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11 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Siete.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

En 1932, nos dice Alicia Civera, siendo Narciso Bassols secretario de Educación Pública en la administración de Abelardo L. Rodríguez, las escuelas normales rurales pasaron a depender del entonces recién creado Departamento de Enseñanza Agrícola y Normal Rural, cuyo encargado fue el ingeniero Manuel Mesa Andraca. Ambos, Bassols y Mesa, decidieron crear las escuelas regionales campesinas, uniendo las normales rurales con las escuelas centrales agrícolas fundadas durante el callismo, las cuales al depender de la Secretaría de Agricultura y Fomento tenían como objetivo principal la formación de técnicos agrícolas. La fusión, apunta Civera, no fue inmediata y algunas normales permanecieron como tales hasta ya entrada la administración cardenista. Era evidente que a la administración rodriguista le interesaba que el papel de las escuelas regionales campesinas se decantara más por la producción y la dotación de medios de sobrevivencia a la misma clase trabajadora del campo, que al proceso civilizatorio vasconcelista; en virtud de ello, afirma Civera, las normales rurales no fueron prioritarias frente a las innovaciones planteadas para las escuelas regionales campesinas.

Este es justo el momento en el que la Normal Rural “Conrado Abúndez”, con sede en Tixtla, Guerrero, se mudaría a la ex hacienda de Ayotzinapa; cuyo director, el maestro Raúl Isidro Burgos, había solicitado un préstamo personal a la Dirección de Pensiones Civiles de Retiro para iniciar la construcción de la misma en las siete hectáreas que su antecesor, el maestro Rodolfo A. Bonilla, había conseguido de la Junta de Beneficencia de Tixtla. Además de la pensión del maestro Burgos, maestros y alumnos aportaron parte de sus sueldos y becas y el 14 de marzo de 1932, campesinos, estudiantes y profesores colocaron las primeras piedras de la escuela normal rural que más tarde (y hasta la fecha) llevaría su nombre.

Unos meses más tarde, el 28 de septiembre, nacería en Barcelona la hija de Maria Soteras i Maurí y Antoni Vilalta i Vidal, juristas integrantes de la Junta del Colegio de Abogados de Barcelona y, para esas fechas, militantes de la izquierda catalana. El mismo Vilalta había participado el año anterior en la Conferencia de Izquierdas Catalanas que dio paso a la fundación, en marzo de 1931, del partido Izquierda Republicana de Cataluña, y había sido elegido concejal del ayuntamiento de Barcelona. Así que mientras en México el gobierno rodriguista intentaba marcar una nueva hoja de ruta para el normalismo rural un poco más independiente de la trazada por la que el vasconcelismo había heredado al callismo; en la Cataluña de la Segunda República Española, proclamada el 14 de abril de ese 1931, el padre de Maria Vilalta Soteras, mejor conocida como Maruxa, presidía las comisiones de Fomento, de Cultura y de Hacienda como concejal. No sería extraño que durante la Segunda República fuera quien elaborara el primer presupuesto del Ayuntamiento de Barcelona.

Resultaría un dato curioso, acaso forzado, imaginar que las vidas de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa y de la dramaturga Maruxa Vilalta Soteras tuvieran un lazo que las uniera; y, con todo ello, este ejercicio dramaturgista no tendría sentido si así no fuera. Ese hilo, ese espacio-tiempo, se está dando en la puesta en escena que la maestra y actriz Jessica Cortés está llevando a cabo con sus compañeras y compañeros estudiantes del Colegio de Bachilleres Plantel 17 Huayamilpas-Pedregal, de la obra Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta; misma que se presentará en el Teatro José Vasconcelos de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM, el próximo 24 de octubre, en punto de las 17 horas.

En su puesta en escena, como hemos apuntado en entregas anteriores, la maestra Cortés ha decidido sustituir las proyecciones de personajes como Hitler, Franco o Mussolini (entre otros fascistas de igual o menor monta) que propone Vilalta, por vídeos que pongan la mirada de las y los espectadores en tres temas sustanciales para Cortés: la desaparición forzada, en septiembre de 2014, de 43 estudiantes de Ayotzinapa; el asesinato, en febrero de 2019, de Samir Flores Soberanes (cuyo ejemplo de lucha da nombre a la Jornada Global de Defensa por Nuestra y Nuestros Territorios, convocada por el Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, este 12 de octubre) y los casos en aumento de feminicidios en todo el país.

