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6 de mayo de 2015

El Muro y la Grieta. Primer Apunte sobre el Método Zapatista.

Buenas tardes, días, noches tengan quienes escuchan y quienes leen, sin importar sus calendarios y geografías.

Mi nombre es Galeano, Subcomandante Insurgente Galeano. Nací la madrugada del 25 de mayo del 2014, en colectivo y a pesar mío, y bueno, también a pesar de otros, otras y otroas. Como el resto de mis compañeras y compañeros zapatistas, me cubro el rostro cuando es necesario mostrarme, y me descubro para ocultarme. A pesar de no cumplir aún el año de vida, el mando me ha asignado el trabajo de posta, vigía o centinela en uno de los puestos de observación de esta tierra rebelde.

Como no estoy acostumbrado a hablar en público, y menos ante tantas y tan finas (já -perdón, debe ser el hipo del pánico de escena-), digo finas personas, les agradezco su comprensión para con mis balbuceos y mi reiterado trastabíllelo en el difícil y complicado arte de la palabra.

Tomé el nombre de Galeano del de un compañero zapatista, un maestro y organizador, indígena, que fue atacado, secuestrado, torturado y asesinado por paramilitares amparados en una supuesta organización social: la CIOAC-Histórica. La pesadilla que acabó con la vida del compañero maestro Galeano, inició la madrugada del 2 de mayo del 2014. Desde esa hora, nosotras, nosotros, zapatistas, iniciamos la reconstrucción de su vida.

Por esas fechas, la dirección colectiva del EZLN decidió dar muerte al personaje autodenominado SupMarcos, en aquel tiempo portavoz de los hombres, mujeres, niños y ancianos zapatistas. A partir de entonces, el cargo de vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional le corresponde al Subcomandante Insurgente Moisés. Por su voz hablamos, por sus ojos miramos, en sus pasos andamos, él somos.

Meses después de ese 2 de mayo, la noche se alargó en el México de abajo y le puso un nuevo nombre a la ya larga nominación del terror: “Ayotzinapa”. Como se ha dado una y otra vez en el mundo, una geografía de abajo era así señalada y nombrada por una tragedia planeada y ejecutada, es decir, por un crimen.

Ya hemos dicho, en voz del Subcomandante Insurgente Moisés, lo que para nosotros, nosotras, zapatistas, significó y significa Ayotzinapa. Con su venia y la de mis compañeras y compañeros jefas y jefes zapatistas retomo sus palabras.

Ayotzinapa es el dolor y la rabia, sí, pero no sólo eso. También y sobre todo, el terco empeño de los familiares y compañeros de los ausentes.

Algunas, algunos de estos familiares que no han dejado caer la memoria, nos dieron el honor de compartir junto nuestro y están aquí con nosotros en tierras zapatistas.

Escuchamos la palabra de Doña Hilda y Don Mario, madre y padre de César Manuel González Hernández, y tenemos la presencia y la palabra de Doña Bertha y Don Tomás, madre y padre de Julio César Ramírez Nava. Con ellas y ellos tenemos el reclamo por los 46 ausentes.

A Doña Bertha y a Don Tomás les pedimos que hagan llegar estas palabras a los demás familiares de los ausentes de Ayotzinapa. Porque ha sido su lucha lo que hemos tenido presente para arrancar este semillero.

Creo que más de una, uno, unoa, de la Sexta y del EZLN, coincidirán conmigo en que hubiéramos preferido que no estuvieran aquí como están. Quiero decir, que sí estuvieran, pero no como dolor y rabia, sino como abrazo compañero. Que no hubiera pasado nunca ese 26 de septiembre. Que el calendario hubiera echado una mano compañera y se hubiera saltado esa fecha, y que la geografía se hubiera extraviado y no hubiera anclado en Iguala, Guerrero, México.

Pero si después de esa noche de terror, la geografía se extendió y profundizó, alcanzando los rincones más apartados del planeta, y si el calendario sigue rendido ante esa fecha, ha sido por el empeño de ustedes, por la grandeza de su sencillez, por la incondicionalidad de su entrega.

No conocemos a sus hijos. Pero los conocemos a ustedes. Y no es otra nuestra intención que la de que la admiración y el respeto que les tenemos sea una certeza para ustedes, aún y en los momentos más solitarios y dolorosos a los que se enfrenten.

Es cierto, no podemos llenar calles y plazas en las grandes ciudades. Cada movilización, por pequeña que sea, representa para nuestras comunidades una merma importante en su economía, ya de por sí difícil, como la de millones de personas, y sostenida al límite por las rebeldía y resistencia de más de dos décadas. En nuestras comunidades digo, porque nuestros apoyos no son la suma de individualidades, sino que son acción colectiva, reflexionada y organizada. Son parte de nuestra lucha.

No podemos brillar en las redes sociales, ni hacer llegar sus palabras más allá de nuestros corazones. Tampoco podemos apoyarlos económicamente, aunque bien sabemos que estos meses de lucha les han golpeado en su salud y en sus condiciones de vida.

Ocurre también que nuestro ser rebelde y en resistencia las más de las veces es visto con resquemor y desconfianza. Movimientos y movilizaciones que en distintos rincones se levantan, prefieren que no hagamos explícita nuestra simpatía. Aún sensibles al “qué dirán” mediático, no quieren que su causa sea asociada de manera alguna a “los encapuchados de Chiapas”. Lo entendemos, no lo cuestionamos. Nuestro respeto a las rebeldías que pululan en el mundo incluye el respeto a sus valoraciones, a sus pasos, a sus decisiones. Respetamos sí, pero no ignoramos. Estamos pendientes de todas y cada una de las movilizaciones que enfrentan al Sistema. Tratamos de comprenderlas, es decir, de conocerlas. Sabedores somos que el respeto nace del conocimiento, y que el miedo y el odio, esas dos caras del desprecio, nacen no pocas veces de la ignorancia.

Aunque pequeña es nuestra lucha, algo hemos aprendido en estos años, décadas, siglos. Y esto queremos decirles:

No crean en quienes les dicen que la sensibilidad y la simpatía, el apoyo, se mide en calles abarrotadas, en plazas colmadas, en grandes templetes, en el número de cámaras, micrófonos, encabezados periodísticos, tendencias en redes sociales.

La inmensa mayoría en el mundo, no sólo en nuestro país, es como ustedes, hermanas y hermanos familiares de los ausentes de Ayozinapa. Personas que tienen que pelearle al día y a la noche un pedazo de vida. Gente que debe luchar para arrancarle a la realidad algo para sostenerse.

Cualquiera de abajo, hombre, mujer, otroa, que conozca la historia que les duele, simpatiza con su lucha en demanda de verdad y justicia. La comparte porque en sus palabras ven la repetición de sus historias, porque se reconocen en su dolor, porque se identifican con su rabia.

La mayoría no ha ido a marchar, no se ha manifestado, no ha creado temas en redes sociales, no ha roto cristales, no ha incendiado vehículos, no ha gritado consignas, no ha usurpado templetes, no les ha dicho que no están solas, solos.

No lo han hecho simple y sencillamente porque no han podido hacerlo.

Pero han escuchado y respetan su movimiento.

No desfallezcan.

No crean que porque quienes antes estuvieron a su lado se han ido, después de cobrar su parte o después de ver que no podrían cobrarla, su causa es menos dolorosa, menos noble, menos justa.

El camino que han llevado hasta ahora ha sido intenso, cierto. Pero ustedes saben que todavía falta mucho por andar.

¿Saben? Uno de los engaños de arriba es convencer a los de abajo de que lo que no se consigue rápido y fácil, no se consigue nunca. Convencernos de que las luchas largas y difíciles sólo cansan y nada logran. Trucan el calendario de abajo sobreponiéndole el calendario de arriba: elecciones, comparecencias, reuniones, citas con la historia, fechas conmemorativas que sólo ocultan el dolor y la rabia.

El Sistema no le teme a los estallidos, por muy masivos y luminosos que sean. Si un gobierno cae, hay en su alacena otros para reponer e imponer. Lo que lo aterroriza es la perseverancia de la rebeldía y la resistencia de abajo.

Porque abajo es otro el calendario. Es otro el paso. Es otra la historia. Es otro el dolor y otra la rabia.

Y ahora, al pasar de los días, este abajo disperso y plural que somos, ya no sólo está atento a su dolor y a su rabia. También estamos atentos a su persistencia, a su seguir, a su no rendirse.

Créanos. Su lucha no depende del número de manifestantes, del número de notas periodísticas, del número de menciones en redes sociales, del número de giras a las que los inviten.

Su lucha, nuestra lucha, las luchas de abajo en general, dependen de la resistencia. De no rendirse, de no venderse, de no claudicar.

Bueno, claro, eso según nosotras, nosotros, zapatistas. Habrá gente que les diga otras cosas. Les dirán que es más importante estar con ellos, ellas. Por ejemplo, que es más importante llamar a votar por tal o cual partido político porque así encontrarán a los ausentes. Y que si no llaman a votar por tal o cual partido no sólo habrán perdido LA oportunidad de recuperar a quienes les hacen falta, también serán cómplices de que el terror siga en nuestro país.

¿Ya ven cómo hay partidos políticos que se aprovechan de las necesidades materiales de la gente? ¿Que ofrecen despensas, útiles escolares, tarjetas, pases para el cine, cubetas, gorras, tortas y agua pintada en empaque tetra pack? Bueno, pues también hay quien se aprovecha de las necesidades sentimentales de la gente. La esperanza, amigos y enemigos, es la necesidad que mejor se cotiza allá arriba. La esperanza de que todo va a cambiar, de que ahora sí el bienestar, la democracia, la justicia, la libertad. La esperanza que los iluminados de arriba le arrebatan a los jodidos de abajo y luego se la venden. La esperanza en que la solución a las demandas está en el color de uno de los productos en la alacena del sistema.

