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28 de octubre de 2019

Haití y la necesidad de otro mundo.

Por: Cristóbal León Campos / Por Esto!


Se inicia la séptima semana de protestas en Haití, cuyo ejemplo es el extremo de las consecuencias suscitadas por las políticas neoliberales aplicadas en América Latina; su condena arrastrada por siglos, lo sumerge en una constante crisis de gobierno y social. Durante todo el año de 2019, una cadena de manifestaciones itinerantes se han registrado, teniendo la común característica con los recientes acontecimientos en otros países latinoamericanos en el rechazo tajante a las medidas económicas implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el imperialismo estadounidense; pero en Haití, los causes se desbordan porque a diferencia de otros países, éste no ha tenido en décadas un periodo intermedio de estabilidad, aunque sea cierto también, que en muchos países (como Chile) ese periodo de estabilidad resultó ser más farsa que verdad, porque la pobreza extrema, la desigualdad, la violencia estructural, la sobre-explotación y el racismo son elementos que definen casi por norma la realidad de la nación caribeña, que además, carga sobre su espalda, una permanente campaña de ocultamiento por los grandes medios de comunicación, pues de las crisis, protestas y reclamos sociales en Haití no se habla, ni siquiera para descalificarlos y tergiversarlos; el silencio es tal que, verdaderamente, pone en entredicho la integridad humana. Haití es la evocación continua de la necesidad de construir otro mundo.

Las protestas reiniciaron por la escasez de combustible y el aumento de su precio, la falta de comida, medicamentos, gas, agua potable y por la devaluación de la moneda; esto agudizó la crisis económica que se vive en el país más pobre de Latinoamérica, donde la mayoría de la población sobrevive con dos dólares al día, o mucho menos. El pueblo ha tomado las calles para enfrentar al neoliberalismo, trabajadores y trabajadoras resisten la represión brutal que ha dejado muchos asesinados y encarcelados, mantienen la fuerza para continuar, varios sindicatos y el movimiento feminista junto a diversos partidos políticos se van agregando, la organización de base permite otorgarse solidaridad entre los desposeídos (algo que el poder burgués jamás comprenderá), el magisterio y los estudiantes se han sumado al paro general, el pueblo se agrupa bajo el nombre de Foro Patriótico que ha propuesto ante el deseo de renuncia del presidente, “un gobierno de transición por un período de tres años para atajar los problemas de hambre, miseria y desempleo que afecta a más del 80% de la población, y la reforma de las instituciones estatales según las necesidades de la población”. La lucha haitiana siempre tiene un toque más elevado en su densidad, pues no sólo se lucha por frenar medidas anti-populares, sino por sobrevivir como pueblo, nación y seres humanos.

Frente a las movilizaciones populares, el presidente haitiano, Jovenel Moïse, ha declarado que “no se encuentra aferrado al poder sino a las reformas que pretende implementar”, pero no dice que las reformas pretendidas son modificaciones constitucionales, modificaciones a la ley aduanera y del sector energético, todo, para seguir beneficiando a los saqueadores y explotadores; el presidente Moïse es acusado de corrupción y se ha exigido su renuncia, por lo que justifica su aferrado amor al poder diciendo que es necesario “ver cómo podemos sacar provecho de esta crisis, cómo hacer de esta crisis una oportunidad”, la realidad no es más que el cinismo de quien oprime, la oportunidad planteada es la permanencia de un estado de indefensión agudizado por la injerencia imperialista y neocolonial.

Haití es la muestra de la soberbia y la venganza, la primera colonia liberada de América es hoy el país más lastimado por todas esas viejas potencias nostálgicas de su hegemonía, la muestra es el botón de oro: Haití vive una ocupación desde principios del siglo XXI, con el pretexto del envío de “ayuda humanitaria”, una coalición de naciones la mantiene asediada, el aval de la ONU a esta condición es otra de las muchas incongruencias en el seno del organismo internacional, el pasado 17 de octubre la ONU dio a conocer la continuación de su política intervencionista con el programa BITUH, que dará continuación del MINUJUSTH que precedió a los Cascos Azules, quienes cometieron múltiples vejaciones contra el pueblo haitiano.

Una de las grandes movilizaciones que se han registrado en estas nuevas jornadas de resistencia, fue justamente dirigida a ese intervencionismo, los manifestante se dirigieron al cuartel general de la ONU, cerca del Aeropuerto Internacional de Puerto Príncipe, donde expresaron su repudio al apoyo del Grupo Central al gobierno de Jovenel Moïse, este grupo lo conforman nada menos y nada más que un representante especial de la Secretaría General de la ONU, los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, Francia, Estados Unidos y los representantes de España, la OEA y la UE, todos estos países y estas organizaciones guardan un silencio culposo sobre la real situación que se vive en Haití, donde todos, desde luego, son cómplices de la opresión de larga duración que ha padecido, todos se benefician y extraen grandes riquezas, el neocolonialismo es real, tan real como la bota imperialista en el mundo. Haití libra una larga batalla contra todo el sistema mundial y es olvidado por la gran mayoría de las naciones. Ya es tiempo de dar luz a la verdad en Haití y extremar las manifestaciones de apoyo, la liberación haitiana es también la emancipación de los pueblos latinoamericanos.

Ninguna solución favorable al pueblo haitiano vendrá de las políticas neoliberales impuestas por el FMI, el imperialismo y neocolonialismo. Haití, como toda Nuestra América, enfrenta el reto y la necesidad de construir un nuevo orden mundial, esta región del mundo está llamada a ser vanguardia en esta impostergable urgencia, la resistencia contra el neoliberalismo ha de conducir a los pueblos a la abierta crítica de todo el sistema capitalista y a la formulación de un proyecto emancipador global. El socialismo tiene que levantar la mano para dar cauce a las demandas sociales, reformularse para concretar el anhelo de un mundo realmente justo, libre y humano.

24 de octubre de 2019

Análisis de Coyuntura Latinoamericana – FAU, CAB, FAR, FAS, Vía Libre.

Tomado de: Antihistoria.

América latina, tierra indómita y rebelde, heredera de siglos de luchas y resistencias, en donde la magia invade el realismo, lugar en donde estamos pasando por una situación crítica en términos ecológicos, humanitarios y sociales. Hoy asistimos a un punto de inflexión, en donde las amenazas sobre nuestros cuerpos y territorios son cada vez más concretas, es por eso que la indecisión y las medias tintas deben ser combatidas con posiciones y propuestas. Es nuestro deber histórico, como anarquistas, el generar espacios de debate y crítica, en donde prefiguremos los días de lucha que se nos avecinan. A su vez, se hace necesario plantear nuevas categorías de análisis para así apuntar de manera mucho más certera a quienes hoy nos someten.

Durante las últimas décadas, nuestros territorios han servido de espacio para las luchas geopolíticas de los imperialismos; China, Estados Unidos, Rusia, Turquía, entre otros, trazan sus intereses sobres los espacios que habitamos, debido a esto, es necesario romper con el análisis añejo en clave de guerra fría, en donde los intereses de EEUU se desplegaban sobre el continente sin ningún contrapeso. Hoy son muchos los actores en esta lucha geopolítica. No podemos caer en la miopía y dirigir todas nuestras críticas solo a EEUU, que claro está, hoy en esa lucha geopolítica trata de asegurar esta área como su «patio trasero» que siempre pretendió que fuera, pero pese a que tiene altos niveles de responsabilidad en la miseria en vastos territorios, no son los únicos que llevan adelante una política imperial.

Nos encontramos ante un fuerte avance de la derecha y extrema derecha a lo largo y ancho de América Latina. Fenómeno de escala mundial, ya que diversos partidos de estas orientaciones vienen creciendo electoralmente en Europa desde hace ya tres décadas, en países del ex bloque del Este ha renacido con inusitado vigor, y en el resto del continente diversas expresiones de este signo ganan espacio. En EEUU, Donald Trump es una muestra del mismo fenómeno, con la particularidad que tiene ello efectos en su política imperial para el área latinoamericana y el mundo.

Ya bajo el gobierno de Obama, EEUU apoyó y organizó el golpe de Estado en Honduras en 2009, iniciando este giro paulatino a un mayor control sobre lo que ellos llaman su «patio trasero». Este golpe tuvo su continuidad en el golpe en Paraguay en 2012 y el «golpe blando» en Brasil en 2016. Este ambiente facilitó el ascenso electoral en Argentina de Macri en 2015 y de Duque en Colombia en 2017. En el único país donde avanzó el «progresismo» fue en México, y ello es muy relativo.

La derecha ha organizado su «retorno» al frente de los gobiernos. En cada país han desarrollado campaña fuerte contra los «progresismos», han hecho eje en la corrupción -en la cual están metidos todos los sectores políticos como ha quedado claro en Brasil con el Lava Jato-, pero además se han organizado a nivel latinoamericano, siempre contando con el apoyo imperial.

Estos gobiernos -Macri y Bolsonaro- han sumado apoyos al Grupo de Lima, a ese conjunto de gobiernos recalcitrantes que vociferan «democracia» hacia afuera pero aplican políticas antipopulares y represivas puertas adentro. Y particularmente en el caso de Bolsonaro ya hablando directamente contra la democracia burguesa, instalando la idea de gobiernos de corte dictatorial directamente. Es este grupo de países el que ha servido de cobertura latinoamericana a los intentos golpistas de la derecha venezolana apoyada por EEUU. Manejan abiertamente la posibilidad de una invasión norteamericana sin tapujos, como en vieja época, recurriendo los mecanismos de la OEA y el TIAR.

Este giro continental a la derecha no es menor. El sistema capitalista, luego de una feroz aplicación del neoliberalismo, permitió ante embates populares ciertos «cambios», algunas mejoras, cierto «afloje» para perfeccionar la dominación y el saqueo constante a los de abajo. En el período llamado «progresista» hubo ciertas políticas sociales de contención de la pobreza, de distinto grado según cada país. Tenían como común denominador permitir cierta mejoría en la vida de los sectores más pobres de la sociedad, pero gestionando la pobreza, no se generaron políticas de trabajo real, se dejó a los pobres en el lugar del asistencialismo, o a lo sumo, de mano de obra tercerizada y precaria, donde es el propio Estado el que terceriza tareas, enriqueciendo empresas  u Ong’s y generando una clase trabajadora mucho más precaria y sin derechos, amputada en sus instituciones y procesos de lucha.