La función está programada en el marco de la edición más reciente del Festival Internacional de Teatro Universitario de la UNAM, y el lugar será idóneo; no solo porque se trate de un espacio teatral con el nombre de quien se considera creador del normalismo en México, sino porque las y los estudiantes de la FES Aragón serán un público sensible a la propuesta escénica de Jessica Cortes: es la sede de la Colectiva Violetas, que en octubre del año pasado denunciaron fuertemente el acoso, hostigamiento sexual y violencia de género que sufren las mujeres de su escuela; su comunidad estudiantil, a principios del mismo año, ya había puesto el nombre de su institución en alto al exigir castigo a los responsables de la muerte de su compañera Maurithania Samantha Pérez Ahumada a causa de un accidente que terminó convirtiéndose en homicidio doloso, y son de esas y esos jóvenes solidarios sin cortapisas que han ido a paro para exigir justicia ante el homicidio de estudiantes de otras escuelas, como lo hicieron cuando fueron asesinadas María del Rosario Pérez García, de la FES Cuatitlán, o Aideé Mendoza Jerónimo, del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente.

Pero, regresemos a los otros hilos de nuestra investigación. Estábamos en 1933... 1934... Antoni Vilalta ha abandonado Izquierda Republicana de Cataluña (ERC, por sus siglas en catalán) para formar el Partido Nacionalista Republicano de Izquierda. Ése año: 1934, Antoni fue nombrado presidente del Consejo Directivo de la Unión de Municipios Españoles; sin embargo, ante el asalto al poder de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) tras los llamados fets del sis d’Octubre, la familia Vilalta Soteras se autoexilia en Paris, Francia, para volver a Cataluña un año más tarde. Maruxa, nuestra autora, vivía sus primeros dos... tres años de edad.

Mientras tanto, en México, Manuel Mesa Andraca había firmado (en abril de 1934) un nuevo reglamento para las escuelas normales rurales; en éste, nos dice Alicia Civera, se estipulaba que el gobierno y la dirección de las escuelas estarían a cargo del director, quien tendría como inmediato superior al director federal de Educación. Con ello, la vida democrática que se vivía en las normales rurales se trastocaba fuertemente, al menos en términos legales, pues, rompía con el autogobierno de las y los estudiantes y el estilo de “vida familiar” que les distinguía. No obstante, muchas de sus bases permanecieron presentes.

A principios de los años treinta los estudiantes, según la investigación de Civera, debían presentar una prueba práctica, un informe de las actividades que habían realizado ya como maestros en una escuela rural y una prueba escrita (que solía ser de tres a diez cuartillas) para poder obtener su título. Cito, amén de todo lo que ya le he tomado prestado, lo que Civera apunta sobre los egresados de Ayotzinapa:
En los exámenes de los egresados de Ayotzinapa, Guerrero, los alumnos daban una gran importancia a la observación de la comunidad y de los niños para enfocar sus trabajos a los intereses de la gente. Declaraban que acudían a las autoridades morales de las comunidades para convencerlos, sin enfrentamientos, de las virtudes del programa de la escuela rural y visitaban los hogares para levantar el censo escolar, pues la escuela debía ser para todos y no para unos cuantos. Ganándose la confianza de la gente, pedían apoyo para la escuela, misma que debía ser, decían, un espacio alegre, en donde los niños aprenderían por medio del juego, del método de proyectos, obras de teatro y excursiones. Más que conocimientos, los egresados querían formar un nuevo tipo de hombres y mujeres que tuviesen carácter y fueran trabajadores, ahorradores, patrióticos, capaces de seguir preparándose al salir de la escuela, de bastarse por sí mismos y de enfrentarse con optimismo a cualquier situación que les planteara la vida. Por ello, decían, los conocimientos en la escuela debían ser prácticos, y en vez de la memorización, los premios y castigos, proponían una participación activa y colectiva de los estudiantes, en la cual el maestro no fuera sino un estudiante más aventajado, que con su comportamiento intachable pondría el ejemplo y se ganaría el respeto de los niños, quienes aprenderían a disciplinarse por sí mismos. Incluso, varios estudiantes hablaban del gobierno de los niños.

