Babel.
El racismo y la genealogía de una lógica contrainsurgente
Javier Hernández Alpízar/ Zapateando.
Cuando la sociedad civil movilizada detuvo la guerra en Chiapas en
1994 y obligó al gobierno mexicano a dialogar con los zapatistas
actuales, éstos no se sentaron a dialogar solos: la primera mesa, sobre
derechos y cultura indígenas, estuvo nutrida por organizaciones,
comunidades y pueblos indígenas.
Los Acuerdos de San Andrés fueron el proyecto de ley más dialogado y consensado en la historia de este país.
Ernesto Zedillo los rechazó, porque eran incompatibles con el
(neo)liberalismo, y orquestó una traición para intentar detener o
asesinar a la comandancia zapatista, mientras fingía que dialogarían con
su secretario de gobernación contrainsurgente, Esteban Moctezuma
Barragán, quien presume en su semblanza ser “descendiente del emperador
Moctezuma”.
En 2001, cuando Vicente Fox (llevado al poder por una cúpula
empresarial de derechas entre quienes figuraba Alfonso Romo) era para
masas mexicanas enajenadas un héroe nacional intocable (lo comparaban
con Madero o Hidalgo), los zapatistas pusieron a prueba al sistema con
la Marcha del Color de la Tierra y llegaron al Congreso de la Unión a
pedir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, como primeros
logros de un largo proceso de paz (la siguiente mesa debía ser sobre los
derechos políticos no sólo indígenas sino de todos los mexicanos).
Entre quienes hablaron ante el Congreso de la Unión hubo mujeres: la
oradora principal, la comandanta Esther del EZLN y una oradora del
Congreso Nacional Indígena: María de Jesús Patricio Martínez, indígena
nahua de Jalisco.
Los senadores panistas se salieron del recinto en protesta por la
presencia de zapatistas encapuchados, y porque los panistas son una
derecha racista.
Los Acuerdos de San Andrés fueron traicionados por una alianza de
representantes de toda la clase política mexicana Manuel Bartlett Díaz
por el PRI, Diego Fernández de Cevallos por el PAN (ambos connotadas
piezas en la legitimación del fraude que llevó a Salinas de Gortari al
poder en 1988) y Jesús Ortega por el PRD. Aprobaron una ley que menciona
derechos indígenas pero no respeta el derecho a la autonomía y la
defensa del territorio.
Ya estaban sembrando las condiciones para tratar de aislar y
arrinconar al zapatismo en Chiapas y para abrir las puertas e mineras,
presas, parques eólicos, carreteras, aeropuerto y otros megaproyectos
que despojan y depredan territorios indígenas, rurales y campesinos
mexicanos.
Los argumentos por los que primero Zedillo y luego los cabezas de
fracciones (y facciones) parlamentarias de los tres partidos rechazaron
la autonomía y los derechos indígenas eran equiparables a los que en el
siglo XVI usó Ginés de Sepúlveda contra Fray Bartolomé de las Casas. Se
decía que reconocerlos balcanizaría al país, que aumentaría la
discriminación, que abría la puerta a la violación de los derechos
humanos, que los indígenas oprimen a las mujeres.
Desde entonces supimos que la clase política era tan racista como en
los tiempos de la Nueva España y no sólo la derecha del PRI y el PAN
sino la izquierda del PRD.
La traición a los Acuerdos de San Andrés fue en los hechos un paso
adelante en la guerra de despojo y exterminio contra los pueblos
originarios de México. ¿En el PRD se dieron renuncias masivas por la
traición? No. Al contrario, ese gesto traidor les abrió las puertas del
poder porque, en los acuerdos de la calle Barcelona, la cúpula de los
tres partidos traidores se repartió el pastel del poder: se consolidaban
las alternancias partidarias como medida contrainsurgente. PRI, PAN y
PRD sellaron la traición consolidando la partidocracia. Por el PRD, las
negociaciones las encabezó inicialmente Porfirio Muñoz Ledo y finalmente
Andrés Manuel López Obrador.
Los indígenas respondieron por la vía de los hechos: impulsando sus
autonomías y autogobiernos, sus policías comunitarias y defendiendo sus
bosques, selvas, desiertos, ríos, lagos y mares del embate de mineras
canadienses, narcotráfico, talamontes, ecoturismo predador, “reservas de
la biosfera” que despojan a las comunidades, aeropuerto, carreteras,
transgénicos y de los partidos políticos que dividen a los pueblos y los
enfrentan, como los paramilitares en Chiapas que han estado en el PRI,
el PFRCRN, el PRD, las redes de AMLO y el PVEM.
El CNI había estado en un proceso más de resistencia y de
sobrevivencia que de protagonismo porque acordaron se asamblea y no una
organización centralizada que tome decisiones desde la cúpula.
La ruptura del EZLN y el CNI con la clase política (PRI, PAN y PRD)
viene desde la traición de los Acuerdos de San Andrés en 2001. Se
extremó con la autonomía por la vía de los hechos.
Los gobiernos perredistas en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán,
(algunos de los chuchos como Zeferino Torreblanca, de los cardenistas
como Lázaro Cárdenas Batel, de los lópezobradoristas como Juan Sabines y
Ángel Aguirre) se dedicaron a combatir las autonomías abriendo paso a
la presencia federal de ejército, marina y policía federal y al crimen
organizado.
En 2005- 2006, los zapatistas lanzaron la Otra Campaña, tratando de
levantar una organización de izquierda, criticaron duramente a los tres
partidos políticos: en Chiapas, en masivo mitin con Xi Nich llamaron a
no dar “ni un voto al PRI”, por ser un partido asesino de indígenas; en
Guanajuato llamaron a un boicot al Yunque y el PAN, pero los
lópezobradoristas solamente tomaron en cuenta las críticas a su
candidato y comenzaron una campaña calumniosa contra los zapatistas y
sus aliados los caricaturizaron como un complot contra su líder fetiche:
López Obrador, el mismo que había sellado en nombre del PRD el pacto
partidocrático de Barcelona y tenía como coordinador de campaña en 2005 a
Jesús Ortega.
Desde el alzamiento zapatista de 1994 la derecha salinista y panista
(y la primera editorial de La Jornada) urdieron el argumento de que los
indígenas eran manipulados: por la iglesia de Samuel Ruiz, por mestizos o
blancos profesionales de la violencia, por extranjeros; un político
chiapaneco tuvo que salir a decirlo para la TV, en nombre del gobernador
Elmar Setzer, cuyo fenotipo alemán y acento germano para hablar el
castellano tenían que ocultar.
Desde 2005 bases lópezobradoristas, perredistas, chuchos y no
chuchos, columnistas (calumnistas) de La Jornada y moneros retomaron el
argumento racista de la derecha: los apodos que Diego Fernández de
Cevallos le puso a Marcos (encalcetinado, subcomediante) se volvieron
santo y seña de militantes lópezobradoristas (dentro y fuera del PRD) y
el esquema conspiratorio que la Sedena, el Cisen y grupos de derecha
como Nexos y Letras Libres habían elaborado, un líder blanco los
manipula y los indígenas son meras marionetas suyas, fue ahora la teoría
ilustrada de la “izquierda” en el poder y en la contrainsurgencia.
Esta visión sobre las rebeliones indígenas no es nueva, no la
inventaron ellos, viene desde la Nueva España: los indígenas son mansos y
pacíficos y solamente se levantan porque los manipulan y pervierten
mestizos o castas.
El racismo y el clasismo contra los de abajo no es exclusivo de PRI y
PAN, tampoco del PRD, de esas catacumbas de la derecha más retrógrada
salió ahora en las filas del voto duro de Morena: los pejetrolls siguen
reproduciendo el guión que inventara la contrainsurgencia desde la Nueva
España: los indígenas son meras marionetas de blancos perversos, un
complot contra su candidato y líder vitalicio. Algunos de ellos están
firmando en apoyo de la candidatura a la presidencia de Margarita
Zavala, la Calderona, por motivos dizque “estratégicos”.
Al parecer, Ginés de Sepúlveda no murió en el siglo XVI, sigue vivo
en la clase político empresarial mexicana, en sus Bartletts, Cevallos,
Ortegas, y en sus “militantes de izquierda” de Morena, la
contrainsurgencia antizapatista.
Ginés de Sepúlveda seguía vivo en la primera editorial de La Jornada
en 1994, la que pedía clemencia para los pobres indígenas, pero no para
los profesionales de la violencia que los habían manipulado; estaba ahí
el huevo de la serpiente contrainsurgente que desde 2005 muchos de sus
lectores, moneros como El Fisgón, articulistas como Rodríguez Araujo,
Jaime Avilés, Julio Hernández, Guillermo Almeyra o John Ackermann han
reproducido.
Esa actitud racista contra los zapatistas actuales y sus aliados, y
ahora contra el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera, María de Jesús
Patricio Martínez, Marichuy, es una de las muchas razones por las que
no comulgamos con ellos: nosotros no somos racistas y sabemos que las y
los indígenas toman sus propias decisiones.
Las y los indígenas tienen derecho a gobernarse y a proponer
alternativas de gobierno democrático para México y para el mundo: y eso
es precisamente lo que hoy están haciendo.
Nodo-caracol-bitácora virtual de cambalache chorero y otros chunches, abajo y a la izquierda.
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1 de agosto de 2018
28 de octubre de 2016
La lucha política, el EZLN, las elecciones y otras cosas.
Babel
La
lucha política, el EZLN, las elecciones y otras cosas
Javier
Hernández Alpízar
Tendemos a olvidar el origen de las cosas, solamente vemos lo presente o el presente inmediato y lo vemos incompleto, con ese recorte, esa edición simplificada de lo que pasa, tendemos a juzgar, incluso a poner nuestros prejuicios por delante, sin cuestionarnos de dónde viene todo esto. En las reflexiones zapatistas del Seminario Anticapitalista, han subrayado la necesidad de hacer la genealogía de las cosas, buscar sus orígenes y raíces para comprenderlas y poder decidir no frente a la inmediatez sino frente a una reflexión cabal, integral.
Sin embargo no podemos regresar al infinito en nuestras reflexiones genealógicas, remontarnos al Big Bang o al inicio de nuestra narración favorita. Yo comenzaré esta reflexión desde 1994 para tratar de entender el momento presente, pero no quiere decir que esto no tenga raíces aún más antiguas. En 1994 la imagen de Salinas de Gortari era la de un priismo neoliberal moderno triunfador e irresistible para muchos (pueden ver algo de este clima en la película El Bulto). La izquierda que apenas en 1988 había ganado por primera vez en su historia la elección presidencial había sido derrotada con un fraude (Manuel Bartlett anunció por TV el triunfo “legítimo de Salinas”) y ante su pusilanimidad (apellidada Cárdenas), Salinas se “legitimó en el ejercicio del poder” con el apoyo del PAN (Fernández de Cevallos). Cooptó voluntades, se fabricó una imagen nacional e internacional de un prócer de la modernidad y cerraba su sexenio con la firma del TLACAN (en inglés Nafta). Un tratado de libre comercio con Canadá y USA, el principio de la nueva era de acumulación por desposesión, despojo, que padece México, hoy con 43 TLCs firmados. La izquierda se había achicado y achicopalado. En 1985 la había movilizado desde abajo la sociedad civil solidaria frente al temblor, en 1988 no se movilizó hasta la desobediencia civil por el fraude (eso quedaría como marca para próximos fraudes), en 1989 cayó el muro de Berlín y USA bombardeó e invadió Panamá.
