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28 de octubre de 2019

Haití y la necesidad de otro mundo.

Por: Cristóbal León Campos / Por Esto!


Se inicia la séptima semana de protestas en Haití, cuyo ejemplo es el extremo de las consecuencias suscitadas por las políticas neoliberales aplicadas en América Latina; su condena arrastrada por siglos, lo sumerge en una constante crisis de gobierno y social. Durante todo el año de 2019, una cadena de manifestaciones itinerantes se han registrado, teniendo la común característica con los recientes acontecimientos en otros países latinoamericanos en el rechazo tajante a las medidas económicas implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el imperialismo estadounidense; pero en Haití, los causes se desbordan porque a diferencia de otros países, éste no ha tenido en décadas un periodo intermedio de estabilidad, aunque sea cierto también, que en muchos países (como Chile) ese periodo de estabilidad resultó ser más farsa que verdad, porque la pobreza extrema, la desigualdad, la violencia estructural, la sobre-explotación y el racismo son elementos que definen casi por norma la realidad de la nación caribeña, que además, carga sobre su espalda, una permanente campaña de ocultamiento por los grandes medios de comunicación, pues de las crisis, protestas y reclamos sociales en Haití no se habla, ni siquiera para descalificarlos y tergiversarlos; el silencio es tal que, verdaderamente, pone en entredicho la integridad humana. Haití es la evocación continua de la necesidad de construir otro mundo.

Las protestas reiniciaron por la escasez de combustible y el aumento de su precio, la falta de comida, medicamentos, gas, agua potable y por la devaluación de la moneda; esto agudizó la crisis económica que se vive en el país más pobre de Latinoamérica, donde la mayoría de la población sobrevive con dos dólares al día, o mucho menos. El pueblo ha tomado las calles para enfrentar al neoliberalismo, trabajadores y trabajadoras resisten la represión brutal que ha dejado muchos asesinados y encarcelados, mantienen la fuerza para continuar, varios sindicatos y el movimiento feminista junto a diversos partidos políticos se van agregando, la organización de base permite otorgarse solidaridad entre los desposeídos (algo que el poder burgués jamás comprenderá), el magisterio y los estudiantes se han sumado al paro general, el pueblo se agrupa bajo el nombre de Foro Patriótico que ha propuesto ante el deseo de renuncia del presidente, “un gobierno de transición por un período de tres años para atajar los problemas de hambre, miseria y desempleo que afecta a más del 80% de la población, y la reforma de las instituciones estatales según las necesidades de la población”. La lucha haitiana siempre tiene un toque más elevado en su densidad, pues no sólo se lucha por frenar medidas anti-populares, sino por sobrevivir como pueblo, nación y seres humanos.

Frente a las movilizaciones populares, el presidente haitiano, Jovenel Moïse, ha declarado que “no se encuentra aferrado al poder sino a las reformas que pretende implementar”, pero no dice que las reformas pretendidas son modificaciones constitucionales, modificaciones a la ley aduanera y del sector energético, todo, para seguir beneficiando a los saqueadores y explotadores; el presidente Moïse es acusado de corrupción y se ha exigido su renuncia, por lo que justifica su aferrado amor al poder diciendo que es necesario “ver cómo podemos sacar provecho de esta crisis, cómo hacer de esta crisis una oportunidad”, la realidad no es más que el cinismo de quien oprime, la oportunidad planteada es la permanencia de un estado de indefensión agudizado por la injerencia imperialista y neocolonial.

Haití es la muestra de la soberbia y la venganza, la primera colonia liberada de América es hoy el país más lastimado por todas esas viejas potencias nostálgicas de su hegemonía, la muestra es el botón de oro: Haití vive una ocupación desde principios del siglo XXI, con el pretexto del envío de “ayuda humanitaria”, una coalición de naciones la mantiene asediada, el aval de la ONU a esta condición es otra de las muchas incongruencias en el seno del organismo internacional, el pasado 17 de octubre la ONU dio a conocer la continuación de su política intervencionista con el programa BITUH, que dará continuación del MINUJUSTH que precedió a los Cascos Azules, quienes cometieron múltiples vejaciones contra el pueblo haitiano.

