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11 de septiembre de 2020

UN CHILE IGUALITARIO... LIBRE. Entrevista con Marco Sánchez Maturana, del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

a Valentina Palma, Marco Aguirre y su hija Esperanza... a Santiago Maldonado... al pueblo mapuche.

Por: Sebastián Liera.
Cabello largo y afectado por unas cuantas rastas, Marco llega puntual a nuestra cita en una de las esquinas de la plaza en el centro de Coyoacán. Nadie podría imaginar con sólo verlo, que sobre este joven de entonces apenas unos 29 años de edad pesaran cargos que de estar detenido lo tendrían toda su vida tras las rejas en el penal de alta seguridad de Santiago de Chile acusado de lesiones graves contra civiles y carabineros.
1999, el año en que me concediera esta entrevista, contaba entonces algunas historias de dignidad que corrían paralelas de la mano de los pobladores de Amador Hernández, Chiapas, resistiendo el acoso militar, y del movimiento estudiantil universitario en la máxima casa de estudios del país que, amén de sus contradicciones, resistía a la intentona de privatizar la educación superior.
Han transcurrido 21 años desde aquella charla bajo el sol de la capital mexicana; sin embargo, las palabras de Marco todavía resuenan vigentes trazando frente a la grabadorcita la claridad de su posición política. Sirva, pues, este revisitar de aquellas palabras hoy, 11 de septiembre de 2020, a 47 años del golpe militar que derrocara por la fuerza al gobierno socialista del compañero Salvador Allende y del inicio de una larga noche que no solo aplazara el sueño de un mundo nuevo y mejor para nuestrxs hermanxs chilenxs, sino para toda Latinoamérica.
Hace casi 15 años, el 10 de diciembre de 2006, publicamos aquí mismo esta entrevista; entonces, la naturaleza había tenido un curioso acuerdo con la celebración del día internacional de los derechos humanos llevándose al dictador Augusto Pinochet, orquestador del golpe militar que intentara acallar, sin conseguirlo, “el pensamiento y la acción de un estadista con visión de mundo y de futuro, de un hombre que vivió, amó y vio la vida en forma intensa y profunda y que por eso pudo dar forma a un proyecto para hacerla mejor, más digna, más justa para el ser humano, que fue el centro de su preocupación”(1): el compañero Salvador Allende.
La muerte de Pinochet nos daba alegría y tristeza al mismo tiempo. Alegría, porque al fin el cómplice de encarcelar a la dignidad y perseguir a la esperanza chilenas dejaría de contaminar con su sola presencia las grandes alamedas; pero, tristeza, más aún, vergüenza, porque la democracia (ése sistema que tanto alaban quienes llenan su boca de palabras como orden y legalidad) no fue capaz de enjuiciar y condenar al tirano. Me gustaría pensar que no sucederá igual con Echeverría, pero éste régimen no me da muchos motivos para abrigar la esperanzas de ver al genocida tras las rejas antes que muerto; muchos menos ahora que el actual residente en Palacio Nacional para rendirle homenajes (¿involuntarios?) con su modus operandi de gobernar.



