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8 de septiembre de 2019

Dení Prieto, la Compañera María Luisa, cumple 65 años; Gener@cción Z, 13.

La primera vez que vi a Dení su fotografía apareció publicada en algún ejemplar del semanario Proceso acompañando, creo, una entrevista que uno de los reporteros de la revista fundada por Julio Scherer le hiciera a su padre, el dramaturgo Carlos Prieto Argüelles. La segunda vez, su foto enmarcaba otra entrevista a Carlos Prieto en la que también participaba, me parece, Eve Stock, madre de Dení. La tercera, como si de un flechazo se tratará, la descubrí encima de una repisa junto a otras fotos en donde estaban también Carlos, Eve y Ayari, la hermana de Dení.

Lalo, Berta Alicia y yo habíamos llegado al bungalow de Eve y Carlos para presentarle a éste el montaje que Eduardo se había autodirigido de El perjuicio que causa el tabaco, de Chéjov; una especie de ensayo general que se convirtió en función privada entre cuyo público estábamos Carlos, Eve, Reynaldo Reyna (amigo de Carlos y actor de hace muchos años), Berta Alicia y yo.

Tras la funcioncita, Eve, Carlos y Reynaldo elogiaron el trabajo de Lalo porque, amén de la actuación, conservó la dirección que Humberto Proaño le hiciera antes de adelantársenos al Mictlán. Aquello se volvió una tertulia, de las impresiones sobre la obra pasamos casi sin darnos cuenta a las anécdotas surgidas de las tripas del cine nacional contadas por Carlos de cuando conoció a la Dolores del Río y al Pedro Armendáriz y aderezadas por Reynaldo, quien hablaba de cómo el Cantinflas al menos en las películas de Miguel M. Delgado nunca se dejó dirigir por éste. Entre tanto, Eve intervenía de vez en cuando para puntualizar algunos detalles de las historias que seguramente se sabía tan bien como ellos.

El otro tema inevitable fue, obvio, la política. Recuerdo que miré de reojo casi por instinto a Dení, como esperando lo que ella tuviera que decir al respecto. Ella nos miraba aparentemente seria, con ése brillo en sus ojos que supongo siempre le caracterizó y con una sonrisa apenas dibujada en los labios. Sus palabras flotaban en el aire con la voz de Carlos hablándonos de sus artículos en el Chicago Tribune; del narcotráfico, el petróleo y los inmigrantes como las principales fuentes de divisas extranjeras a México; del EZLN y la posibilidad, ahora sí, de que triunfaríamos… y llegó la hora de retirarnos.

Después de esa ocasión busqué un sin fin de pretextos para volver a encontrarme con Carlos y hacerle plática. Así, terminé por toparme con él a la hora en la que iba al puesto de periódicos de la glorieta de Zapata para comprar La Jornada; y, donde al cabo de un par de encuentros, no dudó en invitarme a acompañarlo de regreso a su casa. Dos o tres días más la escena camino de regreso a su casa se repitió, invitándome unas veces a pasar para escuchar sus artículos y otras veces despidiéndose de mí a la entrada del conjunto de bungaloes... hasta que una ocasión no salió más.

Unos días antes, tal vez semanas, la “comunidad teatral” morelense le había hecho un emotivo homenaje donde Eduardo cantó La poesía es un arma cargada de futuro, poema de Gabriel Celaya que para mí es como un himno para Carlos, y quizás también para Dení; pero por esos días sucedió que también falleció Reynaldo. Carlos no quiso siquiera acudir al entierro y, de algún modo, sin que nadie me nombrara tal, arrogándome un derecho que no me correspondía pero que asumí como una especie de homenaje íntimo y personal, me sentí como su embajador y, sin que nadie lo supiera, cuando todo mundo se retiró de la tumba recién hecha donde acababa de ser sembrado Reynaldo, no pude sino soltarme a llorar en silencio.

* * *

Sonó el teléfono. Del otro lado, la voz de Eve le pedía a Eduardo que les visitara: “quizás sus amigos –decía Eve- lo hagan por lo menos comer”. El médico llegó, día tras día; pero la tristeza pudo más y Carlos recibió la última de sus visitas. Era Dení, quien ataviada con su chaqueta oscura y sus enormes anteojos le tomó de la mano para echarse a andar. Cuando quise visitar a Eve ya era tarde. Ayari, quien había llegado desde Inglaterra para el sepelio de Carlos, la había convencido, supongo, cosa lógica, de irse con ella y nunca más volví a saber de las Prieto Stock.

Desde entonces guardo una copia de la fotografía de Dení, la misma de Proceso y La Jornada, la misma de la repisa en casa de Eve y Carlos, y le he platicado de lo que sucede por estas tierras: la autonomía de los MAREZ y las Juntas de Buen Gobierno, la Marcha del Color de la Tierra y lo que la Comandanta Esther dijera en el Congreso, La Sexta y la Otra Campaña, las compañeras que como Magdalena y Edith fueron secuestradas en los penales del Altiplano, Santiaguito y Molino de las Flores; la propuesta del EZLN al CNI de conformar un Concejo Indígena de Gobierno que tuviera por vocera una mujer indígena... propuesta que, al parecer, no les hizo mucha gracia a sus actuales compañeras y compañeros de la FLN... la más reciente ruptura del cerco zapatista con la creación de cuatro nuevos municipios autónomos, siete nuevos caracoles y la conversación de todos: municipios autónomos y caracoles, en Centros de Resistencia Autónoma y Rebeldía Zapatista (CRAREZ)... y muchos etcéteras más.

El 8 de septiembre de 2006, en una especie de acto ritual decidí que le hablaría de un modo donde ella misma fuera la protagonista; ése sería mi regalo para su cumpleaños número 52: su primer siglo mexika. Desempolvé la bitácora electrónica que había usado para guardar las minutas de la Coordinadora Regional Zentro del DF para la Otra Campaña, y que no actualizaba desde el 14 de mayo de ése mismo año; le hice unos cuantos arreglos que incluyeron el trabajo de actualización, y colgué su foto.

Hasta hace no mucho charlábamos casi todos los días y éramos varios, varias, quienes charlábamos con ella. Los temas no han sido muy variados: unas veces, platicamos del pragmatismo perredista que terminó por traicionar los valores y principios de izquierda que alguna vez enarbolara dicho partido político... pragmatismo que ha heredado al Morena; otras, de la digna rabia, vuelta lucha, resistencia, rebeldía, escuelita, etcétera, del EZLN y el titipuchal de organizaciones y colectivos que estamos están en La Sexta, donde destaca, por ejemplo, el CNI y, quienes protagonizan la enésima resistencia contra los megaproyectos capitalistas en tierras y territorios de pueblos originarios; otras más, de la militarización bajo la égida de Felipe Calderón Hinojosa y, después, de Enrique Peña Nieto y, ahora, de Andrés Manuel López Obrador, y los modos vendepatrias de la clase política; de los 43 muchachos estudiantes normalistas de Ayotzinapa y otros casos igualmente dolorosos, como el asesinato de Kuy (muy parecido a Alexis) y la desaparición forzada del Tío, y, últimamente, de las compas mujeres que nos dan un día sí y el otro también lecciones heroicas para acabar con el patriarcado y este machismo nuestro (de los vatos) de cada día, tan metido en la piel, en las palabras y en la memoria... y hasta de cine y teatro. 

* * *

Hoy, Dení cumple un año más de vida, y hoy también la recién bautizada Gener@cción Z (antes La Hija de La Otra Chilanga, La Sexta Nius, La Sexta Chilanga, La Otra Chilanga) cumple su año número 13 de caminar virtual. Desde aquí deseo agradecer a quienes a lo largo de estos años han formado parte de este diálogo a muchas voces con Dení. Nombrarles a todas y a todos sería una gran tarea, imposible de completar. Vaya, pues, este abrazo a todxs ustedes y sirva este pequeño chorema a modo de sencillo homenaje para nuestra segura subcomandanta; mujer libre y honesta, joven íntegra y consecuente: Compañera María Luisa... ¡Presente!