Una de las grandes movilizaciones que se han registrado en estas nuevas jornadas de resistencia, fue justamente dirigida a ese intervencionismo, los manifestante se dirigieron al cuartel general de la ONU, cerca del Aeropuerto Internacional de Puerto Príncipe, donde expresaron su repudio al apoyo del Grupo Central al gobierno de Jovenel Moïse, este grupo lo conforman nada menos y nada más que un representante especial de la Secretaría General de la ONU, los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, Francia, Estados Unidos y los representantes de España, la OEA y la UE, todos estos países y estas organizaciones guardan un silencio culposo sobre la real situación que se vive en Haití, donde todos, desde luego, son cómplices de la opresión de larga duración que ha padecido, todos se benefician y extraen grandes riquezas, el neocolonialismo es real, tan real como la bota imperialista en el mundo. Haití libra una larga batalla contra todo el sistema mundial y es olvidado por la gran mayoría de las naciones. Ya es tiempo de dar luz a la verdad en Haití y extremar las manifestaciones de apoyo, la liberación haitiana es también la emancipación de los pueblos latinoamericanos.

Ninguna solución favorable al pueblo haitiano vendrá de las políticas neoliberales impuestas por el FMI, el imperialismo y neocolonialismo. Haití, como toda Nuestra América, enfrenta el reto y la necesidad de construir un nuevo orden mundial, esta región del mundo está llamada a ser vanguardia en esta impostergable urgencia, la resistencia contra el neoliberalismo ha de conducir a los pueblos a la abierta crítica de todo el sistema capitalista y a la formulación de un proyecto emancipador global. El socialismo tiene que levantar la mano para dar cauce a las demandas sociales, reformularse para concretar el anhelo de un mundo realmente justo, libre y humano.

24 de octubre de 2019

Latinoamérica Vs. el neoliberalismo: capítulo Haití. Conversación con Lautaro Rivara.

Por: Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora / Todos los puentes.
 

Puerto Príncipe se encuentra paralizado. Escuelas cerradas al igual que los centros médicos y cualquier otro organismo estatal hace más de un mes. Un país invadido a través de la Minustah (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití). Las masivas movilizaciones del pueblo haitiano acorralan día a día al gobierno de Jovenel Moïse. Latinoamérica y otro capítulo en la lucha contra el neoliberalismo.

Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de Jean Jacques Dessalines, el esclavo que se convirtió en el líder de la revolución haitiana y su independencia, el país se encuentra en una abierta disputa en las calles entre un modelo que, al igual que en resto de la región, se arma de balas y va dejando muertos para imponerse, y un pueblo entero que en las calles rechaza las consecuencias del mismo. Hablamos con Lautaro Rivara, militante del Frente Patria Grande (Argentina). Miembro de la Brigada Dessalines, una brigada de solidaridad permanente de las organizaciones de Alba Movimientos y la Vía Campesina, que está próxima a cumplir los 10 años en el país.

¿Cuál es el estado actual de la situación en el país? ¿Cuáles son las causas de las actuales manifestaciones?

Actualmente estamos en una situación crítica. Entramos en la sexta semana de protestas del último ciclo de una larga crisis. Estas protestas surgen a partir de la crisis energética. Ésta generó un desabastecimiento del combustible en todo el país, y sus consecuencias, principalmente el encarecimiento de los precios a nivel nacional.

Esto en el contexto de un país con características fuertemente desiguales, activamente empobrecido por décadas de políticas coloniales y neoliberales, donde 70% de la población intenta sobrevivir con 2 dólares diarios.

Este ciclo de protestas es diario. Cientos de miles de personas diariamente salen en la capital y en los otros departamentos y demás ciudades del país.

Hace más de un mes que no hay clases, al igual que ocurre en centros de salud. Tampoco hay actividad en ningún organismo estatal. Mismo en los comercios. Están suspendidos los elementos que hacen a la vida cotidiana.

