacional”, tiende a constituirse como una amalgama pluriclasista con predominio de la oligarquía dominante. En su proceso de desenvolvimiento, toca a la crítica social y al movimiento obrero-popular reflexionar y exhibir las contradicciones existentes dentro de este bloque pluriclasista (intereses y proyectos opuestos), observar los movimientos en el campo de la relación de fuerzas, así como prestar atención en los periodos de agudización de contradicciones y tensiones entre éstas y de sus episodios de crisis.
El nuevo pacto social enarbolado por el gobierno electo para el periodo 2018-2024, implica alianzas de clase que suponen significativas concesiones y compromisos con las clases dominantes, las cuales delimitan los alcances del bienestar y la justicia social que proclama el proyecto neodesarrollista. Para el nuevo gobierno, hasta hoy, “financiar el desarrollo” con justicia social está subordinado a la hegemonía neoliberal: estabilidad macroeconómica, equilibrio fiscal, predominio financiero [3], rechazo a la reforma hacendaria progresiva, “facilidades” a la inversión, TLCAN y la propia continuidad de la reforma energética, etc. Sobre esta base, no se perciben hasta hoy problemas de inestabilidad de la hegemonía política concentrada en el bloque en el poder. Como señaló AMLO en su Carta a los inversionistas [4], la inversión pública pretende estimular como “capital semilla” a la iniciativa privada (local-trasnacional) para que ésta asuma el papel de “motor de la economía”, haciendo de México un “paraíso de la inversión” (Alfonso Romo).
La lucha popular en la defensa de los derechos laborales, sociales y colectivos, exige gran organización y fortalecimiento frente a una clase dominante que no ha dudado en imprimir su sello en cualquier espacio o instancia que el nuevo gobierno mantiene o abre en aras de la “estabilidad económica” y la “conciliación de todas las clases sociales” (AMLO).
Los grandes capitales, amparados por una poderosa narrativa mediática, se han visto obligados –ante las nuevas condiciones– a saltar directamente a la escena política. Con el nuevo dominio partidista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en las Cámaras, aunado a la conformación del equipo del gobierno electo, al tiempo del desmoronamiento significativo de la representación política que el bloque oligárquico concentraba bajo el otrora bloque de partidos PRI, PAN, PRD, –ahora más ocupados por su supervivencia–, la oligarquía dominante está obligada a aceptar la nueva composición de fuerzas al interior del régimen partidista, y sobre esa base, buscar por todos los medios imponer su agenda [5]. De ahí los juicios mediáticos contra distintos miembros que AMLO ha designado para ocupar posiciones clave del futuro gobierno (Hacienda, Pemex, CFE, Energía), o que próximamente designará.
Como se ha registrado en la “renegociación” del TLCAN 2.0, el programa económico de las clases dominantes del capital en México (locales-extranjeros), es la salvaguarda del globalismo, de la dependencia económica (inversiones, tecnología, mercados), de la integración subordinada al bloque “América del Norte”. A este programa se añade el mantenimiento de la hegemonía de la política económica neoliberal, ligada a un patrón de producción volcado a la exportación y constituido por grandes monopolios de propiedad trasnacional. Así también, en este programa sobresalen sus imperativos de impulso de infraestructura para acelerar la acumulación, el despojo de recursos (territorio, agua, energéticos, etc., [6]), la distribución regresiva de la riqueza, la disciplina corporativa del mundo del trabajo, la superexplotación y precarización de la fuerza de trabajo, el predominio financiero, en otros términos, la continuidad de esta agresiva modalidad de acumulación y reproducción del capital.
El principal interés de las clases dominantes para el próximo periodo de gobierno consiste en salvaguardar esta modalidad de acumulación predominante en el capitalismo dependiente mexicano, esto es, el “modelo económico de desarrollo” hasta hoy vigente. La oligarquía se contrapone a aquellas modificaciones que puedan trastocar los principales ciclos, estructuras y políticas económicas que establecen y dinamizan esta modalidad de acumulación. Al mismo tiempo, el capital despliega y busca imponer sus ilimitados intereses.