7 de abril de 2016

¿Dónde estás Tío? (Carta a Teodulfo Torres Soriano).

México, D.F., a 22 de marzo de 2016.

¿Dónde estás Tío?

Son ya 3 años que no te encontramos, eres un número más de las casi 30 mil personas ausentes o desaparecid@s.

Después de la desaparición forzada de los 43 alumnos de Ayotzinapa, la presión nacional e internacional ha forzado al Estado mexicano a crear leyes o estructuras jurídicas, para dar una salida política a la situación, pero en la práctica no se ha notado ninguna mejora o solución para resolver las ausencias o desapariciones.

Tu ausencia es toda una lección para tod@s nosotr@s. Nos has enseñado que cualquiera de nosotros o nosotras en este país puede ser desaparecido sin ninguna consecuencia ni responsabilidad para las autoridades.

Tus familiares y compañeros vivimos con la incertidumbre de desconocer cómo te encuentras, en donde y las condiciones en las que estás.

Algunos compañeros y compañeras reproducen involuntariamente o tendenciosamente las justificaciones del sistema; “tuvo miedo y se escondió”, “ lo compraron y por eso se fue”, “quiso salirse de todo el movimiento y por eso se escondió”, etc… haciéndote culpable de tu propia desaparición. Yo no creo nada de esto, siempre te recuerdo apoyando muchas luchas, ATENCO, la liberación de nuestros presos, tu apoyo a la APPO pero sobre todo, tu apoyo desinteresado a todas las luchas de abajo y a la izquierda.

Las y los compas que han seguido el camino legal del sistema, se han enfrentado a todas las trabas. Ineficiencia, indiferencia, vicios y corruptelas “de la impartición de justicia” en nuestro sangrante país.

Pero en este sendero que ha sido tu búsqueda hemos encontrado, muchas personas y grupos que tienen el mismo dolor, la misma incertidumbre de encontrar a su hijo o hija, padre, madre, esposo, esposa, compañero o conocido y con ell@s compartimos nuestra indignación ante el nulo o escaso interés de las autoridades en encontrarlos.

Sin embargo, a pesar de todos los obstáculos, existen personas que no claudican y seguimos exigiendo tú presentación con vida y la de tod@s las personas desaparecidas porque hasta que no aparezcas o no presenten a tod@s nuestr@s ausentes, tenemos el deber de encontrarl@s.

Te extraño Tío, extraño tu trabajo, tu compañía, tu apoyo, “el que hacías” como dicen los compañeros zapatistas, sin buscar los reflectores, el templete o el reconocimiento, en esta Sexta Valle de México donde tenemos tantos “Generales” y somos tan pocos los soldados, siempre harán falta compañeros como tú. Por eso seguimos esperando que aparezcas y poderte abrazarte y decirte

¿Pos dónde andabas tío?

Fraternalmente, compañero Eusebio García.

8 de noviembre de 2014

¿Fue el Estado?

Por: Sebastián Liera.

 “¡Muy señoras y muy señores míos!... Habiendo sido invitado a dar una conferencia […] sobre un tema popular..., he de decirles que, por lo que a mí respecta, el asunto de ésta me es indiferente...” Con estas palabras, escritas por Anton Chejov para dar voz a Niujin, su personaje de Sobre el daño que hace el tabaco, comienza un chorema mío que disfrazado de ponencia leí (sólo algunas partes) a una semana de que se cumpliera el primer mes de haber sucedido la tragedia que hoy nos tiene aquí convocados… corrijo: la tragedia que nos tiene aquí convocadas, convocados, no había sucedido casi un mes antes, viene sucediendo de mucho tiempo atrás.

Hace unos días, el último de ese mes que, dicen, tiene la luna más hermosa, traía a colación en esta misma plaza un artículo en el que José Woldenberg dice que “el país transita por una situación crítica y no ayuda a la comprensión de lo que estamos viviendo hacer referencia en bloque a una entidad tan abarcadora y compleja como lo es el Estado”; sí: el Estado, esa “constelación de instituciones” que el ex consejero del otrora IFE reconoce “jerárquicas, especializadas y –apunta- con diferentes grados de responsabilidad”.

Y, resulta, que hoy estamos aquí en esta plaza abrigando un mismo lema como bandera: “¡Fue el Estado!”; ese, dijera Woldenberg, “laberinto institucional complicado y rebuscado” en el que, nos dicta el autor, debemos “detectar con claridad –no de manera especulativa o retórica o a través de derivaciones ‘lógicas’- a los responsables directos e indirectos, a los culpables por acción y por omisión de los cruentos e incalificables sucesos que han sacudido a la nación” o, de lo contrario, caeríamos en reduccionismos y simplezas.

Sin embargo, la cátedra de cultura política no termina allí y, después de insistir en que el Estado “ya no es lo que era o lo que imaginábamos que era: una entidad todopoderosa capaz de imponer el orden en el momento en que lo quisiera”, exculpa: “No se trata de entidades que pueden y no quieren, sino que quieren y no pueden” y, para rematar, adoctrina: “debemos tener claro que la única justicia hoy por hoy es la que las propias instituciones del Estado, diseñadas para ello, pueden ofrecer”. ¿Quién es quien cae en reducciones y simplezas?

¿Por qué quienes hoy hemos sumado nuestras voces y nuestros pasos a esta jornada de acción global por Ayotzinapa convocada por las escuelas superiores, universidades y tecnológicos del país insistimos en la “simpleza” de decir: “¡Fue el Estado!”? ¿Tenemos acaso plena noción de lo que ese concepto político significa, definido por Marx no como “el reino de la razón, sino de la fuerza”, no como “el reino del bien común, sino del interés parcial [que] no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder”? Quizás no; pero, tampoco, estamos dispuestos a que los profesionales de la política nos vengan a decir que nuestras voces o son simplezas o son, como dice Juan Villoro citando a su tocayo Rulfo, “rencor vivo”.

Fueron ellos, los profesionales de la política, y las damas que en el danzón de la corrupción y la impunidad les acompañan, quienes hicieron de lo que debería ser el arte de ponernos de acuerdo cuando pensamos diferente en bien de la cosa pública un circo de prebendas y traiciones de principios donde los saltimbanquis de siglas y colores han hecho su agosto. Si la política es, como dice Villoro, “campo de la opinión airada, la falta de sentido de las obligaciones, la intolerancia, la búsqueda de fines sin reparar en los medios”, es porque sus profesionales y sus coreutas la han reducido a eso.

José Ramón Enríquez escribe que desde la perspectiva de un Estado cuyos órdenes están plagados de narcopolíticos sí ve lo de Ayotzinapa como un crimen de Estado. Se apura a aclarar, que el terrorismo de este Estado no es el de López Mateos contra Genaro Vázquez o el de Echeverría contra Lucio Cabañas y pone la mira en la venta de drogas, el lavado de dinero, la corrupción misma del Estado y, sobre todo, la ampliación de los mercados de armas; en otras palabras, en los negocios del crimen organizado.

Es aquí donde radica la razón de que hoy digamos sin titubeos: “¡Fue el Estado!” En su tratarnos como niños chiquitos, quienes detentan el poder en eso que llamamos el Estado se resisten a regular el consumo, la venta y la producción de estupefacientes; esa falta de regulación hace que el negocio del narcotráfico produzca ganancias exorbitantes de las cuales, a diferencia del erario público, nadie tiene porqué dar cuentas. No es el narcotráfico, que es sólo uno de los muchos negocios del crimen organizado, el que ha infiltrado a la clase política y sus partidos; es la clase política, son sus partidos, los que han entrado a los negocios de sangre y muerte, no sólo al narcotráfico, insisto, del crimen organizado. Y, hoy por hoy, esas instituciones de las que Woldenberg quiere que esperemos justicia no son sino agencias del crimen organizado.

