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16 de octubre de 2019

Rebelión y resistencia del pueblo maya / Ko'ox Tsikbal.



Cuentan las mujeres y los hombres sabios que a propósito nos escondieron la historia de nuestros pueblos. La cambiaron, borraron a los cabecillas y contaron mentiras para robar el pensamiento de los pueblos. Y esto lo hicieron por miedo al pueblo maya de hoy.

Hoy vivimos en nuestra propia tierra como si fuéramos extranjeros.

Se adueñaron de nuestras tierras, nos esclavizaron y, para mantenernos así, han intentado robarnos también nuestra historia. Todo está escrito como si fuera la historia de ellos, los que nos invadieron.

Pero la raíz de nuestro pueblo es muy fuerte y, aunque han destruido mucho, todavía vivimos agarrados de nuestro sueño de tener una vida buena. Nuestro futuro y nuestra rabia está viva, escondida en nuestras leyendas, en nuestras tradiciones, en nuestros ritos, en nuestras fiestas, en todo eso que en castilla se llama cultura.

Como dice el Popol Vuh: “arrancaron nuestros frutos, cortaron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco pero nunca pudieron matar nuestras raíces.”

Algunos quieren todavía arrinconarnos en el pasado, meternos en un museo para ir de paseo de vez en cuando. Nosotros no. Queremos ser un pueblo libre y autónomo, queremos ser Pueblo entre los pueblos del mundo, con todo lo que se necesita para serlo. Queremos vivir todos nuestros sueños, sintiendo nuestras alegrías y decidiendo y construyendo nuestra propia historia, nuestro futuro.

Hace tiempo nos dimos cuenta que cuando hablamos de nuestra historia, cambian mucho nuestros pensamientos. Ahora que nuestros pensamientos caminaron para buscar el modo de cambiar las cosas, nos dimos cuenta de que la mayoría de los y las mayas de ahora no conocemos nuestra historia. La leemos como si no fuera nuestra ¡como si quién sabe a quién le hubiera pasado! Hoy sabemos que había un plan para hacernos olvidarla, para que desapareciéramos como pueblo. Y nunca pudieron lograrlo.

Juntando nuestro corazón con nuestros pensamientos, nos dimos cuenta que había dos cosas grandes adentro: La primera es la rabia que sentimos cuando escuchamos la historia contada por quienes no son mayas. Nos llenamos de coraje y nos preguntamos ¿por qué algunos que no son mayas se saben nuestra propia historia y nosotros no?

Además hay una gran mentira que nos han hecho creer: que ya no hay mayas ahora, que sólo hay yucatecos, que mejor hay que pensar en el futuro... que es una vergüenza ser maya. Por eso nos sentimos menos frente a los que nos vinieron a invadir y hasta queremos parecernos a ellos. Nos han engañado humillándonos por ser de un pueblo diferente. Hemos llegado a creer que lo maya “se quita”, “se supera”.

De ahí viene la segunda cosa que nos mueve el corazón: que la gente que no sabe la historia tiene muy confundido su pensamiento. Hay gente que llega a decir que fueron buenos los hacendados, hay unos jóvenes ahorita que dicen: “lo que queremos es trabajo, aunque sea de esclavo”.

Muchas lunas han pasado desde que en el equipo Indignación tomamos el acuerdo de escribir nuestro pensamiento. Lo hemos cumplido. Ahora también pensamos que es bueno escribir nuestra historia, pero contada por nosotros, el Pueblo Maya de Yucatán en estos tiempos.

Y muchas cosas nos han pasado que nos han mostrado cómo se escribe la historia. Por eso no queríamos que fuera una historia contada como siempre. No somos los vencidos, ni estamos acabados y mucho menos hemos desaparecido.

Tampoco queríamos la historia de los “héroes” para hacer nuevas estatuas en los parques de nuestros pueblos, para que las ensucien los pájaros y se esconda adentro a todos los que lucharon juntos y que sin ellos los “héroes” no existirían.

Queríamos contar la historia de nuestro pueblo que corre viva abajo de la otra historia que siempre se escribe, como el agua que corre debajo de la tierra. Las historias desde abajo, la historia de la resistencia, la Otra Historia.

