Por: Rosa Campoalegre / Cuba Posible.
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| Foto: Pedro Szekely. |
La prostitución ha generado históricamente profusos
debates que recorren las familias, las políticas públicas y las
ciencias. Las rutas de estos debates muestran el conflicto entre
concepciones polarizadas sobre: sexualidad y géneros, libertad y
opresión, evidenciando mitos y realidades en las variantes de
prostitución, cuya evolución va de la mano del desarrollo de la
denominada “industria sexual”. Múltiples han sido las teorías, polémicas
y estrategias de respuestas el fenómeno social en estudio. Sin embargo,
esta vez se sugiere a las lectoras y los lectores una mirada poco
usual, anclada desde los feminismos poscoloniales latinoamericanos y
caribeños.
Se trata de un posicionamiento epistemológico que
permita de/construir enfoques, prácticas cotidianas e imaginarios
sociales sobre el tema. Valdría cuestionarse por qué son precisamente
estos feminismos el punto de partida en el análisis. La respuesta a tal
interrogante distingue la posición contrahegemónica que los define como:
“Una metodología revolucionaria para la despatriarcalización de la vida
cotidiana hasta la letra.” (Paredes, 2010:1).
El moderno sistema colonial de género profundiza los
vínculos entre el patriarcado como cultura de la dominación y la
prostitución, que es una pieza clave en el mantenimiento de esa
opresión. Luchar contra el patriarcado es replantear el enfoque y
colocar a la prostitución de manera diferente en la agenda nacional de
justica social.
Se asumen los feminismos poscoloniales en su doble
aspecto al constituir simultáneamente un lugar de enunciación y un campo
de acción, más bien campo de batalla, desde el paradigma emancipatorio
de la Epistemología del Sur (De Sosa, 2011) , cuya exigencia distintiva
es “reinventarnos” y, con ello, transformar nuestras prácticas y así
mismos/as.
Aquí el Sur es visto más allá de lo geopolítico para
multiplicarse simbólicamente en escenarios de sufrimientos, opresiones y
resistencias, conformando la diversidad de “sures” que habitan desde el
espacio local al global -con sus marcadas diferencias y conexiones- de
las que Cuba hace parte. Advierta que el fenómeno de la prostitución y
en particular las personas que la ejercen, también integran “un sur”,
“en el Sur”.
De ese modo, el debate es instalado tomando en
consideración las siguientes interrogantes: ¿es la prostitución lo que
habitualmente se define como tal?; ¿Qué tendencias caracterizan su
afrontamiento?; ¿Cómo se encuentran y desencuentran eufemismos y
emergencias, hegemonías y resistencias en este tema?; ¿Cuáles son las
nuevas alternativas emergentes? La invitación es a narrar la historia
desde otro lugar: hacia alternativas de cambio.
Violencia o trabajo: realidades, discursos y cuerpos en tensión
El debate feminista acerca de la prostitución refleja un
planteamiento dicotómico asentado en los polos “violencia” y “trabajo”
(Morcillo, 2014). En torno a qué es “prostitución”, giran puntos de
vistas muy diversos, que generan tensiones ilustrativas de nudos de
disensos hasta el conflicto: ¿es la prostitución compra y venta de
placer o de personas? ¿Placer: para quién y para qué? ¿Es trabajo sexual
o esclavitud? ¿Es delito o conducta “antisocial /peligrosa”?
Enmascarada bajo servicios sexuales, en
realidad, la prostitución compra y vende personas. No obstante, el
término de trabajo tiene la intención de dignificar. Sin embargo, lejos
de hacerlo crea eufemismos que generan más patriarcado en el imaginario
social, silencia las violencias típicas de la prostitución, refuerza
mitos y prejuicios en torno a ella, y naturaliza esa forma de
explotación mediante ropajes protectores a través de reglamentaciones.
De igual modo, considerar que la prostitución es trabajo sexual, limita
sensiblemente las bases de la ciudadanía, pues legitima la existencia de
ciudadanos/as de “segunda clase” al valorar como mercancía a los
cuerpos, a la sexualidad y a los derechos asociados. ¿Pueden existir
derechos y garantías erigidas sobre tal desequilibrio del poder?
Al respecto, destaca el punto de vista de Kaisa Ekis Ekman (2014:47), quien alerta:
“Para mí la prostitución nunca va a ser un trabajo como cualquier otro, no solamente porque las cifras demuestran que dentro de la prostitución se halla también la violencia…… sino porque en las prostitutas la tasa de mortalidad es 40 veces más alta que entre las mujeres fuera de la prostitución y estas cifras no existen para ningún trabajo”.
