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14 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Ocho.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Llegamos a nuestra octava entrega, la cual debimos haber publicado el pasado 12 de octubre; sin embargo, ése día nos tuvimos que organizar desde temprano para ir a la Ciudad México y marchar en el contexto de la Jornada Global de Lucha en Defensa de Nuestra y Nuestros Territorios ¡Samir Vive!, y, bueno, después seguirle la pista a la invasión fascista que la Turquía de Erdogan está llevando a cabo contra el norte de Siria para someter al movimiento de liberación kurdo y servírselo en bandeja de plata al ISIS y, un poco más cerca geográficamente, pero igual de próximo en el corazón, observar la lucha de los pueblos y nacionalidades indígenas de Ecuador que ha logrado la cancelación del decreto 833 firmado por Lenín Moreno para aplicar el Paquetazo que pretende imponer el FMI que, a decir del presidente de México, “ya cambió”... y que en Haití, donde hoy su pueblo ha salido a las calles convocado por sus artistas exigiendo la dimisión del presidente Jovenel Möise y el final de las medidas del FMI, no piensan como él (el presidente de México); veremos qué sucede, cómo dice la CONAIE: esto no termina hasta que el acuerdo se concrete a cabalidad.

Regresamos, pues, a nuestro ejercicio dramaturgista en torno de la obra Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta, que la actriz y maestra de teatro Jessica Cortés está por estrenar en el marco de la actual edición del Festival Internacional de Teatro Universitario de la UNAM. Esta vez, por habernos retrasado dos días, la entrega será, si no doble, sí un poco más extensa que las anteriores, pues, hemos querido abordar el momento histórico que Vilalta ha querido abrazar y mostrar al público con Esta noche...: la escalada del fascismo, mismo que en la propuesta de Cortés será soslayado para ponernos la mirada ante la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y el asesinato de Samir Flores. Se trata de la génesis de ése capítulo de la historia mundial en el que Vilalta y su familia son obligados a dejar su tierra natal: Cataluña, por el ascenso de la expresión española del fascismo: el franquismo. ¿Listas, listos, listes? Aquí vamos.

Para Maider Elortegui Uriarte (Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa), bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas la escuela rural, con dinámicas improvisadas desde cada institución, comenzó a significarse por medidas unificadoras con planes, programas y métodos diseñado por autoridades de la SEP y no, como se había hecho hasta entonces, por los directores de cada plantel. Las vertientes teóricas de este período que, a pesar de las contradicciones propias de un discurso y un actuar que pudieran considerarse socialistas al interior de un sistema de partido de Estado atado a un modelo económico de explotación capitalista, ha sido por muchas y muchos historiadores como la etapa de madurez de la inconclusa, raptada e inacabada “Revolución Mexicana”, seguían influenciadas por la Escuela Racionalista, la Escuela Nueva y algunas experiencias pedagógicas que llegaban de la Unión Soviética, como la de Antón Makarenko, quien organizara la Colonia Gorki para brindar educación a niñas y niños huérfanos (muchos de ellos vagabundos y delincuentes) que, sin duda, provocó una fuerte reacción por parte de distintas fuerzas de la burguesía, la aristocracia y el clero.

En este sentido, el cooperativismo, nos dice Elortegui, fue la forma de organización para transformar estructuralmente el territorio de la mano de la reforma agraria cardenista, contra los sistemas de explotación caciquiles impulsores de miseria, ignorancia y rezagos educativos y sociales, y las y los maestros rurales jugarían un papel destacado en todo ello, haciendo de la comunidad una familia; formando comisiones de alumnos que fomentaran el ánimo y el orgullo por su identidad; realizando talleres para desarrollar cooperativas de producción agrícola y ganadera; impulsando campañas de higiene, deporte y salud; realizando eventos teatrales y musicales; promoviendo pensamientos ideológicos con conciencia de clase hacia una estrecha relación con las organizaciones campesinas (pronto corporatizadas en el partido de Estado), y erradicando el analfabetismo como punto de partida para la concientización del pueblo.

Con todo, y a pesar del aumento del gasto público destinado a la educación durante la administración cardenista, la escasez de recursos continuaba siendo un problema y fue uno de los detonantes, apunta Elortegui, para que surgieran rupturas políticas y organizativas, magisteriales y estudiantiles, dentro del normalismo rural, y no solo; aunque la mayoría, enfatiza, sostuviera la postura del cardenismo. De ésa radicalización surgieron el Sindicato Único de Trabajadores de la Enseñanza Superior Campesina (SUTESC) y la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), “con una fuerte influencia –cita Elortegui a Civera– de los misioneros culturales y del Partido Comunista.” Fundada el 18 de marzo de 1935 en la Normal Rural de Roque, Guanajuato, la FECSM representaba, en tanto organización nacional, a todas las normales regionales del país; a saber (gracias a la relación que hace José Socorro Martínez Aguilar en su reseña histórica La FECSM y las escuelas normales rurales):

ESCUELAS NORMALES RURALES PARA MUJERES:
  • "Carmen Serdán", de Teteles, Puebla; que antes había funcionado en Hueyapan.
  • "Gral. Lázaro Cárdenas del Río", de Palmira, Morelos; que antes funcionaba en Oaxtepec.
  • "Gral. Mariano Escobedo", de Galena, Nuevo León.
  • "Hipólito Reyes M.", de Panotla, Tlaxcala; que había funcionado en Huamantla.
  • "Justo Sierra Méndez", de Cañada Honda, Aguascalientes.
  • "Miguel Hidalgo", de Atequiza, Jalisco; que antes estaba en Tuxcueca.
  • "Ricardo Flores Magón", de Saucillo, Chihuahua; antes, en Flores Magón.
  • "Vanguardia", de Tamazulapan, Oaxaca; antes, en San Antonio de la Cal, primero, y en Cuilapan, después.
  • "Vasco de Quiroga", de Tiripetío, Michoacán; antes, en Tacámbaro.

