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28 de diciembre de 2016

Las Artes y las Ciencias en la historia del (neo) Zapatismo.

Palabras del Subcomandante Insurgente Galeano.

  La noche de ayer, les platicaba del desbarajuste interplanetario que había desatado la pregunta “¿Por qué esa flor es de ese color, por qué tiene esa forma, por qué tiene ese olor?

  Ok, me excedí con eso de “interplanetario”.  Debí decir: el desbarajuste que en el microcosmos del zapatismo había provocado la pregunta hecha por la jóvena Rosita al Subcomandante Insurgente Moisés.


  Aunque creo que es evidente, no sobra el aclarar que la respuesta que el SubMoy le dio a la jovencita zapatista fue la misma que, tal vez, no sé, es probable, es un supositorio, ha dado combustible al avance de la ciencia desde sus inicios: “No sé”.


  Ahora pienso que, seguramente, la jovena sabía que ésa era la respuesta, pero esperaba que el SubMoy entendiera que, dentro de la flor, había una pregunta más grande.


  El SubMoy, ahora lo sabemos porque estamos aquí, en este encuentro, sabía que la respuesta “No sé”, no sólo era insuficiente, sino que sería inútil si no llevaba a otras preguntas.


  Ahora él les platicará lo que es, como quien dice, el contexto de la pregunta… y de su respuesta.


  A mí me toca ahora platicarles brevemente algo de la prehistoria de esa pregunta y de esa respuesta.


  Las artes y las ciencias antes del inicio del alzamiento, al interior del ezetaelene, tenían un universo muy reducido y una historia breve: ambas, ciencias y artes, tenían un motivo, una dirección, una razón impuesta: la guerra.


  Primero en los campamentos guerrilleros, luego en los cuarteles y después en las comunidades, las artes se limitaban a la música, la poesía y algo de dibujo y pintura, todas con mensajes revolucionarios exclusivamente.  Claro, no era raro que de pronto se colaran canciones de amores y desamores, corridos, rancheras, y hasta alguna balada de Juan Gabriel, pero eso era en la clandestinidad dentro de la clandestinidad.


  El cine o la cinematografía tenía como sala exclusiva o “vip”, nuestra imaginación.  Uno de los insurgentes nos contaba siempre la misma película, pero hallaba el modo de modificarla en cada ocasión, o de mezclarla con otras.  Así fue como vimos el original y varios “remakes” de “Enter the Dragon”, con Bruce Lee en el único papel, porque el compa se pasaba horas explicándonos los movimientos y golpes.  Esto siguió hasta que, con una pequeña planta de luz y un pesado y estorboso proyector de 16 milímetros, vimos una película vietnamita que creo se llamaba “Punto de Enlace” o algo así, y que, por supuesto, sólo estaba en el idioma original, así que con imaginación le poníamos diálogos en español y hacíamos otra película de la película original.  No estoy seguro, pero creo eso se llama “intervención artística”.


  Llamo la atención sobre esto, porque creo fue la primera vez que confluyeron las ciencias y las artes en un campamento zapatista.  Y por las ciencias no me refiero al generador portátil y al proyector, sino a las palomitas de maíz, que alguien tuvo a bien incluir en el envío del aparato y la película.


  Por supuesto que nos atascamos de maíz palomero al grito de “comer hoy o morir mañana”, y al otro día casi se cumple la consigna: desde la madrugada, con una diarrea colectiva, el batallón insurgente entero dejó el paraje como si una piara de jabalíes se hubiera asentado ahí.  Nos consolamos después, pensando que era una muestra de guerra bacteriológica.  Moraleja: tengan cuidado con las consignas.


  El contacto con los pueblos, amplió ese limitado horizonte: en las celebraciones, los compas establecían horarios para “el programa cultural”, decían, y “para la fiesta”.  Así, en un horario que se fue acortando con los años, se declamaban poesías, se leían pensamientos y se cantaban canciones, todo de lucha.  Paulatinamente, “la fiesta” fue ampliando su duración y calidad.  En ese horario era donde se bailaba y se cantaba lo que estaba de moda en esa época.  Las músicas digamos “comerciales”, a su vez, empezaron a ser desplazadas por la producción local.  Primero, cambiando las letras de las canciones; después componiendo también la música.


  Los bailes cambiaron: de las filas enfrentadas, al baile de parejas.  Originalmente, en los bailes de los pueblos, se ponían dos líneas: una de mujeres y, enfrente, una de hombres.  Esto tenía su razón de ser: con la línea desplegada de las mujeres, las mamaces podían controlar a sus hijas, y ver si se escapaban o se mantenían en el balanceo continuo de “La del moño colorado”.  Posteriormente, poco a poco y después de acaloradas asambleas, se permitió el baile de parejas, aunque con el mismo ritmo.  Pero la línea pesaba, así que era común ver a una pareja bailando, pero con ella mirando a un costado y él mirando al lado contrario.  El teatro, o “seña”, era muy esporádico.  Los dibujos y pinturas de los periódicos murales de montaña, se mudaron a las comunidades, pero los temas se mantuvieron.


-*-


  Si les parece que la actividad artística era rala, la científica era prácticamente nula (porque el libro de Isaac Asimov, que el finado cargaba en su mochila, no cuenta como ciencia).  Para el contacto con la naturaleza, usábamos los conocimientos de las comunidades, es decir, nos limitábamos a conocer hechos, sin saber la explicación o, explicándolos de acuerdo a los cuentos y leyendas que circulaban en las comunidades.


  Por ejemplo, el tiempo de lluvia y las etapas de la siembra.  Había datos empíricos que indicaban que iba a llover o que no, y estadísticamente funcionaba.  En los campamentos de montaña, por ejemplo, cuando los mosquitos aumentaban en número y agresividad, quería decir que iba a llover.  Claro, también teníamos barómetros y altímetros, pero los zancudos eran más precisos.  Si nos hubieran preguntado entonces cuál era la relación entre los mosquitos y la lluvia, hubiéramos respondido “no sé”, pero no hubiéramos ido más allá, y sabíamos que lo que correspondía era poner los techos de plástico o apurarse a llegar al pueblo o al campamento, y no hacer investigaciones científicas.