La Historia para no olvidar y para entender lo que pasa, la Historia como un Sastún, la Historia como el canto de los pájaros que oímos y entendemos sus avisos, la Historia que guarda los secretos de los tiempos, como las hormigas en los tiempos de la lluvia o los colores con los que se viste el cielo.

Las poch-mayas, como llamamos a parte de este equipo, se reían felices cuando fuimos moviendo nuestros pensamientos. Pocheaban nuestra mirada cuando cerrábamos los ojos para entender la vida y la empezábamos a soñar y la arrullamos en la hamaca, sabiendo que en el misterio de esta larga noche, Dios nos puso un hijo y una hija para que siga la Historia. Lo aprendimos con el asombro de verlo y entenderlo. Y como hacen las parteras, abrazaron estas líneas oyendo nuestras preguntas:

¿Qué cambia en la vida de uno o en la de un pueblo, durante 20, 40, 100, 500 años?

¿Cómo se convierte una rabia en una causa? ¿Cómo se iba olvidando el pasado? ¿Cómo se organizaban los movimientos?

Y ¿qué hacían los sacerdotes y Dios con tanto dolor? ¿Quiénes fueron los que defendieron a los mayas sin ser del Pueblo? ¿Por qué se juntaban con las víctimas?

Y sobre todo ¿dónde están las mujeres en todas estas historias que no salen ni los nombres, ni los pensamientos, ni sus modos tan diferentes de hacer las cosas? Lo peor de todas estas historias que escribimos, es que no hay mujeres. Nos las podemos imaginar, pero se perdieron irremediablemente en la historia de los hombres. Y pensamos que ya no más sería así. Verán que en la nueva historia, desde abajo, las mujeres seremos iguales a todos. Pero por más que buscamos en estas historias, no las encontramos. Nada más eso nos faltó.

Así que este libro se escribió preguntando, preguntándonos, conversando, discutiendo.

Cada vez que empezábamos a escribir el libro encontrábamos cosas nuevas. Y cada cosa nueva nos llevaba a nuevas preguntas y a mirar la historia de otra manera y hasta a pronunciar las cosas de otra manera muy diferente a como lo dicen los libros. Entonces íbamos con nuestros amigos y amigas historiadoras para preguntarles... y nos animaban a seguir.

Por fin vamos a imprimir este cuaderno o libro de trabajo, o Chilam Balam como dice Pedro, y queremos que sirva para comadrear, para discutir y para conversar, porque hemos aprendido que solo así se entiende la historia, haciéndonos preguntas según lo que estamos viviendo ahorita, preguntando y compartiendo nuestros pensamientos y nuestras preguntas.

No está terminado, porque la historia sigue, pero ya paramos de escribir y les compartimos hasta dónde vamos. Por eso, este libro, si lo quieren leer solos es una cosa. Pero está hecho para leerlo conversando, discutiendo: eso que llamamos tsikbal.

Un día volvíamos de un taller ahí en el sur y estábamos riéndonos con nuestro traductor, jach mayero, que había sufrido tratando de hacer reír al grupo con los chistes malísimos que en maya no tuvieron ninguna gracia.

Atardecía en esa casi-vereda llamada carretera de la sierrita del sur peninsular cuando nos confesó que quería aprender a manejar el coche. La pilota rápidamente le cedió el timón y creyendo que era un tractor nos traía a media carretera dando bandazos. Cada “columpio” cerrábamos los ojos pensando que aparecería como un alux un auto y el hombre tan campante en medio.

Con firmeza y ternura la maestra le decía: a la derecha, a la derecha... Y aquel seguía en el centro.

Desesperadas reclamamos: ¡ponte a la derecha!

Y él inmediatamente contestó: ¡no sé cuál es la derecha!

- ¡No amueles hombre! ¿Con que mano escribes?

- Con la derecha, pero no sé dónde está la derecha en el camino... Creo que mejor otro día aprendo.

Silencio. Sentimos la tarde más gris que nunca..

Al buen rato nos dijo entre reclamo y justificación: no sé cuál es la derecha, porque nosotros vamos al poniente, al sur, al norte o al oriente en los caminos.

Y después nos dijo bajito: no les entiendo. Ustedes se paran y me muestran la derecha que queda en un rumbo, pero si giran, la derecha queda en otro rumbo, y si vuelven a girar la derecha sigue girando.