El Extractivismo, tanto de los gobiernos progresistas de diverso signo como de los liberales, como régimen y dinámica neocolonial imperante en toda América Latina, sólo ha profundizado el intercambio desigual entre territorios y la división internacional del trabajo como expresiones históricas de la lucha de clases, intensificando la explotación de grandes volúmenes de naturaleza (commodities) hacia la exportación. Los reacomodos geopolíticos, han trazado nuevas estrategias para aumentar la circulación de mercancías hacia los centros industriales, abriendo rutas en lugares nunca antes pensados, como lo es la serie de proyectos de IIRSA-COSIPLAN; nuevos diseños de tratados de libre comercio como el TPP-11 (que incluye a México, Perú y Chile como países latinoamericanos); disputando los últimos bienes naturales-comunitarios del planeta. Sus consecuencias, han traído cuestiones inherentes a esta dinámica de explotación de la naturaleza, abriendo importantes procesos de desterritorialización a través de migraciones locales y globales; la pérdida de biodiversidad; el aumento de la violencia contra los cuerpos feminizados y racializados (mujeres y otras sexualidades -no binarias y trans-), incluyendo el sicariato, y finalmente los casos de corrupción que hemos visto con el Caso Odebrecht, que involucra una red entre distintos Estados.

Cabe mencionar, que la hegemonía de los progresismos en la década de los 2000, intensificó el saqueo y expoliación de nuestros territorios, ya que sus programas «con énfasis social» se basaba en la extracción de bienes naturales y su venta hacia los países industrializados, en este sentido los gobiernos progresistas redistribuyeron migajas de una época de bonanza, de crecimiento del precio internacional de los commodities. Gestaron algunas mejoras salariales y políticas sociales, pero no se tocó lo fundamental del sistema. Estas políticas tenían como común denominador elevar las condiciones de vida de los sectores más pobres de la sociedad, que jugaba simultáneamente como elemento de contención social, a la vez que se construyeron aparatajes estatales plagados de una casta política acomodada y parasitaria, y sin cuestionar la renta de la tierra y el extractivismo como pilares económicos del mal llamado «Progreso».

Al mismo tiempo, las clases dominantes latinoamericanas multiplicaron sus ganancias y la brecha entre ricos y pobres aumentó. Pero los ricos, no querían perder el control administrativo del Estado. Es su Estado, parte de su poder de clase radica allí y se condensa en sus instituciones. No estaban dispuestos a permitir que por mucho tiempo unos «advenedizos» les quitaran el control del mismo. Unos años podían soportar, mientas arreglaban la casa luego del saqueo de los ’90. Pero ya se estaban impacientando.

¿Ello significa que los gobiernos «progresistas» son la salida necesaria y que son la antítesis de la derecha? NO. En primer lugar, además de permitir un enriquecimiento histórico de la burguesías locales y multinacional, los gobiernos progresistas redistribuyeron pocos recursos en un momento de crecimiento del precio internacional de las materias primas. Terminado ese «boom» volvieron las dificultades económicas y la crisis. Pero no utilizaron ese «período de bonanza» para invertir en generación de trabajo a nivel industrial, tampoco se desarrolló ninguna Reforma Agraria ni transformación radical de los servicios a la población, etc. Los gobiernos progresistas permitieron un desembarco de proyectos de extracción de bienes naturales en el continente a gran escala: grandes proyectos mineros, petroleros, de plantaciones de soja y forestales, hidroeléctricas… todo en beneficio del capital multinacional, especialmente chino en el último tiempo. Todo ello en el marco del Plan IIRSA, plan de saqueo diseñado desde EEUU. Las líneas generales del sistema no se modificaron, simplemente se adecuaron a la nueva etapa, que ahora contando con cierto consenso popular, era más fácil de implementar a fondo la política de saqueo.

La redistribución de la riqueza fue escueta. Pero como decíamos, no se tocó lo fundamental del sistema: la propiedad privada, ni la redistribución de la riqueza ni las relaciones de poder. Así y todo, la burguesía y los sectores más conservadores, no estaban dispuestos a tolerar más a Lula, los Kirchner o quien sea que no venga de su riñón. Un claro odio de clase recorre el continente y destila su veneno sobre los pueblos.

Pero también en este período se han producido dos procesos que tienen sus peculiaridades en este marco: el venezolano y el boliviano. En Venezuela, impulsadas en su momento por Chávez, se han desarrollado múltiples «comunas», que según dicen algunas notas de prensa, tienen hoy en día un volumen nada desdeñable de pueblo involucrado y cierto desarrollo en actividades económicas, culturales y sociales, sin vinculación alguna con el Estado. Se ha dado una ruptura allí comparando con el período anterior, donde incluso los militares, burócratas y bolirricos querían controlar este proceso y tomar a manos llenas el dinero que se había invertido en esta experiencia.

En Bolivia, un «Estado plurinacional» a medias pero donde cuenta con influencia el movimiento indígena y campesino, ese mismo que protagonizó en 2000 y 2003 las insurrecciones de la «guerra del gas» y «la guerra del agua», tirando abajo gobiernos y poniendo freno al neoliberalismo. Es esa movilización la que imprime un carácter diferente a los procesos históricos que viven los pueblos. Recordemos que en el período anterior, el continente estuvo sacudido por amplias movilizaciones populares que hicieron caer a más de un gobierno.

Merecería un especial capítulo la situación de Colombia, donde luego de firmados los «acuerdos de paz» han sido asesinados más de 570 militantes sociales. Un sector de las FARC ha vuelto a la lucha armada, lo cual demuestra que no hay garantías ni posibilidad de pacificación en el país. Los paramilitares, grupos de narcotraficantes y el Ejército continúan articulados incrementando la violencia hacia los de abajo. Colombia vive en guerra constante; sin embargo, los medios muestran a su gobierno como «democrático», siendo el país latinoamericano que más apoyo militar recibe de EEUU, y que es vital para sus intereses. Incluso en la posibilidad de una escalada o conflicto en la frontera con Venezuela.

En los últimos años el movimiento popular colombiano ha venido protagonizando importantes luchas, especialmente las organizaciones campesinas e indígenas, donde los procesos de tomas y recuperación de tierras han sido más que relevantes junto a los paros agrarios.

Hoy la derecha arremete con todo directamente contra la vida. Prueba de ello, son los incendios en la Amazonia, donde gobiernos como el de Bolsonaro dan «carta blanca» para depredar la naturaleza y promover el genocidio indígena en beneficio del gran capital agrario. Es una expresión de un proto-fascismo agresivo en grado extremo, que no repara en medios para ampliar el despliegue del sistema capitalista. Es el neoliberalismo impuesto con total agresividad y  aplicando la máxima del imperio Británico ,»cagándose en todas las consecuencias».

Un ajuste de tuercas fuerte

La burguesía latinoamericana necesita retomar el timón del gobierno en todo el continente. Lo necesita para imponer un ajuste mayor, un ajuste duro como el que ha impuesto Macri desde 2015. Pero pensemos que esa derecha ya contaba con fuertes bases de apoyo: en Perú no han perdido el gobierno en ningún momento, incluyendo todos los escándalos de corrupción posibles; en Colombia la ultra derecha controla el gobierno con Iván Duque (gobierna el uribismo) y en Chile la ya disuelta «Concertación» ha gobernado bajo la lógica pinochetista y neoliberal. Plataforma de lanzamiento nada desdeñable.

Muchos de los giros vinieron desde el propio progresismo o sus aliados. Lenin Moreno en Ecuador era el sucesor de Rafael Correa y dio un giro importante a nivel político tanto interno como en la región. Michel Temer dio un «golpe blando» parlamentario siendo el Vicepresidente del gobierno de Dilma Roussef.

En Uruguay diversos referentes del Frente Amplio se desmarcan ahora de Venezuela y califican al gobierno de ese país de «dictadura», en sintonía con el Grupo de Lima y con la OEA. Algunos de ellos como José Mujica, que hasta ayer recibía dinero a manos llenas de Venezuela, hoy se muestra como lo que es: un oportunista que cambia de posición según como venga el viento. Ahora Venezuela no envía más dinero debido al bloqueo económico y la crisis que vive el país, generada y profundizada entre otros organismos por la OEA, cuyo Secretario General Luis Almagro, fue colocado allí con gran ayuda del propio Mujica. Se puede decir que entre los «progresismos» se encuentran personajes de toda laya, dignos de una crónica de las mayores infamias de la humanidad.

En Uruguay hay elecciones en octubre-noviembre, como en Argentina. La disputa es el grado de ajuste y garrote: si el Frente Amplio logra su cuarto gobierno habrá un ajuste y giro a la derecha de menor grado que si gana la oposición, pero la discusión es el grado del ajuste. Y va a ir acompañado de represión; ello ya se está viendo en las movilizaciones contra la instalación de la tercer pastera en el país, donde la policía sale a defender los intereses del capital multinacional bajo un gobierno progresista. La derecha lisa y llanamente, viene con el libreto neoliberal duro y puro.

Las alianzas tejidas en muchos casos por dichos «partidos progresistas» son propias de una película de terror: el PT se alió hasta con la derecha más rancia y reaccionaria con tal de tener los votos en el parlamento… comprando los mismos con dinero también, como se ha demostrado en las dos tramas tanto del Mensalao como del Lava Jato.

Pero es aquí donde la derecha pone a funcionar a pleno mecanismos del sistema que en otros momentos no cobraban esta relevancia: el sistema judicial ha sido utilizado como un dispositivo de poder señalador per se de corruptos, y varios jueces son los nuevos «cruzados» por la austeridad y la justicia. Justo en estos momentos se viene demostrando que la trama de corrupción es más amplia de lo que podemos imaginar y que el juego de la derecha para quitar a cualquiera del camino no repara en los mecanismos a utilizar.

La derecha quiere el control político total. Y retomar los negociados que permite la conducción del Estado: licitaciones, coimas, compras, negocios varios, de los cuales nunca estuvo ausente, pero su voracidad no tiene límites. Hay una especie de «genética» que le indica que por más que los «gobiernos progresistas» gobiernen para ellos, protejan sus negocios y sus intereses de clase, que le contengan al pobrerío y refuercen el aparato represivo, esos «progres» no provienen de su cuna, no son burgueses de pura cepa. Para la burguesía, no son confiables en el fondo, aunque hayan hecho muy bien los deberes. Hay un instinto de clase que esta burguesía industrial- rural – financiera- comercial latinoamericana expresa allí; un claro odio de clase han lanzado en las calles con inusitada fuerza.  No quieren perder ni pizca de su poder. No están dispuestas siquiera a tolerar medidas paliativas, ya ni hablemos de reformas de cierto calado como ocurrió en décadas pasadas con los populismos o los gobiernos desarrollistas o liberal – reformistas. Son neoliberales de pura cepa; en su sangre circula el odio a los de abajo y la constante sed de convertir al mundo en un negocio.

