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19 de agosto de 2018

Nuestros hijos en nuestra cultura neurótica.

Por: Jorge Majfud / Alainet.

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Foto: proexpansion.com
 
Nuestro mundo neurótico es especialmente neurótico con los niños. Está organizado para evitarles todo tipo de sufrimiento, como si viviesen en Disney World, con la ausencia total de las necesidades básicas de otros tiempos y de otras sociedades periféricas, rodeados de cosas (que compramos para suplir nuestros sentimientos de culpa) mientras los torturamos y les impedimos tener una existencia propia, como si la niñez, primero, y el resto de la vida, después, fuesen una carrera interminable hacia el éxito económico, académico o social.

Desde que nacen, los especialistas de todo tipo comienzan a medir su naturaleza. Peso corporal, diámetro cerebral. A los pocos años, el especialista está contando cuántas palabras pueden aprender y producir, y las compara con las estadísticas. Como todos los individuos son diferentes, ninguno se adecúa exactamente al modelo. Para no herir sensibilidades, casi todos son calificados como “normales dentro del rango” de la felicidad. Pero si alguno sale un poco por fuera (es decir, todos), se lo empuja como ganado al tubo de tratamiento. Inmediatamente empiezan las ansiedades y el estrés por cualquier diferencia que, generalmente, debe ser tratada con un especialista para que: (1) si es un genio, no se le arruine el futuro que merece; o (2) si tiene alguna tara, como tenemos todos los que nos consideramos normales, se lo derive a un especialista para que lo ayude a superarla, al tiempo que, en el mismo proceso, el niño va absolviendo el resto de las taras de una cultura exitista y consumista.

Ni el orden socioeconómico ni la cultura que deriva de él y lo promueve, son tratados, porque para eso no hay especialistas diplomados: se tratan los individuos, de la misma forma que la policía y el sistema judicial castigan los elementos expurgados por una sociedad enferma. Son niños y adolescentes generalmente estresados y sufriendo el síndrome de la ansiedad crónica que su propia cultura produce. Sobre ellos proyectamos todas nuestras expectativas y, sobre todo, todos nuestros miedos. Los miedos propios de una sociedad basada en la competencia y el consumo, es decir, el miedo al fracaso, a no ser exitosos, a no tener cosas, títulos, a ser una basura que todavía no cometió ningún delito.

Nuestra generación, aunque jodida de otras formas, tuvo algunos privilegios existenciales: todas nuestras incapacidades fueron ignoradas. Yo aprendí a leer solo, antes de entrar a la escuela, y todavía tengo problemas para decidir si vacaciones va con c o con s. No había tantos nombres para esas deficiencias que hacen de un individuo un artista, un científico, un carpintero o un deportista. No había reportes detallados de nuestro coeficiente de inteligencia ni de nuestra incapacidad de prestar atención a lo que decía la maestra en clase, por lo cual podíamos recibir un grito histérico, pero no el estrés ni la ansiedad ni la desesperación diaria de nuestros padres por un hijo con futuro de perdedor.

A nosotros nos amaban tanto como nosotros amamos a nuestros hijos, con una diferencia: por lo general, nuestros padres, con todos sus problemas, que no eran pocos ni eran pequeños, aun siendo terriblemente estrictos, vivían con nosotros y nos dejaban en paz. Éramos, por lejos, más libres. No conocíamos la adicción a los videojuegos, a las pantallitas, esas fábricas de autistas sociales. Estábamos rodeados de seres humanos, con todos sus defectos de humanos. Nuestros padres eran, para el estándar actual, terriblemente negligentes. Corríamos casi desnudos por las calles bajo la lluvia. Solos, sin la guardia paterna. Hacíamos las compras en algún almacén. Íbamos caminando a la escuela, muriéndonos de frío o de calor. En las escuelas, en los automóviles, no existía ni la calefacción ni el aire acondicionado, por lo que no podíamos quejarnos de su falta. Sufríamos más el calor y el frío y menos la tristeza y la frustración. Hoy ya no hay niños jugando en las calles. Por estadísticas, los reclusos pasan más tiempo al aire libre que los niños de hoy.

Las maestras no nos exigían resolver la cuadratura del círculo ni nos presionaban para alcanzar altos escores en las pruebas PISA. No necesitábamos competir ni con Estados Unidos ni con China. Sí, éramos más pobres. Pero éramos lo que éramos. Éramos niños y, en mi opinión, más felices.

Ahora, los padres ya no vivimos con nuestros hijos; vivimos para nuestros hijos. Les damos todo y les exigimos todo. La repetida publicidad, los numerosos negocios no dejan de recordarnos que debemos comprar diez seguros, hasta por si se nos escapa una mala palabra en público y alguien nos hace un juicio. Debemos ahorrar en el Banco X para la universidad y hasta para el retiro de esos niños. El negocio está siempre en promover el miedo para vender una ilusión de futuro y aplastar el presente, convirtiéndolo en una oportunidad de inversión.

La solución no es individual sino colectiva. ¿Por qué? Porque incluso aquellos padres que criticamos esta cultura neurótica estamos atrapados o tenemos poco margen de movimiento real: si alguien quisiera criar a un niño por fuera de esta locura global, crearía un ser marginal, inadaptado, una futura víctima de una sociedad que lo castigará con todo su variado arsenal de privaciones, de humillaciones propias y de premios ajenos.

Todos los best sellers para niños y jóvenes insisten en la idea de escaparse del sistema, como si fuese una catarsis, un sueño pasajero que, al terminarse, deja la misma sensación de despertar de un sueño agradable a una realidad decepcionante. No aprendimos nada, pero renovamos energías para seguir haciendo lo mismo. Este tipo de industria editorial continúa haciendo montañas de dinero con una frustración infantil y adolescente a la que no ayuda, aparte de una distracción y de una mejora en las habilidades de lectura que lo harán un mejor consumidor o un mejor CEO. No es el espíritu crítico lo que se promueve, sino habilidades para aprobar esos exámenes que le enseñan al niño a odiar las matemáticas y la literatura o, en el mejor caso, a creer que la literatura es un examen clerical de datos computacionales.

En Estados Unidos, tanto la educación elemental como secundaria, privada o pública, está obsesionada con la literatura, pero confunden literatura y cultura con tortura. La literatura debería expandir los límites interiores de la experiencia humana y no ser, como lo es hoy, un objeto de decodificación para aumentar las habilidades clericales y computacionales de los niños. Una actividad de primer año de secundaria (sexto año de primaria en América del Sur) suele consistir en doscientas preguntas sobre tres novelas de cien y doscientas páginas, de las cuales me reservo el calificativo.

¿Dónde está el espíritu crítico, la fantasía creadora, el placer de estar vivos? Entonces, uno entiende el desinterés de los jóvenes por la cultura crítica, esa que produce seres humanos, sensibles y pensantes, no consumidores de cantidades, eso otro tan necesario para la economía del uno por ciento que luego, en los promedios, se confunde con la economía de un país y con la felicidad de sus habitantes.

Para que todo eso funcione, los dulces padres deben ser los policías de sus hijos, como sus dulces maestros, cuya estrategia es acosar al niño con una montaña de deberes y actividades para que no piense, para que desarrolle solo aquellas habilidades que lo harán una persona exitosa en un futuro super-controlado y pre-determinado.

Un mundo que no estará controlado por ellos, sino por unos pocos que se encargarán del resto. Eso en el mejor de los casos, si no hay un quiebre abrupto.

Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis otras novelas.​

28 de abril de 2015

[Vídeo] Los 43 de Ayotzinapa y el pequeño manual de anarquismo para niños revisitado de Antonio Gritón.

1 de noviembre de 2012

Esclavos del Narco: Los niños del hampa.


Una investigación hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Político, de cómo el narco hace que personas con distintos perfiles, desde niños hasta adultos, y profesionales, trabajen para ellos a la fuerza.
Paris Martínez @paris_martinez


