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4 de octubre de 2019
Los cuatro proyectos ganadores del Premio Gabo 2019.
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11 de septiembre de 2018
Las caras de La Moneda.
Alejandro
Fernández Allende es nieto de Salvador Allende e hijo de Tati Allende,
revolucionaria chilena y aliada del Che. La presentación de la biografía
que rescata la figura insurrecta y olvidada de su madre fue el
disparador para conversar sobre su niñez marica en la opresiva
Cuba de los 80, su presente como loca suelta en Nueva Zelanda y el
entramado de la historia de su familia, con el que mantiene una relación
de develamiento lleno de espectros, legados y secretos.

Así es que la Tati salió de La Moneda pistola en mano, confundiendo el territorio con el cuerpo del enemigo, que estaba ya por el cielo con sus bombas. Salió con idéntica desesperación que cinco años antes, cuando supo de la muerte en Bolivia de su compañero de lucha el Che, y tuvo enseguida que ayudar a toda la avanzada guerrillera a escapar del sur del continente por el Pacífico. Cuando 1977 se suicidó en La Habana dejó una carta a Fidel, en la que explicaba que su espíritu insurrecto había quedado echado en las calles de Santiago de Chile, y que el exilio cubano le impedía rescatarlo. Como en el samurai, la vida encontraba en ella su sentido ético y estético en la muerte bajo la acción. Es por eso que el suicidio meditado, en el universo revolucionario, está visto como una decisión mezquina. Se muere en combate y antes de ser capturado por el enemigo. En Cuba nunca se admitió que Salvador Allende se disparó en La Moneda antes de ser rematado por la horda militar (la segunda exhumación del cadáver, en 2011, reveló la verdad de esa secuencia a forenses de varios países: “Fue la única vez que vi a mi abuelo”, dice Alejandro).
Hace unas semanas se presentó en Santiago, a través de editorial Pehuén, la biografía Beatriz “Tati” Allende, la revolucionaria olvidada, escrita por el historiador Marco Álvarez. Alejandro colaboró con fervor a través de su testimonio y las lecturas, y estuvo como presentador del libro en Santiago. De por sí el atributo “olvidada” del título asigna a la segunda hija del expresidente socialista una categoría subalterna, que la separa del resto de la familia superviviente, desde hace tiempo incorporada a la clase política chilena (la hija menor, Isabel, es Senadora y la hermana de Alejandro, Maya, preside la Cámara de Diputados). Alejandro Fernández Allende, el hijo varón que viene conversando con el espectro materno desde el suicidio –un espectro que pudo ver en vivo bajo el efecto de la ayahuasca– mantiene con su propia historia una relación de develamiento. Debió interpretar el legado del abuelo y de la hija inseparable, su madre, bajo sus propias condiciones de existencia: ser homosexual en Cuba en los años ochenta y noventa –y a la vez nieto de un héroe socialista– era un calvario, en Chile una sobreexposición permanente, y en Nueva Zelanda, donde vive desde hace casi veinte años, trabajando en una empresa de seguros de viaje, con el alivio de pareja incluida. Ramón Carney (Ramón por un actor mexicano que su madre, neozelandesa, admiraba), su compañero en ese país desde hace quince años, nos observa sin entender la lengua de nuestra tertulia en la casa de Don Salvador.
Sos como un Hamlet en desvío, debatís con el fantasma de tu madre en lugar del paterno, y tu Ofelia tiene nombre de varón.
Cuando mamá se suicida yo tenía poco menos de cuatro años. Y recién a los quince pude leer la carta en la que explicaba su decisión. Nos había dejado a mi hermana Maya y a mí porque ya no podía soportar la tristeza de estar lejos de su país para liberarlo de Pinochet. Jamás se perdonó haberle hecho caso a Allende en La Moneda y escapar. Y creo que, además de liberarlo, quería volver a su país para vengar al padre. Siempre digo que era una Electra en ese vínculo tan intenso. Como estricta revolucionaria, la muerte para ella era un don si uno muere en el campo de batalla. Imaginate lo que había sido su convencimiento guerrillero, ya a los veinte: fue una de las fundadoras del Ejército de Liberación Nacional, recibió entrenamiento militar en Cuba, donde conoció al Che, con quien tuvo un amor platónico, y se intercambiaban más tarde información de Chile a Bolivia en código morse. El Che era el sentido de la revolución, su héroe. Cuando llega la noticia del asesinato se encierra en el baño a llorar y gritar. Pero de inmediato se pone a planificar la huida de los compañeros que estaban en Bolivia, ella misma desde la frontera. Mi padre, que fue servicio de inteligencia cubano en Chile, me dijo una vez “tu madre era demasiado radical, no he visto nadie tan apasionado por la revolución”. Creo que en cierta manera lo asustaba.
¿Qué reacción tuvo tu padre cuando le dijiste a los dieciséis que eras homosexual?
Me dijo “si en este país no te gustan las mujeres estás jodido”. En Cuba la homosexualidad era tabú, perseguida, aunque se cogiera a diestra y siniestra, y entre locas y padres de familia. Como suele pasar en las sociedades latinoamericanas represivas. Pero guay de que pretendieras llevar una vida como maricón. De todos modos, mi padre era un actor secundario en mi vida. Cuando Fidel lee en la carta de mi madre el pedido de que mi hermana y yo no quedásemos bajo custodia suya, porque era un hombre alcohólico y mujeriego, enseguida cumple. Así, nos cría Mizti, la hermana de la Payita (Miria Contreras), la secretaria y pareja real de mi abuelo, también exiliada en Cuba. Porque la abuela Tencha (Hortensia Bussi de Allende), que se refugió en México con sus otras dos hijas, en realidad había mantenido a lo último con el Chicho (Allende) solo un vínculo institucional. Nunca dejaron de vivir juntos, se tenían cariño, pero el matrimonio había terminado.
¿Sentís que Cuba te escamoteó la revolución, al no admitir tu diferencia, como le pasó a Pedro Lemebel?
En ese entonces era imposible estar en paz con uno mismo siendo homosexual en Cuba. Mantenerse en el secreto era la manera de subsistir. Pero en esas sociedades de vigilancia extrema, el ojo omnipresente, aunque no nos mire, nos mira. Cuando era muy niño me gustaba vestirme con ropa de mi mamá y de Mitzi –me gusta decir que tuve una niñez de cross dresser– pero a medida que crecía se me hizo intolerable ir descubriendo que era marica, y que eso era permanente. De adolescente probé con novias, pero el deseo original seguía. Además, con la conciencia del legado de Allende; todo se complicaba. A los doce pensé en matarme. Pero sentí que Tati, muerta, me detenía. La última vez que vi a Mitzi, cuando ella decide regresar a Chile porque estaba muriendo de cáncer, me preguntó si me gustaban los hombres. Y yo le respondí que no. Ella insistió en que me iba a querer de todas maneras. Me estaba dando permiso, y yo no lo tomaba. Tanto era mi terror.
Hubo una alianza entre tu madre y vos, entre una mujer indomable y un chico que se enojaba por tener que crecer en el secreto...
Veo hoy a mi madre como una feminista que no supo que lo era. Que, como yo, tuvo que lidiar con el machismo cubano. En Chile había cargado sobre su espalda una misión histórica que no era precisamente común en una mujer, y tan joven. Cuando llegó a Cuba los líderes la nombraban como “la hija de Allende”. Y ella se ponía de culo: “Perdonen, pero yo soy Beatriz”. Y sí, entre padre e hija había un amor inmenso pero también autonomía y desacuerdo. No veían el proceso histórico de la misma manera. Chicho creía en cambios radicales pero dentro de las instituciones de la democracia tradicional, y Tati era una profeta de la revolución armada. Cuando salió el proyecto de la biografía, y conversamos con Marco Álvarez sobre su vida, fui tomando junto con él conciencia de la verdadera magnitud de mi madre. Cómo había sido dejada de lado en el relato de la historia, un silencio saturado de ideología e intencionalidad porque fue una personalidad demasiado radical y además suicida, y asumí su rescate como deber amoroso. Ahí ves como la alianza simbólica se devela en lo concreto. Como cuando en Cuba el gobierno decidió que Maya y yo nos llamaríamos Allende Fernández, invirtiendo el orden de los apellidos, y nosotros volvimos a darlo vuelta en 1992, ya en Chile. ¿Qué pretendían? ¿Crear una dinastía patriarcal revolucionaria a partir del apellido de mi abuelo? Además el apellido Fernández tiene un origen falso. Como mi padre era servicio de inteligencia, le cambiaron el nombre. El de nacimiento era Gallart Grau, pero un servicio tiene que asumir de por vida otra identidad. Mi vida también fue una fuga de identidades y de territorios. Un exilio permanente, en etapas.
En ese diálogo continuo que entablaste con tu madre, ¿le reprochás la obcecación en quedarse en La Moneda durante el ataque, con vos en la panza, y después el suicidio? Es una pregunta jodida, ya lo sé.
Mirá, no tengo nada que demandarle a mi madre. Su corazón era revolucionario. Para mí es un orgullo su manera de entregarse a lo que creía una misión histórica, por la que valía la pena el sacrificio. Ella era muy extrema, y a la vez muy sensible y humana. No soportó el exilio. Si el Che habló del Hombre Nuevo, hay que decir que la Tati era la Mujer Nueva, en una Cuba que era misógina y homofóbica. Yo amo a mi madre con desacuerdo en su visión del mundo. No soy un revolucionario, me siento cómodo en Auckland. Quizá porque crecí en una Cuba tan rígida, donde la felicidad para el que no encuadra es un trabajo demasiado duro. Buena parte de mi generación tiene hoy una mirada crítica y muchos reclamos. Sé que las cosas se han modificado, que las locas viven con mucha más libertad –vi a chicos besándose en el malecón de La Habana– sobre todo gracias a la militancia lgtbi de Mariela Castro, la hija de Raúl. La Tati hoy estaría contenta de que, a pesar de no coincidir en lo ideológico, volví a Santiago a presentar su biografía de revolucionaria. Su vida sale por fin del confinamiento y del olvido. Y me imagino que debe ver huellas de sus rebeldías en todo el proceso que me llevó a asumir mi sexualidad y hacerla pública, siendo el nieto de Salvador Allende, y nacido en Cuba.
¿Cómo fue tu proceso de coming out cuando regresaste a Chile, en una década menos favorable a ese gesto como los noventa?
Con Tencha, mi abuela, teníamos unan relación muy cercana cuando volví a Chile. De hecho me fui a vivir con ella cuando me puse a estudiar periodismo. Cuando estaba terminando la carrera y ya le había contado a muchos de mis compañeros y a todos mis amigos, entré a la casa y fui directo a ver a mi abuela: “Tencha, tengo que hablar contigo”. Mi abuela estaba viendo una película y me dijo que si no era importante habláramos más tarde. “Tencha, soy homosexual”. Ella ni se pasmó, se quedó unos segundos en silencio y me dijo “Ya lo sabía”. Entonces me hizo gracia y le pregunté si le parecía yo muy maricón: “Es que solo te veo con amigos varones, y ni una novia”. En fin, si eso fue por primera vez en el ámbito de la familia, más tarde se hizo público cuando el diario La Tercera publicó una entrevista de varias páginas que tituló algo así como el nieto gay de Salvador Allende. El autor me persiguió meses online cuando yo ya vivía en Auckland. Finalmente acepté. Las cartas al director publicadas luego, y la reacción de la derecha fueron tremendas, pero me dieron la posibilidad de defenderme en el diario, respondiendo los ataques. Además, el Movilh (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual) y otras organizaciones fuera de Chile. El escándalo duró como un mes, y por suerte yo estaba viviendo ya en Nueva Zelanda. Creo que fue un gran aporte al movimiento lgtbi.