No está llegando la asistencia internacional. Ni alimentos ni agua, como pasa en el sudeste. Se está camino a una nueva y recurrente crisis humanitaria en el país.

El actual estado de situación tiene un origen histórico. El FMI fracasa en su viejo proyecto de armar el “Taiwán del Caribe”, como lo llamaron los Clinton, que básicamente es una maquiladora, una estación intermediaria de la cadena de valor. Maquilas, con un costo laboral extremadamente bajo. Trabajadoras y trabajadores que sólo estén confeccionando textiles y ensamblando piezas electrónicas para el mercado de EEUU. Con algunas pequeñas economías de enclave: turismo de lujo, paraísos fiscales, extracción de oro en el norte y la fuerte presencia del narcotráfico, un 12% de la cocaína consumida en Estados Unidos pasa por Haití.

Este es el modelo que está en crisis.

También hay otras variables que generan el rechazo y el malestar. Una de ellas es la corrupción endémica. El desfalco de fondos que llegaron al país en el marco de los acuerdo de Petrocaribe. Estamos hablando que de 3800 millones de dólares, 2 mil millones han sido malversados, según lo reconocen los propios informes oficiales, en los que se comprueba la participación del presidente y altos funcionarios del gobierno. Esto generó movilizaciones muy masivas en agosto de 2018. Más de un millón y medio de personas salieron entonces a las calles.
La situación económica del país es totalmente adversa, inflación del 20% anual, devaluación constante de la moneda. A esto se suma la crisis energética y se genera un combo que recae sobre una población que ya viene viviendo sin margen, sin margen para desarrollar su vida.
¿Cómo se llega a la actual crisis energética?

Este último ciclo de la crisis, la crisis energética tiene dos causas principales. Ambas externas. En primer lugar,  el FMI impulsa una política global de eliminación de subsidios al combustible. Al igual que en lo hizo recientemente en Ecuador, trajo esta política al país el año pasado. Se emitió un decreto en julio de 2018 para aumentar la gasolina un 50%. La respuesta fue inmediata, se generó una reacción popular de masas. Más de 1,5 millones de personas salieron a las calles. Se echó para atrás la medida y renunció el entonces primer ministro Jack Guy Lafontant.

Esta medida fue suspendida temporalmente. Se sabe que esta intención de aumentar los combustibles aun está presente. En ese marco el gobierno comenzó a retener el stock de combustible que tenia en las terminales portuarias, argumentando que no contaba con los fondos para pagar las importaciones, con la clara intención de avanzar en la eliminación de los subsidios.

La otra causa son los daños que genera la política injerista de EEUU en la región. El embargo sobre Venezuela impacta en Haití. El combustible que llegaba a través del circuito de distribución de Petrocaribe hoy ya no llega, lo que obliga al país a salir a un mercado en el que el Estado no puede pagar. Estas dos causas, las políticas globales del FMI y los impactos de la política de agresión a Venezuela, están detrás de esta última crisis energética que se está viviendo.

¿Cómo es la situación de las organizaciones del campo popular?

Es paradójico. Hay relativamente bajos niveles de organicidad, lo que responden a la precariedad material de la vida. Sin embargo tenemos un altísimo nivel de movilización popular y de conciencia política.

Se están viviendo protestas realmente masivas prácticamente todos los días. El dinamismo más claro esta dado por un sujeto joven de la periferia de la capital y de los grandes centros urbanos.

En términos políticos organizativos se han delineado dos grandes bloques de oposición en el país. Un primer bloque que podemos definir entre moderado y conservador, con sectores de extrema derecha adentro, que se llama “Alternativa Consensual”, hegemonizado por el sector Democrático Popular, la vieja clase política haitiana, que ha participado en gobiernos anteriores. Por otro lado hay otro gran espacio opositor que se conformó en agosto de este año, el Foro Patriótico, que aglutina a movimientos campesinos, sindicatos, movimientos de mujeres, de derechos humanos, organizaciones juveniles, estudiantiles. Este Foro Patriótico tiene un programa que contempla la construcción de un gobierno amplio, de coalición, un gran acuerdo nacional. Que atienda las urgencias del país en materia alimentaria, de salud, educativa. Se plantea una reforma del sistema político, principalmente el electoral, que esta viciado y controlado técnica y políticamente por Estados Unidos. El programa incluye el llamado a una Asamblea Soberana, una Asamblea Constituyente. Cambiar la estructura política del país y reorientarlo hacia otros objetivos, otro horizonte. Esta es la propuesta del Foro Patriótico, en donde participamos los movimientos del ALBA y Vía Campesina, y otras organizaciones.

