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23 de octubre de 2019

Gremio artístico de Costa Rica indignado ante recorte de ¢255 millones al presupuesto del Ministerio de Cultura.

Por: Kimberly Herrera / Nodal.

Molestos, indignados y confundidos, así reaccionaron miembros del sector artístico costarricense ante la determinación de la Comisión de Hacendarios de la Asamblea Legislativa, al aprobar una moción que recorta el presupuesto del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) para el próximo año.

La moción aprobada fue presentada por la diputada del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) Shirley Díaz y planteaba que se le redujeran ¢255 millones a esta cartera y que los recursos se trasladaran a las Asociaciones de Desarrollo.

De acuerdo con Dennis Portuguez, viceministro administrativo del Ministerio de Cultura con una gran parte de este monto, iban a trabajar por descentralizar la cultura, para que más personas en el país tuvieran acceso al arte. También se pensaba contratar a más artistas que apoyaran en ese ámbito.
Cineastas, escritores y actores, forman parte de la lista de artistas que están desconcertados por la decisión legislativa.

Independientemente al nicho específico que se le recorte, es un golpe al sector cultura y eso a su vez es un golpe al estado de bienestar”, comentó Henry Bastos, director de GAM Cultural e impulsor del Art City Tour.

Henry Bastos
Para el gremio, esta decisión solamente demuestra el gran desconocimiento que tiene el sector político sobre la importancia de la cultura para el desarrollo de Costa Rica.

“Se sigue pensando que la cultura es un adorno, pero la cultura es el ADN de un país y en este momento esa identidad nacional es multicultural, plural, multilingüe, que tiene que ir mucho más allá de la GAM. Es indispensable reconocernos en lo que somos y la manera de hacerlo es a través de la cultura y no sé, creo que desde el sector político se ve como si fuera un adorno de tercera importancia”. afirmó el escritor Carlos Cortés.

Cortés añadió que recortar este presupuesto que tenía como fin llevar la cultura a los lugares más alejados del país, es un “error gravísimo”.

“En todos los informes que se han hecho de cultura esa es una de las demandas más importantes. Recordemos que las costas son las zonas en las que se acumula mayor desempleo, la falta de oportunidades y si encima le negamos el acceso a derechos fundamentales – porque la cultura es un derecho fundamental establecido de esa manera por las Naciones Unidas- me parece muy grave”, señaló.

Industria cinematográfica

Para el gremio lo más preocupante es el recorte de ¢100 millones al Centro Costarricense de Producción Cinematográfica, y el cual se destinaría en su gran mayoría al fondo El Fauno.

Este es un proyecto que ha permitido impulsar las producciones audiovisuales más importantes del país en los últimos años, como largometrajes, documentales y cortometrajes, entre otros.

“Extrañamente un recorte que va directo a una institución, a su accionar general. Pero la magnitud y el volumen del recorte, nos pone en un grave aprieto porque significaría o recortar, desaparecer, o suspender algunas cosas que hacemos, o comenzar a poner en situación deficitaria el quehacer general” indicó Ana Xotchil Alarcón, directora del Centro de Cine.

Para el cineasta Esteban Ramírez este es “un pésimo negocio” y señaló que lo más preocupante es que el crecimiento que había estado teniendo el cine costarricense, se va a estancar, o al menos crecer en menor cantidad.

“La cultura es un buen negocio para el país, están atrasados es decir, República Dominicana y Panamá con menos experiencia que nosotros están con unos apoyos inmensos. Al final de cuentas todo esto se invierte en el mismo país, entonces por todo lado lo veo como un pésimo negocio y obviamente va a golpear al cine.

Y agregó que “los que tenemos pasión y creemos que esto es un buen negocio, seguiremos haciéndolo, ya veremos de que otra forma, pero definitivamente esto nos va a golpear”.

Por su parte, la cineasta Hilda Hidalgo no encuentra explicación para los argumentos de los diputados pues Costa Rica está en uno de sus mejores momentos a nivel cinematográfico.

Hilda Hidalgo
“Es un momento fuera de serie que está viviendo la industria audiovisual en Costa Rica: tenemos películas costarricenses en los mejores festivales de cine del mundo que es una meta que no se había logrado hace cinco o 10 años. Además, el aporte que le hace el audiovisual al Producto Interno Bruto (PIB) supera el aporte del café, es decir, la industria audiovisual tiene un crecimiento veloz y solo en el siglo XXI llevamos 56 películas, entonces la coyuntura es muy positiva y justo ahí se va a frenar una industria que está en pleno crecimiento”, explicó Hidalgo.

Ante la situación, Alarcón afirmó que no permitirán que se les recorte el presupuesto y desde este mismo jueves se acercó a la Asamblea Legislativa a pedir explicaciones y a solicitar la ayuda de los legisladores para revertir esa moción.

“Estoy pidiendo a la Asamblea los criterios para tomar esta decisión, un recorte de esta magnitud y solo a una institución. con una nota que estoy dejando. Estoy convocando a todo al sector audiovisual para que conversemos y podamos poner en valor el trabajo que se hace, la importancia del fomento a un sector”, comentó.

Involuntario

Aunque la moción para recortar el presupuesto se aprobó con siete votos a favor (de los liberacionistas Wagner Jiménez, Yorleny León, Jorge Fonseca y Ana Lucía Delgado; los socialcristianos María Vita Monge y María Inés Solís; el independiente del bloque Nueva República, Harllan Hoepelman; y al republicano socialcristiano Otto Roberto Vargas) la mañana del miércoles cuando la Comisión de Hacendarios sesionó, durante la tarde los legisladores trataron de revertir el error.

Según explicó la diputada del Partido Acción Ciudadana (PAC), Laura Guido, para ese momento seis diputados (de los 11 que integran la Comisión) estaban anuentes a darle los recursos al Ministerio de Cultura, sin embargo, por “un error involuntario” votaron en contra del presupuesto, enterrando así la posibilidad de darle los recursos a esa cartera.

Ahora el proyecto del Presupuesto Ordinario del 2020 será discutido en el Plenario Legislativo.
El monto solicitado para el próximo año por el Ministerio de Hacienda para dicha institución pública, era de ¢47.176 millones.

Los recortes



11 de septiembre de 2019

Indígenas 1 – Multinacional 0. Así es el pueblo que ganó la batalla a Nike.

Por: Tania Alonso / Nobbot.

El pueblo guna de Panamá ha conservado su independencia y su cultura durante siglos. Resistió ante la colonización española, hizo suyo un territorio frecuentado por piratas y navegantes y protagonizó luchas de resistencia indígena durante el siglo XX.

Su última gesta ha sido muy diferente pero no menos significativa: ha conseguido que Nike cancele la salida al mercado de unas zapatillas en las que copiaba sus diseños tradicionales. Un logro que hace valer los derechos de todas las comunidades indígenas a nivel global.

Una historia de resistencia

El pueblo guna es conocido también como kuna, dule o gunadule. Actualmente reside en Panamá y Colombia, sobre todo en región autónoma de Guna Yala. Una estrecha franja de tierra de 373 km de largo largo situada al este del Caribe panameño junto a 365 islas de aguas azules y cristalinas.

Sin embargo, los gunas no han vivido siempre en esta región. Tras la colonización española se trasladaron al Darién, un territorio bastante inaccesible y dominado por la selva que comprende parte de lo que hoy es Colombia y Panamá. Allí mostraron autonomía en relación a los españoles y tuvieron relación con piratas y navegantes de Francia o Gran Bretaña. Mantuvieron sus propios líderes tradicionales y el control económico y político de sus grupos.