Omar desapareció el 12 de agosto de 2008, a los 14 años de edad, en Reynosa, Tamaulipas, donde pasaba las vacaciones. Fue visto por última vez portando un videojuego de bolsillo y un cachorro, acompañado por una pareja de “veinteañeros” que lo interceptó cuando volvía de la tienda, a la casa donde se hospedaba.
A partir de ese momento, de Omar no se supo nada más, sino hasta tres años después, a mediados de 2011, cuando su cadáver fue encontrado en una calle de Acapulco, Guerrero, con una bala en la nuca.
¿Qué fue de este adolescente durante esos últimos tres años de vida en los que oficialmente estuvo “extraviado”? ¿Quiénes lo secuestraron en el norte del país? ¿Dónde y de qué forma lo mantuvieron retenido? ¿Por qué fue asesinado al otro lado de la república, en Acapulco? Ésas son las preguntas que desde aquel 12 de agosto de 2008 se vienen acumulando en la mente de Araceli, su mamá, quien adelgaza la voz hasta el mínimo audible al hacer un recuento de los datos que, por investigaciones propias, ante la inacción de las autoridades, ha logrado recabar sobre el destino de su hijo.
“Él cayó en manos de una red de trata de personas –dice, con los ojos permanentemente hinchados por el llanto– que, luego de llevárselo, lo convirtió en adicto, lo obligaban a prostituirse, a vender droga y sabrá Dios a qué otras cosas.”
A su lado, Araceli ha extendido la documentación que, desde 2008, viene acumulando sobre la desaparición y muerte de Omar. Mira los papeles, las fotos, y cuida que las lágrimas no caigan sobre ellos. “A pesar de todo lo que hice, nunca pude ver a mi hijo, todo fue inútil… yo me había aferrado y no sé si fue tanta mi insistencia que, cuando estaba a punto de recuperarlo, me lo mataron”.
La facultad de “usar”
De entre los parámetros internacionales que permiten establecer la existencia de un caso de esclavitud, el más evidente es el denominado ius utendi, o facultad de usar, y aquellas víctimas sobre las que éste se ejerce entran en la categoría de “persona en condición servil”, definición que en 1956 fue ampliada por la ONU para incluir en ella, de forma explícita, a los niños que son explotados por adultos no emparentados.
Más de 40 años después, en 1997, la explotación de infantes por parte de grupos armados, incluidos los de la delincuencia organizada, demandó que el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) adoptara los Principios de Ciudad del Cabo, que establecen una definición para el concepto “niño soldado”, que aplica para “toda persona menor de 18 años que forme parte de cualquier fuerza o grupo armado, regular o irregular, con independencia de las labores que desempeñe; por ejemplo y sin que la enumeración sea taxativa, labores de cocinero, recadero, mensajero y toda persona menor de 18 años que acompañe a esas fuerzas o grupos cuando ello no sea en condición de familiar. Se incluye también en esa categoría a las niñas a quienes se haya reclutado con fines sexuales o para obligarlas a casarse. Por tanto, (esta definición) no incluye sólo a los menores que porten o hayan portado armas”. Ese fue el caso de Omar y, según estimaciones oficiales, el de muchos otros infantes reclutados por el hampa, mediante amenazas, engaños o coacción.
Entre diciembre de 2006 y octubre de 2011, por ejemplo, la Procuraduría General de la República procesó a 142 menores de edad “por delitos contemplados en la Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada” y el primer caso fue el de Rosalío Reta Junior, un joven texano de 16 años, quien, luego de romper con Los Zetas, grupo para el cual trabajaba desde los 13, se entregó a las autoridades mexicanas en Nuevo León, a condición de ser deportado a Estados Unidos, donde hoy purga sentencia de 80 años de cárcel por distintos delitos, incluidas ejecuciones en aquel lado de la frontera.
Sin embargo, el número de capturas es sólo una pequeña muestra del reclutamiento generalizado de menores de edad por parte del crimen organizado, dado que, según la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, al menos 25 mil adolescentes y adultos jóvenes (no mayores de 25 años) han sido coptados por los cárteles de la droga para desempeñar distintas funciones en sus estructuras operativas, cálculo elaborado con base en las estadísticas delictivas de los cuatro primeros años de gobierno del presidente Felipe Calderón.
Los reclutas
Carlos Cruz fue pandillero en su juventud y hoy es director de Cauce Ciudadano, asociación civil dedicada al rescate de niños y jóvenes en ambientes de violencia. Carlos es alto y robusto, de gran fuerza física y mirada dura, ensombrecida por ojeras permanentes.
Él se alejó del vandalismo hace varios años, pero nunca ha dejado de ser parte de la banda, los chavos, la pandilla y, a partir de ese contacto diario, afirma con seguridad que “aun esas estimaciones oficiales, que reconocen 25 o 30 mil menores reclutados, son absolutamente parciales y limitadas.”
Desde su óptica, que es compartida por otros organismos civiles dedicados a la protección de la niñez, como Save the Children México o la Red por los Derechos de la Infancia, “los menores de edad que son absorbidos por la delincuencia organizada entran en el rango de víctimas por el solo hecho de ser niños y adolescentes, y las bandas de criminales tienen muchas maneras para obligar a un chavo o a una chava a prestarles servicios…”
Así, destaca, todos los niños reclutados por el crimen organizado son víctimas de explotación, y ya que han sido reclutados, por la vía del rapto, el engaño o la coerción, “no tienen la posibilidad de negarse a hacer nada de lo que se les ordene”.
Carlos habla con fluidez, pero hace una pausa reflexiva al preguntársele si a esos niños puede considerárseles esclavos de los cárteles: “Pues, más allá de otros argumentos semánticos en torno a la definición de ‘esclavitud’, puedo decir que son adolescentes y jóvenes alejados de sus núcleos familiares y comunitarios mediante el uso de la fuerza física o con base en engaños, con promesas de salir de la pobreza opresora, que es la única vida que conocen; también son chavos que están pagando con su trabajo las deudas contraídas por sus papás u otros familiares adictos; chavos cuya obediencia obtienen las bandas de criminales por medio de amenazas no sólo a su vida, sino a la de sus familiares.”
Y pone el énfasis en un aspecto particular: “No es verdad que estos ‘reclutas’ tengan la oportunidad de desertar, como dicen las autoridades, la ley no los protege, estos niños se convierten en delincuentes a la vista de la autoridad. Es más, ni siquiera durante un combate podrían rendirse, porque saben que el Ejército y la Marina no dejan sobrevivientes, así que, en ese escenario, su única opción real de seguir con vida es jalar del gatillo… Ésta es una situación que hemos venido denunciando insistentemente, hay casos de niños secuestrados y coptados, víctimas de reclutamiento forzado, en prácticamente todo el país, pero, ¿dónde están las averiguaciones de la PGR, dónde están los detenidos? ¿Dónde están las bases de datos de víctimas? No los hay…”.
Muerte en Acapulco
Entre el 15 de junio de 2007 y el 23 de mayo de 2012, la Procuraduría General de la República (PGR) inició 19 indagatorias por el rapto de 20 personas, que fueron privadas de la libertad para obligarlas a realizar trabajo forzado mediante intimidación y violencia, o para someterlas a servidumbre, en 13 entidades federativas.
En estos casos identificados por la PGR, una de las víctimas era un varón y el resto, mujeres; del total de víctimas, diez eran menores de 18 años y, aunque en algunos expedientes se detectó la operación coordinada de cómplices en hasta tres entidades distintas de la federación, la Procuraduría informó, a través de su oficio SJAI/DGAJ/ 6494/2012, que ninguna de las averiguaciones estaba vinculada con la actividad del crimen organizado.
Omar, sin embargo, no está en esa lista de la PGR sobre personas secuestradas con fines de explotación.
“Cuando desapareció mi niño –narra la señora Araceli–, yo estaba en la Ciudad de México, donde radicamos, Omar estaba de vacaciones en Tamaulipas, al cuidado de mi hermana y, tan pronto como reuní un poco de dinero, me trasladé a Reynosa y allá anduve recorriendo las oficinas del DIF (Sistema para el Desarrollo Integral para la Familia), los Centros Tutelares de Menores, los hospitales, incluso recorrí la frontera; ninguna autoridad me ayudó, anduve yo sola pegando carteles con su fotografía, caminando en lugares horribles, entre los maras, durante días, hasta que se me acabó el dinero”.
En su peregrinar, Araceli buscó respaldo en las procuradurías de Justicia de Tamaulipas, del Distrito Federal, así como de la PGR, “pero en todos lados me dijeron que era yo la que tenía que aportar elementos para su búsqueda”, así que se sumó a agrupaciones civiles dedicadas a la localización de menores extraviados en la que, afirma, “nos llevaban a programas de televisión y, aunque pocas veces podíamos exponer nuestros casos, fue a partir de una entrevista que me hicieron en un noticiario que, en julio de 2011, una persona nos informó, de forma anónima, que mi hijo había sido visto en Guerrero”.
Para entonces, Omar tenía ya 17 años, había pasado tres desde su desaparición.
“Yo quería abrazarlo, besarlo –recuerda Araceli, con la vista perdida–; iba yo con esa ilusión cuando me dijeron que había noticias de él; aquí en la casa preparamos una pancarta para recibirlo, le compramos un muñeco, estábamos contentos de que iba a regresar”.
Sin embargo, la espera por noticias de su rescate se prolongó hasta el 3 de octubre, cuando, a través de una llamada telefónica, Araceli fue notificada por las autoridades de Guerrero de que Omar había sido finalmente hallado, aunque en una fosa común, tras ser asesinado en abril.
Según el informe de su autopsia, Omar fue baleado por la espalda, “quizá intentó escapar, defenderse”, dice su madre. Un tiro se incrustó en su pierna, otro en la espalda y el disparo mortal impactó en la nuca y salió por su labio superior.
Según las declaraciones ministeriales presentadas por testigos, incluida la de una persona que solía conversar con el adolescente, una mujer adulta era la encargada de conducir a Omar en auto hasta la esquina de un barrio ubicado fuera de la zona turística de Acapulco, donde debía vender una cuota mínima de estupefacientes.
“Dicen que llegó desde agosto de 2008 a Acapulco –narra Araceli–; así como se lo robaron, se lo llevaron al sur… según lo poco que se ha investigado, una señora lo llevaba todos los días, lo dejaba ahí entre seis y ocho de la noche y luego regresaba por él. Le esculcaba las bolsas, para recoger todas las ganancias, y luego se lo llevaba. Supuestamente, a mi hijo lo tenía cautivo la banda de un sujeto al que sólo se identifica como Willy…”
Según la autopsia, al morir Omar estaba desnutrido, “muy delgadito, lo tenían muy mal, no comía habitualmente y su forma de sostenerse en pie era la droga (…) La persona que hablaba con él dice que días antes de que lo asesinaran, vio al niño muy golpeado; entonces le preguntó qué le había pasado y mi hijo le contó que la banda contraria lo atacó para quitarle su mercancía, pero que no se había dejado, porque si se la quitaban la tenía que pagar o, de lo contrario, el Willy lo mataba”. Dos semanas después, Omar fue abordado por un grupo de sujetos que descendió de un vehículo oscuro y lo acribilló en el punto de venta al que estaba asignado.
Carne de cañón
