3 de octubre de 2019

"Esta noche juntos..." | Dramaturgismo entre Samir Flores y Ayotzinapa | Dos.

Por: Sebastián Liera / Tlatulteketke.


Había una vez, un país que buscaba ponerse de pie luego de una larga guerra civil que parecía no tener fin. Una guerra civil que los libros de texto que se usan en las escuelas y no pocos de los que se encuentran en la academia llaman “Revolución Mexicana” y cuyo espíritu inicial, se ha dicho un poco románticamente, había sido el de dar término a una serie de injusticias propias de un gobierno que, siendo liberal y, por ende, capitalista, muchas veces se ha tildado de dictatorial; no es para menos: los 35 años casi ininterrumpidos de un solo personaje, Porfirio Díaz, despachando desde la presidencia del país, le ganaron a pulso semejante adjetivo. Sin embargo, la así llamada “Revolución Mexicana”, más que solo acabar con la injusticia que caracterizó al Porfiriato, fue una guerra civil a dos frentes: por un lado, el de la lucha de la burguesía y sus aliados en las clases medias contra la clase trabajadora del campo y, en menor medida, de la ciudad, y, por otro lado, el de las pugnas al interior de la misma burguesía. Hay, pues, por lo menos, dos tramas para contar esta historia: la de la lucha de clases, con los hermanos Flores Magón, Villa y Zapata en una esquina, y Díaz, Madero, Carranza y Obregón en la otra, y la de la palea en el seno de la burguesía, con Díaz y Huerta en una esquina, y Madero, Carranza y Obregón (con los Flores Magón, Villa y Zapata de invitados) en la otra.

La trama que se nos suele contar oficialmente es la segunda: la batalla al interior de la burguesía; por eso es que muchas veces no se entiende bien a bien qué es eso que llamamos “La Revolución Mexicana” ni, mucho menos, quién estaba contra quién y los porqués de cada quién. Por eso, también, el gran villano es Porfirio Díaz, cuya larguísima administración había dado continuidad al modelo de nación con que soñaba Juárez, y su opositor por antonomasia es Francisco I. Madero, un burgués más burgués que el propio Díaz, cuya bandera, como la de Díaz contra Juárez, fue la de la no reelección; es decir (dicen los que dicen que saben) la de la democracia.

Así, en lo que toca a nuestra investigación dramaturgista (no hay que olvidar que nuestro puerto de arribo son la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el asesinato del compañero Samir Flores Soberanes), esta historia comenzaría en el año de 1920, más o menos 10 años después de haberse iniciado la “Revolución Mexicana”. Díaz ha muerto en el exilio unos cinco años atrás de viejito, luego de haberse paseado por casi toda Europa visitando la tumba de Napoleón Bonaparte y siendo recibido por el Alfonso XIII de España o el káiser Guillermo II de Alemania, o por el norte de África, conociendo El Cairo, la Esfinge y la gran pirámide de Guiza; mientras el país que había gobernado durante tres décadas y media se caía a pedazos en medio de la guerra que sostenían aquellos que lo habían derrocado. Madero ha sido asesinado junto a Pino Suárez por órdenes de Huerta. Huerta ha muerto de cirrosis hepática en un exilio que lo llevó a la prisión en Estados Unidos por andar tejiendo alianzas con el imperio alemán de la Primera Guerra Mundial, apenas un año después que Díaz muriera. Zapata y Villa, pilares de la victoria militar que obligó a Díaz renunciar e irse al exilio, han sido asesinados… bueno, Villa aún no; pero le falta poco para estarlo: Zapata ha sido asesinado el 10 de abril de 1919 por órdenes de Carranza; Villa, recién rendido y retirado a su hacienda de Canutillo, será asesinado el 20 de julio de 1923 por órdenes de Calles y la venia de Obregón. Los hermanos Flores Magón, llamados comúnmente “precursores de la Revolución”, siguen vivos; sin embargo, Ricardo está cerca de morir preso en Estados Unidos (según la versión oficial: por enfermedad, según algunas otras versiones: asesinado); Jesús está vivo y recién reincorporado a la vida pública tras su autoexilio durante el gobierno de Carranza, y Enrique, vivo también, está a punto de regresar a México de Estados Unidos para incorporarse a la vida pública... más tarde apoyará la presidencia de un Lázaro Cárdenas que por esas fechas, principios de los 20’s, ya ha sido ascendido a general brigadier y, tras un brevísimo período como gobernador interino de Michoacán, ha sido designado jefe militar en el Itsmo de Tehuantepec. Carranza está recién asesinado, quizás no por órdenes de Obregón, pero sí haciéndole un gran favor.