Campeaban el desánimo y el sentimiento de derrota, los profetas agoreros anunciaban el fin de la historia, el fin de las ideologías, el fin de los alzamientos armados, la derecha en México y el mundo no parecía tener rival: en Centroamérica la contrainsurgencia reaganiana derrotó con su dinero, trasiego de drogas, armas, guerra y elecciones controladas a los frentes sandinista y Farabundo Martí. Algunos líderes de estos frentes eran amigos de Salinas de Gortari. El panorama le aseguraba a Salinas dejar un delfín a modo, los tecnócratas anunciaban que estarían en Los Pinos por varios sexenios. El tapado priista (próximo candidato) podía estar entre Colosio, Camacho Solís (que tenía a alguien muy cercano de apellido Ebrard), Ruiz Massieu, Aspe Armella, Zedillo y alguien que había sido muy cercano a Salinas: Joseph Marie Córdoba Montoya, militante del PRI desde antes de haberse nacionalizado mexicano. Además estaban muy fortalecidos los empresarios beneficiados por el salinismo, el mayor de todos, quien llegaría a ser el más rico del mundo, o eso parece, Carlos Slim Helú (a quien muchos consideraban, pero nadie lo ha podido probar, un mero prestanombres de Salinas).
En el mundo y en México, la derecha cosechaba triunfos y se aprestaba a disfrutar de una hegemonía indisputada en un mundo unipolar. Muchos académicos ex marxistas se aggiornaban leyendo a Nietzsche, a Ciorán, a Savater, a Vattimo, Lipovetsky, Heidegger, Sade, Baudrillard, Bobbio, Bovero, Sartori, Rawls, y algunos de plano abrazaban el (neo) liberalismo de los Hayek. Friedman, Popper y adláteres. Paz era ya una estrella de Televisa y se enfilaba para el Nóbel.
En 1994, la voz crítica que dio nuevo aliento a esa izquierda con la cola entre las patas no fue Roger Waters (él había festejado la caída del muro haciendo una lectura unilateral de The Wall en un concierto con rockstars como Scorpions y Cyndi Lauper). En 1994, contra toda sensatez y cordura, contra todo pronóstico, se alzaron en armas los indígenas del EZLN.
La primera editorial de La Jornada distinguía entre indígenas de verdad y “profesionales de la violencia”. Luego la realidad los desmintió: era una auténtica rebelión indígena. Solamente lo entendió desde el principio gente como Carlos Montemayor, que tenía los antecedentes por su estudio de los movimientos armados en México y de las lenguas indígenas, realidades negadas, escondidas, marginadas o minimizadas en un México racista. Pero la legitimidad de la rebelión se reveló incuestionable, la movilización social y el escándalo mundial obligaron a Salinas a ordenar un alto al fuego. Los zapatistas también entendieron que la vía armada no era aceptada y desde entonces sus iniciativas han sido civiles y pacíficas.
La izquierda mexicana y mundial recibió una bocanada de aire fresco. Muchos fueron a las montañas del sureste mexicano a tomarse la foto. Los zapatistas dialogaron con el representante del gobierno Camacho Solís. Pero lo que ambos proponían era diametralmente opuesto: los zapatistas pedían reconocimiento como sujeto social y el gobierno les ofrecía el trato indigenista de objeto de políticas públicas (leche Liconsa y ese tipo de dádivas).
Los zapatistas rechazaron las limosnas e iniciaron diálogos con la sociedad civil. La izquierda había tomado nuevo aliento electoral, el derribamiento de la efigie mediática salinista por el EZLN era una de las causas más importantes para ello. El gobierno priista, que se había negado a aceptar alternancias en el poder, abrió la puerta a ella con reformas electorales que permitieron al PAN y al PRD obtener gobiernos estatales y a la postre, al PAN ir a Los Pinos y al PRD gobernar la Ciudad de México (DF). (También en los setenta, una oleada de guerrillas urbanas y los guerrilleros de Lucio Cabañas en Guerrero abrieron camino a reformas electorales, se legalizó al PC antes clandestino e ilegal) Las reformas electorales en México han tenido un cariz ambiguo del que la contrainsurgencia no está del todo ausente. El EZLN no confiaba mucho en esa izquierda partidaria pero les dio el beneficio de la duda. Recibieron y criticaron a Cárdenas, entonces líder fetiche del PRD, recibieron a AMLO e hicieron un pacto de no agresión en 1997. Apenas en 1996 la contrainsurgencia priista había escalado hasta la masacre de Acteal.
Se firmaron los Acuerdos de San Andrés y se redactó la Ley Cocopa. Zedillo los boicoteó, porque “violaban derechos humanos” u otro argumento así de peregrino. Fox ganó las elecciones y un sector amplio de la población lo veía como un nuevo Miguel Hidalgo. La izquierda había agotado el gas con su apuesta a un solo candidato siempre (Cárdenas). Así como habían derrumbado la imagen de Salinas, los zapatistas derrumbaron la de Fox con la marcha del color de la tierra. La izquierda recuperaba aliento frente al aplastón de la derecha y su “voto útil”.
La comandanta Esther habló, junto con otros indígenas del CNI y el EZLN en el Congreso, los panistas se salieron para no presenciar tal blasfemia. Los Acuerdos de San Andrés fueron traicionados por los tres partidos PRI (Manuel Bartlett), PAN (Fernández de Cevallos), PRD (Jesús Ortega). Los zapatistas hicieron el fin de año en Chiapas una marcha nocturna con antorchas. Ante la decisión de no aprobar los Acuerdos de San Andrés se habían visto obligados, junto con otros pueblos indios como los del CNI a asumirlos por su cuenta y comenzar a construir sus autonomías. En el mitin de esa marcha con antorchas criticaron a todos los partidos políticos por sinvergüenzas y traidores. Se replegaron a construir su autonomía: municipios (que habían iniciado desde 1994), caracoles y juntas de buen gobierno.
Leyeron el mensaje: derecha e izquierda en el poder (que se habían beneficiado de una reforma electoral imposible sin el impacto de su alzamiento armado) habían decretado encerrarlos en el sureste y atacarlos con la continuidad de la contrainsurgencia. Los acuerdos de San Andrés eran los de una primera mesa de diálogo, faltaban varias más, la siguiente era una mesa política donde se proponían formas de asociación política que impidieran el monopolio de la cosa pública por una partidocracia: no solamente candidaturas independientes, sino la formación de todo tipo de asociaciones políticas. locales, regionales y nacionales, indígenas y ciudadanas. Los mismos acuerdos de San Andrés iban contra el monopolio de los poderes ya establecidos, alentaban una cada vez mejor organizada autonomía indígena sin romper con el pacto constitucional nacional, daban a los pueblos un instrumento para defender de sus territorios, ya en la mira de empresas de todo el mundo (incluso las de Slim) tras el TLC.
En 2003 las comunidades zapatistas denunciaron una agresión armada paramilitar contra una marcha pacífica que llevaba agua a unos compañeros suyos en Zinacantán: los paramilitares agresores eran del PRD. La izquierda paga al sistema su apertura con su apoyo contra el EZLN. Los proyectos contrainsurgentes en Chiapas eran aprobados en los Congresos y en el terreno los operaba gente como Dante Delgado, apoyado después dos veces por AMLO para intentar gobernar Veracruz.
Los zapatistas ya habían decidido romper con todos los partidos y la clase política. Tratarían de formar un polo de izquierda anticapitalista con otros y otras que padecían bajo gobiernos de izquierdas y derechas. La construcción de sus caracoles y juntas de buen gobierno los hicieron en silencio durante años. Para la sociedad civil mediatizada, habían desaparecido.
En ese lapso, AMLO pasó de gobernar el DF a ser el líder que desplazó a Cárdenas como el candidato natural del PRD. Tenía apoyo no sólo del PRD, chuchos y no chuchos (Jesús Ortega sería coordinador de su campaña en 2006), y de Carlos Slim, enfrentado con el bloque empresarial que le disputa la hegemonía en medios (Televisa, TV Azteca), Los zapatistas pensaron que si se movilizaban en medio de la división entre izquierdas y derechas por las elecciones, podrían recorrer el país y juntar a las organizaciones, colectivos pequeños e individuos que querían hacer otra izquierda. Su movilización unió a derechas e izquierdas contra ellos.
Con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona dieron la convocatoria hacia esa movilización. Cruzaron el país bajo el silencio de los medios nacionales y la guerra sucia de los medios locales por dondequiera que pasaban, por no formarse en la fila detrás del nuevo líder fetiche del PRD, recibieron una campaña de calumnias que los ponían como “maniobra de la derecha”. En Atenco, la derecha de Atlacomulco le tendió a la Otra Campaña una celada mortal. Asesinaron a un joven, Alexis Benhumea, violaron mujeres, torturaron e invadieron a un pueblo y dieron caza a sus acompañantes de la Otra Campaña. Columnistas y caricaturistas del staff de AMLO culparon a “Marcos” de la represión y callaron sobre el silencio de AMLO y la complicidad del PRD mexiquense con Peña Nieto… Al atacar a las víctimas, se estaban poniendo del lado del represor: Peña Nieto. Carmen Aristegui pidió retirar su firma de una carta a La Jornada apoyando a las mujeres denunciantes de violación en Atenco.
Tras una suspensión en la que la Otra Campaña se movilizó bajo la represión del gobierno de Ebrard para liberar a sus presos, salieron poco a poco casi todos, excepto los tres rehenes que se habían llevado a Almoloya, uno de ellos, Ignacio del Valle, los tres salieron años después. La Otra Campaña finalizó sus recorridos por el país y descubrió a un México ignorado e invisibilizado, que no se ha sentido representado por los partidos y cuyas luchas son desconocidas, ignoradas, solamente aparecen a veces cuando son víctimas de la represión, y aun entonces aparecen demonizados. Y si se movilizan pero no se subordinan a AMLO son criticados y puestos bajo la sospecha de complot como el Movimiento por la Paz y los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa.