  Lo más científico que se hacía era calcular energía y trayectorias de bala, resistencia de materiales (porque había que saber dónde protegerse de los disparos del enemigo), alinear miras telescópicas, fabricación de artefactos explosivos, y “navegación terrestre” con el uso de mapas, altímetros y el clisímetro, para lo cual era necesario estudiar lo básico de trigonometría, álgebra y cálculo.  Estábamos por aprender a usar el sextante, para poder orientarnos de noche, pero no llegamos a tanto.  Y no era necesario, porque los compas de los pueblos conocían tan bien el terreno, que no necesitaban ninguna máquina para orientarse.  Y podían “predecir” fenómenos naturales a partir de otros, o de usos y costumbres.


  El mundo estaba habitado entonces por personajes mágicos, con el Sombrerón y Xpaquinté recorriendo los caminos reales, picadas y caminos de extravío, y sentándose con nosotras, nosotros, en los campamentos insurgentes de las montañas del sureste mexicano.


  En medicina se aplicaban dos métodos fundamentales.  Como no sabíamos de la existencia de la cura con cuarzos, el biomagnetismo o cosas parecidas con igual rigor científico, entonces recurríamos a la sugestión impuesta o a la autosugestión.  Como no pocas veces no teníamos medicinas, si teníamos fiebre, nos decíamos y repetíamos: “no tengo fiebre, todo está en mi cabeza”.  A ustedes les provocará risa tal vez, pero el finado SupMarcos contaba que él enfrentó varios casos de salmonelosis con ese método.  “¿Y funcionaba?”, le preguntamos en esa ocasión.  Él respondió con su acostumbrada modestia: “Pues mírenme, estoy vivo y más hermoso que nunca”.  Bueno, eso fue antes de que le diéramos muerte.


  Cuando sí teníamos medicina, usábamos el método científico del “ensayo y el error”.  Es decir, alguien se enfermaba, le dábamos una medicina, si no se curaba, otra diferente, y así, hasta que le atináramos o la enfermedad, seguramente aburrida del método, cedía.


  Otro método científico de cura era el llamado “escopetazo”.  Si alguien tenía síntomas de una infección, le dábamos un antibiótico de amplio espectro.  Casi siempre se curaba y, claro, quedaba químicamente puro, con lo mínimo para sobrevivir hasta la próxima infección.


  Años después, cuenta el finado, los tratamientos médicos que dictaba se basaban en estadística simple: en montaña, tales y tales síntomas se curan con tales medicamentos en el x % de los casos; si en una tropa de X número de combatientes, tantos se enferman con tales síntomas, hay x % de probabilidades de que se trate de la misma enfermedad.


-*-


  Una anécdota de montaña, contada también por el difunto SupMarcos hace años, puede servir para contrastar con el ahora que les mostramos: contaba el finado que, en una exploración en lo profundo de la Selva Lacandona, una sección insurgente de infantería quedó lejos del campamento base, viéndose obligada a pernoctar sin más cobijo que las copas de los árboles y las hojas de las plantas; hicieron una fogata para ver si podían asar una víbora nauyaca que era lo único que habían podido cazar.  El SupMarcos entonces no era “sup”, sino teniente insurgente de infantería y estaba al mando de esa unidad militar.


  Como era costumbre en esa época, cuando la noche al fin descendía de los árboles y se sentaba junto a los insurgentes, con las sombras bajaban también a sentarse junto al fuego, toda clase de historias, cuentos y leyendas que, entre otras cosas, cumplían la misión de mitigar el hambre y secar las ropas que el sudor y la lluvia habían empapado.  El entonces teniente de infantería, se mantuvo apartado y se limitó a escuchar lo que platicaba la tropa.


  A uno de los nuevos le había pasado que, al andar por el camino de extravío, el roce de las hojas de la planta llamada La´aj, u Ortiga, le había provocado urticaria en una mano y se le había hinchado.  Entre doliéndose y quejándose, el recluta le preguntó a otro combatiente por qué o qué tenía esa planta que hacía tanto daño.  El veterano, sintiéndose obligado a educar al nuevo, le respondió: “Mira compa, claro te digo que eso sólo dios y la hojita lo saben”.


  Tal vez por todo esto que les cuento, el finado SupMarcos, cuando era el vocero zapatista, abundaba y redundaba en leyendas, cuentos y anécdotas más referidos a explicaciones de la realidad ligadas a la cultura ancestral.  Los cuentos del Viejo Antonio, por ejemplo.


  Si el finado era una ventana para asomarse al zapatismo de entonces, y ahora es el Subcomandante Insurgente Moisés, no es que haya cambiado sólo la ventana, también lo que se ve y escucha a través de esa ventana.  El zapatismo de hoy en las comunidades, es cuantitativa y cualitativamente diferente, ya no digamos al de hace 30 años, sobre todo al de los últimos 10-12 años, que es el período en el cual debe haber nacido la niña que se autodenomina “Defensa Zapatista”.


  Con esto quiero decirles que, si los niños de hace 25-30 años nacieron en los preparativos del alzamiento y los de hace 15-20 nacen en la resistencia y la rebeldía; los de los últimos 10-15 años nacen en un proceso de autonomía ya consolidado, con nuevas características, algunas de las cuales, entre las que está la necesidad de la Ciencia, les platicará el Subcomandante Insurgente Moisés, a quien cedo la palabra…


  Palabras del Subcomandante Insurgente Moisés


  Buenas noches hermanos y hermanas, compañeros, compañeras.