Tal vez es gente que sabe más que nosotros, nosotras, zapatistas. Son sabios, sabias. Es más, cobran por saber. El conocimiento es su profesión, de eso viven… o con eso defraudan.

Ya ven que ellos saben más y, refiriéndose a nosotras, nosotros, dicen que estamos “perdidos allá, en las montañas, quién sabe dónde”, y dicen que llamamos a la abstención y que somos sectarios (tal vez porque, a diferencia de ellos, nosotros sí respetamos a nuestros muertos).

¡Ah! ¡Es tan cómodo decir y repetir ocurrencias y mentiras! Tan barato difamar y calumniar, y luego predicar la unidad, el enemigo principal, la infalibilidad del pastor, la incapacidad del rebaño.

Hace muchos años, las zapatistas, los zapatistas no hacíamos marchas, no gritábamos consignas, ni enarbolábamos pancartas, ni levantábamos los puños. Hasta que una vez marchamos. La fecha: el 12 de octubre de 1992, cuando allá arriba celebraban 500 años del “encuentro de dos mundos”. El lugar: San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. En vez de pancartas llevamos arcos y flechas, y un silencio sordo fue nuestra consigna.

Sin mucha bulla, la estatua del conquistador cayó. Si volvieron a levantarla no importa. Nunca podrán levantar de nuevo el miedo a lo que representaba.

Unos meses después, volvimos a las ciudades. Tampoco esa vez llevamos consignas ni pancartas, y no llevamos arcos y flechas. Esa madrugada olía a fuego y pólvora. y fueron nuestros rostros los levantados.

Meses después vinieron algunas, algunos de la ciudad. Nos contaron de las grandes marchas, de las consignas, de las pancartas, de los puños levantados. Claro, agregando siempre que si es que estos pobres inditos e inditas que somos, porque cuidaban la equidad de género, sobrevivíamos, era gracias a ellos y ellas, que en la ciudad habían detenido el genocidio de los primeros días de ese año de 1994. Las zapatistas, los zapatistas, no preguntamos si antes de 1994 no había genocidio, ni si ya se había detenido, ni si ésos de la ciudad estaban platicando algo ocurrido o estaban pasando la factura. Los zapatistas, las zapatistas entendimos que había otros modos de lucha.

Hicimos después nuestras marchas, nuestras consignas, nuestras pancartas y levantamos los puños. Desde entonces nuestras marchas son un pálido reflejo de aquella marcha que alumbró la madrugada del año 94. Nuestras consignas tienen la rima desordenada de las canciones en los campamentos guerrilleros de montaña. Nuestras pancartas son trabajosamente elaboradas por batallar para encontrar equivalentes a lo que en nuestras lenguas se describe en una palabra, y en otros idiomas se necesitan tres tomos de El Capital. Nuestros puños levantados más que retar, saludan. Como si al mañana se dirigieran y no al presente.

Pero algo no ha cambiado: siguen levantados nuestros rostros.

Años después, nuestros autodenominados acreedores de la ciudad nos exigieron que participáramos en las elecciones. No entendimos, porque nosotras, nosotros, nunca les exigimos que se alzaran en armas, ni que resistieran, ni que se rebelaran contra el mal gobierno, ni que honraran a sus muertos en la lucha. No les exigimos que se cubrieran el rostro, que se negaran el nombre, que abandonaran familia, profesión, amistades, nada. Pero los modernos conquistadores, vestidos de izquierda progresista, nos amenazaron: si no los seguíamos, nos dejarían solas, solos, y seríamos los culpables de que la derecha reaccionaria fuera gobierno. Les debíamos, dijeron, y presentaron la cuenta a pagar impresa en una boleta electoral.

Nosotras, nosotros, zapatistas, no entendimos. Nos alzamos para mandarnos nosotras mismas, nosotros mismos, no para que otro nos mandara. Se enojaron.

Tiempo después los de la ciudad siguen marchando, gritando consignas, levantando puños y pancartas, y ahora agregan tuits, hashtags, likes, trending topics, followers, en sus partidos políticos están los mismos que apenas ayer eran la derecha reaccionaria, en sus mesas se sientan juntos y departen los asesinos y los familiares de los asesinados, ríen y brindan juntos por la paga obtenida, se lamentan y lloran juntos por los puestos perdidos.

Mientras tanto las zapatistas, los zapatistas también marchamos a veces, gritamos consignas imposibles o callamos, en veces levantamos pancartas y puños, siempre la mirada. Decimos que no nos manifestamos para desafiar al tirano, sino para saludar a quien, en otras geografías y calendarios, lo enfrenta. Para desafiarlo, construimos. Para desafiarlo, creamos. Para desafiarlo, imaginamos. Para desafiarlo, crecemos y nos multiplicamos. Para desafiarlo, vivimos. Para desafiarlo, morimos. En lugar de tuits, hacemos escuelas y clínicas, en lugar de trending topics, fiestas para celebrar la vida derrotando a la muerte.

En la tierra de los acreedores de la ciudad sigue mandando el amo, con otro rostro, con otro nombre, con otro color.

En la tierra zapatista mandan los pueblos y el gobierno obedece.

Tal vez por eso es que los zapatistas, las zapatistas, no entendimos que teníamos que ser los seguidores, y los líderes de la ciudad los seguidos.

Y todavía no entendemos.

Pero puede ser que sí, que la verdad y la justicia que ustedes, nosotras y nosotros, todos, todas, todoas, buscamos, se consiga gracias a la dádiva de un líder rodeado de gente tan inteligente como él, un salvador, un amo, un jefe, un patrón, un pastor, un gobernante, y todo sólo con el mínimo esfuerzo de una boleta en una urna, con un tuit, con una presencia en la marcha, en el mitin, en la lista de afiliados… o callando frente a la farsa que simula interés patriótico donde sólo hay ansia de Poder.

Si sí o no, es lo que tal vez nos digan otros pensamientos en este semillero.

Lo que nosotras, nosotros, zapatistas, hemos aprendido es que no. Que de arriba sólo vienen la explotación, el robo, la represión, el desprecio. Es decir, de arriba, sólo llega el dolor.

Y de arriba les demandan, les exigen que los sigan. Que ustedes les deben el que se conociera mundialmente su dolor, que ustedes les deben las plazas colmadas, las calles llenas de color e ingenio. Que ustedes les deben por el trabajo de policía ciudadana que señaló, persiguió y satanizó a “anarco-inflitrados-fuchi-guácala”. Que ustedes les deben las manifestaciones bien portadas, las notas periodísticas, las fotos a colores, las reseñas favorables y las entrevistas.

Nosotros, nosotras, zapatistas, sólo decimos:

No teman quedarse solos de quienes nunca han estado en verdad con ustedes. Son ellas y ellos quienes no los merecen. Quienes llegan a su dolor como a un espectáculo ajeno, que gusta o que disgusta, pero del que nunca serán parte real.

No teman ser abandonados por quienes pretenden no acompañarlos y apoyarlos, sino administrarlos, domarlos, rendirlos, usarlos y, después, desecharlos.

Teman, sí, olvidar su causa, dejar caer su lucha.

Pero mientras se mantengan, mientras resistan, tendrán el respeto y la admiración de mucha gente en México y en el mundo.

Gente como la que está aquí hoy con nosotras, nosotros.

Como Adolfo Gilly.

Esto que ahora diré, no se iba a decir. ¿La razón? Que inicialmente tanto Adolfo Gilly como Pablo González Casanova habían dicho que tal vez no estarían presentes, ambos por problemas de salud. Pero aquí está Adolfo, y a él le pedimos ahora que le cuente luego a Don Pablo esta parte.

El finado supMarcos contaba que alguna vez alguien le cuestionó que el EZLN tuviera tantas atenciones para Don Luis Villoro, Don Pablo González Casanova y Don Adolfo Gilly. El argumento impugnador se basaba en las diferencias que, frente al zapatismo, estas tres personas mantenían, y en cambio, que no tuviera las mismas deferencias para intelectuales que eran cien por ciento zapatistas. Imagino que el Sup encendió la pipa y entonces explicó: “En primera, dijo, sus diferencias no son con lo que es el zapatismo, sino con las valoraciones, análisis o posiciones que el zapatismo asume frente a diversos asuntos. En segunda, prosiguió, yo en lo personal he visto a estas tres personas frente a mis compañeras y compañeros jefes. Acá han llegado intelectuales de gran prestigio y, bueno, algunos no tan prestigiados. Han llegado y han dicho su palabra. Pocos, muy pocos, han hablado con las comandantas y comandantes. Sólo frente a esas tres personas he visto a mis jefes y jefas hablar y escuchar de igual a igual, con confianza y camaradería mutuas. ¿Cómo lo hicieron? Bueno, pues habría que preguntarles a ellos. Lo que yo sé es que eso cuesta, que lograr la palabra y el oído de mis compañeras y compañeros jefes y jefas, en respeto y cariño, cuesta y mucho. La tercera es que, abundó el Sup, te equivocas al pensar que como zapatistas buscamos espejos, vítores y aplausos. Nosotros apreciamos y valoramos las diferencias en los pensamientos, claro, si son pensamientos críticos y articulados, y no esas chambonadas que ahora abundan en el progresismo ilustrado. Nosotros, nosotras, zapatistas, no valoramos de un pensamiento si coincide o no con el nuestro, sino si nos hace pensar o no, si nos provoca o no, pero sobre todo, si da cuenta cabal de la realidad. Estas tres personas han mantenido, cierto, posiciones diferentes y hasta contrarias a la nuestra frente a situaciones diversas.

