Mostrando las entradas con la etiqueta Otra Kultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Otra Kultura. Mostrar todas las entradas

2 de octubre de 2019

2 de octubre no se… ¿qué?

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

No es lo que pasó, pasó,
o lo que pasó, pasa hoy.
No es dizque de donde vengo,
ni quesque pa’ donde voy.
Soy un sesentayochero,
Sesentayochero soy.

Desde el reproductor, la voz de Lalo "El Guajolote" se escapa por entre las rendijas de las pequeñas bocinas que custodian la pantalla del ordenador; no lo hace sola, la acompaña una su carnalita que suele habitar la garganta de Enrique Ballesté, aquél que escribiera que "eso de jugar a la vida, es algo que a veces duele".

Con las manos encima del teclado y la mirada sobre el monitor, leo y releo la que hubiera sido la última entrega de un artículo que había escrito sobre el noveno aniversario de La Jornada Morelos, hace poco más de 10 años, cuando la autocensura ocupaba en la que fuera mi casa un lugar privilegiado, como la intimidación y el asesinato de periodistas en manos del narcotráfico lo hacía y aún lo hace en otros medios, o la cancelación de propaganda gubernamental para golpear la economía de algún medio incómodo, o el cierre de ediciones radiofónicas, o, de plano, el despido de sus conductoras cuando la dignidad anida en su palabra, y el secuestro con patente de corso expedida por una Corte, que dice ser Suprema y dice ser de Justicia, de periodistas honestas.

No tenía sentido --pensaba-- ocupar un espacio, privilegiado sin duda, para quejarme por enésima vez de algún formador o formadora que cambiaba impunemente los títulos de mis artículos, los pasaba por la guillotina de su ignorancia o prefería guardarlos en el cajón de su ineptitud y falta de oficio periodístico que publicarlos, solo porque mi pluma señalaba la mentira, la hipocresía y la contradicción sistemática de un movimiento y un su líder que se dicen de izquierdas mientras callan ante la militarización, el despojo, la calumnia, la represión, el hostigamiento, las sentencias a cadena perpetua y el asesinato de hombres y mujeres cercanos a los pueblos indígenas zapatistas; no tenía sentido --pensaba.

Mejor --me dije-- aprovechar que el patetismo y esa pulsión de muerte que se destila hasta en nuestras canciones rancheras ha hecho del 2 de octubre el día nacional del derrotismo nuestro. ¡Qué viva el culto a la pesadilla y la vocación de fracaso! No vaya a ser que la memoria se sacuda el melodrama con que Televisa y TV Azteca nos estupidizan y recordemos que hace más de 50 años en este país asomó la posibilidad de construir un mundo nuevo y mejor en asambleas multitudinarias de estudiantes, maestros, padres de familia y trabajadores; en brigadas de información que hacían del volanteo, la canción y el teatro armas más peligrosas que las bazucas y las bayonetas, porque sembraban conciencia; en manifestaciones que protagonizaban lo mismo mujeres gigantas con niños a cuestas que burócratas insumisos.

Mejor --insití-- el llanto, las veladoras en las plazas, los poemas lúgubres y el performance sanguinolento, que la alegría, la fiesta y la reflexión de lo que se hizo bien entonces para repetir la experiencia. Mejor el terror, el miedo soplando en la nuca diciendo: “no hables, no cantes, no bailes, no escribas, no te quejes, no protestes, no te organices, no salgas a la calle, no tomes la plaza”, que descubrir que el preso político de hace cinco décadas se convirtió en funcionario de gobiernos priístas (es decir, criminales), asesor de administraciones panistas (léase, fascistas), legislador perredista (entiéndase, cómplice) que cuando no comete “errores tácticos” vota por leyes que ni siquiera ha leído o todos los anteriores en su versión morenista, es decir: lopezobradorista, es decir: amnésica.

¿Y si mejor no? ¿Qué si opto por pensar en “El Sebas” llegando la tarde del 27 de agosto de 1968 al zócalo capitalino con el corazón latiéndole tan fuerte que pareciera que no le cupiera en el pecho, y no en las tanquetas que unas horas más tarde saldrían de Palacio Nacional para arrasar con él y todos sus compañeros? ¿Qué si decido recordar a Alfonso gritando al día siguiente: “no vamos, nos llevan”, cuando el otrora DDF lo obligó a dizque desagraviar una bandera que se atoró en el asta poniéndose de luto, y no a los trabajadores de limpia intentando lavar la sangre que el 3 de octubre servía de alfombra en la Plaza de las Tres Culturas?

Prefiero, mil veces, imaginar a Lucía, hermana de lucha de Olivia “La Güera” Ledesma, marchando en silencio la tarde del 13 de septiembre asida a su inseparable bastón, que a los curas que cerraron a piedra y lodo la iglesia de Santiago Tlatelolco para que no entraran quienes buscaban guarecerse de las balas el 2 de octubre; traer a la memoria a Nicolás gritando ¡Viva México! en Ciudad Universitaria junto con Heberto Castillo, que mirarlo de nuevo secuestrado en Lecumberri como vi después a Nacho del Valle en el penal del Altiplano, o escuchar al Edupoz y al Churro guitarra en ristre y canto en astillero, que verlos perseguidos por los soldados de un ejército que se dice mexicano a tan sólo diez días de que comenzaran las Olimpiadas.

Eso prefiero…

Cada vez menos pequeños,
cada quien su cada cual;
de utopías y de sueños
vamos cargando un morral:
somos tzotiles-defeños
en Tlatelolco y Acteal.

29 de septiembre de 2018

JOSÉ REVUELTAS :: ¿Podrán detener el tiempo de la historia?


La siguiente es una versión resumida de la transcripción literal, hecha por el propio autor, de los apuntes que le sirvieron para pronunciar un discurso en la audiencia celebrada en la cárcel preventiva de la Ciudad de México, entre el 17 y el 18 de septiembre de 1970, previa a la sentencia dictada contra los dirigentes del movimiento estudiantil de 1968, publicada por la revista Proceso en su número 1665. Cualquier parecido con la actualidad, algún ligero aire de que estas mismas palabras podrían ser usadas por los cientos de pres@s polític@s que hay en todo el país, NO es mera coincidencia.

Han de excusarme porque me dirija a ustedes sin darles el trato que corresponda a su investidura. Por más esfuerzos que he hecho para encontrar la definición, no he podido dar con ella racionalmente, ni me puedo explicar nada de cuanto sucede, qué es y a qué obedece.

Creo que el derecho a la duda lo he conquistado en el lapso de casi dos años que llevo preso y en que, después del acto de formal prisión, no se me ha llamado a ninguna audiencia, a ninguna diligencia y hasta ahora he tenido el honor de conocer en persona al licenciado Ferrer MacGregor, nuestro juez o que aparece como juez de algo o de alguien.

Estamos ante una ficción incomprensible, que no se puede calificar con exactitud. El Código Penal, el Código de Procedimientos, los conceptos del Derecho, su filosofía, nada de todo esto nos proporciona la respuesta que intentamos obtener acerca de lo que significa, lo que contiene y la razón en que se funda el acto, a todas luces, extraordinario, que aquí nos reúne.

¡Vaya! Ni la imaginación ni la fantasía del Ministerio Público podrían sernos útiles, pese a que nos ha demostrado que las posee en alto grado, durante su intervención en esta Audiencia. Y aun su lógica, que corre pareja con aquéllas.

Es una lógica basada en un sistema de extrapolaciones de las cuales deriva, entonces, un encadenamiento causal que le resulta así muy fácil. Nos acusa, en el capítulo del delito de "daño en propiedad ajena", de todos los perjuicios y destrozos ocasionados por las demostraciones callejeras.

"Ver para creer" eran las palabras con las que designaba a este método uno de los testigos de la Pasión, Santo Tomás, a quien se le conoce como El Tonto, para distinguirlo de Tomás de Aquino, el teólogo, que no tenía nada de tonto.

Estamos aquí, en este lugar al que se nos ha traído, para asistir a una extraña función, cuyos fines verdaderos es precisamente lo que tratamos de poner al descubierto. Como vemos, el método de Santo Tomás el Tonto, nos conduce a bien poca cosa.

Sin embargo, no ha de ser tan malo, por cuanto que es el método que aplicó el Ministerio Público para hacernos llegar hasta aquí... en este acto, reunión, concurso, entrega de premios o lo que sea -pues puede serlo todo, hasta campeonato de insomnio, en que, a fuerza de ser justos, el señor juez se llevaría el primer premio, ya que es el único a quien la ley obliga a no dormirse-, campeonato o concurso al que nos hemos visto en la necesidad de asistir al margen de nuestra voluntad.