  La ciencia que estamos platicando acá, nosotras, nosotros, las zapatistas, queremos ciencia para la vida. Así como les dijo el sub Galeano, nada más es para decir nada más ya, no les voy a explicar más de ahí eso, la ciencia sí la estudiamos también cuando estábamos pues en la montaña, en la preparación. Ya que salimos a aplicar la ciencia, o sea la guerra, el matar y morir, nuestros compañeros y compañeras de los pueblos, bases de apoyo, ellos y ellas nos dijeron de otra forma de cómo hacer la guerra sin perder los principios de lo que queremos. Entonces de ahí nosotros, los combatientes y combatientas, lo bueno que fue es que reconocimos que hay algo dentro de nuestros compañeros y compañeras, o sea los pueblos, y entonces ahí empezamos pues a aprender, empezamos a entender y empezamos a conocer que el ser ejército, cualquiera de los dos ejércitos, ejército pues del rico y el ejército del pobre que lucha, es excluyente, porque ahí no pelea todo hombres y mujeres y niños, y en lo que nos plantearon nuestros compañeros y nuestras compañeras es pelear juntos para lograr lo que queremos. Y nos dijeron de que entonces en eso que el arma de que hay que luchar es la resistencia y la rebeldía.


  Como se trata de que entonces de que no queremos el mal gobierno, el mal sistema, se trata de que entonces hay que rechazar todas las formas de cómo nos engañan, y entonces, nosotros, los combatientes, los insurgentes, las insurgentas, fuimos aprendiendo la forma de cómo es eso, de cómo hay que hacer eso. Entonces, a nosotros, nosotras, entendimos de cómo hay que pelear juntos, juntas, como de por sí las comunidades hasta ahora viven en común, en colectivo se puede decir. Ahí el sistema, el mal gobierno ahora, trata de dividirlo, pero aún no ha podido. Las mismas comunidades se entienden, por ejemplo, en algunas comunidades hay varios partidos políticos, o hay varias religiones, pero están en una comunidad. Si en esa comunidad es invadido un pedazo de su terreno, por otra comunidad, esa comunidad invadida inmediatamente se juntan, o sea se olvidan de lo que son, que es dividido en varios partidos políticos o en varias religiones, ahí donde funciona, ahí donde no borra lo que significa ser común, comunidad.


  De ahí entonces nosotros empezamos a entender eso de lo que decían, de lo que nos dijeron nuestros compañeras, compañeros, bases de apoyo, que vamos a tener que pelear juntos, juntas. Entonces fue más, mucho más mejor de lo que ellos, ellas, pensaron, porque entonces no sólo el combatiente pelea, sino todos y todas. Y entonces, nosotros, los combatientes empezamos así a trabajar juntos con ellos y entonces lo que pasó es de que entonces en esa lucha, en esa organización se fue creándose la forma de cómo se quiere de lo que se busca, o sea, quiero decir que de lo que vieron los compañeros, las compañeras, es de que entonces hay que poner en la práctica, chiquito, lo que se quiere, lo que se busca.


  Entonces con su autonomía, con su gobierno autónomo de nuestros compañeros y compañeras, empezó lo que nosotros no sabíamos durante el tiempo de la clandestinidad, en nuestra preparación, y entonces entendimos eso de que ya es la forma de cómo se piensa de que se haga pues el cambio, y esto a lo largo de estos tiempos que llevamos durante los 23 años que estamos haciendo el autogobernar con nuestras comunidades, la verdad pues es que entonces no tenemos tantos muertos de balazos, o heridos o torturados, desaparecidos, de lo que fuimos primero nosotros en el año 94. Con estos 23 años, lo que nos mostraron los compañeros y las compañeras es de que hay otra forma de cómo hacerle la guerra al sistema, que no se muera y que no se mata, pero para eso se necesita organización, para eso se necesita acuerdo, para eso se necesita trabajo y para eso se necesita luchar y poner en la práctica.


  Ahora vemos que con ese arma de lucha que es resistencia y rebeldía, la verdad el sistema no ha podido hacer nada con nuestros compañeros y compañeras, todo han hecho por querer hacer que lo dejen, no ha podido el sistema. ¿Por qué? porque las compañeras y los compañeros ya lo vivieron durante los 23 años, de lo que ellas, ellos, lo construyeron. Como bien estaba diciendo el Sub Galeano, nosotros mismos quedamos sorprendidos de que pero si eso no soñábamos, pero si eso no veíamos, entonces, porque todo lo que han logrado los compañeros y las compañeras, es a través de su pensar, es a través de ver sus necesidades, de lo que se necesita y pensar qué hacer después de que entonces se haya logrado algo de cómo mejorar o de cómo seguir los pasos para hacer el bien de nuestros pueblos, pues.


  Entonces ahora, las mismas compañeras, compañeros, hacen la comprobación entre ellos y ellas, pues, y las mamás y papás por supuesto que los animan, porque no lo habían visto, pues. Por ejemplo hay compañeras que ya son, no sé cómo se dice, de esos que lo ayudan a los doctores de pasarlo, como los mecánicos que ahí va tu pinza, ahí va tu martillo, ahí va tu marro, como se llamen, pues, pero las compañeras entonces ahora ya son ellas las que le ayudan al médico de pasar lo que necesita a la hora de que está haciendo la cirugía el médico, ya saben manejar pues así aparato de ultrasonido, que los médicos ya le dijeron de que entonces que ya puede decir o sea diagnosticar, pues, de que si ya sabe leer de lo que muestra la placa o la foto de lo que saca el ultrasonido, y así muchos otros tipo de aparato ya las compañeras y compañeros ya saben manejar, de dentistas, de Papanicolau y de muchas otras cosas de la salud, del área de salud, de laboratoristas, pues.


  Que eso no pensábamos eso, y eso de que entonces ahora nosotros pensamos y decimos: ¿en 23 años de balazos hubiéramos construido eso? y nuestra respuesta de nosotros es no estaríamos hablando aquí con ustedes ahora ­hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, científicos, científicas. Si hubiera que es 23 años de balazos, no nos hubiéramos conocido, pues. Pero gracias a su forma de ver, a nuestros compañeros y compañeras, aquí estamos platicando con ustedes, pues. Tanto que así fue el avance de nuestros compañeros y compañeras, claro, se tuvo que separarse de su modo del explotador, del capitalismo pues, o del mal gobierno para ir creando ellos de cómo la piensan su libertad pues, que la conquistamos y que empezamos a construir a nuestra manera de entenderlo pues.