“¡Fue el Estado!”, dijimos, cuando los criminales en el Estado quisieron vernos la cara y dirigieron los reflectores de sus televisoras y medios de (des)información a una pareja que hoy llaman “imperial”, en el modus operandi de lo que el infame personaje de la también infame película de Luis Estrada, La dictadura perfecta, llama “la caja china”. “¡Fue el Estado!”, dijimos, cuando los criminales en el Estado quisieron reducir las responsabilidades de lo ocurrido en Ayotzinapa en un cártel con nombre de programa electorero del PRI cuyo supuesto líder se dizque suicidó en Morelos. “¡Fue el Estado!”, decimos hoy, tras el montaje de la captura del ex alcalde de Iguala y su esposa incómoda; porque hoy, decir crimen organizado y decir Estado, es decir lo mismo.

Estamos en medio de lo que la nariz tras el pasamontañas llamaba desde 1997 la IV Guerra Mundial, una guerra que se realiza entre “los grandes centros financieros, con escenarios totales y con una intensidad aguda y constante […] La ‘mundialización’ de la guerra [que] no es más que la mundialización de las lógicas de los mercados financieros” han hecho del Estado y sus gobernantes, otrora rectores de la economía, en “regidos, más bien, teledirigidos, por el fundamento del poder financiero: el libre cambio comercial”. Así, “el capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional” y las empresas y los estados se han venido derrumbando en minutos. Eso representa Ayotzinapa: la descomposición más atroz del Estado, y, de paso, de “todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad”.

En mayo de 2011, Javier Sicilia pasaba revista a una serie de casos que ponían en evidencia que en todos los partidos políticos “hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación”, de suerte que las y los ciudadanos terminaremos preguntándonos: “¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar?” No hay duda, como dijera Sayak Valencia, sobrevivimos en medio de un capitalismo gore, basado “en la violencia, el (narco) tráfico y el necropoder” que muestra “algunas de las distopías de la globalización y su imposición”… por el mismo Estado… pero, como dijera Chejov por la voz de Niujin, “el tiempo fijado para esta conferencia ha expirado ya”.

Habiendo dicho todo lo anterior, quisiera traer por un segundo el pixan, el alma de Ignacio Ramírez “El Nigromante” y decir, no obstante, que no, no FUE el Estado: ¡ES el Estado! Ayotzinapa no pasó sólo el 26 de septiembre; Ayotzinapa es la Guardería de ABC, Atenco y el #1Dmx que terminaría costándole la vida a Juan Francisco Kuykendall y desapareciendo a Teodulfo Torres Soriano; es el feminicidio vuelto deporte nacional; es la persecución, encarcelamiento y/o asesinato de defensores de derechos humanos y ambientales; es la criminalización de la protesta y es la tibieza pusilánime que dice que no tomar partido es ser radical. ¡No fue el Estado! ¡Es el Estado reducido a guardia privada de la plaza comercial tipo mall en que el capitalismo ha convertido al planeta! Ayotzinapa no fue, Ayotzinapa es, y, si no hacemos nada, Ayotzinapa será.

30 de junio de 2014

¡¡¡EXIGIMOS LA APARICIÓN INMEDIATA DEL TÍO APPO, DESAPARECIDO POR LAS FUERZAS REPRESIVAS DEL ESTADO MEXICANO!!!


                                               Video tomado de la página de: Por TI Tío


¡¡¡EXIGIMOS LA APARICIÓN INMEDIATA DEL TÍO APPO, DESAPARECIDO POR LAS FUERZAS REPRESIVAS DEL ESTADO¡¡¡


Al Tío APPO, lo conocí en el II Encuentro de Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo. Muy rápido nos comenzamos a hablar, él jamás prejuzgaba a nadie, a todos siempre nos trató igual. Como al de los pulques en Xochimilco o a un compañero zapatista. El Tío, ay no sé cómo expresarlo todo, pero pues como salga del corazón. No había podido antes, es un golpe tan grande y fuerte que se adueña de nuestro corazón. El Adrián, me había pedido hace unos meses que escribiera algo, pero no podía, la tristeza infinita se adueñaba de mí, y no paraba de llorar. Todavía no lo puedo controlar, pero tengo más fuerza que antes.


En el Encuentro con los Compas SOLIDARIOS Zapatistas, andábamos mucho con el Tío, hasta creo que en el viaje a tierras liberadas armamos un colectivo espontáneo, una unión que va por siempre. Somos medio rebeldes en la rebeldía, y estábamos en desacuerdo de que unos camiones de la Caravana de regreso a la ciudad de México se regresaran en la noche del penúltimo día del Encuentro. Se hizo debate, asamblea, etc. Afinal decidieron regresarse esa misma noche. Nosotros les decíamos que era peligroso, que lo mejor es de día. Y pasó que cuando volvían por los caminos hacia la Realidad tuvieron un accidente. Por suerte no le pasó nada a nadie.
Yo había convencido al Tío y a otro carnal de que se quedaran, y pues pasamos la noche con el fuego eterno de la rebeldía y la música que alegra los corazones.

Pasaron muchas marchas, donde nos topábamos y trabajábamos juntos en armar publicaciones, y claro, el pulque no podía faltar, al Tío le fascinaba, siempre hablaba de él.

Me enteraba siempre de donde estaba el Tío, o por la banda o porque nos hablábamos. Que Cherán, Atenco, Chiapaz, (Los Pueblos de Xochimilco, Tláhuac…) Oaxaca…(ahhh por que realmente su apodo no es el Tío, es el Tío APPO, por que había estado con la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca ,defendiendo al pueblo de la represión, en las barricadas; pero como era más cortito pues le decíamos el Tío); él estaba siempre donde se necesitará.

Me apunté de voluntaria con la banda del Otro Plantón de Molino de las Flores en apoyo a los presos políticos de Atenco. Ahí pude vivir con él. Siempre se aprendía algo nuevo con él, para todo tenía respuesta, lo llegué a sentir como un jefe de una tribu ancestral, un aura y espíritu maravilloso, como Sali, como el Chaco. Para todo siempre era el voluntario. Que:” Tío, nos ayudas a ir por agua? Simoooon “; “Tío me ayudas a ir a las montañas por piedras para la construcción del horno? Ya vazzzzz” y así, para todo estaba el Tío, siempre estuvo para todos.

Un día en el plantón, un 2 de Octubre de 2009, me parece, nos organizamos la banda del plantón. Una parte se quedaba haciendo la guardia en el plantón, y la otra iba a la marcha. El Tío y otra banda fueron a la marcha, ahí fue cuando agarraron a Víctor Govea, amigo del Tío.
El Tío le entró con todo a luchar por su liberación, y al mismo tiempo luchaba por Atenco, un terreno en Xochimilco, con el plantón en contra de la construcción de la línea 12 del metro; y aparte trabajaba en la construcción, para sacar dinero para sobrevivir.

Ya que salieron los presos de Atenco, fue a San Cristóbal, donde yo vivía. Me mandó mensaje y nos quedamos de ver en la Plaza de la Resistencia. El llegaba con la Caravana de Atenco que había ido a acompañar a los pueblos del Ejido de Tila a la capital, para exigir sus derechos. Lo ví llegar con los compas de Atenco, con machete en mano, y firme hacia el cielo. Tenía un machete que le habían regalado. Se veía orgulloso, firme, como siempre. Pudimos platicar en el transcurso de la marcha hacia sus camiones. Y él Tío, no cambiaba, no se le subía el ego, siempre fue esa gran persona, ojalá lo hubieran conocido.

El 1ero de diciembre del 2012 el Tío, estaba en la manifestación en contra de la toma de posesión del asesino de peña. Cuando llegaba junto con Kuy Kendall, su maestro-aprendíz de teatro, le alcanzó un proyectil a Kuy, lanzado por la policía; y el Tio estaba a su lado. Pudo grabar el momento justo en que le impactaba en la cabeza.

