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14 de octubre de 2019

Ante los oídos sordos la palabra de la digna rabia de las madres: palabras de Araceli Osorio, mamá de Lesvy.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Les compartimos las palabras que Araceli Osorio, madre de Lesvy, le dijo a los medios de comunicación el viernes afuera del Reclusorio Oriente tras haber sido declarado el fallo.

Ante los oídos sordos
la palabra de la digna rabia de las madres.


Eso es lo que pasa cuando nos escuchan, cuando nos creen. Cuando el beneficio de la duda es para las víctimas, eso es lo que pasa y sí, efectivamente, el hecho de que hoy se dictara una resolución condenatoria por unanimidad contra el asesino de mi hija, Jorge Luis González Hernández, tuvo que ver definitivamente con nuestra defensa. Con la presión que ejercimos, con la presión no solo en las calles, sino también con la presión que ejercimos nosotras al venir aquí desde nuestro coraje y nuestra rabia, desde nuestro dolor hablar por ellas, darles voz y decir que efectivamente “no estamos solas”.

Que todas estas personas que hoy están aquí y las que de momento no pudieron estar y no han podido estar saben qué fue lo que pasó esa madrugada del 3 de mayo del 2017. Estando en Ciudad Universitaria, Jorge Luis González Hernández privó de la vida a Lesvy Berlín Rivera Osorio, la hija, la amiga, la compañera.

Y el día de hoy llegamos aquí para escucharlo únicamente, para ser ratificado, por una autoridad que denominan “competente”. Nosotras creemos que no pudo ser de otra manera, nosotras fuimos las únicas que desde el principio le dijimos a esa autoridad, a esos servidores y servidoras públicas que no era un suicidio, que era un feminicidio.

Y hoy queda demostrado, hoy la verdad salió adelante, hoy empieza un camino hacia la justicia en el caso de Lesvy, ¿cuanto tiempo tendremos que esperar para que esa justicia se haga pronta y expedita para todas y cada una de las mujeres que fueron asesinadas, que siguen siendo asesinadas en nuestro país?

Esto es lo que pasa cuando nosotras nos formamos en un escalón para que la otra pueda avanzar, cuando una Irinea Buendía enfoca todos sus esfuerzos no por Mariana Lima, su hija, sino por todas y cada una de las mujeres a las que esta justicia, y en especial este poder judicial, tiene una gran deuda.

Queremos decirles a las autoridades de esta ciudad, de este país que esto es lo que pasa cuando se nos escucha, que tenemos mucho dolor pero también tenemos argumentos sólidos, válidos, fuertes, verdaderos, para que todos y cada uno de estos asesinatos cometidos contra nuestras mujeres sean demostrados y sean sancionados de manera adecuada, de manera justa y eso no señor, Andrés Manuel López Obrador, no es venganza, es justicia.

Y no señor, Andrés Manuel López Obrador, ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos.

Ni un feminicida más en las calles. Ni con nuestras compañeras desaparecidas, ni con nuestras compañeras y niñas que todos días sufren violencia por el solo hecho de ser mujeres, por esta violencia que se basa en la discriminación y en el odio hacia nosotras la mujeres, hacia nuestras compañeras trans que también hemos decidido que tiene que haber justicia para ellas, para todas y cada una de las mujeres que vivimos, transitamos esta ciudad y este país.

No estamos todas, nos faltan ellas y por ellas la lucha apenas comienza. Que se preparen porque nos van a ver así juntas en estos espacios, en los tribunales, en las calles, en todas y cada una de sus oficinas públicas, allí nos van a ver. Nos van a ver con argumentos, pero también nos van a ver con nuestra rabia y nuestro dolor.

Y nos van a conocer, y van a saber por nosotras por nuestra voz, por esta solidaridad y esta sororidad que no, que ellas no están muertas, que ellas fueron asesinadas pero que viven y están presentes todos los días en todos estos espacios para que haya justicia, no sólo para Lesvy, sino justicia para todas y para nuestras mujeres que se han llevado, que nos han arrebatado de momento.

Las seguimos buscando y queremos que nos las entreguen así como se las llevaron, queremos que nos las entreguen, porque nos lo merecemos, porque no nos merecemos que nos las arrebaten de esas maneras, porque no es justo, porque no lo vamos a permitir. Ni una desaparecida más. Porque vivas estamos, vivas nos queremos. Juntas y juntos, logramos justicia. Jorge Luis González Hernández, asesino.

Día 11 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 11: Resiste corazón, resiste que estamos caminando.

Once de octubre del año dos mil diecinueve. Sí, creemos que estamos en el dos mil diecinueve, aunque hay lugares en donde el tiempo se dobla, en donde el pasado se mezcla con el futuro y la injuria no va más. Y cuando el tiempo se dobla las miradas de las compañeras protegen nuestra humanidad, ahí las mentiras no tienen lugar. Hoy llegó el tiempo de juzgar.

Desde hace poco más de un mes tomamos la misma ruta. De camino a la campamenta hacemos el análisis político del día, hablamos de nuestros anhelos y preocupaciones, echamos una risa, cantamos una canción. Al llegar al Reclusorio Oriente hay que montar el techito de la casita-campamenta, colgar los retratos de nuestras compañeras en aquellas paredes hechas del alambre que divide a quienes procuran la justicia desde el Estado y a las que hacemos la justicia desde el amor, entonces todo es disponerse, reunirse y conversar; leer poesía, bordar, escuchar música, en dos palabras, organizarse y habitar.

Hoy la campamenta se ha llenado de gente buena dispuesta a acompañar, compañeros circenses que nos acompañan desde tempranito, música andina para abrir el corazón, la danza que Dení tan amorosamente preparó para Lesvy y para todas las que habitamos esta campamenta, ¡ahí vienen nuestras amigas las Musas Sonideras! Llegan personas sororas con camisetas moradas impresas con el bordado en el que todas colaboramos y en el que también se lee: ¡Justicia para Lesvy! ¡Justicia para todas!

Ocupamos el lugar, un espacio que hacemos nuestro debajo de este toldo gris, un pedacito que da cuenta de que nosotras podemos florecer frente a toda la violencia. Nuestra querida Vero nos trae taquitos para todas, no sabemos si nos espera una jornada larga y ella siempre nos cuida la panza y el corazón. Todo está un poco borroso, la prensa espera a nuestra familia, nosotras les esperamos también, algunas vamos a entrar, las demás resguardan la campamenta.

Da inicio la audiencia, primero se escuchan las conclusiones del Ministerio Público que ha actuado en coadyuvancia con nuestras queridas abogadas. Dirigiéndose a los jueces, el agente del MP dice que “la víctima es Lesvy, el victimario es Jorge Luis y eso debido a un arsenal probatorio que se vertió ante ustedes”.

Durante poco más de un mes la defensa del acusado reconstruyó y ejerció en esta sala el agotamiento y las maniobras de estrangulamiento decididas a ocultar la verdad, pero gracias al trabajo de muchas personas comprometidas con la memoria y con la verdad se abrió una ventanita a través de la que vimos lo sucedido aquella madrugada del 3 de mayo del 2017 en Ciudad Universitaria.

Por esa ventanita seguimos los pasos del culpable, le vimos tender su coartada, vimos aparecer a sus cómplices y su modo de actuar. De modo que aquí ha quedado acreditado que Lesvy no se suicidó, argumentan nuestras compañeras abogadas, por lo que se solicita la pena máxima de sesenta años de prisión, ¡y pocos son!

La voz cambia cuando ésta dice mentiras, entonces se escucha una torpe vocecilla que tropieza entre burdas contradicciones. Es la vocecilla de lxs abogados del acusado que declaran sin pudor sentir desprecio por la vida de las mujeres. Pero la vocecilla aún no se ha dado cuenta que toda mentira también revela una verdad, “mi representado no estaba en condiciones de simular un suicidio, estaba intoxicado”, de lo que se concluye que alguien le ayudó.

La vocecilla lo dice claramente entre líneas, ¡fue el Estado! Fue silencio cómplice de los trabajadores y funcionarios de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue la negligencia y el actuar doloso de la Procuraduría General de Justicia y de lxs responsables de procurar mecanismos de prevención y sanción efectivos en contra de la violencia feminicida, porque como dice el agente del Ministerio Público, todas y todos somos personas en este territorio humano y por tanto no puede haber discriminación alguna.

A raíz del dicho del victimario fue como se construyó una “verdad histórica” dice Ara, y esa “verdad histórica” no se sostiene, ¡que se tome en cuenta lo que dice el cuerpo de Lesvy!, argumenta Araceli, que se priorice la verdad sobre la mentira y la calumnia porque cuando se ama no se lastima, no se tortura, no se asesina, y con eso termina. A lo que Lesvy papá añade: Jorge Luis siempre nos mintió, desde un principio, nos mintió, nos mintió, nos mintió.

Ahora tiene la palabra el juez relator que comienza haciendo mención del contexto de violencia feminicida que vive nuestro país. Así que “dispuestos a hacer un equilibrio entre otros tribunales del este país”, el juez habla de la importancia de tratar a todas las personas por igual, nos dice que han juzgando el material probatorio resolviendo de manera respetuosa y con apego a los Derechos Humanos.

El juez cita las veces en las que México ha sido llevado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Son las veces en las que el caminar de las madres y de las hermanas se ha alzado para defender la dignidad que avanza para construir un estado democrático de derecho. Entonces el juez nombra el Artículo Primero Constitucional junto con los Tratados Internacionales, la Convención de las Naciones Unidas Sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación en Contra de la Mujer y la obligación de los Estados miembro de establecer las condiciones de igualdad para las mujeres, además menciona las sentencias del Tribunal Superior de Justicia, habla de la valoración de las pruebas y del decir de las y los testigos para emplear su dicho ante la evidente imposibilidad de que Lesvy se expresara ante el Tribunal.

Por lo tanto ha quedado comprobado un delito de feminicidio agravado por las heridas infamantes, dice el juez, la existencia de una relación sentimental y la exposición del cuerpo de Lesvy en un lugar público, patrimonio de la humanidad. Aclara que este delito tiene un origen en el cúmulo de violencia que nuestra Lesvy vivió durante la relación de pareja que mantuvo con Jorge Luis, recuerda los gritos, los golpes, las amenazas, el control, el asedio, los celos, la asfixia y del asesinato cometido en contra de nuestra compañera.