Nunca, nunca han estado en contra nuestra. Y, a pesar de los vaivenes de la moda, han estado de nuestro lado.

Sus argumentos contrarios y, no pocas veces, contradictorios a los nuestros, no nos han convencido, cierto, pero nos han ayudado a entender que hay diversas posiciones y pensamientos diferentes, y que es la realidad la que sanciona, no un tribunal autoerigido sea en la academia, sea en la militancia. Provocar el pensamiento, la discusión, el debate es algo que nosotras, nosotros, zapatistas valoramos y mucho.

Por eso nuestra admiración al pensamiento anarquista. Es claro que no somos anarquistas, pero sus planteamientos son de los que provocan y alientan, los que hacen pensar. Y créeme que el pensamiento crítico ortodoxo, por llamarlo de alguna forma, tiene mucho que aprender en ese aspecto, pero no sólo en eso, del pensamiento anarquista. Por ponerte un ejemplo, la crítica al Estado como tal, es algo que en el pensamiento anarquista lleva ya mucho camino andado.

Pero volviendo a los 3 malditos, cuando cualquiera de ustedes, le dijo el Sup a quien demandaba una rectificación zapatista, pueda sentarse frente a cualquiera de mis compañeras y compañeros sin que ellas y ellos teman su burla, su veredicto, su condena; cuando logren que les hablen en igualdad y respeto; que los vean como compañeros y compañeras y no como jueces extraños; que los cariñen, como se dice acá; o cuando su pensamiento, coincidente o no con el nuestro, nos ayude a descubrir el funcionamiento de la Hidra; nos lleve a nuevas cuestiones; nos invite a nuevos caminos; nos haga pensar; o cuando puedan explicar o provocar el análisis de un aspecto concreto de la realidad; entonces y sólo entonces verán que tenemos para ustedes las mismas pocas atenciones que podamos brindarles. Mientras tanto, agregó el Supmarcos con ese humor ácido que lo caracterizaba, abandonen esos celos heteropatriarcales, mundialistas, reptilianos e iluminatis.

He recordado aquí esta anécdota que me fue referida por el SupMarcos, porque hace unos meses, cuando nos visitó una delegación de los familiares que luchan por la verdad y la justicia para Ayotzinapa, uno de los papás nos contó de una reunión que tuvieron con el mal gobierno. No recuerdo ahora si era la primera. Nos contó este Don Mario que los funcionarios llegaron con sus papeles y su burocracia, como si estuvieran atendiendo un cambio de placas y no un caso de desaparición forzada. Los familiares estaban temerosos y rabiosos y querían decir su palabra, pero el burócrata al frente alegaba que sólo podían hablar los que estaban apuntados y los intimidaba. Cuenta Don Mario que los acompañaba un hombre ya de edad, “de juicio” dirían las zapatistas, los zapatistas. Ese hombre, sin que nadie lo esperara, dio un manotazo en la mesa y alzó la voz exigiendo que se les diera la palabra a los familiares que quisieran hablar. Don Mario nos dijo, palabras más, palabras menos, “no tuvo miedo ese señor, y pues se nos quitó también a nosotros el miedo y hablamos, y desde entonces no paramos”. Ese hombre que, encendido de rabia, se plantó frente a la desidia gubernamental, pudo haber sido una mujer, o unoa otroa, y estoy seguro que cualquiera de ustedes, hubiera hecho lo mismo o algo parecido en esas circunstancias, pero llegó que le tocó ser a quien se llama Adolfo Gilly.

Compas familiares:

A eso nos referimos cuando les decimos que hay gente que está con ustedes sin verlos como una mercancía para comprar, vender, intercambiar o robar.

Y como él, hay otras, otros, otroas, que no golpean la mesa pues porque no la tienen enfrente, que si no, pues ahí lo vean.

Como zapatistas que somos, también hemos aprendido que nada de lo que merecemos y necesitamos se logra con facilidad ni rápido.

Porque la esperanza para el arriba es una mercancía, sí. Pero para el abajo es una lucha por una certeza: Vamos a conseguir lo que merecemos y necesitamos porque nos estamos organizando y estamos luchando para ello.

Nuestro destino no es la felicidad. Nuestro destino es luchar, luchar siempre, a todas horas, en todo momento, en todos los lugares. No importa que el viento no sea favorable. No importa que tengamos el aire y todo en contra. No importa que venga la tormenta.

Porque, créanlo o no, los pueblos originarios son especialistas en tormentas. Y ahí están, Y aquí estamos. Nosotros, nosotras nos llamamos zapatistas. Y desde hace más de 30 años pagamos el costo de así nombrarnos, en vida y en muerte.

Lo mucho que tenemos, es decir, nuestra supervivencia a pesar de todo y a pesar de todos los arriba que se han sucedido en calendarios y geografías, no se lo debemos a individualidades. Se lo debemos a nuestra lucha colectiva y organizada.

Si alguien pregunta a quién le deben los zapatistas, las zapatistas, su existencia, su resistencia, su rebeldía, su libertad, dirá verdad quien responda: “A NADIE”.

Porque así es como el colectivo anula la individualidad que suplanta e impone, simulando que representa y orienta.

Por eso les hemos dicho, familiares de la búsqueda de la verdad y la justicia, que cuando de su lado todos se vayan, quedaremos NADIE.

Una parte de ese NADIE, acaso la más pequeña, somos nosotras, nosotros, zapatistas. Pero hay más, mucho más.

NADIE es quien hace andar la rueda de la historia. Es NADIE quien trabaja la tierra, quien maneja las máquinas, quien construye, quien trabaja, quien lucha.

NADIE es quien sobrevive a la catástrofe.

Pero tal vez estemos equivocados, equivocadas, y el camino que les ofrecen sea el que vale realmente. Si así lo creen y así lo deciden, no esperen de acá un juicio condenatorio, ni repudios, ni desprecios. Igual tendrán nuestro cariño, nuestro respeto, nuestra admiración.

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Familiares de los Ausentes de Ayotzinapa:

Es tanto lo que no podemos hacer, lo que no podemos darles.

Pero en cambio tenemos una memoria forjada en siglos de silencio y abandono, en la soledad, en el lugar del agredido por colores distintos, por diferentes banderas, por lenguas diversas. Siempre por el sistema, el pinche sistema que es sobre nosotros, nosotras. El sistema que es a costa nuestra.

Y tal vez las memorias tercas no llenan plazas, ni ganan o compran puestos gubernamentales, ni toman palacios, ni queman vehículos, ni rompen vidrios, ni levantan monumentos en los museos efímeros de las redes sociales.

Las memorias porfiadas sólo no olvidan, y así luchan.

Las plazas y calles se vacían, los puestos y los gobiernos se terminan, los palacios se derrumban, los vehículos y los vidrios son remplazados, los museos se enmohecen, las redes sociales corren de un lado a otro demostrando que la frivolidad, como el capitalismo, puede ser masiva y simultánea.

Pero llegan momentos, compas familiares de los ausentes, en que la memoria es lo único que se tiene.

En esos momentos, sepan ustedes que nos tienen también a nosotras, nosotros, zapatistas del EZLN.

Porque debemos decirles que la tenaz memoria de los zapatistas, las zapatistas, es muy otra. Porque no sólo lleva el apunte de los dolores y las rabias pasadas, dibujando en el cuaderno los mapas de calendarios y geografías que han sido olvidados arriba.

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EL MURO Y LA GRIETA.

Como zapatistas que somos, nuestra memoria también se asoma a lo que viene. Señala fechas y lugares.

Si no hay un punto geográfico para ese mañana, empezamos a juntar ramitas, piedritas, jirones de ropa y carne, huesos y barro, e iniciamos la construcción de un islote, o más bien, de una barca plantada en medio del mañana, ahí donde ahora sólo se vislumbra una tormenta.

Y si no hay una hora, un día, una semana, un mes, un año en el calendario conocido, pues empezamos a reunir fracciones de segundos, minutos apenas, y los vamos colando por las grietas que abrimos en el muro de la historia.

Y si no hay grieta, bueno, pues a hacerla arañando, mordiendo, pateando, golpeando con manos y cabeza, con el cuerpo entero hasta conseguir hacerle a la historia esa herida que somos.

Y luego pasa que alguien camina cerca y nos ve, ve a la zapatista, el zapatista, duro que dale contra el muro.

Quien así pasa frente nuestro, a veces es quien cree que sabe. Se detiene un momento, mueve la cabeza con desaprobación, juzga y sentencia: “así nunca van a derribar el muro“.

Pero a veces, muy de cuando en cuando, pasa la otra, el otro, lo otroa. Se detiene, mira, entiende, se mira los pies, se mira las manos, los puños, los hombros, el cuerpo. Y elige. “Aquí está bueno“, podríamos escuchar si es que su silencio fuera audible, mientras marca una seña en el muro inmóvil. Y a darle.

Regresa quien cree que sabe, puesto que su camino es siempre de ida y vuelta, como pasando revista a sus súbditos. Ve ahora a lo otro en la misma necia tarea. Valora que ya hay suficientes para que le escuchen, le aplaudan, le aclamen, le voten, le sigan. Mucho habla, poco dice: “así nunca van a derribar ese muro, es indestructible, es eterno, es interminable” Cuando considera que es oportuno, concluye: “lo que deberían hacer es ver cómo administrar el muro, cambiar de guardia, intentar hacerlo un poco justo, amable. Yo les prometo ablandarlo. De todas formas, siempre estaremos de este lado, Si siguen así, sólo le están haciendo el juego a la actual administración, al gobierno, al Estado, al como se diga, no importa la diferencia porque el muro es el muro y siempre, ¿lo oyen?, siempre estará ahí“.