  Entonces, así es como ahora tienen su educación, tienen su agroecología, tienen su radio comunitaria, hacen sus propios intercambios de experiencias, hacen compartición nuestros compañeros y compañeras, porque lo que se quiere es la vida. Ejemplo, pues, así como la que nos dio ya el Sub Galeano, que le platicamos también a él, eso por ejemplo, pues, de que se comparten, de cómo, que no se muera uno pues, como el caso de una de las preguntas, de que se daba eso de que la asan la placenta del bebé, o que lo hierven pues con tal de que se logra la vida pues, pero eso se hace con un simplemente, una lucha pues, no hay un estudio real de que esto es la mejor manera pues.


  Entonces como hay muchas generaciones ya de que se ha traído ya esto, de la que les decía el Sub Galeano de la culpa de la flor es que en la Educación Autónoma Zapatista que tanto se ha avanzado pues ya, los jovencitos y jovencitas vieron que entonces han aprendido mucho. Entonces lo que pasó es de que empezó a preguntar pues el hijo de un compa, y es hijo de un compa de Tercios Compa, entonces le dijo a su papá porque ya terminó pues su primaria, su primer nivel le dicen los compañeros en los pueblos, entonces el hijo del compa le dijo, papá ya terminé de mi escuela, pero voy a seguir porque quiero aprender más. Y entonces el Compa Tercio, que es el papá, entonces le dijo, hijo, déjame ver, porque es que todavía se está planeándose el segundo nivel o sea la secundaria que se dice, se está planeándose porque la educación que queremos no van a aprender cosas que no va a servir si no se necesita, que está pensada qué es lo que aprendan para que va a servir, le dijo el compa a su hijo. Y entonces el chavito pues, así de por ahí de 13, 14 años entonces dice: papá, pero no vayas a pensar de que me vas a mandar aquí, en Cideci, porque en Cideci ahí se aprende sastrería, zapatería y otras cosas, más que bien lo pueden hacer aquí en el Caracol, sólo que hace falta que se pongan de acuerdo para hacerlo, dijo el chavito a su papá. Y entonces el chavito dice lo que quiero aprender yo es qué sustancia tiene el estafiate, y qué es lo que cura eso. Y entonces el compa, pero ahí está presente ahí su hijo pues, que quería que yo le dijera pues que cuándo y dónde puede aprender eso, entonces yo le decía, pues déjame ver porque yo no sé.


  Entonces tan sorprendido que yo me quedé, pues y eso de que bueno, hasta yo me quedé así, ¿será que se puede aprender? Entonces platicando con el Sub Galeano dice, pues eso les corresponde a los científicos, la ciencia, de los que estudian la ciencia, y los científicos pues. Entonces pero lo que vemos es que entonces ya las generaciones que vienen ya están viendo otra cosa y lo bueno es de que están pensando, porque el chavito eso que les platico es que en las Comunidades hay compartición como se dice pues, tanto como le dicen de las tres áreas, o sea donde van compañeros y compañeras a intercambiarse experiencias de las plantas medicinales, de parteros y parteras, y de hueseros y hueseras, ahí donde pues el chavito eso escuchó pues así de muchas plantas que se habla que cura tal y tal ¿no? Pero no se sabe qué es, qué sustancia tiene pues, ahí donde aprendió pues eso pues.


  Entonces sus mismos prácticos de lo que hacen, sus mismos conocimientos de lo que hacen así pues las compañeras y los compañeros en los pueblos, eso va a ir como abriendo pues así experiencias, pero también al mismo tiempo va a ir abriendo pues otras necesidades de querer aprender más pues. Entonces yo creo que pues escuchando pues ya de lo que se está planteando aquí entre nosotros pues, ojalá de que entonces se vengan pues acá a poner en práctica con un pueblo pues, en colectivo, les daría mucho gusto pues así a los compañeros a las compañeras para que entonces se aproveche más ese conocimiento porque con lo poco que tienen los compañeros y las compañeras que está dando pues un … como les diré, o sea de lo que se está haciendo, de lo que están construyendo los compañeros y las compañeras claro lo ven a los otros hermanos, hermanas que no son zapatistas. O sea por ejemplo, en los hospitales que tienen pues así los compañeros, sus hospitales autónomos, son más los hermanos partidistas que son operadas, operados allí que los zapatistas. Entonces ahí donde la gente no zapatista, partidistas como les decimos, ahí donde se dan cuenta de que entonces está más mejor de que lo que están haciendo los zapatistas incluso lo dicen directamente ya, que está mucho más mejor lo que están haciendo los zapatistas, pero no solo nada más en eso dan el poco avance que ha habido pues en la salud los compañeros y las compañeras sino también ayudan en orientar o sea hacer política pues, de por qué así están engañados o por qué así están manipulados o por qué así están dominados pues.


  Entonces, si hubiera de que hay más apoyo a través de la ciencia pues, entonces habrá más avances pues así de los compañeros y de las compañeras pues, y entonces eso les queremos decirles que ojalá de que entonces en verdad empezáramos pues ahora aquí con nuestros compañeros y compañeras en los pueblos a que se vaya viendo de que se pudiera pues de que haiga clases, haiga talleres, que haiga cosas prácticas porque las y los compañeros lo que ven pues así tan interesante y tan importante para enfrentar pues a la hidra capitalista es de que hay que mejorar pues así la salud, y hay que mejorar pues así la alimentación, pero para eso se necesita aprender, se necesita ciencia. Los compañeros y las compañeras hacen pues, pero como ya se ha dicho varias veces que es mediante usos y costumbres pues, o sea se hace la prueba que siembras ahí el maíz a ver si te va a dar, o la calabaza, o el camote, qué es lo que va a dar ahí, porque no hay un estudio de la ciencia ahí, de qué es lo que va a dar ahí en esa tierra y qué cosa da aquí en esta parte pues no. Es de mucho sufrimiento de cómo es que se vive, pero si viera que hay una ciencia, un laboratorio por ejemplo, ahí sí sería diferente, no es cosa de probar sino que ya es porque tiene un estudio científico qué es lo que hace falta a la madre tierra esto o es lo que puede dar aquí esto pues.


