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2 de enero de 2018

Carta abierta de Javier Sicilia a AMLO sobre la amnistía.




2 de enero de 2015

La petición de principio de la izquierda electorera.




Babel

La petición de principio de la izquierda electorera

Javier Hernández Alpízar

El año 2014 fue marcado por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y por la dignidad firmeza y determinación con la que sus 43 familias han luchado por justicia y para que les devuelvan a los suyos. Esa firme y digna lucha logró despertar a una nación que más que dormida estaba pasmada ante su propio dolor, el horror, la rabia, el desconsuelo. Los normalistas han dicho que el caso de sus 43 compañeros es un parteaguas, que divide todo en un antes y un después.

Y en gran medida lo es, en un país donde los parteaguas han sido ignorados por un sector de la población empeñado en una forma de hacer política que por donde quiera que se le mira hace agua. No debiera ser ningún orgullo y más bien debiera ser una gran vergüenza para la izquierda electoral y para quienes se empecinan en medir todo desde el rasero de sus candidatos, líderes y campañas, que han sido esa izquierda y sus gobiernos una comparsa más al lado de los partidos de la derecha en estos años sangrientos desde 2006 a la fecha: sus territorios gobernados, municipios, estados y el Distrito Federal, no han sido la excepción en el avance del colonialismo rampante, la acumulación por desposesión, la corrupción y la connivencia con el crimen, la violencia impuesta por la visión de la derecha del control social de la población mediante el terror: a los nombres de Fox, Calderón y Peña se pueden agregar con toda justicia los gobiernos contrainsurgentes que las alianzas del PRD- PT y Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), en ocasiones con el PAN, y en más de un caso con la participación de la franquicia electoral llamada López Obrador (hoy Morena), llevaron al poder en estados con fuerte presencia indígena, luchas por la autonomía y el territorio, como en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. En todos los casos, chuchos y pejes se pusieron al servicio de los viejos cacicazgos priistas, así como en el DF mantuvieron el status quo de los empresarios del salinato y hasta de sus gobernantes (Ebrard, Mancera, Ortega, los policías encargados del orden social neoliberal en el DF, bajo el esquema comprado por Carlos Slim y AMLO al derechista Rudolph Giuliani). El resultado ha sido una política contrainsurgente para sofocar, o al menos intentarlo, a las resistencias indígenas, populares, campesinas y urbanas. Quienes no se han dejado cooptar y se han empeñado en construir un sujeto social autónomo han pagado su obstinación con dura represión como los estudiantes de la UNAM, los zapatistas actuales, Atenco, la Oaxaca de la APPO, las autonomías indígenas de Guerrero y Michoacán e incluso el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (especialmente el linchamiento de Javier Sicilia por los columnistas de López Obrador).

De manera que no es un hecho aislado, la complicidad de esa izquierda PRD- PT- Convergencia- Morena y especialmente AMLO con Aguirre, con el precandidato de Morena Mazón y con el presidente municipal de Iguala: Abarca, llegado al poder con el arrastre electoral de AMLO. Así como esa izquierda es cómplice de los criminales, por el hecho de haberlos llevado al poder, antes fue cómplice de la contrainsurgencia paramilitar de los gobiernos de Salazar Mendiguchía y de Juan Sabines (a quien AMLO apoyó directamente en campaña, lo mismo que a Aguirre en Guerrero) e incluso de los paramilitares del PRD que existen desde 2003 y que jamás se molestaron en investigar ni mucho menos separar del partido, al grado que formaron parte de las redes de AMLO en 2006. Todos estos hechos, graves, fueron ocultados, minimizados, simplemente ignorados por los políticos de esos partidos y  por el contrario, sus propagandistas, especialmente en La Jornada, se sumaron a la ola de calumnias contra el EZLN solamente por el hecho de que los zapatistas denunciaron a esa izquierda hipócrita y le dieron la espalda desde 2001, por su la traición a los Acuerdos de San Andrés, pero con escándalo de esa clase política corrupta en 2005- 2006 ante la palabra de los zapatistas retando a esa izquierda a un debate que jamás aceptaron. Gobiernos cercanos a AMLO, como el de Baja California Sur, privatizaron y extranjerizaron las playas, y en el DF han entregado la ciudad a los capitales de toda clase (especialmente a Carlos Slim) para el proyecto de ciudad de clase mundial o ciudad mercancía que hoy muestra las costuras con su represión, brutalidad policiaca, presos políticos y uso de la policía para defender la política del PRI en el gobierno federal, además de la corrupción que se oculta bajo el tapete y sale en costuras como la línea 12 del metro.

Sin embargo, una suerte de autismo y cinismo combinados de esa izquierda y de sus incondicionales los ha convertido en lo que Ramón I Centeno ha llamado muy bien, usando conceptos del sociólogo Max Weber, una “comunidad carismática”, comunidad que ha sustituido todo pensamiento racional, toda autonomía de pensamiento y acción, y todo interés por un debate de hechos, información verificable, fenómenos políticos e ideas, por la simple arrogancia de llamarse a sí mismos la izquierda y pretender acallar toda crítica arguyendo que criticar a su líder fetiche o a sus figuras consagradas es equivalente de apoyar a la derecha: cinismo mayúsculo cuando precisamente son sus líderes y sus estructuras partidarias quienes han cogobernado con la derecha, participado de su contrainsurgencia, compartido su corrupción e impunidad y ha sido la derecha priista la principal proveedora de candidatos y candidatas ayer de sus coaliciones PRD- PT- Convergencia y hoy de Morena, como ya se ve con la candidatura de la política de extracción priista Layda Sansores.

Cuando los defensores de esa política de la resignación, la comparsa y la autocomplacencia nos invitan a ver al verdadero enemigo, el PRI y el PAN, olvidan que el primero es su proveedor de líderes y candidatos y el segundo ha sido su frecuente compañero de fórmula electoral.

Una exhortación a un debate más profundo, o más de altura o más de fondo o la metáfora espacial que les guste, suena forzada cuando parten de la petición de principio de definirse como la izquierda, y definir su agenda electoral como la agenda política nacional. No se puede partir de esas consideraciones precisamente porque son falsas para nosotros: qué es ser de izquierda en México es algo que está en crisis, está por debatir: no se puede cerrar los ojos a la complicidad de AMLO y Morena en el caso Ayotzinapa y simplemente hacer como si nada hubiera pasado. Antes lo han hecho ante la contrainsurgencia perredista en Chiapas y en otros estados, pero ese silencio cómplice es ya insostenible.

Los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa van a llamar a un boicot electoral en Guerrero y muy probablemente la red de solidaridad con ellos extienda ese boicot a otros estados e incluso lo intente hacer a todo el país. ¿Qué van a hacer en respuesta, difamarlos y calumniarlos como antes hicieron con los zapatistas y con Sicilia? El argumento falaz de que criticarlos es hacerle el juego a la derecha ya no funciona porque han sido precisamente ustedes y sus coaliciones quienes le hicieron el juego a la derecha y a la contrainsurgencia, y fue precisamente la total ausencia de crítica y hasta el linchamiento de los críticos de su líder, lo que los ha hundido en la complicidad con la corrupción, el crimen infiltrado en sus filas y el autismo político y moral que los ha convertido en comunidad carismática, el equivalente de los rezanderos, como llaman sus críticos al sandinismo corrompido que está en el poder en Nicaragua.

Si no reconocen que la izquierda en México está a debate y que no pueden partir del dogma de que AMLO y su franquicia electoral son la izquierda, cualquier propuesta de debate será como esos memes que circularon en los últimos días del 2014 y que decían: “se busca relación seria por lo que queda del año”. Si parten para su propuesta de debate de que AMLO es la izquierda actuarán como quienes para convencer a un ateo de la existencia de Dios le argumentan: “la Biblia lo dice”. Piensen que somos, a su fanatismo electoral, lo que fueron los ateos y escépticos a la teología tradicional: el carisma de su líder no hace efecto en nosotros, y si no pueden debatir los hechos que señalamos, porque son incapaces de reconocer los errores de sus líderes, los escucharemos con la paciencia con la que un ateo furibundo oye a un predicador religioso una mañana de domingo. De hecho, escribe todos los domingos uno de sus columnistas de La Jornada, Rodríguez Araujo (profe de AMLO), que a menudo citan como evangelio y que nosotros leemos con la seriedad con la que se lee a un embustero poco simpático.

8 de noviembre de 2014

¿Fue el Estado?

Por: Sebastián Liera.