Y para que ese negocio funcione para ellos, es necesario más y más terror de Estado. Los ataques vienen de todos lados, con reformas laborales y de pensiones, cortes de presupuestos en educación, vista gorda para quemadas, deforestación y asesinatos de indígenas y pobres. De otra parte, la izquierda electoral sigue con su discurso institucionalista y desmovilizador de las bases. En Brasil, las centrales sindicales llaman paros de un día de «huelga general» y no parecen conseguir disociarse del llamado «Lula libre». Sin embargo, nuestros esfuerzos siguen siendo fomentar la organización desde la base y apoyar luchas con acción directa, como las sentadas de indígenas en la Secretaría Especial de Salud Indígena (SESAI), contra los despidos en masa en ese órgano de salud pública y las sentadas en universidades, como el ejemplo de la Universidad Federal de la Frontera Sur (UFFS) contra la intervención federal que colocó ahí a un rector bolsonarista en vez del rector electo por la comunidad académica.

Mientras los palacios están formulando leyes y proyectos de crisis, más liberalización económica, menos derechos para la gente y más ganancias para los explotadores, la represión en las calles de las ciudades reprime a los descontentos y trata de mantener a la gente en el silencio de la bala.

En el campo y los bosques, la raíz de una América Latina que no ha disfrutado de la bonanza de la «izquierda» en el gobierno, no solo la quema y el avance ecocida de los terratenientes hacen víctimas, sino también el genocidio sistemático de los pueblos rurales y poblaciones nativas, cuyos cuerpos continúan acumulándose como resultado directo del avance de la ultraderecha en el continente.

Argentina: Cuidarles la gobernabilidad o defender nuestro salario

Los números arrojados en las últimas elecciones no evidenciaron otra cosa que lo que se viene viviendo en la calle, en los barrios, en los lugares de trabajo. Hasta en esta instancia legitimadora del sistema –como es la democracia representativa- se ha expresado la desesperación de las masas populares ante el desguace del país. Podemos comenzar argumentando que el mal cálculo –tanto de las consultoras como de la clase política- del resultado electoral, guarda relación con el poco nivel de conocimiento de éstos de lo que se vive en el abajo, del rechazo de los sectores populares a las escalofriantes políticas de hambre, desocupación y exclusión de Macri y el FMI. El panorama social, económico y político, que venimos viviendo los oprimidos, es cada vez más complejo y acuciante. En un contexto recesivo, en medio de una espiral inflacionaria y un endeudamiento sin precedentes, el peso se devaluó inmediatamente después de los comicios en un 25%. Esto se trasladó inmediatamente al precio de la canasta básica y los combustibles, en un deliberado lapso de tiempo otorgado por el Gobierno nacional, antes de lanzar 10 medidas como aliciente, en un intento de engrupir nuevamente a las clases populares. El resultado: una estrepitosa reducción salarial. Pero, no es nuestra intención extendernos demasiado en los números, para describir la proporción del daño hecho en la última jugada especulativa de los sectores financieros y el Gobierno.

Pero este período de ajuste que ya lleva casi una década, profundizado por el macrismo a niveles descomunales, sabemos va a exceder al propio “fin de ciclo” de Cambiemos. Entre los candidatos, en el fondo, se discuten modalidades de ajuste. Es por esto que es coherente el aval de Alberto Fernández a llevar el dólar a $60. Tampoco debemos desconocer que nos encontramos ya en un contexto de cruda avanzada neoliberal en toda la región, en un continente donde el imperialismo norteamericano intenta retomar el control hegemónico.

En este dramático escenario, debemos analizar que a las claras se explicitan dos salidas institucionales concretas en lo inmediato. Una es la que proponen los dirigentes del Frente de Todos, que consiste concretamente en no hacer nada, esperar sentados hasta diciembre, cuidar el caudal de votos y resguardar la gobernabilidad (así implique esto bancar las medidas antipopulares de Macri). Como venimos sosteniendo, la crisis social provocada por la avanzada neoliberal, fue directamente proporcional a la crisis de falta de participación política de la clase oprimida durante un largo período. Recordemos que venimos de décadas de restricción por arriba a la participación popular, a través de mecanismos de cooptación, clientelismo y burocratización, cuando no deslegitimación y represión de la protesta social. Este “paradigma de la No participación”, pudo evidenciarse allá a inicios de 2016, cuando en pleno conflicto por despidos en el sector público y en Cresta Roja, la cúpula kirchnerista llamaba a matear en las plazas (el “resistiendo con aguante”). En definitiva, este exacerbado llamado a “no cacerolear” –intentando incluso el freno de medidas de fuerza desde los gremios- no esconde otra cosa que el cuidado del porcentaje electoral, en detrimento de impedir mayores niveles de pobreza y desocupación para el pueblo.

La otra salida a este golpe contra el bolsillo de los de abajo, tiene que ver con lo que se propone desde los sectores combativos del movimiento obrero y las organizaciones populares, como la posibilidad de una resistencia organizada desde la calle. Apenas sucedida la devaluación, pudimos ver la respuesta de algunos de estos sectores, como fue la movilización de ATE Capital y el paro de los Metrodelegados en CABA, así como los cortes de Empleados de Comercio en Rosario. El plan de lucha extendido de los estatales en Chubut, sin dudas, es un ejemplo de resistencia organizada al guadañazo del Gobierno. Los movimientos sociales, urgidos por el hambre en los barrios, también salieron con ollas populares en todo el país, en el marco de un operativo policial de gran envergadura.

Desde el anarquismo organizado somos conscientes que no hay un clima generalizado de efervescencia popular, y mucho menos de rebeldía profunda. Hay lucha, descontento y expresiones altas de rechazo a la situación social, pero sabemos bien que estamos lejos de un “que se vayan todos”, y que los sindicatos y movimientos sociales carecemos de un programa de clase representativo. Sin embargo, se hace evidente que el humor social no tiene los mismos tiempos que el calendario electoral. Está claro que a la clase política en su conjunto, le asusta más la idea de un estallido social que la de un 10% más de pobres. Incluso, ante el inminente triunfo de Alberto Fernández, la dirigencia kirchnerista prefiere un triunfo con poco margen y descreimiento social a un desborde popular con la presión en las calles. En este punto debemos ser cautelosos. Sabiendo que hay sectores populares que han depositado esperanzas en el voto y en propuestas electorales progresistas–y que anhelan al igual que nosotros una sociedad sin explotación- es necesario interpelarlos e instar a la resistencia inmediata a través de la movilización popular. Desbordar y trascender el planteo de «solución por arriba», es una cuestión vital para devolver la confianza en la propia fuerza y organización de los/as de abajo, para que se exprese con vigor esa resistencia que da muestra de estar allí. La respuesta popular al saqueo del Gobierno y el capital financiero no puede hacerse esperar. Ante la disyuntiva de cuidarles la gobernabilidad o defender nuestro salario siempre iremos por la segunda y procurando que estén presentes los métodos que fortalecen a los de abajo.

Chile: el «modelo» neoliberal funciona… para los de arriba

En la región chilena el sistema de dominación gestionado por el bloque dominante  ha recrudecido y profundizado su política neoliberal. En estos dos años de gobierno de Piñera se ha desmantelado lo poco y nada de derechos sociales que poseía la clase dominada, y a su vez ha recrudecido su represión en contra de los sectores en lucha.

En el mundo del trabajo asalariado, los instrumentos de flexibilización laboral se han fortalecido, expresión de ello: el Estatuto Laboral Juvenil, y la Iniciativa de Ley que ha buscado aumentar la precarización del trabajo bajo el falso discurso de reducción de horas de explotación, anulando la posibilidad de negociación colectiva con la patronal y flexibilizando aún más las condiciones del trabajo. Por otro lado, la Reforma Tributaria, asegura el resguardo de las tasas de ganancias para el empresariado local y las transnacionales, en un contexto de crisis y desaceleración de la economía, perjudicando considerablemente a las clases dominadas.

En los territorios, la Ley de Integración Social ha consolidado el monopolio de acceso del suelo al mundo inmobiliario, erradicando a las comunidades de la producción y gestión de la ciudad y sus territorios, imposibilitando la concreción de proyectos autogestionados y participativos. El extractivismo y la mercantilización de la tierra y el agua, hoy tienen nuestros territorios con una grave situación ecológica, con una crisis hídrica cada día más compleja, expandiendo las zonas de sacrificio y la alteración de los ecosistemas, como lo acontecido con la contaminación del agua potable en Osorno, donde se visibiliza la mercantilización de las fuentes hídricas a través de las empresas sanitarias; la situación de Puchuncaví-Quintero que no ha sido resuelta; la muerte de la vida campesina, la flora y la fauna en las zonas devastadas por la sequía, y las falsas salidas que plantea el bloque dominante a través de la COP 25, y los tratados económicos como el TPP-11 y la APEC, que vienen a reforzar el saqueo de los cuerpos y territorios.

Actualmente asistimos a un recrudecimiento del aparato represivo y la criminalización de la protesta social. Ley aula segura, Agenda Corta Antiterrorista, Ley Migrante, son muestras claras de que el aparato estatal actualiza y profundiza su herramienta de control y disciplinamiento. Golpeando fuertemente a la clase oprimida: ambulantes, hortaliceras, migrantes, comunidades mapuche en resistencia y estudiantes secundarios. Sumado a lo anterior, el asesinato de luchadoras y luchadores sociales tales como: Macarena Valdés, Camilo Catrillanca, Alejandro Castro, y los feminicidios cada día más frecuentes en espacios públicos, la homo-lesbo-transfobia y el racismo,  nos evidencia el Estado de Excepción permanente en el que habitamos.

Se abre un nuevo período de lucha y resistencia

A los pueblos nadie les ha regalado nada. Todos los tiempos son de lucha, todos los períodos revisten sus complejidades. Ahora que la derecha y ultraderecha viene retomando el control de los gobiernos y los «progresismos» giren en esa dirección en mayor o menor grado (caso de la rearticulación peronista en Argentina o un eventual triunfo del FA con minoría parlamentaria en Uruguay, por ejemplo), se abre una nueva etapa de luchas, de Resistencias variadas y complejas. Porque todos los gobiernos vendrán por el recorte de derechos, por algún grado o plan de ajuste. Ya no hay crecimiento para repartir, solo miseria y garrote. Por lo tanto, los gobiernos y las clases dominantes graduarán los niveles de ajuste y represión: los habrá más intensos, otros más suaves, y otros descaradamente de extrema violencia de clase.  Todos estos regímenes tienen y tendrán en común la defensa del interés de las clases dominantes latinoamericanas y extranjeras.

Es por eso mismo que se intensificarán los niveles de lucha popular. El neoliberalismo trae resistencia. Lo saben, por ello apuestan con fuerza a la milicada. Pero los pueblos también saben, intuyen y anhelan una sociedad diferente. Los pueblos saben que un freno debe tener tanto despojo, que hay frenar tanta arbitrariedad. Ahí está toda una historia de luchas de nuestros pueblos indígenas, negros quilombolas, los trabajadores de la ciudad y el campo, los estudiantes, las diferentes expresiones y niveles de acción directa que se han dado en el continente. Gestas heroicas que marcan un camino; luchas actuales, recientes, que convocan a amplios sectores de pueblo, a seguir bajando a las calles, a ocupar y recuperar tierras, a defender la vida.

