Nodo-caracol-bitácora virtual de cambalache chorero y otros chunches, abajo y a la izquierda.
27 de abril de 2015
La Red Mexicana de Trabajo Sexual marchará nuevamente este primero de mayo.
7 de octubre de 2012
Detrás del hijo de Moreira.
No estoy dispuesta ni lo estaré nunca a celebrar el asesinado de nadie. Lo que estoy es convencida de que quienes cometen delitos deben pagar por ellos de acuerdo a las reglas jurídicas establecidas para quien incurre en conductas antisociales. Que desde los asesinos hasta quienes comete peculado deben pagar, como bien lo exige la ley, con la privación de la libertad y las multas correspondientes. Lo mismo aplica para quienes utilizando el poder que les confiere un puesto público, debilitan a las instituciones con el tráfico de influencias, llevan a cabo negocios sucios, ejercen nepotismo, lavan dinero, o robustecen sus fortunas personales dejando en quiebra a sus ayuntamientos y estados, traicionando a la sociedad entera. El mismo rasero para toda la sociedad.
Dicho lo anterior debo confesar que a mi, como a millones de personas, las declaraciones que Humberto Moreira hizo hoy me dejaron pasmada. Y sí, seré políticamente incorrecta, pero debo decir lo que muchos piensan y callan por pudor. En medio de su auténtico dolor por la trágica muerte de su hijo, Moreira es el mismo cínico de siempre. Declaró “Mi hijo es un muerto más de esta guerra, unos desgraciados le dieron dos balazos en la cabeza”. Cuando el ex gobernador que dejó a Coahuila en un estado financiero calamitoso, por no hablar de la impunidad y violencia rampante, dijo estas palabras y acto seguido aprovechó para asegurar que se le había calumniado, pero que esto sí, no lo va a perdonar.
Y debo decir que si su hijo fuera un muerto más de esta guerra, él estaría como el resto de los padres y madres, haciendo fila, lleno de ansiedad y angustia, para que la procuraduría estatal recogiera su caso antes de los otros dos mil pendientes. Si su hijo fuera otro más no hubiera sido contratado por su tío como coordinador regional de la Sedesol estatal. Si su hijo fuera una víctima más de esta guerra, seis horas después de su asesinato no habrían 23 funcionarios públicos federales coordinándose para llevar a cabo una estrategia de seguridad. Si el padre del joven asesinado fuese un hombre común, sin poder político (con averiguaciones previas abiertas y acusaciones sobre corrupción y otros probables delitos), las autoridades federales no solamente le hubiesen negado la ayuda, sino hubiesen dicho, como dicen de miles de jóvenes pobres y desconocidos que han sido ultimados en pueblos del norte del país, que seguro andaba en malos pasos, o de plano García Luna y Cárdenas Palomino lo habrían tachado como un narco más en su larga lista de muertos acusados falsamente.
Si el hijo de Moreira fuese uno más de esos miles de asesinados de esta guerra, Poiré, el mismísimo secretario de Gobernación, no le hubiera tomado la llamada al padre. Tampoco hubiese sucedido lo que sucedió: horas después de su muerte se conformó un grupo de trabajo con autoridades estatales y federales que se comprometieron a esclarecer los hechos a la brevedad posible, y castigar a los responsables. Si fueran víctimas normales, como nos asegura Moreira, no se habrían reunido en menos de seis horas Victoria Pacheco, la subprocuradora de Control Regional de la PGR, con el General Luis Arturo Oliversen, Jefe del Estado Mayor Presidencial de la Sedena y el Almirante José Santiago Valdés, Jefe del Estado Mayor General de la Armada de México. Y como no es un joven común, sino el hijo de una privilegiada clase política, también llegaron a esa pronta reunión el director general del Cisen Jaime Domingo López (responsable de la Seguridad Nacional), el Comisario de SSPF, Luis Cárdenas Palomino, y el comandante de la novena región militar, el General Noé Sandoval.