¿Qué mensaje hay para las organizaciones del resto de Nuestra América?

Llamamos a la solidaridad. La comunidad internacional se identifica en Haití por aquellos que justamente no son tal comunidad, sino la articulación de los intereses de algunas potencias como EEUU, Francia, Canadá. Hacemos un llamado a la otra comunidad internacional, la que representan los gobiernos revolucionarios, los gobiernos progresistas, los movimientos sociales, las organizaciones populares, los movimientos de los derechos humanos, a que no le saquemos los ojos a Haití, que está en una situación crítica y dramática, y a la vez esperanzadora. En ningún lugar hay movilizaciones de esta magnitud y radicalidad que enfrente sostenidamente la represión que ya se ha cobrado muchas vidas. Con un pueblo con alto nivel de conciencia y un historial de lucha enorme. Es dado esperar que se produzcan grandes transformaciones en el país. Es una zona estratégica en el Caribe. Es importante desestabilizar las políticas coloniales en las periferias.

Es necesario visibilizar la situación, deconstruir las marañas de mentiras históricas sobre el país, romper el cerco mediático que se monta alrededor de las luchas que está haciendo este pueblo, es desde las sombras que el imperialismo ha hecho sus peores atrocidades, como se viene haciendo en Haití desde la invasión de la Minustah (Misión de las Naciones Unidas en Haití).

El pueblo que hizo la primera de las revoluciones sociales en el continente puede alumbrar la segunda para el tiempo que vendrá. Es necesario la solidaridad y el apoyo activo.

16 de octubre de 2019

Una crisis sin precedentes.

Por: François Bonnet / VientoSur.
Traducción: VientoSur.
 

Los manifestantes piden la renuncia del actual presidente Jovenel Moise y la celebración de juicios a los malversadores. | Foto: EFE.


“Haití ha conocido muchas dificultades, muchas crisis, pero esta sobrepasa todo lo que hemos conocido. Esta es mucho más grave”, afirma Pierre Espérance, contactado por Mediapart en Puerto Príncipe. Es uno de los responsables de una asociación respetada, la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH). “Este poder organiza la inseguridad, se burla de la democracia y viola sistemáticamente las leyes, los derechos políticos y sociales”, añade Pierre Espérance.

La RNDDH publicó el jueves, 3 de octubre, un balance de los motines y manifestaciones que han paralizado completamente el país desde el 16 de septiembre. Del 16 al 30 de septiembre, “al menos han matado a 17 personas […] y al menos otras 189 han resultado heridas”, señala la asociación, que denuncia la violencia de la policía nacional haitiana, “los disparos con fuego real, las brutalidades policiales, el empleo abusivo de gases lacrimógenos y todos los demás actos represivos”.

Ahora que se acerca el décimo aniversario del terremoto de enero de 2010, que causó la muerte de más de 250.000 personas y redujo el país a escombros, Haití vive una crisis política que lo aboca al caos. El viernes, 4 de octubre, después de dos días de calma, se produjeron nuevas manifestaciones en todo el país. Desde comienzos de año, esta crisis contabiliza decenas de muertos y centenares de heridos.

Haïti lok”, Haití bloqueado. “Ya no funciona nada, en vez de reforzar las instituciones, el poder prefiere reforzar a las bandas y opta por la violencia”, asegura Pierre Espérance. “Tenemos un presidente fantoche y un Estado fallido”, añade el famoso novelista Gary Victor. Este último forma parte de la decena de escritores (Yanick Lahens, Lyonel Trouillot, Kettly Mars, James Noël…) que acaban de lanzar un llamamiento “a la ciudadanía del mundo para que apoye la causa haitiana”.