Tal vez se acerque alguien más. Observa en silencio y concluye: “en lugar de empeñarse contra el muro, deberían entender que el cambio está en uno mismo, una misma, sólo se necesita pensar positivamente, mire usted, qué casualidad, aquí tengo a la mano esta religión, moda, filosofía, coartada que le servirá. No importa si es vieja o nueva. Venga, sígame“.

Para esto, quienes están duro y dale contra el muro ya están mejor organizados, se hacen colectivos, equipos, se relevan, se turnan. Los hay equipos gordos, flacos, altos y chaparros; allá están los sucios, feos, malos y groseros; los hay cabezones, los hay patones, los hay con las manos endurecidas por el trabajo, los hay de quienes, sea mujeres, sea hombres, sea otroas, echan el hombro, el cuerpo, la vida.

Duro y dale con lo que pueden.

Hay quien con un libro, un pincel, una guitarra, una tornamesa, un verso, un azadón, un martillo, una varita mágica, un lapicero. Vaya, hasta hay quien golpea al muro con un “pas de chat“. Y bueno, pasa lo que pasa, Porque resulta que el baile se contagia. Y alguien trae una marimba, un teclado o un balón y entonces los turnos… bueno, ya se imaginarán ustedes.

Claro, el muro ni en cuenta. Sigue impávido, poderoso, inmutable, sordo, ciego.

Y aparecen los medios de comunicación de paga: toman fotos, videos, se entrevistan entre ellos mismos, consultan especialistas. La especialista tal-cual, cuya virtud es ser de otro país, declara, con mirada trascendente, que la composición molecular de la materia que le da al muro su corporeidad es tal que ni con una bomba atómica y que, por lo tanto, lo que hace el zapatismo es completamente improductivo y termina por ser cómplice del muro en sí (ya en off, la especialista le ha pedido a quien la entrevista que mencione su único libro, a ver si así se vende).

Sigue el desfile de especialistas. La conclusión es unánime: es un esfuerzo inútil, así nunca derribarán el muro. De pronto, los medios corren a entrevistar a quien ofrece una administración “más humana” del muro. El tumulto de cámaras y micrófonos produce un efecto curioso: quien no tiene argumentos ni seguidores, parece tener muchos de unos y otros. Gran y conmovedor discurso. Hay la nota. Se van los medios de comunicación de paga, porque nadie estaba poniendo atención a lo que decía el candidato, el líder o el sabio, sino a sus teléfonos que, obvio, son al menos más inteligentes que el entrevistado o entrevistada, y hay un terremoto aquí nomás, y al funcionario tal le encontraron que es corrupto, y james bond ha llegado al Zócalo, y la pelea del siglo ha atraído a millones, tal vez porque pensaron que era entre explotados y explotadores.

A la zapatista, el zapatista, nadie le pregunta. Si lo hicieran tal vez no respondería. O tal vez diría el por qué de su absurdo empeño: “acaso quiero derribar el muro, basta con hacerle una grieta

No ha sido en libros escritos, sino en los que aún no se escriben pero ya son leídos por generaciones, que las zapatistas, los zapatistas han aprendido que si paras de arañar la grieta, ésta se cierra. El muro se resana a sí mismo. Por eso tienen que seguir sin descanso. No sólo para ensanchar la grieta, sobre todo para que no se cierre.

Sabe también la zapatista, el zapatista, que el muro muta en su apariencia. A veces es como un gran espejo que reproduce la imagen de destrucción y muerte, como si no fuera posible otra cosa. A veces el muro se pinta de agradable y en su superficie aparece un plácido paisaje. Otras veces es duro y gris, como para convencer de su impenetrable solidez. Las más de las veces el muro es una gran marquesina donde se repite “P-R-O-G-R-E-S-O”.

Pero el zapatista, la zapatista sabe que es mentira. Sabe que el muro no siempre estuvo ahí. Conoce cómo se levantó. Sabe de su funcionamiento. Conoce de sus engaños. Y sabe también cómo destruirlo.

No le preocupa la supuesta omnipotencia y eternidad del muro. Sabe que son falsas ambas.

Pero ahora lo importante es la grieta, que no se cierre, que se agrande.

Porque el zapatista, la zapatista, también sabe qué hay al otro lado del muro.

Si le preguntaran, respondería “nada“, pero sonreiría como si dijera “todo“.

En uno de los relevos, los Tercios Compas, que no son medios, ni libres, ni autónomos, ni alternativos, ni como se llamen, pero son compas, interrogan con severidad a quien golpea.

Si dices que no hay nada del otro lado, ¿para qué quieres hacerle una grieta al muro?

Para mirar“, responde la zapatista, el zapatista, sin dejar de arañar.

¿Y para qué quieres mirar?“, insisten los Tercios Compas que para entonces, como todos los medios se han ido, son los únicos que permanecen. Y para ratificarlo, llevan en la camisola la leyenda “Cuando los medios se van, quedan los tercios”. Y, claro, están un poco incómodos porque son los únicos que están preguntando en lugar de darle al muro con la cámara o con la grabadora o al-fin-supe-para-qué-carajos-sirve-este-pinche-tripie.

Los Tercios preguntan de nuevo, faltaba más. Aunque sea que llega en la cabeza, porque la grabadora ya fue, de la cámara mejor ni hablar, y el tripie ahí nomás se hizo ciempiés. Así que repite: “¿Y para qué quieres mirar?

Para imaginar todo lo que se podrá hacer mañana“, responde el zapatista, la zapatista.

Y cuando la zapatista, el zapatista dijo “mañana” bien pudo estarse refiriendo a un calendario perdido en un futuro por venir. Podrían ser milenios, siglos, decenios, lustros, años, meses, semanas, días… ¿o ya mañana?, ¿mañana? ¿mañana mañana? ¿Te cae? ¡No chingues si ni siquiera me he peinado!

Pero no todos, todas, pasaron de largo.

No todas, todos, pasaron y juzgaron absolviendo o condenando.

Hubo, hay pocos, muy pocos, tantos apenas que ni una mano agotan.

Estuvieron ahí, callados, mirando.

Ahí siguen.

Apenas de vez en cuando profieren un “mmh” que es muy semejante al que expresan los más antiguos de los pobladores en nuestras comunidades.

Contra lo que se pueda pensar, el “mmh” no significa desinterés o desapego. Tampoco desaprobación o acuerdo. Es más bien como un “aquí estoy, te escucho, te miro, continúa”.

Ya de edad son esos hombres y mujeres, “de juicio” dicen los compas cuando se refieren a la gente mayor, señalando que los calendarios deshojados en la lucha dan razón, saber y discreción.

Entre esos pocos, había uno, hay uno. En veces ese uno se suma a los partidos de fútbol que el comando anti muro organiza para seguir golpeando, aunque entonces sea un balón, y después le toque al teclado de la marimba.

Como de costumbre en esos partidos, nadie pregunta nombres. Uno o una o unoa no se llama juan, o juana o krishna, no. Es la posición que tienes la que te nombra. “¡Oyes portería! ¡Pásala volante! ¡Duro defensa! ¡Dale atacante! ¡Acá delantero!“, se escucha en la algarabía del potrero, con las vacas indignadas porque el ir y venir de los equipos les arruina la comida.

En una orilla, una niña inquieta hace por calzarse unas botas de hule que, se nota, le quedan grandes

Y vos, ¿cómo te llamas?“, le pregunta el hombre a la niña.

Yo defensa zapatista“, dice la niña y pone su mejor cara de “si no quieres morir, retírate”.

El hombre sonríe. No ríe abiertamente. Sólo sonríe.

La niña, es claro, está reclutando elementos para retar al que pierda.

Sí, porque acá, cuando el equipo gana, se va a darle al muro. Y el equipo que pierde sigue jugando, “hasta que aprenda”, dicen.

La niña tiene ya parte del equipo y le presume al hombre.

Éste es delantero“, dice señalando a un chuchito de color indefinido por las costras de lodo y que mueve la cola entusiasmado. “Si corre, acaso para, se va y se va, hasta allá“, y la niña señala al horizonte que el muro oculta.

Falta que no se le olvide el balón“, dice casi como pidiendo disculpas, “porque luego agarra camino para otro lado; la pelota para allá y el perrito delantero para el otro allá“.

Este es portero o conserje también le dicen, creo“, dice ahora presentando a un viejo caballo viejo.

Yo mi trabajo“, explica la niña, “es que no pase el balón, porque mírelo usted, es choco, le falta un su ojo, el derecho, por eso ya sólo mira abajo y a la izquierda y si el tiro viene por la derecha, pues nomás ni en cuenta“.

Y bueno, ahorita no está todo el equipo. Falta el gato… bueno, más bien es perro. Muy otro el ése-como-se-llama, como que perro pero maúlla, como que gato pero ladra. Lo busqué en el libro de herbolaria cómo se llama un animalito así. No encontré. Dijo el Pedrito que dejó dicho el Sup que se llama gato-perro.

Pero no muy hay que creerle al Pedrito porque…” la niña voltea a uno y otro lado viendo que nadie esté cerca para escucharla, y le dice al hombre en secreto “ese Pedrito le va al América“, luego, ya más en confianza: “Su papá le va a las chivas y se embravece. Si pelean, su mamá los zapea a los dos y ya se están quietos, pero el Pedrito mucho alega, que la libertad según las zapatillas y no sé cuánto

Será zapatistas“, corrige el hombre. La niña ni en cuenta, el Pedrito se las debe y ha de pagar.