¿Pensaste en contraer matrimonio con Ramón? ¿Cómo te llevás con los nuevos derechos lgtbi?
Con Ramón tenemos una pareja abierta desde hace mucho. Lo conocí en un website, y después de mucho sexo nos fuimos a vivir juntos. Y sí, ya te imaginarás que tengo muchos amantes, en una sociedad tan diversa como la de Auckland. Maoríes, árabes kiwis. Realmente nunca he creído en el matrimonio y menos en la monogamia, pues me parecen construcciones sociales añejas, alejadas de la naturaleza humana. Pero celebro que las personas lgtbi puedan casarse, si es que lo desean.
En Alejandro, como en todas las locas, la solemnidad es un vestido
fino de ocasión. Nuestras vidas están hechas de identidades aéreas, y
tuvimos que aprender a bailar hasta sobre un volcán. Como nadie, sabemos
que los roles a los que uno se apega por momentos son máscaras. Esa
tarde en la casa de Salvador Allende, donde a la mesa del almuerzo está
todavía sentada la familia del prócer socialista, mi entrevistado y
amigo me hace levantar de la silla para llevarme a recorrer los
espacios preferidos del abuelo: la biblioteca, donde me hace sentar para
el mariconeo (“mi abuelo, de haber sido un tema de debate público en la
época en que vivió, hubiera apoyado el movimiento de liberación
nuestro. Era muy progresista en todos los aspectos, y muy sensible.
Tenía excelente buen vínculo con artistas que sabía que eran gays”); el
jardín trasero, en cuya medianera había una puerta secreta por donde– me
cuenta en registro de chisme– entraba la Payita a encontrarse con el
presidente; el pequeño balcón del segundo piso donde saludaba a los
vecinos o militantes cuando se despertaba, y donde ahora yo saludo a la
nada. Lo único verdadero en este instante es el espectro de Salvador
Allende y el de la Tati subiendo y bajando las escaleras.


1 de agosto de 2018
Prostitución en Cuba: miradas de fondo desde los feminismos poscoloniales.
Por: Rosa Campoalegre / Cuba Posible.
![]() |
| Foto: Pedro Szekely. |
La prostitución ha generado históricamente profusos
debates que recorren las familias, las políticas públicas y las
ciencias. Las rutas de estos debates muestran el conflicto entre
concepciones polarizadas sobre: sexualidad y géneros, libertad y
opresión, evidenciando mitos y realidades en las variantes de
prostitución, cuya evolución va de la mano del desarrollo de la
denominada “industria sexual”. Múltiples han sido las teorías, polémicas
y estrategias de respuestas el fenómeno social en estudio. Sin embargo,
esta vez se sugiere a las lectoras y los lectores una mirada poco
usual, anclada desde los feminismos poscoloniales latinoamericanos y
caribeños.
Se trata de un posicionamiento epistemológico que
permita de/construir enfoques, prácticas cotidianas e imaginarios
sociales sobre el tema. Valdría cuestionarse por qué son precisamente
estos feminismos el punto de partida en el análisis. La respuesta a tal
interrogante distingue la posición contrahegemónica que los define como:
“Una metodología revolucionaria para la despatriarcalización de la vida
cotidiana hasta la letra.” (Paredes, 2010:1).
El moderno sistema colonial de género profundiza los
vínculos entre el patriarcado como cultura de la dominación y la
prostitución, que es una pieza clave en el mantenimiento de esa
opresión. Luchar contra el patriarcado es replantear el enfoque y
colocar a la prostitución de manera diferente en la agenda nacional de
justica social.
Se asumen los feminismos poscoloniales en su doble
aspecto al constituir simultáneamente un lugar de enunciación y un campo
de acción, más bien campo de batalla, desde el paradigma emancipatorio
de la Epistemología del Sur (De Sosa, 2011) , cuya exigencia distintiva
es “reinventarnos” y, con ello, transformar nuestras prácticas y así
mismos/as.
Aquí el Sur es visto más allá de lo geopolítico para
multiplicarse simbólicamente en escenarios de sufrimientos, opresiones y
resistencias, conformando la diversidad de “sures” que habitan desde el
espacio local al global -con sus marcadas diferencias y conexiones- de
las que Cuba hace parte. Advierta que el fenómeno de la prostitución y
en particular las personas que la ejercen, también integran “un sur”,
“en el Sur”.
De ese modo, el debate es instalado tomando en
consideración las siguientes interrogantes: ¿es la prostitución lo que
habitualmente se define como tal?; ¿Qué tendencias caracterizan su
afrontamiento?; ¿Cómo se encuentran y desencuentran eufemismos y
emergencias, hegemonías y resistencias en este tema?; ¿Cuáles son las
nuevas alternativas emergentes? La invitación es a narrar la historia
desde otro lugar: hacia alternativas de cambio.
Violencia o trabajo: realidades, discursos y cuerpos en tensión
El debate feminista acerca de la prostitución refleja un
planteamiento dicotómico asentado en los polos “violencia” y “trabajo”
(Morcillo, 2014). En torno a qué es “prostitución”, giran puntos de
vistas muy diversos, que generan tensiones ilustrativas de nudos de
disensos hasta el conflicto: ¿es la prostitución compra y venta de
placer o de personas? ¿Placer: para quién y para qué? ¿Es trabajo sexual
o esclavitud? ¿Es delito o conducta “antisocial /peligrosa”?
Enmascarada bajo servicios sexuales, en
realidad, la prostitución compra y vende personas. No obstante, el
término de trabajo tiene la intención de dignificar. Sin embargo, lejos
de hacerlo crea eufemismos que generan más patriarcado en el imaginario
social, silencia las violencias típicas de la prostitución, refuerza
mitos y prejuicios en torno a ella, y naturaliza esa forma de
explotación mediante ropajes protectores a través de reglamentaciones.
De igual modo, considerar que la prostitución es trabajo sexual, limita
sensiblemente las bases de la ciudadanía, pues legitima la existencia de
ciudadanos/as de “segunda clase” al valorar como mercancía a los
cuerpos, a la sexualidad y a los derechos asociados. ¿Pueden existir
derechos y garantías erigidas sobre tal desequilibrio del poder?
Al respecto, destaca el punto de vista de Kaisa Ekis Ekman (2014:47), quien alerta:
“Para mí la prostitución nunca va a ser un trabajo como cualquier otro, no solamente porque las cifras demuestran que dentro de la prostitución se halla también la violencia…… sino porque en las prostitutas la tasa de mortalidad es 40 veces más alta que entre las mujeres fuera de la prostitución y estas cifras no existen para ningún trabajo”.
Ante esta polémica en busca de abandonar el
etiquetamiento social ha surgido el término de “personas en condición de
prostitución”. Ello se proyecta al reconocimiento de la condición de
víctimas, pero subyace la limitación de volver a colocar la discusión en
las personas que las ejercen y al presentarlas como vulnerables, las
revictimiza. Al unísono el vocablo “condición” sugiere cierto estatus de
atrapamiento atemporal, indefinido, incidente en la visión proactiva
del tema.
Sostenemos la tesis contrahegemónica que define la
prostitución como un proceso complejo de violencia de género agravada,
sustentado en relaciones glocales1de
explotación. Tras eufemismos y castigos, la prostitución es, en
esencia, colonialidad de género, invisibilizada y en re-victimización.
Asumiendo esta colonialidad en calidad de “opresión de
género racializada”, según ilustran destacadas feministas
latinoamericanas como María Lugones (2010), Rita Segato (2011) y Karina
Bidaseca (2016). El aporte de los feminismos poscoloniales es demostrar
que las mujeres y otras víctimas de la prostitución habitan múltiples
opresiones, que han de encontrar diversidad de voces y caminos ante el
temor de la sociedad por personas “fuera de la norma sexual” establecida
a tenor de la cultura patriarcal.
Entender que la prostitución es un proceso, revela fases principales, ellas son:
Ideación:
caracterizadas por la formación de motivos hasta la toma de decisión de
los/as sujetos para iniciar el proceso deprostitución.
Iniciación:
integran las primeras experiencias de participación en actividades de
prostitución en una o varias modalidades, presenciales o virtuales.
Eventual:
participación inestable, discontinua, asicrónica en el ejercicio de la
prostitución, que comparte con otras actividades vitales de carácter
laboral, estudiantil o de cuidados.
Meseta: participación estable en la prostitución, constituida en estilo de vida y articulada con actividades delictivas.
Agravación:
la prostitución como estilo de vida y la participación activa,
diversificada y sostenida en actividades delictivas de carácter
trasnacional.
Los resultados de investigaciones científicas y estudios
socioperativos muestran que en el país la tendencia de la prostitución
es a concentrase en las fases eventual y de meseta2.
Al unísono se desdibujan los perfiles tradicionales, mediante el
rejuvenecimiento de la iniciación y el ensachamiento hacia la adultez en
correspondencia con el acelerado proceso de envejecimiento poblacional,
lo cual propicia el surgimiento de nuevas formas de prostitución y de
asociación con delitos conexos.
Ello demuestra, en el plano sociológico, que no estamos
ante un fenómeno marginal, sino estructural. Se conforma un grupo social
específico capaz de reproducirse como componente de la estructura
social cubana. Las personas que ejercen la prostitución son víctimas de
la reproducción social e intergeneracional de procesos de desigualdad
social y dominación.
Viajando a la semilla hasta llegar a hoy
Para avanzar sobre este tema proponemos un diálogo
imaginario con Alejo Carpentier, un “viaje a la semilla”, que revela los
orígenes de la prostitución en el colonialismo y su afianzamiento
político institucional en la república neocolonial. Tras el desmontaje
programático de la prostitución (a partir de 1959), con el triunfo de la
Revolución cubana, fueron transformadas las principales causas
objetivas de este fenómeno.
En 1962 se realiza en el país un censo que registra
6,000 prostitutas y comienza la toma de medidas: surgen así las escuelas
de rehabilitación. La solución entonces fue socioeducativa, no penal.
Como resultado fueron reducidas sustancialmente estas actividades a
límites evaluados como indicativos de erradicación.
Pero problemas sociales tan complejos, encuentran
variadas formas de perpetuarse. La peculiar coyuntura de crisis de la
sociedad cubana en los 90, que en determinadas aristas aún se aprecia,
generó condiciones favorables a la reanimación de la prostitución. Si
bien determinados análisis tienden a privilegiar los factores económicos
asociados a la crisis y a la incidencia del turismo, tienen influencia
más activa los factores ideológicos que sustentan la prostitución. El
turismo no solo implica una amenaza, es también es una oportunidad, para
avanzar en mejores prácticas de atención a la prostitución.
El deterioro de valores bajo el impacto de la crisis
económica de los 90, sirve de catalizador para el aumento de la
prostitución en la sociedad cubana hasta la actualidad. Los imaginarios
sociales han transitado del rechazo histórico a la prostitución en el
país, en calidad de tendencia predominante, a percepciones de tolerancia
social y familiar. El fenómeno se renueva como una de las estrategias
familiares de vida para el afrontamiento de la crisis y sus impactos
(Campoalegre, 2013). También representa un canal de movilidad social a
fin de intentar insertarse en el escenario global. Este cambio legitima,
naturaliza y hasta en determinadas ocasiones erige a la prostitución
como experiencia vital exitosa y alterativa migratoria eficaz. La
conexión entre trata de personas y prostitución, a escala nacional y
global, refuta ese mito que es preciso informar para desmitificar y
poder prevenir tales conductas.