¿Hasta qué punto el gobierno de reconciliación nacional, podrá modificar la forma de reproducción del capital predominante desde hace más de tres décadas? ¿Cómo podrá construir fuerzas políticas para inclinar la balanza de poder hacia la construcción de una nueva modalidad de acumulación del capital, según el discurso del nuevo gobierno, “incluyente”, de “bienestar general”, con “justicia social”, “democrática”?
La convocatoria de AMLO hacia el establecimiento de una “nueva forma de régimen político” –más allá de la reorganización del aparato burocrático de Estado y de su “nuevo estilo de gobernar”–, en esencia, estaría vinculado indisolublemente a la construcción de un nuevo patrón de reproducción del capitalismo mexicano y sus inescindibles relaciones políticas que lo conforman. En sentido estricto, difícilmente podrá emanar una “nueva forma de régimen político” si el proceso de reproducción del capital en el que se sustentan las relaciones de poder clasistas no experimenta sustantivas transformaciones.
¿Un gobierno de raigambre pluriclasista puede construir la capacidad de transformar el patrón de reproducción del capital vigente? Si atendemos a la reciente experiencia de los gobiernos progresistas de América Latina, la respuesta es bastante pesimista. Las clases dominantes, la lumpenburguesía –según la ingeniosa noción acuñada por Günder Frank– es apátrida, profundamente dependiente, no tiene proyecto de país, y por lo mismo, carece de conciencia nacional. Si en un primer momento estos gobiernos progresistas lograron construir amplias alianzas de clase, lo hicieron bajo el predominio neoliberal, lo que frenó el viraje estructural a favor de las clases explotadas. Y cuando se presentaron tiempos decisivos –a partir de la crisis mundial de 2008 y sus impactos en las economías latinoamericanas– la oligarquía no dudó en la contraofensiva autoritaria y en el desmantelamiento de los avances “progresistas” en la política social y de bienestar. El papel de los recientes golpes de Estado en América Latina vinculados a la nueva panoplia de recursos de excepción de las oligarquías (judiciales, mediáticos, de desestabilización económica, etc.,), es un espejo en el que podría reconocerse el nuevo gobierno si este optara por cambiar la balanza de poder en contra de la oligarquía en México. [7]
Conocidos o no estos escenarios (de excepción), lo cierto es que el nuevo gobierno mexicano se ha inclinado por la “estabilidad económica”, la “reconciliación nacional” y “un gobierno para todos”, lo que supone que su objetivo de la “cuarta transformación histórica de México” no contempla grandes cuestionamientos al capital, sino que, como señaló Alfonso Romo, ésta se construirá “de la mano con la inversión privada” [8].
Si bien es cierto que el futuro presidente de México nunca ha proclamado como horizonte un gobierno de los trabajadores, sino uno que represente “a pobres y a ricos” (AMLO), no causa sorpresa la prematura alianza de clase con empresarios –“matrimonio” le llama Alfonso Romo, futuro Jefe de Oficina de la Presidencia–. Sin embargo, sí es de hacer notar que esta alianza implica –como ya viene ocurriendo– que el gobierno de “unidad nacional” otorgará sustantivas concesiones a las fracciones dominantes.
El problema que aparece es que justamente fueron los intereses de las clases dominantes, establecidos bajo la hegemonía neoliberal, la causa principal de la hecatombe electoral y de su representación política en el bloque partidista PRI-PAN-PRD, en la pasada elección. Así, si las relaciones del nuevo gobierno con las clases propietarias son “muy cercanas”, y las concesiones muy significativas, la pregunta es: ¿cómo, dónde y con qué solidez el nuevo gobierno establecerá la alianza con las clases trabajadoras y populares, más allá de una mera fuente de legitimidad? ¿Cómo va a incorporar los conjuntos de intereses de las clases populares en su llamado gobierno de unidad? ¿El nuevo gobierno mexicano podrá encausar un viraje estructural, es decir, un cambio en el patrón de acumulación del capital mucho más favorable a las clases populares al tiempo que hace prevalecer la hegemonía neoliberal? Es ésta una de las contradicciones principales que estará atravesando a este gobierno.