ESCUELAS NORMALES RURALES PARA HOMBRES:
  • "Abraham González", de Salaices, Chihuahua.
  • "Basilio Badillo", de Zagaroza, Puebla; antes ubicada en Xochiapulco.
  • "Enrique Rodríguez Cano", de Perote, Veracruz; antes en Mizantla.
  • "Felipe Carrillo Puerto", de San Diego Tekax, Yucatán.
  • "Gral. Emiliano Zapata", de Champusco, Puebla.
  • "Gral. Emiliano Zapata", de Jalisco, Nayarit.
  • "Gral. Lázaro Cárdenas", de Tenería, Esatdo de México.
  • "Gral. Lázaro Cárdenas", de Xocoyucan, Tlaxcala.
  • "Gral. Matías Ramos Santos", de San Marcos, Zacatecas.
  • "Gral. Plutarco Elías Calles", de El Quinto, Sonora.
  • "Gral. Guadalupe Aguilera", de Santa Lucía, Durango.
  • "Justo Sierra Méndez", de Hecelchakán, Campeche.
  • "Lauro Aguirre", de Tamatán, Tamaulipas.
  • "Lic. Gabriel Ramos Millán", de Roque, Guanajuato; donde se fundó la FECSM.
  • "Luis Villarreal", de El Mexe, Hidalgo.
  • "Miguel Ángel de Quevedo", de La Huerta, Michoacán.
  • "Moisés Sáenz", de Reyes Mantecón, Oaxaca; antes en Comitancillo.
  • "Pantaleón Domínguez", de Mactumatzá, Chiapas.
  • "Profr. Rafael Ramírez", de Sta. Teresa, Coahuila.

En Europa, mientras tanto, Hitler, quien desde 1933 ocupaba la cancillería del gobierno alemán, afianzaba el poderío del Tercer Reich tras el incendio del Parlamento; la represión a los sindicatos obreros de izquierda; la cancelación de las libertades de opinión, de asociación y de prensa, entre otras; la persecución a comunistas, anarquistas y socialdemócratas; el boicot a comercios, fábricas, bancos y editoriales judías, junto con la posterior prohibición de que judíos ejercieran como funcionarios, abogados, notarios, periodistas y médicos, o la quema frente a todas las universidades alemanas de aquellos libros considerados revolucionarios u opositores al régimen nazi. Y, nuestra autora (con escasos tres años de vida) y su familia regresaban a Barcelona de su autoexilio en París; al año siguiente: 1936, Antoni Vilalta, padre de Maruxa, se reintegraría nuevamente a Izquierda Republicana de Cataluña (ERC, por su siglas en catalán). Durante los primeros meses de 1936, la polarización entre la izquierda revolucionaria y la derecha fascista españolas, pasando por una izquierda moderada, una derecha republicana con un centro anticlerical y una derecha de fuerte componente católico y pro monárquico, fue in crescendo. Tan solo entre febrero y julio, antes de iniciarse el relativamente fallido golpe de Estado, entre el 17 y el 20 de julio, se llegaron a contabilizar un total de 189 incidentes, con un coste de 262 muertos; de las 262 víctimas, 148 eran militantes de la izquierda, 50 de la derecha, 19 de las fuerzas del orden público y una suma de 45 personas sin identificar, en un patrón de muertes que, a diferencia de lo que esgrimió el bando que protagonizaría el golpe, iba en descenso. No obstante, dicha violencia fue utilizada por el fascismo español como justificación para sublevarse a la República y al gobierno del Frente Popular, recién vencedor en las urnas.

Julio Aróstegui, en su libro La Guerra Civil. La ruptura democrática, narra que una vez sofocada la rebelión del bando sublevado en Barcelona, en virtud de la práctica desaparición de cualquier sector del ejército que fuera fiel al gobierno de la República, salieron varias columnas formadas rápidamente por las organizaciones obreras y los partidos de izquierda, para dirigirse a Aragón. Junto con las columnas del recién fundado Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de tendencia comunista contraria al estalinismo y en ruptura con el trostkismo, y el aún más reciente Partido Socialista Unificado de Cataluña, de inclinación marxista-leninista (y una columna de ERC, el partido de Vilalta, que salió de Tarragona); junto a estas columnas, decíamos, los contingentes más importantes los aportaron las milicias populares llamadas confederales de las organizaciones anarquistas: la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la Federación Ibérica de Juventudes Revolucionarias (FIJL). La más numerosa sería la Columna Durruti, encabezada por el líder de la FAI Buenaventura Durruti, que salió de Cataluña el 24 de julio en dirección a Zaragoza. Sin embargo, ninguna consiguió su objetivo de liberar del todo las capitales aragonesas de Zaragoza, Huesca y Teruel, en manos del bando sublevado. Ése es el contexto en el que la familia Vilalta Soteras saldrá al exilio con rumbo a Bruselas, Bélica, donde vivirán aproximadamente tres años: hasta 1939.

De vuelta en México, la naciente FECSM se había creado en el contexto del plan sexenal cardenista que, en materia de educación, promovió la combinación de las misiones culturales vasconcelistas, las normales rurales herederas de éstas y las escuelas centrales agrícolas callistas en escuelas regionales campesinas; lo que exigió de los maestros, a decir de Luz Elena Galván Lafarga, no ya el rol misionero con que soñó Vasconcelos o el papel revolucionario que supuestamente empujó Calles; sino el lugar del articulador de procesos organizativos cooperativistas que además de comprometerse con sus respectivas comunidades lo hiciera con la reforma agraria cardenista: el agitador político. Espejo de ello, la FECSM tendió hacia la organización de campesinos, obreros y estudiantes. Los estudiantes, nos dice de nuevo Elortegui, se proponían participar en la defensa de la educación pública y promover el derecho a que las hijas y los hijos de los más pobres tuvieran acceso a una educación que dignificara y transformara su realidad social. Según documentos internos de la FESCM consultados por Elortegui, el resto de organizaciones estudiantiles de corte citadino los excluían por ser “hijos de campesinos que no tienen derecho a exigir nada, puesto que en sus casas no duermen en cama y algunos no comen ni siquiera tres veces al día”:
La Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (F.E.C.S.M.) nació bajo el calor de la lucha, como organización revolucionaria en defensa de los intereses comunes de la juventud campesina (…) Donde nace y se cultiva la auténtica aspiración de los campesinos. De ahí nació el grito de alerta para defender la educación popular, de ahí nace una organización estudiantil, cuya esencia de educar al pueblo y liberarlo de los opresores, se vuelve la tarea fundamental de los maestros rurales.