En consecuencia, ya no se trata de enfrentar fijando el
punto de mira en las actividades o en las personas que la ejercen, hay
que trascender a lo esencial. En este campo, hay disímiles causas a
atender como sociedad. Se conforma un nuevo contexto explicativo del
fenómeno, para el cual resultan indispensables nuevas estrategias y
mayor articulación.
La diversificación de las formas de propiedad, la
complejización de la economía y la sociedad cubana, dilatan las
trayectorias individuales y grupales de la prostitución, confirmando la
tendencia mundial referida a la evolución de sus formas hacia modos más
sutiles de actuación y nuevos métodos de organización.
Cuba se atiene al enfoque abolicionista de la
prostitución y toma como base la prevención articulada con mecanismos de
participación social desde las comunidades. En este enfoque subyace el
paradigma martiano de sociabilidad: “En prever está todo el arte de salvar (Martí, 1893:397).
Lo decisivo es comprender la necesidad de repensar las
estrategias tradicionales de prevención. Tales estrategias están
centradas en la mujer y en el riesgo. Al focalizar en la mujer se
refuerza la cultura patriarcal, con una visión homogénea y binaria de
ser mujer, a contrapelo de la diversidad, así se profundiza las
desigualdades sociales. Mientras jerarquizar el riesgo promueve
criminalización. Aunque se sanciona penalmente de forma severa el
proxenetismo y la trata de personas, en la práctica prostitutos/as, son
privados de libertad en virtud del “estado peligroso.”
Bajo estos presupuestos la prostitución es encarada en
el Código Penal como conducta antisocial, situación que retrotrae a la
doctrina de la peligrosidad social ampliamente superada por el Derecho.
Estas personas pueden ser “aseguradas” mediante medidas pre delictivas
con internamiento de uno a cuatro años. Sin embargo, no debemos
criminalizar esas conductas, ni asociarlas a la justicia penal, todo lo
contrario: el eje estructurador del cambio consiste en asumirlas lo más
lejos posible del sistema de justicia penal.
En la práctica, actores sociales priorizan la prostitución femenina, olvidando un principio esencial:
“Para cambiar la condición de la mujer -señala Mariela Castro- hay que cambiar la condición del hombre, porque el género es una categoría relacional” (2014,1).
Equidistante, la prostitución masculina o trans adquiere
menos visibilidad, se construye de manera diferente desde el punto
simbólico y recibe un discreto tratamiento en los sistemas operativos de
enfrentamiento policial. No es casual, que en la década del 90 surgen
el centro de recepción, clasificación y procesamiento penal de
prostitutas y los centros de rehabilitación para prostitutas
(actualmente extendidos a todas las provincias del país para el
cumplimiento de medidas pre delictivas con internamiento), sin que se
cuente con instituciones similares destinadas a los hombres. Esta
práctica institucional tributa a la criminalización y a la
revictimización de la prostitución femenina en particular, lo cual no ha
implicado una reducción sustancial y sostenible del fenómeno,
demostrando la necesidad de otras respuestas.
No hay argumentos que logren sustentar la “peligrosidad
social” de las personas que ejercen la prostitución, como rasgo
constitutivo esencial del delito; en paralelo a la “anti-socialidad” se
esfuma al carecer de una definición y basamentos específicos. Aunque los
órganos especializados aluden a la conexión con delitos graves
vinculados a las drogas, el proxenetismo, la trata de personas, el
homicidio y el asesinato fóbico por razones de género, cada quien debe
ser juzgado por los delitos que comete y no por los que presumiblemente
pueda cometer.
Ante este panorama, sugerimos una senda de/construcción
del enfoque sobre el tema, en correspondencia con el contexto de cambios
de una sociedad, cuyo modelo económico y social, se ha definido “en
actualización”. La diversidad de actores económicos caracterizada por el
predominio de la propiedad estatal socialista y la reanimación del
sector privado, la inversión extrajera, las cooperativas no
agropecuarias, las nuevas formas de gestión, han hecho surgir nuevos
escenarios -causales, motivación y actores- en este fenómeno que
sustentan los desafíos ante las políticas públicas. A ello se añade
la recomposición de la estructura social cubana con un aumento de las
desigualdades y la polarización del mapa familiar. Es presumible la
estabilidad perspectiva del fenómeno de la prostitución, dada la
capacidad de seguir reproduciéndose y ampliándose.
En tales circunstancias, la prostitución presenta mayor
vulnerabilidad para las mujeres que la ejercen debido al aumento de la
competitividad, la dependencia de los/as intermediarios/as, la movilidad
geográfica y el mayor hostigamiento operativo, actores que reducen la
influencia de las redes sociales de apoyo. Mientras las desigualdades
profundizan la reestratificación interna de este grupo generando mayor
desequilibrio de poder y, por consiguiente, el aumento de las violencias
hacia estas personas y desde ellas mismas.
En busca de un cierre, cabe destacar la multiplicidad de
desafíos en tensión, que se erigen desde los ámbitos epistémico,
económico, socioestructural y político. Baste delinear a la mayor
brevedad los principales retos en materia de política pública:
Atender y
no enfrentar, formando capacidades en el tema es la estrategia clave: no
criminalizar, estableciendo la mayor distancia funcional con el sistema
de justicia penal. No son políticas penales las que necesitamos, sino
políticas de cuidado.3 El nuevo paradigma de cuidados implica
la articulación de políticas distribución y de reconocimiento de manera
intersectorial, con empoderamiento femenino y familiar.
La
prostitución es un proceso plural marcado por la diversidad, por lo cual
debe atenderse desde la interseccionalidad, (Segato,2011; Bidaseca,
2016), redescubriendo las diferencias resultantes del entrecruzamiento
de género, generación, color de la piel, clase y territorio, a fin de
explicar cómo se reproducen históricamente las desigualdades sociales.
Prostituirse
no es una vida fácil: es uno de los principales dramas humanos de todos
los tiempos. La lucha de y por los cuerpos como territorio oprimido
constituye un fundamento básico para la atención a la prostitución.
El
imperativo es la identificación y el acompañamiento social de nuevas
voces. Promover las narrativas protagónicas de estas para reconstruir
las historias de opresión e impactar los imaginarios sociales con fines
preventivos. No invisibilizar bajo eufemismos o el excesivo control de
información, no al silencio y a la distancia con respecto a las
personas que ejercen la prostitución.
Frente a la prostitución existen antídotos eficaces,
como la información, la educación en valores y el empoderamiento de las
familias -en calidad de proceso en el que se amplían las condiciones
para el despliegue de sus funciones sociales-; en fin, todo un continuo
que tribute al empoderamiento real de las personas. Deconstruir desde
los feminismos poscoloniales, prácticas e imaginarios sociales acerca de
la prostitución en Cuba, conducirá a nuevas miradas estratégicas. En
políticas públicas se abre el reto de qué hacer para no ser: “… la
fugitiva, la que rompió las puertas de la casa vivienda y cogió el monte”.4
Notas
1Se refiere a la articulación de los escenarios globales y locales.
2Veáse la mesa de posicionamiento sobre
prostitución celebrada en el II Simposio Internacional Violencia de
Género, prostitución,turismo sexual y trata de personas,la Habana 27 al
31 de enero del 2017.
3Es entendido como acciones intencionadas
para generar bienestar, procurando satisfacer necesidades físicas y
emocionales que permitan estar y sentirse bien. El cuidado tiene como
centro de su actuar el interés y la preocupación por los demás
(Campoalegre, et. al., 2016).
4De la autoría de la destacada poetiza afrocubana Georgina Herrera.
Referencias
Bidaseca, K. Genealogías críticas de la colonialidad en América Latina, África, Oriente. Buenos Aires: CLACSO/UNSAM; 2016.
Campoalegre R., Chavez E., Manreza Y., Samón Quiala M. et al. Aprender sobre familias. La Habana: Editorial CENESEX; 2016.
Campoalegre R. Familias cubanas en transición. Caudales. [CD-ROM]La Habana: Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas; 2013.
Castro, M. (2014).Discurso pronunciado durante la VII
sesión del Grupo de trabajo de composición abierta de la Asamblea
General de Naciones Unidas sobre las metas del desarrollo sostenible.
New York 6 de febrero de 2014.
De Sousa, B. Epistemología del Sur. Buenos Aires: Siglo XXI editores; 2009.
Ekis Ekman KIntervención en la mesa redonda internacional sobre prostitución.
Sexología y Sociedad 2014; 52:46-49.
La Habana Lugones, M. Hacia un feminismo descolonial. Hypatia, 2010; 25 (4):105-117.
Martí José. La lección de un Viaje. Obras Completas. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. V (5); 1975.
Morcillo, Santiago “Como trabajo”. En Sexualidad, Salud y Sociedad. Rvista latinoamericana. 2014; 18: 12-40.
Paredes, J. Hilando fino desde el feminismo comunitario. La Paz: Moreno Artes Gráficas; 2010.
Segato, R. Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial; 2010. Disponible en http://seminariovirtual.clacso.org.ar/
12 de abril de 2017
KAGEMUSHA: ABRIL TAMBIÉN ES MAÑANA.
12 de abril del 2017.
Hace unos meses, el Subcomandante Insurgente Moisés me dijo una síntesis de lo que ahora les ha contado a ustedes con más extensión y sustento.
Tal vez sin proponérselo, había él detectado una línea de tensión entre el pasado y la tormenta que ya está.
Esa madrugada, después de escuchar las historias que, en voz del SupMoy, contaron los más antiguos de nuestros compañeros, regresé a mi champa. De todas formas una lluvia, fuera de temporada, comenzaba a azotar el techo de lámina y era ya imposible escuchar nada que no fuera la tormenta.
Volví a hurgar en el baúl que me encargó el SupMarcos porque me pareció haber visto un texto que algo podría referir a lo que acababa de escuchar.
Revisar esos escritos no es fácil, créanme. La mayoría de los textos que se amontonan con desorden dentro del recipiente van del año 1983 al primero de enero de 1994, y, cuando menos hasta 1992, se ve que el Sup no sólo no tenía computadora, tampoco una máquina de escribir mecánica. Así que los textos están manuscritos en hojas de todos los tamaños. La letra del finado distaba de ser legible de por sí, así que agregue usted a eso la mella del tiempo en la montaña, la humedad y las manchas y quemaduras de tabaco.
Hay ahí de todo. Por ejemplo, encontré el original manuscrito de las órdenes operativas para las distintas unidades militares zapatistas la víspera del alzamiento. No sólo vienen las plantillas de las unidades, también cada operación detallada con una minuciosidad que devela una preparación de años.
No son ésos los apuntes de un poeta extraviado en las montañas del sureste mexicano, o de un contador de historias. Son escritos de un soldado. No, más bien de un mando militar.
Pero sí, abundan y redundan también cuentos e historias, hay muy pocos poemas y contados son los análisis políticos y económicos.
Bueno, más que análisis, se trata de esquemas y temas como punteados, como si fueran a ser desarrollados luego, o completados, o corregidos. He identificado varios de ellos con algunos que fueron hechos públicos luego, aunque ya pulidos.
Pero no es eso lo que busco. Las historias que recabó el SupMoy me recordaron que algo había, en este montón desordenado de papeles e ideas, sobre la genealogía de la lucha anticapitalista.
Aquí está. Éste si es de después del inicio de la guerra porque está impreso y la tipografía es la de un procesador de textos.
Por lo que dice, debe haber sido escrito hace unos 20 años, cuando los zapatistas hicieron públicos algunos análisis más profundos sobre lo que acontecía y lo que preveían seguiría después. Bueno, al menos las primeras líneas, porque algo parece que es de un período posterior.