El Ministerio Público está obligado a creer en lo que dice. La ley exige que sus acusaciones se funden en pruebas, puesto que nadie puede creer en nada si no se le ofrecen las pruebas de aquello que se le dice, o si las pruebas salen de la nada. De otro modo el Ministerio Público no sabría ni conocería las causas por las que cree que nosotros somos esos mismos delincuentes comunes sobre quienes pide que recaigan determinadas sentencias.

El Ministerio Público... para obtener las pruebas que necesita, debe entonces ver, oler, gustar, oír y tocar los hechos. Ahora bien, como una sola persona no puede hacer todo esto respecto a todos los hechos, y ni siquiera por lo que respecta a un solo hecho aislado, el Ministerio Público dispone de un órgano de los sentidos con el cual olfatea, acecha, vigila, espía, escucha, y establece los hechos (esto por cuanto hace a los sentidos de la vista y el oído); y toca, palpa, estruja, hiere, tuerce, lastima a las personas (esto por lo que se refiere al sentido del tacto), para finalmente, saborearlo todo (esto por lo que se refiere al sentido del gusto). Dicho órgano de los sentidos tiene su nombre: Dirección General de Averiguaciones Previas.

Pero aquí parecería que omitimos un sentido: el del gusto. En efecto, porque tal órgano de los sentidos no tiene gusto propio. La Dirección de Averiguaciones Previas no huele, no oye, no ve, no hace nada que no sea de acuerdo con el gusto del Procurador. Y de éste ya se sabe a qué gusto obedece.

El Ministerio Público cree, desde el principio, en la culpabilidad que se desprende de las pruebas, con la creencia inmediata de Santo Tomás el Tonto. El juez se tarda un poco más en creer, con la cautela reflexiva y más conservadora de Santo Tomás el teólogo. Pero el agnosticismo teológico del juez resulta de muy corta duración. No dura sino el plazo de las 72 horas en que debe dictar el auto de formal prisión.

El juez cree en el delito del acusado como una presunción, como una probabilidad. En cambio el Ministerio Público cree en el delito como una certeza.

En el caso nuestro, no obstante, se produce un fenómeno curioso enormemente revelador. La diferencia entre presunción y certeza se disuelve, desaparece, y unifica los dos conceptos de las diferentes atribuciones del juez y del Ministerio Público en una sola e indivisible relación conceptual: la evidencia, para ellos, de que no somos procesados políticos, sino delincuentes comunes.

¿Qué significa esto? Significa precisamente que la distinción que obra a favor de los presos comunes al considerarlos presuntos responsables de la comisión de un delito, en nuestro caso es nula, no obra, no existe y nos condena de antemano, puesto que ya se nos considera autores de robos, depredaciones y homicidios, desde que el juez dictó la formal prisión, y no se trata sino de establecer el grado en que cometimos dichos delitos, por lo que el juez ya tiene listas las sentencias.

¿Cómo calificar esta actitud, ya no de este señor juez y los representantes del Ministerio Público, aquí presentes, sino del Poder Judicial que la tolera y la aprueba sin que a sus integrantes se les caiga la cara de vergüenza?

La unilateralidad, la parcialidad, el carácter dogmático, excluyente, autoritario e impositivo del concepto con que se nos impide el acceso a la definición de procesados políticos, en virtud de su propia naturaleza, deviene, en la realidad práctica de los hechos, como parcialidad amañada, facciosa, partidista, de la conducta misma del Poder Judicial.

Por cuanto el Ministerio Público (o sea la Procuraduría de Justicia), y el juez (o sea, la interpretación de la ley), funden sus atribuciones en una sola y unificada actitud, quiere decir que este expediente puede funcionar, a voluntad y de modo idéntico, en cualesquiera circunstancias y al margen de la ley, cuando así lo requieran los intereses políticos de la persona encargada del mando supremo de la República.

Cuantas veces se ha requerido al señor presidente de la República por nuestra libertad, mantiene invariablemente una rígida y lacónica respuesta: "Están en manos de sus jueces", dice el Jefe del Poder Ejecutivo.

¿Quiere decir esto, entonces, que el ejecutivo considera jueces a estas personas, a estos señores, ante quienes comparecemos para que nos sentencien a seis, siete, trece, dieciocho, veinte, veinticuatro, treinta, cuarenta y hasta cincuenta y nueve años de prisión, como lo reclaman los representantes del Ministerio Público? ¿Penas que exceden los años de vida que tiene la mayor parte de los jóvenes acusados, algunos de los cuales son adolescentes que yo mismo he visto crecer aquí, que han aumentado de estatura aquí, durante los casi dos años de prisión que llevamos?

Estos representantes de los poderes políticos de la nación -los del Ejecutivo y del Judicial- se asocian como personas para desdecir de la representación que ostentan para mistificar y falsear sus funciones; para convertir en espurios tales poderes, alterar el sentido de la misión que tienen, conculcar la ley y subvertir, con ello, el régimen de derecho que debiera normar la existencia de la República. Se asocian, entonces, para delinquir: constituyen en suma, una asociación delictuosa.

¿Pero es acaso ésta toda la realidad institucional, es decir, anticonstitucional, que impera en el país? No, ni con mucho. No es necesario mucho ni ir demasiado lejos para considerar, en sus términos reales, lo que es, en México, el Poder Legislativo.

Por poco que se mire a través del prisma de los bajos intereses y las ruines pasioncillas en que se descomponen los elementos que integran el Poder Legislativo; por poco que se mire a través del prisma político con el que se revelan los colores miméticos que adoptan estos corpúsculos legislativos, en seguida aparece la banda presidencial.

Por supuesto no nos referimos a la banda simbólica con que se significa, en el pecho de un presidente de la República, el ejercicio del Poder Ejecutivo. No. Nos referimos a la banda de turiferarios y maleantes políticos que aparecen a cada nuevo cambio de representantes de ambas cámaras ya bajo un nombre u otro. Banda que se organiza para servir los designios y mandatos de la Presidencia de la República, cualquiera que sea el presidente en turno.

Hay que repetirlo. La no existencia de presos políticos ha terminado por convertirse, para el régimen, en un punto neurálgico, donde hace crisis toda la demagogia de su estructura. En México no hay presos políticos porque le disgusta mucho al presidente que se lo digan. ¿Le irá a disgustar del mismo modo al futuro presidente de la República?

En su IV Informe de Gobierno, el primero de septiembre de 1968, el presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, declaró ante la representación nacional, solemnemente reunida para escucharlo: "No admito que existan 'presos políticos'; preso político es quien está privado de su libertad exclusivamente por sus ideas políticas, sin haber cometido delito alguno".

¿Quién es, constitucionalmente hablando, el C. Presidente de la República para afirmar ante el Congreso reunido en pleno, ante la Suprema Corte, sus ministros y sus magistrados, también ahí presentes; quién es -repetimos- el C. Presidente para decir y afirmar en forma categórica, ante los otros dos poderes de la Unión: no admito que existan presos políticos?

No es el Poder Ejecutivo el órgano que tenga facultad alguna para admitir o no la condición jurídica, real o supuesta, en que se encuentren las personas que han perdido su libertad en el país. No es el presidente de la República el que puede calificar a su antojo -o fuera de su antojo- la naturaleza de unos delitos u otros; de ninguno, para decirlo con toda claridad. No es el presidente de la República la persona con autoridad alguna para decidir qué son y qué no son las ideas políticas, ni siquiera qué son las simples ideas, políticas o no.

No hubo un solo diputado, un solo senador, un solo magistrado que elevara su voz de protesta contra aquel delito de Estado que se perpetraba delante de ellos, delante de sus propias y respetabilísimas narices.

No hubo entre esa gente ningún Serapio Rendón, ningún Belisario Domínguez, ningún Fidel Jurado. ¿Y cómo iba a haberlos?, hace muchos, muchísimos años que el Poder Legislativo no da hombres de esa calidad.

Esta historia real en la que se enuncia el México nuevo, se hace visible, después de años enteros de silencio y sumisión, en las grandes manifestaciones democráticas de la juventud del año 1968.

El reverso de esta historia, su negociación, la antihistoria de México, se objetiva y se expresa a partir de las palabras del presidente Díaz Ordaz, vertidas en su IV Informe de Gobierno.