No obstante, nos dice Alicia Civera, sabemos que las escuelas regionales campesinas no obtuvieron un respaldo homogéneo y constante por parte de la SEP, y ello se agudizaría ante la heroica hazaña de privatizar la industria petrolera, que significó casi toda la atención del gobierno. Así, las dinámicas internas del normalismo rural y sus vínculos con las comunidades dependieron en buena medida de las relaciones del gobierno federal con las autoridades estatales y locales, y, sobre todo, de las diferencias internas entre las instancias federales (fundamentalmente: SEP, Secretaría de Agricultura y Banco de Crédito Ejidal) y al interior de la misma Secretaría de Educación; tanto en relación con los espacios de atención de cada dependencia, como en torno al proceso de organización gremial de un magisterio que debido a una situación económica cada vez más crítica, recurrió, como apunta Galván Lafarga, a huelgas para lograr aumentos de salarios y a la federalización de la educación que pusiera fin a los pagos irregulares. De esta suerte, el descontento hizo crisis en 1937 y estallaron huelgas de maestros en Querétaro, Coahuila, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Tamaulipas, como apunta David Raby en Educación y revolución social en México. Y, por si fuera poco, ése mismo año el gobierno cardenista desapareció las Misiones Culturales.

Por otra parte, el sexenio de Cárdenas, siendo uno de los períodos más luminosos del normalismo rural, también fue uno de los más críticos en cuanto a los ataques de distintas fuerzas de la burguesía que buscaron a toda costa dinamitar el proyecto cardenista. Tatiana Coll en su ensayo Las Normales Rurales: noventa años de lucha y resistencia, cuando habla de Ayotzinapa confirma que al ser una de las primeras normales rurales del país (recordemos que se fundó en 1926), su historia corre paralela a la narrativa que hemos trazado líneas arriba; pero, como elemento característico, la distingue su constante resistencia a un sistema económico y unos sus sectores más conservadores, que siempre han visto en la existencia de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” una piedra en el zapato de sus intereses. Desde los grupos cristeros, que constantemente la amenazaban en su génesis, hasta la presencia de caciques y terratenientes locales que han ejercido impunemente una violencia cotidiana aún en nuestros días, pasando por el llamado del clero a desorejar y colgar a los “maestros comunistas”, las fuerzas reaccionarias gobernantes, terratenientes y los fanáticos religiosos, se lanzaron decididamente a acabar con las que consideraron “escuelas del diablo”, y maestros y maestras, mártires de la misión, fueron perseguidos, hostigados y torturados por las llamadas “guardias blancas” de los finqueros.

Aunado a lo anterior, las fuerzas más reaccionarias y derechistas del país rebasaron a la burguesía y se aliaron con grupos filofascistas en sus esfuerzos por acabar con el cardenismo; mientras el sabotaje internacional que promovieron los gobiernos imperialistas de Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos que vieron minadas sus ganancias tras la expropiación petrolera (sabotaje que, por cierto, no secundaron ni la Alemania de Hitler, ni la Italia de Mussolini), ocasionaba la caída de las exportaciones (a pesar de que la Alemania nazi compraba el 70% de las exportaciones de un crudo mexicano que más tarde le permitiría volar y bombardear Europa; como pasaría con Guernica, destruida en apoyo a Franco) y propiciaba la devaluación de la moneda. La alianza de las fuerzas fascistas en México auspició la organización de grupos de choque, como la Unión Nacionalista Mexicana, el Partido Nacionalista de México, la Vanguardia Nacionalista Mexicana, la Juventud Nacionalista de México, la Confederación de la Clase Media o la Unión Nacional Sinarquista, fundada por Hellmuth Oskar Schreiter, miembro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (el Partido Nazi), que llegó a agrupar a más de medio millón de hombres y mujeres provenientes de las capas rurales más abandonadas del país. Y, en el campo de la propaganda, por ejemplo, el gobierno cardenista tuvo que contrarrestar publicaciones derechistas como la revista Timón, dirigida por Vasconcelos, “El Apóstol de la Educación”, con financiamiento de la embajada alemana en México.