En 2006 y 2012, AMLO ha ganado dos veces las elecciones presidenciales, tras las primeras realizó un golpe de teatro nombrando un gobierno legítimo con un gabinete y dio con ello continuidad a la formación de un bloque que lo apoyara en 2012. En 2012, los zapatistas decidieron no decir nada. Su palabra había sido totalmente tergiversada en 2006, incluso por La Jornada. Maximizaron sus críticas a la izquierda electoral y prácticamente desaparecieron sus críticas a la derecha. Se construyeron una caricatura fácilmente refutable. La inmensa mayoría nunca dialogó con los argumentos del EZLN ni de las demás organizaciones de la Otra Campaña, se hicieron la ficción de un rival fácil de refutar, una caricatura dibujada por El Fisgón, Helguera, Hernández (¿alguien les ha visto criticar a Slim?). En 2012 ganó, al parecer, AMLO. Pero esta vez la protesta no fue frontal y la descalificación de Peña por “espurio” brilló por su ausencia, AMLO construía su candidatura para 2018, esperaba la aprobación del registro de su nuevo partido, y no hacía olas, en lugar de fraude, hablaba de imposición.
Los jóvenes de la Ibero iniciaron las movilizaciones del YoSoy132 contra Peña, pero quienes llegaron al final, a intentar impedir la toma de posesión de EPN, fueron personas de organizaciones pequeñas o aun “no organizadas". El último día de gobierno de Ebrard (delfín de AMLO) y primero de Mancera (delfín de Ebrard) la policía reprimió a esas personas matando e hiriendo a algunos. Kuykendall, teatrista, de la Otra Campaña, fue herido, quedó en coma para morir tiempo después.
Para estas alturas del partido, un buen sector de las
población ya creció con las difamaciones al zapatismo que la derecha difundió
desde 1995 hasta los años del foxismo, ha crecido con las difamaciones que
caricaturistas y columnistas del staff de AMLO han difundido desde 2005 hasta
la fecha. No tienen acceso, ni la suelen consultar, a la palabra directa de los
zapatistas. Las denuncias de las comunidades zapatistas y de otros pueblos
indios son invisibilizadas por los mismos que los acusan de aparecer solamente
cada sexenio.
Para la izquierda electoral la irrupción zapatista les abrió el camino al poder, a la alternancia, les aseguró el gobierno del DF y otros, pues antes del alzamiento no le reconocía el sistema el triunfo a la oposición a veces ni a nivel de un municipio. Para los zapatistas la colusión de derecha e izquierda en el poder significó contrainsurgencia, muertes, paramilitarización, asedio constante y una campaña de difamaciones por derechas e izquierda.
Aun así hay los Armando Bartras y las Sanjuanas Martínez que suponen que toda la izquierda debería apoyar a AMLO, y que los zapatistas al no hacerlo le hacen el juego a la derecha. A esa derecha con la que ellos han cogobernado y a la que le dieron valiosos instrumentos de contrainsurgencia y represión como Juan Sabines, Gabino Cue, Aguirre Rivero, Marcelo Ebrard y Mancera.
Es fácil patear a la caricatura que la izquierda y la derecha electorales han hecho del EZLN y sus aliados. Sin que el EZLN haya llamado a no votar ni boicoteado elecciones ningunas, han repetido como propaganda negra la mentira de que los boicotearon. Jamás aceptaron un debate serio y se limitaron a la calumnia. Sin embargo, cuando se les responde con una caricatura gráfica o escrita se indignan y se rasgan las vestiduras. Se han formado una moral doble, como Las Poquianchis de la película de Cazals: ellos son honestidad valiente, nada los liga a los represores y asesinos que llevaron al poder con los votos que el arrastre electoral de AMLO les consiguió. En cambio, para justificar su aceptación tácita de dos fraudes electorales (y algunos, de tres contando desde 1988) le echan la culpa a otros. Incluso AMLO lo ha hecho personalmente esta vez.
Hacer una genealogía crítica de esta izquierda que se jacta de honesta y valiente nos llevaría a encontrar una maquinaria electoral al servicio de una clase política priista metapartidaria: del PRI se desprenden las cúpulas dirigentes. Sin embargo, cualquiera que no se les subordina es acusado de ser una maniobra del PRI para cerrar el paso al poder de los expriistas.
Como en Rashomon, las historias tienen más de una versión, pero la hegemónica es la que cuentan los que tienen dinero del INE y espacios en medios, incluso medios propios o casi, como La Jornada. Sin embargo, desde que el CNI y el EZLN anunciaron que están analizando y consultando en sus pueblos la propuesta de lanzar una candidata que represente un Concejo Nacional Indígena para contender en 2018 para la presidencia, han vuelto a silenciar la palabra indígena y se han dedicado a criticar a una caricatura de su propia autoría. Han sido incapaces de ver a las otras izquierdas. Para qué verlos si tienen su propio tótem de honestidad valiente, candidato por siempre.
21 de octubre de 2016
Es el tiempo de la dignidad rebelde.
Por: Sebastián Liera.
Febrero de 2005. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) llama en un comunicado a manifestarse “en su tiempo, lugar y modo, en contra de esa injusticia” que fue el desafuero contra el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, porque aquél, el desafuero, no significó sino una fase de la larga intentona por parte de la derecha mexicana para evitar, primero, que fuera candidato a la presidencia de la República y, segundo, presidente electo. En aquél comunicado el otrora Subcomandante Insurgente Marcos adelantaría lo que unos meses después, en junio de 2005, sería conocido como la Sexta Declaración de la Selva Lacandona:
"El izquierdista no está capacitado para realizar cambio revolucionario alguno, porque su intolerancia doctrinaria, que lo lleva a conducirse sólo con la estrategia (el objetivo socialista) pero sin ninguna táctica concreta (ya que todo da lo mismo si no es socialista) lo aísla del protagonista real del cambio que son los trabajadores. Mientras que, por otra parte, el oportunista (que practica un realismo extremo huérfano de convicciones revolucionarias) tampoco realiza cambio alguno en una dirección revolucionaria, ya que ha renunciado concientemente a dicha posibilidad. El primero convirtió su estrategia en táctica (socialismo ya o nada), el segundo su táctica en estrategia (pues el socialismo no sería posible)."
Alberto J. Franzoia.
Cuando se ve a la izquierda no hay que dirigir la mirada hacia arriba, sino hacia abajo. Lo de arriba es sólo una claudicación con curules y gobiernos, disfrazada de moderna sensatez. La geografía de la izquierda (ojo: hablo del México de principios del siglo XXI) se extiende abajo y suele estar lejos del frenesí de arriba. Y hablo entonces de la izquierda de abajo, la marginada por esa ‘izquierda’ de arriba que tanto agrada a la derecha.Más tarde, como prefacio a la Sexta, el vocero zapatista haría pública la opinión del EZLN respecto a las elecciones; pero no sólo, la nariz tras el pasamontañas hablaría, sobre todo, de los tres partidos políticos que teniendo registro legal contaban con más posibilidades de que su candidato fuera declarado electo a la presidencia de la República en una suerte de “geometría imposible del poder”: el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
El texto sería considerado por lo menos como “demasiado fuerte” por parte de no pocos politólogos y analistas; en particular para con el ya abanderado perredista, el mismo Andrés Manuel López Obrador, para quien el jefe militar zapatista dedicó calificativos que iban desde ser el “espejo de Carlos Salinas de Gortari” hasta ser el “operador del reordenamiento neoliberal”, pasando por ser “el huevo de la serpiente que anida en el gobierno de la Ciudad de México”.
Aunque a los demás partidos y sus entonces candidatos, el EZLN también dedicó una buena caterva de epítetos que los desacreditaban, la mayoría de estos estaban dedicados al PRD, según Marcos, el “partido de los errores tácticos”; a modo de un deslinde contundente “porque, en el gatopardismo de arriba, una definición no clara se convierte en un apoyo explícito”.
Al PRI, por ejemplo, le llamaría el partido del “desarrollo estabilizador”: el de la represión a los médicos, los ferrocarrileros, los electricistas; el de la matanza del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971; el de la guerra sucia en los setentas y ochentas; el de las devaluaciones; el de los fraudes electorales; el del robo, el despojo, el fraude, el asesinato a obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados; el del solitario Aburto y el aún más solitario Colosio; el del inicio de la pesadilla en Ciudad Juárez; el de “firmo un acuerdo y no lo cumplo”; el de la imposición de las políticas neoliberales que han destruido los cimientos de México; el del voto por el desafuero; el del crimen organizado en partido político. A Roberto Madrazo, su candidato a la presidencia, lo trataría de “un gangster sin escrúpulos que ha pasado de planear la eliminación de sus contrincantes a planear su seguridad para que no lo asesinen a él [pues] el PRI no tiene ligas con el crimen organizado: él forma parte de la dirección de los cárteles del narcotráfico, del secuestro, de la prostitución, del tráfico de personas.”
Al PAN lo señalaría como el partido de “la nostalgia”: la nostalgia por el Opus Dei, el MURO, la ACJM y Canoa; la nostalgia por Maximiliano, Carlota, Elton John y el tiempo en que fuimos Imperio; la nostalgia por la aspirina dominical administrada desde el púlpito del pederasta; la nostalgia por la quema de las boletas de la elección de 1988 y el cogobierno con el PRI. Y a Santiago Creel, el precandidato que perdería la elección interna de su partido frente a un Felipe Calderón que cuando era presidente de su partido se alió con el PRI para aprobar que los pasivos del Fobaproa se convirtieran en deuda pública endosada al pueblo mexicano, le llamó el gris “croupier” que encabeza “la constelación de mediocres” que conformaban la lista de candidatos presidenciales panistas.
Pero al PRD, creado tras el fraude de 1988 que le arrebatara a su candidato, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el triunfo electoral ante el entonces candidato priísta, Carlos Salinas de Gortari; y que desde entonces se autocalificara como un partido de izquierda y, por ende, antineoliberal (lo que le ganaría el asesinato de más de 500 militantes durante los siguientes dos sexenios) le echaría en cara sus “errores tácticos” en cuanto a: aliarse al PAN en algunos estados y al PRI en otros, la contrarreforma indígena y los paramilitares de Zinacantán, Rosario Robles y los videoescándalos, el hostigamiento y la represión al movimiento estudiantil de la UNAM en 1999, aprobar la “Ley Ebrad” y la “Ley Monsanto” o ceder el Zócalo de la Ciudad de México a los monopolios de espectáculos.
Los “errores tácticos”, expresión que el líder zapatista retomaría de las declaraciones de los mismos dirigentes perredistas en el Congreso de la Unión luego de que su bancada en el Senado aprobara en abril de 2001 la ley foxista en materia de derechos y cultura indígenas, incluirían también la importación de la llamada “tolerancia cero” neoyorquina en la Ciudad de México y su consecuente persecución a jóvenes, homosexuales y lesbianas por el “delito” de ser diferentes; la traición a la memoria de sus muertos, hacer candidatos a sus asesinos y reciclar a los desaforados de las candidaturas priístas; la manipulación de las muertes de Digna Ochoa y Pável González para halagar a la derecha; así como el cortejo vergonzante para con los sectores más reaccionarios del clero; la alianza con el narcotráfico en el Distrito Federal y hacer equipo con los salinistas.