Tomando en consideración el apetito voraz del capital, y a sólo dos meses antes de la toma de posesión de la investidura presidencial, se registra ya el programa ilimitado del capital dirigido a preservar la hegemonía neoliberal del actual bloque en el poder y orientado a subordinar, tutelar y minimizar el carácter “social” (educación y salud) y “nacional” que también contempla –hasta ahora pálidamente– el proyecto Morenista.
En este sentido, las voces de la oligarquía imperante en México, tales como Consejo Mexicano de Negocios (CMN), Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Coparmex, Grupo Monterrey, empresarios particulares, empresas principales (locales y extranjeras), representantes del sector privado, consultores, bancos, fondos de inversión internacionales, calificadoras, empujan con fuerza sus intereses, demandas y declaraciones influyentes, difundidas a diario por la prensa, tales como: “México no se puede reinventar cada seis años”; “se requiere un balance entre continuidad y cambio”; “La nueva administración debe cuidar la Reforma Energética”; “Sin TLCAN bajará la calificación de deuda de México”; El Nuevo Aeropuerto “es la cabeza de la logística de los futuros 50 años”; etc., etc.
A continuación señalamos una serie irrefrenable de demandas e intereses que el capital defiende e impulsa, muchas veces creando “espacios de diálogo” en distintos encuentros, “foros”, “mesas de análisis” abiertas (y a puertas cerradas también) con el gobierno electo–, y ello, dentro de estos primeros dos meses posteriores a la elección presidencial.
–Continuidad de reformas estructurales (energética, educativa, telecomunicaciones…)Como se advierte, el capital se juega la reproducción de sus condiciones materiales de existencia. Y para ello concentra igualmente una amplia gama de intereses políticos, por medio de los cuales pueda preservar la hegemonía política.
–Política energética pro-mercado (asociación con capitales trasnacionales, continuación de subastas y licitaciones petroleras y eléctricas, respeto a la inversión extranjera, rechazo a la modernización y construcción de nuevas refinerías, eliminación de estímulos fiscales al precio de gasolina, liberalización de precios e importación de gasolinas, vigilancia de la política energética, control de finanzas de Pemex, etc.)
–Estabilidad Macroeconómica y finanzas públicas “sanas”: equilibrio fiscal, continuidad de política monetaria, autonomía de Banxico, cambio flexible, disminución de la deuda, austeridad y reducción del gasto público, conservación de nota crediticia, cancelación de programas sociales o en su caso revaloración sobre la “viabilidad técnica” de las propuestas de campaña de AMLO;
–Sistema financiero sólido y con libre competencia [9];
–Crecimiento económico;
–Influencia en políticas públicas (salud, educación, alimentación, cultura, infraestructura [10]);
–Certeza jurídica a las inversiones;
–Comisión Fiscal de Vigilancia “sobre los Programas asistenciales de AMLO”;
–Revisión de líneas de crédito con el FMI;
–Defensa del Libre comercio, protección del TLCAN: fortalecimiento de núcleos manufactureros exportadores (fomento de la “política industrial”) centrados en los encadenamientos de valor de “América del Norte”; impulso a las exportaciones, fomento a las empresas; aumento de contenido nacional en las exportaciones “sin romper con tratados comerciales”;
–Política comercial centrada en Estados Unidos, y diversificación comercial “complementaria”;
–Sostenimiento de la “integración laboral de América del Norte”: rechazo a las demandas de EU y Canadá (de Democracia y Justicia laboral, y mejores condiciones salariales y de contratación en México)
–Desarrollo y Promoción del Turismo (Ecoturismo, pueblos mágicos, turismo de salud);