Cárdenas vio necesario, entonces, fortalecerse atrayendo para sí a las fuerzas de la clase trabajadora sin que ello significara dejar de negociar con las fuerzas de la burguesía que, a pesar de la nacionalización de los trenes, el reparto agrario de 18 millones de hectáreas a la clase campesina (que, por razones productivas, reconstituyó al ejido), la misma expropiación petrolera y la llamada educación socialista, estuvieran dispuestas a caminar junto a su gobierno. Eso lo llevó a desbaratar la estructura callista del PNR, afianzada en partidos locales que daban fuerza a cacicazgos políticos en distintas regiones del país, y lo sectorizó corporativizando (valga la expresión) a las fuerzas organizadas obreras, campesinas, populares (incluyendo a las mujeres) y militares. La sectorización cardenistas del rebautizado Partido de la Revolución Mexicana (PRM), si bien parecía arrinconar a la “burguesía revolucionaria” al interior del partido de Estado, la potenció, justamente, en los cacicazgos regionales que esperarían a que la historia nacional le diera vuelta a la página del cardenismo. Entre tanto, Cárdenas se dio a la tarea de integrar a su administración a las fuerzas de la burguesía menos reaccionaras (o que se guardaron de mostrarse como tales) reestructurando, para decirlo con Doralicia Carmona Dávila, los intereses del sector privado mediante su agrupación en cámaras de comercio e industria: la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco) y la Confederación Nacional de Cámaras de Industria (Concamin), con afiliación obligatoria. Así demostraba que no era su enemigo, amén de que no se negaran a participar en la construcción del México moderno. De esta suerte, empresarios no nada más nacionales, sino también extranjeros, como el empresario azucarero y todopoderoso de la industria cinematográfica en México, William O. Jenkins; el empresario de la industria manufacturera, fundador de la México Golf Association (hoy, Federación Mexicana de Golf) y dueño del exclusivo Country Club, Harry Wright, y el banquero Carlos Trouyet, principal promotor de la mexicanización de Teléfonos de México (no por nada lo llaman el Slim de los 60); siempre pudieron disfrutar de la buena disposición del gobierno cardenista.

Paralelamente, vendrían las creaciones de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que aglutinó múltiples sindicatos nacionales de industria y gremiales, así como federaciones municipales de trabajadores; de la Confederación Nacional Campesina (CNC), que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas; de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), que junto con el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, que reunía a 800 organizaciones de mujeres de todo el país con cerca de 50 mil integrantes de diversas posturas ideológicas con un objetivo común: conquistar el derecho a votar y ser votadas, dio paso al sector popular, y la mejora en la paga, las condiciones de trabajo y el armamento del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina, y, a todas las integró al PRM. Fue así como, siguiendo a Carmona Dávila, el cardenismo vinculó a las masas de trabajadores del campo y la ciudad con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a las fuerzas de la burguesía nacionales y extranjeras contrarias a su proyecto de nación: en un país casi analfabeto y sujeto fuertemente a la influencia de poderes fácticos conservadores intocados por la “Revolución”, para el cardenismo fue inconcebible abrir los cauces de la democracia electoral, pues, desde su interpretación eso hubiera significado (como ocurrió en la España del 33, donde el voto femenino se inclinó por la derecha) el derrocamiento por la vía del voto libre de las fuerzas de la burguesía que, como Cárdenas mismo, habían ganado la “Revolución Mexicana” y detentaban el poder.

Para 1939, sofocada la rebelión de Saturnino Cedillo apoyada por Hellmuth Schreiter, Heinrich Northe (primer secretario de la delegación alemana en México) y el espía alemán Ernst von Merck, la actividad de las escuelas regionales campesinas parecía, para decirlo con Susana Quintanilla, minúscula al haberse convertido en centros de acopio para pagar la deuda externa por la expropiación de la industria petrolera y, a esas alturas del período cardenista, más de 200 maestras y maestros rurales ya habían sido asesinadas y asesinados por gavillas armadas, poblaciones enardecidas, “guardias blancas” solapadas por caciques y hacendados o autoridades de gobiernos locales opuestas a los dictados de la federación. La mutilación de los cuerpos, reafirma Quintanilla, en particular el corte de orejas, y la saña con la que se actuó sobre las mujeres, dan cuenta del horror vivido en Guanajuato, Puebla, Jalisco, Colima o Veracruz, y de los altos costos en términos humanos que representó la cruzada de la educación socialista en el campo mexicano.
La ejecución de maestros fue la más repulsiva de las muchas expresiones de rechazo e inconformidad hacia la reforma de 1934. La quema de aulas, la inasistencia a clases, el hostigamiento cotidiano a los maestros, la indiferencia o el abandono fueron prácticas comunes en algunas zonas como la de Los Altos de Jalisco, el sur del Estado de México y el de Sinaloa, las regiones serranas de Puebla y algunos municipios de Aguascalientes, Querétaro y Durango. Redes civiles y paramilitares, algunas de ellas fuera del control de los poderes institucionalizados, se enfrentaron al proyecto educativo y agrario del gobierno. Durante los albores del cardenismo la lucha cobró cauces violentos y llegó a paralizar casi por completo la actividad escolar. El Estado respondió a los ataques mediante el cierre de escuelas y de iglesias, la “purga” de maestros considerados “reaccionarios”, la expulsión de sacerdotes y de monjas, las campañas militares y la entrega de armas a los campesinos leales al gobierno.

Sería deshonesto, acepta Quintanilla, mostrar solo la faz violenta, y por tanto de mayor dramatismo, de lo acontecido en aquella época. Habitantes de no pocas poblaciones del país compartieron los principios de la educación socialista y actuaron como sus defensores más acérrimos. Ejemplos como el norte de Sinaloa, algunas localidades de Sonora, el corredor industrial de Tlaxcala y la Comarca Lagunera, son indicativos de la existencia de consensos activos hacia el proyecto educativo cardenista. Por otra parte, desde 1937 Cárdenas había dado instrucciones a su secretario de Educación Pública, Gonzalo Vázquez Vela, de impulsar un programa educativo acorde a los pueblos originarios que puso en marcha las llamadas Escuelas de Trabajo y el fomento y modificación de los Internados Indígenas. Muchas de estas escuelas se toparon con la renuencia no solo de hacendados y curas, sino también de los caciques indígenas cuyas comunidades practicaban economías de subsistencia y habían estado al margen de la “Revolución”. Su rechazo, apunta Quintanilla, no puede atribuirse nada más a la defensa de sus formas de vida frente a las amenazas del exterior; la oposición más radical provino de los grandes terratenientes “ladinos”, que no veían con buenos ojos tener que sostener los costos de escuelas en las que se les enseñara a “sus” peones la importancia de «acabar con la tiranía de los patrones», y de los caciques indígenas que no estaban dispuestos a compartir con el gobierno cuotas de poder y espacios de control.