Bueno, tú como te llames, el gato-perro ése, tú piensas en tu cabeza ¿será que sabe jugar?

Sabe“, se responde ella misma.

Como el enemigo no lo ve si es perro o es gato, rápido se va por un lado y otro y ¡zás! ahí está el gol. El otro día casi ganamos, pero la pelota se fue pal monte y en eso llegó la hora del pozol y se suspendió el partido. Bueno, te digo tú, el ése gato-perro como-se-llame, sabe. Muy otro el gato-perro ése, tiene su ojo amarillo, así“.

El hombre ha quedado helado. La niña ha descrito un color con sus manitas. El hombre ha rodado mundos y penas, pero no había encontrado a alguien que describiera un color con un ademán. Pero la niña no está para impartir cursos de fenomenología del color, y sigue hablando.

Pero no está ahorita, el gato-perro“, dice con pena, “creo que se fue de cura porque dicen quesque se fue a un seminario contra el pinche capitalismo cabezón. ¿Tú lo sabes cómo es su modo del pinche capitalismo cabezón? Bueno, mira, te lo voy a dar la plática política. Resulta que la pinche sistema no te muerde sólo de un lado sino que onde quiera te está chingando. Todo lo muerde la pinche sistema, todo se lo zampa y si ya se engordó mucho, pues lo gomita, y de vuelta con su tragadera. O sea que para que me entiendas el maldito capitalismo no tiene llenadero. Por eso yo le dije al gato-perro ése que para qué se va de cura a un seminario. Pero acaso obedece. ¿Usted cree que va a ser cura un gato-perro? No, ¿verdad?, ni por muchos goles, ni por mucho ojo amarillo. ¿Tú lo vas a dejar que te dé un casorio un gato-perro, manque tenga su ojo amarillo, ¿verdad que no? Por eso yo, cuando nos cásemos con mi marido nada de cura, sólo con el municipio autónomo y eso por el baile, que si no, ni eso. Nomás permisados para que no anden mal hablando. Solita yo y mi ése-como-se diga, y si no muy sirve el marido pues a volar cuervos que te sacarán los ojos. Así dice mi abuela, que ya está grande ya, pero bien que combatió el primero de enero de 1994. ¿No lo sabes qué pasó el primero de enero de 1994? Ah, pues luego te lo canto una canción que lo dice todo clarito. Ahorita no, porque de repente ya nos toca jugar y hay que estar listas. Pero para que no estés con pendiente te digo que ese día le dijimos a los pinches malditos malos gobiernos que ya estuvo bueno, que hasta aquí nomás, que ya basta de sus chingaderas. Y dice mi abuela que fue por las mujeres, que viera que por los pinches maridos, pues nada, que ahí estaríamos dando lástima, como los partidistas de por sí. Bueno, no lo tengo visto todavía quién para mi marido, porque luego son muy tarugos los hombres, vieras. Y ahora estoy todavía niña. Pero ya luego lo sé que mucho me van a mirar los pinches hombres, pero yo, seria, nada de que sí, nada de que no, nada de que no sé, o sea que me voy como quien dice a dar mi lugar y si el pinche marido se quiere pasar de rosca bueno, pues por eso estoy de defensa zapatista, ahí nomás le doy su zape y anda vete, que me respete como mujer zapatista que soy. Claro, no va a entender luego, así que varios zapes hasta que lo entienda la lucha de como mujeres que somos

El hombre ha seguido atento toda la perorata de la niña. No así el perrito de las costras de lodo, que a saber dónde anda. Ni el caballo tuerto que mastica con parsimonia un plástico herencia del alumnado de la escuelita. Con todo, el hombre no se ha reído, apenas si ha alcanzado a parpadear al mismo ritmo de su sorpresa.

Ya vamos a ser más“, anima la niña, “de repente dilata, pero sí vamos a ser más“.

El hombre tarda en comprender que ahora la niña se refiere a su equipo. ¿O no?

Pero la niña ahora estudia al hombre con mirada de cazatalentos, después de varios “mmh“, le suelta “Y vos, ¿cómo te llamas?“.

¿Yo?” dijo el hombre sabiendo que la niña no pedía el árbol genealógico, ni el escudo heráldico, sino una posición.

Después de recorrer mentalmente sus opciones, el hombre responde: “yo me llamo recoge balones“.

La niña se queda callada, valorando la utilidad de esa posición.

Después de pensarlo un rato, le dice al hombre, no para consolarlo, sino para que se dé cuenta de lo importante:

Recoge balones, no cualquiera, eh. Ahí tiene usted, si el balón se va para allá nomás, onde el acahual, olvídate, no hay quien quiera ir, porque está muy fiero ahí, mucha espina, mucha mostazilla, arañas, de repente hasta culebra. O de repente la pelota se va al arroyo y no fácil se pepena, porque el agua lo lleva, así que hay que correr para alcanzarlo, al balón. Así que recoge balones cuenta, vale pues. Sin recoge balones nomás no hay partido. Y si no hay partido, pues no hay fiesta, y si no hay fiesta pues no hay baile, y si no hay baile pues de balde me peino y de balde me pongo los prensapelos de colores, mira“, dice la niña y de su morraleta saca un montón de prendedores de muchos colores, tantos que ni los hay todavía.

Recoge balones no cualquiera“, le repite la niña al hombre mientras lo abraza, no para consolarlo, sino para que entienda que todo lo que vale la pena se hace en equipo, en colectivo, cada quién su tarea.

Yo sería, pero no. Mucho miedo me dan las arañas y las culebras. El otro día hasta soñé muy fiero por su culpa de una pinche culebra que topé en el potrero. Así nomás“, y extiende sus brazos tanto como puede.

El hombre sigue sonriendo.

El partido acaba, la niña no ha completado el equipo para retar y se ha quedado dormida en el suelo.

El hombre se levanta y le pone su chaqueta porque la tarde ya pardea y el fresco alivia la tierra. Tal vez hasta llueva.

Un miliciano está ahora regresando con las identificaciones que pidió la Junta de Buen Gobierno. El hombre espera su turno.

Por fin dicen su nombre y se acerca a recoger su pasaporte que tiene al frente un grabado que reza “República Oriental del Uruguay”. En su interior hay una foto de un varón con cara de “¿Qué diablos estoy haciendo aquí?” y a su lado se lee “Hughes Galeano, Eduardo Germán María”.

Oiga“, le pregunta el miliciano, “¿usted se puso Galeano de nombre de lucha por el compa sargento Galeano?“.

Sí, creo que sí“, responde el hombre mientras sostiene el pasaporte dudando.

Ah“, dice el miliciano, “de por sí eso pensé“.

Oiga y su tierra, ¿dónde mero queda?

El hombre mira al miliciano zapatista, mira el muro, mira a la gente dale y duro a la grieta, mira a los niños jugando y bailando, mira a la niña tratando de hablar con el perrito, con el caballo choco y con un animalito que bien podría ser un gato, o un perro, y dice resignado: “también aquí“.

Ah” dice el miliciano, “¿y usted a qué se dedica?

¿Yo?“, trata de responder el hombre mientras recoge su mochila.

Y de pronto, como si apenas acabara de entender todo, responde sonriendo “Yo soy recoge balones“.

El hombre ya está lejos y no alcanza a escuchar al miliciano zapatista que murmura con admiración: “Ah, recoge balones, no cualquiera“.

Ya en la formación, el miliciano le dice a otro: “Oí Galeano, que hoy conocí a un ciudadano que se puso tu nombre“.

El sargento Galeano sonríe, como de por sí, y replica “no hombre, ¿cómo crees?“.

De por sí“, dice el miliciano, “de dónde si no va a sacar ese nombre el señor ése“.

Ah“, dice el sargento de milicias y maestro de la escuelita Galeano, “¿y qué es lo que hace él?“, pregunta.

Es recoge balones“, dice el miliciano y se va corriendo para alcanzar pozol.

El sargento de milicias Galeano, recoge su cuaderno de apuntes y lo guarda en su morraleta mientras dice entre dientes: “Recoge balones, como si fuera tan fácil. Si no cualquiera es recoge balones. Para ser recoge balones se necesita mucho corazón, como de ser de zapatista, y para ser de zapatista no cualquiera, aunque eso sí, luego hay alguien que no sabe que es de zapatista… hasta que sabe“.

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Tal vez no me crean ustedes, pero esto que les cuento pasó hace apenas unos días, unas semanas, unos meses, unos años, unos siglos, cuando el sol de abril abofeteaba la tierra no para ofenderla, sino para que despertara.

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Hermanas y hermanos familiares de los Ausentes de Ayotzinapa:

Su lucha es ya una grieta en el muro del sistema. No dejen que se cierre Ayotzinapa. Por esa grieta respiran no sólo sus hijos, también las miles de desaparecidas y desaparecidos que faltan en el mundo.

Para que esa grieta no se cierre, para que esa grieta se ahonde y se ensanche, tendrán ustedes en nosotros, nosotras, zapatistas, una lucha común: la que transforme el dolor en rabia, la rabia en rebeldía, y la rebeldía en mañana.

SupGaleano.

México, mayo 3 del 2015.