9 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cinco.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Teniendo siempre como contexto y telón de fondo la lucha de clases, cuyo episodio conocido como “Revolución Mexicana” fue ganado por algunas de las fuerzas de la burguesía, clase que inició la guerra civil (lo que de suyo significa que no hubo una revolución en sentido estricto, pues, las estructuras de poder quedaron prácticamente intocadas), el llamado grupo sonorense, en particular Obregón y Calles, primero, y después solo éste último (ya vimos lo que pasó con De la Huerta y luego a Obregón), fue consolidando poco a poco el papel de las escuelas normales rurales en tanto espacios de transformación social en el campo mexicano.

Tras el anuncio de su “derrota” ante Pascual Ortiz Rubio a manos de la maquinaría de fraude que el PNR fue afinando con el paso de los años en su conversión, primero, al PRM y después al PRI, Vasconcelos proclamó su Plan de Guaymas llamando sin éxito a un levantamiento armado. Con fecha del 1 de diciembre de 1929, el Plan de Guaymas afirmaba que Vasconcelos era el presidente electo y, por lo mismo, desconocía a los poderes federales, estatales y municipales (¿se acuerdan de aquella frase: “Al diablo con sus instituciones”?) que “burlan el voto público desde hace treinta años”; para concluir que dejaba el país, pero que regresaría a tomar las riendas del poder tan pronto como hubiera un grupo de hombres armados en condiciones de tomar a la fuerza lo que a la fuerza le habían arrebatado. Sin embargo, los vasconcelistas, miembros de la clase media urbana, muy en la sintonía de su líder, nunca organizaron rebelión alguna y aceptaron silenciosamente la imposición callista iniciándose así la consolidación del Partido Nacional Revolucionario como partido único. Vasconcelos, mientras tanto, se había autoexiliado en París y fue acentuando su vertiente protofascista que ya había asomado la nariz en su libro La raza cósmica, donde expone sus ideas sobre la superioridad racial del mestizo mexicano.

A lo largo de todo el Maximato, comprendido en el marco de las títeres administraciones de Portes Gil, Ortiz Rubio y (un poco menos) Abelardo L. Rodríguez, las llamadas “Misiones Culturales”, como señala Maider Elortegui Uriarte en su ensayo Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa, fueron ampliamente reconocidas por la Secretaría de Educación Pública a cargo de Rafael Ramírez, cuyo aporte estuvo centrado en la actividad agrícola con producción técnica, pues, consideraba una tarea primordial la recuperación de tierras y la apropiación productiva a partir de una escuela socializante forjada desde la comunidad. En este período, abunda Elortegui, la escuela debía construir un puente de reconocimiento y descubrimiento, así como concientizar, desde una visión proletaria, sobre los abusos cometidos por una estructura de poder regida por la Iglesia y los terratenientes.

No obstante, la escasez de recursos, si bien estimulaba la creatividad de maestros, estudiantes y campesinos, como lo señala Elortegui, significó una enseñanza centrada en cuestiones vitales, prácticas y experimentales que, citando a Alicia Civera, dio paso al rechazo de un conocimiento teórico que se contraponía a una enseñanza donde eran más importantes la observación y la experimentación, la cooperación y el compromiso con los demás. Así, sigue Elortegui, la formación de los futuros maestros rurales, vinculada al trabajo de la tierra, fomentaba conductas de responsabilidad, cooperación, solidaridad, compromiso, esfuerzo y trabajo colectivo en el que el internado y el cooperativismo tuvieron una gran influencia para organizar las funciones educativas, generando un sentido de pertenencia palpable entre estudiantes, maestros y campesinos.

Con el arribo a la Silla del Águila por Lázaro Cárdenas, el mismo que se subió al tren de la “Revolución Mexicana” bajo las órdenes del general zapatista Guillermo García Aragón y, más tarde, ya carrancista, se sumaría a las fuerzas del general Lucio Blanco (uno de los primeros generales en firmar el Plan de Guadalupe a favor de Carranza, pero que, a diferencia de Obregón, en la Convención de Aguascalientes se opondría al “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista” en obediencia al mandato convencionista), desde cuyas filas combatiría al zapatismo; con el arribo de Cárdenas a la presidencia de la República, decíamos, las escuelas normales rurales vivirían una de sus etapas más históricas y determinantes.

Si en entregas anteriores trazamos una línea que siguiera los pasos a José Vasconcelos, en tanto fundador del normalismo rural como una de las titánicas tareas educativas que emprendió desde el gobierno de Álvaro de Obregón; bien vale la pena detenernos un poco en este personaje también harto interesante que es Cárdenas, porque será durante su gobierno que los postulados socialistas adquirirán carta de naturalización en el normalismo rural.