Del otro lado del charco, particularmente en España, tras la caída de Cataluña en manos del bando sublevado y gracias a la complicidad de Gran Bretaña y Francia para con el franquismo y al apoyo de Alemania e Italia a “los nacionales”, la República Española llegó a su fin y el ascenso de Francisco Franco como “Generalísimo” y “Jefe del Estado Español”, títulos en los que se había autoproclamado desde 1936, se consolidó. Como respuesta, el gobierno de Cárdenas abrió sus puertas para recibir a miles de refugiados republicanos españoles. Fue así como Antoni Vilalta y Maria Soteras, a quien el franquista Tribunal de Responsabilidades Políticas inició el juicio en su contra acusándola de «conducta detestable respecto al GMN (Glorioso Movimiento Nacional) siendo de ideas izquierdistas y militando en el partido Esquerra Catalana»; de, en lugar de ejercer su profesión, dedicarse «exclusivamente y con gran anhelo a la propaganda rojo-marxista», y, junto con su marido, de haber regalado una casa y 173 mil pesetas a «los rojos de Cataluña»; fue así, decíamos como Antoni y Maria, con la pequeña Maruxa de siete años, se trasladaron al puerto de Amberes, Bélgica, para partir a Nueva York, Estados Unidos, y de allí viajar a México: el 21 de noviembre de 1939 lograron atravesar la frontera por Nuevo Laredo; un año más tarde, los tres obtendrían la nacionalidad mexicana. Treinta años después, Maruxa escribirá una obra de teatro para hablar de dos personajes que pasan una “agradable velada” destruyéndose, y viven lapidados en un mundo de pesadilla, protegidos de todo contacto con la gente por una “ventana aislante” y una “puerta aislante”; mientras se dedican a leer periódicos, tanto actuales como de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial. Una proyección de fotografías de hechos históricos hace desfilar ante sus ojos escenas de crímenes cometidos por dictadores como Hitler, Mussolini, Franco y otros fascistas “salvadores de la patria”, desde aquellas épocas hasta los años en que la obra se represente, y aplauden el horror: es quizás en lo único que están de acuerdo, en celebrar ese horror, y en atormentarse, en herirse mutuamente e impedir cada uno que el otro escape de sí mismo.

10 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Seis.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Así como para mirar la guerra civil que llamamos “Revolución Mexicana” podemos hacerlo a través de dos lupas: la una, la de las pugnas entre las fuerzas de la burguesía, que fueron quienes convocaron de la mano de Francisco I. Madero a la insurrección contra Porfirio Díaz (que es la generalmente nos cuenta la historia oficial para que veamos como héroes a Madero, Carranza, Obregón y Calles; en la misma estatura moral que colocamos a Flores Magón, Zapata y Villa); la otra, la de la lucha de clases, para observar cómo la conflagración iniciada por la burguesía se vio trastocada, al punto de casi lograr ser una verdadera revolución, con la participación de las trabajadoras y los trabajadores del campo y la ciudad, representadxs casi siempre por el magonismo, el zapatismo y el villismo (aunque los trabajadores de la ciudad se aliaron, más bien, al obregonismo… lo que nos llevaría a pensar el papel que la clase que bajo supuestos marxistas sería la “vanguardia de la revolución” jugó en detrimento de sus propios intereses, en una clara muestra de lo que conocemos como falsa conciencia de clase… algo muy parecido a lo que pasa ahora con el conservadurismo y las posturas cuasi fascistoides de no pocos obreros del mundo… pero, ésa es otra historia); así como podemos mirar la “Revolución Mexicana” con dos lupas, decíamos; así, la genealogía del normalismo rural en México la podemos observar con dos lentes: la que mira a los personajes históricos que desde el poder de arriba le dieron su propio significado (que es un poco lo que hemos estado haciendo al hablar de Vasconcelos, primero, y de Cárdenas, después) o la de los pueblos y colectividades del poder de abajo que le dotaron de un significado y una experiencia de lucha propias a cada proceso histórico, en cada escuela normal rural del país.

Sí, como dice Ricardo Pérez Montfort, la relación entre Cárdenas y Zapata es una dada a destiempo; la relación entre Vasconcelos y Cárdenas es otra muy a tiempo y tienen un punto de confluencia fundamental: mientras el jefe de la campaña como candidato presidencial de Vasconcelos fue un joven Adolfo López Mateos al que los esbirros de Gonzalo N. Santos casi matan a golpes; el jefe de campaña de su oponente, el mediocre Pascual Ortiz Rubio, fue un Lázaro Cárdenas que tuvo que pedir licencia como gobernador de Michoacán para dirigir el Partido Nacional Revolucionario fundado por su maestro en política: Plutarco Elías Calles, y así dirigir el fraude electoral que le arrebatara el triunfo al “Apóstol de la Educación”.

Las lecciones de Calles a Cárdenas le sirvieron al de Jiquilpan para conocer de cerca y muy a fondo dos realidades: la explotación y el despojo de las empresas petroleras extranjeras asentadas en México y el modus operandi del sistema de partido de Estado. Además, si bien en su caminar por los distintos episodios de la “Revolución” Cárdenas se fue aliando con las fuerzas de la burguesía, pasando del zapatismo al carrancismo, de éste al obregonismo y de éste al callismo, en su historia personal Lázaro provenía, a diferencia de su padrino político, de las clases trabajadoras. Por ello, no sería extraño que aun no dejando de ser un hombre del sistema, mientras gobernaba su estado natal y pidiera permiso a su Congreso para ir a reprimir a sangre y fuego la rebelión escobarista o dirigir el fraude electoral que puso a Ortiz Rubio (quien lo nombró secretario de Gobernación) en la Silla del Águila; supiera cómo debilitar la rebelión cristera, fundar una confederación regional de trabajadores que agrupó a obreros y campesinos, fortalecer legalmente a las comunidades para encarar a los terratenientes que seguían despojándoles de sus tierras, cancelar contratos a empresas forestales extranjeras que despojaban de los bosques a las comunidades y pueblos originarios, dotar de tierras y créditos agrarios a los campesino y apoyar la educación rural de una manera tan destacada que más del 50% de su presupuesto lo destinó a dicho rubro.