La respuesta, tanto de priístas, panistas y perredistas, como de quienes en distintas ocasiones se habían manifestado como simpatizantes del zapatismo, no se hizo esperar. Los priístas y panistas optaron por burlarse de lo dicho por los zapatistas y reciclaron incluso viejas demandas como su persecución y encarcelamiento; los perredistas apostaron, ora por el enfrentamiento de opiniones, ora por el silencio y la evasiva totales a discutir con el EZLN, y sus propios simpatizantes se dividieron entre reclamarle “lo duro” de su crítica a la única opción de que la izquierda llegara a ser gobierno nacional y entre el llamado a entender en su justa dimensión lo puesto en la mesa por el zapatismo: si “arriba”, independientemente de los partidos y sus colores, “reinan la indecencia, la desfachatez, el cinismo, la desvergüenza”; “abajo [era ya] hora de empezar a luchar para que todos esos que allá arriba desprecian la historia y nos desprecian, rindan cuentas, para que paguen”... algo parecido a lo que EZLN y CNI manifiestan en conjunto en su comunicado Que retiemble en sus centros la tierra:
Es el tiempo de la dignidad rebelde, de construir una nueva nación por y para todas y todos, de fortalecer al poder de abajo y a la izquierda anticapitalista, de que paguen los culpables por el dolor de los pueblos de este México multicolor.
Entre la Otra Campaña y La Sexta.
Junto con su radiografía sobre la geometría del poder de arriba, El EZLN decretaría una alerta roja general que incluiría el exhorto a la sociedad civil nacional e internacional a abandonar territorio rebelde, con carácter de obligatorio en el caso de menores de edad. Así también, declararía que desde mediados de 2002 había entrado en un proceso de reestructuración de su composición político-militar y que dicha reorganización había terminado; y, además, que la alerta roja tenía como motivo iniciar una consulta a sus bases para dar un nuevo paso en su lucha, “un paso que implica, entre otras cosas, arriesgarse a perder lo mucho o poco que se ha logrado, y a que se agudicen la persecución y el hostigamiento en contra de las comunidades zapatistas.”
Tras la consulta y el levantamiento de la alerta roja, se reabriendo los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno reanudaron sus actividades, lo mismo que los concejos de los MAREZ; ése sería el marco para la emisión de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Esta vez el EZLN no convocaría, por razones obvias, a los Poderes de la Unión (como hiciera en la Primera Declaración) ni al líder moral de partido político alguno (como hizo en la Tercera Declaración); tampoco (como ocurrió en la Segunda Declaración) a una sociedad civil cuya participación no había ido, salvo importantes aunque contadas ocasiones, más allá de la mera simpatía. Llamaría a conformar, no ya un frente (como en la Cuarta Declaración), sino un movimiento con base en el zapatismo, declaradamente de izquierda, anticapitalista y antineoliberal que (a diferencia de la Quinta Declaración) no sólo lucharía por los derechos colectivos de los pueblos indígenas, sino por un nuevo pacto social que incluya a explotados y desposeídos, trabajadoras y trabajadores del campo y la ciudad, incluyendo migrantes en Estados Unidos.
A raíz de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, el EZLN convocó a la construcción de dos iniciativas políticas abajo y a la izquierda, anticapitalistas y antineoliberales; la una, en el ámbito mundial, sería la Zezta Internacional; la otra, en el nacional, sería la Otra Campaña. ¿Por qué Otra Campaña? Porque quería diferenciarse de las campañas electorales; es decir, la política de arriba. Así, pues, la Otra Campaña llamó a hacer una política muy otra, distinta de las motivaciones que tiene la clase política. No obstante, el EZLN, lo mismo que la Otra Campaña y sus adherentes, declararon públicamente en repetidas ocasiones que no llamaban a votar ni a no votar, sino a organizarse y luchar; para algunos analistas que colaboran en los medios de comunicación impresos, en especial La Jornada, eso de no llamar a votar o a no votar era, simplemente, una payasada porque la cosa, dijeron, era binaria.
No, no era binaria. El proceso electoral federal de 2006 estaba viciado desde su origen, cuando el Consejo General del IFE se conformó con hombres y mujeres que servirían a los intereses de dos de los tres partidos políticos mayoritarios: la cosa no era ya pareja, ser parte del proceso era entonces entrar a un juego del que ya se sabía quien ganaría. Aún así, desde la Otra Campaña se compartía la mirada de que quien ganaría el proceso electoral y resultaría presidente electo sería Andrés Manuel López Obrador, candidato de la Coalición Por el Bien de Todos; integrada por los partidos políticos PRD, Convergencia y PT... pero, no fue así. Como ya todos sabemos (aunque no todos lo reconozcan) un fraude de escandalosas proporciones repitió la historia de 1988 y tras burlarse de la voluntad popular, las clases en el poder financiero, militar y político pusieron a despachar en Palacio Nacional al abanderado del derechista Partido Acción Nacional.
La derrota a la mala, no en las urnas, sino por orquestación del Poder Ejecutivo federal, los empresarios que finalmente tuvieron miedo de quien había sido su aliado, la clase política representada en el PRI, el PAN y los demás partidos políticos, el IFE y el TEPJF, derrota a la que se sumaron los propios errores del ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México, inmediatamente quiso ser endosada a la Otra Campaña y no faltó el ataque inclusive desde espacios antes simpatizantes del zapatismo donde Marcos fue caricaturizado (literalmente) como parte de la mafia política que le quitó a AMLO la presidencia. Desde entonces, los desencuentros entre perredistas y lopezobradoristas, primero, y lopezobradoristas y morenistas (valga la redundancia), después, para con zapatistas, simpatizantes del zapatismo y adherentes de la Otra Campaña, se traducen en acusaciones, sobre todo de los primeros a los segundos, de haberle hecho el juego a la derecha.
Pero, como preguntó reciéntemente Javier Hernández Alpízar, ¿quién, objetivamente, le ha hecho el juego a la derecha? En La Sexta Nius, cuando nos llamábamos aún La Otra Chilanga respondimos de la mano de un largo ejercicio de investigación hemerográfica realizado por Enrique Pineda: Leonel en el espejo, fragmentos partidarios de la A a la Z. El texto alude a la respuesta que diera en 2007 el otrora presidente del PRD, el ex priísta Leonel Cota Montaño, a un comunicado del EZLN con fecha del 22 de septiembre de ése mismo año; en él, el también otrora Subcomandante Marcos escribiría que:
Como en los peores tiempos del PRI, el de Abasalón Castellanos y El Croquetas Albores Guillén, el gobierno perredista de Chiapas ataca al pobre y necesitado, y corteja y beneficia al poderoso. Como cualquier gobierno de derecha, el de Juan Sabines en Chiapas sigue adelante con la represión y el despojo, pero ahora con la bandera de la izquierda y el doble aval de las dos 'presidencias' que padece nuestro país: la de Felipe Calderón (del PAN), y la de Andrés Manuel López Obrador (del PRD y, sobre todo, de sí mismo).Cota Montaño, respondió “que [Marcos] se vea contra el espejo en su posicionamiento rumbo al 2 de julio. ¿A quiénes sirvieron sus declaraciones? ¿A la izquierda o la derecha?” y que no conocía “de parte del gobierno de Chiapas ningún acto de represión, en ningún sentido, a ninguna comunidad y a ningún movimiento social del estado [...] para afirmar que hay represión en el estado de Chiapas tendría que concretarse contra quién o quiénes, contra qué movimiento o contra qué pueblos o comunidades [y Marcos] hace una declaración muy escueta que precisa poco.” La respuesta al ex presidente del PRD, reciclado por el segundo partido de AMLO (el primero fue el PRI) luego de que el mismo PRI no lo designara candidato a la gubernatura de Baja California Sur, llegó de parte del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas (CAPISE), cuyo equipo declaró estar dispuesto a llevar a acabo una presentación pública con la dirigencia y la militancia perredistas para presentar la información que el líder priísta al frente del PRD decía no conocer.
A diferencia de otras ocasiones, estas agresiones han contado con el silencio de voces que antes se alzaban para protestar y demandar justicia, y que ahora callan, tal vez para que no se recuerde que aplaudieron el apoyo de AMLO a Juan Sabines y su reciente llamado a apoyar a los candidatos del PRD a las presidencias municipales y el Congreso local.
Se cumple así lo que, desde hace tres años, venimos diciendo: allá arriba no hay principios ni convicciones; hay, en cambio, ambiciones y conveniencias, y se cumple como dijimos: la izquierda institucional no es más que una derecha vergonzante, una derecha con aval ilustrado.
Un mismo crimen tiene un juicio diferenciado: si las represiones las hace el PAN, entonces hay que movilizarse y detener al fascismo; si las hace el PRD, entonces hay que perder la memoria, callar, hacer malabares ridículos, o aplaudir. En Chiapas hay un auténtico salto hacia atrás en la política de gobierno, pero no lleva el escudo de la derecha confesional, sino el de la izquierda 'moderna' y 'legítima'.
Nosotros haremos lo que sabemos hacer: resistir, no importa que estemos solos, no es la primera vez y, antes de que nos convirtiéramos en moda de cafetería, ya lo estuvimos.
Si no fuese del interés de usted invitarnos a realizar una exposición sobre lo que sucede en Chiapas, no se preocupe, el CAPISE convocará a una presentación pública, en la cual se invitará a la sociedad civil, medios de comunicación y toda la militancia de su partido que sí tenga interés de escuchar lo que sucede en el zona indígena de Chiapas.La presentación se llevó a cabo, sobra decir que ningún perredista ni lopezobradorista de esos que acusaron a la Otra Campaña de hacerle el juego a la derecha asistió.
Hacerle el juego a la derecha.