Todas las familias de jóvenes desaparecidos, asesinados y asesinadas en México saben que las personas comunes van al Ministerio Público, pero antes rezan para que las autoridades y algunos medios coludidos con ellas no publiquen algún mensaje difamatorio que mande a su familiar asesinado al cajón de los “culpables a priori” en los que la autoridad no desperdicia ni diez minutos porque descarta su derecho como víctima y le somete al juicio sumario post-mortem sin derecho a réplica.
Las y los reporteros de este país hemos escuchado demasiadas historias de familias desgarradas por el asesinato impune de sus hijos como para guardar silencio ahora. Porque sin escatimar el dolor de la pérdida que sufre la familia Moreira y la joven viuda, debo decir que este inmenso y desproporcionado despliegue de los personajes más importantes de la seguridad nacional en tan pocas horas, advierte el futuro que hemos de enfrentar. Todo parece indicar que los favores que el presidente Calderón desde ya hace al PRI no tienen límites, y nos recuerda justamente la razón por la que el país se cae a pedazos en lo concerniente a derechos humanos e impartición de justicia.
Porque las madres y los padres de las cientos de jóvenes asesinadas en Chihuahua siguen suplicado después de diez años, que la autoridad reúna lo que se reunió hoy por la familia Moreira: los elementos técnicos, científicos y humanos de mayor calidad para detener a los culpables de inmediato. Lo mismo las miles de familias que han seguido su viacrucis justiciero con Sicilia.
Esto nos lleva a preguntarnos, si las autoridades tienen esa capacidad de respuesta y prometen esos resultados ¿por qué no funciona con todas las familias? Ya sé que me dirán que porque este es un país de gobernantes corruptos y abusivos y la justicia es para quien puede pagarla. Pero esa no es la respuesta que busco, es simplemente un diagnóstico añejo y certero de las circunstancias; la pregunta es válida, porque si efectivamente es posible trabajar en equipo, juntar a los mejores elementos, llevar a cabo una análisis criminológico de alto nivel y dar con los culpables de quienes en medio de un camino rural balearon a un joven ¿por qué no replicar esa estrategia y sacar al país del marasmo de muerte e impunidad? ¿Por qué incluso en asesinatos de otros políticos no se dio este nivel de respuesta?
He visto a demasiadas familias, ricas, pobres y clasemedieras honestas sentadas en procuradurías y juzgados, llorando, restregándose las manos de ansiedad y angustia, suplicando que la policía vaya a donde asesinaron a su hijo o hija. A padres que me narran llorando cómo llegó antes el Ejército al lugar de los hechos y de inmediato dijeron que dos balazos en la cabeza son símbolo de ejecución y que “muy probablemente” la víctima estaba metida en malos pasos.
No importa cuan corrupto sea un político, los hijos no merecen pagar por los delitos de sus padres. José Eduardo no es la excepción. Se equivocan quienes celebran su muerte como castigo a sus familiares, este país lo que necesita es justicia, no venganzas ni odio. Pero también necesita equidad jurídica. Moreira debería, como todo padre mexicano, esperar respetuosamente detrás del otro padre coahuilense a cuyo hijo asesinaron hace seis meses y a quien el procurador aun no recibe. Entonces si creeríamos que su hijo es otra víctima más de esta guerra. Y debería preguntarse ¿qué condiciones dejó él en el estado para que otros padres sufrieran lo que él experimenta hoy?
@lydiacachosi
3 de febrero de 2007
PASTA DE CONCHOS :: máscara neoliberal
La explosión en Pasta de Conchos, Coahuila, fue un crimen en nombre de la “rentabilidad”. La muerte de 65 trabajadores confirmó que la privatización de los recursos del subsuelo -que impulsaron Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y a la que dio continuidad Vicente Fox- sólo acentuó el desarrollo desigual del país. Para acallar las críticas por la tragedia contra los dueños del carbón, el Grupo México tuvo el comedido apoyo del gobierno, la negligencia de inspectores laborales, la dilación estatal de la pesquisa y la presión de “tutores” sobre las familias de las víctimas.