El juez relator prosigue y cita las palabras de Jorge Luis González Hernández: “yo nunca he sido la víctima, siempre he sido el victimario” y menciona el nombre de lxs funcionarixs más oscuros de la Universidad Nacional Autónoma de México y nos habla de la superioridad física del victimario. Finalmente, el juez habla del amor, dice que hay cosas que simplemente no pueden realizarse en nombre del amor, como asesinar.

Toda la sala escucha y se pone muy triste, hay algo en la voz del relator que ha dado paso a un principio de realidad al que se le suele llamar justicia. Los cuentos infantiles de Lesvy están en la mesa en donde se sientan Ara y Lesvy papá, la justicia llegó y débilmente se escucha el tic-tac del reloj, las lágrimas asoman, nuestra compañera no está. Son las tres y veinte de la tarde, “por unanimidad se emite el fallo condenatorio al acreditarse que Jorge Luis cometió un delito de feminicidio agravado”.

Salimos del juzgado y las compañeras aparecen. Ellas ya bailaron y comieron, leyeron los hermosos y profundos poemas que Amalia nos compartió y nos esperaron afuera entre los nervios y la angustia, pero también entre risas y compartición. Les damos la noticia y nos abrazamos entre lágrimas. El momento que hemos exigido desde aquella horrible mañana del 3 de mayo de 2017 ha llegado para dar cuenta de la insoportable realidad feminicida de este país, de la aquiescencia de las instituciones educativas y de procuración de justicia, pero también del trabajo colectivo que nuestra familia, nuestras abogadas y todas las que acompañamos logramos juntas durante este tiempo. Gracias, nos decimos unas a las otras, nos mandamos mensajes, llamamos, gracias, gracias a todas. ¡Gracias porque juntas hicimos justicia y justicia!

Ya estamos reunidas todas otra vez, después de casi dos años y medio hoy se hizo justicia: Vuela alto querida Lesvy, descansa en paz. Ahora toca seguir caminando contigo en el corazón para dignificar la vida, caminar por ellas, por nosotras, sortear los golpes, enjuagar las lágrimas, volver a tejer la cadencia del tiempo, amar de otras maneras, mandar sobre la angustia, andar y no parar.

Vivir es hacer política, dice Carmencita, ¡con ellas en la memoria, con el puño en alto seguiremos juntas, luchando por todas las que no están porque Lesvy no ha muerto, Lesvy somos todas!

¡No estamos todas, nos faltan ellas!

12 de octubre de 2019

Caso Lesvy: Jorge Luis es culpable de feminicidio.

Texto: María Fernanda Ruiz / Pie de Página.
Fotos: María Fernanda Ruiz y Daniel Lobato.



A dos años cinco meses del crimen, Jorge Luis González fue declarado culpable del feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio. El fallo es atravesado por el accionar de las mujeres, quienes acompañaron a la familia Rivera Osorio, desde el inicio; y cuando la fiscalía capitalina insistía en que Lesvy se suicidó.

Palabras de Araceli Osorio. Parte 1.
Vídeo tomado del Canal de Noticieros Televisa en el Tutubo.


Palabras de Araceli Osorio. Parte 2.
Vídeo tomado de la cuenta en Tuiter de Pie de Página.

“Estaremos aquí hasta el último latido de nuestro corazón”.
Patricia Becerril, madre de Zyanya Figueroa.
Este viernes el Tribunal de Justicia de la Ciudad de México dio un fallo histórico. Jorge Luis González fue declarado por unanimidad culpable del feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio.

Los gritos de exigencia por justicia contra la violencia a las mujeres resonaron en el Reclusorio Oriente desde las 10 de la mañana. Esos que desde mayo del 2017 acompañaron a Araceli Osorio y a Lesvy Rivera bajo la consigna: “¡No fue suicidio, fue feminicidio!”. Una demanda que aplica no sólo en el caso de Lesvy Berlín, también se escuchó con Mariana Lima, y se necesita en el caso de Zyanya Figueroa.

Madres de mujeres víctimas de feminicidio acompañaron a Araceli Osorio este viernes durante la espera del fallo. Entre ellas estaba Irinea Buendía quien recordó que la exigencia es la no repetición:
“Tienen que capacitarse porque no pueden seguir con sus declaraciones de antes, necesitan capacitarse en cuanto a perspectiva de género. La sentencia Mariana Lima es muy clara, ahí está el ABC para poder investigar un feminicidio con perspectiva de género. Yo la verdad no entiendo al poder judicial; porque mejor en la OEA ya retomaron esa sentencia y aquí en México la siguen excluyendo. Por eso hay tanto asesino libre porque vienen dando sentencias que no ayudan a sentar un precedente de no repetición”
Irinea Buendía.

Tres “síes”

La sala uno de audiencias del Tribunal de Justicia de la Ciudad de México se llenó. La primera parte de la audiencia fue para los alegatos finales, luego de dos horas el juez mandó a un receso de aproximadamente una hora y media. Al terminar el tiempo en que los jueces tomaron una decisión.








Araceli Osorio y Lesvy Rivera durante el receso previo al fallo de la décima audiencia por el feminicidio de su hija.
Los jueces justificaron en los que se basaron para tomar una decisión a partir de tres aspectos: sí existía una relación entre Lesvy y Jorge Luis. Sí hubo violencia de género y Jorge Luis sí privó de la vida a Lesvy.

“Somos conscientes de la realidad de violencia de género que el país vive en la actualidad… juzgar con perspectiva de género implica hacerlo con todos por igual, hombres y mujeres”, dijo el juez relator como introducción al fallo. Con esta declaración desató una incertidumbre silenciosa entre el público de la sala.

Incertidumbre previa

La incertidumbre se sentía desde antes de regresar a la audiencia. Lo dijo la abogada Sayuri Herrera durante el receso previo al fallo: “en el país del 99.3 por ciento de impunidad no podemos asegurar nada”; lo contaron las madres de Celene, de Zyanya, de Marichuy, de Yan Kyung: “hay obstáculos; no hay sentencia; no se reconoce como feminicidio; no hay justicia”.

Esta incertidumbre terminó paulatinamente conforme el juez relator avanzó con el fallo:
“Jorge Luis González ejerció violencia y afectó la dignidad humana de Lesvy Berlín hasta desplegar el grado más extremo de violencia de género, el feminicidio […]. Por unanimidad (el tribunal) emitió fallo de condena por el feminicidio de Lesvy Berlín a Jorge Luis González”

Al terminar la audiencia, Araceli Osorio les agradeció:
“Gracias. Esta audiencia es un ejemplo de justicia, no solo por Lesvy sino por todas las mujeres que nos arrebataron” 
Entre lágrimas y abrazos poco a poco la sala de audiencias se fue vaciando. Un último grito de rabia rompió la conmoción: “¡Púdrete Jorge Luis!” le gritó uno de los familiares de Lesvy al responsable de su feminicidio.
Afuera, las que salieron más rápido ya recogían sus cosas. Periodistas, mujeres del grupo de acompañamiento político, defensoras de derechos humanos y algunas de las madres de víctimas de feminicidio que esperaban en fila para recoger sus pertenencias. Una mariposa blanca se coló a las instalaciones del tribunal y voló alrededor de esa multitud.
“¡Miren esa mariposa!, ¡Hay que contarle a Ara!” gritaron algunas de las voces conmocionadas todavía por la decisión unánime de los jueces.

Mariposas de esperanza

“Aunque mi caso está muy lejos de tener justicia, ésta (la) siento como si fuera propia. Hoy pasó algo maravilloso, estábamos con los policías pidiendo nuestras credenciales cuando apareció una mariposa entonces yo siento que esa mariposa representa la libertad y la esperanza para todas nosotras”, contó más tarde Mónica Becerro, madre de Yang Kyung María, asesinada por su pareja hace cinco años.

Afuera un grupo de mujeres comenzaron a reunirse en el estacionamiento del tribunal para esperar a Araceli Osorio y a Lesvy Rivera, en cuanto bajaron el grito se escuchó fuerte: “¡No fue suicidio, fue feminicidio!”

Lo que hay detrás de cada sentencia

“Es muy importante entender que fueron dos años muy difíciles: el llegar aquí, los amparos, la reclasificación de feminicidio. Se demostró que el dicho de las madres no es un dicho; es porque las madres conocen a sus hijas”.
María de la Luz Estrada, coordinadora general del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

“La sentencia se logró por el trabajo de muchas, de colectivas, de organización, porque su familia no bajó  la guardia, todas las que están aquí no bajaron la guardia. Por eso es un referente, así como Mariana Lima. El caso de Lesvy nos anima, nos da la esperanza de que podemos cambiar, de que podemos tener justicia”, expresó María de la Luz Estrada, coordinadora general del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

Para Carolina Ramírez, sobreviviente de un feminicidio, el fallo fue histórico:
“Este es un gran paso para todas las que hemos sido víctimas. Vamos abriendo brechas, vamos ganando. Este  es un fallo histórico para las mujeres de este país.”

Afuera en la reja del estacionamiento del Tribunal de Justicia de la Ciudad de México se leía un stencil con agradecimientos a Araceli Osorio. También colgaba  el bordado colectivo que hicieron durante los once días de audiencia la colectiva “Las siempre vivas” junto a los rostros de mujeres asesinadas o desaparecidas.

Esto pasa cuando se nos escucha

Araceli Osorio caminó entre cámaras y micrófonos hasta llegar a la carpa donde el Grupo de Acompañamiento Político realizó las actividades de protesta.
“Esto es lo que pasa cuando se nos escucha, cuando se nos cree, cuando el beneficio de la duda es para las víctimas”, explicó. […] El hecho de que hoy se dictara una resolución condenatoria por unanimidad contra el asesino de mi hija, Jorge luis González Hernández, tuvo que ver con la presión que ejercimos, no solo en las calles sino también al venir aquí. El Poder judicial tiene una gran deuda”. 

Lo que sigue es que el próximo 16 de octubre se dicte sentencia y posteriormente se busque la reparación, para lo que testificará la familia de Lesvy Berlín y sus amigas. Las abogadas Sayuri Herrera y Ana Yeli Pérez del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio pidieron la máxima sentencia por feminicidio: 60 años de cárcel para el culpable.