Chileno de nacimiento, Marco Sánchez Maturana tenía escasos tres años cuando por Radio Magallanes Allende se despedía del pueblo que lo había llevado a la presidencia a través de las urnas en 1970: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Ahora (1999), Marco vive en la Ciudad de México donde estudia Antropología Social en espera de que se regularice su estancia legal, ya que desde 1997, debido a una orden de detención girada en Chile y al posterior trámite de su extradición, Naciones Unidas, a través del ACNUR, le otorgó la condición de refugiado político.
Las circunstancias que me motivaron a dejar mi país son diversas —dice mientras sostiene entre las manos un libro blanco cuyo forro delata que ha sido varias veces leído y vuelto leer—. Una de estas circunstancias es que la universidad pública en Chile es una de las más caras del mundo: la carrera más barata cuesta unos 200 dólares mensuales. Por una segunda parte, la militancia que yo había tenido dentro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez me lleva a condescender en una problemática con la justicia civil y militar, y una de las alternativas que tenía era abandonar el país.
Esto se agrava una vez que aquí, a México, llega Patricio Ortiz, uno de los fugados de la cárcel de alta seguridad. Con Patricio Ortiz hay una relación muy vasta, muy amena, muy de cerca. Yo conocí a su hermano, Pedro Ortiz, asesinado en el año 92 en una fuga también. Una vez de que ocurre esto de que los cuatro compañeros fugados se encuentran acá y que son delatados por gente de la misma organización, ellos, en un acto de buena fe y más que nada de obtener un resguardo, recurren a mí como militante que, bueno, hasta ese momento estaba descolgado yo aquí, y ellos asumen una instancia de cuidado, de protección, para que los haga salir del país.
Todas estas situaciones son conocidas por el gobierno chileno así que se me acusa de ocultamiento y formación de grupos de combate y, México, la Secretaría de Gobernación a través del Instituto Nacional de Migración, llega a plantearse mi deportación porque Chile pide mi extradición. Gobernación me tiene recluido durante seis meses en la cárcel migratoria de Iztapalapa, donde la ONU, a través de ACNUR [el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados], le manifiesta al gobierno mexicano que mi vida peligra ya que pesaría sobre mí una condena de presidio perpetuo a cumplirse en la cárcel de alta seguridad de Santiago.
Marco hace una pequeña pausa como buscando las palabras. Mira el libro que trae entre las manos y del que guiado por mi propia curiosidad alcanzo a leer el título: Salvador Allende en el umbral del Siglo XXI. Voltea y me descubre mirando en la portada la fotografía de un mural donde al rostro de Allende lo limita la silueta de la geografía de Chile; alarga entonces una ligera sonrisa que yo aprovecho para preguntar acerca de la vida política de su país actualmente y si cree que la democracia ha llegado por fin a Chile o habita nada más en los discursos de la clase política.
En Chile se vive una seudo-democracia donde la mayoría de los presos son jóvenes. Hombres y mujeres que lucharon y siguen luchando, ahora desde la prisión, para reivindicar la democracia chilena golpeada en el año 73. Desde el punto de vista social se vive un fraude, conocido por lo que es la Constitución de 1980. Augusto Pinochet Ugarte y su asesor, su mentor político, Jaime Guzmán idean esta constitución para guiar al país dentro de lo que se llamaría la “doctrina de seguridad nacional”, a través del sometimiento por conducto del ejército y de los militares como gobernantes y como integrantes del área judicial.
Chile no puede tener una democracia, porque se rige por una constitución que fue hecha y aprobada a molde de lo que es el neoliberalismo chileno, de lo que es el militarismo. Esto no da paso a que una sociedad se pueda desenvolver democráticamente.
Digo esto porque, por ejemplo, uno de los artículos, el cual no me permite volver a mi tierra, el artículo 8º, que trata sobre el control de ley de armas y explosivos, y su ley reglamentaria, la Ley 17.798, la ley antiterrorista y contra grupos de combate en su modalidad de grupos subversivos con armamento de uso exclusivo del ejército, es un artículo muy fuerte dentro de la Constitución y esto tiene a gran parte de la juventud chilena en el exilio; digo gran parte porque somos varios, alrededor de cien los jóvenes que no podemos volver a nuestro territorio.
Este artículo y esta ley son legalmente aprobados en un plebiscito fraudulento que se hizo en el año 80 y son los que no permiten a la sociedad civil actuar en democracia plena, porque pasan a ser las limitantes producto de una forma agresiva aprobada de manera unánime por el régimen de Pinochet.
Esta constitución sigue vigente en Chile y es la misma que en uno de sus artículos hace a Pinochet senador vitalicio, concediéndole tener senadores designados, lo que lo convierte en senador vitalicio postmortem y, por si fuera poco, él va a ser el único senador vitalicio ya que para ello se requiere de haber gobernado más de seis años y en Chile los plazos de gobierno son de cuatro años.
No —remarca—, la transición democrática ha sido muy falsa, de una manera muy oscura, donde el factor económico ha incrementado la crisis de una forma terrible provocando más de 5 millones de pobres en donde un millón son niños y niñas; estamos hablando de que si Chile tiene alrededor de 15 millones de habitantes, un tercio de su población vive en la máxima pobreza. Una sociedad que se dice democrática no puede tener, ni debe tener, ni se le debiera permitir un tipo de aberración en su Constitución, menos ser esta la Carta Magna que rige al país.
El tráfico sobre la calle Felipe Carrillo Puerto aumenta haciendo que los claxonazos de los autos nos alcancen hasta la jardinera donde estamos sentados, llamando la atención de Marco y dándome con ello la oportunidad de hacerle una nueva pregunta acerca de la respuesta que la sociedad civil chilena o las organizaciones y partidos de izquierda tiene frente al panorama que me describe.
Una de las formas de organización que se ha mantenido fuerte en sus bases es la sociedad civil, complementada con el fenómeno de lo que es el problema étnico, el problema de los mapuches en Chile. Esta organización se ha mantenido en sus cimientos de lucha intransigente e inclaudicable de lo que es el problema étnico, provocando la confrontación entre lo que es la sociedad civil y el gobierno, reconociendo con esto el avasallamiento histórico de más de 500 años, mismo que sostienen los gobiernos neoliberales al acriminar, callar y exterminar las luchas étnicas en lo que es el genocidio que se ha dado en gran parte de América Latina.
Por su parte, la sociedad civil política ha sido muy camaleón, ha cambiado de colores muchas ocasiones. Hay una canción de Víctor Jara que dice “si usted es chicha o es limonada”, o sea, si usted es amarillo o es rojo, haciendo alusión a lo folclórico chileno; la alianza en Chile ha servido un poco para que otros países en América Latina vean en las alianzas políticas entre diferentes partidos, sean de izquierda o sean de derecha, una manera de llegar al poder sin importarles nada más, sin asumir las problemáticas de los pobres, las de la sociedad civil, la crisis económica, social y cultural.
En Chile, donde la dictadura ha sido una de las más feroces de América Latina; donde la situación se ha vuelto muy caótica porque la cultura fue avasallada, exterminada; donde tampoco se ha tratado de reinstalar esta cultura por medio del arte, la pintura, el cine, el teatro, ya que en veinte o diecisiete años no hubo nada de esto sino al contrario: represión contra todo tipo de movimiento clandestino; donde los partidos políticos entran al juego dictado por la Constitución del 80, la cual no deja el que un partido menor pueda gobernar aunque haya ganado las elecciones, por su estructura bicameral en el Poder Legislativo, los jóvenes se han vuelto escépticos y, aún así, han tenido una repercusión con respecto a lo que han sido los conflictos estudiantiles, la problemática étnica y en sí lo que es el fenómeno de ser joven y no poder divertirte en tu país, en tu territorio. Esos, creo, han sido factores muy fuertes para que la juventud chilena vaya tomando posición y no se vuelva tan escéptica con el proceso histórico y social que tiene el país...
Pero —lo interrumpo— ¿qué tanto participan las y los jóvenes y qué tanto podemos esperar que de ellas y ellos pueda surgir un nuevo movimiento que cambie al Chile heredado por Pinochet?
La juventud —explica— se compromete en la medida de su forma de vida, de su ideología, según opte por la parte social, la parte política o bien la parte militar. En Chile es muy perseguido, es uno de los castigos más severos que tiene la Constitución, el manifestarse en la forma armada. De hecho Chile es uno de los pocos países de América Latina, más bien diría el único en el mundo, donde por un mismo delito político se te juzga dos veces: te juzga la justicia civil en una instancia y después la justicia militar, por tratarse de un fenómeno del orden militar. Estas acciones armadas contraen generalmente sentencias que van de los 20 a los 35 años de prisión, así que como verás no cualquier persona lo toma a juego, sino que más bien asume jugársela en un compromiso real, histórico-social de hacer valer su instancia.
Por la parte cultural, la parte histórica. Lo que es el teatro, la gente haciendo fotografía, cine, denunciado de la manera artística y cultural lo que es la represión militar, lo que se vive cuando se tiene una cultura propia de una sociedad de la militarización, el compromiso se asume a título personal y es viable en el sentido de que cada vez más las y los jóvenes se van poco a poco inmiscuyendo dentro de sus trincheras en el desarrollo de grupos digamos marginales, grupos alternativos que han crecido mucho. Lamentablemente yo salí hace tres años de mi país y tengo un contacto leve en el sentido de que muchas cosas no se oyen, ni se pueden ver ni escuchar, por el hecho de que hay una vasta distancia; pero por lo que me he enterado de personas que han pasado por México y que han relatado lo que pasa en Chile, sí hay un movimiento social de jóvenes creciente y muy fuerte.
Viene a colación entonces la pregunta obligada: la detención de Pinochet en Londres hacia octubre de 1998.
Cuando Pinochet es apresado en Londres —me dice—, cuando se le gira la orden de aprensión, en Chile hay tal consternación que se crea tal grado de euforia por sacar esa mierda que trae la juventud chilena, ese odio, esa rebeldía intrínseca; como dijo Salvador Allende: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Hay una gran euforia, repito, y la gente sale a las calles, se va al centro y jóvenes, niños y niñas, adultos, todo mundo, sale en una forma de alegría porque por fin se está haciendo justicia; por fin el mundo reconoce una de las tragedias más horribles, uno de los holocaustos más terribles que ha tenido Latinoamérica y el mundo en sí de lo que ha sido el exterminio de gente de izquierda.
Así que hay una explosión de la gente y, nuevamente el gobierno chileno, en su complicidad con Pinochet, saca a los carabineros, que es la policía armada militar chilena, a las calles, quedando un saldo de alrededor de 200 personas heridas ese día. Esto da a entender que sí hay una gran conmoción en Chile y en todas partes, que la gente sí está de acuerdo con que a Pinochet se le juzgue y sea dictada una sentencia, por lo menos que sea histórica, a nivel internacional, para que no se vuelvan a cometer estas mismas atrocidades.
En el plano de los partidos políticos y de lo que son las organizaciones políticas y el gobierno en sí, los partidos de la democracia cristiana, el partido socialista, es gente que está en el poder pero lo que a ellos les interesa es mantener su alianza. No olvidemos que la democracia cristiana fue uno de los gestores del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973; no olvidemos que la democracia cristiana fue cómplice de Pinochet guiando el derrocamiento de Allende y la intromisión militar para luego ellos retomar la democracia, lo que al final no resultó así. Por eso ahora el gobierno dice que Pinochet debe ser juzgado en Chile.
Vuelvo a recalcar: en Chile no puede haber justicia, no puede haber democracia, no puede haber una igualdad mientras exista una Constitución que protege a los asesinos con cláusulas que extienden la impunidad sobre lo que ocurrió desde 1973 hasta 1978, tiempo en el que se cometen los asesinatos más atroces y las operaciones más sanguinarias con un saldo de alrededor de 15 mil muertos, entre mujeres y hombres, militantes de izquierda. Mientras siga vigente en mi país la Constitución de 1980 no podrá haber ni habrá justicia para la gente que fue opositora al régimen militar, ni será posible el juzgamiento de Pinochet.
Pinochet de hecho viajó a Inglaterra como diplomático, como senador vitalicio en misión especial, con un pasaporte expedido por el Ministerio del Interior donde se decía que iba en misión diplomática. Él estaba en Inglaterra por una situación netamente militar haciendo un tratado, un contrato de armamento bélico entre Inglaterra y Chile.
No puedo evitar sentir cierta admiración, más bien, extrañeza ante esto que me está diciendo: ¡¿Pinochet en misión especial para la firma de un contrato militar entre Inglaterra y Chile?!. Entonces, como si mi sensación se hubiese reflejado en mi rostro, Marco retoma el asunto con algunos argumentos históricos.
No olvidemos que Pinochet fue un aliado con Inglaterra durante la Guerra de las Malvinas. Chile en ese momento era presidido por Pinochet y él prestó todos los servicios que le fueron necesarios a la ex mano dura de Inglaterra, Margaret Thatcher. Al seguir gobernando bajo la Constitución del 80 y no juzgar a la dictadura militar, Aylwin y Frei, los dos sucesores de Pinochet, han sido cómplices de los asesinatos de la gente, de militantes de izquierda, de grupos sociales, de grupos armados, después del golpe de Estado. ¡Ahora se quieren hacer responsables de juzgar a un individuo al que le permitieron ser senador vitalicio! Eso es lo que yo me pregunto y quisiera dejar como pregunta abierta a toda la gente: ¿creen que se pueda juzgar a una persona con las leyes que ha hecho él mismo?
Los ojos de Marco se fijan en los míos como esperando de mí una posible respuesta a su pregunta, yo prefiero dejársela a los chilenos que probablemente leyeran estas notas y conduzco la conversación a otro par de temas igualmente trenzados entre sí, productos de exportación chilenos a toda Latinoamérica con patrocinio estadounidense: la tristemente célebre Operación Cóndor y el neoliberalismo.