Continuará…
                                                  Videos realizados por el Tio APPO:
                       http://debrayepulkoso.blogspot.com/search?zx=cd9ce0581b715cf4







27 de marzo de 2014

Este no es un #FelizDíadelTeatro.


La mañana del 1 de diciembre de 2012, el #1Dmx, Juan Francisco Kuykendall, hombre de teatro y militante político adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN, fue herido con una granada de gas lacrimógeno disparada por uno de los agentes de la Policía Federal parapetados detrás de las vallas metálicas que como un acto de provocación, por órdenes de sus jefes en los gobiernos federal y de la ciudad México, montó el ex comisionado nacional de seguridad Manuel Mondragón y Kalb en las inmediaciones del Congreso de la Unión.

Director de la Agrupación Teatral Mitote, Kuykendall iba acompañado ésa mañana por uno de sus actores y amigos, el también adherente de La Sexta Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como "El Tío", quien al ir grabando lo que ocurría registró el momento del disparo. Teodulfo Torres Soriano se convertía así en el testigo estrella del caso de agresión en contra de su maestro y compañero, a quién el impacto del proyectil le provocó una fractura craneoencefálica con exposición de masa cerebral que lo postraría 421 días en una lucha personal y de sus familiares y amigos por su vida, hasta fallecer el 25 de enero de 2014.

"El Tío" fue el primero en auxiliar a Kuykendall, con ayuda de jóvenes solidarios que después han sido estigmatizados como parte de una práctica de criminalización protagonizada por el Estado mexicano; él fue quien presentó la queja 2/2012/10338/Q ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que sería remitida a la Procuraduría General de la República e integrada a la averiguación previa AP/PGR/DF/SPE/XVIII/6780/12-12; su testimonio, como escribe Gisela Martínez (@giseleando), desmentía la versión oficial de que no se usaron balas de goma contra las y los manifestantes por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto el #1Dmx.

El 23 de marzo de 2013, 112 días después del #1Dmx y, por supuesto, antes de ser llamado a declarar por el caso Kuykendall, "El Tío" sería desaparecido. Las circunstancias que envuelven su caso apuntan a que estamos frente a una desaparición forzada. Dicho en otras palabras, en Juan Francisco Kuykendall y Teodulfo Torres Soriano, tenemos los primeros casos de asesinato y desaparición forzada por razones políticas de la administración de Enrique Peña Nieto y quién siguió a pie juntillas sus órdenes de represión renunciaría a su puesto envuelto en un halo de total impunidad.

Hoy, en distintos rincones de este desgastado e hiperexplotado planeta se celebra el Día del Teatro; hace tres años, estas celebraciones se empañaron en México con el asesinato del joven Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta Javier Sicilia, y sus amigos. Hoy, pienso en Juan Francisco Kuykendall, un actor de la escena teatral a quien la intuición y la indignación lo acercaron a la escena política y social, y en Teodulfo Torres Soriano, un actor de la escena social y política a quien la indignación y la intuición lo llevaron de la mano a la escena teatral.

21 de marzo de 2014

A un año de la desaparición de Teodulfo Torres, El Tío


Teodulfo Torres, «El Tío», –adherente a La otra campaña y participante de un proyecto de agricultura urbana en la Ciudad de México– se encuentra desaparecido desde el 26 de marzo de 2013. Desde entonces, familiares y amig@s se han dado a la tarea de buscarlo, con la sospecha de que ha sido víctima de una desaparición forzada, debido a que es el principal testigo legal en el caso del asesinato de Juan Francisco Kuy Kendall. Así lo comentan sus compañeras:

—Él iba con el compañero Kuy Kendall cuando cayó el primero de diciembre, él grabó de dónde salió el proyectil que lastimó al compañero Kuy. Y no sólo eso sino que estando en la Cruz Roja, él hizo varias declaraciones acusando al Estado…
—Estaba llamado a declarar, a ser testigo, para las demandas que habían metido la hija de Kuy Kendall y su esposa Eva. Y pues desaparece por esos días.

Es por eso que se está convocando a la Campaña nacional por el esclarecimiento del Paradero de Teodulfo Torres Soriano, El Tío, entre el 21 y el 28 de marzo del año en curso. Entre sus objetivos destaca: exigir a la Procuraduría General de la República (PGR) que acelere los mecanismos de búsqueda, investigación y presentación del Tío; visibilizar el caso y apelar a la solidaridad de la sociedad civil para dar con su paradero. Desde la página de facebook Por ti Tío se ha difundido el calendario de la campaña, que reproducimos a continuación:
  • Viernes 21 de marzo // 12:00 horas: mitin político-cultural frente a la PGR, en Reforma 219, col. Cuauhtemoc.
  • Del 21 al 28 de marzo: jornadas nacionales e internacionales de entrega de postales, con la fotografía y datos sobre el caso. Estas tienen la intención de agilizar la búsqueda en centros de reclusión, psiquiátricos, hospitales, albergues, y cualquier lugar que se considere. Las postales estarán a disposición de los interesados en la página para ser descargadas.
  • Lunes 24 de marzo: conferencia de prensa con información del caso a un año de su desaparición.
Amigos y compañeros de Teodulfo, han manifestado su desconfianza hacia la PGR y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), instituciones que a pesar de haber recibido oportunamente las denuncias y quejas por la desaparición del Tío, han mostrado un interés nulo por el caso. También se han presentado ciertas irregularidades en la investigación: desde la PGR, fieles a la costumbre de voltear el dedo acusador hacia la víctima, inmediatamente se investigó y señaló a amigos y compañeros del Tío, como personas problemáticas a las que convenía mantener alejadas de cualquier tema relativo al caso. Asimismo, se pidió a la familia que no hablaran sobre el caso con ningún medio de comunicación. Incluso, de forma velada, han intentado señalar al propio Teodulfo y su estilo de vida, como una de las probables causas de su desaparición.

Con la certeza de conocerlo realmente, amigos y compañeros afirman que, en efecto, su estilo de vida y sus actividades cotidianas —que distan mucho de los señalamientos de la PGR— forman parte de las causas de su desaparición. Recordemos que el Tío, es un activista adherente a la Sexta Declaración de la selva Lacandona, que durante algunos años se ha mantenido activo en varios proyectos y lucha a lo largo y ancho del país, y que es el único testigo legal en el caso del profesor de teatro, también activista y adherente a la Sexta, Juan Francisco Kuy Kendall, quien fue agredido por las fuerzas federales el 1ro de diciembre del 2012, en el marco de las protestas en contra de la imposición de Peña Nieto, y quien falleció el pasado 25 de enero de 2014 a causa de la agresión por parte del Estado. Algunos compañeros de Teodulfo Torres consideran que éste es el principal motivo de su desaparición:

—Cuando estaba con el compañero Kuy, él recogió dos artefactos del piso donde había caído el compañero, si no son bien los artefactos que le pegaron al compañero, sí prueban que la policía estaba utilizando ese tipo de arma.
—Nosotr@s lo que insistimos es que se fortalezca como línea de investigación la desaparición forzada.

Uno de los últimos espacios en los que el Tío se involucró, es un pequeño proyecto de agricultura urbana al sur de la Ciudad de México. Aquí nos dieron su testimonio algunas personas que compartieron con él trabajo, compromiso, tiempo y esfuerzo. También nos manifestaron toda una serie de cualidades que hacían del Tío un compañero entrañable. En este espacio de comunidad y colectividad, además de ser recordado con mucho cariño, la exigencia por su presentación se ha vuelto una causa más, una lucha incansable.

 Por Regina López y Gustavo Ruíz Lizárraga.