Maider Elortegui Uriarte nos cuenta que el mismo día que Lázaro Cárdenas asumió el cargo de presidente de la República: el 1 de diciembre de 1934, fue aprobado el cambio al artículo 3º Constitucional que postulaba que la educación en México debía ser una «educación socialista sostenida por la Revolución Mexicana». Así, la escuela y la formación del maestro rural se centraron en el compromiso por la justicia social de las y los oprimidos, la laicidad frente al fanatismo religioso y un pensamiento científico basado en el materialismo histórico; sus formas organizacionales serían la cooperativa y el gobierno escolar en el internado y la educación, como en los años anteriores, tendría un sentido vital y práctico vinculado al trabajo productivo de la tierra.

Pero demos unos pasos atrás, porque a estas alturas de nuestro ejercicio dramaturgista en torno de la puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta, bajo la dirección escénica de la maestra Jessica Cortés, uno de los personajes centrales de la misma: la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, ya ha hecho su entrada en escena. (Recuerden que en la dramaturgia escénica de Cortés, la escena se habitará con vídeos que asomen la mirada a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el asesinato de Samir Flores Soberanes, cuyo ejemplo de lucha estará poniéndose en alto en una Jornada Global de Lucha en Defensa de Nuestra Vida y Nuestros Territorios ¡SAMIR FLORES VIVE!, convocada por el EZLN y el CNI para el próximo 12 de octubre). Hagamos una visita, pues, al ensayo El internado como familia: las escuelas normales rurales en la década de 1920, de Alicia Civera, para recordar que hasta inicios del Maximato las primeras escuelas trabajaron con un plan de estudios de dos años en el que combinaban materias académicas con el aprendizaje de labores agrícolas y oficios rurales, permitiendo la SEP a los directores que trabajaran con diferentes planes y programas de estudio, actividades y formas de organizar las escuelas. No fue sino hasta finales de 1926, año en el que se fundaron las escuelas normales rurales de Tixtla (más tarde, Ayotzinapa), en Guerrero; Xocuyucan, en Tlaxcala, y San Juan del Río, en Querétaro, que los programas comenzaron a ser coordinados por el Departamento de Misiones Culturales y, recogiendo la experiencia de los primeros años, la SEP marcaría un plan de estudios, también de dos años, que seguiría vigente hasta 1931.

Para ese momento existían diez escuelas normales rurales: la de Tacámbaro, Michoacán, que se había trasladado a Erongarícuaro y era la primera de todas en haberse fundado (1922); la de Molango, Hidalgo, segunda en ser fundada (1923) y que para entonces ya había sido trasladada a Actopan (más tarde tendría su sede en la ex hacienda de San Antonio, en El Mexe); la de Acámbaro, Guanajuato (que muchos autores confunden con la de Tacámbaro y la señalan como la primera fundada, pero que sería fundada hasta 1924); la de Izúcar de Matamoros, Puebla (1925); la de San Antonio de la Cal, Oaxaca (1925), y trasladada más tarde a Cuilápam de Guerrero; la de Tixtla, Guerrero, que pronto se trasladaría a la ex hacienda de Ayotzinapa (1926); la de Xocoyucan, Tlaxcala (1926); la de San Juan del Río, Querétaro (1926), trasladada en 1930 a Río Grande, Zacatecas, y en 1933 a San Marcos, Aguascalientes; la de Río Verde, San Luis Potosí (1927); la de Cuernavaca, Morelos (1928), y la de Todos Santos, Baja California Sur, que fue inicialmente una escuela normal regional con sede en La Paz y ése año: 1931, se trasladó a Todos Santos.

Todas ellas lo hacían a contracorriente de una Secretaría de Educación Pública que prácticamente había dejado de darles financiamiento. Esto, que sin duda era un escollo, significó la puesta en práctica de una amplia autonomía por parte de las escuelas normales rurales, pues, así como Obregón permitía a sus secretarios hacer de sus ministerios lo que cada uno quisiera, dándole a José Vasconcelos el espacio que necesitó para fundar una SEP a su medida y no a la del general sonorense; de la misma manera, los directores y maestros de cada escuela normal rural adquirieron un papel protagónico que, por un lado, los llevó a buscar el apoyo tanto de las autoridades locales y estatales, como de sus vecinos, propiciando que las escuelas tuvieran mayor vinculación con su propias comunidades, y, por otro lado, dio paso a una vida-estructura escolar que, a decir de Civera, mucho tenía de familiar: el director era el padre; su esposa, la madre; los maestros, los hermanos mayores, y todos ellos cuidaban de los estudiantes, los hermanos menores.

En 1927, durante una junta de directores de las escuelas normales rurales con el entonces secretario de Educación Pública de Calles, José Manuel Puig Casauranc, casi todos los directores, nos dice Civera, declararon que los internados estaban organizados “a base de hogar”:
«Desde luego, se dirigían a sus autoridades y debían demostrar que realizaban sus trabajos con base en las reglamentaciones vigentes, pero éstas dejaban cancha libre para que la organización del hogar se diera de diferentes formas. Así como hubo algunos padres más liberales que otros, hubo hijos cooperadores y rebeldes. En todas las escuelas se acordaban horarios (en muchas se anunciaban por toque de campana) y los alumnos se distribuían en comisiones para atender el aseo, la comida, los jardines, el cuidado de animales y la vigilancia del orden. Pero la forma de designar y distribuir los trabajos, de marcar reglamentaciones y vigilar la disciplina era distinta.»