Bueno, la Operación Cóndor, que tuvo una trascendencia en Argentina, Uruguay y Paraguay, es planeada desde Chile y su gestor es Manuel Contreras, a cargo de lo que fue la DINAla Dirección Nacional de Inteligencia Chilena (sic); amparada por las Fuerzas Armadas en sus modalidades de Fuerza Aérea, Marina y Carabineros de Chile. Esta operación militar se idea, planifica y ejecuta dando exterminio a militantes de izquierda, tanto chilenos en el exilio como extranjeros, sean del MIR, del Partido Socialista, del Partido Comunista o de los aparatos militares que tenían estas respectivas organizaciones. En Argentina se hace todo lo que es la persecución de esta gente que vivía allá, que de alguna u otra forma estaba refugiada, encontrándola y asesinándola a sangre fría.
Recordemos que el gobierno de Pinochet asesinó a Carlos Prats, el último de los comandantes en jefe democráticos que tuvo el glorioso Ejército chileno; intentó matar a Eduardo Leighton en Italia; asesinó al canciller en Alemania, y también se hace cómplice de la matanza de Orlando Letelier, ex asesor de Allende, quien muere en un atentado con explosivo de un autobomba en la capital de Washington.
Probablemente no se conozca nunca la cantidad de personas que murieron en América Latina a causa de la Operación Cóndor, misma que dio cabida a que muchos gobiernos se elitizaran en la parte táctica militar, respecto a la guerra de guerrillas, la contrainsurgencia y los levantamientos armados. Gran parte de los individuos que participan en estas operaciones al interior de las Fuerzas Armadas fueron educados, sembrados, en la Escuela de las Américas, el brazo rector y militar del neoliberalismo.
Al respecto, creo que nosotros, hombres y mujeres, niños y niñas a quienes nos toca enfrentar este nuevo milenio, nos toca también enfrentar el reto del holocausto que es el neoliberalismo, este avasallamiento social, económico y político, esta degradación de lo que es el modelo capitalista que se está viendo consumado más que nada en los sectores proletarios donde hoy en día el alimento básico ni siquiera es, por ejemplo en México, de tortillas y frijol.
Creo que debemos de tomar en cuenta el ejemplo de las luchas de los sindicatos como el Mexicano de Electricistas, las luchas de los estudiantes como los de la UNAM; gente que es sociedad civil pero que pertenecen al plano de lo estatal porque se desarrollan al interior de instituciones del Estado que deberían prestar servicio a la sociedad, como corresponde a una democracia.
Creo que Chile fue el “paladín del neoliberalismo” en el sentido de que desde Chile se proyectó, a través del sometimiento, de la invasión, de la situación impuesta, de la forma obligada con fusil en mano, el que se aceptara el modelo económico neoliberal. Las Afores, graficando un poco la situación, llevan en México alrededor de cuatro veintidós años y en Chile llevan ya 25 43 años, lo que ha sido un robo hacia la sociedad trabajadora, hacia la sociedad que se esmera trabajando. Y este dinero generalmente no se queda en Chile, ni se queda en ningún país de América Latina, pues los consorcios internacionales son empresas que se llevan el dinero a invertir en otros lugares tercermundistas, por darle una clasificación concreta.
Frente a esta situación, Chile vivió un proceso de privatización en el tiempo que Pinochet es presidente interino. Se privatizan todas las empresas, lo que es agua potable, electricidad, la compañía de teléfonos; se vende el cobre como materia prima nacional y producto interno con mayor fuerza de exportación, como el petróleo para México, y se privatiza la educación con todas sus secuelas, como lo que decíamos al principio sobre los costos de las carreras en la universidad pública.
El modelo que se impone a fuerza de fusil y a costa de la sangre del pueblo chileno, se va expandiendo en América Latina y va dando resultados que a niveles macros tienen sólo buenos resultados para los consorcios internacionales que crecen y se enriquecen. Vamos pasando a sociedades con grandes estructuras de edificios, grandes centros comerciales que son las nuevas catedrales del neoliberalismo, donde la pobreza pasa a ser un submundo, una pobreza cubierta, una pobreza disfrazada.
Este modelo, en otros países también se impone, como Argentina y Uruguay, donde se introducen dictaduras militares tan fuertes y tan feroces como en Chile. En otros casos, algunos gobiernos democráticos o dizque democráticos de la parte Central y Norte de América lo fueron adoptando y ya vemos lo que pasó: las economías nacionales tienen mucho que desear y cada vez que hay cualquier problema en las bolsas éste repercute negativamente.
El sonido de un huehuetl se escucha a lo lejos como secundando lo dicho por Marco en esta plaza donde lo mismo se encuentran músicos callejeros de jazz, mimos, hiphoperos o mexikatiauis. Marco hace una breve pausa esperando la siguiente pregunta mientras a mi memoria viene aquello del artículo 33 constitucional (2) y la reciente detención de Marco Ugarte, reportero gráfico de la Afp y chileno también, en Chiapas. Lo pienso una, dos veces. Finalmente, intentando no caer en una imprudencia comienzo a articular la posible pregunta y hablo otra vez de neoliberalismo, pero también de luchas que le resisten con la esperanza y la dignidad como banderas, hasta que me animo a preguntarle, consciente del riesgo en el que lo coloco, si cree que el zapatismo pueda ser una vertiente de esperanza para América Latina o incluso internacionalmente. Marco no puede entonces evitar que a los labios le brote una ligera sonrisa y, tras mirarme por un corto momento como queriendo descubrir en mis ojos alguna intención perversa, se anima a responder.
Una pregunta bastante interesante —dice sin dejar de sonreír— y comprometedora también... Pero, valga el compromiso... Creo que la lucha zapatista está siendo viable desde el momento en que se alza como fuerza político-militar dándole un sueño a todo lo que es la lucha étnica, indígena de este país. Este sueño que representa el Ejército Zapatista para los pueblos de Chiapas en específico, viene a ser el amanecer, el sol, el reaparecer la vida y los colores después de 500 años en que se ha venido avasallando a un continente.
Creo que ha sido viable porque se ha mantenido y se ha reconocido como sociedad distinta a la mexicana a los pueblos étnicos, a las culturas, a la diversidad cultural étnico-lingüística, a través de las armas, ¿irónico, no? Pero el EZLN ha logrado imponer un reconocimiento histórico, social, no sólo a través de sus incursiones armadas, sino también a través de sus redes sociales de trabajo, de las redes sociales civiles y de organismos de derechos humanos y de las comunidades zapatistas.
El hecho de identificarse y asumir el compromiso de rebeldía, de desatar esas amarras y esa sujeción al Estado político, creo que ha hecho que el Ejército Zapatista sea fuente de inspiración de muchas guerrillas latinoamericanas, de muchos grupos armados en América Latina donde el “mandar obedeciendo” ha pasado de ser un acto de simbolismo a ser lo que realmente se puede tomar como una nueva forma de hacer política.
Claro que por otro lado está(ba) el caso de las FARC, en Colombia, donde la guerra civil está(ba) declarándose, donde países fronterizos están actuando en contra de lo que es la insurgencia, en contra del grupo armado de las FARC; donde Estados Unidos está haciendo un bloqueo y está(ba) enviando marines a detener este alzamiento armado.
Creo que un poco en América Latina se está dando lo que fue el llamado Ejército de Liberación Nacional, en el cual pensaba Bolívar y después muchas personas más como el Che, Miguel Enríquez, Lucio Cabañas, por nombrar algunos que han seguido en esta lucha inclaudicable. Uno de estos personajes dice que “en esta lucha se nos puede ir la vida, pero la continuaremos hasta la victoria”. Creo que estas palabras son muy ciertas y hay que tomarlas en cuenta.
El zapatismo ha sido y seguirá siendo un ejemplo, no nada más en América sino también en Europa. Tuve la suerte de recorrer varios países en Europa y nos encontramos con gente que se empapó de misticismo, de idiosincrasia, de energía cuando visitó zonas chiapanecas, y ha concretado redes sociales de todo el mundo en pro de una lucha tan noble, tan justa y tan obvia como es la lucha étnica.
Marco regresa la mirada al libro que trae. Pareciera que busca con una suerte de mirada de rayos x las palabras aquellas de Allende cuando pedía a los jóvenes universitarios que fueran con premura, con cariño, con ternura humana, a trabajar durante uno o dos meses a las comunidades mapuches (3). Aprovecho, pensando, como decimos por acá, que “ya encarrerado el burro” puedo preguntarle ahora al hombre de armas si cree que la lucha armada haya cumplido su función y no tenga ya razón de ser o, si por el contrario, la lucha noviolenta representa una esperanza real para terminar con la explotación del neoliberalismo que hemos identificado con la miseria mundial que vivimos.
Retomando un poco lo que es el zapatismo y uno de sus personajes ya míticos, como es el Subcomandante Marcos, bonito nombre por cierto -jejeje-, él hace mucha referencia a lo que es “mandar obedeciendo” pero también a lo que es luchar desde las trincheras donde uno está. Creo que en este sentido todos tenemos que cumplir nuestros objetivos, nuestras luchas, desde el lugar donde nos encontremos. Si en algunas partes las armas han sido viables, en otros lugares han sido decadentes. Las armas siempre están cargadas de muerte. Tal vez sea una de las formas que se ha representado como forma de lucha, pero creo en las manifestaciones pacíficas, la sociedad civil, el tomar conciencia de que tenemos que vivir en una sociedad más justa, más igualitaria, donde todos y todas quepamos, el respetar todos los mundos.
Pero lo que sí es que las distintas formas de lucha que se han dado tienen que tomar cada vez más fuerza y seguir como una manera viable de complementación, orientándose siempre en el compromiso para con la reivindicación social. Junto con esto creo que el dogmatismo no conduce a nada, que siempre tenemos que estar autocuestionándonos, tanto a nosotros mismos como a la gente con la que estamos, es una forma más coherente y más transparente de ser conscientes.
Tenemos que seguir esta lucha, ya sea desde la clandestinidad o desde el lugar donde nos encontremos, desde nuestro trabajo, desde nuestro lugar de estudios, etcétera, y asumir un compromiso histórico-político referente a lo que han sido nuestras raíces. Recordemos que un pueblo que no tiene pasado no puede proyectarse a un futuro con esperanza. El problema étnico, tanto en Chiapas como en América Latina, se ha dado muy fuerte, se ha representado de tal forma que hoy vemos a mucha sociedad civil movilizada. Ojalá fueran más y más las personas que se sumaran a esta lucha por una sociedad distinta, igualitaria. Una sociedad nueva en un mundo nuevo.
Todas las formas de lucha son válidas, lo digo porque en mi país se dio una forma de lucha democrática, se llegó al socialismo a través de las urnas. Es el único país del mundo que ha conseguido el socialismo a través de las urnas, del voto popular. Y ¿cómo terminó esto? Con el avasallamiento por medio de las armas, de los militares. Donde todo ese sueño, esa dulzura se aniquiló. No hay que subestimar al enemigo, es fuerte y sabe golpear de las formas más terribles, más trágicas, con matanzas, expulsiones, deportaciones.
Creo que tenemos que ser inteligentes y unirnos en esta lucha social, política y militar. Hay que solidarizarse con el Ejército Zapatista, con la huelga en la UNAM, con los grupos que apoyan la no-privatización de las empresas. Esa es una de las luchas y ha sido pacífica, y creo además que la sociedad civil responde a eso. Pero no olvidar. Descartar las distintas formas de lucha es negarse a sí mismo.
Claro que sería mejor una salida pacífica, pero no olvidemos las matanzas de México en el 68, el 71. Todas esas irrupciones con armas debemos tenerlas muy presentes, no olvidar. El gran remedio que tenemos para la memoria es no olvidar. No olvidar nunca y hacer conciencia crítica y constante de que todas las formas de lucha son válidas y viables, desde nuestras trincheras.
Hemos llegado al final de la entrevista. Para este momento, los ojos de Marco brillan con más fuerza que al principio de nuestra conversación. Es evidente que hablar de Chile y de la posibilidad de una América y un mundo mejores y nuevos le reanima muy especialmente. A esta altura de la charla he llegado a la conclusión de que Marco no es, como pudiéramos creer a simple vista, sólo un hombre más de los muchos que apostaron por el camino de las armas para ver libre a su país, su continente, su planeta; sino que, valga la redundancia, es un soñador. Cuando en septiembre de 1970 el pueblo chileno, su pueblo, acudió a las urnas para hacer del compañero Salvador el presidente Allende, Marco no hacía mucho que había llegado al mundo. Tres años después, los militares y carabineros de su patria pasarían a la historia como los grandes traidores de la voluntad de democracia verdadera en Chile, tendiendo el manto que significó la larga noche de la dictadura militar chilena. Bajo ese manto creció Marco. Pero ¿cómo sería de grande el sueño soñado por Chile de la mano de Allende que, todavía, a pesar de los años y de la pólvora y de la sangre, a Marco le siguen brillando los ojos? Quizás por eso mismo, le pregunté ¿cómo soñaba este planeta, cómo soñaba este continente, cómo soñaba a Chile?
Sueño —contesta tomando su libro, pero sin dejar de mirarme— un Chile en el que, como dijo Salvador Allende, podamos caminar libres por las alamedas. Donde pase el hombre libre y la mujer soberana.
Marco deja el libro entre él y yo mientras las imágenes pueblan su memoria: Me gustaría ver a mi país sin presos políticos, sin esos cinco millones de pobres, sin una miseria cultural... No más muertos, que no existan las castas militares como existen hoy.
De pronto, la voz abandona ese tono discursivo en el que más de una vez ha sonado a lo largo de la entrevista y, conforme va hablando, se va oyendo cada vez más personal, más íntima. Lo mismo sucede con su mirada, y pareciera que ya no mira hacia fuera sino que, como los topos de los que habla(ba) el Sup, hacia adentro se mira: Me sueño caminando en Chile sintiéndome libre, distinto, nuevo... En un Chile lleno de esperanza, con una juventud concreta, una juventud idónea, transparente, amplia y coherente... Sueño en un país creciendo en colores, en olores, en una diversidad social, cultural, lingüística. Veo un Chile caminando junto a los mapuches, esa raza indómita, ese pueblo que en (más de) 500 años no ha sido sometido... Veo un Chile igualitario... Veo un Chile libre...