De esas palabras se produjo, inmediatamente después -a los 18 días y cuando el día 13 había desfilado por las calles de la capital una manifestación, la más ordenada, la más disciplinada, de cuantas había habido hasta entonces, la Manifestación Silenciosa de la Universidad entera y de todos los estudiantes de educación superior-, la ocupación militar de la Ciudad Universitaria, y luego, el 2 de octubre, la matanza de Tlatelolco. El presidente anunció esto desde el primero de septiembre y advirtió claramente que dispondría del Ejército, apoyado en el Artículo 89 de la Constitución. Ya veremos más adelante cómo el presidente se apoyó de un modo falso, espurio, mañoso, tramposo, en este artículo constitucional.

Del Informe Presidencial de septiembre de 1968 hasta los procesos de 1970 contra los presos políticos, hay un lapso cargado de enormes significaciones históricas. Es comprensible que el Ministerio Público y el juez que habrá de sentenciarnos estén negados para comprender estas significaciones.

Cuando menos esto expresa, sin ninguna duda, la razón que lo mueve a inventar delincuentes comunes donde sólo existen, real y verdaderamente, procesados políticos.

Ahora quiero decir unas cuantas palabras respecto a las acusaciones personales que formula contra mí el Ministerio Público. No me voy a ocupar sino de una sola de ellas. Son tan banales y tontas las acusaciones que lanza el Ministerio Público, que resultaría ocioso repetirlas aquí. En algunas de ellas, por ejemplo, se me acusa de usar barba. Se dice "alguien al que llamaban maestro Revueltas, que en la Facultad de Filosofía dio una conferencia sobre la autosugestión (así literalmente, en lugar de autogestión) usa barbas y además habló de un personaje legendario, el Tlacatecuhtli, al que comparó con el presidente de la República...". Se comprenderá que no quiera ocuparme de estas tonterías.

Pero me interesa una de las acusaciones del Ministerio Público, no porque no esté de acuerdo con ella, sino porque no sabe formularla. Me acusa de ser partidario de la dictadura del proletariado. ¡Por supuesto que soy partidario de la dictadura del proletariado! Pero no de la que inventa el Ministerio Público y que pretende que sea aquella por la que luchamos. Dice el Ministerio Público que intentamos cambiar la esencia de México o de su Estado. ¿Cambiar su esencia? ¡No, señores del Ministerio Público! ¡Encontrarla, descubrirla!

Pero no sólo por cuanto a México, sino por cuanto al mundo. Tal fue, tal es el sentido del año de 1968. ¿Qué representa 1968 si no es la búsqueda de esta esencia, la desmitificación de la realidad enajenada? Lo estamos demostrando hoy, en 1970, al desmitificar este proceso, al demostrar su irrealidad y demostrar la irrealidad histórica del régimen que nos gobierna. 1968 es el inicio, por la juventud de México, del proceso desenajenante que dará al país una historia real, por primera vez. Porque no tenemos esa historia. Se ha falseado esa historia, como historia escrita y como historia política y social. No que el movimiento de 1968 se propusiera instaurar la dictadura proletaria. Muy lejos de ello.

El movimiento de 1968 habla de un lenguaje proletario en virtud de una razón histórica. Porque diez años antes había sido aplastada la huelga ferrocarrilera, y en esta huelga, todos los sectores de la sociedad veían la perspectiva de su propia independencia política, aplastada a su vez por el totalitarismo del monopolio, que no deja respirar a la nación, que la asfixia, que no la deja vivir.

En México no es una clase determinada la que tiene el mando. Es un "club del Poder", por encima de la sociedad, que disgusta y oprime a los más vastos sectores sociales, entre los que se encuentran ante todo, la clase obrera y las clases medias.

Se trata de desmitificar al país de su raíz. Y aquí volveremos a la naturaleza de nuestro proceso. El presidente pudo asumir la responsabilidad de lo ocurrido en 1968, la responsabilidad "moral, histórica, jurídica" y todo lo demás, porque ya contaba con la complicidad previa del Congreso y del Poder Judicial desde su IV Informe de Gobierno. El presidente se sirvió mañosa, arteramente, tramposamente del Artículo 89, fracción VI de la Constitución, en el cual pretendió apoyarse para llamar al Ejército y arrojarlo contra el pueblo.

El presidente Díaz Ordaz se apoyó, pues, mentirosamente, en este artículo de la Constitución, pues para decretar la movilización general del Ejército, se requiere la autorización del Congreso.

Terminaré con una evocación que no puedo llamar de otro modo, por su cursilería, que como una evocación patriótico-sentimental. La ha suscitado en mí, la naturaleza de nuestras próximas sentencias. Nuestra sentencia ya está decidida de antemano. No depende de nuestros supuestos delitos. Nada tiene que ver con los principios constitucionales, con el respeto a la democracia, ni con la Ley, ni con el Derecho. Nada tiene que ver con la realidad, aunque sus efectos serán muy reales, en los años de cárcel que a cada uno de nosotros le correspondan. Está decidida porque "en el cielo de nuestro destino (político) con el dedo de Dios se escribió".

Y todos sabemos quién es ese Dios, quién es ese Tlacatecuhtli sexenal, que ata los vientos y desata las tempestades. Pero, ¿podrá detener el tiempo de la historia?

25 de octubre de 2016

MUERTOS INCÓMODOS :: Nosotros ponemos los muertos; usted, ¿qué pone?


20 de agosto de 2015

#NoAlCierreDelAlicia.

Por: Sebastián Liera.

La mañana del domingo 16 de agosto, la noticia de la clausura una noche antes del Multiforo Cultural Alicia había corrido como pólvora. Las llamadas redes sociales se iban convirtiendo poco a poco en el puntero de una indignación que para la noche del domingo ya se multiplicaba en las redacciones de no pocos medios de comunicación y los espacios, virtuales o no, donde pulula el pensar y el sentir de gente que ha coincidido en y con El Alicia.

Salgo al pasillo que queda entre la habitación, el baño y las escaleras; estoy en la planta alta de lo que los López llamamos simplemente La Privada, a menos de una cuadra de Tlatelolco. Nacho está también en el pasillo, así que el encuentro fortuito se convertirá en una charla exprés. ¿La fecha?: septiembre de 1994. Con 19 años encima, soy el integrante más joven de la Convención Nacional Democrática convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, en su Segunda Declaración de la Selva Lacandona; represento, junto con un compa de Saltillo, a la banda de Coahuila. Nacho es más grande de edad que yo, pero más vital en el ánimo: su aspecto relajado contrasta con mi mamonería; sin embargo, compartimos cierta austeridad al hablar que poco a poco va venciéndose en la medida en que nos apasionamos de lo que estamos hablando: zapatismo.

La clausura del lugar sede del Laboratorio de Culturas Subterráneas y Movimientos Aleatorios que es El Alicia era inminente; tanto como lo es, no me cabe la menor duda, su reapertura. Los argumentos administrativos que las autoridades de la Delegación Cuauhtémoc han esgrimido como razón para colocar sus sellos en la fachada de uno de los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad de México, cuna de muchos de los grupos musicales más famosos del país, no se sostienen al revisar las contradicciones y la discrecionalidad con que se otorgan o se niegan los permisos de funcionamiento en la demarcación con más giros negros, negocio predilecto de la clase política, de la capital.

No recuerdo si estaba en el CUT, el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, o dónde cuando platicando con Hech caímos en la cuenta de que nuestras vidas habían corrido paralelas con intersecciones en varios episodios. Los dos más significativos: la chamba en torno a la CND zapatista (rescatando a la banda del CLETA, cuyo autobús se había ido a un barranco; reuniéndonos en Cencos con las comisiones de cultura, él, y de prensa, yo) y la fundación del Laboratorio de Culturas Subterráneas y Movimientos Aleatorios, mejor conocido como Multiforo Cultural Alicia: él, según sus propias narraciones, había sido uno de los cinco Alicios fundadores que más tarde, un poco por no poderse poner de acuerdo, un mucho porque la chinga era un chingo, salieron por cuerdas dejando al Nacho en calidad de director de El Alicia; yo, era uno de los entonces dos únicos primos políticos del Nacho (el otro era mi carnal) que caminábamos junto con el zapatismo mirando hacia El Alicia con la doble complicidad que nos daba ser familia y compas de lucha.

Por otra parte, con el cierre momentáneo del local ubicado en el 91-A de la avenida Cuauhtémoc, el partido político gobernante en turno no hace más que enseñar el cobre de su chatez política y administrativa otra vez; no sólo porque ha escogido para cumplir su enésima amenaza contra El Alicia el año de su vigésimo aniversario y, por si fuera poco, la noche en que uno de los músicos consentidos de los Alicios, Armando Palomas, presentaría su producción más reciente: Alas & víboras, para celebrar sus 25 años de trayectoria artística; sino porque insiste en tratar al emblemático espacio de la Rockma como si fuera un antro de mala muerte y no el centro cultural que es, con una multa de 117 mil 997 pesos donde lo único regular son sus irregularidades.