Ante esta polémica en busca de abandonar el
etiquetamiento social ha surgido el término de “personas en condición de
prostitución”. Ello se proyecta al reconocimiento de la condición de
víctimas, pero subyace la limitación de volver a colocar la discusión en
las personas que las ejercen y al presentarlas como vulnerables, las
revictimiza. Al unísono el vocablo “condición” sugiere cierto estatus de
atrapamiento atemporal, indefinido, incidente en la visión proactiva
del tema.
Sostenemos la tesis contrahegemónica que define la
prostitución como un proceso complejo de violencia de género agravada,
sustentado en relaciones glocales1de
explotación. Tras eufemismos y castigos, la prostitución es, en
esencia, colonialidad de género, invisibilizada y en re-victimización.
Asumiendo esta colonialidad en calidad de “opresión de
género racializada”, según ilustran destacadas feministas
latinoamericanas como María Lugones (2010), Rita Segato (2011) y Karina
Bidaseca (2016). El aporte de los feminismos poscoloniales es demostrar
que las mujeres y otras víctimas de la prostitución habitan múltiples
opresiones, que han de encontrar diversidad de voces y caminos ante el
temor de la sociedad por personas “fuera de la norma sexual” establecida
a tenor de la cultura patriarcal.
Entender que la prostitución es un proceso, revela fases principales, ellas son:
Ideación:
caracterizadas por la formación de motivos hasta la toma de decisión de
los/as sujetos para iniciar el proceso deprostitución.
Iniciación:
integran las primeras experiencias de participación en actividades de
prostitución en una o varias modalidades, presenciales o virtuales.
Eventual:
participación inestable, discontinua, asicrónica en el ejercicio de la
prostitución, que comparte con otras actividades vitales de carácter
laboral, estudiantil o de cuidados.
Meseta: participación estable en la prostitución, constituida en estilo de vida y articulada con actividades delictivas.
Agravación:
la prostitución como estilo de vida y la participación activa,
diversificada y sostenida en actividades delictivas de carácter
trasnacional.
Los resultados de investigaciones científicas y estudios
socioperativos muestran que en el país la tendencia de la prostitución
es a concentrase en las fases eventual y de meseta2.
Al unísono se desdibujan los perfiles tradicionales, mediante el
rejuvenecimiento de la iniciación y el ensachamiento hacia la adultez en
correspondencia con el acelerado proceso de envejecimiento poblacional,
lo cual propicia el surgimiento de nuevas formas de prostitución y de
asociación con delitos conexos.
Ello demuestra, en el plano sociológico, que no estamos
ante un fenómeno marginal, sino estructural. Se conforma un grupo social
específico capaz de reproducirse como componente de la estructura
social cubana. Las personas que ejercen la prostitución son víctimas de
la reproducción social e intergeneracional de procesos de desigualdad
social y dominación.
Viajando a la semilla hasta llegar a hoy
Para avanzar sobre este tema proponemos un diálogo
imaginario con Alejo Carpentier, un “viaje a la semilla”, que revela los
orígenes de la prostitución en el colonialismo y su afianzamiento
político institucional en la república neocolonial. Tras el desmontaje
programático de la prostitución (a partir de 1959), con el triunfo de la
Revolución cubana, fueron transformadas las principales causas
objetivas de este fenómeno.
En 1962 se realiza en el país un censo que registra
6,000 prostitutas y comienza la toma de medidas: surgen así las escuelas
de rehabilitación. La solución entonces fue socioeducativa, no penal.
Como resultado fueron reducidas sustancialmente estas actividades a
límites evaluados como indicativos de erradicación.
Pero problemas sociales tan complejos, encuentran
variadas formas de perpetuarse. La peculiar coyuntura de crisis de la
sociedad cubana en los 90, que en determinadas aristas aún se aprecia,
generó condiciones favorables a la reanimación de la prostitución. Si
bien determinados análisis tienden a privilegiar los factores económicos
asociados a la crisis y a la incidencia del turismo, tienen influencia
más activa los factores ideológicos que sustentan la prostitución. El
turismo no solo implica una amenaza, es también es una oportunidad, para
avanzar en mejores prácticas de atención a la prostitución.
El deterioro de valores bajo el impacto de la crisis
económica de los 90, sirve de catalizador para el aumento de la
prostitución en la sociedad cubana hasta la actualidad. Los imaginarios
sociales han transitado del rechazo histórico a la prostitución en el
país, en calidad de tendencia predominante, a percepciones de tolerancia
social y familiar. El fenómeno se renueva como una de las estrategias
familiares de vida para el afrontamiento de la crisis y sus impactos
(Campoalegre, 2013). También representa un canal de movilidad social a
fin de intentar insertarse en el escenario global. Este cambio legitima,
naturaliza y hasta en determinadas ocasiones erige a la prostitución
como experiencia vital exitosa y alterativa migratoria eficaz. La
conexión entre trata de personas y prostitución, a escala nacional y
global, refuta ese mito que es preciso informar para desmitificar y
poder prevenir tales conductas.