“Cuando la tristeza nos inunda —dice Rodrigo Solís— nos gotea por los ojos. Escurre por el cauce seco de la nariz hasta la boca. Cae en cascadas por labios afilados y sin que nos demos cuenta nos tiñe de un color invisible que de algún modo brilla y atrae a los otros tristes”. Quizás eso fue lo que pasó con Marco, porque al terminar la entrevista sus ojos goteaban discretamente mientras de la librería frente a la que estábamos sentados la voz de Pablo Milanés salía flotando con aquello de “hoy pisaré las calles nuevamente...”. Luego, una mujer ahogada de borracha o de orfandad o de ambas, se acercó para hacernos plática e invitarnos unas cervezas.
Han pasado casi 20 años. Desde entonces no he vuelto a toparme con Marco, y también desde entonces aquél libro blanco con el rostro de Allende pintado en la geografía de Chile me acompaña cual si fuese una especie de biblia laica, en espera de que la profecía de Solís se vuelva realidad: “Tarde o temprano los tristes se encuentran, se toman de las manos y bailan un ritmo que al mismo tiempo es feroz, y es lento. Una danza de ahogados en el fondo del mar más muerto. Los tristes danzan tomados de las manos y a través de sus ojos trastocados la libertad lleva una máscara macabra, el amor es el abismo que se abraza a los pies del equilibrista que tropieza y la muerte es un gran alivio”.