  Entonces pues así se ve, así hacen sus estudios también los compañeros y las compañeras y que entonces de donde nace esto por la cual estamos aquí, la verdad es eso de que entonces es el estafiate que dijo el chavito eso que quiere saber cuál es la sustancia y que entonces ya de ahí eso se vio de que entonces están los demás, Escuelas Autónomas Zapatistas que están en otra necesidad de lo que quieren aprender los jóvenes pues.


 Entonces hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, que los invitamos pues con los compañeros y las compañeras a que vamos formando pues un colectivo, como colectivo pues que andamos las y los zapatistas y que entonces mostremos después al pueblo de México que el pueblo, el propio pueblo puede crear la forma de cómo vivir y que no necesitamos a alguien que manipulen pues así a nuestra riqueza o que las expropian lo que es nuestro como pueblo, más que nosotros como pueblos pues y que para eso necesitamos pues estar juntos con los pueblos originarios y con la ciencia de los científicos y la ciencia de los artistas, qué vamos imaginando, o qué vayamos construyendo, o que vayamos practicando y que vayamos demostrándonos entre nosotros mismos que sí se puede como los compañeros y compañeras bases de apoyo que sin más, más que su propio esfuerzo, su propia resistencia y su propio pensar de ver y crear, imaginar, han demostrado, aunque no sepan leer y escribir, y aunque no dominan bien el español, pero en los hechos la tienen, lo que decimos pues acá, que el sistema acá, el mal gobierno pues de México se ha hecho a un lado pues y estamos practicando lo que nosotros pensamos y de lo que nosotros creemos, pero sentimos solos porque no sólo nada más los que estamos explotados pues, los indígenas en México, sino están los hermanos y hermanas tanto en el campo y en la ciudad pues. Pero para eso se necesita Ciencia pues, de cómo vamos a tener que construir el mundo nuevo pues.


 Necesitamos, se siente la necesidad pues, tan eso como así pues el chavito que platicamos, que siendo chavito ya está pensando así de que quiere conocer, que quiere saber por qué es tan importante la sustancia que tiene el estafiate, porque tanto escucha en el colectivo pues, en la compartición que se hacen las compañeras y los compañeros pues. Entonces eso es lo que queremos pues así plantearles, que entonces ojalá nos unamos pues para crear otra forma de ver, otra forma de pensar, imaginar pues de cómo tenemos que ir construyendo un cambio, pues que realmente es el cambio no nomás el nombre, ni nada más de color pues.


 Eso es lo que sería que les podemos compartir compañeros y compañeras, hermanos y hermanas.

Subcomandante Insurgente Moisés          Subcomandante Insurgente Galeano

25 de octubre de 2016

Dario Fo, el bufón incorruptible.

Por: Juan Agulló (@JAgulloF) / Rebelión.


El Premio Nobel es un extraño imán. Tiene tanto prestigio que en ocasiones sirve para coronar la trayectoria de personajes afectos al poder y en otras, para congelar la de aquellos otros que acostumbran a denostarlo. En 1997 ocurrió algo así: Dario Fo no era el favorito pero cuando algunos se enteraron de que le habían concedido el galardón, soñaron con que quizás, lo que nadie había logrado a palos, quizás lo consiguiera el show business: focos, fotos, platós, entrevistas, invitaciones, viajes, ediciones, reediciones, etc. 

Con Dario Fo, sin embargo, no podrá ni la muerte (que le alcanzó el 13 de octubre, a los 90 años). De hecho Fo, como el viejo Capitan Matamoros, seguirá ganando batallas después de muerto y lo seguirá haciendo porque, él, siempre defendió una cultura viva y dinámica, enemiga del entretenimiento de salón del que, la mayoría, somos pasto. En el caso de Fo, de hecho, cuesta mucho decir que su mejor obra es esta o aquella: para él siempre, todas, estaban en constante evolución. Todo depende del lugar y del momento.

Como él mismo recordó en su discurso de aceptación del Premio Nobel, junto a su esposa Franca Rame, durante años “montaron y representaron miles de espectáculos en teatros, fábricas ocupadas, Universidades en lucha… incluso en iglesias desconsagradas, cárceles, plazas con sol y lluvia”. Y todo eso conllevó “vejaciones, cargas de la policía, insultos de los bienpensantes y violencias de todo tipo” (en 1973 su mujer padeció una violación múltiple por parte de un grupúsculo fascista que, por cierto, quedó impune).

Y es que para Fo, el teatro, era un campo de batalla o mejor, una herramienta política sin parangón. Hoy, los snobs, probablemente hablarían de soft-power. Fo, en todo caso, nunca aceptó esa concepción acartonada del teatro que nuestras sociedades heredaron de su ‘reforma’ del siglo XVIII: locales fijos, guiones cerrados, atribulados (y controlables) empresarios teatrales, horarios, realismo a ultranza, escaso contacto con el público, los Estados regulándolo todo y para colmo de males, ríos de público y crítica cuadriculada.

Para Fo, el teatro, era otra cosa: creatividad, exageración, esfuerzo, itinerancia, sátira, guiño, complicidad, mimo, gesto, insinuación, atrevimiento, fábula, inocencia, canto, calle cotidianeidad, improvisación, carcajadas… Dario Fo, de hecho, no trabajaba con guiones al uso sino con dibujos hechos por él que le evocaban una situación y le obligaban a improvisar y al público, a pensar y en cierto modo, a interactuar. Toda esa, para Fo, era una dialéctica alquímica. En otras palabras, una suerte de revolución permanente.

Una forma de lucha que convirtió a Fo en un personaje peculiar, a mitad de camino entre un actor, un director, un empresario e incluso, en cierto modo, un espectador. Es decir, todo lo contrario a lo que suele gustarle al teatro convencional, amante de la fijación de los espacios y de los roles definidos. Esa rebeldía desde las tablas coincidía bastante, por cierto, con el teatro popular italiano (la Commedia dell’Arte) anterior a la ‘reforma’ del siglo XVIII: la vieja juglaría deambulante, antecedente de mimos, payasos e histriones.