Estos tiempos que vienen nos exigen a los militantes anarquistas organizados políticamente intensificar el esfuerzo militante y tratar de brindar las herramientas necesarias al campo popular para resistir y avanzar en una perspectiva de largo plazo.

Un largo proceso de lucha nos convoca. Un largo camino de anhelos y esperanzas, de experiencias compartidas, de dolores pero también de victorias, de avances. El Anarquismo Especifista tiene mucho para decir y un papel que jugar en la construcción de esa sociedad diferente. En nuestras organizaciones y espacios militantes hay lugar y espacio para todos aquellos que busquen mayores niveles de militancia y compromiso, para todos aquellos que pongan lo mejor de sí al servicio de la causa de los de abajo.

Es en ese abajo que el Socialismo encontrará sus militantes y constructores. Podemos decir que la única alternativa a este mundo de barbarie es el Socialismo, y que el Socialismo será Libertario o no será!!!

POR LA CONSTRUCCIÓN DE PODER POPULAR!!!
FORTALECER LA RESISTENCIA!!
ARRIBA LOS QUE LUCHAN!!
FEDERACIÓN ANARQUISTA URUGUAYA (FAU)
COORDINACIÓN ANARQUISTA BRASILERA (CAB)
FEDERACIÓN ANARQUISTA DE ROSARIO (FAR) -ARGENTINA
FEDERACIÓN ANARQUISTA DE SANTIAGO (FAS)- CHILE
GRUPO LIBERTARIO VÍA LIBRE -COLOMBIA   
ROJA Y NEGRA ORGANIZACIÓN POLÍTICA ANARQUISTA (RYN OPA) -BUENOS AIRES, ARGENTINA

Latinoamérica Vs. el neoliberalismo: capítulo Haití. Conversación con Lautaro Rivara.

Por: Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora / Todos los puentes.
 

Puerto Príncipe se encuentra paralizado. Escuelas cerradas al igual que los centros médicos y cualquier otro organismo estatal hace más de un mes. Un país invadido a través de la Minustah (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití). Las masivas movilizaciones del pueblo haitiano acorralan día a día al gobierno de Jovenel Moïse. Latinoamérica y otro capítulo en la lucha contra el neoliberalismo.

Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de Jean Jacques Dessalines, el esclavo que se convirtió en el líder de la revolución haitiana y su independencia, el país se encuentra en una abierta disputa en las calles entre un modelo que, al igual que en resto de la región, se arma de balas y va dejando muertos para imponerse, y un pueblo entero que en las calles rechaza las consecuencias del mismo. Hablamos con Lautaro Rivara, militante del Frente Patria Grande (Argentina). Miembro de la Brigada Dessalines, una brigada de solidaridad permanente de las organizaciones de Alba Movimientos y la Vía Campesina, que está próxima a cumplir los 10 años en el país.

¿Cuál es el estado actual de la situación en el país? ¿Cuáles son las causas de las actuales manifestaciones?

Actualmente estamos en una situación crítica. Entramos en la sexta semana de protestas del último ciclo de una larga crisis. Estas protestas surgen a partir de la crisis energética. Ésta generó un desabastecimiento del combustible en todo el país, y sus consecuencias, principalmente el encarecimiento de los precios a nivel nacional.

Esto en el contexto de un país con características fuertemente desiguales, activamente empobrecido por décadas de políticas coloniales y neoliberales, donde 70% de la población intenta sobrevivir con 2 dólares diarios.

Este ciclo de protestas es diario. Cientos de miles de personas diariamente salen en la capital y en los otros departamentos y demás ciudades del país.

Hace más de un mes que no hay clases, al igual que ocurre en centros de salud. Tampoco hay actividad en ningún organismo estatal. Mismo en los comercios. Están suspendidos los elementos que hacen a la vida cotidiana.

No está llegando la asistencia internacional. Ni alimentos ni agua, como pasa en el sudeste. Se está camino a una nueva y recurrente crisis humanitaria en el país.

El actual estado de situación tiene un origen histórico. El FMI fracasa en su viejo proyecto de armar el “Taiwán del Caribe”, como lo llamaron los Clinton, que básicamente es una maquiladora, una estación intermediaria de la cadena de valor. Maquilas, con un costo laboral extremadamente bajo. Trabajadoras y trabajadores que sólo estén confeccionando textiles y ensamblando piezas electrónicas para el mercado de EEUU. Con algunas pequeñas economías de enclave: turismo de lujo, paraísos fiscales, extracción de oro en el norte y la fuerte presencia del narcotráfico, un 12% de la cocaína consumida en Estados Unidos pasa por Haití.

Este es el modelo que está en crisis.

También hay otras variables que generan el rechazo y el malestar. Una de ellas es la corrupción endémica. El desfalco de fondos que llegaron al país en el marco de los acuerdo de Petrocaribe. Estamos hablando que de 3800 millones de dólares, 2 mil millones han sido malversados, según lo reconocen los propios informes oficiales, en los que se comprueba la participación del presidente y altos funcionarios del gobierno. Esto generó movilizaciones muy masivas en agosto de 2018. Más de un millón y medio de personas salieron entonces a las calles.
La situación económica del país es totalmente adversa, inflación del 20% anual, devaluación constante de la moneda. A esto se suma la crisis energética y se genera un combo que recae sobre una población que ya viene viviendo sin margen, sin margen para desarrollar su vida.
¿Cómo se llega a la actual crisis energética?

Este último ciclo de la crisis, la crisis energética tiene dos causas principales. Ambas externas. En primer lugar,  el FMI impulsa una política global de eliminación de subsidios al combustible. Al igual que en lo hizo recientemente en Ecuador, trajo esta política al país el año pasado. Se emitió un decreto en julio de 2018 para aumentar la gasolina un 50%. La respuesta fue inmediata, se generó una reacción popular de masas. Más de 1,5 millones de personas salieron a las calles. Se echó para atrás la medida y renunció el entonces primer ministro Jack Guy Lafontant.

Esta medida fue suspendida temporalmente. Se sabe que esta intención de aumentar los combustibles aun está presente. En ese marco el gobierno comenzó a retener el stock de combustible que tenia en las terminales portuarias, argumentando que no contaba con los fondos para pagar las importaciones, con la clara intención de avanzar en la eliminación de los subsidios.

La otra causa son los daños que genera la política injerista de EEUU en la región. El embargo sobre Venezuela impacta en Haití. El combustible que llegaba a través del circuito de distribución de Petrocaribe hoy ya no llega, lo que obliga al país a salir a un mercado en el que el Estado no puede pagar. Estas dos causas, las políticas globales del FMI y los impactos de la política de agresión a Venezuela, están detrás de esta última crisis energética que se está viviendo.

¿Cómo es la situación de las organizaciones del campo popular?

Es paradójico. Hay relativamente bajos niveles de organicidad, lo que responden a la precariedad material de la vida. Sin embargo tenemos un altísimo nivel de movilización popular y de conciencia política.

Se están viviendo protestas realmente masivas prácticamente todos los días. El dinamismo más claro esta dado por un sujeto joven de la periferia de la capital y de los grandes centros urbanos.

En términos políticos organizativos se han delineado dos grandes bloques de oposición en el país. Un primer bloque que podemos definir entre moderado y conservador, con sectores de extrema derecha adentro, que se llama “Alternativa Consensual”, hegemonizado por el sector Democrático Popular, la vieja clase política haitiana, que ha participado en gobiernos anteriores. Por otro lado hay otro gran espacio opositor que se conformó en agosto de este año, el Foro Patriótico, que aglutina a movimientos campesinos, sindicatos, movimientos de mujeres, de derechos humanos, organizaciones juveniles, estudiantiles. Este Foro Patriótico tiene un programa que contempla la construcción de un gobierno amplio, de coalición, un gran acuerdo nacional. Que atienda las urgencias del país en materia alimentaria, de salud, educativa. Se plantea una reforma del sistema político, principalmente el electoral, que esta viciado y controlado técnica y políticamente por Estados Unidos. El programa incluye el llamado a una Asamblea Soberana, una Asamblea Constituyente. Cambiar la estructura política del país y reorientarlo hacia otros objetivos, otro horizonte. Esta es la propuesta del Foro Patriótico, en donde participamos los movimientos del ALBA y Vía Campesina, y otras organizaciones.

¿Qué mensaje hay para las organizaciones del resto de Nuestra América?

Llamamos a la solidaridad. La comunidad internacional se identifica en Haití por aquellos que justamente no son tal comunidad, sino la articulación de los intereses de algunas potencias como EEUU, Francia, Canadá. Hacemos un llamado a la otra comunidad internacional, la que representan los gobiernos revolucionarios, los gobiernos progresistas, los movimientos sociales, las organizaciones populares, los movimientos de los derechos humanos, a que no le saquemos los ojos a Haití, que está en una situación crítica y dramática, y a la vez esperanzadora. En ningún lugar hay movilizaciones de esta magnitud y radicalidad que enfrente sostenidamente la represión que ya se ha cobrado muchas vidas. Con un pueblo con alto nivel de conciencia y un historial de lucha enorme. Es dado esperar que se produzcan grandes transformaciones en el país. Es una zona estratégica en el Caribe. Es importante desestabilizar las políticas coloniales en las periferias.

Es necesario visibilizar la situación, deconstruir las marañas de mentiras históricas sobre el país, romper el cerco mediático que se monta alrededor de las luchas que está haciendo este pueblo, es desde las sombras que el imperialismo ha hecho sus peores atrocidades, como se viene haciendo en Haití desde la invasión de la Minustah (Misión de las Naciones Unidas en Haití).

El pueblo que hizo la primera de las revoluciones sociales en el continente puede alumbrar la segunda para el tiempo que vendrá. Es necesario la solidaridad y el apoyo activo.

15 de octubre de 2019

“Cuanto más avanzan las mujeres, más reacción violenta habrá desde el orden patriarcal”: Entrevista a Almudena Hernando.

Por: Andrea Ana Gálvez /CTXT.


Almudena Hernando (Madrid, 1959) es profesora de Prehistoria y pertenece al Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió importantes investigaciones con grupos indígenas como los Q’echí en Guatemala o los Awá del Amazonas brasileño. Actualmente trabaja con los Gumuz y los Dats’in en Etiopía. Su perspectiva arqueológica crítica se centra en entender la construcción socio-histórica de la identidad. Presenta La Fantasía de la individualidad (Traficantes de Sueños), un libro que ahonda en la organización identitaria de hombres y mujeres desde un enfoque que “mira largo y muy adentro”.

¿Qué aportan las tesis defendidas en su libro La Fantasía de la individualidad a los estudios de género y a la lucha feminista?