Elegido en noviembre de 2016, el presidente Jovenel Moïse ya perdió toda su credibilidad pocos meses después de ocupar el cargo en febrero de 2017. Este desconocido de 51 años, alzado a la presidencia por su predecesor Michel Martelly y sostenido por EE UU, fue elegido ya en la primera vuelta, aunque con una participación oficial del 21 % al término de un escrutinio muy controvertido. El año anterior, unos comicios presidenciales que ganó fueron anulados debido a las irregularidades detectadas.

Este hombre de negocios, productor y exportador de bananas, no ha conseguido nunca que le aprobaran un presupuesto. El país vive hoy con un parlamento paralizado, un gobierno en funciones, un primer ministro en funciones y un presidente virtualmente desaparecido. El jueves, 3 de octubre, Jovenel Moïse hizo su primera aparición sobre el terreno desde hacía unos dos meses: un alto de 55 segundos de duración en una calle de Petion-Ville, el barrio elegante en la parte alta de Puerto Príncipe, para dar algunos apretones de manos, rodeado de una guardia personal armada hasta los dientes.

El 25 de septiembre, después de diez días de disturbios y violencias, decidió intervenir en directo en la televisión nacional para llamar a la constitución de “un gobierno de unión nacional”. Pero lo hizo a las 2 de la madrugada, cuando el país duerme y la electricidad está cortada en numerosos barrios, sin hablar ya del mundo rural. En lo esencial, el presidente se manifiesta a través de su cuenta de Facebook, que por cierto es esquelética. Su repentino llamamiento a la unión resultó totalmente irreal, habida cuenta de que quienes le apoyan y los responsables del partido presidencial, el PHTK, están acusados de cometer las peores violencias. Dos días antes de su discurso nocturno, un senador de su partido desenfundó su pistola y disparó contra los manifestantes que se apelotonaban delante de su automóvil dentro del recinto del parlamento. Dos hombres resultaron heridos, uno de ellos un fotógrafo de la agencia AP. “La legítima defensa es un derecho sagrado”, se defendió después Jean-Marie Ralph Fethière.

El suceso podría ser un episodio rápidamente olvidado si no reforzara las acusaciones formuladas por numerosos observadores, periodistas y asociaciones. Además de la policía, que puede violentar a los manifestantes sin temor a ser inquietada, al parecer determinados círculos del poder financian y arman a bandas criminales, cuya presencia siempre ha sido una constante en Haití. La red RNDDH señala que “individuos armados, partidarios del poder, participan activamente en las operaciones policiales. Los utilizan para atacar violentamente las manifestaciones antigubernamentales”. Como prueba de esta afirmación, la asociación publica una fotografía de la asunción del cargo de un delegado del partido en el norte de la isla, el pasado 30 de septiembre: el hombre aparece rodeado de una milicia armada.

Asimismo, crecen las sospechas sobre la implicación de personas cercanas al poder en la masacre de La Saline que se produjo hace un año. El 10 de noviembre de 2018, pocos días antes de una nueva manifestación, una banda criminal ejecutó a 73 personas por lo menos y cometió violaciones en La Saline. Mucha gente vio en ello una estrategia del terror para “quebrar el ímpetu de la movilización contra el poder en este barrio conocido por su hostilidad al presidente Jovenel Moïse”, según el novelista. Una investigación patrocinada por Naciones Unidas todavía no ha concluido a fecha de hoy.

En este clima insurreccional, los partidos de oposición rechazan toda negociación y exigen la dimisión del presidente y la disolución del Parlamento. No son los únicos. Después de haber reclamado durante un tiempo un diálogo, un buen número de iglesias exigen a su vez la retirada de Jovenel Moïse, al igual que muchos músicos, artistas y escritores que multiplican los llamamientos.