Mil novecientos noventa y siete. 31 de diciembre. Hace un frío del carajo, pero no hay bronca: estamos en El Alicia. Es la primera vez que entro aquí y, aunque no es el mejor modo de encontrarse por primera vez con estos graffitis, estoy emocionado. Quizás ésta sea una de las últimas Lopezadas a las que asista, no lo sé: estas reuniones, que de niño esperaba con la mayor de las emociones a lo largo de todo el año, han terminado por perder su brillo de antaño... no obstante, no me importa: estoy en El Alicia. Más tarde, siendo ya papá de Adis, regresaré a este lugar y lo que menos sentiré será el frío: bañado en mi propio sudor y salpicado por el de las y los otros, olvidaré quién soy y cómo me llamo al ritmo de Lost Acapulco, Panteón Rococó, Amparanoia o Los de Abajo. ¿Alcohol?: ni una gota; en El Alicia sólo se venden chelas y, si bien están bien muertas que hasta sudan de tan heladas, a mí la cerveza siempre me ha sabido como a miados... fríos, pero miados.

Cortedad de miras que uno esperaría más de un partido de derechas que de uno de izquierdas, como se supone lo es el de la así llamada Revolución Democrática, pero que a los Alicios ya no les extraña (si es que alguna vez les extrañó): habiendo nacido en diciembre de 1995, en plena administración del salinista Óscar Espinosa Villarreal, famoso por haber desviado fondos del erario público por más de 420 millones de pesos y jubilarse de Nafinsa con apenas seis años de antigüedad, El Alicia sería clausurado por primera vez en 2001 siendo jefa delegacional la muy perredista Dolores Padierna; la esposa de “El Señor de Las Ligas” buscaba reanimar la vida nocturna con “espectáculos sanos, familiares y de alto nivel (…) con música bonita (…) para que la gente pueda divertirse”; casos y cosas de esta izquierda mojigata y uruchurtista.

Dos mil seis. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, ha echado a andar su enésima apuesta política: la Otra Campaña. Cruzo la entrada del 91-A de avenida Cuauhtémoc y casi en automático busco al Nacho; no está o, al menos, parece no estar. Acompañado de Jessica, quien no sabe bien a bien a qué ha venido, avanzo por el pasillo de la planta baja que lleva al fondo; subimos las escaleras y llegamos a la planta alta, donde encontramos a algunos compas que como nosotros han respondido a la convocatoria publicada en La Jornada de construir la Coordinadora Regional Zentro-DF de la Otra Campaña. Como siempre, comenzaremos tarde. No conozco a nadie, pero de muchos he oído hablar en una o dos ocasiones. La memoria me juega bromas y los nombres, los rostros y las reuniones de la CRZ-DF se me confunden en los recuerdos: allí está Kuy, de quien Lalo y Berta Alicia me habían contado con mucho aprecio y cariño; allá está Salinas, libándose los bigotes cada que mira a Jessica y sin imaginar siquiera la madriza que le van a acomodar en Atenco tres meses después; más acá, la bandita de Lak'j'k Hormiga, solidaria y chambeadora como siempre, tanto que junto con El Tío serán de los pocos que se mantendrán en el plantón que de Santiaguito se moverá a Molino de las Flores, se pone de acuerdo sobre qué decir y cómo; más allá, como quien baja su perfil, están los morros que eran parte del Frente, el FZLN, y de los cuales el Sup o Elorriaga o Rodríguez Lazcano seguirán echando mano pa' lo que se ofrezca en nombre de la disciplina revolucionaria.

Muchas son las pequeñas historias que se entretejen en torno a la historia un poquito más grande que a lo largo de estos 20 años se ha escrito en el Laboratorio de Culturas Subterráneas y Movimientos Aleatorios (allí nació, por ejemplo, La Otra Chilanga; hoy, La Sexta Nius, y Jessica, una de sus colaboradoras fundadoras, conoció a Juan, quien hoy es el padre de su hijo). Todas, todos, sabemos que El Alicia no puede ser eterno; pero, su punto final no van ponerlo, ni un Neoliberalismo que monopoliza cada vez más el quehacer artístico y cultural, ni un Estado cuyas instituciones se ponen de rodillas al cumplir su tarea de clase en tanto aparato de represión; lo pondrá la banda que en estas dos décadas lo ha defendido con su trabajo, con su presencia, con su resistencia, con su rabia, con su dignidad. Así, pues, mientras eso no suceda, no nos cansaremos de decir que “la cultura no es un lujo, la cultura es un derecho”: #NoAlCierreDelAlicia.

2 de octubre de 2014

NICANOR PARRA: 100 AÑOS Y SIGO CHINGANDO

(N. Parra por Ray Genis)
2014 ha sido un año de celebrar a escritores centenarios. En 1914 nacieron Efraín Huerta, Adolfo Bioy Casares (Al cual le debo una entrada, pues es mi escritor argentino favorito, creo, y sólo he subido a mi blog pasado-de-moda-para-los-pendejos-borregos-de-siempre-por-no-ser-twiter-ni-facebook, una foto que tomé de su tumba), José Revueltas, Octavio Paz, Julio Cortazar, entre otros, por mencionar sólo a los habitantes de esta lengua.
Pero entre tanto muertito que estaría cumpliendo 100 años de estar vivo, hay un viejito cabrón que se niega a morirse y está más vivo que nunca: Señoras y señores, vacas y caballos güeros, con ustedes, el rey mendigo de la antipoesía, el candidato eterno y desdeñado al Nobel, el alumno infiel de Huidobro, el chileno Nicanor Parra.
En las últimas fechas, cansado del mundanal ruido, Nicanor se ha escondido de la burocracia literaria -a la que nunca tragó- y de la prensa, y se ha dedicado sobre todo a ponerse hasta el pito con vino, pero también a realizar antipoemas, collages y artefactos visuales:

14 de mayo de 2013

PUEBLA BAJO EL VOLCÁN: ESCRIBIENDO EN AUTOS CUBIERTOS DE CENIZAS

(A imitación de Gerardo Oviedo)
La pasada noche del martes 7 al miércoles 8 de mayo, el volcán Popocatépetl hizo honor a su nombre (montaña humeante) y expulsó llamaradas y ceniza. En Puebla capital parecía estar nevando. El miércoles, la ciudad amaneció blanqueada como Michael Jackson.

12 de enero de 2013

Ciclo «Teatro sin cortes»: obras breves, espacios alternativos y denuncia social.

«La Unesco pide que países dispongan de un 1 por ciento de su PIB a Cultura, México designa sólo el 0.1 por ciento; en un país donde la violencia alcanza costos de hasta 8.9 por ciento del PIB, lo que se destina a Cultura es una chingadera.»

De enero a marzo de 2013, a manera de retrospectiva de la «Theatre Uncut 2012», campaña internacional contra los recortes a la cultura en general y en particular a las artes escénicas por parte de distintos gobiernos de corte neoliberal, entre ellos, el mexicano, diversas agrupaciones teatrales estarán llevando a cabo el ciclo «Teatro sin cortes» en la ciudad de Mérida, Yucatán, como parte de un doble proyecto de denuncia política y social desde las tablas y mediante el uso de espacios alternativos. Acerca de ello, charlamos con Sebastián Liera, coordinador operativo de Teatro Hacia el Margen, A.C., agrupación teatral que el año pasado convocó a la organización de eventos espejos justamente de la «Theatre Uncut» en México, y que del 4 al 31 de enero se estará presentando en el Centro Cultural Tapanco con la obra Punto Muerto, de la dramaturga española Blanca Doménech.

«Theatre Uncut».

«Theatre Uncut» es una iniciativa que surge entre un conjunto de colegas de teatro en el Reino Unido ante la declaración de corte al gasto social en 2010 por parte del Gobierno de Coalición de David Cameron y Nick Clegg en Gran Bretaña, un recorte que en materia de Cultura podría alcanzar hasta un 40 por ciento.

Más o menos el mismo porcentaje de recorte que anunció el gobierno de Enrique Peña Nieto, en México.

Ni tan más o menos, hay una diferencia prácticamente de nueve o diez puntos porcentuales.

Entonces, ¿podría decirse que el futuro para la cultura en México pinta mejor que para el Reino Unido?