Álvaro Obregón está por ocupar la presidencia de la República desde el 1 de diciembre de 1920, gracias a la alianza con el impresentable Luis N. Morones (líder de la Confederación Regional Obrera de Mexicana y fundador del Partido Laborista de Mexicano), en contubernio con un Plutarco Elías Calles (próximo jefe máximo de la “Revolución Mexicana”) con quien alternara la Silla del Águila hasta 1928. Obregón continúa el proyecto de pacificación iniciado en el interinato de Adolfo De la Huerta, manteniendo a Villa controlado en su hacienda, repartiendo tierras en la zona de influencia de lo que quedaba del zapatismo tras el asesinato de Zapata y dando concesiones al gobierno de Estados Unidos en materia agrícola y energética para ganarse el reconocimiento de la Casa Blanca. México, se puede leer en algún lado, está agotado por 10 años de una guerra que por lo menos se ha cobrado más de un millón de vidas, con una deuda exterior más que cuantiosa; la producción agrícola, insuficiente, por no decir escasa; las vías de comunicación, incluyendo las férreas, destruidas; la administración pública, un desastre, y la situación de la clase trabajadora en el campo y en la ciudad, tan lastimosa o más que una década atrás, cuando inició la guerra. Empero, se respira un clima de decidido apoyo por parte de las fuerzas armadas al señor presidente, cuyos jefes militares han suscrito el Plan de Agua Prieta, y se cuenta con una producción minera petrolera importante sobre cuya riqueza ya sobrevuela el carroñero capital internacional.

Para Obregón es urgente, pues, dar muestras de que bajo su mandato el país puede dar vuelta a la página de beligerancia directa que ha significado la “Revolución Mexicana” y, más bien, comenzar a consolidar el “proyecto revolucionario”. De esta suerte, aprovechando que la mayoría de las “fuerzas revolucionarias” están controladas o le ofrecen su apoyo abiertamente, garantizando así un ambiente de relativa paz, su administración emprende una tibia reforma agraria que expropiará algunos latifundios y tierras mal cultivadas para repartirlas a los campesinos; apoya y subvenciona a las organizaciones obreras existentes, en particular a la CROM, cuyo líder impulsó su campaña y triunfo electorales; repara y reconstruye miles de kilómetros de vías férreas y telegráficas; reduce los efectivos del Ejército Constitucionalista, mermando su poder de reacción; funda un banco único que comenzara a regular la emisión de papel moneda y pondrá las bases para una política financiera estable; renegocia la deuda externa, lo que le granjeará el reconocimiento de las potencias mundiales con excepción de Gran Bretaña, y, lo más importante de esta etapa respecto a nuestra investigación, restituye el antiguo Ministerio de Instrucción Pública (suprimido por Carranza desde 1918), al cual le cambiará el nombre a Secretaría de Educación Pública y pondrá a su cargo al intelectual maderista, luego carrancista, después convencionista y para entonces obregonista José Vasconcelos.

Del otro lado del charco, Antoni Vilalta i Vidal y Maria Soteras i Maurí, próximos padre y madre de Maruxa, viven en su natal Cataluña y tienen, ambos, unos 15 años de edad; quizás aún no se conocen, pero, de no haberlo hecho, están cerca de hacerlo unos dos o tres años más tarde en la Universidad de Barcelona, donde ambos estudiarán la Licenciatura en Derecho.

No hay comentarios.:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...