El aire enrarecido que los trabajadores de la mina aspiraron día con día, aún flota en torno a la investigación de la tragedia del 19 de febrero de 2006. Al fondo del socavón, entre los desechos del estallido, permanecen las pruebas de que la tragedia pudo evitarse si los equipos detectores no hubieran sido “puenteados” (adulterados para no dejar de funcionar cuando el nivel de gas grisú fuese peligroso), si las paredes hubiesen sido “polveadas” (incluso hasta con harina) para detectar cualquier fuga de gas, y si la empresa propietaria hubiera reforzado los arcos del túnel.
Era claro que no existían condiciones para que los 65 trabajadores arrancaran el carbón a la veta. Cuando llegaron los rescatistas a la mina, el nivel de gas metano superaba el 52 por ciento, mientras que el permisible es apenas del 1 por ciento. Aún se desconoce el porcentaje de metano o grisú cuando Rolando Alcocer Soria, Agustín Botello Hernández, Isidoro Briseño Ríos, Margarito Cruz Ríos, Roberto Guerrero Ramírez, Javier Pérez Aguilar y Fermín Tavarez Garza le dieron nombre a la tragedia.
Con el resto de sus 58 colegas, estos hombres del carbón fueron lanzados con estrépito hacia paredes, techo y fondo de la mina.
Historias de la mina
Meses después del accidente, los medios nacionales olvidaron a las familias de las víctimas. Con la persistencia del afecto, todos evocan cuando supieron lo ocurrido. “El 19 de febrero, la empresa no nos avisó, lo dijeron otras personas. Cuando llegamos a la mina ya había mucha gente. Dentro estaban muchos medios de comunicación y a los familiares no nos dejaban pasar. Luego nos pasaron de 10 en 10 por unos minutos.
“Sólo cuando hablamos con el presidente municipal y el gobernador nos dejaron quedarnos en las instalaciones de la mina día y noche. Pasamos varios días sin dormir esperando que rescataran a los 65 mineros, y nada. Ya pasaron 10 meses y todavía esperamos que los rescaten, que no los dejen debajo de la mina”, relata un familiar.
Las esposas, hijas, hermanas y madres de los mineros no especulan sobre la causa de la desgracia. La conocen bien, lo supieron por boca de sus hombres. “Por todo lo que nuestros maridos nos platicaban de las malas condiciones en las que trabajaban y de los riesgos que pasaban cada día, así como por lo que nos hemos ido enterando a través de los rescatistas, sabemos que una causa de la explosión fueron los cables eléctricos en mal estado, deshilachados, mal pegados con cinta, que podían arder.
“Sabemos que entre las pruebas que evidencian la inseguridad de la mina hay un cable “cintiado” y deshilachado y unas cajas metálicas de color amarillo que sirven para darle corriente al minero y a los carros transportadores, que estaban ‘puenteadas’ y que hasta ahora no han querido sacar”.
Otra mujer recuerda “mi esposo también decía que el polvo de carbón es peligroso porque arde y explota igual o con más fuerza que el gas metano, es muy fino por ser cortado con el minero continuo, y muy peligroso, por eso debe ponerse polvo inerte, cosa que no se hacía. Todo el que trabaja ahí lo sabe: no había suficiente polvo inerte para hacerlo”.
Malas condiciones laborales
Los cuatro hermanos de la familia Guzmán Vitela se turnan la palabra. “Nuestro papá era de lo más lindo, era ‘a toda madre’. Todo cambió con la tragedia, yo le había dicho que no fuera a trabajar, pero como ya andaba en días para que lo terminaran, me dijo: ‘no m’ija, hay que ir para que no me chinguen’. Éramos una familia feliz, nunca nos faltó nada aunque mi papá nunca sacara pago, porque le hacían un montón de rebajes y sacaba 70 o 40 pesos por semana.
“En mi casa todo cambió, lo único que le pido a la empresa es que saque a los mineros, porque no son vigas, ni piedras para que se queden ahí. Hemos tenido mucha paciencia y ellos no tienen corazón, no sienten nuestro dolor”.
La esposa de otro minero narra con orgullo: “el trabajo de mi marido era intercalar vigas. Seguido me decía: ‘vengo bien cansado, porque caminamos mucho llevando las vigas que andamos poniendo, hoy fueron seis o siete’. En lunes y martes me decía ‘ahora sí va a salir bien la semana’, pero el día de su pago no le salía lo que le correspondía por su trabajo. Reclamaba, pero ellos se enojaban y le contestaban que para qué reclamaba, que le estaban pagando lo suficiente.