Ustedes son el centro de todos los caminos y ponen el nombre de los rumbos según se ponen ustedes y piensan que todo el mundo gira alrededor.

Nosotros no pensamos así. Si giramos y giramos y giramos y giramos, el sur siempre es el sur y el norte es el norte. Nosotros estamos en el mundo, no somos el centro del mundo.

Todo el camino fue silencio. Ese día entendimos que no solo somos dos mundos diferentes, sino que los mayas tienen la razón.

Esta historia, que es como un camino, va a ir por todos los rumbos: lak ́in, xamán, chik ́in, nojol, chum ta ́an y al final: suut...

Que lo lean como quieran, pero nosotros vamos a usarlo para ir entendiendo nuestra historia como un gran caracol, para ir metiéndonos y metiéndonos en la historia.

Cada rumbo viene con preguntas y con palabras, a veces nuevas, pero que son como una puerta... o mejor como una cueva: porque parecen oscuras pero te hacen descubrir muchas cosas y dan para mucho.

Y para cada rumbo hay úuchben ju’uno’ob. Esos papeles antiguos que nos van a servir para conversar, así que vamos a intentar una traducción. Todo está por arreglarse porque es la primera vez que lo hacemos. Si hay algún especialista que quiera ayudar, bienvenido o bienvenida sea. Nosotras de por sí ya empezamos a caminar.

Aquí están nuestras palabras. Hay muchas cosas que no escribimos, pero como dijo un Juan: no cabrían ni en mil libros. Lo que nos interesaba contarles, por ahora, aquí quedó escrito.

Chablekal, primer katún del levantamiento maya de 1994.

Bety, Randy, Pepe, Raúl, Martha y Cristina.

Postdata: Este cuaderno es una idea del equipo de derechos humanos Indignación AC, en donde trabajamos mayas y no-mayas. Las fotos y el diseño son originales nuestras, pero las historias son de tantas y tantos que nos acompañan en esta aventura. Y como no nos gusta lo de la exclusividad ni los “derechos reservados”, esto se puede copiar y difundir a gusto y sin remordimientos, sólo échennos la culpa siempre.

Postdata de la postdata: Esta edición se imprimió con la solidaridad del Fondo para los Derechos Humanos Globales y el fondo noruego Det Norske Menneskerettighetsf.



10 de octubre de 2019

Foro por la defensa, recuperación y conservación del territorio maya: Ixil, trinchera maya / Múuch' maya t'aan: Ixil, u kootil maya k'atun.


13 de septiembre de 2018

El Tren Maya: ¿está AMLO contra los pueblos indígenas?

Por: Fernando Barajas / Plumas Atómicas.

Uno de los proyectos insignia que López Obrador ha sostenido en este periodo de transición es el Tren Maya. No es presidente todavía, claro está, no es responsable aún del gobierno; pero eso no lo hace inmune a las críticas; sobre todo cuando no se toma la molestia de explicar bien sus proyectos. En el afán de mantenerse popular y ocupado, el presidente electo anuncia cada semana una propuesta “excitante” para el futuro de México; pero nos deja siempre con más preguntas que respuestas. No hay más que declaraciones optimistas que descartan los problemas, como si ya estuvieron resueltos.


Ciertamente, el responsable del gobierno sigue siendo Enrique Peña Nieto, no podemos olvidarlo a pesar de que él mismo parece no tener consciencia de ello. AMLO todavía no llega, pero llegará; y necesita hacerse cargo de sus palabras desde ahora. Con sus millones de electores, tiene un cheque en blanco de esperanza puesta en él; y, hasta el momento, se lo ha gastado en promesas que no puede cumplir (porque todavía no se ha sentado en La Silla) y en proyectos opacos que levantan sospechas incluso en los que votamos por él.

El tren de los sueños no mata árboles

La idea del Tren Maya no es nueva, Peña Nieto ya la había puesto sobre la mesa; fue uno de los trenes que se le cayeron del sexenio por culpa de la Casa Blanca y la insuficiencia presupuestal. Ahora López Obrador recupera la idea y la extiende a toda la península, confiado en que la co-inversión pública y privada sorteará los problemas de corrupción y presupuesto. Así que nos propone un tren que abarca toda la península, 1,500 kilómetros que conectarán Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche y Tabasco; con un costo de entre 6 y 8 mil millones de dólares.