CAMPAÑA NACIONAL E INTERNACIONAL POR EL ESCLARECIMIENTO DEL PARADERO DE TEODULFO TORRES SORIANO "EL TÍO" ¡VIVO SE LO LLEVARON, VIVO LO QUEREMOS!


18 de marzo de 2014

Un Seminario de Actu@cción

Por: Sebastián Liera.

La mañana del 1 de diciembre de 2012, el #1Dmx, Juan Francisco Kuykendall, hombre de teatro y militante político adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN, fue herido con una granada de gas lacrimógeno disparada por uno de los agentes de la Policía Federal parapetados detrás de las vallas metálicas que como un acto de provocación, por órdenes de sus jefes en los gobiernos federal y de la ciudad México, montó el ex comisionado nacional de seguridad Manuel Mondragón y Kalb en las inmediaciones del Congreso de la Unión.

Director de la Agrupación Teatral Mitote, Kuykendall iba acompañado ésa mañana por uno de sus actores y amigos, el también adherente de La Sexta Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como "El Tío", quien al ir grabando lo que ocurría registró el momento del disparo. Teodulfo Torres Soriano se convertía así en el testigo estrella del caso de agresión en contra de su maestro y compañero, a quién el impacto del proyectil le provocó una fractura craneoencefálica con exposición de masa cerebral que lo postraría 421 días en una lucha personal y de sus familiares y amigos por su vida, hasta fallecer el 25 de enero de 2014.

El 23 de marzo de 2013, 112 días después del #1Dmx, El Tío sería desaparecido. Las circunstancias que envuelven su caso apuntan a que estamos frente a una desaparición forzada. Dicho en otras palabras, en Juan Francisco Kuykendall y Teodulfo Torres Soriano, tenemos los primeros casos de asesinato y desaparición forzada por razones políticas de la administración de Enrique Peña Nieto y quién siguió a pie juntillas sus órdenes de represión hoy renuncia a su puesto envuelto en un halo de total impunidad.

Juan Francisco Kuykendall, un actor de la escena teatral a quien la intuición y la indignación lo acercaron a la escena política y social; Teodulfo Torres Soriano, un actor de la escena social y política a quien la indignación y la intuición lo llevaron de la mano a la escena teatral. De allí que su ejemplo y su memoria acompañen nuestro modesto Seminario de Actu@cción: un espacio de encuentro de complicidades donde 11 compañías de artes escénicas compartirán sus herramientas teatrales para la actuación social y 8 organizaciones y colectivos de la sociedad civil compartirán sus herramientas sociales para la actuación teatral.

5 de febrero de 2014

Esperando a Kuy.

La madrugada del 25 de enero de 2014, el dramaturgo, actor, director y maestro de teatro y cine Juan Francisco Kuykendall Leal falleció después de 421 días de luchar por su vida. Kuy, como le decimos sus familiares, amigos y compañeros de tablas y lucha, había sido herido el 1 de diciembre de 2012 por un agente de la Policía Federal que velaba por la seguridad de quienes se imponían en el poder tras el golpe mediático de Estado consumado ese mismo día con la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como presidente de la República.

Las imágenes de lo ocurrido ese día a Kuy corrieron como pólvora por las llamadas redes sociales gracias al trabajo gráfico de fotoperiodistas de diversos medios de comunicación; pero, sobre todo, por un video grabado por Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como “El Tío”, quien acompañaba a Kuy la mañana de aquél ya famoso #1Dmx en el que el director del grupo de teatro Mitote y su actor habían ido a las inmediaciones del Congreso de la Unión para atestiguar de primera mano el desarrollo de las manifestaciones en contra de quien en 2006 había ordenado la feroz represión a sus compañeras y compañeros de lucha en San Salvador Atenco.

Kuy y “El Tío”, como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), son adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona emitida por el EZLN en junio de 2005 y, por esa vía, se articularon en la Otra Campaña desde lo que llamaron “La Otra Cultura” haciendo de dicho espacio, junto con otras y otros muchos, una de las unidades organizativas de trabajo más solidarias para con el FPDT y las y los presos políticos que para simplificar hemos llamado de Atenco, al grado que se mantuvieron hasta el final en los plantones frente a los penales donde estuvieron secuestrados nuestros compañeros y compañeras.

Así, pues, estar la mañana del 1 de diciembre de 2012 en San Lázaro era para Kuy y “El Tío” un mínimo acto de congruencia: entre quienes convocaron a esa jornada de resistencia estaban sus propios compañeros y compañeras del FPDT y un movimiento como el #YoSoy132 que se había gestado a partir de que 131 jóvenes universitarios habían decidido no olvidar la golpiza a centenares de hombres y mujeres, el asesinato de un joven y un adolescente, la tortura expresada en violación sexual de decenas de mujeres y las arbitrarias y violentas detenciones del 3 y 4 de mayo de 2006 en Atenco.

“El Tío” llegó a contar que esa mañana Kuy le iba platicando de su próximo proyecto teatral: una especie de farsa callejera cuyo personaje a denostar sería el heredero a la Silla del Águila por el grupo Atlacomulco; aún estaba por decidir si escribiría la obra desde ceros o se basaría en algún otro texto ya escrito, como hizo en los setenta cuando junto con el poeta Jaime Reyes adaptó Esperando al Zurdo de Clifford Odets para apoyar las huelgas de sindicatos mexicanos hace 40 años.

Una granada de gas lacrimógeno puso fin a la plática. Disparada de entre las vallas metálicas que fueron la punta de lanza de la represión orquestada para el #1Dmx tanto por Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto como presidentes saliente y entrante cuanto por Marcelo Ebrard y su delfín en la jefatura de gobierno del Distrito Federal: Miguel Ángel Mancera, la granada se impactó en la cabeza de Kuy provocándole una fractura craneoencefálica con exposición y pérdida de materia gris de la que ya no se recuperaría.

La prueba de que la granada fue disparada por un agente federal es el video que grabó “El Tío” mismo, quien, además, como se pudo observar en fotos que la prensa impresa y digital hizo públicas, recogió la granada que lesionó a su maestro; poco más de cien días después, 112 días para ser exactos, Teodulfo Torres Soriano, el testigo presencial estrella de la agresión que terminó quitándole la vida a Juan Francisco Kuykendall, sería desaparecido.

Existen razones suficientes para suponer que el de “El Tío” es un caso de desaparición forzada; en esto coinciden, por un lado, las y los compañeros de Teodulfo que al momento que escribo estas líneas llevan 320 días exigiendo su presentación con vida y, por otro lado, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal que por esa razón turnó el expediente a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Sin embargo, el organismo que preside Raúl Plascencia Villanueva, que en el más infame de los tortuguismos apenas está por publicar su estudio de la represión ocurrida el #1Dmx, argumenta que si “El Tío” no se presenta como el autor del video donde se registra la agresión contra Kuy, la prueba que demostraría la comisión del delito por parte del Estado mexicano perdería su valor y sería desestimada en el juicio contra quien resulte responsable por el homicidio de Juan Francisco Kuykendall.

Kuy fue un hombre de teatro que concibió su oficio como una trinchera para dar voz a quienes en los márgenes y desde los márgenes luchan por un mundo nuevo y mejor; consecuente con su manera de pensar y sentir hizo de su actuación sobre la escena un reflejo de su actuación política y viceversa, de modo que distinguir dónde terminaba un actuar y dónde comenzaba el otro era simplemente imposible.

La ejecución extrajudicial de Kuy y la desaparición forzada de “El Tío” enmarcan, pues, un caso emblemático respecto al verdadero significado que representa el regreso del PRI a Los Pinos y su alianza con los supuestos partidos de oposición bajo el llamado “Pacto por México” donde las derechas e izquierdas de la clase política en el poder han quedado desveladas en su talante corrupto y represivo, dejando muy en claro qué entienden los poderes de jure y de facto que mal gobiernan este país cuando hablan de justicia y democracia.