Seguirle los pasos a Lázaro Cárdenas en su periplo, digamos, “revolucionario”, es acompañar a un joven tipógrafo que a los 16 años trabaja en la imprenta “La Económica” de un tal Graciano Carreón, cuyas ideas liberales influyen en la formación política del joven Cárdenas. Al estallar la revolución, don Graciano vendió la imprenta a sus trabajadores y se unió a los rebeldes; más tarde, el joven Cárdenas iría tras su estela luego de ser denunciado por haber impreso un manifiesto insurgente, lo que lo obliga a sumarse a las fuerzas de Guillermo García Aragón apostadas en Michoacán.

En su ensayo Zapata y Cárdenas: notas sobre una relación a destiempo, Ricardo Pérez Montfort dice que García Aragón contaba con cerca de 700 hombres que puso al servicio de Venustiano Carranza en diversas regiones de Guerrero y Michoacán, al poco tiempo que el de Cuatro Ciénegas promulgara su Plan de Guadalupe. Como es de suponerse, Zapata se distanció de García Aragón e, inclusive, lo mandaría fusilar el 7 de diciembre de 1914: «Es inútil. Ya se lo echaron –le dijo Villa al general Vito Alessio Robles cuando éste se comunicó con él para expresarle la urgencia de liberar a García Aragón, capturado por zapatistas que lo llevaron al cuartel de San Lázaro– Era de las fuerzas del General Zapata y con todos sus soldados se pasó a servir a Victoriano Huerta. Cuando la revolución estaba por triunfar, se pasó de nuevo a las fuerzas revolucionarias (quizás Villa se refiere a cuando se pasó al bando de Carranza). Es la muerte que merecen todos los traidores» –sentenció “El Centauro del Norte”.

Se sabe que Cárdenas no se pasó al bando huertista con García Aragón, sino que formó filas en la columna de Martín Castrejón cuando Joaquín Amaro atacó Tacámbaro y Pátzcuaro, y avanzó sobre Uruapan; que después, estuvo bajo las órdenes de Lucio Blanco, siendo testigo de los Tratados de Teoloyucan que signarían la derrota de Victoriano Huerta; que luego se incorporaría a las fuerzas de José María Maytorena en Sonora, pero que al darse cuenta de que éste se había unido a Villa, se marchó a Agua Prieta a integrarse a las tropas de Plutarco Elías Calles, con quien entabló una amistad que duraría hasta su ascenso como presidente de México.

Zapatista, primero, pero carrancista y en particular callista, después, Cárdenas combatió contra las fuerzas de Zapata y de Villa en nombre del Ejército Constitucionalista, y, bajo el mando de Calles, quien le dio el mote de «Chamaco», actuó también contra los yaquis sublevados contra Carranza. El “Primer Jefe” le encargó pacificar la huasteca veracruzana en la que “guardias blancas” al servicio de compañías petroleras asolaban la región, ello le ganó en 1918 el grado de coronel. Un año más tarde, a decir de Pérez Montfort, escribiría en su diario: «Hoy fue muerto a traición el general Emiliano Zapata en Chinameca, Morelos, por el coronel Jesús Guajardo, de la división del general Pablo González.»

En 1920, a diferencia de su otrora jefe militar Martín Castrejón, quien se enfrentara al Plan de Agua Prieta y terminara siendo capturado y fusilado en Pátzcuaro, Michoacán, por órdenes de Obregón, el coronel Lázaro Cárdenas se adhirió al grupo sonorense para combatir a Carranza; fue quien, tras el asesinato del “Primer Jefe” a manos de Rodolfo Herrero, se encargó de detenerlo y llevarlo preso a la Ciudad de México (dato curioso: existe una orden escrita firmada por el mismo Cárdenas dirigida a Herrero, de atacar la comitiva de Carranza y asesinarlo). Al asumir la presidencia, Adolfo De la Huerta lo ascendería a general brigadier y recibiría, más tarde, el gobierno interino de Michoacán por mandato del para entonces ya presidente Pascual Ortiz Rubio; gobierno que dejaría en manos del general Francisco J. Múgica.