“Él tenía siete años trabajando en esa mina tan insegura y nunca le dieron vacaciones. El ultimo día que lo vimos, se despidió de nosotros y me dijo: ‘cuida a las niñas, ya no las dejes salir ahorita’”.
A pesar de que Industrial México (IMMSA, filial de Grupo México) firmó el compromiso para cubrir el salario triple de los 65 mineros a sus familias hasta que recibieran la indemnización y pensión, la empresa se niega a cumplir con la familia de Felipe de Jesús Torres Reyna.
Lucía Reyna no identificó el cuerpo de su hijo, “nada más contesté las preguntas que me hizo el doctor De León, como qué ropa traía cuando se fue a trabajar. Mi hijo José Luis fue quien lo identificó por sus facciones”. Representantes de Conciliación y Arbitraje le pidieron firmar unos documentos, antes la visitó “un licenciado de General de Hulla para ofrecerme 15 mil pesos por la muerte, pero no acepté; ya inicié trámites de pensión y estoy en espera de respuesta”.
Lucía ya no recibe ningún apoyo económico de la empresa, explica que cuando se encontró el cuerpo de su hijo “se canceló el pago triple de sueldo; el doctor me comentó que no me iban a pagar nada, que espere hasta que llegue la pensión y que cuando quisiera podía cobrar la indemnización. Pero en
Ante la posibilidad de que las 64 familias de las víctimas reclamen indemnización, se les nombró un “tutor” para que concilien por separado con la empresa. A Lucía su tutor “sólo me dijo que no firmara nada y que si no querían pagarme, que para arreglar el pago de la semana habría que poner abogado, que cobra el 10 por ciento”.
Lucy López, de la organización Voces de Esperanza, explica que los mineros de Coahuila han vivido por años (toda su vida muchos de ellos), junto a la muerte. Saben que los trabajadores irán a la mina, pero no saben si de pronto la sirena les avise de una inundación, una explosión o un derrumbe.
Hasta ahora, los habitantes de Pasta de Conchos no han sucumbido al desánimo pero en su actitud se percibe la derrota. El patrón es quien da de comer y tiene la última palabra; nunca habían dado nada, ahora cuando menos algo les dieron a las viudas. Unos pocos luchan y siguen demandando los cuerpos de sus familiares, pero son hostigados, amenazados y violentados por los asesores y tutores que nombró el gobernador, afirma.
Alejandro Álvarez Béjar, de
“Para el neoliberalismo los trabajadores son, por un lado, explotables al máximo y por el otro lado, totalmente prescindibles. Así, se indujo el asalto al salario indirecto del trabajador, se le quitó el disfrute de prestaciones, se manipularon las pensiones y se utilizó su ahorro para dedicarlos a la especulación del capital financiero. La depredación del salario refleja un régimen también depredador en lo social”, sostiene Álvarez Béjar.
Carlos Rodríguez, cuya organización defiende los derechos humanos laborales para dignificar la vida de los pobres en general y en particular de los pobres del país, afirma que el modelo neoliberal “apunta directamente contra las conquistas de los trabajadores, como los contratos colectivos en México, que además de ser norma nacional, son compromisos internacionales”.
El antecedente del accidente de febrero de 2006 está en la desregulación del reglamento de Higiene y Seguridad en el Ambiente de Trabajo, impulsada por el gobierno de Ernesto Zedillo en 1997. Ese hecho fue denunciado por Cereal, la organización de Rodríguez, ante el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de
Las autoridades laborales del priísmo argumentaron que la reglamentación anterior resultaba un obstáculo para la inversión extranjera. Por lo que, en aras de la inversión extranjera –ya que en la minería mexicana el capital mayoritario es canadiense– se incrementaron los accidentes.
Para los habitantes de la región carbonífera de Coahuila, desde el primer accidente ocurrido en el Hondo, en 1906, hasta el más reciente en Pasta de Conchos, las tragedias han sido siempre por las mismas causas: condiciones inseguras y negligencia por quienes tienen la responsabilidad de cuidar las vidas de los trabajadores en un oficio de alto riesgo.