Por un lado creo que aporta una mirada que parte desde el origen, de cómo hemos llegado hasta aquí. Generalmente el feminismo mira al presente y lucha por la igualdad de derechos ahora y no se pregunta tanto por qué estamos en esta situación. El libro aporta una mirada histórica, pero también una mirada a cómo nos construimos subjetivamente los seres humanos. Me pregunté qué es lo que nosotras, aunque seamos feministas, tendríamos que modificar para que cambiara el orden social y desde luego qué es lo que que tendrían que cambiar los hombres. El libro no plantea una lucha por la igualdad igualándonos a los hombres, sino que sostiene que el modelo para la igualdad es el modelo que desarrollamos las mujeres. O sea, que los hombres tendrían que ser como somos las mujeres de la Modernidad para poder construir una sociedad de iguales. Plantea la necesidad de un cambio de paradigma. No se puede luchar en las condiciones del discurso social que tenemos ahora por la igualdad sin cuestionar el paradigma más profundo: la organización identitaria.

Al comienzo del libro sugiere que sería más útil sustituir el término orden patriarcal por el orden disociado razón-emoción ¿por qué?

El patriarcado parece que es el orden social en que los hombres, por el hecho de ser hombres, dominan a las mujeres, por el hecho de ser mujeres. Yo sostengo que esto no es así. El orden patriarcal también ha sido reproducido por mujeres. Lo importante es que es un orden lógico, un orden mental. Para mí la clave está en que se valora socialmente todo lo que tiene que ver con lo individual y lo racional, al mismo tiempo que se oculta y se desvaloriza lo que tiene que ver con la emoción y con los vínculos. Si esto lo reproducen los hombres o las mujeres me da igual, están reproduciendo orden patriarcal. Para conseguir que se revierta hay que dar importancia al ámbito relacional y a las emociones vinculares.

El libro se llama La fantasía de la individualidad, el orden patriarcal se mantiene por una ficción. ¿Cuál sería esta fantasía?

La fantasía es la fantasía de la Ilustración, la fantasía es que la individualidad se puede sostener a sí misma. Que las personas que construyen su seguridad ontológica a través de vínculos y de comunidad –como son todas las sociedades cazadoras-recolectoras actuales– son más atrasadas y menos evolucionadas que los que construyen identidad individualizadamente. Digamos que el proceso histórico, según la fantasía, se ha construido de forma que se ha ido pasando de dar importancia a la comunidad, a dar importancia al individuo. Yo digo que esto es una fantasía porque no se puede sostener sin un sentido de pertenencia a una comunidad, es decir, sin la identidad relacional. Si este proceso hubiera sido, como pretende esta fantasía, se hubiera hecho evidente la impotencia del ser humano aislado frente al universo.

Vincula un determinado modelo de desarrollo que se consolida en la Ilustración y que está estrechamente ligado a la dominación sobre las mujeres. ¿Se puede acabar con el orden patriarcal sin acabar con el modelo de desarrollo económico capitalista?

No. El orden neoliberal es resultado de una construcción identitaria y socio-económica patriarcal. El mundo occidental se ha ido construyendo de forma que los hombres se iban especializando en el control del mundo a través de la razón (ciencia y tecnología) para producir seguridad, e iban desvalorizando socialmente lo que hacían las mujeres. La propia idealización de la ciencia y de la tecnología está asociada históricamente al orden patriarcal. Precisamente esto se pudo construir porque las mujeres garantizaron los vínculos. El orden económico neoliberal que está basado en la individualidad y en la idealización del conocimiento a través de la ciencia, no se puede separar de su construcción a través de la dominación de las mujeres, porque al irse especializando, los hombres dejaron de atender el lado relacional, que es imprescindible, y por eso necesitaban a las mujeres. El orden neoliberal es en sí mismo patriarcal.

Entonces llega un momento en el que este orden capitalista necesita que las mujeres se individualicen.

Sí, ellas se individualizan pero no pueden individualizarse del mismo modo en que lo han hecho los hombres. El lado relacional de los hombres lo han garantizado las mujeres. Pero las mujeres no pueden ni quieren dejar de dar importancia, tiempo y energía a la identidad relacional porque no hay nadie que se la garantice y porque saben que aquello que da sentido a la vida es sentirla. Lo que da sensación de bienestar tiene que ver con lo relacional: con los vínculos bien construidos. Las mujeres tienen que ocuparse de lo relacional para construir su propia identidad además de la individualizada.

¿Es en ese momento cuando se producen las contradicciones?

Sí, exactamente. Además en la Modernidad, los hombres patriarcales van a pedir a las mujeres dos cosas contradictorias: que se individualicen para que entren al mercado de trabajo de producción/consumo y, a la vez, que no se individualicen para que les sigan atendiendo a ellos. Esto es otro aspecto de la conflictiva situación en la que se mueven las mujeres. Ellas tienen que construir identidad relacional no sólo para satisfacer la de los hombres, sino para satisfacer también la propia. Escapar un poco del orden patriarcal consistiría en seguir construyendo una identidad relacional porque es esencial para sostener los vínculos propios, no para sostener a los hombres.

Hoy en día las mujeres están intentando avanzar hacia esta individualidad independiente. ¿Por qué sería deseable para los hombres?

Los hombres también están muy demandados por el orden patriarcal. El patriarcado, que en este momento se concreta en el neoliberalismo, está enloqueciendo a todos y también a los hombres. Al hombre se le pide que sea el más productivo, el que llega más alto, el que tiene más poder, se les demanda una individualidad constante. Los hombres ganarían mucha más estabilidad emocional, y ganarían un tipo de identidad que es la más potente que existe: la identidad de las mujeres en la Modernidad. Permite desarrollar todo lo que es verdad: desarrollamos nuestros proyectos vitales porque conocemos nuestros deseos, pero al mismo tiempo sabemos cuidar a los otros, y esto mismo hace que tengamos bienestar. Es una identidad que da independencia en tanto que no se depende de nadie que marque el destino ni se depende de nadie subordinado que garantice el vínculo. Ganarían la potencia de entender lo que les pasa, de saber cuidar al otro a la vez que tienen su propio proyecto vital. Es una relación de igualdad muy enriquecedora.

Cada vez son más mujeres las que están consiguiendo tener este tipo de identidad que como dice es la más potente que existe, pero, según algunas autoras, tanto la violencia como la crueldad contra las mujeres están en aumento. ¿Cómo entiende la situación actual y este tipo de violencias?

Me parece que hay una reacción patriarcal. Mira lo que ha pasado en España con Vox, por ejemplo. Cuanto más avanzan las mujeres, más reacción va a haber desde el orden patriarcal, y esa reacción va a ser violenta. Porque además los hombres no pueden racionalizar lo que les pasa contra las mujeres. No pueden racionalizar la rabia, no saben por qué les pasa. Es una ausencia total de empatía. Cuando las mujeres se independizan y dejan de garantizar los vínculos de los hombres, estos se desorientan y reaccionan sin ninguna lógica. Sale una especie de bestia, porque proviene del agujero negro que las emociones representan para esos hombres patriarcales. No pueden expresar ese agujero negro de una forma racional.

El caso de Vox es particular porque se habilitan discursos y prácticas patriarcales en esa vuelta a modelos identitarios hegemónicos.

Exacto. La prostitución por ejemplo está aumentando también en un momento en el que es más fácil tener relaciones sexuales que nunca. Los que trabajan estos temas hablan de que la masculinidad hegemónica se construye a través de la dominación de las mujeres; como eso se está perdiendo –porque cada vez las relaciones dentro de la pareja son más igualitarias– ese plus de dominación se busca fuera, por ejemplo en la prostitución. Cuando aparecen este tipo de partidos políticos se legitiman este tipo de dinámicas.

¿Cómo se enfrentan estas violencias en aumento? 

Es completamente necesario hacerle frente. Hay que ir consiguiendo que haya un clamor social y que las luchas feministas sigan actuando. Una cosa es que Vox, en una propaganda política, diga que está en contra de la "ideología de género”, y otra es que a la hora de aprobar medidas concretas contra las mujeres no haya una reacción. Yo no creo que esto sea mayoritario. El triunfo del orden patriarcal y neoliberal pasa por otros lados, por cosas mucho más profundas, sutiles y perversas que por esta gente que hace propuestas tan burdas. Por ejemplo pasa –yo lo estoy viendo en la universidad– por la neutralización de la crítica social. Se está reproduciendo el orden patriarcal y lo están haciendo mujeres también. Esto es mucho más peligroso porque es menos visible que lo que hace Vox. Por eso insisto en que es un orden lógico: a qué le das importancia como mecanismo de seguridad ontológica de tu grupo. Y en el mundo occidental se está dando importancia únicamente a la razón, al dato, al ser más, a la desconexión emocional, a la irreflexión sobre nuestra sociedad y sobre el futuro que queremos.

Anuncios como los de Avène y Gilette promueven otro tipo de masculinidades. ¿Cómo pueden los feminismos contribuir a estos nuevos modelos? ¿Es el papel de las mujeres? 

Es el papel del feminismo, lo desarrollen hombres o mujeres. Me parece que hay una responsabilidad última que desgraciadamente sigue recayendo en las mujeres, pero que cada vez hay más hombres que ya son conscientes de esto. Aunque a los hombres les es difícil reconocer todos los privilegios de los que gozan. Yo digo siempre: no soy negra, soy completamente antirracista y, sin embargo, sé que no puedo percibir todos los vectores de dominación que ha tenido una persona negra, porque yo no soy negra y estoy en el lado privilegiado de esa relación. Es lo mismo que pasa con los hombres. Me parece maravilloso que aparezcan estos anuncios y que los hombres participen. Ellos tienen que sentirse también responsables de la necesidad del cambio histórico.

¿Cómo se imagina la sociedad del futuro respecto a la igualdad de género y a los lazos comunitarios?

Es una pregunta difícil, porque en este momento hay tendencias muy contradictorias en la sociedad y no sé cuál va a ganar. Por un lado están todos los movimientos de mujeres y por otra parte están apareciendo movimientos de extrema derecha muy xenófobos. No va a ser fácil romper la tendencia ultraneoliberal mundial, dinámica que es patriarcal. No sé qué lado va a triunfar. Lo que sí creo es que hay que seguir luchando.

14 de octubre de 2019

Las vueltas del neoliberalismo.

Por: Raúl Zibechi / La Jornada.


La crisis del pensamiento crítico, o sea nuestra forma de comprender el mundo para poder actuar transformándolo, ha llevado a los analistas a multiplicar conceptos poco precisos que suelen ser más descriptivos que analíticos, por lo que inducen a confusión. Neoliberalismo es uno de los conceptos que están siendo utilizados de manera menos rigurosa.

Entre muchos profesionales de la política y del pensamiento se ha difundido una idea que asocia el neoliberalismo a un tipo de gobierno fundamentalista del mercado, cuando su acepción debería apuntar en una dirección estructural: es el capitalismo en el periodo en el que la acumulación por desposesión se ha convertido en hegemónica.