10 de julio de 2012

Porqué anulé mi voto (explicación con ayuda de Adolfo Gilly) / II


A raíz del actual proceso electoral, pues esto no termina hasta que se termina, incontables veces numeros@s amig@s me preguntaron las razones por las cuales anulé mi voto, gesto que tuve tanto en la jornada electoral del pasado 1 de julio cuanto en la del 2 de julio del 2006. La reflexión entorno a ello da para mucho y su discusión ni se diga; hay, sin embargo, dos textos que de manera muy personal enmarcan esas que yo llamo mis razones: "Los mineros, los muertos, los políticos" (La Jornada, 3/03/2006) y "Carta a un viejo compañero" (La Jornada, 22/03/2006), ambos del maestro Adolfo Gilly. Son choros medianamente largos, precisarán de su tiempo y su paciencia; pero, creo, al final los dos, tiempo y paciencia, se verán recompensados... espero. Va, aquí, el segundo de ellos.

Carta a un viejo compañero.
Por Adolfo Gilly


Manuel Bartlett, candidato a senador por Puebla de la Coalición Movimiento Progresista (PRD, PT, Movimiento Ciudadano) a petición, según su dicho, de AMLO. Foto: La Jornada Puebla.


Estimado Tito:

Leí con mucho interés la amistosa carta que me dirigiste en "El Correo Ilustrado" (La Jornada, 17 de marzo de 2006). Trataré de responderla según mi mejor saber y entender. Para ser más claro, lo haré por puntos.

1. Allá por 1984, cercano el fin del siglo XX, a propósito de Rosa Luxemburgo escribía Bolívar Echeverría:
"Sólo un hecho impide hablar del siglo XX como de una época de barbarie (...) la existencia de la izquierda: una cierta comunidad de individuos, una cierta fraternidad, a veces compacta, a veces difusa, que ha vivido esta historia bárbara como la negación de otra historia deseada y posible a la que se debe tener acceso mediante la revolución."
Comunidad y fraternidad, no solamente libertad e igualdad, son las palabras claves de esta definición, palabras que dicen de ciertos sentimientos y ciertas relaciones entre seres humanos antes que de programas o de proyectos políticos, que éstos vienen después. Tienen que ver aquellas palabras con la antigua idea de la "economía moral", que no se refiere a la llamada ciencia económica, sino a lo que para la comunidad es justo y a lo que no lo es.

De esta noción de justicia y de la de comunidad humana, sin las cuales no hay izquierda en el sentido que al inicio digo, se desprenden cuatro palabras: fraternidad, solidaridad, lealtad y respeto a sí mismo (lo que suele llamarse "dignidad").

Son condiciones necesarias para quien se proponga ser parte de la tarea interminable que define a la izquierda: organizar a los explotados, los oprimidos, los despojados, los humillados, los subalternos de todos los regímenes donde mandan la riqueza y la violencia.

2. Muchas cartas y mensajes he recibido con motivo de mi artículo "Los mineros, los muertos, los políticos" (La Jornada, 3 de marzo de 2006). Al responderte trataré de hacerlo también a todos ellos, cuya inquietud me dice mucho.

Citaré aquí como muestra un correo electrónico de otro amigo mío, escritor, historiador y compañero de luchas pasadas y presentes:
"Estimado Adolfo: Leí con profundo dolor tu artículo del viernes. Creo que estamos asistiendo a la peor derrota de la izquierda en México. No hay la menor duda de que el huevo de la serpiente estaba incubándose adentro del PRD, y que seguramente en los próximos años serán perseguidos los ilusos, los que no les dan la razón, los que no asumen el trasvase del PRI ni su 'proyecto alternativo de nación'. No te imaginas lo que es el PRD en Morelos y en Veracruz: increíblemente nauseabundos. No me identifico, y veo que somos muchos, con esa llamada 'izquierda'. Segurísimo que tampoco nos tragaremos ese sapo."
3. El 2 de julio de 1988 fueron asesinados nuestros compañeros Gil y Ovando, cuatro días antes de la elección usurpada por Carlos Salinas y su grupo compacto. Desde el 7 de julio Manuel Camacho, miembro destacado de ese grupo, actuó como el gran operador político de la usurpación. No me lo contaron, lo vi y lo viví. El 20 de agosto de 1988, Ernesto del Arco y sus tres compañeros fueron asesinados a sangre fría por luchar contra la usurpación del voto. Eran los primeros de los más de 300 perredistas muertos que el gobierno de Carlos Salinas iba a necesitar para hacer pasar sus reformas a la Constitución y sus políticas neoliberales.

El primero de diciembre de 1988, Socorro Díaz pronunció en el Congreso el discurso de legitimación de la usurpación y, acto seguido, colocó la banda presidencial a Victoriano Huerta, como llamaba entonces a Carlos Salinas de Gortari la voz popular, comparación histórica ésta mucho más pertinente que las que enuncias en tu carta. Esta legisladora, simbólica en su imborrable gesto inaugural, forma parte ahora del grupo compacto de Andrés Manuel López Obrador. Y ni siquiera ha pedido disculpas. En cuanto a los otros, para qué te digo, si a fin de cuentas ella es la que menos importa de ese grupo.

¿Lealtad, solidaridad, fraternidad, decencia? ¿Izquierda? ¡Vamos, Tito, por favor!

4. El 12 de marzo pasado, en el ejido Petalcingo, municipio de Tila, Chiapas, concluyó un encuentro de 35 organizaciones y seis ejidos y bienes comunales contra el Programa de Certificación de Derechos Ejidales (Procede) y el Programa de Certificación de Derechos Comunales (Procecom), que son los nombres orwellianos que el Supremo Gobierno dio a la gigantesca operación de despojo y privatización de los bienes ejidales y comunales iniciada con la contrarreforma al artículo 27 constitucional llevada a cabo por el gobierno de Salinas, su partido y su grupo compacto. Dicho encuentro aprobó una importante y fundamentada resolución, cuyo apartado cuatro dice:
"La reforma de 1992 al artículo 27 de la Constitución federal, por la cual se permite la legalización del latifundio, concluye el reparto agrario y elimina las garantías de inalienabilidad, inembargabilidad, intransferibilidad e imprescriptibilidad de los bienes ejidales y comunales que garantizaban el patrimonio de las familias campesinas, indígenas y no indígenas, dejando así sus tierras a disposición del mercado, es del todo contraria a diversos tratados internacionales suscritos por el Estado mexicano, especialmente el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, así como la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la jurisprudencia que el sistema interamericano ha emitido a favor de los pueblos indígenas, lo cual implica una situación de regresividad en los derechos humanos de nuestros pueblos."
En la bandada de políticos y caciques del PRI que ahora aparece en las candidaturas del PRD y en sus comités de campaña, todos --digo bien, todos-- aprobaron esas reformas neoliberales, así como todos (junto con su antiguo socio en la bancada del PRD, el profesor René Bejarano) aprobaron en 1992 la contrarreforma al artículo 3 constitucional sobre educación pública; y muchos de ellos aprobaron el aumento al IVA, contrario al consumo popular, y enormidades similares.

Ninguno ha pedido disculpas. Ninguno ha dicho que estuvo equivocado. ¿Entonces qué, Tito, el candidato presidencial del PRD no sabe quiénes forman su equipo y a quiénes está entregando la joya de la corona, la jefatura de Gobierno de la ciudad de México, arrancada al PRI en 1997 después de décadas de luchas? ¿Y por qué le voy a creer que va a respetar los acuerdos de San Andrés, si también nos dice que va a continuar con el Procede?

5. Dices en tu carta: "El PRD y López Obrador pecan de pragmatismo y oportunismo extremo al cooptar cuanta basura excretan otros organismos políticos. Pero es la opción mejor, o menos mala si quieres, y así lo intuye la mayoría de la sociedad. Decir que todos son iguales, y por tanto no voto, no orienta ni sirve a la sociedad".

No, no son todos iguales. Son tres propuestas diferentes, con trayectorias, equipos y matices diferentes, para consolidar la configuración neoliberal de la sociedad mexicana y su subordinación a Estados Unidos. Lo ha dicho bien Carlos Slim, el hombre que ha llegado a ser el tercero más rico del mundo gracias al despojo, privatización y apropiación, en los tiempos y con la complicidad de Salinas, Camacho, Ebrard y otros, de ese bien público que eran y deberían ser las telecomunicaciones. El 13 de marzo este magnate, promotor y dueño del Acuerdo de Chapultepec, esa especie de Manifiesto Capitalista Neoliberal de estos tiempos mexicanos, declaró en una de las tantas ceremonias de firma de ese documento:
"Lo que es importante no es que los candidatos se sumen (al Acuerdo) suscribiéndolo o firmándolo, sino que estén de acuerdo, y los tres han manifestado estar de acuerdo con la propuesta (El Universal, 14 de marzo de 2006)."
Nadie lo ha desmentido hasta ahora.

No, no todos son iguales: uno es la derecha oscurantista del PAN, aquella que ganó hace seis años con el voto útil; otro es lo que queda del PRI clientelar y corrompido; el tercero, el PRD, es la nueva encarnación de la política desarrollista-echeverrista para dar un barniz social al neoliberalismo --el "neoliberalismo con rostro humano", como quien dice--, consolidando sus "equilibrios macroeconómicos" y sus "políticas fiscales", que desde De la Madrid hasta Fox hemos aprendido lo que quieren decir.

Por eso puedo comprender perfectamente los motivos del voto popular mayoritario que favorece a Andrés Manuel López Obrador. Tus motivos, y los de otros amigos míos que como tú razonan, son los del voto útil (que en 1970 se llamaba "Echeverría o el fascismo"). Muy bien: votarás por aquello que en este caso consideras lo menos malo. Allí, junto con la papeleta, pondrás el deseo de que ojalá así sea. El precio a pagar puede ser la desilusión, la desorganización y la resaca. Con esto no estoy llamando a la abstención. Nomás digo lo que veo y pienso.