En noviembre de 2010, un mes después de que la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados diera a conocer sus cálculos sobre la existencia de 25 mil niños reclutados por el hampa en México, este concepto cobró rostro, voz y volumen a través de un video que circuló en internet, elaborado por integrantes del Cártel del Pacífico Sur (tal como se autodenominaba entonces la célula morelense del cártel de los Beltrán Leyva-Zetas), en el que se muestra a un hombre adulto con el torso lacerado, pendiendo por las muñecas de una viga en el techo. La víctima es torturada por distintas personas, pero una en particular destaca por su corta estatura y por su timbre, aún infantil, cuando se acerca con un palo de hockey entre las manos y golpea en distintas ocasiones al prisionero.
“¿Quién lo quiere? ¿Quién lo quiere?”, se escucha al niño decir, como parte de las burlas que acompañan a los golpes, tan fuertes éstos que para los mismos verdugos suenan “como si le pegaras a un tambo”.
Se trata de Édgar N, apodado El Ponchis, un adolescente de 14 años que, capturado semanas después de emitido el video, en diciembre de 2010, confesó ser sicario desde tres años atrás, cuando fue “levantado” (es decir, secuestrado) por el líder de la banda, Jesús El Negro Radilla (aprehendido en 2011 por el asesinato de Juan Francisco Sicilia y seis personas más, crimen que dio origen a una de las mayores demostraciones ciudadanas de repudio a la violencia en México, hoy cristalizada en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad).
Actualmente, Édgar recibe tratamiento especial para su reinserción social. Su pena, de tres años en reclusión por cuatro homicidios y delitos contra la salud, fue criticada ácidamente desde el Congreso de Morelos y se anunció una reforma a la Ley de Justicia Penal para Adolescentes en esa entidad, orientada a elevar las penas para menores implicados en delitos graves, como homicidio, secuestro o violación, e impedir que recobren la libertad en el corto plazo, con un efecto ejemplificador; y mientras éste es el nivel del debate, el crimen organizado capta cada vez más niños.
Según las estadísticas de la Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada, el empleo de menores de edad en labores de vigilancia, monitoreo, custodia y sicariato ha sido una práctica sistemática y progresiva durante los últimos años, ya que mientras en 2006 sólo se tomó conocimiento de un caso, esta cifra pasó a 20 en 2007; luego a 21, en 2008; a 25 para 2009; a 29 en 2010 y, entre enero y octubre de 2011, la PGR contabilizó 46 menores más laborando para cárteles, lo mismo en Aguascalientes que en Baja California, Coahuila, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Veracruz o Zacatecas.
Y, en 2012, el conteo no se detiene: tan sólo en abril pasado, una célula de 13 sicarios responsable de al menos 21 ejecuciones fue desmembrada en Nuevo León; siete de los detenidos son menores de edad. Al ser capturados, portaban seis rifles de asalto, cinco AR-15 y un AK-47, un millar de cartuchos y dos “tablas de tortura”, empleadas para castigar a víctimas de extorsión que no cumplen con sus pagos.
“El problema del reclutamiento forzoso y, en particular, del de jóvenes y menores de edad por parte del crimen organizado hoy comienza a ser visualizado claramente –señala el investigador Alejandro Hope, especialista en inseguridad y narcotráfico–, y es probable que en la actualidad existan muchos jóvenes dentro de los grupos criminales, aun sicarios, que desean salir, pero que no pueden hacerlo porque lo primero que hacen estas organizaciones es recabar información sobre la persona y sobre su familia, contra quienes pesa una amenaza real hacia su vida en caso de deserción”.
Se trata, señala el también titular del programa Menos Crimen, Menos Castigo, del Instituto Mexicano para la Competencia y del centro de análisis México Evalúa, “de relaciones de explotación por necesidad, por temor, que se engloban en un fenómeno de coerción relativamente poco estudiado y, desgraciadamente, mal documentado”.
La danza
M. es uno de esos jóvenes reclutados en su adolescencia por el crimen organizado. Por seguridad, su nombre, apodo y procedencia son omitidos. Sólo es posible decir que vive en uno de los estados con mayor índice delictivo del país y que creció en una zona marginal, “en donde nuestro elemento principal, el mío y el de mis homies, mis carnales, fueron los charcos y la tierra, porque no había canchas, no había un pastito… ahí andaba siempre la pandilla, nuestro mayor consuelo era la calle”.
M. anda tumbado, es decir, “visto guango, cholo”; es fornido, su mirada es fría, sus párpados son abultados, como los de un boxeador, y habla secamente cuando recuerda los años 90, con un tono de añoranza. “En ese entonces ser parte de la pandilla era todavía un juego, era cuestión de decir: ‘somos los locos, somos los malos’, ésa era nuestra razón”. Eran tiempos en que se dedicaban, reconoce, al robo menor, confinados, como estaban, al desempleo permanente.
“Y entonces –narra–, a finales de los 90 se empieza a manejar el asunto de los Equipos, los grupos del crimen organizado que se mueven en los barrios, que son una cosa distinta a la pandilla, definitivamente.
–¿Por qué dices que Equipo y pandilla son cosas distintas? –se le pregunta.
–La pandilla surge del núcleo familiar –explica M.–, surge del barrio, donde mi abuelita conoce a la abuelita de mi homie, y siempre va a haber un código de honor que te hace decir: ‘güey, espérate, es la jefita, es el barrio, son los niños, es la mujer, y son cosas que siempre tienes que respetar’; pero cuando llega el Equipo, el grupo criminal, se rompe con todo eso y lo único que vale es el dinero… Y opera así: te mando a un estado, te instalo en un hotel, te asigno una comunidad y, a través del vicio, de la droga, empiezas a conectar a la banda, empiezas a identificar quiénes son los locos del barrio, siempre mostrándote como un referente positivo: voy bien vestido, traigo una buena camioneta; entonces te ubico, veo si andas jodido y te digo: ‘¿Andas jodido, güey? Yo te enseño cómo le podemos hacer’, y después de eso te digo: ‘jálate a ese güey, jálate a ese otro’, y empieza a llegar la chula, la feria, el dinero fácil… y empieza a llegar buen material, buena droga, y eso siempre va a retumbar en los oídos de la pandilla, ¡siempre! Entonces, las pandillas iniciamos con una ideología que te mantenía dentro, con ciertos valores, con conceptos que por más que le muevan nunca iban a desaparecer, como el carnalismo, como la lealtad, como el respeto, pero cuando llegaron esos güeyes, los Equipos, todo valió verga.
–¿De qué manera presionan a los jóvenes para servir al Equipo?
–Mira, la cosa pasa así, buscan a un homie torcido, que necesite varo, si hoy ven que no tienes pa’ comer, hoy mismo te mandan un compa pa’ avisarte que están contratando… el problema es que lo que te toca hacer es jalarle, ir a cobrar la extorsión, la renta, mover la droga, y esos güeyes te obligan a que ejecutes la danza para ver tu valor; primero te destruyen moralmente, te cierran los ojos y te dicen: “a la verga, puto, usted ya no es dueño de su alma ni de su cuerpo, ahora nosotros somos los dueños… y también somos dueños de su familia, culero, porque si usted falla, los que la pagan son los de acá”… y así, dime: ¿quién no va a ejecutar la danza?
Nueva leva
En el año 2011, una década después de ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, de la ONU, el Estado mexicano presentó su primer informe sobre la situación de los niños soldados, con la conclusión de que “México no se encuentra involucrado en conflictos armados (internos o internacionales) y por tanto no se presenta el reclutamiento o utilización de niños por parte de grupos armados”.
Pero ante esta postura optimista, el Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas opuso su “preocupación” ante lo que consideró falta de información “sobre el uso de niños por grupos armados no estatales y que, por consiguiente, (la autoridad) no tome ninguna medida para prevenirlo”.
Por ello, el organismo de la ONU recomendó al Estado mexicano “tomar todas las medidas necesarias para asegurarse de que los niños no sean reclutados por grupos armados no estatales, identificando y monitoreando los diferentes grupos armados en el país, incluso los grupos paramilitares y los grupos de la delincuencia organizada”.
–¿Los “niños sicarios” mexicanos caben en la definición de “niños soldados” del derecho internacional? –se pregunta al titular de Cauce Ciudadano, organización que ha realizado labores de intervención directa con jóvenes en situación de violencia no sólo en barrios de México, sino también de Colombia.
–Hoy los cárteles están integrando equipos operativos, armados, con esquemas militares y paramilitares, para el control del territorio que se disputan entre grupos rivales –señala Carlos Cruz–. Y se estima, por ejemplo, que sólo en Morelos, Puebla, el DF y Guerrero existen 450 puntos de distribución de droga al mayoreo para abastecer las narcotienditas de estas cuatro entidades, que son custodiados por equipos de diez integrantes, básicamente jóvenes y adolescentes, en los que al menos seis están armados, lo que nos da un total de 4 mil 500 menores involucrados en labores de “seguridad”, de los que 2 mil 700, aproximadamente, manejan armamento, y esto ocurre sólo en cuatro de las 32 entidades del país, así que si sumamos todas las plazas de la geografía mexicana, estimamos nosotros que podría haber entre 50 mil y 100 mil chavos y chavas enrolados en los distintos cárteles, cumpliendo distintas funciones: de vigilantes, de sicarios, de operadores.
Es por ello que, señala Cruz, en México existe un fenómeno de “leva”, de reclutamiento forzoso, cuya dimensión es tal que no puede ser abordado en términos penales, “porque son demasiados, no hay cárcel en la que puedan caber, no hay operativo que pueda arrestarlos; son una fuerza regular y como tal deben ser vistos; para todos esos chavos no debería haber persecución penal, sino un programa de desmovilización, de desarme y reintegración a la familia, al estudio y al trabajo, con incentivos económicos, tal como se hizo con los niños soldados que participaron en conflictos armados de Centroamérica o África”.
Y con él coincide Juan Martín Pérez, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México, para quien los niños absorbidos por el crimen organizado mexicano son víctimas de un fenómeno que denomina “narcoexplotación, la cual va más allá de la explotación laboral, tal como la entendemos”.
–¿Existe alguna diferencia entre los “niños soldados” de Colombia, reclutados por grupos armados que financia el narcotráfico, y los “niños sicarios” de México, enrolados también por grupos armados financiados por el narcotráfico? –se pregunta al director de la Red.
–No –responde, sin titubeos–. No hay ninguna en términos conductuales o cognitivos, ni tampoco en los métodos de reclutamiento forzado… hablar de un niño sicario en México es lo mismo que hablar de los niños soldados en África, Colombia o Centroamérica. Sin embargo –insiste–, en materia de derecho internacional, en México no se podría hablar de niños soldados porque no hay una guerra…
Y debido a esa interpretación legal, reconoce: “en México no existen programas de desmovilización para niños que han participado en hechos armados… no hay condiciones sociales para abordar el asunto y, de hecho, en ciertas áreas del país resulta suicida acercarse al tema en este momento”.

