Por: Grupo de Acompañamiento Político de la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio / Justicia para Lesvy Rivera Osorio.
Día 8. ¡La pericia!
Le dimos la vuelta al reloj. Amaneció y la
in-justicia patriarcal se ha decidido a no dejarnos hablar. Objeta por
el mero gusto de la obstaculización, se ensaña con nuestra narración.
Cómo hablar frente a ella cuando en realidad lo que nos exige es una
respuesta incapaz de nombrar lo que aquí nos está pasando: Señora, #LadyObjeción, ¡aquí nos están matando!
Qué hacer entonces con este sistema judicial al que la verdad poco le
importa, ¿cierto? Pero aquí están lxs peritxs independientes. Es una
jornada de aprendizaje, un día lleno de generosidad de quienes nos
comparten los resultados de años de estudio, de experimentación, de
investigación. Ha arribado el conocimiento que nace y crece del digno
caminar al lado de las familias de este país en guerra.
Asistimos a la exposición de un bello arsenal de principios, de
conceptos y escuchamos la narración de los días de acompañamiento que
elevan la probabilidad al ámbito de la certeza. Las plumas del público
escriben a toda velocidad, ¡esto se ha convertido en una verdadera
cátedra! Nuestra familia, nuestras abogadas, nuestras peritxs
construyeron una pirámide con su saber: el suicidio es altamente
improbable.
Están lxs mejores, expertxs en antropología, en
arquitectura, en sociología, en estudios de género, en criminalística,
en psicología, ellos y ellas han aprendido de las causas más nobles que
caminan por verdad y justicia: Rosendo Radilla Pacheco, Ayotzi, el News
Divine, la Guardería ABC, Chimalpopoca y ahora nuestra Lesvy.
Avanza la argumentación que ha llegado a los más altos tribunales
internacionales. Paso a pasito lxs peritxs independientes van armando el
rompecabezas de lo que vivió Lesvy aquella madrugada del 3 mayo:
reconstruir los hechos, someterlos a experimentación, recuperar los
fragmentos de pruebas, de dictámenes, de videos. Todas estas son piezas
que quisieron ocultar, pero aquí está lo que alcanzamos a ver y lo que
podemos reconstruir gracias al saber y a la tecnología más
especializada, aunque la defensa ataca con insolentes y burdas
interrupciones, –¡shhhh, no ven que estamos tomando clases!
Las
peritas nos explican que la categoría de feminicidio viene de la
antropología feminista, nos hablan del continuo de la violencia que se
remonta mucho antes del asesinato de una mujer de manera violenta. No, a
nosotras no nos matan de un arrebato, todo comienza con esas pequeñas
violencias silenciadas y normalizadas en contextos discriminatorios de
la vida pública y privada, ya sea en las relaciones de pareja, a través
del acoso callejero, en nuestras aulas, en las diferentes formas de la
violencia económica o por los malditos celos, en el aislamiento y la
vulnerabilidad que generan. Así, la violencia va en aumento, los
episodios se concatenan hasta llegar al momento culmen de violencia que
no termina en la muerte violenta de una mujer o niña, sino que se
imprime en nuestra sociedad reproduciendo una ofensa que todos los días
nos hiere y nos lastima.
Aquí el umbral de lo privado se pierde y
comienza la lucha política por la dignidad de nuestra vida, por el
derecho a no morir, a no desaparecer, a no tener miedo. La
responsabilidad es, por lo tanto, una cosa pública. ¿Qué hay de las
instituciones, qué de la justicia internacional, qué de la
responsabilidad de los medios de comunicación, qué del ojo que no ve lo
que aquí nos pasa?