Durante le rebelión delahuertista, Cárdenas sería herido y hecho prisionero por los generales Rafael Buelna y Enrique Estrada, quienes al ver la gravedad de su heridas lo enviaron a Guadalajara para ser atendido y después liberado; él haría lo mismo después, al dejar escapar al general Francisco J. Múgica, cuyo fusilamiento le había ordenado Obregón. De ese calibre estaban las pugnas entre las fuerzas de la burguesía.

En 1924, año en que asumiría la presidencia de la República su maestro y padrino Plutarco Elías Calles, Cárdenas obtendría el grado de general de brigada. Cuatro años más tarde, alcanzaría el grado de general de división y sería postulado como aspirante único a la gubernatura de Michoacán para ejercer el gobierno, con algunos períodos de licencias para desempeñar temporalmente otros cargos, de 1928 a 1932. Ése año: 1932, a varios kilómetros de allí: en Barcelona, nacería Maruxa, la única hija que tuvieron Maria Soteras i Maurí y Antoni Vilalta i Vidal.

5 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Cuatro.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.

Llegamos a la cuarta entrega de nuestra investigación sobre normalismo rural, como marco histórico para mirar dos de los acontecimientos que la actriz y maestra de teatro Jessica Cortés bordea en su puesta en escena de Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el 26 y 27 de septiembre de 2014, y el asesinato de Samir Flores Soberanes el 20 de febrero de 2019. Toca hablar, justamente, de la génesis del normalismo rural en México.

Luego de que las fuerzas de la burguesía se aliaran contra el villismo y el zapatismo, traicionando el espíritu y el mandato de la Convención de Aguascalientes y haciéndola abortar, retomaron las pugnas por el poder que les había llevado a iniciar la guerra civil que algunas y algunos llaman “Revolución Mexicana”. Abajo, el primer obstáculo para ello: Zapata, lo resolverían asesinándolo en Chinameca el 10 de abril de 1919; el segundo: Villa, sería arrinconado tras la derrota de las fuerzas de la Convención. Arriba, Obregón, Calles y De la Huerta, otrora aliados de Carranza, orquestaron el asesinato del autonombrado “Primer Jefe, Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación” amparándose en el llamado Plan de Agua Prieta.

Tras cercar política y militarmente a Carranza y asesinarlo, los sonorenses impusieron a Adolfo De la Huerta como presidente interino y éste nombró a Vasconcelos (quien llevaba cinco años en el exilio después de huir de las fuerzas convencionistas) encargado del Departamento Universitario y de Bellas Artes; ello incluía ser rector de la Universidad Nacional. De esta época proviene la frase vasconcelista aquella de: «Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo»; ése mismo pueblo que ensayó ser gobierno vía la Convención de Aguascalientes y que lo hubiera sido de no ser por la traición de personajes como Vasconcelos.

Al término del interinato de De la Huerta, el nuevo presidente: Álvaro Obregón, invitó a Vasconcelos para ocupar el Ministerio de Instrucción Pública bajo otro nombre: Secretaría de Educación Pública. Fue desde esa posición que el llamado “Apóstol de la Educación” emprendió la puesta en marcha de las Misiones Culturales concebidas por Roberto Medellín, la edición de clásicos de la literatura universal y su divulgación, la creación de escuelas de artes y oficios, la promoción de los artistas plásticos que protagonizarían el muralismo mexicano bajo el abrigo oficial, la instalación de «embajadas culturales» en otros países de América Latina, como Argentina y Brasil, y, propio del contradictorio y controvertido Vasconcelos, la alianza con sectores de la derecha que desde el periódico Excélsior promovieron la creación del Día de las Madres para contrarrestar las ideas progresistas en materia de derechos políticos y sociales de las mujeres en Yucatán, apoyadas en parte por el gobierno estatal de Felipe Carrillo Puerto, pues, su hermana: Elvia Carrillo Puerto, era de sus principales promotoras.

La obregonista Secretaría de Educación Pública vasconcelista había comenzado a trazar la creación de escuela normales regionales, convirtiéndose las primeras de éstas también en las primeras escuelas normales rurales, algunas de ellas fundadas o, después de mucho mudarse (como las de Ayotzinapa y El Mexe), asentadas en antiguas haciendas, lo que para no pocos historiadores llegó a ser un acto de justicia poética. La primera normal rural fundada por Vasconcelos, apenas un año después de creada la Secretaría de Educación Pública, fue la Escuela Normal Mixta Regional para Maestros Rurales de Tacámbaro, Michoacán, el 22 de mayo de 1922. Le seguirían la de Molango, Hidalgo; la de Acámbaro, Guanajuato, y la de Izúcar de Matamoros, en Puebla.