En 1925 (más de 20 años después de la creación de la República de Panamá) los gunas protagonizaron la Revolución Tule. Un alzamiento indígena en contra de las políticas del gobierno para occidentalizar su cultura y reducir su autonomía. Su lucha resultó fundamental para garantizar el empoderamiento de los grupos minoritarios del país. Un logro por el que los gunas son reconocidos en toda América Latina.

Frente a un gigante

El desencadenante de su última lucha fue la creación de una nueva versión del modelo clásico de zapatillas Nike Air Force 1. Se trataba de una edición conmemorativa para Puerto Rico “como homenaje a una gran cantidad de culturas en los últimos tiempos”. Algo que hizo reaccionar a los indígenas panameños y colombianos, ya que el diseño de las zapatillas no tenía nada de puertorriqueño. Era una clara copia de las molas, uno de los elementos principales de la identidad ancestral de los gunas.


La mola es una forma de arte textil tradicional con diseños geométricos o figurativos llenos de color que representan la cosmovisión de los gunas. Durante generaciones, estos patrones han decorado faldas, camisas, mantas y objetos decorativos del pueblo indígena. Por eso cuando Nike comenzó a promocionar unas zapatillas con sus patrones en honor a Puerto Rico, el pueblo guna pasó a la acción para hacer valer sus derechos frente a la gran multinacional.

“Nosotros, quienes suscribimos este comunicado, representantes legales del pueblo guna (…) damos a conocer nuestro total rechazo al uso y comercialización de la mola guna por una empresa multinacional sin el consentimiento previo, libre e informado de nuestras comunidades, solo con el afán de generar millones de dólares a espaldas de nuestras madres, hermanas gunas que por siglos han preservado este conocimiento tradicional colectivo”, expresaban en el  ‘Comunicado de las cuatro naciones guna’ en relación al problema.

Tras recibir numerosas quejas tanto del grupo indígena como a través de las redes sociales, Nike se disculpó públicamente y canceló la salida al mercado de sus zapatillas.

La apropiación de la cultura indígena


La batalla entre los gunas y Nike ha servido para abrir de nuevo un debate que está a la orden del día entre las comunidades indígenas. El hecho de que los casos de apropiación de su cultura son cada vez más comunes y que, a menudo, los indígenas no tienen medios para hacer valer sus derechos legalmente frente a las grandes corporaciones. 

“El caso de mola guna no es único en el mundo, sino que miles de diseños y conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas están siendo pirateados por empresas multinacionales o diseñadores de marcas famosas (…). Insisten en declarar que los conocimientos, arte, artesanía, medicina tradicional y otros no tienen dueños por no estar registrados en base al derecho comercial occidental. Ante este peligro los pueblos indígenas tenemos que unirnos mucho más y luchar por el respeto y protección de nuestros derechos colectivos”, señalan en el Comunicado a la opinión pública nacional e internacional publicado por la Junta Ejecutiva del Congreso General Guna en su página web.

Los casos de plagio a elementos culturales indígenas no se limitan a la artesanía, sino también a elementos inmateriales como la música o las leyendas de tradición oral. Hasta hace unas décadas estos casos pasaban muchas veces pasan desapercibidos.

Sin embargo, esta situación está cambiando a medida que los indígenas tienen cada vez más acceso a internet y a las redes sociales. Algo que les permite estar informados y acceder a más vías para hacer valer sus derechos. En el caso de los Guna, su reivindicación ha valido para frenar una acción de una gran multinacional como Nike.

Imágenes | Pexels/Benjamin Achrainer, Unsplash/Pablo García Saldaña, Wikimedia Commons/Markus Leupold-Löwenthal.

19 de agosto de 2018

Nuestros hijos en nuestra cultura neurótica.

Por: Jorge Majfud / Alainet.

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Foto: proexpansion.com
 
Nuestro mundo neurótico es especialmente neurótico con los niños. Está organizado para evitarles todo tipo de sufrimiento, como si viviesen en Disney World, con la ausencia total de las necesidades básicas de otros tiempos y de otras sociedades periféricas, rodeados de cosas (que compramos para suplir nuestros sentimientos de culpa) mientras los torturamos y les impedimos tener una existencia propia, como si la niñez, primero, y el resto de la vida, después, fuesen una carrera interminable hacia el éxito económico, académico o social.

Desde que nacen, los especialistas de todo tipo comienzan a medir su naturaleza. Peso corporal, diámetro cerebral. A los pocos años, el especialista está contando cuántas palabras pueden aprender y producir, y las compara con las estadísticas. Como todos los individuos son diferentes, ninguno se adecúa exactamente al modelo. Para no herir sensibilidades, casi todos son calificados como “normales dentro del rango” de la felicidad. Pero si alguno sale un poco por fuera (es decir, todos), se lo empuja como ganado al tubo de tratamiento. Inmediatamente empiezan las ansiedades y el estrés por cualquier diferencia que, generalmente, debe ser tratada con un especialista para que: (1) si es un genio, no se le arruine el futuro que merece; o (2) si tiene alguna tara, como tenemos todos los que nos consideramos normales, se lo derive a un especialista para que lo ayude a superarla, al tiempo que, en el mismo proceso, el niño va absolviendo el resto de las taras de una cultura exitista y consumista.

Ni el orden socioeconómico ni la cultura que deriva de él y lo promueve, son tratados, porque para eso no hay especialistas diplomados: se tratan los individuos, de la misma forma que la policía y el sistema judicial castigan los elementos expurgados por una sociedad enferma. Son niños y adolescentes generalmente estresados y sufriendo el síndrome de la ansiedad crónica que su propia cultura produce. Sobre ellos proyectamos todas nuestras expectativas y, sobre todo, todos nuestros miedos. Los miedos propios de una sociedad basada en la competencia y el consumo, es decir, el miedo al fracaso, a no ser exitosos, a no tener cosas, títulos, a ser una basura que todavía no cometió ningún delito.

Nuestra generación, aunque jodida de otras formas, tuvo algunos privilegios existenciales: todas nuestras incapacidades fueron ignoradas. Yo aprendí a leer solo, antes de entrar a la escuela, y todavía tengo problemas para decidir si vacaciones va con c o con s. No había tantos nombres para esas deficiencias que hacen de un individuo un artista, un científico, un carpintero o un deportista. No había reportes detallados de nuestro coeficiente de inteligencia ni de nuestra incapacidad de prestar atención a lo que decía la maestra en clase, por lo cual podíamos recibir un grito histérico, pero no el estrés ni la ansiedad ni la desesperación diaria de nuestros padres por un hijo con futuro de perdedor.

A nosotros nos amaban tanto como nosotros amamos a nuestros hijos, con una diferencia: por lo general, nuestros padres, con todos sus problemas, que no eran pocos ni eran pequeños, aun siendo terriblemente estrictos, vivían con nosotros y nos dejaban en paz. Éramos, por lejos, más libres. No conocíamos la adicción a los videojuegos, a las pantallitas, esas fábricas de autistas sociales. Estábamos rodeados de seres humanos, con todos sus defectos de humanos. Nuestros padres eran, para el estándar actual, terriblemente negligentes. Corríamos casi desnudos por las calles bajo la lluvia. Solos, sin la guardia paterna. Hacíamos las compras en algún almacén. Íbamos caminando a la escuela, muriéndonos de frío o de calor. En las escuelas, en los automóviles, no existía ni la calefacción ni el aire acondicionado, por lo que no podíamos quejarnos de su falta. Sufríamos más el calor y el frío y menos la tristeza y la frustración. Hoy ya no hay niños jugando en las calles. Por estadísticas, los reclusos pasan más tiempo al aire libre que los niños de hoy.

Las maestras no nos exigían resolver la cuadratura del círculo ni nos presionaban para alcanzar altos escores en las pruebas PISA. No necesitábamos competir ni con Estados Unidos ni con China. Sí, éramos más pobres. Pero éramos lo que éramos. Éramos niños y, en mi opinión, más felices.