Como muchas y muchos otros, yo esperaba, parafraseando a Odets, al Kuy; el esperpéntico aparato de “justicia” en México y quienes apostaron por un trato de desprecio y no de cuidados en las clínicas donde estuvo hospitalizado hasta completar la tarea que el policía federal del #1Dmx dejara inconclusa me pusieron, más bien, frente a una obra de título parecido escrita por Beckett, donde Kuy y “El Tío” hacen de Estragón y Vladimir.

Así, pues, por mí, mientras el homicidio en contra de Juan Francisco Kuykendall y la desaparición de Teodulfo Torres Soriano sigan sin castigo a sus autores intelectuales y materiales, pueden ahorrarse la basura demagógica con que nos saturan.

24 de octubre de 2013

¿Ha jugado el zapatismo algún papel en la revaloración de la cultura maya?*


En uno de sus cuentos más emblemáticos, Juan Rulfo hace decir al entrañable personaje de Macario: “estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas”.[1] Debo confesar (mal comienzo, diría mi abuela), que a mí me pasa más o menos igual: estoy sentado junto a ustedes aguardando a que salgan las palabras; que se acomoden unas al ladito de las otras y digan, todas juntas, un mi pensamiento sobre un tema del que muchas y muchos ya han hablado y escrito por montones.

No se crean que es fácil estar aquí esta noche con ustedes. En primer lugar, porque siendo este un evento enmarcado en un festival reivindicativo de la cultura maya a contrapelo del que organizan los señores del poder y de dinero y las damas que los acompañan, la primera pregunta que puede surgir es: “¿qué hace un huach que ni siquiera puede pronunciar correctamente el nombre de nuestra fiesta sentado en esta mesa sin mesa?”. En segundo lugar, porque si bien soy heredero de esa tradición un tanto cuanto juglaresca que en estas tierras se alimenta, por un lado, del balts’am maya y, por otro, del cómico de la legua español, no tengo las credenciales académicas para venir aquí y recetarles por las trompas de Eustaquio (Rockdrigo González dixit)[2] un mi chorema sobre el tema que nos convoca: el neozapatismo y su papel en la revaloración de la cultura maya.

Provocativo título el de esta mesa-panel, ¿no creen?; pues, parte de dos premisas: la una, que la cultura maya ha sido revalorada; la otra, que en su revaloración eso que Carlos A. Aguirre Rojas llama neozapatismo ha jugado algún papel. Como mero ejercicio, podría invitarles a que, para abordar esta provocación, diseccionemos la frase que nos convoca esta noche y, como dice el chiste que dice lo que dice Jack «El Destripador», nos vayamos por partes y nos preguntemos qué entendemos por neozapatismo, qué por cultura maya, qué por revaloración y si el primero ha jugado un papel en la revaloración de la segunda.

Dije: “podría invitarles”; sin embargo, de solo imaginar las expresiones en sus rostros ante lo que parece más una amenaza que una invitación, creo que por ahora (quizás después podamos armar un seminario para charlar sobre todo esto) lo mejor sería desistir de ello. No obstante, entre el titipuchal de ideas, recuerdos de notas, artículos guardados en el ordenador y necesidades personales, me vienen a la mente unos cuantos textos que hoy quiero aprovechar para compartir con ustedes.

Originalmente, la palabra cultura significaba “cultivo de la tierra”; pero, luego, por extensión, se usó como “cultivo de las especies humanas”. Posteriormente, alternada con la palabra civilización, también derivada del latín, se empleó como oposición a salvajismo, barbarie o rusticidad, de suerte que alguien “civilizado” era también alguien “culto”. No es sino hasta con el romanticismo que se hace una diferencia entre civilización y cultura, reservando para el primer término el desarrollo económico y tecnológico, “lo material”, y, para el segundo, lo “espiritual”: el cultivo de las facultades intelectuales, dando cabida a lo que tuviera que ver con la filosofía, la ciencia, el arte, la religión, etcétera.

Sin embargo, aún se entendía la cualidad de “culto” no tanto como un rasgo social, sino como individual. Las corrientes teóricas de la sociología redefinieron el término, entendiéndolo con un sentido más amplio, refiriéndose a los diversos aspectos de la vida social. En general, hoy se piensa a la cultura como el conjunto total de los actos humanos en una comunidad dada, ya sean éstos prácticas económicas, artísticas, científicas o cualesquiera otras, determinando que toda práctica humana que supere la naturaleza biológica es una práctica cultural.

La palabra cultura se emplea frecuentemente en el lenguaje común para designar a un conjunto más o menos limitado de conocimientos, habilidades y formas de sensibilidad que les permiten a ciertos individuos apreciar, entender y/o producir una clase particular de bienes, que se agrupan principalmente en las llamadas bellas artes y en algunas otras actividades intelectuales. Pero, según esta manera de entenderla, la cultura se convierte en patrimonio de unos pocos; el común de los mortales debe “elevarse” a los niveles donde está la cultura y, en correspondencia, se hacen esfuerzos para “llevar la cultura al pueblo”. Frente a esa concepción elitista de la cultura, existe otra noción, elaborada principalmente por la antropología, según la cual la cultura es el conjunto de símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, significados, formas de comunicación y de organización sociales, y bienes materiales, que hacen posible la vida de una sociedad determinada y le permiten transformarse y reproducirse como tal, de una generación a las siguientes. A partir de esta concepción de cultura, deja de tener sentido hablar de pueblos o individuos “cultos” e “incultos”; todos tenemos cultura, nuestra propia y particular cultura.[3]

Creo que es importante remarcar el sentido reflexivo autorreferencial que tiene la definición de la cultura produciendo lenguaje, roles, símbolos, ritos, mitos e instituciones que producen la cultura; o sea, la cultura definida en términos de la red social que es definida en términos de la cultura. Como la sociedad que es “producida” a su vez por el individuo que es “producido” por la sociedad.[4] Por lo tanto, no existe “La Kultura”[5] (única, universal), sino las culturas (múltiples, diversas). Sin embargo, existen transversalmente dos grandes sistemas culturales antagónicos: la cultura institucional, oficial, dominante o hegemónica, que tiene un claro botón de muestra en el Festival Internacional de la Cultura Maya que organizan los tres niveles del poder Ejecutivo en Yucatán, y la cultura, popular y alternativa, que sobrevive y resiste, y que, entiendo, quiere expresarse en la Cha’anil Kaaj, la fiesta del pueblo, que esta noche nos convoca. A esta cultura se le denomina a menudo como cultura marginal (que está afuera de los márgenes o límites del espacio cultural o, de plano, en las alcantarillas o el subsuelo), subalterna (que no llega a cultura, es inferior, sub, y va después de la “verdadera cultura”), contracultura (que se opone o rechaza a la “verdadera cultura”, pues, se caracteriza por la protesta y la reacción, no por la propuesta y la acción) [6] o popular (que, o bien se ubica sólo en las capas bajas de la población, en la tradición y en el folclor, o bien se caracteriza por sus procesos y formas de producción circunscritas a lo artesanal y lo inacabado).[7]

Rudolf Rocker sostiene que la cultura no se crea por decreto; se crea a sí misma y surge (…) de las necesidades de los seres humanos y de su cooperación social. Los valores culturales no brotan por indicaciones de instancias superiores, no se dejan imponer por decretos ni vivificar por decisiones de asambleas legislativas o por potentados de las instituciones políticas de dominio; éstos sólo recibieron una cultura ya existente y desarrollada para ponerla al servicio de sus aspiraciones particulares de gobierno. Pero con ello, continúa Rocker, pusieron el hacha en las raíces de todo desenvolvimiento cultural ulterior, pues en el mismo grado que se afianzó el poder político y sometió todos los dominios de la vida social a su influencia, se operó la petrificación interna de las viejas formas culturales, hasta que, en el área de su anterior círculo de influencia, no pudo volver a brotar una sola chispa de verdadera vida.[8]