En 1923, año en que es asesinado Villa, el gobierno de Obregón firma con Estados Unidos el Tratado de Bucareli que De la Huerta, entonces secretario de Hacienda obregonista, consideró lesivo para la soberanía nacional. El desencuentro entre Obregón y De la Huerta llevó a éste último a renunciar a su cargo y, más tarde, a contender por la presidencia de la República como candidato del Partido Nacional Cooperativista contra el candidato de Obregón: el general y otrora maestro Plutarco Elías Calles. Así se iniciaría la rebelión delahuertista que en enero de 1924 costaría la vida a Felipe Carrillo Puerto y a sus hermanos Wilfrido, Edesio y Benjamín, del bando obregonista, y al senador Francisco Field Jurado, del bando delahuertista; entre muchos otros. Un par de meses después, el 11 de marzo, De la Huerta abandonaría el país debilitando la rebelión que había encabezado para terminar de darle la puntilla de muerte. Sin embargo, De la Huerta no sería el único en irse al exilio: después de renunciar a su puesto al frente de la Secretaría de Educación Pública debido al asesinato de Field Jurado (nótese que el asesinato de Villa o de Carrillo Puerto no le significó la misma indignación), Vasconcelos se postuló como candidato a la gubernatura de su natal Oaxaca y, al no ganar la elección, se mudaría al extranjero para radicar en Europa y Estados Unidos, desde donde publicará diversos artículos en oposición a Calles.

Cuando Calles llevaba dos años como presidente, se enfrascó en la llamada Guerra Cristera tras haber impulsado la modificación al Código Penal en 1926 para dotar de instrumentos legales al artículo 130º de la Constitución, que consignaba la sujeción de la Iglesia al Estado y regulaba la limitación o supresión de la participación de ésta en la vida pública. Durante el gobierno de Calles, mientras las iglesias eran clausuradas, los practicantes de los cultos eran arrestados y la rebelión cristera iba en aumento, se crearon escuelas centrales agrícolas que serían también escuelas normales rurales, recogiendo la estafeta de Vasconcelos Moisés Sáenz, subsecretario y, más tarde, secretario de Educación Pública callista, y el maestro normalista Rafael Ramírez, encargado de las Misiones Culturales.

Por esas fechas, 1926, Maria Soteras i Maurí, después de abandonar la carrera de Filosofía y Letras, se graduaba de la carrera de Derecho, en la Universidad de Barcelona, siendo la primera mujer en lograrlo, y, un año después, se convertiría también en la primera mujer en ingresar al Colegio de Abogados de Barcelona; más tarde, sería la primera mujer doctorada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1927 Maria montaría su propio despacho junto con el también abogado Antoni Vilalta i Vidal, egresado igual en 1926 de la Universidad de Barcelona. Unos años más tarde, en 1931, Vilalta participaría en la Conferencia de Izquierdas Catalanas y formaría parte del núcleo fundador de Izquierda Republicana de Cataluña, partido en el que también militará Soteras.

Mientras tanto, en México, al arrancar el año de 1928, la Constitución federal ha sido modificada para permitir la reelección presidencial, lo que permitió a Calles impulsar una segunda administración de Obregón desde la Silla del Águila. Sobra decir que esto devino en la siguiente crisis electoral de los gobiernos “posrevolucionarios”, y si De la Huerta pudo retirarse a la vida privada en Estados Unidos después de oponerse a los planes políticos de sus coterráneos, los generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano, amigo el uno y compadre el otro de Obregón, no tuvieron la misma suerte y terminaron asesinados. Sin embargo, a Obregón no le duraría demasiado el gusto del triunfo electoral allanado a sangre y fuego: el 17 de julio de ése mismo año, sería asesinado por José de León Toral, un fanático religioso miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa.