El geógrafo marxista David Harvey, quien acuñó el concepto de acumulación por desposesión/robo, asocia esta modalidad del capital a las políticas neoliberales promovidas por el Consenso de Washington: las privatizaciones, la dominación del capital financiero, la distribución regresiva de la renta y la generación de crisis para acelerar los tres procesos anteriores.

En América Latina el neoliberalismo tuvo un primer periodo privatizador, en el cual fueron desguazadas buena parte de las empresas estatales, traspasadas a precios muy bajos a multinacionales del norte. Las privatizaciones fueron enfrentadas por una amplia alianza de los sectores populares y las clases medias, generando una oleada de movilizaciones que se tradujo en la caída de una docena de gobiernos derechistas, desde el Caracazo de 1989 hasta la segunda guerra del gas en Bolivia en 2005.

Deslegitimadas las privatizaciones y las dirigencias políticas que las promovieron, el neoliberalismo trasladó el núcleo de la acumulación por despojo a otros terrenos que ahora llamamos extractivismo: agronegocio, minería a cielo abierto, obras de infraestructura y especulación inmobiliaria urbana. Estamos ante lo que la socióloga Maristella Svampa denominó “consenso de las commodities”, aunque suelo optar por una definición desde abajo que la nombra como cuarta guerra mundial.

El problema que observo, es que muchos analistas sostienen una definición mucho más restringida de neoliberalismo, que asocian a la mayor o menor participación del Estado en la economía y en la sociedad. De ese modo, se suele sostener que cuando asume un gobierno estatista, real o discursivo, ya entraríamos en un periodo posneoliberal.

Definir las cosas de este modo, creo que induce a confusiones. Los cambios de gobierno no afectan al modelo neoliberal, sino tocan apenas aspectos laterales del mismo. Por ejemplo, se suele mentar que las políticas sociales compensatorias son parte del nuevo periodo posneoliberal. Sin embargo se ignoran dos hechos centrales.

Uno: esas políticas no las inventaron los gobiernos progresistas o posneoliberales, sino el Banco Mundial para desarticular los movimientos antisistémicos. Dos: las políticas sociales benefician al sector financiero, al promover la bancarización de los beneficiarios. En ambos casos, refuerzan el neoliberalismo: debilitan a quienes pueden enfrentarlo y fortalecen al capital financiero.

Pero lo más importante es que el neoliberalismo, siendo la fase actual del capitalismo, no puede ser derrotado votando, eligiendo nuevos gobernantes, sino desarticulando las bases sobre las que se asienta: el poder concentrado del capital financiero que utiliza el aparato estatal como escudo y espada, más allá de los gobernantes de turno.

Sostengo que salir del neoliberalismo implica una crisis fenomenal, porque el poder construido por el capital es tan sólido que sólo puede ser derrotado en un largo periodo de autorganización de los pueblos, recuperando los medios de producción e instituyendo formas de vida no capitalistas, con poderes no estatales que las defiendan.

Una de las consecuencias más nefastas del neoliberalismo es que ha consolidado el poder de uno por ciento. Este poder amurallado en las instituciones estatales como las fuerzas armadas, que ha sometido a sus intereses al narcotráfico y otras formas de la acumulación por despojo, no puede ser desarticulado sin un cambio radical en la relación de fuerzas. Algo que nunca se consiguió votando, ni en plazos cortos.

El capital en el periodo neoliberal se ha blindado, aprendiendo las lecciones de las revoluciones triunfantes. Por eso no será nada sencillo desalojarlos del poder, tarea en la que han fracasado tanto las opciones electorales como las armadas. ¿Acaso China y Vietnam no son neoliberales?

Un problema adicional es el que denuncia Darío Aranda en una brillante nota (https://bit.ly/2mDPbbU). El extractivismo, el neoliberalisomo, son política de Estado. Los gobiernos conservadores pactan con las empresas multinacionales la entrega de los bienes comunes. Los progresistas hacen lo mismo.

El modelo extractivo primario exportador, es la continuidad entre unos y otros. Aunque los progresistas aseguren que al llegar ellos al gobierno ya no hay neoliberalismo. Que le pregunten a los pueblos.

10 de octubre de 2019

De paquetazos y resistencias: NO SON MEDIDAS, ES UN MODELO.

Por: Napoléon Saltos Galarza / Ecuador Today.

“…lo que cuenta es la diferencia del presente y lo actual. Lo nuevo, lo interesante es lo actual. Lo actual no es lo que somos, sino más bien lo que devenimos, lo que estamos deviniendo, es decir el Otro, nuestro devenir-otro. El presente, por el contrario, es lo que somos y, por ello mismo, lo que estamos ya dejando de ser.” (Deleuze 1993, 113-114)


LA METAMORFOSIS: LA SEDUCCIÓN DE LOS EMPRENDEDORES Y LA MAFIACIÓN DE LA POLÍTICA

El 1 de octubre, el Presidente Lenin Moreno anunció un paquete de medidas ante la crisis. No se trata de medidas económicas, sino de un modelo global, de una versión local del neoliberalismo; es el cumplimiento de la ruta anunciada en los compromisos del gobierno con el Fondo Monetario Internacional. 

El neoliberalismo es una maquinaria integral, organiza la visión del mundo en el capitalismo tardío. Una vez que se acepta sus premisas y su lógica, no hay posibilidad de crítica y alternativa.

Ha ido construyéndose en diversas etapas, desde su doble emergencia doctrinaria en la Escuela de Friburgo y los escritos de Friedrich Hayek, y en la Escuela de Chicago y los escritos de Milton Friedman; su primera aplicación brutal en el Chile de Pinochet, en los setenta; y su expansión planetaria, en los ochenta, con Reagan en Estados Unidos y Margaret Tatcher en Gran Bretaña. 

Ha pasado de su primera versión dura, economicista, en torno a una concepción monetarista de libre mercado y de reducción del Estado, a versiones revisadas, complementadas con aditamentos neokeynesianos y el rostro humano de la atención a los grupos vulnerables, en torno al Estado subsidiario; hasta llegar en el momento actual a su versión extrema, centrada en el capital humano del emprendimiento y en el imperio de la inteligencia artificial. El rostro del neoliberalismo ha mutado hacia una articulación de la vieja ética de la austeridad (ahorro y trabajo) y la moderna utopía del progreso, con la seducción del emprendedor, “el empresario de sí mismo” (Foucault 2007, 249-275)

Se ha producido una inversión de la visión del liberalismo clásico, del marxismo y el keynesianismo sobre el trabajo como una actividad que obtiene un salario en la relación de venta de la fuerza de trabajo al capital, a una visión del salario como un ingreso, como una renta por el rendimiento de un capital propio. “¿Cuál es el capital cuya renta es el salario? Se trata, sin duda, de un capital muy particular, (…) es “el conjunto de los factores físicos, psicológicos, que otorgan a alguien la capacidad de ganar tal o cual salario, […] es decir, una aptitud, una idoneidad” (Foucault 2007, 262), y como tal, este capital es un capital humano, indistinguible de su poseedor, sujeto viviente humano. En ese marco, el trabajador, es alguien que debe invertir en su propio capital humano, en sus idoneidades “de manera que es el propio trabajador quien aparece como si fuera una especie de empresa para sí mismo” (Foucault 2007, 264). El trabajador ahora es alguien que invierte en su capital, sus capacidades y competencias, para obtener una renta y es el único responsable de su éxito o fracaso.” (Sacchi 2016, 150)

La modificación se asienta en el disciplinamiento y control de los cuerpos. “No tenemos al Homo economicus entendido como socio del intercambio, como en el liberalismo clásico, sino a un sujeto que se comporta como máquina empresarial. El sujeto como singularidad maquínica que produce los medios para su propia satisfacción. Por eso, todas las acciones de este sujeto (en términos de asegurar su salud, su educación, su bienestar, etc.) son vistas como inversiones que buscan el aumento del propio capital humano.” (Castro-Gómez 2010, 205. Citado en Sacchi 2016)

No se trata de un cambio parcial, sino de una modificación del propio capitalismo. “Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo” en la que “la fábrica [y los lugares de encierro] han cedido su lugar a la forma empresa” y en la que el “hombre de las disciplinas, productor discontinuo de energía”, ha cedido el lugar al “hombre del control […] más bien ondulatorio” (Deleuze 1999, 118-119. Citado en Sacchi 2016). Es decir, en el que el trabajador-máquina energética ha cedido su lugar al empresario-máquina que va a ser pensado y gobernado cada vez más como una máquina cibernética.” (Sacchi 2016, 155)

Esta modificación ontológica sustenta una modificación epistemológica y un cambio de la subjetividad. El trabajador, al no moverse ya en la contradicción capital-trabajo, sino en el proceso de la renta-ingreso del capital humano, se desarticula de la pertenencia a la “clase obrera” frente a la “clase capitalista”, y se articula a la nueva totalidad del sistema-capital, en la que ya no es el “trabajador libre” que “no tiene más que su fuerza de trabajo” y que es el “sepulturero del capitalismo”, porque “no tiene nada que perder, más que sus cadenas”; sino que se convierte en el propietario, gestor y administrador de su propio capital “humano”, de su cuerpo, de sus capacidades; el individuo responsable de su propio destino, “invictus”, apoyado en la escala de la meritocracia para el éxito personal.

Se opera una metamorfosis epistemológica, ya no es el paso al monstruoso insecto burocrático de Kafka encerrado en un cuarto-oficina-fábrica, sino la mentepsicosis a una máquina autónoma, un ciborg orgánico, articulado a la gran máquina universal: “Piezas componentes intrínsecas, ‘entradas’ y ‘salidas’, feed-back o recurrencias, que pertenecen a la máquina y ya no a la manera de producirla o de utilizarla. En la esclavitud maquínica solo hay transformaciones o intercambios de informaciones, de los que unos son mecánicos y otros humanos.” (Deleuze y Guatarri, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia 2002, 463. Citado Sacchi 2016) Y en un grado superior, la “sujeción social”, con el cumplimiento de los roles asignados para el éxito, el autocontrol; la seducción del biopoder que “implica técnicas de gobierno que se dirigen a la dimensión molar, lingüística y social del individuo, a sus funciones, sus roles, sus representaciones, que lo constituyen como sujeto. Al producirnos como sujetos individuados, la sujeción social nos asigna una identidad, un sexo, una nacionalidad, una profesión. Compone, de esa forma, una “máquina de rostridad” que tiene al hombre, macho, blanco, rico, exitoso en el centro y luego todas sus desviaciones.” (Sacchi 2016, 158)

Estamos ante “una fábula que no es ya la del utilitarismo y el naturalismo del laissez faire, sino una que, a partir del primado de la información, supone a los comportamientos físicos, biológicos, sociales como programables, reprogramables, modulables en función de una carrera por la estabilidad en un mundo en crisis permanente. (…) Ya no se trata de la máquina que produce mercancías gastando una cantidad de energía térmica en la transformación de una materia, sino una máquina que produce flujos de renta, autogobernando su propio capital compuesto por fragmentos de memoria, de percepción, afectivos, lingüísticos, corporales, etc. que son recompuestos en la megamáquina de la servidumbre contemporánea.” (Sacchi 2016, 162-163)

Con ello, el trabajador pierde su referencia al sindicato o al partido de los trabajadores, para devenir emprendedor, funcionario y ciudadano, articulado como individuo a la nueva solución del emprendimiento. El problema se profundiza cuando el sindicato y el partido de los trabajadores sigue respondiendo con las antiguas armas de lucha ante el vetero-neoliberalismo, cuando éste ha mutado para penetrar en los cuerpos de sus propios actores. 