 “¡Muy señoras y muy señores míos!... Habiendo sido invitado a dar una conferencia […] sobre un tema popular..., he de decirles que, por lo que a mí respecta, el asunto de ésta me es indiferente...” Con estas palabras, escritas por Anton Chejov para dar voz a Niujin, su personaje de Sobre el daño que hace el tabaco, comienza un chorema mío que disfrazado de ponencia leí (sólo algunas partes) a una semana de que se cumpliera el primer mes de haber sucedido la tragedia que hoy nos tiene aquí convocados… corrijo: la tragedia que nos tiene aquí convocadas, convocados, no había sucedido casi un mes antes, viene sucediendo de mucho tiempo atrás.

Hace unos días, el último de ese mes que, dicen, tiene la luna más hermosa, traía a colación en esta misma plaza un artículo en el que José Woldenberg dice que “el país transita por una situación crítica y no ayuda a la comprensión de lo que estamos viviendo hacer referencia en bloque a una entidad tan abarcadora y compleja como lo es el Estado”; sí: el Estado, esa “constelación de instituciones” que el ex consejero del otrora IFE reconoce “jerárquicas, especializadas y –apunta- con diferentes grados de responsabilidad”.

Y, resulta, que hoy estamos aquí en esta plaza abrigando un mismo lema como bandera: “¡Fue el Estado!”; ese, dijera Woldenberg, “laberinto institucional complicado y rebuscado” en el que, nos dicta el autor, debemos “detectar con claridad –no de manera especulativa o retórica o a través de derivaciones ‘lógicas’- a los responsables directos e indirectos, a los culpables por acción y por omisión de los cruentos e incalificables sucesos que han sacudido a la nación” o, de lo contrario, caeríamos en reduccionismos y simplezas.

Sin embargo, la cátedra de cultura política no termina allí y, después de insistir en que el Estado “ya no es lo que era o lo que imaginábamos que era: una entidad todopoderosa capaz de imponer el orden en el momento en que lo quisiera”, exculpa: “No se trata de entidades que pueden y no quieren, sino que quieren y no pueden” y, para rematar, adoctrina: “debemos tener claro que la única justicia hoy por hoy es la que las propias instituciones del Estado, diseñadas para ello, pueden ofrecer”. ¿Quién es quien cae en reducciones y simplezas?

¿Por qué quienes hoy hemos sumado nuestras voces y nuestros pasos a esta jornada de acción global por Ayotzinapa convocada por las escuelas superiores, universidades y tecnológicos del país insistimos en la “simpleza” de decir: “¡Fue el Estado!”? ¿Tenemos acaso plena noción de lo que ese concepto político significa, definido por Marx no como “el reino de la razón, sino de la fuerza”, no como “el reino del bien común, sino del interés parcial [que] no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder”? Quizás no; pero, tampoco, estamos dispuestos a que los profesionales de la política nos vengan a decir que nuestras voces o son simplezas o son, como dice Juan Villoro citando a su tocayo Rulfo, “rencor vivo”.

Fueron ellos, los profesionales de la política, y las damas que en el danzón de la corrupción y la impunidad les acompañan, quienes hicieron de lo que debería ser el arte de ponernos de acuerdo cuando pensamos diferente en bien de la cosa pública un circo de prebendas y traiciones de principios donde los saltimbanquis de siglas y colores han hecho su agosto. Si la política es, como dice Villoro, “campo de la opinión airada, la falta de sentido de las obligaciones, la intolerancia, la búsqueda de fines sin reparar en los medios”, es porque sus profesionales y sus coreutas la han reducido a eso.

José Ramón Enríquez escribe que desde la perspectiva de un Estado cuyos órdenes están plagados de narcopolíticos sí ve lo de Ayotzinapa como un crimen de Estado. Se apura a aclarar, que el terrorismo de este Estado no es el de López Mateos contra Genaro Vázquez o el de Echeverría contra Lucio Cabañas y pone la mira en la venta de drogas, el lavado de dinero, la corrupción misma del Estado y, sobre todo, la ampliación de los mercados de armas; en otras palabras, en los negocios del crimen organizado.

Es aquí donde radica la razón de que hoy digamos sin titubeos: “¡Fue el Estado!” En su tratarnos como niños chiquitos, quienes detentan el poder en eso que llamamos el Estado se resisten a regular el consumo, la venta y la producción de estupefacientes; esa falta de regulación hace que el negocio del narcotráfico produzca ganancias exorbitantes de las cuales, a diferencia del erario público, nadie tiene porqué dar cuentas. No es el narcotráfico, que es sólo uno de los muchos negocios del crimen organizado, el que ha infiltrado a la clase política y sus partidos; es la clase política, son sus partidos, los que han entrado a los negocios de sangre y muerte, no sólo al narcotráfico, insisto, del crimen organizado. Y, hoy por hoy, esas instituciones de las que Woldenberg quiere que esperemos justicia no son sino agencias del crimen organizado.

“¡Fue el Estado!”, dijimos, cuando los criminales en el Estado quisieron vernos la cara y dirigieron los reflectores de sus televisoras y medios de (des)información a una pareja que hoy llaman “imperial”, en el modus operandi de lo que el infame personaje de la también infame película de Luis Estrada, La dictadura perfecta, llama “la caja china”. “¡Fue el Estado!”, dijimos, cuando los criminales en el Estado quisieron reducir las responsabilidades de lo ocurrido en Ayotzinapa en un cártel con nombre de programa electorero del PRI cuyo supuesto líder se dizque suicidó en Morelos. “¡Fue el Estado!”, decimos hoy, tras el montaje de la captura del ex alcalde de Iguala y su esposa incómoda; porque hoy, decir crimen organizado y decir Estado, es decir lo mismo.

Estamos en medio de lo que la nariz tras el pasamontañas llamaba desde 1997 la IV Guerra Mundial, una guerra que se realiza entre “los grandes centros financieros, con escenarios totales y con una intensidad aguda y constante […] La ‘mundialización’ de la guerra [que] no es más que la mundialización de las lógicas de los mercados financieros” han hecho del Estado y sus gobernantes, otrora rectores de la economía, en “regidos, más bien, teledirigidos, por el fundamento del poder financiero: el libre cambio comercial”. Así, “el capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional” y las empresas y los estados se han venido derrumbando en minutos. Eso representa Ayotzinapa: la descomposición más atroz del Estado, y, de paso, de “todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad”.

En mayo de 2011, Javier Sicilia pasaba revista a una serie de casos que ponían en evidencia que en todos los partidos políticos “hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación”, de suerte que las y los ciudadanos terminaremos preguntándonos: “¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar?” No hay duda, como dijera Sayak Valencia, sobrevivimos en medio de un capitalismo gore, basado “en la violencia, el (narco) tráfico y el necropoder” que muestra “algunas de las distopías de la globalización y su imposición”… por el mismo Estado… pero, como dijera Chejov por la voz de Niujin, “el tiempo fijado para esta conferencia ha expirado ya”.

Habiendo dicho todo lo anterior, quisiera traer por un segundo el pixan, el alma de Ignacio Ramírez “El Nigromante” y decir, no obstante, que no, no FUE el Estado: ¡ES el Estado! Ayotzinapa no pasó sólo el 26 de septiembre; Ayotzinapa es la Guardería de ABC, Atenco y el #1Dmx que terminaría costándole la vida a Juan Francisco Kuykendall y desapareciendo a Teodulfo Torres Soriano; es el feminicidio vuelto deporte nacional; es la persecución, encarcelamiento y/o asesinato de defensores de derechos humanos y ambientales; es la criminalización de la protesta y es la tibieza pusilánime que dice que no tomar partido es ser radical. ¡No fue el Estado! ¡Es el Estado reducido a guardia privada de la plaza comercial tipo mall en que el capitalismo ha convertido al planeta! Ayotzinapa no fue, Ayotzinapa es, y, si no hacemos nada, Ayotzinapa será.

27 de marzo de 2014

Este no es un #FelizDíadelTeatro.


La mañana del 1 de diciembre de 2012, el #1Dmx, Juan Francisco Kuykendall, hombre de teatro y militante político adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN, fue herido con una granada de gas lacrimógeno disparada por uno de los agentes de la Policía Federal parapetados detrás de las vallas metálicas que como un acto de provocación, por órdenes de sus jefes en los gobiernos federal y de la ciudad México, montó el ex comisionado nacional de seguridad Manuel Mondragón y Kalb en las inmediaciones del Congreso de la Unión.