No, de ninguna manera. Los recortes a Cultura en Gran Bretaña, si bien es cierto que afectarán a la sociedad británica en su conjunto, lo mismo que los demás recortes en gasto social, dejarán intocados proyectos fundamentales como la Old Vic Theatre Company, que con todo y recorte tendrá garantizada una subvención de más de 5 millones de euros por parte del Bristol Arts Council, o el Royal National Theatre, que tiene la aprobación de una renovación de 70 millones de euros para su sede de South Bank Riverwalk. En el caso mexicano, ya de por sí bastante depauperado porque 80 centavos de cada peso se va a la burocracia, el recorte podría volver desastroso un panorama de suyo poco alentador.

De allí que Teatro Hacia el Margen le entrara a organizar lecturas/representaciones de los textos de «Theatre Uncut» en México.

Bueno, no sólo Teatro Hacia el Margen; pero sí, por eso le entramos. Se trataba de la segunda edición de esta campaña de carácter internacional, la primera había ocurrido en marzo de 2011; cientos de agrupaciones teatrales europeas, estadounidenses, africanas y latinoamericanas abordarían obras breves de autoras y autores del Reino Unido, Grecia, España, Islandia, Siria y Estados Unidos de manera libre para discutir sus diversas situaciones de crisis, y, en México, donde la crisis económica global nos golpea igual o peor en muchos rubros, según nosotros nadie iba a hacer nada.

¿No sabían del TETIEM, en Puebla?

De ellos, de su trabajo, sí; pero no de que organizarían lecturas del «Theatre Uncut».

En todo caso, el lema de la campaña fue: «en cualquier lugar y en todas partes».

Sí. Por eso, cuando nos enteramos que en Puebla el TETIEM haría lo propio, nos dio mucho gusto; pasamos del enojo, porque creíamos que a nadie le interesaba, a la esperanza de no saberse uno solo clamando en el desierto.

¿No es entonces que sólo se solidarizaran con la crisis que amenaza a Europa?

No nada más, compartimos las mismas preocupaciones. La crisis que amenaza a Europa es la misma que amenaza a América Latina; el problema es global y sistémico. Además, como se dijo en repetidas ocasiones a lo largo de las reflexiones después de las lecturas de cada texto, las situaciones de crisis en nuestros países son mucho peores que las experimentadas en la Unión Europea: «Theatre Uncut» surge y tiene éxito porque a nuestros colegas en Europa les preocupa terminar en una situación en la cual nosotras, nosotros, sobrevivimos todos los días.

¿Qué sigue después de «Theatre Uncut»?

Tenemos dos proyectos en mente. Uno de ellos es tender a lo largo de 2013 una temporada anual de temporadas mensuales con la mayoría de los textos de la edición 2012 cuyos autores nos lo permitan, de modo que nuestros públicos se vayan enterando más en qué consiste la campaña internacional y podamos tener una mejor respuesta para la edición de este año.

¿Están pensando en repetir la experiencia?

No sólo eso, queremos solicitar formalmente a las organizadoras en Londres que México sea una de las sedes internacionales de «Theatre Uncut»; pero, también, queremos abrir la posibilidad de que en la edición de 2013 haya igualmente textos de dramaturgas o dramaturgos mexicanos que sean traducidos y abordados durante la semana de la campaña en otras latitudes del planeta.

Y, ¿el segundo proyecto?

Está estrechamente ligado con el primero. En Mérida, hubo varias personas y colectivos que atendieron a nuestra convocatoria y pudieron hacerse lecturas/representaciones de prácticamente todos los textos de la edición 2012 de «Theatre Uncut»; entre las agrupaciones que más le entraron a la talacha junto con Teatro Hacia el Margen están: Por Qué No? Producciones, con la maestra Yatzaret Castillo a la cabeza, y el Colectivo Escénico El Sótano, que son, justamente, nuestros anfitriones en Tapanco. Estos tres colectivos, junto con Paper Ennui, Proyecto Escénico y, a título personal, Maritza Figues, creemos que, si bien la experiencia de abordar textos que hablen de lo que pasa en Europa, Medio Oriente o Estados Unidos nos permite hablar de realidades que tienen puntos de semejanza con lo que ocurre en México, precisamos asomarnos a las particularidades de las realidades de nuestro país; así, pues, queremos echar a andar una edición nacional de «Teatro sin cortes» con características organizativas similares a las de «Theatre Uncut», pero poniendo en juego plumas de las 32 entidades federativas de la república con temáticas propias de aquestas tierras.

Algo parecido, creo haber leído en otra entrevista, a los ciclos de «Teatro Clandestino» de Casa del Teatro, en los noventa, y «Teatro Útil» del Foro Shakespeare, recientemente.

Así es, con la pretensión de que la red de trabajos que puedan generarse en el ámbito de lo nacional se enlacen con la urdimbre de carácter internacional propia de «Theatre Uncut» para la próxima edición, este año.

Las presentaciones que harás de Punto muerto, de Blanca Doménech, se insertan en el primer proyecto.

Sí, por supuesto.

¿Por qué escoger un texto que, como el de Doménech, habla de un empleado que se siente amenazado por el paro en España?

Porque, aunque con sus propias características, el desempleo también es una de las realidades más lacerantes en México. El empleo fue justo la bandera que usó como eslogan de campaña electoral el presidente anterior: Felipe Calderón se hizo llamar el «Presidente del Empleo»; pero las cifras oficiales, seis años después, dicen que fue más bien el «Presidente del Desempleo»: en 2005, la tasa de desempleo era de un 3 por ciento; en 2012, alcanzaba el 5 por ciento en promedio, en tanto la tasa de desocupación juvenil rozaba el 10 por ciento.

España tiene una tasa de desempleo de entre el 25 y el 26 por ciento.

Creo que ya va en el 26.6 por ciento.

Con mayor razón, ¿no es ésa una gran diferencia?

Esas son estadísticas frías manipulables por los gobiernos que tienden nubarrones conceptuales para que los pueblos no entendamos que son nuestras realidades las que se tocan y, para su temor, hermanan. Habrá que ver cuáles serían los números en México si el gobierno también contara que el empleo informal representa un 62 por ciento del empleo total y que más de la mitad de las y los mexicanos vivimos con 3.5 salarios mínimos: menos de 6 mil pesos mensuales. Seguramente rebasaríamos los 30 puntos porcentuales, con mucho. Y falta por ver lo que las contrarreformas en materia laboral del gobierno de Enrique Peña Nieto provocarán.

De allí las manifestaciones en su contra durante su toma de posesión.

En parte, sí; sabíamos que su gobierno haría todo lo posible por llevar a cabo las llamadas «Reformas Estructurales» que el neoliberalismo, desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari, ha estado impulsando: ya pasaron las contrarreformas en materia laboral y educativa. Pero las manifestaciones tienen que ver con algo mucho más de fondo: el regreso del autoritarismo que propició masacres como las de 1968 y 1971 o, más recientemente, las de Acteal y Aguas Blancas, y un retroceso vergonzoso en nuestra incipiente democracia.

Hablas de una contrarreforma en materia de Educación; es allí donde viene el recorte a Cultura, ¿no es así?

Sí, Cultura es en México un subsector de Educación; no tenemos una secretaría o un ministerio de Cultura en el nivel federal, así que podemos darnos cuenta de los recortes por el presupuesto destinado, sobre todo, al Conaculta, el INBA o el INAH, entre otras instituciones. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para el Año Fiscal 2013 presentado por Peña Nieto, representaba una reducción del 5.5 por ciento respecto a lo propuesto el año anterior por Felipe Calderón para el subsector Cultura. Sin embargo, no hay que olvidar que la Legislatura anterior le corrigió la plana a Calderón y el presupuesto a Cultura alcanzó, al parecer, niveles que nunca antes se habían tenido. Así las cosas, si las y los diputados y senadores de la actual Legislatura aprobaban el PPEF presentado por Peña Nieto, estarían recortando hasta en un 25 por ciento, o más, el presupuesto a Cultura en relación con lo aprobado por el Congreso de la Unión para el Año Fiscal 2012.

¿Lo aprobaron?

No, pero esto es como las ofertas de las tiendas departamentales de autoservicio: un día las cosas tienen un precio mayor al estipulado para que al día siguiente te anuncien grandes ofertas que significan, en realidad, un aumento al precio que pagabas en un inicio. El recorte propuesto por [la Secretaría de] Hacienda [y Crédito Público] del 25.13 por ciento a Cultura sirvió para que las y los legisladores jugaran al cabildeo buena onda y subieran el lápiz: de los 4 mil 187 millones que se recortaban en el PPEF 2013, el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) quedó con un recorte final de 228.28 millones; es decir, del 1.3 por ciento; donde salen ganando, además de los estados, Conaculta, los Estudios Churubusco y, muy poquito, el INAH, y pierden el INBA, Imcine, el Centro Cultural y Turístico Tijuana, Canal 22 y la Cineteca Nacional.