Y se preguntan: ¿Cuántas tragedias más tendrán que pasar para que los dueños de las minas, las autoridades y el sindicato se preocupen por la vida de los mineros del carbón, por la vida de quienes han hecho y siguen haciendo posible la modernización del país? ¿Cuándo podrán modernizar los mineros del carbón su forma de trabajo con las tecnologías que otros países aplican para mejorar su calidad de vida?
Dueños del subsuelo
Las empresas que explotan la región carbonífera se benefician de una ecuación sencilla: reproducción de las ganancias privadas igual a degradación de las condiciones laborales. Para que esa fórmula funcione se requiere la inestabilidad en el trabajo –favoreciendo el contratismo– y, la violación del derecho a un salario suficiente.
De acuerdo con información pública de Grupo México, el salario de un trabajador sindicalizado de Pasta de Conchos oscila entre 2 mil 838 y 5 mil 385 pesos mensuales, según las labores que realizan. En cambio, para las familias de los mineros y analistas el salario promedio apenas es de 400 pesos semanales.
Contrastar las ganancias y potencialidad económica del Grupo México con los salarios y condiciones de trabajo de los obreros de la minería en nuestro país es un ejercicio pasmoso. Tan sólo en su tercer informe trimestral correspondiente a 2006, el “holding”, minero-ferrocarrilero de Grupo México, tuvo un capital contable de 48 millones 735 mil 827 pesos y una utilidad neta por 11 millones 817mil 739 pesos.
No es sólo la forma en que opera Grupo México –el grupo minero más importante del país que controla el 90 por ciento del cobre y explota oro, plata, molibdeno– sino en general el grupo de propietarios de la región, insiste Carlos Rodríguez, quien además subraya que el salario del minero depende del tipo de contrato que tiene.
“Puede que el trabajador de una compañía contratista gane un poco más que un sindicalizado, no obstante las prestaciones, porque los contratan y pagan a destajo”. En esa rama industrial abunda el contratismo, como también admite
Otra violación a los derechos laborales de los mineros es la falta de respeto al contrato colectivo. “Hace tres semanas, en Pasta de Conchos hubo despidos, el testimonio de los trabajadores apunta a que la empresa no respetaba tres cláusulas del contrato colectivo, una de ellas que les permite –en caso de inseguridad de la mina– retirarse de las labores. Esto se consideró como falta injustificada y los despidió”, señala Rodríguez.
Contubernio e impunidad
En la explosión de Pasta de Conchos se expresó el contubernio de la autoridad laboral con la empresa. “Es claro y patente que los inspectores no realizaron su papel, ni las Juntas de Conciliación y Arbitraje, que fue en perjuicio de los trabajadores e incluso a riesgo de su propia vida. Las violaciones a la ley dieron un mayor margen a la iniciativa privada y el gobierno de Vicente Fox dio continuidad a esa práctica instrumentada por Carlos Salinas y Ernesto Zedillo”, refiere el coordinador de Cereal.
Preocupa a los organismos internacionales protectores de los trabajadores que no haya correspondencia entre el aumento de la demanda del carbón, el de la seguridad y de los dividendos. Tras los accidentes de Pasta de Conchos y de minas en China, en mayo de 2006, expertos de
Para este material se solicitó entrevista con Germán Larrea Mota Velasco, Director del Grupo México, sin embargo, no hubo respuesta.
11 de noviembre de 2006
PASTA DE CONCHOS :: 80 mineros despedidos.
Saltillo, Coah. Industrial Minera México despidió a 80 trabajadores de la mina de carbón Pasta de Conchos, donde hace casi nueve meses perdieron la vida 65 mineros. El argumento de la compañía filial de Grupo México, es que los obreros no desempeñaban actividades prioritarias para la planta.
Sin embargo, entre los afectados hay algunos trabajadores que hace un mes encabezaron un paro de protesta que permaneció durante cuatro días.
Estos empleados se quejaron de malos tratos de parte de los directivos de la empresa.