Director de la Agrupación Teatral Mitote, Kuykendall iba acompañado ésa mañana por uno de sus actores y amigos, el también adherente de La Sexta Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como "El Tío", quien al ir grabando lo que ocurría registró el momento del disparo. Teodulfo Torres Soriano se convertía así en el testigo estrella del caso de agresión en contra de su maestro y compañero, a quién el impacto del proyectil le provocó una fractura craneoencefálica con exposición de masa cerebral que lo postraría 421 días en una lucha personal y de sus familiares y amigos por su vida, hasta fallecer el 25 de enero de 2014.

"El Tío" fue el primero en auxiliar a Kuykendall, con ayuda de jóvenes solidarios que después han sido estigmatizados como parte de una práctica de criminalización protagonizada por el Estado mexicano; él fue quien presentó la queja 2/2012/10338/Q ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que sería remitida a la Procuraduría General de la República e integrada a la averiguación previa AP/PGR/DF/SPE/XVIII/6780/12-12; su testimonio, como escribe Gisela Martínez (@giseleando), desmentía la versión oficial de que no se usaron balas de goma contra las y los manifestantes por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto el #1Dmx.

El 23 de marzo de 2013, 112 días después del #1Dmx y, por supuesto, antes de ser llamado a declarar por el caso Kuykendall, "El Tío" sería desaparecido. Las circunstancias que envuelven su caso apuntan a que estamos frente a una desaparición forzada. Dicho en otras palabras, en Juan Francisco Kuykendall y Teodulfo Torres Soriano, tenemos los primeros casos de asesinato y desaparición forzada por razones políticas de la administración de Enrique Peña Nieto y quién siguió a pie juntillas sus órdenes de represión renunciaría a su puesto envuelto en un halo de total impunidad.

Hoy, en distintos rincones de este desgastado e hiperexplotado planeta se celebra el Día del Teatro; hace tres años, estas celebraciones se empañaron en México con el asesinato del joven Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta Javier Sicilia, y sus amigos. Hoy, pienso en Juan Francisco Kuykendall, un actor de la escena teatral a quien la intuición y la indignación lo acercaron a la escena política y social, y en Teodulfo Torres Soriano, un actor de la escena social y política a quien la indignación y la intuición lo llevaron de la mano a la escena teatral.

7 de octubre de 2012

El rostro de las víctimas.


Por Javier Sicilia.
Se me ha pedido, como a todos los participantes de esta mesa, hablar de un tema complejo que tiene muchos niveles de registro: “El sufrimiento de un país en sus víctimas”. El tema, en mi caso, es, sin embargo, más complejo porque soy una víctima, es decir, alguien a quien el rostro del mal grabó sus horrendos rasgos en su carne y en la de su familia y no puede hablar sobre una abstracción llamada país. Nunca he creído en las abstracciones. En nombre de ellas –llámense país, nación, Dios, democracia, bienestar, etc. se han cometido las peores atrocidades: la abstracción, por ejemplo, de la maldad de la droga que hay que combatir ha matado en los últimos 6 años en nuestro país más seres humanos y destruido más familias que la adicción de la droga, que en México cobra 400 personas al año. Creo, en cambio, en los seres humanos de carne y hueso y, por lo mismo, creo, en un sentido complementario al Talmud, que quien humilla a un hombre humilla a la humanidad entera, es decir, humilla a cada ser humano en su carnalidad, en su ser, en su hermosa y profunda irrepetibilidad, y que quien lo salva, salva a esa misma humanidad.
En este sentido habría que decir que frente al sufrimiento de las víctimas en México, algunos, siguiendo el Talmud, han decidido nombrarlas, abrazarlas, tomar, a lado de ellas, su defensa, tratar de salvar a otros y buscar una ruta hacia la paz y la justicia. Otros, reducidos en su egoísmo a esa lógica perversa de que las desgracias les suceden siempre a otros o, bajo la abdicación más perversa del Estado y su propaganda que las ha querido borrar y reducir a “se están matando entre delincuentes”, a “bajas colaterales”, a “algo habrán hecho” –una manera eufemística de llamarlas, al igual que lo hicieron los nazis para justificar el crimen, piojos, liendres, cucarachas, seres despreciables cuya muerte es una forma de la higiene que no vale siquiera la pena mirar–, han decidido aceptar, ocultando y borrando el dolor que en realidad los posee, los desmembrados, los descabezados, los secuestrados, las violadas y asesinadas, los desaparecidos, y la lenta pérdida de los derechos civiles, es decir, han decidido normalizar el crimen y la impunidad.
Frente a esa realidad, que no es el dolor de un país, sino de seres humanos concretos e irrepetibles, quisiera hablar desde mi condición de víctima de un sufrimiento que tiene que ver con un asunto de orden espiritual cuya expresión más clara y contundente es la ausencia de Dios, su profundo y aterrador silencio frente al mal y al sufrimiento de las víctimas.
Auschwitz, es decir, la paciente, cruel y sistemática labor de exterminio de unos seres sobre sus semejantes, planteó una pregunta que, válida hoy en el horror que vive México, ninguna teología clásica, al menos para mí, puede responder: ¿Por qué, después de más de dos mil años de redención y cristianismo, el mal, lejos de disminuir se ha complicado, al grado de que en la era de mayor conciencia del hombre sobre el hombre, o para decirlo en los términos sacrosantos de la laicidad, en la era de los derechos humanos y de las democracias, asistimos a una destrucción de los seres humanos que, por lo mismo, no ha tenido precedente en la historia? ¿Dónde en toda esta historia de horror y sufrimiento está Dios?
Se podría decir que mi analogía entre Auschwitz y México no es correcta. Sin embargo, puedo decirles, siguiendo mi complemento del Talmud y la propia experiencia de mi vida, que Auschwitz no es un asunto de cantidad, sino de intensidad. Cuando uno ha vivido el asesinato de un hijo bueno e inocente es Auschwitz; cuando, sin ninguna coartada, de cara a los desmembrados y descabezados con los que todos los días amanecemos, como si se tratara de basura, cerramos los ojos e imaginamos su sufrimiento y su muerte, es Auschwitz; cuando se ha escuchado el dolor de cientos de madres que tienen hijos de desaparecidos y viven en una abismo sin fondo, sin saber si están vivos o muertos, y si están vivos dónde y cómo están, y si están muertos dónde y como sucedió, es Auschwitz; cuando uno se topa con la indiferencia o el desprecio de otros, es Auschwitz, y entonces la pregunta vuelve: ¿Dónde está la redención y Dios en todo esto?
Muchas veces me he topado con la respuesta clásica de un cristianismo tan intoxicado como imbécil, una respuesta que me repugna profundamente y que seguramente la habrán escuchado muchas víctimas: “Dios te eligió para traer un bien como eligió a su Hijo” o “Dios sabe lo que hace”; o “es parte del plan de Dios”. Cuando la oigo, me dan ganas de restregarle al que lo dijo todo este dolor en la cara y decirle con la dignidad de Dostoievski: “Ni Dios, ni el paraíso, ni la promesa de una vida futura, compensan la muerte de mi hijo y de cualquier inocente; te cambio toda esa mierda sagrada por ellos. Un Dios así, un Dios que elige o permite el mal, un Dios que está del lado del crimen no me interesa, le doy la espalda; es más, lo he mandado hace mucho –esa es la verdadera palabra que brota de mi interior–, a chingar a su madre”.
La verdad, la única y real verdad, es que allí Dios no está. Si hay algo de él es, al igual que sucedió en Getsemaní y en la cruz, su silencio, su terrible y abisal silencio. ¿Cómo interpretarlo? De la única manera posible: Porque Dios es amor y el amor, contrariamente a lo que nos han enseñado, es pura impotencia, una impotencia cuyo rostro es el sufrimiento mismo de las víctimas. A Dios, decía César Vallejo con la lucidez que sólo puede traer la poesía, “debe dolerle mucho el corazón”, al igual que un padre que amando tanto a su hijo y no pudo evitar que el mal del crimen se cerniera sobre él le duele. Si Dios tiene un rostro –es el único que he podido visualizar en medio de mi dolor y que mantiene viva mi fe—, ese rostro es el de la impotencia del amor frente al poder, el de la ternura con la que impotente y silencioso uno abraza su propio dolor y abraza el dolor de otros.
Esta afirmación daría material para un largo y profundo ensayo que no puedo ni debo, por su extensión, hacer aquí. Además de que no serviría de nada ante la dimensión de lo que una víctima vive de cara a ese enigma atroz. A esos niveles con los que la realidad cala la carne de la vida espiritual, el lenguaje es poca cosa, no alcanza más para que balbucear algo de la inmensidad de esa experiencia inefable. Quizá, para lo que se nos ha pedido hoy, uno de esos balbuceos se encuentre en la palabra “derelicción” que Simone Weil tradujo en un lenguaje más directo como “la desdicha”.
Una víctima es un desdichado, un ser de derelicción, abandonado, aislado, privado no sólo del socorro humano sino también del divino. Hay así en nosotros una sensación de desarraigo de la vida que se parece a la muerte y que resuena en la carne como un sufrimiento físico en donde falta el aire y duele el corazón; una especie de desorden biológico y psíquico que se produjo por la liberación brutal de un amor cuyo objeto nos fue repentina, brutal e injustamente arrancado y ante cuyo ultraje no podemos hacer nada. Ninguna justicia, cuando llega a haberla, alcanza siquiera para remediar un gramo de ese sufrimiento. A veces, incluso, por una extraña y atroz lógica, hay, en el fondo de esa experiencia, una sensación de culpabilidad y de suciedad que debería sentir el criminal y que, por desgracia, no existe en él. “El mal, dice con exactitud Simone Weil, habita en el alma del criminal sin que lo sienta”. Lo experimenta, en cambio, nuestra propia alma como una extensión maldita del ultraje del que nuestro ser amado fue objeto. Si encuentro un análogo de esa experiencia es el de Cristo en la cruz. Cuando san Pablo exclama que “se hizo pecado por nosotros”, no sólo se está refiriendo a su cuerpo destrozado, que se ha convertido en maldición de los hombres y de Dios, sino también a su alma. Esa experiencia no es sólo la que seguramente sintieron nuestros hijos al ser secuestrados y asesinados, sino, en el orden del alma, la nuestra. “Ninguna gracia puede –como señala bien Weil– sanar (esa) naturaleza irremediablemente herida”. Por eso el Cristo resucitado lleva las cicatrices del mal en su carne.
Ese, creo, es el sufrimiento de todos los seres humanos de un país en sus víctimas; incluso el sufrimiento de quienes, arrinconados en su falsa zona de confort y su egoísmo, se apartan aterrorizados de ellas y del dolor de los sacrificados condenándolos, como si así escaparan del sufrimiento. “La naturaleza carnal del hombre –vuelvo a Weil—es común a la del animal. Los pollos se precipitan a picotazos sobre un pollo herido (…) Todo el desprecio, todo el odio que nuestra razón atribuye al crimen, nuestra sensibilidad lo atribuye a la desdicha”, es decir, a la situación de las víctimas.
Pese a eso, pese a esa oscuridad que arrastramos con nosotros –ese es el milagro—no hemos dejado de amar. Si lo hubiéramos hecho, las tinieblas del mal se habrían hecho absolutas y habitaríamos el infierno.
El amor es, en este sentido, un misterioso vínculo con el amor dolido e impotente de Dios y de nuestros seres amados. Entre su amor y el nuestro se superponen las inmensas capas del tiempo, de la historia, del mal y de sus ciegos mecanismos que se grabaron irremediablemente en nuestra alma y que surgen cuando el hombre se aparte de la debilidad del amor para unirse a lógica impía y mecánica del poder que siempre produce destrucción y muerte. Sometidos por esa realidad, pero unidos –los saben los amantes que viven separados– en esa distancia inmensa por el amor, hemos triunfado de la desdicha y hemos hecho de nuestro dolor una esperanza que no sólo nos eleva por encima de la mecánica ciega del poder y de su inmensa y cruel destructividad, sino que nos permite hacer presente, en el consuelo a los otros, la dulce, redentora y silenciosa impotencia del amor de Dios.
El amor que guarda el silencio de Dios sólo se hace presente en la ternura del amor que tenemos frente a nuestro sufrimiento y al de los otros. Esa ternura, tan amorosa como exigente, ha vuelto a poner en el centro del sufrimiento al ser humano y la necesidad de la justicia y de la paz que la lógica del poder no sólo olvida y niega siempre, sino que destroza.
Mientras poseídos por la desdicha caminábamos y continuamos caminando bajo ese vínculo del amor, no he dejado de pensar en esas hermosas y profundas palabras que escribió a Dios Etty Hillesum frente a la potencia del mal que se había desatado en la Alemania nazi y que pronto se cerniría sobre ella y toda su familia: “Me parece cada vez más claro, a cada latido de mi corazón, que tú no puedes ayudarnos, sino que nos corresponde a nosotros ayudarte y defender hasta el final la morada protectora que tienes en nosotros” y cuyo nombre es el amor, tan pobre, tan impotente y, a la vez, tan inmortal.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de san Andrés y terminar con esta absurda y dolorosa guerra.