Dice que el impacto ambiental será mínimos y las comunidades no serán afectadas. ¿Cómo puede estar seguro de ello? Por el lado ambiental, el impacto es inevitablemente alto, no puede ser de otra manera si se pretende cruzar la selva y la montaña sobre rieles, así como dejar atrás ríos, lagos y barrancas. El reto es hacerlo un proyecto sustentable desde un punto de vista amplio, lo cual no significa sólo plantar árboles, sino también cuidar el equilibro de los ecosistemas, calcular las divisiones que los rieles pueden imponer a la flora y la fauna y considerar a los pueblos que serán afectados. Sustentabilidad no sólo es cuidar plantas, es considerar el sistema complejo de vida que se desarrolla en la península, y que incluye una enorme biodiversidad, pero también muy distintas culturas.

Y esto nos lleva al punto más importante: ¿qué proyectos se consultan y cuáles no?, ¿a quiénes se pregunta y cómo para garantizar que las comunidades indígenas expresen su voz en igualdad de circunstancia respecto a las grandes corporaciones? La Constitución Mexicana y el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales establecen que este tipo de proyectos tienen que ser consultados de buena fe y con información suficiente a los pueblos indígenas.

El futuro titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons aseguró que el tren será sometido a consulta. Hay mucho qué decir al respecto. No es buena señal para los que no se dedican al turismo que Fonatur lleve la consulta. Además, es fundamental conocer el tipo de consulta, que no sea desinformante ni manipuladora, y a quiénes, principalmente a los pueblos de la región. No importa que yo, chilango, y mis amigos  decidamos, sino aquellos cuyas vidas serán directamente afectadas. Además de que no se trata sólo de “sí” y “no”; sino que hay que escuchar las condiciones y propuestas de campesinos e indígenas tanto como las de hoteleros y empresarios.

AMLO dice que la licitación para la inversión privada saldrá desde que tome posesión, ¿no suena eso a que la consulta está truqueada? ¿Está bien consultar el aeropuerto, pero el trato del tren ya está cerrado? Llevar a cabo un proyecto así implica sacrificios para quienes viven en la península, en términos de territorio y autonomía; ¿los beneficios para los pueblos justifican los sacrificios?, ¿o realmente a quién benefician?

Un tren para atraerlos a todos y atarlos a las tinieblas

Dicen que el Tren Maya traerá desarrollo para toda la región, ¿pero a quién incluye? Según sugirió el antropólogo maya Ezer May May, fueron los empresarios yucatecos quienes presionaron al presidente virtual para construir y extender el tren y enlazar destinos turísticos. El epicentro, por supuesto, sería Cancún, y de ahí llevarán a los turistas a toda la península para que tuvieran a su alcance toda la riqueza de la región. Ganar-ganar para todos, ¿cierto? Los hoteleros y dueños de las playas de Cancún tendrían más que ofrecer y el gobierno habrá fomentado que se generaran millones de pesos para la península.

Pero no todos ganan. No basta la afirmación optimista de López Obrador sobre que las comunidades no serán afectadas, y que habrá desarrollo económico para ellas; importa también cómo se lleva a cabo ese desarrollo y para qué sirve. Por un lado, se procura homenajear a la cultura maya construyendo un tren en su nombre, pero para lograrlo requiere absorber las culturas herederas de los maya, implica que su forma de ver el mundo desaparezca, se diluya. A esto se le llama “etnofagia”, una forma de desaparecer la diversas de identidades de los pueblos indígenas, que reconoce nominalmente “su cultura”, pero trabaja activamente para desaparecerla, para que deje de ser considerada importante, y para que quede subsumida al intercambio comercial. En este caso, en la forma de “turismo”.

Si compartiéramos el entusiasmo del próximo presidente, pensaríamos que el tren traerá prosperidad económica, muchos consumidores para lo que sea que se venda. Pero toda esta magia se volverá realidad sacrificando los derechos políticos y de autonomía de los pueblos indígenas; su derecho a decidir sobre cómo quieren vivir su vida, su destino y sus tierras. Por supuesto, desde la perspectiva presidencial, habrá muchos empleos para mucha gente, que además viven en una de las zonas más marginadas del país.