(1) Modak, Frida. Salvador Allende en el umbral del Siglo XXI. Plaza & Janés Editores, 1998.
(2) El Artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el único relativo al Capitulo III, De los Extranjeros, establece que “el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente”; para luego determinar que “los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”.
(3) Modak, Frida. Opus cit. p. 256.

6 de julio de 2018

BABEL :: Democracia tutelada por el neoliberalismo.

Por: Javier Hernández Alpízar / Zapateando.


Cuando varios países del Cono Sur transitaron (para usar el lenguaje consagrado por academia y medios) de las dictaduras militares (impuestas por sus oligarquías y Washington para implementar sin trabas, por primera vez en el planeta, las políticas económicas neoliberales[1]) a las democracias (en su sentido “procedimental”, partidos y elecciones), en algunos casos, como el chileno, se hablaba de democracias “tuteladas”, porque habían dejado Constituciones y elementos estructurales del Estado que impidieran tanto juzgar a los militares y dictadores como desmantelar el neoliberalismo. Los ciudadanos de esos países han tenido que seguir luchando contra las viejas estructuras de las dictaduras y el neoliberalismo para poder acercarse a una democracia que sí tenga adjetivos (aunque le pese a Enrique Krauze) como democracia económica y democracia social.

En el caso de las transiciones o meras alternancias de partidos de derecha (neoliberales) a partidos de izquierda (normalmente ya bastante convertidos al neoliberalismo), como la alternancia a la que estamos asistiendo en México, podríamos hablar de democracias tuteladas, sobre todo, por salvaguardas que impiden desmontar el neoliberalismo y que, por el contrario, ponen como premisa del cambio de personal en el aparato estatal: no tocar los elementos esenciales del neoliberalismo. Se trata de una suerte de democracia con un claro adjetivo “neoliberal”, por más que la frase sea oxímoron: democracia neoliberal (adjetivo que sí debe gustarle a Krauze).

Para entender estos elementos, recurriremos a una conferencia de Fernando Escalante Gonzalbo, un sociólogo que no se puede etiquetar como marxista o radical de izquierda, sino un académico cuyo nombre está asociado al Colegio de México, uno de sus editores, y cuya conferencia puede ser publicada incluso por el Instituto Nacional Electoral (INE).[2]

La explicación podría titularse: De cómo la autonomía del Banco de México, los 43 tratados de libre comercio y el respeto al libre mercado financiero hicieron que perdiera sentido la oposición derecha/izquierda.

Escalante lo dice así: “Cuando desaparece prácticamente la posibilidad de plantear alternativas económicas, alternativas de política económica, pierde sentido la oposición política entre derecha e izquierda”.

Y lo explica de este modo: “Los mecanismos son los siguientes: Autonomía al Banco Central… Si tiene autonomía el Banco Central para definir política monetaria, entonces cosas tan fundamentales como devaluar o revaluar la moneda y, por lo tanto, hacer más o menos competitiva la economía, los pierde el Estado, ya no puede hacer eso. Pero no sólo, sino que todos los recursos de política monetaria industrial para incentivar la economía son neutralizados también. Porque si el Estado decide ampliar el gasto para estimular la economía, el Banco Central dice: “¡Uy, eso me va a producir inflación!, entonces restrinjo el circulante”, y puede contrarrestar las políticas.

“Si sumamos a esto, autonomía de bancos centrales para neutralizar políticas monetarias y fiscales, con tratados de libre comercio de todo tipo que amarran y que impiden políticas, por ejemplo, de subsidios, en teoría, prohíben subsidios, prohíben toda forma de protección de la industria local, etcétera… sí, y la liberalización de los mercados financieros, entonces la política pierde sentido.

“De hecho – sintetiza Escalante– el mecanismo básico es la liberalización de los mercados financieros, que hace que todos los Estados estén sometidos a los movimientos de capital: tienes que bajar los impuestos a las empresas, porque si no, los mercados se ponen nerviosos y el capital se va; no, no pongas mucha regulación ambiental, porque se ponen nerviosos y se van; no, no… pero tienes que desregular el mercado laboral… y este nerviosismo de los mercados condiciona la política de todos los Estados.

“Junten estas tres cosas: 1) tratados internacionales, empezando por la OMC, 2) autonomía de los bancos centrales y 3) liberalización del sistema financiero internacional, y la política pierde contenido. Da exactamente igual qué les ofrezcan los políticos. Pueden ofrecer que les van a regalar unas palomitas, una papitas fritas… nada fundamental, como política económica.

“Y la oposición derecha/izquierda pierde sentido –insiste el conferencista–, se vacía de contenido, y el resultado a mediano paso es una deslegitimación brutal del sistema representativo. Porque terminamos pensando que son todos iguales. Y, guárdenme el secreto: tenemos razón, porque no hay nada como alternativa.

“El descrédito –concluye el sociólogo–, la deslegitimación de la democracia, tiene que ver con la imposición del modelo económico.” (Transcripción de un fragmento de la conferencia “Neoliberalismo como proyecto cultural en América Latina”, tomada de YouTube).

En resumen, un académico mexicano, autor del libro Historia mínima del neoliberalismo, explica cómo, para evitar que la sociedad use la democracia para defenderse del “libre mercado”, los intereses del neoliberalismo quedan salvaguardados para blindar a un Estado y un país (ellos dirían “un mercado”) de cualquier viraje a la izquierda.

Entendiendo esta forma de democracia tutelada por las estructuras neoliberales blindadas e inamovibles, se pude explicar cómo el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, aun si fue aplastante, casi carro completo, y con mayoría en el Congreso Legislativo, es totalmente inocuo frente al tutelaje neoliberal: 1) la autonomía del Banco de México, que el virtual presidente electo ya prometió respetar en campaña y en su “discurso del triunfo”; 2) los 43 tratados de libre comercio que México ha firmado con diversas naciones y 3) la liberalización del sistema financiero garantizada por esas estructuras y otras como los mecanismos internacionales (OMC; FMI; BM), candados que garantizan que el gobierno que viene no pueda tocar el neoliberalismo.