“Esperamos una sentencia histórica. Que se visibilicen esas medidas de no repetición porque el caso de Lesvy ha sido un caso muy complejo, tuvimos que luchar en un primer momento contra el sistema de justicia. (Al juzgado) no se vino a construir una verdad, se vino a sostenerla. Los testigos lo que plasmaron es lo que vieron, plasmaron todo su cariño y su dolor. Nos gustaría no tener que buscar sentencias de feminicidio, nos gustaría que no nos asesinaran” expresó la abogada Ana Yeli Pérez ante la prensa.

Araceli Osorio habla afuera de las instalaciones del Reclusorio Oriente sobre el fallo de los jueces, quienes declararon culpable a Jorge Luis González por el feminicidio de Lesvy Berlín el 3 de mayo del 2017. A su lado aparecen Irinea Buendía, madre de Mariana Lima; Lesvy Rivera, padre de Lesvy Berlín, y Araceli Mondragón, madre de Mayra Abigail.




Alejandra López, del Grupo de Acompañamiento Político de la Familia Lesvy Rivera también habló sobre cómo comenzó el acompañamiento, desde la primera protesta que organizaron el 5 de mayo del 2017 en Ciudad Universitaria:
“Sacamos fuerza para decirles que no creíamos lo que estaban diciendo  y convocamos a una manifestación sin saber siquiera cómo se escribía el nombre de Lesvy. Ese mismo día nosotras ya sabíamos lo que se ha dicho hoy en el tribunal y que tuvimos que esperar más de dos años de la boca de la justicia patriarcal. Esa es la verdad, Lesvy no se suicidió, a Lesvy la asesino un hombre como muchos en este país”

La unidad de las mujeres, en colectivo, de asociaciones, de expertas, como mencionó Luz María Estrada del OCNF, logró este paso histórico en la justicia mexicana. Y para Araceli Osorio, esto es el comienzo:
“Esto es lo que pasa cuando nosotras nos formamos en un escalón para que la otra pueda avanzar, cuando una Irinea Buendía enfoca todos sus esfuerzos no por Mariana Lima, su hija sino por todas y cada una de las mujeres. Esto apenas comienza, que se preparen, porque nos van a ver así, juntas, en las calles, en todas y cada una de sus oficinas públicas, ahí nos van a ver con argumento pero también con nuestra rabia y  nuestro dolor. Y van a saber por nuestra voz, por esta sororidad y solidaridad que no están muertas, que fueron asesinadas pero que viven y están presentes todos los días en estos espacios para que haya justicia no solo para Lesvy, para todas.”

5 de octubre de 2019

Día 10 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 10. La justicia ya no puede esperar.

Uno de los efectos más atemorizantes de la violencia es ver cómo el tiempo se diluye. Aquí los días y las noches se van juntando y la crueldad va arreciando, entonces nosotras nos descubrimos, mirando, amando, platicando y buscando entre nuestra amistad la fuerza para mantener la vida y su dignidad.

Aquí, como en otras guerras, el presente se junta de maneras extrañas con el pasado. Eran otros tiempos y otros lugares cuando las personas mayores nos contaron que una de las afrentas más graves durante la guerra civil española fue el robo del reloj que se heredaba de padres a hijos. El saqueo del reloj tras el asesinato era una práctica destinada a robar el tiempo y su memoria. Las mujeres, mientras tanto, se mantenían en pie y luchando por alimentar la memoria, atesorando las cartas y los retratos de lxs represaliadxs.

Anoche escuchamos con emoción la transmisión desde Colombia del fallo del jurado del Premio Gabo 2019. Hoy desde la Campamenta a las afueras del Reclusorio Oriente les mandamos un abrazo directo al corazón. Pensamos, mientras caminamos al juzgado, ¡qué grande es el equipo que realizó la investigación “El país de las dos mil fosas”!

Mientras nos comemos un rico pan que las compañeras nos compartieron para no entrar con el estómago vacío a la audiencia, decimos que su investigación es la radiografía de nuestra tierra y la brújula que ha de permitirnos buscar y mantener la dignidad que las compañeras periodistas, ganadoras del premio en la categoría de Cobertura, nos han heredado con su forma de mirar, de investigar, de sostener la memoria y su inquebrantable dignidad.

Ayer nos estremecieron sus palabras, lloramos con su digno andar. Aquí vamos aprendiendo todas juntas de las muchas formas de construir la justicia social. Para nosotras la Campamenta levantada desde el amor y la alegría es nuestra forma de responder ante la afrenta que nos produce el Estado con sus verdades y triquiñuelas históricas, mismas que exigen una respuesta inteligente, como las compañeras lo demostraron ayer desde Colombia cuando recordaron a Lupita Campanur, guardiana de los bosques y de la vida, quien también nos fue arrebatada. Por eso ahí donde decimos ¡justicia para Lesvy!, también decimos ¡justicia para todas!

En este pedacito de territorio apropiado, desde nuestra casita-campamenta durante este juicio les decimos: Compañeras, no van solas, reconocemos su enorme lucha para llevar a cabo esta investigación y su trayecto para lograrlo, nosotras las abrazamos y las reconocemos en este andar mientras esperamos poder finalmente conocer el fallo del tribunal que está juzgando el cruel delito cometido en contra de Lesvy, de su familia y de toda la sociedad.

Sin embargo, hoy la lógica del cansancio, del desgaste y del maltrato se impone una vez más. Esperemos casi una semana la presencia en el Tribunal de Teresa Incháustegui, la señora experta que la defensa del acusado ha llamado para saber por qué Lesvy no denunció antes de ser asesinada por el que dice haberla amado. –Extraño, pensamos nosotras, si en este país no tenemos datos, no tenemos ese principio de realidad, la compañera Marcela Turati lo mencionó en su discurso de ayer, ella contaba que el equipo tuvo que desenterrar las cifras, “nos decidimos a desenterrar las cifras ocultas. Sabiendo que no son cifras, son personas, y que cada número representa a alguien que nos falta y una familia que está buscando sin descanso. Nos enfrentamos a la burocracia construida para que no encuentres, para que te canses. Sentimos mucha impotencia, claro que nunca comparable con lo que la indolencia gubernamental hace vivir cada día a las familias”.

No sabemos a ciencia cierta cuántas mujeres están en grave peligro, cuántas están siendo hostigadas, maltratadas, humilladas, amenazadas, cuántas están desaparecidas. Sospechamos que somos una parte muy importante, ¡el grueso de la población!

El decir de la señora Incháustegui fue desestimado por los mismos que la llamaron a declarar en una trampa para ganarle al tiempo, para ocultar la verdad. Hoy el tribunal le ofrece al verdugo la oportunidad y el derecho de la palabra, pero al tiempo que dice renunciar a hablar abre aceleradamente la boca para decir que él amaba a Lesvy, que jamás la hubiera lastimado, que no la asesinó. Ese es el triste titular que se despliega unas horas más tarde en prensa industrial, y esa la puñalada que sentimos en el estómago después de ya casi un mes viéndole las espaldas a los verdugos.

Pero Ara pide la palabra, entonces responde al acusado y a los consejos de su abogado: “quien ama no lastima", quien ama no asesina sostienen firmemente les amigues por nuestro chat. El juez se ha comprometido a enunciar el fallo del próximo viernes, se agotaron las excusas ya no es posible dilatar, la justicia ha de llegar. Ese día se escucharán los argumentos de ambas partes, aunque la sociedad ya ha visto el despliegue de saber y de dignidad que avanza con paso firme por nuestra Tierra, ancha y hermosa.

A pesar del cansancio, hoy y siempre repetimos por si no ha quedado los suficientemente claro: Nuestro argumento es la palabra que defiende la vida, porque “lo justo no tiene discusión”, como pone la tarjetita con las palabras de Gregorio Nachman que Carmencita nos regaló.

Aunque será difícil festejar la tragedia, como dicen las compas periodistas, nuestro alegato es la apuesta política de esta Campamenta dispuesta a moverse a cualquier lugar para continuar la resistencia y acompañar.

Entre pláticas nos surgen las sonrisas, ¡han fallado a la hora de querer desgastar a esta Campamenta!, comentamos todas mientras enviamos un abrazo a nuestrxs compañerxs de la Brigada Humanitaria de Paz Marabunta, quienes fueron agredidxs por elementos policiacos vestidos de civiles cuando desempeñaban su labor de defensa de Derechos Humanos en la manifestación conmemorativa del 2 de octubre, donde estuvimos presentes.

Conocemos la enorme labor que Marabunta realiza para documentar la protesta social y agradecemos su presencia en las manifestaciones que desde este grupo hemos realizado por la exigencia de verdad y de justicia en el caso de nuestra compañera Lesvy. Desde aquí les hacemos llegar nuestra solidaridad, les decimos que respaldamos y secundamos la denuncia que han realizado contra el aparato policiaco-militar.

Bueno, pues aquí seguiremos y les invitamos a todxs el viernes 11 de octubre a manifestarnos para exigir justicia a las afueras del Reclusorio Oriente a partir de las 10 de la mañana.

¡Porque defender Derechos Humanos no es un delito!

¡No han logrado desgastarnos ni lo lograrán!

28 de septiembre de 2019

Día 9 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 9. La dignidad está en las calles, nuestro veredicto también.


Entrar y poder volver a salir a la calle, a la vida. Llegamos por justicia y nos vamos con una hermosa familia.

La piel se nos adelgazó y el corazón nos quedó al descubierto, esa fue una posición o elección política, porque poder ver y ser vistas al corazón se convirtió en un salvaje acto de amor que insiste entre nosotras y en el nombre de nuestra amistad. Sabemos que lo que hacemos hará que este sea un lugar más seguro para todas. Por nosotras y por las que vienen.

Hoy caminamos por los 43 compañeros detenidos desaparecidos y lxs 6 ejecutadxs del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. La dignidad se volvió a encontrar en las calles. Ahí estaban nuestrxs amigxs, ahí estaban las familias de Ayotzi, las familias de lxs desaparecidxs que nos faltan en este país, las personas que nos encontramos hace cinco años y seguimos aquí. Saliendo de la audiencia corrimos a alcanzarles.

Dian siempre nos cuida, ella camina pensando que un día nos hemos de reunir con nuestras hermanas y hermanos, y que ese día, dice el sonido de sus pasos, hemos de rendir cuentas de nuestro andar.

Hemos llorado, hemos marchado, hemos gritado, hemos ido a sus tribunales, aprendimos sus reglas, nos fundieron con su métrica del tiempo, hoy les decimos que nuestra justicia y nuestro tiempo llegó, ahora nos toca escribir a nosotras la historia. Porque si es verdad que la historia la escriben los de arriba, también es verdad que se las dictamos las de abajo.