7 de julio de 2012

Ellas, lo creas o no...

Yendo y viniendo por los nodos que entretejen eso que para simplificar llamamos "redes sociales" en la mar de aquello otro que nombramos la "realidad virtual", me topé con la siguiente fotografía en la cuenta de l@s compas de la Coordinadora Valle de Chalko, en Feisbuc.

No sé ustedes, pero la sola foto me parece imperdible; no obstante, al leer el pequeño choro que l@s compas le pusieron como pie de grabado, el aporte en su conjunto me pareció digno de replicarse por toda la Inter-red en esta hora tan estridente e hirsuta debido el tema electoral.


Ellas no amenazan con "salvar" a México... ellas no alardean con ser las "únicas" que luchan por este jodido país... ellas no buscan dirigir "mega marchas"... ellas no desprecian al diferentx por ser pobre o iletrado o lo que sea... ellas, lo creas o no, simplemente resisten y luchan por cambiar su realidad y se hermanan con otras luchas humildes, sin protagonismos, sin intolerancia, sin pedantería ilustrada...

30 de abril de 2010

Feliz día del niño, hijo: entre el miedo y algo de mierda.

Debido a una mala costumbre adquirida con nuestra llegada a Mérida, la de Yucatán, la víspera del 30 de abril, como casi todas las otras noches desde que vivimos en la capital del estadísticamente estado más seguro del país, mi hijo y yo nos alargamos hasta casi entrada la media noche cenando en un conocido café ubicado frente a la glorieta que anuncia el final o el comienzo (nunca he entendido bien a bien cuál) del Paseo Montejo.

Como es también nuestra costumbre, confiados, porque en efecto las calles de la así llamada Ciudad Blanca despiden un halo de tranquilidad que ni en sueños se percibe en casi todo el resto del país; confiados, decía, de que estamos seguros y podemos estar relajados, yo me hundí en el ordenador siguiendo vía twitter las noticias sobre el rescate de Érika Ramírez y David Cilia, reporteros de la revista Contralínea, mientras Adis retornaba a su mundo entorno del árbol que se erige orgulloso en la esquina de la 47 con el remate del Paseo Montejo, donde suele parapetarse para sorprender a José Ramón cuando acude a cenar con nosotros.

Es mi costumbre (ésa sí, buena costumbre) no soltarle la vista demasiado para saber siempre dónde y qué está haciendo; así que cuando una patrulla de la policía estatal se detuvo donde él estaba jugando y se bajó uno de los dos oficiales que iban en ella para decirle algo, los malos pensamientos acudieron a mi mente trayendo a la memoria aquellas discusiones con militares en improvisados retenes al norte de Cuernavaca, en Morelos, sobre supuestas “revisiones de rutina” y seguras violaciones a garantías individuales hace más de diez años.

No obstante, el niño se apartó de los oficiales y por un momento pensé que mi paranoia había dado de sí como en otras ocasiones y que seguramente le preguntaron algo sin importancia. Regresé la mirada a la pantalla del ordenador para ver si había algo nuevo sobre lo que ocurre en Oaxaca y volví la mirada a Adis para saber dónde estaba; en ése bajar y subir la mirada, el niño había llegado hasta la mesa que ocupábamos para decirme que el policía quería hablar conmigo. ¿De qué?, pregunté; De mi pistola de juguete.

No fue necesario que Adis me dijera mucho más. Le pedí que no me siguiera, sino que aguardara sentado a la mesa mientras yo hablaba con el agente y me encaminé al lugar donde estaba estacionada la patrulla aún con el motor en marcha y las luces sobre el toldo girando encendidas.

–¿Qué sucede, oficial?
–Buenas noches, caballero –dijo el hombrecito de uniforme tendiéndome la mano en gesto amable.

Devolví el gesto alcanzando su mano con la mía y repetí la pregunta: ¿Qué sucede? Y resulta, que lo que sucedía era que Adis, con su pistola de juguete, con la cual llevaba por lo menos media hora jugando dando de brincos y enramándose y desenramándose entre las oquedades del señor árbol, había pasado a convertirse en una amenaza pública.

Yo ya imaginaba de qué iba todo el cuento desde el momento en el que el niño me respondió: “de mi pistola de juguete”. Pero hasta ése momento pude percatarme de la magnitud de la situación: el bar que está sobre el café de la contraesquina había cesado su acostumbrado escándalo y los parroquianos miraban desde la terraza con ávida curiosidad al sitio debajo del árbol donde el agente y yo conversábamos, en compañía, claro está, de otras dos patrullas que hacían eso que el argot denomina como “apoyo”.

–Una pareja que pasó en su auto pidió la asistencia, lo mismo que la gente de aquél bar y la cámara de tránsito ya lo grabó –dijo–; no puede andar en la calle como si portara una pistola de verdad.

Estaba de más que yo me hiciera el necio y preguntara cosas como: “y si anda en la calle como si no la portara, pero lo hiciera; ¿sí se vale?”, o, más en serio: “¿qué no era evidente que el niño estaba jugando?, lleva horas entrando y saliendo de esas ramas, las mismas que ustedes han pasado patrullando, ¿y de pronto, de buenas a primera, se vuelve un presunto delincuente?” Y digo estaba de más, porque a mi mente cruzó la idea de que, cuando a estos tipos se les llama porque en verdad se les necesita, nunca aparecen; ¿no debería estar satisfecho de que por fin hubieran respondido a un llamado de auxilio?

Pensé en el artículo que leí de Octavio Rodríguez Araujo, publicado esta mañana: “De militares y derechos constitucionales” (La Jornada, 29/04/10), y en la compleja urdimbre de lo que sucede en la mente de un así llamado guardián del orden sometido a una lógica de guerra como la que dictan nuestras autoridades civiles en conformidad con las doctrinas militares de nuestro vecino del norte. Y me puse en los zapatos de quienes han terminado por ver reducidas sus facultades mentales, al grado de creer que un niño jugando alrededor de un árbol puede ser un zeta en franco proceso involutivo a punto de convertirse en chimpancé.

No sé si hice bien o no, pero le dije al agente que entendía perfectamente. Como sea, ¿qué carajos hace un niño de 11 años a eso de las 2300 horas blandiendo lo que de lejos, y no tan lejos, puede parecer un arma de verdad?: si su papá, o quién sea, puede ser tan irresponsable como para tenerlo a tan altas horas de la noche fuera de su casa y de su cama, bien pudiera ser tan imbécil como para dejarle jugar con su revólver calibre .22, ¿qué no?

Es verdad, suena absurdo; pero, probablemente, la señora emperifollada que viniendo en su camioneta último modelo lo denunció, sí suele dejar su rifle de cacería al alcance de los angelitos de la casa (no sería la primera vez que algo así ocurriera; pregúntenle a la sirvienta de los niños Salinas de Gortari)… perdón, estoy siendo sarcástico y, por eso, injusto. Mi única justificación, y no alcanza como tal, es que a mí jamás se me hubiera dado pensar que un niño, o quien sea, pudiera estar jugando con un arma de verdad en la calle: si soy tan acomedido y tengo el valor civil como para llamar a la policía porque veo a un mozalbete armado, quizás se me hubiera dado, también, dudar un poco de lo que veía porque de principio suena estúpido y ver con más cuidado la escena; y me hubiera dado cuenta de que era sólo un niño jugando.