El programa PetroCaribe o el robo del siglo

“Hoy todas las instancias de la vida nacional, los representantes de todos los cultos, las entidades de defensa de los derechos humanos, los profesores de universidad, colectivos de artistas y de intelectuales, los partidos de oposición de todas las tendencias, los sindicatos y asociaciones del sector empresarial reclaman la dimisión del presidente y de lo que queda del parlamento”, afirman los escritores en el llamamiento antes citado.

“El ejecutivo, y quienes le apoyan, resisten mientras numerosas comisarías de policía son atacadas, empresas privadas se ven saqueadas, instituciones públicas están siendo devastadas y manifestantes son recibidos con balas”, señala el periodista Frantz Duval en el mayor diario de la isla, Le Nouvelliste. La crisis actual ha estallado a raíz de las penurias reiteradas de carburante en agosto y de la revelación de nuevos escándalos de corrupción. Por ejemplo, el caso de cinco diputados que explicaban que los habían comprado por 100.000 dólares a cambio de un voto favorable al primer ministro…

Sin embargo, en realidad el origen de esta crisis se remonta a julio de 2018, cuando el poder anunció que dejaría de subvencionar el carburante, provocando aumentos del precio de cerca del 50 %. En el país más pobre de América, donde “más de la mitad de la población sufre inseguridad alimentaria crónica”, según el Programa Alimentario Mundial, y donde la clase media embrionaria se ve golpeada de lleno por una inflación del 20 %, el anuncio sirvió de detonador.

Porque al mismo tiempo la población salía a manifestarse para denunciar el robo del siglo, es decir, el escándalo de PetroCaribe. Este programa de ayuda masiva, lanzado por la Venezuela de Hugo Chávez, llegó a representar hasta el 25 % del Producto Nacional Bruto de Haití, según un informe del Banco Mundial. Consistía en el suministro de petróleo a precios de saldo y permitió a la hacienda pública haitiana ingresar más de 2.500 millones de dólares de 2008 a 2016. La mayor parte de estos recursos, que debían destinarse a financiar proyectos humanitarios y la reconstrucción del país después de 2010, se la embolsaron diversos ministros, responsables políticos y empresarios amigos.

Después de numerosas auditorías e investigaciones del senado haitiano e internacionales, la publicación, en enero de 2019, de un largo informe del Tribunal de Cuentas dio una nueva dimensión al escándalo. Dicho informe es todo un manual de instrucciones detallado de la corrupción y de la violación de todos los procedimientos administrativos. Y los autores de estos desvíos de fondos masivos se citan nominalmente: una decena de ministros, diversos diputados, alcaldes, etc., así como los empresarios que controlan una parte de la economía de la isla.

Entre ellos figura nada menos que el presidente Juvenel Moïse. Su empresa agrícola y de importación-exportación se hizo con dos contratos (al igual que los demás, al margen de cualquier formalidad): uno relativo a la instalación de farolas solares (de las que se han suministrado menos de la mitad) y otro sobre la rehabilitación de una carretera, facturada dos veces y nunca realizada… El 31 de mayo se publicó una segunda parte del informe.

Hoy es un país entero el que se alza contra la corrupción. A partir de un simple tuit que decía “¿Dónde está el dinero de PetroCaribe?”, publicado por un cineasta de 35 años, Gilbert Mirambeau, desde hace un año ha venido desarrollándose un vasto movimiento que exige que se inicie el proceso de PetroCaribe. Los PetroCaribe Challengers se han convertido en una poderosa fuerza que obliga a los partidos de oposición a ocuparse de una corrupción que pone de rodillas al país y alimenta la violencia.

PetroCaribe había reforzado la popularidad de Chávez y de Venezuela en Haití. Al desvío de fondos de la ayuda se añade lo que se considera una puñalada trapera: en enero y más recientemente, el 11 de septiembre, el presidente Jovenel Moïse votó en contra del régimen de Maduro en la Organización de Estados Americanos (OEA). Dicho voto es el resultado de una petición directa del gobierno estadounidense y John Bolton, entonces consejero de Donald Trump, lo reconoció abiertamente.