Ahora, los padres ya no vivimos con nuestros hijos; vivimos para nuestros hijos. Les damos todo y les exigimos todo. La repetida publicidad, los numerosos negocios no dejan de recordarnos que debemos comprar diez seguros, hasta por si se nos escapa una mala palabra en público y alguien nos hace un juicio. Debemos ahorrar en el Banco X para la universidad y hasta para el retiro de esos niños. El negocio está siempre en promover el miedo para vender una ilusión de futuro y aplastar el presente, convirtiéndolo en una oportunidad de inversión.

La solución no es individual sino colectiva. ¿Por qué? Porque incluso aquellos padres que criticamos esta cultura neurótica estamos atrapados o tenemos poco margen de movimiento real: si alguien quisiera criar a un niño por fuera de esta locura global, crearía un ser marginal, inadaptado, una futura víctima de una sociedad que lo castigará con todo su variado arsenal de privaciones, de humillaciones propias y de premios ajenos.

Todos los best sellers para niños y jóvenes insisten en la idea de escaparse del sistema, como si fuese una catarsis, un sueño pasajero que, al terminarse, deja la misma sensación de despertar de un sueño agradable a una realidad decepcionante. No aprendimos nada, pero renovamos energías para seguir haciendo lo mismo. Este tipo de industria editorial continúa haciendo montañas de dinero con una frustración infantil y adolescente a la que no ayuda, aparte de una distracción y de una mejora en las habilidades de lectura que lo harán un mejor consumidor o un mejor CEO. No es el espíritu crítico lo que se promueve, sino habilidades para aprobar esos exámenes que le enseñan al niño a odiar las matemáticas y la literatura o, en el mejor caso, a creer que la literatura es un examen clerical de datos computacionales.

En Estados Unidos, tanto la educación elemental como secundaria, privada o pública, está obsesionada con la literatura, pero confunden literatura y cultura con tortura. La literatura debería expandir los límites interiores de la experiencia humana y no ser, como lo es hoy, un objeto de decodificación para aumentar las habilidades clericales y computacionales de los niños. Una actividad de primer año de secundaria (sexto año de primaria en América del Sur) suele consistir en doscientas preguntas sobre tres novelas de cien y doscientas páginas, de las cuales me reservo el calificativo.

¿Dónde está el espíritu crítico, la fantasía creadora, el placer de estar vivos? Entonces, uno entiende el desinterés de los jóvenes por la cultura crítica, esa que produce seres humanos, sensibles y pensantes, no consumidores de cantidades, eso otro tan necesario para la economía del uno por ciento que luego, en los promedios, se confunde con la economía de un país y con la felicidad de sus habitantes.

Para que todo eso funcione, los dulces padres deben ser los policías de sus hijos, como sus dulces maestros, cuya estrategia es acosar al niño con una montaña de deberes y actividades para que no piense, para que desarrolle solo aquellas habilidades que lo harán una persona exitosa en un futuro super-controlado y pre-determinado.

Un mundo que no estará controlado por ellos, sino por unos pocos que se encargarán del resto. Eso en el mejor de los casos, si no hay un quiebre abrupto.

Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis otras novelas.​

27 de octubre de 2016

Corazón libre.


Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia,
los únicos vencidos corazón, son los que no luchan.
No los dejes corazón que maten la alegría,
remienda con un sueño corazón, tus alas malheridas.

No te entregues corazón libre, no te entregues.
No te entregues corazón libre, no te entregues.

Y recuerda corazón, la infancia sin fronteras,
el tacto de la vida corazón, carne de primaveras.
Se equivocan corazón, con frágiles cadenas,
más viento que raíces corazón, destrózalas y vuela.

No te entregues corazón libre...

No los oigas corazón, que sus voces no te aturdan,
serás cómplice y esclavo corazón, si es que los escuchas.

No te entregues corazón libre...

Adelante corazón, sin miedo a la derrota,
durar, no es estar vivo corazón, vivir es otra cosa.

Rafael Amor.

24 de octubre de 2013

¿Ha jugado el zapatismo algún papel en la revaloración de la cultura maya?*


En uno de sus cuentos más emblemáticos, Juan Rulfo hace decir al entrañable personaje de Macario: “estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas”.[1] Debo confesar (mal comienzo, diría mi abuela), que a mí me pasa más o menos igual: estoy sentado junto a ustedes aguardando a que salgan las palabras; que se acomoden unas al ladito de las otras y digan, todas juntas, un mi pensamiento sobre un tema del que muchas y muchos ya han hablado y escrito por montones.

No se crean que es fácil estar aquí esta noche con ustedes. En primer lugar, porque siendo este un evento enmarcado en un festival reivindicativo de la cultura maya a contrapelo del que organizan los señores del poder y de dinero y las damas que los acompañan, la primera pregunta que puede surgir es: “¿qué hace un huach que ni siquiera puede pronunciar correctamente el nombre de nuestra fiesta sentado en esta mesa sin mesa?”. En segundo lugar, porque si bien soy heredero de esa tradición un tanto cuanto juglaresca que en estas tierras se alimenta, por un lado, del balts’am maya y, por otro, del cómico de la legua español, no tengo las credenciales académicas para venir aquí y recetarles por las trompas de Eustaquio (Rockdrigo González dixit)[2] un mi chorema sobre el tema que nos convoca: el neozapatismo y su papel en la revaloración de la cultura maya.

Provocativo título el de esta mesa-panel, ¿no creen?; pues, parte de dos premisas: la una, que la cultura maya ha sido revalorada; la otra, que en su revaloración eso que Carlos A. Aguirre Rojas llama neozapatismo ha jugado algún papel. Como mero ejercicio, podría invitarles a que, para abordar esta provocación, diseccionemos la frase que nos convoca esta noche y, como dice el chiste que dice lo que dice Jack «El Destripador», nos vayamos por partes y nos preguntemos qué entendemos por neozapatismo, qué por cultura maya, qué por revaloración y si el primero ha jugado un papel en la revaloración de la segunda.

Dije: “podría invitarles”; sin embargo, de solo imaginar las expresiones en sus rostros ante lo que parece más una amenaza que una invitación, creo que por ahora (quizás después podamos armar un seminario para charlar sobre todo esto) lo mejor sería desistir de ello. No obstante, entre el titipuchal de ideas, recuerdos de notas, artículos guardados en el ordenador y necesidades personales, me vienen a la mente unos cuantos textos que hoy quiero aprovechar para compartir con ustedes.

Originalmente, la palabra cultura significaba “cultivo de la tierra”; pero, luego, por extensión, se usó como “cultivo de las especies humanas”. Posteriormente, alternada con la palabra civilización, también derivada del latín, se empleó como oposición a salvajismo, barbarie o rusticidad, de suerte que alguien “civilizado” era también alguien “culto”. No es sino hasta con el romanticismo que se hace una diferencia entre civilización y cultura, reservando para el primer término el desarrollo económico y tecnológico, “lo material”, y, para el segundo, lo “espiritual”: el cultivo de las facultades intelectuales, dando cabida a lo que tuviera que ver con la filosofía, la ciencia, el arte, la religión, etcétera.

Sin embargo, aún se entendía la cualidad de “culto” no tanto como un rasgo social, sino como individual. Las corrientes teóricas de la sociología redefinieron el término, entendiéndolo con un sentido más amplio, refiriéndose a los diversos aspectos de la vida social. En general, hoy se piensa a la cultura como el conjunto total de los actos humanos en una comunidad dada, ya sean éstos prácticas económicas, artísticas, científicas o cualesquiera otras, determinando que toda práctica humana que supere la naturaleza biológica es una práctica cultural.