¿Qué debo tener en la cabeza pero no hacerlo?... No, mierda no… Suena parecido, pero no; no es mierda. Lo que de seguro tengo, es miedo. Y por miedo, uno puede dejar de ver lo obvio; creerse el cuento de que la patria está en peligro y perder de vista que un problema de salud, como el consumo de enervantes y drogas, es un asunto de seguridad nacional; llamar en consecuencia al ejército o a la marina, si los militares ya se aliaron al capo en jefe de turno, y aprobar leyes que criminalicen al que todos sabemos que es carne de cañón para los cárteles de la droga: el más hambriento… porque es más fácil destruir que construir, es más fácil matar que educar, es más fácil privarle de su libertad que brindarle un trabajo digno con el que pueda vivir decorosamente.

Eso debo tener: miedo. ¿No fue el voto del miedo lo que según la mitología electoral llevó a Zedillo a la Silla del Águila tras el asesinato de Colosio? ¿No es el miedo lo que ondea Calderón como razón de la sinrazón de militarizar el país entero? ¿No es el miedo lo que justifica el que los fines de semana la gente que habita la otrora “ciudad de la eterna primavera” se autoimponga un “toque de queda”? ¿No es el miedo a lo que no puedo entender lo que me sirve de discurso para descalificarlo? ¿No es el miedo para con el otro, el distinto a mí, lo que me ayuda a pedir que sea expulsado, encarcelado, hacinado, exterminado? ¿No fue el miedo lo que calló tantas voces durante años de estalinismo? ¿No fue miedo lo que provocó tantos silencios cobardes en tiempos de nazismo? ¿No fue el miedo elevado a Acta Patriótica lo que le hizo ganar la reelección a Bush hijo?

Sí; eso debo tener seguramente: miedo… y sí, también algo mierda.

31 de enero de 2009

El día en que la tierra se detuvo.

Publicado en La Jornada Morelos, el 29 de enero de 2009.


I.

Había una vez uno de esos hombres que piden limosna pero también son predicadores que decía:

—Algún día, Dios va a estar tan harto, pero tan harto de la humanidad, que un día va a detener el tiempo y nada se va a mover. Primero va a haber un temblor muy leve: de un minuto; pero que si fuese más fuerte, será porque Dios va a estar realmente enojado. Luego, las luces van a hacer corto circuito y, por último, todo se va a detener. Pero hay una persona que nos puede salvar. Es un hombre de barbas largas, cabello largo, y alto. Hay que encontrarlo antes de que pase todo esto.

Sin embargo, alguien llamó a la policía pidiendo que se lo llevaran “al bote”, a la cárcel, pues; así que cuando llegó la policía y se lo estaban llevando, se fue diciendo que cuando pasara lo del temblor lo empezaran a buscar rápido o todos se iban a morir en la eternidad; ésa eternidad que según Shakespeare empezará cuando el mundo se quede completamente quieto.

Mientras tanto, no muy lejos de ahí, en un departamento todo derruido, vivía un señor de barbas largas, cabello largo, y alto. Estaba el hombre en su casa tomándose un café y comiéndose un pan cuando, de repente, se le cayó la taza. Todo se empezó a mover y comenzaron a escucharse los gritos de gente que corría. El hombre se resguardó bajo su cama sin saber qué hacer, hasta que todo estuvo en calma. Salió y se dio cuenta de que todos miraban hacia un lugar en especial, donde él también se asomó. Se veía mucho polvo; luego el polvo se fue quitando poco a poco. El hombre volteó a ver a las personas para cerciorarse que era allí donde él veía que ellas miraban; y, sí, al volverse se dio cuenta de que miraban hacia una inmensa torre, dizque para saber: si no se había caído es que el terremoto no había estado tan fuerte, como lo predijo el pordiosero, y no se había caído.

El hombre empezó bajó por las escaleras, abrió una puerta y salió del edificio. De pronto, las luces hicieron corto circuito y empezaron a saltar chispas por todas partes. Para esto, las personas ya se habían puesto a buscar al hombre que mencionó aquél pordiosero predicador. Cuando vieron que las luces empezaron a hacer corto circuito lo empezaron a buscar más rápido aún, hasta que alguien llegó a la calle donde vivía el hombre de barbas largas, cabello largo, y alto, y lo vio.

—¡Oye –gritó–, ¿tú eres el que nos va salvar? Nos lo dijo un hombre a mí y a mis vecinos!

—¿Qué? Perdón, no te escuche –respondió el hombre de barbas largas, cabello largo, y alto.

—¡Que tú nos vas a sal…

Todo se detuvo, menos él. Le pareció un poco raro y se sentía un poco raro. ¿Por qué los demás se quedaban quietos y él no? Toda la ciudad se sentía vaciiiiiiiaaaaa… ia… ia… ia.



II.

En la cárcel, un policía le decía al pordiosero:

—Maldito mentiroso, Dios no existe.

Y el pordiosero contestaba:

—Tal vez tú no lo veas, maldito ciego.

Fue cuando el policía se volvió con violencia y le dijo:

—¡Mira estú…

Todo se detuvo, menos el pordiosero, y se escapó.



III.

—¡Sálvanos por favor, sálvanos! –le dijo el pordiosero al hombre de barbas largas, cabello largo, y alto, tan pronto lo encontró. De repente, los dos vieron que se empezó a levantar un templo mexica, cruzado con tlaxcalteca, tecpaneca, acolhua y xochimilca.

Entonces, el pordiosero le dijo al hombre:

—Ven, vamos.

—Sí –dijo el hombre, sin saber porqué decía que “sí”.

Yendo hacia el templo, el pordiosero le dijo:

—¿Ves ése círculo de agua que está al fondo?

El hombre asintió por única respuesta.

—Vamos para allá. Ése es tu futuro.

Cuando se empezaron a acercar apareció de la nada un ángel negro, con plumas, cuernos, cola larga y venenosa, y alas. El ángel se paró enfrente del círculo y les empezó a lanzar fuego, por lo que los dos hombres intentaron alejarlo del sitio. Cuando lo consiguieron, se metieron al círculo los dos al mismo tiempo, para luego salir fusionados en uno solo. Pelearon con el ángel, que había vuelto, hasta que lo vencieron, y sólo entonces se desunieron. El templo se fue y todo regresó a la normalidad.

El hombre de largas barbas, cabello largo, y alto, miró luego al pordiosero y le preguntó:

—¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? ¿Para qué viniste?

A lo que el pordiosero contestó:

—Yo soy tú, vengo del Cielo. Dios me mandó para salvarte a ti y al mundo; pero tenía que hacer que tú lo salvaras para que aprendieras que tú también puedes hacer cosas que ayuden a la gente.

—Oye –dijo entonces el hombre– hay una pregunta que…

—No, Dios no es como nos lo imaginamos –interrumpió el pordiosero– es muy diferente. Y, antes de que el hombre de barbas largas, caballo largo, y alto, pudiera siquiera intentar hacerle otra pregunta, desapareció.

19 de agosto de 2008

Material de la caravana de observación y solidaridad con las comunidades zapatistas

En los siguientes vínculos encontrará algunas de las entrevistas, fotografías, crónicas, boletines, que han estado subiendo a la red los distintos grupos de trabajo en que se dividió la Caravana Internacional de observación y solidaridad con las comunidades zapatistas de Chiapas.

Eurozapatista

En el sitio de Europazapatista: Recopilación de las CRÓNICAS enviadas por la Comisión de Prensa y Comunicación de la Caravana Nacional e Internacional de Observación y Solidaridad con las Comunidades Zapatistas de Chiapas

Indymedia Chiapas

En Indymedia Chiapas

28 de mayo de 2008

Conciertos para concienciar sobre la pobreza infantil en América Latina

Pascual Serrano/Rebelión


El pasado 17 de mayo se celebraron dos megaconciertos simultáneos en México DF y en Buenos Aires para “concientizar” a la gente sobre la importancia de luchar contra la pobreza infantil en América Latina.

Según leo en La Jornada, la “concientización” consistió básicamente en unos videos que se transmitieron entre cada participación con mensajes del tipo: “¿Qué pasaría si los niños de Latinoamérica hicieran un paro? O sea, que pararan de nacer. Hartos (de la situación de pobreza). Al convertirse en recurso escaso (nos daríamos cuenta de su valor) y haríamos cualquier cosa por tenerlos”.

Se trata de una iniciativa de la Fundación ALAS (América Latina en Acción Solidaria) que recuerda en su página web que 32 de 54 millones de niños latinoamericanos de cinco años de edad o menos viven en la pobreza. Aunque con su sede social en el paraíso fiscal de Panamá no creo que aporte mucho en impuestos para proyectos sociales públicos, tiene su propia solución para terminar con la pobreza: “mejorar las vidas de treinta y dos millones de niños latinoamericanos afligidos por la pobreza requerirá de programas integrados de educación, nutrición y salud caracterizados por el Desarrollo Infantil Temprano (DIT). ALAS fue creada por los principales artistas, figuras intelectuales y líderes empresariales de América Latina para lanzar un nuevo movimiento que genere un compromiso colectivo con el DIT al instar la acción del gobierno y de los sectores público y privado al tiempo que se asocian con organizaciones innovadoras para crear soluciones sustentables. Al crear sociedades público-privadas para trabajar al unísono se logrará el éxito de largo plazo”.