El texto tiene un título desconcertante pero que se acomoda conforme se avanza en la lectura. Se llama “Abril también es mañana” Y le siguen lo que parecen puntos a desarrollar, aunque incompletos en ese momento.
La mayoría de los planteamientos aparecieron ya desarrollados en textos que fueron hechos públicos alrededor de los años 1996-1997, así que no los aburriré de nuevo repitiéndolos. Los principales han sido agrupados ahora en un libro llamado “Escritos sobre la guerra y la economía política”, elaborado por la editorial “Pensamiento Crítico Ediciones”. Si alguien le interesa conocer más sobre eso, este libro podría servirle. O puede consultar también la página electrónica de Enlace Zapatista.
La parte que me interesa mostrarles no aparece en ninguno de esos escritos públicos y, aunque medianamente desarrollada en su redacción, se alcanzan a vislumbrar en ella una serie de reflexiones sobre la ciencia social, es decir, la economía política, así como sobre el añejo y actual reto de la teoría y la práctica.
Les leo:
.- Las etapas posibles del capitalismo. Más que en una definición científica, el planteamiento de que el imperialismo era una fase superior del capitalismo, se convirtió en un plan de acción para las luchas en todo el mundo. De ser “una fase superior”, se concluyó que el imperialismo era “la última fase” del capitalismo.
.- Sobre esa base se estableció una especie de división internacional no del trabajo sino de la lucha anticapitalista. En los llamados países del Tercer Mundo, que no contaban con una industria desarrollada y, por lo tanto, carecían de una clase obrera sólida, la lucha por el socialismo debía pasar por una lucha nacionalista, antiimperialista, y anticolonial, y sólo así podrían aspirar a ser “anticapitalistas”. Se establece que la lucha contra el capitalismo y por el socialismo pasa necesariamente por la lucha por la liberación nacional. Eso al menos en los llamados países del tercer mundo. Para poder transitar al socialismo, las naciones debían librarse primero del yugo neocolonial, el impuesto por el imperialismo norteamericano en ese caso. No era posible la construcción del socialismo en un solo país, mucho menos si el país era uno subdesarrollado. La revolución socialista o era mundial o no lo era. El análisis científico se convirtió entonces en una especie de comando central de la revolución mundial y se instaló en la URSS. De ahí partían las estrategias y tácticas para las luchas anticapitalistas en todo el mundo. Quien acataba las órdenes, recibía el beneplácito de la “vanguardia” mundial. Para quien no, para quien pretendía construir su propio camino, es decir, su propia lucha, había la condena, el ostracismo y la etiqueta de moda para descalificar.
La ciencia de la historia, la economía política, dejó de ser ciencia y abandonó el análisis científico, supliéndolo por la consigna. Si la realidad no coincidía con la visión del Comité Central, la realidad era catalogada como reaccionaria, pequeño burguesa, divisionista, revisionista, y muchos “istas” semejantes. El pensamiento crítico pasó del análisis a la justificación, y los tropiezos y errores se cubrieron con la coartada del enfrentamiento con el imperialismo norteamericano. El simplismo de un mundo bipolar invadió a la ciencia social y, al igual que las fuerzas políticas y los gobiernos, tomó partido por uno de los dos grandes y únicos contendientes. La inteligencia fue derrotada y la mediocridad se instaló cómodamente.
.- Mediando el siglo XX, todos estaban contentos y tranquilos. El mal llamado “bloque socialista” se enfrascaba en lo que nosotros llamamos la tercera guerra mundial. En Asia, África y particularmente en América Latina, las luchas transcurrían sin mayor relevancia para esa guerra, la que importaba, y las organizaciones partidarias de la izquierda de entonces eran conminadas a dirigir sus esfuerzos principales al apoyo del Bloque Socialista. Todo intento de lucha debía tener el visto bueno de los tanques, pensantes y no, que, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, redactaban manuales que, más que simplificar, amordazaron el desarrollo de la ciencia social. Como si fuera en las olimpiadas, en la ciencia social se competía no por mejor entender lo que ocurría y lo que vendría, sino por más alto y más veces levantar la bandera propia, fuera la de las barras y las estrellas, fuera la de la hoz y el martillo.
En el escenario mundial todo parecía previsible y sencillo… pero en eso llegó Fidel. Y “la problema”, como dicen los compas, es que no llegó solo, sino que traía de la mano a un tal Camilo que en el apellido llevaba la definición; y, con ese tremendo par, llegaba también un argentino-médico-fotógrafo-asmático, sin nombre relevante en el árbol genealógico de la revolución mundial y sin cargo alguno en ninguna estructura. Apenas unos meses después el planeta entero lo conocería con sólo tres letras: Che.
Luego pasó lo que pasó, y la luz que iluminó el Caribe en esos primeros años de la década de los 60´s se convirtió, sin proponérselo, en un virus que contaminó el continente. Después de un largo calendario de derrotas en ese dolor llamado Latinoamérica, un pueblo entero se organizaba y cambiaba de destino y extendía su nombre.
Desde la fracasada invasión mercenaria con patrocinio norteamericano, Cuba se llamó Fidel y Fidel Castro tuvo a “Cuba” como apellido de resistencia y rebeldía, de lucha.
El país más pequeño, el más despreciado, el más humillado, se levantaba y, con su acción organizada, cambiaba la geografía mundial.
El estadista que el pueblo cubano puso al frente, en unos cuantos años prácticamente borró a los demás “líderes mundiales” y, como debe de ser, en torno a su figura se convocaron los extremos: los pocos para adular, los más para atacar.
Sólo unos cuantos miraron y aprendieron que algo nuevo había surgido y que la revolución cubana no sólo había roto el dominio que sobre la América entera imponía el imperio de las barras y la estrellas, el “norte revuelto y brutal”.
También había hecho pedazos la ya entonces acartonada teoría social que era pastoreada por los comisarios que, en todo el espectro político, son la constante y nunca la excepción.
Todavía, casi 60 años después, no falta algún viejo comisario que, “heroicamente” atrincherado en la academia y ahora con las redes sociales como arma, pretende dictarle al pueblo de Cuba lo que debe o no hacer y deshacer.
Ajeno a las masturbaciones teóricas de la tibia academia, el pueblo de Cuba inició su largo camino de resistencia, y fue avanzando en condiciones adversas sin precedentes.
Todavía hoy sigue padeciendo el bloqueo económico más extenso e intenso en la historia mundial. Y no sólo, también ha resistido ataques terroristas, ha sido invadido militarmente, le ha propinado al soberbio tío Sam su primera derrota en el continente, y, con todo en contra, ha construido su propio destino.
Pero no sólo ha recibido los ataques de la derecha mundial, también la izquierda bien portada ha arremetido contra ese pueblo, socorrida de clichés y lugares comunes que obvian no sólo la realidad cubana, también y sobre todo su heroico esfuerzo para levantarse de sus errores y fracasos.
Con el único objetivo de hacerse agradable a la derecha, la izquierda institucional en todo el mundo ha atacado a la revolución cubana repitiendo los dichos de la derecha y siguiendo la moda en turno.
Es tan consistente la resistencia del pueblo de Cuba, que la histeria intelectual que abunda y redunda en este roto país que se llama “México”, seguramente diría que se ha mantenido porque es una creación de Salinas, y a que es apoyada por la “mafia del poder”.
Días después de ese relámpago de habilidad militar y convicción que le dio nuevo significado a un pequeño territorio y acomodó el nombre de “Playa Girón” en el casi vacío estante de victorias de la izquierda mundial, en aquel primero de mayo de 1961 el pueblo de Cuba decía, por la voz enronquecida de un barbón enfundado en su traje verde olivo de combate, las siguientes palabras:
Detuve la lectura y miré entonces el reloj de arena.
Se me ocurrió que tal vez no es cualquier arena la que contiene. Y tal vez no es cualquiera porque esta arena tal vez viene de una playa reiterada en la historia de lucha y resistencia de la humanidad contra el capitalismo.
Tal vez la arena que fluye de uno a otro lado de este reloj, viene de un lugar del continente americano y su geografía la ancla en una isla que se estira en el Caribe, como caimán rebelde que se niega a ser sometido y por eso endurece la piel y la mirada.
Tal vez, se me ocurre ahora, la arena de este reloj de arena es arena de Playa Girón, que así se llama esa grieta en el muro del Capital y que, con su persistencia, nos enseñó a todos que el grande y poderoso puede ser derrotado por el pequeño y débil cuando hay resistencia organizada, necio empeño y horizonte.
Déjenme decirles que el finado SupMarcos, y no sólo él, sentía una gran admiración por el pueblo de Cuba y un profundo respeto por Fidel Castro Ruz.
En aquella plática informal que tuvimos horas antes de su muerte, la palabra recaló en el tema militar. Me contó que él consideraba que la historia militar de lucha de los pueblos era poco conocida. Se refirió entonces a la llamada Batalla de Zacatecas y a la Toma de Ciudad Juárez, ambas conducidas por Francisco Villa. Me contó que él tomo prestada la concepción que implementó el General Villa para tomar Ciudad Juárez y con ella diseñó el inicio del alzamiento. “Para la batalla de Zacatecas no me faltaba caballería”, dijo bromeando, “sino planada”.
En lo internacional, contra el común de la izquierda, su referencia no era la batalla de Leningrado, sino la Batalla de Santa Clara, conducida por el Che, la de Cuito Cuanabale que dirigió Fidel Castro, y la de Playa Girón, también comandada por Fidel Castro.
Aproveché para preguntarle por qué, siempre que nombraba a Fidel Castro, no decía “Comandante” si toda la izquierda latinoamericana lo hacía. Así me respondió:
Luego, dando por terminado el tema, añadió: “Fidel Castro es el Maradona de la política internacional. Y nunca le van a perdonar los goles que le metió a quien se atrevió a enfrentarlo”.
Recordé las palabras del difunto SupMarcos cuando leía sobre lo que el famélico espectro político de Latinoamérica opinó sobre la muerte de Fidel Castro. La reiteración en la derecha, y en la izquierda bien portada, de reproches y supuestas críticas. La derecha que nunca le perdonará las derrotas que les propinó, y la izquierda institucional que no lo absolverá de haber sido todo lo que ella, en su mediocridad, nunca llegará a ser.
También están los mediocres que ahora dictan juicios y sentencias y simplemente no pueden explicar por qué, si era un dictador, la mayor potencia mundial no pudo organizar una rebelión popular, y optó por los atentados terroristas para anularlo.
Lejos de la películas de ficción y series televisivas, donde los servicios secretos norteamericanos acaban con los malos armados sólo con un lapicero, fracasaron en Cuba sencillamente porque “Comandante Fidel” era el nombre, la imagen y la voz que ese pueblo tomaba para reafirmar lo que todo el tiempo y en contra de todo construía: su libertad.
Y el dinero buscó y busca y siempre encuentra psicópatas dispuestos a vender su sed de sangre y destrucción. Siempre encontrará a los Mas Canosa, a los Posada Carriles, aunque, en otra geografía y calendario, se llamen acá Felipe Calderón Hinojosa o como su antes esposa y ahora pretendida amasia Margara Zavala; o como Mauricio Macri en Argentina; o como Temer en Brasil, o como Leopoldo López en Venezuela. Políticos, psicópatas y corruptos todos ellos, siempre dispuestos a que otros mueran y ellos cobren.
Les cuento esto no sólo porque el tema toca lo pequeño que se rebela y se alza rompiendo moldes impuestos, también por lo que ahora les narro: me tocó reportarme con el Subcomandante Insurgente Moisés en una de nuestras posiciones, precisamente unos días después de la muerte de Fidel Castro.