Entre los “padres” menos liberales de la junta de 1927 estaba el profesor Rodolfo A. Bonilla, director fundador de la escuela de Tixtla, Guerrero, apenas un año atrás. Bonilla (padre del actor Héctor Bonilla) adoptó el discurso gubernamental diciendo en la junta que los estudiantes se gobernaban solos y vivían en un ambiente de libertad, pero agregaría una amplia explicación de su fuerte campaña moralizadora para corregir la impuntualidad, el desorden, el desaseo, la pereza, la perversión y el uso del alcohol. Para Civera, el director Bonilla, profesor con una gran iniciativa, innovador en el papel que debían tener los estudiantes dentro del salón de clases y entusiasta del trabajo social, esperaba de sus alumnos “obediencia” más que responsabilidad:
«No he menguado esfuerzo para oponerme con todas mis fuerzas en contra de la perversión y a fuerza de constancia he logrado arrancar a los jóvenes de los centros de vicio… como en toda agrupación no escasean los elementos rebeldes, he tenido que auxiliarme hasta de los policías…»

Ello no impedía, desde luego, que los alentara a debatir en clase y permitiera sus iniciativas, pues, la escuela de Tixtla, como las demás, contaba con muy pocos recursos y sobrevivía por el empeño de maestros y alumnos, quienes, como cuenta Civera, no solo participaban en construir y reparar lo que fuera necesario, sino que aportaban recursos para las cooperativas o participaban en obras de teatro y fiestas para recaudar fondos. Y, aun así, el modelo de “la escuela como familia” propio del normalismo rural, significó un planteamiento muy distinto del de los internados y escuelas normales urbanas fundadas durante el Porfiriato; en éstas, marcadas por dictados abiertamente capitalistas, el énfasis se ponía en el orden y la disciplina; en las normales rurales, más que en la obediencia y el orden, se ponía en la responsabilidad, en el interés y el trabajo colectivo, y en la democracia, y la escuela que en 1933 se mudaría a la ex hacienda de Ayotzinapa no sería la excepción.

9 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cinco.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Teniendo siempre como contexto y telón de fondo la lucha de clases, cuyo episodio conocido como “Revolución Mexicana” fue ganado por algunas de las fuerzas de la burguesía, clase que inició la guerra civil (lo que de suyo significa que no hubo una revolución en sentido estricto, pues, las estructuras de poder quedaron prácticamente intocadas), el llamado grupo sonorense, en particular Obregón y Calles, primero, y después solo éste último (ya vimos lo que pasó con De la Huerta y luego a Obregón), fue consolidando poco a poco el papel de las escuelas normales rurales en tanto espacios de transformación social en el campo mexicano.

Tras el anuncio de su “derrota” ante Pascual Ortiz Rubio a manos de la maquinaría de fraude que el PNR fue afinando con el paso de los años en su conversión, primero, al PRM y después al PRI, Vasconcelos proclamó su Plan de Guaymas llamando sin éxito a un levantamiento armado. Con fecha del 1 de diciembre de 1929, el Plan de Guaymas afirmaba que Vasconcelos era el presidente electo y, por lo mismo, desconocía a los poderes federales, estatales y municipales (¿se acuerdan de aquella frase: “Al diablo con sus instituciones”?) que “burlan el voto público desde hace treinta años”; para concluir que dejaba el país, pero que regresaría a tomar las riendas del poder tan pronto como hubiera un grupo de hombres armados en condiciones de tomar a la fuerza lo que a la fuerza le habían arrebatado. Sin embargo, los vasconcelistas, miembros de la clase media urbana, muy en la sintonía de su líder, nunca organizaron rebelión alguna y aceptaron silenciosamente la imposición callista iniciándose así la consolidación del Partido Nacional Revolucionario como partido único. Vasconcelos, mientras tanto, se había autoexiliado en París y fue acentuando su vertiente protofascista que ya había asomado la nariz en su libro La raza cósmica, donde expone sus ideas sobre la superioridad racial del mestizo mexicano.

A lo largo de todo el Maximato, comprendido en el marco de las títeres administraciones de Portes Gil, Ortiz Rubio y (un poco menos) Abelardo L. Rodríguez, las llamadas “Misiones Culturales”, como señala Maider Elortegui Uriarte en su ensayo Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa, fueron ampliamente reconocidas por la Secretaría de Educación Pública a cargo de Rafael Ramírez, cuyo aporte estuvo centrado en la actividad agrícola con producción técnica, pues, consideraba una tarea primordial la recuperación de tierras y la apropiación productiva a partir de una escuela socializante forjada desde la comunidad. En este período, abunda Elortegui, la escuela debía construir un puente de reconocimiento y descubrimiento, así como concientizar, desde una visión proletaria, sobre los abusos cometidos por una estructura de poder regida por la Iglesia y los terratenientes.

No obstante, la escasez de recursos, si bien estimulaba la creatividad de maestros, estudiantes y campesinos, como lo señala Elortegui, significó una enseñanza centrada en cuestiones vitales, prácticas y experimentales que, citando a Alicia Civera, dio paso al rechazo de un conocimiento teórico que se contraponía a una enseñanza donde eran más importantes la observación y la experimentación, la cooperación y el compromiso con los demás. Así, sigue Elortegui, la formación de los futuros maestros rurales, vinculada al trabajo de la tierra, fomentaba conductas de responsabilidad, cooperación, solidaridad, compromiso, esfuerzo y trabajo colectivo en el que el internado y el cooperativismo tuvieron una gran influencia para organizar las funciones educativas, generando un sentido de pertenencia palpable entre estudiantes, maestros y campesinos.