En consecuencia, ya no se trata de enfrentar fijando el
punto de mira en las actividades o en las personas que la ejercen, hay
que trascender a lo esencial. En este campo, hay disímiles causas a
atender como sociedad. Se conforma un nuevo contexto explicativo del
fenómeno, para el cual resultan indispensables nuevas estrategias y
mayor articulación.
La diversificación de las formas de propiedad, la
complejización de la economía y la sociedad cubana, dilatan las
trayectorias individuales y grupales de la prostitución, confirmando la
tendencia mundial referida a la evolución de sus formas hacia modos más
sutiles de actuación y nuevos métodos de organización.
Cuba se atiene al enfoque abolicionista de la
prostitución y toma como base la prevención articulada con mecanismos de
participación social desde las comunidades. En este enfoque subyace el
paradigma martiano de sociabilidad: “En prever está todo el arte de salvar (Martí, 1893:397).
Lo decisivo es comprender la necesidad de repensar las
estrategias tradicionales de prevención. Tales estrategias están
centradas en la mujer y en el riesgo. Al focalizar en la mujer se
refuerza la cultura patriarcal, con una visión homogénea y binaria de
ser mujer, a contrapelo de la diversidad, así se profundiza las
desigualdades sociales. Mientras jerarquizar el riesgo promueve
criminalización. Aunque se sanciona penalmente de forma severa el
proxenetismo y la trata de personas, en la práctica prostitutos/as, son
privados de libertad en virtud del “estado peligroso.”
Bajo estos presupuestos la prostitución es encarada en
el Código Penal como conducta antisocial, situación que retrotrae a la
doctrina de la peligrosidad social ampliamente superada por el Derecho.
Estas personas pueden ser “aseguradas” mediante medidas pre delictivas
con internamiento de uno a cuatro años. Sin embargo, no debemos
criminalizar esas conductas, ni asociarlas a la justicia penal, todo lo
contrario: el eje estructurador del cambio consiste en asumirlas lo más
lejos posible del sistema de justicia penal.
En la práctica, actores sociales priorizan la prostitución femenina, olvidando un principio esencial:
“Para cambiar la condición de la mujer -señala Mariela Castro- hay que cambiar la condición del hombre, porque el género es una categoría relacional” (2014,1).
Equidistante, la prostitución masculina o trans adquiere
menos visibilidad, se construye de manera diferente desde el punto
simbólico y recibe un discreto tratamiento en los sistemas operativos de
enfrentamiento policial. No es casual, que en la década del 90 surgen
el centro de recepción, clasificación y procesamiento penal de
prostitutas y los centros de rehabilitación para prostitutas
(actualmente extendidos a todas las provincias del país para el
cumplimiento de medidas pre delictivas con internamiento), sin que se
cuente con instituciones similares destinadas a los hombres. Esta
práctica institucional tributa a la criminalización y a la
revictimización de la prostitución femenina en particular, lo cual no ha
implicado una reducción sustancial y sostenible del fenómeno,
demostrando la necesidad de otras respuestas.
No hay argumentos que logren sustentar la “peligrosidad
social” de las personas que ejercen la prostitución, como rasgo
constitutivo esencial del delito; en paralelo a la “anti-socialidad” se
esfuma al carecer de una definición y basamentos específicos. Aunque los
órganos especializados aluden a la conexión con delitos graves
vinculados a las drogas, el proxenetismo, la trata de personas, el
homicidio y el asesinato fóbico por razones de género, cada quien debe
ser juzgado por los delitos que comete y no por los que presumiblemente
pueda cometer.
Ante este panorama, sugerimos una senda de/construcción
del enfoque sobre el tema, en correspondencia con el contexto de cambios
de una sociedad, cuyo modelo económico y social, se ha definido “en
actualización”. La diversidad de actores económicos caracterizada por el
predominio de la propiedad estatal socialista y la reanimación del
sector privado, la inversión extrajera, las cooperativas no
agropecuarias, las nuevas formas de gestión, han hecho surgir nuevos
escenarios -causales, motivación y actores- en este fenómeno que
sustentan los desafíos ante las políticas públicas. A ello se añade
la recomposición de la estructura social cubana con un aumento de las
desigualdades y la polarización del mapa familiar. Es presumible la
estabilidad perspectiva del fenómeno de la prostitución, dada la
capacidad de seguir reproduciéndose y ampliándose.