En este país, en donde el cuerpo expuesto de
nuestras compañeras violentadas se nos presenta cotidianamente y en
donde el ojo público elige no ver, todxs tenemos una responsabilidad y
somos parte del engranaje, porque una sociedad que niega y hace como si
no escuchara los gritos de las víctimas de la violencia feminicida,
perpetua la normalización de esas violencias que tal vez no se ven en el
cuerpo pero están ahí, en el miedo y el temor a quien nos violenta y
vulnera por ser mujeres. Hoy sabemos que tenemos la posibilidad de
intervenir y para eso tenemos que estar preparadas, cuidarnos, saber qué
hacer.
Nosotras decidimos no callar. Existen muchas formas de
protestar, creemos que todas son válidas. Esta vez elegimos el bordado,
la poesía, la danza para hacernos escuchar. Desde tempranito ya hay café
y pan. Tenemos la capacidad de reírnos aún cuando un elemento policial
nos hostiga hasta corrernos de sus instalaciones. Afuera colgamos una
manta enorme con el rostro de Lesvy, aquella ilustración que tanto nos
gusta. Barremos la calle y nos contamos algunos chistes para alegrar el
día.
Ha llegado el mediodía a nuestra casita-campamento a las
afueras del Reclusorio Oriente. En las paredes sin puertas cuelgan las
fotos de las compañeras que nos fueron arrebatadas y las fotos de las
compañeras que esperamos vuelvan a casa, ahí está también el rostro de
Lesvy: nos abrazamos, sonreímos y nos preparamos para una jornada muy
larga.
Cuatro compañeras con corazones enormes nos acompañan con
sus danzas en un pedacito de calle que ahora es la nuestra. Todas
miramos atentamente los movimientos de los cuerpos, ¡cuánta belleza
puede caber dentro de una canción o de una pieza!
Unas bordan,
otras leen poemas en voz alta, algunas platican de la vida y otras se
paran a bailar una cumbia. Compartimos la Campamenta con otras madres
que buscan justicia para sus hijas, ellas han venido de otros lugares de
este país para acompañarnos. Somos mujeres de muchas edades y de muchos
contextos, venimos de muy diversos espacios a ofrendar tiempo a una
causa importante: ¡Justicia y justicia para Lesvy!
Todas
esperamos a Araceli, a Lesvy papá y a nuestras compañeras abogadas
mientras la prensa nos preguntan por qué hacemos actos políticos:
“Estamos aquí afuera para que sepan que cuando las compañeras abogadas
entran a esa sala a defender a Lesvy, entran con todas nosotras, así las
sostenemos, así las apoyamos”.
¿Cómo no habríamos de tener
esperanza en que podemos construir un mundo nuevo cuando hay mujeres,
profesoras y especialistas, abogadas y amigas, que defienden la vida de
todas?
Acá afuera las espera la comida, el bordado y el abrazo
reparador. Acá afuera está nuestro pedacito de mundo que ahora es una
casa-país-campamenta llena de amor y de alegría. Para las que acompañan
adentro y para las que acompañan afuera: ¡nosotras juntas podemos
florecer a pesar de la violencia del Estado! A todas ustedes, gracias
infinitas por estar aquí.
Hoy pensamos que sería nuestro último
día de audiencia antes del fallo, pero no. Las objeciones y los retrasos
nos llevarán a encontrarnos el próximo jueves en esta sala, misma hora.
Estamos a la espera de las pruebas de la defensa del imputado, estamos a
la espera de saber qué van a decir, con qué cara van a defender lo
indefendible. Nuestro trabajo ya está hecho, ahora les toca a ellos
aceptar una invitación para habitar la verdadera justicia.
Ha
comenzado a llover y el granizo se nos echa encima, el grupo de la
justicia viene caminando hacia nosotras y les vemos fundirse en un largo
abrazo debajo de un techito hecho de los paraguas. A pesar de la oscura
tormenta viene caminando la lucha de la familia de Lesvy, de lxs
especialistas de esta casa-país–campamenta en la que no cabe el odio.
¡Gracias por esta lección, ha sido la más alta, la más bella y la más noble de todas!

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