Y eso es malo o bueno.

Es cuestionable. Que haya una derrama presupuestal en materia de cultura a los estados se saludaría si no tuviéramos las historias de desfalco por corrupción y frivolidad que hemos visto caracterizan a los gobiernos estatales. Por otro lado, se nos quiere vender la idea de que conservar un presupuesto similar al del año fiscal anterior es un triunfo; pero, eso es relativo, el dicho se agarra de la cantaleta en los medios de que lo dispuesto para cultura en 2012 era un presupuesto histórico. Sin embargo, eso no dice sino que éste, como los presupuestos anteriores, son una vergüenza: la Unesco pide que los Estados dispongan por lo menos del 1 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a Cultura, los 16 mil 434 millones de pesos que se jactan haber conseguido nuestras legisladoras y legisladores representan apenas el 0.1 por ciento del PIB; en un país donde la violencia producto de la guerra del narcotráfico (cárteles y gobiernos de todos los niveles incluidos) contra la población civil alcanza costos de hasta 8.9 por ciento del PIB, lo que se destina a Cultura no sólo es ridículo, es una chingadera.

Y, por otro lado, miles de David, tu personaje en Punto muerto, perdiendo sus empleos.

O, siendo empleados a cambio de remuneraciones indignas.

¿Qué otras obras, además de Punto muerto, se presentarán en el ciclo «Teatro sin cortes» de Tapanco?

Bueno, estarían: Ayer, de Helena Tornero, y, si nos lo autorizan, Columna, de Clara Brennan. Hay una tercera obra, o cuarta, si no dejamos de contar Punto muerto, que también pertenece a la experiencia de «Theatre Uncut» pero que se presenta fuera de Tapanco: El nacimiento de mi violencia, de Marco Canale.

Pero no fuera del ciclo.

Podríamos decir que no, porque, de hecho, aunque El nacimiento de mi violencia no se presente en Tapanco, el acuerdo entre las agrupaciones que participamos en la campaña de «Theatre Uncut» en Mérida es echarnos la mano con la difusión y esas cosas, ya que el público sería prácticamente el mismo.

Pero el ciclo es parte de la programación de Tapanco nada más, ¿no es así?

Sí, así es.

¿Por qué quedó fuera del ciclo El nacimiento de mi violencia?

La razón es puramente logística, Ángel Fuentes Balam, director y actor de la obra de Canale, consiguió por su lado, sin la intermediación de Teatro Hacia el Margen, tanto la autorización del autor como el permiso del Ayuntamiento de Mérida para presentarse en uno de sus foros; para cuando Tapanco y Teatro Hacia el Margen armamos el ciclo, Ángel ya tenía organizadas sus propias funciones. Por otro lado, las características del ciclo son: brevedad de la obra para que sirva de “abreboca” a cada una de las funciones de la programación regular en Tapanco, representación en espacios alternativos distintos del foro a la italiana y temática de denuncia social.

Que de suyo, las obras de «Theatre Uncut» ya tenían.

Como dice la maestra Yatzaret Castillo: es correcto. Y, bueno, la puesta en escena de El nacimiento de mi violencia, si bien es cierto que coincide, de suyo, con la tercera característica, ya no es para nada una obra breve y está diseñada para presentarse en un foro a la italiana.

Pero podría presentarse en otro tipo de espacios, ¿o no?

Sí, yo creo que sí.

¿Cuáles son esos espacios alternativos o no-teatrales donde se presentarán Punto muerto, Ayer y Columna?

Punto muerto se está presentando en un pasillo al fondo del edificio de Tapanco, donde están sus dos baños: el que se ofrece para uso del público y el de servicio; Columna se presentaría en un tapanco, que no necesariamente es el que le da su nombre al centro cultural, que sirve de bodega arriba de el mismo pasillo donde se presenta Punto muerto, y Ayer se presentará en la tetería del propio centro.

¿Como hiciera María Rojo con Cada quien su vida, de Luis G. Basurto, en el Salón México?

Y como hiciera poquito antes, también en el Salón México, Perro Teatro con Desdén, el último danzón, de Gilberto Guerrero y música en vivo de la danzonera del maestro Elizalde.

El contacto con el público sería, entonces, muy próximo.

En algunos casos, como Punto muerto, lo más próximo que nos es posible: hasta la frontera de la piel.

Punto muerto, lo decíamos antes, habla de un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo; ¿de qué tratan Columna y Ayer?

La anécdota de Columna parte de una joven que, buscando un lugar que sea barato para rentar y vivir en él, conoce a una viejecilla que custodia parte de los libros que había en la biblioteca pública del barrio; el ayuntamiento cerró la biblioteca y, en respuesta, todos los viejitos del barrio han decidido custodiar el acervo de su biblioteca hasta que alguien decida abrirla de nuevo.

«Custodiar» como guardar, como proteger; no, como encerrar.

Así es; como encerrar tendría que ver, más bien, con la trama de Ayer: una chica acude a una cita con su novio en un restaurante de lujo, el novio pretende pedirle a ella que se case con él; ella llega preguntándole por lo que ha hecho el día anterior: ése día, el anterior, una manifestación en principio pacífica había sido reventada por provocadores pagados por el gobierno; ella estuvo en la manifestación, él también; ella, protestando; él, como policía, fue uno de los provocadores.

El 1D mexicano.

O, el 25S-Rodea el Congreso, en España; entre muchos otros.

En el cartel que han diseñado invitando a las representaciones de Punto Muerto hay una leyenda diciendo que éstas son en honor y al beneficio de Juan Francisco Kuykendall, herido de gravedad el 1Dmx. ¿Qué representa para ti que una de las víctimas de las manifestaciones ése día, reventadas como en Ayer, de Helena Tornero, sea un hombre de teatro?

Muchas cosas. Yo conocí a Kuy en la Otra Campaña que impulsó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional desde 2005 y ya antes había escuchado hablar de él y su trabajo, por parte de mis amigos y compañeros del Grupo Cultural Zero, quienes recuerdan con mucho aprecio su puesta en escena El último dodo con patrocinio solidario de la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual; así que, en lo personal, me resulta muy dolorosa su situación. Pero, por otra parte, me parece emblemático que sea un cómico, un hombre de teatro, pues, quien haya sido la víctima con lesiones físicas más graves de la represión del 1Dmx: quiere decir que muchos de nosotros no sólo estamos sobre las tablas o correteando las becas y los huesos en algún puesto como funcionarios públicos, sino en la primera línea activista y militante por la democracia, la justicia y la libertad verdaderas en este país. Creo que la comunidad teatral y buena parte de la artística que tanto se pronunciaron en contra del regreso del PRI a la presidencia de México deberían ser congruentes y volcarse en apoyar a Kuy.

De allí que las funciones que darás de Punto muerto sean en su honor y para apoyarlo.

No sólo las de Punto muerto, también las de Ayer y, esperamos, las de Columna. Originalmente, las funciones serían gratuitas; ése era el acuerdo con Blanca y con Helena. Cuando les planteé la posibilidad de pedir una cooperación solidaria para Kuy, ni siquiera dudaron en responder que ellas mismas donaban lo que por derecho sería el porcentaje que les tocaría de esa cooperación. Tanto Blanca como Helena han sido muy generosas y solidarias.

La cooperación se irá por entero a apoyar a Kuy.

Totalmente, sí.

8 de noviembre de 2012

Theatre Uncut/Teatro sin recortes.


Por Sebastián Liera.

La mañana del 12 de mayo de 2010, después de una apretada jornada electoral en la cual las y los británicos dieron el triunfo al conservador David Cameron para ocupar el puesto de primer ministro tras la dimisión del laborista Gordon Brown, el Reino Unido amaneció con la noticia de que sus destinos hasta 2015 estarían en manos de un gobierno de coalición donde Cameron tendría como vice primer ministro al liberal-demócrata Nick Clegg. Cinco meses después, su ministro de Economía, el también conservador George Osborne, anunció que para evitar el naufragio de las finanzas inglesas del mismo modo que sucedía con las de Grecia, España, Portugal o Irlanda tendría que recortarse el gasto público hasta en 83 mil millones de libras, algo así como 94 mil millones de euros; uno de los ministerios más afectados sería el de Cultura, con hasta un 41 por ciento de recorte, mientras a Defensa y Policía se les reducía en un 8 y un 4 por ciento respectivamente.