Tras el asesinato de Obregón, Calles promovió a Emilio Portes Gil para ocupar el sitial que el magnicidio contra “El Manco de Celaya” dejó vacante, inaugurando así el período conocido como Maximato; pero, Portes Gil estaría en la presidencia poco más de un año solamente, para dar la alternativa a un mediocre Pascual Ortiz Rubio. Sí, acertaron: ésa fue la siguiente crisis electoral que protagonizó “El Jefe Máximo”. Esta vez, muerto Obregón, el contrincante a vencer fue nada más y nada menos que un retornado José Vasconcelos, cuya campaña como candidato del Partido Nacional Antirreeleccionista fue ferozmente reprimida. La maquinaría del recién creado Partido Nacional Revolucionario, además de la abierta persecución y asesinato de los opositores vasconcelistas, selló el modus operandi que lo distinguiría a lo largo de toda su historia en cada una de sus mudanzas nominales: del PNR al PRM, y del PRM al PRI, con un escandaloso fraude electoral el día de las votaciones en favor de Ortiz Rubio. Y, como la historia de México suele lindar entre el déjà vu y el cinismo, la frase que escogería el nuevo régimen como rúbrica de su descaro sería la misma que Vasconcelos usara contra el viejo Díaz; aquella que el joven Díaz usó contra el viejo Juárez: «Sufragio efectivo, No reelección».

3 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Dos.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.


Había una vez, un país que buscaba ponerse de pie luego de una larga guerra civil que parecía no tener fin. Una guerra civil que los libros de texto que se usan en las escuelas y no pocos de los que se encuentran en la academia llaman “Revolución Mexicana” y cuyo espíritu inicial, se ha dicho un poco románticamente, había sido el de dar término a una serie de injusticias propias de un gobierno que, siendo liberal y, por ende, capitalista, muchas veces se ha tildado de dictatorial; no es para menos: los 35 años casi ininterrumpidos de un solo personaje, Porfirio Díaz, despachando desde la presidencia del país, le ganaron a pulso semejante adjetivo. Sin embargo, la así llamada “Revolución Mexicana”, más que solo acabar con la injusticia que caracterizó al Porfiriato, fue una guerra civil a dos frentes: por un lado, el de la lucha de la burguesía y sus aliados en las clases medias contra la clase trabajadora del campo y, en menor medida, de la ciudad, y, por otro lado, el de las pugnas al interior de la misma burguesía. Hay, pues, por lo menos, dos tramas para contar esta historia: la de la lucha de clases, con los hermanos Flores Magón, Villa y Zapata en una esquina, y Díaz, Madero, Carranza y Obregón en la otra, y la de la palea en el seno de la burguesía, con Díaz y Huerta en una esquina, y Madero, Carranza y Obregón (con los Flores Magón, Villa y Zapata de invitados) en la otra.

La trama que se nos suele contar oficialmente es la segunda: la batalla al interior de la burguesía; por eso es que muchas veces no se entiende bien a bien qué es eso que llamamos “La Revolución Mexicana” ni, mucho menos, quién estaba contra quién y los porqués de cada quién. Por eso, también, el gran villano es Porfirio Díaz, cuya larguísima administración había dado continuidad al modelo de nación con que soñaba Juárez, y su opositor por antonomasia es Francisco I. Madero, un burgués más burgués que el propio Díaz, cuya bandera, como la de Díaz contra Juárez, fue la de la no reelección; es decir (dicen los que dicen que saben) la de la democracia.

Así, en lo que toca a nuestra investigación dramaturgista (no hay que olvidar que nuestro puerto de arribo son la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el asesinato del compañero Samir Flores Soberanes), esta historia comenzaría en el año de 1920, más o menos 10 años después de haberse iniciado la “Revolución Mexicana”. Díaz ha muerto en el exilio unos cinco años atrás de viejito, luego de haberse paseado por casi toda Europa visitando la tumba de Napoleón Bonaparte y siendo recibido por el Alfonso XIII de España o el káiser Guillermo II de Alemania, o por el norte de África, conociendo El Cairo, la Esfinge y la gran pirámide de Guiza; mientras el país que había gobernado durante tres décadas y media se caía a pedazos en medio de la guerra que sostenían aquellos que lo habían derrocado. Madero ha sido asesinado junto a Pino Suárez por órdenes de Huerta. Huerta ha muerto de cirrosis hepática en un exilio que lo llevó a la prisión en Estados Unidos por andar tejiendo alianzas con el imperio alemán de la Primera Guerra Mundial, apenas un año después que Díaz muriera. Zapata y Villa, pilares de la victoria militar que obligó a Díaz renunciar e irse al exilio, han sido asesinados… bueno, Villa aún no; pero le falta poco para estarlo: Zapata ha sido asesinado el 10 de abril de 1919 por órdenes de Carranza; Villa, recién rendido y retirado a su hacienda de Canutillo, será asesinado el 20 de julio de 1923 por órdenes de Calles y la venia de Obregón. Los hermanos Flores Magón, llamados comúnmente “precursores de la Revolución”, siguen vivos; sin embargo, Ricardo está cerca de morir preso en Estados Unidos (según la versión oficial: por enfermedad, según algunas otras versiones: asesinado); Jesús está vivo y recién reincorporado a la vida pública tras su autoexilio durante el gobierno de Carranza, y Enrique, vivo también, está a punto de regresar a México de Estados Unidos para incorporarse a la vida pública... más tarde apoyará la presidencia de un Lázaro Cárdenas que por esas fechas, principios de los 20’s, ya ha sido ascendido a general brigadier y, tras un brevísimo período como gobernador interino de Michoacán, ha sido designado jefe militar en el Itsmo de Tehuantepec. Carranza está recién asesinado, quizás no por órdenes de Obregón, pero sí haciéndole un gran favor.