LA VERSIÓN LOCAL

El neoliberalismo adopta diversas formas en los diferentes países, en la construcción de una hegemonía que debe tomar en cuenta también algunas demandas de los de abajo, para obtener el consenso activo de la población.

En nuestro país, la puerta de entrada fue la crisis de la deuda en 1982, que dio paso a la firma de sucesivas Cartas de Intención de los gobiernos con el FMI. Todavía en este período la fuerza de los trabajadores detuvo las formas extremas del Consenso de Washington, sobre todo en los intentos privatizadores de las áreas estratégicas. El discurso de la defensa de la soberanía y de los derechos de los trabajadores congregó la movilización social. Se instauró una especie de neoliberalismo oligárquico, encabezado por Febres Cordero y el Partido Socialcristiano, que buscaba articular las disposiciones fondomonetaristas con los intereses de los grupos económicos locales, sobre todo los agroexportadores y la banca vinculada, y con la anuencia a algunas demandas sociales impuestas desde la lucha. 

En los 90 se produce el enfrentamiento entre la versión oligárquica del socialcristianismo y la versión globalista del neoliberalismo, encabezada por Sixto-Dahik, que busca una salida en la alianza DP-PSC, bajo la presidencia de Mahuad. El tanque de pensamiento del sistema se desplazó del FMI al Banco Mundial, que superpuso a las medidas económicas, un plan de reformas del Estado y una política social asistencialista. 

La resistencia partió de la alianza entre los pueblos indígenas, organizados en la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), y la fuerza del sindicalismo público y los movimientos sociales urbanos, organizados en la CMS (Coordinadora de Movimientos Sociales). La resistencia al neoliberalismo articuló dos relatos: uno que venía desde los movimientos sociales urbanos, centrado en la defensa de la soberanía, de los recursos estratégicos, los derechos de los trabajadores y las libertades democráticas; y un nuevo discurso, proveniente de una visión civilizatoria alternativa de los pueblos originarios en torno al Estado plurinacional y la defensa de la vida, en armonía con la Pacha-mama. El fracaso del neoliberalismo globalista en la confluencia de la crisis bancaria y la crisis política, abrió las condiciones para el paso desde la resistencia al neoliberalismo y el derrocamiento de los gobiernos sumisos, a la exigencia “que se vayan todos” y la construcción de un imaginario constituyente.

Pero allí se producen dos modificaciones claves. El intento de un poder autónomo con la Insurrección del 21 de enero del 2000 es derrotado; lo que significa el cierre de una etapa larga de lucha popular centrada en el objetivo del poder de Estado. Se divide el movimiento social, con lo que se crea un vacío de poder abajo. Al mismo tiempo, arriba se agotan las salidas antiguas, entra en crisis el sistema de representación de los partidos y el funcionamiento de la democracia, con lo que se crea una crisis política arriba: la pugna entre globalistas y oligárquicos no puede ser resuelta desde adentro, también las Fuerzas Armadas pierden su papel dirimente. Este doble vacío permite el acceso de un gobierno bonapartista-populista-autoritario, liderado por Rafael Correa, que puede cumplir la modernización globalizadora en un período de abundancia económica, y desmontar la fuerza social organizada.

La metamorfosis ciudadana y meritocrática de los trabajadores crea las condiciones para el paso a un modelo que actúa a partir de la atomización individualista y de la competencia como norma de regulación de roles; el paso a un neoliberalismo cibernético (o cuántico, para utilizar la caricatura morenista). Este paso se operó mediante diversas estrategias de destrucción de los lazos de relación colectiva: estrategias políticas, como la división, cooptación, paralelaje y criminalización de los movimientos y organizaciones sociales; estrategias culturales, como el emprendedurismo, la blanquitud y la segregación étnica, sexual, por edad. 

La Revolución Ciudadana logró el objetivo sistémico-estratégico, la modernización para conseguir las condiciones ya no sólo el libre mercado, sino el libre capital global, con un alto costo y una herencia pesada para el país. Aunque fracasó en el intento táctico de constituir un nuevo bloque económico-político sobre la base del poder de la tecnocracia, pues el campo dominante está copado arriba, no sólo por los grupos económicos y de poder locales, sino, sobre todo por el poder de las transnacionales: la economía ecuatoriana tiene un alto nivel transnacionalización y monopolización, con un índice de Gini, en las veinte ramas principales, que se ubica en torno al 0,97; y tiene un alto nivel de vulnerabilidad a la penetración del capital especulativo e incluso criminal global. Los problemas de la corrupción son un signo de este fracaso, pues ésta se quedó a medio camino, la acumulación por desposesión, como bróker de los grandes capitales globales, sin poder pasar a la fase de legitimación y legalización, logradas por otros grupos dominantes en su respectivo tiempo.

El Ecuador se sintonizó con el paso “de un régimen en el que el trabajador era un individuo, un cuerpo que prestaba su tiempo al capital para que este pudiera extraerle todo el valor posible y una persona jurídica portadora de derechos políticos y sindicales, a uno donde ya no hay más que un mosaico infinito de fragmentos moleculares que funcionan no operando sobre una cadena de montaje, sino conectados a una megamáquina recombinante.” (Berardi 2007) El docente, el médico del sector público o del sector privado, el funcionario, el ciudadano, funciona conectado a la Matrix virtual, bajo el control de las evaluaciones, los formularios, las video-cámaras del ECU 911, las vigilancias de los organismos de “inteligencia. El paso al funcionamiento del sistema sin sujeto, de la política sin disensiones en una relación amigo-enemigo, de las relaciones personales vaciadas del eros. Un mundo de seducciones sometido al espectáculo y al consumo, el paso a la subsunción de la vida al capital.

CONTINUIDADES Y DESCONTINUIDADES

Hay un juego propagandístico que oculta este proceso, la supuesta oposición entre un neoliberalismo, entendido en su versión inicial como mercado libre y reducción del Estado, frente a variantes de keynesianismo, centrado en la intervención del Estado. De modo que Lenin Moreno sería el “traidor” a un modelo revolucionario que debe retornar. Las bases estructurales del modelo se construyeron en los diez años de mandato correista, bajo un discurso expropiado a la “izquierda”. Con ello, la transustanciación queda disuelta en la variación de formas y en el sonido (significantes) de las consignas. Tomemos un ejemplo: la demanda social del Banco del Afiliado del IESS, que implicaba el paso del poder de decisión sobre los ahorros sociales y la mejora de servicios para los afiliados, se transformó en la constitución del BIESS como banco de segundo piso, subsidiario de las operaciones privadas, mientras un alto porcentaje del ahorro de los afiliados iba a solventar los déficits fiscales. Un proceso similar se opera sobre la demanda de una Ley de Empresas Públicas. El caso emblemático es el ardid entre el Plan A y el Plan B del ITT-Yasuní, que jugó con la propaganda ecologista a nivel mundial y local, mientras el régimen continuaba con la exploración de los hidrocarburos, hasta llegar al momento del viraje público en agosto de 2013, en coherencia con el patrón extractivista de acumulación que jamás fue cuestionado.

Hay varias líneas de continuidad entre el correismo y el morenismo, sobre todo en los pilares estructurales del patrón extractivista, y en la dependencia-ligazón con los polos del capital transnacional, aunque con variaciones de orden de prelación, con el eje Este-Oeste, liderado por China-Rusia, en el período de Correa; y con el retorno de las relaciones con el Eje Norte-Sur, liderado por Estados Unidos, en el período presente. 

En las discontinuidades no sólo hay un cambio de forma, sino el desplazamiento a una variante más agresiva de neoliberalismo en el régimen actual: los compromisos explícitos con el FMI, el retorno de la subordinación militar, la reentrada de transnacionales norteamericanas, implican un viraje geoeconómico y geopolítico. 

De modo que nuestro país se encuentra atenazado entre dos proyectos fracasados: el modelo “progresista”, asentado en un Estado subsidiario, que desembocó en una crisis de iliquidez fiscal y de crecimiento de la deuda; y el plan de austeridad de inspiración fondomonetarista, que ha mostrado históricamente su ineficacia para solucionar las crisis de los países periféricos.

El Presidente Lenin Moreno anunció un paquete de medidas centradas en tres líneas: eliminación del subsidio y liberación de los precios de la gasolina extra y el diésel, de acuerdo al mercado internacional, para aliviar la iliquidez fiscal y sostener la dolarización; precarización laboral, con nuevas formas de flexibilización del contrato de trabajo, despido masivo (el gobierno reconoce que se han despedido 27 mil trabajadores en este año y anuncia el despido de 10 mil más hasta fin de año) y reducción del 20% de los ingresos de los trabajadores públicos por contrato, para mejorar la competitividad productiva e incentivar la inversión empresarial; y algunas medidas de compensación, sobre todo para sectores empresariales y comerciales. 

La clave estructural está en la contrarreforma laboral que fortalece la acumulación de capital mediante el refuerzo de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de la ganancia rentista extraordinaria. No se trata de la creación de nuevas fuentes de trabajo, dentro de la lógica de un patrón productivo, sino de la segmentación de un puesto formal en dos o más puestos precarios; y de la utilización de la necesidad de formas diferenciadas de contratación colectiva en casos especiales, como la producción artesanal o el pequeño emprendimiento, o de áreas de nuevas tecnologías, para convertirlas en una ley general que favorecerá la violación del derecho a la estabilidad laboral. 

Aunque el secreto decisivo está en las medidas que no se anuncian, sino que están en ejecución políticas de facto, la privatización de empresas públicas, la invasión de tierras y territorios comunales, la escalada del endeudamiento externo. Y el problema está en las secuelas derivadas: el alza del precio de los combustibles acarrea el alza de pasajes, la subida de la inflación (el incremento puede llegar al 2% anual) y el encarecimiento de la canasta básica (el incremento puede llegar al 5%); el despido de trabajadores implica la agudización de la pobreza.  El gobierno busca la aprobación del capital internacional y de los organismos económicos multilaterales mediante la articulación funcional al nuevo patrón de la acumulación neo-imperialista por desposesión de bienes públicos, bienes comunales y bienes comunes de la naturaleza y la humanidad. 