Suena muy tierno, pero ¿quiénes son eso filántropos que están detrás de ALAS? Por ejemplo Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo con 59.000 millones de dólares, 7 por ciento del PIB de México. También está Emilio Azcárraga, presidente de Televisa, uno de los empresarios más ricos e influyentes de América Latina con una fortuna estimada en 1.700 millones de dólares según la revista Forbes y Alejandro Soberón Kuri, fundador y Director General de Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE), la empresa líder en América Latina en producción de entretenimiento en vivo y compañía fundadora de Alta Vista Films y su división distribuidora, NuVision. Tiene inversiones también en empresas de juego y apuestas. Otra de las impulsoras es la cantante Shakira, cuya fortuna es de 66 millones de dólares. En el acto también estuvo presente Arturo Elías Ayub, director de Alianzas Estratégicas, Comunicación y Relaciones Institucionales de Telmex y director general de la Fundación Telmex.

Entre los músicos que cantaron en México se encuentran Ricky Martin, Miguel Bosé y David Bisbal, mientras que en Buenos Aires escucharon a Shakira, Alejandro Sanz y Paulina Rubio, entre otros. El acto consistía simplemente en un concierto gratuito por lo que no comprendo en qué pudo mejorar la situación de los 32 millones de niños pobres.

Y como si un concierto gratis contra la pobreza de los niños no fuera populismo hueco, Shakira entra al trapo de un periodista español cuando le pregunta "¿Entonces, ALAS es también un freno al populismo?" -en clara referencia a las políticas de izquierda que pretenden desautorizar con ese término-. “Si claro”, dijo la barranquillera al periódico. De forma que ya tuvieron bastante para titular: 'ALAS es un freno a los populismos en América Latina'.

Quizás una iniciativa muy concreta y poco populista puede ser meter en la cárcel a los directivos de las multinacionales que, según ha denunciado la organización Christian Aid, evaden cada año 50.000 millones de dólares de impuestos en América Latina con los que "cada día se podría salvar la vida de 300 niños menores de cinco años".

No deja de ser insultante que esos empresarios y músicos multimillonarios quieran concienciar a los latinoamericanos sobre la pobreza infantil mediante el método de invitarles a un concierto. Un poquito de sentido común serviría para llegar a la conclusión de que si 32 millones de niños son pobres es porque alguien tiene fortunas de 59.000 millones de dólares. Esa es la primera “concientización” que se necesita tener. La siguiente acción es todavía es más sencilla de deducir.

18 de diciembre de 2007

Tiempo somos

José Martínez Cruz

La posada de los pueblos en defensa del aire, la tierra y el agua, llevada a cabo en el zócalo de Cuernavaca el domingo 16 de diciembre, fue nutriéndose poco a poco. En un zócalo dominado por un inmenso árbol impuesto por la coca-cola y retomado por el gobierno del estado con regalos demagógicos. ¿Quién tuvo la genial idea de dar el regalo de "empleo" en un paquete tan vacío y hueco de contenido? y ¿"seguridad"? y ¿"libertad"? La gente pasa y se toma fotos frente al árbol. Qué más. La ilusión, antes, viajaba en tranvía. Hasta ahí llegaron los 13 pueblos y unos más, desde Xoxocotla, Tlaltizapán, hasta Santa Catarina y Pueblo Viejo. Cargaron con piñatas y fruta, dulces y cacahuates para entregarlos a los niños y niñas. Y se arremolinaron frente al asta de la bandera. Ahí se improvisó una tribuna y se leyó, por Miguel Angel, el Manifiesto de los Pueblos en defensa de la tierra, el agua y el aire, destacando la lucha en defensa del manantial Chihuahuita, El Texcal, Lomas de Mejía. Ahí llegaron los hermanos Cerezo muy temprano con un manifiesto por la amnistía.

Se habló de los 19 años de la desaparición de José Ramón García Gómez y la exigencia de la presentación de todos los desaparecidos políticos que impulsa el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR). Estaba presidiendo el acto un cuadro de Acteal, a 10 años de la masacre indígena en Chiapas. Y se rompieron las piñatas llevadas por Adela. El ponche de Citlalxochitl y Juliana se disfrutó alegremente. La gente preguntaba: ¿venden ponche? No, lo compartimos, era la respuesta. Ahí recuperamos el sentido comunal y comunitario, de profundo contenido social, de las posadas que nos reúnen para hablar de lo que somos, de lo que sentimos, de la fraternidad profunda que recorre el alma del pueblo.

Como sol Cuba

Y la fiesta se hizo internacionalista. El motivo fue el primer aniversario del Comité de Solidaridad con Cuba que funciona en La Comuna todos los viernes desde diciembre de 2006. Buen motivo para reunirnos y celebrar con ponche y con casi mojitos, porque faltó la hierbabuena. Pero abundó el entusiasmo y la palabra se paseó en francés con un sindicalista de París, en alemán con un investigador invitado a las aulas universitarias, con una italiana mochila al hombro altermundista, con una brasileña y una gitana venida de las estepas rusas, con un inglés ecologista orgulloso padre de mexicanita, y con un mosaico de migrantes internos de este país enormemente solidario con una revolución cubana que ha significado un horizonte desde los años sesenta.

La fiesta

El orgullo gay se pasea por Jojutla. No siempre ha sido así en Morelos. Apenas semanas atrás el cuerpo de un travesti fue encontrado asesinado. Sólo por su preferencia sexual. El odio adquiere tintes criminales cuando la intolerancia se transforma en homofobia. Pero esta noche están los sentidos al aire. Y se capta la energía largamente contenida. En un mundo donde la diferencia se agudiza cuando solo debería servir de referencia para reconocerse mutuamente en el plano de la igualdad. Difícil, pero toda lucha siempre lo ha sido. Y no hay lucha perdida más que la que se abandona. Y por lo que se ve aquí, creciendo la conciencia lésbica-gay-bisexual-transgénero, no hay marcha atrás.

La Brasilera.

No está en el sur profundo del continente, aunque su nombre así lo indique. Está en tierra pródiga del sur de Morelos, en esas lomas de Tehuixtla que permiten otear el horizonte en días de calor sofocante y largas jornadas de trabajo para los migrantes de un poco más al sur, allá por Tlapa y las comunidades indígenas nahuas guerrerenses. Hacen producir la tierra con sus manos. No son más dueños que del sudor que perla su frente. Los trasladan desde muy temprano en vehículos de carga para producir hortalizas para el mercado nacional y algunas, como la okra, para el mercado norteamericano. Se quedan las niñas y los niños en las galeras. Kualli tonalli, los saludamos al llegar y sus ojitos sonrien. Se divierten mojándose y corriendo libremente por entre las barracas, ahora con algunas mejoras, atendidas por mujeres que los cuidan, cuando pueden, porque no se dan abasto con niñas y niños que no van a la escuela. Ayer uno se rompió accidentalmente una pierna, y lloraba cuando a su pantalón nuevo le metieron tijera para curarlo en el hospital Meana San Román de Jojutla. "Nunca tener un pantalón nuevo y que me lo desgarren", lloraba al oído de la trabajadora social.

17 de octubre de 2007

Hoy hace nueve años...