La palabra cultura se emplea frecuentemente en el lenguaje común para designar a un conjunto más o menos limitado de conocimientos, habilidades y formas de sensibilidad que les permiten a ciertos individuos apreciar, entender y/o producir una clase particular de bienes, que se agrupan principalmente en las llamadas bellas artes y en algunas otras actividades intelectuales. Pero, según esta manera de entenderla, la cultura se convierte en patrimonio de unos pocos; el común de los mortales debe “elevarse” a los niveles donde está la cultura y, en correspondencia, se hacen esfuerzos para “llevar la cultura al pueblo”. Frente a esa concepción elitista de la cultura, existe otra noción, elaborada principalmente por la antropología, según la cual la cultura es el conjunto de símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, significados, formas de comunicación y de organización sociales, y bienes materiales, que hacen posible la vida de una sociedad determinada y le permiten transformarse y reproducirse como tal, de una generación a las siguientes. A partir de esta concepción de cultura, deja de tener sentido hablar de pueblos o individuos “cultos” e “incultos”; todos tenemos cultura, nuestra propia y particular cultura.[3]

Creo que es importante remarcar el sentido reflexivo autorreferencial que tiene la definición de la cultura produciendo lenguaje, roles, símbolos, ritos, mitos e instituciones que producen la cultura; o sea, la cultura definida en términos de la red social que es definida en términos de la cultura. Como la sociedad que es “producida” a su vez por el individuo que es “producido” por la sociedad.[4] Por lo tanto, no existe “La Kultura”[5] (única, universal), sino las culturas (múltiples, diversas). Sin embargo, existen transversalmente dos grandes sistemas culturales antagónicos: la cultura institucional, oficial, dominante o hegemónica, que tiene un claro botón de muestra en el Festival Internacional de la Cultura Maya que organizan los tres niveles del poder Ejecutivo en Yucatán, y la cultura, popular y alternativa, que sobrevive y resiste, y que, entiendo, quiere expresarse en la Cha’anil Kaaj, la fiesta del pueblo, que esta noche nos convoca. A esta cultura se le denomina a menudo como cultura marginal (que está afuera de los márgenes o límites del espacio cultural o, de plano, en las alcantarillas o el subsuelo), subalterna (que no llega a cultura, es inferior, sub, y va después de la “verdadera cultura”), contracultura (que se opone o rechaza a la “verdadera cultura”, pues, se caracteriza por la protesta y la reacción, no por la propuesta y la acción) [6] o popular (que, o bien se ubica sólo en las capas bajas de la población, en la tradición y en el folclor, o bien se caracteriza por sus procesos y formas de producción circunscritas a lo artesanal y lo inacabado).[7]

Rudolf Rocker sostiene que la cultura no se crea por decreto; se crea a sí misma y surge (…) de las necesidades de los seres humanos y de su cooperación social. Los valores culturales no brotan por indicaciones de instancias superiores, no se dejan imponer por decretos ni vivificar por decisiones de asambleas legislativas o por potentados de las instituciones políticas de dominio; éstos sólo recibieron una cultura ya existente y desarrollada para ponerla al servicio de sus aspiraciones particulares de gobierno. Pero con ello, continúa Rocker, pusieron el hacha en las raíces de todo desenvolvimiento cultural ulterior, pues en el mismo grado que se afianzó el poder político y sometió todos los dominios de la vida social a su influencia, se operó la petrificación interna de las viejas formas culturales, hasta que, en el área de su anterior círculo de influencia, no pudo volver a brotar una sola chispa de verdadera vida.[8]

Por su parte, Ignacio Betancourt coincide en que la cultura es una dinámica naturalmente horizontal [que] no se puede otorgar o sustraer [porque] no es un objeto (…) ningún gobierno, por más paternalista o autoritario que sea, podrá determinarla en su totalidad (…) Se puede impedir su desarrollo, dificultar su evolución, eso sí, y las muestras de ello están a la orden del día: vaya, las y los artistas escénicos que a mediados de junio de 2013 entregaron sendas cartas al secretario de las Culturas y las Artes de Yucatán y a su jefe, el señor gobernador del estado, aún siguen esperando una respuesta formal y por escrito como lo demanda la Carta Magna que nos rige y que no sea la simulación de un diálogo que nada más buscará tenerlos tranquilos y sin hacer olas. Por ello, más que “llevarla a los ignorantes”, una sana labor gubernamental consistiría simplemente en propiciar condiciones para que la implícita heterogeneidad de toda sociedad pueda desarrollarse; se trata de no estorbar, no de imponer.[9]

Para Guillermo Bonfil Batalla, el problema es un asunto de control cultural, entendiéndolo como la capacidad de decisión sobre los elementos culturales. Como la cultura es un fenómeno social, la capacidad de decisión que define al control cultural es también una capacidad social, lo que implica que, aunque las decisiones las tomen individuos, el conjunto social dispone, a su vez, de formas de control sobre ellas.[10] Todo proyecto cultural, sostiene Bonfil Batalla, requiere la puesta en acción de elementos culturales. No sólo para realizarlo: también para formularlo, para imaginarlo. Los elementos culturales hacen posible al proyecto; también fijan sus límites, lo acotan, lo condicionan históricamente. En términos etnográficos, descriptivos, la cultura es una sola, abigarrada, contradictoria, híbrida si se quiere. Al analizarla en términos de control cultural, es decir, al introducir una dimensión política (decisión, control: poder) se definen diferentes niveles de relaciones entre sociedad y cultura trascendiendo la mera descripción; aparece entonces su composición en cuatro sectores:

a) Cultura autónoma: el grupo social posee el poder de decisión sobre sus propios elementos culturales, siendo capaz de producirlos, usarlos y reproducirlos;

b) Cultura impuesta: ni las decisiones ni los elementos culturales puestos en juego son del grupo social, los resultados, sin embargo, entran a formar parte de la cultura total del propio grupo;

c) Cultura apropiada: los elementos culturales son ajenos, en el sentido de que su producción y/o reproducción no está bajo el control cultural del grupo, pero éste los usa y decide sobre ellos, y

d) Cultura enajenada: aunque los elementos culturales siguen siendo propios, la decisión sobre ellos es expropiada.[11]

Ahora bien, estos sectores o, como dijera Juan Machín Ramírez, estos grandes sistemas culturales no conforman una realidad maniquea: blanco o negro, sino todo un espectro de tonalidades, incluso de diferentes colores. La regla, más que la excepción, es la interacción no lineal (violenta o no) entre ellos y, en su interior coexisten una pluralidad de subsistemas heterogéneos, se da una dispersión de los centros, multipolaridad de iniciativas, la reorganización cultural del poder multideterminada. En este sentido, las culturas han producido algunas formas/procesos estereotipados para producir seguridad. Se trata de contextos que, en manera estable y evidente, permiten el control de la alteridad. Uno de esos procesos es la representación social. La representación social está constituida por una imagen y un significado, y tiene como finalidad asegurar el control sobre la precisión de los fenómenos sociales (incluyendo su organización). Por lo tanto, todo lo que tiende a modificar una representación social produce incertidumbre e inseguridad. Dado que su tarea es la de resistir al cambio, no promoverlo, por consecuencia ella recupera la seguridad homologando la alteridad o expulsándola. Solamente de esta manera recupera el control: ignorando/negando la alteridad/diversidad-del-otro o ignorando la similitud que reside en toda alteridad.[12]

Creo que para reflexionar si el neozapatismo ha jugado o no un papel en lo que decimos es la revaloración de la cultura maya, podríamos empezar por preguntarnos si la presencia del neozapatismo (ojo: su presencia, no su irrupción pública; el llamado neozapatismo se fue construyendo a sí mismo en su interrelación con el mundo indígena que lo acunó cual caldo de cultivo desde principios de la década de los ochenta del siglo pasado y sin esa experiencia es imposible acercarse siquiera a entenderlo); preguntarnos si la presencia del neozapatismo, retomo, modificó lo que, por representación social, entendemos por cultura maya. Y cuando digo, “entendemos”, me refiero tanto a quienes se autonombran mayas cuanto a quienes nos autonombramos no-mayas: los otros; los que, como dijera la Mayor Ana María, «Somos iguales porque somos diferentes».[13] Preguntarnos, pues, si el neozapatismo ha incidido en los sistemas culturales simbólicos, rituales y míticos que las mismas culturas, en este caso las mayas y las no-mayas, producen para controlar la alteridad.