Por su parte, Ignacio Betancourt coincide en que la cultura es una dinámica naturalmente horizontal [que] no se puede otorgar o sustraer [porque] no es un objeto (…) ningún gobierno, por más paternalista o autoritario que sea, podrá determinarla en su totalidad (…) Se puede impedir su desarrollo, dificultar su evolución, eso sí, y las muestras de ello están a la orden del día: vaya, las y los artistas escénicos que a mediados de junio de 2013 entregaron sendas cartas al secretario de las Culturas y las Artes de Yucatán y a su jefe, el señor gobernador del estado, aún siguen esperando una respuesta formal y por escrito como lo demanda la Carta Magna que nos rige y que no sea la simulación de un diálogo que nada más buscará tenerlos tranquilos y sin hacer olas. Por ello, más que “llevarla a los ignorantes”, una sana labor gubernamental consistiría simplemente en propiciar condiciones para que la implícita heterogeneidad de toda sociedad pueda desarrollarse; se trata de no estorbar, no de imponer.[9]

Para Guillermo Bonfil Batalla, el problema es un asunto de control cultural, entendiéndolo como la capacidad de decisión sobre los elementos culturales. Como la cultura es un fenómeno social, la capacidad de decisión que define al control cultural es también una capacidad social, lo que implica que, aunque las decisiones las tomen individuos, el conjunto social dispone, a su vez, de formas de control sobre ellas.[10] Todo proyecto cultural, sostiene Bonfil Batalla, requiere la puesta en acción de elementos culturales. No sólo para realizarlo: también para formularlo, para imaginarlo. Los elementos culturales hacen posible al proyecto; también fijan sus límites, lo acotan, lo condicionan históricamente. En términos etnográficos, descriptivos, la cultura es una sola, abigarrada, contradictoria, híbrida si se quiere. Al analizarla en términos de control cultural, es decir, al introducir una dimensión política (decisión, control: poder) se definen diferentes niveles de relaciones entre sociedad y cultura trascendiendo la mera descripción; aparece entonces su composición en cuatro sectores:

a) Cultura autónoma: el grupo social posee el poder de decisión sobre sus propios elementos culturales, siendo capaz de producirlos, usarlos y reproducirlos;

b) Cultura impuesta: ni las decisiones ni los elementos culturales puestos en juego son del grupo social, los resultados, sin embargo, entran a formar parte de la cultura total del propio grupo;

c) Cultura apropiada: los elementos culturales son ajenos, en el sentido de que su producción y/o reproducción no está bajo el control cultural del grupo, pero éste los usa y decide sobre ellos, y

d) Cultura enajenada: aunque los elementos culturales siguen siendo propios, la decisión sobre ellos es expropiada.[11]

Ahora bien, estos sectores o, como dijera Juan Machín Ramírez, estos grandes sistemas culturales no conforman una realidad maniquea: blanco o negro, sino todo un espectro de tonalidades, incluso de diferentes colores. La regla, más que la excepción, es la interacción no lineal (violenta o no) entre ellos y, en su interior coexisten una pluralidad de subsistemas heterogéneos, se da una dispersión de los centros, multipolaridad de iniciativas, la reorganización cultural del poder multideterminada. En este sentido, las culturas han producido algunas formas/procesos estereotipados para producir seguridad. Se trata de contextos que, en manera estable y evidente, permiten el control de la alteridad. Uno de esos procesos es la representación social. La representación social está constituida por una imagen y un significado, y tiene como finalidad asegurar el control sobre la precisión de los fenómenos sociales (incluyendo su organización). Por lo tanto, todo lo que tiende a modificar una representación social produce incertidumbre e inseguridad. Dado que su tarea es la de resistir al cambio, no promoverlo, por consecuencia ella recupera la seguridad homologando la alteridad o expulsándola. Solamente de esta manera recupera el control: ignorando/negando la alteridad/diversidad-del-otro o ignorando la similitud que reside en toda alteridad.[12]

Creo que para reflexionar si el neozapatismo ha jugado o no un papel en lo que decimos es la revaloración de la cultura maya, podríamos empezar por preguntarnos si la presencia del neozapatismo (ojo: su presencia, no su irrupción pública; el llamado neozapatismo se fue construyendo a sí mismo en su interrelación con el mundo indígena que lo acunó cual caldo de cultivo desde principios de la década de los ochenta del siglo pasado y sin esa experiencia es imposible acercarse siquiera a entenderlo); preguntarnos si la presencia del neozapatismo, retomo, modificó lo que, por representación social, entendemos por cultura maya. Y cuando digo, “entendemos”, me refiero tanto a quienes se autonombran mayas cuanto a quienes nos autonombramos no-mayas: los otros; los que, como dijera la Mayor Ana María, «Somos iguales porque somos diferentes».[13] Preguntarnos, pues, si el neozapatismo ha incidido en los sistemas culturales simbólicos, rituales y míticos que las mismas culturas, en este caso las mayas y las no-mayas, producen para controlar la alteridad.

En forma muy simplificada y con toda intención paradójica, podemos decir que los mitos son sistemas narrativos que explican lo inexplicable, los ritos son sistemas de prácticas para controlar lo incontrolable y los símbolos son sistemas de signos para representar lo irrepresentable. Los símbolos, ritos y mitos sirven para enfrentar, resolviendo en el plano simbólico, las contradicciones sociales que no es posible resolver de otro modo, implican valores ocultos o implícitos importantes. Permiten a la comunidad, por un lado, la elaboración de la amenaza representada por el cambio y, por el otro, la posibilidad de reforzar la estabilidad organizativa del sistema al controlar el cambio. Trabajan como procesos de “regulación”: crean una representación (símbolo) y un mecanismo de control (rito), enmarcados en un gran relato (mito) que le confiere sentido.[14]

Hace casi 20 años, la noche del 31 de diciembre de 1993, el maquillaje con el que los paladines del neoliberalismo habían intentado ocultar la miseria, el despojo, la muerte, la burla y el abandono que servían de materia prima a la puesta en escena de un país que anunciaba con bombo y platillo su entrada al primer mundo, se descorrió. Había quedado al desnudo el aprendiz de virrey que muy pronto mostraría su talante gangsteril manchándose con la sangre de sus propios correligionarios; pero no solo el neotlatoani que despachaba en Los Pinos estaba siendo evidenciado, la podredumbre toda de una nación construida sobre el saqueo y el desprecio interminables de sus pueblos originarios también, de pronto, se descubrió sin el antifaz que velaba el gesto racista.

Pasamontañas, paliacates, fusiles de madera y un torrente de tinta esbozando lo mismo postmodernos escarabajos quijotescos fumando en pipa que viejos indígenas respondiendo con milenario silencio a todo lo que se les preguntaba ocuparon los espacios donde la palabra, el sentir, el quehacer y el pensamiento de aquellos pueblos primeros siempre habían sido expulsados. No obstante, la respuesta, aunque disfrazada por los medios capitalistas de comunicación, siguió siendo la misma y a las balas, la quema de las cosechas, el envenenamiento de las aguas, el robo del ganado, la persecución hasta el corazón de la montaña, le acompañaron la descalificación de los periodistas e historiadores a sueldo que encontraban el hilo negro de la supuesta impostura, las negociaciones que pondrían la mesa a las órdenes de aprehensión, los acuerdos que se firmarían para no cumplirse nunca, los silencios cómplices del nacionalismo con todo y moñito tricolor.

La miseria, el despojo, la muerte, la burla y el abandono, agazapados en medio de los discursos políticamente correctos, asomaron la cabeza de nuevo: “yo también soy zapatista –dijo el virrey– mi hijo se llama Emiliano” y sentó las bases para que su sucesor militarizara el país y nos envolviera en una guerra de baja intensidad donde la contrainsurgencia y el combate al narcotráfico van juntitos de la mano. Sin embargo, por más miseria, despojo, muerte, burla y abandono que receten, los señores del poder y del dinero y las damas que los acompañan, precisan de montar, ellos sí, sus megalómanas imposturas, pues, con todo y las luces y el sonido con que saturan el paisaje, no consiguen acallar el silencio de quienes hoy y siempre les han puesto frente al espejo de su inocultable racismo.