Para los actores de la sociedad civil, las activistas, los responsables de la oposición, Jovenel Moïse solo se sostiene actualmente gracias al apoyo de los EE UU de Trump y del Brasil de Bolsonaro. La ONU llama “a la calma y al diálogo”, Europa y Francia hacen lo mismo, pero su opinión apenas pesa nada en este país que EE UU siempre ha considerado su patio trasero después de haberlo ocupado de 1915 a 1934.

http://alter.quebec/haiti-une-crise-sans-precedent/

Haití al borde de la guerra civil.

Por: Lautaro Rivara / Todos los puentes.

La crítica situación haitiana hace tiempo que está madura para un cambio. Pero la maduro comienza a pudrirse. La crisis parece no tener fin, y la situación social, política y económica alcanza una gravedad sin precedentes, aún para la habitualmente convulsionada nación caribeña. Ya son cuatro las semanas del último ciclo de intensa conflictividad social, seis las semanas de crisis energética, y el plazo supera el año y medio si consideramos la inestabilidad política y social generalizada.

Tres perspectivas se desprenden de la situación actual: la posibilidad de una cada vez más  improbable estabilización conservadora con la continuidad presidencial o con un recambio controlado de figuras; el inicio de una transición política de ruptura que expresaría la disputa entre los diferentes sectores, clases e intereses que componen una oposición por demás diversa y contradictoria; o el fatal desenlace de una guerra civil, conforme los niveles de violencia social y la represión policial y parapolicial comienzan a desbocarse.

Las tentativas imposible de estabilizar el país

Los intentos de estabilización conservadora del país tienen dos grandes promotores. Por un lado el propio presidente Jovenel Moïse junto con su mentor y ex presidente Michel Martelly. En un movimiento coordinado, el presidente de la Asamblea Nacional, Carl Murat Cantave, se posicionó por un diálogo en el país, poco antes de que el gobierno anuncie la enésima Comisión montada para facilitar un diálogo rechazado de forma unánime por todos los sectores de la vida nacional. La Comisión nació muerta, dado que todos y cada uno de sus miembros son parte del actual o bien del anterior gobierno: Evans Paul, ex Primer Ministro; Rodolphe Joazil, antiguo presidente de la Asamblea Nacional; Liné Balthazar, presidente del partido oficialista, etc.
El sistema político construido tras la caída de la dictadura de Jean-Claude Duvalier, y las décadas prácticamente ininterrumpidas de políticas económicas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Departamento de Estado norteamericano, han tocado fondo.
Por otro lado, la oposición conservadora aglutinada en la llamada Alternativa Consensual, respondió rápidamente poniendo en pie un espacio paralelo, llamado Comisión de Apoyo para el Traspaso del Poder. La misma afirma que sólo negociará las condiciones de una salida «pronta y ordenada» del actual presidente Jovenel Moïse, y se propone elegir en su reemplazo a un juez de la Corte de Casación. La otra figura ejecutiva, que se estima tendrá aún más poder que dicho juez, sería un Primer Ministro surgido de las filas del Sector Democrático y Popular, el sector más poderoso y dinámico de la mencionada Alternativa Consensual. Esta salida implica, virtualmente, un mero recambio presidencial que dejaría intactos los principales resortes del sistema económico y político que ha conducido al país hacia el abismo. Esta la estrategia que ya suscriben algunas naciones influyentes como Francia y Canadá, las cámaras de comercio nucleadas en el Foro Económico Privado, y diferentes familias de la oligarquía tradicional como la que expresa Reginald Boulos, dueño de importantes cadenas de supermercados y concesionarios de autos.