Mis razones son las de la izquierda socialista de siempre: es preciso, en todas las condiciones y coyunturas, contribuir a organizar las fuerzas de los explotados, los despojados, los humillados, los que viven de su trabajo. Y esa tarea no pasa esta vez por unas elecciones en las cuales todos los candidatos se subordinan, bajo partidos e intereses diversos y contrapuestos, al poder del dinero y de las finanzas, a la moral de los altos prelados de la Iglesia católica y a la amenazadora potencia vecina del Pentágono y la Casa Blanca.

6. En un punto estoy en total desacuerdo con tu carta. Es cuando escribes: "Marcos, desarmado militar y políticamente, navega en la nada". En primer lugar el EZLN conserva sus armas y así lo ha dicho y repetido. Si Marcos va desarmado, es porque su misión no es de guerra, sino de agitación y organización. Es una iniciativa audaz y se la está jugando. No lo cuidan guaruras, audomaros ni gacelas. Y le puede tocar, cómo que no, nada más que según las viejas y sanas costumbres de la izquierda no lo anda proclamando.

En segundo lugar, no navega en la nada. Está "puebleando", como se dice en buen mexicano, está escuchando las voces pequeñas de aquellos a quienes nadie oye, sus dolores, sus penas, sus trabajos, sus corajes y, también, sus proyectos locales y sueños nacionales. ¡Cómo "en la nada", si ésa es la mera realidad de México! En la nada de las bravuconadas, vulgaridades y promesas vacías transitan las campañas electorales de los tres candidatos. La otra campaña, según la he podido seguir en las crónicas de Herman Bellinghausen, camina por México sin andar ofreciendo nada, salvo escuchar y escucharse, unirse, organizarse desde los pasados, las luchas, las experiencias y las tenacidades.

En tercer lugar, no está desarmado políticamente. Sólo hay dos campañas que han expuesto sin disimulos sus programas verdaderos. Una es la de Carlos Slim, quien anda por el país imponiendo su Acuerdo de Chapultepec a quien se deje, y sobre todo a los tres candidatos. La otra es la del delegado Zero, que se sustenta en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, es decir, en el llamado a organizar las luchas contra la explotación, el despojo, el desprecio y la violencia represiva.

En esta tierra oscura, si se le cuida, pueden en el México de hoy echar raíces la fraternidad, la solidaridad, la lealtad y el respeto del otro y de uno mismo.

Esa es, ésa ha sido siempre la izquierda. No tiene la exclusividad de ella el delegado Zero ni pretende tenerla. Pero hasta donde entiendo, por aquello anda peleando. Hay que apoyarlo.

7. En cuanto al tan mentado huevo de la serpiente, al final resultó ser huevo de dinosaurio. Y cuando despertamos ahí estaba el bebé-dino, todo amarillo, con lindas pintitas negras en forma de sol.

Porqué anulé mi voto (explicación con ayuda de Adolfo Gilly) / I

A raíz del actual proceso electoral, pues esto no termina hasta que se termina, incontables veces numeros@s amig@s me preguntaron las razones por las cuales anulé mi voto, gesto que tuve tanto en la jornada electoral del pasado 1 de julio cuanto en la del 2 de julio del 2006. La reflexión entorno a ello da para mucho y su discusión ni se diga; hay, sin embargo, dos textos que de manera muy personal enmarcan esas que yo llamo mis razones: "Los mineros, los muertos, los políticos" (La Jornada, 3/03/2006) y "Carta a un viejo compañero" (La Jornada, 22/03/2006), ambos del maestro Adolfo Gilly. Son choros medianamente largos, precisarán de su tiempo y su paciencia; pero, creo, al final los dos, tiempo y paciencia, se verán recompensados... espero. Va, aquí, el primero de ellos.

Los mineros, los muertos, los políticos.
Por Adolfo Gilly

Guardia luctuosa en la Plaza de la Constitución, en el sexto aniversario de la explosión de la mina en Pasta de Conchos. Foto: María Luisa Severiano/La Jornada.

1. El 12 de octubre de 1983 un desastre minero en Hidalgo costó la vida a 19 trabajadores. Días después, un artículo publicado en el periódico Unomásuno comenzaba con estas palabras:
"Napoleón Gómez Sada presentó sus condolencias a los familiares de los 19 mineros mandados a la muerte el Día de la Raza por la Compañía Minera Real del Monte y Pachuca. Como secretario general del sindicato minero-metalúrgico, la obligación de Gómez Sada no era presentar condolencias a nadie, sino declarar como mínimo un paro general de labores de 24 horas en todas las instalaciones minero-metalúrgicas del país para protestar contra esta nueva muestra de la espantosa matanza cotidiana que el capital comete contra los trabajadores mexicanos al mantener niveles casi increíbles de inseguridad y peligrosidad en el trabajo. Sólo la movilización de los trabajadores puede poner un freno a esta guerra secreta contra México, cuyo saldo cotidiano de muertos, heridos, inválidos y enfermos de por vida ni siquiera aparece verídicamente en los partes oficiales y sólo lo registra la memoria dolorosa de las familias obreras mexicanas."
2. Más de 22 años después, en la madrugada del domingo 19 de febrero pasado, una explosión en la mina Pasta de Conchos, Coahuila, cobró las vidas de 65 mineros. La empresa, el Grupo México, sabedora de este final fatal desde el primer momento, por conveniencia propia ocultó la verdad y jugó con las esperanzas y las angustias de las familias de los mineros durante una larga semana. Apenas el sábado 25 se atrevió a confirmar que, desde el momento de la explosión, esos trabajadores habían muerto. No fue diferente la actitud de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.

El lunes 27 de febrero, el secretario general del sindicato minero-metalúrgico, Napoleón Gómez Urrutia, hijo de aquel Napoleón Gómez Sada y heredero de su cargo y sus negocios, tuvo el descaro de publicar en La Jornada, junto con su esposa, la siguiente esquela:
"Napoléon Gómez Urrutia y Oralia Casso de Gómez se unen a la gran pena, dolor e impotencia que embarga a las esposas, hijos, padres y demás familiares de los trabajadores mineros, sindicalizados y contratistas que lamentablemente perdieron la vida en la explosión de la mina 8, Unidad Pasta de Conchos, de San Juan de Sabinas, Coahuila. Elevamos nuestras oraciones para que, en estos momentos de inmenso dolor, su fe espiritual en el Señor les ayude a sacar fuerzas para seguir adelante. Descansen en paz".
Este personaje, secretario general de uno de los mayores sindicatos del país, tiene la infinita hipocresía de declarar su impotencia y de hincarse a rezar para que, a las familias mineras, Dios las ayude a sacar fuerzas para seguir adelante. Que Dios los ayude, pues, ya que mi sindicato está para otras cosas. No menos vergonzosa es la esquela que, declarando también su "impotencia", publica en esa misma página el Comité Ejecutivo Nacional del sindicato, dirigiéndose así a los muertos: "Los recordaremos siempre con admiración, respeto y orgullo por su conducta ejemplar, responsabilidad, compromiso y ejemplo de dignidad obrera que se refleja en sus familias y amigos cercanos".

Casi un cuarto de siglo después, estamos en las mismas o en peores condiciones, con la misma dinastía sindical, la misma retórica hedionda y nuevas masacres de trabajadores, masacres violentas en las minas, las gaseras y la construcción, masacres lentas en el infierno sin ley de las maquiladoras, masacres sangrientas de caciques y paramilitares en los campos y poblados indígenas, masacres blancas del desempleo, los salarios de hambre, la migración, la droga: muertos, muertos, muertos...

El orden neoliberal, sin ley ni regulación, es un orden de muerte. Pero para llegar a este orden, también en México tuvieron que matar.

3. A poco de iniciada con Miguel de la Madrid la restructuración neoliberal de la sociedad mexicana, después del terremoto de septiembre de 1985 y la parálisis por pánico del presidente y su regente en la ciudad, Ramón Aguirre, y como secuela política inesperada de una ola creciente de movimientos sociales, el pueblo mexicano realizó la hazaña de tomar por sorpresa a los dueños del poder y dar la victoria en las elecciones presidenciales de 1988 al candidato de la oposición nacionalista revolucionaria, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Esta victoria electoral no fue frustrada por un fraude, pues el fraude es una operación que se realiza antes de las elecciones o en su trascurso. Fue escamoteada, como dijimos entonces, por un golpe de Estado entre la noche del 6 de julio y la madrugada del 7, cuando por orden del presidente De la Madrid y de su secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, se anularon los resultados reales de la votación y fueron sustituidos por otros que daban la victoria al candidato oficial, Carlos Salinas de Gortari. En ese golpe de Estado y en su consolidación en los días sucesivos participaron personalmente Manuel Camacho como operador de primera fila y su equipo más cercano. En la consagración ceremonial del golpe de Estado tuvo papel estelar Socorro Díaz, quien en sesión solemne el primero de diciembre colocó la banda presidencial al usurpador, Carlos Salinas de Gortari.

Yo quisiera que a esta altura, cuando forman parte destacadísima de los operadores políticos del candidato presidencial del PRD, todos ellos nos contaran con sinceridad cómo estuvo la cosa en esos días cruciales, del mismo modo como los empresarios del Grupo México, después de una semana, se decidieron a confesar públicamente lo que desde el momento de la explosión sabían.

Pido sinceridad. No pido mucho. Pero, en verdad, tampoco espero mucho.