–Políticas de fomento a obras de infraestructura: Continuidad de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM); respeto a las “inversiones irreversibles” de constructoras en el NAIM; modernización de red ferroviaria, puertos, aeropuertos, carreteras; Tren Maya (“con recursos distintos” de los que se destinan a la promoción turística); canal ferroviario del Istmo de Tehuantepec [11]; Participación e impulso de construcción de gasoductos, oleoductos, hidroeléctricas y desarrollo de Megaproyectos;
–Crecimiento del “mercado de energías limpias”;
–Profundización de la Reforma Laboral (Ley Secundaria)
–Flexibilización laboral, liberalización de la subcontratación y tercerización; defensa de sindicatos de protección;
–Incremento de la productividad laboral;
–Política salarial “suficiente” y “responsable”;
–Estímulo a la formación de “capital humano especializado”;
–Reforma fiscal: deducibilidad del 100% de prestaciones laborales; reducción de impuestos a la nómina, IVA en alimentos y medicinas; disminución del ISR;
–Reforma del sistema de pensiones;
–Rechazo a una reforma fiscal recaudatoria, redistributiva y progresiva;
–Combate a la economía informal;
–Desarrollo de Zonas Económicas Especiales (ZEE [12]);
–Educación: establecimiento de cuotas en universidades públicas, impulso a las universidades particulares, crecimiento de modelos de autonomía y autogestión escolar en la educación básica (privatización); mayor integración de los modelos de enseñanza y “calidad” del aprendizaje y de los contenidos de planes de estudio con las necesidades del mundo corporativo; Aprovechamiento de la capacidad de las universidades existentes y rechazo a creación de nuevas Universidades;
–Empleo y Contratación de Jóvenes “con subsidio del gobierno”;
–Subvenciones e impulso del agronegocio, de los transgénicos [13];
–Crecimiento de la Megaminería;
–Representación (directa-indirecta) del empresariado en posiciones clave del gobierno (Banxico, Hacienda, Pemex, CNBV, etc.);
–Respeto al “orden institucional” y Estado de Derecho;
–Contrapesos al poder ejecutivo y al Congreso “para reducir incertidumbre”;
–Combate a la inseguridad y pacificación social;
Como vemos, es un desafío la construcción y el impulso de la organización política de los trabajadores y desposeídos. Y es que, una vez que la “rebelión ciudadana” se manifestase en las urnas como lo hizo, pareciera que ésta se ha perdido de la escena política a la espera del cumplimiento de las promesas de “trasformación nacional” encabezadas por AMLO. Como se aprecia en este programa ilimitado del capital y las relaciones “sumamente cercanas” [14] que mantiene con el nuevo gobierno, no habrá transformación histórica que se presente por sí misma. Resta a las clases trabajadoras y populares fortalecer sus organizaciones y fuerzas políticas en la lucha por la defensa de sus intereses y necesidades en el plano de todas las relaciones sociales, las que incluyen evidentemente sus relaciones con la naturaleza y el territorio.
Notas:
[1] No solamente se adhirió la clase empresarial a la “reconciliación” enarbolada por el próximo gobierno. Los otros candidatos presidenciales, representantes políticos de todas las fuerzas partidistas, expresidentes del país, entre los que destaca Carlos Salinas de Gortari, intelectuales conservadores, medios de comunicación, el clero, y muchos otros sectores dominantes, hicieron suyas las palabras “reconciliación por México”. [2] El reparto que da vida al breve video (2 minutos) se conforma por un pequeño grupo de la oligarquía mexicana saludando la “democracia” y al nuevo gobierno: Blanca Treviño (Softtek), M. Aramburuzabala (Tresalia), D. Servitje (Bimbo), Antonio del Valle (Grupo Kaluz), C. Danel (Gentera), José Antonio Fernández (Femsa), Claudio X. González (Mexicanos Primero), E. Tricio (Lala) y Alejandro Ramírez (Cinépolis).
[3] Como señala Guillermo Almeyra: la burguesía, Morena y el nuevo presidente “comparten no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional”. Ver, “¿Dónde estamos actualmente?” Rebelión.org, 20/07/2018, http://www.rebelion.org/
[4] EL FINANCIERO, 4/04/2018. http://www.elfinanciero.com.