En forma muy simplificada y con toda intención paradójica, podemos decir que los mitos son sistemas narrativos que explican lo inexplicable, los ritos son sistemas de prácticas para controlar lo incontrolable y los símbolos son sistemas de signos para representar lo irrepresentable. Los símbolos, ritos y mitos sirven para enfrentar, resolviendo en el plano simbólico, las contradicciones sociales que no es posible resolver de otro modo, implican valores ocultos o implícitos importantes. Permiten a la comunidad, por un lado, la elaboración de la amenaza representada por el cambio y, por el otro, la posibilidad de reforzar la estabilidad organizativa del sistema al controlar el cambio. Trabajan como procesos de “regulación”: crean una representación (símbolo) y un mecanismo de control (rito), enmarcados en un gran relato (mito) que le confiere sentido.[14]

Hace casi 20 años, la noche del 31 de diciembre de 1993, el maquillaje con el que los paladines del neoliberalismo habían intentado ocultar la miseria, el despojo, la muerte, la burla y el abandono que servían de materia prima a la puesta en escena de un país que anunciaba con bombo y platillo su entrada al primer mundo, se descorrió. Había quedado al desnudo el aprendiz de virrey que muy pronto mostraría su talante gangsteril manchándose con la sangre de sus propios correligionarios; pero no solo el neotlatoani que despachaba en Los Pinos estaba siendo evidenciado, la podredumbre toda de una nación construida sobre el saqueo y el desprecio interminables de sus pueblos originarios también, de pronto, se descubrió sin el antifaz que velaba el gesto racista.

Pasamontañas, paliacates, fusiles de madera y un torrente de tinta esbozando lo mismo postmodernos escarabajos quijotescos fumando en pipa que viejos indígenas respondiendo con milenario silencio a todo lo que se les preguntaba ocuparon los espacios donde la palabra, el sentir, el quehacer y el pensamiento de aquellos pueblos primeros siempre habían sido expulsados. No obstante, la respuesta, aunque disfrazada por los medios capitalistas de comunicación, siguió siendo la misma y a las balas, la quema de las cosechas, el envenenamiento de las aguas, el robo del ganado, la persecución hasta el corazón de la montaña, le acompañaron la descalificación de los periodistas e historiadores a sueldo que encontraban el hilo negro de la supuesta impostura, las negociaciones que pondrían la mesa a las órdenes de aprehensión, los acuerdos que se firmarían para no cumplirse nunca, los silencios cómplices del nacionalismo con todo y moñito tricolor.

La miseria, el despojo, la muerte, la burla y el abandono, agazapados en medio de los discursos políticamente correctos, asomaron la cabeza de nuevo: “yo también soy zapatista –dijo el virrey– mi hijo se llama Emiliano” y sentó las bases para que su sucesor militarizara el país y nos envolviera en una guerra de baja intensidad donde la contrainsurgencia y el combate al narcotráfico van juntitos de la mano. Sin embargo, por más miseria, despojo, muerte, burla y abandono que receten, los señores del poder y del dinero y las damas que los acompañan, precisan de montar, ellos sí, sus megalómanas imposturas, pues, con todo y las luces y el sonido con que saturan el paisaje, no consiguen acallar el silencio de quienes hoy y siempre les han puesto frente al espejo de su inocultable racismo.

En La larga travesía del dolor a la esperanza, un señor que a lo largo de estos 20 años ha convocado los enamoramientos y posteriores odios de quienes en su racismo lo adoptaron como rockstar para no mirar lo que la palabra indígena zapatista gritaba a los cuatro vientos, escribió algo que hoy, en vísperas del festival de Peña Nieto, Rolando Zapata y Esma Bazán, quiero compartirles.

INSTRUCCIONES PARA SER NOMBRADO “HOMBRE DEL AÑO”

1. Acomode, con cuidado, un funcionario tecnócrata, un opositor arrepentido, un empresario prestanombres, un charro sindical, un casateniente, un finquero, un alquimista computacional, un “brillante” intelectual, una televisión, una radio, y un partido oficial. Ponga en un frasco aparte y rotule: “Modernidad”.

2. Tome un obrero agrícola, un campesino sin tierra, un desempleado, un obrero industrial, un maestro sin plaza, un ama de casa inconforme, un solicitante de vivienda y servicios, lo poco de prensa honesta, un estudiante, un homosexual, un opositor al régimen. Divida tanto como le sea posible. Ponga en un frasco aparte y rotule: “Anti-México”.

3. Tome un indígena. Separe las artesanías y tómele una foto al indígena. Ponga las artesanías y la foto en un frasco aparte y rotule: “Tradición”.

4. Al indígena póngalo en otro frasco aparte y rotule: “Prescindible”.

5. Bien, ahora abra una tienda con un gran letrero que diga:

“México. Gran liquidación”

6. Sonría en la foto. Que el maquillaje cubra las ojeras que le producen tantas pesadillas.

Nota: tenga siempre a la mano un policía, un soldado y un boleto al extranjero. Se pueden necesitar en cualquier momento.[15]

Yo, señoras y señores, caramelos y bolitas, soy solo un cómico; en el Siglo XVII a los de mi calaña les pegaban en las puertas de sus casas letreros donde se hacía saber que nuestro oficio lo repudian clérigos y soldados, enoja a políticos y usureros y abjuran de él escribanos e hidalgos, porque nuestra bolsa es endeble, nuestro verbo maligno, nos acompañamos de poetas y otros menesterosos y, por si fuera poco, queremos vivir de nuestras artes malsanas. Además, ya ustedes se han dado cuenta, soy un huach sin remedio. ¿Cómo podría decirles cuál ha sido el papel que ha jugado el neozapatismo en la revaloración de la cultura maya? Yo no puedo hacer eso. Si acaso podría contarles del chingo de obras de teatro, canciones, poemas, películas documentales y de ficción, exposiciones, coreografías, instalaciones, performances, esculturas, pinturas, fotos y choros que motivados por el neozapatismo se han montado, cantado, respirado, filmado, presentado, bailado, articulado, operado, pintado, esculpido, tomado y escrito en un titipuchal de lenguas e idiomas para hablar, más que de la cultura maya, de las y los seres humanos, sus sueños, sus miedos, sus luchas, sus fiestas… de su dignidad.