Veníamos a la última audiencia antes del fallo y nos encontramos con la sorpresa de que ¡no había entrada al público! No nos dejarían entrar pero nos plantamos en la puerta: ¡Nos están negando un derecho! A lo que ellos dirían: –“No es nuestra culpa, entiéndanos, nosotros sólo nos encargamos de la seguridad, cambiaron la audiencia a una sala muy pequeña y ya no caben”.

Se blindaron, ya no cabía nadie, somos muy pocas adentro. La audiencia pasó de la sala más grande del juzgado a una sala muy reducida donde solo podían acceder nuestra familia, nuestras abogadas, el imputado, su defensa y algunas compañeras de la prensa. Insistimos. Tienen que dejarnos escuchar, no sólo a nosotras, a todas nuestras compañeras que están ahí afuera y deberían estar aquí.

Gracias a la insistencia de dos de nuestras compañeras, a pocas de nosotras nos dejaron atestiguar la audiencia desde una oficina y a través de un monitor. Pudimos ver y escuchar los testimonios de este día, a pesar de que se empecinaron en dejarnos fuera y en impedirnos conocer este relato, hubimos quienes pudimos presenciar para contarle a nuestras compañeras lo que alcanzamos a ver.

Una perito en criminalística (que no es perito, pues no se validó como tal), presenta una “ilustración de hechos” que nos lastima nuevamente. Quieren que permanezca sellado, quieren que sus mentiras no se repitan fuera de esa sala. La audiencia se vuelve privada y se vuelve a sellar. Hoy vienen a defender a Jorge, su padre, su madre, su ex pareja, la madre de su ex pareja y un policía de investigación. La defensa del acusado se desistió del testimonio de otro policía de investigación y un perito.

¿Quién es Jorge Luis González Hernández? Hoy escuchamos su versión.

“Es él”, así lo han reconocido y señalado en repetidas ocasiones desde el estrado nuestras compañeras que nos regalan su testimonio. Es él. Un joven que trabajaba como auxiliar de intendencia en la UNAM, donde operó en distintos lugares como la Facultad de Ingeniería, Facultad de Química, Ciencias, Arquitectura y Prepa 6. Su familia dice no recordar las seis ocasiones en que estuvo anexado o dicen no saber si consumía algún tipo de estupefaciente. Quienes compartieron la vida con él hoy vienen a defenderlo por algo que no les consta. “No tomaba en frente de mí”, “conmigo no era así”, “no lo podía estar cuidando todo el tiempo”, y otras tantas frases donde se encubre el abuso y la violencia se comparten en esta limitada audiencia. Su papá trabaja en la oficina de la Dirección General de Personal de la UNAM y su mamá es jubilada también de la UNAM. Toda su familia es parte de la comunidad universitaria.

Es importante hablar de la historia de Jorge y de Lesvy, reconocer su pertenencia a dicha comunidad y la “domesticidad”, como lo nombró la perito en antropología Liliana López López, que implicaba Ciudad Universitaria en sus vidas, cómo es que se relacionaban con ese sitio y las implicaciones del lugar. Conocemos las formas que han utilizado las autoridades universitarias para criminalizar a su estudiantado, incluso alegando que no forman parte de dicha institución, los hemos escuchado decir que la violencia viene de afuera y que adentro hay un clima de seguridad y paz, pero sabemos del actuar de la universidad en el encubrimiento de pruebas, o en el mal resguardo del lugar de los hechos y de evidencias para lograr el esclarecimiento de la verdad. Nosotras sabemos que la colaboración de la universidad muchas veces ha sido una simulación, que sus fronteras no son sólidas ni impermeables a la violencia que se vive en el país y que vale más, para ellxs, el orgullo universitario que la vida de su comunidad. ¿Cómo pensamos a la universidad si no es también a través de la impunidad de lxs actores y sujetos que ahí, y en complicidad con otras dependencias, nos niegan una vida libre de violencia? La maquinaria se despliega y opera gracias a su intervención, ellos son el Estado.

La madre de Jorge cuenta que él le llamó el día 3 de mayo y le dijo que “Lesvy había fallecido”. Si Jorge afirmó en un inicio que Lesvy estaba desaparecida, ¿por qué su madre dice saber de su muerte el día 3 de mayo?

La defensa del imputado dice no haber podido contactar a una testigo que aún falta por declarar, piden auxilio al Tribunal para poder localizarla y dicen que necesitan tiempo. Van a llamar a Teresa Incháustegui, ex titular de una institución que ya no existe, el Inmujeres. La audiencia se aplaza nuevamente hasta el próximo viernes 4 de octubre a las 9 de la mañana. Ese día conoceremos el fallo del Tribunal.

Afuera, en nuestra casa/campamenta, escribimos una carta colectiva a Lesvy para acompañar la entrega del bordado en el que hemos tejido su historia, de la mujer que nos junta a todas en estas calles del Oriente citadino. Cada una escribe en un pequeño papel lo que le queremos decir desde acá. “Querida Lesvy” escriben en el pavimento con gises de colores nuestras compañeras de la colectiva Las SiempreVivas y las demás hacemos un círculo pequeño y nos compartimos lo que las otras han escrito. Se derraman lágrimas de dolor, de toda esa rabia que nos encontró desde hace más de dos años y hasta ahora; sin embargo, también son lágrimas de alegría de habernos encontrado con Araceli y con Lesvy papá, con nuestras compañeras abogadas que nos defienden a todas, con todxs quienes nos han compartido alguna muestra de solidaridad en este tiempo y con cada una de las que conformamos esta familia.

Antes de que la audiencia termine compartimos la comida quienes estamos afuera, han sido semanas largas en las que hemos resignificado los cuidados que como mujeres hemos hecho históricamente, decidimos ofrendar la comida, los abrazos y el tejido, como un fueguito que se expande en nuestros corazones, hoy sabemos que cuidarnos y cuidar de las otras es también un acto político de amor y rebeldía.

La audiencia llega a su fin, y poco a poco van saliendo las nuestras, entre el bullicio de los medios de comunicación, le hacemos entrega a Araceli, Lesvy papá, Sayuri y Ana Yeli de nuestra cartita y el bordado colectivo que ahora es de todas, nos sabemos juntas para siempre, para lo que venga, para seguir contando la historia de la ciudadana del mundo que nos cambió la vida. Lo hemos sabido desde siempre: ¡Lesvy no ha muerto! ¡Lesvy somos todas!

Entre prisas y risas logramos llegar a Reforma con nuestras voces y pasos a acompañar a las familias de nuestros 43 compañeros normalistas de Ayotzinapa. Con las familias a la batuta gritamos que vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Les acompañamos cargando la foto de Lesvy, les acompañamos desde nuestros corazones, no les dejaremos desistir, la lucha por encontrar a sus hijos es nuestra lucha también. Así como sostenemos el nombre de Lesvy en nuestras gargantas también ahí retumban 43 nombres, 43 vidas, 43 historias y 43 familias.

En el Zócalo madres y padres se paran frente a todes quienes les acompañamos en la calle. Llevan esa dignidad con ellxs que tras 5 años lucha por memoria y justicia no la han soltado a pesar del Estado, a pesar de la ignominia, a pesar de todos los que han querido optar por el olvido y la injusticia.

Este 26 de septiembre de 2019 se respiró desde el Oriente hasta el Centro de la ciudad eso que en algún lugar del Sureste mexicano le llaman digna rabia. Y aquella dignidad llena de rabia devuelve esperanza, cuando las madres y padres luchan por sus hijas e hijos están también luchando por las hijas e hijos de todxs, no podemos dejarles solxs.

Mandamos un saludo lleno de admiración a los compañeros normalistas de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos quienes han sostenido a las familias de los 43 durante estos 5 años, ¡vivan las normales rurales de todo el país! A las madres y padres les mandamos nuestra fuerza, no están solxs, nunca lo estarán. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Gracias a quienes ofrecieron sus testimonios, su voz, su trabajo y su tiempo para recrear esta historia que algunos han querido contar en fragmentos y que seguiremos reconstruyendo, nos daremos el tiempo para escribir nuestra propia historia. Gracias también a quienes se han sumado a este viaje, a quienes han caminado en este andar por verdad y justicia, una que no cabe en sus lugares, una que se construye en una apuesta por la reconstrucción de la vida y por el acompañamiento alegre que politizamos desde nuestros espacios de escucha mutua y vida cotidiana. A quienes compartieron delicioso café y pan por las mañanas, la rica comida por la tarde, los tamales, ¡gracias!

¡Nuestro agradecimiento a las amigas! Por su voz, su palabra fuerte y tierna, por defender y salvar nuestras vidas.

Para nosotras el veredicto está listo. Lo sabemos, siempre lo hemos dicho. ¡No fue suicidio, fue feminicidio! Ahí están las pruebas, véanlo ustedxs mismxs.

22 de septiembre de 2019

Día 8 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 8. ¡La pericia!


Le dimos la vuelta al reloj. Amaneció y la in-justicia patriarcal se ha decidido a no dejarnos hablar. Objeta por el mero gusto de la obstaculización, se ensaña con nuestra narración. Cómo hablar frente a ella cuando en realidad lo que nos exige es una respuesta incapaz de nombrar lo que aquí nos está pasando: Señora, #LadyObjeción, ¡aquí nos están matando!

Qué hacer entonces con este sistema judicial al que la verdad poco le importa, ¿cierto? Pero aquí están lxs peritxs independientes. Es una jornada de aprendizaje, un día lleno de generosidad de quienes nos comparten los resultados de años de estudio, de experimentación, de investigación. Ha arribado el conocimiento que nace y crece del digno caminar al lado de las familias de este país en guerra.

Asistimos a la exposición de un bello arsenal de principios, de conceptos y escuchamos la narración de los días de acompañamiento que elevan la probabilidad al ámbito de la certeza. Las plumas del público escriben a toda velocidad, ¡esto se ha convertido en una verdadera cátedra! Nuestra familia, nuestras abogadas, nuestras peritxs construyeron una pirámide con su saber: el suicidio es altamente improbable.

Están lxs mejores, expertxs en antropología, en arquitectura, en sociología, en estudios de género, en criminalística, en psicología, ellos y ellas han aprendido de las causas más nobles que caminan por verdad y justicia: Rosendo Radilla Pacheco, Ayotzi, el News Divine, la Guardería ABC, Chimalpopoca y ahora nuestra Lesvy.