[5] Según uno de los empresarios más influyentes de México, Claudio X. González Laporte, aunque Morena dominará el Congreso, no será como en los tiempos del “partido hegemónico” con el PRI, “porque ahora hay organismos internacionales, firmas calificadoras e instituciones que observan que se cuide y preserve la estabilidad macroeconómica”. El Universal, 20/8/2018, http://www.eluniversal.com.mx/
[6] Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU) existen en la actualidad “4 mil concesiones en las que se han entregado los territorios de los pueblos originarios para la explotación de sus recursos por grandes empresas”. La Jornada, 28/08/2018, p. 20. https://www.jornada.com.mx/
[7] A este respecto, Alfonso Romo señaló: “López Obrador sabe que mercados pueden afectar su agenda”, El Financiero, 06/07/2018, http://www.elfinanciero.com.
[8] En este mismo sentido se refiere el presidente del “banco de casa” (Banorte), Carlos Hank González, cuando señala que “Banorte construye puentes que acercan a los empresarios de todas las regiones del país con el equipo de transición del próximo gobierno, para pensar juntos en la transformación que queremos para México”. La Jornada (en línea), 20/8/2018, http://www.jornada.com.mx/
[9] Ver el “decálogo” de la Asociación de Bancos de México para el próximo gobierno, El Economista, 4/04/2018, https://www.eleconomista.com.
[10] Ver la Agenda México 2030 del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), organismo que aglutina a 50 empresas multinacionales con presencia en México, donde están expuestas más de 100 propuestas de política pública, con énfasis en fomento de infraestructura ligado al objetivo de convertir a México en “el quinto país exportador a nivel mundial para 2030”. http://ceeg.mx/new/wp-content/
[11] Estos dos últimos proyectos, junto con la plantación de un millón de árboles en el sureste del país, programas prioritarios del gobierno electo, obedecen a “viejos” proyectos de corte empresarial de los gobiernos de Fox y Calderón en la primera década del presente siglo. Ver www.sputnik.org: “Las zonas económicas especiales no sacarán adelante a México", 17/07/2018, https://mundo.sputniknews.com/
[12] Llama la atención que el proyecto de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) impulsado por el gobierno próximo, se inscribe sobre las propias bases del proyecto en curso de las ZEE del actual gobierno de Enrique Peña Nieto, empujado por el ex secretario de Hacienda –hoy canciller– Luis Videgaray, y coordinado por el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani, expresidente del Consejo Coordinador Empresarial. Si bien el “objetivo” de las ZEE es el “impulso del desarrollo” de regiones marginadas, la realidad es que se trata del impulso de nuevas geografías para la explotación de recursos humanos y naturales por los capitales locales y trasnacionales, sin más resultado que la reproducción del subdesarrollo.
[13] Víctor Villalobos Arámbula, el próximo titular del gobierno de AMLO en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), es “uno de los principales promotores de transgénicos y defensor de los intereses de las trasnacionales de los agronegocios en México”, ver Silvia Ribeiro, “Nuevo proyecto para terminar el campesinado”. Desinformemonos.org, 17/07/2018. https://desinformemonos.org/
[14] Así lo refieren las 50 empresas multinacionales constituidas en el Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), cuando declara que el CEEG trabaja “en forma sumamente cercana con el equipo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador para aterrizar nuestras propuestas…”. La Jornada (en línea), 7/09/2018, http://www.jornada.com.mx/
13 de septiembre de 2018
El Tren Maya: ¿está AMLO contra los pueblos indígenas?
Por: Fernando Barajas / Plumas Atómicas.
Uno de los proyectos insignia que López Obrador ha sostenido en este periodo de transición es el Tren Maya. No es presidente todavía, claro está, no es responsable aún del gobierno; pero eso no lo hace inmune a las críticas; sobre todo cuando no se toma la molestia de explicar bien sus proyectos. En el afán de mantenerse popular y ocupado, el presidente electo anuncia cada semana una propuesta “excitante” para el futuro de México; pero nos deja siempre con más preguntas que respuestas. No hay más que declaraciones optimistas que descartan los problemas, como si ya estuvieron resueltos.