En su texto Objetivamente, ¿quién le ha hecho el juego a la derecha?, Javier Hernández Alpízar hila un conjunto de preguntas:
¿Quién contuvo las protestas postelectorales de sus fieles seguidores en 2006 y 2012 evitando que llegaran hasta la desobediencia civil y dejando pasar a los candidatos impuestos por la derecha Calderón y PEÑA? ¿Quién llevó al poder a los gobiernos de Baja California Sur que extranjerizaron las playas y las convirtieron en un enclave yanqui en México? ¿Quién llevó al poder con su apoyo electoral a los gobiernos represores, contrainsurgentes y caciquiles de Juan Sabines (Chiapas), Gabino Cué (Oaxaca), Aguirre Rivero (Guerrero), Ebrard y Mancera (Ciudad de México)? ¿Quién llevó al poder a Ebrard y Mancera, los dos gobernantes de la Ciudad de México que reprimieron, incluso cometiendo asesinatos como el de Kuykendall, a quienes protestaban por la toma de posesión de EPN? ¿Quién ha reciclado y dado nueva vida a fósiles del priismo como Bartlett, Dante Delgado, Monreal y Layda Sansores? ¿Quién se hizo de un think tan del liberalismo social salinista con gente como Manuel Camacho y Ebrard? ¿Quién guardó silencio ante la represión en Atenco, ante la masacre de Nochixtlán, ante la contrainsurgencia en Chiapas, ante la represión de los gobiernos del DF contra la Otra Campaña, la APPO y el magisterio? ¿Quién inició el proceso de gentrificación en la Ciudad de México que dejó la mesa puesta en manos de los empresarios salinistas encabezados por Carlos Slim? ¿Quién trajo, junto con Carlos Slim, a Rudolph Giulianni para elaborar el plan de Cero Tolerancia que ha orquestado la represión y la contrainsurgencia sistemática en la Ciudad de México? ¿Quién, por medio de su procurador Bernardo Bátiz, concedió impunidad a los asesinos de Digna Ochoa y la culpó de “suicidio”? ¿Quién está rodeado de una nomenklatura de mandarines mercenarios que se han dedicado a calumniar al EZLN, a los padres de Ayotzinapa, a Sicilia y a cualquiera que no se someta ante su Líder Fetiche?En su estudio Leonel en el espejo, fragmentos partidarios de la A a la Z, Enrique Pineda adelantaba hace una década las respuestas:
1. De la A a la C: Atenco, Bejarano, Cota Montaño.
2. De la D (y algo de la E): Distrito Federal (y Estado de México).
3. De la E: Empresarios.
4. De la F: Fraude.
5. De la G: Guerrero.
6. De la H: Hidalgo.
7. De la I a la N: Ixhuatlán de Madero (Veracruz), Juárez (Ciudad), Leyes, Nayarit.
8. De la O a la Q: Oaxaca, Paramilitares, Quintana Roo.
9. De la R a la T: Raúl Ojeda Zubieta, Siderurgia, Tlaxcala.
10. De la U a la Y: Unidad, Veracruz, Walmart, Yucatán.
En su Epílogo, Enrique Pineda casi concluye:
NO es el zapatismo ni la Otra Campaña quienes les dimos candidaturas y contratos a los empresarios de derecha.10 años después, Javier Hernández Alpízar parece contestarle:
No es el zapatismo ni la Otra Campaña quien hizo crecer el poder de empresarios para luego gritar horrorizados denunciando a la derecha.
No es el zapatismo ni la Otra Campaña quien se alió al priísmo para ganar poder, dinero y votos.
No es el zapatismo ni la Otra Campaña quien se alió a represores, corruptos y asesinos.
No es el zapatismo ni la Otra Campaña quien guarda silencio cómplice sobre todo ello.
¿Quién le hace el juego a la derecha?
La respuesta es la misma, el candidato eterno que ha dicho La Izquierda Soy Yo, se llama Andrés Manuel López Obrador. Su partido, como la virgen del Tepeyac, se presume de Morena. Sus seguidores piensan que ellos son la única oposición a la oligarquía (la “mafia”), pero en los hechos (desde sus gobiernos realmente existentes) han sido el brazo izquierdo del neoliberalismo que nos ha venido “matando suavemente con su capitalismo”.
Falta lo que falta.
No es la Séptima Declaración de la Selva Lacandona; pero, el comunicado conjunto entre el CNI y el EZLN pareciera dar uno de esos virajes a los que el zapatismo nos tiene acostumbrados con cada nueva declaración política. El quid de la cuestión no es, sin embargo, la lucha en lo electoral, porque ésa, para los pueblos que se sienten convocados por el mismo CNI y el EZLN, no parece ser la verdadera vía para construir el país nuevo y mejor que nos urge, seamos o no indígenas; sino, la plataforma que lo electoral significará para poner de nuevo sobre la mesa del ajedrez nacional la bota, el zapato o el huarache de los pueblos indios. Más bien, pareciera que lo que el CNI y el EZLN quieren es, además de aprovechar el momento propagandístico del circo electoral en el que todos los medios capitalistas estarán volcados, darle una vuelta de tuerca más a la forma de hacer política abajo y a la izquierda para, como se lee en la declaración del V CNI, “desmontar desde abajo el poder que arriba nos imponen y que nos ofrece un panorama de muerte, violencia, despojo y destrucción.”
Aquí las dos primeras preguntas que saltan al pensamiento son cómo hacer ése desmontaje del poder de arriba desde abajo y si tienen el CNI y el EZLN la capacidad táctica y estratégica para hacer ése desmontaje. La primera pregunta se responderá con la praxis, ése delicado ejercicio que dicho de manera groseramente reduccionista implica estar en la acción política al mismo tiempo que se está en la reflexión ideológica para que acción y reflexión sean las dos caras de una misma moneda; pero, para que el desmontaje sea una realidad, será indispensable responder a la segunda pregunta en un escenario en el que tanto el EZLN como el CNI están aislados o, más bien, como apunta Pablo Ledezma, cercados política, militar, económica, social y culturalmente... y los pueblos y el CCRI, en tanto Comandancia General del EZLN, lo saben.
Líneas arriba, mencionaba el carácter de las seis declaraciones emitidas hasta ahora; sus destinatarios han sido de lo más diverso, empezando por los poderes Legislativo y Judicial federales de la Primera Declaración y terminando con un llamado amplio anticapitalista a “todos los explotados y desposeídos de México” para tratar de construir otra forma de hacer política, un programa nacional de lucha y una nueva Constitución, de la Sexta; no me sorprende que en la declaración del V Congreso Nacional Indígena, el llamado sea a los pueblos del mundo, los medios libres de comunicación y la Sexta Nacional e Internacional: se trata de un mirarse a sí mismas, a sí mismos, para fortalecerse hacia adentro.
Las experiencias autonómicas exitosas en México pueden contarse con los dedos; las experiencias de resistencia ni con todos los dedos de todas las manos de quienes asistieron al V CNI. ¿De qué se trata entonces?: de traducir las resistencias en algo más, acaso, en gobiernos autónomos. Por ello la declaración conjunta CNI y EZLN no es la Séptima Declaración de la Selva Lacandona: el zapatismo, en sus resistencias y en sus formas de ser y hacer gobierno, se ha convertido en una praxis consolidada ya; bajo amenaza permanente del capitalismo, pero consolidada. Lo que no se ha consolidado, salvo contadas y valiosísimas excepciones, es el CNI. A todas las experiencias de gobiernos autónomos por ahora exitosas, incluyendo las del zapatismo, les urge tácticamente que el CNI se fortalezca; de lo contrario, el capitalismo terminará haciéndolas pedazos en lo estratégico.
Empero, el fortalecimiento del CNI depende del fortalecimiento de las rebeldías y resistencias de los pueblos indios convocados en él, y unas y otras están fuera del calendario y la geometría-geografía electorales; de allí que la declaración del V CNI sea a “quienes” es: la geometría-geografía política de las rebeldías y resistencias de los pueblos indios se sostendrán en la medida en que, por un lado, los pueblos (rebeldes y en resistencia) del mundo: la Sexta Internacional, y, por otro lado, las y los no necesariamente indígenas que caminamos junto al zapatismo: la Sexta Nacional, les acompañemos, no les dejemos solos (en el entendimiento de que acompañar no es dirigir), multiplicando y replicando nuestras propias rebeldías y resistencias anticapitalistas y los medios libres no dejen/mos de dar cuenta de esas sus/nuestras luchas.
No será una tarea sencilla: el Estado capitalista, ése que en el nivel macro es capaz de echar mano de un payaso como Donald Trump para quitarle los reflectores que mostrarían en toda su crudeza a una Hillary Clinton y que en el nivel micro el lopezobradorismo no ha buscado desmantelar sino presentarnos como el mejor de los mundos posibles si se le redondean las aristas con una política clientelar nacionalista; el Estado capitalista, decía, afina todos los días los mecanismos de su aparataje de represión. Lo de menos será hacer frente a la insulsas acusaciones por parte de quienes siempre le han hecho el juego a la derecha de que hemos sido nosotros, el CNI, el EZLN y quienes caminamos junto a ellos, quienes lo hemos hecho; sabemos que mienten, ora por pereza mental, ora por conveniente amnesia, ora por cinismo oportunista. La verdadera chamba estará en no perder de vista que “para defender lo que somos, nuestro caminar y aprendizaje se han consolidado en el fortalecimiento en los espacios colectivos [medios propios de comunicación, policías comunitarias y autodefensas, asambleas y concejos populares, cooperativas] para tomar decisiones [recurriendo a] acciones de resistencia civil pacífica [y] haciendo a un lado los partidos políticos que sólo han generado muerte, corrupción y compra de dignidades.”
3 de junio de 2016
#LaOtraCampaña10Años Carta del Subcomandante Insurgente Marcos: L@S OTR@S QUE SOMOS.
Está esta discusión sobre lo que es leyenda y lo que es historia.
No sé mucho de eso, pero imagino que son pilas enteras de libros sobre el tema, estudios de postgrado, coloquios, mesas redondas. Incluso, no estoy seguro, tal vez de eso se discuta en alguna clase de esas que se imparten en ésta o en otras instituciones superiores con carreras de las llamadas “de humanidades”.
Y ya que estamos en esto de la “humanidad” y sus sinrazones, me pregunto si en las carreras de humanidades se da la materia de “dignidad”, y si hay quien la imparta y quien la apruebe.
Mmh… O tal vez esa materia se imparte y se aprueba en colectivo, en muchas partes, no sólo en un aula.
Y me pregunto también si la dignidad no va de la mano de la indignación, ese sentimiento difícil de anclar en una definición pero que tiene que ver con esa rabia que se siente en las tripas frente a una injusticia.
Tal vez es esta capacidad de indignación una de las características del ser humano.
Ergo, una carrera de “humanidades” debiera tener las materias de “dignidad” y de “indignación”.
Es más, uno no podría graduarse de ser humano si no aprobara estas materias.
Ustedes disculpen si estoy un poco, o un mucho, desviado del tema.
No es sólo porque de por sí no me dieron tema, sino que sólo me dijeron que “vente pa´ la ENAH que lo vamos a hacer un festival para que la Mariana Selvas y el Doc y la Magdalena y tod@s l@s pres@s lo sepan que no están sol@s y que seguimos luchando por ell@s”.
Así me dijeron. Yo me quedé pensando. “¿Será que voy?”, me pregunté. Y me contesté “Creo que sí voy”.
Como no me dieron tema, pienso que podría hablar sobre qué es la Otra campaña, qué la define, qué la pinta y le da forma.
O, por ejemplo, explicar por qué estoy en la Ciudad de México, más en concreto en la ENAH en un festival cultural por la libertad de l@s pres@s de Atenco, y no en reuniones de adherentes en Chihuahua, Sonora o Sinaloa. O más mejor en Chiapas.
Y no se crean, yo no muy sé de la Ciudad de México pero parece que la ENAH está un poco retirado de donde están el Doc y la Mariana y la Magdalena. Entonces pensé que pues habrá que alzar la voz para que llegue tan lejos.