Agrupaciones como la Royal Shakespeare Company, que recién acababa de inaugurar su entonces nueva sede con un costo de 113 millones de euros; la Old Vic Theatre Company, con una subvención de más de 5 millones de euros por parte del Bristol Arts Council, o el Royal National Theatre, que recientemente había conseguido la aprobación para realizar una renovación de 70 millones de euros en su sede de South Bank Riverwalk, parecían sentirse afectadas por los recortes “más [en lo] psicológico que [en lo] táctico”, como diría David Lan, director artístico del Young Vic Theatre. Sin embargo, Hannah Price y un conjunto de colegas profesionales también de las artes escénicas, coincidían más bien con los estudiantes que salieron a las calles ante el anuncio de que se aumentarían las tasas de matrícula a 9 mil libras por año y se retiraría el financiamiento público para la enseñanza universitaria en varios rubros, y decidieron echar a andar un proyecto que sirviera de caja de resonancia para decir su propio “NO” a los brutales recortes que recordaban los tiempos de la Thatcher en la década de los 80’s.

En marzo de 2011, aún antes de que los sindicatos tomaran las calles en medio de un letargo que sólo puede explicarse por lo que Tariq Ali llamó “sufrir de burocracia petrificada” y haber “interiorizado totalmente la receta neoliberal”, nació Theatre Uncut (Teatro sin recortes) con el lanzamiento de una recopilación de obras de destacados dramaturgos ingleses que estuvieron disponibles de manera gratuita entre los días 13 y 19 de ése mismo mes para que quien quisiera pudiera descargarlas de la página web del proyecto y realizar con ellas montajes y lecturas a lo largo y ancho de todo el país. Alrededor de 80 grupos en el Reino Unido y ciudades como Nueva York, Chicago, Berlín y Dublín convocaron a más de 800 profesionales que llegaron a una audiencia de más de 3 mil espectadores.

Para este año, Hannah Price, con la complicidad de Emma Callander en la dirección artística y Sarah Brocklehurst en la producción, ha asumido un reto mayor: buscar escritores que viven en países con una situación política y económica especialmente complicada para responder, desde su propia perspectiva, a la crisis estructural en que nos ha sumido al modo de producción capitalista. De esta suerte, entre el 12 y el 18 de noviembre de 2012, el Theatre Uncut será el marco para que toda aquella y todo aquél que quiera y pueda aborde una, varias o todas las obras que dramaturg@s de Siria, Grecia, Islandia, Reino Unido, España y Estados Unidos han puesto a disposición de esta fiesta de resistencia dionisíaca. Se trata de propiciar un amplio debate en el seno de nuestras sociedades sobre la situación en que las clases gobernantes, ora bajo la bandera de nacionalismos capitalistas, ora bajo la égida del neoliberalismo, explotan, reprimen, saquean y se burlan de nuestros pueblos bajo los dictados del casino global que significa la volatilidad del capitalismo financiero.

Theatre Uncut ha logrado convocar a un número cada vez más grande de compañías y agrupaciones teatrales que en sus respectivos países están colaborando en la organización del proyecto. En el Reino Unido, el Young Vic Theatre ha abrigado de lleno la iniciativa; en España, la Red de Teatros Alternativos a través de la plataforma “Cultura contra la mentira”, Nuevo Teatro Fronterizo y la Sala Beckett de Barcelona se han echado a cuestas la titánica tarea que ello conlleva, y en México, la asociación civil Teatro Hacia el Margen, con residencia legal en Mérida, Yucatán, se ha subido al barco de esta movilización aún a sabiendas que nuestra realidad es todavía más devastadora que la que se vive en Europa: lo que para nuestr@s herman@s del llamado Viejo Continente es la amenaza de un Estado de bienestar que se diluye ante sus ojos, para nosotr@s es la realidad pura y llana de cada día.

¿Qué se necesita para ser parte del Theatre Uncut? Tener un poquito de dignidad y estar contagiad@ de solidaridad. No importa si se es o no un/a profesional de la escena, si se hace con la complicidad de un montón de colegas y amig@s o lo hace un@ sol@, o si en lugar de toda una producción en forma dentro de algún edificio teatral lo que se quiere es llevar a cabo una simple lectura en el café o el bar de siempre, en el centro de trabajo, en el salón de la escuela, en la labor o en la sala de la casa. El lugar y el modo es decisión de cada quien. Basta con darse el permiso de hacer suyas estas voces que, igual y quien quita, también suenen a lo que sueña la propia voz.

Despertando la conciencia: un mural en la ciudad.

Por: Heriberto Paredes Coronel/Subversiones.