Ciertamente, el responsable del gobierno sigue siendo Enrique Peña Nieto, no podemos olvidarlo a pesar de que él mismo parece no tener consciencia de ello. AMLO todavía no llega, pero llegará; y necesita hacerse cargo de sus palabras desde ahora. Con sus millones de electores, tiene un cheque en blanco de esperanza puesta en él; y, hasta el momento, se lo ha gastado en promesas que no puede cumplir (porque todavía no se ha sentado en La Silla) y en proyectos opacos que levantan sospechas incluso en los que votamos por él.
Dice que el impacto ambiental será mínimos y las comunidades no serán afectadas. ¿Cómo puede estar seguro de ello? Por el lado ambiental, el impacto es inevitablemente alto, no puede ser de otra manera si se pretende cruzar la selva y la montaña sobre rieles, así como dejar atrás ríos, lagos y barrancas. El reto es hacerlo un proyecto sustentable desde un punto de vista amplio, lo cual no significa sólo plantar árboles, sino también cuidar el equilibro de los ecosistemas, calcular las divisiones que los rieles pueden imponer a la flora y la fauna y considerar a los pueblos que serán afectados. Sustentabilidad no sólo es cuidar plantas, es considerar el sistema complejo de vida que se desarrolla en la península, y que incluye una enorme biodiversidad, pero también muy distintas culturas.
Y esto nos lleva al punto más importante: ¿qué proyectos se consultan y cuáles no?, ¿a quiénes se pregunta y cómo para garantizar que las comunidades indígenas expresen su voz en igualdad de circunstancia respecto a las grandes corporaciones? La Constitución Mexicana y el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales establecen que este tipo de proyectos tienen que ser consultados de buena fe y con información suficiente a los pueblos indígenas.
El futuro titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons aseguró que el tren será sometido a consulta. Hay mucho qué decir al respecto. No es buena señal para los que no se dedican al turismo que Fonatur lleve la consulta. Además, es fundamental conocer el tipo de consulta, que no sea desinformante ni manipuladora, y a quiénes, principalmente a los pueblos de la región. No importa que yo, chilango, y mis amigos decidamos, sino aquellos cuyas vidas serán directamente afectadas. Además de que no se trata sólo de “sí” y “no”; sino que hay que escuchar las condiciones y propuestas de campesinos e indígenas tanto como las de hoteleros y empresarios.
AMLO dice que la licitación para la inversión privada saldrá desde que tome posesión, ¿no suena eso a que la consulta está truqueada? ¿Está bien consultar el aeropuerto, pero el trato del tren ya está cerrado? Llevar a cabo un proyecto así implica sacrificios para quienes viven en la península, en términos de territorio y autonomía; ¿los beneficios para los pueblos justifican los sacrificios?, ¿o realmente a quién benefician?
Pero no todos ganan. No basta la afirmación optimista de López Obrador sobre que las comunidades no serán afectadas, y que habrá desarrollo económico para ellas; importa también cómo se lleva a cabo ese desarrollo y para qué sirve. Por un lado, se procura homenajear a la cultura maya construyendo un tren en su nombre, pero para lograrlo requiere absorber las culturas herederas de los maya, implica que su forma de ver el mundo desaparezca, se diluya. A esto se le llama “etnofagia”, una forma de desaparecer la diversas de identidades de los pueblos indígenas, que reconoce nominalmente “su cultura”, pero trabaja activamente para desaparecerla, para que deje de ser considerada importante, y para que quede subsumida al intercambio comercial. En este caso, en la forma de “turismo”.
Si compartiéramos el entusiasmo del próximo presidente, pensaríamos que el tren traerá prosperidad económica, muchos consumidores para lo que sea que se venda. Pero toda esta magia se volverá realidad sacrificando los derechos políticos y de autonomía de los pueblos indígenas; su derecho a decidir sobre cómo quieren vivir su vida, su destino y sus tierras. Por supuesto, desde la perspectiva presidencial, habrá muchos empleos para mucha gente, que además viven en una de las zonas más marginadas del país.