Avanza la argumentación que ha llegado a los más altos tribunales internacionales. Paso a pasito lxs peritxs independientes van armando el rompecabezas de lo que vivió Lesvy aquella madrugada del 3 mayo: reconstruir los hechos, someterlos a experimentación, recuperar los fragmentos de pruebas, de dictámenes, de videos. Todas estas son piezas que quisieron ocultar, pero aquí está lo que alcanzamos a ver y lo que podemos reconstruir gracias al saber y a la tecnología más especializada, aunque la defensa ataca con insolentes y burdas interrupciones, –¡shhhh, no ven que estamos tomando clases!

Las peritas nos explican que la categoría de feminicidio viene de la antropología feminista, nos hablan del continuo de la violencia que se remonta mucho antes del asesinato de una mujer de manera violenta. No, a nosotras no nos matan de un arrebato, todo comienza con esas pequeñas violencias silenciadas y normalizadas en contextos discriminatorios de la vida pública y privada, ya sea en las relaciones de pareja, a través del acoso callejero, en nuestras aulas, en las diferentes formas de la violencia económica o por los malditos celos, en el aislamiento y la vulnerabilidad que generan. Así, la violencia va en aumento, los episodios se concatenan hasta llegar al momento culmen de violencia que no termina en la muerte violenta de una mujer o niña, sino que se imprime en nuestra sociedad reproduciendo una ofensa que todos los días nos hiere y nos lastima.

Aquí el umbral de lo privado se pierde y comienza la lucha política por la dignidad de nuestra vida, por el derecho a no morir, a no desaparecer, a no tener miedo. La responsabilidad es, por lo tanto, una cosa pública. ¿Qué hay de las instituciones, qué de la justicia internacional, qué de la responsabilidad de los medios de comunicación, qué del ojo que no ve lo que aquí nos pasa?

En este país, en donde el cuerpo expuesto de nuestras compañeras violentadas se nos presenta cotidianamente y en donde el ojo público elige no ver, todxs tenemos una responsabilidad y somos parte del engranaje, porque una sociedad que niega y hace como si no escuchara los gritos de las víctimas de la violencia feminicida, perpetua la normalización de esas violencias que tal vez no se ven en el cuerpo pero están ahí, en el miedo y el temor a quien nos violenta y vulnera por ser mujeres. Hoy sabemos que tenemos la posibilidad de intervenir y para eso tenemos que estar preparadas, cuidarnos, saber qué hacer.

Nosotras decidimos no callar. Existen muchas formas de protestar, creemos que todas son válidas. Esta vez elegimos el bordado, la poesía, la danza para hacernos escuchar. Desde tempranito ya hay café y pan. Tenemos la capacidad de reírnos aún cuando un elemento policial nos hostiga hasta corrernos de sus instalaciones. Afuera colgamos una manta enorme con el rostro de Lesvy, aquella ilustración que tanto nos gusta. Barremos la calle y nos contamos algunos chistes para alegrar el día.

Ha llegado el mediodía a nuestra casita-campamento a las afueras del Reclusorio Oriente. En las paredes sin puertas cuelgan las fotos de las compañeras que nos fueron arrebatadas y las fotos de las compañeras que esperamos vuelvan a casa, ahí está también el rostro de Lesvy: nos abrazamos, sonreímos y nos preparamos para una jornada muy larga.

Cuatro compañeras con corazones enormes nos acompañan con sus danzas en un pedacito de calle que ahora es la nuestra. Todas miramos atentamente los movimientos de los cuerpos, ¡cuánta belleza puede caber dentro de una canción o de una pieza!

Unas bordan, otras leen poemas en voz alta, algunas platican de la vida y otras se paran a bailar una cumbia. Compartimos la Campamenta con otras madres que buscan justicia para sus hijas, ellas han venido de otros lugares de este país para acompañarnos. Somos mujeres de muchas edades y de muchos contextos, venimos de muy diversos espacios a ofrendar tiempo a una causa importante: ¡Justicia y justicia para Lesvy!

Todas esperamos a Araceli, a Lesvy papá y a nuestras compañeras abogadas mientras la prensa nos preguntan por qué hacemos actos políticos: “Estamos aquí afuera para que sepan que cuando las compañeras abogadas entran a esa sala a defender a Lesvy, entran con todas nosotras, así las sostenemos, así las apoyamos”.

¿Cómo no habríamos de tener esperanza en que podemos construir un mundo nuevo cuando hay mujeres, profesoras y especialistas, abogadas y amigas, que defienden la vida de todas?

Acá afuera las espera la comida, el bordado y el abrazo reparador. Acá afuera está nuestro pedacito de mundo que ahora es una casa-país-campamenta llena de amor y de alegría. Para las que acompañan adentro y para las que acompañan afuera: ¡nosotras juntas podemos florecer a pesar de la violencia del Estado! A todas ustedes, gracias infinitas por estar aquí.

Hoy pensamos que sería nuestro último día de audiencia antes del fallo, pero no. Las objeciones y los retrasos nos llevarán a encontrarnos el próximo jueves en esta sala, misma hora. Estamos a la espera de las pruebas de la defensa del imputado, estamos a la espera de saber qué van a decir, con qué cara van a defender lo indefendible. Nuestro trabajo ya está hecho, ahora les toca a ellos aceptar una invitación para habitar la verdadera justicia.

Ha comenzado a llover y el granizo se nos echa encima, el grupo de la justicia viene caminando hacia nosotras y les vemos fundirse en un largo abrazo debajo de un techito hecho de los paraguas. A pesar de la oscura tormenta viene caminando la lucha de la familia de Lesvy, de lxs especialistas de esta casa-país–campamenta en la que no cabe el odio.

¡Gracias por esta lección, ha sido la más alta, la más bella y la más noble de todas!

20 de septiembre de 2019

Día 7 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 7. Hoy reafirmamos la verdad.


Agente del MP: ¿Puede decirnos por qué fue llamada a esta sala de audiencia?

Araceli Osorio Martínez: Porque ninguna persona podrá hacer justicia por sí misma ni podrá ejercer violencia para reclamar su derecho, Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Artículo 17.

Anoche llegó de Guatemala el doctor Nájera. Ha venido a buscar justicia para nuestra Lesvy como en muchas otras ocasiones lo hizo también para Mariana Lima Buendía, para Mariana Yáñez Reyes o para las compañeras que fueron víctimas del genocidio durante el conflicto interno armado en su país. El doctor Nájera es un hombre de ciencia y de buen corazón, tiene la mezcla que exige el verdadero saber de quienes, como él, han jurado ponerse al servicio de la humanidad.

Las y los especialistas están presentes en la sala. Son mujeres y hombres que tienen un saber muy especial entre las manos, que se ha ganado a través de la lucha histórica de nuestros pueblos por la defensa de la vida y de los derechos humanos. Ahí están las madres de Yang y de Abigail, dos compañeras que nos han sido arrebatadas.

Once y catorce horas del diecinueve de septiembre, estamos viajando. Hoy el doctor Nájera nos habló con la verdad, nos dijo lo que ya sabíamos, dijo que ¡no fue suicidio fue feminicidio!

La víctima de este crimen es Lesvy, su familia y la sociedad entera porque lo que aquí han hecho es un acto de extrema crueldad. Por eso han llegado peritas y peritos de muchos lados, ciudadanas y ciudadanos, amigas y amigos honestos, han llegado para rendir testimonio, para alzar la voz por Lesvy y por todas las mujeres que ya no pueden defenderse.

Hoy hay una bruma particular en esta ciudad que recuerda el sentimiento a dos años de aquel terremoto que transformó la vida de tantas. Recordamos a quienes perdimos y a quienes nos encontramos en medio de las ruinas. Hoy, como entonces, seguimos caminando, juntando los pedazos de las otras y de nosotras mismas.

Ara nos regala su testimonio.

La mamá de Lesvy está a punto de rendir testimonio en una sala llena de buena gente que la acompaña, de gente comprometida con la defensa de la vida, con su fragilidad y su belleza. El saber y la dignidad inundan la sala, aparece Ara y dice con voz firme:
Lesvy Berlín Rivera Osorio,
Lesvy Berlín Rivera Osorio,
Lesvy Berlín Rivera Osorio,
3 de mayo de 2017, Ciudad Universitaria. Mi hija primero se encuentra en calidad de desaparecida. Lesvy no iba abrigada, no iba para quedarse toda la noche en CU.

Ara nos cuenta del momento en que cambia la vida para siempre, la confusión, las horas, los minutos, los segundos en que emprende una búsqueda para encontrar a Lesvy. A ella le dicen que no saben de su paradero, entonces se dirige a levantar una denuncia por su desaparición. Cuando le piden los datos de su hija espera que sea para su ficha de búsqueda. Nadie le dice nada. Ellos ya sabían, las autoridades, el imputado, ellos sabían quién era y dónde estaba Lesvy en ese momento en que su madre y padre la buscaban en la Procuraduría, cuando personal del Centro de Apoyo Sociojurídico a Víctimas de Delito Violento (ADEVI) le ofrecieron servicios funerarios.

Con la rabia y el dolor a cuestas, Ara contesta a las preguntas que le hace el MP con digna fuerza, narra los hechos como si hubiesen sido ayer. En un momento confuso para la audiencia, se detiene para decir que no alcanza a escuchar a los abogados, y voltea hacia la defensa que cuchicheaba, nerviosa, indolente e incómoda. La distraen. Pero ella les dice claramente con la mirada que no importa cuánto susurren mentiras, cuántas coartadas fabriquen, la verdad está ahí delante de todas y todos: Lesvy no se suicidó.

El antes y después. Parece que en el Tribunal solamente se juzgan los hechos mecánicamente, se adormecen los sentidos, se pierde la empatía y se anulan las posibilidades y los ideales que hubieran existido. Antes de que Lesvy fuera aislada por completo de su familia, le compartió a Ara sus planes en el corto plazo: en diciembre quería viajar a Japón para buscar una beca y así poder ir como traductora a las Olimpiadas, también quería aprender a tocar el violín y estudiar la Licenciatura en Letras Francesas, ya había ido a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM a preguntar por el plan de estudios y sus materias.