Una transición de ruptura

Sin embargo, todo parece indicar que las motivaciones profundas de las protestas que sacuden al país ya han superado la perspectiva única de forzar la dimisión del presidente, e incluyen otras reivindicaciones. El sistema político construido tras la caída de la dictadura de Jean-Claude Duvalier, y las décadas prácticamente ininterrumpidas de políticas económicas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Departamento de Estado norteamericano, han tocado fondo. Las últimas movilizaciones tuvieron en los diez departamentos del país un notorio carácter anti-imperialista. Se trató de protestas de rechazo a la injerencia internacional, dado que los países y los organismos supranacionales nucleados en el Core Group venían de ratificar su apoyo a Jovenel Moïse. Por eso diferentes columnas de manifestantes se dirigieron directamente hacia la sede de la Misión de las Naciones Unidas para la Justicia en Haití (MINUJUSTH) y a la embajada estadounidense.

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El otro gran espacio opositor construido al calor de la crisis, el Foro Patriótico, propone lo que sus principales dirigentes llaman una «transición de ruptura». Este espacio sesionó en la localidad rural de Papaye a fines del pasado agosto, y ha conformado un Comité de Seguimiento Nacional para ejecutar y monitorear las principales resoluciones adoptadas. En ese sentido, Camille Chalmers, economista y uno de los referentes del espacio, destacó la organización de Comités departamentales para centralizar y potenciar las movilizaciones, la propuesta de un gobierno de transición formado por un Consejo de Gobierno de tres miembros en lugar de un presidente, y la construcción de un órgano de control con representantes de los departamentos. De esta forma, afirmó Chalmers, «se tendrá la garantía de una transición controlada por los actores nacionales, y el comienzo de una reforma profunda del sistema político y económico». Del Foro Patriótico hacen parte más de 60 organizaciones, entre movimientos sociales campesinos y urbanos, partidos políticos de izquierda, sindicatos y centrales sindicales, organizaciones juveniles y de mujeres, coaliciones democráticas y progresistas, etc.

La represión policial y la guerra de baja intensidad

Lo que sucede en Haití comienza a asemejarse a una guerra civil de baja intensidad en la que sin embargo no se enfrentan dos ejércitos, sino un gobierno y la maquinaria estatal contra la inmensa mayoría de la población. El día de ayer fue asesinado otro periodista, quien fue encontrado en el baúl de su auto con dos impactos de bala en la cabeza en la localidad de Bayas. Se trata de Nehémié Joseph, periodista de Panik FM y corresponsal de Radio Méga en la región central del país. Joseph había sido ya amenazado por miembros del partido de gobierno. Sus análisis de la actualidad nacional y su incisivo trabajo como corresponsal irritaban a las autoridades. Incluso habían sido organizadas protestas para evitar su nombramiento en la sede regional de la Oficina Nacional de Seguros de la Vejez (ONA, por su sigla en francés).
77 personas fueron asesinadas ya en lo que va del año en el contexto de las protestas, la mayoría por represión policial o de grupos irregulares
Según la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos de Haití, 77 personas fueron asesinadas ya en lo que va del año en el contexto de las protestas, la mayoría por represión policial o de grupos irregulares. Al momento de escribir esta nota, otro joven acaba de ser asesinado en Saint Marc, en el departamento Artibonite, por un disparo en la cabeza de la Policía Nacional. Incluso hay quiénes alertan que de nuevo han comenzado a ser introducidos en el país mercenarios norteamericanos para operativizar una represión selectiva en las comunidades y barrios más movilizados. Pese a la dificultad de confirmar dicha información, cabe destacar que eso mismo sucedió en febrero de este año, cuando un grupo de ex militares estadounidenses fueron detenidos en Haití en portación de armas de alto calibre y tecnología militar de punta.

También el día de ayer, bandas criminales atacaron un vehículo y secuestraron un autobús que se dirigía hacia Jérémie, capital de Grand-Anse, dejando un saldo de cuatro heridos. Como sucedió en octubre y noviembre del año pasado en los momentos de alza de la movilización, el crimen organizado directamente ligado al poder político es estimulado para sembrar terror en la población y obstaculizar el desarrollo de las protestas. Pese al incremento de la represión escasos organismos internacionales de derechos humanos se han posicionado sobre la crisis. Los actores locales temen, a su vez, que la violencia desatada sirva para justificar nuevas intervenciones internacionales violatorias de la soberanía nacional.
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