Procuremos verlo, sin embargo, desde la perspectiva de las comunidades indígenas y campesinas; quienes pasarán de ser dueñas de sus tierras y de tener capacidad de decisión sobre lo que les ocurre, a estar subordinadas a cuidar la ruta ferroviaria. ¿Qué tipo de empleos surgirán para la gente cuyas comunidades quedarán en el camino del tren? ¿Cómo podemos imaginar que eso es un beneficio para las culturas, si para acceder a él les exigen que sacrifiquen su identidad cultural? Es decir, “llevaremos el desarrollo a tu casa, siempre y cuando abandones todas tus creencias culturales, todos tus valores y todo lo que siempre has apreciado”.
El proyecto aún no se ha iniciado, y es fundamental que lo discutamos como todas las propuestas que hasta ahora ha presentado López Obrador. No esperamos que lo resuelva todo, pero sí que escuche e integre las críticas. En este caso, es fundamental que escuche y respete la palabra de los habitantes de la península, y no únicamente de los empresarios turísticos. No hay turismo que justifique la desaparición de una cultura, ni condenar a un pueblo a no poder decidir más sobre su destino.
Uno de los proyectos insignia que López Obrador ha sostenido en este periodo de transición es el Tren Maya. No es presidente todavía, claro está, no es responsable aún del gobierno; pero eso no lo hace inmune a las críticas; sobre todo cuando no se toma la molestia de explicar bien sus proyectos. En el afán de mantenerse popular y ocupado, el presidente electo anuncia cada semana una propuesta “excitante” para el futuro de México; pero nos deja siempre con más preguntas que respuestas. No hay más que declaraciones optimistas que descartan los problemas, como si ya estuvieron resueltos.
Ciertamente, el responsable del gobierno sigue siendo Enrique Peña Nieto, no podemos olvidarlo a pesar de que él mismo parece no tener consciencia de ello. AMLO todavía no llega, pero llegará; y necesita hacerse cargo de sus palabras desde ahora. Con sus millones de electores, tiene un cheque en blanco de esperanza puesta en él; y, hasta el momento, se lo ha gastado en promesas que no puede cumplir (porque todavía no se ha sentado en La Silla) y en proyectos opacos que levantan sospechas incluso en los que votamos por él.
El tren de los sueños no mata árboles
La idea del Tren Maya no es nueva, Peña Nieto ya la había puesto sobre la mesa; fue uno de los trenes que se le cayeron del sexenio por culpa de la Casa Blanca y la insuficiencia presupuestal. Ahora López Obrador recupera la idea y la extiende a toda la península, confiado en que la co-inversión pública y privada sorteará los problemas de corrupción y presupuesto. Así que nos propone un tren que abarca toda la península, 1,500 kilómetros que conectarán Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche y Tabasco; con un costo de entre 6 y 8 mil millones de dólares.Dice que el impacto ambiental será mínimos y las comunidades no serán afectadas. ¿Cómo puede estar seguro de ello? Por el lado ambiental, el impacto es inevitablemente alto, no puede ser de otra manera si se pretende cruzar la selva y la montaña sobre rieles, así como dejar atrás ríos, lagos y barrancas. El reto es hacerlo un proyecto sustentable desde un punto de vista amplio, lo cual no significa sólo plantar árboles, sino también cuidar el equilibro de los ecosistemas, calcular las divisiones que los rieles pueden imponer a la flora y la fauna y considerar a los pueblos que serán afectados. Sustentabilidad no sólo es cuidar plantas, es considerar el sistema complejo de vida que se desarrolla en la península, y que incluye una enorme biodiversidad, pero también muy distintas culturas.
Y esto nos lleva al punto más importante: ¿qué proyectos se consultan y cuáles no?, ¿a quiénes se pregunta y cómo para garantizar que las comunidades indígenas expresen su voz en igualdad de circunstancia respecto a las grandes corporaciones? La Constitución Mexicana y el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales establecen que este tipo de proyectos tienen que ser consultados de buena fe y con información suficiente a los pueblos indígenas.