Ara no omite ningún detalle, lo recuerda todo con una nitidez impecable en medio de la densa bruma, y aunque se escuchen las burdas interrupciones disfrazadas de objeciones, ella todo lo nombra porque no se trata de un simple interrogatorio, es un acto político que reivindica la memoria, la verdad y el más profundo y sincero amor.

La despedida.

“Ahora sé que ella se encontraba en un estado de amenaza constante, él no se apartaba nunca de ella. El 4 de mayo yo iba a ver a mi hija, ella tenía algo qué decirme: que la sacara de ahí, y yo lo iba a hacer. Hubiéramos tomado sus maletas, pero él no la dejó, él la mató. Yo lo hubiera enfrentado, aunque en eso se me hubiera ido la vida”.

¡Fuerza, Ara! ¡Aquí estamos! Es lo que queremos decirte en ese momento, hacerte un gesto, alzar un puño, levantar la mirada. Algo de nuestra humanidad se está jugando en el acto político de tu palabra.
Hoy hemos conocido la verdad, hoy sabemos que nuestras hijas y nuestras nietas van a crecer en un lugar en el cual poder alzar bien alta la mirada y decir: –Sí, eso fue lo que sucedió en este país que era México. Por eso creemos que nuestro trabajo tiene que ir enfocado a hacer aparecer ese lugar y ese tiempo en el cual ellas podrán decir y contar lo que aquí no debió de haber sucedido jamás y, sin embargo, sucedió.

La vida insiste y lo hace de maneras inesperadas. Gracias Araceli Osorio Martínez porque tu eterna bondad fue el hilo que zurció los huecos insondables de ésta, nuestra historia.

Vamos viajando y creemos que ya sabemos hacia dónde nos dirigimos. Es un lugar de Oriente, en donde crecen los sueños, en donde nace el principio del final con el que queremos escribir nuestra historia.

Ara nos cuenta que llevó al funeral de Lesvy un librito de cuentos infantiles para que sus amigxs le leyeran mientras la despedían. Lesvy querida: en este viaje vas muy presente, iluminando nuestro camino.

“Como el Principito se dormía, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Me sentía emocionado llevando aquel frágil tesoro, y me parecía que nada más frágil había sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna aquella frente pálida, aquellos ojos cerrados, los cabellos agitados por el viento y me decía: "lo que veo es sólo la corteza; lo más importante es invisible..." Como sus labios entreabiertos esbozaron una sonrisa, me dije: "Lo que más me emociona de este Principito dormido es su fidelidad a una flor, es la imagen de la rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme..." Y lo sentí más frágil aún. Pensaba que a las lámparas hay que protegerlas: una racha de viento puede apagarlas…
El Principito.

19 de septiembre de 2019

Día 6 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 6. Muchas veces hemos visto al mundo desaparecer y, a pesar de todo…, muchas veces lo hemos reconstruido.


Venimos de lejos, venimos viajando. Un día nos subimos a un autobús en el que iba la dignidad de una tierra que alguna vez fue la nuestra. Olimpia custodiaba ese viaje, íbamos en un autobús lleno de mujeres que eligieron vivir defendiendo la dignidad y la memoria. Caminos difíciles, tierras minadas: no venimos de ahora, aquí están nuestras abuelas y las madres de ellas.

Muchas veces hemos visto al mundo desaparecer y muchas veces nosotrxs lo hemos reconstruido, a pesar de todo… Sí, nosotrxs. ¡Esta no será ni la primera ni la última vez!

Ahí en donde la violencia es señora absoluta, en donde todos callan, incluso las leyes, nosotrxs nos dormimos y nos despertamos con la violencia que t-o-d-o-s- los días nos atraviesa de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Entonces ¿qué demonios le pasa a la defensa del acusado cuando dice que había que pedir auxilio a la policía, siendo que ellos también nos violan y nos asesinan?

Mañana se cumplen dos años del terremoto de septiembre, de todos los septiembres…, quizás el más cruel de los terremotos es el que pasa en el cuarto de al lado: los gritos, los jalones, los insultos, los golpes, el terremoto que se oculta y pasa siempre de noche. Y es que vivimos en una ciudad que nos despersonaliza. Un día Rita nos preguntaba ¿cómo defendemos nuestro derecho a no desaparecer, a no ser asesinadas? Vivimos hacinadxs, pero tal vez eso juega a nuestro favor. De pronto, el acto de cuidado y cariño más grande es reconocer el rostro y el nombre de nuestrxs compañerxs, saber quién vive junto a nosotrxs. Esta ciudad piensa que nos niega este derecho, pero aún nos queda aprender los nombres de nuestras compañeras en el salón de clases, saludar a las vecinas por la mañana, recordar cómo vestíamos cada día, avisar de nuestro paradero, ver y cuidar de las marcas que hablan de las heridas de nuestras compañeras.

Ayer los médicos cruzaron la delgada línea imaginaria entre lo que está permitido y lo que debería estar prohibido en cualquier sociedad. Ayer fuimos testigxs de la manera en la que el Estado intervino para consumar este crimen, ellos cruzaron el punto de no retorno. Hoy habitamos un punto ciego, un punto en el que sólo queda ir para adelante, salvar la dignidad.

Dieron las diez de la mañana. Como cada día, conversamos y nos saludamos, nos reconocemos en esos rostros que vienen viajando de lejos, ahí en donde insisten nuestras abuelas y las madres de ellas. Pasaron diez minutos, treinta minutos, cuarenta minutos, todxs en fila para ingresar a la sala, unx por unx nos fuimos sentando, esperamos el testimonio de Natalia.

El aire acondicionado nuevamente está prendido, eso nos indica que pasariamos frío, que teníamos que agudizar nuestro oído para poder escuchar, pero ¡ahí está Natalia! La fuerza de su voz nos hace recordar que sembraremos las flores necesarias para mantener nuestra vida digna.

Esta ciudad nos tiene muy juntas pero a veces tanto que no nos alcanzamos a reconocer. Es tiempo de abrir bien los ojos, de afinar la mirada de nuevo, de poner atención. Natalia, quien compartió casa con Lesvy y con el hoy acusado, nos comparte su testimonio: sus recuerdos están repletos de gritos, de insultos, de sollozos y llanto de nuestra compañera. Una, dos, tres veces a la semana. En su relato nos habla de lo que se vive cuando se llega a esta, la Ciudad de México; alejada de su familia, en una casa de estudiantes. En sus recuerdos aparece nuestra Lesvy tambaleándose en su puerta después de una agresión, Lesvy entró a su cuarto y cayó en el piso. Era mitad de la madrugada. Ella trae ese momento a esta sala que escucha atentamente. Le pregunta la defensa, ¿por qué si escuchabas que la pareja peleaba no denunciaste? ¿Por qué no le dijiste a alguien?

Ella le dijo a la casera. Nos compartió un sentimiento que piensa es generalizado: no supo qué hacer al ver a una pareja discutiendo, porque desde niñxs nos enseñan que es normal; que normales son los gritos, que normal es la humillación, que normal es la violencia…, y que el amor todo lo perdona y todo lo soporta. Y lo que acaba siendo normal es el estigma que siempre pesa sobre nosotras: porque ocupamos la noche, porque callamos, porque decimos, porque hicimos y no dijimos.

Al salir de la audiencia nos encontramos en el estacionamiento del Tribunal una escena de violencia, gritos, forcejeos. “Es una discusión de pareja”, nos dirían después. Ya nos íbamos pero escuchamos algo raro. –¿Están discutiendo? –Sí, ¿vamos? –Vamos. Caminamos juntxs hacia allá. –Oye, déjala. Amiga, ¿todo bien? Habíamos escuchado algunos gritos –Suéltame, déjame, ¡ya! ¡no!... La respuesta del agresor: insistir, abalanzarse sobre ella, entrometerse en su espacio, apretujarla contra su voluntad. Ella se fue cuando nos acercamos, estábamos a un par de metros. Él se fue tras ella. Nosotras: –díganos su nombre, díganos su nombre. Insistimos. Nos lo dijo. Era un trabajador del Ministerio Público.

Fuimos a dejar constancia de lo que vimos. Porque para nosotras no es normal. No es normal y queremos saber responder ante la violencia en cualquier contexto, público, privado, donde sea. Estamos listas para decir: ¡No! Nosotras decimos NO, en el lugar en el que estemos, no lo aceptamos, no lo dejamos pasar. Hemos tenido que aprender, nadie nos dijo qué hacer en momentos así, tuvimos que vivir la violencia, ver los golpes de nuestras compañeras, enfrentarnos a los agresores, responder con nuestro cuerpo. Aún así, todas deberíamos estar preparadas para actuar. Hoy fuimos testigxs de una situación de violencia en pleno estacionamiento del lugar donde exigimos justicia por nuestra compañera Lesvy.

Hemos pasado un punto de no retorno cuando nos hemos decidido a decir ¡no!, cuando nos hemos decidido a bordar y a narrar.

 El juez da por terminada la sesión, salimos de la sala y nos quedamos conversando en las calles oriundas al Reclusorio: estamos convencidas de que desde nuestros espacios podremos ir ensanchando este lugar seguro que es nuestra casita-campamento que somos todas.

Recordamos a quienes perdimos aquel 19 de septiembre, recordamos el sentimiento, el susto, la respuesta inmediata ante la emergencia. “No sabemos quién es pero tenemos que ayudarle”, pensábamos hace dos años. ¿Nos habremos dado cuenta de que la emergencia nos persigue a diario? ¿Seríamos capaces de responder a esta emergencia que significa la muerte violenta y la desaparición con esa solidaridad? ¿Podríamos intervenir de manera cuidadosa al menos conociendo los nombres de quienes cohabitan con nosotrxs?

¡Pensamos que sí! Aquí estamos, ya nos encontramos, ya no nos vamos a soltar.

18 de septiembre de 2019

Día 5 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 05. Hoy han intentado mancillar la memoria, pero hemos resistido.


“En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. [...] Aún bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.”
Juramento Hipocrático.

Nuestro bordado se ve más terminado y más colorido, se nota que hemos sido muchas manos y muchos corazones haciéndolo, cada una con sus colores y sus formas de ver el mundo plasma y nos comparte algo a nosotras, a Lesvy y a su familia. Nos acomodamos como cada día y nos juntamos a bordar, a platicar y a acompañar.