Con el arribo a la Silla del Águila por Lázaro Cárdenas, el mismo que se subió al tren de la “Revolución Mexicana” bajo las órdenes del general zapatista Guillermo García Aragón y, más tarde, ya carrancista, se sumaría a las fuerzas del general Lucio Blanco (uno de los primeros generales en firmar el Plan de Guadalupe a favor de Carranza, pero que, a diferencia de Obregón, en la Convención de Aguascalientes se opondría al “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista” en obediencia al mandato convencionista), desde cuyas filas combatiría al zapatismo; con el arribo de Cárdenas a la presidencia de la República, decíamos, las escuelas normales rurales vivirían una de sus etapas más históricas y determinantes.

Si en entregas anteriores trazamos una línea que siguiera los pasos a José Vasconcelos, en tanto fundador del normalismo rural como una de las titánicas tareas educativas que emprendió desde el gobierno de Álvaro de Obregón; bien vale la pena detenernos un poco en este personaje también harto interesante que es Cárdenas, porque será durante su gobierno que los postulados socialistas adquirirán carta de naturalización en el normalismo rural.

Seguirle los pasos a Lázaro Cárdenas en su periplo, digamos, “revolucionario”, es acompañar a un joven tipógrafo que a los 16 años trabaja en la imprenta “La Económica” de un tal Graciano Carreón, cuyas ideas liberales influyen en la formación política del joven Cárdenas. Al estallar la revolución, don Graciano vendió la imprenta a sus trabajadores y se unió a los rebeldes; más tarde, el joven Cárdenas iría tras su estela luego de ser denunciado por haber impreso un manifiesto insurgente, lo que lo obliga a sumarse a las fuerzas de Guillermo García Aragón apostadas en Michoacán.

En su ensayo Zapata y Cárdenas: notas sobre una relación a destiempo, Ricardo Pérez Montfort dice que García Aragón contaba con cerca de 700 hombres que puso al servicio de Venustiano Carranza en diversas regiones de Guerrero y Michoacán, al poco tiempo que el de Cuatro Ciénegas promulgara su Plan de Guadalupe. Como es de suponerse, Zapata se distanció de García Aragón e, inclusive, lo mandaría fusilar el 7 de diciembre de 1914: «Es inútil. Ya se lo echaron –le dijo Villa al general Vito Alessio Robles cuando éste se comunicó con él para expresarle la urgencia de liberar a García Aragón, capturado por zapatistas que lo llevaron al cuartel de San Lázaro– Era de las fuerzas del General Zapata y con todos sus soldados se pasó a servir a Victoriano Huerta. Cuando la revolución estaba por triunfar, se pasó de nuevo a las fuerzas revolucionarias (quizás Villa se refiere a cuando se pasó al bando de Carranza). Es la muerte que merecen todos los traidores» –sentenció “El Centauro del Norte”.

Se sabe que Cárdenas no se pasó al bando huertista con García Aragón, sino que formó filas en la columna de Martín Castrejón cuando Joaquín Amaro atacó Tacámbaro y Pátzcuaro, y avanzó sobre Uruapan; que después, estuvo bajo las órdenes de Lucio Blanco, siendo testigo de los Tratados de Teoloyucan que signarían la derrota de Victoriano Huerta; que luego se incorporaría a las fuerzas de José María Maytorena en Sonora, pero que al darse cuenta de que éste se había unido a Villa, se marchó a Agua Prieta a integrarse a las tropas de Plutarco Elías Calles, con quien entabló una amistad que duraría hasta su ascenso como presidente de México.

Zapatista, primero, pero carrancista y en particular callista, después, Cárdenas combatió contra las fuerzas de Zapata y de Villa en nombre del Ejército Constitucionalista, y, bajo el mando de Calles, quien le dio el mote de «Chamaco», actuó también contra los yaquis sublevados contra Carranza. El “Primer Jefe” le encargó pacificar la huasteca veracruzana en la que “guardias blancas” al servicio de compañías petroleras asolaban la región, ello le ganó en 1918 el grado de coronel. Un año más tarde, a decir de Pérez Montfort, escribiría en su diario: «Hoy fue muerto a traición el general Emiliano Zapata en Chinameca, Morelos, por el coronel Jesús Guajardo, de la división del general Pablo González.»

En 1920, a diferencia de su otrora jefe militar Martín Castrejón, quien se enfrentara al Plan de Agua Prieta y terminara siendo capturado y fusilado en Pátzcuaro, Michoacán, por órdenes de Obregón, el coronel Lázaro Cárdenas se adhirió al grupo sonorense para combatir a Carranza; fue quien, tras el asesinato del “Primer Jefe” a manos de Rodolfo Herrero, se encargó de detenerlo y llevarlo preso a la Ciudad de México (dato curioso: existe una orden escrita firmada por el mismo Cárdenas dirigida a Herrero, de atacar la comitiva de Carranza y asesinarlo). Al asumir la presidencia, Adolfo De la Huerta lo ascendería a general brigadier y recibiría, más tarde, el gobierno interino de Michoacán por mandato del para entonces ya presidente Pascual Ortiz Rubio; gobierno que dejaría en manos del general Francisco J. Múgica.

Durante le rebelión delahuertista, Cárdenas sería herido y hecho prisionero por los generales Rafael Buelna y Enrique Estrada, quienes al ver la gravedad de su heridas lo enviaron a Guadalajara para ser atendido y después liberado; él haría lo mismo después, al dejar escapar al general Francisco J. Múgica, cuyo fusilamiento le había ordenado Obregón. De ese calibre estaban las pugnas entre las fuerzas de la burguesía.

En 1924, año en que asumiría la presidencia de la República su maestro y padrino Plutarco Elías Calles, Cárdenas obtendría el grado de general de brigada. Cuatro años más tarde, alcanzaría el grado de general de división y sería postulado como aspirante único a la gubernatura de Michoacán para ejercer el gobierno, con algunos períodos de licencias para desempeñar temporalmente otros cargos, de 1928 a 1932. Ése año: 1932, a varios kilómetros de allí: en Barcelona, nacería Maruxa, la única hija que tuvieron Maria Soteras i Maurí y Antoni Vilalta i Vidal.
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