En tales circunstancias, la prostitución presenta mayor
vulnerabilidad para las mujeres que la ejercen debido al aumento de la
competitividad, la dependencia de los/as intermediarios/as, la movilidad
geográfica y el mayor hostigamiento operativo, actores que reducen la
influencia de las redes sociales de apoyo. Mientras las desigualdades
profundizan la reestratificación interna de este grupo generando mayor
desequilibrio de poder y, por consiguiente, el aumento de las violencias
hacia estas personas y desde ellas mismas.
En busca de un cierre, cabe destacar la multiplicidad de
desafíos en tensión, que se erigen desde los ámbitos epistémico,
económico, socioestructural y político. Baste delinear a la mayor
brevedad los principales retos en materia de política pública:
Atender y
no enfrentar, formando capacidades en el tema es la estrategia clave: no
criminalizar, estableciendo la mayor distancia funcional con el sistema
de justicia penal. No son políticas penales las que necesitamos, sino
políticas de cuidado.3 El nuevo paradigma de cuidados implica
la articulación de políticas distribución y de reconocimiento de manera
intersectorial, con empoderamiento femenino y familiar.
La
prostitución es un proceso plural marcado por la diversidad, por lo cual
debe atenderse desde la interseccionalidad, (Segato,2011; Bidaseca,
2016), redescubriendo las diferencias resultantes del entrecruzamiento
de género, generación, color de la piel, clase y territorio, a fin de
explicar cómo se reproducen históricamente las desigualdades sociales.
Prostituirse
no es una vida fácil: es uno de los principales dramas humanos de todos
los tiempos. La lucha de y por los cuerpos como territorio oprimido
constituye un fundamento básico para la atención a la prostitución.
El
imperativo es la identificación y el acompañamiento social de nuevas
voces. Promover las narrativas protagónicas de estas para reconstruir
las historias de opresión e impactar los imaginarios sociales con fines
preventivos. No invisibilizar bajo eufemismos o el excesivo control de
información, no al silencio y a la distancia con respecto a las
personas que ejercen la prostitución.
Frente a la prostitución existen antídotos eficaces,
como la información, la educación en valores y el empoderamiento de las
familias -en calidad de proceso en el que se amplían las condiciones
para el despliegue de sus funciones sociales-; en fin, todo un continuo
que tribute al empoderamiento real de las personas. Deconstruir desde
los feminismos poscoloniales, prácticas e imaginarios sociales acerca de
la prostitución en Cuba, conducirá a nuevas miradas estratégicas. En
políticas públicas se abre el reto de qué hacer para no ser: “… la
fugitiva, la que rompió las puertas de la casa vivienda y cogió el monte”.4
Notas
1Se refiere a la articulación de los escenarios globales y locales.
2Veáse la mesa de posicionamiento sobre
prostitución celebrada en el II Simposio Internacional Violencia de
Género, prostitución,turismo sexual y trata de personas,la Habana 27 al
31 de enero del 2017.
3Es entendido como acciones intencionadas
para generar bienestar, procurando satisfacer necesidades físicas y
emocionales que permitan estar y sentirse bien. El cuidado tiene como
centro de su actuar el interés y la preocupación por los demás
(Campoalegre, et. al., 2016).
4De la autoría de la destacada poetiza afrocubana Georgina Herrera.
Referencias
Bidaseca, K. Genealogías críticas de la colonialidad en América Latina, África, Oriente. Buenos Aires: CLACSO/UNSAM; 2016.
Campoalegre R., Chavez E., Manreza Y., Samón Quiala M. et al. Aprender sobre familias. La Habana: Editorial CENESEX; 2016.
Campoalegre R. Familias cubanas en transición. Caudales. [CD-ROM]La Habana: Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas; 2013.
Castro, M. (2014).Discurso pronunciado durante la VII
sesión del Grupo de trabajo de composición abierta de la Asamblea
General de Naciones Unidas sobre las metas del desarrollo sostenible.
New York 6 de febrero de 2014.
De Sousa, B. Epistemología del Sur. Buenos Aires: Siglo XXI editores; 2009.
Ekis Ekman KIntervención en la mesa redonda internacional sobre prostitución.
Sexología y Sociedad 2014; 52:46-49.
La Habana Lugones, M. Hacia un feminismo descolonial. Hypatia, 2010; 25 (4):105-117.
Martí José. La lección de un Viaje. Obras Completas. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. V (5); 1975.
Morcillo, Santiago “Como trabajo”. En Sexualidad, Salud y Sociedad. Rvista latinoamericana. 2014; 18: 12-40.
Paredes, J. Hilando fino desde el feminismo comunitario. La Paz: Moreno Artes Gráficas; 2010.
Segato, R. Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial; 2010. Disponible en http://seminariovirtual.clacso.org.ar/

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