Dos mujeres se acercan y nos cuentan sus testimonios, ambas vienen de visitar a sus hijos que pagan tiempo dentro de estos muros a nuestra espalda. “Fueron falsamente acusados”, nos dicen; “no tuvieron un juicio justo”. Nos recuerdan la impotencia que sentimos todos los días en un país cada vez más encarecido de todo, incluso de justicia. Una de ellas nos muestra las libretas que su hijo hace dentro del penal, la otra nos dice que quiere pedir permiso para plantarse afuera y exigir un proceso justo para su hijo. Le decimos que nosotras no pedimos permiso a nadie y también le aconsejamos que no vaya sola. Con un ramo de flores en su bolsa y con un rostro que ha perdido la sonrisa se aleja lentamente.

Al irse la última mamá que nos contó sobre su hijo nos quedamos sentadas y juntas, pensamos en todas las madres que se encuentran solas frente al engranaje del Estado, que caminan y gritan solas los nombres de sus hijos e hijas. Ojalá supieran que las calles y las palabras también son suyas, que la rabia y la dignidad están de su lado, y que ahí en esa pequeña casita que nos construimos día a día, tienen un lugar seguro y solidario para contarnos sus historias y sus luchas, que no están solas.
Platicamos de los obstáculos que cada una de las que acompañamos hoy ha vivido, lo hacemos de una forma vivaracha, aún cuando nos duele porque la que escucha lo hace desde el corazón. En ese espacio no hay miedo. En nuestro pequeño rincón a las afueras de un terreno tan hostil hemos encontrado la forma de convivir desde la alegría y desde la empatía. La escucha se vuelve una acción constante y reivindicativa. Platicamos de todo, nos escuchamos entre todas, incluso pusimos un podcast en el que la compañera Rita Segato hace cuestionamientos al sistema de la justicia patriarcal. Cada que ella menciona una frase que interpela a aquellos que deberían procurarnos justicia, nosotras gritamos a algunos uniformados que monitorean nuestras acciones: “¿oyeron eso?”, y nos reímos a carcajadas.

Puntada a puntada, aquel bordado se ha convertido en un gesto tan grande y tan hermoso que no cabe en sus formas de justicia patriarcales. Cabe en las nuestras, en nuestra manera de no olvidar, de acompañar a una familia y de sabernos juntas. Ahí en esa pequeña casita temporal construímos una familia tierna y solidaria, que no olvida y no dejará de nombrar a Lesvy porque Lesvy somos todas.

***

Arranca la segunda semana del juicio, corre un tiempo raro y nosotras sentadas en esta sala vamos viajando. Pero hoy pasa algo extraño, el tiempo parece haberse congelado. Ante nuestros ojos se aparece el mismísimo demonio, un hombre que dice hablar en nombre de la ciencia y que asegura haberse jurado.

Decidido a quebrar los retalitos de nuestra memoria, aquí recordamos los motivos por los cuales el gobierno, gracias a la lucha de nuestra familia y de nuestro equipo de la justicia, se vio obligado a pedir perdón por su mala acción:

“A nombre del Instituto de Ciencias Forenses, y de quienes intervinieron en la práctica de la necropsia de Lesvy Berlín Rivera Osorio; mujer mexicana, hija, nieta, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México y amiga de muchas personas ofrezco nuestra más sincera y sentida disculpa a su familia, por las violaciones a derechos humanos que cometimos en su agravio” –decía Takajashi Medina, titular del Instituto de Ciencias Forenses, el 22 de mayo de este año ante un auditorio repleto de batas blancas que escuchaban a regañadientes.

Es Mefistófeles, de nombre Jaime Cruz Huerta, mientras él habla nosotras escuchamos cómo se cometió un crimen de Estado, consumado por aquel hombre de “ciencia” que dice haber aplicado el Protocolo de Minnesota y el de Estambul. En realidad, nunca tuvimos acceso a un peritaje forense independiente. “Cuello”, “surco único”, “apergaminado”, palabras que para ellos no significan nada, que se aprenden y repiten de la manera más despersonalizada hasta perder el sentido, pero que a nosotras nos cuentan la historia de una vieja herida, de manera muy literal hablan de nuestra profunda herida y del cuerpo violentado de nuestra compañera.

“El cuerpo de nuestras compañeras asesinadas habla por ellas, porque ya no pueden hacerlo”, dijo una vez Ara. Nosotras no cabemos en sus términos médicos despersonalizados, nuestras historias de vida no tienen lugar ahí. Nuestro lugar es otro, un lugar lleno de vida y de memoria que nos sonríe aún desde la distancia, nos saluda y nos cuida cuando menos lo esperábamos.

Por eso es que éste debe ser un lugar y un tiempo extraño, en otras épocas los médicos forenses curaban y lavaban las heridas de lxs difuntxs, aplicaban cuidadosas y sofisticadas técnicas destinadas a preservar sus cuerpos, usaban aceites esenciales para devolver a ellxs, a sus familias y a la sociedad, la dignidad que se les había arrebatado.

Una hazaña más se nos presenta, poco a poco el acusado empieza a hablar y no por voluntad propia. Las compañeras, que gracias a su intuición y desconfianza, decidieron grabar algunas conversaciones clave para el esclarecimiento de la verdad, hoy nos comparten ese cachito de memoria que pudieron arrancarle al acusado, resguardar y traer hoy a este juicio. Escuchamos de su voz descolocada y angustiada: “¿Y si lo hice yo? No me acuerdo… Si hice algo, lo pago… Que se sepa lo que pasó”.

“Estoy aquí porque Lesvy era mi mejor amiga”, nos comparte Liz con tremenda dignidad al dar su testimonio. Habla de lo común que era encontrarse con Lesvy antes de que iniciara su relación con su entonces pareja. Antes se veían tres o cuatro veces por semana, pero después solo pudieron coincidir un par de veces, pues Lesvy la dejaba plantada. Cuenta de cuando se vieron el 14 de febrero y no pudieron platicar por la presencia del hoy imputado.

El 19 de abril celebraron juntas el “Día del Tuno”, fue la última vez que la vio con vida.

Desde 2009 coincidieron en la Estudiantina y se hicieron “tunas” juntas. Ese día Lesvy le dijo que ya no le gustaba sonreír, iba despeinada y Liz recuerda haber hecho una foto donde se veían sus zapatos sucios. Su amiga era otra.

Le parecía muy extraño que siendo una persona tan expresiva, Ber, al referirse a su relación amorosa, la redujera a una palabra: “chido”. Ella le reiteró su apoyo.

Entre números de carpetas y folios surgen las historias de la vida de nuestra compañera Lesvy, su nombre se abre camino y asoma su rostro sonriente en el desfile de términos sin sentido, nosotras nos vamos hoy a dormir recordando a Lesvy, a sus amigas y a las nuestras.

15 de septiembre de 2019

Comunicado de #RestauradorasConGlitter sobre la entrega de su posicionamiento a las autoridades. Acuerdos y avances a la fecha.



Carta del Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio a la abogada general de la UNAM para exigir que las y los funcionarios universitarios dejen de revictimizar a Lesvy en el juicio y asuman su obligación de colaborar para el esclarecimiento de los hechos ocurridos el 3 de mayo de 2017.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Ciudad Universitaria, a 12 de septiembre de 2019.

Dra. Mónica González Contró.
Abogada General de la Universidad Nacional Autónoma de México.

PRESENTE.-

Al pueblo de México:

Por medio de la presente carta, hacemos uso de nuestra voz, nuestro compromiso con las familias incompletas por esta guerra y nuestro conocimiento de nuestros derechos con la exigencia clara de memoria, verdad, justicia, reparación integral del daño y garantía de no repetición, y entregamos en el marco del juicio de nuestra compañera Lesvy Berlín Rivera Osorio, las siguientes demandas:

1) Que conforme al artículo 360° del Código Nacional de Procedimientos Penales, el cual dictamina que “Toda persona tendrá la obligación de concurrir al proceso cuando sea citado y de declarar la verdad de cuanto conozca y le sea preguntado; asimismo, no deberá ocultar hechos, circunstancias o cualquier otra información que sea relevante para la solución de la controversia, salvo disposición en contrario”, exigimos que todos los funcionarios de la Universidad Nacional Autónoma de México que han sido convocados a testificar durante el proceso del juicio de nuestra compañera lo hagan con apego a la verdad de los hechos ocurridos y sin omisión alguna de éstos.

2) Que a partir de los artículos 18° y 20° de la Ley General de Víctimas, los cuales dictaminan sobre el derecho a la verdad que “las víctimas y la sociedad en general tienen el derecho de conocer los hechos constitutivos del delito y las violaciones a Derechos Humanos y que las víctimas y la sociedad tienen derecho a conocer la verdad histórica de los hechos”, exigimos que esta casa de estudios se haga cargo del deber que le merece el caso de presentar la verdad en los hechos ocurridos.

3) Que conforme al artículo 5° de la Ley General de Víctimas, “las autoridades no deberán agravar el sufrimiento de la víctima ni tratarla en ningún caso como sospechosa o responsable de la comisión de los hechos que denuncie”, y relacionado con el artículo 120°, fracción VI, que dicta que “se debe evitar todo trato o conducta que implique victimización o incriminación de la víctima”, así como la fracción IV del mencionado artículo, que dicta que “los servidores públicos deben tratar a la víctima con humanidad y respeto a su dignidad y sus derechos humanos”, exigimos nuestra compañera Lesvy Brelín Rivera Osorio no sea criminalizada ni revictimizada por los funcionarios de la UNAM de ninguna forma, ni durante el juicio ni posterior a éste.

4) Que conforme al artículo 3° del Estatuto General de la Universidad Nacional Autónoma de México, el cual dictamina que “el propósito esencial de la universidad será estar íntegramente al servicio del país y de la humanidad, de acuerdo con un sentido ético”, exigimos se deje de anteponer el supuesto prestigio de la universidad sobre la vida de cada una y cada uno de los miembros de su comunidad.

5) Que conforme al artículo 18° de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia, que dicta que la violencia institucional: “Son los actos u omisiones de las y los servidores públicos de cualquier orden de gobierno que discriminen o tengan como fin dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres así como su acceso al disfrute de políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia”, exigimos que la Universidad Nacional Autónoma de México y todas las personas que la integran, se hagan responsables de su actuación en el caso de nuestra compañera y dejen de simular.