Por otra parte, más que revaloración de la cultura maya, ésa que pueden poner en el frasquito que dice “Tradición”, les confieso que me interesa mucho más la revaloración de aquella o aquél a quien nombramos maya y se nombra maya, yoreme, tenek, tlahuica, tehua, tojolabal, totonaco, triqui, tzeltal, tzotzil, wixárika, yaqui, binizaa, zoque, kumiai, mayo, mazahua, mazateco, mixe, amuzgo, cora, cuicateco, chinanteco, chocholteco, chol, pericuri, guaycuri, cochimi, chontal, guarijío, coca, paipai, kiliwa, huasteco, huave, kikapu, cucapá, tepehuano, chichimeca, mame, matlatzinca, ñuu savi, nahua, ñahñu, tohono o’odham, pame, popoluca, p’uréhpecha, concaá, rarámuri, achumi, ahniyvwiya, lakota, ndee, kuma, naabeehó dine’é, aqwesasne, mohawk, salish, anisnawbe, cayuga, onondaga, ojibwa, hopi, secwepme, tuscarora, ktnuxa, creek, gitxaan, guaraní, kekchí, mapuche, tarapacá, maipú, aymar, kichwa, mam, lenca, miskito, inka…

Ustedes perdonen si no he podido a lo largo de este mi chorema responder a una sola de las preguntas que hice al principio y que así, con este cinismo, sin responderlas, me despida; no sin antes decir, copiándole a Javier Sicilia, que exijo justicia para Juan Francisco Kuykendall, la aparición con vida de Teodulfo Torres Soriano, la liberación de todas las presas y todos los presos políticos, por conciencia o injustamente, como el profe Alberto Patishtán Gómez, el castigo a todos los culpables por acción u omisión de feminicidio (empezando por el Estado mexicano) y que se respeten los Acuerdos de San Andrés… Aunque, bien mirado, sí puedo responder a una de ellas: “¿qué hace un huach que ni siquiera puede pronunciar correctamente el nombre de nuestra fiesta sentado en esta mesa sin mesa?” Nada, no hace nada; es sólo un intruso que se coló porque se veía que la fiesta estaba buena y se antojaba y que, aprovechando que le invitaron, no le queda sino decir en la lengua de sus abuelas guachichilas: tlasokamati/muchas gracias.



* La presente ponencia se presentó en la mesa-panel «El neozapatismo y su papel en la revaloración de la cultura maya», llevada a cabo el 15 de octubre de 2013 en el marco del Festival Independiente de la Cultura Maya «Cha’anil Kaaj».

[1] Rulfo, Juan. «Macario», en Pedro Páramo. El llano en llamas. Planeta-De Agostini, 1985.
[2] González, Rodrigo. El profeta del nopal. Pentagrama, 1986.
[3] Bonfil Batalla, Guillermo. «Nuestro patrimonio cultural», en Pensar nuestra cultura. Alianza Editoral, 1992.
[4] Machín Ramírez, Juan. Calacas, chamucos y chinelos, fiestas tradicionales y promoción juvenil. Cedoj-Cultura Joven, A.C., 1999.
[5] Para Bonfil Batalla, ésta concepción sobre la cultura implica la jerarquización de las manifestaciones culturales dentro de un orden universal, o que se plantea como tal; de suerte que la cultura propiamente dicha se considera como un conjunto breve de temas y prácticas que pueden no formar parte del horizonte de preocupaciones de un individuo o una colectividad. («La querella por la cultura», en Pensar nuestra cultura).
[6] Machín Ramírez, Juan. Op. Cit.
[7] Varas, Alejandro; Betancourt, Fernando; Betancourt, Ignacio; Huerta, María Raquel. Una experiencia cultural de la sociedad civil. Unión de Vecinos y Damnificados «19 de Septiembre», 1995.
[8] Rocker, Rudolf. Nacionalismo y cultura. Alebrije, 1949.
[9] Varas, Alejandro. Et. Al. Op. Cit.
[10] Bonfil Batalla, Guillermo. «Lo propio y lo ajeno: una aproximación al problema del control cultural», en Pensar nuestra cultura. Alianza Editoral, 1992.
[11] Ibíd.
[12] Machín Ramírez, Juan. Op. Cit.
[13] Ana María, Mayor Insurgente. «Discurso inaugural del Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo», en Chiapas, 3. Era, 1996.
[14] Machín Ramírez, Juan. Op. Cit.
[15] Marcos, Subcomandante Insurgente. «La larga travesía del dolor a la esperanza», en EZLN. Documentos y comunicados, 2. Era, 1995.

12 de enero de 2013

Ciclo «Teatro sin cortes»: obras breves, espacios alternativos y denuncia social.

«La Unesco pide que países dispongan de un 1 por ciento de su PIB a Cultura, México designa sólo el 0.1 por ciento; en un país donde la violencia alcanza costos de hasta 8.9 por ciento del PIB, lo que se destina a Cultura es una chingadera.»

De enero a marzo de 2013, a manera de retrospectiva de la «Theatre Uncut 2012», campaña internacional contra los recortes a la cultura en general y en particular a las artes escénicas por parte de distintos gobiernos de corte neoliberal, entre ellos, el mexicano, diversas agrupaciones teatrales estarán llevando a cabo el ciclo «Teatro sin cortes» en la ciudad de Mérida, Yucatán, como parte de un doble proyecto de denuncia política y social desde las tablas y mediante el uso de espacios alternativos. Acerca de ello, charlamos con Sebastián Liera, coordinador operativo de Teatro Hacia el Margen, A.C., agrupación teatral que el año pasado convocó a la organización de eventos espejos justamente de la «Theatre Uncut» en México, y que del 4 al 31 de enero se estará presentando en el Centro Cultural Tapanco con la obra Punto Muerto, de la dramaturga española Blanca Doménech.

«Theatre Uncut».

«Theatre Uncut» es una iniciativa que surge entre un conjunto de colegas de teatro en el Reino Unido ante la declaración de corte al gasto social en 2010 por parte del Gobierno de Coalición de David Cameron y Nick Clegg en Gran Bretaña, un recorte que en materia de Cultura podría alcanzar hasta un 40 por ciento.

Más o menos el mismo porcentaje de recorte que anunció el gobierno de Enrique Peña Nieto, en México.

Ni tan más o menos, hay una diferencia prácticamente de nueve o diez puntos porcentuales.

Entonces, ¿podría decirse que el futuro para la cultura en México pinta mejor que para el Reino Unido?

No, de ninguna manera. Los recortes a Cultura en Gran Bretaña, si bien es cierto que afectarán a la sociedad británica en su conjunto, lo mismo que los demás recortes en gasto social, dejarán intocados proyectos fundamentales como la Old Vic Theatre Company, que con todo y recorte tendrá garantizada una subvención de más de 5 millones de euros por parte del Bristol Arts Council, o el Royal National Theatre, que tiene la aprobación de una renovación de 70 millones de euros para su sede de South Bank Riverwalk. En el caso mexicano, ya de por sí bastante depauperado porque 80 centavos de cada peso se va a la burocracia, el recorte podría volver desastroso un panorama de suyo poco alentador.

De allí que Teatro Hacia el Margen le entrara a organizar lecturas/representaciones de los textos de «Theatre Uncut» en México.

Bueno, no sólo Teatro Hacia el Margen; pero sí, por eso le entramos. Se trataba de la segunda edición de esta campaña de carácter internacional, la primera había ocurrido en marzo de 2011; cientos de agrupaciones teatrales europeas, estadounidenses, africanas y latinoamericanas abordarían obras breves de autoras y autores del Reino Unido, Grecia, España, Islandia, Siria y Estados Unidos de manera libre para discutir sus diversas situaciones de crisis, y, en México, donde la crisis económica global nos golpea igual o peor en muchos rubros, según nosotros nadie iba a hacer nada.

¿No sabían del TETIEM, en Puebla?

De ellos, de su trabajo, sí; pero no de que organizarían lecturas del «Theatre Uncut».

En todo caso, el lema de la campaña fue: «en cualquier lugar y en todas partes».

Sí. Por eso, cuando nos enteramos que en Puebla el TETIEM haría lo propio, nos dio mucho gusto; pasamos del enojo, porque creíamos que a nadie le interesaba, a la esperanza de no saberse uno solo clamando en el desierto.

¿No es entonces que sólo se solidarizaran con la crisis que amenaza a Europa?