22 de junio de 2011

La esperanza organizada para enfrentar la militarización y la violencia.

por: José Martínez Cruz.


La Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad dio inicio en la ciudad de Cuernavaca el 4 de junio con la participación de unas 400 personas en 13 autobuses y 24 automóviles y recorrió 3 mil 400 kilómetros hasta llegar el 10 de junio a Ciudad Juárez, Chihuahua, en la frontera norte del país, luego de pasar por ciudades fuertemente atacadas por la violencia criminal e institucional como Morelia, Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas, Saltillo, Torreón, Monterrey y Chihuahua, donde se han contabilizado la mayoría de los 40 mil asesinatos y cerca de 10 mil desaparecidos producto de la guerra contra el pueblo que el gobierno de Felipe Calderón ha llevado a cabo con el pretexto del combate al narcotráfico y la delincuencia organizada.

El movimiento empezó a raíz del asesinato de siete jóvenes el 28 de marzo, entre los que se encontraba Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta y periodista Javier Sicilia, premio "Aguascalientes" de Poesía, lo que motivó la formación de una Red por la Paz con Justicia y Dignidad conformada inicialmente por 700 personas que firmaron un comunicado protestando por este asesinato múltiple, demandando justicia y esclarecimiento de cerca de mil 300 asesinatos que han ocurrido en Morelos durante los últimos seis años. Se inició con una ofrenda de flores y veladoras frente a la puerta del Palacio de Gobierno y se convocó a una primera marcha el 6 de abril que reunió a más de 25 mil personas en Cuernavaca, posteriormente una caminata de cerca de 100 kilómetros que culminó en el zócalo de la Ciudad de México el 8 de mayo donde participaron unas 200 mil personas y se propuso la firma de un Pacto Nacional contra la violencia que consta de seis puntos. Esta convocatoria la realizaron Javier Sicilia y diversos familiares de víctimas como Julián LeBarón, menonita de Chihuahua que sufrió el asesinato de familiares; Olga Reyes, hermana de la activista de derechos humanos Josefina Reyes asesinada al igual que otros cinco de sus familiares; padres y madres de niños y niñas que murieron en el incendio de la Guardería ABC en Sonora, y otros más que se han ido sumando. El lema usado por Javier Sicilia ha tenido un símil al de los zapatistas en 1994 y a diversos movimientos sociales y políticos en México que cuestionan fuertemente las políticas neoliberales y autoritarias de los gobiernos tanto priistas hasta el año 2000 como a los panistas hasta la fecha.

El objetivo fundamental de esta caravana ha sido hacer visibles los nombres y rostros de las víctimas que, en muchos casos, han aparecido sus cuerpos mutilados de manera anónima y, recientemente, en tumbas clandestina como en Durango y Tamaulipas donde han sido encontradas cerca de 400 asesinados o en Taxco donde fueron localizados 73 cuerpos y en otros lugares del país donde se asegura que cientos más han sido disueltos sus cuerpos en ácido para desaparecer rastros de estos crímenes atroces, como también los que han sido exhibidos en puentes y carreteras, colgados, quemados, desollados, desmembrados. Poner un alto a esta guerra contra el pueblo, acabar con la impunidad y corrupción que prevalece entre los cuerpos policiacos y militares, desnudar la vinculación de funcionarios gubernamentales con estas bandas criminales, son algunas de las demandas planteadas. Terminar con la doble victimización que se hace de aquellas personas a quienes se les trata de vincular con hechos delictivos y aplicarles una pena de muerte que constitucionalmente ha sido erradicada legalmente pero que en la práctica cotidiana es llevada a cabo lo mismo por bandas de criminales como por grupos para-militares como los "zetas" o ex-policías y policías en activo, así como crecientemente por militares y ex-militares.