Hoy hace nueve años, en las primeras planas de los diarios nacionales y quizás también en las del extranjero, se anunciaba la detención del dictador Augusto Pinochet por agentes de Scotland Yard, en el Reino Unido, a solicitud de los jueces españoles Baltasar Garzón y Manuel García Castellón; en relación a su participación en miles de asesinatos, desapariciones y torturas ocurridas en Sudamérica y especialmente en Chile durante los 17 años de genocidio y terrorismo que significó su estar al frente de la junta militar que tomó el poder luego del golpe del 11 de septiembre de 1973.
Hoy hace nueve años, Rigoberta Menchú, Adolfo Pérez, José Ramos, Mairead Corrigan y Joseph Rotblat, premios Nobel de la Paz 1992, 1980, 1996, 1976 y 1995 respectivamente, pidieron al gobierno español, a ETA y a los partidos políticos de Euskadi negociar el fin de la violencia en el País Vasco y España.
Hoy hace nueve años, miles de personas de distintas nacionalidades se manifestaron en la ciudad de Oporto, Portugal, en apoyo al gobierno de Fidel Castro en Cuba y contra el embargo estadounidense a la isla, en el marco de la VIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en una marcha que se extendió a lo largo de 10 kilómetros.
Hoy hace nueve años, el Congreso colombiano aprobó el derecho de gracia a los guerrilleros y guerrilleras que se acogieran a un ordenamiento legal (sic).
Hoy hace nueve años, Luiz Inacio Lula da Silva hizo un llamado desde la ciudad de Porto Alegre, Brasil, para que las oposiciones de izquierda de América Latina se unieran en contra del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Hoy hace nueve años, el FMI exigió al gobierno ruso la aprobación de un programa económico "claro" como condición para que el citado organismo internacional otorgara mayor ayuda financiera (la segunda parte de un crédito por más de 20 mil millones de dólares, pactado en julio de ése año).
Hoy hace nueve años, el entonces presidente estadounidense Bill Clinton se reunió por separado con Yasser Arafat, entonces líder de la Autoridad Nacional Palestina, y con Benjamín Netanyahu, entonces primer ministro israelí, en lo que algunos consideraron como un intento para impulsar el estancado proceso de paz en Tierra Santa.
Hoy hace nueve años, las organizaciones del Tratado del Atlántico Norte y para la Seguridad y Cooperación en Europa iniciaron vuelos de reconocimiento en Kosovo y prepararon el despliegue de 2 mil observadores que supuestamente verificarían en la ex Yugoslavia que se cumpliera una resolución de la ONU de cese al fuego y el retiro de fuerzas serbias de territorio kosovar.
Hoy hace nueve años, siete de los principales diarios de Argelia anunciaron la suspensión de su publicación por tiempo indefinido "en protesta por la voluntad de las autoridades de acallar la libertad de presa", dijeron.
Hoy hace nueve años, cerca de 200 pescadores desaparecieron en medio de una tormenta que azotó los estados de Gujarat y Maharastra, en la India; además de causar (lo tormenta, se entiende) 262 muertos según cifras oficiales.
Hoy hace nueve años, dirigentes y académicos residentes en diferentes pueblos de Argentina, Colombia, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador y México llamaron al gobierno mexicano, en el marco del Foro Latinoamericano sobre Lesgislación y Derechos Indígenas, a cumplir la letra y el espíritu de los Acuerdos de San Andrés.
Hoy hace nueve años, 700 campesinos (simpatizantes zapatistas, miembros de organizaciones independientes y militantes priístas) demandaron al gobierno federal zedillista el retiro inmediato de Taniperla, municipio autónomo zapatista Ricardo Flores Magón, del Ejército federal y de la Policía de Seguridad Pública del Estado, las cuales se encontraban en el lugar que albergara el ya famoso Mural de Taniperla desde hacía seis meses atrás.
Hoy hace nueve años, dentro del Festival Internacional Cervantino se presentaron la compañía francesa Ballet Preljocaj, con un homenaje a los ballets rusos dirigidos por Sergede Diagnilev entre 1909 y 1929; el pianista vienés Paul Badura-Skoda, con temas de Beethoven, Ravel y Liszt, y el Amsterdam Jazz Quintet, de Holanda, con Héroe humano, pieza sobre Superbarrio: "un personaje mexicano que se parece a Supermán pero un poco más gordito".
Hoy hace nueve años, por disposición de las autoridades de la delegación Cuauhtémoc, en el D.F., el Cine Ópera, donde se organizaban conciertos a los que asistían miles de jóvenes por vez, era clausurado.
Hoy hace nueve años, en Tlalnepantla, estado de México, militantes del Partido Acción Nacional se pronunciaron en contra del aborto y su legalización en el Foro en Defensa de la Vida.
Hoy hace nueve años el ex marino Mark Burton fue sentenciado por un jurado federal de San Diego, California, Estados Unidos, a 15 meses de prisión y a pagar una multa de 520 dólares, a raíz de haber golpeado en 1994 junto con otros cinco militares estadounidenses a tres migrantes mexicanos indocumentados; entre ellos una mujer.
Hoy hace nueve años una leve lluvia de ceniza cayó en los municipios mexiquenses aledaños al volcán Popocatépetl.
Hoy hace nueve años, militantes del Partido de la Revolución Democrática procedentes de los municipios chiapanecos de Cintalapa, Venustiano Carranza, Coita y Jiquipilas marcharon en la capital del estado, Tuztla Gutiérrez; mientras otros perredistas hicieron lo mismo en Simojovel y Huitiupán. Ambas manifestaciones fueron convocadas en protesta del fraude electoral del 4 de de octubre de ése 1998.
Hoy hace nueve años 400 estudiantes de la Escuela Normal Rural de El Mexe realizaron también una marcha en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México, y obstruyeron la carretera federal México-Pachuca pidiendo que se aumentara la matrícula escolar y la entrega de plazas a egresados; además de manifestarse en contra de la represión sufrida tres años atrás por 118 compañeros al ser encarcelados, lo mismo que decenas de estudiantes normalistas golpeados y 13 más expulsados.
Hoy hace nueve años, la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila emitió una recomendación al entonces alcalde panista de Monclova, Harold Pape Felán, por mandar arrestar a cinco jóvenes priístas que repartían propaganda en la cual se cuestionaba su gestión.
Hoy hace nueve años los Yankees de Nueva York ganaron 9 a 6 a los Padres de San Diego, en lo que fue el primer juego de la Serie Mundial de Béisbol.
Hoy hace nueve años el Toluca goleó 3 a 0 quitándole lo invicto al Cruz Azul, en el estadio de La Bombonera; mientras en el Azteca, Necaxa ganaba con el mismo marcador al Celaya, y el León empataba a un gol con Tigres.
Hoy hace nueve años, en Milán, Italia, Diego Armando Maradona pedía justicia tras enterarse que una suspensión de 15 meses impuesta en 1991 por dar positivo a la cocaína en un control antidoping fue infundada, ya que el equipo utilizado contaba con restos de esta sustancia, procedentes de otra muestra.
Hoy hace nueve años en Tejalpa, creo que municipio de Jiutepec, en Morelos, se llevó a cabo la Fiesta del Ojo de Agua, donde participaron diversas organizaciones civiles, populares, no gubernamentales y de derechos humanos entorno a la salud alternativa.
Finalmente, o casi, hoy hace nueve años, a eso de las 21 horas con 09 minutos; a tan sólo tres días de que la Luna terminara de vaciarse para convertirse en nueva y 63 años después de la muerte del periodista estadounidense Jhon Reed... con unos 54 centímetros de largo y un peso de 3 kilos 400 gramos nacía en dirección al Sur Adis Eduardo, autor del blog EL CHAMACO y los Nietos del Averno que hoy se estrena y heredero de nuestras deudas en el Fobaproa. Desde aquí le dejamos un abrazo y un beso virtuales y le deseamos que, como dijera Perico el Payaso Loco, se la pase chirindóngamente.

15 de septiembre de 2007

GRITO DE INDEPENDENCIA 1910 – 2007.

POR LA LIBERTAD DE LOS PUEBLOS EN DEFENSA DE LA TIERRA, DEL AIRE Y DEL AGUA.

POR LA JUSTICIA QUE RECLAMAMOS PARA NUESTROS PUEBLOS.

Este 15 de septiembre los pueblos de Morelos expresamos nuestro GRITO DE LIBERTAD Y JUSTICIA en todas las plazas públicas, recordando la gesta heróica de quienes dieron su vida por terminar con la esclavitud de nuestros pueblos y para comprometernos a luchar por hacer realidad lo que los gobiernos se empeñan en negarnos en la práctica:

Hoy nuestros pueblos no son libres para ejercer sus derechos, los gobiernos pisotean la historia y se burlan de nuestras conquistas.

Hoy se cierran las puertas para escuchar nuestras demandas.

Hoy nos persiguen, nos encarcelan, nos amenazan, nos quieren mantener como esclavos del miedo y rehenes de falsas promesas.

Hoy los pueblos de Morelos queremos que la LIBERTAD de unos cuantos no sea la falta de JUSTICIA para los muchos.

Hoy decimos BASTA al poder de los de arriba, porque los de abajo somos los legítimos herederos del pueblo insurgente que con su sangre regó el camino de la historia que hoy nos niegan.

Queremos que este GRITO DE DIGNIDAD se escuche por todo Morelos y que crezca en la defensa de nuestros manantiales, ríos, lagunas, tierras y aire.

Que este GRITO DE REBELDIA signifique la defensa de nuestros recursos naturales.

Que este GRITO DE CONCIENCIA represente nuestro deseo de construir un Morelos para todos y todas.

Que este GRITO DE CORAJE nos permita avanzar en la organización y en la exigencia de una VIDA DIGNA CON PAZ Y LIBERTAD para quienes sufren prisión y persecución por participar en la lucha social.

Este GRITO DE LOS LIBRES expresará nuestras demandas contenidas en el Manifiesto de los Pueblos de Morelos.

¡SI LOS DE ARRIBA QUIEREN LIBERTAD PARA ENRIQUECERSE Y EXPLOTARNOS, NOSOTROS QUEREMOS LIBERTAD PARA DEFENDER NUESTROS DERECHOS!

¡SI MORELOS E HIDALGO VIVIERAN, CON NOSOTROS ESTUVIERAN!

¡SI JOSEFA ORTIZ Y LEONA VICARIO VIVIERAN, CON LAS MUJERES DEL PUEBLO ESTUVIERAN!

¡SIN TIERRA, AIRE Y AGUA NO HAY JUSTICIA PARA EL PUEBLO!

¡VIVAN LOS PUEBLOS EN LUCHA!

¡VIVA EL CONSEJO DE PUEBLOS DE MORELOS!

Dado en la comunidad indígena de Santa Catarina, Tepoztlán, para ser leído en las plazas públicas el 15 de septiembre por todas y todos los integrantes del Consejo de Pueblos de Morelos.

2 de septiembre de 2007

OPINIÓN :: Elvira Arellano

Rosario Ibarra*


La medianoche era fría, muy fría. En el cielo límpido refulgían las estrellas y en las aceras brillaban los trozos de hielo de aquella medianoche en que arribamos a Chicago, hace ya mucho tiempo. Fuimos a un acto en solidaridad con los compañeros puertorriqueños, para exigir la libertad de sus presos. El movimiento en las entradas y salidas del aeropuerto no cesaba; viajeros que iban y venían, hombres y mujeres que presurosos caminaban, de vez en cuando tropezaban entre ellos o con los encargados de la limpieza que aun a esa hora no cesaban en sus tareas.

Llamaba mi atención el ver tantos rostros que se me antojaban conocidos, rostros de rasgos de mi gente, de mi pueblo, de las razas que llenan el suelo de ese trozo de la Tierra que llamamos patria pero que, acosados por la miseria, cruzan la frontera norte y buscan el ansiado empleo que por acá les es negado.