No nada más, compartimos las mismas preocupaciones. La crisis que amenaza a Europa es la misma que amenaza a América Latina; el problema es global y sistémico. Además, como se dijo en repetidas ocasiones a lo largo de las reflexiones después de las lecturas de cada texto, las situaciones de crisis en nuestros países son mucho peores que las experimentadas en la Unión Europea: «Theatre Uncut» surge y tiene éxito porque a nuestros colegas en Europa les preocupa terminar en una situación en la cual nosotras, nosotros, sobrevivimos todos los días.

¿Qué sigue después de «Theatre Uncut»?

Tenemos dos proyectos en mente. Uno de ellos es tender a lo largo de 2013 una temporada anual de temporadas mensuales con la mayoría de los textos de la edición 2012 cuyos autores nos lo permitan, de modo que nuestros públicos se vayan enterando más en qué consiste la campaña internacional y podamos tener una mejor respuesta para la edición de este año.

¿Están pensando en repetir la experiencia?

No sólo eso, queremos solicitar formalmente a las organizadoras en Londres que México sea una de las sedes internacionales de «Theatre Uncut»; pero, también, queremos abrir la posibilidad de que en la edición de 2013 haya igualmente textos de dramaturgas o dramaturgos mexicanos que sean traducidos y abordados durante la semana de la campaña en otras latitudes del planeta.

Y, ¿el segundo proyecto?

Está estrechamente ligado con el primero. En Mérida, hubo varias personas y colectivos que atendieron a nuestra convocatoria y pudieron hacerse lecturas/representaciones de prácticamente todos los textos de la edición 2012 de «Theatre Uncut»; entre las agrupaciones que más le entraron a la talacha junto con Teatro Hacia el Margen están: Por Qué No? Producciones, con la maestra Yatzaret Castillo a la cabeza, y el Colectivo Escénico El Sótano, que son, justamente, nuestros anfitriones en Tapanco. Estos tres colectivos, junto con Paper Ennui, Proyecto Escénico y, a título personal, Maritza Figues, creemos que, si bien la experiencia de abordar textos que hablen de lo que pasa en Europa, Medio Oriente o Estados Unidos nos permite hablar de realidades que tienen puntos de semejanza con lo que ocurre en México, precisamos asomarnos a las particularidades de las realidades de nuestro país; así, pues, queremos echar a andar una edición nacional de «Teatro sin cortes» con características organizativas similares a las de «Theatre Uncut», pero poniendo en juego plumas de las 32 entidades federativas de la república con temáticas propias de aquestas tierras.

Algo parecido, creo haber leído en otra entrevista, a los ciclos de «Teatro Clandestino» de Casa del Teatro, en los noventa, y «Teatro Útil» del Foro Shakespeare, recientemente.

Así es, con la pretensión de que la red de trabajos que puedan generarse en el ámbito de lo nacional se enlacen con la urdimbre de carácter internacional propia de «Theatre Uncut» para la próxima edición, este año.

Las presentaciones que harás de Punto muerto, de Blanca Doménech, se insertan en el primer proyecto.

Sí, por supuesto.

¿Por qué escoger un texto que, como el de Doménech, habla de un empleado que se siente amenazado por el paro en España?

Porque, aunque con sus propias características, el desempleo también es una de las realidades más lacerantes en México. El empleo fue justo la bandera que usó como eslogan de campaña electoral el presidente anterior: Felipe Calderón se hizo llamar el «Presidente del Empleo»; pero las cifras oficiales, seis años después, dicen que fue más bien el «Presidente del Desempleo»: en 2005, la tasa de desempleo era de un 3 por ciento; en 2012, alcanzaba el 5 por ciento en promedio, en tanto la tasa de desocupación juvenil rozaba el 10 por ciento.

España tiene una tasa de desempleo de entre el 25 y el 26 por ciento.

Creo que ya va en el 26.6 por ciento.

Con mayor razón, ¿no es ésa una gran diferencia?

Esas son estadísticas frías manipulables por los gobiernos que tienden nubarrones conceptuales para que los pueblos no entendamos que son nuestras realidades las que se tocan y, para su temor, hermanan. Habrá que ver cuáles serían los números en México si el gobierno también contara que el empleo informal representa un 62 por ciento del empleo total y que más de la mitad de las y los mexicanos vivimos con 3.5 salarios mínimos: menos de 6 mil pesos mensuales. Seguramente rebasaríamos los 30 puntos porcentuales, con mucho. Y falta por ver lo que las contrarreformas en materia laboral del gobierno de Enrique Peña Nieto provocarán.

De allí las manifestaciones en su contra durante su toma de posesión.

En parte, sí; sabíamos que su gobierno haría todo lo posible por llevar a cabo las llamadas «Reformas Estructurales» que el neoliberalismo, desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari, ha estado impulsando: ya pasaron las contrarreformas en materia laboral y educativa. Pero las manifestaciones tienen que ver con algo mucho más de fondo: el regreso del autoritarismo que propició masacres como las de 1968 y 1971 o, más recientemente, las de Acteal y Aguas Blancas, y un retroceso vergonzoso en nuestra incipiente democracia.

Hablas de una contrarreforma en materia de Educación; es allí donde viene el recorte a Cultura, ¿no es así?

Sí, Cultura es en México un subsector de Educación; no tenemos una secretaría o un ministerio de Cultura en el nivel federal, así que podemos darnos cuenta de los recortes por el presupuesto destinado, sobre todo, al Conaculta, el INBA o el INAH, entre otras instituciones. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para el Año Fiscal 2013 presentado por Peña Nieto, representaba una reducción del 5.5 por ciento respecto a lo propuesto el año anterior por Felipe Calderón para el subsector Cultura. Sin embargo, no hay que olvidar que la Legislatura anterior le corrigió la plana a Calderón y el presupuesto a Cultura alcanzó, al parecer, niveles que nunca antes se habían tenido. Así las cosas, si las y los diputados y senadores de la actual Legislatura aprobaban el PPEF presentado por Peña Nieto, estarían recortando hasta en un 25 por ciento, o más, el presupuesto a Cultura en relación con lo aprobado por el Congreso de la Unión para el Año Fiscal 2012.

¿Lo aprobaron?

No, pero esto es como las ofertas de las tiendas departamentales de autoservicio: un día las cosas tienen un precio mayor al estipulado para que al día siguiente te anuncien grandes ofertas que significan, en realidad, un aumento al precio que pagabas en un inicio. El recorte propuesto por [la Secretaría de] Hacienda [y Crédito Público] del 25.13 por ciento a Cultura sirvió para que las y los legisladores jugaran al cabildeo buena onda y subieran el lápiz: de los 4 mil 187 millones que se recortaban en el PPEF 2013, el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) quedó con un recorte final de 228.28 millones; es decir, del 1.3 por ciento; donde salen ganando, además de los estados, Conaculta, los Estudios Churubusco y, muy poquito, el INAH, y pierden el INBA, Imcine, el Centro Cultural y Turístico Tijuana, Canal 22 y la Cineteca Nacional.

Y eso es malo o bueno.

Es cuestionable. Que haya una derrama presupuestal en materia de cultura a los estados se saludaría si no tuviéramos las historias de desfalco por corrupción y frivolidad que hemos visto caracterizan a los gobiernos estatales. Por otro lado, se nos quiere vender la idea de que conservar un presupuesto similar al del año fiscal anterior es un triunfo; pero, eso es relativo, el dicho se agarra de la cantaleta en los medios de que lo dispuesto para cultura en 2012 era un presupuesto histórico. Sin embargo, eso no dice sino que éste, como los presupuestos anteriores, son una vergüenza: la Unesco pide que los Estados dispongan por lo menos del 1 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a Cultura, los 16 mil 434 millones de pesos que se jactan haber conseguido nuestras legisladoras y legisladores representan apenas el 0.1 por ciento del PIB; en un país donde la violencia producto de la guerra del narcotráfico (cárteles y gobiernos de todos los niveles incluidos) contra la población civil alcanza costos de hasta 8.9 por ciento del PIB, lo que se destina a Cultura no sólo es ridículo, es una chingadera.