La Caravana recorrió varios estados del norte del país, todos muy afectados por la violencia. La respuesta de la población ha ido en aumento. Durante varios años prevaleció el miedo generado por estas prácticas terroristas de estado y de la complicidad y protección a los criminales, lo que desmiente al gobierno que asegura combatir el narcotráfico cuando ha aumentado tanto el consumo de drogas como la cantidad de dinero que circula producto de este negocio ilícito pero sumamente lucrativo para unos cuantos. Las voces de las víctimas han cobrado cada día más fuerza y se expresa un sentimiento de solidaridad que solo se manifestaba de manera aislada, local o regionalmente. Ahora son miles de denuncias que se escuchan de personas que han sufrido en silencio el dolor de haber perdido a un familiar. Las plazas y carreteras han sido escenarios de denuncia de estos atropellos. Los medios masivos de comunicación han dado cuenta de estas denuncias que anteriormente sólo en pocos periódicos o revistas encontraban eco para su conocimiento público. En el trascurso de la Caravana participaron 140 periodistas nacionales e internacionales, que han documentado ampliamente estos terribles casos de violencia y ataques a los derechos humanos.

Los mítines en las ciudades si bien no fueron decenas de miles si han congregado a muchas personas que se han movilizado hasta altas horas de la noche en lugares donde habitualmente cierran sus puertas a las 6 de la tarde, lo que indica el grado de simpatía y esperanza que ha suscitado esta Caravana. En las ciudades del norte del país el tejido social ha sido severamente dañado por esta violencia y esto se ve reflejado por ejemplo en la existencia de cerca de 10 mil huérfanos tan solo en Ciudad Juárez, donde han emigrado unas 250 mil personas a la vecina ciudad de El Paso, en los Estados Unidos, y se encuentran abandonadas 70 mil viviendas y han cerrado sus puertas cientos de maquiladoras con el consecuente despido de miles de trabajadores. En Ciudad Juárez, antes de la militarización, habían sido denunciados cerca de 300 feminicidios y actualmente se ha elevado a más de 13 mil las muertes violentas de hombres y mujeres en esta región, lo que muestra la gravedad de la situación. Por ello, la convocatoria ha sido respondida de manera impresionante, no por su masividad, sino por la intensidad de las denuncias y el espíritu solidario y fraterno en estas circunstancias.

Los temas en debate en el seno de un movimiento ciudadano amplio y pluriclasista son varios: las causas de la violencia, la valoración del papel de las fuerzas armadas, la articulación de las demandas de los diferentes sectores, el tipo de diálogo a realizarse con las autoridades, las propuestas de solución desde la experiencia de organizaciones y víctimas que no tienen una mayor participación política que la que se desprende de su necesidad de obtener justicia. El movimiento está en construcción y en este proceso se dan diferencias y reacomodos de las fuerzas. Es verdad que la inorganicidad del movimiento da una sensación de espontaneidad en las acciones y facilita que un reducido número de personas ligadas directamente al poeta Javier Sicilia tomen acuerdos que no siempre son socializados ni sometidos a aprobación por parte de todas las personas que forman parte de estas redes formales e informales del movimiento. Hay una tensión permanente entre las opiniones vertidas por las personas más reconocidas cuando se aventuran posiciones individuales como si fueran de todo el movimiento y la necesidad práctica de resolver democráticamente el involucramiento de un número creciente de personas y organizaciones.

El contenido de los seis puntos de la declaración leída en el zócalo de la Ciudad de México, suscitó opiniones encontradas sobre la propuesta de apoyar la iniciativa de ley de Seguridad Nacional o de rechazarla por su legalización de la militarización del país, o la Ley de reforma política por la reelección de legisladores y presidentes municipales, por ejemplo. El tema del diálogo con el gobierno también atraviesa al movimiento debido a las experiencias negativas que se han tenido previamente, como la de Ciudad Juárez, donde el gobierno se sentó a dialogar únicamente con el objetivo de imponer y reforzar su estrategia militarista que ha sido un fracaso. Durante estos meses se ha dado un debate sobre estos temas que culminaron en Ciudad Juárez, precisamente cuando el esfuerzo realizado para consensar acuerdos entre cientos de activistas y víctimas de más de 250 organizaciones en nueve mesas de trabajo, concluyeron en un documento que fue firmado como un Pacto por la Paz con Justicia y Dignidad, en un ejercicio de análisis y elaboración de propuestas muy amplio, que sin embargo, fue severamente cuestionado por Javier Sicilia y Emilio Alvarez Icaza, ex-presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, en donde ponen en duda los acuerdos alcanzados y deslegitiman el proceso de toma de acuerdos en materia tan relevante como la exigencia de desmilitarización del país y de señalar claramente la responsabilidad del gobierno de Calderón en esta guerra que no consultó al pueblo y que nos hace pagar con elevadas cuotas de sangre.

El tema del diálogo con el gobierno tiene diversas facetas, ya que implica desde reuniones con funcionarios del sistema de procuración de justicia para atender los casos de las víctimas, que nadie cuestiona que se lleven a cabo, hasta reuniones con el poder legislativo que seguramente se realizará en los próximos días o a la que invitaron los gobernadores, algunos de los cuales han sido señalados como cómplices de la delincuencia y se ha pedido juicio político; pero el tema principal a debate ha sido el del diálogo con el ejecutivo federal, Felipe Calderón, quien es el responsable principal de esta violencia. El asunto se ha centrado en los tiempos para el retiro del ejército de las calles, cuando en verdad el meollo central es oponerse a la lógica de militarización y estado policiaco que representa la actual estrategia gubernamental, misma que representa severos daños a las garantías constitucionales y derechos humanos de la población. Este debate es necesario y no es un asunto menor. Ello no significa necesariamente una ruptura en el movimiento. Pero, en la medida en que este crece, se hace necesario fortalecer los mecanismos democráticos de toma de decisiones.

El gobierno federal mantiene una política de cerrazón y autoritarismo para mantener su actual estrategia militarista. No ha dado marcha atrás y, a pesar de los justos reclamos de las víctimas, considera que su política es correcta y plantea una visión de largo plazo donde aumentaría de 30 mil a 50 mil policías federales, crearía una policía única con mando centralizado tipo militar que incluiría a los 310 mil policías municipales y estatales y mantendría la fuerza del Ejército y la Marina desplegada hasta erradicar la corrupción policiaca, lo cual implicaría un lapso de siete años más y un nivel de violencia que rondaría los 100 mil muertos. A la vez, ha abierto canales de comunicación con el equipo de Javier Sicilia para llegar a un diálogo con las víctimas, con el objetivo de legitimar su estrategia de mantener los militares en las calles. Actualmente trata de incidir en las diferencias en el movimiento para aislar lo que califica de "radicales izquierdistas" para adjudicar su cerrazón a las propias víctimas. El terreno pantanoso de un diálogo sin objetivos concretos ha sido cuestionado porque es el gobierno quien ha incumplido todos los acuerdos previos que vayan en contra de su política. Lo único que el gobierno ha aceptado de las marchas de blanco precedentes, sobre todo las encabezadas por empresarios y sectores de derecha, ha sido dedicar más presupuesto para policías y militares; pero no ha aceptado erradicar las causas económicas, sociales y políticas de la violencia con políticas públicas distintas. El problema pues no es el diálogo en sí mismo, hay que recordar que días después del asesinato de su hijo fue recibido el poeta Javier Sicilia por el propio Calderón en la residencia oficial de Los Pinos y, por testimonio del mismo Javier, encontró a un presidente obcecado en mantener su estrategia, sino los objetivos políticos a alcanzar. Sólo la movilización social es la que podrá generar los cambios que se requieren y el diálogo sigue siendo una herramienta que puede o no servir a los objetivos de las víctimas o del gobierno, dependiendo de la claridad de las demandas y es ahí donde el tema de la desmilitarización aparece claramente en el centro del debate.