Y en eso estoy, o sea pensando en las voces y las distancias, cuando escucho una voz abajo a mi izquierda que dice:
- De eso se trata, de alzar la voz -.
Yo sentí un escalofrío recorriendo mi hermosa espalda y me dije “esa vocecita, esa vocecita”.
Y entonces llevé instintivamente mi mano a la bolsa izquierda de mi pantalón porque ahí guardo el tabaco y por aquello del “no te entumas Marquitos”.
¿En qué me quedé? Ah sí, en que no me dieron tema para esta plática aquí en la ENAH.
Es más, ahora que me acuerdo, quiero hacer una denuncia. Porque resulta que en la Asamblea Nacional de Adherentes de la Otra del día 29 me pasaron un papelito que decía:
“Sup: avisa si vas a ir a la ENAH para el festival del día 2 de junio. Si vas a ir, entonces te invitamos. Y si no vas a ir, pues no te invitamos”.
No sé qué piensen ustedes, pero me parece que quien redactó ese mensaje bien podría estar asesorando a cualquiera de los insignes candidatos a la presidencia de México.
Bueno, el caso es que no me dieron tema sobre el cual hablar y yo me quedé preocupado porque qué tal que están pensando que voy a cantar una de esas rolas que luego el tal Panchito Varona le pone música y la canta el tal Joaquín Sabina, y a ellos los siguen las muchachas y a mí me siguen los policías. No hay derecho.
Entonces en eso estoy, o sea contando cuántos policías andan tras mío (seguramente para pedirme un autógrafo), cuando escucho otra vez esa vocecita que ahora dice:
- Pst, pst -.
Yo primero pensé que era la voz de mi conciencia, y como a ésa de por sí no muy le hago caso, encendí la pipa y me dije:
- “Marquitos, no te angusties. Él se quedó en la selva, apoyando al Teniente Coronel Moisés en la Comisión Intergaláctica. Así que debe ser tu imaginación. Es prácticamente imposible que hasta acá haya llegado…”
- Yo, el eterno ganador en las elecciones del corazón de las féminas de buen gusto, el sueño húmedo de Halle Berry, el amor imposible de Angelina Jolie, el suspiro inconfesado de… de… bueno, dejo el espacio en blanco para que una mujer, una de única, ponga su nombre y su corazón en los míos prendidos. Ejem, ejem, heme aquí, yo soy… -.
- ¡Durito! -, digo con evidente desazón.
- ¿Cómo “Durito”? ¡Don Durito de la Lacandona! ¡El terror de la clase política mundial! ¡El aguafiestas de los reventones neoliberales! ¡El de la figura augusta que causará furor en las páginas de (anti) sociales de la prensa alternativa! ¡El triunfador de todas las encuestas que no se han hecho ni se harán! ¡El provocador de rubores, sudores y sonrojos en damas de los cinco continentes! ¡El pasito más chévere de los festivales de abajo y a la izquierda! -.
Al decir esto último, Durito hace unos pasos de baile mientras entona la versión dark-punk-libertaria-skatera y ráscale-tun-tún de “La Suegra”, cuya versión en cumbia ocupaba el primer lugar en el rating dominical de “Radio Insurgente. La Voz del EZLN, voz de los sin voz. Transmitiendo desde las montañas del Sureste Mexicano”.
Yo aplaudo discretamente y pregunto- cuestiono- reclamo:
- ¿Qué no estabas con el Moy? -
- Sí, pero vine para hablar con la Comisión Civil Internacional de Observación de Derechos Humanos, que vino a constatar la animalidad exhibida por el gobierno mexicano en San Salvador Atenco. Y, bueno, ya que andaba por acá, me pregunté “¿En qué enredos se habrá metido ahora aquel de la nariz evidente y la torpeza recurrente, aquel a quien honor le hice al nombrarlo mi escudero?” Y me dije que debía constatarlo personalmente y, como dije antes, heme aquí -.
- Hombre, no te hubieras molestado. Te hubiera mandado un correo electrónico -, le digo a Durito mientras oculto la bolsita de tabaco.
- Nah, no ocultes el regocijo que te provoca mi presencia. Y nada de caravanas, basta con que me des un poco de tabaco -. Durito no espera mi respuesta, toma la bolsa y retaca de hebra su pipa y una mochilita que, entonces me doy cuenta, lleva a su espalda.
- ¿Vas llegando o te estás yendo? -, pregunto entre la desazón y la esperanza.
- Llegando-, dice Durito tirando el tabaco y mi ilusión al suelo.
- Pero no te entusiasmes mucho, sólo vine a desmentir eso de que tienes las piernas más hermosas del sureste mexicano. Es público y notorio que las mías son más hermosas y, además, son más -, señala Durito mientras modela sus 3 pares de piernas que además, dicho sea de paso, son también brazos.
- Hablando de mitos -, le digo con manifiesta mala leche, - ¿tienes algo qué decir sobre el “Estado de Derecho” que viaja en los toletes y escudos de la policía mexicana? -.
Durito baja su mochila y la abre mientras dice:
- Que nada bueno se puede esperar de quien hace residir la legalidad de las instituciones en los penes de los policías – dice Durito.
- El Estado de Derecho en México es sexista, machista y, como tal, estúpido. No es posible hablar de legalidad mientras hay tantos ladrones y criminales libres (algunos hasta son candidatos en las próximas elecciones). La justicia en México es una mercancía y cara. La compra quien tiene la paga. ¿Acaso no te has dado cuenta de que, cuando un rico delinque, se siguen todos los procedimientos “legales”, se alarga el proceso y, las más de las veces, cuando se llega a la conclusión de culpabilidad, el susodicho se huye? ¿No es cierto que al pobre primero se le detiene, se le golpea, se le encarcela, y ya luego, mucho después, se averigua si es culpable o no? -
Durito enciende su pipa y hurga dentro de la mochilita mientras agrega:
- Por lo demás, no te afanes en escribir. Tengo algo mejor que lo que puedas elaborar -, y sin más preámbulos me entrega unas hojas arrugadas.
Yo voy a preguntar que qué es eso cuando Durito señala:
- Bah, no tienes por qué agradecerlo. Lo he hecho con mucho gusto, gran alegría y desbordado entusiasmo. Y ya me tengo que ir porque voy al plantón del Penal de Santiaguito -, dice poniendo de nuevo la mochilita a su espalda y perdiéndose en fría madrugada del Valle de México.
En otra madrugada, pero en las montañas del Sureste Mexicano, Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y yo platicábamos junto al fogón de su cocina.
Hace algunos años, cuando vino a la Ciudad de México en búsqueda del mal y el malo, Elías Contreras visitó la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ignoro el motivo de su visita y nunca me lo aclaró. Tal vez había quedado de verse ahí con alguno de los contactos que le pasaban información sobre los complicados laberintos del mal y el malo. O tal vez se dio en caminar así nomás y los pasos lo llevaron a acercarse a la Pirámide de Cuicuilco. El caso es que Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, entró a esta escuela, pasó unos minutos en ella y luego salió. Tal vez, no lo sabemos, se mezcló en el patio con estudiantes, trabajadores y maestros. Tal vez se cruzó, sin saberlo uno ni otra, con una estudiante de la ENAH que se llama Mariana Selvas y que se encuentra actualmente presa, injustamente, en el Penal de Santiaguito, en el Estado de México.
Elías Contreras debe haber recorrido también la colonia Isidro Favela y las otras que se encuentran en los alrededores de la ENAH y los centros comerciales de Perisur, Gran Sur y Cuicuilco.
Me contaba Elías Contreras que bastaba recorrer las calles de la Ciudad de México para darse cuenta de que la justicia es una para los de arriba y otra para los de abajo. Y no hablaba sólo del soberbio complejo propiedad de Carlos Slim contrastando con la pirámide y las modestas casas de los vecinos de las colonias aledañas.
Era la actitud (“el modo”, dijo Elías Contreras) de la policía en uno y otro lado; la mirada sumisa y servil de la autoridad cuando estaba en los terrenos de quien manda realmente, y la prepotente y voraz cuando se sabe entre los de abajo.
“La policía cuida al de arriba y despoja y humilla al de abajo”, dijo Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y después se quedó en silencio. Me pasó entonces una solitaria hoja de papel de su cuaderno de apuntes.
Algo recuerdo de lo escrito ahí, ahora, en esta madrugada.
Y más allá, en una madrugada más retirada en tiempo y en espacio, el Viejo Antonio velaba conmigo a la orilla de una milpa.
Las huellas de un tepezcuintle y el hambre mal contentada con tortillas y frijoles nos llevaron hasta ese lugar, como a una legua de su champa, buscando algo para alegrar el estómago del día siguiente.
No apareció el tepes, pero el Viejo Antonio, en el trayecto de vuelta, me contó una historia de un mundo hecho abajo y después dominado por arriba.
“No todos ni todas, bajan la cabeza y se desmayan”, dijo el Viejo Antonio por decir “no tod@s se resignan y conforman”. Y algo más agregó que yo escribí con letra torpe y apresurada en mi diario de campaña.
Creo que, puesto que no me dieron tema para la plática de hoy en la ENAH, aceptarán ustedes que les lea este extraño, por serio, texto dónde se trata de sintetizar lo que Don Durito de La Lacandona, andante caballero, Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y el Viejo Antonio, traductor involuntario de una cultura en resistencia, escribieron y dijeron en ésta y otras madrugadas. Se llama….
L@S OTR@S QUE SOMOS.
La historia o la leyenda se tejen de madrugada. Habrá, es cierto, quien cuestione su veracidad y pretenda clasificar una u otra en el endeble criterio de “verdadero” o “falso”. Para lo que concierne a lo que ahora cuento, no importa ni lo uno ni lo otro.
Las palabras que nombran lo que está por hacerse no salen de pronto ni en cualquier parte, sino que van buscando un lugar dónde nacerse y esperan el tiempo propicio para surgir.
Hay un lugar en el que la oscuridad y la luz se encuentran y se tocan apenas un instante. Después se va cada una a su camino, a su espera. Así van la sombra y la luz, siguiéndose y evitándose, hasta que se olvidan de lo que son y se hacen de nuevo en lo otro, rehaciendo una y otra vez el oximorón de su deseo. Ese lugar tiene también su tiempo, y en él la muerte y la vida se postergan. Es el amor, dicen, quien entonces ahí reina.
Es en la madrugada, en ese espacio y tiempo, donde hay quien está ya y quien llega apenas. Dicen que es la sombra quien espera, acechando con la mirada de quien lleva como maldición la duermevela, a que la luz desnude sus ropas y sus miedos, que recueste el cuerpo y ponga de pie el deseo.
¡Ah, la madrugada! Hay ahí, esperando siempre (es decir, no estando), una piel compleja hecha de dos tibiezas, que la arroparían del frío y soplarían lejos la soledad.
En ese delgado límite, donde no hay muro ni abismo, la palabra recorre todos los calendarios y asume una forma que es hablada en muchas lenguas.