El discurso del régimen se ha movido en torno a tres relatos convergentes: el llamado a la austeridad, al sacrificio y a la comprensión de la población, para salir de una crisis que fue heredada del anterior régimen; el fantasma de la crisis venezolana; y la “valentía” del régimen para tomar medidas de reformas estructurales necesarias.

El camino está trazado. El paquetazo actual implica el paso del gradualismo a la estrategia de shock, del discurso vacío del diálogo a la política represiva abierta. Ante la movilización social, la respuesta ha sido la declaratoria del Estado de excepción y la represión contra las organizaciones sociales. El proyecto consta en la Carta firmada con el FMI, bajo el argumento de obtener créditos de los organismos multilaterales y recuperar la confianza del capital internacional; está en las “recomendaciones” de las Comisiones evaluadoras. De modo que el discurso “ahora no se ha subido el IVA”, o el hecho de que no se afecta todavía al marco de la seguridad social, es apenas un escalón de cálculo político. El régimen ha tratado de mostrar una imagen fuerte y de encubrir las divisiones internas, pero es la confesión de su debilidad y la delegación del proyecto al funcionamiento del capital global y a la calificación del FMI.

Enfrentamos un modelo bajo tutela del capital internacional; no se trata de una lucha corta, sino de una lucha popular prolongada, que requiere nuevos imaginarios, estrategias y formas de organización. El paso inicial es reconstituir la autonomía de la movilización y de la propuesta de los movimientos sociales ante los diversos intentos de instrumentalización desde intereses extraños a la vida de la sociedad.

RESISTENCIAS Y ALINEAMIENTOS

La respuesta social ha sido el enfrentamiento a las medidas desde los intereses sectoriales, sin la posibilidad todavía de la constitución de una fuerza confluyente que enfrente al modelo en su conjunto y presente una alternativa estratégica. 

Los transportistas, bajo una conducción empresarial, se han movilizado contra el alza de combustibles, para negociar con el gobierno, el alza de pasajes y tarifas. Por ello, planteado su objetivo, suspendieron el paro del transporte. Esta decisión puede ser más bien favorable a un cauce autónomo de la movilización popular.

Los sindicatos han repetido el discurso de la defensa de las conquistas laborales y han denunciado el sometimiento al Fondo Monetario Internacional, pero no han logrado representar los intereses de los subempleados y desempleados. Los pueblos indígenas rechazan sobre todo los efectos del alza de combustibles, con referencias formales al tema laboral. Hay todavía debilidades para una conducción política autónoma e integradora.

La disputa está en la orientación hacia dónde va la protesta. El vacío trata de ser capitalizado por intereses políticos externos a la dinámica social, orientados a la próxima contienda electoral. 
De un lado, están las fuerzas que aprueban las medidas y respaldan al gobierno, especialmente el Partido CREO de Lasso, los banqueros y las cámaras empresariales, que representan el neoliberalismo globalizador. El Partido Socialcristiano tiene un juego doble, concentra su crítica al alza de combustibles, para buscar una distancia respecto al desgaste que puede afectar al régimen, mientras silencia y aprueba implícitamente las contra-reformas laborales. 

Una de las fuerzas más activas en la movilización es el correismo, que tiene una estrategia de derrocamiento del gobierno y de adelanto de las elecciones, para ganar tiempo ante el riesgo de las condenas judiciales a Correa, que le impedirían intervenir como posible candidato vicepresidencial, en la reproducción esperanzada de la estrategia del retorno kirchnerista en Argentina. El relato del traidor y del ausente buscan agigantar el fantasma del expresidente.

Las visiones dominantes tratan a la sociedad como su sierva, el instrumento para sus objetivos. En su forma extrema, el patrón financiero-rentista se articula a prácticas del capital criminal y de mafiación de la política. En medio de las protestas, sobre todo en Guayaquil, resurgieron operativos semiespontáneos de vandalismo y saqueo; el cauce lumpenesco de la presencia de la masa, una violencia desarticuladora de los vínculos sociales. Ya no se trata de la seducción del emprendedor, sino de la prepotencia del capo y sus lugartenientes; no como un hecho extraño, sino como la proyección de la presencia de una lumpenburguesía articulada a la penetración creciente de carteles del capital criminal global. La biopolítica se complementa con la thanatopolítica.

LA OTRA HISTORIA

Surgen voces autónomas, como el movimiento de mujeres que busca ligar la lucha contra las medidas neoliberales a otros temas que siguen pendientes, como la descriminalización del aborto en caso de violación (en estos días se cumple el plazo para el veto presidencial) 

El cauce del retorno a la comunidad y la defensa de la vida en armonía con la Pacha-mama pueden contribuir a una visión que vaya más allá de la respuesta coyuntural y sectorial. El regreso de los pueblos indígenas desde la movilización en territorio presenta algunos elementos de la construcción de un poder paralelo. La declaración del “Estado de excepción” en territorios indígenas es un símbolo de una soberanía diferenciada, fundamento del Estado plurinacional. Todavía hay posiciones parciales y locales, pero puede empezar a reconstruirse la autonomía de los movimientos sociales, con una propuesta propia.

Esa es la cuestión. Ante todo, al enfrentar un proyecto integral, hay que ver los diversos elementos: el paquetazo actual forma parte de una totalidad, el Plan de austeridad, que incluye las privatizaciones, el endeudamiento externo, el alineamiento con la Alianza del Pacífico, la entrega del Aeropuerto de San Cristóbal a la vigilancia norteamericana, las posteriores medidas de ajustes, empezando por alza de pasajes, elevación del IVA, afectación al IESS. Por tanto, se requiere una propuesta contrahegemónica, que puede partir del Acuerdo en torno a un patrón de acumulación productivo, la construcción del Estado plurinacional y una política soberana internacional. Y se requiere una estrategia que una el momento actual con un plan de lucha popular prolongada, un nuevo proceso de acumulación de fuerzas para cambiar la correlación actual. Puede irse creando condiciones para un estado de conciencia que exija QUE SE VAYAN TODOS. 

Las tácticas insurreccionales de movilización, que pueden llegar a una huelga y levantamiento nacionales, debieran articularse a una estrategia de poder autónomo, para no terminar siendo absorbidos por intereses extraños, de la derecha socialcristiana, o del arribismo correista, o de intereses sectoriales de los transportistas, o de los recambios de presidente. ¿Cómo asegurar una diferenciación en las luchas con los objetivos de sectores extraños, que hoy quieren nuevamente enancarse en el descontento de nuestros pueblos?

El cimiento es la acción desde la sociedad, desde los anhelos y sueños de los de abajo, desde la confianza en nuestras propias fuerzas. Nos angustiamos porque no vemos un horizonte definido, pero tenemos semillas, cimientos desde los cuales partir: la comunidad es la fuente no sólo en el campo, sino también en la ciudad, la acción desde los territorios, las experiencias de fisuras postcapitalistas y postpatriarcalistas a nivel local y mundial. Podemos juntar nuestras luchas. Es posible iniciar un proceso de reconcentración ideológica y programática en caliente, en medio de la movilización.

Tal vez vuelve a ser posible regresar al sentido original del Pachakutik, el tiempo en espiral, el caracol, la caracola, traer el pasado al presente para caminar juntos al futuro: “…lo que cuenta es la diferencia del presente y lo actual. Lo nuevo, lo interesante es lo actual. Lo actual no es lo que somos, sino más bien lo que devenimos, lo que estamos deviniendo, es decir el Otro, nuestro devenir-otro. El presente, por el contrario, es lo que somos y, por ello mismo, lo que estamos ya dejando de ser.” (Deleuze 1993, 113-114) 

Tal vez tenemos nuevamente la oportunidad de caminar en el sentido de la comunidad, y el grito del Estado plurinacional pase a ser una experiencia compartida, como lo fue en el Levantamiento del 90, desde los territorios hacia la toma de Quito; como fue, por un momento, la experiencia de los Parlamentos de los Pueblos en la insurrección del 21 de enero del 2000, la “efímera Comuna de Quito”, como dijo Alejandro Moreano. La movilización social parte nuevamente de los territorios, se levantan los Guarangas, Puruhaes, Cayambis, Panzaleos, Otavalos, Saraguros, Salasacas, Quichuas de la Sierra y la Amazonía, Shuaras, Cañaris, Caranquis, Coltas; y junto a ellos nuevos movimientos, sobre todo las organizaciones y colectivos de mujeres, los estudiantes, los restos de los sindicatos. Nuevamente se siente el poder comunitario que declara el Estado de excepción; los indios señalan la posibilidad de una salida alternativa a la crisis del capital. Tal vez sea por un momento, hasta crear las condiciones de la permanencia; un momento para que las semillas puedan empezar a crecer.

Tal vez podamos volver a escuchar la palabra de los pueblos originarios: “Estamos convencidos que a través de nuestra propuesta de vida y nuestras luchas por la autodeterminación y gobierno de nuestro territorio, nos hermanamos, compartimos y contribuimos a ser parte de todas las manifestaciones y luchas por la vida en toda la Amazonía, en todo el Ecuador, en toda Latinoamérica y en todo el planeta. Si nuestra lucha por la vida es parte de la lucha del mundo por su sobrevivencia, igualmente, la lucha del mundo nos pertenece.” (Sarayaku 2003) Y escuchamos las voces de “las mujeres que resistimos – en las calles, en nuestros territorios, desde nuestros territorios, desde nuestros espacios y comunidades – nosotras las compañeras feministas nuestroamericanas, las que ponemos el cuerpo y sostenemos la vida, “¡Nosotras seguiremos juntas hasta que la dignidad se haga costumbre!” (Mujeres 2019)

Ahora la lucha continúa, el llamado es al paro y al levantamiento general.

Referencias

Berardi, F. Generación Post-Alfa: patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Buenos Aires: Tinta Limón, 2007.
Castro-Gómez, S. Historia de la gubernamentalidad. Razón de Estado, liberalismo y neoliberalismo en M. Foucault. Bogotá: Siglo del Hombre, 2010.
Deleuze, Gilles. ¿Qué es la filosofía? España: Anagrama, 1993.
Deleuze, Gilles. «Posdata sobre las sociedades de control.» En El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo, de Ch. (compilador) Ferrer. Buenos Aires: Altamira, 1999.
Deleuze, Gilles, y Félix Guatarri. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia . Valencia: Pre-textos, 2002.
Foucault, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collége de France (1978 – 1979) . Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007.
Mujeres. «Comunicado.» Octubre 2019.
Sacchi, Emiliano. «Neoliberalismo y servidumbre maquínica. Gubernamentalidad cibernética.» Soft Power IV, nº 2 (Julio – Diciembre 2016): 145-163.
Sarayaku. El libro de la vida de Sarayaku para defender nuestro futuro. 2003.
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