El futuro titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons aseguró que el tren será sometido a consulta. Hay mucho qué decir al respecto. No es buena señal para los que no se dedican al turismo que Fonatur lleve la consulta. Además, es fundamental conocer el tipo de consulta, que no sea desinformante ni manipuladora, y a quiénes, principalmente a los pueblos de la región. No importa que yo, chilango, y mis amigos decidamos, sino aquellos cuyas vidas serán directamente afectadas. Además de que no se trata sólo de “sí” y “no”; sino que hay que escuchar las condiciones y propuestas de campesinos e indígenas tanto como las de hoteleros y empresarios.
AMLO dice que la licitación para la inversión privada saldrá desde que tome posesión, ¿no suena eso a que la consulta está truqueada? ¿Está bien consultar el aeropuerto, pero el trato del tren ya está cerrado? Llevar a cabo un proyecto así implica sacrificios para quienes viven en la península, en términos de territorio y autonomía; ¿los beneficios para los pueblos justifican los sacrificios?, ¿o realmente a quién benefician?
Un tren para atraerlos a todos y atarlos a las tinieblas
Dicen que el Tren Maya traerá desarrollo para toda la región, ¿pero a quién incluye? Según sugirió el antropólogo maya Ezer May May, fueron los empresarios yucatecos quienes presionaron al presidente virtual para construir y extender el tren y enlazar destinos turísticos. El epicentro, por supuesto, sería Cancún, y de ahí llevarán a los turistas a toda la península para que tuvieran a su alcance toda la riqueza de la región. Ganar-ganar para todos, ¿cierto? Los hoteleros y dueños de las playas de Cancún tendrían más que ofrecer y el gobierno habrá fomentado que se generaran millones de pesos para la península.Pero no todos ganan. No basta la afirmación optimista de López Obrador sobre que las comunidades no serán afectadas, y que habrá desarrollo económico para ellas; importa también cómo se lleva a cabo ese desarrollo y para qué sirve. Por un lado, se procura homenajear a la cultura maya construyendo un tren en su nombre, pero para lograrlo requiere absorber las culturas herederas de los maya, implica que su forma de ver el mundo desaparezca, se diluya. A esto se le llama “etnofagia”, una forma de desaparecer la diversas de identidades de los pueblos indígenas, que reconoce nominalmente “su cultura”, pero trabaja activamente para desaparecerla, para que deje de ser considerada importante, y para que quede subsumida al intercambio comercial. En este caso, en la forma de “turismo”.
Si compartiéramos el entusiasmo del próximo presidente, pensaríamos que el tren traerá prosperidad económica, muchos consumidores para lo que sea que se venda. Pero toda esta magia se volverá realidad sacrificando los derechos políticos y de autonomía de los pueblos indígenas; su derecho a decidir sobre cómo quieren vivir su vida, su destino y sus tierras. Por supuesto, desde la perspectiva presidencial, habrá muchos empleos para mucha gente, que además viven en una de las zonas más marginadas del país.
Procuremos verlo, sin embargo, desde la perspectiva de las comunidades indígenas y campesinas; quienes pasarán de ser dueñas de sus tierras y de tener capacidad de decisión sobre lo que les ocurre, a estar subordinadas a cuidar la ruta ferroviaria. ¿Qué tipo de empleos surgirán para la gente cuyas comunidades quedarán en el camino del tren? ¿Cómo podemos imaginar que eso es un beneficio para las culturas, si para acceder a él les exigen que sacrifiquen su identidad cultural? Es decir, “llevaremos el desarrollo a tu casa, siempre y cuando abandones todas tus creencias culturales, todos tus valores y todo lo que siempre has apreciado”.
El proyecto aún no se ha iniciado, y es fundamental que lo discutamos como todas las propuestas que hasta ahora ha presentado López Obrador. No esperamos que lo resuelva todo, pero sí que escuche e integre las críticas. En este caso, es fundamental que escuche y respete la palabra de los habitantes de la península, y no únicamente de los empresarios turísticos. No hay turismo que justifique la desaparición de una cultura, ni condenar a un pueblo a no poder decidir más sobre su destino.
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