Esto lo ha reconocido el próximo coordinador de gabinete, el empresario de derecha (pinochetista[3], foxista) Alfonso Romo, quien ha prometido en prensa hacer de México un paraíso de las inversiones, es decir, un paraíso del neoliberalismo.[4]

Todo intento de generar inversión estatal y generar empleos, puede ser contrarrestado rápidamente por el Banco de México autónomo; todo intento de subir el salario de los trabajadores puede ser contrarrestado con medidas financieras o chantajeado con el nerviosismo de los capitales, a quienes el ingenio popular mexicano ha llamado capitales “golondrinos”.

Debe ser por esa razón que AMLO ha fetichizado la “lucha contra la corrupción” como panacea. La lucha contra la corrupción era una vieja bandera de la derecha empresarial antipriista y del panismo: que los políticos no roben, no desvíen recursos, no cometan peculado, porque ese es el problema: pero no cuestionar la explotación, ni el despojo, ni la excesiva concentración de la riqueza. Bajo el lema “primero los pobres”, se silencia el axioma: “pero sin tocar los privilegios de la plutocracia”.

Dado que no se pueden tocar los intereses de la oligarquía ni el andamiaje neoliberal, entonces “la corrupción” es el caballito de batalla de una izquierda sin un programa que la distinga de la derecha. Como dice Escalante Gonzalbo, sin la capacidad de proponer alternativas económicas no neoliberales, la oposición derechas/ izquierdas se vacío de contenido y perdió sentido: eso explica que un gabinete formado por zedillistas, foxistas, representantes de empresas como Monsanto, sean la propuesta de Obrador, y que su coordinador de gabinete sea un ex Amigo de Fox, pinochetista, cercano al Opus Dei y los Legionarios de Cristo, Alfonso Romo[5]. O bien, que la postura “moral” de Obrador lo haya hecho inflar al Partido Encuentro Social (PES) que no le aportó votos importantes (no alcanzó el 3% de padrón y perderá el registro), pero gracias al arrastre electoral (avalancha) de Obrador, tendrá 53 diputados evangélicos y ultraconservadores (el PES está vinculado a los defensores de los paramilitares que perpetraron la Masacre de Acteal, [6]. como está vinculado el ex secretario de gobernación zedillista y futuro titular de educación, Moctezuma Barragán.[7])

La legítima ira del electorado contra los responsables de dos sexenios de terror y violencia inauditos contra la población mexicana (PAN, PRI y PRD) ha llevado al poder a un partido, Morena, cuyo gobierno estará tutelado por instituciones del neoliberalismo, para su permanencia y vigencia asegurada y no sujeta al escrutinio de las urnas.

Por eso el sistema puede reconocer la derrota de sus candidatos de derecha y aceptar a un nuevo operador que será mucho más eficiente, en el sentido neoliberal del término, que buscará sanear las finanzas del Estado pero dejará intacta la estructura neoliberal y oligárquica del verdadero gobierno (de facto) en México.

Los mexicanos tendremos que seguir luchando para superar no a un partido u otro, sino a la estructura neoliberal blindada que tutela a una democracia mexicana por hoy incapacitada para procesar cambios en el modelo económico, un neoliberalismo impuesto por un shock violento: los sexenios sangrientos de Calderón y Peña Nieto, que equivalen a las dictaduras del Cono Sur y confirman la asociación entre terror de Estado y neoliberalismo.

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[1] Puede verse al respecto el documental “La doctrina del shock”, basado en un libro y conferencia de Naomi Klein, disponible en español en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=yIhZjEsgsNQ

[2] Fernando Escalante Gonzalbo, “Neoliberalismo como proyecto cultural en América Latina”, conferencia que puede verse y escucharse en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=UYJIj2d3bdY Y una versión escrita del tema en “Senderos que se bifurcan. Reflexiones sobre neoliberalismo y democracia” en Conferencias Magistrales, Temas de la democracia. No 28, publicada por el INE y disponible en pdf: www.fernandoescalante.net/wp…/SENDEROS-QUE-SE-BIFUCRAN-8-11-2017.pdf

[3] La Jornada, 2005 http://www.jornada.com.mx/2005/03/28/index.php?section=economia&article=020o1eco

[4] Desinformémonos https://desinformemonos.org/mexico-tendra-que-ser-un-paraiso-para-la-inversion-privada-alfonso-romo-proximo-coordinador-de-la-presidencia-de-la-republica-de-amlo/

[5] Proceso, https://www.proceso.com.mx/171288/alfonso-romo-opus-dei-legionario-de-cristo-y-uno-de-los-supermillonarios-de-forbes

[6] Contralínea https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2014/08/24/pes-ph-dos-nuevos-partidos-derechistas/

[7] Zeta Tijuana http://zetatijuana.com/2017/02/la-masacre-de-aguas-blancas-y-el-olvido-de-amlo/

11 de enero de 2014

Cartas a Adis: 12 de enero.

Por: Sebastián Liera.

A lo mejor te preguntes por qué elegí esta fecha para intitular esta carta que te escribo y, sintiendo un poco de curiosidad, busques “12 de enero” vía san Google; si es así, encontrarás el artículo de Wikipedia que reza eso del duodécimo día del año en el calendario gregoriano, entre otras cosas; pero, lo que la autodenominada “enciclopedia libre” no te dirá es que hace 20 años, precisamente un 12 de enero, miles de hombres y mujeres salimos a las calles para exigir que se detuviera la masacre que de suyo estaba significando la persecución contra quienes con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional le habían declarado la guerra al entonces jefe del poder Ejecutivo federal, el priísta Carlos Salinas de Gortari, y a las fuerzas armadas bajo su constitucional comandancia general.

Decirte que la informe y multimentada sociedad civil mexicana paró una guerra que según las estimaciones más conservadoras en menos de dos semanas ya costaba poco más de un centenar de vidas quizás no te signifique nada, sobre todo cuando 20 años después ves a tu país sumido en una tragedia que habiéndose cobrado cientos de miles de vidas no parece detenerse; pero tengo razones suficientes para afirmar que fue justo ése día, el 12 de enero de 1994, que nuestra suave patria comenzó a enfilarse hacia el rumbo que ha tomado y que lanzando la mirada de vuelta a ese punto podría encontrar la clave para regresar sobre sus propios pasos.

México, hijo, lo sabe hasta don Perogrullo, es muchos méxicos; pero, desde aquél 12 de enero, los méxicos que en México son pueden agruparse sobre todo en dos tipos de méxicos: el de los que tienen por ingredientes principales la represión, el despojo, la burla y la explotación capitalistas de quienes despachan en las gerencias general y departamentales que algunos todavía llaman gobiernos federal y estatales, y el de quienes han apostado por la resistencia y la rebeldía organizadas para tejer experiencias de libertad, justicia y democracia dignas.

Antes de la irrupción del EZLN, los méxicos que en México son, si bien tenían ambas opciones, parecían no tener más alternativa que inclinarse hacia la primera. El llamado neozapatismo descorrió el maquillaje de una nación que celebraba su entrada al llamado “primer mundo” luego de que el virrey neoliberal que despachaba en Los Pinos había conseguido que olvidáramos que iba desnudo y, entre otros trucos de magia y prestidigitación, decretado la inexistencia de decenas de pueblos indígenas cuyos hombres y cuyas mujeres sobrevivían y sobreviven en la más vergonzosa de las miserias.

En medio de la líquida promulgación del fin de la historia, se escucharon fuerte y claro las voces y los pasos de quienes con solidez gritaron un “¡Ya Basta!” que hizo de la posmoderna embriaguez del libre mercado la cruda barroca de la modernidad capitalista salvaje; así que la respuesta del virrey, reducido a lo que en verdad era: gerente del México, S.A., fue ordenar el envío de helicópteros y tanquetas que bombardearon y destruyeron todo lo que pudieron a su paso. Por eso se hizo necesario, m’ijo, que saliéramos a las calles y con aquello de “¡No están solos!” y eso otro de “¡Chiapas no es cuartel, fuera ejército de él!” detuviéramos la primera sangría.