Cuando llegué, la insurgenta Erika me dijo sin poder contener las lágrimas: “Se murió el Fidel Cuba”. Así dijo. La revolución cubana tiene 58 años resistiendo contra todo, la insurgenta Erika debe andar por los veintitantos, nunca ha salido de estas tierras, aprendió el español en un campamento de montaña, batalla con las matemáticas y las palabras “duras”, y, a pesar de eso, o precisamente por todo eso, ha sintetizado en dos palabras toda una historia de lucha, de resistencia y rebeldía.
Y vengo a hablarles de Cuba, es decir, de Fidel Castro, y de Fidel Castro, es decir, de Cuba, por la sencilla razón de que ya no hablan de él. Tal vez porque piensan que ha muerto y, con él, la Cuba rebelde. En lo que se refiere a Fidel Castro Ruz, sólo les decimos: “si no lo pudieron matar cuando estaba vivo, menos van a poder ahora que ha muerto”.
Todo esto viene al caso, o cosa, según, porque es cierto, el difunto SupMarcos tenía razón: Abril también es mañana.
Volviendo a aquella ocasión, como el tiempo se alargaba, seguí platicando con el finado SupMarcos cuando todavía no estaba finado. El tiempo en La Realidad zapatista había entrado en ese ritmo en que parece que el día tiene prisa por irse y la noche sigue de perezosa. Me parece que todo lo operativo de ese día 24 de mayo del 2014 lo estaba resolviendo el Subcomandante Insurgente Moisés, pues al SupMarcos nadie se le acercaba con informes o preguntas. Como si el SubMoy estuviera haciendo todo lo posible para que el SupMarcos pasara tranquilo sus últimos minutos.
Como seguíamos ahí, esperando, le pregunté por qué decía eso de que él era el personaje y no Durito, el Viejo Antonio y los otros seres que poblaron sus relatos. Claro, todavía no conocía yo, ni nadie, el texto que leería la madrugada siguiente y que se titula “Entre la luz y la sombra”.
Antes de responderme, el Sup miró ambos relojes.
Nunca antes había hecho eso. Siempre o consultaba uno o checaba el otro, dependiendo siempre de la situación.
Después de confrontar ambos relojes, suspiró profundamente y me preguntó:
“¿Qué es lo que no entiendes?”
“Eso”, le respondí, “porque entonces ¿quién eres? o más bien ¿quién has sido?”.
Entonces se cuadró e inclinando la cabeza, paradójicamente tratando de imitar el tono de voz de los serios y formales samuráis de Akira Kurosawa, dijo:
“Kagemusha”.
Y digo que paradójicamente, porque el SupMarcos bromeaba de todo y de todo se burlaba, sobre todo de sí mismo.
Yo puse la misma cara que ustedes están poniendo ahora.
“¿Qué diablos es eso de Kagemusha?”
“Un señuelo”, me respondió, “un distractor, una sombra, la sombra del guerrero”.
Entendí entonces el por qué, en sus últimos textos, había aparecido de pronto un nuevo personaje: “Sombra, el guerrero”.
“¿Y entonces?”, pregunté porque sí.
“Entonces nada, alguien tenía que hacerlo y a mí me tocó”.
“¿Y entonces que vas a hacer?”, le insistí.
“Morirme”, me respondió mientras se colocaba el pasamontañas. Se acomodó entonces la gorra, encendió la pipa y, dirigiéndose a la guardia que resguardaba la puerta, ordenó por última vez: “Dile al SubMoy que estoy listo”
Viene la tormenta.
Una y otra vez, el dinero tratará de romper la historia que importa. Y una y otra vez, será vencido. Como en un mes de abril de hace ya 56 años, en Playa Girón, generaciones enteras se arrancarán los juegos de un tirón y se levantarán desafiando el destino que se les impone.
Ese día volverán a escucharse, aunque con otra voz, las palabras que el pueblo de Cuba dirigió a quienes pretendieron doblegarlo:
Y cuando se diga “Patria”, se dirá “mundo”, se dirá “casa”, se dirá “vida”
Cierto, no habrá relámpagos más fieros, ni tormenta más grande, pero al final, esta tierra se levantará y con ella sus mujeres, sus hombres y quienes son lo que son sin ser ni uno ni otra.
La memoria no olvidará, pero no habrá celebraciones.
No porque no valdrá la pena, sino porque la vida entera será entonces lo que siempre debería ser, es decir, una celebración.
Y cuando ese mañana llegue, yo, nuevo Kagemusha nómada, sólo lamentaré no estar presente para mirarles burlón y decirles:
Gracias, no muchas, pero siempre sí unas pocas bastantes.
SupGaleano.
Abril del 2017.
Hace unos meses, el Subcomandante Insurgente Moisés me dijo una síntesis de lo que ahora les ha contado a ustedes con más extensión y sustento.
Tal vez sin proponérselo, había él detectado una línea de tensión entre el pasado y la tormenta que ya está.
Esa madrugada, después de escuchar las historias que, en voz del SupMoy, contaron los más antiguos de nuestros compañeros, regresé a mi champa. De todas formas una lluvia, fuera de temporada, comenzaba a azotar el techo de lámina y era ya imposible escuchar nada que no fuera la tormenta.
Volví a hurgar en el baúl que me encargó el SupMarcos porque me pareció haber visto un texto que algo podría referir a lo que acababa de escuchar.
Revisar esos escritos no es fácil, créanme. La mayoría de los textos que se amontonan con desorden dentro del recipiente van del año 1983 al primero de enero de 1994, y, cuando menos hasta 1992, se ve que el Sup no sólo no tenía computadora, tampoco una máquina de escribir mecánica. Así que los textos están manuscritos en hojas de todos los tamaños. La letra del finado distaba de ser legible de por sí, así que agregue usted a eso la mella del tiempo en la montaña, la humedad y las manchas y quemaduras de tabaco.
Hay ahí de todo. Por ejemplo, encontré el original manuscrito de las órdenes operativas para las distintas unidades militares zapatistas la víspera del alzamiento. No sólo vienen las plantillas de las unidades, también cada operación detallada con una minuciosidad que devela una preparación de años.
No son ésos los apuntes de un poeta extraviado en las montañas del sureste mexicano, o de un contador de historias. Son escritos de un soldado. No, más bien de un mando militar.
Pero sí, abundan y redundan también cuentos e historias, hay muy pocos poemas y contados son los análisis políticos y económicos.
Bueno, más que análisis, se trata de esquemas y temas como punteados, como si fueran a ser desarrollados luego, o completados, o corregidos. He identificado varios de ellos con algunos que fueron hechos públicos luego, aunque ya pulidos.
Pero no es eso lo que busco. Las historias que recabó el SupMoy me recordaron que algo había, en este montón desordenado de papeles e ideas, sobre la genealogía de la lucha anticapitalista.
Aquí está. Éste si es de después del inicio de la guerra porque está impreso y la tipografía es la de un procesador de textos.
Por lo que dice, debe haber sido escrito hace unos 20 años, cuando los zapatistas hicieron públicos algunos análisis más profundos sobre lo que acontecía y lo que preveían seguiría después. Bueno, al menos las primeras líneas, porque algo parece que es de un período posterior.
El texto tiene un título desconcertante pero que se acomoda conforme se avanza en la lectura. Se llama “Abril también es mañana” Y le siguen lo que parecen puntos a desarrollar, aunque incompletos en ese momento.
La mayoría de los planteamientos aparecieron ya desarrollados en textos que fueron hechos públicos alrededor de los años 1996-1997, así que no los aburriré de nuevo repitiéndolos. Los principales han sido agrupados ahora en un libro llamado “Escritos sobre la guerra y la economía política”, elaborado por la editorial “Pensamiento Crítico Ediciones”. Si alguien le interesa conocer más sobre eso, este libro podría servirle. O puede consultar también la página electrónica de Enlace Zapatista.
La parte que me interesa mostrarles no aparece en ninguno de esos escritos públicos y, aunque medianamente desarrollada en su redacción, se alcanzan a vislumbrar en ella una serie de reflexiones sobre la ciencia social, es decir, la economía política, así como sobre el añejo y actual reto de la teoría y la práctica.
Les leo:
.- Las etapas posibles del capitalismo. Más que en una definición científica, el planteamiento de que el imperialismo era una fase superior del capitalismo, se convirtió en un plan de acción para las luchas en todo el mundo. De ser “una fase superior”, se concluyó que el imperialismo era “la última fase” del capitalismo.
.- Sobre esa base se estableció una especie de división internacional no del trabajo sino de la lucha anticapitalista. En los llamados países del Tercer Mundo, que no contaban con una industria desarrollada y, por lo tanto, carecían de una clase obrera sólida, la lucha por el socialismo debía pasar por una lucha nacionalista, antiimperialista, y anticolonial, y sólo así podrían aspirar a ser “anticapitalistas”. Se establece que la lucha contra el capitalismo y por el socialismo pasa necesariamente por la lucha por la liberación nacional. Eso al menos en los llamados países del tercer mundo. Para poder transitar al socialismo, las naciones debían librarse primero del yugo neocolonial, el impuesto por el imperialismo norteamericano en ese caso. No era posible la construcción del socialismo en un solo país, mucho menos si el país era uno subdesarrollado. La revolución socialista o era mundial o no lo era. El análisis científico se convirtió entonces en una especie de comando central de la revolución mundial y se instaló en la URSS. De ahí partían las estrategias y tácticas para las luchas anticapitalistas en todo el mundo. Quien acataba las órdenes, recibía el beneplácito de la “vanguardia” mundial. Para quien no, para quien pretendía construir su propio camino, es decir, su propia lucha, había la condena, el ostracismo y la etiqueta de moda para descalificar.
La ciencia de la historia, la economía política, dejó de ser ciencia y abandonó el análisis científico, supliéndolo por la consigna. Si la realidad no coincidía con la visión del Comité Central, la realidad era catalogada como reaccionaria, pequeño burguesa, divisionista, revisionista, y muchos “istas” semejantes. El pensamiento crítico pasó del análisis a la justificación, y los tropiezos y errores se cubrieron con la coartada del enfrentamiento con el imperialismo norteamericano. El simplismo de un mundo bipolar invadió a la ciencia social y, al igual que las fuerzas políticas y los gobiernos, tomó partido por uno de los dos grandes y únicos contendientes. La inteligencia fue derrotada y la mediocridad se instaló cómodamente.
.- Mediando el siglo XX, todos estaban contentos y tranquilos. El mal llamado “bloque socialista” se enfrascaba en lo que nosotros llamamos la tercera guerra mundial. En Asia, África y particularmente en América Latina, las luchas transcurrían sin mayor relevancia para esa guerra, la que importaba, y las organizaciones partidarias de la izquierda de entonces eran conminadas a dirigir sus esfuerzos principales al apoyo del Bloque Socialista. Todo intento de lucha debía tener el visto bueno de los tanques, pensantes y no, que, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, redactaban manuales que, más que simplificar, amordazaron el desarrollo de la ciencia social. Como si fuera en las olimpiadas, en la ciencia social se competía no por mejor entender lo que ocurría y lo que vendría, sino por más alto y más veces levantar la bandera propia, fuera la de las barras y las estrellas, fuera la de la hoz y el martillo.
En el escenario mundial todo parecía previsible y sencillo… pero en eso llegó Fidel. Y “la problema”, como dicen los compas, es que no llegó solo, sino que traía de la mano a un tal Camilo que en el apellido llevaba la definición; y, con ese tremendo par, llegaba también un argentino-médico-fotógrafo-asmático, sin nombre relevante en el árbol genealógico de la revolución mundial y sin cargo alguno en ninguna estructura. Apenas unos meses después el planeta entero lo conocería con sólo tres letras: Che.