Beppe Grillo, el líder actual del Movimento 5 Stelle (una especie de versión italiana de Podemos) dijo hace tiempo, con ironía cáustica, que a Dario Fo le gustaba tanto el teatro clásico que “se inventó uno”. Esa frase ayer no fue recordada porque, en las últimas elecciones italianas, Fo apoyó a Grillo. Lo dicho por Grillo, sin embargo, tiene mucho de verdad: Fo, de hecho, también fue un erudito literario que recuperó muchas tradicionales teatrales que, durante años, habían sido formateadas por los poderes establecidos.

Por ejemplo, el Grammelot, un extraño ‘lenguaje’ (que básicamente consistía en emitir un ruido muy parecido a una conversación trufada de algunas palabras clave) muy utilizado en la Italia de los siglos XVI y XVII por juglares y bufones para ‘hablarle’ a auditorios que no comprendían su dialecto o que, al entenderlo demasiado bien, podían convertirse en foros peligrosos para críticas sociopolíticas claras y abiertas. O por ejemplo, también, la vieja sátira política, mucho más evidente y corrosiva, de origen helénico y muy anterior.

En la práctica, Dario Fo, se divertía mezclando tradiciones histriónicas escamoteadas para tejer relatos que se entrelazaran con la realidad social y le permitieran, no solo conectar con cada espectador sino dotar de sentido sociopolítico al teatro. Fo, pues, no creó de la nada. De hecho, fue precisamente esa concepción tan militante de la escena la que le permitió convertirse, durante décadas, en un referente, no solo para el teatro italiano, sino -en algunos momentos, mucho más importante- para la ARCI.

La Asociación Recreativa y Cultural Italiana es una de las más originales e interesantes herencias dejadas, en Italia, por el PCI (Partido Comunista Italiano, que llegó a ser el más poderoso de Occidente): la ARCI fue creada como brazo cultural del Partido y terminó convirtiéndose en una vívida red nacional de asociaciones culturales que sobrevivió al propio Partido. Fo contribuyó a levantarla desde el teatro llevando sus representaciones, al estilo de los comediantes medievales, hasta los extremos más recónditos de su país.

Pero Fo, con los únicos que se casó alguna vez fue con su mujer y con el teatro: por eso se atrevió a romper con el PCI antes de la Caída del Muro de Berlín (1989). Le acusó del más grave crimen que, desde su óptica, se podía cometer: “casarse con el poder”. Y así, desde su soltería y con el prestigio que ya le proporcionaba atesorar el Nobel se lanzó en solitario, ya en la década de los 2000, a una irónica, quijotesca e inmisericorde campaña teatral anti-Berlusconi que adoptó la forma de un divertido monólogo (censurado por la tv).

A Fo no le detuvo ni siquiera la muerte, hace tres años, de su amada esposa: siguió rodeándose de jóvenes y ejerciendo el activismo teatral. Para muestra, un botón: uno de sus últimos trabajos (“Un hombre quemado vivo”) lo preparó junto a la hija de un inmigrante rumano que fue quemado vivo en 2000, por su jefe, cuando fue a exigir el salario que se le adeudaba. Muy sintomático de los tiempos en los que vivimos y muy demostrativo del tipo de teatro, solidario y poco canónico, que practicaba. D.E.P. su genio.

22 de diciembre de 2011

PALINURO :: Caballería roja. El arte y el comunismo.

Por: Ramón Cotarelo.

La Casa Encendida alberga una portentosa exposición de arte soviético titulada Caballería roja. Arte y poder en la Rusia soviética, 1917-1945 con tal abundancia de material, magníficamente organizado por la comisaria, Rosa Ferré, que si se pretende contemplarla con cierto detenimiento, da para más de un día. Se ha hecho con un enorme esfuerzo de coordinación y colaboración con muchos museos de Rusia que debe aplaudirse porque el resultado es impresionante. En los cuatro espacios de exposición de la planta baja y sótano de la Casa Encendida se exhibe la mejor muestra del arte soviético, de todo él y en todas sus manifestaciones, que pueda imaginarse.

Hay cuadros de Kandinsky, Chagall, Malevich (uno suyo da nombre a la exposición), Deyneka, Brodsky, etc; carteles de El-Lissitsky, Dmitri Moor, Gustav Klutsis, Maiakosky; fotomontajes de Rodchenko y otros; música de Shostakovich y Prokofiev; libros y poemas de Ana Ajmatova u Ossip Mandelstam; novelas y relatos de Babel, Gorki, Pasternak, Pilnyak; bocetos y diseños de Meyerhold, Maiakovsky de nuevo; artefactos de Tatlin o Theremin; películas de Dziga Vertov, Eisenstein o Pudovkin; esculturas de Vera Mujina e Ivan Shadr. Treinta años de creatividad muy bien expuestos, que dan una idea de la evolución del arte soviético desde la revolución bolchevique hasta 1945, el fin de la Gran Guerra Patria, que no del estalinismo.

Sin embargo, esa idea puede resultar engañosa si el visitante no sitúa en el debido contexto la enorme afluencia de obras de arte que lo asaltan. Para hacerlo, lo aconsejable es comprar el catálogo de la exposición, una obra muy apreciable con aportaciones de especialistas en la materia. Las de Rosa Ferré, las más abundantes, son con mucho las mejores. De este modo, armado con las claves que en el catálogo se encuentran el espectador ya no corre peligro de caer en la trampa de una visión convencional del arte comunista que, de darse, vendría a ser como el triunfo póstumo de la única habilidad en la que el comunismo ha destacado con auténtica maestría: la propaganda.