El movimiento aún tiene mucho futuro por delante. Es una previsión que se puede constatar al ver su rápido crecimiento y amplitud de respuesta a las convocatorias. Así se verá en la próxima caravana rumbo al sur del país y en lo inmediato la caravana de solidaridad con la lucha del pueblo de Cherán, en Michoacán, que resiste autoorganizadamente con formas comunitarias para enfrentar los talamontes y bandas criminales, donde aparece nuevamente el tema de los militares que no han impedido que sigan matando a campesinos de la localidad. Hacia las elecciones de 2012 aún es incierto el papel que este movimiento puede desempeñar. Hay quienes plantean desde candidaturas ciudadanas, revocación de mandato y democracia participativa hasta quienes insisten en el voto en blanco y hasta el boicot electoral. Su nivel de incidencia social y político es creciente, pero aún no es claro si se mantendrá en una perspectiva similar a la de la otra campaña convocada por el EZLN o tendrá un mayor acercamiento con el Morena de López Obrador, sobre todo por la coincidencia en algunos planteamientos, no desde el punto de vista orgánico. Por el momento, los acuerdos alcanzados en Ciudad Juárez implican mantenerse al margen de partidos políticos, en un movimiento ciudadano amplio y plural, que ya ha generado amplias simpatías en el terreno social; pero de ahí a cristalizar un movimiento político que incida electoralmente hay todavía una distancia significativa no sólo por el tiempo, sino por los retos que este movimiento logre superar, en primer lugar, las secuelas del debate abierto precisamente al momento de la firma del Pacto en Ciudad Juárez. El futuro está abierto para avanzar en una perspectiva de esperanza organizada, donde las alternativas y métodos pacíficos norman las acciones de lucha, pero están fuertemente condicionadas al enfrentarse a un terreno minado por las tendencias autoritarias y militaristas del régimen.

Imagen tomada de: Crónicadesociales.org

28 de abril de 2011

Comunicado del CCRI-CG del EZLN: Convocatoria a sumarse a la Marcha Nacional por la Justicia y contra la Impunidad

COMUNICADO DEL COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.

ABRIL DEL 2011.

“Un habitante de Los Pinos contempla un atroz crimen,
Se desentiende por un año,
Cambia de puesto a los muebles que
Juegan a ministros y funcionarios
Y se refugia en culpable silencio,
El descastado, en su afán de conservar
La silla que lo monta.

¿Qué le daremos Daré?

Y nuestro niño médico de almas prescribe:
Un corsé de dignidad que la espalda le enderece,
Gotas de verdad para los ojos,
Tabletas de honradez (pero que no se las meta en los bolsillos),
Inyecciones de dignidad que no se compra con dinero
Y el reposo absoluto de sus corruptos hábitos.

Aíslenlo, su enfermedad es contagiosa”.

Juan Carlos Mijangos Noh.
(Fragmento de “49 Globos”,
en memoria de l@s 49 niñ@s muert@s en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora).

AL PUEBLO DE MÉXICO:
A LOS PUEBLOS DEL MUNDO:
A LOS ADHERENTES A LA SEXTA DECLARACIÓN DE LA SELVA LACANDONA Y LA OTRA CAMPAÑA EN MÉXICO:
A LOS ADHERENTES A LA ZEZTA INTERNACIONAL:

HERMANAS Y HERMANOS:
COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS:

LA CAMPAÑA MILITAR PSICÓTICA DE FELIPE CALDERÓN HINOJOSA, QUIEN HA CONVERTIDO LA LUCHA CONTRA EL CRIMEN EN UN ARGUMENTO TOTALITARIO PARA, PREMEDITADAMENTE, GENERALIZAR EL MIEDO EN TODO EL PAÍS, SE ENFRENTA AHORA A LAS VOCES DIGNAS Y ORGANIZADAS DE FAMILIARES DE VÍCTIMAS DE ESA GUERRA.

ESTAS VOCES QUE SURGEN DE DIFERENTES RINCONES DE NUESTRO PAÍS NOS CONVOCAN A MOVILIZARNOS Y MANIFESTARNOS PARA DETENER LA LOCURA ORGANIZADA Y DESORGANIZADA QUE ESTÁ COBRANDO VIDAS INOCENTES, QUE SON NUEVAMENTE ASESINADAS AL SER CALIFICADAS, POR LA SIMPLEZA GUBERNAMENTAL, COMO SICARIOS O VÍCTIMAS COLATERALES.

RESPONDIENDO A ESE LLAMADO QUE NACE, ENTRE OTROS, DEL DOLOR DEL COMPAÑERO POETA JAVIER SICILIA, EL EZLN COMUNICA:

PRIMERO.- BASES DE APOYO DEL EZLN MARCHARÁN EN SILENCIO EN LA CIUDAD DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS, EL DÍA 7 DE MAYO DEL 2011, PARA SALUDAR Y APOYAR LA DIGNA VOZ QUE RECLAMA JUSTICIA. EL CONTINGENTE ZAPATISTA PARTIRÁ, EN HORAS DE LA TARDE, DE LA CALLE FRENTE AL CIDECI, EN SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Y MARCHARÁ HASTA LA PLAZA DE LA PAZ, FRENTE A LA CATEDRAL. AL LLEGAR A LA PLAZA SE LEERÁ UN MENSAJE DEL EZLN Y DESPUÉS L@S ZAPATISTAS RETORNARÁN A SUS COMUNIDADES.

SEGUNDO.- SIGUIENDO LA CONVOCATORIA DE LA LLAMADA MARCHA NACIONAL POR LA JUSTICIA Y CONTRA LA IMPUNIDAD, LLAMAMOS A NUESTR@S COMPAÑER@S DE LA OTRA CAMPAÑA EN MÉXICO Y EN EL MUNDO, A L@S INDIVIDU@S, GRUPOS, COLECTIVOS, ORGANIZACIONES, MOVIMIENTOS Y PUEBLOS ORIGINARIOS ADHERENTES A LA SEXTA DECLARACIÓN DE LA SELVA LACANDONA, PARA QUE, EN LA MEDIDA DE SUS POSIBILIDADES Y EN SUS CONDICIONES, SE SUMEN A LA JUSTA DEMANDA DE ESTA MARCHA NACIONAL, SEA ACOMPAÑANDO LA MARCHA CENTRAL QUE PARTE DE LA CIUDAD DE CUERNAVACA, MORELOS, EL DÍA 5 DE MAYO DEL 2011, EN LA CIUDAD DE MÉXICO EL DÍA 8 DE MAYO DEL 2011, O ENTRE LOS DÍAS 5 Y 8 DE MAYO DEL 2011 EN SUS LOCALIDADES MEDIANTE MARCHAS EN SILENCIO CON MANTAS Y CARTELES, MÍTINES, ACTOS CULTURALES, ETC., CON LAS SIGUIENTES CONSIGNAS:

¡ALTO A LA GUERRA DE CALDERÓN!

¡NO MÁS SANGRE!

¡ESTAMOS HASTA LA MADRE DE…!
(donde cada quien complete la frase con sus demandas particulares).

TERCERO.- HACEMOS UN LLAMADO ESPECIAL A NUESTR@S COMPAÑER@S DE LA OTRA EN CHIAPAS PARA QUE SE MANIFIESTEN, EN SILENCIO, JUNTO A NOSOTR@S EL DÍA 7 DE MAYO DEL 2011 Y QUE SE REÚNAN EN EL CIDECI, EN SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS, AL MEDIODÍA, PARA DE AHÍ CAMINAR HASTA LA PLAZA DE LA PAZ.

CUARTO.- CONVOCAMOS A NUESTR@S COMPAÑER@S DE LA ZEZTA INTERNACIONAL A QUE, EN SUS RESPECTIVAS GEOGRAFÍAS Y CALENDARIOS, APOYEN ESTA DEMANDA DE QUE SE DETENGA EL BAÑO DE SANGRE QUE OCURRE EN TIERRAS MEXICANAS Y SE HAGA JUSTICIA A LAS VÍCTIMAS.

QUINTO.- LLAMAMOS TAMBIÉN A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE MÉXICO, AGRUPADOS EN EL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA, A QUE APOYEN ESTA LUCHA POR TERMINAR LA PESADILLA DE SANGRE QUE ENVUELVE NUESTROS SUELOS.

SEXTO.- RESPONDIENDO AL EXHORTO DE NOMBRAR A LAS VÍCTIMAS DE ESTA GUERRA, NOMBRAMOS A LOS ASESINADOS POR UN GRUPO CRIMINAL EN VILLAS DE SALVÁRCAR, CIUDAD JUÁREZ, CHIHUAHUA, A FINALES DE ENERO DEL 2010, Y QUE ESPERAN JUSTICIA:

Marcos Piña Dávila
José Luis Piña Dávila
Rodrigo Cadena Dávila
Juan Carlos Medrano
Horacio Alberto Soto Camargo
José Luis Aguilar Camargo
Yomira Aurora Delgado
Brenda Ivonne Escamilla
José Adrian Encino Hernández
Edgar Martínez Díaz
Jesús Enríquez
Jesús Armando Segovia Ortiz
Carlos Lucio Moreno
Eduardo Becerra.
Jaime Rosales
¡NO ESTÁN SOLOS!