Conocía las historias del éxodo por pláticas con amigos de Monterrey, que habían visto partir a hijos y hermanos, a hombres que dejaban a la familia entera y que soñaban con poder enviarles el sustento que en su tierra no podían obtener. Esa medianoche fría, muy fría, se oprimió mi corazón de dolor, al imaginar las penalidades de los que llegan a aquella tierra extraña, en donde a veces son mal vistos, pero en la que se quedan “a como dé lugar” —dicen— porque “l’hambre es canija” y sufren lo indecible.

Hace poco tuve una muestra más del sufrimiento de los nuestros allende la frontera. Al Senado de la República llegó un niño de escasos ocho o nueve años, en busca de apoyo para su madre. Saúl, Saulito, como le llaman sus amigos mexicanos que lo trajeron a esta tierra que es la de su señora madre, Elvira Arellano, que entonces supe que trabajaba en el aeropuerto aquel de la media noche fría, muy fría, en la que llegué para ir a un acto en solidaridad con compañeros de Puerto Rico que el gobierno de Estados Unidos mantenía presos...

Elvira Arellano estuvo refugiada más de un año en una iglesia de Chicago y viajó a Los Angeles como parte de su campaña para demandar una reforma migratoria. Tenía pensado ir a Washington pero... (¡cuánta celeridad, qué gran presteza!). Tal pareciera que la seguían minuto a minuto sin perderla de vista, porque agentes de la Oficina de Inmigración y Cumplimiento Aduanal la detuvieron y, ni tardos ni perezosos, la deportaron.

El que se vio lento (como siempre en estos casos) fue el gobierno mexicano, que adujo que lamentó “la celeridad con la que Washington instrumentó la deportación” y (¡oh cinismo!)... demanda explicación, porque el caso “podría tener implicaciones sobre los derechos humanos de la connacional”, ya que fue obligada a separarse de su hijo nacido en ese país.

¡Hipócritas! ¡Mendaces! Nada les importa la suerte de Elvira Arellano separada de su hijo, ni la de todas las “Elviras” de este dolorido pueblo, que sufren allá o acá. Sí les importan y mucho las deportaciones masivas de hermanos centroamericanos que llegan a Chiapas o a Tabasco. Tan sólo en una semana han apiñado en autobuses a más de 2 mil 500 ciudadanos de esos países... Aquí también saben deportar con celeridad... tenemos pruebas.

El trato que se da en el país vecino a muchos mexicanos no parece importarles a los gobiernos. Hace tiempo denunciamos cómo en una enorme huerta de naranjos en California fueron empleados muchos compatriotas “indocumentados” —según las autoridades—. El dueño sabía que entraron al país sin los papeles requeridos y les dio empleo a todos. Contaron ellos que les decía que se protegieran de las fumigaciones y los pobres hombres trataban de cubrirse con lo que encontraran, pero era pretexto para mantenerlos ocultos hasta que terminaban la recolección de la naranja.

En cuanto esto sucedía, los denunciaba a “la migra” y ésta los echaba fuera sin que les hubiera pagado por su trabajo, el moderno esclavista californiano... Injusticia y crueldad a ambos lados de la frontera; gobiernos de tácticas gemelas y acciones similares. Por eso, desde este espacio, rindo homenaje de respeto y admiración a quienes luchan contra tamaña injusticia, y un ejemplo maravilloso de ello es... Elvira Arellano.

*Dirigente del comité ¡Eureka!

8 de febrero de 2007

LA SCJN Y ATENCO :: "bajarle al asunto".

Los ministros Juan N. Silva Meza, Genaro David Góngora Pimentel, José Ramón Cossío Díaz y José Fernando Franco González Salas; las ministras Margarita Beatriz Luna Ramos y Olga María del Carmen Sánchez Cordero de García Villegas, y el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Guillermo I. Ortiz Mayagoitia, votaron este 6 de febrero a favor de integrar una comisión para investigar la presunta violación de derechos humanos por parte de las policías municipales de Texcoco y San Salvador Atenco, estatal mexiquense y Federal Preventiva, en mayo de 2006.

Sin duda, la determinación de la SCJN, sustentada en el artículo 97 de nuestra Carta Magna, al dictar que ésta “podrá nombrar alguno o algunos de sus miembros o algún juez de distrito o magistrado de circuito, o designar uno o varios comisionados especiales, cuando así lo juzgue conveniente […] para que averigüe algún hecho o hechos que constituyan una grave violación de alguna garantía individual”, abre la puerta a sancionar conforme a derecho los atropellos de las corporaciones mencionadas, ampliamente denunciados y documentados tanto por organizaciones civiles y sociales como por la misma Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Sin embargo, como sostiene el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) en voz de doña Hortensia Ramos, si bien se trata de “una batalla ganada”, la decisión de la SCJN “es un aliciente para seguir en la lucha […] un primer paso de entre una serie de acciones que vamos a emprender para liberar a nuestros compañeros” y compañeras secuestrad@s los días 3 y 4 de mayo del año pasado.

La reserva, casi desconfianza, no está de más; el FPDT, lo mismo que muchas otras organizaciones adherentes de la Otra Campaña, incluyendo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ha sido sistemáticamente burlado por instancias gubernamentales que desde 2001 negocian con él a raíz del fallido intento de construir un aeropuerto alterno al de la Ciudad de México en sus tierras.

La traición más reciente a la palabra empeñada sucedió el 2 de mayo, precisamente un día antes de los enfrentamientos entre algunos integrantes del FPDT y policías municipales y estatales mexiquenses, cuando las autoridades perredistas de Texcoco se comprometieron a permitir que floricultores de la zona vendieran su producción el día 3, fecha cuya significación religiosa se constituye como una de las mejores para la venta de flores en el año.

Contrario a lo acordado unas horas antes, la madrugada del 3 de mayo el ayuntamiento (supuestamente de extracción izquierdista) prefirió no cumplir su palabra e inició la represión de los floricultores, hiriendo inclusive a ancianos y menores de edad; como respuesta, el FPDT, cuyos dirigentes habían testificado el día anterior el acuerdo entre la alcaldía y los vendedores de flores, hicieron acto de presencia en Texcoco y, como luego se dice, metieron las manos y el cuerpo todo por sus compañeros.

La respuesta de las autonombradas fuerzas del orden (que más bien lo son del caos) no se hizo esperar y a la policía municipal se sumó la Agencia de Seguridad Estatal (ASE). La resistencia del FPDT se mantuvo hasta entrada la noche a pesar de la detención de algunos de sus líderes más visibles; entonces, los medios de comunicación corporativos, favorecidos por recientes cambios en la legislación de radio y televisión, exigieron la intervención de fuerzas federales azuzando a las autoridades con acusaciones y desprecio.

La madrugada del 4 de mayo poco más de 3 mil agentes de la Policía Federal Preventiva (PFP), de la ASE y de las policías municipales de Texcoco y San Salvador Atenco llevaron a cabo un operativo en el cual fueron detenidas más de 200 personas con lujo de violencia, muchas de las cuales ni siquiera tenían “vela en el entierro”, se allanaron decenas de viviendas al más puro estilo de las dictaduras militares en el Cono Sur del continente, las mujeres fueron torturadas mediante violaciones sexuales y otras vejaciones, los hombres también fueron ultrajados y golpeados con saña, cinco extranjeros (cuatro mujeres y un hombre) que trabajan para medios independientes de comunicación fueron expulsados del país violando sus garantías, un jovencito de 14 años de edad fue asesinado y otro, de 22 años, fue herido con una lata de gas lacrimógeno para morir a las pocas semanas en el hospital.

Un ambiente de terror se apoderó de las paredes en las casas y las calles de San Salvador Atenco; terror del que poco a poco se han ido sacudiendo sus pobladores mientras sus vecinos, familiares y amigos, junto con centenares de adherentes de la Otra Campaña, seguían siendo maltratados en los penales de Santiaguito y La Palma (ahora del Altiplano) y en el Consejo Tutelar de Menores “Quinta El Bosque”.

Actualmente, 27 personas continúan presas en Santiaguito y 3 más en el penal de máxima seguridad (para secuestradores y narcotraficantes, se supone) del Altiplano; cuatro de ellas, Ignacio Del Valle Medina y su hijo César Del Valle Ramírez, Narciso Arellano Hernández y Magdalena García Durán, han obtenido sendos amparos que, por lo menos en el caso de doña Magdalena significan su inminente liberación; lo que hasta el momento no ha sucedido.

Así, pues, es imposible confiar en la acción con justicia y dignidad de quienes deben velar por el multimentado Estado de derecho; sobre todo después de que l@s mism@s ministr@s que accedieron a indagar en el llamado Caso Atenco han decidido por primera vez que ningun@ de ell@s formará parte de la comisión investigadora, para “bajarle al asunto”: “Va a llegar el momento –dijo uno de ellos, el tristemente célebre Mariano Azuela Güitrón, expresidente de la SCJN durante el sexenio foxista- en que con motivo de la pasión deportiva se dé un evento en un estadio que obligue a la intervención policiaca [y que], como resultado de ésta, se produzcan situaciones que puedan llegar a ser violatorias de las garantías individuales y se nos pida, con la pasión propia del deporte, que hagamos la investigación”.

En fin, que en todos lados se cuecen habas y de que los hay, los hay.

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