En efecto, el visitante de buena fe recorrerá las salas y su primera impresión (que, muchas veces, la mayoría, es la única que se obtiene) será coincidente con la interpretación al uso de la evolución del arte soviético y que, más o menos, dice lo siguiente: con la revolución bolchevique, en vida de Lenin y durante los primeros años de la joven república soviética (hasta el ascenso de Stalin en 1927) hubo un tremendo florecimiento del arte, en medio de la libertad de creación más absoluta, un montón de genios en todas las ramas estéticas asombraron al mundo con la fuerza, la originalidad y la belleza del arte revolucionario. Es cierto que, en muchos casos, la creación procedía de las vanguardias prerrevolucionarias pero, a partir de 1917, el comunismo revolucionó no solo la política y la economía sino la literatura y el arte en general, haciendo aportaciones que todavía se imponen con fuerza. A partir de 1927, sin embargo, con el ascenso de Stalin y, sobre todo, al comienzo de los años treinta hay un giro de radical de la política artística del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), el mismo Stalin se mete en cuestiones estéticas, el más rígido dogmatismo ahoga toda creatividad artística, se instalan elrealismo socialista y el culto a la personalidad, los artistas se convierten en acobardados servidores y propagandistas de la ideología pseudomarxista del estalinismo y las obras de arte son falsas, bombásticas o puro kitsch.

Esta interpretación al uso es parcialmente cierta y parcialmente no. Es cierta la segunda parte: el estalinismo significó la sumisión del arte a las obtusas directrices del PCUS, administradas por Jdanov, consuegro de Stalin y que tenía tanto sentido estético como un boniato; significó asimismo el soborno de los intelectuales y artistas que se sometieron y la persecución, la tortura, el destierro o la muerte para los que no lo hicieron. Este triste destino afectó a miles de creadores. De los seiscientos asistentes al congreso de escritores en Moscú en 1934, unos años después doscientos habían sido fusilados.

En cuanto a la primera parte, es cierto que en los primeros años de la revolución hubo una verdadera explosión de creatividad artística, pero es falso, como suele darse a entender (ya que nadie se atreve a decirlo claramente por ser claramente mentira) que tal explosión estuviera animada por las autoridades comunistas o que Lenin fomentara la creatividad artística que no estuviera estrictamente ligada a la propaganda. Más abajo volveré sobre este asunto que no es sino el enésimo intento de cargar todas las monstruosidades del comunismo sobre Stalin, salvando la figura de Lenin, cuando es claro que lo único que diferencia a Lenin de Stalin, en esto como en todo, es que el primero murió prematuramente y no le dio tiempo a llevar a cabo todos los crímenes que cometió el segundo. No obstante hizo lo suficiente para justificar este juicio que, insisto, expondré al final de la entrada.

Antes unas palabras sobre el régimen de terror de Stalin que literalmente revuelve las tripas. En 1932, el ex-seminarista pone fin a la multiplicidad de escuelas, corrientes e ismos artísticos y crea una Unión de Escritores Soviéticos. El congreso de 1934 impone la doctrina del realismo socialista y ésta se expande a todas las ramas del arte a partir de la creación en 1936 de un Comité de Asuntos Artísticos de la Unión. Los artistas y creadores que querían prosperar tenían que pertenecer a estas organizaciones; los que no lo hacían ya sabían que les esperaba el ostracismo, la persecución o algo peor. Stalin fue especialmente duro con los escritores y, en concreto, con los poetas: Maiakovsky, Yesenin y Marina Tsvetaeva fueron empujados al suicidio, Mandelstam murió en el gulag, como Shyleiko y Nicolai Punin, segundo y tercer maridos de la poetisa Ana Ajmatova, cuyo hijo, Lev Guvilev también fue deportado y murió en consecuencia. Todo esto lo encontramos en la exposición.

Es Ajmatova, precisamente, la que cuenta en su introducción al primer poema de su obra Requiem que sólo pudo publicarse en Rusia en 1987 la famosa y estremecedora historia que mejor describe el terror stalinista. Estaba la poetisa en una de aquellas colas de familiares de presos y desaparecidos que todos los días tenían que ir a la puerta de la cárcel de Leningrado a esperar durante horas con temperaturas bajo cero por ver si conseguían alguna noticia de sus allegados y que tan bien describe Grossman en alguna de sus obras, cuando una mujer que estaba detrás le susurró al oído (nadie podía hablar en voz alta): "¿puede usted contar esto?" "Sí", respondió Ajmatova, "puedo". El resultado es el poemario Requiem, que pone los pelos de punta.

Pero no fueron únicamente los poetas los perseguidos. En los años del Gran Terror (de 1934 a 1940), Stalin hizo fusilar pintores (Pavel Filonov, 1937), cartelistas fieles hasta la muerte (Klutsis, 1938), novelistas (Boris Pilnyak, 1938; Isaak Babel, 1940), cineastas (Boris Shumiatsky, 1938), dramaturgos (Vsevolod Meyerhold, 1939) o periodistas (Mijail Koltsov, 1940). La exposición contiene obra de todos, mucha de ella, paradójicamente, alabando a su asesino. Por supuesto, al ser la exposición de arte, nada se dice de la masacre estalinista de políticos, militares, médicos, científicos y gente de la calle. Aun hoy es imposible calcular cuánta gente asesinó este tirano.

¡Ah, pero es que el estalinismo fue una degeneración del comunismo, del leninismo! Lenin era otra cosa. ¿Acaso no previno en su testamento de lo que se venía encima con el georgiano al que él mismo había nombrado secretario general? Es posible que tuviera segundos pensamientos pero, en realidad, Stalin no es sino la continuación de los métodos de Lenin. Fue Lenin quien cerró la asamblea constituyente y ahogó la democracia en la cuna; fue él quien ordenó reprimir a sangre y fuego la sublevación de Kronstadt, él quien hizo fusilar al Zar y su familia, incluido el zarevich, un niño, sin juicio alguno (y mantener oculto este crimen durante años) y él quien puso en marcha los primeros campos de concentración. En realidad no es Stalin ni tampoco Lenin, es el comunismo. Con él comienza el terror y la única diferencia entre Stalin y Lenin es que éste fallece muy pronto, está muy ocupado con la supervivencia del poder bolchevique (guerra civil, comunismo de guerra, NEP) y, desde su muerte (en 1924) hasta el triunfo de Stalin en la lucha interna por sucederle (1927), los comunistas tienen poco tiempo de ocuparse de los artistas.