¡DEMOCRACIA!
¡LIBERTAD!
¡JUSTICIA!

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
POR EL COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Abril del 2011.

Carta a Don Javier Sicilia de Subcomandante Insurgente Marcos.

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.

Abril del 2011.

“Y a ustedes, ciudadanos, cuarenta y nueve niños os hacen saber:

Que en México la justicia recuperó la vista,
Pero sólo mira con el ojo derecho y en sesgada forma.

Que en este país la tal señora es manca como Venus de Milo,
Pero no es bella sino esperpéntica.

Que en razón de los defectos antedichos,
La balanza que sostenía la fulana se arrastra y es del lodo.

Que los sentimientos que vieron nacer la nación mexicana
No viven más bajo la toga de esa doña justicia
Escrita aquí con intencional minúscula.

Por eso, mexicanos, este alado escuadrón os convoca:

A levantar el palacio de la Justicia con las propias manos,
Con el propio amor y con la verdad indefectible.

A romper las tapias que los sátrapas cometen
Para segar nuestros, ojos, corazón y bocas.

A luchar hasta que el último aliento nos alcance
Y se convierta en el primero de un país
Que sea digno paisaje de la paz que nos ganamos”.

Juan Carlos Mijangos Noh.
(Fragmento de “49 Globos”,
en memoria de l@s 49 niñ@s muert@s en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora).

Para: Javier Sicilia.
De: SupMarcos.

Hermano y compañero:

Reciba los saludos de los hombres, mujeres, niños y ancianos indígenas del EZLN. Las compañeras y compañeros bases de apoyo zapatistas me encargan que le diga lo siguiente:

En estos momentos especialmente dolorosos para nuestro país, nos sentimos convocados por el clamor que se sintetiza en sus valientes palabras, provocadas por el dolor del vil asesinato de Juan Francisco Sicilia Ortega, Luis Antonio Romero Jaime, Julio César Romero Jaime y Gabriel Alejo Escalera, y en el llamado que hace para la Marcha Nacional por la Justicia y contra la Impunidad, que saldrá el 5 de mayo del 2011 de la ciudad de Cuernavaca, Morelos, y llegará al Zócalo de la Ciudad de México el día domingo 8 de mayo de este año.

Aunque es nuestro deseo sincero el marchar a su lado en la demanda de justicia para las víctimas de esta guerra, no nos es posible ir ahora hasta Cuernavaca o a la Ciudad de México.

Pero, de acuerdo a nuestras modestas capacidades, y en el marco de la jornada nacional a la que nos convocan, l@s indígenas zapatistas marcharemos en silencio en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en ejercicio de nuestros derechos constitucionales, el día 7 de mayo del 2011. Al finalizar la marcha en silencio, diremos nuestra palabra en español y en nuestras lenguas originarias, y después regresaremos a nuestras comunidades, pueblos y parajes.

En nuestra marcha silenciosa llevaremos mantas y carteles con los mensajes de: “Alto a la Guerra de Calderón”, “No más sangre” y “Estamos hasta la madre”.

Le pedimos por favor que haga llegar estas palabras a los familiares de los 49 niños y niñas muertos y los 70 lesionados en la tragedia de la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora; a las dignas Madres de Ciudad Juárez; a las familias Le Baron y Reyes Salazar, de Chihuahua; a los familiares y amistades de las víctimas de esta ensoberbecida guerra; a los defensores de los derechos humanos de nacionales y migrantes; y a tod@s l@s convocantes a la Marcha Nacional por la Justicia y contra la Impunidad.

Respondiendo a su llamado de nombrar a las víctimas inocentes, hoy nombramos a las niñas y niños muertos en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora, quienes aún esperan justicia:

María Magdalena Millán García
Andrea Nicole Figueroa
Emilia Fraijo Navarro
Valeria Muñoz Ramos
Sofía Martínez Robles
Fátima Sofía Moreno Escalante
Dafne Yesenia Blanco Losoya
Ruth Nahomi Madrid Pacheco
Denisse Alejandra Figueroa Ortiz
Lucía Guadalupe Carrillo Campos
Jazmín Pamela Tapia Ruiz
Camila Fuentes Cervera
Ana Paula Acosta Jiménez
Monserrat Granados Pérez
Pauleth Daniela Coronado Padilla
Ariadna Aragón Valenzuela
María Fernanda Miranda Hugues
Yoselín Valentina Tamayo Trujillo
Marian Ximena Hugues Mendoza
Nayeli Estefania González Daniel
Ximena Yanes Madrid
Yeseli Nahomi Baceli Meza
Ian Isaac Martínez Valle
Santiago Corona Carranza
Axel Abraham Angulo Cázares
Javier Ángel Merancio Valdez
Andrés Alonso García Duarte
Carlos Alán Santos Martínez
Martín Raymundo de la Cruz Armenta
Julio César Márquez Báez
Jesús Julián Valdez Rivera
Santiago de Jesús Zavala Lemas
Daniel Alberto Gayzueta Cabanillas
Xiunelth Emmanuel Rodríguez García
Aquiles Dreneth Hernández Márquez
Daniel Rafael Navarro Valenzuela
Juan Carlos Rodríguez Othón
Germán Paúl León Vázquez
Bryan Alexander Méndez García
Jesús Antonio Chambert López
Luis Denzel Durazo López
Daré Omar Valenzuela Contreras
Jonathan Jesús de los Reyes Luna
Emily Guadalupe Cevallos Badilla
Juan Israel Fernández Lara
Jorge Sebastián Carrillo González
Ximena Álvarez Cota
Daniela Guadalupe Reyes Carretas
Juan Carlos Rascón Holguín

Para ell@s pedimos justicia.

Porque nosotros sabemos bien que nombrar a los muertos es una forma de no abandonarlos, de no abandonarnos.

Don Javier:

Sepa que también haremos un llamado a nuestr@s compañer@s de La Otra en México y a quienes están en otros países para que se sumen a la movilización que han convocado.

Estaremos atentos a lo que vaya aconteciendo para apoyar en lo que podamos.

Vale. Salud y no olviden que no están sol@s.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Abril del 2011.

10 de abril de 2011

NUESTRA APARENTE RENDICIÓN :: Este es el mural por la paz que hicimos entre todos.

ESTE ES EL MURAL POR LA PAZ QUE HICIMOS ENTRE TODOS

6 de abril de 2011
"Ustedes los llaman daños colaterales, nosotros los llamábamos amigos"
Manta en la marcha de Cuernavaca.

51 MARCHAS POR LA PAZ DE MÉXICO

Ayer salimos a la calle en Cuernavaca, Ciudad de México, Culiacán, Ciudad Juárez, Veracruz puerto, Pachuca de Soto, Puebla, Pátzcuaro, Manzanillo, Saltillo, Guanajuato capital, Ensenada, La Paz, Guadalajara, Puerto Vallarta, Colima, Monterrey, Santiago de Querétaro, Xalapa, Mérida, Aguascalientes, Cancún, Chihuahua capital, San Miguel de Allende, San Luis Potosí, Reynosa, Toluca, Torreón (Comarca Lagunera Coahuila y Durango), Oaxaca capital, Tuxtla Gutiérrez, Tlaxcala, Mazatlán, Hermosillo, Barcelona, Copenhague, Buenos Aires, Santiago de Chile, París, Nueva York, San Antonio Texas, Los Ángeles, El Salvador, Toronto, Vancouver, Calgary, La Haya, Donostia, Madrid, Londres y Viena. Estos son los algunos de los testimonios, las fotografías y los videos que hemos recibido.

8 de abril de 2011

PÁNICO E-SCÉNICO :: Legalizar.

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 8 de abril de 3011.

por José Ramón Enríquez

Que un poeta elija guardar silencio hace temblar a todos los poetas y pone contra la pared a la poesía. Mucho más cuando ese poeta está acostumbrado, como Javier Sicilia, a hablarse de tú con lo inefable.

A mí (desde mi rincón en una ciudad menos tranquila de como desean presentarla sus autoridades, pero tranquila como ninguna en comparación con el resto del país), me resulta imposible hacer cualquier comentario en estos días que no gire en torno al dolor de un padre y poeta tan admirado como Javier Sicilia y de Socorro Ortega, la madre de Juan Francisco.