Mauricio
Ana
Hace no mucho tiempo dos jóvenes colombianos llegaron a México, algunos meses nada más. Ana y Mauricio han recorrido su país pintando muros y platicando con la gente que se van encontrando acerca de un tema fundamental para la reconstrucción del tejido social: la memoria. Para ellos, la pintura mural ha sido un canal de comunicación, no el único por supuesto pero sí uno crucial en la composición de los canales a través de los cuales se construye una comunicación realmente popular y al mismo tiempo un conciencia histórica.
Ahora instalados en un bello departamento al sur de la capital mexicana, estrenados como estudiantes de posgrado, aprendiendo los modos –no siempre fáciles- de la vida en este país, comemos y platicamos sobre muchas posibles maneras de colaborar, de trabajar en proyectos comunes. De pronto sueltan la lanza: el fin de semana harán un mural en uno de los barrios que colindan con la universidad, uno de esos barrios proletarios y populares que resultan tan cálidos para aprender.
Todo listo en Huayamilpas, un barrio lleno de colorido y en el que poco a poco van instalándose más jóvenes provenientes de muchos lados del mundo, un barrio que es resultado de una de las ocupaciones de tierras más grandes en el continente y que tuvo su esplendor en los años 70. El sol no deja de pegar en las calles y los primeros bocetos del mural van cobrando forma y color en un muro de estas calles. Es el último octubre antes de que el priísmo recupere todos los espacios de poder que aparentemente había perdido, las cosas en el país empeoran cada día y se siente en el ambiente un aire de conformismo, de pasividad, como si se tratase de una resignación eterna, incontrolable. La memoria comienza a perderse, a difuminarse. “La idea es sacar al espacio público discusiones que van más allá de la memoria, no solamente como un recuerdo sino como un incentivo de lucha y de algo que trasciende más allá de nuestros muertos, creo que es la historia, que en algunos momentos se cuenta, creo que lo que hace Dexpierte es sacarla a la calle a hablar con la gente, con la gente de los barrios, vivirla, caminarla, dialogarla, pintarla, cantarla y creo que así se hace un poco más de sentido a la memoria, no solamente a través de un recuerdo sino a través de una vivencia misma”, apunta Mauricio mientras en sus ojos se puede ver la voluntad de tener estas experiencias en suelo mexicano.
Para Ana, quien comparte este balance acerca de su actividad muralista, el que se pueda disponer de un muro en un barrio mexicano es motivo de satisfacción y de alegría, es una oportunidad extraordinaria para intentar la interacción entre lo que se pinta y lo que los vecinos ven, como dice ella, “no son sólo simples dibujos, también está toda la acción detrás”. Y lo que hay de fondo es lo que verdaderamente sustenta el resultado de los muros, si hay un trabajo de reflexión colectiva el mural se mantendrá, más que intacto, vivo, puede convertirse en un referente barrial y entonces despertar más sentimientos e ideas de las que se imaginaron al principio, en su concepción inicial. Este es el trabajo que hacen los dos jóvenes colombianos a través de un colectivo.
Dexpierte nace en Bogotá como una iniciativa para hacer memoria en el espacio público, en las calles. Empezamos a sacar esa memoria casi de la historia de los vencidos, esa memoria que nadie cuenta, y empezamos a plasmarla en  las calles de Bogotá y de ahí empezamos a recorrer el país con esta idea”, cuenta Ana al mismo tiempo que se limpia las manos de las pinturas en la antesala de un cigarro. El colectivoDexpierte, tal y como se define en su página de internet, “plantea en la resignificación del espacio público su acción transgresora frente al silencio; interpelando en su función comunicativa la relación frente a lo realmente publico, como escenario de práctica social generadora de cultura e identidad desde múltiples escenarios de confluencia, disputa y control; pero que a su vez contienen un mismo sentido de país frente a la impunidad, frente al olvido y de cara a los espacios cotidianos como escenarios artísticos de denuncia y re-construcción de historias de vida”.
Se trata de la verdadera ocupación de los espacios públicos, se trata de vivir el espacio de otra manera, de utilizar los resquicios de las calles como indicadores de que algo hemos vivido como sociedad, de que no somos meros desconocidos que usamos los transportes públicos sin mirarnos a la cara. Es cierto, esta necesidad de cambio desde lo espacial es un fenómeno urbano, algo que surge como un grito en medio de la tajante industrialización de los modos de vida, del grisáceo panorama que ofrecen las ciudades latinoamericanas en sus perímetros y en las profundidades de los centros.
Más allá de las ciudades las cosas son diferentes, los verdes campos y las amplias extensiones de territorio que definen países enteros se viven de manera distinta, los campesinos y los pescadores tienen una relación distinta con el espacio, ya es suyo, ya es parte de su vida y de la explicación que le dan a esa vida. El espacio es parte de su visión del mundo, de ahí que la defensa sea invencible. Pero algo conecta la problemática del espacio público entre las alienadas urbes y los despojados campos y riveras: la memoria de ciertos procesos que dan sentido a la vida, el manejo de aquellos acontecimientos que marcaron pautas en el rumbo social, el recuerdo de que hay un pasado digno, aunque aplastado por los relatos dominantes.
Desde las ciudades, pero no sólo, el colectivo Dexpierte afirma que “dichos espacios se configuran y construyen desde el plano popular, desarrollando ejercicios de participación urbana a través del arte y la pedagogía frene al recuerdo y a la dignificación de la memoria, en donde se puedan rescatar los diversos diálogos involucrando a la ciudadanía como parte del enriquecimiento simbólico de la memoria pública local y nacional”. Tarea de toda la vida.
Octubre negro
“Estamos en Huayamilpas y la idea era retomar un poco, aquello del octubre negro y plasmarla de una manera, con la historia de quienes hacen los mundos verdaderos, la idea de hoy es compartir con los otros chicos que son de acá, Farid y Karas. La idea que planteamos ante ellos no es solamente hacer un mural por la cuestión estética sino en parte, toda la historia que trae el 12 de octubre a todo el continente latinoamericano y lo que significa ser latino y la explicación de que son 520 años de dominación absurda y absoluta. Aunque muchas palabras están en los mundos, hay gente en el barrio y en las localidades y en las periferias que construyen mundos verdaderos. Esto es como un homenaje a la gente, al campesino colombiano y a muchos otros mexicanos que se la luchan día a día por construir un país mejor y por sobrevivir a una realidad bien cruda y bien guache que le plantea un Estado criminal y asesino”, contesta Mauricio cuando le pregunto el sentido de la propuesta gráfica que se está plasmando mientras platicamos.
Los que crecimos en este país tan desgastado recordamos aquella manera de “festejar” el Día de la Raza: no asistiendo a clases. Los discursos del “descubrimiento de América” en los cuadernos de las primarias y las secundarias de millones de niños latinoamericanos durante décadas, y entonces nos preguntamos ahora el origen de tanto desapego, de tanto olvido. Nuevamente un muro en proceso de cambio vuelve a cobrar sentido. “Queríamos que fuera visible, que fuera en un barrio como Huayamilpas, una colonia donde la gente sale y la gente te pregunta. Y no cualquier otro espacio, acá creemos que es un espacio bien popular que pega la idea que nosotros traemos y los compas de México también”.
Varias personas pasan y abren los ojos al ver que el muro en donde habitualmente sólo hay pintas de partidos políticos o de presentaciones de bandas que no necesitan mucha publicidad, ahora hay otra cosa. La gente de las casa aledañas se asoma por las ventanas y algunos hasta de las ventanas de los autos mientras pasan. Una señora nos lleva una gran jarra de agua de horchata y unos vasos, nosotros, sedientos la aceptamos y nos alegramos de que el gesto exista. “Creo que la gente se ha visto impactada ante la ocupación de un espacio, su espacio, pero también lo comparten, lo aprueban y lo legitiman con el hecho de plantear escenarios para compartir y disfrutar un poco el día, la noche, el sol y hablar un poco de lo que se hace, de cómo se hace”, concluye Mauricio.
El campesino latinoamericano
¿Qué imagen puede incitar a las reflexiones y a los cuestionamientos? “Hace algún tiempo estábamos trabajando en la recuperación de, no solamente de la memoria de aquellos personajes que son reconocidos dentro de los asesinatos o genocidios, sino que también hay anónimos y sujetos como invisibles dentro de la historia. Esta imagen forma parte del archivo del periódico Voz, un periódico comunista en Colombia que tiene un archivo de tomas de tierra, de recuperación de espacios y de diferentes manifestaciones que ha habido allá. Esta imagen la encontramos en este archivo, es de más o menos 1970. La idea es poner a colación, no solamente qué ha pasado con el campesino sino con el campesinado, dónde está la lucha que ese campesino llevó. Va mucho más allá de un país, una región o un continente”, nos aclara Mauricio, mientras que para Ana “es la memoria de la lucha que es común a todos los países latinoamericanos, es la memoria de los que siempre están ahí, camellando, trabajando la tierra, reivindicándose como indígenas, ese campesino sí representa la lucha popular de la clase trabajadora”.
Nunca solos
Ana y Mauricio, el colectivo Dexpierte en México, no pintan solos, también invitan a otras personas a que lo hagan con ellos, sea para complementar la idea que han trabajado o para que plasmen su visión y su identidad gráfica. Para el mural de Huayamilpas han invitado a dos jóvenes pintores mexicanos, dos expresiones distintas que van complementándose con el diseño inicial y le dan movilidad, le dan un rostro propio.
No es casualidad que sean ellos quienes estén invitados a pintar en este mural, sus perfiles lo demuestran, “me di cuenta que me gustaba estar en las calles, por el tiempo que se necesitaba para terminar la obra y la gente lo percibía. En primera instancia, mi trabajo no quedaba dentro de lo que era el graffitti, por los temas que siempre trataba, eran con conceptos, con ideas contaba historias, estaba alejado un poco del graffitti”, resume Farid Rueda, quien coincide en la importancia de contar historias a través de la pintura, de las paredes que albergan ahora varios de sus trabajos.
Mientras que Dexpierte parte de la imagen de un antigua diario comunista, Farid retoma otras vertientes y explora terrenos que suenan más a un trabajo de retrospectiva que de construcción de un discurso, pero desde ahí también bien lo social, la conexión con preguntas esenciales: “hay temporadas en las que me agarro series para trabajar, tengo series, por ejemplo de los pecados capitales y cada mural era un pecado diferente, de repente eran murales sobre la metamorfosis y también conceptos filosóficos, como el eterno retorno, y cada pinta tenía por elemento común un árbol que los enmarcaba”.
Los estilos son distintos, los referentes también, pero algo hace posible la conexión entre el homenaje al campesino latinoamericano y el mundo onírico que desencadena Farid. “Me envió el boceto y me gustó su propuesta para que cada quien pintara su mundo, él lo ve más desde los social y yo lo veo más desde lo fantástico; parto de una cabeza gigante de la cual nacen cabezas más pequeñas, cada personaje tienen su mundo, una especie de referencia al planeta Tierra en el que habitan muchas personas y que cada una concibe un mundo diferente del mismo; y tengo un hilo conductor, que es el árbol, y que los atraviesa a todos, tenemos una percepción de la realidad dependiendo de quien la vea, aunque al final el mundo es el mismo.” Mundos distintos, hilos conductores que permiten esta reflexión sobre la memoria histórica que reposa en la gente.
Por su parte, Karas, el otro rostro de este mural de barrio, al contarnos su experiencia en el esténcil desencadena una realidad que remite al tema inicial: la ocupación de los espacios públicos. ¿Por qué la realización de murales y de trabajos gráficos tiene que ser considerada como algo ilegal? ¿Por qué hay un velo negativo en la expresión de ideas e historias en los muros de las ciudades? ¿Acaso no son los aparatos de propaganda del Estado los que usurpan hasta la vista y nos imponen productos para comprar, candidatos ilegítimos para votar, valores ajenos para asumir? Las palabras de Karas reflejan mucho de lo que hay detrás: “Yo nunca he pintado ilegal, siempre, todo lo que he pintado lo he hecho con permiso porque me gusta hacer los murales de manera detallada y que la gente que los ve los sienta suyos, no los sienta ajenos. Siempre he pedido permiso de los dueños de las bardas para poder trabajarlo en paz; algunas veces los policías pasan y como no saben, piensan que estás haciendo vandalismo, tratan de intimidarte y de sacarte dinero, pero como uno ya sabe sobre ese tema, platicando con ellos entienden que no te van a sacar nada, como tienes permiso de la gente”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...