Digo ahora lo que esa palabra me cuenta en ese quiebre del tiempo, con la niebla de la duermevela, y en la lengua de la montaña:
Hay en cada hombre, en cada mujer, un otro y una otra diferentes.
Escondido está lo otro, como guardado está. Esperando espera. Estando está.
A veces es un rasguño, imperceptible afuera y definitivo dentro; otras es un terremoto que rompe la fastidiosa cotidianeidad; y a veces es una piel, caricia o áspero roce, que rasga con tierna furia la piel de afuera y revela y rebela la otra piel, la del otro, la de la otra que somos.
Pero es siempre un dolor lo que obliga a salir eso otro que somos sin serlo todavía.
Las más de las veces somos lo otro con un “NO” que es un desafío a la docilidad impuesta.
Y no nos vemos.
No si solos somos lo otro que somos.
Entre la desbocada competencia por la corrupción y el crimen que son el combustible del “sálvese quien pueda”, hay una, uno, otro, otra, alguien que dice “no”.
Hay, por ejemplo, una joven mujer que aparta su paso del conformismo de ser lo que el varón quiere que sea y pone en un rincón sus miedos para vestirse y desnudarse con el traje siempre nuevo de la rebeldía.
Y hay un profesionista que, contra toda la prudencia desde arriba impuesta, arriesga su bienestar y seguridad para ir por una medicina para quien no conoce hasta que yace moribundo, roto el cráneo por el “Estado de Derecho” sintetizado en una granada de gas lacrimógeno “made in USA”. El otro podría decir, si no tuviera muerte cerebral, “me llamo Alexis Benhumea, estudio economía en la UNAM, fui acusado y condenado por ser joven”. El profesionista de llama Guillermo Selvas, le dicen “Doc” porque es médico y está preso, acusado, entre otras cosas, de ser un luchador social.
Hay una joven estudiante que lo acompaña, entre otras cosas, porque hay lecciones que no se aprenden en las aulas ni en los libros, sino en las calles y campos del alargado dolor que algunos llaman “el México de Abajo”. Una carpeta con su expediente señala: “Mariana Selvas, estudiante de la ENAH. Acusada, entre otras cosas, de ser mujer joven”.
Hay una indígena que elige serlo pero con dignidad, la que se viste con los colores que antes eran vergüenza y hoy son alegría, y abraza a quien sólo conoce por el dolor y la rebeldía comunes, ansiosos por ser colectivos. Son ecos los que resuenan diciendo: “Me llamo Magdalena, soy indígena mazahua, estoy acusada de ser mujer indígena”.
Hay un hombre, un campesino, que elige levantar el color que tiene de la tierra y con esa morena dignidad dar su apoyo a quien también lucha por esa tierra que pinta nuestra sangre. Calla el hombre y en silencio dice “Me llamo Ignacio Del Valle, soy campesino de San Salvador Atenco. Estoy en un penal de máxima seguridad porque en México ser campesino y ser rebelde y ser solidario es también ser un reo de alta peligrosidad”.
Y hay mujer, que no importa si es joven, adulta, madura o anciana, sino que es mujer, y que carga ahora como cadenas lo que no quiere sino como alas, y que para eso une sus pasos a otros pasos. Tiene todos los nombres y todos los rostros que abajo se nombran y se miran.
Y hay un fotógrafo, un reportero, que deja la cámara inerte porque el corazón se le conmueve y le manda que no convierta en mercancía el instante que la empresa le reclama para la venta, que escribe lo que ve y escucha, y no lo que los lentes y audífonos del Poder le imponen. Porque hay quien se pasa del otro lado de la línea, para ver lo que abajo se ve, lo que se calla.
Y hay un hombre, una mujer, un niño, un anciano, una joven, un otro, una otra que prefiere dignidad a humillación, y que obra en consecuencia.
Encontrarla, encontrarlo. Eso es la Otra Campaña.
Este país, esta tierra, esta Patria, tiene otra una dentro de ella. Tan a flor está su dolor que basta un oído atento para darse cuenta de su existencia. El oído se hace palabra y el esto soy, aquí estoy, se multiplica entonces.
Nacer ese otro país, ese otro México. Eso es la Otra Campaña.
Y hoy, luchar por la libertad de Mariana Selvas, del Doc, de Magdalena, de Nacho, de todas las presa, de todos los presos, eso es la Otra Campaña.
No sé mucho de eso, pero imagino que son pilas enteras de libros sobre el tema, estudios de postgrado, coloquios, mesas redondas. Incluso, no estoy seguro, tal vez de eso se discuta en alguna clase de esas que se imparten en ésta o en otras instituciones superiores con carreras de las llamadas “de humanidades”.
Y ya que estamos en esto de la “humanidad” y sus sinrazones, me pregunto si en las carreras de humanidades se da la materia de “dignidad”, y si hay quien la imparta y quien la apruebe.
Mmh… O tal vez esa materia se imparte y se aprueba en colectivo, en muchas partes, no sólo en un aula.
Y me pregunto también si la dignidad no va de la mano de la indignación, ese sentimiento difícil de anclar en una definición pero que tiene que ver con esa rabia que se siente en las tripas frente a una injusticia.
Tal vez es esta capacidad de indignación una de las características del ser humano.
Ergo, una carrera de “humanidades” debiera tener las materias de “dignidad” y de “indignación”.
Es más, uno no podría graduarse de ser humano si no aprobara estas materias.
Ustedes disculpen si estoy un poco, o un mucho, desviado del tema.
No es sólo porque de por sí no me dieron tema, sino que sólo me dijeron que “vente pa´ la ENAH que lo vamos a hacer un festival para que la Mariana Selvas y el Doc y la Magdalena y tod@s l@s pres@s lo sepan que no están sol@s y que seguimos luchando por ell@s”.
Así me dijeron. Yo me quedé pensando. “¿Será que voy?”, me pregunté. Y me contesté “Creo que sí voy”.
Como no me dieron tema, pienso que podría hablar sobre qué es la Otra campaña, qué la define, qué la pinta y le da forma.
O, por ejemplo, explicar por qué estoy en la Ciudad de México, más en concreto en la ENAH en un festival cultural por la libertad de l@s pres@s de Atenco, y no en reuniones de adherentes en Chihuahua, Sonora o Sinaloa. O más mejor en Chiapas.
Y no se crean, yo no muy sé de la Ciudad de México pero parece que la ENAH está un poco retirado de donde están el Doc y la Mariana y la Magdalena. Entonces pensé que pues habrá que alzar la voz para que llegue tan lejos.
Y en eso estoy, o sea pensando en las voces y las distancias, cuando escucho una voz abajo a mi izquierda que dice:
- De eso se trata, de alzar la voz -.
Yo sentí un escalofrío recorriendo mi hermosa espalda y me dije “esa vocecita, esa vocecita”.
Y entonces llevé instintivamente mi mano a la bolsa izquierda de mi pantalón porque ahí guardo el tabaco y por aquello del “no te entumas Marquitos”.
¿En qué me quedé? Ah sí, en que no me dieron tema para esta plática aquí en la ENAH.
Es más, ahora que me acuerdo, quiero hacer una denuncia. Porque resulta que en la Asamblea Nacional de Adherentes de la Otra del día 29 me pasaron un papelito que decía:
“Sup: avisa si vas a ir a la ENAH para el festival del día 2 de junio. Si vas a ir, entonces te invitamos. Y si no vas a ir, pues no te invitamos”.
No sé qué piensen ustedes, pero me parece que quien redactó ese mensaje bien podría estar asesorando a cualquiera de los insignes candidatos a la presidencia de México.
Bueno, el caso es que no me dieron tema sobre el cual hablar y yo me quedé preocupado porque qué tal que están pensando que voy a cantar una de esas rolas que luego el tal Panchito Varona le pone música y la canta el tal Joaquín Sabina, y a ellos los siguen las muchachas y a mí me siguen los policías. No hay derecho.
Entonces en eso estoy, o sea contando cuántos policías andan tras mío (seguramente para pedirme un autógrafo), cuando escucho otra vez esa vocecita que ahora dice:
- Pst, pst -.
Yo primero pensé que era la voz de mi conciencia, y como a ésa de por sí no muy le hago caso, encendí la pipa y me dije:
- “Marquitos, no te angusties. Él se quedó en la selva, apoyando al Teniente Coronel Moisés en la Comisión Intergaláctica. Así que debe ser tu imaginación. Es prácticamente imposible que hasta acá haya llegado…”
- Yo, el eterno ganador en las elecciones del corazón de las féminas de buen gusto, el sueño húmedo de Halle Berry, el amor imposible de Angelina Jolie, el suspiro inconfesado de… de… bueno, dejo el espacio en blanco para que una mujer, una de única, ponga su nombre y su corazón en los míos prendidos. Ejem, ejem, heme aquí, yo soy… -.
- ¡Durito! -, digo con evidente desazón.
- ¿Cómo “Durito”? ¡Don Durito de la Lacandona! ¡El terror de la clase política mundial! ¡El aguafiestas de los reventones neoliberales! ¡El de la figura augusta que causará furor en las páginas de (anti) sociales de la prensa alternativa! ¡El triunfador de todas las encuestas que no se han hecho ni se harán! ¡El provocador de rubores, sudores y sonrojos en damas de los cinco continentes! ¡El pasito más chévere de los festivales de abajo y a la izquierda! -.
Al decir esto último, Durito hace unos pasos de baile mientras entona la versión dark-punk-libertaria-skatera y ráscale-tun-tún de “La Suegra”, cuya versión en cumbia ocupaba el primer lugar en el rating dominical de “Radio Insurgente. La Voz del EZLN, voz de los sin voz. Transmitiendo desde las montañas del Sureste Mexicano”.
Yo aplaudo discretamente y pregunto- cuestiono- reclamo:
- ¿Qué no estabas con el Moy? -
- Sí, pero vine para hablar con la Comisión Civil Internacional de Observación de Derechos Humanos, que vino a constatar la animalidad exhibida por el gobierno mexicano en San Salvador Atenco. Y, bueno, ya que andaba por acá, me pregunté “¿En qué enredos se habrá metido ahora aquel de la nariz evidente y la torpeza recurrente, aquel a quien honor le hice al nombrarlo mi escudero?” Y me dije que debía constatarlo personalmente y, como dije antes, heme aquí -.
- Hombre, no te hubieras molestado. Te hubiera mandado un correo electrónico -, le digo a Durito mientras oculto la bolsita de tabaco.
- Nah, no ocultes el regocijo que te provoca mi presencia. Y nada de caravanas, basta con que me des un poco de tabaco -. Durito no espera mi respuesta, toma la bolsa y retaca de hebra su pipa y una mochilita que, entonces me doy cuenta, lleva a su espalda.
- ¿Vas llegando o te estás yendo? -, pregunto entre la desazón y la esperanza.
- Llegando-, dice Durito tirando el tabaco y mi ilusión al suelo.