Procuremos verlo, sin embargo, desde la perspectiva de las comunidades indígenas y campesinas; quienes pasarán de ser dueñas de sus tierras y de tener capacidad de decisión sobre lo que les ocurre, a estar subordinadas a cuidar la ruta ferroviaria. ¿Qué tipo de empleos surgirán para la gente cuyas comunidades quedarán en el camino del tren? ¿Cómo podemos imaginar que eso es un beneficio para las culturas, si para acceder a él les exigen que sacrifiquen su identidad cultural? Es decir, “llevaremos el desarrollo a tu casa, siempre y cuando abandones todas tus creencias culturales, todos tus valores y todo lo que siempre has apreciado”.

El proyecto aún no se ha iniciado, y es fundamental que lo discutamos como todas las propuestas que hasta ahora ha presentado López Obrador. No esperamos que lo resuelva todo, pero sí que escuche e integre las críticas. En este caso, es fundamental que escuche y respete la palabra de los habitantes de la península, y no únicamente de los empresarios turísticos. No hay turismo que justifique la desaparición de una cultura, ni condenar a un pueblo a no poder decidir más sobre su destino.

Apicultores de Quintana Roo afectados por la muerte de millones de abejas son obligados a aceptar indemnización para desistirse de demandar.

Por: Carlos Águila Arreola / La Jornada Maya.

Los apicultores del ejido Candelaria se vieron obligados a aceptar una indemnización, muy por debajo de lo que calcularon, por autoridades de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca de Quintana Roo (Sedarpe) y de la Fiscalía Estatal, en contubernio con un empresario; presunto culpable de los daños.

Afectados por la muerte de millones de abejas en el municipio de José María Morelos, el grupo denunció que, aprovechando la urgencia, el responsable logró que se aceptara una negociación que minimiza los daños y no garantiza que el hecho no se vuelva a repetir.

Recordó que este incidente tuvo lugar el pasado 13 de agosto, cuando empleados de empresario Pablo Mendoza fumigaron el área de cultivo de chile habanero, con un químico altamente tóxico, el cual afectó a 357 colmenas de 17 apicultores; matando a cientos de miles de ellas.

Días después, personal del Comité Estatal para el Fomento y Protección Pecuaria tomó muestras en los apiarios afectados y realizaron los análisis de determinación multirresiduos de plaguicidas, los cuales dieron positivo a seis sustancias tóxicas como insecticidas, fungicidas y acaricidas.

Ante dicha evidencia, el empresario aceptó firmar un acuerdo de conciliación que lo comprometía a pagar mil 300 pesos por colmena, pese a que el precio de cada una es de mil 700 pesos. Sin embargo, sólo se hizo responsable de 250, de las 357 que afectó; lo que significa que dejará de pagar 281 mil pesos, que por derecho corresponde a los apicultores.

El pago se realizará en dos partes: el 15 de septiembre entregará los primeros 195 mil pesos, y un mes después los 130 mil restantes. Además, el tercer punto del acuerdo permite a Pablo Mendoza seguir usando agroquímicos para su cultivo de chile.

Cabe mencionar que de palabra, el empresario se comprometió a que no usará nuevamente el fipronil, ni productos que afecten a las abejas; no obstante, advirtió a los apicultores que cuando vuelva a fumigar avisará para que cierren las piqueras de sus colmenas.

Con la firma del acuerdo, los apicultores aceptaron desistirse de la denuncia presentada ante la Fiscalía de Quintana Roo por los daños que ocasionó a su patrimonio.

Wilson Ayala Mex, apicultor que denunció la tragedia, explicó que se vieron forzados a aceptar porque el tiempo seguía pasando sin que se asumiera una responsabilidad, y a los productores lo que les importa es reponerse pronto del daño.

”Nosotros pensábamos hacer una denuncia formal ante la Procuraduría Agraria (PA) y había compañeros dispuestos a cerrar carreteras y hacer protestas porque; después de todo, ya estamos acostumbrados a perder”, expresó con desesperanza Ayala Mex.
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