Éramos gente buena y honesta que reconocimos que la demanda del EZLN de un nuevo pacto nacional que incluyera a los pueblos indígenas era justa; no obstante, al tiempo que le exigimos al gerente de la política ficción nacional que parara la masacre, le demandamos al zapatismo que apostara por la vía política y pacífica en vez de la vía armada. El salinato nos respondió con la promesa de una serie de reformas que garantizarían dicho pacto, el zapatismo asegurando que no dispararía una sola bala más; en consecuencia, nosotras y nosotros dimos nuestra palabra de luchar por una democracia, una libertad y una justicia dignas y verdaderas para los méxicos que en estas tierras somos.

Muchos han sido y serán los errores achacables al zapatismo, hijo; pero en 20 años sus mujeres y sus hombres, que nos dieron título de Señora Sociedad Civil, no han cejado en sus intentos de construir experiencias organizativas que buscan garantizar no sólo una vida digna a sus propios pueblos, sino a las y los mexicanos todos; en cambio, el salinato, que nos redujo a asociaciones civiles asistencialistas, continuó con el desprecio, la persecución, la amenaza, el secuestro, el asesinato, la desaparición y el robo y no ceja en su intento de hacer pedazos al país todo.

El zapatismo cumplió a carta cabal su palabra y el salinato no; pero, de algún modo, desde la llamada sociedad civil ya sabíamos que eso ocurriría. Lo trágico de todo esto es que fuimos precisamente la mayoría de esa sociedad civil la que tampoco cumplimos y, hoy, en lugar de parar la guerra como lo hicimos el 12 de enero de hace 20 años, conforme hemos ido traicionando la palabra que empeñamos es la guerra la que nos ha ido parando a nosotras y a nosotros.

3 de septiembre de 2013

Pronunciamiento del CUASA sobre las recientes movilizaciones en la ciudad de México.


Las sociedades democráticas necesitan de la discusión de ideas, el desacuerdo y la deliberación para oxigenarse. Cuando éstas pierden el espacio suficiente para dar cabida a las minorías, a los disidentes, a los otros, generando mecanismos de exclusión para impedirles el diálogo, la democracia se asfixia y pierde su razón de ser y su motor más fuerte: los derechos de todas y todos.
Es a partir de este desacuerdo natural de las sociedades y de las condiciones en el país en donde la desigualdad se ha convertido en un eje transversal de las problemáticas cotidianas, que la protesta social se vuelve no sólo legítima, sino intensamente necesaria, constituyendo un derecho de toda persona.
En los últimos días, los habitantes de la ciudad de México hemos sido testigos de la manifestación de inconformidad de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) frente a una serie de decisiones del gobierno en materia educativa que ha provocado su indignación y que ha resultado en las movilizaciones en distintas partes del Distrito Federal. Actos como éste son comunes cuando el sistema político se muestra cerrado e insuficiente para dar cabida a las distintas formas de concebir el mundo, independientemente de que se esté o no de acuerdo con ellas. El ejercicio del derecho a la protesta social puede generar la tensión o choque con otros derechos; esto es natural y debe ser resuelto a partir de los principios democráticos de la tolerancia, el diálogo, el reconocimiento de la otredad y la solución pacífica de controversias.
Sin embargo, la respuesta generada por parte de muchos medios de comunicación y por una parte importante de la sociedad resulta preocupante. Lejos de discutir los problemas estructurales o las condiciones materiales de desigualdad a la que los maestros apelan para explicar su protesta, se ha adoptado un discurso de criminalización a priori y se ha acompañado por un peligroso discurso de exigencia de la fuerza y mano dura del Estado, ignorando por completo las problemáticas de los maestros y adoptando lenguajes de corte autoritario y represivo.
Los medios de comunicación que han criminalizado esta protesta mantienen conductas de estigmatización al adjudicar una serie de adjetivos que rayan muchas veces en el racismo o el clasismo al referirse al magisterio, ocultando todos los matices y, sobre todo, los espacios de diálogo y explicación que deberían de dárseles a quienes ejercen este derecho, para resultar en un desvío de la información de fondo. Sumado a esto, organismos como la CNDH, lejos de buscar la protección de los derechos humanos, parecen ser ajenos a los agravios y a la búsqueda de soluciones pacíficas al proponer soluciones violentas y atentar contra el derecho a la protesta.
Es indispensable recordar que las autoridades están obligadas por principio a respetar el ejercicio de este derecho, así como proteger y garantizar la seguridad de las personas que lo ejercen. Consideramos que la única salida viable para el conflicto, para el bien de la sociedad y el respeto de los derechos humanos es el diálogo y los acuerdos encaminados a solucionar los problemas originales y sustanciales, convertidos en desigualdad e injusticia para los grupos involucrados, y de los que deriva toda protesta social.

Colectivo de Abogadas y Abogados Solidarios CUASA

17 de agosto de 2013

La democracia se simula con elecciones cada 6 años: EZLN.

Por: Elio Henríquez / La Jornada.

Luego de criticar a los partidos, que “se gastan el dinero del pueblo”, bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional manifestaron que en México “sólo habrá transformación y democracia verdadera, no simulada, cuando el pueblo elija a un gobierno que mande obedeciendo”.

En la quinta y última sesión de la Escuelita, en la que se imparte el curso La libertad según l@s zapatistas, los participantes señalaron que “la democracia oficial es impuesta”, ya que “no es el pueblo el que decide”, mientras que en la “democracia autónoma lo fundamental es que el pueblo dé su opinión y sus propuestas, y si se equivoca al nombrar a sus autoridades, las quita”.

En la videoconferencia que abordó el tema La democracia según los zapatistas, dijeron que “en el sistema, la democracia se simula cada tres o seis años con las elecciones, mientras que en los gobiernos autónomos la ejercemos y vivimos a diario”.

Lamentaron que “la democracia oficial no permita que el pueblo discuta, opine, analice y exija cumplir lo que se promete, pues todo es impuesto, como la ley de víctimas” aprobada por los legisladores hace unos meses, sobre la cual “no se preguntó a los familiares si estaba bien y si es para protegerlos”.

Pacto por México, impuesto.

Uno de los rebeldes reiteró que “todo es impuesto, incluso el Pacto por México nunca fue consultado ni le preguntaron al pueblo si estaba de acuerdo en tomar ese rumbo para mejorar a México.

“Por eso a esos políticos que brincan de partido en partido nosotros ya no les creemos ni les hacemos caso; su democracia es camuflada, sólo para engañar al pueblo. A esos políticos que brincan para ver dónde se acomodan y roban mejor les decimos títeres, porque sólo le cumplen a su amo: el capitalismo”, señaló.

Una vez concluida la Escuelita, este sábado se impartirá la cátedra Caminante Tata Juan Chávez, en las instalaciones del Centro Indígena de Capacitación Las Casas, con sede en esta ciudad.

1 de julio de 2013

El Triunfo de la Esperanza

Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx



Si alguna conclusión cierta puedo sacar tras cerca de 20 años de trabajar en la promoción y defensa de los derechos humanos, es ésta: los gobiernos mienten. Parece una verdad de Perogrullo, pero es mucho más que eso: los gobiernos no hacen otra cosa que mentir, ocultan información, se aprovechan de la ausencia de controles, responden a intereses inconfesables, se pliegan a las órdenes de quienes tienen el dinero y, con ello, el verdadero poder. Los gobiernos suelen ser monstruos inútiles, pesados, y en muchos casos, represivos y asesinos.