6) Que conforme a los artículos 7° y 8° de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia en Contra de la Mujer, “Convención de Belem do Pará”, esta universidad contribuya a “ fomentar el conocimiento y la observancia del derecho de la mujer a una vida libre de violencia, y el derecho de la mujer a que se respeten y protejan sus derechos humanos”; coadyuve a “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo el diseño de programas de educación formales y no formales apropiados a todo nivel del proceso educativo, para contrarrestar prejuicios y costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros o en los papeles estereotipados para el hombre y la mujer que legitimizan o exacerban la violencia contra la mujer”; asuma la responsabilidad de “fomentar la educación y capacitación del personal en la administración de justicia, policial y demás funcionarios encargados de la aplicación de la ley, así como del personal a cuyo cargo esté la aplicación de las políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la mujer”.

Tal vez no lo saben, pero Lesvy no ha muerto, Lesvy somos todas.

Atentamente

Grupo de Acompañamiento de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio.

Vídeo de la entrega de la carta: https://www.facebook.com/436701233358088/videos/436412420553208/

 


Día 4 | Juicio oral del caso de feminicidio contra Lesvy Rivera Osorio.

Por:  Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.

Día 4. A las hermanas mayores, con cariño.
Si alguien nos salva son ellas, nuestras hermanas mayores que hacen cualquier cosa por nosotras, convertirse en nuestra voz, estudiar las leyes para defendernos, aunque sean fotógrafas y de vez en cuando también un poquito abogadas.

Las noches se van juntando con el día, los teclados no paran, nuestras abogadas Ana y Say trabajan de noche y de día. Ellas defienden a nuestra hermana en el juzgado, nosotras en las calles.

Primera parada: CU

Escuchamos su silencio y ante ello respondimos. Con poco tiempo para maniobrar, convocamos a llevar nuestras exigencias a su puerta, una vez más.

–Ella trae un pañuelo verde, seguro viene a la acción.

–¡Hola! ¿Vienes a lo de Lesvy?

–¡Sí!

Caminamos juntas, nos reunimos en círculo para esperar la llegada de más compañeras, otro pañuelo verde, –¡Es acá!. Llegan. Somos pocas pero llevamos la determinación y la fuerza de todas, de Lesvy, de Ara, de nuestras abogadas, de todas nuestras compañeras. Allá vamos. Esperamos cerca de la puerta de emergencia de Rectoría, la principal está cerrada por reparación, o bien por la rabia a un año del ataque porril del 5 de septiembre. Esperamos. Personal de vigilancia UNAM aparece como satélite de nuestro pequeño círculo, permanecen expectantes. Reporteras y reporteros, a la espera.

Vamos. Nos ponemos de pie y caminamos hacia su puerta, gris, de acero, inquebrantable. Se acercan los medios. Sale un hombre con traje. Recibe nuestra carta, una carta que les exige cumplir cabalmente con su obligación de colaborar con el pleno esclarecimiento de los hechos ocurridos aquel 3 de mayo de 2017. Sube al noveno piso a entregar la carta dirigida a la abogada general de la Universidad y al pueblo de México. Esperamos entre risas y conversaciones sobre lo que soñamos ver aparecer algún día en esa casa de estudios. Mientras, la puerta se sella, de pronto se asoma un hombre para ver si todo sigue en orden ahí afuera. Las personas que van a Rectoría tienen que hacer fila y esperar a que les permitan el paso de tres en tres. –Nos tienen miedo, decimos entre risas.

Regresa el hombre de traje, ¡Lesvy no ha muerto, Lesvy somos todas!, nos entrega el acuse de recibido dentro del folder rosa que intervenimos con stickers, pues no llevábamos brillantina. La prensa se entera, se acercan, nos rodean, nos preguntan ¿qué buscamos? Nuestra compañera Dian que hoy lleva la voz de todas les explica, da la cara, se para firme. “Estamos exigiendo conforme a diferentes leyes de derechos humanos nacionales e internacionales, que no haya omisión durante el juicio por parte de los funcionarios de la UNAM, es muy importante que hagan su trabajo. Deberían cumplir con su deber ético como lo dicta el estatuto, cosa que no están haciendo. En ningún momento ha sido suficiente el actuar de la universidad. Esperamos que exista una respuesta pública por parte de las autoridades, y si no existiera, sabemos que el silencio dice mucho. Vamos a seguir exigiendo justicia para nuestra compañera Lesvy”.

Nos damos la vuelta, nos miramos y nos colocamos en círculo para corear juntas una última consigna: Van a volver, las balas que disparaste van a volver, la sangre que derramaste la pagarás, las mujeres que asesinaste no morirán, ¡no morirán!

Todas nos agradecemos, por estar ahí, por acompañarnos. A las del pañuelo verde: ¡gracias!

***

Día a día somos más colectivas en la sala, el aire acondicionado se enciende, las risas de complicidad también. Inicia la sesión, parece que vamos viajando a alguna parte, en un avión. El policía nos da las instrucciones de vuelo, cerrar la boca, no gesticular, no chicle, y un par de “nos” que con amabilidad policial terminan la instrucción.

El osito de Lesvy precide la sesión. Por la puerta entra la defensa, comienza el desfile de documentos que se apilan en la mesa, botes con lápices y una cajita de kleenex, por si apareciera alguna emoción. El acusado se esmera en colocar una pila de papeles a su lado, el equipo vestido de negro, que antes fue gris y antes azul, se dispone a la defensa de lo indefendible.

Los diez testigos se ponen de pie y salen de la sala. Maricarmen, la amiga de Lesvy es llamada a darnos su testimonio. Nos cuenta que conoció a Ber, como cariñosamente le llama, cuando ella tenía quince años, hasta que un día recibió una llamada: “¿dónde está Ber?” Es la llamada que cambia para siempre la vida de las madres y de las hermanas. Buscó por todas partes, ella buscó con sus amigas de la estudiantina, con los abuelitos de Ber, “ya no pude dormir, y a medio día me entero por las filtraciones a la prensa”.

“Yo le pedí que se cuidara, para mí era una hermana, yo era una hermana mayor”. Nos cuenta que Ber se perdió de ellas, ya no tenía teléfono celular ni su tablet y el contacto cada vez fue más lejano. Entonces la defensa pide que se apague el aire acondicionado, dicen no escuchar el testimonio de una de nuestras hermanas. El juez atiende la petición, hay varios minutos de silencio tras la interrupción, nuestra hermana resiste, erguida, mientras sus lágrimas se nos caen a todas por el rostro, entonces el trío-del-mal aprovecha la sucia jugada, hablan entre ellos, ganan tiempo cobardemente, ¡hermana resiste, estamos aquí!

“Ella estudiaba varios idiomas, era mi maestra de inglés. Le gustaba la mandolina, el ukulele”, continúa con el noble y verdadero acto político que se cumple cuando una compañera nos regala su testimonio. De pronto se apaga el aire acondicionado, las constantes interrupciones de la defensa irrumpen con nervio desesperado: “objeción, impertinente, ambigua, sugestiva” o la que les dé la gana. Pero ella amorosamente prosigue, “siempre fue solidaria y conciliadora como su mamá. Yo creo que Ber nació, creció y murió dentro del grupo de la Estudiantina de la UNAM, salían los fines de semana a ver a la Orquesta Filarmónica de la UNAM con su mamá, que es con quien más contacto tenían.”

Lesvy era una mujer alegre, amaba la vida. La última vez que su hermana mayor la vio le pidió que se cuidara, vio un vacío en ella, vio moretones en sus brazos. “Cualquier cosa, aquí estoy”, le dijo mientras se abrazaron por última vez.

El interrogatorio ha terminado, ella sale erguida con paso firme de la sala, mientras nosotras nos quedamos pensando: ¡grande, qué grande eres querida hermana!

Una vez más, ante el testigo que representa a la máxima casa de estudios, vuelve la defensa tras lo insostenible, pregunta sobre la constancia de calificaciones de Lesvy, –la asesoría jurídica argumenta que se truncó su proyecto de vida, ¿no? Vocifera el abogado ante el juez, insistente, desesperado. Pero Say interviene y el juez se toma un momento para reflexionar sobre la pertinencia de la pregunta. ¡No ha lugar!

¿Acaso tener un seis en la papeleta nos hacer ser menos merecedoras de sueños y proyectos? Como si las calificaciones validaran nuestro legítimo derecho a vivir, como si determinarán lo que somos y lo que queremos ser. A Lesvy le arrebataron esa posibilidad, por eso ¡no ha lugar!

Mientras tanto, afuera esto parece un sueño, esto debe de ser un sueño. Seguimos tejiendo el rostro de Lesvy en nuestra casita-campamento que hemos instalado en la acera, y un desfile de policía no cesa, parece un sueño pero no lo es, ¿qué hacemos aquí?, ¿cómo fue que llegamos aquí?

Nosotras estamos aquí dignificando la vida, nuestra vida y la de las mujeres que tejemos y vivimos en medio de la guerra. Reconstruimos el tiempo dañado por el odio, proyectamos amplios espacios de esperanza, en una palabra, hacemos política desde la memoria. En corto, aquí estamos por nuestras hermanas.

Entonces nuestras amigas salen del juzgado, las esperamos, esperamos noticias de dentro, y la policía dale que dale, pase que pase. De pronto nos percatamos, ¡un muerto dentro del penal, un intento de motín, el cártel, la policía, la maldita guerra!

Pero nosotras estamos dentro de la casita-campamento, comiendo, tejiendo, riendo. Salimos un momentito de la casita a la zona de guerra para mirar el convoy de tanquetas negras que pasan frente a los rostros de las compañeras que nos han sido cruelmente arrebatadas, enseguida volvemos a la casita-campamento, ha llegado el mejor momento de la comida, el postre. Alesita y su mamá nos ha cocinado una deliciosa receta de nuestra querida Ber.

Se las dejamos apuntada por acá, mientras tanto nos vemos el martes cuando reanudan las audiencias o antes si nos reconocemos por la calle.

Receta de los platanitos de Ber

Tienen que cortar los platanitos machos a la mitad y los cubren con agua, los ponen a hervir, ya que están aguaditos los ponen en otro traste, esperan a que se enfríe tantito y los machucan, después les ponen harina y si quieren un poquito de pan molido para que no se peguen las manos.

Luego haces como quesadillita, como si el plátano fuera una masita, la aplastas y en medio le pones el queso philadelphia –Ara dice que también hay que ponerle espinaca, pero eso no lo sabía, así que sólo le puse queso–, luego los fríes en aceite caliente y los pones mucho amor, te duermes muy noche y ¡listo!
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