Es decir, el grandioso florecimiento del arte revolucionario que se abre en 1917 es posible no gracias a los bolcheviques y Lenin, sino, al contrario, gracias a que los bolcheviques y Lenin estaban ocupados tratando de sobrevivir. Así se desarrollaron las vanguardias, o los grupos de artistas, como el Proletkult o Lef, por cierto, todos ellos sinceramente bolcheviques y revolucionarios. De todo esto hay magníficos ejemplos que suspenden el ánimo en la exposición. En punto a producción artística, la Rusia bolchevique no tenía nada que envidiar a la Alemania de Weimar. Y si en ésta hubo expresionismo o la neue Sachlichkeit, en Rusia hubo futurismo, constructivismo, acmeísmo, suprematismo o productivismo. Otro curioso parecido que se daría unos años después entre Alemania (ahora la nazi) y la URSS fue la persecución de las formas artísticas que disgustaban a las respectivas tiranías y ambas bajo el mismo nombre: "arte degenerado".

Pero todo ello no gracias a Lenin, sino a pesar de él. El fundador del bolchevismo no tenía inquietudes artísticas y sus gustos eran conservadores, por no decir del montón. Odiaba las vanguardias (para vanguardia ya estaba él) y los ismos. Su único interés en el arte residía en su faceta propagandística y por eso apoyó el cine, puso al dramaturgo Anatoli Lunacharski al frente del comisariado de arte y facilitó que se crearan aquellos trenes que llevaban los documentales de Dziga Vertov por los pueblos de la estepa. Pero ahí se acababa su preocupación y en el resto fue tan arbitrario y censor como Stalin sólo que mucho menos eficaz. Si Nadia Krupskaia iba al teatro y no le gustaba la obra, el dramaturgo recibía un aviso, igual que cuando Stalin iba al estreno de, por ejemplo, la Lady Macbeth de Shostakovich, no le gustaba y, al día siguiente, la Pravda cargaba contra una música que no era tal, sino un caos burgués, asunto peligroso que podía llevar al creador al gulag. Fue Lenin quien mandó al exilio a docenas de intelectuales y creadores, desde el novelista Evgenii Zamiatyn hasta el filósofo Nicolai Berdiaev, pasando por el sociólogo Pitirim A. Sorokin. Y fue igualmente Lenin quien hizo fusilar en 1921 a Nicolai Gumilev, primer marido (divorciado) de Ana Ajmatova, bajo la acusación de conspiración monárquica. Aún no se había descubierto la práctica de torturar y fusilar gente bajo la acusación de trostkistas. Es el estalinismo, es el leninismo, es el comunismo en definitiva, el que ahoga toda libertad creadora y, cuando puede, termina con los mismos creadores.

Una última noticia respecto a otro episodio siniestro de abyección de los intelectuales y artistas en la Unión Soviética que se encuentra documentado en la exposición y del que da cumplida cuenta el catálogo. En 1934, Maxim Gorki pone en práctica su teoría de que los escritores deben trabajar en brigadas como los proletarios y escoge a ciento veinte autores para escribir un libro glorificando la construcción del canal de Bolomor, que unió el mar Báltico con el el mar Blanco con una longitud de 227 kms. Era una de las grandes obras emblemáticas del estalinismo y no sólo por la proeza de ingeniería. Lo que Gorki y los demás escritores al servicio de Stalin celebraban era el hecho de que la obra fuera, además, una comprobación de las doctrinas comunistas sobre la regeneración de los presos mediante el trabajo forzado. Porque el canal -que los ciento veinte autores visitaron mientras se construía- fue obra de presos que lo hicieron picando el granito casi con las manos. Es decir Gorki y los autores estalinistas no tuvieron inconveniente en glorificar el gulag.

Relación de imágenes:

Primera: Kasimir Malevich, Caballería roja (h. 1930).

Segunda: El Lissitsky, Derrotad a los blancos con la insignia roja. (1920).

Tercera: Kuzma Petrov-Vodkin, Retrato de Ana Ajmatova (1922).

Cuarta: Isaak Brodsky, Stalin (1933).

Quinta: Stepan Karpov, La amistad de los pueblos (1922-24).

Sexta: Vera Mujina, El trabajador y la koljosiana (s.d.).

Séptima: Gustav Klutsis, Viva la URSS (s.d.)

15 de diciembre de 2010

La otra comunicacion

29 de julio de 2010

Coordinadora Valle de Chalco con la Campaña Miles de Rabias

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Miles de rabias: Pinta en Coyoacán

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Fotos de pinta en el DF. del. Coyoacán de la otra cultura inlakech,

Campaña “Miles de rabias un corazón” ¡Vivan las comunidades zapatistas!

Calle;Rosa Maria Siqueiros y Mariquita Sánchez ,col. Infonavit Culhuacán.


Nuestro propósito es informar las actividades y denuncias de la Otra Campaña,asi como participar en las acciones políticas y culturales,civiles y pacificas como factor importantísimo para la lucha junto con nuestros hermanos zapatistas y de todo el país,atendiendo siempre al principio fundamental de que la verdad resulta beneficiosa para los pueblos.

¡Presos políticos libertad!

¡Alto a la guerra de baja intensidad en Chiapas!

¡Libertad y justicia para Atenco y México!

¡Viva la otra campaña!

¡Viva EZLN!

14 de diciembre de 2009

Colectivo Muralista Brigada Ramona Parra


El Colectivo Muralista BRP, ha creado este boceto en honor al gran maestro
Víctor Jara
.

Víctor nunca morirá, pues su moral y obras se encargarán de mantenerlo vivo y vigente.


Colectivo Muralista BRP
http://www.colectivobrp.cl/

21 de septiembre de 2009

Murales en el Caracol de la Garrucha







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