- Pero no te entusiasmes mucho, sólo vine a desmentir eso de que tienes las piernas más hermosas del sureste mexicano. Es público y notorio que las mías son más hermosas y, además, son más -, señala Durito mientras modela sus 3 pares de piernas que además, dicho sea de paso, son también brazos.
- Hablando de mitos -, le digo con manifiesta mala leche, - ¿tienes algo qué decir sobre el “Estado de Derecho” que viaja en los toletes y escudos de la policía mexicana? -.
Durito baja su mochila y la abre mientras dice:
- Que nada bueno se puede esperar de quien hace residir la legalidad de las instituciones en los penes de los policías – dice Durito.
- El Estado de Derecho en México es sexista, machista y, como tal, estúpido. No es posible hablar de legalidad mientras hay tantos ladrones y criminales libres (algunos hasta son candidatos en las próximas elecciones). La justicia en México es una mercancía y cara. La compra quien tiene la paga. ¿Acaso no te has dado cuenta de que, cuando un rico delinque, se siguen todos los procedimientos “legales”, se alarga el proceso y, las más de las veces, cuando se llega a la conclusión de culpabilidad, el susodicho se huye? ¿No es cierto que al pobre primero se le detiene, se le golpea, se le encarcela, y ya luego, mucho después, se averigua si es culpable o no? -
Durito enciende su pipa y hurga dentro de la mochilita mientras agrega:
- Por lo demás, no te afanes en escribir. Tengo algo mejor que lo que puedas elaborar -, y sin más preámbulos me entrega unas hojas arrugadas.
Yo voy a preguntar que qué es eso cuando Durito señala:
- Bah, no tienes por qué agradecerlo. Lo he hecho con mucho gusto, gran alegría y desbordado entusiasmo. Y ya me tengo que ir porque voy al plantón del Penal de Santiaguito -, dice poniendo de nuevo la mochilita a su espalda y perdiéndose en fría madrugada del Valle de México.
…
En otra madrugada, pero en las montañas del Sureste Mexicano, Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y yo platicábamos junto al fogón de su cocina.
Hace algunos años, cuando vino a la Ciudad de México en búsqueda del mal y el malo, Elías Contreras visitó la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ignoro el motivo de su visita y nunca me lo aclaró. Tal vez había quedado de verse ahí con alguno de los contactos que le pasaban información sobre los complicados laberintos del mal y el malo. O tal vez se dio en caminar así nomás y los pasos lo llevaron a acercarse a la Pirámide de Cuicuilco. El caso es que Elías Contreras, comisión de investigación del EZLN, entró a esta escuela, pasó unos minutos en ella y luego salió. Tal vez, no lo sabemos, se mezcló en el patio con estudiantes, trabajadores y maestros. Tal vez se cruzó, sin saberlo uno ni otra, con una estudiante de la ENAH que se llama Mariana Selvas y que se encuentra actualmente presa, injustamente, en el Penal de Santiaguito, en el Estado de México.
Elías Contreras debe haber recorrido también la colonia Isidro Favela y las otras que se encuentran en los alrededores de la ENAH y los centros comerciales de Perisur, Gran Sur y Cuicuilco.
Me contaba Elías Contreras que bastaba recorrer las calles de la Ciudad de México para darse cuenta de que la justicia es una para los de arriba y otra para los de abajo. Y no hablaba sólo del soberbio complejo propiedad de Carlos Slim contrastando con la pirámide y las modestas casas de los vecinos de las colonias aledañas.
Era la actitud (“el modo”, dijo Elías Contreras) de la policía en uno y otro lado; la mirada sumisa y servil de la autoridad cuando estaba en los terrenos de quien manda realmente, y la prepotente y voraz cuando se sabe entre los de abajo.
“La policía cuida al de arriba y despoja y humilla al de abajo”, dijo Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y después se quedó en silencio. Me pasó entonces una solitaria hoja de papel de su cuaderno de apuntes.
Algo recuerdo de lo escrito ahí, ahora, en esta madrugada.
…
Y más allá, en una madrugada más retirada en tiempo y en espacio, el Viejo Antonio velaba conmigo a la orilla de una milpa.
Las huellas de un tepezcuintle y el hambre mal contentada con tortillas y frijoles nos llevaron hasta ese lugar, como a una legua de su champa, buscando algo para alegrar el estómago del día siguiente.
No apareció el tepes, pero el Viejo Antonio, en el trayecto de vuelta, me contó una historia de un mundo hecho abajo y después dominado por arriba.
“No todos ni todas, bajan la cabeza y se desmayan”, dijo el Viejo Antonio por decir “no tod@s se resignan y conforman”. Y algo más agregó que yo escribí con letra torpe y apresurada en mi diario de campaña.
Creo que, puesto que no me dieron tema para la plática de hoy en la ENAH, aceptarán ustedes que les lea este extraño, por serio, texto dónde se trata de sintetizar lo que Don Durito de La Lacandona, andante caballero, Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, y el Viejo Antonio, traductor involuntario de una cultura en resistencia, escribieron y dijeron en ésta y otras madrugadas. Se llama….
L@S OTR@S QUE SOMOS.
La historia o la leyenda se tejen de madrugada. Habrá, es cierto, quien cuestione su veracidad y pretenda clasificar una u otra en el endeble criterio de “verdadero” o “falso”. Para lo que concierne a lo que ahora cuento, no importa ni lo uno ni lo otro.
Las palabras que nombran lo que está por hacerse no salen de pronto ni en cualquier parte, sino que van buscando un lugar dónde nacerse y esperan el tiempo propicio para surgir.
Hay un lugar en el que la oscuridad y la luz se encuentran y se tocan apenas un instante. Después se va cada una a su camino, a su espera. Así van la sombra y la luz, siguiéndose y evitándose, hasta que se olvidan de lo que son y se hacen de nuevo en lo otro, rehaciendo una y otra vez el oximorón de su deseo. Ese lugar tiene también su tiempo, y en él la muerte y la vida se postergan. Es el amor, dicen, quien entonces ahí reina.
Es en la madrugada, en ese espacio y tiempo, donde hay quien está ya y quien llega apenas. Dicen que es la sombra quien espera, acechando con la mirada de quien lleva como maldición la duermevela, a que la luz desnude sus ropas y sus miedos, que recueste el cuerpo y ponga de pie el deseo.
¡Ah, la madrugada! Hay ahí, esperando siempre (es decir, no estando), una piel compleja hecha de dos tibiezas, que la arroparían del frío y soplarían lejos la soledad.
En ese delgado límite, donde no hay muro ni abismo, la palabra recorre todos los calendarios y asume una forma que es hablada en muchas lenguas.
Digo ahora lo que esa palabra me cuenta en ese quiebre del tiempo, con la niebla de la duermevela, y en la lengua de la montaña:
Hay en cada hombre, en cada mujer, un otro y una otra diferentes.
Escondido está lo otro, como guardado está. Esperando espera. Estando está.
A veces es un rasguño, imperceptible afuera y definitivo dentro; otras es un terremoto que rompe la fastidiosa cotidianeidad; y a veces es una piel, caricia o áspero roce, que rasga con tierna furia la piel de afuera y revela y rebela la otra piel, la del otro, la de la otra que somos.
Pero es siempre un dolor lo que obliga a salir eso otro que somos sin serlo todavía.
Las más de las veces somos lo otro con un “NO” que es un desafío a la docilidad impuesta.
Y no nos vemos.
No si solos somos lo otro que somos.
Entre la desbocada competencia por la corrupción y el crimen que son el combustible del “sálvese quien pueda”, hay una, uno, otro, otra, alguien que dice “no”.
Hay, por ejemplo, una joven mujer que aparta su paso del conformismo de ser lo que el varón quiere que sea y pone en un rincón sus miedos para vestirse y desnudarse con el traje siempre nuevo de la rebeldía.
Y hay un profesionista que, contra toda la prudencia desde arriba impuesta, arriesga su bienestar y seguridad para ir por una medicina para quien no conoce hasta que yace moribundo, roto el cráneo por el “Estado de Derecho” sintetizado en una granada de gas lacrimógeno “made in USA”. El otro podría decir, si no tuviera muerte cerebral, “me llamo Alexis Benhumea, estudio economía en la UNAM, fui acusado y condenado por ser joven”. El profesionista de llama Guillermo Selvas, le dicen “Doc” porque es médico y está preso, acusado, entre otras cosas, de ser un luchador social.
Hay una joven estudiante que lo acompaña, entre otras cosas, porque hay lecciones que no se aprenden en las aulas ni en los libros, sino en las calles y campos del alargado dolor que algunos llaman “el México de Abajo”. Una carpeta con su expediente señala: “Mariana Selvas, estudiante de la ENAH. Acusada, entre otras cosas, de ser mujer joven”.
Hay una indígena que elige serlo pero con dignidad, la que se viste con los colores que antes eran vergüenza y hoy son alegría, y abraza a quien sólo conoce por el dolor y la rebeldía comunes, ansiosos por ser colectivos. Son ecos los que resuenan diciendo: “Me llamo Magdalena, soy indígena mazahua, estoy acusada de ser mujer indígena”.
Hay un hombre, un campesino, que elige levantar el color que tiene de la tierra y con esa morena dignidad dar su apoyo a quien también lucha por esa tierra que pinta nuestra sangre. Calla el hombre y en silencio dice “Me llamo Ignacio Del Valle, soy campesino de San Salvador Atenco. Estoy en un penal de máxima seguridad porque en México ser campesino y ser rebelde y ser solidario es también ser un reo de alta peligrosidad”.
Y hay mujer, que no importa si es joven, adulta, madura o anciana, sino que es mujer, y que carga ahora como cadenas lo que no quiere sino como alas, y que para eso une sus pasos a otros pasos. Tiene todos los nombres y todos los rostros que abajo se nombran y se miran.
Y hay un fotógrafo, un reportero, que deja la cámara inerte porque el corazón se le conmueve y le manda que no convierta en mercancía el instante que la empresa le reclama para la venta, que escribe lo que ve y escucha, y no lo que los lentes y audífonos del Poder le imponen. Porque hay quien se pasa del otro lado de la línea, para ver lo que abajo se ve, lo que se calla.
Y hay un hombre, una mujer, un niño, un anciano, una joven, un otro, una otra que prefiere dignidad a humillación, y que obra en consecuencia.
Encontrarla, encontrarlo. Eso es la Otra Campaña.
Este país, esta tierra, esta Patria, tiene otra una dentro de ella. Tan a flor está su dolor que basta un oído atento para darse cuenta de su existencia. El oído se hace palabra y el esto soy, aquí estoy, se multiplica entonces.
Nacer ese otro país, ese otro México. Eso es la Otra Campaña.
Y hoy, luchar por la libertad de Mariana Selvas, del Doc, de Magdalena, de Nacho, de todas las presa, de todos los presos, eso es la Otra Campaña.
Desde la Otra ENAH.
Subcomandante Insurgente Marcos.México, Junio del 2006.
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