Álvaro Obregón está por ocupar la presidencia de la República desde el 1 de diciembre de 1920, gracias a la alianza con el impresentable Luis N. Morones (líder de la Confederación Regional Obrera de Mexicana y fundador del Partido Laborista de Mexicano), en contubernio con un Plutarco Elías Calles (próximo jefe máximo de la “Revolución Mexicana”) con quien alternara la Silla del Águila hasta 1928. Obregón continúa el proyecto de pacificación iniciado en el interinato de Adolfo De la Huerta, manteniendo a Villa controlado en su hacienda, repartiendo tierras en la zona de influencia de lo que quedaba del zapatismo tras el asesinato de Zapata y dando concesiones al gobierno de Estados Unidos en materia agrícola y energética para ganarse el reconocimiento de la Casa Blanca. México, se puede leer en algún lado, está agotado por 10 años de una guerra que por lo menos se ha cobrado más de un millón de vidas, con una deuda exterior más que cuantiosa; la producción agrícola, insuficiente, por no decir escasa; las vías de comunicación, incluyendo las férreas, destruidas; la administración pública, un desastre, y la situación de la clase trabajadora en el campo y en la ciudad, tan lastimosa o más que una década atrás, cuando inició la guerra. Empero, se respira un clima de decidido apoyo por parte de las fuerzas armadas al señor presidente, cuyos jefes militares han suscrito el Plan de Agua Prieta, y se cuenta con una producción minera petrolera importante sobre cuya riqueza ya sobrevuela el carroñero capital internacional.

Para Obregón es urgente, pues, dar muestras de que bajo su mandato el país puede dar vuelta a la página de beligerancia directa que ha significado la “Revolución Mexicana” y, más bien, comenzar a consolidar el “proyecto revolucionario”. De esta suerte, aprovechando que la mayoría de las “fuerzas revolucionarias” están controladas o le ofrecen su apoyo abiertamente, garantizando así un ambiente de relativa paz, su administración emprende una tibia reforma agraria que expropiará algunos latifundios y tierras mal cultivadas para repartirlas a los campesinos; apoya y subvenciona a las organizaciones obreras existentes, en particular a la CROM, cuyo líder impulsó su campaña y triunfo electorales; repara y reconstruye miles de kilómetros de vías férreas y telegráficas; reduce los efectivos del Ejército Constitucionalista, mermando su poder de reacción; funda un banco único que comenzara a regular la emisión de papel moneda y pondrá las bases para una política financiera estable; renegocia la deuda externa, lo que le granjeará el reconocimiento de las potencias mundiales con excepción de Gran Bretaña, y, lo más importante de esta etapa respecto a nuestra investigación, restituye el antiguo Ministerio de Instrucción Pública (suprimido por Carranza desde 1918), al cual le cambiará el nombre a Secretaría de Educación Pública y pondrá a su cargo al intelectual maderista, luego carrancista, después convencionista y para entonces obregonista José Vasconcelos.

Del otro lado del charco, Antoni Vilalta i Vidal y Maria Soteras i Maurí, próximos padre y madre de Maruxa, viven en su natal Cataluña y tienen, ambos, unos 15 años de edad; quizás aún no se conocen, pero, de no haberlo hecho, están cerca de hacerlo unos dos o tres años más tarde en la Universidad de Barcelona, donde ambos estudiarán la Licenciatura en Derecho.
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