Hay ocasiones en que, incluso en los países que se autodenominan desarrollados (sobre todo en los países que se autodenominan desarrollados), se destapa la cloaca y uno puede atisbar, por detrás de las apariencias, la realidad de corrupción que envuelve a la gran mayoría de los gobiernos. Un ejemplo reciente es la persecución desencadenada en contra de Edward Snowden, el norteamericano que se atrevió a desafiar al gobierno más poderoso del mundo demostrando, con pruebas documentales en la mano, que los Estados Unidos se han especializado en el espionaje y en el chantaje. Ahora quieren meterlo a la cárcel. Estoy seguro que seguirán persiguiéndolo, como antes lo hicieron con Julian Assange, justamente porque a los gobiernos no les gusta que se publiquen sus desmanes y, caraduras, quieren conservar un aura de honorabilidad.

Todo esto me viene a la mente después de visitar el asentamiento El Triunfo de la Esperanza en el Petén guatemalteco. La historia es antigua y puede usted encontrar sus rastros en todas las ocasiones en que, en esta misma columna, me he referido a la comunidad Nueva Esperanza. Se trata de una comunidad que fue desplazada con violencia del territorio donde habían habitado durante más de cuarenta años por la Policía Nacional y el Ejército Guatemalteco. En su huída, la comunidad Nueva Esperanza cruzó la frontera y se estableció del lado mexicano, en las orillas de la comunidad Nuevo Progreso, en el municipio de Tenosique. Ahí permanecieron durante más de un año, en condiciones tan precarias de salud y alimentación, que su situación cobró la vida de una niña. Después de meses de negociaciones con el gobierno guatemalteco y de presiones nacionales e internacionales, la comunidad consiguió que el gobierno los trasladara a una finca que permitiera albergar a todas las familias desplazadas. Es así como el 28 de febrero del presente año, la comunidad Nueva Esperanza comenzó a ser El Triunfo de la Esperanza, al entrar a tomar posesión de lo que sería, de ahora en adelante, su nuevo territorio.

En el proceso de negociaciones, el gobierno guatemalteco, bajo la mirada y observación internacional, se comprometió a hacer el trazado de las calles, a lotificar los terrenos donde se construirían las casas, a prestar asistencia en salud y alimentación mientras la comunidad pudiera sembrar para poder autoabastecerse de alimentos. Pues bien, hace algunos días tuve la oportunidad de participar en una misión de observación de las condiciones en las que se encuentra El Triunfo de la Esperanza. Enclavadas en el Petén Guatemalteco, cerca de la municipalidad de Flores, las familias de El Triunfo de la Esperanza se encentran todavía hoy, tres meses después de su asentamiento, en las mismas condiciones de precariedad en que se encontraban cuando se hallaban desplazados en la frontera con México: chozas hechas con lonas y endebles láminas, escasez de alimentos, problemas de salud… lo único que parecen haber ganado hasta el momento, es la reubicación y la posibilidad de rehacer su vida comunitaria sin temor a ser desplazados nuevamente. No es poca cosa, dirán algunos, pero la impresión con la que uno se queda después de haber visitado el campamento es de una profunda indignación por el incumplimiento de parte del gobierno guatemalteco.

Esta indignación se vuelve rabia cuando se asoma uno a la propaganda gubernamental que, en Youtube, muestra el retorno de los desplazados como una obra de justicia y magnanimidad de parte del gobierno guatemalteco y omite señalar el año y medio de abandono en el que se mantuvo a la comunidad desplazada. Un promocional asqueroso.

Quiero por eso aprovechar este espacio para invitar a los pacientes lectores y lectoras de esta columna semanal a unirse a la acción urgente que circula en internet a favor de la comunidad El Triunfo de la Esperanza. Para fortalecer el proceso de exigencia que dichas familias hacen delante del gobierno guatemalteco, Indignación A.C., organización que forma parte de la Misión Civil de Observación que visitó a la comunidad, invita a enviar una carta a la embajada o consulado guatemalteco, recordando al gobierno de Guatemala los compromisos que firmó para el retorno de las familias desplazadas y que ha incumplido hasta el día de hoy. Les comparto el comunicado de Indignación A.C.

Acción solidaria | El Triunfo de la Esperanza, en riesgo

Compañera, compañero:

Te pedimos, con urgencia, tu solidaridad y tu ternura para acompañar a las familias guatemaltecas de El Triunfo de la Esperanza (antes Nueva Esperanza), que después de enfrentar varios desalojos y vivir en la frontera con México, retornaron a su patria y fueron reubicadas en el departamento de El Petén, municipio de Flores en febrero pasado.

La semana pasada una comisión de la Misión Civil de Observación realizamos una visita. El gobierno no ha cumplido lo acordado y las familias se encuentran todavía en situación de campamento y en condiciones que ponen en riesgo la integridad física, la salud y la vida.

Desde el lugar del mundo en el que estés puedes actuar para exigir al gobierno de Guatemala cumplir sus compromisos y garantizar condiciones de vida digna a la comunidad.

Adjuntamos a estas líneas, en archivo adjunto y aquí mismo, al final del correo, un modelo de carta para entregar al Cónsul o Embajador/a de Guatemala en tu país, en tu ciudad. (Puede encontrar estos documentos en www.indignacion.org.mx)

Únicamente tienes que averiguar el nombre y dirección electrónica (si no está en la lista que adjuntamos) del Embajador o Cónsul de Guatemala en tu país o ciudad, añadirlo a la carta, firmarla o escribir tu nombre, pegarla en un nuevo correo y enviarla.

Envíanos por favor copia o registro de la comunicación que dirijas a informativo@indignacion.org.mx Si tu comunicación es electrónica inclúyenos en copia (sea visible u oculta) y si es impresa envíanos un correo informando en qué ciudad, a qué cónsul o embajador la dirigiste.

Te agradecemos enormemente tu solidaridad.

Por la Misión Civil de Observación
Equipo Indignación

8 de noviembre de 2012

El derecho a decidir.


Publicado en Milenio-Novedades, de Yucatán, el 6 de noviembre de 2012.

Por José Ramón Enríquez.

Este martes, además de la presidencia, se juega en los Estados Unidos algo que para mí ya supone un triunfo cultural: tres estados irán a referéndum para legalizar la marihuana. No se trata de alegar finalidades terapéuticas, como en otros estados, sino de fines puramente recreativos.
No estoy seguro de los resultados aunque, dada la historia del puritanismo fundacional norteamericano, es muy posible que gane el No. Sin embargo, el solo hecho de que la pregunta se plantee en Oregon, Washington y Colorado, supone un avance en el pensamiento de los norteamericanos respecto a un derecho que ha sido visto desde una perspectiva de moralidad pública y que, hasta hoy, ha perdido todas las batallas.
Antes de continuar quiero dejar bien claro que plantear la legalización de la marihuana como el triunfo de un derecho no significa que promueva su consumo.
Hace 40 años que no bebo una gota de alcohol, luego de conocer en mi juventud el horror, el auténtico infierno al que puede llegarse por esta adicción, sin distinción de edades ni de sexos. Sin embargo, jamás pediría que se negase a los demás el derecho a beber. Inclusive, la terapia contra el alcoholismo parte de que haya la voluntad de no beber en el enfermo, no de que se imponga una ley prohibicionista.
Puedo decir lo mismo, tras haber fumado durante muchas décadas tres cajetillas diarias. Se deja de fumar porque se escoge, no porque esté prohibido. En terapias de este tipo la prohibición es contraproducente.
Aparte de los males que la prohibición conlleva, y están a la vista en toda la sangre derramada por la “guerra contra el narco”, hay una falta de respeto fundamental en el prohibicionismo: se nos considera menores de edad y se nos “cuida”. No estamos “maduros” para tomar decisiones. No estamos maduros para la democracia y el Big Brother debe decidir por nosotros.
Cada vez más voces de presidentes latinoamericanos y figuras indiscutibles del pensamiento contemporáneo están por la legalización.
Que simplemente se planteen las cosas en estos términos en Estados Unidos es ya una victoria, como lo fue en California, aun cuando se haya perdido. Ya sólo es cuestión de tiempo para permear las conciencias.
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