Mucho estoy obligado a reflexionar de aquí en adelante sobre el grito de Dios y el clamor del hombre. Pero en una columna como ésta debo detenerme en cuanto en lo que simboliza Javier en este momento para México, un país atónito ante la inútil pérdida de tantas vidas suyas.

Vuelvo de la Marcha por la Paz en Mérida, que ha convocado a muchos cientos de ciudadanos indignados que gritaron a voz en cuello: “¡estamos hasta la madre”. Reviso la prensa y encuentro que la Marcha en Cuernavaca fue seguida por muchas otras en toda la República, y en varias ciudades del extranjero. Sé que tomar las calles representa un ejercicio ciudadano válido en sí mismo, aunque no deban agotarse en ello ni la indignación ni la reflexión de esa entidad tan difícil de definir como la “sociedad civil”.

Hay quien pone en duda la utilidad de las marchas. Pues pertenezco a una edad y a unas izquierdas que crecieron en la oposición, siento que las marchas hacen movimiento, pero tal vez esta visión haya sido superada por la Internet. Sin embargo, en este momento particular, se ha tratado de acompañar a un padre y a una madre que encarnan a muchos otros padres de los miles de muertos.

Y vemos cómo, en el mejor de los casos, se muestra inútil la sociedad política ante el problema del tráfico ilegal de drogas. Aunque, en la mayor parte de los casos, la sabemos francamente corrupta y al servicio de los traficantes, en todos los países, en todos los órdenes de gobierno y aun en todos los partidos.

Aquel “¡si no pueden, que renuncien!”, del señor Martí, se une hoy al “¡estamos hasta la madre!” de Javier Sicilia. Pero no renuncian porque algo sí pueden: mantener el statu quo y, con él, las ganancias megamillonarias de los capos que existen en todos los niveles.

Ya me he referido al tema en otras ocasiones y, aunque sé que no hay respuesta simple a un problema cada día más complejo, reitero lo que siempre he dicho: el primer paso (necesario, imprescindible) es la legalización.

En días pasados Xabier Lizarraga subió a Facebook el fragmento de una conferencia del economista español Arcadi Oliveres. Muestra con toda claridad cómo el comercio de armas llega del Norte al Sur mientras el comercio de drogas va del Sur al Norte. Se trata de un negocio redondo y criminalmente perfecto. Para detenerlo sería preciso legalizar la droga e inutilizar las armas. Sé que ambos extremos suenan utópicos pero hay que luchar por consdegurilo.

La droga es un veneno, pero como el alcohol y muchos oEnlacetros que se controlan en las farmacias sin que su precio resulte estratosférico. Entiendo que los gobiernos cómplices del crimen no derrumben los precios del veneno y, además, permitan que lleguen a los criminales las armas con que asesinan a nuestros hijos. Lo que no entiendo es por qué la sociedad civil no enarbola mayoritariamente esa bandera: legalizar. La marihuana, al menos, como un primer paso.

Vaya mi abrazo fraterno al poeta silencioso. Quede clara mi exigencia a los gobiernos implicados: legalizar significa salvar vidas.

panicoes@hotmail.com

6 de abril de 2011

CARTAS A ADIS :: ¿Cuántos más?

Publicado en La Jornada Morelos el 6 de abril de 2011.


«El mundo ya no es digno de la palabra,
no puedo escribir más poesía...
la poesía ya no existe en mí.»
Javier Sicilia.

Es domingo, hijo, y como hace una semana preparo la carta en que te saludaré el próximo martes (o miércoles) desde nuestra Jornada Morelos. Pero a diferencia del domingo pasado, el día de hoy me parece lo mismo que a Tengo, el personaje de la novela más reciente de Murakami, «una luna deforme que siempre muestra su lado oscuro.» Si me llamara Pablo y me apellidara Neruda, escribiría que «puedo escribir los versos más tristes esta noche»; pero mi trabajo con la palabra, tlatulteketke, es de otro tipo. ¿Recuerdas cómo cerrábamos la semana pasada? El día prometía un final digno de los festejos que habíamos venido realizando con motivo del Día Mundial del Teatro y el goce de haber cumplido a cabalidad con nuestra encomienda sobre los escenarios aún asomaba en nuestra mirada, porque celebrábamos la vida y la esperanza parecía tocar a la puerta.

Sin embargo, ahora lo sabemos, la realidad sería más terca que nuestra fantasía cursi y edulcorada, pues, no sería la mano de la esperanza la que se posaría finalmente aquella noche sobre nuestro hombro para mirar por encima de nosotros, sino la del desprecio por ésa misma vida que saludábamos con el cuerpo y la palabra, desprecio que tiempo ha camina por estas tierras que llamamos México. Porque al tiempo que yo escribía aquello de no desear ser como quienes hablan del teatro como de un acto amoroso mientras guardan un silencio cómplice con quienes «dejan que portadores de armas y disparadores de bombas sean los guardianes de la paz de nuestro mundo» (Jessica A. Kaahwa dixit), en nuestro Morelos la muerte miraba de cerca a Juan Francisco, Julio César, Luis Antonio y Gabriel de la misma manera como ha venido haciéndolo con tantas y tantos jóvenes de este país.

Tú, mi amor, conoces bien ésa mano; leíste de ella entre las crónicas que Marcela Turati nos cuenta en su desgarrador libro Fuego cruzado. Todavía recuerdo lo que me respondiste de mi anterior carta: «no, papá, los muertos no son sólo personas que trabajan para el narcotráfico; son, sobre todo, sus víctimas.» ¡Qué razón tienes! Y, qué vergonzoso dislate el mío, compartiendo ésa misma certeza: la inmensa mayoría de las más de 40 mil muertes que desde finales del sexenio foxista a la fecha ha causado esta estúpida guerra, son de niñas, niños, jóvenes y mujeres y hombres adultos que en nada tienen que ver ni con las bandas del “crimen organizado”, ni con policías, soldados o marines mexicanos del “crimen desorganizado”: son sus víctimas.

Víctimas que, además, lo son múltiples porque lo son en muchos sentidos. Víctimas del negocio capitalista (que por eso sólo ya es criminal) de un catálogo de mercancías cuya producción, distribución y venta sigue peligrosamente sin regularse; víctimas de las bandas de dichos negociantes, quienes, como dice Javier Sicilia, papá de Juan Francisco, han perdido hasta la dignidad para asesinar; víctimas de quienes desde cualesquiera de los tres niveles de gobierno y sus poderes republicanos se revuelcan en la mierda en que han hundido al país a fuerza de corrupción y negligencia y las hijas de ambas: impunidad y complicidad; pero, sobre todo, víctimas de la también criminal indolencia de una sociedad a la que no hay tragedia que alcance a sacudirla, porque, como dice Javier, «el corazón de México está podrido.»

¿Cuántos niños y jóvenes asesinados, vejados, envilecidos o desaparecidos, hijos de estilistas, albañiles, policías, maestras, empresarios, defensoras de derechos humanos, amas de casa, poetas, necesitamos para que la sociedad salga a las calles y no regrese a sus casas hasta que los asesinos y sus cómplices estén presos y sin poder? Litzy Valeria, Juan Carlos, Juana Diosnirely, Grisel Adanay, Eduin Yoniel, Manuel, Héctor Zenón, Édgar Geovany, Irineo, Víctor Alfonso, Jorge Antonio, Javier Francisco, Rosa Angélica, Brayan, Juan Manuel, René, Óscar Felipe, Daniel Alejandro, Fernando Adán, Luis Daniel, Kristian, Alberto, Luis Javier, Édgar Arnoldo, Fredy Horacio, Alfredo, Brandon Esteban, Juan Pablo, Isaías, Carlos Javier, Liliana, Valeria Jazmín, Samantha Julissa, Alexia Belem, Mireya Montserrat, Alan Alexis, Julio César, Rodrigo, Luis Antonio, José Ángel, Gabriel, Gustavo Alberto, Hugo, Ángel Ulises, Fernando, Mario Magdiel, Anselmo Eloy, Rubí Marisol, Diana Haydee, Daniel Arturo, Gabriela Micaela, Martina, Sotero, Lucía, Claudia, Juan Francisco… ¿no han sido suficientes?

Postdata: Mañana (u hoy) miércoles, en punto de las 5 de la tarde, la familia Sicilia Ortega, junto con un chingo de hombres y mujeres buenos y honestos que están, también, hasta la madre, saldrán a las calles para sumar su palabra y su caminar al grito contenido que exige devolverle la dignidad a esta nación; ¿qué te parece, amor, si nos sumamos?

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