4. Ese golpe de Estado al que entonces denominamos "técnico" no fue, sin embargo, un simple golpe blanco. Tuvo su cuota de sangre, antes e inmediatamente después de la elección, tuvo sus muertos. El 2 de julio, después del cierre de campaña en Pátzcuaro, supimos que habían sido asesinados Francisco Javier Ovando, encargado del cómputo electoral del Frente Democrático Nacional y candidato a diputado federal, y su inmediato colaborador Román Gil. Entendimos entonces la temprana advertencia.

El 20 de agosto de 1988, durante la campaña por la defensa del voto, aparecieron asesinados cuatro muchachos: Ernesto del Arco, José Luis García Suárez, Jorge Andrés Vargas y Jesús Ramos. ¿Quién ordenó este cuádruple crimen político para intimidar a la movilización por el respeto al voto? No lo sé. Pero los beneficiarios fueron Salinas y su entonces "grupo compacto". ¿Tampoco lo supieron ellos?

El 16 de diciembre de 1988, ya bajo la presidencia usurpada de Salinas, fue desaparecido en Morelos José Ramón García, militante del PRT que intervenía en la campaña por el voto. De él no supimos más. ¿No hay ningún político y funcionario de entonces que algo sepa?

El golpe de Estado de julio de 1988 llevó al poder al grupo neoliberal encabezado por Salinas de Gortari que privatizó la propiedad pública, desmanteló el artículo 27 y los ejidos, modificó en 1992 en sentido reaccionario (con la complicidad del entonces diputado René Bejarano) el artículo tercero sobre educación pública, abrió las puertas de la nación al TLC, metió al ejército en Chiapas y condujo a la descomunal crisis de diciembre de 1994.

5. Bajo el gobierno de Salinas y su grupo, los muertos del PRD se multiplicaron: imponer el neoliberalismo no sólo costó sufrimientos del pueblo, costó sangre de quienes resistieron (y no estoy contando aquí a los otros muertos, los del EZLN, los de las organizaciones campesinas, los de Oaxaca, de Guerrero y de toda la geografía mexicana ensangrentada en esos años).

En octubre de 1997, cuando Andrés Manuel López Obrador era presidente del PRD, la Secretaría de Derechos Humanos de este partido publicó un folleto titulado Crónica de la violencia política, coordinado por Isabel Molina Warner, directora de la Fundación Ovando y Gil. Según dicha publicación, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari fueron asesinados por motivos políticos 305 perredistas. En los sucesivos tres primeros años de Ernesto Zedillo, hasta octubre de 1997, habían sido asesinados 263 perredistas más. En total, hasta ese octubre, 568 muertos de este partido.

En el sexenio de Salinas y su grupo compacto, según ese folleto, el PRD tuvo 16 muertos en 1988, 34 en 1989, 73 en 1990, 28 en 1991, 54 en 1992, 67 en 1993 y 36 en 1994. Entre 1988 y 1994, tres estados estuvieron a la cabeza de este listado: Guerrero, con 90 muertos; Michoacán, con 55 muertos; y Oaxaca, con 43 muertos. La curva de asesinatos políticos subió en Michoacán durante las elecciones locales, cuando los michoacanos respondieron al fraude con movilizaciones y tomas de alcaldías. Era entonces gobernador del estado Genovevo Figueroa Zamudio. Desde 1988 el PAN de Diego Fernández de Cevallos, con su moral de sacristía, fue cómplice y encubridor de quienes desde el gobierno federal condujeron estas políticas en ese sexenio.

6. Con la candidatura de Marcelo Ebrard, secretario de Gobierno del Departamento del Distrito Federal bajo la regencia de Manuel Camacho en esos precisos años, el PRD se dispone a devolver a ese PRI el gobierno de la ciudad de México, que se le arrebató en las elecciones de 1997 como resultado de duras y largas luchas de la oposición y los movimientos sociales.

Como lo vienen diciendo tantos desde todos los ángulos, el que ahora reaparece en los usos y costumbres internos y externos del PRD de estos tiempos es el PRI de siempre, con su corporativismo, su clientelismo, sus acarreos, sus elecciones internas con reparto de despensas, compra de votos y compromisos de clientela. Reaparece también con la multiplicación de políticos y caciques apenas salidos del PRI en las candidaturas del PRD en todo el país.

El PRD es hace rato un partido exclusivamente electoral y parlamentario. No organiza a nadie en el movimiento social ni le interesa hacerlo. No es su problema. Su actividad de oposición o de denuncia se concentra en las tribunas del Congreso de la Unión, allá lejos entre ellos. Sus propuestas se limitan al terreno de las políticas públicas: vótenme, y desde el gobierno yo haré esto y lo otro. Pero no se organicen: yo lo haré por ustedes, dicen los candidatos a diputados, senadores, regidores, alcaldes, asambleístas y presidente. Ese es el mensaje, hasta el hartazgo, de todos los carteles y las pintas de la elección interna. El PRD no tiene militantes, ni vida interna, ni discusiones de ideas o de programas. Tiene activistas pagados (transitorios), funcionarios y aspirantes a cargos electivos (estables) y asesores (intercambiables).

Todo esto, aclaro, no es novedad ni es pecado. Es simplemente el modo de ser y de existir en política de uno de los tres grandes partidos del régimen, el que se dice de izquierda y nutre sus candidaturas de la desintegración progresiva del viejo PRI. Fue ya descrito por Max Weber para la Alemania de 1919.

7. El programa de políticas públicas de Andrés Manuel López Obrador para esta elección es una variedad de neoliberalismo social: mantener la configuración de la sociedad impuesta por la restructuración neoliberal y agregar políticas asistenciales. Pero que la sociedad en sus múltiples sectores no se organice, por Dios, que no lo haga: todo le será provisto desde arriba.

Es un programa desarrollista que reconoce sus lejanas raíces en el echeverrismo de los años 70, hoy aplicado a consolidar la configuración neoliberal y sus relaciones con Estados Unidos y con el mundo. Es un método de centralización personal de la organización en la figura de un Jefe que tiene sus aún más lejanos antecedentes mexicanos en los años 30, en la figura y las ideas del tabasqueño Tomás Garrido Canabal. De esos mismos años 30 vienen la coreografía y la escenografía de los actos del PRD en el Zócalo, con la doble valla metálica que corta por la mitad a la multitud y dentro de la cual camina solitario el Jefe hacia la gran tribuna de la plaza.

El círculo se ha cerrado y en él el mito mexicano y la utopía práctica de los tiempos del general Lázaro Cárdenas del Río no tienen espacio ni reflejo alguno. Son otros tiempos éstos, los de Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Socorro Díaz, Federico Arreola, José Guadarrama, Yeidckol Polevnsky, Zeferino Torreblanca, Fernando Martínez Cué y Pablo Salazar Mendiguchía, más un contorno de figuras venidas de la izquierda que quieren creer, que necesitan confiar, que sin saberlo se resisten a volver otra vez a la intemperie y a dar por perdido lo que una vez conquistaron. Y ya no quieren comenzar de nuevo, como es ley de las generaciones sucesivas, con la experiencia como única verdadera e invalorable herencia de aquellas temporadas.

¿Y para llegar a esto lucharon tantos, vivieron tantos y se murieron tantos?

8. En Bolivia, mientras el nuevo presidente Evo Morales, llevado al gobierno por las sucesivas insurrecciones de los movimientos sociales, en medio de un silencio tan grande como todo el pasado rendía homenaje a los ancestros y a los compañeros caídos, un relámpago de otros tiempos míos, de medio siglo antes, me cruzó por la mente. Escribí en ese día, como enviado especial de La Jornada, lo que sigue:
"Este enviado especial, que hace ahora precisamente 50 años había llegado a Bolivia a vivir con trabajadores fabriles y con mineros, aquellos que poco antes, en 1952, habían hecho una gran revolución, como que medio se aguantaba el llanto y también se acordaba y se decía: Quien olvida a sus muertos y se junta feliz con quienes los mataron, no merece confianza ni perdón; y se hacía en ese minuto este enviado especial, a quien cuando aún era muy joven los bolivianos con paciencia y recato durante cuatro años educaron, una promesa para sí y para sus vivos y sus muertos que un día de estos tal vez referirá".
Es lo que en este escrito ahora estoy haciendo.

9. El 24 de febrero pasado, en un acto de campaña en Morelia (La Jornada, 25 febrero 2006), López Obrador hizo un reconocimiento a los michoacanos que, dijo, desde el movimiento democrático de 1987 lucharon por la trasformación del país: "Muchos perdieron la vida por abrir, por desbrozar el camino hacia la democracia. Por eso tengo un profundo respeto por Michoacán y por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas". Sí, ya lo sé. Pero los cómplices, los encubridores, los altos funcionarios de los gobiernos y del régimen del PRI que entonces los hizo matar o solapó sus muertes, están ahora en el grupo compacto en torno a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Y esos muertos matados, igual que los muertos mineros, claman al cielo y nos reclaman a los vivos.

El gobernador del estado, Lázaro Cárdenas Batel, declaró ese mismo día que en las elecciones de julio de 2006 votará por Andrés Manuel López Obrador: "seguro, segurísimo", dijo.

Dejo aquí de lado la discusión de las diferencias políticas con el PRD y su candidato presidencial. Mucho más hondas son las que me contraponen al descompuesto PRI y al derechista PAN.

Por razones éticas, sin las cuales no existe izquierda alguna, por motivos morales si se prefiere así, no votaré por Andrés Manuel López Obrador ni por ninguno de sus candidatos: seguro, segurísimo.

Dicho en pocas palabras, no les creo ni una sola palabra. Quien olvida a sus muertos y se junta feliz con quienes los mataron no merece confianza ni perdón. Basta ya, pues. Demasiado es demasiado.
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