Luego pasó lo que pasó, y la luz que iluminó el Caribe en esos primeros años de la década de los 60´s se convirtió, sin proponérselo, en un virus que contaminó el continente. Después de un largo calendario de derrotas en ese dolor llamado Latinoamérica, un pueblo entero se organizaba y cambiaba de destino y extendía su nombre.
Desde la fracasada invasión mercenaria con patrocinio norteamericano, Cuba se llamó Fidel y Fidel Castro tuvo a “Cuba” como apellido de resistencia y rebeldía, de lucha.
El país más pequeño, el más despreciado, el más humillado, se levantaba y, con su acción organizada, cambiaba la geografía mundial.
El estadista que el pueblo cubano puso al frente, en unos cuantos años prácticamente borró a los demás “líderes mundiales” y, como debe de ser, en torno a su figura se convocaron los extremos: los pocos para adular, los más para atacar.
Sólo unos cuantos miraron y aprendieron que algo nuevo había surgido y que la revolución cubana no sólo había roto el dominio que sobre la América entera imponía el imperio de las barras y la estrellas, el “norte revuelto y brutal”.
También había hecho pedazos la ya entonces acartonada teoría social que era pastoreada por los comisarios que, en todo el espectro político, son la constante y nunca la excepción.
Todavía, casi 60 años después, no falta algún viejo comisario que, “heroicamente” atrincherado en la academia y ahora con las redes sociales como arma, pretende dictarle al pueblo de Cuba lo que debe o no hacer y deshacer.
Ajeno a las masturbaciones teóricas de la tibia academia, el pueblo de Cuba inició su largo camino de resistencia, y fue avanzando en condiciones adversas sin precedentes.
Todavía hoy sigue padeciendo el bloqueo económico más extenso e intenso en la historia mundial. Y no sólo, también ha resistido ataques terroristas, ha sido invadido militarmente, le ha propinado al soberbio tío Sam su primera derrota en el continente, y, con todo en contra, ha construido su propio destino.
Pero no sólo ha recibido los ataques de la derecha mundial, también la izquierda bien portada ha arremetido contra ese pueblo, socorrida de clichés y lugares comunes que obvian no sólo la realidad cubana, también y sobre todo su heroico esfuerzo para levantarse de sus errores y fracasos.
Con el único objetivo de hacerse agradable a la derecha, la izquierda institucional en todo el mundo ha atacado a la revolución cubana repitiendo los dichos de la derecha y siguiendo la moda en turno.
Es tan consistente la resistencia del pueblo de Cuba, que la histeria intelectual que abunda y redunda en este roto país que se llama “México”, seguramente diría que se ha mantenido porque es una creación de Salinas, y a que es apoyada por la “mafia del poder”.
Días después de ese relámpago de habilidad militar y convicción que le dio nuevo significado a un pequeño territorio y acomodó el nombre de “Playa Girón” en el casi vacío estante de victorias de la izquierda mundial, en aquel primero de mayo de 1961 el pueblo de Cuba decía, por la voz enronquecida de un barbón enfundado en su traje verde olivo de combate, las siguientes palabras:
“Si a Mr. Kennedy no le gusta el socialismo, bueno, a nosotros no nos gusta el imperialismo, a nosotros no nos gusta el capitalismo. Tenemos tanto derecho a protestar de la existencia de un régimen imperialista y capitalista a 90 millas de nuestras costas, como él se puede considerar con derecho a protestar de la existencia de un régimen socialista a 90 millas de sus costas.El texto sigue con una extensa reflexión sobre la ciencia social y el pensamiento crítico. Pero me detengo ahora señalando que bien puede usted intercambiar el nombre de “Kennedy” por el de “Trump” y verá que en esas palabras había no una declaración coyuntural, sino una declaración de principios.
Ahora bien, a nosotros no se nos ocurriría protestar de eso, porque eso es una cuestión que les incumbe a ellos, una cuestión que le incumbe al pueblo de Estados Unidos. Sería absurdo que nosotros pretendiéramos decirle al pueblo de Estados Unidos qué régimen de gobierno es el que debe tener, porque en ese caso nosotros consideraríamos que Estados Unidos no es un pueblo soberano y que nosotros tenemos derecho sobre la vida interior de Estados Unidos.
El derecho no lo da el tamaño, el derecho no lo da el que un pueblo sea mayor que otro, ¡eso no importa! Nosotros no tenemos sino un territorio pequeño, un pueblo pequeño, pero nuestro derecho es un derecho tan respetable como el de cualquier país, cualquiera que sea su tamaño. A nosotros no se nos ocurre decirle al pueblo de Estados Unidos qué régimen de gobierno debe tener. Luego es absurdo que al señor Kennedy se le ocurra decir qué régimen de gobierno es el que quiere que nosotros tengamos aquí, porque es una cosa absurda; eso nada más se le ocurre al señor Kennedy, porque no tiene un concepto claro de lo que es la ley internacional y la soberanía de los pueblos.
Detuve la lectura y miré entonces el reloj de arena.
Se me ocurrió que tal vez no es cualquier arena la que contiene. Y tal vez no es cualquiera porque esta arena tal vez viene de una playa reiterada en la historia de lucha y resistencia de la humanidad contra el capitalismo.
Tal vez la arena que fluye de uno a otro lado de este reloj, viene de un lugar del continente americano y su geografía la ancla en una isla que se estira en el Caribe, como caimán rebelde que se niega a ser sometido y por eso endurece la piel y la mirada.
Tal vez, se me ocurre ahora, la arena de este reloj de arena es arena de Playa Girón, que así se llama esa grieta en el muro del Capital y que, con su persistencia, nos enseñó a todos que el grande y poderoso puede ser derrotado por el pequeño y débil cuando hay resistencia organizada, necio empeño y horizonte.
-*-
Déjenme decirles que el finado SupMarcos, y no sólo él, sentía una gran admiración por el pueblo de Cuba y un profundo respeto por Fidel Castro Ruz.
En aquella plática informal que tuvimos horas antes de su muerte, la palabra recaló en el tema militar. Me contó que él consideraba que la historia militar de lucha de los pueblos era poco conocida. Se refirió entonces a la llamada Batalla de Zacatecas y a la Toma de Ciudad Juárez, ambas conducidas por Francisco Villa. Me contó que él tomo prestada la concepción que implementó el General Villa para tomar Ciudad Juárez y con ella diseñó el inicio del alzamiento. “Para la batalla de Zacatecas no me faltaba caballería”, dijo bromeando, “sino planada”.
En lo internacional, contra el común de la izquierda, su referencia no era la batalla de Leningrado, sino la Batalla de Santa Clara, conducida por el Che, la de Cuito Cuanabale que dirigió Fidel Castro, y la de Playa Girón, también comandada por Fidel Castro.
Aproveché para preguntarle por qué, siempre que nombraba a Fidel Castro, no decía “Comandante” si toda la izquierda latinoamericana lo hacía. Así me respondió:
“El que todos así lo llamaran pudiera bastar, pero no es por eso. Nosotros somos un ejército y cuando decimos “comandante” decimos mando. Y a nosotros no nos manda nadie, como no sean nuestros pueblos. Pero Fidel Castro no necesita que nosotros le digamos así. A él su pueblo le ha dado ese grado y no necesita más.”Se siguió contándome sobre Playa Girón y, con admiración, narraba la ocasión en que Fidel Castro discute y manotea con sus oficiales porque no lo dejan avanzar hacia Playa Girón a combatir contra los mercenarios. “Imagínate”, me dijo riendo de buena gana, “Fidel contra todo su Estado Mayor. Él emperrado en que quiere estar en el frente de combate y los demás en que no, que tiene qué cuidarse. Y, ¿sabes?, Fidel Castro no argumentó que era su deber, les dijo que era su derecho.” Encendió su pipa el finado y, después de la primera pitada la levantó como si brindara y dijo: “Por supuesto que la discusión la ganó Fidel”.
Luego, dando por terminado el tema, añadió: “Fidel Castro es el Maradona de la política internacional. Y nunca le van a perdonar los goles que le metió a quien se atrevió a enfrentarlo”.
Recordé las palabras del difunto SupMarcos cuando leía sobre lo que el famélico espectro político de Latinoamérica opinó sobre la muerte de Fidel Castro. La reiteración en la derecha, y en la izquierda bien portada, de reproches y supuestas críticas. La derecha que nunca le perdonará las derrotas que les propinó, y la izquierda institucional que no lo absolverá de haber sido todo lo que ella, en su mediocridad, nunca llegará a ser.
También están los mediocres que ahora dictan juicios y sentencias y simplemente no pueden explicar por qué, si era un dictador, la mayor potencia mundial no pudo organizar una rebelión popular, y optó por los atentados terroristas para anularlo.
Lejos de la películas de ficción y series televisivas, donde los servicios secretos norteamericanos acaban con los malos armados sólo con un lapicero, fracasaron en Cuba sencillamente porque “Comandante Fidel” era el nombre, la imagen y la voz que ese pueblo tomaba para reafirmar lo que todo el tiempo y en contra de todo construía: su libertad.
Y el dinero buscó y busca y siempre encuentra psicópatas dispuestos a vender su sed de sangre y destrucción. Siempre encontrará a los Mas Canosa, a los Posada Carriles, aunque, en otra geografía y calendario, se llamen acá Felipe Calderón Hinojosa o como su antes esposa y ahora pretendida amasia Margara Zavala; o como Mauricio Macri en Argentina; o como Temer en Brasil, o como Leopoldo López en Venezuela. Políticos, psicópatas y corruptos todos ellos, siempre dispuestos a que otros mueran y ellos cobren.
Les cuento esto no sólo porque el tema toca lo pequeño que se rebela y se alza rompiendo moldes impuestos, también por lo que ahora les narro: me tocó reportarme con el Subcomandante Insurgente Moisés en una de nuestras posiciones, precisamente unos días después de la muerte de Fidel Castro.
Cuando llegué, la insurgenta Erika me dijo sin poder contener las lágrimas: “Se murió el Fidel Cuba”. Así dijo. La revolución cubana tiene 58 años resistiendo contra todo, la insurgenta Erika debe andar por los veintitantos, nunca ha salido de estas tierras, aprendió el español en un campamento de montaña, batalla con las matemáticas y las palabras “duras”, y, a pesar de eso, o precisamente por todo eso, ha sintetizado en dos palabras toda una historia de lucha, de resistencia y rebeldía.
Y vengo a hablarles de Cuba, es decir, de Fidel Castro, y de Fidel Castro, es decir, de Cuba, por la sencilla razón de que ya no hablan de él. Tal vez porque piensan que ha muerto y, con él, la Cuba rebelde. En lo que se refiere a Fidel Castro Ruz, sólo les decimos: “si no lo pudieron matar cuando estaba vivo, menos van a poder ahora que ha muerto”.
Todo esto viene al caso, o cosa, según, porque es cierto, el difunto SupMarcos tenía razón: Abril también es mañana.
-*-
Volviendo a aquella ocasión, como el tiempo se alargaba, seguí platicando con el finado SupMarcos cuando todavía no estaba finado. El tiempo en La Realidad zapatista había entrado en ese ritmo en que parece que el día tiene prisa por irse y la noche sigue de perezosa. Me parece que todo lo operativo de ese día 24 de mayo del 2014 lo estaba resolviendo el Subcomandante Insurgente Moisés, pues al SupMarcos nadie se le acercaba con informes o preguntas. Como si el SubMoy estuviera haciendo todo lo posible para que el SupMarcos pasara tranquilo sus últimos minutos.