Y, por otro lado, miles de David, tu personaje en Punto muerto, perdiendo sus empleos.

O, siendo empleados a cambio de remuneraciones indignas.

¿Qué otras obras, además de Punto muerto, se presentarán en el ciclo «Teatro sin cortes» de Tapanco?

Bueno, estarían: Ayer, de Helena Tornero, y, si nos lo autorizan, Columna, de Clara Brennan. Hay una tercera obra, o cuarta, si no dejamos de contar Punto muerto, que también pertenece a la experiencia de «Theatre Uncut» pero que se presenta fuera de Tapanco: El nacimiento de mi violencia, de Marco Canale.

Pero no fuera del ciclo.

Podríamos decir que no, porque, de hecho, aunque El nacimiento de mi violencia no se presente en Tapanco, el acuerdo entre las agrupaciones que participamos en la campaña de «Theatre Uncut» en Mérida es echarnos la mano con la difusión y esas cosas, ya que el público sería prácticamente el mismo.

Pero el ciclo es parte de la programación de Tapanco nada más, ¿no es así?

Sí, así es.

¿Por qué quedó fuera del ciclo El nacimiento de mi violencia?

La razón es puramente logística, Ángel Fuentes Balam, director y actor de la obra de Canale, consiguió por su lado, sin la intermediación de Teatro Hacia el Margen, tanto la autorización del autor como el permiso del Ayuntamiento de Mérida para presentarse en uno de sus foros; para cuando Tapanco y Teatro Hacia el Margen armamos el ciclo, Ángel ya tenía organizadas sus propias funciones. Por otro lado, las características del ciclo son: brevedad de la obra para que sirva de “abreboca” a cada una de las funciones de la programación regular en Tapanco, representación en espacios alternativos distintos del foro a la italiana y temática de denuncia social.

Que de suyo, las obras de «Theatre Uncut» ya tenían.

Como dice la maestra Yatzaret Castillo: es correcto. Y, bueno, la puesta en escena de El nacimiento de mi violencia, si bien es cierto que coincide, de suyo, con la tercera característica, ya no es para nada una obra breve y está diseñada para presentarse en un foro a la italiana.

Pero podría presentarse en otro tipo de espacios, ¿o no?

Sí, yo creo que sí.

¿Cuáles son esos espacios alternativos o no-teatrales donde se presentarán Punto muerto, Ayer y Columna?

Punto muerto se está presentando en un pasillo al fondo del edificio de Tapanco, donde están sus dos baños: el que se ofrece para uso del público y el de servicio; Columna se presentaría en un tapanco, que no necesariamente es el que le da su nombre al centro cultural, que sirve de bodega arriba de el mismo pasillo donde se presenta Punto muerto, y Ayer se presentará en la tetería del propio centro.

¿Como hiciera María Rojo con Cada quien su vida, de Luis G. Basurto, en el Salón México?

Y como hiciera poquito antes, también en el Salón México, Perro Teatro con Desdén, el último danzón, de Gilberto Guerrero y música en vivo de la danzonera del maestro Elizalde.

El contacto con el público sería, entonces, muy próximo.

En algunos casos, como Punto muerto, lo más próximo que nos es posible: hasta la frontera de la piel.

Punto muerto, lo decíamos antes, habla de un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo; ¿de qué tratan Columna y Ayer?

La anécdota de Columna parte de una joven que, buscando un lugar que sea barato para rentar y vivir en él, conoce a una viejecilla que custodia parte de los libros que había en la biblioteca pública del barrio; el ayuntamiento cerró la biblioteca y, en respuesta, todos los viejitos del barrio han decidido custodiar el acervo de su biblioteca hasta que alguien decida abrirla de nuevo.

«Custodiar» como guardar, como proteger; no, como encerrar.

Así es; como encerrar tendría que ver, más bien, con la trama de Ayer: una chica acude a una cita con su novio en un restaurante de lujo, el novio pretende pedirle a ella que se case con él; ella llega preguntándole por lo que ha hecho el día anterior: ése día, el anterior, una manifestación en principio pacífica había sido reventada por provocadores pagados por el gobierno; ella estuvo en la manifestación, él también; ella, protestando; él, como policía, fue uno de los provocadores.

El 1D mexicano.

O, el 25S-Rodea el Congreso, en España; entre muchos otros.

En el cartel que han diseñado invitando a las representaciones de Punto Muerto hay una leyenda diciendo que éstas son en honor y al beneficio de Juan Francisco Kuykendall, herido de gravedad el 1Dmx. ¿Qué representa para ti que una de las víctimas de las manifestaciones ése día, reventadas como en Ayer, de Helena Tornero, sea un hombre de teatro?

Muchas cosas. Yo conocí a Kuy en la Otra Campaña que impulsó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional desde 2005 y ya antes había escuchado hablar de él y su trabajo, por parte de mis amigos y compañeros del Grupo Cultural Zero, quienes recuerdan con mucho aprecio su puesta en escena El último dodo con patrocinio solidario de la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual; así que, en lo personal, me resulta muy dolorosa su situación. Pero, por otra parte, me parece emblemático que sea un cómico, un hombre de teatro, pues, quien haya sido la víctima con lesiones físicas más graves de la represión del 1Dmx: quiere decir que muchos de nosotros no sólo estamos sobre las tablas o correteando las becas y los huesos en algún puesto como funcionarios públicos, sino en la primera línea activista y militante por la democracia, la justicia y la libertad verdaderas en este país. Creo que la comunidad teatral y buena parte de la artística que tanto se pronunciaron en contra del regreso del PRI a la presidencia de México deberían ser congruentes y volcarse en apoyar a Kuy.

De allí que las funciones que darás de Punto muerto sean en su honor y para apoyarlo.

No sólo las de Punto muerto, también las de Ayer y, esperamos, las de Columna. Originalmente, las funciones serían gratuitas; ése era el acuerdo con Blanca y con Helena. Cuando les planteé la posibilidad de pedir una cooperación solidaria para Kuy, ni siquiera dudaron en responder que ellas mismas donaban lo que por derecho sería el porcentaje que les tocaría de esa cooperación. Tanto Blanca como Helena han sido muy generosas y solidarias.

La cooperación se irá por entero a apoyar a Kuy.

Totalmente, sí.

15 de diciembre de 2010

La otra comunicacion

16 de abril de 2009

Mi Mundo tiene dos caras

Mi mundo tiene dos caras…

Fastidiosamente tengo 4 ojos, con los que puedo ver hacia todos lados sin tener que voltearme…

Una de mis caras es linda y agradable a la vista , pero a nadie le importa eso , me ensucian toqueteándome con sus manos llenas de bacterias IACK , es asqueroso , dejan basura sobre mi , me mojan sin preocuparse por mi salud ; Se que me veo resistente aparentemente pero realmente soy mas débil que el hule espuma.

Mi otra cara es mas grotesca no tiene estética, pero es la que mas amo ya que puede causar mucho daño si la provocan, explotaría jajaja , clavándome en todos esos mugrosos que gozan lastimándome , unos tienen el descaro de golpearme , un día de estos are LA REVOLUCION EN CONTRA DE LA PLEBE.

Bueno me Salí un poco del tema pero deben comprender que no solo sirvo para refrescar un día caluroso o para taparlos del frió cuando se congelan…

Yo también siento y pido el respeto que merece UN VENTANAL TAN LINDO COMO YO.


PD: en estos tiempos creo que no vendria mal reflexionar el minicuento, todos los sentimientos de odio, el mostrar algo que no es, disfrazar el sufrimiento, el egoismo etc etc

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