En La larga travesía del dolor a la esperanza, un señor que a lo largo de estos 20 años ha convocado los enamoramientos y posteriores odios de quienes en su racismo lo adoptaron como rockstar para no mirar lo que la palabra indígena zapatista gritaba a los cuatro vientos, escribió algo que hoy, en vísperas del festival de Peña Nieto, Rolando Zapata y Esma Bazán, quiero compartirles.

INSTRUCCIONES PARA SER NOMBRADO “HOMBRE DEL AÑO”

1. Acomode, con cuidado, un funcionario tecnócrata, un opositor arrepentido, un empresario prestanombres, un charro sindical, un casateniente, un finquero, un alquimista computacional, un “brillante” intelectual, una televisión, una radio, y un partido oficial. Ponga en un frasco aparte y rotule: “Modernidad”.

2. Tome un obrero agrícola, un campesino sin tierra, un desempleado, un obrero industrial, un maestro sin plaza, un ama de casa inconforme, un solicitante de vivienda y servicios, lo poco de prensa honesta, un estudiante, un homosexual, un opositor al régimen. Divida tanto como le sea posible. Ponga en un frasco aparte y rotule: “Anti-México”.

3. Tome un indígena. Separe las artesanías y tómele una foto al indígena. Ponga las artesanías y la foto en un frasco aparte y rotule: “Tradición”.

4. Al indígena póngalo en otro frasco aparte y rotule: “Prescindible”.

5. Bien, ahora abra una tienda con un gran letrero que diga:

“México. Gran liquidación”

6. Sonría en la foto. Que el maquillaje cubra las ojeras que le producen tantas pesadillas.

Nota: tenga siempre a la mano un policía, un soldado y un boleto al extranjero. Se pueden necesitar en cualquier momento.[15]

Yo, señoras y señores, caramelos y bolitas, soy solo un cómico; en el Siglo XVII a los de mi calaña les pegaban en las puertas de sus casas letreros donde se hacía saber que nuestro oficio lo repudian clérigos y soldados, enoja a políticos y usureros y abjuran de él escribanos e hidalgos, porque nuestra bolsa es endeble, nuestro verbo maligno, nos acompañamos de poetas y otros menesterosos y, por si fuera poco, queremos vivir de nuestras artes malsanas. Además, ya ustedes se han dado cuenta, soy un huach sin remedio. ¿Cómo podría decirles cuál ha sido el papel que ha jugado el neozapatismo en la revaloración de la cultura maya? Yo no puedo hacer eso. Si acaso podría contarles del chingo de obras de teatro, canciones, poemas, películas documentales y de ficción, exposiciones, coreografías, instalaciones, performances, esculturas, pinturas, fotos y choros que motivados por el neozapatismo se han montado, cantado, respirado, filmado, presentado, bailado, articulado, operado, pintado, esculpido, tomado y escrito en un titipuchal de lenguas e idiomas para hablar, más que de la cultura maya, de las y los seres humanos, sus sueños, sus miedos, sus luchas, sus fiestas… de su dignidad.

Por otra parte, más que revaloración de la cultura maya, ésa que pueden poner en el frasquito que dice “Tradición”, les confieso que me interesa mucho más la revaloración de aquella o aquél a quien nombramos maya y se nombra maya, yoreme, tenek, tlahuica, tehua, tojolabal, totonaco, triqui, tzeltal, tzotzil, wixárika, yaqui, binizaa, zoque, kumiai, mayo, mazahua, mazateco, mixe, amuzgo, cora, cuicateco, chinanteco, chocholteco, chol, pericuri, guaycuri, cochimi, chontal, guarijío, coca, paipai, kiliwa, huasteco, huave, kikapu, cucapá, tepehuano, chichimeca, mame, matlatzinca, ñuu savi, nahua, ñahñu, tohono o’odham, pame, popoluca, p’uréhpecha, concaá, rarámuri, achumi, ahniyvwiya, lakota, ndee, kuma, naabeehó dine’é, aqwesasne, mohawk, salish, anisnawbe, cayuga, onondaga, ojibwa, hopi, secwepme, tuscarora, ktnuxa, creek, gitxaan, guaraní, kekchí, mapuche, tarapacá, maipú, aymar, kichwa, mam, lenca, miskito, inka…

Ustedes perdonen si no he podido a lo largo de este mi chorema responder a una sola de las preguntas que hice al principio y que así, con este cinismo, sin responderlas, me despida; no sin antes decir, copiándole a Javier Sicilia, que exijo justicia para Juan Francisco Kuykendall, la aparición con vida de Teodulfo Torres Soriano, la liberación de todas las presas y todos los presos políticos, por conciencia o injustamente, como el profe Alberto Patishtán Gómez, el castigo a todos los culpables por acción u omisión de feminicidio (empezando por el Estado mexicano) y que se respeten los Acuerdos de San Andrés… Aunque, bien mirado, sí puedo responder a una de ellas: “¿qué hace un huach que ni siquiera puede pronunciar correctamente el nombre de nuestra fiesta sentado en esta mesa sin mesa?” Nada, no hace nada; es sólo un intruso que se coló porque se veía que la fiesta estaba buena y se antojaba y que, aprovechando que le invitaron, no le queda sino decir en la lengua de sus abuelas guachichilas: tlasokamati/muchas gracias.



* La presente ponencia se presentó en la mesa-panel «El neozapatismo y su papel en la revaloración de la cultura maya», llevada a cabo el 15 de octubre de 2013 en el marco del Festival Independiente de la Cultura Maya «Cha’anil Kaaj».

[1] Rulfo, Juan. «Macario», en Pedro Páramo. El llano en llamas. Planeta-De Agostini, 1985.
[2] González, Rodrigo. El profeta del nopal. Pentagrama, 1986.
[3] Bonfil Batalla, Guillermo. «Nuestro patrimonio cultural», en Pensar nuestra cultura. Alianza Editoral, 1992.
[4] Machín Ramírez, Juan. Calacas, chamucos y chinelos, fiestas tradicionales y promoción juvenil. Cedoj-Cultura Joven, A.C., 1999.
[5] Para Bonfil Batalla, ésta concepción sobre la cultura implica la jerarquización de las manifestaciones culturales dentro de un orden universal, o que se plantea como tal; de suerte que la cultura propiamente dicha se considera como un conjunto breve de temas y prácticas que pueden no formar parte del horizonte de preocupaciones de un individuo o una colectividad. («La querella por la cultura», en Pensar nuestra cultura).
[6] Machín Ramírez, Juan. Op. Cit.
[7] Varas, Alejandro; Betancourt, Fernando; Betancourt, Ignacio; Huerta, María Raquel. Una experiencia cultural de la sociedad civil. Unión de Vecinos y Damnificados «19 de Septiembre», 1995.
[8] Rocker, Rudolf. Nacionalismo y cultura. Alebrije, 1949.
[9] Varas, Alejandro. Et. Al. Op. Cit.
[10] Bonfil Batalla, Guillermo. «Lo propio y lo ajeno: una aproximación al problema del control cultural», en Pensar nuestra cultura. Alianza Editoral, 1992.
[11] Ibíd.
[12] Machín Ramírez, Juan. Op. Cit.
[13] Ana María, Mayor Insurgente. «Discurso inaugural del Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo», en Chiapas, 3. Era, 1996.
[14] Machín Ramírez, Juan. Op. Cit.
[15] Marcos, Subcomandante Insurgente. «La larga travesía del dolor a la esperanza», en EZLN. Documentos y comunicados, 2. Era, 1995.
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