Como seguíamos ahí, esperando, le pregunté por qué decía eso de que él era el personaje y no Durito, el Viejo Antonio y los otros seres que poblaron sus relatos. Claro, todavía no conocía yo, ni nadie, el texto que leería la madrugada siguiente y que se titula “Entre la luz y la sombra”.
Antes de responderme, el Sup miró ambos relojes.
Nunca antes había hecho eso. Siempre o consultaba uno o checaba el otro, dependiendo siempre de la situación.
Después de confrontar ambos relojes, suspiró profundamente y me preguntó:
“¿Qué es lo que no entiendes?”
“Eso”, le respondí, “porque entonces ¿quién eres? o más bien ¿quién has sido?”.
Entonces se cuadró e inclinando la cabeza, paradójicamente tratando de imitar el tono de voz de los serios y formales samuráis de Akira Kurosawa, dijo:
“Kagemusha”.
Y digo que paradójicamente, porque el SupMarcos bromeaba de todo y de todo se burlaba, sobre todo de sí mismo.
Yo puse la misma cara que ustedes están poniendo ahora.
“¿Qué diablos es eso de Kagemusha?”
“Un señuelo”, me respondió, “un distractor, una sombra, la sombra del guerrero”.
Entendí entonces el por qué, en sus últimos textos, había aparecido de pronto un nuevo personaje: “Sombra, el guerrero”.
“¿Y entonces?”, pregunté porque sí.
“Entonces nada, alguien tenía que hacerlo y a mí me tocó”.
“¿Y entonces que vas a hacer?”, le insistí.
“Morirme”, me respondió mientras se colocaba el pasamontañas. Se acomodó entonces la gorra, encendió la pipa y, dirigiéndose a la guardia que resguardaba la puerta, ordenó por última vez: “Dile al SubMoy que estoy listo”
-*-
Viene la tormenta.
Una y otra vez, el dinero tratará de romper la historia que importa. Y una y otra vez, será vencido. Como en un mes de abril de hace ya 56 años, en Playa Girón, generaciones enteras se arrancarán los juegos de un tirón y se levantarán desafiando el destino que se les impone.
Ese día volverán a escucharse, aunque con otra voz, las palabras que el pueblo de Cuba dirigió a quienes pretendieron doblegarlo:
“Tampoco escaparán al veredicto de la historia, que no será un simple veredicto de palabra, sino el veredicto que marca inexorable el destino de los explotadores de todo el mundo, como un reloj que le dice “tus días están contados, el fin de tu sistema explotador se acerca“.Cuba pervivirá. Los pueblos originarios pervivirán. La humanidad pervivirá.
Y cuando se diga “Patria”, se dirá “mundo”, se dirá “casa”, se dirá “vida”
Cierto, no habrá relámpagos más fieros, ni tormenta más grande, pero al final, esta tierra se levantará y con ella sus mujeres, sus hombres y quienes son lo que son sin ser ni uno ni otra.
La memoria no olvidará, pero no habrá celebraciones.
No porque no valdrá la pena, sino porque la vida entera será entonces lo que siempre debería ser, es decir, una celebración.
Y cuando ese mañana llegue, yo, nuevo Kagemusha nómada, sólo lamentaré no estar presente para mirarles burlón y decirles:
“Odio decir que se los dije, pero se los dije”.
Gracias, no muchas, pero siempre sí unas pocas bastantes.
SupGaleano.
Abril del 2017.
6 de noviembre de 2012
Desinformémons #65
Reportajes
Entrevista de Marcela Salas Cassani
Manuel Fuentes Muñiz
Jaime Quintana Guerrero
Desinformémonos
Isaac Sánchez y Mónica Montalvo Méndez
Elvira Madrid Romero de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”
Carlos M. Álvarez
Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Atenecalling.
Traducción: Daniele Fini
Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales
ELCOR
Imagina en Resistencia
Katerina Girich
Fotoreportaje
Fotos: Recopilación de páginas de movimientos
Música: "No morirá la flor de la palabra", Subcomandante Marcos
Texto: Desinformémonos
Producción: Desinformémonos
Audio
Realización: Sergio Adrián Castro Bibriesca
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skype: desinformemonos
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"...desinformémonos hermanos
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos."
Mario Benedetti
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"...desinformémonos hermanos
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos."
Mario Benedetti
5 de noviembre de 2012
SEGUNDA CITA :: Materialmente pobres.
Provocación de Silvio Rodríguez/Tomado de Segunda Cita. Blog en evolución.
En la entrada anterior recibimos muchas muestras de solidaridad por el daño que nos hizo el huracán Sandy. Incluso apareció la idea de hacer una colecta para los damnificados, aprovechando los próximos conciertos que haremos por el cono sur americano. Yo respondí pidiendo un poco de paciencia, seguro de que nuestra respuesta al desastre iba a ser inmediata y enérgica, como es costumbre en nuestro país cuando ocurre este tipo de cosas. Por esos días algunos segundaciter@s se hicieron preguntas en voz alta que inevitablemente me llevaron a reflexiones. No era el mejor momento para ponerme a pensar en estas cosas, porque me encuentro ensayando intensamente para la gira, y cuando llego a casa continúo elaborando ideas musicales. Pero ¿quién para el pensamiento? Así que una mañana, muy tempranito, antes de irme a ensayar, esbocé una idea y se la mandé a Guillermo Rodríguez Rivera y a Víctor Casaus, para que me dijeran lo que pensaban. Esta entrada consiste en eso: en lo que tecleé esa mañana y le mandé a mis amigos, y en lo que ellos me respondieron. En cuanto les leí, me di cuenta de que lo dicho por ellos completaba y ampliaba mi planteo inicial. Por eso les propuse que lo publicáramos. En definitiva se trata de asuntos que a todos nos interesan. Víctor, por estar también en un berenjenal de trabajo, fue más parco y “amenazó” con seguir participando aquí en el blog, cuando tuviera un chance.
He aquí lo que yo expuse:
Materialmente pobres
La verdad es que somos materialmente pobres. No tenemos grandes yacimientos, excepto de níquel, cuyo valor ha bajado en el mercado mundial en los últimos años. También parece que tenemos algo de petróleo, lo que se está explorando todavía. Estamos rodeados de agua salada pero tenemos poca dulce: no tenemos ríos caudalosos de los que pudiera extraerse fuerza para turbinas generadoras de electricidad.
Nuestro más valioso yacimiento es el humano, porque gran parte del pueblo está instruido, gracias a una política correcta que se instauró desde hace medio siglo. Eso y la tierra, aunque es difícil que un pueblo educado decida dedicarse a la agricultura. Los estudios relacionados con el campo trataron de estimularse, pero la mayoría quería ser médico, ingeniero, arquitecto, o sencillamente vivir en las ciudades. Uno de los dramas anteriores a la Revolución era que las tierras pertenecían a grandes latifundios, generalmente de empresas foráneas; los que la trabajaban no eran propietarios sino peones. La Revolución hizo dos reformas agrarias y repartió tierras a quienes las querían trabajar, pero por una política agraria sin luz larga los hijos de los propietarios de tierras se fueron de los campos, y hoy resulta que hay que importar la mayoría de los alimentos que consumimos, a pesar de que podríamos producirlos.
No me ofende que alguien nos diga pobres, porque somos dignos. Fuimos capaces de lanzarnos a una concepción elevada del ser humano. Quizá pecamos de idealistas, pero teníamos dos mundos que comparar: el injusto que habíamos vivido y el solidario que soñábamos construir. Los desganos actuales no son por falta de memoria: es que los que comienzan a decidir no tienen edad de recordar lo que fuimos. Y ¿qué convence a las nuevas generaciones de que respondan por las vidas de sus abuelos, más que por la propias? El mundo parece funcionar por reglas ancestrales, por lo básico que se suele entender: si trabajas, tienes; si tienes, te das el gusto de hacer lo que desees.
La actualidad parece estar violentando nuestro espíritu al volvernos realistas, lo que en cierto sentido podría parecer que nos empobrece, porque nos hace sacar más cuentas, no sólo de lo que tenemos y aspiramos sino de lo que estamos dispuestos a dar. Muy al principio de la Revolución, Fidel dijo una vez: “Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella. Por eso nos parece que se hunde el mundo cuando escuchamos la verdad. Como si no valiera la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira.” (*) Aunque parezca contradictorio, lo cierto es que la forma de ser que teníamos, la más elevada, la más altruista, además de bien, también nos hizo daño: creó demasiada seguridad. Fabricamos un mundo en el que, incluso sin trabajar, algunos podían sobrevivir. Y lo cierto es que somos un país sin mejores recursos que nosotros mismos, los que lo habitamos.
Si pensamos que es justo que todos tengamos derechos, no debemos olvidar que también es muy justo que todos aportemos. Porque no se trata de que por haber nacido nos toquen todas las bondades, y nos las den, y después nos las sigan dando, como si la vida fuera un interminable biberón; se trata de que, porque nacimos y somos ayudados a sobrevivir, tengamos la oportunidad de ganarnos el bien que seamos capaces de realizar. Ese principio, el derecho a lo honradamente trabajado, debiera ser nuestra mayor riqueza.
(*) citado de memoria.
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Respuesta de Víctor:
silviano:
te comento rápido. y después te mando dos msjitos más rápidos entodavía sobre otros temas.
el texto me parece bueno para el blog porque abrirá conversaciones y debates sobre varios temas muy importantes: los sueños soñados y la cruda realidad actual; el énfasis en que la mayor riqueza es el llamado capital humano, fruto de aquellos sueños implementados a través de la educación...
uno de los problemas más graves para la agricultura fue que la luz larga que se aplicó no fue acertada: intentó el desarrollo a partir de las grandes grandes empresas agrícolas estatales que no fueron eficientes: una especie de tercera reforma agraria se está realizando desde hace pocos años eliminando esas grandes empresas y entregando la tierra a campesinos y cooperativistas.
el fracaso de la producción de alimentos también tuvo que ver con la pertenencia de cuba al came, donde nos tocaba aportar azúcar, niquel y otros productos y las frutas y vegetales llegaban desde bulgaria, la urss, etc. (hay un poema satírico excelente de guillermo sobre eso).
en el aspecto interno otra acción devastadora fue la del cordón de la habana que eliminó las plantaciones históricas de frutales para sustituirlos por café caturra, que no fructificó, como sabemos (está lo contado por raúl sobre el café: enseñamos a los vietnamitas a cultivarlo y ahora es el segundo productor de café del mundo. ah, qué chinitos esos!
en el final creo que habría que mencionar los deberes de los que trabajan y de los que dirigen y organizan, que también deben hacerlo bien, y rendir cuentas por ello. la metáfora de los pichones (el pueblo, los trbajadores) con los picos abiertos esperando que les echen cosas en el buchecito, que apareció en granma hace pocos años no menciona la responsabilidad de los que les ponían las lombricitas y además animaron la política de piquitos abiertos.
esas y otras cosas podrían salir de los comentarios, y será bueno. la entrada hace énfasis en la ética, además de la necesaria racionalidad, y eso es muy importante en estos momentos, creo.
abra-son con tecleo relámpago,
victoriano
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Respuesta de Guillermo:
Silvio:
Tu reflexión me parece éticamente irreprochable.
El derecho a lo honradamente trabajado es lo que debe tener un ser humano y conste que ahí operan las circunstancias que rodean ese trabajo y que pueden magnificarlo y hacerlo mucho más valioso, o degradarlo y hacer que finalmente no se evalúe en lo que es.
El hombre está en las redes de esas circunstancias que, muchas veces, no dependen de su bondad ni de su talento.
Cuando tú hablas de las dos reformas agrarias que hemos hecho, no puedo dejar de decirte que si la primera fue una maravilla, la segunda fue el inicio de una cadena de desaciertos que nos llevó a una suerte de neoliberalismo al revés.
Si los neoliberales quieren deificar el mercado y minimizar el estado, nosotros hicimos exactamente lo contrario: casi desaparecer el mercado y construir un superestado que lo manejara todo.
La segunda reforma agraria, con fincas de hasta 5 caballerías – en lugar de las 30 de la primera – desvastó nuestra ganadería. El estado tenía sus grandes extensiones de tierra, pero su ganado iba a ser semiholstein, los F1, que precisaban de alimento especial y no de la humilde pangola que comía el cebú, que dicen que le vendimos a Brasil, porque aquí criaríamos un ganado superior. Pero esa crianza precisaba de los recursos que se fueron cuando se fue la URSS. Confiamos en lo que no era confiable. Después de la 2da RA, vino la Ofensiva Revolucionaria urbana, para completar.
Colectivizamos la tierra (no a la fuerza, como lo hizo Stalin) sino prometiéndole a los campesinos lo que no se podía cumplir. Los que no creyeron en los planes de la Revolución y no entregaron la tierra, hoy son los ricos de nuestros campos. Los abuelos de mi mujer -- paisanos tuyos, del sur de La Habana -- fueron de los que creyeron y se empobrecieron.
Como dices, le facilitamos a la juventud campesina el abandonar el campo. Se becaron e hicieron profesionales, pero resultó que tampoco tenían posibilidades, y entonces dejaron Cuba. Nos desangramos día a día por toda la gente joven inteligente que se nos va. Nos roban cerebros, es verdad, pero hay centenares de jóvenes que van encantados a vender los suyos. Ese es el dilema.
Los lineamientos no alcanzan. Seguimos presos en los tabúes de siempre. Los profesionales no pueden trabajar, los profesores no pueden dar clases particulares a pesar de los desastres de la educación, los peloteros no pueden jugar fuera en ligas profesionales. Se les va la juventud, que es la edad del deporte. ¿No podrían jugar fuera en el verano y en invierno en Cuba, como hicieron Miñoso, Amorós y Marrero? Si como dices, y es verdad, es el “yacimiento humano” nuestra riqueza, ¿por qué maltratarlo?
El poder que jamás se pierde, haga uno lo que haga, puede ser también un “interminable biberón” que no nos deja poner los pies en la tierra. Jorge Luis Borges, que no era revolucionario, pero era brillante, se refirió al “antiguo alimento de los héroes: la falsía, la derrota, la humillación”. Hay que ser derrotado, que me humille esa derrota, salir del poder y poder pensar de veras qué hice mal, cómo me levanto” y que acaso venga otro, aunque sea peor, a intentar hacer lo que yo no pude. Es lo que creo, hermano, y yo me voy a morir aquí porque, a pesar de los pesares, esta es la experiencia más hermosa que nos ha tocado vivir.
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Aporte de Aurelio Alonso, hoy viernes 2 de noviembre de 2012
Silvio:
Más tarde me sumo a ustedes con algunas apreciaciones en la misma dirección. Aunque adelanto algo, porque me cuesta contenerme: La experiencia - la personal en todas las escalas y la del sistema - me ha llevado a la idea de que la revolución, la que toca a nuestro tiempo y a nuestra geografía, se conforma desde especificidades y se articula a través de muchas revoluciones. Los cubanos logramos desarrollar una formidable revolución cultural, que iniciaron, principalmente, la igualdad social en las políticas de Estado y el efecto masivo de asimilación que la alfabetización abría desde 1961, y que avanzó, con contratiempos que todos conocemos, pero avanzó, escalón tras escalón, hasta hacer de Cuba hoy un país distinto del que vivió la victoria. Distintos por su potencial humano. Pero fracasamos en hacer una revolución agraria, porque hicimos la apuesta a que esta se derivara de una industrialización que imaginamos estaría a nuestro alcance rápidamente. La segunda reforma agraria fue distinta de la primera. Aquella distribuyó tierras a los campesinos; esta redujo las tierras que les habían sido distribuidas, no en beneficio del incremento de la población rural sino en beneficio del Estado. Después vivimos muchos ensayos de cambios en el sector agropecuario, pero, como afirma con razón Guillermo, no se podía subsanar el despoblamiento del campo generado precisamente por el modo de implementar los principios de justicia social y equidad, columna vertebral del proyecto social cubano. Se hubiera requerido un balance que rehusamos buscar. Hoy más del 80% de la población cubana clasifica como urbana. Ante la desintegración del sistema soviético en 1991, se habló del "programa alimentario" como prioridad (y así se titula el soneto histórico del gordo), antes de que se decidiera la cooperativización de la mayor parte de las tierras. El concepto de "programa alimentario" se desvaneció al no aparecer los alimentos. La creación de las UBPC en 1963 se supone que sacaba del dominio del Estado la mayor parte de las tierras agrícolas, pero el Estado mantuvo tanto control - en la puerta de entrada del proceso como en la de salida - que no logró traducirse en lo que se esperaba. Esta insolvencia parece que hoy se ha comprendido y cobra constancia la secuencia de medidas llamadas a incentivar la recreación de un sector agropecuario ruralmente enclavado y con la independencia necesaria del dictado estatal para hacerse efectivo. ¿Se logrará? Por lo pronto seguimos ante la situación de que el porciento de las importaciones en alimento frente a la producción nacional supera la desproporción que existía antes del triunfo de la revolución y que criticábamos implacablemente como deformación debida a la lógica del capital. Claro que el discurso crítico que podemos desarrollar hoy, que tenemos los saldos de logros y fracasos, no lo podíamos tener entonces. Pero yo no recuerdo de mis lecturas que ningún modo de producción halla generado avances sostenidos porque los líderes exhorten ante las pantallas de TV y en las visitas personales a producir más, a ser más eficientes, a ahorrar insumos, etc.: tienen que existir mecanismos que hagan innecesarias (o suplementarias al menos) las exhortaciones. Y las estructuras tienen que responder a esos mecanismos. El hecho es que la economía no se ha destrabado aun y no sabemos cuanto tome destrabarla (sin entregarla al torbellino incontrolado del mercado capitalista, quiero decir). El hecho es que la dirección política ha decidido la profundidad de cambio que debió decidir hacia principios de los 90..., con veinte años de retraso. El hecho es que todavía no parece prevalecer el consenso de la intensidad de lo que tiene que ser distinto. Recuerda que a principios de los setenta, cuando se decidió la incorporación al CAME, se comenzó por diseñar un Sistema de Planificación y Dirección de la Economía (SPDE) que se puso (hasta cierto punto) en manos de los diseñadores del sistema. Ahora, que se trata de reinventar el socialismo y no simplemente de acoplarlo a las reglas del "gran hermano", paradógicamente, estamos trabajando simplemente con un racimo de lineamientos a partir estrictamente de revisiones y debates. ¿No haría falta pensar en cuanto de la economía va a retenerse por el Estado, cuanto irá a otras formas de propiedad socializada, cuanto se dejará en manos de la iniciativa privada, y cómo se va a articular todo eso en otro SDPE, distinto de aquel? Bueno, hermano, freno ahora, pero podemos seguir más tarde si quieren ustedes. Un abrazo,
Aurelio
Le conté a mi también viejo y querido amigo Fernando Martínez Heredia sobre esta entrada, nos mandó la siguiente colaboración:
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Le conté a mi también viejo y querido amigo Fernando Martínez Heredia sobre esta entrada, nos mandó la siguiente colaboración:
Silvio:
Eres un provocador en el buen sentido de la palabra, porque te la pasas
abriendo caminos. Déjame sumar unas pocas cosas a las tuyas y las de nuestros
amigos Víctor y Guillermo.
Es bueno recordar que la riqueza mayor de Cuba, con mucho el mayor recurso, es
la gran proporción de gente instruida que tiene, y también la conciencia
política de este pueblo, que puede que no tenga igual en el mundo de hoy. Los
otros recursos que tiene la naturaleza pueden escasear o no en cada país, pero
solo son válidos cuando se ponen en explotación. El capitalismo ha logrado
sacar beneficio a esto siempre, téngalo o no en su territorio, porque se lo
quita a otros de mil maneras. Marx decía hace siglo y medio que dos naciones
pueden intercambiar entre sí según la ley de la ganancia, mientras una explota
y roba constantemente a la otra.
Cuba logró salir de esa prisión hace medio siglo, pero le ha sido muy difícil –
y a veces imposible-- no seguir pagando el precio de la desigualdad engendrada
por el colonialismo y reforzada por dos vías: formas abismales de subdesarrollo
y la acción perenne de nuestro gran enemigo. Italia no podía comprarnos níquel,
aunque quiso hacerlo, y el CAME fue la relación que tuvimos, no el camino del
desarrollo. Ese es el marco de toda nuestra historia desde 1959. Pero no es la
historia misma. Ser los dueños del país y lanzarnos a una concepción elevada
del ser humano fue una maravilla, pero cambiaba los términos de entender y de
solucionar casi todos los problemas importantes y nos ponía ante la obligación
de ser muy creativos y ser diferentes, no solo opuestos al mundo del
capitalismo.
Se acabó el enorme desempleo en solo cuatro años, y se acabó también la
disciplina de los explotadores sobre el trabajo, pero no se logró triunfar en
los intentos de establecer unas nuevas relaciones de trabajo eficaces entre
gente liberada. El poder fue entonces el gran repartidor de justicia, bienes y
oportunidades, y el garante de un nuevo y abarcador proyecto social. Nadie le
regaló nada al pueblo, que había generado todas las riquezas, y que entregó
todo el sudor y la sangre que fueron necesarios y apoyó con entusiasmo todas
las políticas de la Revolución. De esa base moral se ha sostenido la sociedad
cubana. Pero hacían falta otras creaciones diferentes para sustentar cambios
eficaces en las etapas que vinieron después, que profundizaran el socialismo y
le cerraran el paso al predominio de las modernizaciones, que al final siempre
se convertirá en la modernización de la dominación. Y no las hemos tenido.
Hace casi cincuenta años el Che pedía que no se sacrificara la exigencia de
contenido real para el trabajo con tal de tener pleno empleo, que era
preferible, decía, pagarle a unos para que estudiaran y conservar el prestigio
del trabajo. A fines de los años 60 algunos discutían si no era mejor pagar
mejores salarios en el campo y exigir, que ofrecer tanto a través del Estado y
pagarle poco al trabajador rural. Y otros planteaban que era insuficiente la
nacionalización de los medios de producción y había que ir creando formas de
poder de los trabajadores.
Me detuve un poco en esa historia porque nos muestra muy claramente que fundar
una sociedad y unas personas nuevas exige trabajos sistemáticos muy
intencionados y organizados, que sean creadores al mismo tiempo de bienes,
servicios, conciencia y nuevas relaciones humanas y sociales. Y por lo mismo
exige controles reales y efectivos de las mayorías sobre los que ejercen
funciones.
Hoy estamos viviendo grandes dilemas, lo que es igual a afirmar que la
situación actual tiene más de una solución posible. Opino que este país todavía
es muy superior a sus circunstancias. Y una de las acciones indispensables en
este momento es pensar entre todos y compartir esos pensamientos. Cometeríamos
suicidio si no pensamos y discutimos, que el debate le es tan necesario a esta
sociedad como la respiración a los individuos. Por eso me entusiasmó la
explicación que le diste a lo que te motivó a encontrar tiempo: ¿quién para el
pensamiento?
fernando
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